Sopa De Wuhan — Giorgio Agamben, Slavoj Žižek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey , Byung-Chul Han, Raul Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yañez González, Patricia Manrique, Paul B. Preciado / Wuhan Soup by Giorgio Agamben, Slavoj Žižek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey , Byung-Chul Han, Raul Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yañez González, Patricia Manrique, Paul B. Preciado (spanish book edition)

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Recopilación de diversos artículos publicados por intelectuales de distintas partes del mundo desde el inicio del COVID-19 la mayoría platican sobre cómo estamos respondiendo a la COVID-19 como sociedad y qué podemos esperar del futuro.
Encontré afinidad con varios y unos me parecieron más interesantes que otros, pero en general todos valen la pena. Algunos textos pueden ser difíciles si no estás tan familiarizado con todos los conceptos pero si eres curioso seguro te pones al día y aprendes cosas interesantes. Algunos textos los tuve que leer de poco a poco pues provocaron emociones que no esperaba tener, quizás una bofetada de realidad un poco fuerte.
Vale mencionar algunos textos que están demás como la burda comparación de Zizek o las alaracas de Agamben y la palmada amigable de Luc-Nancy hacia él. Cabe igual mencionar que Agamben es el que posee más cantidad de textos dentro…
Sin menospreciar la apertura de ojos bien argumentada que realizan Chul-Han, Badiou, Preciado y Manrique por nombrar a los que más me cautivaron, faltan más visiones como la de María Galindo que trata el problema de una forma que nunca había escuchado que viene desde uno de los sectores tercermundistas (como se les dice mundialmente, moralmente y ecologicamente son todo lo contrario). El problema que surge es que su opinión es sólo una adhesión al paradigma total del texto, como si se fuera a cumplir una cuota para los menos visibilizados de esta sociedad global, ya que no llega a sumarse a la visión que se construye en todo el texto: se siente apartado y no permite sazonar o desarrollar su argumento desde las otras miradas que se brindan. Se agradecería para una próxima edición visiones de personas que vivan en entornos que nunca han sido los más favorecidos y que involucran a la mayor parte de la población de este planeta.

Frente a las medidas de emergencia frenéticas, irracionales y completamente injustificadas para una supuesta epidemia debido al coronavirus, es necesario partir de las declaraciones de la CNR, según las cuales no sólo “no hay ninguna epidemia de SARS-CoV2 en Italia”, sino que de todos modos “la infección, según los datos epidemiológicos disponibles hoy en día sobre decenas de miles de casos, provoca sínto- mas leves/moderados (una especie de gripe) en el 80-90% de los casos”. En el 10-15% de los casos puede desarrollarse una neumonía, cuyo curso es, sin embargo, benigno en la mayoría de los casos. Se estima que sólo el 4% de los pacientes requieren hospitalización en cuidados intensivos”.
Si esta es la situación real, ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con graves limitaciones de los movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y de trabajo en regiones enteras?
Dos factores pueden ayudar a explicar este comportamiento desproporcionado. En primer lugar, hay una tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno.
El otro factor, no menos inquietante, es el estado de miedo que evidentemente se ha extendido en los últimos años en las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad real de estados de pánico colectivo, a los que la epidemia vuelve a ofrecer el pretexto ideal. Así, en un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla.

