Hacia Los Confines Del Mundo — Harry Thompson / To The Edge Of The World by Harry Thompson

Extraordinaria novela de viajes, que narra los cinco años que el Beagle con el capitán FitzRoy y Darwin a bordo estuvieron recorriendo las islas y costas de Sudamerica.
Este viaje maravilloso y magníficamente descrito periplo permitio a Darwin mediante las observaciones realizadas escribir El origen de las especies y enunciar la teoría de la evolución.
Las conversaciones mantenidas por el naturalista y el capitán , Darwin encontrando fósiles, distintos animales distintos fenómenos naturales se va alejando de las explicaciones Bíblicas mientras que el Capitán intenta justificar los descubrimientos con la Biblia en la mano, diatribas que se siguen con un enorme interes.
No es por tanto un simple libro de viajes sino al tiempo un análisis filosófico y religioso del origen de los animales escrito en un lenguaje coloquial al alcance de todos.
El viaje termina y nos narra en paralelo la vida de los protagonistas, la popularidad del naturalista y las vicisitudes por las que tuvo que pasar el capitán hasta el vi de sus días.
Asimismo se nos plantean los peligros y las terribles consecuencias de las colonizaçiones que tuvieron lugar a finales de siglo
No se puede pedir mas a esta hermosa y amena novela basada en hechos reales, valida para cualquier edad y que dará satisfacción tanto a los que les gusten los viajes, la ciencia, o los peligros de la civilización.
Es un novelón. Narra el viaje en el Beagle de Darwin alrededor del mundo, pero desde el punto de vista de FitzRoy, el capitán del barco. La historia describe el conflicto de un hombre que acoge a Darwin como naturalista de la expedición con la idea de tener un igual con quien hablar durante la travesía, y se encuentra al final del viaje que “ha creado un monstruo”. FitzRoy intenta encontrar durante la expedición las evidencias del diluvio, y de resultas de su viaje surge de su compañero la más seria refutación del relato bíblico. La grandeza de la novela es narrar la historia de la gestación de la teoría evolutiva desde el punto de vista del fracaso de un hombre. Muy bien documentada y con unos personajes magníficamente creados. La recomiendo sin ninguna duda.

