Fantasmas En El Parque — María Elena Walsh / Ghosts In The Park by María Elena Walsh (spanish book edition)

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Nunca había leído nada de ella, sólo conocía sus canciones para niños. No tenía idea de su riqueza como escritora. Es difícil definir este libro. Tiene un sabor a despedida. A una necesidad de dejar escritas memorias importantes, antes de la muerte, para que no se pierdan.
“El lector es feliz de ser contemporáneo de una abundancia de libros única en la historia: las cifras y la exhibición a menudo grosera abruman, pero del exceso nace la posibilidad y de esa variedad nace el gusto formado a fuerza de errores y descubrimientos”. El mundo a través de sus ojos y sus experiencias.

Organizado en cuatro partes (las tres primeras están a su vez divididas en seis capítulos, y la última es, prácticamente, un epílogo), el libro se abre y se cierra con los rituales de la muerte, pero en un ámbito aparentemente inesperado: ese solárium en que se ha convertido el parque Las Heras («solárium poco festivo, ocupado por una muchedumbre que se borró el pasado y no percibe los fantasmas») y al que Walsh va a volver una y otra vez, sola o acompañada por un reducido grupo de amigos recientes, paseantes ellos también, lo cual le permite ir escandiendo las entradas y salidas de su propio pasado con comentarios sobre la actualidad argentina.
El parque Las Heras ha sido escenario real de los paseos de la escritora, pero, también y hasta mediados del siglo pasado, fue sede de la Penitenciaría Nacional. Y aunque ya no quede de ella ni un ladrillo para mostrar, toda su historia de presos (políticos y de los otros), de fugas y quizá de fusilamientos.
Se tiene tiempo para dar un largo paseo por ciertas calles de la ciudad en «Buenos Aires, 1948»: Florida (Borges citaba en la Richmond de Florida), Santa Fe y Callao («en un discreto departamento tapiado de libros, Helena Muñoz Larreta de Mallea me invitaba a compartir el almuerzo dominical, con su marido socarrón y el muy risueño poeta Francisco Luis Bernárdez»), Posadas (donde estaba la casa de los Bioy), o el barrio de Caballito (domicilio de poetas como Conrado Nalé Roxlo). Silvina Ocampo, el fotógrafo Pepe Fernández (el mismo de «Zamba para Pepe»), María Herminia Avellaneda, Celeste Albaret, París, Punta del Este, Juan Ramón Jiménez, el humo del cigarrillo o un quirófano pueden ser, también, disparadores de la memoria.

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I had never read anything about her, I only knew her children’s songs. I had no idea of her wealth as a writer. It is difficult to define this book. It has a farewell flavor. To a need to leave important memories written, before death, so that they are not lost.
«The reader is happy to be a contemporary of an abundance of books unique in history: the numbers and the often rude display overwhelm, but from the excess the possibility is born and from that variety the taste formed by force of errors and discoveries is born.» The world through their eyes and experiences.

Organized into four parts (the first three are in turn divided into six chapters, and the last is practically an epilogue), the book opens and closes with the rituals of death, but in an apparently unexpected setting: that solarium that Las Heras park has become («a non-festive solarium, occupied by a crowd that erased the past and does not perceive ghosts») and to which Walsh will return again and again, alone or accompanied by a small group of recent friends, they are also strollers, which allows him to go on scanning the entrances and exits of his own past with comments on current Argentina.
Las Heras Park has been the real scene of the writer’s walks, but, also and until the middle of the last century, it was the headquarters of the National Penitentiary. And although there is not a brick left to show, all their history of prisoners (politicians and others), escapes and perhaps executions.
You have time to take a long walk through certain streets of the city in «Buenos Aires, 1948»: Florida (Borges quoted in Florida’s Richmond), Santa Fe and Callao («in a discreet department boarded up with books, Helena Muñoz Larreta de Mallea invited me to share the Sunday lunch, with her sly husband and the very smiling poet Francisco Luis Bernárdez «), Posadas (where the Bioys’ house was), or the Caballito neighborhood (home of poets like Conrado Nalé Roxlo) . Silvina Ocampo, the photographer Pepe Fernández (the same as «Zamba para Pepe»), María Herminia Avellaneda, Celeste Albaret, Paris, Punta del Este, Juan Ramón Jiménez, cigarette smoke or an operating room can also be triggers for the memory.

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