Los Espejismos De La Certeza — Siri Hustvedt / The Delusions of Certainty by Siri Hustvedt

A pesar de las predicciones entusiastas de que las innovaciones tecnológicas abrirán paso a los úteros artificiales y a la vida eterna, sigue siendo cierto que todos los seres humanos nacemos del cuerpo de nuestra madre y morimos. Nadie escoge nacer, y aunque algunas personas deciden morir, muchas preferiríamos no hacerlo. Los principios y los finales, la vida y la muerte, no son conceptos simples.

Hustvedt es erudita, aguda y uno de los filósofos de mente tierna más feroces que uno pueda encontrar. Combina muy bien las artes y las ciencias, contrarrestando el aislamiento extremo que ha ocurrido desde la Ilustración. Psicoanalista y novelista que ha sido publicada en una variedad de revistas científicas, encarna las filosofías que defiende y disecciona. Ha convertido la duda y la humildad en la más alta de las virtudes, a las que los eruditos, científicos y muchos académicos suelen hablar de boquilla.
En gran parte una crítica de la teoría computacional de la mente, Hustvedt nos da muchas razones para moderar el optimismo de la inteligencia artificial y otros dogmas transhumanistas. Ella está lejos de ser reaccionaria en sus críticas, actuando como una escéptica comprensiva que nos recuerda que entendemos muy poco sobre la mente, el cerebro o la conciencia. Tenemos todas las razones para seguir siendo humildes.
Y, por último, explora razones convincentes de la incapacidad que tenemos para salirnos de la experiencia subjetiva, entreteniendo líneas de pensamiento que enamorarán a pragmáticos, fenomenólogos y humanistas por igual. Si este es su trabajo de no ficción, y ella se identifica primero como novelista, solo puedo imaginar el genio que brillará. Las escuelas de pensamiento en las que es más leída y más adecuada para los medios narrativos.
En este libro, Hustvedt se ocupa de manera intensiva de la inteligencia artificial. Desafortunadamente, debo decir en este punto que algunas afirmaciones en este libro sobre inteligencia artificial son incorrectos.
Por ejemplo, se afirma que los humanos nunca se pueden simular con inteligencia artificial porque se ha demostrado que esto no se puede hacer con GOFAI (buena inteligencia artificial pasada de moda). Sí, la inteligencia artificial convencional con algoritmos programados y bases de datos en realidad no es suficiente para esto. Pero lo que traerá la tendencia actual de aprendizaje automático (sucesora de GOFAI) en el futuro aún está completamente abierto, lo que Hustvedt lamentablemente no menciona en absoluto. Tampoco soy un fanático de la visión de Kurzweil de la singularidad (fusión del hombre y la máquina), pero como Hofstadter o Dennett, también asumo que la idea sería factible en principio, lo que Hustvedt niega por completo, lo cual me parece peligroso porque eso impide una discusión ética.

¿Qué crees que es la mente? Se lo pregunté a personas completamente desconocidas y a otras de mi entorno. Siempre dejaba claro a los interlocutores que era una pregunta abierta. No buscaba la respuesta «correcta».
Si alguien cree que la mente es distinta del cerebro, entonces la pregunta es: ¿qué tiene la mente que no tiene el cerebro? ¿Hay algo más allá de nuestra materia gris que se deba considerar al concebir la mente? ¿Es inmaterial la mente? En una ocasión, en una cena, el hombre que estaba sentado a mi lado me dijo que creía firmemente que la salud mental es diferente de la física, y se alteró bastante cuando le pregunté de qué estaba hecho lo mental. ¿De Dios, de espíritu o de la verdad matemática? Se opuso con vehemencia a cualquier mención de la divinidad, y la conversación prácticamente terminó allí. Él sabía que la mente y el cuerpo eran cosas aparte, pero no quería hablar de qué podían ser.
Por otro lado, si la mente es el cerebro, y el cerebro es un órgano del cuerpo, como el corazón, el hígado o la placenta transitoria, ¿por qué se considera a la mente algo más elevado que una parte del cuerpo?…

