Bacterias, Bichos Y Otros Amigos: Descubre A Nuestros Aliados Microscópicos — David G. Jara / Bacteria, Bugs and Other Friends: Discover Our Microscopic Allies by David G. Jara (spanish book edition)

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Todos sabemos que hay bacterias buenas y malas, pero lo que aquí se cuenta es que incluso las malas malísimas nos resultan útiles. El libro se estructura en capítulos que contienen relatos cortos que se pueden leer de forma independiente. Todos muy amenos y con bibliografía para ampliar conocimientos si se desea. El autor se cree más gracioso de lo que es y por eso supongo que más de una vez patina con comentarios machistas en la introducciones que hace a los temas, en las que cuenta anécdotas de su vida privada. A pesar de ello, el libro es una ventana a un mundo diminuto y enorme a la vez.
Ni todas las bacterias son malas, ni todas buenas. ..Este libro que cada capitulo empieza casi como un cuento, te acerca a diversos actores bacterianos para conocerlos más de cerca, para entender un poco mas este mundo que aunque no se vea tiene una importancia determinante para nosotros como especie, y en general para el mundo desde que es mundo.

Sabemos que algunas bacterias matan; pero la mayoría desconoce que muchos de estos microorganismos se utilizan para diagnosticar enfermedades y detectar peligrosas sustancias tóxicas en el medio ambiente, fabricar muchos de los fármacos con los que mantener a raya a los patógenos, combatir al indeseable virus del dengue, o batallar contra el casi invulnerable cáncer.
Las bacterias que utilizamos para limpiar las manchas de petróleo transforman los hidrocarburos en otros compuestos químicos menos —o nada— peligrosos; pero, por desgracia, con demasiada frecuencia aparecen en el medio sustancias cuya toxicidad no puede ser atenuada por la acción de los microbios. Metales pesados como el mercurio, el plomo o el cadmio son elementos tóxicos y nocivos para la mayoría de los seres vivos que, como consecuencia de las actividades antropogénicas, aparecen en nuestro entorno y que con el tiempo terminan por alcanzar la cadena alimenticia al retornar, como si de un boomerang lanzado por el karma se tratara, hasta nosotros.
El teluro es un elemento químico que se utiliza como material para elaborar paneles fotovoltaicos, discos ópticos (CD y DVD), y como acelerador en la vulcanización del caucho, amén de otras muchas aplicaciones industriales que han sido las responsables de que su presencia como residuo contaminante en el medio natural, sobre todo en el agua, sea cada vez mayor. A la necesidad de retirar del medio una sustancia de gran toxicidad se ha unido el interés económico por recuperar un elemento que presenta una elevada demanda comercial, lo que provoca que la recuperación del teluro sea en la actualidad uno de los principales objetivos de las técnicas de biorremediación. M. magneticum es una bacteria muy especial que coge el hierro que encuentra en su entorno para construir en su interior unos minúsculos cristales de magnetita (Fe3O4), los magnetosomas, que le hacen presentar propiedades magnéticas. Pero este microbio no hace ascos al teluro, y si encuentra algo de este semimetal a su alrededor no dudará en internalizarlo y construir con él unos bonitos cristales en forma de filamento.
Durante mucho tiempo, la presencia de lesiones en la mucosa del estómago se vinculaba directamente a un exceso de secreción de ácido gástrico, y se asociaba con el estrés y el consumo de sustancias como el café, el tabaco o el alcohol. Pero a principios de los años ochenta, los doctores australianos Robin Warren y Barry J. Marshall, del Royal Perth Hospital, descubrieron que responsabilizar al estrés de los destrozos que en ocasiones sufre el revestimiento del estómago humano era una acción tan injusta como otorgar el mérito del éxito que, por entonces, Warren y Marshall localizaron unas extrañas bacterias habitando alegremente en la mucosa del estómago humano, algo realmente sorprendente habida cuenta de la acidez que reina por aquellos lares. Pero el microorganismo, que llegaría a alcanzar la fama con el nombre artístico de Helicobacter pylori, posee la habilidad para sintetizar un compuesto de característico y desagradable olor, el amoníaco, que neutraliza la acidez a su alrededor y le permite desarrollarse en tan limitante hábitat. El problema es que la bacteria rara vez se ciñe a vivir pacíficamente en nuestras entrañas, pues debe interactuar con sus vecinas las células del estómago si quiere mantener con ellas una pacífica coexistencia. Los doctores australianos descubrieron que la interacción de las bacterias con el tejido que recubre el estómago desencadena la inflamación de la mucosa gástrica, que de forma sostenida conduce a una ulceración e, incluso, con el tiempo al desarrollo de cáncer de estómago. Esta observación llevó directamente a los investigadores a conseguir en el año 2005 el Premio Nobel de Medicina, y a la bacteria que descubrieron en nuestras tripas a formar parte del amplio catálogo de sustancias carcinógenas.
Actualmente sabemos que H. pylori lleva más de 10.000 años colonizando nuestros estómagos.

