¿Por qué fracasan los países? — Daron Acemoglu & James A Robinson / Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty by Daron Acemoglu & James A Robinson

Este es un interesante libro sobre la búsqueda de razones de porque un país o ciudad es más pobre que otro partiendo del ejemplo de Sonora se van al traste teorías como la ignorancia y demás vericuetos.

A lo largo y ancho del mundo colonial español en América, aparecieron instituciones y estructuras sociales parecidas. Tras una fase inicial de codicia y saqueo de oro y plata, los españoles crearon una red de instituciones destinadas a explotar a los pueblos indígenas. El conjunto formado por encomienda, mita, repartimiento y trajín tenía como objetivo obligar a los pueblos indígenas a tener un nivel de vida de subsistencia y extraer así toda la renta restante para los españoles. Esto se logró expropiando su tierra, obligándolos a trabajar, ofreciendo sueldos bajos por el trabajo, imponiendo impuestos elevados y cobrando precios altos por productos que ni siquiera se compraban voluntariamente. A pesar de que estas instituciones generaban mucha riqueza para la Corona española e hicieron muy ricos a los conquistadores y a sus descendientes, también convirtieron América Latina en uno de los continentes más desiguales del mundo y socavaron gran parte de su potencial económico.

Vivimos en un mundo que no es igualitario. Las diferencias que existen entre los países son similares a las que hay entre las dos partes de Nogales, pero a mayor escala. En los países ricos, las personas están más sanas, viven más tiempo y tienen unos niveles de educación más altos. Asimismo, pueden acceder a una serie de comodidades y opciones en la vida, desde vacaciones hasta carreras profesionales, con las que las personas de los países pobres solamente pueden soñar. Además, los habitantes de los países ricos conducen por carreteras sin baches y disfrutan de lavabos, electricidad y agua corriente en sus hogares. Normalmente, sus gobiernos no los detienen ni los hostigan arbitrariamente; al contrario, les proporcionan servicios que incluyen educación, atención sanitaria, carreteras y ley y orden. También hay que señalar que los ciudadanos votan en las elecciones y tienen cierta voz en la dirección política que toman sus países.
Las grandes diferencias en la desigualdad mundial son evidentes para todos, incluso para los habitantes de países pobres, aunque muchos carezcan de acceso a la televisión o a Internet.
No solo en la economía, sino también de la política, de los efectos de las instituciones en el éxito y el fracaso de los países y, en consecuencia, en la economía de la pobreza y la prosperidad. También trata de cómo se determinan y cambian las instituciones con el tiempo y cómo no cambian aunque creen pobreza y miseria para millones de personas. Por lo tanto, trata de la política de la pobreza y la prosperidad.
Cuando el desarrollo llega con instituciones políticas extractivas, pero en lugares en los que las instituciones económicas tienen aspectos inclusivos, como en el caso de Corea del Sur, siempre existe el peligro de que las instituciones económicas se vuelvan más extractivas y se detenga el crecimiento. Los que controlan el poder político finalmente encontrarán más beneficioso utilizar su poder para limitar la competencia, aumentar su trozo del pastel o incluso robar y saquear en vez de apoyar el progreso económico. La distribución del poder y la capacidad para ejercerlo socavarán, en última instancia, las propias bases de la prosperidad económica, a menos que las instituciones políticas pasen de ser extractivas a ser inclusivas.

En las pocas zonas de África que escaparon al tráfico de esclavos, como Sudáfrica, los europeos impusieron un conjunto distinto de instituciones, aunque esta vez destinadas a crear una reserva de mano de obra barata para sus minas y granjas. El Estado sudafricano creó una economía dual que impedía que el 80 por ciento de su población tuviera puestos de trabajo cualificados, realizara una actividad agrícola comercial y creara empresas. Todo esto no explica solamente por qué la industrialización pasó de largo en gran parte del mundo, sino que también describe que el desarrollo económico en ocasiones se alimenta del subdesarrollo, e incluso lo crea, en alguna otra parte de la economía nacional o mundial.

