Marte. Nuestro Futuro En El Planeta Rojo — Leonard David / Mars: Our Future on the Red Planet by Leonard David

03CF8C0C-F53E-4014-942D-CAD9F7157A5C
Este es un libro fantástico pero es un compañero de algún programa de National Geographic Channel. Leí el libro y hermosas fotos. Está cargado de información, pero nada se profundiza en este breve libro.

La histórica llegada de la primera tripulación expedicionaria de la Tierra al planeta rojo es fruto de una apasionada mezcla de propulsión por cohetes, determinación y merecida suerte. La nave despliega las patas articuladas de aterrizaje . El descenso de los humanos a Marte con un sistema de propulsión es, literalmente, una prueba de fuego.
El camino ya lo han abierto naves robotizadas que, en las últimas décadas, han pasado cerca del planeta, lo han orbitado, se han estrellado contra él, lo han analizado con radares, lo han observado con cámaras y sistemas de escucha, han descendido a su superficie con paracaídas, han dado botes y rodado por él, lo han excavado y perforado, lo han olido, cocinado y probado, y han proyectado sus láseres sobre él.
Pero faltaba un elemento en la exploración marciana: poner realmente un pie en el planeta. En el siglo XXI, la superficie arenosa de ese mundo lejano quedará marcada con las primeras huellas humanas.
Pero poner un pie en Marte es una cosa y quedarse en Marte otra mucho más osada.
Conseguir que los humanos vayan de la Tierra a Marte implica lanzar al espacio una enorme cantidad de masa, lo cual es posible mediante cohetes de gran potencia. Cuesta mucho trabajo mandar personas de carne y hueso al espacio para un viaje de varios meses: hacen falta comida y agua, por no hablar de sistemas de protección contra la radiación y de los suministros necesarios que hay que hacer llegar a Marte.

La primera tripulación en Marte se beneficiará de los dispositivos robotizados que la precedieron y que ya están en la órbita marciana y en la superficie del planeta. Orbitando Marte están, por ejemplo, la Mars Odyssey, la Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) y la MAVEN (Misión de la Evolución Atmosférica y Volátil de Marte), de la NASA. Son parte de una flotilla internacional de naves que rastrean el planeta rojo de la que también forman parte la europea Mars Express y la india Mars Orbiter Mission (MOM).
Los posibles puntos de amartizaje han de cumplir unas directrices impuestas por la NASA: los puestos de avanzada deben tener a su alrededor una zona de exploración de unos 100 kilómetros; los amartizajes deben hacerse en latitudes comprendidas entre los 50 grados norte y sur, y en ellos deben poder realizarse entre tres y cinco amartizajes, lo que permitiría que tripulaciones de entre cuatro y seis personas desarrollasen las tareas de la expedición durante unos 500 días marcianos.
Obviamente, un factor esencial para la elección del lugar es la seguridad en el aterrizaje. Hay que evitar roquedales, cuestas empinadas, dunas de arena…
No cabe duda de que el planeta vecino dará problemas y quebraderos de cabeza a los primeros viajeros. La psique humana también presentará sus propias complicaciones. ¿Qué barreras y bloqueos biomédicos y sociológicos habrá que eliminar antes de plantearse estancias prolongadas en un mundo tan intimidante?.

Los viajes tripulados a Marte serán muy largos y peligrosos. Es la adaptación interplanetaria de la soledad del corredor de fondo.
La estimación de los riesgos que supone la radiación espacial para una tripulación que se dirija a Marte es un motivo de preocupación importante. El riesgo de contraer un cáncer mortal inquieta a los astronautas que se aventuran más allá de la Tierra. En las misiones que se mantienen en órbita terrestre baja, así como en la ISS, tienen la protección parcial del campo magnético de la Tierra y de la masa del propio planeta. Pero viajar a Marte es muy distinto, ya que los astronautas quedarán expuestos a peligros naturales. Algunas investigaciones apuntan al riesgo que supone la radiación para el sistema nervioso central y que incluso puede acelerar la enfermedad de Alzheimer. Sería terrible ir a Marte y no recordar el viaje al volver: para muchos eso sería una cuestión definitiva para no ir. Hay una larga lista de cuestiones médicas que requieren un estudio en profundidad antes de enviar a seres humanos al planeta rojo.
Una colonización sostenible y a gran escala de Marte podría llevar décadas, apunta, por lo que el próximo paso implica mirar al futuro lejano, tal vez a 100 años vista. «Veo a la humanidad extrayendo recursos minerales de los asteroides y a los astrobiólogos y planetólogos investigando diversos cuerpos celestes como Europa y viviendo en estaciones espaciales en distintas ubicaciones», afirma. Por eso «tenemos que adquirir esos conocimientos [astrosociológicos] ahora; los mismos principios y fenómenos que observamos en la Tierra se repetirán en Marte —asegura Pass—, porque la especie humana es la misma, y trasladará elementos culturales y soluciones sociales, estructurales e institucionales, a cualquier punto del sistema solar al que emigre».

