Toda La Verdad Sobre El Covid-19: La Historia Del Gran Reinicio, Los Pasaportes De Vacunación Y La Nueva Normalidad — Joseph Mercola, Ronnie Cummins / The Truth About COVID-19: Exposing The Great Reset, Lockdowns, Vaccine Passports, and the New Normal by Joseph Mercola, Ronnie Cummins

Cómo enfrentar las prácticas sistemáticas de la industria farmacéutica?: ocultamiento de información, fraude, malversación de fondos, violación de las leyes, obstrucción a la justicia y a la aplicación de la ley, falsificación de testimonios, compra de profesionales sanitarios, manipulación y distorsión de los resultados de investigación, alienación del pensamiento médico y de la práctica de la medicina, divulgación de falsos mitos en los medios de comunicación, soborno de políticos y funcionarios, y corrupción de la administración del Estado y de los sistemas de salud.
La industria farmacéutica es el tercer sector de la economía mundial, luego del armamento y el narcotráfico. Sus directivos cobran sueldos obscenos y no se responsabilizan de nada que competa a la salud. ¿La OMS? Vaya, sí que están bajos de moral. La industria farmacéutica prefiere fármacos que ni curan ni matan, sino que te controlan la enfermedad. Me parece una falta de ética. Que lo haga un político nos parece mal, pero que lo haga un médico o un hospital, es horrible.
La industria se fue dando cuenta que estos conocimientos y recursos podrían ser “tomados” para convertirlos en mercancía. No sólo empezaron a llevárselos, sino que se promovieron leyes prohibiendo su siembra justamente con la intención de patentarla. En el 2007 se promulgó la Ley sobre producción, certificación y comercio de semillas, que establece multas a quien siembre sin pago del correspondiente certificado. En 2021 pretenden imponer el UPOV 91, una Ley que privatiza todas las variedades vegetales y que contempla hasta seis años de cárcel para aquellos que no se ajusten a la misma al pie de la letra.
Es que es una industria insaciable. Henry Gadsden, director de la farmacéutica Merck, afirmó en 1980: “Mi sueño es producir medicamentos para las personas sanas ”.
Ya no se conforman con vender medicamentos sólo a los enfermos, porque se puede ganar mucho dinero diciendo a los sanos que están enfermos.
La destrucción -tanto moral como económica- es necesaria para que se produzca el Gran Reinicio. La élite tecnocrática necesita que todo y todos se derrumben para justificar la implantación de su nuevo sistema. Sin la desesperación generalizada, la población del mundo nunca estaría de acuerdo con lo que han planeado, incluso a medida que aumentan la evidencia y las pruebas que demuestran que COVID-19 no es la pandemia mortal que se ha dicho que es, los tecnócratas se aferran para mantener su plan en marcha.

El autor adopta una postura bastante dura de que todo lo que ha sucedido en el mundo es parte de «El Gran Reinicio», donde los políticos, las grandes corporaciones, las grandes farmacéuticas y las élites tecnológicas dominan el mundo y reprimen a la clase de ingresos medios a bajos. (muy particular sobre Bill y Melinda Gates también). Es un gran salto de los datos presentados en el libro a la corrupción global que menciona el Dr. Mercola.
Hubo información interesante que me abrió los ojos a la pandemia de COVID-19.
1) El origen del virus fue un mercado vivo abierto en Wuhan o una fuga accidental o exposición del laboratorio de investigación de ganancia de función que se encuentra a solo unas pocas millas de distancia en Wuhan.
2) La composición genética del virus indica una fuerte proteína de espiga humana en comparación con un murciélago o pangolín.
3) La causa de la muerte por COVID-19 podría estar potencialmente exagerada. ¿El fallecido murió CON COVID o POR COVID? Podría haber escenarios en los que una persona tuvo otras complicaciones, pero se registrará como una muerte por COVID si da positivo
4) La ayuda financiera o los reembolsos otorgados a los hospitales para pacientes con COVID-19 podrían, a sabiendas o sin saberlo, sesgar a los hospitales para informar la enfermedad como COVID.
5) La prueba PCR tiene errores fatales en la lógica. La prueba PCR recolecta ARN de la cavidad nasal. Debido a su diminuto tamaño, debe amplificarse para que sea perceptible. Cada ronda de amplificación se denomina ciclo. La prueba de PCR comenzó con el umbral de ciclo «CT». Cuanto mayor sea el CT, mayor será el riesgo de que secuencias insignificantes de ADN viral terminen magnificándose hasta el punto de convertirse en una prueba positiva. Algunos científicos dicen que cualquier cosa por encima de CT de 35 es científicamente indefendible. La OMS fijó la prueba COVID PCR en 45 ciclos. Esto puede haber llevado a tantas pruebas falsas positivas innecesarias. (El autor cree que todo esto se debió a la creación intencional de Miedo).
6) Subinformación de los efectos positivos del tratamiento con hidroxicloroquina
7) Sobreinformar la efectividad de la vacunación y lo que realmente se necesita para lograr la inmunidad colectiva a través de la vacunación (dos estudios muestran entre 256 o 167 vacunas para salvar 1 caso de COVID).
8) aún no se conocen los efectos a largo plazo de la vacunación
Al final, el autor predica una buena nutrición, comer bien, reducir el estrés y hacer ejercicio, y otras medidas preventivas para detener el impacto del virus en los seres humanos a largo plazo.
Pasarán algunos años antes de que todos nos demos cuenta del impacto de esta pandemia en el mundo en el futuro y en la especie humana en general. Este libro me brinda un punto de vista muy interesante sobre el mundo desde la perspectiva de otra persona.

Los tecnócratas del gobierno, oligarcas multimillonarios, las grandes empresas farmacéuticas, de datos, los medios masivos de comunicación, el sector de altas finanzas y el aparato de inteligencia industrial militar aman las pandemias por las mismas razones que aman las guerras y los ataques terroristas. Es que las crisis catastróficas crean convenientes oportunidades para aumentar tanto el poder como la riqueza.
Sin duda, la primera víctima siempre es la libertad de expresión. Después de incrementar el pánico contra el demonio de turno, los “ladrones de guante blanco” necesitan silenciar las protestas contra su riqueza y poder.
Al incluir la libertad de expresión en la Primera Enmienda de la Constitución, James Madison sostuvo que todas las demás libertades se encuentran supeditadas a este derecho. Cualquier gobierno que pueda ocultar el daño que hace tiene el poder para cometer atrocidades.
Tan pronto como los tiranos obtienen el control sobre la autoridad, imponen una censura Orweliana y comienzan a criticar a los disidentes. Pero, al final, lo que buscan es abolir todas las formas de expresión y pensamiento creativo.
En lugar de citar estudios científicos para justificar los decretos que obligan al uso de cubrebocas, confinamientos y vacunas, los líderes médicos citan a las agencias de la Organización Mundial de la Salud, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos y los Institutos Nacionales de la Salud, que son títeres de las industrias que regulan. Múltiples investigaciones federales e internacionales documentaron los vínculos financieros con las empresas farmacéuticas que convirtieron a estas agencias reguladoras en focos de corrupción.
La iatrarquía, es decir el gobierno de los médicos, es un término poco conocido, tal vez porque los experimentos históricos relacionados con éste fueron catastróficos. La profesión médica tampoco demostró ser una enérgica defensora de las instituciones democráticas ni de los derechos civiles.
Nos aconsejan “confiar en los expertos”. Sin embargo, dicho consejo va en contra de la democracia y de la ciencia. La ciencia es dinámica. Con frecuencia, los “expertos” difieren en cuestiones científicas y sus opiniones pueden variar de acuerdo con la política, el poder y sus necesidades financieras.
Las mismas empresas de Internet que nos engatusaron a todos con la promesa de democratizar las comunicaciones crearon un mundo en el que es inadmisible hablar mal de los pronunciamientos oficiales, y prácticamente un delito criticar los productos farmacéuticos. Los mismos magnates de la tecnología, datos y telecomunicaciones, que ahora se aprovechan de nuestra clase media destruida, transforman rápidamente la democracia de los Estados Unidos en un estado policial de censura y vigilancia del que se benefician a cada paso.

