Intervenciones — Noam Chomsky / Interventions by Noam Chomsky

El libro se compone de una serie de columnas que desde el 2002 público el autor en el periódico “The New York Times”, sin ser de sus mejores escritos se puede leer sobre la guerra de Irak, S.Hussein, la política de Bush…

Saddam se vio beneficiado con el apoyo de Estados Unidos durante la guerra con Irán y después, hasta el día en que invadió Kuwait. Casi todos los responsables de ello tienen nuevamente las riendas de Washington. Reagan y la administración de Bush padre le dieron ayuda a Saddam, junto con los medios para desarrollar armas de destrucción masiva (ADM), cuando era mucho más peligroso que ahora y había ya cometido sus peores crímenes, como asesinar a miles de kurdos con gases tóxicos.
Ponerle fin al régimen de Saddam le quitaría una carga horrible al pueblo iraquí. Hay razones para creer que hubiese sufrido el mismo destino que Ceaucescu y otros tiranos perversos de no ser porque la sociedad iraquí está devastada por las brutales sanciones que la obligan a depender de Saddam para sobrevivir, a la vez que los fortalecen a él y a su camarilla.
Saddam sigue siendo una amenaza terrible para los que están a su alcance. Hoy ese alcance no va más allá de sus propios dominios, aunque es probable que la agresión de los norteamericanos inspire a una nueva generación de terroristas ávidos de venganza, y podría inducir a Iraq a realizar acciones terroristas.
-En Iraq la más impresionante fuerza militar de la historia de la humanidad ha atacado a un país mucho más débil, con una enorme disparidad de fuerzas.
Pasará un tiempo antes de que pueda hacerse una evaluación preliminar de las consecuencias. Deben dedicarse todos los esfuerzos posibles a minimizar los daños y a proveer al pueblo iraquí de los enormes recursos necesarios para que reconstruyan su sociedad, sin Saddam; a su manera, no por dictado de gobernantes externos.
-No hay razón para dudar de la opinión casi universal de que la guerra en Iraq sólo servirá para incrementar la amenaza de terror, así como la creación —y posiblemente el uso— de armas de destrucción masiva con fines de venganza o disuasión.
En Iraq la administración Bush va en pos de una «ambición imperialista» que con toda razón llena de temor al mundo y convierte a Estados Unidos en un paria internacional. El propósito confeso de la actual política norteamericana es imponer un poderío militar que sea supremo en el mundo e indisputable.
-La invasión a Iraq fue una «acción ejemplar», una demostración al mundo de que la administración Bush hablaba en serio cuando planteó su doctrina de utilizar la fuerza según le plazca para re-afirmar su dominación global y para impedir cualquier desafío en potencia, por remoto que sea.

La campaña presidencial en Estados Unidos no hace más que poner de relieve el grave déficit democrático en la nación más poderosa del mundo.
Los norteamericanos pueden escoger entre candidatos de los principales partidos que nacieron en la abundancia y el poder político, asistieron a la misma universidad de élite, ingresaron a la misma sociedad secreta que instruye a sus miembros en el estilo y las maneras de los gobernantes, y pueden postularse porque los financian los mismos poderes corporativos, lo que constituye uno de los muchos ejemplos del hecho de que este país, dedicado desde hace tanto tiempo a emprender aventuras para la presunta «construcción de la democracia» en todo el mundo, necesita desesperadamente revitalizar su propio proceso democrático.

La seguridad social se basa en un principio en extremo peligroso: que a uno debe importarle que una viuda minusválida del otro lado del pueblo tenga qué comer. Los «reformadores» de la seguridad social preferirían que cada quien se concentrara en incrementar al máximo su consumo de bienes y se subordinara al poder. Preocuparse por los demás y asumir una responsabilidad comunitaria en cosas como la salud y el retiro es profundamente subversivo.

Para facilitar el esfuerzo de mercadotecnia, los sistemas doctrinales suelen retratar al enemigo en turno como diabólico por naturaleza. En ocasiones esta caracterización es correcta, pero los crímenes rara vez son el origen del llamado a tomar medidas disuasorias contra algún objetivo que estorbe los planes en curso.
Un ejemplo reciente es el de Saddam Hussein, un objetivo indefenso caracterizado como una terrible amenaza a nuestra supervivencia, responsable del 11 de septiembre que estaba a punto de atacarnos nuevamente.
En 1982 la administración Reagan quitó al Iraq de Saddam de la lista de naciones que apoyaban el terrorismo, con el fin de poder iniciar el flujo de ayuda militar.
Washington respaldó firmemente el régimen de Pinochet, y su papel no fue menor en su triunfo inicial. Pinochet pronto dio pasos para integrar a otras dictaduras militares latinoamericanas instigadas por los norteamericanos en la «Operación Cóndor», la red internacional de estados terroristas que asoló a América Latina.
Éste es uno entre tantos ejemplos de «promoción de la democracia» en el hemisferio y en otros sitios.
Ahora se nos quiere hacer creer que la misión de Estados Unidos en Afganistán e Iraq es llevarles la democracia.
-Los musulmanes no ‘detestan nuestra libertad’ sino nuestras políticas-.