Marte no es una Tierra coloreada de rojo: es un planeta complejo y sin océanos, seco, rocoso y frío.
Marte tiene sus peligros. La atmósfera marciana es muy tenue, lo que expone a los exploradores a niveles letales de radiación espacial. La combinación de una capa de ozono prácticamente inexistente y de una presión atmosférica total más baja que la terrestre hace que el medio marciano se vea sometido a un nivel de radiación ultravioleta en superficie mucho más elevado. Los especialistas en medicina espacial ya advierten de que la exposición a la radiación de los esforzados astronautas en el planeta rojo supone un riesgo de cáncer patente.
Luego están las caprichosas temperaturas del planeta, que van de los 30 °C cerca del ecuador a unos gélidos -75 °C cerca de los polos. Y a todo esto hay que sumarle una capa de percloratos, sustancias tóxicas que, en dosis suficientemente elevadas, pueden afectar a la glándula tiroides. No es un lugar acogedor.
Los diseños de viviendas marcianas deben ser prácticos a la par que visionarios. La NEO Native, creada por MOA Architecture en Denver (Colorado), promete ser «una concha viva que responda a su entorno y desafíe las limitaciones no solo de lo que conocemos, sino de lo que somos», como afirma el equipo que la está desarrollando. Esta estructura se fabricará mediante impresión 3D y usando regolito, y su forma se adaptará al terreno marciano en el que se construya, con un aspecto exterior más parecido al de un rascacielos tendido sobre el ventoso paisaje que al de uno que se alce sobre él. Los diseñadores de NEO Native conciben capacidades avanzadas de impresión 3D que evalúen «temperatura, intensidad de luz ultravioleta, orientación solar y viento» y los empleen para crear una estructura adaptada al entorno. Proponen que NEO Native se ubique en Valles Marineris, un lugar con clima favorable, mayor potencial para comunicarse con la Tierra y acceso a miles de millones de años de geología.

Garvin afirma que el siguiente paso en la exploración de Marte está al alcance de la mano, con nuevas misiones cada vez más sofisticadas. «Las misiones robóticas abrirán el camino para la transición, en la década de 2020, a una era en la que se empezará a preparar la exploración humana conforme la NASA prosiga su viaje a Marte en la década de 2030».
El próximo vehículo de exploración de Marte de la NASA, que se desplazará empleando energía nuclear y cuyo lanzamiento está previsto para 2020, se unirá al Curiosity en la tarea de analizar terrenos seleccionados por su diversidad geológica para buscar señales de vida pasada y recoger muestras marcianas para su posible envío a la Tierra, una misión costosa y algo controvertida. Aunque los riesgos de recibir muestras marcianas en la Tierra se consideran muy reducidos, no existe un riesgo cero: las muestras marcianas podrían venir acompañadas por biomateriales peligrosos, y muchas voces se alzan preocupadas ante la posibilidad de que bichillos venidos de Marte se coman la biosfera terrestre.
Otro reto al que se enfrentarán los futuros exploradores del planeta son los percloratos tóxicos que abundan en el planeta rojo. Esta capa de sustancias químicas podría aumentar las probabilidades de que existiese vida microbiana en Marte, pero también supone un peligro para la salud de las tripulaciones expedicionarias, ya que estas sales son compuestos que alteran el sistema endocrino y afectan el tiroides.
Los percloratos son sustancias químicas reactivas que se detectaron por primera vez en el suelo del polo norte marciano gracias al módulo de aterrizaje Phoenix de la NASA en 2008. Más recientemente, el vehículo de exploración Curiosity también detectó percloratos en el cráter Gale, donde amartizó en agosto de 2012. Encontrar perclorato de calcio fue algo inesperado, explica Peter Smith, investigador principal de la misión Phoenix de la Universidad de Arizona en Tucson. «La palabra “perclorato” no es muy habitual; los que no nos dedicamos a la química tuvimos que buscar de qué se trata», reconoce.
El descubrimiento de percloratos en Marte tiene su lado bueno y su lado malo. El lado malo es que son tóxicos para los humanos. A quienes caminen por Marte les costará evitar que se les adhieran partículas de polvo al equipamiento de superficie, con lo que es muy probable que los percloratos acaben colándose en el hábitat. Y los remolinos de polvo marcianos cargados de percloratos serán sin duda muy peligrosos. El lado bueno es que el perclorato es un componente químico clave de la industria pirotécnica, y el perclorato de amonio es un componente del combustible sólido para cohetes, por lo que la extracción de percloratos podría convertirse en un recurso local de combustible para viajar por el planeta e incluso para regresar a la Tierra. Algunos investigadores abogan por el enfoque bioquímico para la eliminación de los percloratos del suelo marciano: sería una forma de obtener oxígeno para el consumo humano y combustible con poco coste energético y escaso impacto ecológico.

