Caminar. Las Ventajas De Descubrir El Mundo A Pie — Erling Kagge / Å GÅ. Ett Skritt Av Gangen (Walking: One Step at a Time) by Erling Kagge

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Un buen libro. Muchas conexiones diversas, y a veces sorprendentes, entre las observaciones de Kagge, citas de filósofos y compañeros caminantes, y sus propias aventuras al caminar. A veces deja a uno queriendo, ya que hace referencia a su viaje en solitario al polo sur en un párrafo y luego a un filósofo en el siguiente, sin volver nunca a su viaje en solitario. Pero parece que esa es la idea. Numerosas conexiones sin peso y profundidad que se vuelven dominantes.
Como compañero caminante y excursionista y ciclista, a veces de la variedad de larga distancia, varias ideas resonaron:

«Me agoto porque quiero hacerlo, no porque tenga que hacerlo … Cuando mi fuerza se reduce, ya no tengo los recursos para pensar mucho, y ahí es cuando los olores, los sonidos y el suelo parecen atraer mucho. más cerca de mi experiencia «.
Del mismo modo: «Cuanto más camino, menos diferencio entre mi cuerpo, mi mente y mi entorno. Los mundos externo y eterno se superponen. Ya no soy un observador que mira la naturaleza, sino que todo mi cuerpo está involucrado» .

Y finalmente, en términos más generales, más filosóficos, Kagge considera a Merleau-Ponty, un filósofo francés: «No hay una [persona] interna, el hombre está en el mundo, y solo en el mundo se conoce a sí mismo».
Nunca estoy más loco y unido al mundo, al universo y a la naturaleza que cuando estoy caminando o montando largas millas.

El Homo sapiens siempre ha caminado. Desde que hace setenta mil años nuestros ancestros partieran del este de África, nuestra historia ha girado en torno al hecho de andar. El bipedismo, caminar sobre dos piernas, sentó las bases de lo que somos hoy. Nuestra especie cruzó la península de Arabia, continuó a pie camino del Himalaya y se extendió hacia el este, a través de Asia, por el estrecho de Bering, y a través de América, o hacia el sur, hasta Australia. Otros caminaron hacia el oeste y llegaron a Europa, y por fin hasta arriba del todo, hasta Noruega. Estos primeros humanos eran capaces de ir muy lejos a pie, de emplear nuevos métodos de caza en zonas más extensas y de tener más experiencias. Esta manera de vivir hizo que su cerebro se desarrollara más deprisa que el de cualquier otro ser. Primero caminamos, más adelante aprendimos a encender el fuego y a cocinar los alimentos, y después desarrollamos el lenguaje.
Las lenguas que los seres humanos crearon constituyen el reflejo de que la vida no es más que un largo recorrido a pie. En sánscrito, cuyo origen se encuentra en la India y es una de las lenguas más antiguas, se utiliza la palabra gata para aludir al pasado, «lo que hemos caminado», y anagata, «aquello a lo que aún
no hemos llegado», para referirse al futuro. Gata está emparentado lingüísticamente con el noruego gått (caminado). En sánscrito el presente se expresa de una forma tan natural como «lo que ocurre ante nosotros», prayutpanna.

Caminar procura una sensación de libertad. Es lo contrario de «más deprisa, más alto, más fuerte».
Cuando camino, todo se mueve más despacio, da la impresión de que el mundo es más blando y, por un breve lapso de tiempo, no vivo para las ocupaciones diarias, como recoger la casa, las reuniones de trabajo y la lectura de manuscritos. Caminar es un «área de descanso».
La forma de caminar de una persona puede transmitir más información que su rostro.

El mundo está organizado para que pasemos el mayor tiempo posible sentados.
Las autoridades quieren que estemos sentados para contribuir al producto interior bruto y a la necesidad de los mercados de que consumamos y descansemos. El ejercicio debe ser breve y eficaz. En la Edad de Piedra un adulto devolvía a su entorno un consumo energético equivalente a cuatro mil calorías diarias. Tal consumo no solo incluía la comida que ingerían, sino también la energía que empleaban en fabricar herramientas, en confeccionar ropa y en caminar. En nuestros días un habitante del mundo occidental carga al medio ambiente con doscientas veintiocho mil calorías cada día, repartidas entre bienes como la comida, la ropa, la comunicación y el transporte. Consumir energía se ha convertido en una tarea a tiempo completo y no resulta nada sencillo dedicar tiempo a caminar.
Para los gobiernos y las empresas es más fácil controlarnos si estamos sentados.
Caminar puede transformar a toda una nación.

Si el Homo sapiens no hubiera caminado erguido, hace mucho que nos hubiéramos extinguido o que viviríamos como el resto de los animales. Caminaríamos a cuatro patas, sin lenguaje.
Si seguimos andando cada vez menos, ya no seremos una especie reconocible porque caminamos, si no por estar sentados y por conducir.
He empezado a preguntarme si fue un error autodenominarnos Homo sapiens. Sapiens quiere decir: «saber, poder». O, en otras palabras, «sabio o inteligente». Los nombres pretenciosos que uno se atribuye siempre tienen un punto de exageración. La idea era que el Homo sapiens ha evolucionado mucho más que todas las demás criaturas y que seguiremos siendo superiores a todas las especies. A largo plazo esto no resultará tan evidente.
Deberíamos llamarnos Homo insipiens. Insipiens es la negación de sapiens y significa «ignorante». El Homo sapiens parece plano y sedentario, mientras que para mí el Homo insipiens tiene un significado más amplio que nos refleja mejor: siempre estamos buscando el conocimiento. Sabemos (no todo el tiempo, pero casi) que hay algo que desconocemos, que necesitamos, y queremos saber más.

Puede que sea natural que una antigua lengua india y el noruego coincidan en «caminar» y en «saber». La similitud entre el significado de las dos palabras viene de antiguos parentescos que se dan por todo el mundo y que expresan las experiencias que los hablantes han tenido en su caminar. Es sencillamente muy hermoso.
Caminar hizo posible que nos convirtiéramos en lo que somos y, al no caminar, dejamos de ser nosotros. Tal vez nos hayamos convertido en otra cosa.

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A fine book. Many various, and sometimes surprising, connections between Kagge’s observations, quotes from philosophers and fellow walkers, and his own walking adventures. Does leave one wanting at times as he is referencing his solo trip to the south pole in one paragraph and then onto a philosopher in the next, never returning to his solo trip. But it seems that’s the idea. Myriad connections without heft and depth which become overbearing.
As a fellow walker and hiker and biker, sometimes of the long-distance variety, several ideas resonated:

«I wear myself out because I want to, not because I have to…When my strength is reduced, I no longer have the resources to think about much, and that’s when the smells, the sounds and the ground seem to draw much closer to my experience».
Similarly: «The longer I walk, the less I differentiate between my body, my mind, and my surroundings. The external and the eternal worlds overlap. I am no longer an observer looking at nature, but the entirety of my body is involved».

And finally more broadly speaking, more philosophical, Kagge sites Merleau-Ponty, a French philosopher: «There is no inner [person], man is in the world, and only in the world does he know himself.»
I am never more out of my head and knitted to the world and universe and nature than when I am walking or riding long miles.

Homo sapiens has always walked. Since our ancestors left East Africa seventy thousand years ago, our history has revolved around walking. Bipedism, walking on two legs, laid the foundation of who we are today. Our species crossed the Arabian Peninsula, continued on foot to the Himalayas and extended eastward, through Asia, through the Bering Strait, and across America, or southward, to Australia. Others walked west and came to Europe, and finally to the top, to Norway. These first humans were able to go far on foot, to use new hunting methods in larger areas and to have more experiences. This way of life caused his brain to develop faster than any other being. First we walk, later we learn to light the fire and cook the food, and then we develop the language.
The languages that human beings created constitute the reflection that life is nothing more than a long journey on foot. In Sanskrit, whose origin is in India and is one of the oldest languages, the word cat is used to refer to the past, «what we have walked», and anagata, «that which still
we have not arrived », to refer to the future. Gata is linguistically related to the Norwegian gått (walked). In Sanskrit the present is expressed as naturally as «what happens before us,» prayutpanna.

Walking seeks a feeling of freedom. It is the opposite of «faster, taller, stronger.»
When I walk, everything moves more slowly, it seems that the world is softer and, for a short period of time, I do not live for daily occupations, such as picking up the house, work meetings and reading manuscripts. Walking is a «rest area.»
A person’s way of walking can convey more information than their face.

The world is organized so that we spend as much time as possible sitting.
The authorities want us to be seated to contribute to the gross domestic product and the need of the markets that we consume and rest. The exercise should be brief and effective. In the Stone Age an adult returned to his environment an energy consumption equivalent to four thousand calories daily. Such consumption not only included the food they ate, but also the energy they used to make tools, make clothes and walk. In our days, an inhabitant of the western world charges the environment with two hundred and twenty-eight thousand calories every day, divided between goods such as food, clothing, communication and transportation. Consuming energy has become a full-time task and it is not easy to spend time walking.
It is easier for governments and businesses to control ourselves if we are sitting.
Walking can transform an entire nation.

If Homo sapiens had not walked upright, we would have been extinct for a long time or would live like the rest of the animals. We would walk on all fours, without language.
If we keep walking less and less, we will no longer be a recognizable species because we walk, if not by sitting and driving.
I have begun to wonder if it was a mistake to call ourselves Homo sapiens. Sapiens means: «know, power.» Or, in other words, «wise or intelligent.» The pretentious names that one is attributed always have an exaggeration point. The idea was that Homo sapiens has evolved much more than all other creatures and that we will continue to be superior to all species. In the long term this will not be so obvious.
We should call ourselves Homo insipiens. Insipiens is the denial of sapiens and means «ignorant.» Homo sapiens seems flat and sedentary, while for me Homo insipiens has a broader meaning that better reflects us: we are always looking for knowledge. We know (not all the time, but almost) that there is something we don’t know, that we need, and we want to know more.

It may be natural that an ancient Indian and Norwegian language coincide in «walking» and «knowing.» The similarity between the meaning of the two words comes from ancient kinships that occur throughout the world and that express the experiences that speakers have had in their walk. It is simply very beautiful.
Walking made it possible for us to become who we are and, by not walking, we stopped being ourselves. Maybe we have become something else.

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