El imperio de las bacterias dominó la Tierra durante cientos de millones de años; pero un día, ya muy lejano, un nuevo organismo, una insólita criatura más compleja surgió en este planeta con el firme objetivo de desafiar al poder que hasta entonces las bacterias habían estado ejerciendo. En realidad, el nuevo residente del vecindario era casi tan minúsculo como las propias bacterias, ya que, como ellas, estaba constituido por una única célula. Sin embargo, la complejidad de su interior contrastaba con la sencillez, que hoy algunos optimistas llamarían minimalismo, que decoraba el interior de los primeros moradores del planeta. La nueva criatura se vino a denominar célula eucariota y, como si de una navaja suiza se tratara, era poseedora de una enorme variedad de estructuras capaces de desempeñar múltiples tareas con las que la vieja daga bacteriana no podía siquiera soñar: una envoltura para proteger al valioso material genético de la célula, unas eficaces centrales energéticas, un complejo y laberíntico sistema de membranas internas que permiten la maduración y el transporte de sustancias, o unas fábricas capaces de almacenar en los alimentos parte de la energía emitida por el Sol. Pero las nuevas células, más allá de todos estos útiles elementos, consiguieron algo que siempre les ha estado vetado a las bacterias: formar tejidos.
La palabra bacteria adquiere con demasiada frecuencia una connotación negativa, probablemente porque las historias trágicas nos impactan con mayor fuerza y se graban a fuego en nuestro cerebro al constituir una lección que debemos aprender para conservar la vida. Es fácil recordar que una bacteria produce una determinada enfermedad capaz de fulminar la vida de miles de personas, pero rara vez nos acordamos de que otros organismos del mismo reino fermentan la leche y producen el yogur que desayunamos cada mañana. La visión que tenemos de las bacterias como entes nocivos puede ser una consecuencia natural de nuestra condición humana, pero no por ello deja de ser tremendamente injusta. Es innegable que muchas bacterias son las responsables de multitud de enfermedades que han matado, y lo seguirán haciendo, a muchísimas personas; pero no es menos cierto que otras muchas bacterias desempeñan importantes funciones, de las que también nos beneficiamos, que hacen nuestra vida más fácil y segura. Además, nadie debería renegar de sus raíces, y os recuerdo que no solo tenemos millones de antiguas bacterias viviendo en el interior de nuestras células, sino que, por si eso fuera poco, una bacteria ancestral es nuestra madre.

El guano contiene cantidades y proporciones adecuadas de fósforo, nitrógeno y potasio, precisamente los tres elementos químicos más importantes para el desarrollo y el crecimiento de las plantas.
Pero las aplicaciones que atesoran los excrementos van mucho más allá de artísticas caquitas enlatadas, fertilizantes ecológicos o cafés de precio prohibitivo; en la actualidad se está investigando la utilidad que las cacas de gato pueden tener a la hora de, agárrate, ¡eliminar tumores!
En realidad no se trata de utilizar directamente las heces de nuestro minino como si de escatológicos quimioterápicos se trataran, sino de manipular un minúsculo parásito que con frecuencia infecta el intestino de los felinos y que sale al exterior escondido entre sus deposiciones. El organismo al que hacemos referencia se llama Toxoplasma gondii y pertenece al reino de los protoctistas: unos microorganismos unicelulares y eucariotas que han hecho del parasitismo su estrategia predilecta para la supervivencia.
El T. gondii puede llegar a los humanos de forma indirecta a través de verduras mal lavadas o de carne contaminada que ha sido poco cocinada; pero también lo puede hacer directamente cuando manipulamos la caja con las heces de nuestro gato.
La enfermedad producida por el bichejo, la toxoplasmosis, puede ser peligrosa para individuos que presentan las defensas muy bajas por encontrarse sometidos a tratamiento quimioterápico intenso o, por ejemplo, por estar afectados por el virus del sida; y, sin duda, constituye una importante amenaza para el embrión y el feto en desarrollo de las embarazadas. Pero en un individuo sano, la infección por T. gondii no suele provocar el menor daño y con frecuencia pasa desapercibida.
Los codiciados excrementos de la civeta de las palmeras, las cacas de gato poseedoras de un parásito capaz de reactivar a las defensas, nuestra flora intestinal formada por microorganismos que constantemente se regenera al ser parcialmente expulsada junto a las heces, e incluso las bolitas de hábitos diurnos con las que los conejos completan su dieta, nos han mostrado que la mierda, a pesar de su olor y de su mala fama, quizás no sea tan mala.

La habilidad humana para domesticar a múltiples especies de animales y de plantas ha sido, sin duda, uno de los principales factores que ha provocado nuestra explosión como especie dominante así como el brutal desarrollo de nuestras sociedades. Si durante siglos el control de los instintos de muchos organismos nos ha permitido y facilitado la obtención de alimentos y tejidos, y nos ha suministrado valiosa mano de obra y protección, en la actualidad el dominio que hemos alcanzado sobre los microorganismos nos está proporcionando nuevas estrategias para detectar enfermedades y reconocer sustancias tóxicas, dotando de inverosímiles métodos para transportar sustancias directamente al interior de las células, y abasteciendo de importantísimas sustancias que de otro modo serían muy difíciles de conseguir. La domesticación de los microorganismos abre a nuestra especie un nuevo mundo lleno de posibilidades.

La única solución para los enfermos celíacos es eliminar drásticamente todos aquellos productos que puedan contener gluten. Sin embargo, investigadores holandeses de la Universidad de Leiden creen haber encontrado entre los productos fabricados por el Aspergillus niger una sustancia que permitiría a los enfermos relajar tan estricta dieta antigluten, y de ese modo llevar una vida más normal. Resulta que el hongo productor de ácido cítrico también es capaz de sintetizar una proteína, la prolil endoproteasa, que corta sin ningún problema los enlaces que unen a los aminoácidos de prolina que tanto abundan en el gluten. Estos científicos creen que si se suministra a un enfermo un alimento que contenga gluten junto a estas proteínas fabricadas por el hongo, la degradación que sufriría el gluten por la acción de la prolil endoproteasa lo haría pasar desapercibido ante el sistema inmune del individuo y no habría respuesta alérgica alguna.
Los investigadores de la Universidad de Leiden probaron su hipótesis en un artilugio que simulaba el aparato digestivo humano, y efectivamente observaron que la enzima sintetizada por A. niger degradaba el gluten sin ningún problema.
No obstante, un estudio piloto desarrollado en el año 2013 con un total de dieciséis enfermos no mostró ninguna diferencia en la respuesta inmune de aquellos que fueron tratados con esta sustancia y aquellos otros a los que se les suministró un simple placebo. Por lo que, en principio, la utilidad de la prolil endoproteasa fabricada por A. niger parece prometedora en el tratamiento de la celiaquía, pero los primeros resultados no han mostrado los beneficios esperados. No obstante, los científicos ya están enfrascados en nuevos estudios con muestras de mayor tamaño para tratar de demostrar si realmente esta sustancia puede o no resultar útil a los celíacos.

