Neofascismo: De Trump A La Extrema Derecha — Noam Chomsky, Judith Butler, Pedro Brieger, Chantal Mouffe, Alain Badiou, Serge Halimi, Wolfgang Streeck, Cédric Gouverneur, Ignacio Ramonet, Étienne Balibar / Neofascism: From Trump to the Far Right by Noam Chomsky, Judith Butler, Pedro Brieger, Chantal Mouffe, Alain Badiou, Serge Halimi, Wolfgang Streeck, Cédric Gouverneur, Ignacio Ramonet, Étienne Balibar

El secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld atacó a los gobiernos de Alemania y Francia que se oponían a sus planes calificándolos despectivamente de pertenecer a la “vieja Europa”.
Amén de la situación interna de Irak, los argumentos de la Casa Blanca se basaban en dos falacias. Por un lado, la comparación de Saddam Hussein con Adolf Hitler era propagandística y conceptualmente errónea; como si a la ligera se pudiera comparar cualquier fenómeno autoritario o dictatorial con el nazismo y su líder. Por el otro, aquella “vieja” Europa a la que aludía Rumsfeld apenas existe en el imaginario de las simplificaciones. No tiene ningún sentido condensar la historia europea del siglo XX en el Pacto de Munich de 1938 entre Chamberlain y Hitler y deslizar que la Alemania nazi avanzó hacia Polonia y construyó campos de exterminio sólo como consecuencia de un rancio “pacifismo” europeo.
Las vaguedades y simplificaciones de las apreciaciones de Rumsfeld aludían a las atrocidades cometidas por el nazismo que en la memoria colectiva –principalmente europea, hay que destacarlo– todavía persisten, y a una supuesta Europa pacifista incapaz de enfrentarse desde un primer momento a la bestia del nazismo como si no hubieran dimensionado el peligro que enfrentaban.

Más allá de análisis de casos puntuales que muestran que ningun movimiento es igual al de otro país y que todos emergen de una grieta social explotada discursivamente, me quedo con dos tesis generales.
Jean-Yves Camus explica que los movimientos de derecha se dividen entre radicales y extremos. Los primeros rehusan la democracia parlamentaria mientras que los segundos aceptan participar en el poder y forman coaliciones gubernamentales con otros países.
Partiendo de la tesis de Sartori sobre la organización del juego político entre partidos de consenso (que ejercen el poder) y partidos protestarios, este nuevo paradigma de las derechas vino a plantear un debate de filosofía política. “Si la fuente de toda legitimidad es el pueblo y una parte consecuente de éste vota por una derecha radical “populista“ y “antisistema“, en nombre de qué principio hay que protegerla de ella misma manteniendo un ostracismo que mantiene a estas formaciones apartadas del poder –sin por otra parte conseguir reducir su influencia–?“
Por otra parte Chantal Mouffe –fiel a sus ideas laclaunianas–explica que en una situación post-democrática en la que se consensuó que no había alternativa al orden liberal y que la gestión pública quedó en manos de un establishment experto, el neopopulismo surgió como una expresión de resistencia que quería esteblecer una frontera política entre el signifcante ambiguo “pueblo“ y el establishment mencionado.
Sin embargo, en los últimos años estas expresiones populistas superaron su dimensión discursiva en algunos países y pasaron a ejercer el poder. Orban, Chavez y Correa son ejemplos del proceso de hibridación democrática que han inaugurado a través del avance de un Poder Ejecutivo sobre las otras instancias de autoridad institucional.

“Europa ya no es Europa” suelen lamentar aquellos que añoran países con tradiciones, lenguas, religiones y costumbres diferentes que tenían muy poco en común entre sí y que apenas se mezclaban cuando sus casas reales se unían por conveniencia doscientos años atrás. El ascenso del capitalismo trajo la expansión colonial y millones de africanos, árabes, musulmanes, hindúes y asiáticos abandonaron las colonias (antes y después de las independencias) para instalarse en las metrópolis. Si una de las razones que esgrimió el presidente Charles De Gaulle para abandonar Argelia fue que temía que el crecimiento demográfico de “esos” franceses terminara por transformar a Francia, no es menos cierto que con la independencia de Argelia se les quitó la nacionalidad francesa, incluso después de que miles de argelinos franceses se hubieran trasladado a la Francia continental.
Los atentados terroristas perpetrados por jóvenes musulmanes nacidos en Europa son un reflejo de estos cambios. A mediados del siglo pasado los ataques de los independentistas argelinos se realizaban en los territorios ocupados por las potencias coloniales contra los soldados extranjeros y rara vez en suelo europeo. Hoy, algunos de estos jóvenes son hijos de quienes emigraron hacia la metrópoli y, nacidos en Europa, no se identifican con los lugares que abandonaron sus padres o abuelos e incluso se han radicalizado por la discriminación que sienten en la vida cotidiana como nacionales de segunda categoría. También hay que tomar en cuenta la transformación de la estructura productiva, con la consecuente desaparición de los grandes conglomerados industriales y sus organizaciones sindicales, y la pérdida de referentes socio-políticos que caracterizaron a gran parte del siglo XX.

Tras el éxito del Brexit en el Reino Unido y la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, los medios de comunicación están difundiendo el temor de que las democracias liberales occidentales sean conquistadas por partidos de extrema derecha con la voluntad de instalar regímenes “fascistas”. ¿Qué debemos hacer ante este miedo?
Las democracias liberales se enfrentan sin duda a una crisis de representación que se manifiesta en un creciente descontento con los partidos “tradicionales” y en el surgimiento de movimientos anti-establishment. Esto representa un verdadero desafío para la política democrática y puede conducir a un debilitamiento de las instituciones democráticas liberales. Sin embargo, sostengo que categorías como “fascismo” y “extrema derecha” o las comparaciones con los años treinta no son adecuadas para captar la naturaleza de este desafío.
Por cierto, muchas personas equiparan el populismo con el fascismo y la extrema derecha y ésta es claramente la táctica utilizada hoy por las élites para descalificar a todas las fuerzas que cuestionan el statu quo. Pero para entender el creciente atractivo de los partidos populistas, necesitamos rechazar esta concepción simplista. Lejos de ser el producto de las fuerzas demagógicas, el momento populista que estamos presenciando es la expresión de resistencias a la situación “post-democrática” provocada por la globalización neoliberal. Esto ha sido posible gracias al consenso “post-político” establecido entre centro-derecha y centro-izquierda en torno a la idea de que no había alternativa al orden neoliberal. Este “consenso en el centro” ha reducido la política a la gestión de problemas técnicos a ser tratados con y por expertos. Con el predominio del capitalismo financiero y la consecuente oligarquización de nuestras sociedades, los dos pilares centrales de la idea de democracia –igualdad y soberanía popular– han sido declarados categorías “zombies”. La igualdad ha dejado de ser un objetivo de las políticas públicas y los ciudadanos han sido privados de cualquier posibilidad de decidir acerca de los asuntos colectivos. Esto ha creado un terreno fértil para que partidos populistas de derecha puedan movilizar los afectos en torno al rechazo de las élites. Afirmando hablar “en nombre del pueblo”.
La única manera de luchar contra los partidos populistas de derecha es abordar los temas que han incluido en la agenda, ofreciendo respuestas, capaces de movilizar los afectos comunes hacia la igualdad y la justicia social. Este debe ser el objetivo de un movimiento populista de izquierda que, confrontándose a la post-democracia, apunte a la recuperación y radicalización de la democracia.

La religión puede ser la salsa identitaria inmejorable de todo este fenómeno, en la medida en que, justamente, es un referente antioccidental presentable. Pero tal como vemos, al fin y al cabo, el origen de los jóvenes importa bastante poco, su origen –se dirá– espiritual, religioso, etc. Lo que cuenta es la elección que hicieron en cuanto a su frustración. Y los van a incorporar a la mezcla de corrupción con heroísmo sacrificial y criminal en razón de la subjetividad que es la suya, y no en razón de su convicción islámica. Se ha podido observar, por lo demás, que, en la mayoría de los casos, la islamización es terminal en vez de inaugural. Digamos que es la fascización la que islamiza, y no el islam el que fasciza.

La candidata del FN (Frente Nacional) a duras penas concilia los dos aspectos de su propaganda, potencialmente dirigidos a dos públicos distintos. La cuestión del aborto es sintomática de su dificultad de conformar a la vez a un electorado tradicional, muy hostil a toda interrupción del embarazo, y a algunos nuevos apoyos cosechados en el ámbito de los derechos de las mujeres. Dentro de su programa, Le Pen se mantuvo en una ambigua “libertad de las mujeres de no abortar”, para luego especificar que el reembolso de las interrupciones del embarazo no sería “prioritario”, o incluso se suprimiría, en caso de que existiera déficit en la Seguridad Social.

