Contra La Simpleza. Ciencia Y Pseudociencia — Daniel Roberto Altschuler / Against Simplicity. Science and Pseudoscience by Daniel Roberto Altschuler (spanish book edition)

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Un manual muy completo para distinguir la ciencia de la anticiencia y adquirir argumentos para situar cada cosa en su sitio. Toca todos los temas clásicos de los libros de escepticismo y pensamiento crítico: falacias lógicas, sesgos cognitivos, mal uso de las datos, etc. Me ha gustado especialmente uno de los apéndices finales, a modo de kit para detectar artificios pseudocientíficos.

El problema de nuestra relación con el mundo radica en que muchos no la entienden, y prefieren un cuento, una ficción que es más fácil y placentera de aceptar que la realidad cruda y desnuda. Para bien o para mal habitamos una era científico-tecnológica, una era que se rige y depende de forma creciente de las aplicaciones del conocimiento científico. La humanidad se encuentra amenazada por lo que nuestras actividades le hacen a la biosfera, y también por potenciales daños, por error o terror, a nuestro cada vez más globalizado sistema de apoyo (sistema informático-financiero, redes de comunicación, comercio internacional), agregando al problema la amenaza de armas nucleares y biológicas existentes. Es una «verdad incómoda» para aquellos que no desean que cambie nada, ya que ellos –esa minoría que controla a la mayoría– están bien.
Es alarmante que un amplio sector del público no conozca la ciencia, es decir, no conozca de qué se trata la empresa científica y no sepa distinguir entre algo científico y algo que no lo es.

Es alarmante la sustitución de conocimiento por «pseudoconocimiento», que como si fuera un virus se transmite a la velocidad de la luz por las redes cibernéticas y se esparce por instituciones y personas de dudosa reputación. Buscan protagonismo y lucro, y confunden a un público crédulo y mal preparado. Los vemos diariamente por la televisión: desde los astrólogos y videntes, hasta los «gurús» de las terapias alternativas, pasando por «expertos» que demasiadas veces no saben de lo que hablan y balbucean puerilidades. El pseudoconocimiento es respaldado por diversos medios de comunicación de masas que difunden una cultura light y frívola que ha contaminado la mente de la gente y nos «divierten hasta la muerte». Con meritorias excepciones, los medios han perdido la distinción de ser el «cuarto poder» para pasar a ser meramente portavoces del sistema de poder, reporteros del palacio e instrumentos de manipulación.
El antídoto contra este mecanismo invisible es el pensamiento crítico, el cual consiste en cuestionar sistemáticamente las premisas sobre las cuales se apoya nuestro tejido de creencias, muchas veces implícitas y difíciles de reconocer, evitar los sesgos emocionales y cognitivos, analizar la validez de la información obtenida y de los razonamientos empleados, y contrastarlo en lo posible con la prueba empírica.

El mundo es como es y no como quisiéramos que fuera. Y es así porque las propiedades de las partículas fundamentales que lo componen causan que sea como es. Este hilo de pensamiento conduce a la idea de una estructura jerárquica del mundo y de una «teoría del todo», compuesta por principios y objetos fundamentales (como el agua de Tales), a partir de la cual, en principio, todo sigue. Llevamos 2500 años en este empeño, y aunque en el camino perdimos mil años (por un sueño), hemos progresado de forma acelerada comenzando con Galileo.
El camino que va del mundo a nuestro conocimiento del mundo es a través de la percepción minada por procesos cognitivos que están influidos por nuestras necesidades emocionales y ciertos conceptos, creencias y principios que forman parte de nuestro equipaje mental. El equipaje mental es a su vez un producto evolutivo para sobrevivir en el «mundo del medio» –experiencia de tiempos entre segundos y años, distancias de centímetros a kilómetros y cantidades entre decenas y centenas– y no para resolver problemas de cosmología, del mundo atómico, o para considerar pruebas estadísticas.
Es muy común en la medicina alternativa y entre nutricionistas. Se origina en la ambigüedad de la palabra natural, donde se confunde natural (y orgánico) con bueno. Pero los terremotos son naturales, el curare es un veneno natural y orgánico, así como el virus del Ébola, y no son buenos, del mismo modo que muchos antibióticos y otros fármacos son artificiales y no son malos (si se utilizan adecuadamente). El tabaco es un producto natural, y aunque durante muchos años la industria del tabaco argumentaba que no causaba daño, al final tuvieron que aceptar los hechos.

