La Especie Fabuladora — Nancy Huston / The Tale-Tellers: A Short Study of Humankind (L’Espéce Fabulatrice) by Nancy Huston

Me parece un breve e interesante ensayo. ¿Para qué sirve inventar historias cuando la realidad es tan increíble?».
Sólo nosotros percibimos nuestra existencia en la tierra como un trayecto dotado de sentido (significado y dirección). Un arco. Una curva desde el nacimiento hasta la muerte. Una forma que se despliega en el tiempo, con un inicio, peripecias y un fin. En otras palabras: un relato.
«Al principio era el Verbo» quiere decir lo siguiente: el verbo (la acción dotada de sentido) señala el principio de nuestra especie.
El relato confiere a nuestra vida una dimensión de sentido que los demás animales desconocen.
Lo real-real no existe para los humanos. Todo es real-ficción, siempre, porque vivimos en el tiempo.
La narratividad se desarrolló en nuestra especie como técnica de supervivencia. Está inscrita en los recovecos de nuestro cerebro. El Homo sapiens, más débil que los demás grandes primates, entendió a lo largo de millones de años de evolución que era vital para él dotar de Sentido lo real por medio de fabulaciones.
Y es lo que todos hacemos a todas horas, sin querer, sin saberlo y sin poder evitarlo.
La vida de los primates en el planeta Tierra está llena de peligros y de amenazas. Todos los primates intentan protegerse mandándose señales. Sólo nosotros fantaseamos, extrapolamos y tejemos historias para sobrevivir, y nos creemos a pies juntillas nuestras historias.
Hablar no es sólo nombrar, dar cuenta de lo real. También es darle forma, interpretarlo e inventarlo.
Lo real no tiene nombre. El nombre «exacto» o «natural» –de un objeto, acto o sentimiento– no existe.

El bautismo y el matrimonio son actos de magia.
Toda denominación es un acto de magia.
Los seres humanos son magos que no se conocen a sí mismos.
El dinero es una ficción, trozos de papel que se decidió que representaban al oro. El oro es una ficción. En sí mismo no vale más que la arena. La Bolsa es una gigantesca ficción.
Los seres humanos son alquimistas que no se conocen a sí mismos. Mediante sus fabulaciones convierten todo en dinero, es decir, en oro.
No se trata de mentiras, puesto que creemos sinceramente en ellas. Nos interesa creer en ellas.
Si el lenguaje se limita a reflejar la realidad, ¿por qué toda lengua engendra palabras que no deben pronunciarse?
Las blasfemias son una de las grandes pruebas de la humanidad.

Las religiones son una de las principales fuentes de las fábulas que unen a las personas entre sí.
Politeísmos, monoteísmos y también nihilismos: más fabulaciones que ofrecen a los humanos un asidero en su vida.
No son verdaderos, pero es secundario. Son eficaces, en la exacta medida en que sus adeptos los aceptan y se comportan en consecuencia.
Así, hay dos tipos de verdad: la objetiva, cuyos resultados pueden confrontarse con lo real (ciencias, técnicas, vida cotidiana), y la subjetiva, a la que sólo se accede por la experiencia interior (mitos, religiones, literatura).
Ninguna religión puede ofrecer una respuesta objetiva a la pregunta de con qué fin existen el universo y el hombre. Sin embargo, todas ofrecen excelentes respuestas subjetivas.
El hecho de creer en cosas irreales nos ayuda a soportar la vida real.

La novela sólo puede surgir allí donde la supervivencia está garantizada. En cuanto está en juego su supervivencia, los humanos tienden a asumir sin reservas las ficciones que conllevan y refuerzan su identidad.
Los países en los que los individuos tienen derecho a reelaborar las ficciones identitarias recibidas –derecho a cambiar de religión, de partido político, de opinión e incluso de sexo– son también los países en los que se escriben y se leen novelas.
La literatura es dejar el Arque-texto. Superar los relatos primitivos.
Desde hace algún tiempo aumenta en nuestras sociedades la desconfianza hacia «la ficción». Ya no queremos «que nos cuenten». Olvidamos cómodamente todas las ficciones que nos tragamos sin saberlo, y que nos constituyen, y ahora exigimos que todo sea «verdad», también en los productos culturales.
De ahí la popularidad del género «autoficción» en la literatura contemporánea. Los que insisten en considerarse novelistas y en presentar sus obras como novelas son conminados a «confesar».
En general, el objetivo del arte de la novela no consiste en ser más fuerte que la realidad, en vencerla en el juego de lo increíble.
Porque nada puede vencer la realidad humana. Sus delirios. Su asombroso ingenio, tanto en la crueldad como en la gracia.
Por el contrario, lo que el arte de la novela puede hacer es ofrecernos otro punto de vista sobre estas realidades. Ayudarnos a situarlas a cierta distancia, ver sus triquiñuelas y criticar sus ficciones subyacentes.
Cuando en una novela nos encontramos con un «malo» (criminal, fanático religioso, histérica castradora, padre violento, etc.), no nos preocupamos de condenarlo, sino de entenderlo, de permitir que su historia se desarrolle en nosotros y de ver en qué puede parecerse a nosotros.
La literatura, al presentarse como una ficción y permitirnos elegirla, nos libera por un tiempo de las obligaciones y las coacciones de las innumerables ficciones que sufrimos.

