¡Viva Tabarnia! — Albert Boadella / Long Life To Tabarnia! by Albert Boadella (spanish book edition)

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Es un libro escrito con una gran seriedad, que explica muy bien por qué y cómo se ha llegado a la situación actual, a partir del conocimiento de la idiosincrasia catalana, con todas sus virtudes y sus defectos. Explica cómo el caldo de cultivo de la explosión actual ya estuvo latente en la sociedad durante décadas, hasta que Jordi Pujol colocó en su foco central el objetivo de la independencia y durante 30 años puso en práctica las estrategia necesarias para generar una conciencia colectiva de rechazo a España, no exenta de mentiras y manipulaciones, que han culminado en la situación política y social actual. Boadella pone en evidencia tanto las contradicciones del independentismo actual como la falta de inteligencia política del gobierno y la errónea estrategia cortoplacista de gobiernos anteriores de mirar para otro lado a cambio de garantizarse su apoyo en el Parlamento. Finalmente explica por que Tabarnia es un espejo que enfrenta a los independentistas con sus propias contradicciones y mentiras.
Tratado en clave de humor contra el nacionalismo independentista en Cataluña, desmontando mitos y explicando el por qué del espectáculo de Tabarnia. Un hábil e inteligente montaje que pone de los nervios a los separatistas, que no soportan que los parodien. De hecho, esa circunstancia es una señal clave de su éxito y es que Tabarnia pretende reírse de ellos y su show.

El nacionalismo es una ficción, dice Boadella. Y las ficciones se combaten con ficciones. Eso es Tabarnia, una manera de contrarrestar el disparate con otro disparate. Pero, atención, la lógica que está detrás de Tabarnia es imbatible. Si en contra de la Constitución y las leyes ciertos catalanes se arrogan el derecho de proclamarse independientes, por qué no se reconocería a los ciudadanos de Tarragona y Barcelona, en los que la mayoría antiindependentista se ha expresado en todas las elecciones, su derecho a declararse también independientes. Parece un espectáculo diseñado de principio a fin por el creador de Els Joglars y, por eso, es perfectamente comprensible que se le haya elegido presidente de Tabarnia (y, para mayor excentricidad, en el exilio).

El régimen de Franco, como todo el mundo sabe, creó un control tiránico en el sentido cultural, no únicamente sobre los catalanes sino sobre todo el conjunto de los españoles, imponiendo unos extremos absurdos y estúpidos de censura como defensa del propio régimen. Pero las limitaciones que el régimen imponía especialmente a lo que eran las manifestaciones culturales de lo catalán tampoco eran excesivas; eran más bien ridículas, no hay que mitificar esta cuestión.
En Cataluña se hizo teatro en catalán a partir del año 47 y se editaron libros en catalán en las mismas fechas. El franquismo fue una desgracia, pero no hay que hacerla mayor con mentiras.
El nacionalismo catalán surge al mismo tiempo que toda Europa sufre el acenso de las reivindicaciones étnicas y raciales, a finales del siglo XIX. Todos los nacionalismos buscan unos iconos, una idea romántica basada en hechos del pasado que tuvieron que ver con la parte del asunto que les interesa y que debidamente manipulados dan sentido al nuevo invento. Al mismo tiempo, crean un «enemigo» común, el cual no permitió que llegaran a ser los grandes pueblos a los que la historia les tenía destinados. Unos contenidos casi infantiles pero que, precisamente por ello hacen funcionar perfectamente el simulacro. La idea del nacionalismo siempre va unida a una idea xenófoba: si no hay adversario deleznable no es posible ser nacionalista, tiene que haber un enemigo común que por lo menos parezca auténtico. Una media verdad que se pueda manipular para justificar el odio, porque este es el nexo de unión más potente de las masas.
Los nacionalistas catalanes tienen que saltarse una parte muy importante de su historia para retroceder desde nuestros días hasta 1714. Deben ignorar un largo periodo de tiempo en el que este tipo de movimientos no tiene ningún arraigo en Cataluña, más bien al contrario. Durante la guerra de Independencia, a principios del siglo XIX, en la época de Fernando VII, encontramos a los catalanes exigiendo a este rey absolutista que sea más absoluto en sus decisiones. Hay muy pocos referentes de la existencia de estas ideas disgregadoras entre los catalanes hasta finalizar el siglo XIX; ni siquiera se producen durante las guerras carlistas.

