Happycracia: Cómo La Ciencia Y La Industria De La Felicidad Controlan Nuestras Vidas — Edgar Cabanas & Eva Illouz / Manufacturing Happy Citizens: How the Science and Industry of Happiness Control our Lives by Edgar Cabanas & Eva Illouz

Interesante ensayo, aunque me gustan más los de Barbara Ehrenreich, sobre el precepto a la Felicidad de que nuestras sociedades se están institucionalizando cada vez más hasta el punto de que ser feliz y disfrutar se ha convertido en un credo de calidad de vida cada vez más difícil de escapar y que puede dar una sensación de Fallo si fallamos o no lo suficiente. Se ha puesto en marcha una importante financiación para promover la psicología positiva: pasantías, seminarios, libros, aplicaciones … Una verdadera industria de la felicidad. Los autores son muy críticos con los efectos de la psicología positiva en nuestras sociedades actuales, reducen el espacio de la libertad e inducen cierta presión psicológica. Felicidad es una palabra que forma ya parte del lenguaje cotidiano, de nuestro imaginario cultural, algo que está per diem y ad nauseam presente en nuestras vidas, y es raro el día que no la oímos, la leemos e incluso la pronunciamos. La forma en que entendemos la felicidad hoy en día también se ha transformado radicalmente. Ya no creemos que la felicidad sea algo relacionado con el destino, con la suerte, con las circunstancias o con la ausencia de dolor; tampoco la entendemos como la valoración general, en retrospectiva, de toda una vida, ni como un vano consuelo para los necios y pobres de espíritu. Ahora la felicidad se considera como un conjunto de estados psicológicos que pueden gestionarse mediante la voluntad; como el resultado de controlar nuestra fuerza interior y nuestro auténtico yo; como el único objetivo que hace que la vida sea digna de ser vivida.

El tiempo parece haber demostrado que los escépticos y los críticos tenían razón: está claro que en la felicidad no es oro todo lo que reluce y, por lo tanto, deberíamos tomar esta ciencia y sus atractivas promesas con mucha precaución. La pregunta que se plantea es si la felicidad es la meta más importante a la que todos debemos aspirar. Tal vez sea así. Pero si atendemos a lo que los científicos de la felicidad proponen a este respecto, entonces convendría pensarlo dos veces.

En menos de una década, la cantidad, el alcance y el impacto de la investigación académica sobre la felicidad y los temas relacionados con ella, como el bienestar subjetivo, las fortalezas y virtudes del carácter, las emociones positivas, la autenticidad, el crecimiento personal, el optimismo o la resiliencia, se multiplicaron por diez, abarcando no solo la psicología sino también la política, la criminología, la ciencia del deporte, el bienestar animal, el diseño, las neurociencias, las humanidades, la gestión y los negocios. El extraordinario éxito de la psicología positiva había vencido finalmente el escepticismo inicial con el que muchos acogieron el estudio científico de la felicidad. Conceptos como el optimismo, el pensamiento positivo, las emociones positivas, el florecimiento y la esperanza, que al principio despertaban suspicacias por considerarlos mera autoayuda y poco científicos, se habían vuelto creíbles y legítimos. La psicología positiva tildó el escepticismo hacia la positividad de retrógrada negatividad que impedía a los académicos entender la verdadera importancia del estudio científico de la buena vida y del potencial humano. Poco a poco fue aumentando el número de psicólogos y científicos sociales que, ya fuera por convicción o por simple conveniencia, se subieron al carro.

La felicidad se postula pues como una de las principales brújulas económicas, políticas y morales de nuestras sociedades actuales. Los economistas de la felicidad se han mostrado categóricos a este respecto: la evidencia es lo bastante sólida como para que naciones, instituciones y organizaciones adopten la felicidad como «termómetro afectivo» para cuantificar, comparar y determinar la adecuación y pertinencia de sus decisiones políticas, económicas y sociales. No cabe duda de que la felicidad es hoy una noción de fuerte impacto político. Los economistas de la felicidad y los psicólogos positivos también lo entienden así, reconociendo que la felicidad tiene enormes consecuencias políticas, además de importantes repercusiones económicas y sociales. Todos estos investigadores intentan rehuir cualquier cuestionamiento de tipo cultural, histórico o ideológico invocando la clásica dicotomía entre ciencia y valores: puesto que su enfoque es científico, el retrato que hacen del individuo feliz es, según ellos, perfectamente neutro y objetivo, y está exento de connotaciones morales, éticas e ideológicas. Semejante afirmación, sin embargo, contrasta plenamente con la estrecha relación que los científicos de la felicidad dicen haber descubierto entre la felicidad humana y el individualismo.