Aparte de la ciencia falsa –la pseudociencia–, hay ciencia buena, ciencia mala y ciencia fraudulenta. Esto representa un problema interno para la ciencia, y la comunidad científica tiene los mecanismos (primordialmente la revisión por pares y la replicación de los resultados) para hacer las distinciones y descubrir errores y fraudes.
En la pseudociencia se pretende que algo es científico cuando no lo es, y cuando conviene se niegan ciertos hechos científicos bien establecidos, como por ejemplo la evolución biológica. Los textos bíblicos no son de por sí pseudocientíficos, pero pasan a serlo si alguien pretende, por ejemplo, que la historia del Génesis es una alternativa a las modernas teorías cosmogónicas. La magia pasa a ser una pseudociencia si el mago pretende que tiene poderes especiales.
Una subcultura vive y se nutre de la pseudociencia, y compone una economía en la cual participan organizaciones y personas a varios niveles, desde los escritores consagrados que han escrito libros notorios de gran venta y las «celebridades» que se prestan al negocio. En el mundo moderno la celebridad confiere autoridad; las credenciales, el conocimiento y la preparación son cuestiones secundarias. Hay un nutrido grupo de charlatanes menos famosos que, después de estudiar la literatura pseudocientífica pasan a ser expertos en el tema, y son invitados a programas de radio y televisión para opinar cada vez que pasa algo «raro». Hacen un buen negocio dando conferencias al público y escribiendo artículos en diarios y revistas.
Existen buenas razones por las cuales pacientes y practicantes creen en la efectividad de esta medicina alternativa: el efecto placebo, el sesgo confirmatorio y el desarrollo natural de muchas aflicciones. Se añade a esto el rechazo de la medicina convencional, que en muchos casos pone el negocio antes que el paciente, y en otros simplemente no tiene una solución. El hecho de la institucionalización de estas prácticas genera para el público un sentido falso de validez y expectativas ilusorias en detrimento de la salud pública. También produce una colectividad de investigadores y burócratas con vínculos de interés con la medicina alternativa, ya que viven de ella, y que en consecuencia no cumplirán con la norma de desinterés necesaria para una evaluación objetiva.

Los temas pseudocientíficos más populares son la astrología, la ufología, la parapsicología, el creacionismo «científico», la criptozoología y una gran variedad de otras ideas tales como la vida después de la muerte (el oxímoron canónico), el biomagnetismo, la numerología y una variedad de dietas estrafalarias y terapias fantasiosas.
No menos ficticias son muchas de las teorías conspiratorias que circulan, sin negar que existen conspiraciones reales como las dos trágicas del 11 de septiembre, la primera por militares chilenos y la CIA, y la segunda por Al Qaeda. La supuesta conspiración por los «Sabios de Sion» para dominar el mundo fue alimento para las masas antisemitas europeas que desembocaron en el holocausto.
Otra modalidad se plasma en la negación de ciertos hechos que por razones políticas o religiosas son inconvenientes. En esta categoría encontramos grupos que niegan el calentamiento global antrópico o la evolución biológica. (Sin entrar en otras cosas más absurdas como que nunca fuimos a la Luna o que el holocausto no ocurrió).
La milenaria y popular astrología es una ficción y tanto la homeopatía como la acupuntura se basan en antiguas creencias sin fundamento.
Es lamentable que se hayan establecido cátedras de homeopatía y acupuntura (y otras prácticas cuestionables) en universidades (por ejemplo, la cátedra Boiron de investigación, la docencia y divulgación de la homeopatía de la Universidad de Zaragoza, o el máster en Medicina Naturista, Acupuntura y Homeopatía de la Universidad de Valencia), que con esto se desprestigian, y al mismo tiempo les brindan credibilidad a estas prácticas.

