La tercera revolución industrial — Jeremy Rifkin / The Third Industrial Revolution: How Lateral Power Is Transforming Energy, the Economy, and the World by Jeremy Rifkin

Todos sus libros son muy interesantes y este igualmente, en este nos adentra en el futuro con los temores, se necesita una tercera revolución industrial. Nuestra civilización se encuentra en una encrucijada. A destacar los encuentros entre el autor y Zapatero, del interés inicial a la pájara de Zapatero y sus ideas debido entre otras a la burbuja inmobiliaria y su hecatombe.
El petróleo y los otros combustibles fósiles que definieron el modo de vida industrial han entrado en un irreversible declive, y las tecnologías construidas y alimentadas con esas fuentes de energía están ya anticuadas. Toda la infraestructura industrial erigida sobre los combustibles fósiles está envejecida y deteriorada. De resultas de ello, el desempleo está aumentando en todo el mundo hasta niveles peligrosos. Los Estados, las empresas y los consumidores están asfixiados por las deudas y los niveles de vida caen en picado por doquier. Los seres humanos que afrontan una situación de hambre y desnutrición han alcanzado ya la cifra récord de los mil millones.
Europa padece múltiples problemas e incurre en numerosos fallos y contradicciones. Pero parecidas descalificaciones podrían recibir los gobiernos de Estados Unidos y de otros países por sus muchas limitaciones. Y antes de que los estadounidenses nos vanagloriemos de lo importantes que somos, deberíamos tomar nota del hecho de que es la Unión Europea (y no Estados Unidos ni China) la mayor economía del mundo.
En el próximo medio siglo, el funcionamiento empresarial centralizado característico de las dos primeras revoluciones industriales irá siendo progresivamente subsumido en las prácticas empresariales y comerciales distribuidas de la Tercera Revolución Industrial, mientras que la organización jerárquica tradicional del poder económico y político cederá su lugar al poder lateral organizado de forma nodal a lo largo y ancho de la sociedad.
De entrada, la noción misma de poder lateral parece contradecirse con la manera en que las personas hemos experimentado las relaciones de poder a lo largo de buena parte de la historia. A fin de cuentas, el poder se ha ejercido tradicionalmente de forma vertical descendente («desde arriba»), organizado a través de una estructura de aspecto piramidal. En la actualidad, sin embargo, el poder colaborativo liberado por la unión de la tecnología de Internet y las energías renovables reestructura radicalmente las relaciones humanas, haciendo que, de verticales («desde arriba»), se conviertan en horizontales («de lado a lado»), con las profundas implicaciones que todo ello comporta para el futuro de la sociedad.

Lo que le falta a Obama es un relato. Ahora tenemos una compilación de proyectos piloto y un cúmulo de programas sin la interconexión suficiente como para que se adivine en ellos un relato o una descripción coherente y convincente de lo que sería una nueva visión económica para el mundo. Nos vemos así uncidos a un sinfín de iniciativas sin salida en las que se malgastan miles de millones de dólares de los contribuyentes sin resultados visibles que ofrecer a cambio.
El hombre que inspiró el sentimiento de la grandeza en toda una nación durante su campaña electoral para la presidencia se metamorfoseó de pronto en la caricatura misma del tecnócrata de Washington, dedicado a cantar las bondades de los últimos avances tecnológicos sin conciencia alguna de cómo podrían encajar estos dentro de una concepción o argumento más amplio. Si el presidente Obama entendiera claramente la dinámica subyacente de la próxima gran revolución industrial, tal vez habría sido capaz de promocionar convincentemente entre la población estadounidense un plan económico integral para el futuro del país.

Los pilares de la Tercera Revolución Industrial son concretamente cinco:
1) la transición hacia la energía renovable;
2) la transformación del parque de edificios de cada continente en microcentrales eléctricas que recojan y reaprovechen in situ las energías renovables;
3) el despliegue de la tecnología del hidrógeno y de otros sistemas de almacenaje energético en todos los edificios, y a lo largo y ancho de la red de infraestructuras, para acumular energías como las renovables, que son de flujo intermitente;
4) el uso de la tecnología de Internet para transformar la red eléctrica de cada continente en una «interred» de energía compartida que funcione exactamente igual que Internet (millones de edificios podrán generar localmente —in situ— pequeñas cantidades de energía y podrán vender los excedentes que reingresen en la red, compartiendo esa electricidad con sus vecinos continentales).
5) la transición de la actual flota de transportes hacia vehículos de motor eléctrico con alimentación de red y/o con pilas de combustible, capaces de comprar y vender electricidad dentro de una red eléctrica interactiva continental de carácter inteligente.

La Unión Europea se propuso dos grandes objetivos al inicio del siglo actual: transformarse en una sociedad de bajas emisiones de carbono y hacer de Europa la economía más vigorosa del mundo. Convertirse en una economía de bajas emisiones de carbono significa en realidad efectuar la transición desde un sistema energético de combustibles fósiles propio de la Segunda Revolución Industrial hacia una Tercera Revolución Industrial alimentada por energías renovables. Por formidable que nos parezca semejante tarea, debemos tener en cuenta que la transformación de las economías europea y norteamericana desde unas tecnologías propulsadas por combustibles basados en la madera a otras basadas en el vapor generado por el carbón se produjo en apenas medio siglo, como cincuenta años duró también aproximadamente la metamorfosis de la tecnología ferroviaria impulsada por el carbón y el vapor en una economía del petróleo, la electricidad y el automóvil. Estas tendencias históricas nos dan un margen de confianza suficiente como para pensar que la transición hacia una era de las energías renovables es posible en un espacio de tiempo comparable.
Pero, aunque las energías renovables son abundantes y limpias y nos permiten creer seriamente en la posibilidad de vivir en un mundo sostenible, tienen también sus propios problemas particulares e inherentes. Y es que no siempre luce el sol ni sopla el viento (o sopla cuando no se necesita que lo haga). Las energías renovables son, en su mayor parte, intermitentes, mientras que las energías «duras», aunque finitas y contaminantes, constituyen de todos modos un stock fijo.

La extensión y consolidación de la Tercera Revolución Industrial es especialmente relevante para los países más pobres del mundo en vías de desarrollo. No podemos olvidar que el 40 % de la raza humana sobrevive todavía con una renta no superior a dos dólares diarios, en situación de extrema pobreza, y que la inmensa mayoría carece aún de suministro eléctrico en sus viviendas. Sin acceso a la electricidad, carecen de poder. Si hubiera que escoger el factor más importante para sacar de la pobreza a cientos de millones de personas, este sería un acceso fiable y asequible a la electricidad verde. Ningún desarrollo económico es posible sin ese acceso. La democratización de la energía y la universalización del acceso a la electricidad constituyen el punto de partida indispensable para mejorar las vidas de las poblaciones más pobres del mundo. La extensión de los microcréditos como mecanismo de fomento de la microgeneración de energía eléctrica está comenzando ya a transformar la vida de muchas zonas de las naciones en vías de desarrollo, y está dando a millones de personas beneficiarias potenciales la esperanza de mejorar su situación económica.
La Tercera Revolución Industrial no es ninguna panacea que vaya a curar al instante los males de la sociedad, ni una utopía que nos conducirá a la Tierra Prometida. Sí que es, sin embargo, un plan económico pragmático y sin florituras que podría trasladarnos a una era poscarbónica sostenible. Desde luego, si existe un plan B, no he oído hablar de él.

Las energías elitistas basadas en los combustibles fósiles características de las dos primeras revoluciones industriales favorecían economías verticales de escala, así como la formación de empresas gigantes centralizadas a lo largo de toda la cadena de suministro, administradas por organizaciones jerárquicas racionalizadas que competían en mercados de carácter confrontacional. Sin embargo, las energías renovables y de disponibilidad amplia de la Tercera Revolución Industrial dan pie a la aparición de miles de empresas distribuidas que establecen relaciones comerciales colaborativas integradas en redes que funcionan más como ecosistemas que como mercados.
En esta nueva era, los mercados competitivos irán cediendo cada vez más su lugar a las redes colaborativas, y el capitalismo unidireccional «desde arriba» (vertical y descendente) se verá progresivamente marginado por las nuevas fuerzas del capitalismo distribuido.
La Tercera Revolución Industrial hoy emergente está organizada en torno a energías renovables y distribuidas que se encuentran en todas partes y que, en su mayor parte, son gratuitas: la solar, la eólica, la geotérmica, la procedente de la biomasa, y la de las olas y las mareas marinas. Estas energías dispersas se captarán en millones de emplazamientos locales desde donde son luego agrupadas y compartidas con otros a través de redes eléctricas inteligentes, con las que se alcanzan niveles de energía óptimos y se logra mantener una economía sostenible y de alto rendimiento. La naturaleza distribuida de las energías renovables precisa de unos mecanismos colaborativos (no jerárquicos) de control y mando.
Este nuevo régimen energético lateral fija el modelo organizativo de un sinfín de otras actividades económicas que surgen multiplicadas de aquel. Esta revolución industrial de carácter más distribuido y colaborativo conduce invariablemente, a su vez, a un reparto más distribuido también de la riqueza generada.
La emergente Tercera Revolución Industrial no está cambiando solamente nuestro modo de hacer negocios, sino también nuestra manera de concebir la política. La lucha entre los viejos intereses del poder jerárquico de la Segunda Revolución Industrial y los intereses del poder lateral incipiente de la Tercera está dando origen a una nueva dicotomía política que es reflejo de las fuerzas en conflicto que compiten por hacerse con el dominio en el terreno comercial. Se está escribiendo un nuevo guión político que, a medida que nos vayamos adentrando en la nueva era, irá reestructurando también la forma en que la gente ve la política.
La posibilidad de que España recobre el impulso que perdió tras el bajón económico de 2008 y reasuma un papel destacado de liderazgo en la carrera hacia una Tercera Revolución Industrial se presume complicada en este momento. El tiempo dirá.

