El Culto Moderno A Los Monumentos. Caracteres Y Origen — Alois Riegl / Der Moderne Denkmalkultus. Sein Wesen und seine Entstehung (The Modern Cult Of Monuments. His Nature And His Origins) by Alois Riegl

Un buen trabajo que muestra la evolución histórica de los monumentos. Aunque la primera parte del libro no es de fácil lectura a medida que se avanza el libro comienza a presentar pasajes bien interesantes en cuanto al culto a los monumentos.
No se trata solo de distinguir entre los monumentos en el sentido «tradicional» y los monumentos «históricos», sino de leer una densa red de relaciones de valores que combinan el pasado con el presente, afectando fundamentalmente los problemas de conservación, restauración y, en general, por supuesto, sobre el tema del patrimonio cultural y sobre el significado que atribuimos todos los días a lo que viene del pasado.

Por monumento, en el sentido más antiguo y primigenio, se entiende una obra realizada por la mano humana y creada con el fin específico de mantener hazañas o destinos individuales (o un conjunto de éstos) siempre vivos y presentes en la conciencia de las generaciones venideras. Puede tratarse de un monumento artístico o escrito, en la medida en que el acontecimiento que se pretende inmortalizar se ponga en conocimiento del que lo contempla sólo con los medios expresivos de las artes plásticas o recurriendo a la ayuda de una inscripción. Lo más frecuente es la unión de ambos géneros de un modo parejo. La creación y conservación de estos monumentos «intencionados», que se remonta a los primeros tiempos documentados de la cultura humana, no ha concluido hoy ni mucho menos, pero cuando hablamos del moderno culto y conservación de monumentos, prácticamente no pensamos en estos monumentos «intencionados», sino en los «monumentos históricos y artísticos».
Según la definición más usual, obra de arte es toda obra humana apreciable por el tacto, la vista o el oído que muestra un valor artístico, y monumento histórico es toda y cada una de estas obras que posee un valor histórico. En nuestro contexto, podemos excluir de nuestra consideración, desde un principio, los monumentos perceptibles por el oído (musicales), ya que, en lo que aquí nos puede interesar, han de ser incluidos entre los monumentos históricos. Por tanto, hemos de preguntar exclusivamente con relación a las obras perceptibles al tacto y a la vista de las artes plásticas (en el sentido más amplio, es decir, abarcando toda creación de la mano humana): ¿Qué es valor artístico y qué es valor histórico?
El valor histórico es evidentemente el más amplio y puede, por tanto, ser analizado en primer lugar. Llamamos histórico a todo lo que ha existido alguna vez y ya no existe.
Pero ¿es realmente sólo el valor histórico el que valoramos en los monumentos artísticos? Si fuera así, todas las obras de arte de épocas anteriores o incluso codos los períodos artísticos habrían de tener el mismo valor a nuestros ojos y, como mucho, obtener un valor superior relativo por su rareza o mayor antigüedad. Pero la realidad es que a veces valoramos de un modo superior obras más recientes que otras más antiguas.

– El valor de antigüedad de un monumento se descubre a primera vista por su apariencia no moderna. Ciertamente este aspecto no moderno no reside tamo en un estilo no moderno, pues éste se podría imitar sin más, con lo que su reconocimiento y correcta valoración quedarían casi exclusivamente reservados al circulo relativamente pequeño de los expertos en Historia del Arte, mientras que el valor de antigüedad aspira a obrar sobre las grandes masas. La oposición al presente, sobre la que se basa el valor de antigüedad, se manifiesta más bien en una imperfección, en una carencia de carácter cerrado, en una tendencia a la erosión de forma y color, características estas que se oponen de modo rotundo a las de obras modernas, es, decir, recién creadas.

– El valor histórico de un monumento reside en que representa una etapa determinada, en cieno modo individual, en la evolución de alguno de los campos creativos de la humanidad. Desde este punto de vista, en el monumento no nos interesan las huellas de erosión de las influencias naturales que han actuado sobre él en el tiempo transcurrido desde su surgimiento, sino su génesis en otro tiempo como obra humana. El valor histórico de un monumento será tanto mayor cuanto menor sea la alteración sufrida en su estado cerrado originario, el que poseyó inmediatamente después de su génesis. Las deformaciones y los deterioros parciales son para el valor histórico un factor accesorio molesto y desagradable. Esto es aplicable en igual medida al valor histórico artístico como a cualquier valor histórico cultural y, por supuesto, de un modo especial al valor cronístico.

– Frente al valor de antigüedad, que valora el pasado exclusivamente por sí mismo, el valor histórico ya había mostrado la tendencia a entresacar del pasado un momento de la historia evolutiva y a presentarlo ante nuestra vista con tanta claridad como si perteneciera al presente. El valor rememorativo intencionado tiene desde el principio, esto es, desde que se erige el monumento, el firme propósito de, en cierto modo, no permitir que ese momento se convierta nunca en pasado, de que se mantenga siempre presente y vivo en la conciencia de la posteridad. Esta tercera categoría de valores rememorativos constituye, pues, un claro tránsito hacia los valores de contemporaneidad.
Mientras el valor de antigüedad se basa exclusivamente en la destrucción, y el valor histórico pretende detener la destrucción total a partir del momento actual —aun cuando su existencia no estaría justificada sin la destrucción acaecida hasta ese mismo momento—, el valor rememorativo intencionado aspira de modo rotundo a la inmortalidad.

