Operación Cóndor: 40 Años Después — Varios Autores / Operation Condor: 40 Years Later by Several Authors

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Muy interesante libro sobre una de las grandes aberraciones que sembraron América Latina. La justicia, no debería ocultarse tras la cobardía, ni tampoco ser cómplice del poder, pero a veces sucede y entonces deja desamparadas a las víctimas y a la sociedad en su conjunto. Cuando eso ocurre, el Estado de derecho se quiebra y la democracia peligra o se pierde. Eso es lo que ocurrió un 11 de septiembre de 1973, o un 24 de marzo de 1976, o en tantas otras fechas y países que avergüenza pensar tan solo en la cifra. A cuatro décadas de un 25 de noviembre de 1975 contribuimos con este texto a que no se olvide aquella acción cobarde de quienes decían actuar en nombre de la patria, cuando en realidad la hundían en la oscuridad del oprobio fascista y que se conoce con el nombre de Operativo Cóndor.
Desde entonces hasta ahora, sigue estando presente más que nunca, la ignominia para quienes arteramente quebrantaron las leyes, y lo que aún es más grave, degradaron la confianza popular, masacraron la democracia y mancillaron los cuerpos.
Ahora, cuarenta años después, en el país hermano de Argentina, se están investigando y juzgando a quienes desde allí colaboraron y codirigieron con los responsables de otros países como Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia, Paraguay y Perú, una de las mayores villanías de la historia de Latinoamérica: la desaparición y el asesinato transnacional organizado desde el terror del Estado y con la protección y apoyo del país del norte, cuyos presuntos responsables, con el secretario de Estado Kissinger a la cabeza, no han rendido aún cuentas ante la Justicia.

El terrorismo de Estado se instaló en Latinoamérica y sembró el terror, la desaparición forzada de personas, las ejecuciones sumarias, la tortura y el robo de niños; la coordinación regional de la represión alcanzó niveles nunca imaginados, que hoy se investiga en algunos países, mientras que en otros, como Brasil, se desarrollan esfuerzos para hacerlo; sin embargo, en algunas naciones, esas actuaciones permanecen ocultas bajo losas de silencio oficial e impunidad.
Este Cóndor de terror, que se contrapone a la belleza del ave que le da nombre, desplegó sus alas más allá de los Andes, hacia el norte, hundiendo sus garras en México, y dirigió sus acciones más allá del océano Atlántico, hasta hacerse con presas en España, Italia o Francia. Aquel ejemplo nefasto de la Escuela de las Américas en Panamá, desarrollado en el Cono Sur, con reiteradas masacres en el mar de la impunidad, se reproduce hoy día, sin el mínimo pudor, en todo el mundo y con diferentes actores (al menos, en parte) pero responde a un mismo esquema de violación y anulación de los límites del Estado de derecho.

La Operación Cóndor, cuya acta institucional data de una reunión sostenida en Santiago de Chile entre el 25 de noviembre y el 1 de diciembre de 1975, fue un sistema secreto de inteligencia, una coordinadora de las dictaduras del Cono Sur para intercambiar información y perseguir políticos, ubicados en sus lugares de refugio. A su vez, secuestraba, torturaba, y trasladaba a unos y otros a través de fronteras sin ningún trámite legal, y formaba comandos para asesinar a figuras consideradas enemigos claves para los dictadores en el país donde se encontraran. El terror borraría las fronteras.
Había suficientes experiencias previas bilaterales, intercambio de informaciones entre dictaduras e incluso con gobiernos supuestamente democráticos. Existen registros de entrega de prisioneros políticos desde los años 60 y principios de los 70, así como lo que varios investigadores han dado en llamar el pre-Cóndor, en los años 1974 y 1975.
Cada país había tenido experiencias criminales contrainsurgentes, paramilitares y parapoliciales desde mucho antes. Entre ellos, los Escuadrones de la Muerte en Brasil; La Triple A entre los años 1973 y 1976, y el modelo de contrainsurgencia que fue el Operativo Independencia de 1975 en el noroeste argentino; y los grupos civiles y militares que bajo la sigla de Patria y Libertad produjeron los asesinatos y acciones terroristas en Chile antes del golpe de Estado de 1973. J. Patrice Me Sherry resume:

La maquinaria de Cóndor fue un componente secreto de una estrategia más amplia de contrainsurgencia, dirigida por Estados Unidos para impedir o revertir los movimientos sociales que demandaban cambios políticos o socioeconómicos. La Operación Cóndor encarnaba un concepto estratégico clave de la Doctrina de Seguridad Nacional de la Guerra Fría; el concepto de defensa hemisférica que estaba definida por fronteras ideológicas y que sustituía la doctrina más limitada.

