La Corte De Felipe VI. Amigos, Enemigos Y Validos: Las Claves De La Nueva Monarquía — Daniel Forcada, Alberto Lardiés / The Court of Felipe VI. Friends, Enemies And Favorite: The Keys To The New Monarchy by Daniel Forcada, Alberto Lardiés (spanish book edition)

Interesante lectura pero no aporta datos nuevos ni sorprendentes, vemos desfilar por estas páginas a algunos de los “amiguetes” íntimos del presente soberano, así como los turbios manejos en los que se han visto implicados. Algunos son bastante conocidos, como el regatista Kiko Sánchez, Javier López Madrid, y Rafael Spottorno, exjefe de la Casa Real, por poner sólo unos ejemplos. Otros personajes son más desconocidos.
También nos explica un poco el pasado estudiantil del entonces príncipe, sus exóticos viajes por América Latina, y cómo no, su relación con las famosas Eva Sannum e Isabel Sartorius, entre otras beldades. La mala acogida que tuvo la actual reina Letizia también está bastante bien descrita, así como una descripción de los desencuentros de la reina con los subsodichos amiguetes del rey, y del ambiente festivo en Palma, del que parece ser que la reina huye como de la peste.
También encontramos la descripción de cómo se tomó la decisión de la abdicación del rey emérito, y de los muchos roces que ha tenido, no sólo con la reina Sofía, algo conocido por todos los españoles, sino con su propio hijo. Analiza, asimismo, el pasado de la presente reina, las desgracias que ha tenido que soportar, y el golpe bajo que le supuso la publicación del libro “Adiós, princesa” por parte de su propio cuñado, en el que se relatan hechos poco reconfortantes en torno a la familia real. Tampoco podía faltar el escándalo Urdangarín, que amenaza con manchar a la propia hermana del monarca, la infanta Cristina.
En definitiva, sin aportar datos demasiado novedosos, el libro aporta suficientes reseñas como para hacerse una idea de los ambientes en los que se movió y se mueve actualmente nuestro joven rey. Es una obra interesante, poco polémica, ya que lo que narra está suficientemente contrastado.

A las ocho y media de la mañana del 2 de junio de 2014 los gestos son de enorme sorpresa entre los ocho componentes del equipo de Radiotelevisión Española (RTVE) dedicado a las instituciones del Estado. Este grupo de empleados públicos capitaneado por María José Dupré se dirige a la sede del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), ubicada a las afueras de Madrid, en la carretera de La Coruña, no muy lejos del Palacio de La Moncloa. Los informadores han sido requeridos para grabar un mensaje de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Se trata de un encargo extraño, sin precedentes, asombroso.
Al llegar a la sede de la casa de los espías, les están esperando el entonces presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique, y el director del CNI, Félix Sanz Roldán.
Aún ajenos a la grabación de este mensaje, los españoles solo saben que Moncloa ha anunciado una comparecencia extraordinaria de Rajoy a las diez y media de la mañana de ese lunes. Además de los implicados en la operación secreta del gobierno y la corona, solo algunos pocos periodistas muy bien informados saben qué va a decir el presidente. Los ciudadanos verán por la tele una noticia histórica: Juan Carlos I ha decidido abdicar y ceder el testigo a su hijo.
La operación para el cambio en el trono está cocinada de antemano y al milímetro por la corona y el gobierno. Y en el plan maquinado en secreto durante meses, lógicamente, se incluye la sucesión sin género de dudas. Por ello, Rajoy loa al nuevo rey, aunque aún no ocupe el trono. «Quiero expresar también nuestra más firme confianza en quien está constitucionalmente llamado a sucederle en su magistratura, el príncipe de Asturias. Su preparación, su carácter y la amplia experiencia en los asuntos públicos que ha ido adquiriendo a lo largo de estos últimos veinte años constituyen una sólida garantía de que su desempeño como jefe de Estado estará a la altura de las expectativas más exigentes».
«Por último, quiero transmitirles a todos que este proceso se va a desarrollar con plena normalidad, en un contexto de estabilidad institucional y como una expresión más de la madurez de nuestra democracia». Es decir, el presidente del Gobierno pronostica y pide al mismo tiempo tranquilidad, calma…

La tesis principal que esgrime tiene que ver con la crisis y con el necesario cambio generacional. «La larga y profunda crisis económica que padecemos ha dejado serias cicatrices en el tejido social, pero también nos está señalando un camino de futuro cargado de esperanza. Estos difíciles años nos han permitido hacer un balance autocrítico de nuestros errores y de nuestras limitaciones como sociedad. Y, como contrapeso, también han reavivado la conciencia orgullosa de lo que hemos sabido y sabemos hacer y de lo que hemos sido y somos: una gran nación. Todo ello ha despertado en nosotros un impulso de renovación, de superación, de corregir errores y abrir camino a un futuro decididamente mejor. En la forja de ese futuro, una nueva generación reclama con justa causa el papel protagonista, el mismo que correspondió en una coyuntura crucial de nuestra historia a la generación a la que yo pertenezco. Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana».