El día 4 de marzo de 2018, los ciudadanos de Tabarnia acuden al monumento de Rafael Casanova. Es el mismo lugar al que desde hace años acuden los líderes independentistas a celebrar la Diada. Cabría preguntarse por qué tantos políticos durante décadas han ido a rendir homenaje a un personaje que se levantó en favor del candidato al trono austriaco, por su honor y por la libertad de toda España, que le lleven flores, que lo hayan convertido en un icono nacionalista y lean el manifiesto que publicó en septiembre de 1714 convenientemente purgado para que se adapte a sus pretensiones.
El símbolo del 11 de septiembre y la figura de Rafael Casanova no solo son una manipulación grosera de la historia para finalmente construir un enemigo ficticio, sino que supone apoderarse de un personaje real para crear un símbolo que nada tiene que ver con la realidad. El fin es perverso: fomentar el odio y la xenofobia hacia los españoles responsables aun hoy de tal agravio.
Lo que le deja a uno perplejo es la desfachatez de crear un mito falso a propósito. No obstante, me pregunto si no llega un momento en que la propia saga de los que lo han inventado artificialmente ya se lo llegan a creer ellos mismos. No se plantean como posible la falsedad de lo que han fabricado. Son tan víctimas de su propia dinámica como las masas que han adoctrinado.

Pujol es un impostor listo, enormemente astuto, y un hombre que ha tenido la autonomía en sus manos durante años y años, utilizando un populismo de tres al cuarto, pero que ha funcionado muy bien sobre todo en el mundo rural. No tanto en el mundo urbano, pero esto se ha compensado con creces con la potencia tremenda que ha tenido en las pequeñas ciudades y el campo, donde el mito Pujol ha conseguido penetrar en los genes del ruralismo. La ley electoral tan favorable a esta situación ha acabado el trabajo de penetración. Pujol crea el nuevo nacionalismo catalán y a medida que lo va creando va corrompiendo todo lo que toca. El resultado es un lujoso edificio exterior que parece albergar el «oasis catalán» —según decían en Madrid—, pero, con el tiempo, la putrefacción interior hace caer las paredes, y a través de los boquetes vemos a Puigdemont, Mas, Junqueras, Trapero, Cuixart, Sanchez y otros, en el cuarto menguante.
Tres factores, la lengua, la educación y los medios de masa, como instrumentos del nacionalismo para sus fines. Si hubiera fallado uno de los tres, no hubiera funcionado. Si se hubiera respetado el derecho a utilizar el español en la escuela, no hubiera funcionado; sin los medios de comunicación de la Generalitat, no hubiera funcionado; con un sistema educativo auténticamente democrático y plural no hubiera funcionado. Los tres factores están perfectamente cohesionados.
Lo que ha hecho Tabarnia actualmente es unir a toda esa serie de gentes que estaban disgregadas, a las que nadie representaba, aunque ahora ya les representen algunos partidos constitucionalistas. Pero Tabarnia es más que esto. Tabarnia es el impulso de promover que «pensemos como pensemos, de derechas, de izquierdas, de centro o indiferentes, lo que sí tenemos claro es que esto no lo queremos».

Gabriel Rufián es otro caso paradigmático. Incluso cuando hace sus intervenciones en el Congreso exhibe una especie de mueca que trasmite la sensación absoluta de que no se cree nada de lo que dice. Cuando acaba, se queda con media sonrisa de satisfacción sobre sí mismo. Es como si estuviera jugando. Va al Congreso como aquel que se va con los amigotes al bar a beber unas cervezas y empieza a hablar de política y de fútbol.

El nacionalismo es otro modo de populismo. En Cataluña un populismo sin duda muy longevo, ya que aparentemente no hay manera de conseguir que las masas se vuelvan en contra de sus falsos profetas. Hay cosas, pocas, que sí que se les han vuelto en contra; algunos de sus dirigentes están en prisión provisional imputados por delitos graves, o han pagado fianzas elevadas para eludirla. Hay un expresident, un fake president, que está huido en Bélgica con su tropa; hay bastante gente imputada gravemente o, lo que aún es peor, con miedo a ir a la cárcel. O sea, que sí que hay cosas se les han girado en contra. Su gran farsa ha producido aspectos positivos, por ejemplo, que el conjunto de ciudadanos españoles advierta por fin el peligro de lo que se estaba gestando en Cataluña, cosa que no pasaba hasta hace apenas unos meses. Hasta entonces, la mayoría de los españoles no sabía lo que estaba sucediendo en Cataluña, lo desconocía totalmente.
Uno de los éxitos de Tabarnia es que pone de los nervios al nacionalismo. El nacionalismo tiene ataques de epilepsia cada vez que oye la palabra Tabarnia. Para unos somos reaccionarios y para otros anticatalanes. Es un juego en el cual no pueden hacer nada. Si fuéramos políticos estaríamos sujetos al voto, a las cuotas de poder, a los compromisos, a los medios de comunicación, etc. Nosotros podemos aparecer en un programa de televisión sin estar sujetos a la proporcionalidad que se exige a los partidos políticos en las televisiones públicas durante los telediarios. Si los partidos quieren darnos la batalla en nuestro campo, haciendo sátira de Tabarnia, solo puedo decir que tienen esa batalla perdida de antemano, que solo van a hacer el ridículo o poner a trabajar cómicos mercenarios del régimen como Toni Soler o Toni Albà, lo cual es un acto de vasallaje lamentable.
Obviamente, hay muchas dudas sobre a dónde se dirige Tabarnia; nadie lo sabe, pero lo que es seguro es que nunca será un partido político, que no acabará en el Parlament. Fuera de eso, nosotros mismos somos incapaces de preverlo, porque serán los ciudadanos que nos siguen quienes impulsarán el camino.