Los modelos que ayudan a los científicos a manipular el mundo natural han sido increíblemente efectivos, y los cambios en nuestra vida sirven para demostrar que existe una relación entre las teorías de las ciencias y el mundo natural. Sin embargo, esta realidad innegable ha tenido un efecto cegador en muchos.
Una hipótesis falsa es preferible a ninguna en absoluto; una hipótesis falsa no entraña en sí misma ningún peligro. Pero si se reafirma y llega a aceptarse de forma generalizada y se transforma de este modo en un credo que ya nadie cuestiona y no puede ser objeto de investigación, se convierte en el mal que los siglos futuros habrán de sufrir.

¿Qué hay de los cerebros programados? La metáfora se ha importado de la ingeniería para referirse a una forma de fijación cerebral, por lo general determinada genéticamente, pero su significado cambia dependiendo del uso que se le da. El término en inglés, hardwired, hace referencia a los hilos o cables electrónicos de un aparato como el teléfono, pero también a los del ordenador. En un ordenador, lo que está conectado por cables lo controla un hardware, no un software, por lo que el usuario o programador no puede cambiarlo con facilidad. El término contemporáneo hardwiring, que evoca el pensamiento mecanicista del siglo XVII, vincula el cerebro a una máquina. Hoy día esta terminología está muy extendida tanto en el ámbito de la ciencia como fuera de ella, en la cultura popular.

La crítica que hace Vico de un mundo académico fragmentado se ha vuelto aún más cierta. Larry Summers parece haber aceptado sin espíritu crítico un punto de vista científico particular avanzado a través de la investigación estadística de la genética conductual que afirma que las mujeres no son aptas por naturaleza para las matemáticas y la física más elevadas. Para él, la causa por la que tan pocas mujeres se dedican a la física hay que buscarla en la evolución de los rasgos mentales en el sexo femenino, unos rasgos que son genéticos y están relacionados con la variabilidad, a pesar de que hay factores sociológicos que también contribuyen a mantener a las mujeres apartadas de esa disciplina.

El cerebro húmedo
Sin embargo, preguntémonos desde un punto de vista en tercera persona si el cerebro, el verdadero órgano húmedo de las neuronas, las sinapsis y las sustancias químicas, es un dispositivo computacional digital o si se parece siquiera a uno. Por supuesto, si esa materia etérea, la información, es superior o más profunda que la biología, o si la psicología puede separarse por completo de la biología, si realmente hay dos sustancias, el cuerpo y la mente, entonces la pregunta se vuelve menos apremiante. Pero me interesa el cerebro que se encuentra dentro del cráneo de un mamífero, del mismo modo que me interesa por qué la teoría computacional de la mente dejó de ser una hipótesis en la ciencia cognitiva y llegó a estar tan ampliamente aceptada que muchos la consideraron y todavía la consideran un hecho.
Los sistemas artificiales se volverán cada vez más animados y complejos, y que los investigadores recurrirán a múltiples modelos teóricos del desarrollo humano y animal para lograr sus objetivos, pero para mí es obvio que las discrepancias sobre lo que puede lograr la inteligencia artificial radican no sólo en los diferentes paradigmas filosóficos, sino también en los vuelos imaginativos que emprende un científico frente a otro, en lo que cada uno espera y cree que puede conseguir, incluso cuando el camino que tiene por delante está envuelto en una densa niebla.

¿Qué son los pensamientos? ¿Son la voz del narrador que cada persona lleva dentro? ¿Son lo mismo que el diálogo interior? No hay un lenguaje privado, como sostenía Wittgenstein. Cuando utilizo palabras, son palabras que comparto con otras personas aunque esté hablando conmigo misma. Las palabras están vivas entre mi interlocutor y yo. El lenguaje sucede entre nosotros. ¿Los pensamientos inconscientes utilizan palabras? ¿Los pensamientos ocurren sólo en la mente o el cerebro de una persona? ¿O se piensa con el cuerpo entero? ¿Piensan los bebés? ¿Podría un embarazo falso ser una forma de pensamiento corporal? ¿Pueden los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico simbolizar deseos y miedos? ¿Son iguales los pensamientos de un cuervo y los míos? ¿Cómo es posible que piense lo que nunca he pensado?.
El cuento de Vico sobre la humanidad es también la historia del crecimiento de una persona hasta que alcanza la edad adulta, la de un bebé que llora y no habla y se convierte en un adulto contemplativo. Subraya la capacidad de los niños para aprender por imitación: «Observamos cuánto se divierten imitando todo lo que son capaces de comprender». Vico rechazó las ideas de Descartes, pero su propio pensamiento, aunque nunca llegó a desaparecer, siguió siendo marginal. Su fama como pensador a menudo se ha debido a los que lo leían y admiraban, como Herder, Marx y Joyce…

El efecto placebo, ese fenómeno misterioso de la mente y el cuerpo, o psicosomático, tal vez empieza a parecer un poco menos extraño cuando se entiende desde una perspectiva encarnada y relacional. Richard Kradin sostiene que la respuesta al placebo está directamente relacionada con el apego. Los efectos fisiológicos del placebo son, según sus propias palabras, «un logro en el desarrollo», fruto de las interacciones dinámicas que una persona ha tenido con un cuidador, que son recuerdos inconscientes. Dicho de otro modo, ciertos encuentros se valen de «marcadores somáticos» o viejas melodías corporales, un estado relacional tranquilizante que regresa de forma involuntaria cuando, por ejemplo, el amable médico te entrega un bote de pastillas rosas o moradas que prometen curarte.
El placebo no es una panacea. Aunque corren casos de tumores malignos que se han reducido a la nada gracias al «pensamiento positivo» o a otras curas milagrosas, y se ha demostrado que el placebo afecta los sistemas nervioso, inmunitario, endocrino, respiratorio y gastrointestinal del cuerpo, entre otros, tiene un mayor efecto en unas enfermedades que en otras. La fantasía estadounidense de que el optimismo y los buenos pensamientos, o, al revés, que la fortaleza, acompañada de una guerra psicológica contra una enfermedad devastadora, alterarán su resultado se tendría que matizar. Cabe señalar que la fantasía del pensamiento positivo, por lo general, se formula como un drama individual, no interpersonal. Por pura fuerza de voluntad, la persona enferma considera que está sana. De hecho, el efecto placebo desmonta la fantasía. Hay razones para considerarlos fenómenos intersubjetivos que implican la memoria, de los cuales la imaginación es una parte crucial.
Vivimos en una cultura que ha llegado a recelar de las terapias no farmacéuticas tachándolas de irreales. Pero los efectos de la psicoterapia son reales y fisiológicos, y cambian la vida de las personas.

En los regímenes totalitarios han muerto personas por darle voz. Aunque los teólogos han comprendido su valor profundo, los fanáticos religiosos no quieren saber nada de ella. La clase de duda en la que estoy pensando surge antes de que pueda plantearse como un pensamiento. Empieza como una insatisfacción vaga, una sensación de que algo va mal, una corazonada todavía sin formar, suspendida y llena de suspense que buscará las palabras que compondrán una pregunta adecuada en un lenguaje en el que encaje. La duda es más que una virtud de la inteligencia; es una necesidad. Sin ella no se produciría ninguna idea u obra de arte, y aunque a menudo incomoda, también resulta emocionante. Al fin y al cabo, es la duda bien formulada la que siempre acaba derribando los espejismos de la certeza.

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Despite enthusiastic predictions that technological innovations will make way for artificial wombs and eternal life, it remains true that all human beings are born from our mother’s body and die. No one chooses to be born, and although some people choose to die, many of us would rather not. Beginnings and endings, life and death, are not simple concepts.

Hustvedt is erudite, sharp, and one of the fiercest tender-minded philosophers one is likely to encounter. She melds the arts and sciences so well, counterbalancing the extreme siloing that has occurred since the Enlightenment. A psychoanalyst and novelist who has been published in a variety in scientific journals, she embodies the philosophies she espouses and dissects. She’s turned doubt and humility into the highest of virtues—ones to which scholars, scientists, and many academics too often pay lip service.
Largely a critique of the computational theory of mind, Hustvedt gives us plenty of reasons to temper the optimism of artificial intelligence and other transhumanist dogmas. She is far from reactionary in her criticisms, acting as a sympathetic skeptic reminding us that we understand very little about the mind, the brain, or consciousness. We have every reason to remain humble.
And lastly, she explores compelling reasons for the inability we have to get outside of subjective experience, entertaining lines of thought that will enamor pragmatists, phenomenologists, and humanists alike. If this is her non-fiction work, and she identifies first as a novelist, I can only imagine the genius that will shine through. The schools of thought in which she is most well-read and best suited for narrative media.
In this book, Hustvedt deals intensively with artificial intelligence. Unfortunately, I must say at this point that some statements in this book about artificial intelligence are incorrect.
For example, it is claimed that humans can never be simulated with artificial intelligence because it has been shown that this cannot be done with GOFAI (good old-fashioned artificial intelligence). Yes, conventional artificial intelligence with programmed algorithms and databases is not really enough for this. But what the current machine learning trend (successor to GOFAI) will bring in the future is still completely open, which Hustvedt sadly doesn’t mention at all. I’m also not a fan of Kurzweil’s vision of singularity (fusion of man and machine), but like Hofstadter or Dennett, I also assume that the idea would be feasible in principle, which Hustvedt completely denies, which I find dangerous because that prevents an ethical discussion.

What do you think the mind is? I asked completely strangers and others around me. He always made it clear to the interlocutors that it was an open question. He wasn’t looking for the «right» answer.
If someone believes that the mind is different from the brain, then the question is: what does the mind have that the brain does not? Is there something beyond our gray matter that must be considered when conceiving the mind? Is the mind immaterial? One time at a dinner party, the man sitting next to me told me that he firmly believed that mental health is different from physical, and he was quite upset when I asked him what mental health was made of. Of God, of spirit, or of mathematical truth? He vehemently objected to any mention of divinity, and the conversation practically ended there. He knew that mind and body were separate things, but he didn’t want to talk about what they could be.
On the other hand, if the mind is the brain, and the brain is an organ of the body, like the heart, the liver, or the transient placenta, why is the mind considered something higher than a part of the body? .

Models that help scientists manipulate the natural world have been incredibly effective, and the changes in our lives serve to show that there is a relationship between theories of science and the natural world. However, this undeniable reality has had a blinding effect on many.
A false hypothesis is preferable to none at all; a false hypothesis does not in itself entail any danger. But if it reaffirms and becomes widely accepted and thus becomes a creed that no one questions any more and cannot be investigated, it becomes the evil that future centuries will suffer.

What about programmed brains? The metaphor has been imported from engineering to refer to a form of brain fixation, usually genetically determined, but its meaning changes depending on its use. The term in English, hardwired, refers to the electronic wires or cables of a device such as the telephone, but also to those of the computer. In a computer, what is connected by cables is controlled by hardware, not by software, so it cannot be easily changed by the user or programmer. The contemporary term hardwiring, evoking the mechanistic thinking of the 17th century, links the brain to a machine. Today this terminology is very widespread both in the field of science and beyond it, in popular culture.

Vico’s critique of a fragmented academic world has become even more true. Larry Summers seems to have uncritically accepted a particular scientific point of view advanced through statistical research in behavioral genetics that states that women are not naturally suited to higher mathematics and physics. For him, the reason why so few women dedicate themselves to physics is to be found in the evolution of mental traits in the female sex, traits that are genetic and related to variability, despite the fact that there are sociological factors. which also contribute to keeping women away from that discipline.

Wet brain
However, let’s ask ourselves from a third-person point of view whether the brain, the true wet organ of neurons, synapses, and chemicals, is a digital computational device or even resembles one. Of course, if that ethereal matter, information, is higher or deeper than biology, or if psychology can be completely separated from biology, if there really are two substances, the body and the mind, then the question becomes less urgent. But I am interested in the brain inside the skull of a mammal, just as I am interested in why the computational theory of mind ceased to be a hypothesis in cognitive science and became so widely accepted that many considered it and they still consider it a fact.
Artificial systems will become increasingly animated and complex, and that researchers will turn to multiple theoretical models of human and animal development to achieve their goals, but it is obvious to me that the discrepancies about what artificial intelligence can achieve lie not only in the different philosophical paradigms, but also in the imaginative flights that one scientist undertakes in front of another, in what each one hopes and believes that he can achieve, even when the road ahead is shrouded in dense fog.

What are thoughts? Are they the voice of the narrator that each person carries within? Are they the same as self-talk? There is no private language, as Wittgenstein argued. When I use words, they are words that I share with other people even though I am talking to myself. The words are alive between me and my interlocutor. Language happens between us. Do unconscious thoughts use words? Do thoughts occur only in a person’s mind or brain? Or do you think with the whole body? Do Babies Think? Could a false pregnancy be a bodily thought form? Can the nervous, endocrine and immune systems symbolize wishes and fears? Are the thoughts of a crow and mine the same? How is it possible that I think what I have never thought?
Vico’s tale of humanity is also the story of a person’s growth until he reaches adulthood, that of a baby who cries and does not speak and becomes a contemplative adult. He underlines children’s ability to learn by imitation: «We see how much fun they have in imitating everything they are capable of understanding.» Vico rejected the ideas of Descartes, but his own thought, although it never disappeared, remained marginal. His fame as a thinker has often been due to those who read and admired him, such as Herder, Marx and Joyce …

The placebo effect, that mysterious mind-body, or psychosomatic phenomenon, perhaps begins to seem a little less strange when understood from an embodied and relational perspective. Richard Kradin argues that the placebo response is directly related to attachment. The physiological effects of the placebo are, in his own words, «a developmental achievement», the result of the dynamic interactions that a person has had with a caregiver, which are unconscious memories. In other words, certain encounters use «somatic markers» or old body melodies, a calming relational state that returns involuntarily when, for example, the kind doctor hands you a bottle of pink or purple pills that promise to cure you.
Placebo is not a panacea. Although there are cases of malignant tumors that have been reduced to nothing thanks to «positive thinking» or other miracle cures, and placebo has been shown to affect the nervous, immune, endocrine, respiratory and gastrointestinal systems of the body, among others, it has a greater effect in some diseases than in others. The American fantasy that optimism and good thoughts, or, conversely, that fortitude, accompanied by a psychological war against a devastating disease, will alter its outcome would have to be qualified. It should be noted that the fantasy of positive thinking is generally formulated as an individual drama, not an interpersonal one. By sheer force of will, the sick person considers himself to be healthy. In fact, the placebo effect dismantles the fantasy. There are reasons to consider them intersubjective phenomena involving memory, of which imagination is a crucial part.
We live in a culture that has come to be wary of non-pharmaceutical therapies, calling them unreal. But the effects of psychotherapy are real and physiological, and they change people’s lives.

In totalitarian regimes, people have died for giving it a voice. Although theologians have understood its deep value, religious fanatics want nothing to do with it. The kind of doubt I am thinking about arises before it can be posed as a thought. It begins as a vague dissatisfaction, a feeling that something is wrong, a hunch still unformed, suspended and full of suspense that will search for the words that will compose an appropriate question in a language in which it fits. Doubt is more than a virtue of intelligence; it is a necessity. Without it, no idea or work of art would be produced, and while it is often uncomfortable, it is also exciting. At the end of the day, it is the well-formulated doubt that always ends up demolishing the mirages of certainty.

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