Navegamos dentro de una burbuja en la cual buscamos aquello que nos interesa, aquello que va de acuerdo con lo que ya creemos, en un círculo vicioso alimentado por el sesgo confirmatorio que nos aleja del conocimiento, generando una comunidad de igualpensantes. Forman una burbuja virtual similar a las que ya tenemos con nuestras iglesias, mezquitas, templos y diversos clubes sociales. Si somos homofóbicos entraremos en burbujas homofóbicas; si creemos en los ovnis, entraremos en esa burbuja; y si nos interesan las conspiraciones, encontraremos cientos de sitios que nos las presenten. El fanático o extremista, en vez de encontrarse solo en su locura, encuentra ahora una red de apoyo. El resultado final del viaje es un aumento de la polarización. A pocos les gusta estar entre gente que no piense como uno, pero es una buena experiencia y puede ser muy positiva.
Para adquirir conocimiento es necesario analizar un tema con profundidad para no quedarse en la superficie, que es lo que se consigue con cortos artículos cibernéticos.
Lo más triste de todo es que con tanta preocupación por el más allá nos olvidamos del más acá. Con tanta preocupación de pasar a ese mítico otro mundo en el cual todo anda de maravillas (pocos consideran la alternativa de que les tocará el infierno), nos despreocupamos de este mundo en el cual las cosas andan mal y que es el único que tenemos.

– Demasiada gente muere por fe y mata por dogma.
– Nada es más horrible que una ignorancia activista.
– Contra principia negantem disputari non potest.
– Sin la duda no hay espacio para el progreso.
– El mundo es como es y no como quisiéramos que fuera.
– Las leyes naturales dicen cómo es el mundo, no cómo tiene que ser.
– Hay una abismal diferencia entre podría ser y es.
– Antes de buscar una causa es necesario establecer que hay un efecto.
– El conocimiento es patrimonio de la humanidad.
– El conocimiento es neutral, la tecnología no lo es.
– La mente y el mundo juntos hacen la mente y el mundo.
– Puedo creer algo falso, pero no puedo saber algo falso.
– Las razones para creer algo y las razones para que sea cierto no son lo mismo.
– Creer por fe es pretender saber algo que no se sabe.
– En ocasiones un idiota puede decir algo genial y un genio decir una idiotez.
– Que tenga derecho a una opinión no la hace cierta.
– Creer y propagar algo falso no es un derecho, es un fraude.
– Nacemos sin nuestras creencias.

Es poco fiable cualquier alegato que afirma que hay una relación funcional entre dos cosas por el hecho de parecerse o ser representativas. Por ejemplo, el remedio chino de comer pene de ciervo para la impotencia, o cuerno de rinoceronte en África, o el ginseng coreano, se basan en la simbología fálica que implica que algo que parece un pene «ayuda al pene». La relación entre ambas cosas se basa en una creencia mágica que no puede demostrarse con hechos. Lo mismo pasa con la astrología.
Otro caso es la homeopatía, que afirma que las enfermedades se curan con sustancias que provoquen los mismos síntomas. La idea de que una quemadura se debe tratar con algo que arda o que una fiebre gripal se cure contaminándonos con malaria (que también provoca fiebre) es patentemente infundada.

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A very complete manual to distinguish the science of anti-science and acquire arguments to put everything in its place. It touches all the classic themes of the books of skepticism and critical thinking: logical fallacies, cognitive biases, misuse of data, etc. I especially liked one of the final appendices, as a kit to detect pseudoscientific devices.