La propagación continua de la epidemia de coronavirus también ha desencadenado grandes epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías de conspiración paranoicas, explosiones de racismo.
A menudo se escucha especulación de que el coronavirus puede conducir a la caída del gobierno comunista en China, de la misma manera que (como el mismo Gorbachov admitió) la catástrofe de Chernobyl fue el evento que desencadenó el fin del comunismo soviético. Pero aquí hay una paradoja: el coronavirus también nos obligará a reinventar el comunismo basado en la confianza en las personas y en la ciencia.
Mi modesta opinión es mucho más radical: la epidemia de coronavirus es una especie de ataque de la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” contra el sistema capitalista global, una señal de que no podemos seguir el camino hasta ahora, que un cambio radical es necesario.
¿Todo esto no indica claramente la necesidad urgente de una reorganización de la economía global que ya no estará a merced de los mecanismos del mercado? No estamos hablando aquí sobre el comunismo a la antigua usanza, por supuesto, sino sobre algún tipo de organización global que pueda controlar y regular la economía, así como limitar la soberanía de los estados nacionales cuando sea necesario. Los países pudieron hacerlo en el contexto de la guerra en el pasado, y todos nos estamos acercando efectivamente a un estado de guerra médica.
Además, tampoco debemos tener miedo de notar algunos efectos secundarios potencialmente beneficiosos de la epidemia.

Una de las consecuencias más deshumanas del páni- co que se busca por todos los medios propagar en Italia durante la llamada epidemia del corona virus es la idea misma del contagio, que está a la base de las medidas excepcionales de emergencia adoptadas por el gobierno. La idea, que era ajena a la medicina hipocrática, tuvo su primer precursor inconsciente durante las plagas que asolaron algunas ciudades italianas entre 1500 y 1600.
Aún más tristes que las limitaciones de las libertades implícitas en las disposiciones es, en mi opinión, la degeneración de las relaciones entre los hombres que ellas pueden producir. El otro hombre, quienquiera que sea, incluso un ser querido, no debe acercarse o tocarse y debemos poner en- tre nosotros y él una distancia que según algunos es de un metro, pero según las últimas sugerencias de los llamados expertos debería ser de 4.5 metros.

Hace tiempo que el capitalismo se encontraba en un estado de estancamiento irremediable. Pero seguía fusti- gando a los animales de carga que somos, para obligarnos a seguir corriendo, aunque el crecimiento se había conver- tido en un espejismo triste e imposible.
«El miedo a una pandemia es más peligroso que el propio virus. Las imágenes apocalípticas de los medios de comunicación ocultan un vínculo profundo entre la extrema derecha y la economía capitalista. Como un virus que necesita una célula viva para reproducirse, el capitalismo también se adaptará a la nueva biopolítica del siglo XXI.
«El nuevo coronavirus ya ha afectado a la economía global, pero no detendrá la circulación y la acumulación de capital. En todo caso, pronto nacerá una forma más peligrosa de capitalismo, que contará con un mayor control y una mayor purificación de las poblaciones».

El coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema. Al parecer Asia tiene mejor controlada la pandemia que Europa. En Hong Kong, Taiwán y Singapur hay muy pocos infectados.
En comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes para combatir la pandemia? Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia.
Los Estados asiáticos tienen una mentalidad autoritaria. Y los ciudadanos son más obedientes
Ni en China ni en otros Estados asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán o Japón existe una conciencia crítica ante la vigilancia digital o el big data. La digitalización directamente los embriaga. Eso obedece también a un motivo cultural. En Asia impera el colectivismo. No hay un individualismo acentuado. No es lo mismo el individualismo que el egoísmo, que por supuesto también está muy propagado en Asia.
Al parecer el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras…
La lección de la epidemia debería devolver la fabricación de ciertos productos médicos y farmacéuticos a Europa.
El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera nin-gún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa.

El coronavirus es un instrumento que parece efectivo para borrar, minimizar, ocultar o poner entre paréntesis otros problemas sociales y políticos que veníamos conceptualizando. De pronto y por arte de magia desaparecen debajo la alfombra o detrás del gigante.
El coronavirus es la eliminación del espacio social más vital, más democrático y más importante de nuestras vidas como es la calle, ese afuera que virtualmente no debemos atravesar y que en muchos casos era el único espacio que nos quedaba.
El coronavirus es el dominio de la vida virtual, tienes que estar pegada a una red para comunicarte y saberte en sociedad.
El coronavirus es la militarización de la vida social. Es lo más parecido a una dictadura donde no hay información, sino en porciones calculadas para producir miedo.
El coronavirus es un arma de destrucción y prohibición, aparentemente legítima, de la protesta social, donde nos dicen que lo más peligroso es juntarnos y reunirnos.
El coronavirus es la restitución del concepto de frontera a su forma más absurda; nos dicen que cerrar una frontera es una medida de seguridad, cuando el coronavirus está dentro y el tal cierre no impide la entrada de un virus microscópico e invisible, sino que impide y clasifica los cuerpos que podrán entrar o salir de las fronteras.

