Los Ejércitos Secretos De La OTAN — Daniele Ganser / NATO’s Secret Armies: Operation GLADIO and Terrorism in Western Europe by Daniele Ganser

Ganser ha escrito una excelente reseña de los llamados ejércitos “de la retaguardia” organizados por los servicios secretos británicos y estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial para resistir una esperada invasión soviética de Europa occidental. Finalmente, la CIA se convirtió en la principal organización organizadora bajo los auspicios de la OTAN. Sin embargo, el conocimiento de estos ejércitos secretos era muy limitado en todos los supuestos estados soberanos que componían la OTAN. Pequeña maravilla. Muchos de los miembros de estas fuerzas clandestinas eran ex nazis, fascistas y extremistas de extrema derecha, que no dudaron en seguir las instrucciones estadounidenses para marginar a grupos de izquierda que trabajaban como partidos democráticos en países como Italia y Francia. Los actos terroristas que en ese momento fueron atribuidos a las células comunistas se revelaron luego como debidos a los agentes de Gladio. Pero el razonamiento para tales operaciones de bandera falsa tuvo éxito; las poblaciones locales se acobardaron para aceptar la restricción de su orden de derechos civiles para protegerlos de los cocos del commie. Si esto te suena familiar, debería. Sin embargo, extrañamente, el autor en el capítulo final evita llegar a la conclusión lógica de que el 11-S fue una operación de bandera falsa similar, aunque se menciona que algunos han especulado que Bush sabía de los ataques inminentes y “permitió que sucedieran” para poder justifica sus aventuras quijotescas en el Medio Oriente. Este libro es muy recomendable ya que los medios de comunicación estadounidenses han evitado este tema como la peste, para que no perturbe nuestra ilusión, este país representa la democracia y la libertad se ve perturbada. En cambio, este triste relato ilustra cuán malvada fue la CIA y aún lo es y los dobles estándares que usa este país para justificar sus crímenes.

Este innovador trabajo de Daniele Ganser, investigador principal del Centro de Estudios de Seguridad del Instituto Federal de Tecnología de Zúrich, expone la organización terrorista secreta anticomunista establecida en toda Europa por los Estados Unidos y Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial. Crearon la red Gladio en los 16 países miembros de la OTAN y en las naciones neutrales de Suecia, Finlandia, Austria y Suiza. Reclutaron a antiguos miembros de las SS como parte de la red de Alemania.
Como escribe Ganser, estas redes “se convirtieron en activistas en causas políticas como una regla y no como una excepción”. Los estados de Estados Unidos y Gran Bretaña los usaron “para manipular y controlar las democracias de Europa occidental desde dentro, desconocidas tanto para las poblaciones europeas como para los parlamentos. Esta estrategia condujo al terror y al miedo, así como a la ‘humillación y maltrato de las instituciones democráticas'”. Crearon y manipularon una amenaza terrorista, desarrollando una “estrategia de tensión” para fortalecer a las clases dominantes de Europa.
Ganser señala: “A veces estos esfuerzos involucraban violencia, incluso terrorismo, y algunas veces los terroristas usaban el mismo equipo que les proporcionaban para su función en la Guerra Fría”. Él observa, “Los ejércitos secretos … estuvieron involucrados en toda una serie de operaciones terroristas y violaciones a los derechos humanos que culparon erróneamente a los comunistas para desacreditar a la izquierda en las urnas. Las operaciones siempre tuvieron como objetivo difundir el máximo temor entre la población y varió de masacres de bombas en trenes y plazas de mercado (Italia), el uso de tortura sistemática de opositores al régimen (Turquía), el apoyo a golpes de estado de derecha (Grecia y Turquía), a la destrucción de grupos de oposición (Portugal y España) “.
Los terroristas de Gladio masacraron a 38 personas en Turquía en 1977, a 491 personas en Italia entre 1969 y 1980, y a 28 personas en Bélgica en 1983-85. Ayudaron golpes de estado en Francia en 1958 y 1961, en Grecia en 1967 y en Turquía en 1960, 1971 y 1980. Llevaron a cabo los asesinatos de Eduardo Mondlane, el líder del movimiento de liberación nacional de Mozambique, en 1969, y de Aldo Moro, quien había sido Primer Ministro de Italia, en 1978.
Estados Unidos y Gran Bretaña se convirtieron así en patrocinadores estatales del terrorismo. Ganser concluye: “Muchas de estas operaciones terroristas patrocinadas por el Estado, como sugieren los subsiguientes encubrimientos y pruebas falsas, disfrutaron del aliento y la protección de altos funcionarios gubernamentales y militares seleccionados en Europa y en los Estados Unidos”. Como informó una comisión parlamentaria italiana en 2002, “Esas masacres, esas bombas, esas acciones militares habían sido organizadas o promovidas o apoyadas por hombres dentro de las instituciones estatales italianas y, como se ha descubierto más recientemente, por hombres vinculados a las estructuras de los Estados Unidos. inteligencia.”
El estado británico aún usa la “estrategia de tensión” de Gladio, explotando a los terroristas fundamentalistas para aumentar los poderes del estado. Por ejemplo, el MI5 dirigía Abu Hamza: durante diez años le permitieron reclutar y entrenar terroristas para su uso en el extranjero. Inevitablemente, algunos, como los bombarderos 7/7 de Londres, recurrieron a sus anfitriones. Incluso ahora el estado protege a Hamza y se niega a enjuiciarlo por cargos de terrorismo.