En esta guerra de información, el enemigo principal es toda la industria que se considera fuente de desinformación. Este autoproclamado “Ministerio de la Verdad” asegura que se luchará contra todo aquel que contradiga los decretos de las autoridades globales y mundiales.
De manera muy conveniente, una de las compañías de relaciones públicas más grandes del mundo, Publicis Groupe, que representa a las principales compañías farmacéuticas y a las grandes compañías tecnológicas, también es propietaria de una de las agencias de verificación de datos más grandes a nivel mundial, NewsGuard.
Hace poco, un medicamento ganador del Premio Nobel, la ivermectina, fue víctima de calumnias y difamaciones, incluso se atrevieron a llamarla una “pasta antiparasitaria tóxica para caballos” a la que solo los tontos recurrirían, mientras que la FDA otorgó la aprobación total a la vacuna antiCOVID-19 de Pfizer, a pesar de que tan solo en los Estados Unidos, estas vacunas se relacionan con 15 000 muertes, 56 900 hospitalizaciones y 18 000 discapacidades permanentes.
Aunque esas cifras son bastante altas, las investigaciones demuestran que los reportes que se basan en los datos del VAERS solo representan del 1 al 10 % del número real. Así que es probable que ya se hayan superado las 100 000 muertes.
A finales de abril de 2021, la FDA agregó una etiqueta de advertencia a la vacuna antiCOVID de Janssen sobre el riesgo de coagulación sanguínea potencialmente grave en el cerebro y otros sitios, que incluyen el abdomen y las piernas, junto con trombocitopenia (recuento bajo de plaquetas), sobre todo en mujeres. A mediados de julio, se agregaron a la lista de advertencias el síndrome de Guillain-Barré y la inmunocompetencia alterada.
En junio de 2021, Pfizer y Moderna también recibieron etiquetas de advertencia para sus vacunas cuando la FDA concluyó que existe una “asociación probable” entre las vacunas de ARNm y la inflamación cardíaca en adolescentes y adultos jóvenes, por lo general después de recibir la segunda dosis.
A principios de septiembre de 2021, los Institutos Nacionales de Salud anunciaron que otorgarán $ 1.67 millones en subvenciones a cinco instituciones para investigar la relación entre los problemas menstruales y las vacunas antiCOVID. A pesar de toda la evidencia detrás de estos efectos secundarios de las vacunas antiCOVID, insisten en obligarnos a ponernos la vacuna.
Este 2021, hemos sido testigos de increíbles violaciones a los derechos humanos, incluso un presentador de CNN se atrevió a sugerir que las personas sin vacunar no deberían tener derecho a comprar alimentos. Los mandatos de vacunas y los pasaportes de vacunación se han convertido en una realidad distópica, que creará una nueva era de segregación en la que los estados, las empresas y las personas están obligados a seguir órdenes.
En Australia, las personas que dan positivo por SARS-CoV-2 se confinan en campamentos de COVID-19. Al mismo tiempo, el primer ministro australiano se comprometió a impedir que las personas sin vacunar reciban servicios médicos en los hospitales públicos.
En Nigeria, a partir del último día de septiembre de 2021, las personas sin vacunar no tendrán acceso a los servicios bancarios.
Justo cuando empezamos a darnos cuenta de que nuestras agencias de salud pública necesitan renovarse y que no se puede confiar en que nuestra salud y bienestar sean su prioridad, también se está volviendo cada vez más evidente que la pandemia del COVID-19 es un reflejo directo del estado de salud de la población: el 94 % de las muertes relacionadas con COVID-19 tienen múltiples comorbilidades. La obesidad, la deficiencia de vitamina D y la disfunción metabólica son las causas de esta pandemia y se pueden resolver al tomar control de su salud y seguir las recomendaciones alimentarias y de estilo de vida que se basan en la ciencia.

El COVID-19, junto con las medidas equivocadas y autodesctructivas que implementaron para controlar la pandemia, solo provocaron un miedo sin precedentes que nos llevó a lo que se convertiría en la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Esta pandemia puso en evidencia la crisis sanitaria por la que atraviesan la mayoría de los países, al exponer nuestras vulnerabilidades a una variedad de comorbilidades potencialmente mortales, errores médicos y la corrupción que impera en toda la industria farmacéutica.
Pero más allá de sus efectos sobre la salud y el sistema sanitario, el COVID-19 le dio a la élite global aún más facultades para fabricar mentiras y decir verdades a medias. Las grandes compañías de tecnología de Silicon Valley (Facebook, Google, Microsoft y Amazon), las grandes farmacéuticas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el gigante filantrópico Bill Gates, cuentan con funcionarios y científicos de todo el espectro político que trabajan para sus intereses. Eso generó la ola del miedo, la polarización política y la ingeniería social, todo bajo el pretexto de proteger a la población.
Casi todos los impactos que tuvo la pandemia fueron negativos o incluso catastróficos: un gran número de hospitalizaciones y muertes por COVID-19, ansiedad y miedo generalizados, polarización política extrema, censura de los medios, confinamientos draconianos, cierres de escuelas y negocios y colapso económico, incluyendo un número creciente de empresas pequeñas, medianas e incluso grandes que recurrieron a la bancarrota, junto con una cifra de 30 millones de trabajadores desempleados solo en los Estados Unidos.
Para el 20 de enero de 2021, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) reportaron que, poco más de 400 000 personas murieron de o por una complicación agravada por el COVID-19 , un promedio anual de 1096 al día.
Impulsados por el miedo, la confusión y el consentimiento fabricado, Estados Unidos, y de hecho gran parte del mundo, parecen adoptar lo que la académica, autora y activista ambiental de la India, la Dra. Vandana Shiva y otros, describen como una “dictadura digital”.
Hasta el momento, esta dictadura digital del siglo 21 parece más arraigada en China, la economía más grande y de mayor crecimiento del mundo, debido a su régimen militarizado y autoritario de vigilancia, planificación centralizada, censura y control total. Asimismo, está surgiendo un modelo globalista y occidentalizado de manipulación y control de la élite que compite, y que a la vez coopera, con la élite china.
Esta élite occidental está liderada por multimillonarios hipercapitalistas, como Bill Gates (Microsoft) y Eric Schmidt (Google), junto con las empresas de Tecnología de Silicon Valley (Facebook, Amazon, Apple, Oracle, et al.), las grandes compañías farmacéuticas, Wall Street, ejecutivos de corporativos multinacionales, el Foro Económico Mundial y el complejo de guerra biológica militar-industrial.
Los aspirantes a dictadores digitales como Bill Gates, capitalistas de la vigilancia de Silicon Valley y los políticos contratados y financiados por estas grandes compañías farmacéuticas proponen hacer estas vacunas obligatorias, así como implementar el uso de chips informáticos inyectables de biovigilancia, rastreo obligatorio, pasaportes de vacunación y en pocas palabras, eliminar los derechos constitucionales básicos.
Los ingenieros genéticos y los técnicos de laboratorio de guerra biológica, con la biomedicina y la investigación de vacunas como excusa, están, en este preciso momento, creando nuevos virus y bacterias (incluyendo la combinación de la mortal bacteria ántrax con el SARS-CoV-2 y la aerosolización de la gripe aviar) en laboratorios no regulados y propensos a accidentes.
Por último, hay grandes conflictos de intereses financieros y crecientes violaciones a la libertad de expresión por parte de las principales redes sociales y los gigantes del Internet como Facebook, Google, Amazon y sus filiales que silencian, bloquean y censuran toda la información alternativa sobre el origen, naturaleza, prevención y tratamiento del COVID-19.

Para ocultar su mala praxis científica, negligencia criminal y proteger su “derecho” de realizar investigaciones peligrosas y no reguladas que violan el tratado mundial que prohíbe la investigación de armas biológicas, así como para salvaguardar los miles de millones de dólares en ganancias anuales que generan las industrias farmacéutica y transgénica, las autoridades chinas y estadounidenses, las grandes compañías farmacéuticas, Facebook, Google y una arrogante red de científicos sin escrúpulos, han hecho todo lo que está en sus manos para encubrir el origen de la fuga de laboratorio de la pandemia de COVID-19.
Desde un principio, las autoridades del gobierno chino mintieron y trataron de ocultar las evidencias del COVID-19. Eso no es todo, también recibieron el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (de la cual China y Bill Gates son los principales proveedores de fondos), y de un grupo de ingenieros genéticos y virólogos de los Estados Unidos y otros países que estudian y diseñan virus bajo el pretexto de biomedicina o investigación de vacunas.
La primera etapa de este gran encubrimiento implicó tratar de ocultar o retrasar el hecho de admitir que forma en que esta enfermedad puso en evidencia la fragilidad de nuestro sistema alimentario, la falta de transparencia en nuestras comunidades reguladoras y científicas y las aterradoras vulnerabilidades del cuerpo humano, que ahora sufre las consecuencias de recibir comida chatarra y de exponerse a sustancias químicas tóxicas.
La segunda etapa del gran encubrimiento, que por desgracia muchos medios de comunicación decidieron ignorar, incluyó la destrucción sistemática de evidencia forense:
. eliminar las pruebas y muestras que se tomaron en el mercado de Wuhan y laboratorios cercanos a finales de diciembre de 2019
• la toma del Instituto de Virología de Wuhan por el ejército chino y la censura de su principal especialista en armas biológicas el 26 de enero de 2020
• eliminar las bases de datos públicas en línea de 20.000 genomas de virus de murciélago que el Instituto de Virología de Wuhan y otros laboratorios habían recopilado
• censurar e incluso desaparecer a científicos chinos que señalaron que era posible que el SARS-CoV-2 se hubiera fugado de un laboratorio y que tuviera el potencial de causar una pandemia peligrosa
• prohibir que se publicaran artículos sobre el SARS-CoV-2 sin la aprobación formal previa del ejército chino
• alterar en secreto los conjuntos de datos de artículos publicados sin emitir notificaciones de corrección
• eliminar unos 300 estudios de coronavirus de la base de datos estatal de la Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China 29 en enero de 2021, que incluían los estudios que se realizaron en el Instituto de Virología de Wuhan.
Además de destruir toda la evidencia, desde el principio decidieron sostener una narrativa fabricada que descartaba la teoría del origen de fuga de laboratorio, la cual mantienen hasta la fecha. Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance que canalizó el dinero de la subvención de los NIH al Instituto de Virología de Wuhan para la investigación del coronavirus, formó parte importante de ese plan.
El 18 de febrero de 2020, The Lancet publicó una declaración científica firmada por 27 investigadores que denunciaba las teorías de que el COVID-19 provenía de un laboratorio, al afirmar: “nos unimos para condenar enérgicamente las teorías de la conspiración que sugieren que el COVID-19 no tiene un origen natural.
Parece curioso que, aunque las autoridades chinas todavía niegan las acusaciones de fuga de laboratorio, a raíz de la pandemia, los laboratorios de biomedicina/biodefensa en China, incluyendo el Instituto de Virología de Wuhan y el Centro para el Control de Enfermedades, implementaron nuevos procedimientos de laboratorio para reforzar las medidas de seguridad y protección.
En enero de 2020, un periódico de Beijing informó que el “paciente cero”, la primera víctima del virus COVID-19, en realidad fue Huang Yanling, una científica del Laboratorio de Virología de Wuhan, y aunque este informe se eliminó del Internet, este rumor sigue en boca de muchas personas.