El aspecto más secreto de Cóndor, la “Fase III”, fue su capacidad para asesinar líderes políticos especialmente temidos por su potencial para movilizar la opinión pública mundial y organizar amplia oposición a los Estados militarizados. Concebida en esos términos, esta operación —tal como la llevó adelante el general Augusto Pinochet en sus primeros momentos— podría ser catalogada como una acción “elitista”. Iba por figuras importantes política y militarmente, y por las jefaturas de las guerrillas surgidas en países del Cono Sur en los años 60 y 70.
En estos últimos años los medios de comunicación comenzaron a llamarle “Plan Cóndor”, aunque “Plan” es un trazado geoestratégico y el Cóndor fue una táctica contrainsurgente, una de las tantas operaciones que, se utilizaron y siguen utilizándose contra pueblos y gobiernos en este siglo XXI.

La Operación Cóndor fue creada en 1975 para estrechar vínculos entre los servicios de inteligencia y organismos represivos del Cono Sur y actuar coordinadamente en el territorio de los países miembros. La creación de esta organización terrorista transnacional se enmarcó en un contexto mundial de enfrentamiento entre los bloques capitalista y comunista, conocido como Guerra Fría. Como táctica dentro de esa contienda, los EEUU aplicaron esquemas contrainsurgentes para “contener” al comunismo internacional, destacándose la Operación Fénix en Vietnam y los ejércitos secretos de la OTAN en Europa, precedentes ambos de las prácticas terroristas clandestinas empleadas durante la Operación Cóndor.
La caracterización de las operaciones contrainsurgentes de siglo XX —una de los cuales fue Cóndor— que ha propuesto la historiadora Patrice McSherry:
1. organización y utilización de fuerzas paramilitares irregulares bajo control estatal, tejiendo redes de informantes y auxiliares civiles para tareas de inteligencia y represión;
2. ampliación de las capacidades y agencias estatales de inteligencia para aumentar el control y vigilancia sobre la sociedad;
3. ejecución de acciones terroristas —denominadas “contraterrorismo”— para disciplinara a la población y eliminar opositores;
4. realización de campañas de guerra psicológica y propaganda negra para que ciudadanos atemorizados aceptaran la violencia estatal como la mejor salida posible al conflicto.
En los años 70, financiadas, entrenadas y legitimadas por EEUU, las fuerzas militares contrainsurgentes brotaron como hongos por el mundo, organizando gigantescos aparatos estatales destinados a “labores de inteligencia, vigilancia y control social, incluidos en ellos sistemas secretos [de] tortura, (…) desaparición y (…) asesinato, y tecnologías nuevas de violencia para aterrorizar a poblaciones enteras”.El Cono Sur se vio arrastrado por este torbellino.