La economía no es la única disciplina académica que precisará de transformación. Como nuestra teoría económica, nuestro sistema educativo público tampoco ha cambiado mucho desde su aparición a comienzos de la moderna era del mercado. Y al igual también que la teoría económica clásica y neoclásica, también ha estado al servicio de las dos primeras revoluciones industriales, reflejando en la máxima medida posible los supuestos operativos, las políticas y las prácticas del orden comercial al que prestaba asistencia.
En la actualidad, el paso de una Segunda Revolución Industrial centralizada a una Tercera Revolución Industrial de carácter lateral está haciendo obligada una renovación del sistema educativo. Replantearse tanto los conceptos marco que rigen la educación como la pedagogía que los acompaña no será tarea sencilla. El profesorado de todo el mundo apenas está empezando a reestructurar la experiencia educativa para hacerla relevante para unos jóvenes que tendrán que aprender a vivir en una economía distribuida y colaborativa inserta en un mundo biosférico.

El sector del comercio minorista está sumido en ese mismo cambio. Las cajas automáticas de los supermercados han reemplazado a muchas cajeras y cajeros humanos, y los departamentos de envíos automatizados han eliminado la necesidad de mano de obra en labores de almacenaje y distribución. De manera similar, el sector de los viajes está recurriendo cada vez más a tecnologías de reconocimiento de voz capaces de conversar con los clientes en tiempo real y de reservar billetes y habitaciones de hotel sin necesidad de intervención humana alguna. Hasta los hospitales están realizando la transición hacia la tecnología inteligente y cuentan ya con robots que se encargan de tareas rutinarias que van desde la cirugía más sencilla hasta los diagnósticos médicos, pasando por la limpieza y el mantenimiento del equipo y las instalaciones. La tecnología inteligente está asumiendo multitud de labores antes desempeñadas por los seres humanos, desde la conducción de trenes de los sistemas de ferrocarriles ligeros y la gestión de sistemas automatizados de armamento, hasta la compra y la venta de acciones en el mercado bursátil.
Lo que de verdad importa, más que el reciclaje formativo concreto de toda esa mano de obra, es el replanteamiento de lo que entendemos por trabajo. Las personas pueden trabajar en cuatro ámbitos: el mercado, la administración pública, la economía informal y la sociedad civil. El empleo en los sectores de mercado va a continuar menguando debido a la introducción de sistemas tecnológicos inteligentes. Los gobiernos de todo el mundo también están sacrificando porcentajes significativos de la plantilla de las administraciones públicas e introduciendo la tecnología inteligente en áreas tan diversas como la recaudación de impuestos y el servicio militar. La economía informal, que incluye la producción doméstica (en el hogar), el trueque y, en sus ámbitos más extremos, el mercado negro y la actividad económica delictiva, también disminuirá probablemente a medida que las economías tradicionales vayan realizando la transición hacia las sociedades de altas tecnologías.

La crucial tarea es la de aprovechar el capital público, el capital de mercado y, muy especialmente, el capital social de la raza humana para ponerlos al servicio de una transición mundial hacia una economía de la llamada Tercera Revolución Industrial y hacia una era poscarbónica. Una transformación de semejante escala nos obligará a dar un salto concomitante hacia una conciencia biosférica. Sólo cuando empecemos a pensar como una familia extendida de alcance global, que no incluya únicamente a nuestra propia especie, sino también a todas las demás, compañeras de viaje en esta estancia evolutiva nuestra sobre el planeta Tierra, habremos adquirido la capacidad de salvar nuestra comunidad biosférica común y de renovar la habitabilidad del planeta para las generaciones futuras.