A la edad de 23 años, Robert FitzRoy montó la cubierta del HMS Beagle como su capitán. El barco fue llamado un “bergantín de ataúd” por su incapacidad de resistir una combinación de alta mar y vientos cruzados. La aparente juventud de FitzRoy desmintió su larga experiencia naval, una experiencia que salvaría al Beagle más de una vez. Un aristócrata británico de largo linaje, ese trasfondo no le impidió, como a algunos, tener un enorme sentido de la responsabilidad por la tripulación del barco. Cuando se mostró firme, fue por una razón, y la tripulación respondió con rara lealtad. El trabajo de Beagle estaba inspeccionando la costa sudamericana. Esa tarea y la necesidad de una forma de aliviar el aislamiento del capitán pusieron en marcha una cadena de eventos trascendentales. Bajo su tutela, muchos de los oficiales subalternos del Beagle pasaron a carreras dignas de mención en su vida posterior. Es encomiable que un escritor de ficción se esforzó tanto para rastrear esta información.
Hay un debate en curso -a veces rencoroso- sobre el valor de la “ficción histórica”. Algunos afirman que es engañoso, mientras que otros afirman que trae figuras de “vida” a menudo condenadas a la oscuridad académica. Cualesquiera que sean los méritos de convertir la historia en ficción, en las manos del escritor adecuado, el efecto puede ser esclarecedor. Ciertamente es con este excelente trabajo. Thompson levanta la figura de FitzRoy de la oscuridad, y en algún momento de la burla, transformándolo en una figura de notable estatura. El autor insufla vida al hombre que pretendía ser el némesis de Charles Darwin. En el proceso, Thompson muestra que FitzRoy era una figura de alta complejidad, y no la dogmática que algunas historias le han retratado.
Thompson no tiene más remedio que hacer que Darwin sea algo así como una ventaja para el comandante naval, aunque Darwin era solo unos años más joven que FitzRoy. Fueron las observaciones de Darwin y su confianza en el trabajo geológico de Charles Lyell, lo que llevó al cuestionamiento del Diluvio bíblico. A partir de esa erosión de un tema principal en el pensamiento de principios del siglo XIX, se fundará una ciencia completamente nueva. A partir de ese paso, también surgirá una nueva visión de la vida misma. FitzRoy, incluso sumergido en sus deberes del ombligo, entendió perfectamente el desafío de sus propias creencias. Sus respuestas a los desafíos de Darwin están bien expresadas por la descripción de Thompson. FitzRoy, por ejemplo, es descrito como racista mucho menos victoriano que Darwin, pero defendió la esclavitud como un medio para “civilizar” y “elevar” a las personas salvajes que habían sido traídas a las costas sudamericanas. Para Fitz Roy, todos los hombres vivían bajo los auspicios de su deidad. Una vida de esclavitud podría ser redimida en el paraíso.
FitzRoy tiene un estigma, que Thompson trata con eficacia. El ex capitán del Beagle se había suicidado. El propio tío de Fitz Roy se había cortado el cuello, y fue sometido a períodos de depresión oscura. En un momento dado, FitzRoy renunció a su mando, sintiéndose incapaz de cumplir con el desafío de su misión. Convencido de retener el puesto, llevó a cabo más trabajo con prisa. El viaje de vuelta alrededor del mundo a Inglaterra tomó solo 18 meses de un viaje de cinco años. Thompson, sin embargo, no tiene prisa y desarrolla plenamente las vidas paralelas de Darwin y FitzRoy. El desarrollo es gratificante ya que nos enteramos de que fue Robert FitzRoy quien inició estudios meteorológicos serios en las Islas Británicas y publicó un servicio de pronóstico del tiempo para proteger las vidas de los marineros de pescadores y navales y comerciales.
FitzRoy, consciente de dónde las especulaciones de Charles Darwin en América del Sur podrían llevarlo, y deprimido por los caprichos de la atención pública y la indiferencia del Almirantazgo, se vuelve más hacia adentro, buscando consuelo en su Biblia. Él considera que es la verdad definitiva, y en una confrontación especulativa, Thompson hace que FitzRoy y Darwin muestren sus diferentes puntos de vista la última vez. Después de la publicación de El origen de las especies, FitzRoy planteó sus objeciones finales. Poco después, el capitán siguió el ejemplo de su tío y se quitó la vida.
Es difícil elogiar este libro lo suficiente. Thompson ha emprendido una tremenda tarea y la ha cumplido brillantemente. Saber cómo “todo resulta” es de poca importancia al leer este libro. La habilidad del autor en la construcción de los personajes, su obvia simpatía por una figura trágica y su conocimiento de los eventos y las actitudes de los personajes y los tiempos hacen que esta sea una lectura muy gratificante.

Extraordinary travel novel, which narrates the five years that the Beagle with Captain FitzRoy and Darwin on board were traveling the islands and coasts of South America.
This wonderful voyage and magnificently described journey enabled Darwin through the observations made to write The Origin of Species and enunciate the theory of evolution.
The conversations held by the naturalist and the captain, Darwin finding fossils, different animals, different natural phenomena are moving away from the Biblical explanations while the Captain tries to justify the discoveries with the Bible in hand, diatribes that are followed with a huge interest.
It is not therefore a simple travel book but at the same time a philosophical and religious analysis of the origin of animals written in a colloquial language available to everyone.
The trip ends and tells us in parallel the life of the protagonists, the popularity of the naturalist and the vicissitudes that the captain had to go through until the end of his days.
We are also presented with the dangers and the terrible consequences of the colonization that took place at the end of the century
You can not ask for more to this beautiful and entertaining novel based on real events, valid for any age and that will satisfy both those who like travel, science, or the dangers of civilization.
It is a novelon. It narrates the trip in the Beagle of Darwin around the world, but from the point of view of FitzRoy, the captain of the ship. The story describes the conflict of a man who welcomes Darwin as naturalist of the expedition with the idea of ​​having an equal with whom to talk during the voyage, and is at the end of the trip that “has created a monster”. FitzRoy tries to find during the expedition the evidences of the flood, and as a result of his trip the most serious rebuttal of the biblical story arises from his companion. The greatness of the novel is to tell the story of the gestation of evolutionary theory from the point of view of the failure of a man. Very well documented and with magnificently created characters. I recommend it without any doubt.