En el Cono Sur, las décadas de 1960 y 1970 se caracterizaron por la implantación de violentos regímenes autoritarios que llevaron a la práctica las líneas de la Doctrina de Seguridad Nacional. Los pioneros fueron Brasil y Argentina a mediados de los años 1960, y cada país se apropió de la DSN a su manera, generando distintas interpretaciones según cada contexto nacional y cada formación castrense. Tanto Perú como Ecuador siguieron una línea que los diferenció de sus pares, combinando postulados de la DSN con premisas desarrollistas
La Operación Cóndor fue un acuerdo multilateral entre las dictaduras de seguridad nacional del Cono Sur dentro del sistema continental de contrainsurgencia promovido por los Estados Unidos. En noviembre de 1975, Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay firmaron un pacto que permitía a sus fuerzas de seguridad coordinar la represión contra los exiliados políticos del Cono Sur por fuera de sus fronteras nacionales y atentar contra destacados dirigentes con influencia en la opinión pública internacional, incluso en Europa y Estados Unidos. A los países miembros iniciales, se sumó al poco tiempo Brasil, quien había asistido como observador. Posteriormente, adhirieron Ecuador y Perú, aunque con una participación más esporádica.
Las acciones principales que se llevaron a cabo dentro del marco de esta asociación ilícita fueron: intercambio de informes de inteligencia obtenidos a partir de torturas, pedidos de detención transfronterizos, formación de equipos multinacionales para atacar a los objetivos, colaboración de grupos paramilitares con las fuerzas estatales para encubrir el accionar ilegal, entregas bilaterales y traslados encubiertos de prisioneros, creación de centros clandestinos de detención, campañas de desinformación y guerra psicológica, apropiación de niños, ejecuciones sumarias y desapariciones. A pesar de tomarse como fecha de fundación la reunión de noviembre de 1975 en Santiago de Chile, existieron desde 1974 operativos conjuntos con características de Cóndor. El momento más intenso de la represión coordinada fue entre 1975 y 1978, destacándose especialmente el año 1976, con el golpe cívico militar en la Argentina y los atentados fuera de América Latina.

La Operación funcionó en tres niveles o “fases”, que se desprenden fundamentalmente de un famoso cable redactado por el agente de la Oficina Lederal de Investigación (LBI) de Estados Unidos, Robert Scherrer. La Fase 1 consistía en el intercambio de información y la cooperación entre los servicios de inteligencia policiales y militares para conformar un banco de datos y coordinar la vigilancia sobre militantes políticos etiquetados como “subversivos”. Entre las tareas concretas figuraban el espionaje diario, las infiltraciones en organizaciones y las escuchas telefónicas, entre otras.
La Fase 2 significaba pasar de la información a la acción encubierta, superando las acciones tradicionales de las agencias de inteligencia, con operaciones transfronterizas que espiaban, disuadían, detenían, torturaban, interrogaban, trasladaban, asesinaban o desaparecían a los objetivos prefijados. Para ello se formaban equipos multinacionales de trabajo entre los países miembros que actuaban fuera de todo marco legal y utilizaban una red de centros clandestinos de detención en el Cono Sur.
La Fase 3 —la más secreta de todas—, implicaba atacar destacados dirigentes políticos que podían influir en la opinión pública internacional en contra de los regímenes militares de la región, como ejemplifica el caso de Orlando Letelier. Las operaciones podían llevarse a cabo dentro o fuera de su ámbito natural de acción, formándose equipos especiales con documentación falsa de los países miembros y reclutamiento de fuerzas paramilitares y terroristas por todo el mundo.
En síntesis, la Operación Cóndor formalizó una serie de conexiones represivas existentes entre los países de la región y sentó bases sólidas sobre las que se apoyaron las dictaduras para eliminar a sus enemigos políticos fuera de sus fronteras, en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional. Las reuniones formales y la estructura burocrática quizá no cumplió con los objetivos iniciales, el funcionamiento no fue el imaginado y existieron conflictos entre los miembros, también se abortaron operaciones prematuramente y otras fallaron. Pero el saldo fue significativamente trágico, con cientos de secuestros, desaparecidos y atentados en tres continentes durante unos pocos años. Los capítulos siguientes reconstruyen los casos mejor investigados de la Operación Cóndor. Su lectura permite algo más que conocer ejemplos precisos de cómo se perpetraron los crímenes: recupera parte de las historias de sus víctimas, hombres y mujeres de carne y hueso que vivieron y padecieron los años del terror en el Cono Sur.