Las guerras civiles causan más sufrimiento humano y también destruyen incluso la poca centralización estatal que hayan logrado estas sociedades. Esto empieza a menudo un proceso que conduce a la falta de ley, al Estado fracasado y al caos político, y aplasta todas las esperanzas de prosperidad económica.
Los países fracasan hoy en día porque sus instituciones económicas extractivas no crean los incentivos necesarios para que la gente ahorre, invierta e innove. Las instituciones políticas extractivas apoyan a estas instituciones económicas para consolidar el poder de quienes se benefician de la extracción. Las instituciones políticas y económicas extractivas, aunque varíen en detalles bajo distintas circunstancias, siempre están en el origen de este fracaso. En muchos casos, por ejemplo, como veremos en Argentina, Colombia y Egipto, este fracaso adopta la forma de falta de actividad económica suficiente, porque los políticos están encantados de extraer recursos o de aplastar cualquier tipo de actividad económica independiente que los amenace a ellos y a las élites económicas. En algunos casos extremos, como Zimbabue y Sierra Leona, que comentaremos más adelante, las instituciones extractivas allanan el camino para el fracaso total del Estado, y destruyen no solamente la ley y el orden, sino también los incentivos económicos más básicos. El resultado es el estancamiento económico y, como ilustra la historia reciente de Angola, Camerún, Chad, la República Democrática del Congo, Haití, Liberia, Nepal, Sierra Leona, Sudán y Zimbabue, guerras civiles, desplazamientos en masa, hambrunas y epidemias, que hacen que muchos de estos países sean más pobres hoy en día de lo que lo eran los sesenta.

El renacimiento de China llegó con un alejamiento significativo de las instituciones económicas más extractivas, que pasaron a ser más inclusivas. Los incentivos del mercado en la agricultura y la industria, seguidos después por la tecnología y la inversión extranjeras, condujeron a China al crecimiento económico. Era un crecimiento bajo instituciones políticas extractivas, aunque no fueran tan represivas como lo fueron durante la Revolución cultural e incluso si las instituciones económicas estaban llegando a ser parcialmente inclusivas. Todo esto no debería llevar a subestimar hasta qué punto los cambios de las instituciones económicas de China fueron radicales. China rompió el molde, aunque no transformara sus instituciones políticas. Igual que en Botsuana y el Sur de Estados Unidos, los cambios cruciales se dieron durante una coyuntura crítica —en el caso de China, tras la muerte de Mao—. También fueron contingentes, de hecho, muy circunstanciales, ya que no había nada inevitable en el hecho de que la Banda de los Cuatro perdiera la lucha de poder; y, si no hubieran perdido, China no habría experimentado el crecimiento económico sostenido que ha tenido durante los últimos treinta años. Sin embargo, la devastación y el sufrimiento humano que causaron el Gran Salto Adelante y la Revolución cultural generaron suficiente demanda de cambio para que Deng Xiaoping y sus aliados fueran capaces de ganar la batalla política.

Se debe tener en cuenta, primero, la distinción entre instituciones políticas y económicas extractivas e inclusivas. El segundo, nuestra explicación de por qué surgieron instituciones inclusivas en algunas partes del mundo y no en otras. Mientras que el primer nivel de nuestra teoría trata de la interpretación institucional de la historia, el segundo nivel analiza de qué forma la historia ha marcado las trayectorias institucionales de los países.
Para nuestra teoría, es crucial la relación entre prosperidad e instituciones políticas y económicas inclusivas. Las instituciones económicas inclusivas que hacen respetar los derechos de propiedad crean igualdad de oportunidades y fomentan la inversión en habilidades y nuevas tecnologías. Éstas conducen más al crecimiento económico que las instituciones económicas extractivas, estructuradas para extraer recursos de la mayoría para un grupo reducido y que no protegen los derechos de propiedad ni proporcionan incentivos para la actividad económica. Las instituciones económicas inclusivas, a su vez, respaldan y reciben el apoyo de las instituciones.

