La Indignación Activa: Una Mirada Personal Para Transformar La Realidad — Baltasar Garzón / Active Indignation: A Personal Look to Transform Reality by Baltasar Garzón (spanish book edition)

Interesante libro sobre los acontecimientos que nos rodean en España y el mundo y donde se necesita una activación, es un libro de crear conciencia pero como se dice en estos casos del dicho al hecho existe un buen trecho.
El totalitarismo corporativo emplea todos los medios a su alcance —legales e ilegales, mafiosos y criminales— para ocupar el lugar de la política y, en especial, su debilitamiento por la vía de la corrupción. El casi infinito poder corruptor a su disposición lo ejerce mediante cohechos activos que luego se utilizan para desacreditarla y mostrarla como corrupta. O sea, que los corruptores se valen de su propio delito para imputar a los que corrompe. Cada funcionario o político que acepta sus cohechos se entrega como rehén del totalitarismo corruptor y criminal.
La ceguera de este sistema de poder totalitario no la detiene ni siquiera la elemental pulsión de conservación de la especie que, como todo el aparato instintivo, está debilitada en el ser humano que, en este sentido, es una suerte de animal mal terminado.
La justicia universal y la justicia internacional no son perfectas ni mucho menos, el poder punitivo siempre es selectivo en alguna medida y no por internacionalizarse dejará de serlo. Pero ninguna institución nació perfecta, ni siquiera la propia democracia formal.

Medios de comunicación, redes sociales, opinadores espontáneos, voceros de organizaciones políticas, gobiernos fatuos (y a veces delincuentes) nos controlan, a través de sus noticias, informaciones, opiniones o actuaciones, y tratan de dirigir nuestras vidas, despojándonos de cualquier signo de personalidad rebelde. Esta realidad existe y se impone de manera imperceptible, subliminalmente, hasta el punto de que nos penetra y nos arrastra casi de manera irremediable. A partir de cierto instante, surge una especie de mecanismo de autoprotección o tabla de salvamento que nos hace desconectar y deja que el relato fluya como algo ajeno, lejano y permanente.
Este es el principio de la Indignación Activa: la acción que haga frente a los ataques que sufrimos, buscando y exigiendo respuestas, pero contribuyendo también, en forma responsable, a su elaboración. Pasar de la queja a la responsabilidad; del conformismo, a la participación crítica, aunque ello comporte riesgos para cada uno de nosotros. No es suficiente con mostrar la herida o el daño. Es necesario contribuir a su sanación.

La política no consiste en ocupar cargos, sino en dinamizar las ideas, en integrarlas, en buscar el bienestar y la felicidad del ciudadano. Y debe ser creíble. La credibilidad de un sistema radica en la existencia y realidad de los controles a los que se somete el poder; quien más poder tiene debe ser el más controlado, ya que al administrarlo o al desplegar la acción legislativa sus detentadores deben ser conscientes de que son meros usuarios del mismo, en tanto que el pueblo al que sirven es su titular y ante él deben responder. Por ello la recuperación de la ética en la gestión pública es básica y fundamental. Si queremos que la sociedad actual y la del futuro resulte fortalecida, necesitamos líderes cuya marca sea la de la ética y la responsabilidad para hacer real la necesidad de seguridad física y jurídica, apoyada en los valores básicos del Estado de Derecho que la defienden de las agresiones, sean estas internas o externas, y que la dotan de una fortaleza institucional indiscutible.
Nuestro país se encuentra actualmente ante otro momento de contingencia destinado a marcar un antes y un después en aquella evolución. La relativa estabilidad de la arquitectura político-institucional que nos gobernaba desde 1978 se está tambaleando. La crisis que hemos experimentado en los últimos años se ha manifestado principalmente en tres aspectos: el grave deterioro económico, la ruptura del modelo territorial y la creciente corrupción. Estos tres conflictos han confluido en un cóctel explosivo que ha golpeado el andamiaje político creando graves fisuras que deben ser apuntaladas y restauradas.