Rubalcaba tuvo problemas serios para conseguir la unanimidad del PSOE en la votación de la ley de abdicación y transmitió al gobierno que no podía comprometerse a sacar la ley de aforamiento. «Por eso, hubo que hacer un plan B. A Soraya se le ocurrió la opción de meter el aforamiento en una ley que ya estaba en curso. Eso es algo que el propio presidente del Congreso calificó de chapucero, pero era muy importante también que esa ley saliera adelante porque había bastante gente que le tenía muchas ganas al rey».
Semanas después del proceso, cuando se garantizó el aforamiento de Juan Carlos I a través de una enmienda en la Ley Orgánica del Poder Judicial, Jesús Posada dijo públicamente que la forma había sido «un poco chapuza», al tener que tramitarse «a toda velocidad», aunque no discutió, eso sí, el fondo de la cuestión. Para la mayoría de los ciudadanos, el asunto se quedó en una menudencia jurídica contra la que nadie protestó, porque lo importante era la llegada del nuevo monarca con su propia corte. Para otros, fue, en efecto, una chapuza más del establishment para impedir que el rey saliente pudiera acabar en un tribunal para responder de presuntos delitos. Una suerte de pago de los prohombres del régimen al monarca por sus servicios prestados durante su reinado.
El programa de la proclamación de Felipe VI consta de tres partes preparadas milimétricamente como si de una obra teatral se tratase. El primer acto de la función se ha ideado ad hoc para reunir a los dos reyes porque había que resolver un problema: Juan Carlos se empeñó en no acudir a la ceremonia de las Cortes. «Él decidió, y no hubo forma de convencerle, que no quería quitar protagonismo, porque ese era el día de su hijo y era él el rey».
La conversación que sigue se produjo literalmente:
—No voy a estar en el Congreso porque ese día es su día —afirma Juan Carlos.
—Pero tendrá que participar en algo, señor.
—Pues inventad algo para que yo participe.
«Y en ese marco nos inventamos dos cosas: por un lado, la entrega del fajín de general a las nueve de la mañana y, por otro lado, la salida al balcón, que eso ya estaba decidido, aunque no contado, porque no queríamos anunciarlo hasta el final por temas de seguridad, al igual que no queríamos decir hasta el último momento que iban a ir en coche descubierto por el centro de Madrid».
Lo más exclusivo de la política, el empresariado, la cultura y la sociedad civil van al Palacio Real para formar parte de los actos de un día clave en la historia de España. Todos los invitados saludan a los monarcas y degustan un catering que costó 62.000 euros de las arcas públicas. Una de las asistentes remarca que «había jamones y cortadores de jamón, algo que yo nunca había visto en palacio. De hecho, las tortillas de patata, el queso y el jamón se agotaron pronto. Era un catering muy elaborado y moderno. Se nota que ahí hubo un toque personal de parte de los nuevos reyes».
Otro empresario que también estuvo allí destaca que en esta ocasión no solo estaban los grandes mandamases del Ibex 35, como siempre ocurría en tiempos de Juan Carlos I, junto al que pululaban por palacio sujetos del pelaje más variopinto. Una celebración, en definitiva, más sencilla, transparente y hasta menos elitista y más abierta. Por exagerado que parezca, se trata de signos de los tiempos que llegan para la corona, con un estilo renovado.
Un nuevo reinado comienza. Y, por ende, una nueva corte, la de Felipe VI, toma las riendas en palacio.

Felipe VI es un gran desconocido para los españoles. Pese a ser el jefe del Estado y pese a haber seguido su trayectoria al detalle desde el mismo día de su nacimiento, su figura y su personalidad constituyen, aún hoy, una gran incógnita en todo aquello que traspasa su faceta puramente institucional y se adentra en los aspectos más íntimos y domésticos. Terreno poco explorado por la rigidez de una Casa que sobreprotege la imagen pública de la institución y de la familia y, también, por la atracción que ejercen, sobre la opinión pública y sobre los medios de comunicación, tanto su esposa, la reina Letizia, como su padre, el rey Juan Carlos. En el primer caso, por su fuerte personalidad y estilo propio, que generan a partes iguales enconados detractores y apasionados defensores. En el segundo, por el peso lógico de la historia y las cuatro décadas de reinado que acarrea a sus espaldas y que ejercen una prolongada sombra, con sus luces y sus penumbras, sobre la nueva etapa iniciada por Felipe VI el 19 de junio de 2014. No obstante, quien toma las decisiones hoy es este hombre tan entrenado para reinar y cuyo temperamento parece indefinible, acaso diluido por su excesiva discreción.
Si Felipe VI es un gran desconocido para los españoles, también lo ha sido durante años su madre, la reina Sofía, a quien se dirige siempre en inglés, tanto dentro como fuera de palacio, y con quien Felipe mantiene una relación de afecto muy especial.
Felipe no ha heredado ese carácter tan campechano que popularizó su padre a lo largo de todo su reinado y sobre el que Juan Carlos ha dejado el listón en un punto irrepetible para quienes vienen tras él. El rey es más parecido a su madre, más atado al guión y al protocolo de lo que se puede esperar de él, y con menos margen para la espontaneidad. Pero a Felipe tampoco le falta sentido del humor y sencillez a la hora de tratar a quienes recibe en audiencia y es también lo suficientemente astuto como para hacer sentir cómodo a su interlocutor en pocos minutos.
Merece la pena detenerse un poco más en ese momento del aterrizaje de Letizia, porque fue en aquella época cuando se fraguó la ruptura de la corona con una parte de la nobleza y del pijerío patrio, que no salía de su asombro con la elección del heredero. No le perdonaban los orígenes plebeyos de la escogida y que las hijas casaderas de toda esa casta de ilustres apellidos no hubieran sido tenidas en cuenta para tan trascendente momento de la monarquía.
Si la casta más monárquica le había recibido con semejantes epítetos, Letizia no se podía imaginar que tampoco encontraría mucha mayor complacencia entre sus compañeros de profesión.

