La Sociedad Del Cansancio — Byung Chul-Han / The Burnout Society by Byung Chul- Han

Fácilmente una de las obras de filosofía contemporáneas más profundas y relevantes que he leído. Han combina su conocimiento (extremadamente extenso) de la filosofía continental con los últimos problemas absolutos que nos presenta la vida moderna, lo que resulta en un trabajo que es erudito y, de hecho, ¡jadeante! No es exactamente un libro de prensa popular; el hombre está profundamente comprometido no solo con la filosofía sino también con el psicoanálisis y la deconstrucción, pero vale la pena si puede manejar algo de complejidad.
He estado recomendando el libro a mis amigos en forma extensiva, ya que analiza lo que la sociedad contemporánea está haciendo en nuestras mentes: haciéndonos interiorizar todas las presiones que solían venir desde afuera; haciéndonos empujar a nosotros mismos indefinidamente (porque nunca estamos “fuera”); causando que nos quememos porque, literalmente, no hay un final a la vista de la avalancha de información, medios de comunicación, intercambio, noticias, tareas, objetivos, etc.

En esta obra el autor expone el paso de una sociedad disciplinada a una sociedad de rendimiento. Así, mientras la sociedad disciplinada se basa en la negación, en la prohibición, nuestra sociedad actual de rendimiento se torna en una sociedad positiva, una sociedad del no-límite, del poder hacer. Pero esto, según el autor, lejos de hacernos más libres nos conduce a una era de autoagresividad, en tanto su potencia requiere ser alimentada permanentemente. La incapacidad para alimentar de forma perpetua esa positividad genera individuos agotados, que enferman, que se deprimen, y donde en un principio se es partícipe de la euforia del “todo es posible”, se termina abdicando ante la insaciabilidad.
Si bien la tesis de Ham merece cierta atención, en lo que respecta al libro, a pesar de su brevedad, se le queda a uno la sensación de estar leyendo en ocasiones párrafos casi calcados los unos a los otros, lo cual por en parte es bueno para asimilar y comprender mejor el ensayo (pues no es precisamente un texto ameno). Sin embargo, se le queda a uno la sensación de que hubiera podido ir un poco más allá en el desarrollo de la obra, como si a pesar de repetirse en varias ocasiones siguieran quedando cosas por decir. A la vez, autores como Bauman creo que son capaces de reflejar con algo más de lucidez y mejor calidad en la exposición los males de la sociedad de rendimiento.
La sociedad profundamente enferma que describe Byung ha llegado a su apogeo en el hecho posterior de la elección de Trump como presidente de la primera potencia mundial. Todas las aporías de este tipo de sociedades se han concitado en esa figura del reality show y otras como el Bolsonaro de Brasil. No es de extrañar que esas sociedades vean crecer sus tasas de suicidio ( especialmente preocupante en USA), de drogadicción ( la epidemia de opiáceos en EE.UU. también) y que vivan en un permanente Miedo e Inseguridad. En todos estos sentidos, una descripción exacta y profunda, presciente, del postcapitalismo.

El llamado «inmigrante» no es hoy en día ningún otro inmunológico, ningún extraño en sentido empático, del que se derive un peligro real, o de quien se tenga miedo. Los inmigrantes o refugiados se consideran como una carga antes que como una amenaza. Del mismo modo, al problema del virus informático no le corresponde ya una virulencia social de semejante dimensión. Así, no es casualidad que Esposito dedique su análisis inmunológico a problemas que no son del presente, sino exclusivamente a objetos del pasado.
El paradigma inmunológico no es compatible con el proceso de globalización. La otredad que suscitaría una reacción inmunitaria se opondría a un proceso de disolución de fronteras. El mundo inmunológicamente organizado tiene una topología particular. Está marcado por límites, cruces y umbrales, por vallas, zanjas y muros.

La sociedad disciplinaria es una sociedad de la negatividad. La define la negatividad de la prohibición. El verbo modal negativo que la caracteriza es el «no-poder»(Nicht-Dürfen). Incluso al deber (Sollen) le es inherente una negatividad: la de la obligación. La sociedad de rendimiento se desprende progresivamente de la negatividad. Justo la creciente desregularización acaba con ella. La sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder (können) sin límites. Su plural afirmativo y colectivo «Yes, we can» expresa precisamente su carácter de positividad. Los proyectos, las iniciativas y la motivación reemplazan la prohibición, el mandato y la ley. A la sociedad disciplinaria todavía la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados.
El cambio de paradigma de una sociedad disciplinaria a una sociedad de rendimiento denota una continuidad en un nivel determinado.
El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación. Ésta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta autorreferencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia. Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica.

Los cansancios son violencia, porque destruyen toda comunidad, toda cercanía, incluso el mismo lenguaje: «Aquel tipo de cansancio —sin habla, como tenía que seguir siendo— forzaba a la violencia. Ésta tal vez se manifestaba sólo en la mirada que deformaba al otro».

Easily one of the most profound and relevant contemporary works of philosophy I’ve read. Han combines his (extremely far-reaching) knowledge of continental philosophy with the absolute latest issues that modern life is throwing at us, resulting in a work that is erudite and actually–gasp!–helpful. It’s not exactly a popular press book–the man is deeply engaged with not only philosophy but also psychoanalysis and deconstruction–but it’s well worth it if you can handle some complexity.
I’ve been recommending the book to friends extensively, as it looks at what contemporary society is doing to our psyches: making us internalize all the pressures that used to come from outside; making us push ourselves indefinitely (because we’re never “off”); causing us to burn out because there is literally no end in sight to the onslaught of information, media, sharing, news, tasks, goals, etc…

In this work the author exposes the passage from a disciplined society to a performance society. Thus, while the disciplined society is based on denial, on prohibition, our current society of performance becomes a positive society, a society of non-limit, of being able to do. But this, according to the author, far from making us more free, leads us to an era of self-aggression, while its power requires constant feeding. The inability to perpetually feed that positivity generates exhausted individuals, who become ill, who become depressed, and where at first they are partakers of the euphoria of “everything is possible”, they end up abdicating in the face of insatiability.
While Ham’s thesis deserves some attention, in regard to the book, despite its brevity, one has the feeling of being reading sometimes paragraphs almost traced to each other, which partly is good to assimilate and better understand the essay (because it is not exactly a pleasant text). However, one has the feeling that he could have gone a little further in the development of the work, as if in spite of repeating several times there were still things to be said. At the same time, authors like Bauman believe that they are capable of reflecting with something more lucidity and better quality in the exhibition the evils of the performance society.
The deeply ill society that Byung describes has reached its apogee in the subsequent fact of the election of Trump as president of the world’s leading power. All the aporias of this kind of societies have been aroused in that figure of the reality show and others like the Bolsonaro in Brazil. It is not surprising that these societies see their suicide rates increase (especially worrying in the US), drug addiction (the opiate epidemic in the USA as well) and live in a permanent fear and insecurity. In all these senses, an accurate and profound, prescient description of postcapitalism.

The so-called “immigrant” is today no other immunological, no stranger in an empathic sense, from which a real danger is derived, or from whom one is afraid. Immigrants or refugees are considered a burden rather than a threat. In the same way, the problem of the computer virus no longer corresponds to a social virulence of such dimension. Thus, it is no coincidence that Esposito dedicates his immunological analysis to problems that are not of the present, but exclusively to objects of the past.
The immunological paradigm is not compatible with the process of globalization. The otherness that would trigger an immune reaction would oppose a process of dissolution of borders. The immunologically organized world has a particular topology. It is marked by boundaries, crossings and thresholds, by fences, ditches and walls.

The disciplinary society is a society of negativity. It is defined by the negativity of the prohibition. The negative modal verb that characterizes it is “no-power” (Nicht-Dürfen). Even the duty (Sollen) is inherent in a negativity: that of obligation. The society of performance progressively detaches itself from negativity. Just the growing deregulation ends with it. The performance society is characterized by the positive modal verb power (können) without limits. Its affirmative and collective plural “Yes, we can” expresses precisely its character of positivity. Projects, initiatives and motivation replace prohibition, mandate and law. The disciplinary society is still governed by the no. Their negativity generates crazy and criminal. The performance society, on the other hand, produces depressed and unsuccessful.
The paradigm shift from a disciplinary society to a performance society denotes continuity at a given level.
The excess of work and performance is sharpened and becomes self-exploitation. This is much more effective than exploitation by others, because it is accompanied by a feeling of freedom. The exploiter is at the same time the exploited. Victim and executioner can no longer differentiate. This self-referentiality generates a paradoxical freedom, which, because of the structures of obligation immanent to it, becomes violence. The psychic diseases of the performance society are precisely the pathological manifestations of this paradoxical freedom.

Fatigue is violence, because it destroys all community, all closeness, even the same language: “That type of fatigue – without speaking, as it had to remain – forced violence. This perhaps manifested only in the look that deformed the other ».

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.