The problem with our relationship with the world is that many do not understand it, and prefer a story, a fiction that is easier and more pleasant to accept than raw and naked reality. For better or worse, we inhabit a scientific-technological era, an era that is governed and increasingly dependent on the applications of scientific knowledge. Humanity is threatened by what our activities do to the biosphere, and also by potential damage, by mistake or terror, to our increasingly globalized support system (computer-financial system, communication networks, international trade), adding to the problem the threat of existing nuclear and biological weapons. It is an «uncomfortable truth» for those who do not want anything to change, since they – that minority that controls the majority – are fine.
It is alarming that a large sector of the public does not know science, that is, does not know what the scientific enterprise is about and does not know how to distinguish between something scientific and something that is not.

It is alarming the substitution of knowledge for «pseudo-knowledge», which as if it were a virus is transmitted at the speed of light by cyber networks and is spread by institutions and people of doubtful reputation. They seek prominence and profit, and confuse a credulous and poorly prepared audience. We watch them daily on television: from astrologers and seers, to the «gurus» of alternative therapies, to «experts» who too often do not know what they are talking about and babble puerities. Pseudo-knowledge is supported by various mass media that spread a light and frivolous culture that has polluted people’s minds and «entertains us to death.» With meritorious exceptions, the media have lost the distinction of being the «fourth power» to become merely spokespersons for the power system, palace reporters and manipulation instruments.
The antidote against this invisible mechanism is critical thinking, which consists in systematically questioning the premises on which our belief fabric is based, often implicit and difficult to recognize, avoid emotional and cognitive biases, analyze the validity of information obtained and the reasoning used, and contrast it as much as possible with the empirical test.

The world is as it is and not as we would like it to be. And this is because the properties of the fundamental particles that compose it cause it to be as it is. This thread of thought leads to the idea of a hierarchical structure of the world and of a «theory of everything,» composed of fundamental principles and objects (such as the water of Thales), from which, in principle, everything follows. We have been 2500 years in this endeavor, and although on the way we lost a thousand years (from a dream), we have progressed rapidly starting with Galileo.
The path that goes from the world to our knowledge of the world is through perception undermined by cognitive processes that are influenced by our emotional needs and certain concepts, beliefs and principles that are part of our mental baggage. Mental baggage is in turn an evolutionary product to survive in the «middle world» – experience of times between seconds and years, distances from centimeters to kilometers and quantities between tens and hundreds – and not to solve problems of cosmology, of the world atomic, or to consider statistical evidence.
It is very common in alternative medicine and among nutritionists. It originates in the ambiguity of the word natural, where natural (and organic) is confused with good. But earthquakes are natural, curare is a natural and organic poison, as well as the Ebola virus, and they are not good, just as many antibiotics and other drugs are artificial and not bad (if used properly). Tobacco is a natural product, and although for many years the tobacco industry argued that it did not cause harm, in the end they had to accept the facts.

Apart from false science – pseudoscience – there is good science, bad science and fraudulent science. This represents an internal problem for science, and the scientific community has the mechanisms (primarily peer review and replication of results) to make distinctions and discover errors and fraud.
In pseudoscience it is intended that something is scientific when it is not, and when appropriate, certain well-established scientific facts, such as biological evolution, are denied. Biblical texts are not in themselves pseudoscientific, but they become so if someone claims, for example, that the history of Genesis is an alternative to modern cosmogonic theories. Magic becomes a pseudoscience if the magician pretends he has special powers.
A subculture lives and feeds on pseudoscience, and composes an economy in which organizations and people participate at various levels, from the consecrated writers who have written notorious books of great sale and the «celebrities» who lend themselves to the business. In the modern world, celebrity confers authority; credentials, knowledge and preparation are secondary issues. There is a large group of less famous charlatans who, after studying pseudoscientific literature, become experts in the subject, and are invited to radio and television programs to comment whenever something «weird» happens. They do a good business giving lectures to the public and writing articles in newspapers and magazines.
There are good reasons why patients and practitioners believe in the effectiveness of this alternative medicine: the placebo effect, confirmatory bias and the natural development of many afflictions. Add to this the rejection of conventional medicine, which in many cases puts the business before the patient, and in others simply does not have a solution. The fact of the institutionalization of these practices generates for the public a false sense of validity and illusory expectations to the detriment of public health. It also produces a collective of researchers and bureaucrats with links of interest with alternative medicine, since they live from it, and that consequently will not comply with the norm of disinterest necessary for an objective evaluation.