Lo que está siendo ensayado a escala planetaria a través de la gestión del virus es un nuevo modo de entender la soberanía en un contexto en el que la identidad sexual y racial (ejes de la segmentación política del mundo patriarco-colonial hasta ahora) están siendo desarticuladas. La Covid-19 ha desplazado las políticas de la frontera que estaban teniendo lugar en el territorio nacional o en el superterritorio europeo hasta el nivel del cuerpo individual.
Las epidemias, por su llamamiento al estado de excepción y por la inflexible imposición de medidas extremas, son también grandes laboratorios de innovación social. La ocasión de una reconfiguración a gran escala de las técnicas del cuerpo y las tecnologías del poder.
Las distintas estrategias que los distintos países han tomado frente a la extensión de la Covid-19 muestran dos tipos de tecnologías biopolíticas totalmente distintas. La primera, en funcionamiento sobre todo en Italia, España y Francia, aplica medidas estrictamente disciplinarias que no son, en muchos sentidos, muy distintas a las que se utilizaron contra la peste. Se trata del confinamiento domiciliario de la totalidad de la población.
La segunda estrategia, puesta en marcha por Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong-Kong, Japón e Israel supone el paso desde técnicas disciplinarias y de control arquitectónico modernas a técnicas farmacopornográficas de biovigilancia: aquí el énfasis está puesto en la detección individual del virus a través de la multiplicación de los tests y de la vigilancia digital constante y estricta de los enfermos a través de sus dispositivos informáticos móviles.

Contrariamente a lo que se podría imaginar, nuestra salud no vendrá de la imposición de fronteras o de la separación, sino de una nueva comprensión de la comunidad con todos los seres vivos, de un nuevo equilibrio con otros seres vivos del planeta. Necesitamos un parlamento de los cuerpos planetario, un parlamento no definido en términos de políticas de identidad ni de nacionalidades, un parlamento de cuerpos vivos (vulnerables) que viven en el planeta Tierra. El evento Covid-19 y sus consecuencias nos llaman a liberarnos de una vez por todas de la violencia con la que hemos definido nuestra inmunidad social.

Es necesario pasar de una mutación forzada a una mutación deliberada. Debemos reapropiarnos críticamente de las técnicas de biopolíticas y de sus dispositivos farmacopornográficos. En primer lugar, es imperativo cambiar la relación de nuestros cuerpos con las máquinas de biovigilancia y biocontrol: estos no son simplemente dispositivos de comunicación. Tenemos que aprender colectivamente a alterarlos. Pero también es preciso desalinearnos. Los Gobiernos llaman al encierro y al teletrabajo. Nosotros sabemos que llaman a la descolectivización y al telecontrol. Utilicemos el tiempo y la fuerza del encierro para estudiar las tradiciones de lucha y resistencia minoritarias que nos han ayudado a sobrevivir hasta aquí. Apaguemos los móviles, desconectemos Internet. Hagamos el gran blackout frente a los satélites que nos vigilan e imaginemos juntos en la revolución que viene.

Concluyendo. Una muy necesaria colección de ideas que intentan evitar el contexto de la histeria, los autores nos recuerdan cómo se han vivido epidemias anteriores, cómo las superamos y los mecanismos de control que se han puesto en marcha. Todo esto para hacernos preguntas. ¿Es necesaria la histeria en la que vivimos? ¿Que tiene de distinto este virus? Vivimos en una sociedad con la tecnología metida hasta en la cama ¿Aceptaremos el control social gubernamental y de empresas con tal de sabernos inmunes a un virus? ¿La posibilidad siempre latente de contagio nos hará unirnos o aumentará nuestro miedo al otro? Con el terrorismo empezamos con el miedo al diferente ¿El virus nos hará tenerle miedo a nuestros iguales?.

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A compilation of various articles published by intellectuals from different parts of the world since the beginning of COVID-19, most of them talk about how we are responding to COVID-19 as a society and what we can expect from the future.
I found affinity with several and some seemed more interesting than others, but in general they are all worth it. Some texts can be difficult if you are not so familiar with all the concepts but if you are curious you will surely catch up and learn interesting things. Some texts I had to read little by little because they provoked emotions that I did not expect to have, perhaps a rather strong slap of reality.
It is worth mentioning some other texts such as Zizek’s crude comparison or Agamben’s alaracas and Luc-Nancy’s friendly slap towards him. It is also worth mentioning that Agamben is the one with the most texts within …
Without underestimating the well-argued opening of eyes made by Chul-Han, Badiou, Preciado and Manrique to name those who most captivated me, more visions are missing like that of María Galindo who treats the problem in a way that I had never heard coming from one of the third world sectors (as they are told worldwide, morally and ecologically they are the opposite). The problem that arises is that his opinion is only an adherence to the total paradigm of the text, as if a quota for the least visible of this global society were to be met, since it does not add to the vision that is built throughout the world. text: he feels separated and does not allow to season or develop his argument from the other views that are offered. Visions of people living in environments that have never been the most favored and that involve most of the population of this planet would be appreciated for a next edition.

In the face of the frenzied, irrational and completely unjustified emergency measures for an alleged epidemic due to the coronavirus, it is necessary to start from the statements of the CNR, according to which not only «there is no SARS-CoV2 epidemic in Italy», but In any case, “the infection, according to the epidemiological data available today on tens of thousands of cases, causes mild / moderate symptoms (a type of influenza) in 80-90% of cases”. Pneumonia may develop in 10-15% of cases, the course of which is, however, benign in most cases. It is estimated that only 4% of patients require hospitalization in intensive care ”.
If this is the real situation, why are the media and the authorities striving to spread a climate of panic, causing a true state of emergency, with severe movement limitations and a suspension of the normal functioning of living conditions? and working in entire regions?
Two factors can help explain this disproportionate behavior. First, there is a growing tendency to use the state of exception as the normal paradigm of government.
The other factor, no less disturbing, is the state of fear that has evidently spread in recent years in the consciences of individuals and that translates into a real need for states of collective panic, to which the epidemic offers again. the ideal pretext. Thus, in a perverse vicious circle, the limitation of freedom imposed by governments is accepted in the name of a desire for security that has been induced by the same governments that now intervene to satisfy it.

The continued spread of the coronavirus epidemic has also triggered major ideological virus epidemics that were latent in our societies: fake news, paranoid conspiracy theories, explosions of racism.
Speculation is often heard that the coronavirus may lead to the downfall of the communist government in China, just as (as Gorbachev himself admitted) the Chernobyl catastrophe was the event that triggered the end of Soviet communism. But here is a paradox: the coronavirus will also force us to reinvent communism based on trust in people and in science.
My modest opinion is much more radical: the coronavirus epidemic is a kind of attack by the «Five Point Palm Explosive Heart Technique» against the global capitalist system, a sign that we cannot follow the path until now, that a radical change is necessary.
Doesn’t all this clearly indicate the urgent need for a reorganization of the global economy that will no longer be at the mercy of market mechanisms? We are not talking here about old-fashioned communism, of course, but about some kind of global organization that can control and regulate the economy, as well as limit the sovereignty of nation states when necessary. Countries were able to do so in the context of war in the past, and we are all effectively approaching a state of medical warfare.
Also, we should not be afraid to notice some potentially beneficial side effects of the epidemic.