Disciplinas como la psicología positiva mejorarían científicamente si reconocieran realmente su trasfondo histórico y cultural, así como sus postulados y sensibilidades ideológicas e individualistas. Nosotros estamos de acuerdo con esta idea, pero no creemos que eso vaya a suceder. Simple y llanamente porque el poder de influencia de la psicología positiva, como dijimos, así como gran parte de su credibilidad, reside precisamente en negar ese trasfondo y esos postulados ideológicos: es presentándose como una disciplina objetiva, neutral y, por tanto, apolítica, el modo en que la psicología positiva se vuelve verdaderamente útil y efectiva como herramienta política.

La noción de «cultura de empresa», también conocida como «clima organizacional», ha desempeñado un papel destacado en la progresiva individualización del trabajo y en la creciente transferencia de responsabilidad al trabajador. La cultura corporativa entiende que trabajador y empresa ya no están simplemente unidos por una relación de tipo contractual, sino principalmente a través de una relación de confianza y beneficio mutuo donde los intereses de ambas partes no se suponen tanto complementarios como idénticos. La idea es crear un clima de desarrollo personal en el que los trabajadores internalicen, reproduzcan y encarnen los valores y objetivos de la empresa con el fin de que todos remen en una misma dirección. De esta manera no son necesarias ni rígidas jerarquías de mando ni formas de control y sanción externas y explícitas: al contrario, se promueve el autocontrol y el autorrefuerzo/castigo. En este sentido, la cultura de empresa suele adoptar una forma de participación semidemocrática que tiene dos objetivos principales: uno, favorecer el sentido de pertenencia del trabajador a la propia organización. Desde esta perspectiva, los científicos de la felicidad sostienen que los individuos que ponen en práctica sus propias virtudes y fortalezas personales en el ámbito de su desempeño laboral experimentan mayores niveles de motivación, sentido y placer, independientemente de la tarea que realicen. Además de la noción de «cultura de empresa», otro término clave en el ámbito empresarial de hoy en día es el de «flexibilidad permanente». Definido como «la capacidad de la empresa para responder a las expectativas cada vez más diversas del consumidor al mismo tiempo que se reducen costes, retrasos, imprevistos y pérdidas hasta el mínimo», la flexibilidad permanente depende tanto del trabajador como de la propia empresa.

El concepto de resiliencia también ha tenido un enorme impacto dentro de la denominada «cultura del emprendimiento», con la figura del emprendedor estableciéndose como un importante objeto de estudio en muchas universidades, escuelas de negocios y empresas. El emprendedor se anuncia como el motor de la producción de riqueza, como el individuo que innova, que inventa, que aplica ideas creativas para abrir nuevas posibilidades de consumo y que genera actividad económica al tiempo que busca la mejor manera de llevar a buen puerto sus proyectos por su cuenta y riesgo. Persistente, autogestionado, resiliente y optimista, el emprendedor también se presenta como una de las personas que más crecen personalmente como consecuencia de tener claros los propósitos en la vida, de estar determinado a realizar sus metas y de capitalizar cualquiera de las oportunidades que se le presentan al paso. Emprender, se dice, no es una necesidad socioeconómica, sino una opción personal al alcance de cualquiera y que recompensa con creces en términos de bienestar y crecimiento personales. Menos énfasis reciben, sin embargo, datos que evidencian que el emprendimiento no es esa aventura de reinvención y crecimiento sino, más bien, una necesidad socioeconómica. Si bien este discurso del emprendimiento tiene su origen en países occidentales desarrollados, los datos sociológicos revelan que el número de emprendedores tiende a dispararse en aquellos países y regiones donde los niveles de paro son más elevados y la economía es más frágil, es decir, donde las personas se ven efectivamente obligadas a buscarse la vida dentro de un escenario de escasa oferta laboral y de enorme precariedad.