El peso demasiado presente del Partido Comunista y las instituciones extractivas de China nos recuerdan las muchas similitudes entre el desarrollo soviético de los años cincuenta y sesenta y el desarrollo chino actual, aunque también haya diferencias notables. La Unión Soviética logró crecer bajo instituciones económicas extractivas e instituciones políticas extractivas porque asignaba forzosamente recursos a la industria bajo una estructura de mando centralizada, sobre todo armamento e industria pesada. Este crecimiento fue factible, en parte, porque faltaba mucho por hacer. El crecimiento bajo instituciones extractivas es más fácil cuando la destrucción creativa no es una necesidad. Las instituciones económicas chinas, sin duda, son más inclusivas que las que había en la Unión Soviética, pero las instituciones políticas chinas todavía son extractivas. El Partido Comunista es todopoderoso en China y controla toda la burocracia estatal, las fuerzas armadas, los medios de comunicación y grandes partes de la economía. El pueblo chino tiene pocas libertades y muy poca participación en el proceso político.
Muchas personas hacía tiempo que creían que el desarrollo en China iba a conducir a la democracia y a un mayor pluralismo. En 1989, se creía realmente que las manifestaciones de la plaza de Tiananmen conllevarían una mayor apertura y quizá incluso el fin del régimen comunista. Hoy en día, el control del Partido sobre los medios de comunicación, incluso Internet, no tiene precedentes. Gran parte de este control se logra a través de la autocensura, es decir, los medios de comunicación saben que no deben mencionar a Zhao Ziyang ni a Liu Xiaobo, el crítico del gobierno que pide una mayor democratización, que todavía languidece en la cárcel incluso después de que se le concediera el Premio Nobel de la Paz. La autocensura recibe el apoyo de un aparato orweliano que puede controlar conversaciones y comunicaciones, cerrar sitios webs y periódicos e incluso bloquear selectivamente el acceso a historias de noticias individuales en Internet. Todo esto se puso de manifiesto cuando salió a la luz la noticia sobre las acusaciones de corrupción contra el hijo del secretario general del Partido desde 2002.
El proceso de crecimiento basado en actualización, importación de tecnología extranjera y exportación de productos de manufactura de gama baja es probable que continúe algún tiempo. Sin embargo, también es probable que el crecimiento chino acabe, sobre todo una vez que China logre el nivel de vida de un país de renta media. El panorama más probable podría ser que el Partido Comunista chino y la élite económica china cada vez más poderosa consigan mantener su estrecho control del poder en las décadas siguientes. En este caso, la historia y nuestra teoría sugieren que el crecimiento con destrucción creativa y la innovación verdadera no llegarán y los índices de crecimiento espectaculares de China se evaporarán lentamente. No obstante, este resultado no está predeterminado, ni mucho menos; se puede evitar si China hace la transición a instituciones políticas inclusivas antes de que su crecimiento bajo instituciones extractivas alcance su límite. Sin embargo, como veremos más adelante, hay pocas razones para esperar que una transición de China hacia instituciones políticas más inclusivas sea probable o que tenga lugar automáticamente y sin dolor.

This is an interesting book about the search for reasons why a country or city is poorer than another, based on the example of Sonora. Theories such as ignorance and other twists and turns are gone.

Throughout the Spanish colonial world in America, similar institutions and social structures appeared. After an initial phase of greed and looting of gold and silver, the Spaniards created a network of institutions destined to exploit indigenous peoples. The group formed by encomienda, mita, repartimiento and trajín had as objective to force the indigenous peoples to have a subsistence living standard and thus extract all the remaining income for the Spaniards. This was achieved by expropriating their land, forcing them to work, offering low wages for work, imposing high taxes and charging high prices for products that were not even bought voluntarily. Although these institutions generated much wealth for the Spanish Crown and made the conquistadores and their descendants very rich, they also turned Latin America into one of the most unequal continents in the world and undermined a large part of its economic potential.

We live in a world that is not egalitarian. The differences that exist between the countries are similar to those between the two parts of Nogales, but on a larger scale. In rich countries, people are healthier, live longer and have higher levels of education. They can also access a series of amenities and options in life, from vacations to professional careers, with which people in poor countries can only dream. In addition, the inhabitants of rich countries drive on bumpy roads and enjoy toilets, electricity and running water in their homes. Normally, their governments do not detain or harass them arbitrarily; on the contrary, they provide services that include education, health care, roads and law and order. It should also be noted that citizens vote in elections and have a certain voice in the political direction their countries take.
The great differences in global inequality are evident to all, even to the inhabitants of poor countries, although many lack access to television or the Internet.
Not only in the economy, but also in politics, in the effects of institutions on the success and failure of countries and, consequently, in the economy of poverty and prosperity. It also deals with how institutions are determined and changed over time and how they do not change even though they create poverty and misery for millions of people. Therefore, it deals with the politics of poverty and prosperity.
When development comes with extractive political institutions, but in places where economic institutions have inclusive aspects, as in the case of South Korea, there is always the danger that economic institutions become more extractive and growth stops. Those who control political power will eventually find it more beneficial to use their power to limit competition, increase their slice of the pie or even steal and plunder rather than support economic progress. The distribution of power and the capacity to exercise it will ultimately undermine the very foundations of economic prosperity, unless political institutions move from extractive to inclusive.

In the few areas of Africa that escaped the slave trade, such as South Africa, the Europeans imposed a different set of institutions, but this time aimed at creating a reserve of cheap labor for their mines and farms. The South African state created a dual economy that prevented 80 percent of its population from having skilled jobs, conducting a commercial agricultural activity and creating businesses. All this does not explain only why industrialization has passed by in a large part of the world, but it also describes that economic development sometimes feeds from underdevelopment, and even creates it, in some other part of the national or world economy.