El problema territorial no es menor. El modelo de convivencia en España ha experimentado recurrentes convulsiones en los últimos siglos. Es una de las grandes fuentes de crisis política de nuestro país. Sin embargo, el Estado de las autonomías de 1978 ha evolucionado pacíficamente hasta agotarse en nuestros días. La crisis soberanista de Cataluña que se manifestó sin ambages en septiembre y octubre de 2017 (leyes de desconexión y transitoriedad y referéndum, respectivamente, con la pseudodeclaración unilateral de independencia, posterior aplicación del artículo 155 de la Constitución y convocatoria de elecciones para dicha Comunidad Autónoma por decisión del Gobierno de España) es el mejor ejemplo de esa crisis territorial. Lo que nos sirvió provisionalmente en 1978 hoy parece inservible. Se precisa, pues, un modelo en el que encajemos todos y que erradique la agresividad centrífuga de unos respecto del inmovilismo centrípeto que ha practicado el gobierno del Partido Popular.
Pero, además, la alarmante corrupción ha propiciado la desafección política y generado una insalvable brecha entre los ciudadanos y sus representantes. Los escándalos de corrupción en el actual gobierno han producido una total repulsa del ciudadano hacia los partidos políticos, poniendo en riesgo la legitimidad institucional. El corrupto no solo asalta las arcas públicas, sino que atenta contra la esencia del orden democrático y, cuando esa corrupción se convierte en sistémica e impune, destruye las bases de la legitimidad democrática y propicia la llegada de los peores totalitarismos.

1.Los principios de mercado en los que se asienta el poder económico y financiero de los Estados y la sociedad civil se ven alterados, pudiendo verse comprometidos los mercados internacionales. Ténganse en cuenta los acontecimientos financieros que motivaron la crisis del 2008, que afectaron a los mercados y economías mundiales, todavía no superados.
2.La quiebra y pérdida de los valores de confianza y respeto de los ciudadanos en las instituciones públicas y privadas.
3.El peligro de infiltración de los grupos organizados en las estructuras de los poderes del Estado, que en definitiva puede suponer un ataque o menoscabo de los principios de libertad, seguridad y justicia.
Para erradicar este fenómeno negativo y dañino para una democracia son necesarias medidas quirúrgicas certeras, aplicadas con precisión y en las partes afectadas. Pero fundamentalmente se precisa, como valor de revitalización de la sociedad civil, la recuperación e instauración de una cultura de la ética política, es decir, la actitud íntima y decidida de acabar con la corrupción y de no ampararla, ni justificarla o encubrirla. La cuestión es si ya se ha tocado fondo.
No basta con que existan normas legales: se precisa, esencialmente, la voluntad de aplicarlas y la convicción de que son necesarias e imprescindibles. Para ello, resulta básico educar al ciudadano desde la infancia acerca de los valores esenciales que sustentan el sistema democrático.

Vivimos los tiempos de la vergüenza: de la vergüenza del terror, de la corrupción, de la guerra, del olvido y de la xenofobia, de las mordazas y las mentiras. Por eso, como expresó el rabino Marc Raphaël Guedj, generar un discurso sectario y excluyente para encadenar conciencias, sacralizar una tierra, reivindicar la exclusiva de la salvación, considerarse de esencia superior y heredero legítimo del patrimonio ajeno… o convertir en mesiánicas las empresas humanas son algunas de las fuentes de la violencia que día a día atenazan a muchos pueblos y constituyen la peor solución posible. La más factible, sin embargo, vendrá de la mano de la verdadera democracia que dé vida a una sociedad firmemente cohesionada, con derechos y deberes definidos en justo equilibrio con las necesidades que aquella precisa en su conjunto. Es decir, debe consagrarse el principio de la no impunidad y de la igualdad.

