Goya — Valeriano Bozal / Goya by Valeriano Bozal

F6B6F8CC-130A-4E78-8C1C-A7B6705B34A7
Es sin duda el pintor costumbrista por excelencia. Francisco de Goya es un artista central en la historia de nuestra pintura y de nuestra cultura, su influencia es todavía hoy muy grande.
Un interesante libro con unas interesantes láminas que hacen de este pintor un ser único.

Hay muchos Goya: su obra se extiende por un tiempo largo y complejo, cambia y evoluciona, se adentra en géneros distintos, retrato, historia, pintura religiosa, etc., y en diferentes técnicas: óleo, grabado al aguafuerte y al aguatinta, con punta seca, litografía, dibujo. Pero hay un Goya: la evolución del artista traza una línea coherente en la que progresa no sólo técnica o estilísticamente, también se amplía su campo de atención, los motivos que suscitan su interés, nada queda fuera de su mirada.
Hay un Goya y hay varios: como pintor, como profesional de la pintura, es artista que pretende un puesto en la corte, equivalente a lo que hoy podríamos considerar un «funcionario», con salario fijo y una situación administrativa consolidada, pero también es artista que, más próximo a nosotros, al mundo moderno, trabaja por gusto, por capricho, hace dibujos privados y obras que verán pocos, muchas veces sólo sus amigos, sin prescindir por eso de los encargos oficiales y privados.

Los cartones que realizó Goya se inscriben en este marco de preferencias, un ámbito cultivado también por dibujantes y grabadores, con cuya obra mantienen los cartones de Goya fecundo diálogo: en las estampas podemos encontrar muchos de los tipos que aparecen en los cartones, la naranjera, el murciano, los bandoleros, toreros, etc. Aunque se ha hablado de realismo, la verdad es que todas estas imágenes ofrecen una visión edulcorada de la vida española, también de las clases más humildes, y son testimonio de una sociedad pintoresca que sólo existió —la verdad era mucho más dura— en el imaginario de los cortesanos y, poco después, en el imaginario de los viajeros europeos: consagraron como real una visión tópicamente casticista y exótica.
Goya realizó obras con «asuntos de campo» para la casa que los Osuna tenían en la Alameda, a las afueras de Madrid, el palacete llamado El Capricho. De temas diversos, recuerdan en algún punto los cartones para tapices y no niegan su dependencia del rococó francés. El columpio (1786-87, Madrid, Colección particular) [26], La cucaña (1786-87, Madrid, Colección particular) , son algunos de esos asuntos amables con los que la aristocracia ilustrada gustaba decorar sus gabinetes. En todas las pinturas destaca la importancia concedida al paisaje, su belleza y rico cromatismo, y lo gozoso de la anécdota. Ni siquiera un tema sangriento, El asalto en el coche (1786-87, Madrid, Colección particular) , con muertos y heridos, rehuye la belleza del paisaje y la riqueza cromática de las indumentarias. Una vez más, nos encontramos con una realidad edulcorada, en este caso la del bandolerismo, que se había convertido en un problema social y político irresoluble, pero que fue abordado por pintores y estamperos con la perspectiva del pintoresquismo casticista, un rasgo que posteriormente cultivará el Romanticismo.

El artista envuelto en una enfermedad sobre la cual todavía se discute y a la que se atribuye un cambio radical en su trayectoria vital y artística. Para algunos autores fue la sífilis la enfermedad causante de su mal, que lo dejó sordo, para otros, la intoxicación por el plomo del blanco de plata. Ni los indicios ni los argumentos son concluyentes, pero lo cierto es que Goya se encontraba enfermo en 1793.
Un Goya distinto, nuevo, que conduce directamente a la serie de estampas de los Caprichos, ya en los últimos años del siglo. También de unos recursos pictóricos mucho más expresivos y, por qué no decirlo, mucho más modernos. No ha perdido ninguna de sus habilidades, tal como se pone de manifiesto en los retratos que hace durante estos años, continúa siendo un maestro genial cuando pinta las telas y es, sin discusión, el dueño de la luz, con la que construye no sólo atmósfera, también la materialidad de las cosas, pero ahora añade otras: el dominio de los más acusados contrastes lumínicos, las posibilidades de una arquitectura monumental sólo insinuada —Corral de locos e Interior de una prisión—.