Los orígenes de la Operación Cóndor pueden ser encontrados en las doctrinas y prácticas contrainsurgentes. Las características de dicha Operación reflejaban los principios de la guerra contrainsurgente que remodeló profundamente América Latina y tuvo como resultado un conjunto de Estados depredadores que se creían enfrascados en una guerra santa de tipo ideológico. Lejos de centrarse solamente en las guerrillas o grupos comunistas, los militares se fijaron por objetivo a vastos sectores de la sociedad. Esta guerra fue utilizada para desmovilizar los desafíos populares a las estructuras políticas y socioeconómicas existentes, preservando de esa manera los intereses de las élites gobernantes de América Latina y permitiendo el avance de los intereses hegemónicos de los EEUU. Como señalaba Michael McClintock, en el decenio de 1960 surgieron nuevos patrones de represión en América Latina, así como las formas organizativas para desarrollarlos, estrechamente asociados con los programas de seguridad de EEUU.
Una perspectiva comparativa permite ubicar el modelo de la Operación Cóndor como un componente top secret en la estrategia de EEUU. La destrucción de los “enemigos” dondequiera que estuvieran también fue parte de la “Guerra contra el Terrorismo”, con fuerzas estadounidenses involucradas en secuestros, traslados extralegales transfronterizos, centros clandestinos de tortura en varios países, y otros métodos de Cóndor.
La Operación Cóndor se evidencia en los casos aún no resueltos de desaparecidos en América Latina. Pese a algunos procesos judiciales importantes, especialmente en Argentina, muchas de las familias de víctimas de Cóndor aun no tienen información sobre lo que les pasó a sus seres queridos. El legado de la Operación Cóndor todavía proyecta una gran sombra sobre América Latina, Estados Unidos y el mundo.

-Contreras fue el primero en revelar, en una entrevista, que la CIA había enviado a agentes a Chile para entrenar la DINA, un hecho tardíamente confirmado por la CIA a una comisión investigadora del Congreso.
-Contreras mismo tenía una cercana relación operativa con la CIA, acordando proveer inteligencia a cambio de un pago mensual (se materializó solo uno, en 1975, probablemente de USD 5.000). La CIA canceló el pago después de un mes, supuestamente debido a la preocupación por los derechos humanos.
-Según investigación, Contreras viajó a EEUU para consultar con altos oficiales de la CIA por lo menos en cinco oportunidades. Uno de los viajes coincide con la organización de Cóndor. En agosto de 1975, Contreras se reunió con el subdirector de la Agencia Central de Inteligencia, Vernon Walters. De Washington, Contreras se dirigió a reuniones con oficiales de inteligencia en Caracas, Venezuela, donde planteó sus planes para la Operación Cóndor. ¿Informó a Walters también sobre el plan Cóndor? La respuesta está escondida en documentos secretos de la CIA.
-En julio de 1976, mientras el plan para matar a Letelier estaba a pocas semanas por cumplirse, Contreras visitó a Walters de la CIA nuevamente. No sabemos todo lo conversado, pero es claro que Contreras —una vez más— estableció un nuevo eslabón circunstancial entre sus planes por ejecutar y sus amigos en la CIA.
Finalmente, enjuiciado en el año 1978 por EEUU por el crimen de Letelier, Contreras presentó su defensa: que la CIA había infiltrado a la DINA para cometer crímenes con propósitos propios, que Michael Townley recibía órdenes de la CIA, y que la CIA, no la DINA, asesinó a Letelier en Washington.

Los oficiales y agencias estadounidenses, desde Kissinger hacia abajo, ocultaron sistemáticamente lo que sabían e hicieron con anterioridad a la muerte de Letelier. No haber actuado sobre la inteligencia disponible acerca de la Operación Cóndor era tan vergonzoso que se tomó la decisión deliberada de evitar que los hechos salieran a la luz pública en el momento del juicio de 1979 y durante los posteriores veinte años. La desclasificación de los documentos en 1999 por parte del Presidente William Clinton reveló parte de la verdad. Pero las razones del fracaso y las responsabilidades individuales siguen enterradas en las páginas de los documentos todavía secretos y en las partes tachadas de los documentos ya liberados. En otras palabras, se trata de un encubrimiento que continúa hasta nuestros días.