Es evidente que los violentos crean su propio entorno endogámico, cultural, social y afectivo. Para movilizarse y encuadrarse necesitan el aliento popular a sus actividades, la comprensión de sus acciones, con las que pretenden «educar» a la población propia pero discrepante a través de los asesinatos y la destrucción.
Pero en la otra parte, en el Estado, la respuesta equivalente, no en legalidad y garantías, sino en violencia y represión, se convierte igualmente en un «arma de destrucción masiva», no solo de vidas o bienes, sino, lo que es peor, de valores, de derechos individuales y colectivos, de legalidad.
El fanatismo religioso o nacionalista aparece como la raíz y la cara más visible de ciertas formas de terrorismo, más allá de las condiciones de pobreza o de motivos culturales o políticos. Este fanatismo brutal y deshumanizado puede verse en los actos terroristas cuando se sentencia gratuitamente que el enemigo ya no es una persona concreta, sino un grupo. Un grupo de inocentes.
Si el antiguo terrorismo perseguía unos objetivos propagandísticos, las nuevas versiones de terrorismo poseen un carácter absolutamente destructivo e indiscriminado.
La cultura nos acerca a la libertad, nos provee de referentes éticos y nos hace fuertes frente a los intolerantes que siembran semillas de odio; frente a los que ejercen el poder y permiten o auspician que se mate, o que el miedo se apodere de una humanidad secuestrada, y frente a los que confunden religión con fundamentalismos fanáticos.
Que no nos engañen: lo que está en juego es la felicidad y la dignidad de las personas. Hago mías las palabras de José Saramago: «La aspiración legítima y única que justifica la vida, la felicidad del ser humano, está siendo defraudada todos los días». Lo resumía de esta manera el escritor, premio Nobel y querido amigo: «La explotación del hombre por el hombre sigue existiendo. Los seres humanos no debemos aceptar las cosas como son, porque esto nos lleva directamente al suicidio. Hay que creer en algo y sobre todo hay que tener el sentimiento de responsabilidad colectiva, según el cual cada uno de nosotros es responsable de los demás».

Los Derechos Humanos no se pueden aplazar, ni hipotecar, ni disimular, ni escamotear, ni abstraer, ni distorsionar, ni mutilar, ni pervertir.
Norberto Bobbio decía que el único lenguaje común de la humanidad es el de los Derechos Humanos. Estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación, aunque en los últimos tiempos observamos mayores cuestionamientos sobre derechos adquiridos y aparentemente consolidados por parte de determinados gobernantes o regímenes políticos que se centran en la eliminación de las libertades, la persecución de quienes son paladines de la libertad de expresión y la discriminación por razones políticas, ideológicas o por el origen de las personas.
Las actitudes han de cambiarse desde la base, a través de una educación en igualdad de género en las escuelas, en el entorno familiar.
La sociedad de la información en la que vivimos y el capitalismo que nos nutre trabajan a marchas forzadas para inocularnos ideas de diferenciación de género a través de anuncios o videoclips sexistas desde las edades más tempranas. El cambio de actitudes y de conciencia se debe exigir a todos los niveles, empezando por las grandes marcas que invierten ingentes cantidades de dinero en campañas de publicidad que fomentan el uso diferenciado de juguetes por razones de género, o que presentan a la mujer como la única que puede ocuparse de labores domésticas, o aquellas que directamente convierten a la mujer en un objeto, cosificándola, como acontece con muchas marcas de moda.
Los muros que amparan un nuevo orden controlador e invasivo de nuestras vidas y que atenta contra la libertad de expresión o el acceso a la información, como derechos ciudadanos, se instauran de la mano de las agencias de inteligencia o servicios de información a modo del ojo que todo lo ve, como anunciara Orwell en su libro 1984. Esto puede ser preludio de un nuevo fascismo, que, sin duda, llegará larvadamente, a través de los propios mecanismos mal utilizados de la democracia, so pretexto de la denominada seguridad nacional. Lo que realmente se está produciendo es una degradación del concepto de esa seguridad.

Vivimos en una sociedad pluricultural. Vivimos en múltiples universos, no hay una sola cultura. Hay una y otra, y otra más, y entre todas construimos la cartografía universal de los valores, de la convivencia, del progreso, de los derechos, de los deberes, de la cultura, de la paz. La interculturalidad es un valor universal y sustenta el derecho fundamental a la cultura, a la interacción, al diálogo, al encuentro, al mestizaje.
Solo cuando asumamos esta diversidad, sin apriorismos, sin discriminación, aceptando la igualdad y el respeto al otro, hasta sentir que mi derecho es el del otro, y viceversa, estaremos en condiciones de afirmar que estamos construyendo armonía y convivencia y comunidad. Es decir, se trata de tener conciencia plena de esta realidad diversa, y a partir de ahí estaremos legitimados para exigir, si no cumplen, a quienes nos gobiernan, nos representan políticamente o nos juzgan, mayor compromiso y responsabilidad.
España vive en brazos de la mentira oficial desde hace demasiado tiempo. Lo reconozco, no como crítica a mi país, sino como autocrítica para todos. No es verdad que haya una convicción de defensa de los Derechos Humanos. Hay parcelas de defensa de los mismos, pero no con carácter general. No hay una conciencia como la que se ha generado en otros países de verdad, memoria, justicia, reparación y garantías de no repetición. No la ha habido, nunca ha existido. Lo que sí ha existido es olvido oficial, impuesto. Hasta el punto de que, después de cuarenta años de dictadura y otros tantos de democracia, más de la mitad de la población española no tiene ni idea de lo que fue la dictadura de Franco, ni de lo que aconteció durante ella, y ni siquiera hay un censo formal de desaparecidos (desde 114.000, según las primeras estimaciones de las propias víctimas, hasta entre 130.000 y 150.000, según dictámenes periciales, o a los casi 200.000, según estimaciones periodísticas), o se desconoce que España es el país con más desaparecidos del mundo, después de Camboya.

