La era de las turbulencias. Aventuras en un nuevo mundo — Alan Greenspan / The Age of Turbulence: Adventures in a New World by Alan Greenspan

Quien llegó a ser un de los presidentes de la FED (Reserva Federal Americana), nos presenta un libro en un principio sobre su vida de padres emigrantes del este y viendo América como la tierra de oportunidades, sus inicios y su pasión por el clarinete, para poco a poco ir ahondando en los procesos económicos que ha experimentado como la caída del muro de Berlín, Europa, Latinoamérica, se interesa las reflexiones sobre Medicare y la Seguridad social, además del boom de las .com, las grandes empresas de tecnología. Lo curioso es la síntesis de su experiencia como economista republicano, seguidor de Ayn Rand y absoluta desregulación
de los mercados. Además toma el mal de los demás (devaluaciones, gran depresión) como una ventaja para la búsqueda de una solución a través de sus criterios de análisis, llamando enemigos a los que piensan de manera diferente y errada según sus concepciones.
El surgimiento de los diversos modelos de práctica capitalista en las economías de mercado desarrolladas. Sin embargo, quedan tres naciones importantes que no pueden contemplarse sin más como un simple juego de equilibrios entre competencia sin trabas y las limitaciones de una red social de seguridad: China, Rusia e India. Todas siguen reglas de mercado hasta cierto punto, pero con desviaciones significativas que no son fáciles de clasificar o pronosticar. China se está volviendo cada vez más capitalista, con sólo unas reglas formales parciales sobre la propiedad. Rusia tiene reglas, pero la conveniencia política dicta el grado en que se impone su cumplimiento. India, por último, tiene unos derechos de propiedad legal tan matizados por regulaciones específicas, de imposición a menudo discrecional, que no son todo lo vinculantes que sería necesario para atraer la inversión extranjera directa. Esos países comprenden dos quintas partes de la población del mundo, pero menos de un cuarto de su PIB. La evolución de sus políticas, culturas y economías a lo largo del próximo cuarto de siglo dejará una huella muy honda en el futuro económico del planeta.
Es interesante su visión de China. Una importante víctima de la creciente prosperidad de China es el compromiso de la nación con sus raíces revolucionarias comunistas, la incorporación de China a las instituciones de las finanzas globales trajo otros beneficios. Los banqueros centrales chinos en la actualidad desempeñan un papel crucial en el Banco de Pagos Internacionales (Bank for Internacional Settlements, BIS) de Suiza, una entidad asociada desde hace tiempo con las finanzas internacionales capitalistas. Zhou Xiaochuan, que fue nombrado gobernador del banco central de China en 2002, gozaba de una acogida especialmente buena en las reuniones ordinarias del BIS que celebraban banqueros centrales de los principales países en vías de desarrollo. Además de su dominio del inglés y las finanzas internacionales, Zhou aportaba una franca evaluación de lo que estaba sucediendo en China que pocos podíamos equiparar a la de otras fuentes. A menudo entraba en detalles sobre la evolución de los mercados financieros chinos. El ejemplo HSBC
El rápido crecimiento del sector indio de las TI es en gran parte fruto de unos programadores e ingenieros de software locales. Si bien los empresarios indios están obteniendo unos resultados excepcionales en los servicios de alta tecnología, no les está yendo igual de bien con el hardware de alta tecnología, que padece muchas de las carencias de la manufactura india en su conjunto. Exportación que India necesita adoptar urgentemente posee un historial impresionante de éxitos en el resto de Asia. Es un modelo que emplea a trabajadores rurales con alguna educación y salario bajo en masivos centros urbanos de manufactura. Un ingrediente crucial ha sido la inversión extranjera directa (IED) encarnada en tecnologías avanzadas y atraída por leyes (a menudo de reciente redacción) que protegen los derechos de propiedad. Con la caída de la planificación central, este modelo se ha extendido por todo el mundo en vías de desarrollo, sobre todo China.
La economía rusa es como una economía de mercado respaldada por un Estado de derecho todavía imperfecto. Un segmento significativo de los activos más valiosos de la nación está en manos del Estado o aliados del Kremlin. El dominio político se ha reforzado mediante el control de los principales medios de comunicación, a la vez que se «anima» a los restantes a practicar la autocensura. Putin y sus políticas siguen siendo inmensamente populares. Las objeciones de la opinión pública rusa son escasas; al parecer, el caos de la democracia de Yeltsin -incluidas unas quiebras financieras que hicieron estragos en los ahorros de las personas- dejó un poso de profundo malestar. Una encuesta de 2006 mostró que casi la mitad de los rusos valoran más el bienestar material que la libertad y los derechos humanos: la democracia y la libertad de expresión no son grandes prioridades. El capitalismo, motor del bienestar material, prospera mejor con unas políticas competitivas. El gobierno autoritario no ofrece la válvula de seguridad necesaria que en una sociedad capitalista hace posible resolver las disputas de manera pacífica. La economía global -que debe avanzar si queremos que los niveles de vida mundiales sigan subiendo y mengüe la pobreza- requiere la válvula de seguridad del capitalismo: la democracia.
Latinoamérica, el populismo económico se imagina un mundo más sencillo, en el que un marco conceptual se antoja una distracción de la necesidad evidente y acuciante. Sus principios son simples. Si existe paro, el gobierno debería contratar a los desempleados. Si el dinero escasea y en consecuencia los tipos de interés son altos, el gobierno debería asignar un tope a los tipos o imprimir más dinero. El populismo económico hace grandes promesas sin plantearse cómo financiarlas. Con demasiada frecuencia, su cumplimiento provoca una falta de ingresos fiscales y hace imposible tomar prestado del sector privado o de inversores extranjeros. Eso casi siempre conduce a una dependencia desesperada del banco central para que actúe de pagador. Exigir a un banco central que imprima dinero para aumentar el poder adquisitivo del gobierno desata invariablemente una tormenta hiperinflacionaria. El resultado, a lo largo de la historia, ha sido gobiernos derrocados y graves amenazas para la estabilidad social. Ese patrón caracterizó el episodio inflacionario de Brasil en 1994, el de Argentina en 1989, el de México a mediados de los 80 y el de Chile a mediados de los 70. Los efectos para sus sociedades fueron devastadores. El populismo atado a los derechos individuales es lo que la mayoría denomina democracia liberal. El «populismo económico», en el sentido que le dan la mayoría de economistas, sin embargo, se refiere implícitamente a una democracia en la que el calificador «derechos individuales» está en buena medida desaparecido. La democracia sin matices, en la que el 51 por ciento de las personas puede desentenderse legalmente de los derechos del restante 49 por ciento, conduce a la tiranía.

En referencia a las regulaciones. A veces varios reguladores son mejor que uno. El regulador solitario se vuelve reacio al riesgo; intenta prevenir todos los resultados negativos imaginables, con lo que crea una aplastante carga de normas. En las industrias financieras, donde la Fed comparte jurisdicción reguladora con el Controlador de la Moneda, el regulador del mercado de valores (SEC) y otras autoridades, tendíamos a controlarnos unos a otros.
. Las regulaciones sobreviven a su utilidad y deberían renovarse periódicamente. Aprendí esta lección observando a Virgil Mattingly, el jefe de toda la vida del personal jurídico de la Junta de la Reserva Federal. Se tomaba muy en serio la exigencia por ley de revisar toda regulación de la Reserva Federal cada cinco años; cualquier norma que fuera juzgada obsoleta se eliminaba sin contemplaciones.

La importancia de la docencia, mejorar la sensibilidad de los centros de primaria y secundaria a las fuerzas del mercado debería ayudar a devolver el equilibrio entre la oferta y la demanda de trabajadores cualificados en Estados Unidos. No sé si los cupones, que aportan un elemento de competencia a los centros públicos, son la respuesta definitiva, pero sospecho que Rose y Milton Friedman, que consagraron el final de sus distinguidas carreras a fomentar esa política, iban por el buen camino. (No recuerdo que ninguno de los dos fuera jamás desencaminado.)
Otro paso hacia la mejora de la competencia es un interesante estudio escrito para el Hamilton Project (una criatura de Robert Rubin) en la Brookings Institution. Los autores señalan que la certificación de los profesores (que por lo general exige un título en enseñanza) tiene poco que ver con si un profesor es eficaz. Recomiendan la apertura de la docencia, a otras personas con cualificación.

Respecto a jubilaciones y retiro, la economía de la jubilación es muy sencilla: hay que reservar a lo largo de una vida de trabajo los suficientes recursos para financiar el consumo durante el retiro. Los recursos financieros asociados con la jubilación facilitan el desvío de recursos que hacen posible el consumo de bienes y servicios tras el retiro, pero no producen esos bienes y servicios. Necesitamos un aumento significativo del ahorro en las décadas venideras si queremos financiar la construcción de instalaciones de capital -por ejemplo, fábricas y equipos de alta tecnología último modelo- que produzcan los recursos reales adicionales para garantizar que las prestaciones por jubilación prometidas a la generación del baby boom puedan cumplirse en términos reales. Debería quedar claro que cubrir por completo los futuros desfases de financiación de la Seguridad Social y Medicare subiendo los impuestos es económicamente inviable. Hacerlo conllevaría unos tipos impositivos desconocidos en tiempos de paz. Llega un momento en que los aumentos de los tipos impositivos se vuelven contraproducentes: al absorber poder adquisitivo y reducir los incentivos al trabajo y la inversión, reducen la tasa de crecimiento de la economía. Por tanto, el crecimiento de la base impositiva se desacelera y los ingresos fiscales adicionales que se preveían no acaban de materializarse.
Nos queda una realidad sumamente peliaguda: resolver el desfase de financiación para la asistencia social federal va a exigir recortes de las prestaciones.

En referencia al calentamiento global, la energía nuclear es un gran medio de combatir el calentamiento global. Su uso debería evitarse sólo si constituye una amenaza a la esperanza de vida que supere a los beneficios que puede proporcionarnos. Según ese criterio, me parece que infrautilizamos significativamente la energía nuclear.
Caben pocas dudas de que el calentamiento global es real y obra del hombre. Es posible que tengamos que cambiarle el nombre al Parque Nacional Glacier cuando sus glaciares desaparezcan, en lo que ahora parece que será en 2030, según los científicos del parque. Aun así, como economista, tengo serias dudas sobre que los acuerdos internacionales que imponen un sistema globalizado llamado de «limitación y comercio» al CO2 se demuestren viables. Casi todos los economistas aplauden el aspecto comercial. Pagar por el permiso para contaminar eliminaría muchas emisiones de CO2 que están asociadas con la actividad económica de bajo valor añadido. Pero el elemento crucial de la limitación y el comercio es el tope general que se le permite a un país. En principio, un país puede fijar un tope a las emisiones totales de CO2. Puede poner a subasta o regalar «permisos» que vayan sumando hasta alcanzar ese límite predeterminado. Las empresas que emitan menos CO2 que su cuota podrán vender los permisos sin utilizar en el mercado abierto. Quienes deban practicar actividades emisoras de CO2 que les hagan sobrepasar su cuota podrán adquirir los permisos adicionales necesarios en el mercado.
La eficacia de cualquier estrategia de limitación y comercio, sin embargo, depende del tamaño de la limitación. He ahí el talón de Aquiles. No existe modo eficaz de reducir significativamente las emisiones sin que haya un impacto negativo sobre una gran parte de la economía. En términos netos, es un impuesto. Si el tope es lo bastante bajo para hacer una mella real en las emisiones de CO2, los permisos serán más caros y un gran número de empresas experimentará incrementos de los costes que las harán menos competitivas. Se perderán empleos y las rentas reales de los trabajadores se verán contenidas. Destaca para El autor la importancia de Oriente Próximo, es un factor de primer orden en cualquier pronóstico energético a largo plazo. Aunque se haya reducido de manera significativa la intensidad en el consumo de petróleo, el crudo sigue teniendo tanta importancia que una crisis puede causar graves daños en la economía mundial. Hasta que las economías industriales se desprendan de, en palabras del presidente George W. Bush, «nuestra adicción al petróleo», la estabilidad de las economías industriales y por ende de la economía global seguirán en peligro”.

En conclusión, no es un accidente que los seres humanos perseveren y avancen ante la adversidad. La adaptación forma parte de nuestra naturaleza, un hecho que me lleva a ser profundamente optimista acerca del futuro. Desde los adivinos del oráculo de Delfos hasta los videntes del actual Wall Street han intentado cabalgar esta tendencia positiva a largo plazo que dirige la naturaleza humana. El legado de los derechos individuales y la libertad económica de la Ilustración ha roto las cadenas de miles de millones de personas para que sigan los imperativos de su naturaleza: trabajar para labrarse una vida mejor para ellos y sus familias. El progreso no es automático, sin embargo; exigirá futuras adaptaciones todavía inimaginables. Pero la frontera de la esperanza que todos perseguimos de forma innata nunca se cerrará.

Sin duda siempre son interesantes estos libros sobre gente que acaparó mucho poder, pero también debe ser contrastado con otras corrientes de economistas. Muy interesante en la percepción global.

Who became one of the presidents of the FED (American Federal Reserve), presents a book at first about his life as emigrant parents from the east and seeing America as the land of opportunities, his beginnings and his passion for the clarinet, to little by little go deepening in the economic processes that it has experienced like the fall of the wall of Berlin, Europe, Latin America, it is interested the reflections on Medicare and the Social security, besides the boom of the .com, the great companies of technology. The curious thing is the synthesis of his experience as a republican economist, a follower of Ayn Rand and absolute deregulation
of the markets. It also takes the evil of others (devaluations, great depression) as an advantage for the search for a solution through its criteria of analysis, calling enemies to those who think differently and wrong according to their conceptions.
The emergence of the various models of capitalist practice in developed market economies. However, there are three important nations that can not be seen as a simple game of equilibrium between unimpeded competition and the limitations of a social security network: China, Russia and India. All follow market rules to a certain extent, but with significant deviations that are not easy to classify or forecast. China is becoming increasingly capitalist, with only partial formal rules on property. Russia has rules, but political expediency dictates the degree to which compliance is imposed. India, finally, has legal property rights so nuanced by specific regulations, often of discretionary imposition, that they are not as binding as would be necessary to attract foreign direct investment. These countries comprise two fifths of the world’s population, but less than a quarter of their GDP. The evolution of its policies, cultures and economies over the next quarter of a century will leave a very deep mark on the economic future of the planet.
His vision of China is interesting. An important victim of China’s growing prosperity is the nation’s commitment to its revolutionary communist roots, China’s incorporation into the institutions of global finance brought other benefits. Chinese central bankers now play a crucial role in the Bank for International Settlements (BIS) of Switzerland, a long-time partner of capitalist international finance. Zhou Xiaochuan, who was appointed governor of China’s central bank in 2002, was particularly well received at the regular BIS meetings held by central bankers from the main developing countries. In addition to his command of English and international finance, Zhou provided a frank assessment of what was happening in China that few could match that of other sources. He often went into detail about the evolution of Chinese financial markets. The HSBC example
The rapid growth of the Indian IT sector is largely the result of local programmers and software engineers. While Indian entrepreneurs are getting exceptional results in high-tech services, they are not doing as well with high-tech hardware, which suffers many of the shortcomings of Indian manufacturing as a whole. Exports that India urgently needs to adopt have an impressive record of success in the rest of Asia. It is a model that employs rural workers with some education and low wages in massive urban centers of manufacturing. A crucial ingredient has been foreign direct investment (FDI) embodied in advanced technologies and attracted by laws (often of recent wording) that protect property rights. With the fall of central planning, this model has spread throughout the developing world, especially China.
The Russian economy is like a market economy backed by a still imperfect rule of law. A significant segment of the nation’s most valuable assets are held by the state or allies of the Kremlin. Political dominance has been reinforced through the control of the main means of communication, while “encouraging” the others to practice self-censorship. Putin and his policies remain immensely popular. The objections of Russian public opinion are slim; Apparently, the chaos of Yeltsin’s democracy – including financial bankruptcies that wreaked havoc on people’s savings – left a residue of deep discomfort. A 2006 survey showed that almost half of Russians value material well-being more than freedom and human rights: democracy and freedom of expression are not high priorities. Capitalism, the engine of material well-being, thrives better with competitive policies. Authoritarian government does not offer the necessary safety valve that in a capitalist society makes it possible to resolve disputes peacefully. The global economy – which must move forward if we want global living standards to continue to rise and reduce poverty – requires the safety valve of capitalism: democracy.
Latin America, economic populism imagines a simpler world, in which a conceptual framework seems to be a distraction from the obvious and pressing need. Its principles are simple. If there is unemployment, the government should hire the unemployed. If money is scarce and consequently interest rates are high, the government should allocate a cap on the rates or print more money. Economic populism makes great promises without considering how to finance them. Too often, compliance causes a lack of tax revenues and makes it impossible to borrow from the private sector or from foreign investors. This almost always leads to a desperate dependence on the central bank to act as payer. Requiring a central bank to print money to increase the purchasing power of the government invariably unleashes a hyperinflationary storm. The result, throughout history, has been overthrown governments and serious threats to social stability. This pattern characterized the inflationary episode of Brazil in 1994, Argentina’s in 1989, Mexico’s in the mid-1980s and Chile’s in the mid-1970s. The effects on their societies were devastating. Populism tied to individual rights is what most call liberal democracy. “Economic populism,” in the sense that most economists give it, however, refers implicitly to a democracy in which the qualifier “individual rights” is largely gone. Uncluttered democracy, in which 51 percent of people can legally disregard the rights of the remaining 49 percent, leads to tyranny.

In reference to the regulations. Sometimes several regulators are better than one. The solitary regulator becomes reluctant to risk; it tries to prevent all negative outcomes imaginable, thereby creating an overwhelming burden of rules. In the financial industries, where the Fed shares regulatory jurisdiction with the Currency Controller, the securities market regulator (SEC) and other authorities, we tended to control each other.
. The regulations survive their usefulness and should be renewed periodically. I learned this lesson by observing Virgil Mattingly, the lifelong chief of the legal staff of the Federal Reserve Board. The requirement by law to review all Federal Reserve regulations every five years was taken very seriously; any rule that was judged obsolete was eliminated without contemplation.

The importance of teaching, improving the sensitivity of primary and secondary schools to market forces should help restore the balance between supply and demand for skilled workers in the United States. I do not know if the coupons, which provide an element of competition to public centers, are the definitive answer, but I suspect that Rose and Milton Friedman, who consecrated the end of their distinguished careers to promote that policy, were on the right track. (I do not remember either of them ever being misguided.)
Another step towards improving competition is an interesting study written for the Hamilton Project (a creature of Robert Rubin) at the Brookings Institution. The authors point out that the certification of teachers (which usually requires a degree in teaching) has little to do with whether a teacher is effective. They recommend the opening of teaching, to other qualified people.

Regarding retirement and retirement, the economy of retirement is very simple: it is necessary to reserve enough resources during a working life to finance consumption during retirement. The financial resources associated with retirement facilitate the diversion of resources that make possible the consumption of goods and services after retirement, but do not produce those goods and services. We need a significant increase in savings in the coming decades if we want to finance the construction of capital facilities – for example, state-of-the-art high-tech factories and equipment – that produce the additional real resources to ensure that the retirement benefits promised to the generation of baby boom can be fulfilled in real terms. It should be clear that completely covering the future lags of funding Social Security and Medicare raising taxes is economically unfeasible. Doing so would entail unknown tax rates in times of peace. There comes a time when increases in tax rates become counterproductive: by absorbing purchasing power and reducing incentives to work and investment, they reduce the growth rate of the economy. Therefore, the growth of the tax base slows down and the additional tax revenues that were foreseen have not materialized.
We have a very tricky reality: solving the funding gap for federal social assistance will require cuts in benefits.

In reference to global warming, nuclear energy is a great means of combating global warming. Its use should be avoided only if it constitutes a threat to life expectancy that exceeds the benefits it can provide. According to this criterion, it seems to me that we significantly underuse nuclear energy.
There is little doubt that global warming is real and man-made. We may have to change the name to Glacier National Park when its glaciers disappear, in what now seems to be in 2030, according to park scientists. Even so, as an economist, I have serious doubts about the feasibility of international agreements that impose a globalized system called “limitation and trade” on CO2. Almost all economists applaud the commercial aspect. Paying for the permit to pollute would eliminate many CO2 emissions that are associated with economic activity with low added value. But the crucial element of limitation and trade is the general cap that is allowed to a country. In principle, a country can set a ceiling on total CO2 emissions. You can auction or give away “permissions” that you add until you reach that predetermined limit. Companies that emit less CO2 than their quota may sell unused permits in the open market. Those who must practice CO2 emission activities that exceed their quota may acquire the necessary additional permits in the market.
The effectiveness of any limitation and trade strategy, however, depends on the size of the limitation. Here is the Achilles heel. There is no effective way to significantly reduce emissions without having a negative impact on a large part of the economy. In net terms, it is a tax. If the cap is low enough to make a real dent in CO2 emissions, permits will be more expensive and a large number of companies will experience increases in costs that will make them less competitive. Jobs will be lost and the real income of workers will be contained. The importance of the Middle East stands out for the author, it is a factor of the first order in any long-term energy forecast. Although the intensity of oil consumption has been significantly reduced, oil remains of such importance that a crisis can cause serious damage to the world economy. Until the industrial economies lose themselves, in the words of President George W. Bush, “our addiction to oil,” the stability of the industrial economies and therefore the global economy will remain in danger. ”

In conclusion, it is not an accident that human beings persevere and advance in the face of adversity. Adaptation is part of our nature, a fact that leads me to be deeply optimistic about the future. From the diviners of the oracle of Delphi to the seers of the current Wall Street have tried to ride this long-term positive trend that directs human nature. The legacy of individual rights and the economic freedom of the Enlightenment has broken the chains of billions of people to follow the imperatives of their nature: work to carve out a better life for themselves and their families. Progress is not automatic, however; it will demand future adaptations that are still unimaginable. But the border of hope that we all pursue in an innate way will never be closed.

No doubt these books are always interesting about people who monopolized a lot of power, but it must also be contrasted with other currents of economists. Very interesting in the global perception.

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