Durante mucho tiempo, los esfuerzos para combatir esta enfermedad se han centrado en el vector que transmite el parásito, es decir, en batallar contra la mosca negra, utilizando compuestos químicos que eliminaban las larvas del díptero en la corriente de los ríos donde estas se desarrollan. Pero esta estrategia se ha mostrado económicamente inviable a largo plazo, además de que, obviamente, no les sirve de nada a los millones de personas que ya están infectadas por Onchocerca volvulus. Pero la insistencia de los científicos por seguir la moda imperante en otros ámbitos de la sociedad de repetir hasta la saciedad un formato que ha funcionado dio como resultado la aparición en escena de una sustancia muy eficaz para combatir la oncocercosis. La ivermectina obtenida de la bacteria Streptomyces avermitilis elimina con eficacia las microfilarias a la vez que se muestra prácticamente inocua para el enfermo, factor tremendamente relevante pues los otros fármacos que eran utilizados para tratar esta afección eran muy peligrosos debido a su elevada toxicidad.
En la actualidad, gracias a que la empresa farmacéutica Merck donó el fármaco para que pudiera ser utilizado por cualquier persona el tiempo que lo necesitase y a los diferentes programas de control de la enfermedad que se han venido desarrollando, la oncocercosis ha sido prácticamente erradicada en Centroamérica y en Sudamérica, donde la enfermedad había llegado procedente de África a través del tráfico de esclavos. En el continente africano, donde la prevalencia de la enfermedad es mucho mayor, el uso de la ivermectina ha supuesto un alivio para muchos individuos que han visto como las patologías oculares y los problemas de piel asociados al parásito han ido disminuyendo. No obstante, aunque el descubrimiento de la sustancia sintetizada por las bacterias del género Streptomyces ha supuesto un cambio radical en el tratamiento de la enfermedad, lo cierto es que en estos países todavía queda mucho por hacer pues la oncocercosis continúa afectando a muchos, a demasiados, individuos.

Tanto el tifus como la fiebre de las trincheras son dos enfermedades transmitidas por la picadura del piojo corporal (Pediculus humanus corporis), que se esconde entre las costuras de la ropa y que solo las abandona para sorber la sangre de su incauto poseedor mientras le transmite una mortal enfermedad, ya que en el interior de algunos de estos minúsculos insectos se encuentran dos bacterias, Rickettsia prowazekii y Bartonella quintana, responsables del tifus y la fiebre de las trincheras, respectivamente.
El cangrejo de sangre azul, el microorganismo insecticida, la bacteria alérgica a la testosterona y el microscópico morador de las sulfúreas y abrasadoras profundidades constituyen una minúscula muestra de la gigantesca variedad de organismos y de comportamientos que podemos encontrar en este maravilloso planeta. Los seres humanos somos unos privilegiados que poseemos la capacidad para sorprendernos y maravillarnos con la exuberancia biológica que nos rodea y que es, sin duda, nuestro mayor tesoro, y ello bastaría para justificar todos nuestros esfuerzos en pos de proteger y mantener la biodiversidad del planeta que habitamos y al que estamos indisolublemente vinculados. Pero incluso desde el enfoque más radicalmente antropocentrista, en el que el único interés fuese mantener la supremacía de nuestra especie, las alianzas que en el futuro podemos establecer con cientos de seres vivos justifican la conservación y la protección de nuestro entorno.

Uno de los microorganismos que actualmente se está utilizando en el desarrollo de vacunas contra el cáncer es una de las más peligrosas bacterias que acechan a los humanos: Listeria monocytogenes. Podríamos pensar que quizás sería más adecuado servirse de microbios un poco menos agresivos que L. monocytogenes, más que nada por no contraer una terrible enfermedad infecciosa que tengamos que añadir al cáncer que, ya de por sí, está limitando la vida del paciente. Pero en realidad esta bacteria posee dos características inigualables que la postulan como el portador ideal de los antígenos cancerosos en una hipotética vacuna.
En primer lugar, nuestras defensas reaccionan ante la presencia de L. monocytogenes con la misma agresiva vehemencia que el macho alfa de una manada de lobos lo hace contra un competidor que quiere acceder a su hembra. En segundo lugar, esta bacteria entrega los antígenos de las células cancerosas directamente a las células del sistema inmune, pues su mecanismo de infección se basa en colarse dentro de los macrófagos y de las células dendríticas que forman parte del enorme ejército de nuestras defensas. De este modo, cuando las bacterias —modificadas en el laboratorio para eliminar su naturaleza perniciosa— se introducen en un enfermo harán la entrega del antígeno con el que se las ha cargado directamente a las células del sistema inmune. El objetivo es que el atrevimiento de las bacterias patógenas al meterse en la boca del lobo saque a las defensas del enfermo de ese largo letargo en el que parecían verse envueltas, y respondan atacando violentamente a las células cancerosas que también portan dicho antígeno.
Otra posibilidad muy interesante que los científicos están estudiando con el objetivo de diseñar una vacuna que permita destruir una masa tumoral, consiste en atacar a la red de vasos sanguíneos que se encarga de su suministro de provisiones.
Los investigadores están analizando dos estrategias diferentes para destruir o para evitar la formación de esta red pirata de vasos sanguíneos. Una posibilidad consiste en cargar a las bacterias de L. monocytogenes con un antígeno que sintetizan las células tumorales para inducir la construcción del sistema de capilares que debe alimentarlas. De esta forma, las defensas del enfermo que han sido infectadas con la bacteria desatarán toda su ira contra los tejidos donde se exprese esa sustancia, y de ese modo se impedirá la edificación de la red de capilares que necesita el tumor para abastecerse.
Otra táctica consiste en derribar directamente los pilares que sostienen al sistema que alimenta al tumor. Las columnas sobre las que se cimenta la red vascular son unas células llamadas pericitos; de modo que destruyendo a estas peculiares células también evitaremos que las células del tumor puedan alimentarse. En este caso, tal como nos podemos imaginar, el antígeno que portarán nuestras bacterias en la vacuna será una proteína característica de los pericitos; de este modo serán ellos quienes se conviertan en el objetivo de las airadas defensas que han sido activadas por L. monocytogenes.
La inmunoterapia y el diseño de vacunas contra el cáncer utilizando bacterias es un campo muy prometedor que en el futuro puede darnos muchas alegrías; pero lo cierto es que todavía debe superar múltiples y variados obstáculos. A lo que se debe unir que la inmunoterapia presenta el inconveniente de que es una técnica mucho más lenta que la quimio o la radioterapia, y que además se muestra realmente eficaz durante las primeras etapas de la enfermedad. No obstante, en un futuro no demasiado lejano es muy probable que la vacunación contra el cáncer, combinada con la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia, conforme una interesantísima herramienta con la que tratar el cáncer.

We all know that there are good and bad bacteria, but what is told here is that even the most terrible bad ones are useful to us. The book is structured in chapters that contain short stories that can be read independently. All very enjoyable and with bibliography to expand knowledge if desired. The author thinks he’s more funny than he is and that’s why I guess he skates more than once with macho comments in the introductions he makes to the topics, in which he tells anecdotes about his private life. In spite of this, the book is a window to a tiny and enormous world at the same time.
Not all bacteria are bad, nor all good. … This book that each chapter begins almost like a story, brings you closer to various bacterial actors to know them more closely, to understand a little more this world that although it is not seen has a determining importance for us as a species, and in general for the world since it is the world.

We know that some bacteria kill; but most are unaware that many of these microorganisms are used to diagnose diseases and detect dangerous toxic substances in the environment, manufacture many of the drugs to keep pathogens at bay, combat the undesirable dengue virus, or battle against the almost invulnerable cancer.
The bacteria we use to clean oil slicks transform hydrocarbons into other less-or not at all-dangerous chemical compounds; but, unfortunately, too often substances appear in the environment whose toxicity can not be attenuated by the action of microbes. Heavy metals such as mercury, lead or cadmium are toxic and harmful elements for most living beings that, as a consequence of anthropogenic activities, appear in our environment and eventually reach the food chain on return, as if it were a boomerang thrown by karma, up to us.
Tellurium is a chemical element that is used as material to make photovoltaic panels, optical discs (CD and DVD), and as an accelerator in rubber vulcanization, in addition to many other industrial applications that have been responsible for its presence as a waste pollutant in the natural environment, especially in water, be increasing. The need to remove a highly toxic substance from the environment has joined the economic interest to recover an element that presents a high commercial demand, which causes the recovery of tellurium is currently one of the main objectives of the techniques of bioremediation. M. magneticum is a very special bacterium that takes the iron it finds in its environment to build in its interior tiny crystals of magnetite (Fe3O4), the magnetosomes, which cause it to exhibit magnetic properties. But this microbe does not disgust the tellurium, and if it finds something of this semimetal around it, it will not hesitate to internalize it and build with it beautiful crystals in the form of a filament.
For a long time, the presence of lesions in the stomach mucosa was directly linked to an excess of gastric acid secretion, and was associated with stress and the consumption of substances such as coffee, tobacco or alcohol. But in the early 1980s, Australian doctors Robin Warren and Barry J. Marshall of the Royal Perth Hospital discovered that blaming stress for the damage that the lining of the human stomach sometimes suffers was as unfair as granting merit. of the success that, at that time, Warren and Marshall located some strange bacteria living happily in the mucosa of the human stomach, something really surprising given the acidity that reigns in those parts. But the microorganism, which would reach fame with the name of Helicobacter pylori, has the ability to synthesize a compound of characteristic and unpleasant odor, ammonia, which neutralizes the acidity around it and allows it to develop in such a limiting habitat. The problem is that the bacteria rarely sticks to live peacefully in our guts, because it must interact with its neighbors the cells of the stomach if you want to maintain a peaceful coexistence with them. The Australian doctors discovered that the interaction of the bacteria with the tissue that covers the stomach triggers the inflammation of the gastric mucosa, which in a sustained way leads to an ulceration and, even, over time to the development of stomach cancer. This observation led directly to the researchers to obtain in 2005 the Nobel Prize in Medicine, and to the bacteria that they discovered in our guts to be part of the wide catalog of carcinogenic substances.
We currently know that H. pylori has been colonizing our stomachs for over 10,000 years.

The empire of bacteria dominated the Earth for hundreds of millions of years; but one day, already very far away, a new organism, an unusual and more complex creature arose on this planet with the firm objective of challenging the power that until then the bacteria had been exerting. In fact, the new resident of the neighborhood was almost as tiny as the bacteria themselves, since, like them, it was made up of a single cell. However, the complexity of its interior contrasted with simplicity, which today some optimists call minimalism, which decorated the interior of the first inhabitants of the planet. The new creature came to be called a eukaryotic cell and, like a Swiss Army knife, it had an enormous variety of structures capable of performing multiple tasks that the old bacterial dagger could not even dream of: an envelope to protect the valuable genetic material of the cell, effective energy plants, a complex and labyrinthine system of internal membranes that allow the maturation and transport of substances, or factories capable of storing in the food part of the energy emitted by the Sun. new cells, beyond all these useful elements, achieved something that has always been banned from bacteria: to form tissues.
The word bacterium too often acquires a negative connotation, probably because the tragic stories impact us more strongly and are burned into our brain to constitute a lesson we must learn to preserve life. It is easy to remember that a bacterium produces a certain disease capable of killing the lives of thousands of people, but we rarely remember that other organisms in the same kingdom ferment the milk and produce the yogurt that we eat every morning. The vision we have of bacteria as harmful entities can be a natural consequence of our human condition, but it does not stop being tremendously unjust. It is undeniable that many bacteria are responsible for many diseases that have killed, and will continue to do, to many people; but it is no less true that many other bacteria perform important functions, from which we also benefit, that make our lives easier and safer. Also, no one should deny their roots, and I remind you that not only do we have millions of ancient bacteria living inside our cells, but, if that were not enough, an ancestral bacterium is our mother.

Guano contains adequate amounts and proportions of phosphorus, nitrogen and potassium, precisely the three most important chemical elements for the development and growth of plants.
But the applications that cherish the excrement go far beyond artistic canned cakes, organic fertilizers or prohibitively expensive coffees; Nowadays, we are investigating the usefulness that cat poop can have when it comes to, hold on, eliminate tumors!
In reality, it is not a question of directly using the faeces of our kitten as if they were eschatological chemotherapics, but of manipulating a tiny parasite that frequently infects the intestines of the felines and that goes out to the outside hidden among their stools. The organism we refer to is called Toxoplasma gondii and belongs to the protoctists’ kingdom: unicellular and eukaryotic microorganisms that have made parasitism their preferred strategy for survival.
T. gondii can reach humans indirectly through poorly washed vegetables or contaminated meat that has been undercooked; but you can also do it directly when we manipulate the box with our cat’s feces.
The disease caused by the bichejo, toxoplasmosis, can be dangerous for individuals who have very low defenses due to being subjected to intense chemotherapy treatment or, for example, because they are affected by the AIDS virus; and, without a doubt, it constitutes an important threat to the embryo and the developing fetus of pregnant women. But in a healthy individual, T. gondii infection does not usually cause the least damage and often goes unnoticed.
The coveted droppings of the civet of palms, the cat droppings possessing a parasite able to reactivate the defenses, our intestinal flora formed by microorganisms that constantly regenerates to be partially expelled next to the feces, and even the balls of habits diurnal rabbits complete their diet, have shown us that shit, despite its smell and its bad reputation, may not be so bad.

The human ability to domesticate multiple species of animals and plants has undoubtedly been one of the main factors that has caused our explosion as a dominant species as well as the brutal development of our societies. If for centuries the control of the instincts of many organisms has allowed us and facilitated the obtaining of food and tissues, and has provided us with valuable labor and protection, at present the domain we have achieved on microorganisms is providing us with new strategies to detect diseases and recognize toxic substances, providing unlikely methods to transport substances directly into cells, and supplying important substances that would otherwise be very difficult to obtain. The domestication of microorganisms opens up a new world full of possibilities for our species.

The only solution for celiac patients is to drastically eliminate all those products that may contain gluten. However, Dutch researchers at the University of Leiden believe they have found among the products manufactured by Aspergillus niger a substance that would allow sufferers to relax such a strict antigluten diet, and thereby lead a more normal life. It turns out that the fungus producing citric acid is also capable of synthesizing a protein, the prolyl endoprotease, which cuts without any problems the bonds that bind to the proline amino acids that are so abundant in gluten. These scientists believe that if a gluten-containing food is supplied to a patient along with these proteins made by the fungus, the degradation that gluten would undergo by the action of the prolyl endoprotease would make it go unnoticed by the individual’s immune system and would not any allergic response.
Researchers at the University of Leiden tested their hypothesis on a contraption that simulated the human digestive system, and actually observed that the enzyme synthesized by A. niger degraded gluten without any problem.
However, a pilot study developed in 2013 with a total of sixteen patients showed no difference in the immune response of those who were treated with this substance and those who were given a simple placebo. So, in principle, the usefulness of prolyl endoprotease manufactured by A. niger seems promising in the treatment of celiac disease, but the first results have not shown the expected benefits. However, scientists are already engaged in new studies with larger samples to try to show whether or not this substance may actually be useful to coeliacs.

For a long time, efforts to combat this disease have focused on the vector that transmits the parasite, that is, in battling against the black fly, using chemical compounds that eliminated the larvae of the dipterous in the current of the rivers where they develop. . But this strategy has proved economically unfeasible in the long term, and obviously, it does not help the millions of people who are already infected with Onchocerca volvulus. But the insistence of scientists to follow the prevailing fashion in other areas of society to repeat ad nauseam a format that has worked resulted in the appearance on stage of a very effective substance to combat onchocerciasis. The ivermectin obtained from the bacterium Streptomyces avermitilis effectively eliminates the microfilariae while being practically safe for the patient, an extremely relevant factor since the other drugs that were used to treat this condition were very dangerous due to their high toxicity.
Currently, thanks to the pharmaceutical company Merck donated the drug so that it could be used by anyone for as long as needed and the different disease control programs that have been developed, onchocerciasis has been virtually eradicated in Central America and in South America, where the disease had arrived from Africa through the slave trade. In the African continent, where the prevalence of the disease is much higher, the use of ivermectin has been a relief for many individuals who have seen how eye diseases and skin problems associated with the parasite have been decreasing. However, although the discovery of the substance synthesized by the bacteria of the genus Streptomyces has meant a radical change in the treatment of the disease, the truth is that in these countries there is still much to do as onchocerciasis continues to affect many, too many , individuals.