One of the most inhuman consequences of the panic that is sought by all means to spread in Italy during the so-called coronavirus epidemic is the very idea of contagion, which is at the base of the exceptional emergency measures adopted by the government. The idea, which was foreign to Hippocratic medicine, had its first unconscious precursor during the plagues that ravaged some Italian cities between 1500 and 1600.
Even sadder than the limitations of the freedoms implicit in the provisions is, in my opinion, the degeneration of the relations between men that they can produce. The other man, whoever he is, even a loved one, should not approach or touch each other and we should put between him and him a distance that according to some is one meter, but according to the latest suggestions from so-called experts, it should be 4.5 meters.

Capitalism has long been in a state of hopeless stagnation. But it continued to lash out at the pack animals we are, to force us to keep running, even though growth had turned into a sad and impossible mirage.
«The fear of a pandemic is more dangerous than the virus itself. Apocalyptic media images hide a deep link between the far right and the capitalist economy. Like a virus that needs a living cell to reproduce, capitalism will also adapt to the new biopolitics of the 21st century.
“The new coronavirus has already affected the global economy, but it will not stop the movement and accumulation of capital. In any case, a more dangerous form of capitalism will soon be born, which will have greater control and greater purification of populations.

The coronavirus is testing our system. Asia appears to have better control of the pandemic than Europe. In Hong Kong, Taiwan and Singapore there are very few infected.
Compared to Europe, what advantages does the Asian system offer that are efficient in fighting the pandemic? Asian states like Japan, Korea, China, Hong Kong, Taiwan or Singapore have an authoritarian mentality, which comes from their cultural tradition (Confucianism). People are less reluctant and more obedient than in Europe. They also trust the state more. And not only in China, but also in Korea or Japan, daily life is much more strictly organized than in Europe. Above all, to confront the virus, Asians are strongly committed to digital surveillance. They suspect that big data could hold enormous potential to defend against the pandemic.
Asian states have an authoritarian mindset. And citizens are more obedient
Neither in China nor in other Asian states such as South Korea, Hong Kong, Singapore, Taiwan or Japan there is a critical awareness of digital surveillance or big data. Digitization directly intoxicates them. This is also due to a cultural motive. Collectivism reigns in Asia. There is no accentuated individualism. Individualism is not the same as selfishness, which of course is also very widespread in Asia.
Big data seems to be more effective at fighting the virus than absurd border closures …
The lesson of the epidemic should return the manufacturing of certain medical and pharmaceutical products to Europe.
The virus will not defeat capitalism. The viral revolution will not happen. No virus is capable of making revolution. The virus isolates and individualizes us. It does not generate any strong collective sentiment. In some way, each cares only for his own survival. The solidarity consisting in keeping mutual distances is not a solidarity that allows us to dream of a different, more peaceful, and just society.

The coronavirus is an instrument that seems effective to erase, minimize, hide or put in parentheses other social and political problems that we have been conceptualizing. Suddenly and magically they disappear under the carpet or behind the giant.
The coronavirus is the elimination of the most vital, democratic and most important social space in our lives, such as the street, that outside that we should not virtually cross and that in many cases was the only space we had left.
Coronavirus is the domain of virtual life, you have to be attached to a network to communicate and know yourself in society.
The coronavirus is the militarization of social life. It is the closest thing to a dictatorship where there is no information, but in portions calculated to produce fear.
The coronavirus is an apparently legitimate weapon of destruction and prohibition of social protest, where we are told that the most dangerous thing is to get together and get together.
The coronavirus is the restitution of the concept of the border to its most absurd form; They tell us that closing a border is a security measure, when the coronavirus is inside and such closure does not prevent the entry of a microscopic and invisible virus, but rather prevents and classifies the bodies that may enter or leave the borders.