Elon Musk cree que los humanos acabaremos convirtiéndonos en una especie multiplanetaria, ya sea por elección personal o por necesidad. Advierte de la posibilidad de que algún día tengamos que mudarnos a otro planeta. Y tal vez algunos elijan hacerlo antes de que llegue ese día. «Si se consigue reducir el coste del viaje a Marte, o el de mudarse para vivir en ese planeta, al valor actual de una vivienda de clase media en California —alrededor de medio millón de euros—, creo que bastantes personas comprarían un billete y se irían para formar parte de un nuevo planeta y [fundar] una nueva civilización», dijo al público del Club Nacional de Prensa. Musk señaló que, en este momento, la Tierra tiene 7.000 millones de habitantes, y que probablemente serán 8.000 millones a mediados de siglo, con lo que, incluso aunque solo una persona entre un millón optase por esa vía, ya serían 8.000 personas. «Y yo pienso que se animaría más de una entre un millón», añadió.
El punto de vista de Musk se ve respaldado por el hecho de que no faltan aspirantes a «martenautas», según estudios del Gobierno estadounidense. En febrero de 2016, la NASA anunció que una cantidad récord de personas había respondido a la convocatoria para nuevos astronautas de la agencia espacial. «No me sorprende que tantos estadounidenses de procedencias muy diversas quieran contribuir de forma personal a la exploración de Marte», comentó Charles Bolden, administrador de la NASA.
Más de 18.300 personas rellenaron las solicitudes para unirse a la quinta de astronautas de la NASA de 2017.

La pregunta sigue siendo si el objetivo es llegar allí el primero o contar con un programa a largo plazo en el que docenas, cientos o miles de personas vayan allí de forma indefinida, apunta Smith. «Es un reto mucho mayor con motivaciones distintas. ¿Cuántos querrían ser los segundos en llegar? ¿O los décimos? ¿O los centésimos? Para mí, ellos son los auténticos exploradores, y [eso] implica un enfoque internacional y comercial gradual y a largo plazo».

Un entorno sometido a radiación espacial será algo muy a tener en cuenta en la vida cotidiana de los astronautas, tanto en los viajes entre la Tierra y Marte como en la superficie del planeta rojo», explica Ruthan Lewis, arquitecta e ingeniera del programa de vuelos tripulados del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland.
La atracción gravitatoria que experimentarán los humanos en Marte equivale aproximadamente a tres octavos (0,375) de la terrestre. Se sabe muy poco de los efectos a largo plazo que la gravedad reducida podría tener en la salud humana. Los experimentos desarrollados en ese ámbito en la Estación Espacial Internacional dejan patente que se produce pérdida de masa ósea, un debilitamiento que puede suponer un problema para las tripulaciones que vuelvan a un entorno con gravedad tras el largo recorrido espacial a Marte. «La magnitud de este efecto ha llevado a la NASA a considerar que la pérdida de masa ósea es un riesgo inherente a los trayectos espaciales prolongados», afirma Jay Shapiro.
Ante la privación de carga gravitatoria, la estructura ósea se ve sometida a una especie de osteoporosis inducida por el vuelo espacial; y, como el 99 % del calcio de nuestro organismo se almacena en el esqueleto, ese calcio se descompone, va a parar al flujo sanguíneo y provoca más problemas todavía, como estreñimiento, cálculos renales o depresión psicótica», apunta Fong.
Una gravedad baja implica también un aumento de la talla: los viajeros espaciales, al regresar a la Tierra, llegan a medir hasta cinco centímetros más. Esto se debe a que la gravedad no hace tanta presión sobre las vértebras, que se estiran unos centímetros; pero esta situación no dura mucho tras volver a la Tierra, donde pronto se recupera la altura habitual.
Conforme el planeta rojo se vaya calentando podrían introducirse organismos fotosintéticos, con lo que la biomasa empezaría a crecer. Como consecuencia natural, la biomasa empezaría a consumir los nitratos y percloratos del suelo marciano y a generar nitrógeno y oxígeno. A medida que se fuese afianzando ese esfuerzo terraformador de cien años, el aumento de la temperatura y la presión conllevaría agua líquida en las latitudes ecuatoriales y medias de Marte. Habría nevadas frecuentes y lluvias ocasionales, los ríos fluirían y se formarían lagos. Con el tiempo, en el planeta se establecería un ciclo hidrológico similar al que se da en los Valles Secos de la Antártida. Luego podrían plantarse árboles tropicales e introducirse insectos y animales de pequeño tamaño. Los humanos seguirían necesitando máscaras de gas que les proporcionasen oxígeno y evitasen un alto nivel de dióxido de carbono en los pulmones.