En Occidente parte de la información más importante sobre Iraq se ignora o no se menciona. Mientras esta información no se tome en cuenta las propuestas acerca de las políticas estadunidenses en Iraq no serán moral ni estratégicamente sólidas.
En general los hacedores de políticas no consideran importante la opinión pública —de Iraq, de Estados Unidos o de cualquier otro sitio—, a menos que estorbe las opciones que ellos prefieren. Se trata de una señal más del profundo desprecio que sienten por la democracia los planificadores y sus acólitos, concomitante habitual de esa inundación de elevada retórica que desborda de amor por la democracia y misiones mesiánicas para promoverla.
En Estados Unidos las encuestas arrojan una oposición de la mayoría a la guerra, pero reciben casi nula atención y escasamente intervienen en la planeación de las políticas, o siquiera en la crítica de la misma.

El caos que se deriva del llamado orden internacional es doloroso si uno se encuentra en el extremo receptor del poder que determina la estructura de ese orden.
La urgencia de establecer un comercio entre los pueblos basado en tratados verdaderamente democráticos, y no en los intereses de las corporaciones, voraces ante todo de ganancias, que esperan ser protegidas y subsidiadas por el estado al que dominan en gran parte, cualquiera que sea el costo en términos humanos.

The book consists of a series of columns that since 2002 the author in the newspaper “The New York Times”, without being his best writings can be read about the Iraq war, S. Hussein, Bush’s policy. ..

Saddam benefited from the support of the United States during the war with Iran and later, until the day he invaded Kuwait. Almost all those responsible for it again have the reins of Washington. Reagan and the Bush father administration gave aid to Saddam, along with the means to develop weapons of mass destruction (WMD), when he was much more dangerous than now and had already committed his worst crimes, such as murdering thousands of Kurds with gas toxic
Putting an end to Saddam’s regime would remove a horrible burden on the Iraqi people. There are reasons to believe that he suffered the same fate as Ceaucescu and other perverse tyrants if not because Iraqi society is devastated by the brutal sanctions that force it to depend on Saddam to survive, while strengthening him and his clique. .
Saddam remains a terrible threat to those within his reach. Today that reach does not go beyond its own domain, although it is likely that the aggression of the Americans will inspire a new generation of terrorists eager for revenge, and could induce Iraq to carry out terrorist actions.
– In Iraq the most impressive military force in the history of humanity has attacked a much weaker country, with a huge disparity of forces.
It will be some time before a preliminary assessment of the consequences can be made. Every effort should be made to minimize the damage and provide the Iraqi people with the enormous resources needed to rebuild their society, without Saddam; in its own way, not dictated by external rulers.
There is no reason to doubt the almost universal view that the war in Iraq will only serve to increase the threat of terror, as well as the creation – and possibly the use – of weapons of mass destruction for the purpose of revenge or deterrence.
In Iraq, the Bush administration is pursuing an “imperialist ambition” that rightly fills the world with fear and turns the United States into an international pariah. The avowed purpose of current US policy is to impose a military might that is supreme in the world and indisputable.
-The invasion of Iraq was an “exemplary action”, a demonstration to the world that the Bush administration was serious when it raised its doctrine of using force as it pleases to re-affirm its global domination and to prevent any potential challenge, however remote it may be.

The presidential campaign in the United States only highlights the serious democratic deficit in the most powerful nation in the world.
Americans can choose between candidates from the main parties that were born in abundance and political power, attended the same elite university, entered the same secret society that instructs its members in the style and manner of the rulers, and they can run because they are financed by the same corporate powers, which is one of the many examples of the fact that this country, dedicated so long to undertake adventures for the alleged “construction of democracy” around the world, desperately needs to revitalize his own democratic process.

Social security is based on an extremely dangerous principle: that one must care that a handicapped widow from the other side of the town has something to eat. The “reformers” of social security would prefer that everyone concentrate on maximizing their consumption of goods and subordinating themselves to power. Worrying about others and taking on a community responsibility in things like health and retirement is deeply subversive.

To facilitate the marketing effort, doctrinal systems tend to portray the enemy in turn as diabolical by nature. Sometimes this characterization is correct, but the crimes are rarely the origin of the call to take dissuasive measures against any objective that hinders the plans in course.
A recent example is that of Saddam Hussein, a defenseless target characterized as a terrible threat to our survival, responsible for September 11 who was about to attack us again.
In 1982 the Reagan administration removed Saddam’s Iraq from the list of nations that supported terrorism, in order to start the flow of military aid.
Washington strongly supported the Pinochet regime, and its role was no less in its initial triumph. Pinochet soon took steps to integrate other Latin American military dictatorships instigated by the Americans in “Operation Condor,” the international network of terrorist states that devastated Latin America.
This is one among so many examples of “promotion of democracy” in the hemisphere and elsewhere.
Now we are being led to believe that the mission of the United States in Afghanistan and Iraq is to bring them democracy.
-The Muslims do not “detest our freedom” but our policies.

In the West part of the most important information about Iraq is ignored or not mentioned. As long as this information is not taken into account, proposals about US policies in Iraq will not be morally or strategically sound.
In general, policymakers do not consider public opinion important – from Iraq, the United States or anywhere else – unless it hinders the options they prefer. This is another sign of the profound contempt that planners and their acolytes feel for democracy, a usual concomitant of this flood of high rhetoric that overflows with love for democracy and messianic missions to promote it.
In the United States, the polls show opposition from the majority to the war, but they receive almost no attention and scarcely intervene in the planning of policies, or even criticism of it.

The chaos that derives from the so-called international order is painful if one is at the receiving end of the power that determines the structure of that order.
The urgency of establishing a trade between the peoples based on truly democratic treaties, and not on the interests of the corporations, voracious above all of profits, that expect to be protected and subsidized by the state they dominate to a great extent, whatever the cost in human terms.

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