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A good work that shows the historical evolution of the monuments. Although the first part of the book is not easy to read as the book progresses it begins to present very interesting passages regarding the cult of monuments.
It is not just a question of distinguishing between monuments in the «traditional» sense and «historical» monuments, but to read a dense network of value relationships that combine the past with the present, fundamentally affecting conservation, restoration and, in general, of course, on the issue of cultural heritage and on the meaning we attribute every day to what comes from the past.

A monument, in the oldest and most primitive sense, is a work made by the human hand and created with the specific purpose of keeping feats or individual destinies (or a set of these) always alive and present in the consciousness of the coming generations . It may be an artistic or written monument, insofar as the event that is intended to be immortalized is brought to the attention of the one who contemplates it only with the expressive means of the plastic arts or by resorting to the help of an inscription. The most frequent is the union of both genders in an even way. The creation and conservation of these «intentional» monuments, dating back to the early documented times of human culture, has not concluded today, much less, but when we talk about the modern cult and conservation of monuments, we practically do not think of these monuments « intended ”, but in the“ historical and artistic monuments ”.
According to the most usual definition, a work of art is every human work appreciable by touch, sight or hearing that shows an artistic value, and historical monument is each and every one of these works that has a historical value. In our context, we can exclude from our consideration, from the beginning, the monuments perceptible by the ear (musical), since, in what may interest us here, they must be included among the historical monuments. Therefore, we have to ask exclusively in relation to works that are perceptible to the touch and sight of the plastic arts (in the broadest sense, that is, encompassing all creation of the human hand): What is artistic value and what is value historical?
The historical value is obviously the broadest and can therefore be analyzed first. We call historical everything that has ever existed and no longer exists.
But is it really only historical value that we value in artistic monuments? If so, all the works of art from earlier times or even all the artistic periods would have the same value in our eyes and, at best, obtain a relative higher value because of their rarity or greater antiquity. But the reality is that sometimes we value more recent works more recent than others older.

– The age value of a monument is discovered at first sight by its non-modern appearance. Certainly this non-modern aspect does not reside tamo in a non-modern style, as this could be imitated without more, so that its recognition and correct assessment would be almost exclusively reserved for the relatively small circle of experts in Art History, while the value of antiquity aspires to work on the great masses. The opposition to the present, on which the value of antiquity is based, is manifested rather in an imperfection, in a lack of closed character, in a tendency to erosion of form and color, characteristics that strongly oppose those of modern works, that is, newly created.

– The historical value of a monument is that it represents a certain stage, in a single individual way, in the evolution of some of the creative fields of humanity. From this point of view, in the monument we are not interested in the erosion traces of the natural influences that have acted on it in the time since its emergence, but its genesis in another time as a human work. The historical value of a monument will be greater the lesser the alteration suffered in its original closed state, which it possessed immediately after its genesis. Deformations and partial deteriorations are an annoying and unpleasant accessory factor for historical value. This applies equally to artistic historical value as to any cultural historical value and, of course, in a special way to chronological value.

– Faced with the value of antiquity, which values the past exclusively by itself, the historical value had already shown the tendency to delve into the past a moment of evolutionary history and to present it to our view as clearly as if it belonged to the present. The intentional memorial value has from the beginning, that is, since the monument is erected, the firm purpose of, in a way, not allowing that moment to ever become past, to always remain present and alive in consciousness of posterity. This third category of commemorative values thus constitutes a clear transition to contemporary values.
While the value of antiquity is based exclusively on the destruction, and the historical value intends to stop the total destruction from the present moment – even when its existence would not be justified without the destruction that occurred until that moment -, the intentional memorial value aspires to resounding mode of immortality.

2 pensamientos en “El Culto Moderno A Los Monumentos. Caracteres Y Origen — Alois Riegl / Der Moderne Denkmalkultus. Sein Wesen und seine Entstehung (The Modern Cult Of Monuments. His Nature And His Origins) by Alois Riegl

  1. Muy interesante! como aficionada y conocedora de la historia del arte me parece un artículo fascinante, aunque también se podría considerar dentro del valor memorativo intencionado la ausencia de ésta en monumentos que deberían tener este valor, pienso en la Casa Consistorial de Cartagena, España que aunque fue restaurada quisieron mantener gran parte de los destrozos ocasionados por la Guerra Civil Española, convirtiendo este edificio no sólo en un monumento arquitectónico si no ampliando su valor conmemorativo a las atrocidades de la guerra para que nunca se vuelva a repetir. En comparación La Casa de la Moneda en Chile, destruida casi por completo durante el golpe de estado de 1973, solo tiene el valor histórico de haber sido la fábrica de moneda y ahora representación del gobierno, pero se restauró digo casi por no decir por completo con la intención de esconder los trazos que pudieran recordar al visitante el evento histórico ahí ocurrido.

    • Sin duda muy interesante lo que comentas y debo darte la razón. Los países sin monumentos serían aburridísimos. Además odio los monumentos restaurados al milímetro… la pátina es oro

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