No Entres Dócilmente En Esa Noche Inquieta — Ricardo Menéndez Salmón / Do Not Enter Easily In That Restless Night by Ricardo Menéndez Salmón (Non Andartene Docile In Quella Buona Notte) (spanish book edition)

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Lo más interesante de la obra es que cuando el escritor pone su corazón en la pluma sobre un tema cómo este engancha, al ser real como la vida misma y breve. De sus novelas más personales si no es la más personal. Además mi padre murió recientemente y creo que me gustó más por ese motivo.

Cuando pienso en mi padre, la primera palabra que acude es enfermedad. Evoco a mi padre como una persona siempre enferma, desde que a los treinta y ocho años sufrió un infarto que marcaría el resto de su vida y la de su familia. Yo tenía entonces once años, pero los recuerdos previos a esa fecha se han borrado en lo que afecta a la figura paterna.
Soy consciente de haber tenido una infancia en la que mi padre gozaba de salud, pero su imagen en esos años resulta borrosa, pálida, apenas una conjetura. Si busco en aquella extensión de lo razonable, en aquel mundo ordenado, descubro que no hay nada.
He necesitado treinta años para comprender cómo la enfermedad de mi padre me convirtió en un enfermo. En un enfermo imaginario, quiero decir. Ese añadido, ese calificativo, es lo dramático.
Porque, salvo en muy puntuales ocasiones, yo he sido y soy una persona con una salud excelente aquejada de monstruosos padecimientos de índole psicosomática. El clima global de mi vida, su metáfora dominante, ha sido la enfermedad.

Desde el momento en que expresamos algo, lo empobrecemos sin remedio. Como si las palabras debilitaran las ideas por el mero hecho de recluirlas en un soplo de voz, en un golpe de aire que aspira al sentido. Los escritores conocen bien esa dramática experiencia que supone llevar dentro de sí libros perfectos que, al ser convertidos en texto, se desmoronan. Es como si las palabras, que son el modo de nombrar el mundo, de dotarlo de orden y finalidad, de hacerlo presente, carecieran al tiempo de la adherencia necesaria para expresar lo que en puridad quiere y debe ser expresado.
A la dureza que comunicaban aquellos ojos se sumaba el hecho de que mi padre no podía hablar, y que cada uno de sus gestos parecía proceder de un mundo seminal, anterior al lenguaje, en el que los seres humanos tuvieran que aprender, mediante ensayo y error, algo tan fatigoso como alzar una mano a modo de saludo. Esa exigencia escondía una revelación. Regresar de la muerte demandaba una reeducación completa. Había que empezar de cero otra vez: a caminar, a defecar, a escribir, a vocalizar, a masticar. Y había que acompañar al resucitado en su escuela. Vinculados a semejante pedagogía, éramos lazarillos guiando a un ciego.
La vida de mi padre no encierra lecciones. Ninguna lo hace. La vida de mi padre es una colección de hechos, gestos y decisiones que admiten ser interpretados, discutidos y dilucidados, pero que sería temerario juzgar desde el punto de vista de la probidad o de la estulticia. Él fue un hombre tan digno y tan miserable como yo. Ni mejor ni peor. Idéntico en sus límites; diverso en sus rostros. Al escribir sobre mi padre comprendo cuánto lo he amado y cómo lo añoro, pero también cuánto daño me hizo. Nuestra historia es la enésima variación en torno a un tema inagotable: los caminos que adoptan las relaciones entre padres e hijos para llegar a conquistar una especie de indiferencia, de pacto entre adultos, en que la vida, mal que bien, halla un balance definitivo donde debe y haber tienden a igualarse.
El discreto encanto de cualquier vida reside en su efímero lustre, en su cautiva gloria.

Morir es difícil para quien no está dispuesto a alzar la mano contra sí mismo. En una sociedad como la española, medicalizada desde los cero a los cien años, la consigna consiste en resistir a cualquier precio. Y a quien le falta el valor del suicida, el arrojo para el gesto definitivo, o a quien no tiene la fortuna de hallar en su camino a las personas que puedan ayudarle en su deseo, le queda fatigar las estaciones del calvario hasta llegar ante la última puerta. Es cierto que en España se vive mucho. Pero olvidamos qué peaje se paga para engordar la estadística. Olvidamos cuántas veces mantenemos vivos en nombre de una cifra a los que ya están muertos. No hemos comprendido que la dignidad más alta que poseen las personas consiste en el derecho a abandonar sus vidas cuando lo desean. No hemos comprendido que no merece la pena vivir por lo que no se está dispuesto a morir.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/03/28/no-entres-docilmente-en-esa-noche-inquieta-ricardo-menendez-salmon-do-not-enter-easily-in-that-restless-night-by-ricardo-menendez-salmon-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/27/homo-lubitz-ricardo-menendez-salmon-homo-lubitz-by-ricardo-menendez-salmon-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2016/12/13/ninos-en-el-tiempo-ricardo-menendez-salmon/