¿Letizia Ortiz? Soy Jaime del Burgo, de Pamplona. No sabes quién soy pero me gustas mucho y quiero conocerte.
Jaime se había quedado colgado de la reportera del Telediario. Como muchos otros espectadores que seguían sus historias en la cobertura de la crisis del Prestige o como enviada especial a la guerra de Irak. Pero, en su caso, había llegado a obsesionarse hasta el punto de querer conocerla. En un arranque de excentricidad, y convencido de sus técnicas de persuasión y de su encanto personal, este abogado navarro de ilustre apellido y perfil a lo Steve Jobs descolgó el teléfono, marcó el número de la centralita de Torrespaña y pidió que le pasaran directamente con ella.
Debió venderse muy bien, porque aquel arrebato desencadenó, según la versión que él ha contado a quienes le han interrogado sobre su conexión con la reina, una amistad que maduró en una relación de complicidades y confidencias que le elevaron casi a la categoría de valido de la princesa.
Quienes han seguido sus pasos desde que era joven aseguran que Del Burgo siempre tuvo tentaciones algo extravagantes y anhelos de llamar la atención. «Hace cosas un poco estrafalarias, porque él es un chico raro», asegura un antiguo compañero. «Tiene destellos de gran brillantez e inteligencia, pero luego hace cosas que no están en los cánones de la normalidad. Es un chico un poco inestable».
Casado con Telma Ortiz desde el 11 de mayo de 2012, Jaime es el gran enigma de la corte actual de Felipe VI, de la que se ha caído estrepitosamente como Saulo de Tarso de su caballo, sin que nunca se hayan detallado muy bien las razones de ese ostracismo al que se les ha sometido a él y a su esposa en los últimos tiempos. Para una institución que se ha medido a lo largo de la historia por sus pronunciamientos y sus presencias y no por los titulares del día a día, un alejamiento como este nunca se improvisa sobre la marcha y es el vislumbre de que algo se ha hecho añicos de forma irremediable entre quienes eran leales amigos.
Fue una apuesta arriesgada pero Felipe se salió con la suya y Letizia entró en la Casa como un vendaval de aire fresco que, con su personalidad, a veces se convertía en un río desbordado. Si en otros países los herederos habían conseguido que se aceptase con normalidad la llegada a sus respectivas casas reinantes de plebeyas —qué palabra tan horrible y tan fuera de la realidad—, en España seguía y sigue siendo casi un sacrilegio despojar a los titulares de la corona de ese brillo impostado con el que se la ha presentado durante años, para retratar a una familia extraordinaria que solo existía en las páginas del ¡Hola! Extraordinaria en sus funciones, pero totalmente ordinaria —como sucede en cualquier otra casa— en los asuntos que afectan a sus relaciones personales, a sus luces y sus sombras, o a sus pasiones más mundanas, que los igualan con el resto de los mortales.
Por eso, a los españoles de a pie se les cayó una venda y un mito cuando descubrieron que Iñaki y Cristina no solo no eran tan ejemplares e ideales como parecían, sino que, además, eran igual de carnales que cualquiera de esos políticos que se llenaron los bolsillos cuando la caja estaba llena. O cuando descubrieron que las infidelidades del rey hacia la reina Sofía sobrepasaban lo que cualquier mujer en sus cabales podría tolerar. Y qué decir de esos otros vicios inconfesables en cacerías de elefantes o en tórridos romances que han derivado en pleitos para dirimir la supuesta paternidad de hijos e hijas, que parecen multiplicarse como setas. El enorme castillo de naipes que se había construido durante años en torno a Zarzuela ha temblado como un flan en los últimos años.
Solo ellos saben, y solo a ellos incumbe, si esa felicidad que era tan reluciente entonces sigue siendo igual de deslumbrante. O si, como en todos los matrimonios, han tenido sus himalayas, sus gozos y sus sombras. Lo único meridianamente cierto es que las versiones oficiales, al estilo de la que el príncipe quiso construir en su relato a Pilar Urbano, suelen distar mucho de la realidad que sucede intramuros. Pero la corona se sustenta, precisamente, por esa aureola de misticismo que explica que una familia tan normal y tan corriente como cualquier otra pueda vivir y vender lo que parece un cuento de hadas, y es, en verdad, un relato nada fantasioso. El precio de un trono.

Letizia ha puesto la tierra y los bosques de Zarzuela de por medio para que muchos de los que antes eran inseparables hoy ya no frecuenten tanto como quisieran al nuevo rey, que tiene corte, claro, como todos los monarcas, aunque no a la antigua usanza alfonsina ni tampoco a la forma y modo de la colección de amigotes juancarlistas. Hay elementos turbios, como los problemas que envuelven a Javier López Madrid, cuyo revoloteo en el entorno de la real pareja les podría causar algún que otro disgusto futuro. Por lo que se deduce de sus primeros pasos y de sus líneas rojas, Felipe está construyendo su «nueva monarquía para un tiempo nuevo» en sentido estrictamente contrario a lo que ha visto hacer en su casa durante toda la vida.
De momento, por palacio no pululan ni los Albertos en versión siglo XXI, ni pícaros del cariz de Manuel Prado y Colón de Carvajal ni personajes de muy dudosa reputación que encuentren en palacio una guarida donde protegerse, como hiciera el georgiano Zourab Tchokotua. Y aunque en su entorno familiar más cercano, su hermana y su propio cuñado viven bajo la amenaza de posibles penas de cárcel a la vuelta de la esquina, entre sus amigos y su camarilla no hay delincuentes de guante blanco, al estilo de los que rodearon a su padre.
Por el camino, a lo largo de los años, han ido pasando nombres que en su día estuvieron muy vinculados al heredero y que, con el tiempo y por sus propias trayectorias vitales, ya no coinciden tanto con él. Amigos escopeteros como Juan Claudio Abelló, que hizo la fila el día de la proclamación de Felipe VI y que está casado con una de las hijas del expresidente de El Corte Inglés, Isidoro Álvarez. Con él, el príncipe solía ir de caza a fincas como la del duque de Arión, Gonzalo Alfonso Fernández de Córdoba, donde se unían a la montería con su hijo, Fernando Fernández de Córdoba.
En sus años de soltería también mantuvo una fluida amistad con empresarios como Pepe Barroso, creador de la marca Don Algodón, muy exitosa en los años ochenta, y de Pep’s Records, discográfica en la que participa como accionista José Miguel Fernández Sastrón, ex de Simoneta Gómez-Acebo. A través de esta firma, Barroso lanzó en su día carreras musicales de artistas como Malú y entre su círculo de amistades se codea con cantantes como Alejandro Sanz o Alaska. Pero igual que estuvo en el pasado, su relación posterior con Felipe es casi inexistente.
Solo en una parcela de la vida de Felipe VI, que a lo largo de los años ha ido cultivando también otros círculos, otras amistades de la vela o de la milicia y alejadas por completo del mundo adinerado que representan sus antiguos compañeros de colegio. Otros muchos personajes han pasado por el círculo del rey, pero sin llegar a convertirse en íntimos. Amigos que conectan, despiertan simpatía y durante un tiempo parecen inseparables y después se revelan como transitorios. Vaivenes de la existencia que afectan a todos los mortales, sea roja o azul su sangre.

