Purgatorio — Jon Sistiaga / Purgatory by Jon Sistiaga (spanish book edition)

En realidad, Poeta era solo un mote. Un simple mote para despistar a la policía y ganar tiempo en los interrogatorios sin identificar a otros. Josu lo sabe. Si es que algún día la tuvo, hace años que se despojó de cualquier épica revolucionaria. Incluso le fastidia encontrarse de vez en cuando por el restaurante con ciertos conocidos de aquella época, antiguos miembros de la Organización que van saliendo de las cárceles y que mantienen todavía, orgullosos, el alias de entonces, tratando de aferrarse a su pasado y conservar así una notoriedad o un reconocimiento del que ahora, acabada la lucha, perdidas la guerra y la esperanza, carecen.
Muchos de ellos, pensaba Josu, son solo títeres extraviados que añoran los tiempos en los que se alistaron como candidatos a mártires. Al menos, entonces se creían alguien. Y los suyos les hacían sentirse importantes. Ahora, muchos de ellos estaban sin trabajo. En una Euskadi que no era la que soñaron. Deambulando de bar en bar. Mendigando una cerveza o una sonrisa. Un trabajo. Una mirada, apenas, que los llevara a pensar que valió la pena. Josu lo tenía mucho más claro, porque hacía tiempo que había reconocido la sordidez de su pasado.

El libro me ha dejado una sensación agridulce porque los mejores libros del tema sin duda los escritos por Edurne Portela, es interesante la sensación de tristeza casi desde el principio, como normalizamos muchas situaciones en aquellos años… describe los personajes, situaciones, lugares…. Su lectura sirve para analizar y debatir muy profundamente sobre lo que vivimos, lo que nos callamos, lo que aceptamos…. Este libro hará las delicias de los simpatizantes de ETA. Y, en cambio, hará mucho daño a las víctimas.
Y que se de a entender que había una represión indiscriminada contra el pueblo vasco, para buscar una atenuante a las acciones de los terroristas, me parece algo preocupante. Celebrar las muertes producidas por los atentados, que nos presenten a los terroristas como personas de buen corazón, engañadas por unos pocos manipuladores…
El libro es un viaje al pasado de Euskadi en un tiempo en que el terrorismo etarra gangrenaba la sociedad vasca y era combatido con una guerra sucia y con torturas policiales. Su principal protagonista llamado Josu Etxebeste, es un exterrorista que quiere limpiar su conciencia de un crimen que cometió 35 años atrás. Asesinó a un empresario vasco al que había secuestrado, junto a otro miembro de la banda.
Pero “el poeta”, ese era el alias de guerra de Etxebeste, se arrepintió de su acción asesina ya antes de cometerla. Las conversaciones con el industrial secuestrado le hicieron ver que la víctima era un buen hombre y tan vasco como él. La organización (en la novela se habla de ETA con este nombre y no se citan sus siglas) quiso ejecutarlo porque se negaba a pagar el impuesto revolucionario y quería con su muerte atemorizar al resto del empresariado vasco.
Como demuestra “Purgatorio” confesar un crimen del pasado no es tan fácil. Por una parte, el resto de involucrados en el secuestro van a quedar al descubierto. Por la otra, los policías que brutalmente torturaron a Etxebeste sin conseguir que cantara, tampoco quieren que la verdad salga a la luz, al menos no toda la verdad. Solo Alasne, la desolada hija del empresario asesinado quiere saber lo que sucedió con su pobre padre.
Se organiza pues una especie de cacería a varias bandas contra el arrepentido Etxebeste, que tras dejar la banda se convirtió en un restaurador de éxito, y la novela mantiene la intriga hasta el final.
Además de un thriller, el libro de Sistiaga es una reflexión sobre todo el daño que causó la violencia de ETA y los errores de la guerra sucia del Estado contra los terroristas. Habla también de los secretos que encierran los más de 300 crímenes cometidos por los etarras y aún no resueltos. El dolor que causaron en los familiares de las víctimas y en el peso, o no, en las conciencias de sus ejecutores. Interesante lectura.

Josu no era del todo consciente del terremoto emocional que había desencadenado con sus cartas. Se imaginaba que el tiempo transcurrido desde aquellos hechos ralentizaría las reacciones de todos sus destinatarios. Quizá primero pensarían que era una broma de mal gusto, pero luego, ante las pruebas enviadas, ante la evidencia de que había verdad dentro de esos sobres, cada uno empezaría a actuar.
Alasne era la que más le preocupaba. La persona a quien más dolor iba a causar. Pero también con quien tenía la principal deuda. Del comisario tenía dudas. No confiaba en que aceptara su trato tan fácilmente. Era un tipo muy duro, bien lo sabía.

Azkarate no está suplicando por su propia vida, sino advirtiendo sobre la suya.
—Sé que me estáis dejando hablar para que me desahogue —continúa—. Porque en el fondo os doy pena. Porque los dos sabéis que vais a matar a alguien que no ha hecho nada. A un tipo que es tan vasco como vosotros —y los señala a ambos con los dedos índices de sus manos atadas—. Los dos sabéis que hacer esto no está bien, pero tú, Beltza, lo contemplas como un mal menor. Mi muerte es un medio para que tú consigas tu independencia. Tú eres un tipo utilitarista y para ti solo soy una piedra más, despejada de ese camino hacia la liberación. Pero tú, Poeta, tú sí que sabes que vas a matar a un inocente… del que te has hecho amigo. No vas a ser el mismo. Haz ahora lo que creas que tienes que hacer, pero después, por favor, abandona.
Imanol se da la vuelta y se pone a caminar hacia la senda. Los dos terroristas se miran y, sin decir nada, comienzan a seguirle. El sendero se estrecha y Zigor cede el paso a Josu para que se quede justo detrás del secuestrado. El sonido de los pasos sobre la hierba seca es lo único que se escucha. No hay ruido de animales y ni siquiera el viento se atreve a soplar. Los tres presienten que ese silencio sepulcral es como un réquiem para un condenado a muerte. Cuando llegan al claro, Imanol Azkarate aprieta en su mano la frase que ha escrito para Alasne. «Maite zaitut, bihotza». «Te quiero, cariño». Y sigue andando sin parar. Sin mirar atrás. Sin esperar instrucciones. Sin hablar. Puede escuchar el disparo, antes de que todo se vuelva negro y caiga de bruces hacia delante, y aún le da tiempo a pensar: Se acabó.

Hoy es el día. Hoy me encuentro con ella. Por fin. Hoy me voy a convertir, y eso es algo irrefutable, en uno de los mayores miserables de esta tierra. Voy a reconocer mi crimen. Voy a confesárselo a la persona a la que, de alguna manera, también asesiné.
A su padre le quité la vida. La que tuvo y la que le quedaba por tener. Lo convertí en pasado. Me apropié de su existencia.
A ella la enterré en vida. He sido capaz, miserablemente capaz, de ver cómo Alasne se iba consumiendo. De seguir su destrucción, su camino a la soledad grisácea. Yo fui también su asesino. También me apropié de su existencia. Y ahora tengo que mirarla a los ojos.
¿Debo pedir perdón? ¿Me lo aceptará? ¿Será suficiente?
Pedir perdón es un acto personal. Individual. Quiero hacerlo, pero dudo de que le sirva de mucho. «Ahora me pides perdón, ¿y por qué no hace años?», me preguntará con toda la razón.
POR COBARDÍA. ¡Por qué va a ser! Cobardía de perderlo todo, de quedarme solo. Cobardía para mirarla a los ojos. Para devolverle las cartas de su padre. Para enfrentarme a la Organización. Cobardía de no ser capaz siquiera de pegarme un tiro y acabar con todo.
Nada me ha salido bien en la vida. No he tenido familia y mis relaciones siempre han sido esporádicas.

El comisario Ignacio Sánchez sabe que, por el momento, toda la operación sigue siendo invisible, por eso ni siquiera le ha puesto nombre. Tiene ya varias pruebas para poder judicializarla, pero Sánchez quiere ir más allá. Ya no se trata solo de cerrar un caso de asesinato no resuelto. Las revelaciones de Josu le han proporcionado una información que para él es, si cabe, mucho más valiosa. Con un poco de suerte puede cerrar el círculo. Detener a los verdaderos dirigentes de la Organización. A Karlos, el fantasma. Al verdadero líder en la sombra. Durante más de treinta años se convirtió en una obsesión. Y ahora, por fin, le podía poner cara. Nunca me creyeron cuando les decía que la cúpula, los que de verdad mandaban, estaban mucho más cerca, se reafirma a sí mismo Sánchez…
—Creemos que la Organización mandó a Mikel Rekalde, un veterano con varios asesinatos, para cargarse a Josu —prosigue el comisario—. Por lo que sea, el tal Rekalde decidió no hacerlo. Nunca sabremos por qué. No lo teníamos controlado ni llegamos a interrogarle. El caso es que creemos que Altuna vino aquí para comprobar que Josu estaba muerto y rebuscar en sus cosas para hacerse con el cuaderno y con la foto.
—No me defraudes, comisario. No sé qué vas a hacer, pero haz algo. Que la memoria que permanezca de Josu no sea la de un narco que asesinó a un abogado y a su sicario. No dejes que la Organización, o quien sea que esté detrás de todo esto, vuelva a ganar. Que hagan lo de siempre, manchar la memoria del muerto, decir que era chivato, o yonqui, o narco, o que no pagó, como hicieron con mi padre, o que era un traidor. No lo permitas, Sánchez. Que no vuelvan a ganar. Te lo pido por favor.

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Actually, Poeta (Poet) was just a nickname. A simple nickname to mislead the police and buy time during interrogations without identifying others. Joshua knows it. If he ever had it, years ago he divested himself of any revolutionary epic. It even annoys him from time to time to run into certain acquaintances from that time in the restaurant, former members of the Organization who are coming out of prison and who still proudly maintain the alias of that time, trying to cling to their past and preserve it that way. a notoriety or recognition that now, the fight over, the war and hope lost, they lack.
Many of them, Josu thought, are just lost puppets who yearn for the times when they enlisted as candidates for martyrdom. At least then they thought they were somebody. And theirs made them feel important. Now, many of them were out of work. In a Euskadi that was not the one they dreamed of. Wandering from bar to bar. Begging for a beer or a smile. A job. A look, just, that would lead them to think that it was worth it. Josu had it much clearer, because he had long ago recognized the sordidness of his past.

The book has left me with a bittersweet feeling because the best books on the subject are undoubtedly those written by Edurne Portela, the feeling of sadness almost from the beginning is interesting, as we normalized many situations in those years… it describes the characters, situations, places …. Its reading serves to analyze and debate very deeply about what we live, what we keep quiet about, what we accept…. This book will delight ETA supporters. And, instead, it will do a lot of damage to the victims.
And that it is implied that there was an indiscriminate repression against the Basque people, to seek a mitigating factor for the actions of the terrorists, seems somewhat worrying to me. Celebrate the deaths caused by the attacks, that present us to the terrorists as people with good hearts, deceived by a few manipulators…
The book is a journey into the past of Euskadi at a time when ETA terrorism was rampant in Basque society and was fought with a dirty war and police torture. The main protagonist of it called Josu Etxebeste, is a former terrorist who wants to clear his conscience of a crime he committed 35 years ago. He murdered a Basque businessman whom he had kidnapped, along with another member of the gang.
But “the poet”, that was Etxebeste’s war alias, repented of his murderous action even before committing it. The conversations with the kidnapped industrialist made him see that the victim was a good man and as Basque as he was. The organization (in the novel ETA is spoken of with this name and its acronym is not mentioned) wanted to execute him because he refused to pay the revolutionary tax and wanted to frighten the rest of the Basque business community with his death.
As «Purgatory» demonstrates, confessing to a crime from the past is not that easy. On the one hand, the rest of those involved in the kidnapping will be exposed. On the other hand, the policemen who brutally tortured Etxebeste without getting him to sing, don’t want the truth to come to light either, at least not the whole truth. Only Alasne, the devastated daughter of the murdered businessman, wants to know what happened to her poor father.
A kind of multi-gang hunt is therefore organized against the repentant Etxebeste, who after leaving the gang became a successful restaurateur, and the novel maintains the intrigue until the end.
In addition to being a thriller, Sistiaga’s book is a reflection on all the damage caused by ETA’s violence and the errors of the State’s dirty war against terrorists. He also talks about the secrets contained in the more than 300 crimes committed by ETA members that have not yet been resolved. The pain they caused in the relatives of the victims and in the weight, or not, in the consciences of their executors. Interesting read.

Josu was not fully aware of the emotional earthquake that he had unleashed with his letters. He imagined that the time that had passed since those events would slow down the reactions of all his recipients. Perhaps at first they would think it was a joke in bad taste, but then, given the evidence sent, given the evidence that there was truth inside those envelopes, each one would begin to act.
Alasne was the one he was most worried about. The person to whom he was going to cause the most pain. But also with whom he owed the main debt. He had doubts about the commissioner. He didn’t trust him to accept his treatment so easily. He was a very tough guy, he well knew that.

Azkarate is not pleading for his own life, but warning about his.
«I know you’re letting me talk so he can vent,» he continues. Because deep down I feel sorry for you. Because you both know you’re going to kill someone who hasn’t done anything. To a guy who is as Basque as you are -and he points to both of them with the index fingers of his tied hands-. You both know that doing this is not right, but you, Beltza, see it as a lesser evil. My death is a means for you to achieve your independence. You are a utilitarian type and for you I am just one more stone, cleared of that path to liberation. But you, Poet, you do know that you are going to kill an innocent… with whom you have befriended. You will not be the same. Now do what you think you have to do, but then please give up.
Imanol turns around and starts walking towards the path. The two terrorists look at each other and, without saying anything, begin to follow him. The path narrows and Zigor gives way to Josu so that he stays right behind the hostage. The sound of footsteps on dry grass is the only thing heard. There is no animal noise and not even the wind dares to blow. The three sense that this deathly silence is like a requiem for someone sentenced to death. When they reach the clearing, Imanol Azkarate squeezes the phrase he has written for Alasne in his hand. «Maite zaitut, bihotza». «I love you darling». And he keeps walking without stopping. Without looking back. Without waiting for instructions. Without speaking. He can hear the shot, before everything goes black and he falls forward, and he still has time to think: It’s over.

Today is the day. Today I meet her. Finally. Today I am going to become, and that is something irrefutable, one of the greatest wretches on this earth. I will admit my crime. I’m going to confess it to the person I somehow killed as well.
I took his father’s life. The one he had and the one he had left to have. I made it past. I appropriated his existence.
I buried her alive. I have been able, miserably able, to see how Alasne wasted away. To follow her destruction, her way to gray solitude. I was also her murderer. I also appropriated her existence. And now I have to look into her eyes.
Should I apologize? Will she accept me? It will be enough?
Asking for forgiveness is a personal act. Individual. I want to, but I doubt she’ll be of much use to him. “Now you ask me for forgiveness, and why not years ago?”, He will rightly ask me.
BY COWARDY. Why would it be! Cowardice to lose everything, to stay alone. Cowardice to look into her eyes. To return the letters from her father. To confront the Organization. Cowardice of not even being able to shoot myself and end it all.
Nothing has gone right for me in life. I have not had a family and my relationships have always been sporadic.

Commissioner Ignacio Sánchez knows that, for the moment, the entire operation remains invisible, which is why he has not even named it. He already has several pieces of evidence to prosecute her, but Sánchez wants to go further. It’s not just about closing an unsolved murder case anymore. Josu’s revelations have provided him with information that for him is, if possible, much more valuable. With any luck he can come full circle. Stop the real leaders of the Organization. To Karlos, the ghost. The true leader in the shadows. For more than thirty years he became an obsession. And now, at last, he could put a face to her. They never believed me when he told them that the leadership, those who were really in charge, were much closer, Sánchez reaffirms himself…
«We believe that the Organization sent Mikel Rekalde, a veteran with several murders, to kill Josu,» the commissioner continues. For whatever reason, this Rekalde decided not to do it. We will never know why. We didn’t have him under control and we didn’t question him. The fact is that we believe that Altuna came here to verify that Josu was dead and rummage through his things to get hold of the notebook and the photo.
‘Don’t let me down, Commissioner. I don’t know what you’re going to do, but do something. That the memory that remains of Josu is not that of a drug trafficker who murdered a lawyer and his hit man. Don’t let the Organization, or whoever is behind all this, win again. Let them do what they always do, stain the memory of the dead, say that he was a informer, or a junkie, or a drug dealer, or that he didn’t pay, like they did with my father, or that he was a traitor. Don’t allow it, Sanchez. Don’t let them win again. I’m asking you please.

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