Hay razones para pensar que los secretos de la felicidad nunca llegarán, aunque solo sea porque de haber alguna clave, es muy posible que esta no sea de orden psicológico. Que la psicología tiene las claves científicas para desvelar los secretos de cualquier fenómeno sociológico importante es algo que ya hemos escuchado una y mil veces antes, también. También hay que poner en duda que la felicidad sea sinónimo de esperanza, al menos en su versión reduccionista, individualista y conformista que es la que ofrecen industria, científicos y expertos aquí mencionados. Ciertamente, hace falta más esperanza, pero no la del optimismo tiránico, conformista y casi religioso que se ofrece. Hace falta una esperanza crítica, fundamentada en razones, en la justicia social y en la acción colectiva; una esperanza que no sea paternalista, que no decida por nosotros lo que es bueno para nosotros, que no pretenda protegernos de lo peor a base de enseñarnos a negarlo, sino que nos coloque en una mejor posición para hacerle frente y cambiarlo. Y no como individuos aislados, sino juntos, como sociedad. Esa industria de la felicidad no solo perturba y confunde nuestra capacidad para conocer las condiciones que moldean nuestra existencia; también anula y deslegitima esa capacidad, la vuelve irrelevante. El conocimiento y la justicia, antes que la felicidad, siguen siendo los valores más revolucionarios que tenemos en nuestras vidas.

Libros recomendados y comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/01/20/causas-naturales-como-nos-matamos-por-vivir-mas-barbara-ehrenreich-natural-causes-an-epidemic-of-wellness-the-certainty-of-dying-and-killing-ourselves-to-live-longer-by-barbara-enrenre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/01/17/sonrie-o-muere-la-trampa-del-pensamiento-positivo-barbara-ehrenreich/

———————————

Interesting essay, although I like more Barbara Ehrenreich, on the precept of Happiness that our societies are becoming increasingly institutionalized to the point that being happy and enjoying has become a creed of quality of life more and more difficult to escape and that can give a sense of failure if we fail or not enough. An important funding has been launched to promote positive psychology: internships, seminars, books, applications … A true industry of happiness. The authors are very critical of the effects of positive psychology in our current societies, reduce the space of freedom and induce some psychological pressure. Happiness is a word that is already part of everyday language, of our cultural imaginary, something that is per diem and ad nauseam present in our lives, and it is rare the day we do not hear it, we read it and we even pronounce it. The way we understand happiness today has also been radically transformed. We no longer believe that happiness is something related to fate, luck, circumstances or the absence of pain; neither do we understand it as the general assessment, in retrospect, of a whole life, nor as a vain consolation for the foolish and poor in spirit. Now happiness is considered as a set of psychological states that can be managed through the will; as the result of controlling our inner strength and our authentic self; as the only goal that makes life worthy of being lived.

Time seems to have shown that the skeptics and the critics were right: it is clear that in happiness everything that glitters is not gold and, therefore, we should take this science and its attractive promises with great caution. The question that arises is whether happiness is the most important goal to which we should all aspire. It may be so. But if we look at what happiness scientists propose in this respect, then it would be convenient to think twice.

In less than a decade, the amount, scope and impact of academic research on happiness and related topics, such as subjective well-being, strengths and virtues of character, positive emotions, authenticity, personal growth , optimism or resilience, multiplied by ten, covering not only psychology but also politics, criminology, sports science, animal welfare, design, neurosciences, humanities, management and business. The extraordinary success of positive psychology had finally overcome the initial skepticism with which many welcomed the scientific study of happiness. Concepts such as optimism, positive thinking, positive emotions, flourishing and hope, which at first aroused suspicions as mere self-help and unscientific, had become credible and legitimate. Positive psychology labeled skepticism towards the positivity of retrograde negativity that prevented academics from understanding the true importance of the scientific study of the good life and human potential. Little by little the number of psychologists and social scientists was increasing, who, either by conviction or by simple convenience, got on the showbiz bandwagon.

Happiness is postulated as one of the main economic, political and moral compasses of our current societies. The happiness economists have been categorical in this respect: the evidence is strong enough for nations, institutions and organizations to adopt happiness as an “affective thermometer” to quantify, compare and determine the adequacy and relevance of their political decisions, economic and social There is no doubt that happiness today is a notion of strong political impact. The happiness economists and positive psychologists also understand this, recognizing that happiness has enormous political consequences, as well as important economic and social repercussions. All these researchers try to avoid any questioning cultural, historical or ideological invoking the classic dichotomy between science and values: since their approach is scientific, the portrait they make of the happy individual is, according to them, perfectly neutral and objective, and exempt. of moral, ethical and ideological connotations. Such a statement, however, contrasts sharply with the close relationship that happiness scientists claim to have discovered between human happiness and individualism.