Robert Kennedy, Jr. evidenció la participación del Dr. Anthony Fauci, la supuesta “voz racional” de la Administración de Trump con respecto al COVID-19, al financiar a los laboratorios de Wuhan para crear virus como armas:
Daily Mail Today informó que encontró documentos que demuestran que, en medio de la controversia por la fuga de laboratorio, el NIAID de Anthony Fauci otorgó $ 3.7 millones a científicos del laboratorio de Wuhan.
Según el periódico británico, “la subvención federal financió experimentos con murciélagos de las cuevas donde se cree que se originó el virus”. Antecedentes: tras el brote de coronavirus del SARS entre 2002 y 2003, los NIH financiaron una colaboración entre científicos chinos, virólogos del militar estadounidenses del laboratorio de armas biológicas en Ft. Detrick y científicos del NIAD que tenían como objetivo prevenir futuros brotes de coronavirus al estudiar la evolución de cepas virulentas de murciélagos en tejidos humanos.
Cuando se dio a conocer de manera pública que la teoría del “mercado de mariscos” del gobierno chino era una farsa, la mayoría de los medios de comunicación y autoridades sanitarias de todo el mundo, sin duda algo avergonzadas y desconcertadas, dieron muy poca cobertura a esta noticia.
Las autoridades chinas y los científicos de “ganancia de función” se apresuraron a dar otra versión oficial sobre el origen del virus y dijeron que, al analizar las especies de huéspedes de coronavirus, creían que de alguna forma, los murciélagos de herradura infectaron a uno de los animales de un cargamento de pangolines salvajes que traían de contrabando desde Malasia, a unos 1600 kilómetros de las cuevas de los murciélagos, y en un incidente sin precedentes de recombinación genética, esto permitió que el coronavirus del murciélago se volviera muy infeccioso y, por lo consiguiente, capaz de provocar una pandemia.
De alguna manera, el coronavirus se “alteró” para infectar a los seres humanos desde el primer día, algo característico de un virus de laboratorio y no de un virus que circula y se propaga poco a poco entre los seres humanos en un entorno natural.
Como lo señaló un grupo de investigadores: “nuestras observaciones sugieren que cuando se detectó el SARS-CoV-2 por primera vez a finales de 2019, ya estaba preadaptado a la transmisión humana de un modo muy similar al SARS-Cov de la epidemia previa. Pero no se han detectado precursores o ramas de la evolución derivadas de un virus similar al SARS-CoV-2 menos adaptado a los humanos”.
En otras palabras, lejos de ser un virus que evolucionó de forma natural de los murciélagos y luego haber pasado a una especie intermedia para luego filtrarse en los humanos y convertirse en una enfermedad infecciosa, existe evidencia científica muy sólida de que el virus SARS-CoV-2 se creó en un laboratorio.
Esto no significa que el SARS-CoV-2 se liberó de forma deliberada, pero sí apunta a la probabilidad muy alta de que ya estaba preparado para infectar a los humanos cuando salió del laboratorio.

La vacuna de vía rápida (Pandemrix) contra la gripe porcina de 2009 que se autorizó en Europa, resultó ser todo un desastre. En 2011, se le relacionó con la narcolepsia infantil, cuyas tasas incrementaron de manera repentina en varios países. Después, en 2019, los investigadores describieron una “relación novedosa entre la narcolepsia con Pandemrix y el gen de ARN no codificante GDNF-AS1”, un gen que supuestamente regula la producción del factor neurotrófico derivado de la línea celular glial o GDNF, una proteína que desempeña un papel importante en la supervivencia neuronal. También confirmaron una fuerte relación entre la narcolepsia inducida por la vacuna y un cierto haplotipo, lo que sugiere que, “una variación en los genes relacionados con el sistema inmunológico y la supervivencia neuronal, podría ser fundamental para aumentar la susceptibilidad a la narcolepsia inducida por Pandemrix en ciertas personas”.
Al igual que con el COVID-19, hay evidencia que sugiere que la gripe porcina del 2009 fue el resultado de la ingeniería genética y un accidente de laboratorio. Un artículo de 2009 que se publicó en New England Journal of Medicine señala: “un estudio del origen genético del virus demostró que estaba estrechamente relacionado con una cepa de 1950 pero diferente a las cepas de la influenza A (H1N1) de 1947 y 1957, este hallazgo sugirió que la cepa del brote de 1977 se había conservado desde 1950. El resurgimiento probablemente fue una liberación accidental de una fuente de laboratorio en el contexto de disminuir la inmunidad poblacional a los antígenos H1 y N1”.
La pregunta es: ¿quién se beneficiará de toda esta histeria y paranoia? Sin duda, ya sabe la respuesta, claro que las grandes compañías farmacéuticas, pero también la grandes compañías agrícolas y tecnológicas, así como los tecnócratas que buscan imponer el Nuevo Orden Mundial.

Aunque la tecnocracia solía ser un club privado en donde era más fácil identificar a sus miembros, hoy en día eso ha cambiado. Según Wood, sus miembros más importantes también forman parte de la Comisión Trilateral. Los nombres más populares en el grupo Trilateral de los Estados Unidos incluyen a Henry Kissinger, Michael Bloomberg y los pesos pesados de Google, Eric Schmidt y Susan Molinari, vicepresidenta de políticas públicas de la compañía. Otros grupos incluyen:
• Club de Roma.
• The Aspen Institute, que ha preparado y asesorado a ejecutivos de todo el mundo sobre la globalización. Muchos de sus miembros también forman parte de la Comisión Trilateral.
• The Atlantic Institute.
• Institución Brookings y otros institutos de investigación.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), que es la rama médica de la ONU, también es una de las protagonistas del plan tecnocrático, al igual que el Foro Económico Mundial (FEM), que sirve como rama social y económica de la ONU y que es la organización anfitriona de la conferencia anual de multimillonarios en Davos, Suiza. Klaus Schwab fundó el Foro Económico Mundial y es autor de los libros, La Cuarta Revolución Industrial (2016), Dando forma la Cuarta Revolución Industrial (2018) y COVID-19: El Gran Reinicio.
La Fundación Bill y Melinda Gates se convirtió en el mayor financiador de la OMS cuando a mediados de abril de 2020, el gobierno estadounidense suspendió la financiación hasta que la Casa Blanca realizara una revisión sobre cómo la OMS manejaba la pandemia del COVID-19. Gavi, the Vaccine Alliance, una asociación entre Gates y las grandes compañías farmacéuticas que tiene como objetivo resolver los problemas de salud global a través de vacunas, también es uno de los principales financiadores de la OMS y una de las iniciativas del FME. La forma en que Klaus Schwab describe a Gavi dice mucho sobre su forma de pensar: “en muchos aspectos, [Gavi] es un modelo a seguir sobre cómo el sector público y privado pueden y deben cooperar entre sí, lo que le permite trabajar de manera más eficiente que si trabajaran los gobiernos solos o las compañías solas o la sociedad civil sola”.
Además de otorgar donaciones a organizaciones sin fines de lucro, Gates también subvenciona a compañías privadas con fines de lucro. De acuerdo con The Nation , la Fundación Gates ha donado unos $ 250 millones en subvenciones caritativas a compañías en las que la fundación posee acciones y bonos corporativos. En otras palabras, la Fundación Gates da dinero a compañías de las que se beneficiará de forma monetaria a cambio de sus “donaciones”. Como resultado, cuanto más dinero donan Gates y su fundación, mayor es su riqueza. Parte de esta riqueza se debe a las exenciones de impuestos otorgadas por donaciones de caridad. En resumen, es un esquema perfecto que lo ayuda a evadir impuestos, mientras maximiza sus ingresos.
Sin duda, la “filantropía” de Gates también ha sido protagonista de la pandemia del COVID-19, ya que ha sacado mucha tajada, una vez más, al invertir en las industrias a las que realiza donaciones caritativas y al promover una agenda global de salud pública que beneficia las compañías en las que invierte.
Casi todos los aspectos de la pandemia involucran organizaciones, grupos y personas que reciben dinero de Gates, por supuesto que esto incluye a la Organización Mundial de la Salud, pero también a los dos grupos de investigación responsables que determinan las decisiones sobre los confinamientos en el Reino Unido y los Estados Unidos, el equipo de investigación de COVID-19 del Imperial College y el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud.
Neil Ferguson, profesor de biología matemática en el Imperial College de Londres, elaboró una serie de predicciones pandémicas que resultaron ser totalmente erróneas, incluyendo su predicción de 2005 de que 200 millones de personas morirían a causa de la gripe aviar. Entre 2003 y 2009, el número real de muertos fue de solo 282 a nivel mundial.
En 2020, el modelo del Imperial College de Ferguson para el COVID-19, en el que confían los gobiernos de todo el mundo, ayudó a crear las medidas de respuesta más draconianas de la era moderna para una pandemia. Estimó que, si no se implementaban estas medidas, en el Reino Unido habría una cifra de muertos de más de 500 000, mientras que en los Estados Unidos unas 2.2 millones. Este es precisamente el tipo de desinformación oportuna y una gran exageración del riesgo, justo lo que necesita Gates para impulsar sus propias agendas tecnológicas, que también involucran a las vacunas.

El virus en sí no es la causa principal de la mayoría de las hospitalizaciones y muertes por COVID-19, más bien empeora las enfermedades crónicas con alta mortalidad que son muy comunes entre la población. Así que estas comorbilidades, junto con la negligencia médica (y otros factores que ya hemos mencionado y de los que hablaremos más adelante) son la causa principal de las hospitalizaciones y muertes por COVID-19. En pocas palabras: las personas no mueren a causa del virus , más bien, mueren con el COVID-19.

¿Alguna vez se ha preguntado por qué los medios de comunicación no dicen nada sobre los confinamientos y el daño que han causado? Esto no solo se trata de negacionismo. La narrativa oficial es que la única opción era olvidarnos de la vida como solía ser y encerrarnos en casa. Pero por desgracia, nada podría estar más lejos de la realidad. Jamás, en la historia de la humanidad, había ocurrido algo como esto. Los confinamientos son una descarada violación a los derechos fundamentales, las libertades y el estado de derecho. Y los resultados son muy evidentes.
A pesar de un año entero de confinamientos y toda la información disponible desde febrero de 2020, el público todavía no entiende que los factores principales en las muertes por COVID-19 son la edad y el estado de salud…
En Japón, donde no se implementaron medidas de confinamiento, las estadísticas revelan que se suicidaron más personas en el mes de octubre que las que murieron por COVID-19 en todo el año. Aunque solo 2087 personas en Japón habían muerto por COVID-19 hasta el 27 de noviembre de 2020, el número de suicidios fue de 2,153 solo en octubre. Las mujeres constituyen la mayor parte de los suicidios, mientras que las líneas de ayuda también informan que las mujeres tienen pensamientos de matar a sus hijos por desesperación.
Al analizarla de forma detenida, se vuelve evidente que la pandemia se prolonga y se agrava por una razón, y no precisamente porque los gobernantes se preocupen por salvar vidas, sino todo lo contrario. Es una táctica para esclavizar a la población mundial dentro de un sistema de vigilancia digital, por medio de un sistema tan antinatural e inhumano que ninguna población racional lo aceptaría de forma voluntaria.
Es momento de hacernos algunas preguntas muy urgentes. ¿Vale la pena esperar a que el gobierno acabe con todo el virus y detenga todas las muertes? Ya demostraron que no pueden hacerlo, pero seguimos renunciando a más libertades porque afirman que esto mantendrá la seguridad. Es una mentira tentadora, pero una mentira de todos modos.
Tarde o temprano tendrá que decidir qué es más importante: los derechos humanos y las libertades constitucionales, o la falsa seguridad.

El incremento radical en el consumo de alimentos procesados ha provocado la epidemia de enfermedades crónicas de la que hemos sido testigos en los últimos 100 años, algo que es fácil de comprobar al analizar las estadísticas generales de salud, mortalidad, y ahora del COVID-19. La mayoría de las personas que experimentan una enfermedad grave por COVID no solo tienen una, sino varias enfermedades o comorbilidades subyacentes.
Las más comunes incluyen resistencia a la insulina, obesidad, diabetes e hipertensión, sin embargo, hay otras afecciones como las enfermedades pulmonares, el cáncer y la demencia que también han contribuido con este problema. Pero ¿por qué son estas enfermedades tan comunes?
En muchos aspectos, debemos responsabilizar a las grandes compañías agrícolas, alimentarias y farmacéuticas por esta pandemia, ya que son responsables de la epidemia de mala salud crónica que está detrás de los casos graves por COVID-19. A pesar de que estas industrias nos han hecho creer que es normal tener una enfermedad crónica, es muy importante entender que no hay nada normal en eso, de hecho, ni siquiera debería considerarse algo aceptable. Existen estrategias simples, seguras, muy efectivas y relativamente económicas que pueden estimular su sistema inmunológico para ayudarlo a protegerse no solo del COVID-19 sino de prácticamente todas las enfermedades crónicas.
La inmunidad natural es de por vida, pero la inmunidad artificial de vacunas sintéticas y potencialmente dañinas es temporal. A la larga, la única forma de erradicar el COVID-19 es mejorando la salud de la población y para lograrlo, debemos hacer hincapié en la importancia de una alimentación saludable.

El COVID-19 no distingue a quién infecta, pero sí distingue a quién mata. Además de las personas de edad avanzada, también afecta a personas de raza negra, así como a personas con obesidad o enfermedades preexistentes. Pero ¿qué tienen en común estos tres factores? Los alimentos ultraprocesados. Y es que este tipo de alimentos produce inflamación en el cuerpo, lo que crea el entorno perfecto para el COVID-19.
Así que nunca es demasiado tarde para mejorar su alimentación.
Además de consumir alimentos naturales (idealmente orgánicos) e implementar una alimentación con restricción de tiempo, el ejercicio es una estrategia fundamental para reforzar su función inmunológica. Según una investigación que se publicó en la edición del 19 de marzo de 2020 de Redox Biology , hacer ejercicio con regularidad también puede ayudar a prevenir el síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), que es muy común en la enfermedad por COVID-19.
Los niveles bajos de vitamina D se relacionan con peores resultados por COVID-19 es realmente abrumadora. De hecho, además de la resistencia a la insulina, la deficiencia de vitamina D es uno de los principales factores de riesgo de enfermedad grave por COVID-19 y muerte. Incluso se ha demostrado que tener niveles elevados de vitamina D reduce el riesgo de dar positivo en la prueba del virus.

Las compañías farmacéuticas suelen aparentar una imagen de entidades benévolas que invierten miles de millones de dólares en investigaciones con el fin de poder crear nuevos medicamentos y vacunas por el bien de la humanidad. Pero la verdad es que gastan mucho más en campañas de marketing que en investigaciones. De acuerdo con una columna que se publicó en New York Times sobre el medicamento antiviral Remdesivir en enero de 2020, el gigante biotecnológico Gilead Sciences comenzó a distribuir Remdesivir bajo el llamado uso compasivo.
El hecho de que las compañías farmacéuticas ofrezcan medicamentos a pacientes en crisis es algo noble y altruista. La columna del Times incluso señaló: “dado lo que está en juego, sería perverso no apoyar el éxito de Gilead… . Durante las pandemias, las grandes compañías farmacéuticas no deberían tener enemigos”. Pero la realidad es que la industria farmacéutica desarrolla medicamentos con dinero de los contribuyentes, a quienes luego les da la espalda y les vende sus productos a precios demasiado elevados.
Uno de los ejemplos más claros de que la ciencia se ha manipulado con el fin de promover y empeorar la pandemia de COVID-19, es el cese anticipado del uso de hidroxicloroquina. A pesar de que en un principio muchos médicos que trabajan en la primera línea de la pandemia elogiaron su efectividad, de pronto, se desató una campaña que desprestigió a este medicamento.
En España, donde el 72 % de los médicos utilizaba hidroxicloroquina, el 75 % la consideraba “la terapia más efectiva”. La mayoría de los médicos utilizaron una dosis de 400 miligramos al día.
Todos los esfuerzos para evitar que los profesionales médicos utilicen la hidroxicloroquina es otra prueba de que la pandemia de COVID-19 tiene un motivo oculto. Es simple, si al sistema médico le importara la vida de las personas, utilizarían cualquier cosa que funcione. El hecho de que hicieron todo lo posible para difamar un medicamento que ha existido durante décadas y que tiene excelente perfil de seguridad demuestra que no se trata de un sistema médico real, sino de la tecnocracia médica. La censura y manipulación de la información médica es parte fundamental de la ingeniería social de este sistema.

Si lee los comunicados de prensa de Pfizer y Moderna, así como otra información sobre ensayos clínicos, notará que omiten información crucial. Por ejemplo:
• No especifican el umbral de ciclo que utilizaron para las pruebas de PCR en las que basan su recuento de casos de COVID-19, que es información muy importante para determinar la precisión de esas pruebas.
• No mencionan nada sobre las hospitalizaciones o muertes.
• No hay información sobre si las vacunas previenen la infección asintomática y la transmisión del virus SARS-CoV-2, ya que, si la tasa de eficacia de la vacuna solo previene la enfermedad sintomática de moderada a grave y no la infección y la transmisión, será imposible que la vacuna ayude a alcanzar la inmunidad colectiva.
• No establecen cuánto dura la protección contra la enfermedad sintomática de moderada a grave. Algunos investigadores sugieren que se requerirán dosis de refuerzo frecuentes, quizás cada tres a seis meses o cada año.
El efecto secundario más inquietante que se ha reportado en las últimas fases de los ensayos de vacunas fue la mielitis transversa: inflamación de la médula espinal. Sin embargo, ahora que las vacunas de Moderna y Pfizer se han administrado a decenas de miles de personas con todo tipo de problemas de salud subyacentes, estamos comenzando a ver una serie de efectos secundarios aún más preocupantes.
A las pocas semanas de que las vacunas estuvieran disponibles (sobre todo para los trabajadores de atención médica de primera línea y los residentes de asilos de ancianos) los medios de comunicación y redes sociales más populares comenzaron reportar efectos secundarios graves que incluyeron:
• Malestar persistente y agotamiento extremo.
• Reacciones anafilácticas.
• Síndrome inflamatorio multisistémico.
• Ataques y convulsiones crónicas.
• Parálisis, incluyendo casos de parálisis de Bell.