Both typhus and fever of the trenches are two diseases transmitted by the bite of the body louse (Pediculus humanus corporis), which hides between the seams of clothing and leaves only to suck the blood of his unsuspecting owner while transmitting a deadly disease, since inside some of these tiny insects are two bacteria, Rickettsia prowazekii and Bartonella quintana, responsible for typhus and trench fever, respectively.
The blue blood crab, the insecticidal microorganism, the bacteria allergic to testosterone and the microscopic inhabitant of the sulphurous and scorching depths are a tiny sample of the gigantic variety of organisms and behaviors that we can find in this wonderful planet. Human beings are privileged that we have the ability to surprise and marvel at the biological exuberance that surrounds us and that is, without a doubt, our greatest treasure, and this would be enough to justify all our efforts in order to protect and maintain the biodiversity of the planet that we inhabit and to which we are inextricably linked. But even from the most radically anthropocentric approach, in which the only interest was to maintain the supremacy of our species, the alliances that in the future we can establish with hundreds of living beings justify the conservation and protection of our environment.

One of the microorganisms that is currently being used in the development of cancer vaccines is one of the most dangerous bacteria that lurk in humans: Listeria monocytogenes. We might think that perhaps it would be more appropriate to use microbes that are a little less aggressive than L. monocytogenes, mainly because they do not contract a terrible infectious disease that we have to add to cancer that, by itself, is limiting the patient’s life. But in reality this bacterium has two unique characteristics that postulate it as the ideal carrier of cancer antigens in a hypothetical vaccine.
In the first place, our defenses react to the presence of L. monocytogenes with the same aggressive vehemence that the alpha male of a wolf pack does against a competitor who wants to access his female. Secondly, this bacterium delivers the antigens of the cancer cells directly to the cells of the immune system, because its mechanism of infection is based on sneaking into the macrophages and the dendritic cells that are part of the enormous army of our defenses. In this way, when the bacteria -modified in the laboratory to eliminate their pernicious nature- are introduced into a patient, they will deliver the antigen with which they are loaded directly into the cells of the immune system. The goal is that the audacity of the pathogenic bacteria to get into the mouth of the wolf to the defenses of the patient of that long lethargy in which they seemed to be involved, and respond by violently attacking the cancer cells that also carry the antigen.
Another very interesting possibility that scientists are studying with the aim of designing a vaccine that allows to destroy a tumor mass, consists in attacking the network of blood vessels that is in charge of its supply of provisions.
Researchers are analyzing two different strategies to destroy or to prevent the formation of this pirate network of blood vessels. One possibility is to load the bacteria of L. monocytogenes with an antigen that the tumor cells synthesize to induce the construction of the capillary system that must feed them. In this way, the patient’s defenses that have been infected with the bacteria will unleash all their anger against the tissues where that substance is expressed, and in this way the building of the capillary network that the tumor needs to supply will be prevented.
Another tactic is to directly tear down the pillars that support the system that feeds the tumor. The columns on which the vascular network is cemented are cells called pericytes; so by destroying these peculiar cells we will also prevent the tumor cells from feeding. In this case, as we can imagine, the antigen that our bacteria will carry in the vaccine will be a characteristic protein of the pericytes; in this way they will be the ones who become the target of the angry defenses that have been activated by L. monocytogenes.
Immunotherapy and the design of vaccines against cancer using bacteria is a very promising field that in the future can give us many joys; But the truth is that it must still overcome many and varied obstacles. To which it must be added that immunotherapy has the disadvantage that it is a much slower technique than chemo or radiotherapy, and that it is also really effective during the first

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