At the age of but 23 Robert FitzRoy mounted the deck of HMS Beagle as its captain. The ship was called a “coffin brig” for its inability to resist a combination of high seas and cross-winds. FitzRoy’s apparent youth belied his long Naval experience – experience that would save the Beagle more than once. A British aristocrat of long lineage, that background didn’t prevent him, as it did some, from bearing an enormous sense of responsibility for the ship’s crew. When he was firm, it was for a reason, and the crew responded with rare loyalty. The Beagle’s job was surveying the South American coast. That assignment and the need for a way to alleviate the captain’s isolation set in train a momentous string of events. Under his tutelage, many of the Beagle’s junior officers went on to noteworthy careers in later life. It’s commendable that a fiction writer went to such effort to track down this information.
There’s an ongoing debate – sometimes rancorous – over the value of “historical fiction”. Some claim it misleading, while others contend it brings to “life” figures often condemned to academic obscurity. Whatever the merits of converting history into fiction, in the hands of the proper writer, the effect can be illuminating. It certainly is with this excellent work. Thompson lifts the figure of FitzRoy from near obscurity – and sometime derision – transforming him into a figure of notable stature. The author breathes life into the man who sought to be Charles Darwin’s nemesis. In the process Thompson shows that FitzRoy was a figure of high complexity, and not the dogmatist some histories have portrayed him.
Thompson has no choice but to make Darwin something of a foil to the naval commander, although Darwin was just a few years younger than FitzRoy. It was Darwin’s observations, and his reliance on the geological work of Charles Lyell, that led to questioning of the Biblical Flood. From that erosion of a major theme in the thinking of the early 19th Century, an entirely new science would be founded. From that step, a new view of life itself would also emerge. FitzRoy, even while submersed in his navel duties, understood the challenge to his own beliefs perfectly. His responses to Darwin’s challenges are well expressed by Thompson’s portrayal. FitzRoy, for example, is depicted as far less of a Victorian Era racist than Darwin, yet defended slavery as a means of “civilising” and “uplifting” those savage people who had been brought to South American shores. To FitzRoy, all men lived under the auspices of his deity. A life of slavery could be redeemed in paradise.
FitzRoy carried a stigma, which Thompson deals with effectively. The former captain of the Beagle had committed suicide. FitzRoy’s own uncle had sliced his throat, and he was subjected to periods of dark depression. At one point, FitzRoy resigned his command, feeling unfit to meet the challenge of his assignment. Convinced to retain the post, he carried out further work in some haste. The return trip around the globe to England took only 18 months of a five-year voyage. Thompson, however, is in no hurry and develops the parallel lives of Darwin and FitzRoy fully. The development is rewarding as we learn it was Robert FitzRoy who initiated serious meteorological studies of the British Isles and published a weather forecasting service to protect the lives of fisherman and naval and commercial sailors.
FitzRoy, aware of where Charles Darwin’s speculations in South America might lead him, and depressed by the vagaries of both public attention and the Admiralty’s indifference, turns more inward, seeking solace in his Bible. He considers it the ultimate truth, and in a speculative confrontation, Thompson has FitzRoy and Darwin thrash out their different views on last time. After publication of The Origin of Species, FitzRoy raised his final objections. Not long afterward, the captain followed his uncle’s example and took his life.
It’s difficult to praise this book sufficiently. Thompson has undertaken a tremendous task and fulfilled it brilliantly. Knowing how “it all turns out” is of small consequence when reading this book. The author’s skill in building the characters, his obvious sympathy for a tragic figure and his knowledge of events and attitudes of the characters and the times make this a most rewarding read.

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