The most popular pseudoscientific topics are astrology, ufology, parapsychology, «scientific» creationism, cryptozoology and a wide variety of other ideas such as life after death (the canonical oxymoron), biomagnetism, numerology and a variety of quirky diets and fancy therapies.
No less fictitious are many of the conspiracy theories that circulate, without denying that there are real conspiracies such as the two tragic ones of September 11, the first by Chilean military and the CIA, and the second by Al Qaeda. The alleged conspiracy by the «Sages of Zion» to dominate the world was food for the European anti-Semitic masses that led to the holocaust.
Another modality is reflected in the denial of certain facts that for political or religious reasons are inconvenient. In this category we find groups that deny anthropic global warming or biological evolution. (Without going into other more absurd things like we never went to the Moon or that the holocaust didn’t happen).
The ancient and popular astrology is a fiction and both homeopathy and acupuncture are based on ancient beliefs without foundation.
It is unfortunate that chairs of homeopathy and acupuncture (and other questionable practices) have been established in universities (for example, the Boiron chair for research, teaching and dissemination of homeopathy at the University of Zaragoza, or the master’s degree in Naturist Medicine, Acupuncture and Homeopathy of the University of Valencia), which with this discredit themselves, and at the same time give credibility to these practices.

We navigate within a bubble in which we seek what interests us, that which is in accordance with what we already believe, in a vicious circle fueled by the confirmatory bias that separates us from knowledge, generating a community of equals. They form a virtual bubble similar to those we already have with our churches, mosques, temples and various social clubs. If we are homophobic we will enter into homophobic bubbles; if we believe in UFOs, we will enter that bubble; and if we are interested in conspiracies, we will find hundreds of sites that present them to us. The fanatic or extremist, instead of being alone in his madness, now finds a support network. The end result of the trip is an increase in polarization. Few like to be among people who don’t think like one, but it’s a good experience and can be very positive.
To acquire knowledge, it is necessary to analyze a topic in depth so as not to stay on the surface, which is what is achieved with short cybernetic articles.
The saddest thing of all is that with so much concern for the hereafter we forget the most here. With so much concern to move to that mythical other world in which everything is going wonders (few consider the alternative that hell will touch them), we carefree of this world in which things go wrong and that is the only one we have.

– Too many people die by faith and kill by dogma.
– Nothing is more horrible than an activist ignorance.
– Against principia negantem disputari non potest.
– Without a doubt there is no room for progress.
– The world is as it is and not as we would like it to be.
– Natural laws say what the world is like, not how it has to be.
– There is a huge difference between could and is.
– Before looking for a cause it is necessary to establish that there is an effect.
– Knowledge is a world heritage site.
– Knowledge is neutral, technology is not.
– The mind and the world together make the mind and the world.
– I can believe something false, but I can’t know something false.
– The reasons to believe something and the reasons to make it true are not the same.
– To believe by faith is to pretend to know something that is not known.
– Sometimes an idiot can say something great and a genius say an idiocy.
– Having the right to an opinion does not make it true.
– Believing and spreading something false is not a right, it is a fraud.
– We are born without our beliefs.

Any allegation that there is a functional relationship between two things because it seems or is representative is unreliable. For example, the Chinese remedy of eating deer penis for impotence, or rhino horn in Africa, or Korean ginseng, is based on the phallic symbology that implies that something that looks like a penis «helps the penis.» The relationship between the two things is based on a magical belief that cannot be demonstrated with facts. The same goes for astrology.
Another case is homeopathy, which states that diseases are cured with substances that cause the same symptoms. The idea that a burn should be treated with something that burns or that a flu fever is cured by contaminating us with malaria (which also causes fever) is patently unfounded.

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