El Bufón — David Llorente

Esta es otra muy buena breve novela del autor ganadora del premio Ramón J Sender de narrativa en el 2000, con un clima apocalíptico como el autor sabe hacer.
Pongamos un pueblo perdido entre la niebla y una iglesia sin campanas, pongamos un pueblo sin luz y sin estrellas, donde siempre es de noche, pongamos un río helado y un hospital enfermo de tristeza, pongamos cien montañas que lo encierran y un guardián en cada cumbre, y una invasión de abejas apostada en los tejados…
El bufón juega una partida de ajedrez en ese pueblo más allá de las abejas que son un mal excelso, el bufón debe luchar por dar vida nuevamente, alegría aunque sea mediante la huida… quizás sea debido a la oscuridad permanente.

El bufón pensó seriamente en el fratricidio, era una opción como otra cualquiera y quizá la más conveniente, la más ajustada a la sinceridad de sus impulsos, pero empieza a darnos la verdadera importancia del bufón cuando encuentra un libro sobre los 100 años de bufón. Existe una demencia social sobre el papel del bufón, El bufón es despreciado; y, cuando muere, el pueblo entero entra en fiesta y canta y baila alrededor de su tumba. El ataúd lo untan de brea y lo incendian para que regrese a los abismos del infierno y no resucite jamás. Todo pueblo tiene su bufón.
Sin embargo, en este pueblo la función del bufón es diferente.
Debido a la ausencia de luz solar, y a este frío que congela los huesos y apenas si me permite sostener la pluma entre los dedos, hace tiempo que cayó sobre nuestra comunidad la terrible enfermedad de la tristeza. Contra ella no existen medicinas, no sirven las sangrías ni los emplastos, son inútiles las friegas y los vapores de eucalipto. Es una epidemia, un virus que entra en el cuerpo y se hace fuerte en la sangre, se multiplica y devora y no remite nunca. Los pacientes mueren envueltos en llantos y pesadumbres y el último rictus es una mueca de amargura. Sólo la risa aplaca ese mal. ¿Os imagináis pueblo sin bufón? Yo no. Apenas viviríamos más de dos meses.
El bufón es el antídoto.

A destacar como el autor hace un guiño a lo Hitchcock y aparece en una pequeña referencia en la novela, como gobernador nada menos donde es una lucha de egos con el bufón. Siempre queda espacio para el amor, como seres humanos que somos donde la serrana es una guía fundamental para el bufón y como en todo pueblo la sabiduría popular pondría el punto final sobre lo que sucedió con dicho bufón.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s