A medida que la verdad avanza, también desnuda las hipocresías de sistemas que ya no pueden ocultar sus verdaderas miserias ante una humanidad que esperaba vivir un siglo de paz, y está despertando a una realidad en la que los poderosos ya han perdido toda capacidad de mimetizarse y se muestran con sus rostros verdaderos, intentando imponer un terrorismo de Estado mundial, una gobernanza global.
Pagamos un precio muy alto, un genocidio en el siglo XX si contamos las víctimas no solo de las dictaduras sino del saqueo, que arrojó a millones de latinoamericanos a los arrabales de la miseria inhumana.
No es Cóndor la operación que, como tal, dejó más víctimas en América, pero si es la concepción más acabada de lo que puede resultar un acuerdo de estas características supranacionales para dinamizar el terrorismo de Estado que se nos impuso simultáneamente a los países del Cono Sur, con sus extensiones a otras naciones y la aplicación de ese mismo esquema bajo otros nombres en Centroamérica en los años 1979-1980.
Es importante entender en su verdadera dimensión el precio que pagaron nuestros países y nuestros pueblos, convertidos en el “enemigo interno” de un proyecto que no era nuestro, en el que no teníamos ninguna posibilidad de defensa.
Si se instaló este esquema de dictaduras de la seguridad nacional simultáneamente, y si se sembraron dictaduras en toda América Latina en el siglo XX, es porque había resistencia, crecían las movilizaciones populares en todos los países del Cono sur con una intensidad asombrosa en función de un proyecto liberador, sin olvidar la historia aún no contada en su conjunto de la solidaridad en toda América Latina.

Bajo la dirección de
BALTASAR GARZÓN REAL
Coordinadora General
STELLA CALLONI
Coordinador
GRÉGOIRE CHAMPENOIS
Equipo de redacción del informe
STELLA CALLONI – AGUSTÍN ALGAZE – MAURO ARLANDO
Expertas y Expertos
MARTÍN ALMADA – SAMUEL BLIXEN
EDMUNDO CRUZ – JOHN DINGES
BALTASAR GARZÓN – IVAN CLÁUDIO MARX
MÓNICA GONZÁLEZ – J. PATRICE MCSHERRY
JOSÉ LUIS MÉNDEZ MÉNDEZ – MANUEL OLLÉ SESÉ
ENRIQUE SERRA PADRÓS – CARLOS POVEDA MORENO
GUSTAVO RODRÍGUEZ OSTRIA – MELISA SLATMAN
DANIEL TARNOPOLSKY – FEDERICO TATTER
INSTITUTO DE POLÍTICAS PÚBLICAS EN DERECHOS HUMANOS (IPPDH) DEL MERCOSUR.

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Very interesting book about one of the great aberrations that occurred Latin America. Justice should not be hidden behind cowardice, nor be an accomplice of power, but sometimes it happens and then leave the victims and society as a whole helpless. When that happens, the rule of law is broken and democracy is in danger or lost. That is what happened on September 11, 1973, or March 24, 1976, or in so many other dates and countries that embarrasses thinking only about the figure. Four decades after a November 25, 1975, we contributed to this text to not forget that cowardly action of those who said they were acting in the name of their country, when in reality they were plunging it into the darkness of the fascist opprobrium and which is known by the name of Operativo Cóndor.
From then until now, ignominy continues to be present more than ever for those who artfully broke the laws, and what is even more serious, degraded popular confidence, massacred democracy and defiled bodies.
Now, forty years later, in the sister country of Argentina, they are investigating and judging those who from there collaborated and co-directed with those responsible in other countries such as Chile, Uruguay, Brazil, Bolivia, Paraguay and Peru, one of the greatest villains of the history of Latin America: the disappearance and the transnational murder organized from the terror of the State and with the protection and support of the country of the north, whose alleged perpetrators, with the Secretary of State Kissinger at the head, have not yet rendered accounts before the Justice .

State terrorism was installed in Latin America and sowed terror, the forced disappearance of people, summary executions, torture and theft of children; the regional coordination of repression reached unprecedented levels, which today is being investigated in some countries, while in others, such as Brazil, efforts are being made to do so; however, in some nations, these actions remain hidden under slabs of official silence and impunity.
This condor of terror, which is opposed to the beauty of the bird that gives it its name, spread its wings beyond the Andes, to the north, plunging its claws into Mexico, and directed its actions beyond the Atlantic Ocean, until it became dams in Spain, Italy or France. That ominous example of the School of the Americas in Panama, developed in the Southern Cone, with repeated massacres in the sea of ​​impunity, is reproduced today, without the slightest hesitation, throughout the world and with different actors (at least, in part) but responds to the same pattern of violation and nullification of the limits of the rule of law.

Operation Condor, whose institutional record dates from a meeting held in Santiago de Chile between November 25 and December 1, 1975, was a secret intelligence system, a coordinator of the Southern Cone dictatorships to exchange information and prosecute politicians , located in their places of refuge. At the same time, he kidnapped, tortured, and transported people across borders without any legal procedure, and formed commandos to assassinate figures considered key enemies for dictators in the country where they were. Terror would erase borders.
There were enough previous bilateral experiences, exchange of information between dictatorships and even with supposedly democratic governments. There are records of the delivery of political prisoners since the 60s and early 70s, as well as what several researchers have called the pre-Condor, in the years 1974 and 1975.
Each country had had counterinsurgency, paramilitary and vigilante criminal experiences since long before. Among them, the Death Squads in Brazil; The Triple A between the years 1973 and 1976, and the model of counterinsurgency that was the Operative Independence of 1975 in the Argentine northwest; and the civil and military groups that under the banner of Patria y Libertad produced the murders and terrorist actions in Chile before the 1973 coup d’état. J. Patrice Me Sherry summarizes:

The Condor machine was a secret component of a broader counterinsurgency strategy, led by the United States to prevent or reverse social movements that demanded political or socioeconomic changes. Operation Condor embodied a key strategic concept of the Cold War National Security Doctrine; the concept of hemispheric defense that was defined by ideological borders and that substituted the most limited doctrine.

The most secret aspect of Condor, the «Phase III», was its ability to assassinate political leaders especially feared for their potential to mobilize world public opinion and organize broad opposition to militarized states. Conceived in these terms, this operation -as carried out by General Augusto Pinochet in its first moments- could be classified as an «elitist» action. It went by important figures politically and militarily, and by the headquarters of the guerrillas emerged in countries of the Southern Cone in the 60s and 70s.
In recent years the media began calling it «Condor Plan», although «Plan» is a geostrategic layout and the Condor was a counterinsurgent tactic, one of the many operations that were used and continue to be used against peoples and governments in this XXI century.

Operation Condor was created in 1975 to strengthen links between the intelligence services and repressive organizations of the Southern Cone and act in coordination in the territory of the member countries. The creation of this transnational terrorist organization was framed in a global context of confrontation between the capitalist and communist blocs, known as the Cold War. As a tactic within that contest, the US applied counterinsurgency schemes to «contain» international communism, highlighting Operation Phoenix in Vietnam and the secret armies of NATO in Europe, both precedents of the clandestine terrorist practices used during Operation Condor.
The characterization of the counterinsurgency operations of the 20th century -one of which was Cóndor- proposed by the historian Patrice McSherry:
1. organization and use of irregular paramilitary forces under state control, weaving networks of informants and civilian auxiliaries for intelligence and repression tasks;
2. expansion of the capacities and state intelligence agencies to increase control and surveillance over society;
3. execution of terrorist actions – known as «counterterrorism» – to discipline the population and eliminate opponents;
4. Carrying out campaigns of psychological warfare and black propaganda so that frightened citizens would accept state violence as the best possible solution to the conflict.
In the 70s, financed, trained and legitimized by the US, the counterinsurgent military forces sprouted like mushrooms around the world, organizing gigantic state apparatuses destined for «intelligence, surveillance and social control tasks, including in them secret systems [of] torture, (…) disappearance and (…) murder, and new technologies of violence to terrorize entire populations «. The Southern Cone was swept up in this turmoil.

In the Southern Cone, the 1960s and 1970s were characterized by the implementation of violent authoritarian regimes that put into practice the lines of the National Security Doctrine. The pioneers were Brazil and Argentina in the mid-1960s, and each country appropriated the DSN in its own way, generating different interpretations according to each national context and each military formation. Both Peru and Ecuador followed a line that differentiated them from their peers, combining postulates of the DSN with developmental premises.
Operation Condor was a multilateral agreement between the national security dictatorships of the Southern Cone within the continental counterinsurgency system promoted by the United States. In November 1975, Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay and Uruguay signed a pact that allowed their security forces to coordinate the repression against the political exiles of the Southern Cone beyond their national borders and to attack prominent leaders with influence on opinion. international public, including in Europe and the United States. Brazil, which had attended as an observer, was added to the initial member countries. Later, Ecuador and Peru joined, although with a more sporadic participation.
The main actions carried out within the framework of this illicit association were: exchange of intelligence reports obtained from torture, requests for cross-border detention, formation of multinational teams to attack the objectives, collaboration of paramilitary groups with the forces States to conceal the illegal actions, bilateral deliveries and covert transfer of prisoners, creation of clandestine detention centers, disinformation and psychological warfare campaigns, appropriation of children, summary executions and disappearances. Despite the fact that the November 1975 meeting in Santiago, Chile was taken as the founding date, there have been joint operations with characteristics of Condor since 1974. The most intense moment of the coordinated repression was between 1975 and 1978, highlighting especially the year 1976, with the civic military coup in Argentina and the attacks outside Latin America.

The Operation worked in three levels or «phases», which are mainly derived from a famous cable written by the agent of the United States Research Bureau (LBI), Robert Scherrer. Phase 1 consisted in the exchange of information and cooperation between the police and military intelligence services to create a data bank and coordinate the surveillance of political militants labeled «subversives». Among the specific tasks included daily espionage, infiltrations in organizations and wiretapping, among others.
Phase 2 meant moving from information to covert action, overcoming the traditional actions of the intelligence agencies, with cross-border operations that spied, dissuaded, stopped, tortured, interrogated, transferred, murdered or disappeared to the predetermined objectives. For this, multinational work teams were formed among the member countries that operated outside of any legal framework and used a network of clandestine detention centers in the Southern Cone.
Phase 3 – the most secret of all – involved attacking prominent political leaders who could influence international public opinion against the military regimes of the region, as exemplified by the case of Orlando Letelier. The operations could be carried out inside or outside their natural sphere of action, forming special teams with false documentation from the member countries and recruitment of paramilitary and terrorist forces throughout the world.
In short, Operation Condor formalized a series of repressive connections between the countries of the region and laid solid foundations on which dictatorships supported to eliminate their political enemies outside their borders, within the framework of the National Security Doctrine . The formal meetings and the bureaucratic structure may not have met the initial objectives, the operation was not imagined and there were conflicts between the members, operations were also aborted prematurely and others failed. But the balance was significantly tragic, with hundreds of kidnappings, disappearances and attacks on three continents for a few years. The following chapters reconstruct the best researched cases of Operation Condor. Their reading allows for more than knowing precise examples of how the crimes were perpetrated: recover part of the stories of their victims, men and women of flesh and blood who lived and suffered the years of terror in the Southern Cone.

The origins of Condor operation can be found in counterinsurgency doctrines and practices. The characteristics of this Operation reflected the principles of the counterinsurgency war that profoundly remodeled Latin America and resulted in a set of predatory states that believed themselves engaged in an ideological holy war. Far from focusing only on the guerrillas or communist groups, the military targeted many sectors of society. This war was used to demobilize the popular challenges to the existing political and socioeconomic structures, thus preserving the interests of the ruling elites of Latin America and allowing the advancement of the hegemonic interests of the United States. As Michael McClintock pointed out, in the 1960s new patterns of repression emerged in Latin America, as well as the organizational forms to develop them, closely associated with US security programs.
A comparative perspective allows us to locate the Condor Operation model as a top secret component in the US strategy. The destruction of «enemies» wherever they were was also part of the «War on Terrorism,» with US forces involved in kidnappings, cross-border extralegal movements, clandestine torture centers in several countries, and other methods of Condor.
Operation Condor is evidenced in the still unsolved cases of missing persons in Latin America. In spite of some important judicial processes, especially in Argentina, many of the families of victims of Condor still do not have information about what happened to their loved ones. The legacy of Operation Condor still projects a great shadow over Latin America, the United States and the world.

-Contreras was the first to reveal, in an interview, that the CIA had sent agents to Chile to train the DINA, a fact belatedly confirmed by the CIA to an investigative committee of Congress.
-Contreras himself had a close operational relationship with the CIA, agreeing to provide intelligence in exchange for a monthly payment (only one was materialized, in 1975, probably at USD 5,000). The CIA canceled the payment after a month, supposedly due to concern for human rights.
-According to the investigation, Contreras traveled to the US to consult with senior CIA officials on at least five occasions. One of the trips coincides with the Condor organization. In August 1975, Contreras met with the Deputy Director of the Central Intelligence Agency, Vernon Walters. From Washington, Contreras went to meetings with intelligence officers in Caracas, Venezuela, where he outlined his plans for Operation Condor. Did you inform Walters about the Condor plan? The answer is hidden in secret documents of the CIA.
-In July of 1976, while the plan to kill Letelier was only a few weeks away, Contreras visited Walters of the CIA again. We do not know all the talk, but it is clear that Contreras – once again – established a new circumstantial link between his plans to execute and his friends in the CIA.
Finally, prosecuted in 1978 by the US for the crime of Letelier, Contreras presented his defense: that the CIA had infiltrated the DINA to commit crimes for its own purposes, that Michael Townley received orders from the CIA, and that the CIA, not the DINA, murdered Letelier in Washington.

US officials and agencies, from Kissinger down, systematically hid what they knew and did prior to Letelier’s death. Not having acted on the intelligence available about Operation Condor was so shameful that a deliberate decision was made to prevent the facts from coming to light at the time of the 1979 trial and during the subsequent twenty years. The declassification of the documents in 1999 by President William Clinton revealed part of the truth. But the reasons for the failure and the individual responsibilities remain buried in the pages of the documents still secret and in the crossed out parts of the documents already released. In other words, it is a cover-up that continues to this day.

As the truth advances, it also bares the hypocrisies of systems that can no longer hide their true miseries before a humanity that hoped to live a century of peace, and is awakening to a reality in which the powerful have already lost all capacity to imitate and they show themselves with their true faces, trying to impose a world-state terrorism, a global governance.
We pay a very high price, a genocide in the 20th century if we count the victims not only of dictatorships but also of looting, which threw millions of Latin Americans into the slums of inhuman misery.
Condor is not the operation that, as such, left more victims in America, but if it is the most complete conception of what can result in an agreement of these supranational characteristics to boost the state terrorism that was simultaneously imposed on the countries of the Cone. South, with its extensions to other nations and the application of that same scheme under other names in Central America in the years 1979-1980.
It is important to understand in its true dimension the price paid by our countries and our peoples, turned into the «internal enemy» of a project that was not ours, in which we had no possibility of defense.
If this scheme of dictatorships of national security was installed simultaneously, and if dictatorships were planted throughout Latin America in the 20th century, it is because there was resistance, popular mobilizations were growing in all the countries of the Southern Cone with an amazing intensity in function of a liberating project, without forgetting the history not yet told as a whole of solidarity throughout Latin America.

Under the direction of
BALTASAR GARZÓN REAL
General coordinator
STELLA CALLONI
Coordinator
GRÉGOIRE CHAMPENOIS
Report writing team
STELLA CALLONI – AGUSTÍN ALGAZE – MAURO ARLANDO
Experts
MARTÍN ALMADA – SAMUEL BLIXEN
EDMUNDO CRUZ – JOHN DINGES
BALTASAR GARZÓN – IVAN CLÁUDIO MARX
MÓNICA GONZÁLEZ – J. PATRICE MCSHERRY
JOSÉ LUIS MÉNDEZ MÉNDEZ – MANUEL OLLÉ SESÉ
ENRIQUE SERRA PADRÓS – CARLOS POVEDA MORENO
GUSTAVO RODRÍGUEZ OSTRIA – MELISA SLATMAN
DANIEL TARNOPOLSKY – FEDERICO TATTER
INSTITUTE OF PUBLIC POLICIES IN HUMAN RIGHTS (IPPDH) OF MERCOSUR.

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https://weedjee.wordpress.com/2018/02/27/la-indignacion-activa-una-mirada-personal-para-transformar-la-realidad-baltasar-garzon-active-indignation-a-personal-look-to-transform-reality-by-baltasar-garzon-spanish-book-edition/

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