What is being tested on a planetary scale through virus management is a new way of understanding sovereignty in a context in which sexual and racial identity (axes of the political segmentation of the patriarchal-colonial world until now) are being disjointed. Covid-19 has displaced the border policies that were taking place in the national territory or in the European super-territory to the level of the individual body.
Epidemics, due to their call for a state of emergency and the inflexible imposition of extreme measures, are also great laboratories of social innovation. The occasion of a large-scale reconfiguration of body techniques and power technologies.
The different strategies that different countries have taken in the face of the Covid-19 extension show two totally different types of biopolitical technologies. The first, operating mainly in Italy, Spain and France, applies strictly disciplinary measures that are not, in many ways, very different from those used against the plague. This is the house confinement of the entire population.
The second strategy, launched by South Korea, Taiwan, Singapore, Hong Kong, Japan, and Israel, involves moving from modern architectural control and disciplinary techniques to pharmacopornographic biovigilance techniques: here the emphasis is on individual detection of the viruses through the multiplication of tests and constant and strict digital surveillance of patients through their mobile computing devices.

Contrary to what one might imagine, our health will not come from the imposition of borders or separation, but from a new understanding of the community with all living beings, of a new balance with other living beings on the planet. We need a planetary body parliament, a parliament not defined in terms of identity or nationality politics, a parliament of living (vulnerable) bodies living on planet Earth. The Covid-19 event and its consequences call us to free ourselves once and for all from the violence with which we have defined our social immunity.

It is necessary to go from a forced mutation to a deliberate mutation. We must critically re-appropriate biopolitical techniques and their pharmacopornographic devices. First of all, it is imperative to change the relationship of our bodies with biovigilance and biocontrol machines: these are not simply communication devices. We have to collectively learn to alter them. But it is also necessary to misalign ourselves. Governments call confinement and telework. We know that they call for de-collectivization and remote control. Let’s use the time and strength of confinement to study the traditions of minority struggle and resistance that have helped us survive this far. Let’s turn off the mobiles, disconnect the Internet. Let’s do the big blackout in front of the satellites that watch us and imagine together in the coming revolution.

Foregone. A much-needed collection of ideas that try to avoid the context of hysteria, the authors remind us of how past epidemics have been experienced, how we overcome them and the control mechanisms that have been put in place. All this to ask us questions. Is the hysteria we live in necessary? What is different about this virus? We live in a society with technology even in bed. Will we accept corporate and government social control in order to know we are immune to a virus? Will the ever-latent possibility of contagion make us unite or increase our fear of the other? With terrorism we start with fear of the different. Will the virus make us afraid of our equals?

6 pensamientos en “Sopa De Wuhan — Giorgio Agamben, Slavoj Žižek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey , Byung-Chul Han, Raul Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yañez González, Patricia Manrique, Paul B. Preciado / Wuhan Soup by Giorgio Agamben, Slavoj Žižek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey , Byung-Chul Han, Raul Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yañez González, Patricia Manrique, Paul B. Preciado (spanish book edition)

  1. Hola David, me ha parecido un artículo muy interesante. Es necesario abrir los ojos y ver más allá. Las preguntas que planteas en tu conclusión son un excelente punto de partida para el debate y la reflexión.

    • Blanca eso es lo que realmente busco porque miro a derecha izquierda de frente y veo que la gente está drogada y demasiados intereses en la sombra.
      Por cierto Blanca déjame decirte que ya me dirás cómo te pongas y hagas lo que hagas de tu blog siempre sales guapa . Cuídate y para lo que quieras aquí estoy 😘😘😘

      • Muchas gracias! Si uno tiene pasión por algo siempre se refleja, Es una proyección desde el interior. Me encanta el arte, el diseño, la moda y la cosmética. Es cuestión de combinar y encontrar el conjunto que funciona.

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