Disciplines such as positive psychology would improve scientifically if they really recognized their historical and cultural background, as well as their ideological and individualist postulates and sensitivities. We agree with this idea, but we do not believe that will happen. Simply and simply because the power of influence of positive psychology, as we said, as well as much of its credibility, resides precisely in denying that background and ideological postulates: it is presenting itself as an objective, neutral and, therefore, apolitical discipline, the way in which positive psychology becomes truly useful and effective as a political tool.

The notion of «corporate culture», also known as «organizational climate», has played a prominent role in the progressive individualization of work and in the increasing transfer of responsibility to the worker. The corporate culture understands that workers and companies are no longer simply linked by a contractual relationship, but mainly through a relationship of trust and mutual benefit where the interests of both parties are not supposed to be complementary or identical. The idea is to create a climate of personal development in which workers internalize, reproduce and embody the values and objectives of the company in order that all row in the same direction. In this way, neither rigid hierarchies of command nor external and explicit forms of control and sanctions are necessary: on the contrary, self-control and self-reinforcement / punishment are promoted. In this sense, the company culture usually adopts a form of semi-democratic participation that has two main objectives: one, to favor the sense of belonging of the worker to the organization itself. From this perspective, happiness scientists argue that individuals who put their own personal strengths and virtues into practice in the context of their job performance experience higher levels of motivation, meaning and pleasure, regardless of the task they perform. In addition to the notion of “corporate culture”, another key term in today’s business environment is “permanent flexibility”. Defined as «the ability of the company to respond to the increasingly diverse expectations of the consumer while reducing costs, delays, unforeseen events and losses to the minimum», permanent flexibility depends on both the worker and the company itself.

The concept of resilience has also had a huge impact within the so-called «entrepreneurship culture», with the figure of the entrepreneur establishing itself as an important object of study in many universities, business schools and companies. The entrepreneur announces himself as the engine of the production of wealth, as the individual who innovates, who invents, who applies creative ideas to open up new possibilities for consumption and generates economic activity while looking for the best way to bring to fruition projects at your own risk. Persistent, self-managed, resilient and optimistic, the entrepreneur also appears as one of the people who grows personally as a result of having clear goals in life, of being determined to achieve their goals and capitalizing on any of the opportunities that are Present to the step. Entrepreneurship, it is said, is not a socio-economic need, but a personal option available to anyone and that rewards in terms of personal well-being and growth. Less emphasis, however, receive data that show that entrepreneurship is not this adventure of reinvention and growth but, rather, a socioeconomic need. While this discourse of entrepreneurship has its origins in developed Western countries, sociological data reveal that the number of entrepreneurs tends to shoot up in those countries and regions where unemployment levels are higher and the economy is more fragile, that is, where People are effectively forced to look for their lives in a scenario of scarce labor supply and enormous precariousness.

There are reasons to think that the secrets of happiness will never come, if only because there is a key, it is very possible that this is not psychological. That psychology has the scientific keys to unveil the secrets of any important sociological phenomenon is something we have already heard a thousand times before, too. We must also question whether happiness is synonymous with hope, at least in its reductionist, individualistic and conformist version that is offered by industry, scientists and experts mentioned here. Certainly, more hope is needed, but not that of the tyrannical, conformist and almost religious optimism that is offered. We need a critical hope, based on reasons, social justice and collective action; a hope that is not paternalistic, that does not decide for us what is good for us, that does not pretend to protect us from the worst by teaching us to deny it, but that puts us in a better position to face it and change it. And not as isolated individuals, but together, as a society. This happiness industry not only disturbs and confuses our capacity to know the conditions that shape our existence; it also nullifies and delegitimizes that capacity, makes it irrelevant. Knowledge and justice, rather than happiness, remain the most revolutionary values we have in our lives.

Books recommended and commented in my blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/01/17/sonrie-o-muere-la-trampa-del-pensamiento-positivo-barbara-ehrenreich/

https://weedjee.wordpress.com/2019/01/20/causas-naturales-como-nos-matamos-por-vivir-mas-barbara-ehrenreich-natural-causes-an-epidemic-of-wellness-the-certainty-of-dying-and-killing-ourselves-to-live-longer-by-barbara-enrenre/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .