11 De Septiembre — Noam Chomsky

Este es otro interesante libro que recoge entrevistas que le hicieron durante los 8 días posteriores a los atentados de las torres gemelas. (World Trade Center).

Las terroríficas atrocidades del 11 de septiembre son algo del todo nuevo en el mundo, no por su escala ni condición, sino por el objetivo que perseguían. Para Estados Unidos, ésta es la primera vez desde la guerra de 1812, que el territorio nacional se ha visto atacado o siquiera amenazado. Muchos comentaristas han sacado a relucir la analogía con Pearl Harbor, pero esa interpretación puede inducir a error. El 7 de diciembre de 1941 fueron atacadas bases militares en dos colonias de Estados Unidos, no en el territorio nacional, que nunca estuvo amenazado. Estados Unidos prefería llamar «territorio» a Hawai pero, en realidad, era una colonia. Durante cientos de años, Estados Unidos aniquiló a la población indígena (millones de personas), conquistó la mitad de México (de hecho, territorios de indígenas, pero ése es otro asunto), intervino violentamente en la región circundante, conquistó Hawai y Filipinas y, particularmente, en el último medio siglo, extendió el uso de la fuerza por gran parte del mundo. El número de víctimas es colosal.
Estados Unidos no gobierna el proyecto corporativo de globalización aunque, sin duda, tiene un papel preponderante. Los programas de globalización han despertado enorme rechazo, en primer lugar en el Sur, donde las protestas masivas pueden, con frecuencia, ser sofocadas o ignoradas. En los últimos años, las protestas han alcanzado también a los países ricos y, por consiguiente, se ha convertido en foco de gran inquietud para los poderosos, que ahora se sienten a la defensiva. Y no sin motivo. Hay razones de peso para que el mundo entero se oponga a la particular forma asumida por los derechos de inversión «globalizadores», que están siendo impuestos.

Al principio Estados Unidos habló de «cruzada», pero enseguida advirtieron que si pretendían reclutar a sus aliados en el mundo islámico por razones obvias sería un grave error. La retórica se inclinó entonces por la palabra «guerra». La Guerra del Golfo de 1991 se llamó «guerra». El bombardeo de Serbia se llamó «intervención humanitaria», una práctica de ninguna manera novedosa. Era la acostumbrada denominación utilizada en las aventuras imperialistas europeas del siglo XIX. Para nombrar algunos ejemplos más cercanos, el trabajo de investigación más importante y reciente sobre «intervención humanitaria» cita tres casos de este tipo de «intervención humanitaria» en el periodo inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial: la invasión japonesa a Manchuria, la invasión de Mussolini a Etiopía y la ocupación de Hitler de los Sudetes.
Es mejor usar un término vago, como «guerra». Llamarla «guerra contra el terrorismo» es simple propaganda, a menos que la «guerra» apunte de verdad al terrorismo. Y, evidentemente, tal cosa no está contemplada porque las potencias occidentales nunca se someterían a sus propias definiciones del término.

Las protestas del mundo entero contra la globalización corporativista, que tampoco empezó en Seattle. Semejantes atrocidades terroristas son un regalo para los individuos más crueles y represivos de todas partes y, sin duda, serán explotados —de hecho ya lo han sido— para acelerar la militarización, la regulación, la marcha atrás de programas democráticos, la transferencia de riqueza a sectores aún más reducidos y el debilitamiento de la democracia en cualquier forma posible.
Las atrocidades del 11 de septiembre han sido un golpe devastador para los palestinos, como ellos reconocieron en el acto. Israel está decididamente exultante ante la «oportunidad» que ahora tiene para aplastar, con toda impunidad, a los palestinos. En los días posteriores al ataque del 11-09, los tanques israelíes entraron por primera vez en las ciudades palestinas de Yenín, Ramala y Jericó. Varias docenas de palestinos fueron muertos y se agudizó la política de mano de hierro contra la población. Exactamente como era de esperar. Una vez más ésta es la dinámica común de un ciclo de escalada de violencia, corriente en el mundo entero: Irlanda del Norte, Israel-Palestina, los Balcanes y cualquier otro lugar.

En primer lugar, nadie mínimamente razonable define a los árabes como «fundamentalistas». En segundo lugar, Estados Unidos y Occidente en general no objetan el fundamentalismo religioso como tal. De hecho, Estados Unidos es una de las culturas fundamentalistas más extremas del mundo; no el Estado sino la cultura popular. En el mundo islámico, el Estado fundamentalista más extremo —aparte del talibán— es Arabia Saudí, un Estado satélite de Estados Unidos desde sus orígenes; los talibanes son en realidad vástagos de la versión saudí del Islam.
Los extremistas islámicos radicales —llamados muy a menudo «fundamentalistas»— eran los favoritos de Estados Unidos en los años ochenta porque eran los mejores asesinos que podían encontrar. En aquellos años, el principal enemigo de Estados Unidos era la Iglesia católica, que había cometido el grave pecado de adoptar «la opción preferencial por los pobres» en América Latina y sufrió sangrienta persecución por ello. Occidente es muy ecuménico en su elección de enemigos. Los criterios son la subordinación y el sometimiento al poder, no a la religión.

La cobertura de los medios de comunicación no es tan uniforme como los europeos parecen creer, tal vez porque se atienen a The New York Times, la National Public Radio, la TV, etcétera. Incluso The New York Times concedía esta mañana que las reacciones en Nueva York son bastante distintas de las que se han estado publicando. Es una buena noticia. Una noticia que, además, insinúa que los principales medios de comunicación no la han divulgado. Cosa no del todo cierta, salvo en el caso de The New York Times.
Es muy típico de los principales medios de comunicación —y de la clase intelectual en general— estrechar filas en apoyo del poder en tiempos de crisis y tratar de movilizar a la población en pos de la misma causa. Así fue, casi con fervor histérico, en la época de los bombardeos a Serbia. La Guerra del Golfo no fue en absoluto una excepción.
Y el modelo se remonta en la historia a tiempos muy lejanos.
Francamente nunca me han afectado demasiado las preocupaciones tan voceadas en Europa sobre Echelon, como sistema de control. Con respecto a los servicios de inteligencia mundiales, hay que decir que sus fracasos a través de los años han sido colosales, un asunto sobre el que hemos escrito ya muchos y que no puedo desarrollar aquí.
Esos fracasos son ciertos aunque los blancos de la preocupación hayan sido mucho más fáciles de tratar, que la red de Bin Laden —sin duda tan descentralizada, tan carente de estructura jerárquica y tan dispersa sobre gran parte del mundo—, que se ha vuelto más que impenetrable.

Estados Unidos continúa con el terrorismo internacional. También hay lo que, en comparación, son ejemplos menores. Aquí todo el mundo estalló de ira cuando el bombardeo de la ciudad de Oklahoma y, durante un par de días, los titulares decían: «La ciudad de Oklahoma parece Beirut». No vi que nadie señalara que Beirut también parece Beirut. La razón es en parte que la administración Reagan lanzó un bombardeo terrorista en Beirut en 1985, muy parecido al de la ciudad de Oklahoma: situó un camión bomba delante de una mezquita, calculando el momento de la explosión para matar a la mayor cantidad posible de gente cuando saliera del templo. La bomba mató a ochenta personas e hirió a doscientas cincuenta, la mayoría mujeres y niños, según dijo tres años después el Washington Post. La bomba terrorista iba dirigida a un jeque que no les gustaba y a quien no alcanzaron. No es ningún secreto. No sé qué palabra puede usted aplicar a una política que fue el factor principal en la muerte de tal vez un millón de civiles en Irak, entre ellos quizá medio millón de niños…
Estados Unidos está oficialmente comprometido con lo que se llama «guerras de baja intensidad». Ésa es la doctrina oficial. Si lee usted las definiciones corrientes de los conflictos de baja intensidad y las compara con las definiciones oficiales de «terrorismo» en los manuales del ejército o el Código de Estados Unidos (véase p. 16, nota al pie de página), encontrará que son casi las mismas. Terrorismo es el uso de medios coercitivos dirigidos a poblaciones civiles en un esfuerzo por lograr objetivos políticos, religiosos u otros. Eso es lo que fue el ataque al World Trade Center, un crimen terrorista particularmente horrendo.
De acuerdo con las definiciones oficiales, el terrorismo es simplemente parte de la acción del Estado, la doctrina oficial. Y, por supuesto, no sólo en Estados Unidos.
No es como suele proclamarse «el arma de los débiles».
Todas estas cosas tendrían que ser bien conocidas. Es vergonzoso que no lo sean.

La «guerra contra el terror» ni es nueva ni es «guerra contra el terror». Debemos recordar que la administración Reagan llegó al poder hace veinte años, proclamando que, «el terrorismo internacional» (auspiciado en todo el mundo por la Unión Soviética), era la mayor amenaza que enfrentaba Estados Unidos, principal objetivo del terrorismo, sus aliados y amigos. Debíamos por lo tanto dedicarnos a erradicar ese «cáncer», esa «plaga», que estaba destruyendo la civilización. Los «reaganistas» actuaron según ese mandato, organizando campañas de terrorismo internacional-
Tenemos dos opciones, podemos vivir en un mundo de cómodas ilusiones o mirar la historia reciente, las estructuras institucionales que permanecen esencialmente intactas, los planes que se están anunciando… y, en consecuencia, contestar a la pregunta. No conozco ninguna razón para suponer que haya habido un cambio repentino en las antiguas motivaciones u objetivos políticos, aparte de ajustes tácticos ante el cambio de circunstancias.
También debemos recordar que una de las elevadas tareas de los intelectuales es proclamar cada tantos años que hemos «cambiado el curso», que el pasado ha quedado atrás y puede olvidarse, conforme seguimos nuestra marcha hacia un futuro glorioso. Es una postura muy conveniente, aunque difícilmente admirable y sensata.
Estados Unidos no mira al Islam como a un enemigo ni viceversa.
En cuanto al «estilo de vida occidental», incluye gran cantidad de elementos, muchos francamente admirables, muchos adoptados con entusiasmo por el mundo islámico, muchos criminales y hasta amenazantes para la supervivencia de la humanidad.
Si hablamos de «civilización occidental», tal vez convendría tomar buena cuenta de las palabras atribuidas a Gandhi, cuando le preguntaron qué pensaba de la civilización occidental y contestó: «Podría ser una buena idea».

Lista actualizada de Organizaciones Terroristas Extranjeras (5 de octubre de 2001).
1. Organización Abu Nidal (OAN)
2. Grupo Abu Sayyaf
3. Grupo Islámico Armado (GIA)
4. Aum Shinrikyo
5. Patria Vasca y Libertad (ETA)
6. Yama Islamiya (Grupo Islamista de Egipto)
7. Hamás (Movimiento de Resistencia Islámico)
8. Harakat ul-Mujahidín (HUM)
9. Hezbolá (Partido de Dios)
10. Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU)
11. Yamaa Islamiya (Yihad Islámica Egipcia)
12. Kahane Chai (Kach)
13. Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK)
14. Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE)
15. Organización Mujahidin-e Khalq (MEK)
16. Ejército de Liberación Nacional (ELN)
17. Yihad Islámica Palestina (YIP)
18. Frente Palestino de Liberación (FPL)
19. Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP)
20. Comando General del FPLP (CG-FPLP)
21. Al Qaeda
22. IRA Auténtico
23. Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)
24. Núcleo Revolucionario (antes ELA)
25. Organización Revolucionaria 17 de Noviembre
26. Frente-Ejército Revolucionario de Liberación Popular (FERLP)
27. Sendero Luminoso (SL)
28. Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, paramilitares)

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