En los entresijos de la nueva corte también hay mucho militar, que es el séquito que más aprecia el rey por su lealtad y, sobre todo, por su garantía de que son una tumba inescrutable, a prueba de chismorreos. Una guardia de corps formada por algunos de los mejores amigos de don Felipe, que ocupan puestos de relevancia en el nuevo organigrama de la Casa del Rey.
No hay que olvidar que Zarzuela, además de un palacio, es un cuartel. Y en ese cuartel, un grupo de guardias reales, tenientes coroneles en su mayoría, tiene el privilegio de compartir más horas de intimidad con el capitán general de las Fuerzas Armadas. Juegan con él a pádel en las instalaciones de Zarzuela y acuden a cenas o a salidas nocturnas sin Letizia, como la que protagonizaron a finales de julio de 2014 y que fue contada en las páginas del diario Estrella Digital. Cada cierto tiempo suelen organizar también una comida con sus mujeres.
Antes de convertirse en rey, Felipe solía presentarse de vez en cuando en el Cuartel del Príncipe, en Mingorrubio, pasado El Pardo, para comer con sus amigos o simplemente para tomarse algo con el que estuviera de guardia.
Los viajes privados de Letizia y sus amigas no han provocado, por lo general, demasiado revuelo ni la aparición de fotos incómodas, no se puede decir lo mismo de sus escapadas a las playas del Algarve portugués, al castillo del empresario luso Vasco Manuel de Quevedo Pereira, una de las principales fortunas de Portugal, y de su mujer, Isabel María de Carvalho.
En 2010, la entonces princesa, a su aire, mal aconsejada o no dejándose asesorar, decidió pasar allí junto a sus hijas el fin de semana en el que Constantino de Grecia celebraba en Londres su setenta cumpleaños con la flor y la nata de la realeza europea. Nadie entendió que la reina Sofía y el príncipe de Asturias se desplazasen a los actos conmemorativos y que, en cambio, Letizia se fuese a la casa de este desconocido empresario elevado en España a la categoría de marqués por no se sabe muy bien qué méritos.
Las amistades de Felipe VI y Letizia, evidencian una vez más la distancia abismal entre dos mundos casi antagónicos y que solo tienen en común este matrimonio. Resulta imposible acortar esa lejanía. Y de hecho, muchos andan empeñados en exprimirla para minar a la pareja y aumentar sus diferencias. Sin embargo, parece que la mera existencia de estos compartimentos estancos, llenos de tripulantes muy diferentes los unos de los otros, es la clave, por ahora, para que este barco no se hunda y, en el caso de ella, el único y reducidísimo espacio donde puede mostrarse tal cual es y sin miedo a otra nueva traición como las que han quedado grabadas a fuego en su memoria. Por ello, esta guardia pretoriana sigue siendo tan insondable, tras más de diez años en los alrededores de la corte. Amigas que, al contrario de lo que ocurre con algunos de los nombres del entorno de Felipe, nunca han salpicado a la corona con ninguna mancha ni con ningún traspié extraño. Un grupo que, en definitiva y gracias a la mediación de Letizia, ha oxigenado los ambientes que frecuentaba hasta hace no mucho el nuevo rey de España.

La corona española quería evitar a toda costa que el heredero apareciera ante los ciudadanos como un tipo sin oficio o beneficio, más allá de su larga espera para sustituir a su padre. La intención era que su figura pública se diferenciase lo más posible de Carlos de Inglaterra. Había que crear un Manual del príncipe, por utilizar el argot de la Casa, donde se incluyeran sus tareas destinadas a conocer mejor el país en el que iba a reinar algún día. En la creación y diseño de esa suerte de libro de estilo del heredero se enmarcan, por ejemplo, sus famosos viajes por Iberoamérica para asistir a las tomas de posesión.
Letizia no siente especial predilección por los militares que trabajan en Zarzuela. Considera, al parecer, que no laboran demasiado para ganarse el sueldo. Entre quienes trabajan en el Cuarto Militar se comentan varios episodios un tanto desafortunados de roces entre la reina y algunos miembros de la unidad. En una ocasión, ella afeó su conducta, por vagancia, a uno de ellos, pero este le respondió en un tono nada amistoso.
Mejores, mucho mejores son las relaciones entre la reina y el equipo de Seguridad de Zarzuela.

Don Juan Carlos se ha quedado penosamente solo al acercarse al precipicio de su jubilación, en un palacio que, para quien ha vivido siempre a lomos de su real voluntad, se puede convertir ahora en una jaula de oro. ¿A qué se dedica un rey que ya no es rey y que apenas tiene citas oficiales en su agenda?…
Con Letizia no se lleva, la tolera. Y Sofía, que durante tantos años miró para otro lado cuando, en sus deslices, el rey abandonaba su lecho persiguiendo otras conquistas, lleva una vida completamente al margen de su marido, a caballo entre Madrid y Londres, donde vive su hermano Constantino. Y si no, en París, cobijada en la casa de su prima Tatiana Radziwill, depositaria de sus alegrías y aflicciones. Son las consecuencias de una vida libérrima que tanto daño ha hecho a su matrimonio y que, a su vez, tan hondo impacto ha dejado en su hijo, desde siempre unido a su madre y a sus desvelos.
«El rey Juan Carlos es un hombre profundamente solitario», describe, en esta misma línea, uno de los hombres que ha trabajado a su lado. «Ha tenido una vida muy dura, desde el punto de vista afectivo, y sin duda su matrimonio ha sido un desastre desde el principio. Le obligaron a casarse con una persona con la que pudo conllevarse de forma natural y bien mientras esperaban el trono y durante los primeros años de reinado, cuando los niños eran pequeños. Después han llegado a una especie de entente por la que, oficialmente, se hablan, pero ni conviven ni conversan.
Un rey sin Corinna y sin corona. La alemana es una página ya cerrada en la vida de Juan Carlos. Lo corroboran dos fuentes de peso. Fernando Ónega, que le ha realizado al monarca la única entrevista que ha concedido tras su abdicación, y el empresario Arturo Fernández, que forma parte de la corte de amigotes del rey emérito.
«Corinna ya no es más que un recuerdo, una vieja amistad».
Letizia —de aspecto físico frágil, pero dura y tenaz por dentro— ha resistido a la picadora de carne de la prensa, a los desplantes de su suegro, a la distancia de sus cuñadas, a las críticas malintencionadas de dentro y fuera de la corte, a los prejuicios sociales de la aristocracia trasnochada y a los escándalos que han puesto en su sitio a los que, desde dentro, arremetían contra ella. Todo ello, eso sí, sacando los dientes y exhibiendo un carácter por momentos demasiado duro, que no la ha beneficiado. Superadas todas esas pruebas, al inicio de su nuevo reinado algunas voces consideran que ella será una de las piezas clave que, contra todo pronóstico, acabará por salvar a la monarquía de sus propios excesos de los últimos años. Aunque los sueños se le rompan en pedazos… ¿Resistirá?…