Aunque los fabricantes de vacunas insistan que si una vacuna llega al mercado significa que se sometió a pruebas rigurosas, el diseño de los protocolos de prueba demuestra todo lo contrario.
Las vacunas se aprobaron incluso cuando no existía ninguna eficacia para prevenir la infección. De hecho, prevenir la infección ni siquiera formó parte de los criterios para aprobar una vacuna antiCOVID-19. El único criterio para aprobarlas fue reducir los síntomas del COVID-19 de moderados a graves, e incluso bajo esas circunstancias, la reducción requerida era mínima. En septiembre de 2020, en un artículo de Forbes , William Haseltine destacó los parámetros cuestionables de estos ensayos: “todos esperamos una vacuna efectiva para prevenir enfermedades graves en caso de infectarnos. Tres de los protocolos de vacunas, Moderna, Pfizer y AstraZeneca, no requieren que su vacuna prevenga enfermedades graves, solo que prevengan síntomas moderados que pueden ser tan leves como tos o dolor de cabeza”.

Una gran cantidad de datos sugieren que la vacuna antiCOVID-19 es innecesaria, lo que significa que se está engañando a la población mundial para que participe en un experimento peligroso y sin precedentes, sin ninguna razón sólida. Por ejemplo:
• La mortalidad por COVID-19 es muy baja fuera de los asilos de ancianos: el 99.7 % de las personas se recupera del COVID-19. Si tiene menos de 60 años, su probabilidad de morir de influenza estacional es mayor que su probabilidad de morir de COVID-19.
• Los datos demuestran claramente que el COVID-19 no ha provocado un exceso de mortalidad, lo que significa que, durante la pandemia, ha muerto el mismo número promedio de personas que mueren cada año.
• Múltiples estudios sugieren que la inmunidad contra la infección por SARS-CoV-2 es mayor de lo que se pensaba, esto gracias a la reactividad cruzada con otros coronavirus que causan el resfriado común.
• No está claro si las personas asintomáticas infectadas con SARS-CoV-2 tienen más o menos probabilidades de propagar el SARS-CoV-2, pero un estudio que analizó los datos de las pruebas de PCR de casi 10 millones de residentes en la ciudad de Wuhan encontró que ni una sola de las personas que habían estado en contacto cercano con una persona asintomática (alguien que dio positivo, pero no tenía síntomas) se había infectado con el virus.

Ha habido una resistencia global considerable a la vacunación obligatoria contra el COVID-19, pero incluso si la vacuna termina siendo “voluntaria”, negarse a tomarla puede terminar causando graves implicaciones en las personas que disfrutan de su libertad.
El Proyecto Commons, el Foro Económico Mundial y la Fundación Rockefeller han unido fuerzas para crear CommonPass, un “pasaporte de salud” digital que se espera se implemente en casi todo el mundo. En otras palabras, si quiere viajar, tendrá que ponerse la vacuna y cruzar los dedos para no tener la mala suerte de sufrir un efecto secundario permanente.
Los preparativos de CommonPass empezaron el 21 de abril de 2020 en un documento técnico de la Fundación Rockefeller, y según este documento, está claro que la prueba de vacunación es parte de una estructura permanente de vigilancia y control social, una que limitará gran parte de su vida personal y su libertad para tomar decisiones.
No hay absolutamente ningún indicio de que la prueba del estado de vacunación se vuelva obsoleta una vez que se declare el fin de la pandemia del COVID-19, y la razón de esto es que la pandemia se está utilizando como justificación para el Gran Reinicio, que marcará el comienzo de un nuevo sistema de tecnocracia que se basa en la vigilancia digital y la ingeniería social para controlar a la población.
La prueba de vacunación permite que se implemente una forma de rastreo muy invasiva que se expandirá con el tiempo. El sistema de seguimiento propuesto por la Fundación Rockefeller exige acceso a todos sus datos médicos, lo que nos dice que el sistema tendrá otros usos además del seguimiento de los casos de COVID-19.

La esclavitud es el negocio más rentable de la historia del mundo y, con la tecnología moderna, ahora es posible tener el control total. Se puede acabar con cualquier rebelión. La tecnología también permite que un grupo muy pequeño de personas ejerza un gran poder sobre las masas.
No haga caso de las tonterías sobre la transmisión asintomática, la pandemia de PCR y todas las estadísticas falsas que se utilizan para asustarlo. Busque la verdad, tome control de su salud y hable de forma franca y abierta para que juntos podamos acabar con su arma principal que es el miedo.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/05/30/contra-el-cancer-joseph-mercola-fat-for-fuel-a-revolutionary-diet-to-combat-cancer-boost-bra-in-power-and-increase-your-energy-by-joseph-mercola/

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/26/toda-la-verdad-sobre-el-covid-19-la-historia-del-gran-reinicio-los-pasaportes-de-vacunacion-y-la-nueva-normalidad-joseph-mercola-ronnie-cummins-the-truth-about-covid-19-exposing-the-gr/

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How to deal with the systematic practices of the pharmaceutical industry?: concealment of information, fraud, embezzlement, violation of laws, obstruction of justice and the application of the law, falsification of testimonies, purchase of health professionals, manipulation and distortion of the results of research, alienation of medical thought and the practice of medicine, dissemination of false myths in the media, bribery of politicians and officials, and corruption of the State administration and health systems.
The pharmaceutical industry is the third largest sector in the world economy, after weapons and drug trafficking. Its managers earn obscene salaries and are not responsible for anything that concerns health. The OMS? Wow, they are low in morale. The pharmaceutical industry prefers drugs that neither cure nor kill, but control the disease. It seems unethical to me. That a politician does it seems wrong to us, but that a doctor or a hospital does it, it’s horrible.
The industry was realizing that this knowledge and resources could be «taken» to turn them into merchandise. Not only did they begin to take them away, but laws were promoted prohibiting their cultivation precisely with the intention of patenting it. In 2007, the Law on the production, certification and trade of seeds was enacted, which establishes fines for those who sow without payment of the corresponding certificate. In 2021 they intend to impose UPOV 91, a Law that privatizes all plant varieties and that contemplates up to six years in prison for those who do not comply with it to the letter.
It’s just an insatiable industry. Henry Gadsden, director of the pharmaceutical company Merck, stated in 1980: “My dream is to produce medicines for healthy people”.
They are no longer satisfied with selling medicines only to the sick, because there is a lot of money to be made by telling the healthy that they are sick.
Destruction – both moral and economic – is necessary for the Great Reset to occur. The technocratic elite needs everything and everyone to collapse to justify the implementation of their new system. Without widespread despair, the population of the world would never agree to what they have planned, even as evidence and evidence mounts showing that COVID-19 is not the deadly pandemic it has been made out to be, technocrats are cling to keep their plan going.

The author takes a pretty hard stance that everything that has gone on in the world is part of «The Great Reset», where politicians, big corporations, big pharma and the technological elites are dominating the world and suppressing the mid to low income class. (very particular about Bill and Melinda Gates too). It is a great leap from the data presented in the book to the global corruption that Dr. Mercola mentions.
There was some interesting information that opened my eyes to the COVID-19 pandemic.
1) The origin of the virus was from an open live market in Wuhan or an accidental leak or exposure from gain-of-function research lab with which only a few miles away in Wuhan.
2) The genetic makeup of the virus indicates a strong human spike protein as opposed to a bat or pangolin
3) The cause of death of COVID-19 potentially could be overstated. Did the deceased die WITH COVID or FROM COVID? There could be scenarios where a person had other complications but will be registered as a COVID death if tested positive
4) Financial aid or reimbursements given to hospitals for COVID-19 patients could, knowingly or unknowingly, bias hospitals to report illness as COVID
5) PCR test has fatal errors in logic. The PCR test collects RNA from the nasal cavity. Due to its tiny size, it must be amplified to become discernable. Each round of amplification is called a cycle. The PCR test started with cycle threshold «CT». The greater the CT the greater the risk that insignificant sequences of viral DNA end up being magnified to the point of it becoming a positive test. Some scientists say anything over CT of 35 is scientifically indefensible. WHO set the COVID PCR test at 45 cycles. This may have lead to so many unnecessary false positive tests. (The author believes this was all due to intentional Fear creation).
6) Under reporting the positive effects of Hydroxychloroquine treatment
7) Over-reporting vaccination effectiveness and what it actually takes to achieve herd immunity through vaccination (two studies show anywhere from 256 or 167 vaccinations to save 1 COVID case).
8) long term effects of the vaccination is not yet understood
In the end, the author preaches good nutrition, eating right, lowering stress and exercising, and other preventing measures to stop virus impact to human beings over the long run.
It will take a few years before we all realize the impact of this pandemic on the world going forward and on the human species in general. This book provide me with a very interesting viewpoint on the world from another person’s perspective.