Civil wars cause more human suffering and also destroy even the little state centralization that these societies have achieved. This often begins a process that leads to the lack of law, the failed state and political chaos, and crushes all hopes for economic prosperity.
Countries fail today because their extractive economic institutions do not create the necessary incentives for people to save, invest and innovate. Extractive political institutions support these economic institutions to consolidate the power of those who benefit from extraction. The extractive political and economic institutions, although they vary in details under different circumstances, are always at the origin of this failure. In many cases, for example, as we will see in Argentina, Colombia and Egypt, this failure takes the form of lack of sufficient economic activity, because politicians are happy to extract resources or crush any kind of independent economic activity that threatens them. and the economic elites. In some extreme cases, such as Zimbabwe and Sierra Leone, which we will discuss later, extractive institutions pave the way for the total failure of the state, and destroy not only law and order, but also the most basic economic incentives. The result is economic stagnation and, as illustrated by the recent history of Angola, Cameroon, Chad, the Democratic Republic of the Congo, Haiti, Liberia, Nepal, Sierra Leone, Sudan and Zimbabwe, civil wars, mass displacements, famines and epidemics, that make many of these countries poorer today than the sixties were.

The rebirth of China came with a significant shift away from more extractive economic institutions, which became more inclusive. Market incentives in agriculture and industry, followed later by foreign technology and investment, led China to economic growth. It was a growth under extractive political institutions, even if they were not as repressive as they were during the Cultural Revolution and even if the economic institutions were becoming partially inclusive. All this should not lead to underestimating the extent to which the changes in China’s economic institutions were radical. China broke the mold, although it did not transform its political institutions. As in Botswana and the South of the United States, the crucial changes occurred during a critical juncture – in the case of China, after Mao’s death. They were also contingent, in fact, very circumstantial, since there was nothing inevitable in the fact that the Gang of Four lost the power struggle; and, if they had not lost, China would not have experienced the sustained economic growth it has had for the past thirty years. However, the devastation and human suffering that caused the Great Leap Forward and the Cultural Revolution generated enough demand for change so that Deng Xiaoping and his allies were able to win the political battle.

The distinction between extractive and inclusive political and economic institutions must be taken into account. The second, our explanation of why inclusive institutions emerged in some parts of the world and not in others. While the first level of our theory deals with the institutional interpretation of history, the second level analyzes how history has marked the institutional trajectories of countries.
For our theory, the relationship between prosperity and inclusive political and economic institutions is crucial. Inclusive economic institutions that enforce property rights create equal opportunities and encourage investment in skills and new technologies. These lead more to economic growth than extractive economic institutions, structured to extract resources from the majority for a small group and which do not protect property rights or provide incentives for economic activity. Inclusive economic institutions, in turn, support and receive the support of the institutions.

The too-present weight of the Communist Party and the extractive institutions of China remind us of the many similarities between the Soviet development of the 1950s and 1960s and the current Chinese development, although there are also notable differences. The Soviet Union managed to grow under extractive economic institutions and extractive political institutions because it necessarily allocated resources to industry under a centralized command structure, above all weapons and heavy industry. This growth was feasible, in part, because there was still a lot to do. Growth under extractive institutions is easier when creative destruction is not a necessity. Chinese economic institutions, without a doubt, are more inclusive than those in the Soviet Union, but Chinese political institutions are still extractive. The Communist Party is all-powerful in China and controls all the state bureaucracy, the armed forces, the media and large parts of the economy. The Chinese people have few freedoms and very little participation in the political process.
Many people had long believed that development in China would lead to democracy and greater pluralism. In 1989, it was actually believed that the demonstrations in Tiananmen Square would lead to greater openness and perhaps even the end of the communist regime. Today, the Party’s control over the media, including the Internet, is unprecedented. Much of this control is achieved through self-censorship, that is, the media knows that they should not mention Zhao Ziyang or Liu Xiaobo, the government critic who calls for further democratization, who is still languishing in jail. after he was awarded the Nobel Peace Prize. Self-censorship is supported by an Orwellian apparatus that can control conversations and communications, close websites and newspapers and even selectively block access to individual news stories on the Internet. All this was revealed when the news came out about accusations of corruption against the son of the Party’s general secretary since 2002.
The growth process based on updating, importing foreign technology and exporting low-end manufacturing products is likely to continue for some time. However, Chinese growth is also likely to end, especially once China achieves the standard of living of a middle-income country. The most likely scenario could be for the Chinese Communist Party and the increasingly powerful Chinese economic elite to maintain their close control of power in the decades to come. In this case, history and our theory suggest that growth with creative destruction and true innovation will not come and China’s spectacular growth rates will slowly evaporate. However, this result is not predetermined, far from it; it can be avoided if China makes the transition to inclusive political institutions before its growth under extractive institutions reaches its limit. However, as we will see later, there is little reason to expect that a transition from China towards more inclusive political institutions is likely or that it will take place automatically and painlessly.

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