A diferencia de lo que ocurría en la corte de Juan Carlos I, en la que durante demasiado tiempo anidaron personajes turbios con absoluta impunidad o, peor, con la complicidad de la corona, en la nueva monarquía de Felipe VI no habrá lugar para los corruptos. Ese es el compromiso del rey. Con la perspectiva que otorgan los años, veremos si cumple su promesa.
El destino es caprichoso y los papeles de Felipe VI y Juan Carlos I en la corte se han invertido. Porque ahora es el rey padre quien se desplaza a países latinoamericanos para representar a España en algunas tomas de posesión de los mandatarios que siempre recuerdan a la madre patria. Justo el mismo cometido que su heredero cumplió sin un solo borrón durante sus años de espera. Si a estos desplazamientos oficiales se le suman las escapadas de placer, tanto las que han trascendido como las que quedarán en secreto, por un lado las escalas de su ruta gastronómica y por otro sus visitas a viejos amigos, podría decirse que estamos ante un monarca eminentemente viajero.

Felipe VI se ha rodeado de un grupo de profesionales con experiencia en La Zarzuela. Liderado por dos amigos del monarca, Jaime Alfonsín, jefe de la Casa, y Jordi Gutiérrez, director de Comunicación, el núcleo duro del palacio trabaja cada día para subrayar esas diferencias con el pasado y mantener así un futuro. Los reyes y sus hijas Sofía y Leonor viven en Zarzuela rodeados y protegidos por estos hombres, la mayoría con galones en los hombros y fajines en la cintura que muestran sus categorías militares.
En estos tiempos de cambios profundos esa sentencia tal vez pueda volverse en su contra y todos esos esfuerzos no sean suficientes para consolidar el futuro de la monarquía. Como se narra en estas páginas al detalle, el bipartidismo sí garantizó la transición borbónica de 2014 y, de paso, blindó el futuro de Juan Carlos I, que, como ya no tiene el cuerpo para cacerías, vive su plácida jubilación entre restaurantes y viajes de lujo. La operación secreta entre PP, PSOE y la corona para lograr el cambio de rey, sin protagonismo alguno de los ciudadanos, salió a la perfección para los interesados, sí, pero retrotrae a tiempos pretéritos y quizás no sea suficiente para otorgar la legitimidad democrática que necesita la Jefatura del Estado. Más tarde o más temprano y de una manera u otra, los españoles tendrán que decidir el destino de la corte de Felipe VI.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/30/la-democracia-borbonica-de-como-las-elites-se-reparten-el-poder-y-el-botin-alberto-lardies-garraleta-bourbon-democracy-how-elites-share-power-and-loot-by-alberto-lardies-garraleta-spani/

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/26/la-corte-de-felipe-vi-amigos-enemigos-y-validos-las-claves-de-la-nueva-monarquia-daniel-forcada-alberto-lardies-the-court-of-felipe-vi-friends-enemies-and-favorite-the-keys-to-the-n/

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Interesting reading but it does not provide new or surprising data, we see parading through these pages some of the intimate «friends» of the present sovereign, as well as the shady dealings in which they have been involved. Some are quite well known, such as sailor Kiko Sánchez, Javier López Madrid, and Rafael Spottorno, former head of the Royal House, to give just a few examples. Other characters are more unknown.
It also explains a little about the student past of the then prince, his exotic trips through Latin America, and of course, his relationship with the famous Eva Sannum and Isabel Sartorius, among other beauties. The bad reception that the current queen Letizia had is also quite well described, as well as a description of the queen’s disagreements with the aforementioned friends of the king, and the festive atmosphere in Palma, from which it seems that the queen flees as from the plague.
We also find the description of how the decision to abdicate the emeritus king was made, and of the many frictions he has had, not only with Queen Sofía, something known to all Spaniards, but with his own son. It also analyzes the past of the present queen, the misfortunes she has had to endure, and the low blow caused by the publication of the book «Goodbye, princess» by her own brother-in-law, in which little comforting facts are recounted. around the royal family. Nor could the Urdangarín scandal be absent, which threatens to stain the monarch’s own sister, the Infanta Cristina.
In short, without providing too new data, the book provides enough reviews to get an idea of the environments in which our young king moved and currently moves. It is an interesting work, not very controversial, since what it narrates is sufficiently contrasted.

At half past eight in the morning of June 2, 2014, the gestures are of great surprise among the eight members of the Radiotelevisión Española (RTVE) team dedicated to State institutions. This group of public employees led by María José Dupré heads to the headquarters of the National Intelligence Center (CNI), located on the outskirts of Madrid, on the La Coruña highway, not far from the Moncloa Palace. The informants have been required to record a message from the Vice President of the Government, Soraya Sáenz de Santamaría. It is a strange, unprecedented, amazing commission.
When they arrive at the headquarters of the house of spies, the then president of RTVE, Leopoldo González-Echenique, and the director of the CNI, Félix Sanz Roldán, are waiting for them.
Still oblivious to the recording of this message, the Spanish only know that Moncloa has announced an extraordinary appearance by Rajoy at half past ten on that Monday morning. Apart from those involved in the secret operation of the government and the crown, only a few very well-informed journalists know what the president is going to say. Citizens will see a historical news item on TV: Juan Carlos I has decided to abdicate and hand over the baton to his son.
The operation for the change in the throne is cooked in advance and to the millimeter by the crown and the government. And in the plan concocted in secret for months, logically, the succession is included without a doubt. For this reason, Rajoy praises the new king, although he has not yet occupied the throne. “I also want to express our firmest confidence in who is constitutionally called to succeed him in his magistracy, the Prince of Asturias. His preparation, his character and his extensive experience in public affairs that he has been acquiring over the last twenty years constitute a solid guarantee that his performance as Head of State will be up to par. of the highest expectations.
«Finally, I want to convey to everyone that this process is going to take place normally, in a context of institutional stability and as one more expression of the maturity of our democracy.» In other words, the President of the Government predicts and at the same time asks for calm, calm…

The main thesis he puts forward has to do with the crisis and the necessary generational change. “The long and deep economic crisis that we are suffering has left serious scars on the social fabric, but it is also pointing us to a future path full of hope. These difficult years have allowed us to make a self-critical assessment of our mistakes and our limitations as a society. And, as a counterweight, they have also revived the proud consciousness of what we have known and know how to do and of what we have been and are: a great nation. All this has awakened in us an impulse to renew, to improve, to correct mistakes and open the way to a decidedly better future. In the forging of that future, a new generation rightfully claims the leading role, the same one that corresponded at a crucial juncture in our history to the generation to which I belong. Today a younger generation deserves to go to the forefront, with new energies, determined to undertake with determination the transformations and reforms that the current situation is demanding and to face the challenges of tomorrow with renewed intensity and dedication.