Government technocrats, billionaire oligarchs, Big Pharma, Big Data, the mass media, high finance, and the military industrial intelligence apparatus love pandemics for the same reasons they love wars and terrorist attacks. It is that catastrophic crises create convenient opportunities to increase both power and wealth.
Without a doubt, the first victim is always freedom of expression. After increasing the panic against the devil of the day, the «white collar thieves» need to silence the protests against their wealth and power.
By including freedom of expression in the First Amendment of the Constitution, James Madison held that all other freedoms are subservient to this right. Any government that can hide the damage it does has the power to commit atrocities.
As soon as the tyrants gain control over authority, they impose Orwellian censorship and begin criticizing dissenters. But, in the end, what they seek is to abolish all forms of expression and creative thought.
Instead of citing scientific studies to justify mandates mandating face coverings, lockdowns, and vaccinations, medical leaders cite agencies from the World Health Organization, the Centers for Disease Control and Prevention, the US Food and Drug Administration and the National Institutes of Health, which are puppets of the industries they regulate. Multiple federal and international investigations documented the financial ties to pharmaceutical companies that made these regulatory agencies hotbeds of corruption.
Iatrarchy, that is, the government of doctors, is a little-known term, perhaps because the historical experiments related to it were catastrophic. Nor did the medical profession prove to be a strong defender of democratic institutions and civil rights.
They advise us to “trust the experts”. However, such advice goes against democracy and science. Science is dynamic. «Experts» often differ on scientific issues, and their opinions may vary according to politics, power, and financial needs.
The same Internet companies that lured us all with the promise of democratizing communications created a world in which it is inadmissible to speak ill of official pronouncements, and practically a crime to criticize pharmaceutical products. The same tech, data, and telecom tycoons now preying on our shattered middle class are rapidly transforming America’s democracy into a police state of censorship and surveillance that they profit at every turn.

In this information war, the main enemy is the entire industry that is considered a source of disinformation. This self-proclaimed «Ministry of Truth» ensures that anyone who contradicts the decrees of global and world authorities will be fought.
Conveniently enough, one of the world’s largest public relations companies, Publicis Groupe, which represents major pharmaceutical companies and big tech companies, also owns one of the world’s largest fact-checking agencies. , NewsGuard.
Recently, a Nobel Prize-winning drug, ivermectin, was the victim of smears and smears, even daring to call it a “toxic deworming paste for horses” that only fools would resort to, while the FDA gave full approval to Pfizer’s COVID-19 vaccine, despite the fact that in the United States alone, these vaccines are associated with 15,000 deaths, 56,900 hospitalizations, and 18,000 permanent disabilities.
Although those numbers are quite high, research shows that reports based on VAERS data only represent 1-10% of the true number. So it is likely that the 100,000 deaths have already been exceeded.
In late April 2021, the FDA added a warning label to Janssen’s COVID-19 vaccine about the risk of potentially serious blood clotting in the brain and other sites, including the abdomen and legs, along with thrombocytopenia (low blood counts). platelets), especially in women. In mid-July, Guillain-Barré syndrome and impaired immunocompetence were added to the list of warnings.
In June 2021, Pfizer and Moderna also received warning labels for their vaccines when the FDA concluded that there is a «likely association» between mRNA vaccines and heart inflammation in adolescents and young adults, usually after receiving the second vaccine. dose.
In early September 2021, the National Institutes of Health announced that they will award $1.67 million in grants to five institutions to investigate the relationship between menstrual problems and anti-COVID vaccines. Despite all the evidence behind these anti-COVID vaccine side effects, they insist on forcing us to get the vaccine.
This 2021, we have witnessed incredible human rights violations, even a CNN presenter dared to suggest that unvaccinated people should not have the right to buy food. Vaccine mandates and vaccination passports have become a dystopian reality, which will create a new era of segregation where states, businesses, and individuals are forced to follow orders.
In Australia, people who test positive for SARS-CoV-2 are confined to COVID-19 camps. At the same time, the Australian Prime Minister pledged to prevent unvaccinated people from receiving medical services in public hospitals.
In Nigeria, as of the last day of September 2021, unvaccinated people will not have access to banking services.
Just as we begin to realize that our public health agencies need a revamp and that our health and well-being cannot be trusted to be their priority, it is also becoming increasingly apparent that the COVID-19 pandemic is a direct reflection of the health status of the population: 94% of deaths related to COVID-19 have multiple comorbidities. Obesity, vitamin D deficiency, and metabolic dysfunction are at the root of this pandemic and can be resolved by taking control of your health and following science-based dietary and lifestyle recommendations.

COVID-19, along with the misguided and self-defeating measures they put in place to control the pandemic, only created unprecedented fear that led to what would become the worst crisis since World War II. This pandemic exposed the health crisis that most countries are experiencing, exposing our vulnerabilities to a variety of life-threatening comorbidities, medical errors, and the corruption that is rampant throughout the pharmaceutical industry.
But beyond its effects on health and the health system, COVID-19 gave the global elite even more power to fabricate lies and tell half-truths. Silicon Valley’s big tech companies (Facebook, Google, Microsoft, and Amazon), Big Pharma, the World Health Organization (WHO), and philanthropic giant Bill Gates have officials and scientists from across the political spectrum working for your interests. That generated the wave of fear, political polarization and social engineering, all under the pretext of protecting the population.
Nearly all of the impacts the pandemic had were negative or even catastrophic: large numbers of COVID-19 hospitalizations and deaths, widespread anxiety and fear, extreme political polarization, media censorship, draconian lockdowns, school and business closures, and collapse. economy, including a growing number of small, medium and even large companies resorting to bankruptcy, along with a figure of 30 million unemployed workers in the United States alone.
As of January 20, 2021, the Centers for Disease Control and Prevention (CDC) reported that just over 400,000 people died of or from a complication aggravated by COVID-19, an annual average of 1,096 per day.
Driven by fear, confusion, and manufactured consent, the United States, and indeed much of the world, seem to embrace what Indian academic, author, and environmental activist Dr. Vandana Shiva and others describe as a “ digital dictatorship.
So far, this 21st century digital dictatorship seems most entrenched in China, the world’s largest and fastest growing economy, due to its militarized and authoritarian regime of surveillance, central planning, censorship and total control. Likewise, a globalist and westernized model of manipulation and control of the elite that competes and cooperates with the Chinese elite is emerging.
This Western elite is led by hyper-capitalist billionaires, such as Bill Gates (Microsoft) and Eric Schmidt (Google), along with Silicon Valley Tech companies (Facebook, Amazon, Apple, Oracle, et al.), Big Pharma, Wall Street, multinational corporate executives, the World Economic Forum, and the military-industrial biological warfare complex.
Would-be digital dictators like Bill Gates, Silicon Valley surveillance capitalists, and politicians hired and funded by these big pharmaceutical companies propose making these vaccines mandatory, as well as implementing the use of injectable biosurveillance computer chips, mandatory tracing, passports of vaccination and in short, eliminate basic constitutional rights.
Genetic engineers and biological warfare lab technicians, using biomedicine and vaccine research as an excuse, are, at this very moment, creating new viruses and bacteria (including the combination of deadly anthrax bacteria with SARS-CoV- 2 and the aerosolization of avian influenza) in unregulated and accident-prone laboratories.
Finally, there are major financial conflicts of interest and growing violations of freedom of expression by the major social networks and Internet giants like Facebook, Google, Amazon and their affiliates that silence, block and censor all alternative information about the origin, nature, prevention and treatment of COVID-19.

To hide their scientific malpractice, criminal negligence, and protect their «right» to conduct dangerous and unregulated research that violates the global treaty banning biological weapons research, as well as to safeguard the billions of dollars in annual profits they generate the pharmaceutical and transgenic industries, the Chinese and American authorities, the big pharmaceutical companies, Facebook, Google and an arrogant network of unscrupulous scientists, have done everything in their power to cover up the origin of the pandemic lab leak of COVID-19.
From the beginning, the Chinese government authorities lied and tried to hide the evidence of COVID-19. That’s not all, they also received support from the World Health Organization (of which China and Bill Gates are the main funders), and from a group of genetic engineers and virologists from the United States and other countries studying and engineer viruses under the guise of biomedicine or vaccine research.
The first stage of this great cover-up involved trying to hide or delay admitting how this disease exposed the fragility of our food system, the lack of transparency in our regulatory and scientific communities, and the terrifying vulnerabilities of the human body. , now suffering the consequences of receiving junk food and exposure to toxic chemicals.
The second stage of the great cover-up, which unfortunately many media outlets chose to ignore, included the systematic destruction of forensic evidence:
. delete the tests and samples that were taken in the Wuhan market and nearby laboratories at the end of December 2019
• the takeover of the Wuhan Institute of Virology by the Chinese military and the censorship of its top biological weapons specialist on January 26, 2020
• remove public online databases of 20,000 bat virus genomes that the Wuhan Institute of Virology and other laboratories had collected
• censor and even disappear Chinese scientists who pointed out that SARS-CoV-2 may have escaped from a laboratory and had the potential to cause a dangerous pandemic
• ban articles on SARS-CoV-2 from being published without prior formal approval from the Chinese military
• secretly alter published article datasets without issuing correction notifications
• remove some 300 coronavirus studies from the state database of the National Natural Science Foundation of China 29 in January 2021, which included studies that were conducted at the Wuhan Institute of Virology.
In addition to destroying all the evidence, from the beginning they decided to maintain a fabricated narrative that ruled out the theory of the origin of the laboratory leak, which they maintain to date. Peter Daszak, president of the EcoHealth Alliance that funneled NIH grant money to the Wuhan Institute of Virology for coronavirus research, was an important part of that plan.
On February 18, 2020, The Lancet published a scientific statement signed by 27 researchers denouncing theories that COVID-19 came from a laboratory, stating: “We join in strongly condemning conspiracy theories that suggest the COVID-19 does not have a natural origin.
It seems curious that, although the Chinese authorities still deny the accusations of lab leakage, in the wake of the pandemic, biomedical/biodefense laboratories in China, including the Wuhan Institute of Virology and the Center for Disease Control, implemented new laboratory procedures to reinforce security and protection measures.
In January 2020, a Beijing newspaper reported that “patient zero”, the first victim of the COVID-19 virus, was actually Huang Yanling, a scientist at the Wuhan Virology Laboratory, and although this report was removed from the internet, This rumor is still on the lips of many people.

Robert Kennedy, Jr. exposed the involvement of Dr. Anthony Fauci, the supposed “rational voice” of the Trump Administration regarding COVID-19, in funding Wuhan labs to weaponize viruses:
Daily Mail Today reported that it found documents showing that amid the lab leak controversy, Anthony Fauci’s NIAID awarded $3.7 million to scientists from the Wuhan lab.
According to the British newspaper, «the federal grant funded experiments with bats from the caves where the virus is believed to have originated.» Background: Following the SARS coronavirus outbreak in 2002-2003, NIH funded a collaboration between Chinese scientists, US military virologists at the Ft. Detrick Bioweapons Laboratory, and NIAD scientists that aimed to prevent future coronavirus outbreaks by study the evolution of virulent strains of bats in human tissues.
When the Chinese government’s «seafood market» theory was publicly disclosed as a sham, much of the world’s media and health authorities, no doubt somewhat embarrassed and bewildered, gave very little coverage to this news.
Chinese authorities and «gain-of-function» scientists were quick to give another official version of the virus’s origin, saying that by looking at coronavirus host species, they believed horseshoe bats had somehow infected one. of animals from a shipment of wild pangolins smuggled in from Malaysia, some 1,000 miles from the bat caves, and in an unprecedented incident of genetic recombination, this allowed the bat coronavirus to become highly infectious and, therefore capable of causing a pandemic.
Somehow, the coronavirus was “altered” to infect humans from day one, which is characteristic of a laboratory virus and not a virus that slowly circulates and spreads among humans in a natural setting.
As noted by one group of researchers: “Our observations suggest that when SARS-CoV-2 was first detected in late 2019, it was already pre-adapted for human transmission in much the same way as SARS-Cov from the previous epidemic. . But no precursors or branches of evolution derived from a SARS-CoV-2-like virus less adapted to humans have been detected.”
In other words, far from being a virus that evolved naturally from bats and then passed through an intermediate species only to seep into humans and become an infectious disease, there is very strong scientific evidence that the SARS-CoV virus -2 was created in a laboratory.
This does not mean that SARS-CoV-2 was deliberately released, but it does point to the very high probability that it was already primed to infect humans when it left the laboratory.

The 2009 swine flu fast-track vaccine (Pandemrix) that was licensed in Europe turned out to be a disaster. In 2011, it was linked to childhood narcolepsy, whose rates have skyrocketed in several countries. Then, in 2019, researchers described a «novel association between Pandemrix narcolepsy and the non-coding RNA gene GDNF-AS1,» a gene that is thought to regulate the production of glial cell line-derived neurotrophic factor, or GDNF, a protein It plays an important role in neuronal survival. They also confirmed a strong relationship between vaccine-induced narcolepsy and a certain haplotype, suggesting that «a variation in genes related to the immune system and neuronal survival could be central to increasing susceptibility to vaccine-induced narcolepsy.» Pandemrix in certain people”.
As with COVID-19, there is evidence to suggest that the 2009 swine flu was the result of genetic engineering and a laboratory accident. A 2009 article published in the New England Journal of Medicine notes: “a study of the genetic origin of the virus showed that it was closely related to a 1950 strain but different from the 1947 and 1957 influenza A (H1N1) strains, this finding suggested that the strain from the 1977 outbreak had been preserved since 1950. The resurgence was likely an accidental release from a laboratory source in the context of decreasing population immunity to H1 and N1 antigens.”
The question is: who will benefit from all this hysteria and paranoia? No doubt you already know the answer, of course the big pharmaceutical companies, but also the big agricultural and technology companies, as well as the technocrats who seek to impose the New World Order.

Although the technocracy used to be a private club where it was easier to identify its members, today that has changed. According to Wood, its most important members are also part of the Trilateral Commission. The most popular names in the US Trilateral group include Henry Kissinger, Michael Bloomberg and Google heavyweights Eric Schmidt and Susan Molinari, the company’s vice president of public policy. Other groups include:
• Club of Rome.
• The Aspen Institute, which has trained and advised executives from around the world on globalization. Many of its members are also part of the Trilateral Commission.
• The Atlantic Institute.
• Brookings Institution and other research institutes.
The World Health Organization (WHO), which is the medical branch of the UN, is also one of the protagonists of the technocratic plan, as is the World Economic Forum (WEF), which serves as the social and economic branch of the UN. and which is the host organization for the annual billionaires’ conference in Davos, Switzerland. Klaus Schwab founded the World Economic Forum and is the author of the books, The Fourth Industrial Revolution (2016), Shaping the Fourth Industrial Revolution (2018), and COVID-19: The Great Reset.
The Bill & Melinda Gates Foundation became the largest funder of the WHO when in mid-April 2020, the US government suspended funding until the White House conducted a review of how the WHO was handling the COVID-19 pandemic. Gavi, the Vaccine Alliance, a partnership between Gates and big pharmaceutical companies that aims to solve global health problems through vaccines, is also a major funder of the WHO and one of the WEF initiatives. The way Klaus Schwab describes Gavi speaks volumes about his way of thinking: “In many ways, [Gavi] is a role model for how the public and private sector can and should cooperate with each other, allowing it to work together. more efficiently than if governments alone or companies alone or civil society alone worked.”
In addition to making grants to nonprofit organizations, Gates also makes grants to private for-profit companies. According to The Nation, the Gates Foundation has donated some $250 million in charitable grants to companies in which the foundation owns stock and corporate bonds. In other words, the Gates Foundation gives money to companies that it will benefit from in exchange for their «donations.» As a result, the more money Gates and his foundation donate, the greater his wealth. Part of this wealth is due to tax exemptions granted for charitable donations. In short, it is a perfect scheme that helps you avoid taxes, while maximizing your income.
Without a doubt, Gates’ «philanthropy» has also been a protagonist of the COVID-19 pandemic, since he has taken a big cut, once again, by investing in the industries to which he makes charitable donations and by promoting a global agenda of public health that benefits the companies in which it invests.
Nearly every aspect of the pandemic involves organizations, groups and individuals who receive money from Gates, of course this includes the World Health Organization, but also the two research groups responsible for determining decisions about lockdowns in the world. UK and US, the Imperial College COVID-19 research team and the Institute for Health Metrics and Evaluation.
Neil Ferguson, professor of mathematical biology at Imperial College London, made a series of pandemic predictions that turned out to be dead wrong, including his 2005 prediction that 200 million people would die from bird flu. Between 2003 and 2009, the actual death toll was just 282 globally.
In 2020, Imperial College Ferguson’s model for COVID-19, trusted by governments around the world, helped create the most draconian response measures in modern times to a pandemic. He estimated that, if these measures were not implemented, there would be a death toll of more than 500,000 in the United Kingdom, while in the United States it would be around 2.2 million. This is precisely the kind of timely misinformation and gross exaggeration of risk that Gates needs to push his own tech agendas, which also involve vaccines.

The virus itself is not the main cause of most hospitalizations and deaths from COVID-19, rather it worsens chronic diseases with high mortality that are very common among the population. So these comorbidities, along with medical malpractice (and other factors we’ve already mentioned and will talk about later) are the leading cause of COVID-19 hospitalizations and deaths. Bottom line: People don’t die from the virus, rather, they die from COVID-19.

Have you ever wondered why the media doesn’t say anything about the lockdowns and the damage they have caused? This is not just about denialism. The official narrative is that the only option was to forget about life as it used to be and lock ourselves up at home. But unfortunately, nothing could be further from the truth. Never in the history of mankind had something like this happened. Lockdowns are a blatant violation of fundamental rights, freedoms and the rule of law. And the results are very evident.
Despite a full year of lockdowns and all the information available since February 2020, the public still does not understand that the main factors in deaths from COVID-19 are age and health status…
In Japan, where no lockdown measures were implemented, statistics show that more people committed suicide in the month of October than died from COVID-19 in the entire year. Although only 2,087 people in Japan had died from COVID-19 as of November 27, 2020, the number of suicides was 2,153 in October alone. Women make up the majority of suicides, while helplines also report that women have thoughts of killing their children out of desperation.
When you analyze it carefully, it becomes clear that the pandemic is prolonged and worsening for a reason, and not precisely because the rulers care about saving lives, but quite the opposite. It is a tactic to enslave the world’s population within a digital surveillance system, through a system so unnatural and inhumane that no rational population would willingly accept it.
It’s time to ask ourselves some very pressing questions. Is it worth waiting for the government to kill the whole virus and stop all the deaths? They’ve already shown they can’t do it, but we keep giving up more freedoms because they claim this will keep security. It’s a tempting lie, but a lie nonetheless.
Sooner or later you will have to decide what is more important: human rights and constitutional freedoms, or false security.

The radical increase in the consumption of processed foods has caused the epidemic of chronic diseases that we have witnessed in the last 100 years, something that is easy to verify when analyzing the general statistics of health, mortality, and now of COVID-19 . Most people who experience severe illness from COVID have not just one, but multiple underlying illnesses or comorbidities.
The most common include insulin resistance, obesity, diabetes, and hypertension, however other conditions such as lung disease, cancer, and dementia have also contributed to this problem. But why are these diseases so common?
In many respects, we must hold the big agricultural, food, and pharmaceutical companies responsible for this pandemic, as they are responsible for the epidemic of chronic ill health that is behind the severe cases of COVID-19. Although these industries would have us believe that it is normal to have a chronic illness, it is very important to understand that there is nothing normal about it, in fact, it should not even be considered acceptable. There are simple, safe, highly effective, and relatively inexpensive strategies that can boost your immune system to help protect you from not only COVID-19, but virtually all chronic diseases.
Natural immunity is lifelong, but artificial immunity from synthetic and potentially harmful vaccines is temporary. In the long run, the only way to eradicate COVID-19 is by improving the health of the population, and to achieve this, we must emphasize the importance of healthy eating.

COVID-19 doesn’t distinguish who it infects, but it does distinguish who it kills. In addition to the elderly, it also affects black people, as well as people with obesity or pre-existing diseases. But what do these three factors have in common? ultra-processed foods. And it is that this type of food produces inflammation in the body, which creates the perfect environment for COVID-19.
So it’s never too late to improve your diet.
In addition to eating natural (ideally organic) foods and implementing a time-restricted diet, exercise is a critical strategy for boosting your immune function. According to research published in the March 19, 2020, issue of Redox Biology, exercising regularly may also help prevent acute respiratory distress syndrome (ARDS), which is very common in COVID-19 disease.
Low vitamin D levels are associated with worse outcomes from COVID-19 is truly overwhelming. In fact, in addition to insulin resistance, vitamin D deficiency is one of the leading risk factors for severe COVID-19 illness and death. It has even been shown that having elevated levels of vitamin D reduces the risk of testing positive for the virus.

Pharmaceutical companies often portray themselves as benevolent entities that invest billions of dollars in research so that they can create new drugs and vaccines for the good of humanity. But the truth is that they spend much more on marketing campaigns than on research. According to a New York Times column about the antiviral drug Remdesivir in January 2020, biotech giant Gilead Sciences began distributing Remdesivir under so-called compassionate use.
The fact that pharmaceutical companies offer drugs to patients in crisis is something noble and altruistic. The Times column even noted: “Given the stakes, it would be perverse not to support Gilead’s success…. During pandemics, Big Pharma shouldn’t have enemies.» But the reality is that the pharmaceutical industry develops medicines with taxpayers’ money, which it then turns its back on and sells its products at excessively high prices.
One of the clearest examples that science has been manipulated in order to promote and worsen the COVID-19 pandemic is the early cessation of the use of hydroxychloroquine. Despite the fact that initially many doctors working on the front lines of the pandemic praised its effectiveness, a campaign was suddenly unleashed that discredited this drug.
In Spain, where 72% of doctors used hydroxychloroquine, 75% considered it «the most effective therapy». Most doctors used a dose of 400 milligrams a day.
All efforts to prevent medical professionals from using hydroxychloroquine is further evidence that the COVID-19 pandemic has an ulterior motive. It’s simple, if the medical system cared about people’s lives, they would use whatever works. The fact that they went to great lengths to smear a drug that has been around for decades and has an excellent safety profile shows that this is not a real medical establishment, but medical technocracy. The censorship and manipulation of medical information is a fundamental part of the social engineering of this system.

If you read the press releases from Pfizer and Moderna, as well as other information about clinical trials, you’ll notice that they leave out crucial information. For example:
• They do not specify the cycle threshold they used for the PCR tests on which they base their COVID-19 case count, which is very important information in determining the accuracy of those tests.
• They don’t mention anything about hospitalizations or deaths.
• There is no information on whether vaccines prevent asymptomatic infection and transmission of the SARS-CoV-2 virus, since, if the efficacy rate of the vaccine only prevents moderate to severe symptomatic disease and not infection and transmission , it will be impossible for the vaccine to help achieve herd immunity.
• They do not state how long protection against moderate to severe symptomatic disease lasts. Some researchers suggest that frequent booster doses will be required, perhaps every three to six months or every year.
The most troubling side effect reported in late-stage vaccine trials was transverse myelitis – inflammation of the spinal cord. However, now that Moderna and Pfizer vaccines have been administered to tens of thousands of people with all kinds of underlying health problems, we are starting to see an even more worrying set of side effects.
Within weeks of vaccines becoming available (particularly for front-line health care workers and nursing home residents), mainstream media and social media began reporting serious side effects that included:
• Persistent malaise and extreme exhaustion.
• Anaphylactic reactions.
• Multisystem inflammatory syndrome.
• Chronic seizures and convulsions.
• Palsy, including cases of Bell’s palsy.

Although vaccine manufacturers insist that if a vaccine reaches the market it means that it has undergone rigorous testing, the design of the testing protocols shows the opposite.
Vaccines were approved even when there was no efficacy in preventing infection. In fact, preventing infection was not even part of the criteria for approving a COVID-19 vaccine. The only criteria for approval was to reduce COVID-19 symptoms from moderate to severe, and even under those circumstances, the reduction required was minimal. In a September 2020 Forbes article, William Haseltine highlighted the questionable parameters of these trials: “we all hope for an effective vaccine to prevent serious illness should we become infected. Three of the vaccine protocols – Moderna, Pfizer and AstraZeneca – do not require their vaccine to prevent serious illness, only that they prevent moderate symptoms that can be as minor as a cough or headache.”

A wealth of data suggests that the COVID-19 vaccine is unnecessary, meaning that the global population is being tricked into participating in an unprecedented and dangerous experiment for no solid reason. For example:
• Mortality from COVID-19 is very low outside of nursing homes: 99.7% of people recover from COVID-19. If you are under the age of 60, your chance of dying from seasonal flu is greater than your chance of dying from COVID-19.
• The data clearly demonstrates that COVID-19 has not caused excess mortality, meaning that the same average number of people have died during the pandemic as die each year.
• Multiple studies suggest that immunity against SARS-CoV-2 infection is greater than previously thought, thanks to cross-reactivity with other coronaviruses that cause the common cold.
• It is unclear whether asymptomatic people infected with SARS-CoV-2 are more or less likely to spread SARS-CoV-2, but a study that looked at PCR test data from nearly 10 million city residents of Wuhan found that not a single person who had been in close contact with an asymptomatic person (someone who tested positive, but had no symptoms) had been infected with the virus.

There has been considerable global resistance to mandatory COVID-19 vaccination, but even if the vaccine ends up being “voluntary,” refusing to take it can end up having serious implications for people enjoying their freedom.
The Commons Project, the World Economic Forum and the Rockefeller Foundation have joined forces to create CommonPass, a digital «health passport» that is expected to be rolled out almost everywhere in the world. In other words, if you want to travel, you’ll need to get the vaccine and cross your fingers that you won’t be unlucky enough to have a permanent side effect.
Preparations for CommonPass began on April 21, 2020 in a Rockefeller Foundation whitepaper, and based on this whitepaper, it is clear that the vaccination trial is part of a permanent structure of surveillance and social control, one that will limit much of your personal life and your freedom to make decisions.
There is absolutely no indication that proof of vaccination status will become obsolete once the end of the COVID-19 pandemic is declared, and the reason for this is that the pandemic is being used as justification for the Great Reset, which will usher in a new system of technocracy that relies on digital surveillance and social engineering to control the population.
The vaccination test allows for a very invasive form of tracing to be implemented that will expand over time. The tracking system proposed by the Rockefeller Foundation requires access to all your medical data, which tells us that the system will have uses other than tracking COVID-19 cases.

Slavery is the most profitable business in the history of the world and with modern technology it is now possible to be in complete control. You can put down any rebellion. Technology also allows a very small group of people to wield great power over the masses.
Ignore the nonsense about asymptomatic transmission, the PCR pandemic, and all the bogus statistics being used to scare you. Seek the truth, take control of your health and speak frankly and openly so that together we can end your main weapon which is fear.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/05/30/contra-el-cancer-joseph-mercola-fat-for-fuel-a-revolutionary-diet-to-combat-cancer-boost-bra-in-power-and-increase-your-energy-by-joseph-mercola/

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/26/toda-la-verdad-sobre-el-covid-19-la-historia-del-gran-reinicio-los-pasaportes-de-vacunacion-y-la-nueva-normalidad-joseph-mercola-ronnie-cummins-the-truth-about-covid-19-exposing-the-gr/

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