La solución vendrá de la mano de la verdadera democracia, que dé vida a una sociedad firmemente cohesionada con derechos y deberes definidos en justo equilibrio, con las necesidades que aquella precisa en su conjunto. Es decir, debe consagrarse el principio de la no impunidad y de la igualdad. Una ley para todos, sin que nadie esté por encima de ella. Una ley democrática y justa que controle y limite el ejercicio del poder, y el ejercicio torcido del mismo, y que propicie una sociedad más igualitaria, más justa.
La gran lucha, el compromiso democrático, se funde en la justicia como base de la seguridad humana, que aparece como uno de los grandes retos para la sociedad moderna. En la defensa de los Derechos Humanos no podemos ser indiferentes. En este ámbito, como en ningún otro, se impone la aplicación del principio de Indignación Activa, todos debemos compartir el esfuerzo y desarrollar aquella parte del trabajo que nos corresponde, sin miedo y con enérgica decisión, porque ninguna sociedad democrática se va a quebrantar por el hecho de que se aplique la ley y la justicia.

——————————————–

Interesting book about the events that surround us in Spain and the world and where an activation is needed, is a book to create awareness but as it is said in these cases from the saying to the fact there is a good stretch.
Corporate totalitarianism employs all the means at its disposal -legal and illegal, gangsters and criminals- to take the place of politics and, especially, its weakening through corruption. The almost infinite corrupting power at his disposal is exercised through active bribes that are then used to discredit it and show it as corrupt. That is, the corrupters use their own crime to impute those they corrupt. Every official or politician who accepts their bribes is handed over as a hostage of corrupting and criminal totalitarianism.
The blindness of this system of totalitarian power is not stopped even by the elemental instinct of conservation of the species that, like all the instinctive apparatus, is weakened in the human being, which in this sense is a kind of badly finished animal.
Universal justice and international justice are not perfect, much less, punitive power is always selective to some extent and not to be internationalized will cease to be. But no institution was born perfect, not even formal democracy itself.

Media, social networks, spontaneous opinion leaders, spokesmen of political organizations, fatuous governments (and sometimes delinquents) control us, through their news, information, opinions or actions, and try to direct our lives, stripping us of any personality sign rebel. This reality exists and imposes itself imperceptibly, subliminally, to the point that it penetrates us and drags us almost irremediably. From a certain moment, a kind of self-protection mechanism or rescue table emerges that makes us disconnect and let the story flow as something alien, distant and permanent.
This is the principle of Active Indignation: the action that faces the attacks we suffer, seeking and demanding answers, but also contributing, in a responsible way, to its elaboration. Move from the complaint to the responsibility; of conformism, to critical participation, even if it involves risks for each one of us. It is not enough to show the wound or damage. It is necessary to contribute to his healing.

Politics does not consist in occupying positions, but in energizing ideas, in integrating them, in seeking the welfare and happiness of the citizen. And it must be credible. The credibility of a system lies in the existence and reality of the controls to which the power is subjected; whoever has more power must be the most controlled, since when administering it or when deploying legislative action, its owners must be aware that they are mere users of it, while the people they serve are its owners and must respond to it. Therefore, the recovery of ethics in public management is basic and fundamental. If we want the current society and that of the future to be strengthened, we need leaders whose brand is ethics and responsibility to make real the need for physical and legal security, supported by the basic values ​​of the Rule of Law that defend it from aggressions, be they internal or external, and that endow it with an indisputable institutional strength.
Our country is currently facing another moment of contingency destined to mark a before and after in that evolution. The relative stability of the political-institutional architecture that governed us since 1978 is staggering. The crisis we have experienced in recent years has manifested itself mainly in three aspects: the serious economic deterioration, the rupture of the territorial model and the growing corruption. These three conflicts have come together in an explosive cocktail that has hit the political scaffolding creating serious fissures that must be propped up and restored.