All his books are very interesting and this also, in this we delve into the future with the fears, we need a third industrial revolution. Our civilization is at a crossroads. To highlight the meetings between the author and Zapatero, the initial interest to Zapatero Zapatero and his ideas due to, among others, the housing bubble and its hecatomb.
Oil and the other fossil fuels that defined the industrial way of life have entered into an irreversible decline, and the technologies built and fed with these energy sources are already outdated. All the industrial infrastructure erected on fossil fuels is aging and deteriorating. As a result, unemployment is rising worldwide to dangerous levels. States, businesses and consumers are asphyxiated by debt and living standards plummet everywhere. Human beings facing a situation of hunger and malnutrition have already reached the record of one billion.
Europe suffers from multiple problems and incurs numerous failures and contradictions. But similar disqualifications could be received by the governments of the United States and other countries because of their many limitations. And before we Americans boast of how important we are, we should take note of the fact that it is the European Union (and not the United States or China) the world’s largest economy.
In the next half century, the centralized business functioning characteristic of the first two industrial revolutions will be progressively subsumed into the distributed business and commercial practices of the Third Industrial Revolution, while the traditional hierarchical organization of economic and political power will yield its place to power laterally organized nodal throughout the length and breadth of society.
To begin with, the very notion of lateral power seems to contradict the way in which people have experienced power relations throughout much of history. After all, power has traditionally been exercised vertically downward (“from above”), organized through a pyramid-like structure. At present, however, the collaborative power released by the union of Internet technology and renewable energies radically restructures human relationships, making them, from vertical (“from above”), become horizontal (“from side to side”). side »), with the profound implications that all this entails for the future of society.

What Obama lacks is a story. Now we have a compilation of pilot projects and an accumulation of programs without sufficient interconnection so that we can guess in them a story or a coherent and convincing description of what a new economic vision for the world would be. We are thus joined to a myriad of initiatives without exit in which billions of dollars of taxpayers are wasted without visible results to offer in return.
The man who inspired the feeling of greatness in an entire nation during his election campaign for the presidency was suddenly metamorphosed into the very caricature of Washington’s technocrat, dedicated to singing the virtues of the latest technological advances without any awareness of how they might fit. these within a broader conception or argument. If President Obama clearly understood the underlying dynamics of the next great industrial revolution, he might have been able to convincingly promote among the American population a comprehensive economic plan for the future of the country.

The pillars of the Third Industrial Revolution are specifically five:
1) the transition to renewable energy;
2) the transformation of the building park of each continent into electric micro-centers that collect and reuse the renewable energies in situ;
3) the deployment of hydrogen technology and other energy storage systems in all buildings, and throughout the infrastructure network, to accumulate energy such as renewables, which are intermittent;
4) the use of Internet technology to transform the electricity network of each continent into a shared energy interred that works exactly like the Internet (millions of buildings will be able to locally generate small amounts of energy locally and will be able to sell the Surpluses that re-enter the network, sharing that electricity with their continental neighbors).
5) the transition of the current transport fleet to electric motor vehicles with grid power and / or fuel cells, capable of buying and selling electricity within a smart interactive continental electricity network.

The European Union proposed two major objectives at the beginning of the current century: to transform itself into a society with low carbon emissions and to make Europe the most vigorous economy in the world. Becoming a low carbon economy means actually making the transition from a fossil fuel energy system of the Second Industrial Revolution to a Third Industrial Revolution powered by renewable energy. However formidable it may seem, we must bear in mind that the transformation of the European and North American economies from technologies propelled by wood-based fuels to others based on steam generated by coal occurred in just half a century, about fifty years ago. The metamorphosis of railway technology driven by coal and steam in an oil, electricity and automobile economy also lasted approximately. These historical trends give us a sufficient margin of confidence to think that the transition towards an era of renewable energies is possible in a comparable period of time.
But, although renewable energies are abundant and clean and allow us to seriously believe in the possibility of living in a sustainable world, they also have their own particular and inherent problems. And it’s not always the sun shines or the wind blows (or blows when you do not need to). Renewable energies are, for the most part, intermittent, while “hard” energies, although finite and polluting, still constitute a fixed stock.

The extension and consolidation of the Third Industrial Revolution is especially relevant for the poorest countries of the developing world. We can not forget that 40% of the human race still survives with an income not exceeding two dollars a day, in a situation of extreme poverty, and that the vast majority still lack electricity supply in their homes. Without access to electricity, they lack power. If you had to choose the most important factor to lift hundreds of millions of people out of poverty, this would be a reliable and affordable access to green electricity. No economic development is possible without that access. The democratization of energy and the universalization of access to electricity are the essential starting point for improving the lives of the poorest populations in the world. The extension of microcredits as a mechanism for promoting microgeneration of electric power is already beginning to transform the lives of many areas of developing nations, and is giving millions of potential beneficiaries the hope of improving their economic situation.
The Third Industrial Revolution is not a panacea that will instantly cure the ills of society, nor a utopia that will lead us to the Promised Land. Yes, it is, however, a pragmatic and no frills economic plan that could move us to a sustainable post-carbon era. Of course, if there is a plan B, I have not heard of it.

The elitist energies based on fossil fuels characteristic of the first two industrial revolutions favored vertical economies of scale, as well as the formation of giant companies centralized along the entire supply chain, managed by rationalized hierarchical organizations that competed in markets of character confrontational However, the renewable and widely available energies of the Third Industrial Revolution give rise to the emergence of thousands of distributed companies that establish collaborative commercial relationships integrated into networks that function more like ecosystems than markets.
In this new era, competitive markets will increasingly give way to collaborative networks, and unidirectional capitalism “from above” (vertical and descending) will be progressively marginalized by the new forces of distributed capitalism.
The Third Industrial Revolution now emerging is organized around renewable and distributed energies that are everywhere and that, for the most part, are free: solar, wind, geothermal, biomass, and energy. the waves and the marine tides. These dispersed energies will be captured in millions of local sites from where they are then grouped and shared with others through smart electric networks, with which optimal energy levels are achieved and a sustainable and high-performance economy is maintained. The distributed nature of renewable energies requires collaborative (non-hierarchical) control and command mechanisms.
This new lateral energy regime fixes the organizational model of a host of other economic activities that arise multiplied by that. This industrial revolution of a more distributed and collaborative nature invariably leads, in turn, to a more even distribution of the generated wealth.
The emerging Third Industrial Revolution is not only changing our way of doing business, but also our way of thinking about politics. The struggle between the old interests of the hierarchical power of the Second Industrial Revolution and the interests of the incipient lateral power of the Third is giving rise to a new political dichotomy that is a reflection of the forces in conflict that compete to take control of the field. commercial. A new political script is being written that, as we go deeper into the new era, will also restructure the way people see politics.
The possibility of Spain regaining the momentum that it lost after the 2008 economic downturn and resuming a leading leadership role in the race towards a Third Industrial Revolution is presumed complicated at this time. Time will tell.

The economy is not the only academic discipline that will require transformation. Like our economic theory, our public education system has not changed much since its appearance at the beginning of the modern market era. And just as classical and neoclassical economic theory has also been at the service of the first two industrial revolutions, reflecting to the maximum extent possible the operational assumptions, policies and practices of the commercial order to which it assisted.
At present, the passage of a Second Centralized Industrial Revolution to a Third Industrial Revolution of a lateral nature is making a renewal of the educational system necessary. Rethinking both the framework concepts that govern education and the pedagogy that accompanies them will not be an easy task. Faculty from around the world is just beginning to restructure the educational experience to make it relevant for young people who will have to learn to live in a distributed and collaborative economy embedded in a biospheric world.

The retail sector is mired in that same change. The automatic boxes of the supermarkets have replaced many cashiers and human cashiers, and automated shipping departments have eliminated the need for labor in warehousing and distribution. Similarly, the travel industry is increasingly turning to voice recognition technologies that can converse with customers in real time and book tickets and hotel rooms without the need for human intervention. Even hospitals are making the transition to smart technology and already have robots that handle routine tasks ranging from the simplest surgery to medical diagnostics, through cleaning and maintenance of equipment and facilities. Intelligent technology is assuming a multitude of tasks previously performed by human beings, from the conduction of trains of light rail systems and the management of automated weapons systems, to the purchase and sale of shares in the stock market.
What really matters, more than the concrete formative recycling of all that labor, is the rethinking of what we understand by work. People can work in four areas: the market, the public administration, the informal economy and civil society. Employment in the market sectors will continue to decline due to the introduction of intelligent technology systems. Governments around the world are also sacrificing significant percentages of the workforce of public administrations and introducing smart technology in areas as diverse as tax collection and military service. The informal economy, which includes domestic (household) production, barter and, in its most extreme spheres, the black market and criminal economic activity, will also probably decrease as traditional economies make the transition to societies. of high technologies.

The crucial task is to take advantage of public capital, market capital and, most especially, the social capital of the human race to put them at the service of a global transition towards an economy of the so-called Third Industrial Revolution and towards a post-carbon era. A transformation of such scale will force us to make a concomitant leap towards a biospheric consciousness. Only when we begin to think like an extended family of global reach, that does not include only our own species, but also all the others, companions of travel in this evolutionary stay of ours on the planet Earth, we will have acquired the capacity to save our community common biosphere and renew the habitability of the planet for future generations.

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