Rubalcaba had serious problems getting the PSOE to unanimously vote on the abdication law and he told the government that he could not commit to removing the appraisal law. «For this reason, a plan B had to be made. Soraya came up with the option of including the appraisal in a law that was already in progress. That is something that the president of Congress himself described as bungling, but it was also very important that this law go ahead because there were quite a few people who really wanted the king.
Weeks after the process, when Juan Carlos I’s appraisal was guaranteed through an amendment to the Organic Law of the Judiciary, Jesús Posada said publicly that the form had been «a bit botched», having to be processed «at full speed », although he did not discuss, yes, the substance of the matter. For most citizens, the matter remained a legal trifle against which no one protested, because the important thing was the arrival of the new monarch with his own court. For others, it was, in effect, one more fudge by the establishment to prevent the outgoing king from ending up in court to answer for alleged crimes. A kind of payment from the notables of the regime to the monarch for his services during his reign.
The program of the proclamation of Felipe VI consists of three parts prepared to the millimeter as if it were a play. The first act of the function has been devised ad hoc to bring the two kings together because a problem had to be solved: Juan Carlos was determined not to attend the Cortes ceremony. «He decided, and there was no way to convince him, that he did not want to take center stage, because that was the day of his son and he was the king.»
The conversation that follows took place verbatim:
«I’m not going to be in Congress because that day is his day,» says Juan Carlos.
‘But you will have to participate in something, sir.
«Then invent something for me to participate.»
«And in this framework we invented two things: on the one hand, the delivery of the general’s sash at nine in the morning and, on the other hand, the exit to the balcony, that that had already been decided, although not counted, because we did not want announce it until the end for security reasons, just as we did not want to say until the last moment that they were going to go in an open car through the center of Madrid ».
The most exclusive of politics, business, culture and civil society go to the Royal Palace to take part in the events of a key day in the history of Spain. All the guests greet the monarchs and taste a catering that cost 62,000 euros from the public coffers. One of the attendees remarks that “there were hams and ham cutters, something that I had never seen in the palace. In fact, the potato omelettes, cheese and ham sold out soon. It was a very elaborate and modern catering. It shows that there was a personal touch on the part of the new kings ».
Another businessman who was also there highlights that on this occasion there were not only the big bosses of the Ibex 35, as was always the case in the times of Juan Carlos I, along with whom subjects with the most varied fur swarmed through the palace. A celebration, in short, simpler, transparent and even less elitist and more open. As exaggerated as it may seem, these are signs of the times coming for the crown, with a renewed style.
A new reign begins. And, therefore, a new court, that of Felipe VI, takes the reins in the palace.

Felipe VI is a great unknown to the Spanish. Despite being the head of state and despite having followed his career in detail from the very day of his birth, his figure and personality constitute, even today, a great unknown in everything that goes beyond his purely institutional facet and enters into the most intimate and domestic aspects. Little explored terrain due to the rigidity of a House that overprotects the public image of the institution and the family and, also, due to the attraction exerted on public opinion and the media by both his wife, Queen Letizia, like his father, King Juan Carlos. In the first case, due to his strong personality and style, which generate bitter detractors and passionate defenders in equal parts. In the second, due to the logical weight of history and the four decades of reign that he carries behind him and that cast a long shadow, with its lights and shadows, over the new stage begun by Felipe VI on June 19, 2014 However, who makes the decisions today is this man so trained to reign and whose temperament seems indefinable, perhaps diluted by his excessive discretion.
If Felipe VI is a great unknown to the Spanish, so has his mother, Queen Sofía, who is always addressed in English, both inside and outside the palace, and with whom Felipe maintains a very special relationship of affection.
Felipe has not inherited that folksy character that his father popularized throughout his reign and on which Juan Carlos has set the bar at an unrepeatable point for those who come after him. The king is more like his mother, more tied to the script and protocol than can be expected of him, and with less room for spontaneity. But Felipe does not lack a sense of humor and simplicity when dealing with those he receives in audience and he is also astute enough to make his interlocutor feel comfortable in a few minutes.
It is worth dwelling a little more on that moment of Letizia’s landing, because it was at that time when the breakup of the crown was forged with a part of the nobility and the patriotic pijerío, who did not leave their astonishment with the choice of the heir . She did not forgive the plebeian origins of the chosen one and that the marriageable daughters of all that caste of illustrious surnames had not been taken into account for such a transcendent moment of the monarchy.
If the most monarchical caste had received him with such epithets, Letizia could not imagine that she would not find much greater satisfaction among her colleagues.