El nacionalismo ha montado otro número tramposo con la historia de los toros y ha mostrado su impostura con total desfachatez al prohibir las corridas y blindar los correbous, que es una forma menos refinada y compleja que la corrida. Lo ha hecho por intereses electorales y de paso para joder al resto de los españoles, demostrándoles que ganaba una batalla frente a uno de sus símbolos más reconocidos. Porque el toro es el símbolo exterior de España en el mundo; en todas las películas de Hollywood, cuando sale España aparecen los toros. Primero fueron los toros Osborne de madera y después los reales.

It’s a book written with great seriousness, which explains very well why and how it has arrived at the current situation, from the knowledge of the Catalonian idiosyncrasy, with all its virtues and its defects. Explains how the breeding ground of the current explosion was already dormant in society for decades, until Jordi Pujol placed in its central focus the goal of independence and for 30 years put into practice the necessary strategies to generate a collective conscience of rejection to Spain, not free of lies and manipulations, which have culminated in the current political and social situation. Boadella highlights both the contradictions of the current independence movement and the lack of political intelligence of the government and the erroneous short-term strategy of previous governments to look the other way in exchange for guaranteeing their support in Parliament. Finally, he explains why Tabarnia is a mirror that confronts the independentistas with their own contradictions and lies.
Treaty in humorous key against the independentista nationalism in Catalonia, dismantling myths and explaining the reason of the spectacle of Tabarnia. A skilful and intelligent assembly that puts the nerves to the separatists, who can not stand that parodies. In fact, that circumstance is a key signal of its success and is that Tabarnia wants to laugh at them and their show.

Nationalism is a fiction, says Boadella. And fictions are fought with fictions. That’s Tabarnia, a way to counteract the nonsense with another nonsense. But, attention, the logic behind Tabarnia is unbeatable. If, contrary to the Constitution and the laws, certain Catalans arrogate to themselves the right to proclaim themselves independent, why would not the citizens of Tarragona and Barcelona be recognized, in which the anti-independence majority has expressed itself in all elections, their right to declare themselves also independent. It seems a show designed from start to finish by the creator of Els Joglars and, therefore, it is perfectly understandable that he was elected president of Tabarnia (and, for greater eccentricity, in exile).

The Franco regime, as everyone knows, created a tyrannical control in the cultural sense, not only on the Catalans but especially on the whole of the Spaniards, imposing absurd and stupid extremes of censorship as a defense of the regime itself. But the limitations that the regime imposed especially on what were the cultural manifestations of the Catalonians were not excessive either; They were rather ridiculous, you do not have to mythologize this question.
In Catalonia theater was made in Catalan from the year 47 and books were published in Catalan on the same dates. The Franco regime was a disgrace, but you do not have to make it bigger with lies.
Catalan nationalism arises at the same time that all Europe suffers the rise of ethnic and racial claims, at the end of the 19th century. All nationalisms look for icons, a romantic idea based on past events that had to do with the part of the subject that interests them and that properly manipulated give meaning to the new invention. At the same time, they create a common «enemy», which did not allow them to become the great peoples to whom history had destined them. Some contents almost childish but, precisely because of that they make the simulation work perfectly. The idea of ​​nationalism is always linked to a xenophobic idea: if there is no despicable adversary it is not possible to be a nationalist, there must be a common enemy that at least seems authentic. A half truth that can be manipulated to justify hatred, because this is the most potent link of the masses.
The Catalan nationalists have to skip a very important part of their history to retreat from our days until 1714. They must ignore a long period of time in which this type of movement has no roots in Catalonia, quite the contrary. During the War of Independence, in the early nineteenth century, at the time of Ferdinand VII, we find the Catalans demanding that this absolutist king be more absolute in his decisions. There are very few references to the existence of these disintegrating ideas among the catalonians until the end of the 19th century; they do not even occur during the Carlist wars.