https://weedjee.wordpress.com/2016/12/13/el-corrector-ricardo-menendez-salmon/

https://weedjee.wordpress.com/2016/12/13/derrumbe-ricardo-menendez-salmon/

https://weedjee.wordpress.com/2016/12/12/la-ofensa-ricardo-menendez-salmon/

https://weedjee.wordpress.com/2016/06/15/el-sistema-ricardo-menendez-salmon/

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The most interesting thing about the work is that when the writer puts his heart in the pen on a subject how he is hooked, to be real as life itself and brief. Of his most personal novels if not the most personal. Besides my dad has passed away in recent times and it could be an special reading.

When I think of my father, the first word that comes is disease. I recall my father as a person always sick, since at thirty-eight he suffered a heart attack that would mark the rest of his life and that of his family. I was then eleven years old, but the memories before that date have been erased as regards the father figure.
I am aware of having had a childhood in which my father was healthy, but his image in those years is blurred, pale, just a guess. If I look in that extension of the reasonable, in that ordered world, I discover that there is nothing.
I have needed thirty years to understand how my father’s illness made me sick. In an imaginary patient, I mean. That addition, that qualifier, is the dramatic.
Because, except on very specific occasions, I have been and am a person with excellent health suffering from monstrous psychosomatic diseases. The global climate of my life, its dominant metaphor, has been disease.

From the moment we express something, we impoverish it without remedy. As if the words weakened the ideas by the mere fact of holding them in a breath of voice, in a breath of air that aspires to meaning. The writers know that dramatic experience that involves carrying perfect books that, when converted into text, crumble. It is as if the words, which are the way of naming the world, of endowing it with order and purpose, of making it present, lacked at the time the necessary adherence to express what purity wants and should be expressed.
To the hardness that communicated those eyes was added the fact that my father could not speak, and that each of his gestures seemed to come from a seminal world, prior to language, in which human beings had to learn, through rehearsal and error, something as tiring as raising a hand as a greeting. That requirement hid a revelation. Returning from death demanded a complete reeducation. We had to start from scratch again: to walk, to defecate, to write, to vocalize, to chew. And you had to accompany the risen in his school. Linked to such pedagogy, we were guide guiding a blind man.
My father’s life does not contain lessons. None does. My father’s life is a collection of facts, gestures and decisions that admit being interpreted, discussed and elucidated, but that it would be foolhardy to judge from the point of view of probity or stupidity. He was a man as worthy and as miserable as me. Neither better nor worse. Identical in its limits; diverse in their faces. When I write about my father, I understand how much I loved him and how I miss him, but also how much he hurt me. Our history is the nth variation around an inexhaustible theme: the paths adopted by the relations between parents and children to reach a kind of indifference, of an agreement between adults, in which life, badly or well, finds a definitive balance where it should and there tend to equalize.
The discreet charm of any life lies in its ephemeral luster, in its captive glory.

Dying is difficult for those who are not willing to raise their hands against themselves. In a society like Spain, medicalized from zero to one hundred years old, the slogan is to resist any price. And who lacks the courage of the suicide, the courage for the final gesture, or who does not have the fortune of finding in his way the people who can help him in his desire, it remains to fatigue the Calvary stations until reaching the last door. It is true that in Spain one lives a lot. But we forget what toll is paid to fatten the statistics. We forget how many times we keep those who are already dead alive in the name of a figure. We have not understood that the highest dignity that people possess consists in the right to abandon their lives when they wish. We have not understood that it is not worth living for what you are not willing to die.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/03/28/no-entres-docilmente-en-esa-noche-inquieta-ricardo-menendez-salmon-do-not-enter-easily-in-that-restless-night-by-ricardo-menendez-salmon-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/27/homo-lubitz-ricardo-menendez-salmon-homo-lubitz-by-ricardo-menendez-salmon-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2016/12/13/ninos-en-el-tiempo-ricardo-menendez-salmon/

https://weedjee.wordpress.com/2016/12/13/el-corrector-ricardo-menendez-salmon/

https://weedjee.wordpress.com/2016/12/13/derrumbe-ricardo-menendez-salmon/

https://weedjee.wordpress.com/2016/12/12/la-ofensa-ricardo-menendez-salmon/

https://weedjee.wordpress.com/2016/06/15/el-sistema-ricardo-menendez-salmon/

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