En el contexto de guerra fría y de lucha por el poder que los extremistas recurrieron al terrorismo en Europa Occidental. A la extrema izquierda, los grupos terroristas más notorios fueron los comunistas italianos de las Brigadas Rojas así como la Rote Armee Fraktion alemana o RAF (Fracción Ejército Rojo). Fundadas por varios estudiantes de la universidad de Trento que no tenían ningún conocimiento en cuanto a técnicas de combate, las Brigadas Rojas contaban entre sus miembros a Margherita Cagol, Alberto Franceschini y Alberto Curcio.
Al igual que los miembros de la RAF, éstos estaban convencidos de la necesidad de recurrir a la violencia para cambiar la estructura del poder vigente, que les parecía injusto y corrupto. Al igual que las acciones de la RAF, las de las Brigadas Rojas no tenían como blanco a la población civil sino a determinados individuos que consideraban representantes del «aparato del Estado», como banqueros, generales y ministros, a los que secuestraban y a menudo asesinaban. Las acciones de las Brigadas Rojas, que tuvieron lugar principalmente en la Italia de los años 1970, dejaron 75 muertos.
Debido a su poca capacidad estratégica y militar y a su inexperiencia, los miembros de las Brigadas Rojas acabaron siendo arrestados mediante redadas, y posteriormente juzgados y encarcelados.
Al otro extremo del tablero político de la guerra fría, la extrema derecha también recurrió a la violencia. En Italia, su red incluía a los soldados clandestinos del Gladio, los servicios secretos militares y organizaciones fascistas como Ordine Nuovo. Al contrario del que practicaba la izquierda, el objetivo del terrorismo de derecha era sembrar el terror en todas las capas de la sociedad mediante atentados dirigidos contra grandes multitudes y destinados a provocar la mayor cantidad posible de muertos para acusar posteriormente a los comunistas.
El juez Casson logró determinar que el drama de Peteano formaba parte de ese esquema y entraba en el marco de una serie de crímenes que había comenzado en 1969.
Contrariamente a los miembros de las Brigadas Rojas, que acabaron todos en la cárcel, los terroristas de extrema derecha lograron escapar después de cada atentado ya que, como señala Vinciguerra con toda razón, todos gozaron de la protección del aparato de seguridad y de los servicios secretos del ejército italiano. Años más tarde, cuando al fin se estableció el vínculo entre el atentado de la Piazza Fontana y la derecha italiana, se le preguntó a Franco Freda, miembro de Ordine Nuovo, si al cabo del tiempo creía haber sido manipulado por personajes que ocupaban altos cargos, generales o ministros.
En marzo de 2001, el general Giandelio Maletti, ex jefe del contraespionaje italiano, dejó entrever que además de la de la red clandestina Gladio, de los servicios secretos militares italianos y de un grupúsculo de terroristas de extrema derecha, las matanzas que desacreditaron a los comunistas italianos recibieron también la aprobación de la Casa Blanca y de la CIA. Al comparecer como testigo en el juicio contra los terroristas de extrema derecha acusados de estar implicados en los atentados de la Piazza Fontana, Maletti declaró: «La CIA, siguiendo las directivas de su gobierno, quería crear un nacionalismo italiano capaz de obstaculizar lo que consideraba un deslizamiento hacia la izquierda y, con ese objetivo, pudo utilizar el terrorismo de extrema derecha.» (…) «Uno tenía la impresión de que los americanos estaban dispuestos a todo para impedir que Italia se inclinara hacia la izquierda», explicó el general, antes de agregar: «No olviden que era Nixon quien estaba a la cabeza del gobierno y Nixon no era un tipo cualquiera, [era] un político muy hábil pero un hombre de métodos poco ortodoxos.»
La extrema derecha y sus partidarios en el seno de la OTAN temían que los comunistas italianos adquiriesen demasiado poder y es por ello que, en un intento de «desestabilizar para estabilizar», los soldados clandestinos de los ejércitos del Gladio perpetraban aquellos atentados, que atribuían después a la izquierda. «Para los servicios secretos, el atentado de Peteano era parte de lo que se llamó “la estrategia de la tensión” », explicó públicamente el juez Casson en un reportaje de la BBC dedicado al Gladio. «O sea, crear un clima de tensión para estimular en el país las tendencias socio-políticas conservadoras y reaccionarias.
Existe en Italia una organización paralela a las fuerzas armadas, que se compone de civiles y de militares y de vocación antisoviética, o sea destinada a organizar la resistencia contra una eventual ocupación del suelo italiano por parte del Ejército Rojo.» Sin mencionarlo por su nombre, ese testimonio confirmó la existencia del Gladio, el ejército secreto y stay-behind creado por orden de la OTAN. Vinciguerra lo describió como «una organización secreta, una superorganización que dispone de su propia red de comunicaciones, de explosivos y de hombres entrenados para utilizarlos». El terrorista reveló que esa «superorganización, a falta de invasión soviética, recibió de la OTAN la orden de luchar contra un deslizamiento del poder hacia la izquierda en el país. Y eso fue lo que hicieron, con el apoyo de los servicios secretos del Estado, del poder político y del ejército.

En la versión final de su informe, Andreotti explicaba que Gladio había sido concebido en los países miembros de la OTAN como una red clandestina de resistencia destinada a luchar contra una posible invasión soviética. Al terminar la guerra, los servicios secretos del ejército italiano, el Servizio di Informazioni delle Forze Armate (SIFAR), predecesor del SID, había firmado con la CIA «un acuerdo sobre “la organización de la actividad de una red clandestina postinvasión”, acuerdo designado con el nombre de Stay Behind, en el que se renovaban todos los compromisos anteriores que implicaban a Italia y Estados Unidos».
La cooperación entre la CIA y los servicios secretos militares italianos, como precisaba Andreotti en su informe, se encontraba bajo la supervisión y la coordinación de los centros encargados de las operaciones de guerra clandestina de la OTAN: «Una vez que se constituyó esa organización secreta de resistencia, Italia estaba llamada a participar (…) en las tareas del CPC (Clandestine Planning Committee), fundado en 1959, que operaba en el seno del [Supreme Headquarters Allied Powers Europe (SHAPE), el cuartel general de las potencias europeas de la OTAN (…); en 1964, los servicios secretos italianos se integraron también al ACC (Allied Clandestine Committee).»
El ejército secreto Gladio, como reveló Andreotti, disponía de considerable armamento. El equipamiento proporcionado por la CIA había sido enterrado en 139 escondites distribuidos en bosques, campos e incluso en iglesias y cementerios. Según las explicaciones del primer ministro italiano, esos arsenales contenían «armas portátiles, municiones, explosivos, granadas de mano, cuchillos, dagas, morteros de 60 mm., fusiles sin retroceso calibre 57, fusiles con mirillas telescópicas, transmisores de radio, prismáticos y otros tipos de equipamiento diverso». Además de las protestas de la prensa y de la población contra las acciones de la CIA y la corrupción del gobierno, las escandalosas revelaciones de Andreotti también dieron lugar a una verdadera fiebre en la búsqueda de escondites de armas.

El Parlamento Europeo decidió adoptar una resolución sobre el caso Gladio. La resolución contenía una enérgica denuncia del fenómeno y, en su preámbulo, intentaba describir la operación a través de 7 puntos:
1.    «Considerando que varios gobiernos europeos han revelado la existencia desde hace 40 años y en varios Estados miembros de la Comunidad de una organización que realiza operaciones armadas y de inteligencia paralela»;
2.    «Considerando que durante estos 40 años esa organización escapó a todo control democrático y fue dirigida por los servicios secretos de los Estados interesados en colaboración con la OTAN»;
3.    «Temiendo que tales redes hayan podido interferir ilegalmente en los asuntos políticos internos de los Estados miembros o que sigan teniendo la capacidad de hacerlo»;
4.    «Considerando que en ciertos Estados miembros los servicios secretos militares (o elementos incontrolables en el seno de esos servicios) han estado implicados en graves actos de terrorismo y criminales como se ha probado mediante diversas investigaciones judiciales»;
5.    «Considerando que esas organizaciones actuaron y siguen actuando fuera de todo marco legal, no están sometidas a ningún control parlamentario y, en la mayor parte de los casos, sin que sean informados los más altos responsables del gobierno y los garantes de la Constitución»;
6.    «Considerando que las diferentes organizaciones “Gladio” disponen de sus propios arsenales y equipamientos militares que les garantizan una fuerza de ataque desconocida, constituyendo así una amenaza para las estructuras democráticas de los países en los que operan y han operado»;
7.    «Profundamente preocupado ante la existencia de órganos de decisión y de ejecución fuera de todo control democrático y de naturaleza totalmente clandestina, en momentos en que un fortalecimiento de la cooperación comunitaria en materia de seguridad está siendo el centro de todos los debates».

Después de aquel preámbulo, la resolución condenaba, en primer lugar, «la creación clandestina de redes de acción y de manipulación y [llamaba] a abrir una profunda investigación sobre la naturaleza, la estructura, los objetivos y todo otro aspecto de esas organizaciones secretas o de todo grupo disidente, sobre su utilización como forma de injerencia en los asuntos políticos internos de los países interesados, sobre el problema del terrorismo en Europa y sobre la posible complicidad de los servicios secretos de los Estados miembros o de terceros países».
En segundo lugar, la Unión Europea protestaba «enérgicamente contra el derecho que sean arrogado ciertos responsables del ejército estadounidense que trabajan para el SHAPE o para la OTAN a estimular la creación en Europa de una red clandestina de inteligencia y acción».
En un tercer punto, la resolución llamaba a «los gobiernos de los Estados miembros a desmantelar todas las redes militares y paramilitares clandestinas».
Como cuarto punto, la Unión Europea exhortaba «las jurisdicciones de los países en los que la presencia de tales organizaciones militares [estaba] comprobada a determinar con exactitud su composición y su forma de operar y a establecer un listado de todas las acciones que al parecer realizaron con vistas a desestabilizar las estructuras democráticas de los Estados miembros».
La UE reclamaba además que «todos los Estados miembros tomen las medidas necesarias, de ser necesario mediante la nominación de comisiones parlamentarias de investigación, con el fin de hacer un listado exhaustivo de las organizaciones secretas en ese contexto y, al mismo tiempo, de controlar sus vínculos con sus respectivos servicios de inteligencia y, de ser el caso, con grupos terroristas y/u otras prácticas ilegales».
El sexto punto de la resolución estaba dirigido al Consejo de Ministros de la Unión Europea, muy especialmente a los ministros de Defensa, y lo llamaba a «proporcionar toda la información sobre las actividades de esas servicios clandestinos de inteligencia y de acción».
En el séptimo punto, el Parlamento Europeo pedía «a su comisión competente que escuchara testigos con el fin de aclarar el papel y el impacto de la organización “GLADIO” y de otras redes similares».
Como último punto, aunque no menos importante, y aludiendo explícitamente a la OTAN y a los Estados Unidos, el Parlamento Europeo «[ordenaba] a su presidente transmitir la presente resolución a la Comisión del Consejo de Europa, al secretario general de la OTAN, a los gobiernos de los Estados miembros y al gobierno de los Estados Unidos».

Mucho ruido para nada. Ni una sola de las 8 medidas que exigía el Parlamento Europeo se ejecutó debidamente. Bélgica, Italia y Suiza fueron los únicos países que nombraron cada uno una comisión investigadora parlamentaria y presentaron un informe público sustancial y detallado.

Después de la OTAN y la CIA, la tercera organización en orden de importancia implicada en la operación stay-behind era el MI6 británico. En 1990, el MI6 no adoptó posición alguna sobre el caso Gladio debido a una legendaria obsesión por el secreto. La existencia misma del MI6 no fue admitida oficialmente hasta 1994, con la publicación de la Intelligence Services Act que estipulaba que la misión de ese servicio consistía en obtener información de inteligencia y ejecutar acciones secretas en el extranjero.
Mientras que el ejecutivo británico y el MI6 se negaban a hacer cualquier comentario, Rupert Allason, miembro del partido conservador, redactor del Intelligence Quarterly Magazine bajo el seudónimo de Nigel West y autor de varios libros sobre los servicios británicos de seguridad, confirmó, en noviembre de 1990, en pleno apogeo del escándalo Gladio y en una entrevista telefónica concedida a la Associated Press: «Estábamos, y seguimos estando todavía, fuertemente implicados (…) en esas redes».
West explicó que Gran Bretaña «participó, claro está, junto a los estadounidenses, en el financiamiento y la dirección» de varias redes y que también participaba en el marco de la colaboración entre el MI6 y la CIA: «Son las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses las que dieron origen al proyecto». West afirmó que, a partir de 1949, el accionar de los ejércitos stay-behind había sido coordinado por la Estructura de Comando y Control de las Fuerzas Especiales de la OTAN, en cuyo seno el Special Air Service (SAS) desempeñaba un papel estratégico.
«La responsabilidad de Gran Bretaña en la creación de las redes stay-behind en toda Europa es absolutamente fundamental», reportó la BBC, con cierto retraso, en su edición vespertina del 4 de abril de 1991.

Los objetivos a largo plazo del SOE y de su sucesora, la Special Operations Branch del MI6, aprobados de forma provisional por el Consejo del Estado Mayor británico el 4 de octubre de 1945, preveían en primer lugar la creación del esqueleto que debía sustentar una red capaz de extenderse rápidamente en caso de guerra y, en una segunda fase, la reevaluación de las necesidades del gobierno británico para sus operaciones clandestinas en el extranjero. «Se decidió preparar esas acciones prioritariamente en los países con posibilidades de ser invadidos durante las primeras fases de un conflicto con la Unión Soviética, aunque no [estuviesen] sometidos aún a la dominación de Moscú.»
Después de la Segunda Guerra Mundial, el oeste de Europa siguió siendo por lo tanto el principal teatro de operaciones de la guerra secreta británica.
En 1988, dos años antes del estallido del escándalo sobre el Gladio, la BBC reveló la existencia de una cooperación entre las Fuerzas Especiales estadounidenses y británicas. En un documento titulado The Unleashing of Evil, la BBC reveló al público que el SAS y los Boinas Verdes no habían vacilado en torturar a sus prisioneros en cada una de las campañas desarrollados desde hacía 30 años en Kenya, Irlanda del Norte, Omán, en Vietnam, Yemen, Chipre y en otros países. Luke Thomson, un ex oficial de Boinas Verdes, explicaba ante las cámaras de la BBC que las tropas de élite estadounidenses y británicas seguían un programa de entrenamiento común en Fort Bragg. Basándose en esa declaración, Richard Norton Taylor, el realizador de aquel documental, quien además se distinguió 2 años más tarde por sus investigaciones sobre el caso Gladio, concluyó que la crueldad «está finalmente más extendida y más anclada en nuestra naturaleza de lo que nos gusta creer».
Durante otra operación secreta, los Boinas Verdes entrenaron también a los escuadrones de Khmers Rojos que participaron en el genocidio cambodiano, después de que se estableciera el contacto por parte de Ray Cline, alto responsable de la CIA y consejero especial del presidente estadounidense Ronald Reagan. Cuando estalló el escándalo del Irángate, en 1983, el presidente Reagan, que quería evitar a toda costa un nuevo escándalo, pidió a la primera ministra británica Margaret Thatcher que los británicos reemplazaran a los estadounidenses.
Margaret Thatcher envió entonces el SAS a Cambodia para entrenar allí mismo a las tropas de Pol Pot. «Fuimos primero a Tailandia, en 1984», testimoniaron más tarde varios oficiales del SAS.

La CIA también trató de crear un ejército secreto en China para contrarrestar el avance del comunismo, pero fracasó cuando Mao Zedong, a la cabeza del Partido Comunista Chino, tomó el poder en 1949. El ex director de la CIA William Colby recuerda: «Yo siempre me pregunté si la red stay-behind que habíamos construido hubiese podido funcionar bajo un régimen soviético. Sabemos que los intentos de crear urgentemente ese tipo de organizaciones fracasaron en China, en 1950, y en Vietnam del norte, en 1954.»
Después del estallido de la guerra de Corea en 1950 a lo largo de la frágil frontera que separa el sur bajo control estadounidense del norte comunista, el ejército de los Estados Unidos trató de reducir la influencia del comunismo en Corea del norte, pero sus esfuerzos resultaron infructuosos. La CIA trató también de tomar el control de varios países de Europa oriental a través de operaciones clandestinas y de ejércitos secretos, pero tampoco tuvo éxito.
En un artículo del Washington Post, uno de los pocos sobre el tema que se publicaron en Estados Unidos, intitulado «La CIA recluta ejércitos secretos en Europa occidental: creada fuerza paramilitar para resistir ocupación soviética», se podía leer que un «representante [anónimo] del gobierno de los Estados Unidos familiarizado con la Operación Gladio» había declarado que Gladio era «un problema estrictamente italiano sobre el cual nosotros no tenemos ningún tipo de control» y agregó «pretender, como hacen algunos, que la CIA está implicada en actos terroristas en Italia es completamente absurdo». Las investigaciones subsiguientes demostraron que aquella declaración de la CIA era completamente absurda.

El anticomunismo estadounidense ha dado origen a muchas de las tragedias que marcan la historia de la I República Italiana (1945-1993). Las pruebas descubiertas durante la última década demuestran que el ejército Gladio, dirigido por los servicios secretos italianos, participó activamente en esa guerra no declarada, con la complicidad de los terroristas de extrema derecha. A falta de invasor soviético, las unidades paramilitares anticomunistas entrenadas por la CIA se dedicaron a la realización de operaciones internas destinadas a influir sobre la vida política nacional. Una investigación parlamentaria a la que el Senado italiano confió la misión de aclarar la cuestión del Gladio así como una serie de misteriosos atentados concluyó al final de la guerra fría que, en Italia, «la CIA gozó de la mayor libertad» debido al hecho que, durante la I República, Italia había vivido «en una situación de división difícil e incluso trágica».
En el marco de aquella división se enfrentaban las dos ideologías dominantes de la guerra fría. A la izquierda, estaba el muy popular e influyente PCI (Partido Comunista Italiano, secretamente financiado por la URSS) y el poderoso Partido Socialista mientras que del otro lado del tablero actuaban la CIA.
Durante la guerra fría, el Este estaba bajo el dominio comunista, pero el Oeste también se había convertido de cierta forma en una colonia estadounidense», se quejaba Bielli. Aldo Giannuli, un historiador que trabajaba como consultante de la comisión parlamentaria, insistió con toda razón en la necesidad de ampliar ahora la investigación llevándola al plano internacional y examinando los documentos de la alianza atlántica:
«El verdadero problema de hoy es tener acceso a los archivos de la OTAN”.

Por iniciativa de las Fuerzas Especiales estadounidenses y del SAS británico [Special Air Service, principal cuerpo de operaciones especiales del ejército británico. Nota del Traductor.] se creó en Francia un ejército secreto, designado en código como «Plan Bleu», cuya misión consistiría en impedir clandestinamente la llegada del PCF al poder. En otras palabras, el Plan Bleu debía contrarrestar la “Amenaza Roja”. Un veterano de aquel ejército secreto, Victor Vergnes, recuerda que el impulso lo dieron los británicos inmediatamente después de la guerra. «Yo vivía entonces en Sete, en la casa del comandante Benet, un oficial de la DGER que había realizado misiones en la India. Muchas reuniones se desarrollaban por entonces en aquella casa.» El SAS, especializado en las guerras secretas, entró en contacto con el joven servicio francés de inteligencia, la Direction générale des études et recherches (DGER) [En español, Dirección General de Estudios e Investigaciones], y pactó con ese órgano la instalación de un ejército secreto en el noroeste de Francia, en la región de Bretaña.
Las células de aquel ejército secreto se propagaron rápidamente por todo el territorio. Numerosos agentes y oficiales de la DGER formaban parte de aquel ejército clandestino. Hay que señalar que, bajo la dirección de André Devawrin, la DGER empleó a ex miembros de la Resistencia comunista. La presencia de estos en la DGER constituía, en opinión de los agentes más conservadores y sobre todo de los estadounidenses, un evidente riesgo para la seguridad, sobre todo tratándose de operaciones altamente secretas contra los comunistas franceses, como la Operación Plan Bleu. La DGER fue por lo tanto desmantelada en 1946 y sustituida por un nuevo servicio secreto militar, ya ferozmente anticomunista: el SDECE, encabezado por Henri Alexis Ribiere. Con la sustitución de la DGER por el SDECE, los comunistas perdían una importante batalla de la guerra secreta y se veían así ante un adversario mucho más peligroso. El SDECE reclutó anticomunistas.
“El último blanco de aquella guerra secreta, aunque no el menos importante, fue la policía francesa, que también sufrió los ataques de la CIA. Después de la expulsión de los ministros comunistas del gobierno se aplicó en toda la administración una purga que eliminó a todos los elementos de extrema izquierda, mientras que los anticomunistas más fervientes recibían promociones en el seno de la policía. Entre estos últimos se hallaba el comisario Jean Dides, quien había colaborado con la OSS (Office of Strategic Services, la antecesora estadounidense de la CIA).

En el caso de España, la guerra de la derecha contra la izquierda y los comunistas no se desarrolló en forma de guerra secreta. Fue una guerra abierta y brutal que duró 3 años y dejó 600 000 víctimas en total, tantas como la Guerra de Secesión en Estados Unidos.
El término «quinta columna» sobrevivió a la guerra civil española y sirvió desde entonces para designar a los ejércitos secretos o grupos subversivos armados que operan clandestinamente dentro de la zona de influencia de su enemigo. Durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler creó quintas columnas nazis encargadas de preparar el terreno, en Noruega y en otros países, para facilitar la invasión por parte del ejército regular alemán. Después de derrotar a Alemania, el bloque occidental y la OTAN se adueñaron de la expresión y la adaptaron al contexto de la guerra fría. El término «quinta columna» se empleó entonces para designar los ejércitos secretos comunistas. Muy pronto los especialistas en operaciones de guerra clandestina denunciaron «la rapidez del “mundo libre” en permitir que proliferaran en su territorio las quintas columnas comunistas». No fue hasta 1990 que finalmente se supo que probablemente la mayor red de quintas columnas de la historia era la red stay-behind de la OTAN.
El ejército y los servicios secretos españoles prosperaron fuera de todo control y se dedicaron al tráfico de armas y de estupefacientes, así como al terrorismo en la misma escala que al contraterrorismo. La dictadura de Franco no disponía de uno sino de 3 ministerios de Defensa: uno para las fuerzas terrestres, otro para la fuerza aérea y otro más para la marina de guerra. Cada uno de aquellos 3 ministerios tenía su propio servicio de inteligencia: Segunda Sección Bis para el ejército terrestre, Segunda Sección Bis para la fuerza aérea y el Servicio de Información Naval (SEIN) para la marina de guerra. El Estado Mayor español (Alto Estado Mayor, AEM), dirigido por el propio Franco, tenía además su propio servicio secreto, el SIAEM (Servicio de Información del Alto Estado Mayor). Coronando todo ese conjunto, el ministerio del Interior dirigía también dos servicios: la Dirección General de Seguridad (DGS) y la Guardia Civil.
Durante la guerra fría, la dictadura de Franco dio refugio a numerosos terroristas de extrema derecha que habían participado en la guerra secreta contra el comunismo en Europa Occidental. En enero de 1984, el extremista italiano Marco Pozzan, miembro de la organización Ordine Nuovo, reveló al juez Felice Casson, el magistrado que descubrió la existencia de los ejércitos secretos, que una verdadera colonia de fascistas italianos se había establecido en España durante los últimos años del régimen franquista. Más de 100 conspiradores habían huido de Italia después del fracaso del golpe de Estado neofascista del príncipe Valerio Borghese, en diciembre de 1970. Los partidarios de la extrema derecha, incluyendo al propio Borghese así como a Carlo Cicuttini y Mario Ricci, se habían reagrupado en España bajo la dirección del notorio terrorista internacional Stefano Delle Chiaie, cuyos hombres habían ocupado el ministerio italiano del Interior durante el fallido golpe de Estado.
En España, Delle Chiaie se vinculó a los fascistas de otros países europeos, como el ex nazi Otto Skorzeny; el ex oficial francés, miembro de la OAS y cercano al Gladio Yves Guerain-Serac y el director de Aginter Press, agencia de prensa ficticia basada en Portugal que servía de pantalla para la CIA. Los servicios secretos de Franco empleaban a Skorzeny como «consultor en seguridad».
España se convirtió oficialmente en miembro de la OTAN en 1982. Pero el general italiano Serravalle reveló que contactos no oficiales habían tenido lugar mucho antes de esa fecha. Según Serravalle, España «no entró por la puerta sino por la ventana». Por invitación de Estados Unidos, el ejército secreto español había participado, por ejemplo, en un ejercicio stay-behind bajo el mando de las fuerzas estadounidenses realizado en Baviera, en marzo de 1973. Parece además que el Gladio español también formó parte, bajo el nombre codificado de «Red Quantum», del segundo órgano de mando en el seno de la OTAN, el CC. «Cuando España se integró a la OTAN en 1982, su estructura stay-behind cercana al CESID (Centro Superior de Información de la Defensa), sucesora del SECED, se incorporó al ACC», precisó Pietro Cedoni, autor especializado en Gladio. «Eso provocó conflictos en el seno del Comité. Los italianos del SISMI [los servicios secretos militares de Italia] acusaban esencialmente a los españoles de respaldar indirectamente a los neofascistas italianos a través de su red stay-behind “Red Quantum”.»
No es posible afirmar con certeza que los socialistas españoles del primer ministro Felipe González, quien llegó al poder en 1982.
El ex primer ministro confirmó que cuando España dio sus primeros pasos hacia la democracia, después de la muerte de Franco, hubo temor por la reacción del Partido Comunista Español. Pero «los pobres resultados que obtuvo el PCE en los primeras elecciones y los resultados aún más ridículos que obtuvo en los siguientes escrutinios disiparon nuestros temores». Calvo-Sotelo había sido uno de los principales artífices de la adhesión de España a la OTAN, pero dijo a la prensa que en el momento de unirse a la alianza atlántica, no se había informado por escrito a España de la existencia de una red Gladio clandestina. «No hubo ninguna correspondencia escrita sobre ese tema», dijo Calvo-Sotelo, antes de agregar de forma bastante sibilina: «Y por lo tanto no había tampoco por qué hablar de ello, si hubiese sido el tipo de tema del que se pudiera hablar.» Explicó Calvo-Sotelo que, antes de la firma del Tratado por parte de España en mayo de 1982, él sólo había asistido a algunos encuentros con los representantes de la OTAN y recordó que el PSOE había llegado al poder a finales de aquel mismo año y que él había tenido que dejarle el puesto de primer ministro a Felipe González. Finalmente, las autoridades no ordenaron ni investigación parlamentaria ni presentación de informe público sobre la cuestión del Gladio.

Ganser has written an excellent overview of the so-called “stay behind” armies organized by the British and American secret services after WW 2 to resist an expected Soviet invasion of western Europe. Eventually the CIA came to become the primary organizing agency under the auspices of NATO. However the knowledge of these secret armies was very limited in all the supposed sovereign states that made up NATO. Little wonder. Many of the members of these clandestine forces were ex-Nazis, fascists and extreme right wingers, who had no qualms about following American instructions to marginalize leftist croups working as democratic parties in countries like Italy and France. Terrorist acts that at the time were blamed on communist cells were later revealed to be due to Gladio operatives. But the rationale for such false flag operations succeeded; local populations were cowed into accepting curtailment of their civil rights ion order to protect them from the commie bogeymen. If this sounds familiar, it should. Strangely though, the author in the concluding chapter avoids making the logical conclusion that 9-11 was a similar false flag operation, though it is mentioned that some have speculated that Bush knew of the impending attacks and “allowed them to happen” on order to justify his quixotic adventures in the Middle East. This book is highly recommended since American media has avoided this subject like the plague, lest any disturbance of our illusion this country stands for democracy and freedom is disturbed. Instead this sad tale illustrates how evil the CIA was and very much still is and the double standards this country uses to justify its crimes.

This path-breaking work by Daniele Ganser, a Senior Researcher at the Center for Security Studies at Zurich’s Federal Institute of Technology, exposes the secret anti-communist terrorist organisation set up across Europe by the US and British states after World War Two. They created the Gladio network in all 16 NATO member countries and in the neutral nations of Sweden, Finland, Austria and Switzerland. They recruited former SS members as part of Germany’s network.
As Ganser writes, these networks “became activists in political causes as a rule and not as an exception.” The US and British states used them “to manipulate and control the democracies of Western Europe from within, unknown to both European populations and parliaments. This strategy led to terror and fear, as well as to `humiliation and maltreatment of democratic institutions’.” They created and manipulated a terrorist threat, developing a `strategy of tension’ to strengthen Europe’s ruling classes.
Ganser points out, “Sometimes these efforts involved violence, even terrorism, and sometimes the terrorists made use of the very equipment furnished to them for their Cold War function.” He observes, “The secret armies … were involved in a whole series of terrorist operations and human rights violations that they wrongly blamed on the Communists in order to discredit the left at the polls. The operations always aimed spreading maximum fear among the population and ranged from bomb massacres in trains and market squares (Italy), the use of systematic torture of opponents of the regime (Turkey), the support for right-wing coups d’etats (Greece and Turkey), to the smashing of opposition groups (Portugal and Spain).”
The Gladio terrorists massacred 38 people in Turkey in 1977, 491 people in Italy between 1969 and 1980, and 28 people in Belgium in 1983-85. They assisted coups in France in 1958 and 1961, in Greece in 1967 and in Turkey in 1960, 1971 and 1980. They carried out the assassinations of Eduardo Mondlane, the leader of Mozambique’s national liberation movement, in 1969, and of Aldo Moro, who had been Prime Minister of Italy, in 1978.
The USA and Britain thus became state sponsors of terrorism. Ganser concludes, “Many of these state-sponsored terrorist operations, as the subsequent cover-ups and fake trials suggest, enjoyed the encouragement and protection of selected highly placed governmental and military officials in Europe and in the United States.” As an Italian parliamentary commission reported in 2002, “Those massacres, those bombs, those military actions had been organised or promoted or supported by men inside Italian state institutions and, as has been discovered more recently, by men linked to the structures of United States intelligence.”
The British state still uses the Gladio `strategy of tension’, exploiting fundamentalist terrorists to increase state powers. For example, MI5 ran Abu Hamza: for ten years they let him recruit and train terrorists for use abroad. Inevitably, some, like the 7/7 London bombers, turned on their hosts. Even now the state protects Hamza, refusing to prosecute him on terrorism charges.

In the context of the Cold War and the struggle for power, extremists resorted to terrorism in Western Europe. On the extreme left, the most notorious terrorist groups were the Italian Red Brigades Communists as well as the German Rote Armee Fraktion or RAF (Red Army Fraction). Founded by several students from the University of Trento who had no knowledge of combat techniques, the Red Brigades counted Margherita Cagol, Alberto Franceschini and Alberto Curcio among its members.
Like members of the RAF, they were convinced of the need to resort to violence to change the current power structure, which seemed unfair and corrupt. Like the actions of the RAF, those of the Red Brigades were not aimed at the civilian population but at certain individuals who considered themselves representatives of the “State apparatus”, such as bankers, generals and ministers, whom they kidnapped and often murdered. . The actions of the Red Brigades, which took place mainly in Italy in the 1970s, left 75 dead.
Due to their low strategic and military capacity and their inexperience, members of the Red Brigades ended up being arrested by raids, and subsequently tried and imprisoned.
At the other end of the political panel of the cold war, the extreme right also resorted to violence. In Italy, its network included underground Gladio soldiers, military secret services and fascist organizations such as Ordine Nuovo. Unlike the one practiced by the left, the objective of right-wing terrorism was to sow terror in all layers of society through attacks directed against large crowds and destined to provoke as many dead as possible to accuse the communists later.
Judge Casson managed to determine that Peteano’s drama was part of that scheme and was part of a series of crimes that had begun in 1969.
Contrary to the members of the Red Brigades, who ended up all in jail, the right-wing terrorists managed to escape after each attack since, as Vinciguerra rightly points out, everyone enjoyed the protection of the security apparatus and the services secrets of the Italian army. Years later, when the link between the attack on the Piazza Fontana and the Italian right was finally established, Franco Freda, a member of Ordine Nuovo, was asked if he believed that he had been manipulated by people in high positions over time. , Generals or ministers.
In March 2001, Gen. Giandelio Maletti, the former head of the Italian counterespionage, hinted that in addition to the underground network Gladio, the Italian military secret services and a small group of terrorists of the far right, the massacres that discredited the Italian communists also received the approval of the White House and the CIA. When he appeared as a witness in the trial of extreme right-wing terrorists accused of being involved in the attacks in Piazza Fontana, Maletti said: “The CIA, following the directives of its government, wanted to create an Italian nationalism capable of obstructing what it considered a slide to the left and, for that purpose, could use extreme right-wing terrorism. “(…)” One had the impression that the Americans were willing to do anything to prevent Italy from leaning to the left, “he explained. the general, before adding: “Do not forget that it was Nixon who was at the head of the government and Nixon was not just any guy, [he was] a very clever politician but a man of unorthodox methods.”
The extreme right and its NATO supporters feared that the Italian Communists would acquire too much power and that is why, in an attempt to “destabilize to stabilize”, the underground soldiers of the Gladio armies perpetrated those attacks, which they attributed then to the left. “For the secret services, Peteano’s attack was part of what was called” the strategy of tension “, explained Judge Casson publicly in a BBC report dedicated to the Gladio. “In other words, create a climate of tension to stimulate conservative and reactionary socio-political tendencies in the country.
There exists in Italy an organization parallel to the armed forces, which is made up of civilians and military and anti-Soviet vocation, that is, destined to organize resistance against an eventual occupation of Italian soil by the Red Army. »Without mentioning it by name , that testimony confirmed the existence of the Gladio, the secret army and stay-behind created by order of NATO. Vinciguerra described it as “a secret organization, a superorganization that has its own communications network, explosives and trained men to use them.” The terrorist revealed that this “superorganization, in the absence of Soviet invasion, received from NATO the order to fight against a slide of power to the left in the country. And that’s what they did, with the support of the State’s secret services, the political power and the army.

In the final version of his report, Andreotti explained that Gladio had been conceived in the member countries of NATO as a clandestine network of resistance destined to fight against a possible Soviet invasion. At the end of the war, the secret services of the Italian army, the Servizio di Informazioni delle Forze Armate (SIFAR), predecessor of the SID, had signed with the CIA “an agreement on” the organization of the activity of a post-invasion clandestine network “, designated with the name of Stay Behind, in which all the previous commitments involving Italy and the United States were renewed ».
Cooperation between the CIA and the Italian military secret services, as Andreotti pointed out in his report, was under the supervision and coordination of the centers responsible for NATO’s clandestine war operations: “Once that secret organization was established of resistance, Italy was called to participate (…) in the tasks of the CPC (Clandestine Planning Committee), founded in 1959, which operated within the [Supreme Headquarters Allied Powers Europe (SHAPE), the headquarters of the powers European NATO (…); in 1964, the Italian secret services were also integrated into the ACC (Allied Clandestine Committee). »
The Gladio secret army, as Andreotti revealed, had considerable armament. The equipment provided by the CIA had been buried in 139 hiding places distributed in forests, fields and even in churches and cemeteries. According to the explanations of the Italian prime minister, these arsenals contained “portable weapons, ammunition, explosives, hand grenades, knives, daggers, mortars of 60 mm., Rifles without recozamiento caliber 57, rifles with telescopic peepholes, radio transmitters, binoculars and other types of diverse equipment ». In addition to the protests of the press and the population against the actions of the CIA and the corruption of the government, the scandalous revelations of Andreotti also gave rise to a real fever in the search for hiding places.

The European Parliament decided to adopt a resolution on the Gladio case. The resolution contained a strong denunciation of the phenomenon and, in its preamble, tried to describe the operation through 7 points:
1. “Whereas several European governments have revealed the existence for 40 years and in several Member States of the Community of an organization carrying out armed and parallel intelligence operations”;
2. “Considering that during these 40 years that organization escaped all democratic control and was directed by the secret services of the States concerned in collaboration with NATO”;
3. “Fearing that such networks have been able to interfere illegally in the internal political affairs of the Member States or that they still have the capacity to do so”;
4. “Whereas in certain Member States military secret services (or uncontrollable elements within those services) have been implicated in serious acts of terrorism and criminals as has been proven by various judicial investigations”;
5. “Considering that these organizations acted and continue to act outside any legal framework, are not subject to any parliamentary control and, in most cases, are not informed by the highest officials of the government and the guarantors of the Constitution »;
6. “Considering that the different” Gladio “organizations have their own arsenals and military equipment that guarantee them an unknown attack force, thus constituting a threat to the democratic structures of the countries in which they operate and have operated”;
7. “Deeply concerned at the existence of decision-making and execution bodies beyond democratic control and of a totally clandestine nature, at a time when a strengthening of Community cooperation in security matters is at the center of all debates”.

After that preamble, the resolution condemned, in the first place, “the clandestine creation of networks of action and manipulation and [called] to open a thorough investigation into the nature, structure, objectives and all other aspects of these secret organizations. or of any dissident group, on its use as a form of interference in the internal political affairs of the countries concerned, on the problem of terrorism in Europe and on the possible complicity of the secret services of the Member States or of third countries. ”
In the second place, the European Union protested “vigorously against the right that certain officials of the US military who work for SHAPE or for NATO are supposed to encourage the creation in Europe of a clandestine network of intelligence and action”.
In a third point, the resolution called on “the governments of the member states to dismantle all clandestine military and paramilitary networks.”
As a fourth point, the European Union called for “the jurisdictions of countries in which the presence of such military organizations [was] proven to determine exactly their composition and manner of operation and to establish a list of all actions that they apparently carried out. with a view to destabilizing the democratic structures of the Member States’.
The EU also claimed that “all Member States take the necessary measures, if necessary by nominating parliamentary committees of inquiry, in order to make an exhaustive list of secret organizations in that context and, at the same time, to control their links with their respective intelligence services and, if applicable, with terrorist groups and / or other illegal practices. ”
The sixth point of the resolution was addressed to the Council of Ministers of the European Union, especially the defense ministers, and called on it to “provide all the information about the activities of these clandestine intelligence and action services”.
In the seventh point, the European Parliament asked “its competent committee to listen to witnesses in order to clarify the role and impact of the organization” GLADIO “and other similar networks”.
Last but not least, and explicitly referring to NATO and the United States, the European Parliament “[ordered] its president to transmit this resolution to the Commission of the Council of Europe, to the Secretary General of NATO, to the governments of the member states and the government of the United States”.

Much ado about nothing. Not one of the 8 measures required by the European Parliament was properly implemented. Belgium, Italy and Switzerland were the only countries that each appointed a parliamentary investigative commission and submitted a substantial and detailed public report.

After NATO and the CIA, the third organization in order of importance involved in the stay-behind operation was the British MI6. In 1990, MI6 took no position on the Gladio case due to a legendary obsession with secrecy. The very existence of MI6 was not officially admitted until 1994, with the publication of the Intelligence Services Act which stipulated that the mission of that service consisted of obtaining intelligence information and executing secret actions abroad.
While the British executive and MI6 refused to comment, Rupert Allason, a member of the conservative party, editor of Intelligence Quarterly Magazine under the pseudonym Nigel West and author of several books on British security services, confirmed in November 1990, at the height of the Gladio scandal and in a telephone interview with the Associated Press: “We were, and still are, strongly involved (…) in these networks.”
West explained that Britain “participated, of course, along with the Americans, in the financing and management” of several networks and that it also participated in the framework of the collaboration between the MI6 and the CIA: “They are the British intelligence agencies. and Americans who gave rise to the project ». West affirmed that, from 1949, the actions of the stay-behind armies had been coordinated by the Command and Control Structure of the Special Forces of NATO, within which the Special Air Service (SAS) played a strategic role.
“The responsibility of Britain in the creation of the stay-behind networks throughout Europe is absolutely fundamental,” the BBC reported, with some delay, in its afternoon edition of April 4, 1991.

The long-term objectives of the SOE and its successor, the Special Operations Branch of MI6, provisionally approved by the British Council of the General Staff on October 4, 1945, provided for the creation of the skeleton to support a network. able to expand rapidly in the event of war and, in a second phase, the re-evaluation of the needs of the British government for its clandestine operations abroad. “It was decided to prepare these actions primarily in the countries that were likely to be invaded during the early stages of a conflict with the Soviet Union, even if they were not yet subject to the domination of Moscow.”
After World War II, Western Europe remained the main theater of operations of the British secret war.
In 1988, two years before the outbreak of the Gladio scandal, the BBC revealed the existence of cooperation between the US and British Special Forces. In a document entitled The Unleashing of Evil, the BBC revealed to the public that the SAS and the Green Berets had not hesitated to torture their prisoners in each of the 30-year-old campaigns in Kenya, Northern Ireland, Oman, in Vietnam, Yemen, Cyprus and in other countries. Luke Thomson, a former Green Beret officer, explained to the BBC cameras that American and British elite troops were following a common training program at Fort Bragg. Based on that statement, Richard Norton Taylor, the director of that documentary, who also distinguished himself 2 years later for his investigations of the Gladio case, concluded that cruelty “is finally more widespread and more anchored in our nature than we are. like to believe ».
During another secret operation, the Green Berets also trained the Khmer Rouge squads that participated in the Cambodian genocide, after contact was established by Ray Cline, a senior CIA official and special adviser to US President Ronald Reagan. When the Irangate scandal broke out in 1983, President Reagan, who wanted to avoid a new scandal at all costs, asked British Prime Minister Margaret Thatcher for the British to replace the Americans.
Margaret Thatcher then sent the SAS to Cambodia to train Pol Pot’s troops there. “We went first to Thailand in 1984,” several SAS officials later testified.

The CIA also tried to create a secret army in China to counter the advance of communism, but it failed when Mao Zedong, at the head of the Chinese Communist Party, took power in 1949. Former CIA director William Colby recalls: “I I always wondered if the stay-behind network we had built could have worked under a Soviet regime. We know that attempts to create such organizations urgently failed in China, in 1950, and in North Vietnam, in 1954. »
After the outbreak of the Korean War in 1950 along the fragile border that separates the south under US control from the communist north, the US military tried to reduce the influence of communism in North Korea, but their efforts were unsuccessful. The CIA also tried to take control of several Eastern European countries through clandestine operations and secret armies, but it was not successful either.
In an article in the Washington Post, one of the few on the subject that was published in the United States, entitled “The CIA recruits secret armies in Western Europe: created paramilitary force to resist Soviet occupation”, one could read that a “representative [anonymous] ] of the government of the United States familiar with Operation Gladio “had declared that Gladio was” a strictly Italian problem over which we have no control whatsoever “and added” pretending, as some do, that the CIA is involved in acts terrorists in Italy is completely absurd ». Subsequent investigations proved that the CIA statement was completely absurd.

American anticommunism has given rise to many of the tragedies that mark the history of the First Italian Republic (1945-1993). The evidence discovered during the last decade shows that the Gladio army, led by the Italian secret services, actively participated in this undeclared war, with the complicity of the right-wing terrorists. In the absence of a Soviet invader, the anti-Communist paramilitary units trained by the CIA engaged in internal operations aimed at influencing national political life. A parliamentary inquiry into which the Italian Senate entrusted the mission to clarify the Gladio issue as well as a series of mysterious attacks concluded at the end of the cold war that, in Italy, “the CIA enjoyed the greatest freedom” due to the fact that , during the First Republic, Italy had lived “in a situation of difficult and even tragic division”.
Within the framework of that division, the two dominant ideologies of the Cold War confronted each other. On the left was the very popular and influential PCI (Italian Communist Party, secretly funded by the USSR) and the powerful Socialist Party while the CIA acted on the other side of the board.
During the Cold War, the East was under Communist rule, but the West had also become a US colony in some way, “Bielli complained. Aldo Giannuli, a historian who worked as a consultant to the parliamentary commission, rightly insisted on the need to expand the investigation now by taking it to the international level and examining the documents of the Atlantic alliance:
“The real problem today is having access to the NATO archives”.

On the initiative of the US Special Forces and the British SAS [Special Air Service, the main special operations corps of the British Army. Translator’s Note.] A secret army, code-named “Plan Bleu,” was created in France, whose mission would be to clandestinely prevent the PCF’s arrival to power. In other words, the Bleu Plan had to counteract the “Red Threat”. A veteran of that secret army, Victor Vergnes, remembers that the impulse was given by the British immediately after the war. “I lived then in Sete, in the house of Commander Benet, an officer of the DGER who had carried out missions in India. Many meetings took place in that house at that time. “The SAS, specialized in secret wars, came into contact with the young French intelligence service, Direction générale des études et recherches (DGER) [In Spanish, Directorate General of Studies and Investigations], and agreed with that organ the installation of a secret army in the northwest of France, in the region of Brittany.
The cells of that secret army spread rapidly throughout the territory. Numerous agents and officers of the DGER were part of that clandestine army. It should be noted that, under the direction of André Devawrin, the DGER employed former members of the Communist Resistance. The presence of these in the DGER constituted, in the opinion of the most conservative agents and especially of the Americans, an evident security risk, especially in the case of highly secret operations against the French communists, such as Operation Plan Bleu. The DGER was therefore dismantled in 1946 and replaced by a new military secret service, already fiercely anti-communist: the SDECE, led by Henri Alexis Ribiere. With the replacement of the DGER by the SDECE, the communists lost an important battle of the secret war and thus saw themselves before a much more dangerous adversary. The SDECE recruited anti-communists.
“The last target of that secret war, although not the least important, was the French police, which also suffered the attacks of the CIA. After the expulsion of communist ministers from the government, a purge was applied throughout the administration that eliminated all elements of the extreme left, while the most fervent anticommunists received promotions within the police. Among the latter was Commissioner Jean Dides, who had collaborated with the OSS (Office of Strategic Services, the American predecessor of the CIA).

In the case of Spain, the war of the right against the left and the communists did not develop in the form of a secret war. It was an open and brutal war that lasted 3 years and left 600,000 victims in total, as many as the Civil War in the United States.
The term “fifth column” survived the Spanish Civil War and served since then to designate secret armies or armed subversive groups that operate clandestinely within the zone of influence of their enemy. During the Second World War, Hitler created fifth Nazi columns charged with preparing the ground, in Norway and in other countries, to facilitate the invasion by the German regular army. After defeating Germany, the Western bloc and NATO took over the expression and adapted it to the context of the Cold War. The term “fifth column” was then used to designate the communist secret armies. Very soon the specialists in clandestine war operations denounced “the rapidity of the” free world “in allowing the fifth communist columns to proliferate in its territory”. It was not until 1990 that it was finally learned that probably the largest network of fifth columns in history was the stay-behind network of NATO.
The army and the Spanish secret services prospered out of all control and engaged in trafficking in arms and narcotics, as well as terrorism on the same scale as counter-terrorism. The dictatorship of Franco did not have one but of 3 ministries of Defense: one for the land forces, another for the air force and another one for the navy. Each of those 3 ministries had its own intelligence service: Second Section Bis for the land army, Second Section Bis for the air force and the Naval Information Service (SEIN) for the navy. The Spanish General Staff (Alto Estado Mayor, AEM), led by Franco himself, also had its own secret service, the SIAEM (Information Service of the High Staff). Crowning all this set, the Ministry of the Interior also directed two services: the General Directorate of Security (DGS) and the Civil Guard.
During the cold war, the Franco dictatorship gave refuge to numerous terrorists of the extreme right who had participated in the secret war against communism in Western Europe. In January 1984, the Italian extremist Marco Pozzan, a member of the organization Ordine Nuovo, revealed to Judge Felice Casson, the magistrate who discovered the existence of secret armies, that a true colony of Italian fascists had settled in Spain during the last few years. years of the Franco regime. More than 100 conspirators had fled Italy after the defeat of Prince Valerio Borghese’s neo-fascist coup in December 1970. Supporters of the far right, including Borghese himself as well as Carlo Cicuttini and Mario Ricci, had regrouped in Spain under the direction of notorious international terrorist Stefano Delle Chiaie, whose men had occupied the Italian Ministry of the Interior during the failed coup d’état.
In Spain, Delle Chiaie was linked to fascists from other European countries, such as former Nazi Otto Skorzeny; the former French officer, member of the OAS and close to Gladio Yves Guerain-Serac and the director of Aginter Press, a fictitious press agency based in Portugal that served as a screen for the CIA. The secret services of Franco used Skorzeny as a “security consultant”.
Spain officially became a member of NATO in 1982. But the Italian general Serravalle revealed that unofficial contacts had taken place long before that date. According to Serravalle, Spain “did not enter through the door but through the window”. At the invitation of the United States, the Spanish secret army had participated, for example, in a stay-behind exercise under the command of the American forces carried out in Bavaria in March 1973. It also seems that the Spanish Gladio was also part of the group. coded name of «Quantum Network», of the second command body within NATO, the CC. “When Spain joined NATO in 1982, its stay-behind structure close to the CESID (Higher Information Center of Defense), successor to SECED, joined the ACC,” said Pietro Cedoni, author specialized in Gladio. “That caused conflicts within the Committee. The Italians of the SISMI [the Italian military secret services] essentially accused the Spaniards of indirectly supporting the Italian neo-fascists through their stay-behind network “Red Quantum”. »
It is not possible to say with certainty that the Spanish Socialists of Prime Minister Felipe González, who came to power in 1982.
The former prime minister confirmed that when Spain took its first steps towards democracy, after the death of Franco, there was fear for the reaction of the Spanish Communist Party. But “the poor results obtained by the PCE in the first elections and the even more ridiculous results obtained in the following polls dispelled our fears.” Calvo-Sotelo had been one of the main architects of Spain’s accession to NATO, but told the press that at the time of joining the Atlantic Alliance, Spain had not been informed in writing of the existence of a Gladio network clandestine. “There was no written correspondence on that subject,” said Calvo-Sotelo, before adding quite slyly: “And therefore there was no reason to talk about it either, if it had been the kind of topic one could talk about. “Calvo-Sotelo explained that, before the signing of the Treaty by Spain in May 1982, he had only attended some meetings with NATO representatives and recalled that the PSOE had come to power at the end of that same year and that he had had to leave the position of prime minister to Felipe González. Finally, the authorities did not order a parliamentary investigation or presentation of a public report on the Gladio issue.

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