On March 4, 2018, the citizens of Tabarnia go to the monument of Rafael Casanova. It is the same place to which for years the independence leaders have come to celebrate the Diada. One might wonder why so many politicians have been paying tribute to a character who rose up in favor of the Austrian throne candidate for his honor and for the freedom of all of Spain, who bring him flowers, who have made him an icon nationalist and read the manifesto published in September 1714 conveniently purged to suit their claims.
The symbol of September 11 and the figure of Rafael Casanova are not only a gross manipulation of history to finally build a fictitious enemy, but it also means taking over a real person to create a symbol that has nothing to do with reality. The aim is perverse: to foment hatred and xenophobia towards the responsible Spaniards even today of such an offense.
What leaves you perplexed is the impudence to create a false myth on purpose. However, I wonder if there comes a time when the very saga of those who have invented it artificially come to believe themselves. The falsity of what they have manufactured is not posed as possible. They are as much victims of their own dynamics as the masses they have indoctrinated.

Pujol is a clever impostor, enormously clever, and a man who has had autonomy in his hands for years and years, using a populism of three to four, but which has worked very well especially in the rural world. Not so much in the urban world, but this has more than compensated for the tremendous power it has had in small cities and the countryside, where the Pujol myth has managed to penetrate the genes of ruralism. The electoral law so favorable to this situation has finished the work of penetration. Pujol creates the new catalonian nationalism and as he creates it he corrupts everything he touches. The result is a luxurious outer building that seems to house the «Catalonia oasis» -as they said in Madrid-, but, over time, the internal rot causes the walls to fall, and through the gaps we see Puigdemont, Mas, Junqueras, Trapero , Cuixart, Sanchez and others, in the waning quarter.
Three factors, language, education and mass media, as instruments of nationalism for their purposes. If one of the three had failed, it would not have worked. If the right to use Spanish in the school had been respected, it would not have worked; without the media of the Generalitat, it would not have worked; with an authentically democratic and plural educational system would not have worked. The three factors are perfectly cohesive.
What Tabarnia has done now is unite all that series of people who were disintegrated, which no one represented, although now they represent some constitutionalist parties. But Tabarnia is more than this. Tabarnia is the impulse to promote that «we think as we think, right, left, center or indifferent, what we do know is that we do not want this.»

Gabriel Rufián is another paradigmatic case. Even when he makes his speeches in Congress he exhibits a kind of grimace that conveys the absolute feeling that nothing is believed of what he says. When it is over, he is left with a half smile of satisfaction about himself. It’s like I’m playing. He goes to Congress as the one who goes to the bar with his buddies to drink some beers and starts talking about politics and football.

Nationalism is another mode of populism. In Catalonia a populism without a doubt very long-lived, since apparently there is no way to get the masses to turn against their false prophets. There are things, few, that have turned against them; some of its leaders are in pretrial detention charged with serious crimes, or have paid high bail bonds to evade it. There is an expresident, a fake president, who is fled in Belgium with his troops; there are enough people imputed badly or, what is even worse, afraid to go to jail. In other words, yes, there are things that have been turned against them. His big farce has produced positive aspects, for example, that the group of Spanish citizens finally see the danger of what was brewing in Catalonia, something that did not happen until a few months ago. Until then, the majority of Spaniards did not know what was happening in Catalonia, I was totally unaware of it.
One of Tabarnia’s successes is that it puts nationalism on edge. Nationalism has epileptic attacks every time you hear the word Tabarnia. For some we are reactionary and for other anti-Catalans. It is a game in which you can not do anything. If we were politicians we would be subject to the vote, power quotas, commitments, the media, etc. We can appear on a television program without being subject to the proportionality required of political parties on public television during the news. If the parties want to give us the battle in our field, making satire of Tabarnia, I can only say that they have that battle lost in advance, that they will only make a fool of themselves or put to work comic mercenaries of the regime like Toni Soler or Toni Albà, which is an act of lamentable vassalage.
Obviously, there are many doubts about where Tabarnia is going; nobody knows it, but what is certain is that it will never be a political party, which will not end in the Parlament. Apart from that, we ourselves are incapable of foreseeing it, because it will be the citizens who follow us who will lead the way.

Nationalism has mounted another tricky number with the history of bullfighting and has shown its imposture with total impudence by prohibiting bullfights and shielding the correbous, which is a less refined and complex form than the bullfight. He has done it for electoral interests and step to fuck the rest of the Spanish, showing that he won a battle against one of its most recognized symbols. Because the bull is the external symbol of Spain in the world; In all the Hollywood movies, when Spain leaves, the bulls appear. First were the Osborne wooden bulls and then the real ones.

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