Letizia Ortiz? I am Jaime del Burgo, from Pamplona. You don’t know who I am but I like you a lot and I want to meet you.
Jaime had been hung up on the news reporter. Like many other viewers who followed her stories in the coverage of the Prestige crisis or as a special envoy to the Iraq war. But, in her case, he had become obsessed to the point of wanting to meet her. In a fit of eccentricity, and convinced of his persuasive techniques and his personal charm, this Navarrese lawyer with an illustrious surname and a Steve Jobs-like profile picked up the phone, dialed the number of the Torrespaña switchboard and asked to be put through directly to her.
It must have sold very well, because that outburst triggered, according to the version that he has told those who have questioned him about his connection with the queen, a friendship that matured into a relationship of complicity and confidences that raised him almost to the category of a favorite. the princess.
Those who have followed in his footsteps since he was young say that Del Burgo always had somewhat extravagant temptations and a desire to attract attention. «He does a little quirky stuff, because he’s a weird kid,» says a former colleague. «He has flashes of great brilliance and intelligence, but then he does things that are not in the canons of normality. He is a little unstable boy ».
Married to Telma Ortiz since May 11, 2012, Jaime is the great enigma of the current court of Felipe VI, from which he has fallen resoundingly like Saulo de Tarso from his horse, without the reasons having ever been very well detailed. of that ostracism to which he and his wife have been subjected in recent times. For an institution that has been measured throughout history by its pronouncements and its presence and not by day-to-day headlines, a departure like this is never improvised on the fly and is the glimpse that something has been shattered hopelessly between those who were loyal friends.
It was a risky bet but Felipe got away with it and Letizia entered the House like a gale of fresh air that, with her personality, sometimes became an overflowing river. If in other countries the heirs had managed to get the arrival of commoners to their respective reigning houses accepted as normal —what a horrible word and so out of reality—, in Spain it continued and continues to be almost a sacrilege to deprive the holders of the crown of that fake shine with which it has been presented for years, to portray an extraordinary family that only existed in the pages of Hello! Extraordinary in their functions, but totally ordinary —as happens in any other house— in matters that affect their personal relationships, their lights and shadows, or their most mundane passions, which make them equal to the rest of mortals.
For this reason, ordinary Spaniards dropped a bandage and a myth when they discovered that Iñaki and Cristina were not only not as exemplary and ideal as they seemed, but also that they were just as carnal as any of those politicians who they filled the pockets when the box was full. Or when they discovered that the king’s infidelities towards Queen Sofia exceeded what any woman in her right mind could tolerate. And what about those other unspeakable vices in elephant hunts or in torrid romances that have led to lawsuits to settle the alleged paternity of sons and daughters, which seem to multiply like mushrooms. The enormous house of cards that had been built for years around Zarzuela has shaken like a custard in recent years.
Only they know, and only they care, if that happiness that was so shimmering then is still just as dazzling. Or if, as in all marriages, they have had their Himalayas, their joys and their shadows. The only thing that is absolutely certain is that the official versions, in the style of the one that the prince wanted to build in his story to Pilar Urbano, are usually far from the reality that happens within the walls. But the crown is sustained, precisely, by that aura of mysticism that explains why a family as normal and ordinary as any other can live and sell what seems like a fairy tale, and it is, in truth, a story that is not at all fanciful. The price of a throne.

Letizia has put the land and forests of Zarzuela in between so that many of those who were previously inseparable today no longer frequent the new king as much as they would like, who has a court, of course, like all monarchs, although not in the old way alfonsina nor to the form and manner of the collection of juancarlistas buddies. There are murky elements, such as the problems that surround Javier López Madrid, whose fluttering around the royal couple could cause them some future displeasure. From what can be deduced from his first steps and from his red lines, Felipe is building his «new monarchy for a new time» in a strictly contrary direction to what he has seen done in his house during all the lifetime.
At the moment, neither the Albertos in the 21st century version, nor rogues like Manuel Prado and Colón de Carvajal, nor characters of very dubious reputation who find a lair in the palace to protect themselves, as the Georgian Zourab Tchokotua did, swarm through the palace. And although in his closest family environment, his sister and his own brother-in-law live under the threat of possible prison sentences just around the corner, among his friends and his clique there are no white-collar criminals, in the style of those who surrounded to your father.
Along the way, over the years, names have passed that were once closely linked to the heir and that, over time and due to their own life trajectories, no longer coincide so much with him. Gunsmith friends like Juan Claudio Abelló, who stood in line on the day of the proclamation of Felipe VI and who is married to one of the daughters of the former president of El Corte Inglés, Isidoro Álvarez. With him, the prince used to go hunting to estates such as that of the Duke of Arión, Gonzalo Alfonso Fernández de Córdoba, where they joined the montería with his son, Fernando Fernández de Córdoba.
In his single years, he also maintained a fluid friendship with businessmen such as Pepe Barroso, creator of the Don Cotton brand, very successful in the 1980s, and Pep’s Records, a record company in which José Miguel Fernández Sastrón, formerly of Simoneta, participates as a shareholder. Gomez-Acebo. Through this firm, Barroso once launched the musical careers of artists like Malú and among his circle of friends he rubs shoulders with singers like Alejandro Sanz or Alaska. But just as he was in the past, his subsequent relationship with Felipe is almost non-existent.
Alone in a part of the life of Felipe VI, which over the years has also been cultivating other circles, other friendships of sailing or the military and completely removed from the wealthy world represented by his former schoolmates . Many other characters have passed through the circle of the king, but without becoming intimate. Friends who connect, arouse sympathy and for a time seem inseparable and then reveal themselves as transitory. Ups and downs of existence that affect all mortals, whether their blood is red or blue.

In the ins and outs of the new court there is also a lot of military, which is the entourage that the king appreciates the most for their loyalty and, above all, for their guarantee that they are an inscrutable tomb, proof of gossip. A bodyguard made up of some of Don Felipe’s best friends, who occupy relevant positions in the new organization chart of the Casa del Rey.
We must not forget that Zarzuela, as well as a palace, is a barracks. And in that barracks, a group of royal guards, mostly lieutenant colonels, have the privilege of sharing more hours of intimacy with the captain general of the Armed Forces. They play paddle tennis with him at the Zarzuela facilities and go to dinners or nights out without Letizia, like the one they starred in at the end of July 2014 and which was told in the pages of the Estrella Digital newspaper. From time to time they usually also organize a meal with their wives.
Before becoming king, Felipe used to appear from time to time at the Prince’s Barracks, in Mingorrubio, past El Pardo, to eat with his friends or simply to have a drink with whom he was on duty.
The private trips of Letizia and her friends have not, in general, caused too much commotion or the appearance of uncomfortable photos, the same cannot be said of their escapades to the beaches of the Portuguese Algarve, to the castle of the Portuguese businessman Vasco Manuel de Quevedo Pereira, one of the main fortunes of Portugal, and his wife, Isabel María de Carvalho.
In 2010, the then princess, in her own way, ill-advised or not letting herself be advised, decided to spend the weekend there with her daughters in which Constantine of Greece celebrated his seventieth birthday in London with the cream of royalty European. No one understood that Queen Sofía and the Prince of Asturias traveled to the commemorative events and that, instead, Letizia went to the house of this unknown businessman raised in Spain to the category of marquis for who does not know very well what merits.
The friendships of Felipe VI and Letizia once again show the abysmal distance between two almost antagonistic worlds and that they only have this marriage in common. It is impossible to shorten that distance. And in fact, many are determined to squeeze it to undermine the couple and increase their differences. However, it seems that the mere existence of these watertight compartments, full of very different crew members, is the key, for now, so that this ship does not sink and, in her case, the only and very small space where he can show himself as he is and without fear of another new betrayal like the ones that have been burned into his memory. That is why this Praetorian Guard remains so unfathomable, after more than ten years around the court. Friends who, contrary to what happens with some of the names in Felipe’s entourage, have never sprinkled the crown with any stain or any strange misstep. A group that, ultimately and thanks to the mediation of Letizia, has oxygenated the environments that the new king of Spain frequented until not long ago.