The territorial problem is not minor. The model of coexistence in Spain has experienced recurrent convulsions in recent centuries. It is one of the great sources of political crisis in our country. However, the State of the autonomies of 1978 has evolved peacefully until exhausted in our days. The sovereign crisis in Catalonia that was clearly stated in September and October 2017 (laws of disconnection and transitoriness and referendum, respectively, with the unilateral pseudo-declaration of independence, subsequent application of Article 155 of the Constitution and call for elections for said Autonomous Community by decision of the Government of Spain) is the best example of that territorial crisis. What served us provisionally in 1978 today seems useless. It is necessary, then, a model in which we fit all and eradicate the centrifugal aggressiveness of some respect centripetal immobilism that has practiced the Popular Party government.
But, in addition, the alarming corruption has led to political disaffection and generated an insurmountable gap between citizens and their representatives. The scandals of corruption in the current government have produced a total rejection of the citizen towards the political parties, putting at risk the institutional legitimacy. The corrupt not only assaults the public coffers, but attacks the essence of the democratic order and, when that corruption becomes systemic and unpunished, destroys the foundations of democratic legitimacy and promotes the arrival of the worst totalitarianism.

1. The market principles on which the economic and financial power of the States and civil society are based are altered, and international markets may be compromised. Take into account the financial events that motivated the 2008 crisis, which affected the markets and world economies, still not overcome.
2. The bankruptcy and loss of values ​​of trust and respect of citizens in public and private institutions.
3. The danger of infiltration by organized groups into the structures of the State’s powers, which can ultimately imply an attack or impairment of the principles of freedom, security and justice.
To eradicate this negative and harmful phenomenon for a democracy, accurate surgical measures are necessary, applied with precision and in the affected parts. But fundamentally, it is necessary, as a value of revitalization of civil society, the recovery and establishment of a culture of political ethics, that is, the intimate and determined attitude of ending corruption and not protecting, or justifying or concealing it. The question is whether the bottom has already been touched.
It is not enough for there to be legal norms: it essentially requires the will to apply them and the conviction that they are necessary and essential. For this, it is essential to educate the citizen since childhood about the essential values ​​that underpin the democratic system.

We live in the times of shame: of the shame of terror, of corruption, of war, of forgetfulness and xenophobia, of gags and lies. That is why, as Rabbi Marc Raphaël Guedj expressed, to generate a sectarian and excluding discourse to link consciences, to sanctify a land, to claim the exclusive right of salvation, to consider itself the superior essence and legitimate heir of another’s heritage … or to make human enterprises messianic they are some of the sources of violence that, day after day, grip many peoples and constitute the worst possible solution. The most feasible, however, will come from the hand of the true democracy that gives life to a firmly cohesive society, with rights and duties defined in fair balance with the needs that it requires as a whole. That is, the principle of non-impunity and equality must be enshrined.

It is evident that the violent create their own endogamous, cultural, social and emotional environment. To mobilize and fit, they need the popular encouragement to their activities, the understanding of their actions, with which they try to “educate” their own but dissenting population through murders and destruction.
But in the other part, in the State, the equivalent response, not in legality and guarantees, but in violence and repression, also becomes a “weapon of mass destruction”, not only of lives or goods, but, what is worse, of values, of individual and collective rights, of legality.
The religious or nationalist fanaticism appears as the root and the most visible face of certain forms of terrorism, beyond the conditions of poverty or cultural or political reasons. This brutal and dehumanized fanaticism can be seen in terrorist acts when it is judged gratuitously that the enemy is no longer a specific person, but a group. A group of innocents.
If the old terrorism pursued propaganda objectives, the new versions of terrorism have an absolutely destructive and indiscriminate character.
Culture brings us closer to freedom, it provides us with ethical references and makes us strong against the intolerant who sow seeds of hatred; in front of those that exert the power and allow or sponsor that is killed, or that fear seizes a kidnapped humanity, and in front of those who confuse religion with fanatical fundamentalisms.
Do not deceive us: what is at stake is the happiness and dignity of people. I make the words of José Saramago: “The legitimate and unique aspiration that justifies life, the happiness of the human being, is being defrauded every day”. It was summed up in this way by the writer, Nobel laureate and dear friend: “The exploitation of man by man continues to exist. Human beings should not accept things as they are, because this leads directly to suicide. You have to believe in something and above all you have to have the feeling of collective responsibility, according to which each one of us is responsible for the others ».