Goya empezó a trabajar en las planchas de los que habían de ser Desastres de la guerra en 1810, en plena contienda. Posiblemente, a la luz de la baja calidad de las planchas y los papeles utilizados, terminara la colección en 1815, pero no fue entonces cuando la publicó. No la publicó nunca en vida. Las planchas quedaron en su Quinta cuando marchó a Francia y sólo se editaron en 1863, la edición corrió a cargo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que también se ocupó de editar, al año siguiente, 1864, otra colección de estampas de Goya, los llamados Disparates, de los que más adelante nos ocuparemos.
Desastres de la guerra es serie que constituye una de las cumbres en la historia del grabado. Me atrevo a decir que sólo Rembrandt puede compararse a Goya, y en ambos se encuentran muchas notas afines. El artista aragonés utilizó el aguafuerte y el aguatinta, la punta seca y el bruñidor, técnicas que ya había empleado en los Caprichos, en las que ahora alcanza sus mejores resultados. Conviene decir que Goya estuvo siempre dispuesto a investigar en todas las técnicas.

El más célebre de estos cuadros puede hacer de resumen de todo lo pintado. Me refiero a El entierro de la sardina, pintado quizá entre 1812 y 1819, que también conserva la Real Academia [91]. Una escena de carnaval en un paisaje luminoso. Máscaras que bailan y ríen en el primer término, contempladas por parejas que se abrazan, y una multitud con estandarte grotesco, una máscara, que ocupa todo el espacio posterior, bailando y riendo, alborozados. Una costumbre española, pero no sólo española. Momento en el que se invierten las normas y se salta por encima de las pautas, espacio y tiempo para lo grotesco que Goya ha pintado.
Goya no «ha echado» ningún discurso sobre la violencia y la crueldad, la superstición, la guerra incivil, el sexo, la política, la represión política y religiosa, la condición del destino, el disparatado absurdo del cantor ciego…, ha presentado escenas donde todos estos motivos adquieren una fisonomía que nada tiene que ver con la que en el pasado alcanzaron. Por eso me he permitido hablar de «capilla sixtina» del mundo moderno: no una gran capilla, no un gran templo, no una gran sala, no la celebración de un triunfo, sino una casa de campo, una quinta burguesa, retirada, dos salas, catorce pinturas, quizá un comedor o salas de estar, para recibir a los amigos, en una tertulia de muchos que debían estar marginados por la política, su liberalismo, su afrancesamiento supuesto o real, sospechosos para la Inquisición y para el poder absoluto.

Sería por completo injusto pensar en Goya, y en la influencia de Goya, sólo en términos de negatividad. El artista aragonés ha sabido pintar el erotismo del cuerpo humano, su sexualidad, como nunca antes lo había hecho nadie. El paso de la edad, la juventud, la relación amorosa, la felicidad de la naturaleza son otros tantos temas que se encuentran en los cartones para tapices, pero también en pinturas posteriores, incluso en retratos, desde luego, en multitud de dibujos, y cuando graba los Disparates no olvida esta realidad en la figura femenina de El caballo raptor, como no la olvida en los dibujos de Burdeos y no la había olvidado al pintar los/las ángeles de San Antonio de la Florida, La marquesa de Lazán, de la Colección Alba, o las dos majas. El mundo de la noche no impide la felicidad de la vida. Ambos, noche, muerte y terror, y vida, felicidad y belleza, están en la obra de Goya, y están en nuestro mundo.

He is undoubtedly the costumbrista painter par excellence. Francisco de Goya is a central artist in the history of our painting and our culture, his influence is still very great today.
An interesting book with interesting plates that make this painter a unique being.

There are many Goya: his work spans a long and complex time, changes and evolves, enters into different genres, portrait, history, religious painting, etc., and in different techniques: oil, etching and aquatint, with dry point, lithography, drawing. But there is a Goya: the evolution of the artist draws a coherent line in which he progresses not only technically or stylistically, his field of attention is also widened, the motives that arouse his interest, nothing is out of his sight.
There is a Goya and there are several: as a painter, as a professional of painting, he is an artist seeking a position in the court, equivalent to what today we could consider an «official», with fixed salary and a consolidated administrative situation, but it is also artist who, closer to us, to the modern world, works for pleasure, on whim, makes private drawings and works that will see few, often only his friends, without doing without official and private commissions.

The cartons that Goya made are part of this preference frame, a field also cultivated by artists and engravers, whose work keeps the cartons of Goya fertile dialogue: in the prints we can find many of the types that appear in the cartons, the naranjera , the Murcian, the bandits, bullfighters, etc. Although there has been talk of realism, the truth is that all these images offer a sweetened vision of Spanish life, also of the humblest classes, and are testimony to a picturesque society that only existed – the truth was much harder – in the imaginary of the courtiers and, shortly after, in the imaginary of the European travelers: consecrated as real a topically casticista and exotic vision.
Goya carried out works with «field matters» for the house that the Osuna had in the Alameda, on the outskirts of Madrid, the small palace called El Capricho. Of diverse subjects, they remember at some point the cartoons for tapestries and do not deny their dependence on French Rococo. The swing (1786-87, Madrid, Private Collection) [26], La cucaña (1786-87, Madrid, Private Collection), are some of those kind subjects with which the enlightened aristocracy liked to decorate their cabinets. In all the paintings he emphasizes the importance given to the landscape, its beauty and rich chromaticism, and the joy of the anecdote. Not even a bloody subject, The Assault on the Car (1786-87, Madrid, Private Collection), with dead and wounded, shuns the beauty of the landscape and the chromatic richness of the costumes. Once again, we find a sweetened reality, in this case that of banditry, which had become an irresolvable social and political problem, but that was approached by painters and stampers with the perspective of the casticista picturesqueness, a trait that will later cultivate the romanticism.

The artist involved in a disease about which is still discussed and to which is attributed a radical change in his life and artistic career. For some authors, syphilis was the disease that caused their illness, which left them deaf, for others, lead poisoning by silver white. Neither the indications nor the arguments are conclusive, but the truth is that Goya was ill in 1793.
A different, new Goya, which leads directly to the series of prints of the Caprichos, already in the last years of the century. Also pictorial resources much more expressive and, why not say, much more modern. He has not lost any of his skills, as shown in the portraits he makes during these years, continues to be a great master when he paints the fabrics and is, without discussion, the owner of the light, with which he builds not only atmosphere, also the materiality of things, but now it adds others: the dominion of the most pronounced light contrasts, the possibilities of a monumental architecture only insinuated -Corral de locos and Interior of a prison-.

Goya began to work on the plates of what were to be Disasters of War in 1810, in full contest. Possibly, in light of the low quality of the plates and the papers used, the collection would end in 1815, but it was not then when it was published. He never published it in life. The plates were in his Quinta when he went to France and were only published in 1863, the edition was carried out by the Royal Academy of Fine Arts of San Fernando, who also edited, the following year, 1864, another collection of prints of Goya, the so-called Disparates, of which we will take up later.
Disasters of war is a series that constitutes one of the summits in the history of engraving. I dare say that only Rembrandt can be compared to Goya, and in both there are many related notes. The Aragonese artist used etching and aquatint, the dry point and the burnisher, techniques that he had already used in the Caprichos, in which he now achieves his best results. It is worth saying that Goya was always willing to investigate all the techniques.

The most famous of these paintings can make a summary of everything painted. I am referring to the burial of the sardine, painted perhaps between 1812 and 1819, which the Royal Academy also keeps [91]. A carnival scene in a bright landscape. Masks that dance and laugh in the first term, contemplated by couples who embrace each other, and a crowd with a grotesque banner, a mask, that occupies the entire space behind, dancing and laughing, joyful. A Spanish custom, but not only Spanish. Moment in which rules are reversed and skip over the guidelines, space and time for the grotesque that Goya has painted.
Goya has not «thrown» any discourse on violence and cruelty, superstition, uncivil war, sex, politics, political and religious repression, the condition of destiny, the absurd nonsense of the blind singer …, has presented scenes where all these motifs acquire a physiognomy that has nothing to do with what they achieved in the past. That is why I allowed myself to speak of the «Sistine Chapel» of the modern world: not a great chapel, not a great temple, not a great hall, not the celebration of a triumph, but a country house, a fifth bourgeois, retired, two rooms, fourteen paintings, perhaps a dining room or living rooms, to receive friends, in a gathering of many who should be marginalized by politics, their liberalism, their supposed or real Frenchness, suspects for the Inquisition and for absolute power .

It would be completely unfair to think of Goya, and of Goya’s influence, only in terms of negativity. The Aragonese artist has been able to paint the eroticism of the human body, his sexuality, as no one had ever done before. The passage of age, youth, the love relationship, the happiness of nature are other themes that are found in the tapestry boards, but also in later paintings, even in portraits, of course, in many drawings, and when he records the Disparates he does not forget this reality in the female figure of El caballo raptor, as he does not forget it in the drawings of Bordeaux and he had not forgotten it when painting the angels of San Antonio de la Florida, La Marquesa de Lazán, the Alba Collection, or the two pestles. The world of the night does not prevent the happiness of life. Both, night, death and terror, and life, happiness and beauty, are in the work of Goya, and are in our world.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.