La vida tiene Sentidos infinitamente múltiples y variados, todos los que le concedamos. Nuestra condición es la ficción. No es razón para que le hagamos ascos. Es cosa nuestra hacerla interesante.

It seems to me a brief and interesting essay. What is the use of inventing stories when reality is so incredible? ”
Only we perceive our existence on earth as a journey endowed with meaning (meaning and direction). An arch. A curve from birth to death. A form that unfolds in time, with a beginning, vicissitudes and an end. In other words: a story.
“In the beginning was the Word” means the following: the verb (the action endowed with meaning) points to the principle of our species.
The story confers on our life a dimension of meaning that other animals do not know.
The real-real does not exist for humans. Everything is real-fiction, always, because we live in time.
Narrativity developed in our species as a survival technique. It is inscribed in the recesses of our brain. Homo sapiens, weaker than the other great primates, understood over millions of years of evolution that it was vital for him to give meaning to the real by means of fabrications.
And it is what we all do at all hours, without wanting to, without knowing it and without being able to avoid it.
The life of primates on planet Earth is full of dangers and threats. All primates try to protect themselves by sending signals. Only we fantasize, we extrapolate and we weave stories to survive, and we believe in our stories.
To speak is not just to name, to give an account of the real. It is also to shape, interpret and invent it.
The real has no name. The name “exact” or “natural” – of an object, act or feeling – does not exist.

Baptism and marriage are acts of magic.
Every denomination is an act of magic.
Human beings are magicians who do not know themselves.
Money is a fiction, pieces of paper that were decided to represent gold. Gold is a fiction. In itself it is not worth more than sand. The Stock Exchange is a gigantic fiction.
Humans are alchemists who do not know themselves. Through their fabrications they turn everything into money, that is, into gold.
It is not about lies, since we sincerely believe in them. We are interested in believing in them.
If language is limited to reflecting reality, why does every language generate words that should not be pronounced?
Blasphemy is one of the great tests of humanity.

Religions are one of the main sources of the fables that bind people together.
Polytheisms, monotheisms and also nihilisms: more fabrications that offer humans a foothold in their lives.
They are not true, but it is secondary. They are effective, to the exact extent that their followers accept them and behave accordingly.
Thus, there are two types of truth: the objective, whose results can be confronted with the real (sciences, techniques, daily life), and the subjective, which is only accessed by the interior experience (myths, religions, literature).
No religion can offer an objective answer to the question of to what end the universe and man exist. However, all offer excellent subjective responses.
The fact of believing in unreal things helps us to support real life.

The novel can only emerge where survival is guaranteed. As soon as their survival is at stake, humans tend to assume without reservation the fictions that entail and reinforce their identity.
The countries in which individuals have the right to rework the identity fictions received – the right to change their religion, political party, opinion and even sex – are also the countries in which novels are written and read.
Literature is to leave the Arque-text. Overcome the primitive stories.
For some time the distrust of “fiction” has increased in our societies. We no longer want “to be told”. We comfortably forget all the fictions that we swallow without knowing it, and that constitute us, and now we demand that everything be “true”, also in cultural products.
Hence the popularity of the “autofiction” genre in contemporary literature. Those who insist on considering themselves novelists and presenting their works as novels are encouraged to “confess”.
In general, the goal of the art of the novel is not to be stronger than reality, to overcome it in the game of the incredible.
Because nothing can overcome human reality. Your delusions. His amazing wit, both in cruelty and in grace.
On the contrary, what the art of the novel can do is offer us another point of view on these realities. Help us to place them at a distance, see their tricks and criticize their underlying fictions.
When in a novel we find a “bad guy” (criminal, religious fanatic, castrated hysteric, violent father, etc.), we do not bother to condemn him, but to understand him, to allow his story to unfold in us and to see what can look like us
Literature, by presenting itself as a fiction and allowing us to choose it, frees us for a time from the obligations and coercions of the innumerable fictions we suffer.

Life has infinitely many and varied Senses, all that we grant it. Our condition is fiction. It is not a reason for us to make you sick. It’s up to us to make it interesting.

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