The Spanish crown wanted to avoid at all costs that the heir appeared to the citizens as a guy without a job or benefit, beyond the long wait for him to replace his father. The intention was that his public figure would differ as much as possible from Charles of England. It was necessary to create a Manual of the prince, to use the jargon of the House, which included his tasks destined to better understand the country in which he was going to reign one day. In the creation and design of that kind of style book of the heir, for example, his famous trips through Latin America to attend inaugurations are framed.
Letizia does not feel a special predilection for the soldiers who work in Zarzuela. She apparently considers that they do not work too hard to earn their salary. Among those who work in the Military Room, several somewhat unfortunate episodes of friction between the queen and some members of the unit are discussed. On one occasion, she disgraced her behavior, due to laziness, to one of them, but he answered her in an unfriendly tone.
Better, much better are the relations between the queen and the Zarzuela Security team.

Don Juan Carlos has been painfully alone as he approaches the precipice of his retirement, in a palace that, for those who have always lived on the back of his royal will, can now become a gilt cage. What does a king do who is no longer a king and who hardly has any official appointments on his agenda?…
He doesn’t get along with Letizia, he tolerates her. And Sofía, who for so many years looked the other way when, in his slips, the king left his bed pursuing other conquests, leads a life completely apart from her husband, halfway between Madrid and London, where her brother Constantino lives. And if not, in Paris, sheltered in the house of her cousin Tatiana Radziwill, custodian of her joys and sorrows. They are the consequences of a very free life that has done so much damage to her marriage and that, in turn, has left such a deep impact on her son, always attached to his mother and her efforts.
«King Juan Carlos is a profoundly lonely man,» describes, along the same lines, one of the men who has worked alongside him. «He has had a very hard life, from the emotional point of view, and without a doubt his marriage has been a disaster from the beginning. They forced him to marry a person with whom he could get along naturally and well while they waited for the throne and during the first years of their reign, when the children were young. Later they have reached a kind of entente by which, officially, they speak to each other, but they neither coexist nor converse.
A king without Corinna and without a crown. The German is a page already closed in the life of Juan Carlos. It is corroborated by two weighty sources. Fernando Ónega, who has given the monarch the only interview he has granted after his abdication, and the businessman Arturo Fernández, who is part of the court of friends of the king emeritus.
«Corinna is no more than a memory, an old friendship.»
Letizia – physically fragile, but tough and tenacious inside – has resisted the meat grinder of the press, the rudeness of her father-in-law, the distance from her sisters-in-law, the malicious criticism from inside and outside the court , to the social prejudices of the outdated aristocracy and to the scandals that have put in their place those who, from within, attacked it. All this, yes, taking her teeth out of it and exhibiting a character at times too hard, which has not benefited her. Once all these tests have been overcome, at the beginning of her new reign, some voices consider that she will be one of the key pieces that, against all odds, will end up saving the monarchy from its own excesses in recent years. Even if her dreams are shattered… will she resist?…

Unlike what happened in the court of Juan Carlos I, in which shady characters nested for too long with absolute impunity or, worse, with the complicity of the crown, in the new monarchy of Felipe VI there will be no place for the corrupt . That is the promise of the king. With the perspective that the years grant, we will see if he fulfills his promise.
Fate is capricious and the roles of Felipe VI and Juan Carlos I at court have been reversed. Because now it is the father king who travels to Latin American countries to represent Spain in some inaugurations of the leaders who always remember the mother country. Just the same task that his heir fulfilled without a single blur during her years of waiting. If pleasure getaways are added to these official trips, both those that have come to light and those that will remain secret, on the one hand the stopovers on his gastronomic route and on the other his visits to old friends, it could be said that we are facing a monarch eminently traveler.

Felipe VI has surrounded himself with a group of professionals with experience in La Zarzuela. Led by two friends of the monarch, Jaime Alfonsín, head of the House, and Jordi Gutiérrez, director of Communication, the hard core of the palace works every day to underline these differences with the past and thus maintain a future. The kings and their daughters Sofía and Leonor live in Zarzuela surrounded and protected by these men, most of them with braids on their shoulders and sashes around their waists that show their military ranks.
In these times of profound changes, that sentence may turn against him and all these efforts will not be enough to consolidate the future of the monarchy. As is narrated in these pages in detail, bipartisanship did guarantee the Bourbon transition of 2014 and, incidentally, shielded the future of Juan Carlos I, who, since he no longer has the body for hunting, lives his placid retirement between restaurants and trips deluxe. The secret operation between the PP, PSOE and the crown to achieve the change of king, without any involvement of the citizens, went perfectly for those interested, yes, but it goes back to past times and perhaps it is not enough to grant the democratic legitimacy that You need the Head of State. Sooner or later and one way or another, the Spanish will have to decide the fate of the court of Felipe VI.

Books from the authors commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/30/la-democracia-borbonica-de-como-las-elites-se-reparten-el-poder-y-el-botin-alberto-lardies-garraleta-bourbon-democracy-how-elites-share-power-and-loot-by-alberto-lardies-garraleta-spani/

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/26/la-corte-de-felipe-vi-amigos-enemigos-y-validos-las-claves-de-la-nueva-monarquia-daniel-forcada-alberto-lardies-the-court-of-felipe-vi-friends-enemies-and-favorite-the-keys-to-the-n/

2 pensamientos en “La Corte De Felipe VI. Amigos, Enemigos Y Validos: Las Claves De La Nueva Monarquía — Daniel Forcada, Alberto Lardiés / The Court of Felipe VI. Friends, Enemies And Favorite: The Keys To The New Monarchy by Daniel Forcada, Alberto Lardiés (spanish book edition)

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