Los votantes británicos no siguen la política europea tan de cerca como para entender las sutiles diferencias, cultivadas por los gobiernos europeos, entre la apariencia y la realidad de Europa, y las sofisticadas técnicas desarrolladas para pasar de una a la otra. Al enterarse de las políticas de refugiados que el gobierno de Merkel le vendió al público alemán como políticas europeas, deben haber temido que en algún momento su país también tuviera que adoptarlas.
No entendieron del todo lo que sucedía entre Berlín y Bruselas en la crítica segunda mitad de 2015, pero eso no hizo que las cosas fueran menos amenazantes (y si lo hubieran entendido, tal vez habría sido peor). El eslogan de la campaña para salir de la UE, “Volver a tomar el control”, debe ser leído en gran medida como reflejo del deseo de no estar sujetos a las misteriosas idiosincrasias de un gobierno alemán dotado por su sistema político de libertad casi ilimitada para maniobrar y al que una oposición acorralada y astuta le permitió presentar sus necesidades internas como intereses europeos coherentes con los valores europeos. Al mirar al otro lado del Canal, hacia el continente, es muy posible que los votantes se hayan visto atemorizados o apesadumbrados por la obligación poco constitucional, democráticamente inalterable, de abrir sus fronteras y su mercado laboral de forma incondicional, no sólo a inmigrantes de otros países menos prósperos de la UE, sino también a cualquiera que pidiera la entrada en busca de asilo o refugio político. La perspectiva de tener que adecuarse al modo en que Alemania –con su particular política, demografía y mercado laboral– había elegido interpretar la ley internacional, sujeta a reinterpretaciones según los cambios en la economía y los intereses políticos alemanes, sin duda fue una de las mayores fuerzas detrás del Brexit, un golpe histórico a la integración europea tal como la conocemos.

Lo que Orbán tenía en mente desde el comienzo era una forma de renacimiento nacional. No sólo una grandeza restaurada, sino también prosperidad económica y rehabilitación de un Estado que él percibe, no sin razón, como una institución ineficaz que ya nadie respeta. Ve en una clase media vasta y fuerte, emprendedora, valiente, disciplinada, la columna vertebral del país. Todas las reformas fiscales y todos los subsidios están al servicio de ese grupo social preponderantemente joven al cual pertenecen él mismo y sus amigos. Su ideal: los pequeños empresarios, las profesiones liberales, los patriotas, leales, piadosos, respetuosos de la tradición y la autoridad. La derecha los ayudó a comprar sus propias casas, una de las causas de la escalada del endeudamiento de los hogares, tanto en Hungría como en otras partes.
A semejanza de los conservadores de Europa Central, la derecha húngara estima que los adversarios de esta clase media son, por un lado, las multinacionales, las instituciones financieras y el “capitalismo financiero” y por el otro, los proletarios, los pobres, los “comunistas” –sin hablar de la categoría de los “subhumanos” inexplotables–.
Los ataques incesantes de la prensa occidental hicieron que el tiro saliera por la culata en Hungría: algunos parlamentarios neonazis queman banderas de la Unión Europea; la población no entiende que su gobierno, por impopular que sea, pueda encarnar el mal absoluto en el extranjero. La indignación nacionalista amenaza con movilizar a la derecha en contra de quienes encarnan la protesta social y democrática, que deberán entonces oponerse al mismo tiempo a las medidas de austeridad recomendadas por la Unión Europea y a las políticas de la derecha húngara. En suma, las amenazas europeas no hacen más que favorecer al gobierno de Orbán, que después de todo, es producto de un escrutinio democrático.
Existen varias formas de corromper la “democracia”. Suprimir subsidios para cambiar la situación política de un país, constituye una forma de extorsión. Todo liberal honesto debería denunciar una cosa así. Por eso la oposición húngara se opone al mismo tiempo a las políticas del gobierno y a las presiones de las instituciones europeas y del Fondo Monetario Internacional.

En Austria, el racismo se expresa más en los discursos y en las leyes que por la violencia física. Lo que no lo hace menos doloroso: los insultos, el rechazo a ser atendidos en un café y los grafitis en las paredes abundan y afectan particularmente a la comunidad negra. “¡No es posible imaginar lo que significa ser negro en Austria! Cuando viajo en el subte, sé que los tres asientos alrededor mío quedarán vacíos. En la calle, la mirada de la gente es siempre negativa, o inquieta, o claramente hostil”, se lamenta el periodista Simon Inou, director del periódico en línea Afrikanet.info. Adela, una profesora de francés nacida en Gabón, vivió mucho tiempo en Francia antes de instalarse en Viena: “Evidentemente el racismo existe en todas partes. Pero en Francia hay personas profundamente antirracistas.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un “conservador con sentido común” y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archi popular del reality, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado conduciendo. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas; no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la “casta”. Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.
Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas…
También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su crítica a la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.
1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mitines a abuchear a los “deshonestos” medios.
2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está marginando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos 15 años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi 5 millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.
3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. “Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país”, suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.
4) Su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica de 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir.
5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds
que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.
6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia al Estado Islámico (ISIS, su sigla en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.
7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, Estados Unidos ya no dispone de los recursos necesarios para conducir una política extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no puede imponer la paz a cualquier precio.

(Chomsky) Trump es muy hábil a la hora de incitar el miedo. Si uno observa a los que apoyan a Trump, son en su mayoría blancos de ingresos medios o bajos, poco educados. Curiosamente, entre estos grupos las tasas de mortalidad son altas. Muchos sienten que no hay nada para ellos. Hasta la irrupción de Trump en la escena política habían perdido toda esperanza. Son personas que piensan que se les ha quitado todo. Creen que les han arrebatado su país y que pronto los blancos serán minoría. No hay nada como el movimiento de supremacía blanca en otros países.
No se puede negar que hubo cambios significativos en las últimas generaciones. En ciertos aspectos, Estados Unidos es un país más libre. Cuando llegué al MIT en 1955 estaba dominado por hombres blancos, obedientes, que hacían sus tareas. Ahora es totalmente diferente. Y ocurre en todo el país. Lamentablemente no hay activismo. La campaña de Bernie Sanders fue interesante por esa razón: despertó ese activismo dormido en cierto sector de la sociedad estadounidense. Estaba ahí. Sólo había que espabilarlo.

(Butler) Decir la verdad ante el poder no es fundamentalmente un acto individual. Decir la verdad ante el poder significa apropiarse del poder al hablar de la manera en la que se lo hace. Y que las estructuras de poder pueden ser apropiadas o redefinidas en el oficio de ser “contestatario”. Así que podemos pensar al sujeto que habla como un individuo que habla, es una posición anónima y cambiante que incluye potencialmente a cualquier número de personas. Antes de preguntarnos qué significa decir la verdad ante el poder, tenemos que preguntarnos quién puede hablar. A veces la mera presencia de aquellos que se supone que tienen que permanecer mudos en el discurso público rompe y atraviesa esa estructura. Cuando hay una asamblea de los indocumentados, o de aquellos que fueron desalojados, de aquellos que están desempleados o perdieron mucho de sus pensiones, se afirman en el imaginario y el discurso que nos da una idea de quién es el pueblo, o quién debería ser. Desde luego que tienen demandas específicas, pero la misma asamblea es también una forma de demandar algo con el cuerpo, un pedido corpóreo por espacio público y una demanda pública hacia el poder político. Así que en cierta forma tenemos primero que irrumpir en el discurso antes de poder decir la verdad ante el poder. Tenemos que irrumpir en medio de las restricciones a la representación política para poder exponer su violencia y oponernos a sus exclusiones. Mientras la “seguridad” siga justificando prohibir y dispersar manifestaciones, asambleas y acampes, la seguridad está al servicio de diezmar los derechos democráticos y a la democracia en sí. Sólo una movilización muy amplia, un coraje personificado y transnacional, podríamos decir, va a derrotar con éxito al nacionalismo xenófobo y las diversas coartadas que en este momento amenazan a la democracia.

Necesitamos algo más. El populismo nacionalista no puede dar respuestas a nivel de protección y regulación, ni de participación y representación. Porque plantea en términos irreales y discriminatorios la cuestión del lugar; es decir, la cuestión de los espacios en los que vivimos, trabajamos, nos encontramos y luchamos. Un mundo globalizado debe proveer estos espacios para cada persona, empezando por aquellas que sostienen las vidas de otros y se ocupan de ellos. Lo que me atreví a llamar “contra-populismo” (como hice cuando estalló la crisis griega), no constituye ningún tipo de solución, ni siquiera un plan. Sin embargo, pienso que es el nombre apropiado si queremos aunar fuerzas e identificar los diferentes elementos del problema. ¿Su apuesta? El renacimiento de una política hecha por el pueblo y para el pueblo.

Libros del autor (Noam Chomsky) comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/06/25/la-aldea-global-noam-chomsky-heinz-dieterich/

https://weedjee.wordpress.com/2017/03/20/quien-domina-el-mundo-noam-chomsky/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/04/como-nos-venden-la-moto-informacion-poder-y-concentracion-de-medios-noam-chomsky-ignacio-ramonet/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/04/intervenciones-noam-chomsky/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/05/11-de-septiembre-noam-chomsky/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/05/las-100-principales-mentiras-de-chomsky-paul-bogdanor/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/26/estados-peligrosos-oriente-medio-y-la-politica-exterior-estadounidense-noam-chomsky-gilbert-achcar-perilous-power-the-middle-east-u-s-foreign-policy-dialogues-on-terror-de/

https://weedjee.wordpress.com/2019/06/09/malestar-global-conversaciones-con-david-barsamian-sobre-las-crecientes-amenazas-a-la-democracia-noam-chomsky-global-discontents-conversations-on-the-rising-threats-to-democracy-by-noam/

https://weedjee.wordpress.com/2021/05/11/la-responsabilidad-de-los-intelectuales-noam-chomsky-the-responsibility-of-intellectuals-by-noam-chomsky/

Libros de la autora (Judith Butler) comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/25/marcos-de-guerra-las-vidas-lloradas-judith-butler-frames-of-war-when-is-life-grievable-by-judith-butler/

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/17/sin-miedo-formas-de-resistencia-a-la-violencia-de-hoy-judith-butler-the-force-of-non-violence-by-judith-butler/

Libros del autor (Ignacio Ramonet) comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/05/09/la-catastrofe-perfecta-ignacio-ramonet/

https://weedjee.wordpress.com/2019/08/24/guerras-del-siglo-xxi-el-imperio-contra-irak-ignacio-ramonet-wars-of-the-21st-century-new-threats-new-fears-by-ignacio-ramonet-spanish-book-edition/

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US Defense Secretary Donald Rumsfeld attacked the German and French governments that opposed his plans, calling them disparagingly «old Europe.»
In addition to the internal situation in Iraq, the White House’s arguments were based on two fallacies. On the one hand, the comparison of Saddam Hussein with Adolf Hitler was propagandistically and conceptually wrong; as if one could lightly compare any authoritarian or dictatorial phenomenon with Nazism and its leader. On the other hand, that «old» Europe to which Rumsfeld alluded barely exists in the imaginary of simplifications. It makes no sense to condense the European history of the 20th century in the 1938 Munich Pact between Chamberlain and Hitler and slip that Nazi Germany advanced into Poland and built death camps only as a consequence of a stale European «pacifism».
The vagueness and simplifications of Rumsfeld’s assessments alluded to the atrocities committed by Nazism that still persist in the collective memory –mainly European, it should be noted–, and to a supposedly pacifist Europe incapable of confronting the beast of Nazism from the outset. as if they had not realized the danger they faced.

Beyond the analysis of specific cases that show that no movement is the same as that of another country and that they all emerge from a discursively exploited social crack, I am left with two general theses.
Jean-Yves Camus explains that right-wing movements are divided between radicals and extremes. The former reject parliamentary democracy while the latter agree to participate in power and form government coalitions with other countries.
Starting from Sartori’s thesis on the organization of the political game between consensus parties (which exercise power) and protest parties, this new right-wing paradigm came to raise a debate on political philosophy. “If the source of all legitimacy is the people and a consequent part of it votes for a “populist” and “anti-system” radical right, in the name of what principle must it be protected from itself by maintaining an ostracism that keeps these formations apart from the power –without on the other hand succeeding in reducing its influence–?“
On the other hand Chantal Mouffe – faithful to her Laclaunian ideas – explains that in a post-democratic situation in which it was agreed that there was no alternative to the liberal order and that public management remained in the hands of an expert establishment, neopopulism emerged as a expression of resistance that wanted to establish a political border between the ambiguous signifier “people” and the aforementioned establishment.
However, in recent years these populist expressions have surpassed their discursive dimension in some countries and have come to exercise power. Orban, Chavez and Correa are examples of the process of democratic hybridization that they have inaugurated through the advancement of an Executive Power over the other instances of institutional authority.

“Europe is no longer Europe” is often lamented by those who yearn for countries with different traditions, languages, religions and customs that had very little in common with each other and that barely mixed when their royal houses joined by convenience two hundred years ago. The rise of capitalism brought colonial expansion and millions of Africans, Arabs, Muslims, Hindus and Asians left the colonies (before and after independence) to settle in the metropolises. If one of the reasons given by President Charles De Gaulle for leaving Algeria was that he feared that the demographic growth of «those» French people would end up transforming France, it is no less true that with the independence of Algeria French nationality was taken away from them, even after thousands of French Algerians had moved to mainland France.
The terrorist attacks carried out by young Muslims born in Europe are a reflection of these changes. In the middle of the last century, the attacks of the Algerian independence fighters were carried out in the territories occupied by the colonial powers against foreign soldiers and rarely on European soil. Today, some of these young people are children of those who emigrated to the metropolis and, born in Europe, do not identify with the places that their parents or grandparents left and have even become radicalized by the discrimination they feel in daily life as second-class nationals. category. We must also take into account the transformation of the productive structure, with the consequent disappearance of the large industrial conglomerates and their union organizations, and the loss of socio-political references that characterized much of the 20th century.

Following the success of Brexit in the UK and Donald Trump’s victory in the US election, the media is spreading fears that Western liberal democracies are being taken over by far-right parties intent on installing «fascist» regimes. . What should we do in the face of this fear?
Liberal democracies are undoubtedly facing a crisis of representation that is manifested in growing discontent with “traditional” parties and in the rise of anti-establishment movements. This represents a real challenge for democratic politics and can lead to a weakening of liberal democratic institutions. However, I argue that categories such as «fascism» and «extreme right» or comparisons to the 1930s are not adequate to capture the nature of this challenge.
By the way, many people equate populism with fascism and the extreme right and this is clearly the tactic used today by the elites to disqualify all forces that question the status quo. But to understand the growing appeal of populist parties, we need to reject this simplistic conception. Far from being the product of demagogic forces, the populist moment we are witnessing is the expression of resistance to the «post-democratic» situation caused by neoliberal globalization. This has been possible thanks to the “post-political” consensus established between the center-right and the center-left around the idea that there was no alternative to the neoliberal order. This “consensus at the core” has reduced politics to the management of technical problems to be dealt with and by experts. With the predominance of financial capitalism and the consequent oligarchy of our societies, the two central pillars of the idea of democracy – equality and popular sovereignty – have been declared “zombie” categories. Equality has ceased to be an objective of public policies and citizens have been deprived of any possibility of deciding on collective affairs. This has created fertile ground for right-wing populist parties to mobilize affect around elite rejectionism. Claiming to speak «on behalf of the people.»
The only way to fight right-wing populist parties is to address the issues they have included on the agenda, offering responses capable of mobilizing common affections towards equality and social justice. This must be the goal of a left populist movement that, confronting post-democracy, aims at the recovery and radicalization of democracy.

Religion can be the unbeatable identity sauce of this whole phenomenon, to the extent that, precisely, it is a presentable anti-Western reference. But as we see, in the end, the origin of young people matters very little, their origin – it will be said – spiritual, religious, etc. What counts is the choice they made regarding their frustration. And they are going to incorporate them into the mixture of corruption with sacrificial and criminal heroism because of the subjectivity that is theirs, and not because of their Islamic conviction. Moreover, it has been observed that, in most cases, Islamization is terminal rather than inaugural. Let’s say that it is fascization that Islamizes, and not Islam that fascizes.

The FN (National Front) candidate struggles to reconcile the two aspects of her propaganda, potentially directed at two different audiences. The issue of abortion is symptomatic of its difficulty in accommodating both a traditional electorate, very hostile to any interruption of pregnancy, and some new support garnered in the field of women’s rights. Within her program, Le Pen maintained an ambiguous «freedom of women not to have an abortion», to later specify that the reimbursement of pregnancy terminations would not be a «priority», or even be suppressed, in the event of a deficit. in Social Security.

British voters do not follow European politics closely enough to understand the subtle differences, cultivated by European governments, between the appearance and reality of Europe, and the sophisticated techniques developed to get from one to the other. Hearing about the refugee policies that the Merkel government sold to the German public as European policies, they must have feared that at some point their country would have to adopt them as well.
They didn’t quite understand what was going on between Berlin and Brussels in the critical second half of 2015, but that didn’t make things any less threatening (and if they had, it might have been worse). The slogan of the campaign to leave the EU, “Take back control”, should be read largely as reflecting the desire not to be subject to the mysterious idiosyncrasies of a German government endowed by its political system with almost unlimited freedom. to maneuver and to which a cornered and cunning opposition allowed him to present his internal needs as European interests consistent with European values. Looking across the Channel to the continent, voters may well have been frightened or aggrieved by the unconstitutional, democratically unalterable obligation to unconditionally open their borders and labor market, not just to immigrants from other less prosperous EU countries, but also to anyone seeking entry seeking asylum or political refuge. The prospect of having to conform to the way Germany – with its particular politics, demography and labor market – had chosen to interpret international law, subject to reinterpretation according to changes in the German economy and political interests, was undoubtedly one of the major forces behind Brexit, a historic blow to European integration as we know it.

What Orbán had in mind from the start was a form of national revival. Not only a restored greatness, but also economic prosperity and rehabilitation of a state that he perceives, not without reason, as an ineffective institution that no one respects anymore. He sees in a vast and strong middle class, enterprising, courageous, disciplined, the backbone of the country. All the fiscal reforms and all the subsidies are at the service of that preponderantly young social group to which he himself and his friends belong. His ideal: small businessmen, liberal professions, patriotic, loyal, pious, respectful of tradition and authority. The right wing helped them buy their own houses, one of the causes of escalating household indebtedness, both in Hungary and elsewhere.
Like the conservatives of Central Europe, the Hungarian right considers that the adversaries of this middle class are, on the one hand, the multinationals, the financial institutions and «financial capitalism» and on the other, the proletarians, the poor, the “communists” – not to mention the category of unexploitable “subhumans”.
Incessant attacks by the Western press backfired in Hungary: some neo-Nazi parliamentarians burn European Union flags; the population does not understand that their government, unpopular as it may be, can embody absolute evil abroad. The nationalist indignation threatens to mobilize the right against those who embody the social and democratic protest, who will then have to oppose at the same time the austerity measures recommended by the European Union and the policies of the Hungarian right. In short, the European threats do nothing more than favor the Orbán government, which, after all, is the product of democratic scrutiny.
There are several ways to corrupt “democracy”. Removing subsidies to change the political situation of a country constitutes a form of extortion. Every honest liberal should denounce such a thing. That is why the Hungarian opposition opposes both the government’s policies and the pressures of the European institutions and the International Monetary Fund.

In Austria, racism is expressed more in speeches and laws than in physical violence. What does not make it less painful: insults, refusal to be served in a cafe and graffiti on the walls abound and particularly affect the black community. “It is not possible to imagine what it means to be black in Austria! When I ride the subway, I know that the three seats around me will be empty. On the street, people’s eyes are always negative, or restless, or clearly hostile”, complains journalist Simon Inou, director of the online newspaper Afrikanet.info. Adela, a French teacher born in Gabon, lived in France for a long time before settling in Vienna: “Obviously racism exists everywhere. But in France there are people who are deeply anti-racist.

It should be noted that Trump’s message is not similar to that of a European neo-fascist party. He is not a conventional far-right. He defines himself as a «conservative with common sense» and his position, in the range of politics, would be more exactly to the right of the right. Billionaire businessman and super popular reality star, Trump is not an anti-establishment, nor is he obviously a revolutionary. He does not criticize the political model itself, but the politicians who have been leading it. His speech is emotional and spontaneous. He appeals to the instincts, to the guts; not to the brain, nor to reason. He speaks for that part of the American people among whom he has begun to spread discouragement and discontent. He addresses people who are tired of the old politics, of «caste». And he promises to inject honesty into the system; renew names, faces and attitudes.
Some of his most hateful statements and proposals have been widely reported in the media…
Also his affirmation that traditional marriage, formed by a man and a woman, is «the basis of a free society», and his criticism of the Supreme Court’s decision to consider that same-sex marriage is a constitutional right . Trump supports the so-called «religious freedom laws», promoted by conservatives in several states, to deny services to LGBT people. Not forgetting his statements about the «hoax» of climate change, which, according to Trump, is a concept «created by and for the Chinese, to make the US manufacturing sector lose competitiveness.»
1) The journalists do not forgive him, in the first place, that he attacks the media power head-on. They reproach him for constantly encouraging the public at his rallies to boo the «dishonest» media.
2) Another reason why the big media viciously attacked Trump is because he denounces economic globalization, convinced that it has killed off the middle class. According to him, the globalized economy is marginalizing more and more people, and he recalls that, in the last 15 years, in the United States, more than 60,000 factories had to close and almost 5 million well-paid industrial jobs disappeared.
3) he is an ardent protectionist. He proposes to increase the rates on all imported products. «We’re going to take back control of the country, we’re going to make America a great country again,» he often says, taking up his campaign slogan.
4) His rejection of neoliberal cuts in social security. Many Republican voters, victims of the 2008 economic crisis or who are over 65, need to benefit from Social Security (retirement) and Medicare (health insurance) that President Barack Obama developed and that other Republican leaders want to abolish.
5) Against the arrogance of Wall Street, Trump proposes to significantly increase taxes on hedge fund brokers
who make fortunes, and he supports reinstating the Glass-Steagall Act. Approved in 1933, in the midst of the Depression, this law separated traditional banking from investment banking in order to prevent the former from making high-risk investments. Obviously the entire financial sector is absolutely opposed to the reestablishment of this measure.
6) In international politics, Trump wants to establish an alliance with Russia to effectively combat the Islamic State (ISIS). Although for this Washington has to recognize the annexation of Crimea by Moscow.
7) Trump estimates that with its enormous sovereign debt, the United States no longer has the necessary resources to conduct an indiscriminate interventionist foreign policy. It can no longer impose peace at any price.

(Chomsky) Trump is very adept at inciting fear. If you look at the Trump supporters, they are mostly low- or middle-income whites, poorly educated. Interestingly, among these groups mortality rates are high. Many feel that there is nothing for them. Until Trump’s appearance on the political scene, they had lost all hope. They are people who think that everything has been taken from them. They believe that their country has been taken from them and that whites will soon be a minority. There is nothing like the white supremacist movement in other countries.
It cannot be denied that there have been significant changes in the last few generations. In some respects, the United States is a freer country. When I came to MIT in 1955 it was dominated by obedient white men who did their homework. Now it is totally different. And it happens all over the country. Unfortunately there is no activism. The Bernie Sanders campaign was interesting for that reason: it woke up that dormant activism in a certain sector of American society. He was there. You just had to shake it up.

(Butler) Speaking the truth in the face of power is not fundamentally an individual act. Speaking the truth in the face of power means appropriating power by speaking the way it is spoken. And that the structures of power can be appropriated or redefined in the office of being a “contestant”. So we can think of the speaking subject as a speaking individual, it is an anonymous and changing position that potentially includes any number of people. Before asking ourselves what it means to speak the truth in the face of power, we have to ask ourselves who can speak. Sometimes the mere presence of those who are supposed to remain mute in public discourse breaks through that structure. When there is an assembly of the undocumented, or of those who were evicted, of those who are unemployed or lost a lot of their pensions, they affirm themselves in the imaginary and the discourse that gives us an idea of who the people are, or who should be . Of course they have specific demands, but the assembly itself is also a way of demanding something with the body, a corporeal request for public space and a public demand towards political power. So in a way we have to break into the discourse first before we can tell the truth in the face of power. We have to break through the restrictions on political representation in order to expose their violence and oppose their exclusions. As long as “security” continues to justify prohibiting and dispersing demonstrations, assemblies, and encampments, security is at the service of decimating democratic rights and democracy itself. Only a very broad mobilization, a personified and transnational courage, we could say, will successfully defeat xenophobic nationalism and the various alibis that currently threaten democracy.

We need something else. Nationalist populism cannot provide answers at the level of protection and regulation, or of participation and representation. Because it poses the question of place in unreal and discriminatory terms; that is, the question of the spaces in which we live, work, meet and fight. A globalized world must provide these spaces for each person, beginning with those who sustain the lives of others and take care of them. What I dared to call “counter-populism” (as I did when the Greek crisis broke out), does not constitute any kind of solution, not even a plan. However, I think it is the appropriate name if we want to join forces and identify the different elements of the problem. Your bet? The rebirth of a policy made by the people and for the people.

Books from the author (Noam Chomsky) commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/06/25/la-aldea-global-noam-chomsky-heinz-dieterich/

https://weedjee.wordpress.com/2017/03/20/quien-domina-el-mundo-noam-chomsky/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/04/como-nos-venden-la-moto-informacion-poder-y-concentracion-de-medios-noam-chomsky-ignacio-ramonet/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/04/intervenciones-noam-chomsky/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/05/11-de-septiembre-noam-chomsky/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/05/las-100-principales-mentiras-de-chomsky-paul-bogdanor/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/26/estados-peligrosos-oriente-medio-y-la-politica-exterior-estadounidense-noam-chomsky-gilbert-achcar-perilous-power-the-middle-east-u-s-foreign-policy-dialogues-on-terror-de/

https://weedjee.wordpress.com/2019/06/09/malestar-global-conversaciones-con-david-barsamian-sobre-las-crecientes-amenazas-a-la-democracia-noam-chomsky-global-discontents-conversations-on-the-rising-threats-to-democracy-by-noam/

https://weedjee.wordpress.com/2021/05/11/la-responsabilidad-de-los-intelectuales-noam-chomsky-the-responsibility-of-intellectuals-by-noam-chomsky/

Books from the author (Judith Butler) commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/25/marcos-de-guerra-las-vidas-lloradas-judith-butler-frames-of-war-when-is-life-grievable-by-judith-butler/

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/17/sin-miedo-formas-de-resistencia-a-la-violencia-de-hoy-judith-butler-the-force-of-non-violence-by-judith-butler/

Books from the author (Ignacio Ramonet) commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/05/09/la-catastrofe-perfecta-ignacio-ramonet/

https://weedjee.wordpress.com/2019/08/24/guerras-del-siglo-xxi-el-imperio-contra-irak-ignacio-ramonet-wars-of-the-21st-century-new-threats-new-fears-by-ignacio-ramonet-spanish-book-edition/

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