Muy pocos saben que el primer monumento que el hombre llevará a Marte ya existe y que ya hay instrucciones sobre dónde se colocará. Es una plaquita de acero inoxidable de 20 por 25 centímetros, expuesta de forma temporal en el Museo Nacional del Aire y el Espacio en Washington, D.C., junto a una maqueta a tamaño real del módulo de aterrizaje Viking. En ella se lee: «En memoria de Tim Mutch, cuya imaginación, brío y determinación fueron decisivos para la exploración del sistema solar».
Thomas A. Mutch fue un importante científico espacial, geólogo planetario y líder del equipo de imagen de la misión Viking, cuyas cámaras dieron testimonio del primer amartizaje en 1976.

——————–

2D097637-9E86-4132-B503-B8F07812664E
This is a weird book. It’s a companion to some National Geographic Channel show. I read the book and gorgeous photos. It’s loaded with information, but nothing is gone into much depth in this short book.

The historical arrival of the first expeditionary crew of the Earth to the red planet is the result of a passionate mixture of rocket propulsion, determination and deserved luck. The ship deploys the articulated landing legs. The descent of humans to Mars with a propulsion system is literally a litmus test.
The road has already been opened by robotic ships that, in recent decades, have passed near the planet, have orbited it, have crashed into it, have analyzed it with radars, have observed it with cameras and listening systems, have descended to its surface with a parachute, they have given boats and rolled by it, they have excavated and drilled it, they have smelled it, cooked and tested it, and they have projected their lasers on it.
But one element was missing in the Martian exploration: really set foot on the planet. In the 21st century, the sandy surface of that distant world will be marked with the first human footprints.
But setting foot on Mars is one thing and staying on Mars is much more daring.
Getting humans to go from Earth to Mars implies launching a huge amount of mass into space, which is possible by means of high-powered rockets. It takes a lot of work to send people of flesh and blood to the space for a trip of several months: food and water are needed, not to mention radiation protection systems and the necessary supplies that must be sent to Mars.

The first crew on Mars will benefit from the robotic devices that preceded it and are already in the Martian orbit and on the planet’s surface. Orbiting Mars are, for example, the Mars Odyssey, the Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) and the MAVEN (Mission of Atmospheric and Volatile Evolution of Mars), from NASA. They are part of an international fleet of ships that track the red planet of which the European Mars Express and the Indian Mars Orbiter Mission (MOM) are also part.
Possible berthing points must comply with guidelines imposed by NASA: outposts must have around them an exploration area of about 100 kilometers; Amartizajes must be made in latitudes between 50 degrees north and south, and they must be able to perform between three and five amartizajes, which would allow crews of between four and six people to carry out the tasks of the expedition for about 500 Martian days.
Obviously, an essential factor in choosing the place is landing safety. Avoid rocks, steep slopes, sand dunes …
There is no doubt that the neighboring planet will give problems and headaches to the first travelers. The human psyche will also present its own complications. What biomedical and sociological barriers and blockages must be removed before considering prolonged stays in such an intimidating world?

Manned trips to Mars will be very long and dangerous. It is the interplanetary adaptation of the loneliness of the long-distance runner.
The estimation of the risks posed by space radiation for a crew headed to Mars is a major concern. The risk of getting a deadly cancer worries astronauts who venture beyond Earth. In missions that remain in low Earth orbit, as well as in the ISS, they have partial protection of the Earth’s magnetic field and the mass of the planet itself. But traveling to Mars is very different, since astronauts will be exposed to natural hazards. Some research points to the risk of radiation to the central nervous system and may even accelerate Alzheimer’s disease. It would be terrible to go to Mars and not remember the trip when you return: for many that would be a definite question of not going. There is a long list of medical issues that require in-depth study before sending humans to the red planet.
A sustainable and large-scale colonization of Mars could take decades, he says, so the next step involves looking to the distant future, perhaps 100 years before. «I see humanity extracting mineral resources from asteroids and astrobiologists and planetologists investigating various celestial bodies such as Europe and living in space stations in different locations,» he says. That is why «we have to acquire that [astrosociological] knowledge now; the same principles and phenomena that we observe on Earth will be repeated on Mars – Pass assures – because the human species is the same, and will transfer cultural elements and social, structural and institutional solutions, to any point of the solar system to which it migrates ».

Mars is not a red colored Earth: it is a complex planet without oceans, dry, rocky and cold.
Mars has its dangers. The Martian atmosphere is very thin, which exposes explorers to lethal levels of space radiation. The combination of a practically non-existent ozone layer and a lower total atmospheric pressure than the terrestrial one causes the Martian environment to be subjected to a much higher surface ultraviolet radiation level. Specialists in space medicine already warn that the radiation exposure of the hard-hitting astronauts on the red planet poses a patent cancer risk.
Then there are the capricious temperatures of the planet, ranging from 30 ° C near the equator to some freezing -75 ° C near the poles. And to all this we must add a layer of perchlorates, toxic substances that, in sufficiently high doses, can affect the thyroid gland. It is not a cozy place.
Martian housing designs must be practical as well as visionaries. The NEO Native, created by MOA Architecture in Denver (Colorado), promises to be «a living shell that responds to its environment and challenges the limitations not only of what we know, but of what we are,» as the team that is developing This structure will be manufactured by 3D printing and using regolith, and its shape will be adapted to the Martian terrain on which it is built, with an exterior appearance more similar to that of a skyscraper lying on the windy landscape than that of one that stands on it. NEO Native designers conceive advanced 3D printing capabilities that evaluate «temperature, ultraviolet light intensity, solar orientation and wind» and use them to create a structure adapted to the environment. They propose that NEO Native be located in Valles Marineris, a place with favorable climate, greater potential to communicate with the Earth and access to billions of years of geology.

Garvin says the next step in Mars exploration is at hand, with new and increasingly sophisticated missions. «Robotic missions will open the way for the transition, in the 2020s, to an era in which human exploration will begin to be prepared as NASA continues its journey to Mars in the 2030s.»
The next NASA Mars exploration vehicle, which will travel using nuclear energy and whose launch is scheduled for 2020, will join the Curiosity in the task of analyzing land selected for its geological diversity to look for signs of past life and collect Martian samples for possible shipping to Earth, an expensive and somewhat controversial mission. Although the risks of receiving Martian samples on Earth are considered to be very low, there is no zero risk: Martian samples could be accompanied by dangerous biomaterials, and many voices are raised worried about the possibility that bugs coming from Mars eat the biosphere land.
Another challenge that future explorers of the planet will face are the toxic perchlorates that abound on the red planet. This layer of chemicals could increase the chances of microbial life on Mars, but it also poses a danger to the health of expeditionary crews, since these salts are compounds that alter the endocrine system and affect the thyroid.
Perchlorates are reactive chemicals that were first detected on the ground of the Martian North Pole thanks to NASA’s Phoenix landing module in 2008. More recently, the Curiosity exploration vehicle also detected perchlorates in the Gale crater, where it was fed in August 2012. Finding calcium perchlorate was somewhat unexpected, explains Peter Smith, principal investigator for the Phoenix mission at the University of Arizona in Tucson. «The word» perchlorate «is not very common; Those of us who do not work in chemistry had to look for what it is about, ”he acknowledges.
The discovery of perchlorates on Mars has its good side and its bad side. The bad side is that they are toxic to humans. Those who walk on Mars will find it difficult to prevent dust particles from adhering to surface equipment, so it is very likely that perchlorates will end up in the habitat. And the Martian dust swirls loaded with perchlorates will undoubtedly be very dangerous. The good side is that perchlorate is a key chemical component of the pyrotechnic industry, and ammonium perchlorate is a component of solid rocket fuel, so the extraction of perchlorates could become a local fuel resource to travel the planet and even to return to Earth. Some researchers advocate the biochemical approach to the elimination of perchlorates from the Martian soil: It would be a way to obtain oxygen for human consumption and fuel with little energy cost and low ecological impact.

Elon Musk believes that humans will end up becoming a multi-planetary species, either by personal choice or by necessity. He warns of the possibility that one day we will have to move to another planet. And maybe some choose to do it before that day comes. “If you can reduce the cost of the trip to Mars, or the cost of moving to live on that planet, to the current value of a middle-class home in California – around half a million euros – I think that enough people would buy a ticket and they would leave to be part of a new planet and [found] a new civilization, ”he told the National Press Club. Musk said that, at this time, the Earth has 7,000 million inhabitants, and that it will probably be 8,000 million in the middle of the century, which, even if only one person in a million opts for that route, would already be 8,000 people. «And I think that more than one in a million would be encouraged,» he added.
Musk’s point of view is supported by the fact that there are no shortage of «martenautas», according to studies by the US government. In February 2016, NASA announced that a record number of people had responded to the call for new space agency astronauts. «I am not surprised that so many Americans of very diverse backgrounds want to contribute personally to the exploration of Mars», said Charles Bolden, NASA administrator.
More than 18,300 people filled out the applications to join the fifth NASA astronaut of 2017.

The question remains whether the goal is to get there first or have a long-term program in which dozens, hundreds or thousands of people go there indefinitely, says Smith. «It is a much greater challenge with different motivations. How many would want to be the seconds to arrive? Or the tenths? Or the hundredths? For me, they are the real explorers, and [that] implies a gradual and long-term international and commercial approach».

An environment subjected to space radiation will be something to take into account in the daily life of astronauts, both on trips between Earth and Mars and on the surface of the red planet, ”explains Ruthan Lewis, architect and engineer of the flight program manned from NASA’s Goddard Space Flight Center in Greenbelt, Maryland.
The gravitational attraction that humans will experience on Mars amounts to approximately three-eighths (0.375) of the earth’s. Very little is known about the long-term effects that reduced severity could have on human health. Experiments carried out in this area at the International Space Station show that bone loss occurs, a weakening that can be a problem for crews returning to an environment with gravity after the long space travel to Mars. «The magnitude of this effect has led NASA to consider that bone loss is a risk inherent in prolonged space travel,» says Jay Shapiro.
Before the deprivation of gravitational load, the bone structure is subjected to a kind of osteoporosis induced by space flight; and, since 99% of the calcium in our body is stored in the skeleton, that calcium breaks down, goes to the bloodstream and causes even more problems, such as constipation, kidney stones or psychotic depression, ”says Fong.
Low gravity also implies an increase in size: space travelers, upon returning to Earth, can measure up to five centimeters more. This is because gravity does not put so much pressure on the vertebrae, that they stretch a few centimeters; but this situation does not last long after returning to Earth, where the usual height soon recovers.
As the red planet warms up, photosynthetic organisms could be introduced, with which the biomass would begin to grow. As a natural consequence, the biomass would begin to consume the nitrates and perchlorates of the Martian soil and generate nitrogen and oxygen. As this one hundred year terraforming effort was consolidated, the increase in temperature and pressure would lead to liquid water in the equatorial and middle latitudes of Mars. There would be frequent snowfall and occasional rains, rivers would flow and lakes would form. Over time, a hydrological cycle similar to that found in the Dry Valleys of Antarctica would be established on the planet. Then tropical trees could be planted and insects and small animals introduced. Humans would still need gas masks that would provide them with oxygen and avoid a high level of carbon dioxide in the lungs.

Very few know that the first monument that man will take to Mars already exists and that there are already instructions on where it will be placed. It is a 20-by-25-inch stainless steel insert, temporarily exhibited at the National Air and Space Museum in Washington, D.C., next to a full-size model of the Viking landing module. It reads: «In memory of Tim Mutch, whose imagination, vigor and determination were decisive for the exploration of the solar system.»
Thomas A. Mutch was an important space scientist, planetary geologist and leader of the Viking mission image team, whose cameras gave testimony of the first amartization in 1976.

3 pensamientos en “Marte. Nuestro Futuro En El Planeta Rojo — Leonard David / Mars: Our Future on the Red Planet by Leonard David

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.