Human Rights can not be postponed, nor mortgage, nor conceal, nor conceal, nor abstract, nor distort, nor mutilate, nor pervert.
Norberto Bobbio said that the only common language of humanity is that of Human Rights. I totally agree with this statement, although in recent times we have observed greater questions about acquired and apparently consolidated rights on the part of certain political rulers or regimes that focus on the elimination of freedoms, the persecution of those who are champions of the freedom of expression and discrimination for political, ideological reasons or for the origin of the people.
Attitudes have to be changed from the bottom up, through gender equality education in schools, in the family environment.
The information society in which we live and the capitalism that nourishes us work at forced marches to inoculate us with ideas of gender differentiation through ads or sexist video clips from the earliest ages. The change of attitudes and conscience must be demanded at all levels, starting with the big brands that invest huge amounts of money in advertising campaigns that encourage the differentiated use of toys for reasons of gender, or that present women as the only one that can take care of housework, or those that directly turn women into an object, reifying it, as happens with many fashion brands.
The walls that shelter a new controlling and invasive order of our lives that threaten freedom of expression or access to information, such as citizen rights, are established by the intelligence agencies or information services in the manner of the eye that he sees everything, as Orwell announced in his book 1984. This may be a prelude to a new fascism, which, without a doubt, will arrive larvadamente, through the very misused mechanisms of democracy, under the pretext of the so-called national security. What is really occurring is a degradation of the concept of that security.

We live in a multicultural society. We live in multiple universes, there is not a single culture. There is one and another, and another, and together we build the universal cartography of values, of coexistence, of progress, of rights, of duties, of culture, of peace. Interculturality is a universal value and supports the fundamental right to culture, to interaction, to dialogue, to encounter, to miscegenation.
Only when we assume this diversity, without apriorisms, without discrimination, accepting equality and respect for the other, until feeling that my right is that of the other, and vice versa, we will be in a position to affirm that we are building harmony and coexistence and community. That is, it is about having full awareness of this diverse reality, and from there we will be legitimized to demand, if not met, those who govern us, represent us politically or judge us, greater commitment and responsibility.
Spain lives in the brink of the official lie for too long. I recognize it, not as a criticism of my country, but as a self-criticism for all. It is not true that there is a conviction of defense of Human Rights. There are defense plots of the same, but not in general. There is no conscience like the one that has been generated in other countries of truth, memory, justice, reparation and guarantees of non-repetition. There has not been, it has never existed. What has existed is official oblivion, imposed. To the point that, after forty years of dictatorship and so many years of democracy, more than half of the Spanish population has no idea what Franco’s dictatorship was, or what happened during it, or even there is a formal census of missing persons (from 114,000, according to the first estimates of the victims themselves, up to between 130,000 and 150,000, according to expert opinions, or to almost 200,000, according to journalistic estimates), or it is unknown that Spain is the country with the most disappeared of the world, after Cambodia.

The solution will come from the hand of true democracy, which will give life to a firmly cohesive society with rights and duties defined in just equilibrium, with the needs that it needs as a whole. That is, the principle of non-impunity and equality must be enshrined. A law for everyone, without anyone being above it. A democratic and just law that controls and limits the exercise of power, and the twisted exercise of it, and that promotes a more egalitarian, more just society.
The great struggle, the democratic commitment, is based on justice as the basis of human security, which appears as one of the great challenges for modern society. In the defense of Human Rights we can not be indifferent. In this area, as in any other, the application of the principle of Active Indignation is imposed, we must all share the effort and develop that part of the work that corresponds to us, without fear and with energetic decision, because no democratic society will be broken by the fact that law and justice are applied.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .