Nuestras Hermanas Las Ratas — Michele Dansel / Mémoires D’un Rat Des Halles Paris Insolite Et Secret (Our sisters “the rats”) by Michele Dansel

Un muy interesante libro sobre las ratas, esa criatura tan denostada pero de gran y mayor transcendencia de lo que pensamos en nuestra cultura.

Muy a menudo ignoramos el lugar privilegiado que ocupaba la rata en otras civilizaciones. Y cuando sorprendemos a este roedor en el frontón de alguna de nuestras iglesias y de nuestras catedrales, nada nos autoriza a ver en él a un mensajero de los infiernos. Por lo tanto, bajo el signo de esta yuxtaposición de lo infernal y lo divino, de lo de abajo y de lo de arriba, de lo maléfico y de lo benéfico, debemos aprehender la verdad múltiple de la rata, ese Jano que, en la actualidad, ocupa un importante lugar en el templo de la ciencia.
Ese animal maldito y mal conocido provoca casi instintivamente un fenómeno de rechazo, porque lleva en sí una carga simbólica suficiente como para poner en cuestión el patrimonio de nuestras tradiciones, de nuestros prejuicios, así como nuestro comportamiento frente al gran milagro de la vida.
Las investigaciones que he llevado a cabo sobre la rata no provienen de una fascinación visceral mía, ni de una admiración desmedida por este animal en cuanto individuo.
El odio a la rata escapa a la razón; es cultural y cultual. Aumenta, además, con la edad y varía según se trate de una población urbana o de una población rural. De acuerdo con una evaluación que se basa en mis múltiples entrevistas con personas de edades y grupos socio-profesionales distintos.

De todas las ratas, o roedores considerados como tales por personas de buena fe que ignoran las clasificaciones de los naturalistas, la más simpática, la más inteligente, aquélla en la que tengo puestas todas mis esperanzas, se llama Rattus norvegicus, mejor conocida como rata de alcantarilla o rata gris. Sí, me refiero a la que usted ha tenido quizás la ocasión de cruzar en una alcantarilla, en un sótano, en el andén de alguna estación de metro o en un vertedero público. No tenga prejuicio alguno sobre este animal. No ignora usted que algunos ciudadanos que se pudren en sórdidas viviendas pueden tener un alma mucho más hermosa que la de algunos de nuestros privilegiados…
Esta auténtica maravilla de la naturaleza tiene ocho millones de glóbulos rojos y doce mil glóbulos blancos. Su hígado no tiene vesícula biliar. Sus incisivos crecen sin cesar. Se calcula que, en principio, pueden alcanzar cuarenta y cinco centímetros en tres años.
Todo se echó a perder en el siglo XVIII. Hordas de ratas grises empezaron a invadir Europa. Provenientes del Mar Caspio, centenares de miles atravesaron a nado el Volga, arrasaron Hungría, devorándolo todo a su paso, ahuyentando a los habitantes de sus pueblos, invadiendo los cuarteles, aniquilando las cosechas. Luego, según un itinerario que les es muy peculiar, volvieron a subir hacia el Norte de Rusia. En 1716, desembarcaron en Copenhague, por el capricho de conocer la serena luz escandinava. En 1729, hicieron un período de prueba en Inglaterra con el fin de perfeccionar su educación. Y, sólo en 1750, colonizaron Francia. Más feroces y mayores que las ratas negras, les declararon una guerra sin cuartel.
Prefiero la rata autodidacta a la rata universitaria, la que no tiene el pudor del saber o del nosaber y que actúa en función de un mecanismo interno no deteriorado. Pero cuando nuestros psicólogos nos hablan de la inteligencia de este animal, se refieren a la rata de laboratorio, o sea a la rata en ambiente carcelario, de la que mejor ha correspondido a sus tests. Si se sustrae a un individuo a las dificultades de la vida cotidiana, con todos los peligros que supone, en particular para una rata de alcantarilla, así como a las múltiples formas de agresión a las que está expuesto en libertad, y si se le aliena, pasará a ser un puro espíritu, pero sin duda alguna un limado. Para la rata como para el hombre.
No se puede dudar de la inteligencia de las ratas; al igual que la del hombre, se manifiesta de muy diversas formas. Aun así no hay que olvidar que algunos iniciados del pueblo de los múridos logran inmunizarse de los anticoagulantes absorbiendo vitamina K.

En ciertas religiones antiguas, la rata aparece como un Jano cuyo perfil benéfico la asocia directamente con los dioses y le concede un lugar privilegiado en el templo. En la actualidad, por el sesgo del templo de la ciencia, se perpetúa la vocación ambivalente de este animal, con respecto cual nuestros contemporáneos sólo retienen su aspecto destructor y satánico, signo menor, mientras que el signo mayor sigue en la sombra y se refleja en nuestro mundo moderno en formas extremadamente alejadas de la rata, este benefactor discreto puesto al servicio de la investigación en la que sólo participan un puñado de especialistas.
Al igual que los hombres, las ratas necesitan espacio vital para desarrollarse. Cuando son víctimas de una sobrepoblación, se producen diferentes fenómenos, entre los cuales: una agresividad que les conduce a matarse mutuamente, una esterilidad en las ratas, normalmente tan fecundas, y stress totalmente comparable a los que sufre el hombre moderno que trabaja para las vacaciones de los farmacéuticos al atiborrarse de tranquilizantes, hablo de todos los agotados por exceso de trabajo de nuestras ciudades tentaculares, y principalmente de los que habitan en torres de hormigón y a los que el vértigo de las profundidades y el suicidio cada día solicitan.

Hasta el siglo XII los franceses no distinguían, en su lengua, la palabra souris («ratón») de la palabra rat («rata»). Mus, en latín, designaba indistintamente ambas especies. Esta confusión existía igualmente en hebreo con la palabra akbar cuyo sentido cubría al pequeño ratón primitivo como al supermúrido, nuestro hermano cercano. A este respecto, la Academia internacional de la Rata sólo reconocía las Biblias en las que akbar se traduce por rata, como en la Biblia de Jerusalén (Jésus-rat-l’aime).
Según la hipótesis más extendida, la palabra rat proviene del bajo bretón ract o raz, o del alto alemán ratz, onomatopeya que recuerda el ruido del animal que roe, raspa y escarba. Se puede decir pues que rat es una palabra imitativa de oscuro origen que encontramos, de una manera muy lejana, en términos surgidos del sánscrito, del griego, del latín, del germano o del árabe. En picardo, por ejemplo, rat provendría de rot que significa burgo. Por último, conviene recordar que, curiosamente, la palabra alemana rate se traduce por cuota y que rata significa porción en italiano. De hecho, existe todo un vocabulario que podemos emparentar, de una manera más o menos directa, con el sustantivo rat: razzia, racler, ráper, rapt, ratean, racket, ravager, etc.
En el griego antiguo, la palabra mys designaba la rata o el ratón, pero igualmente el músculo, la ballena o el mejillón, mientras que en el griego moderno rata es pondikos que en jerga significa bíceps. Me falta decir todavía que músculo proviene del latín musculus: rata pequeña. Lo que tiende a probar que entre los griegos como entre los romanos la rata habitaba.
En castellano su importancia:
Ratón que no sabe más que un horado, presto es cazado. Según la Academia, refrán que advierte la dificultad de escaparse de cualquier peligro quien no tiene para ello más que un recurso. Similar a Al ratón que no tiene más que un agujero… y los dos siguientes.
Salió el ratón de su agujero: «¿Búscanme aquí para despensero?».
Tan contento como ratón en boca de gato. Al decir de Sbarbi, «comparación con la cual se da a entender lo a disgusto que se está en cualquier circunstancia que se aplique».
Tener la viveza del ratón, o ratonil. Según Sbarbi, «así como dicha cualidad sirve regularmente a este animal para caer más pronta y fácilmente en la trampa, de igual manera, cuando la actividad es irreflexiva y atolondrada en ciertas personas, suele perjudicarles más bien que servirles de provecho».
Venir a parir un ratón, como hizo el monte. Similar a Ser más el ruido que las nueces.
Caer en la ratonera. ¡Cómo no!, caer en la trampa que a uno le han tendido.

Para la civilización judeo-cristiana la rata simboliza el enemigo hereditario, el extranjero, el invasor, el responsable de todos los infortunios y de todos los desastres, el que se come nuestro pan, el aprovechado por excelencia. Pues el odio y el terror que sentimos ante este animal se alojan en nosotros desde hace dos milenios, algo así como a imagen de la rata que nos habita y que no llegamos a desalojar. Tales sentimientos están inscritos en nuestro código de las tradiciones, por no decir en nuestro código genético. Para intentar una aproximación a este fenómeno, es preciso que nos introduzcamos en los laberintos de la mitología.
En su Historia de las ratas para mejor servir a la historia universal, Bourdon de Sigrais nos recuerda que los dioses, asustados por los gigantes, se refugiaron en Egipto y se metamorfosearon en animales. Pan, como tan bien escribió Escarrón, se transformó en rata

En el siglo XV y XVI, le dedicaron un conjunto, raro y particular, que lleva el nombre de «bola de las ratas». Se trata de una esfera con una cruz encima, generalmente de piedra pero a veces de madera. La Tierra, así representada, está atravesada de agujeros, como un trozo de gruyere. Enormes ratas la colonizan y penetran en ella.
El simbolismo de esta bola de las ratas, que en Provenza la conocemos con el nombre de boulo di gari, sigue siendo muy misterioso. Según Andreoli y Lambert, autores, en 1862, de una Monografía de la iglesia catedral de Saint Siffrein de Carpentras, «la clave del enigma se ha perdido y la imaginación tiene el campo libre para explicar este problema».
Este motivo, que intriga al curioso y hunde en la perplejidad al erudito, se encuentra principalmente en el pórtico sur, llamado «puerta judía», de la iglesia Saint Siffrein de Carpentras, «la clave del enigma se ha perdido y la imaginación tiene el campo libre para explicar este problema».
Este motivo, que intriga al curioso y hunde en la perplejidad al erudito, se encuentra principalmente en el pórtico sur, llamado «puerta judía», de la iglesia Saint Siffrein de Carpentras. En una misericordia de las sillas del coro de la iglesia de Saint Spire, en Corbeil. En una misericordia de la antigua colegiata de Champeaux-en-Brie. Encima de un contrafuerte de la catedral de Mans.
Según Pierre Derlon, uno de los grandes especialistas de las tradiciones ocultas de los gitanos, la bola de las ratas no sería un motivo cristiano, sino un motivo pagano. Se trataría de un signo de reunión, por analogía con las ratas que se desplazan en hordas. Estos emblemas esculpidos en algunas de nuestras iglesias, siguiendo un itinerario tomado de los iniciados, pertenecerían a una cartografía oculta con Chartres y Les Saintes-Maries-de-la-Mer como lugares más relevantes de lo sagrado y como pretexto de ese itinerario. Según este zinganólogo, la bola de las ratas sería una reminiscencia de la espiral, que en la tradición gitana representa el jeroglífico de la rata y también podría simbolizar el laberinto cuya importancia en el hermetismo occidental sigue siendo muy mal conocido.

A very interesting book about rats, that creature so insulted but of great and greater transcendence than we think in our culture.

Very often we ignore the privileged place occupied by the rat in other civilizations. And when we surprise this rodent in the pediment of one of our churches and our cathedrals, nothing authorizes us to see him as a messenger from the underworld. Therefore, under the sign of this juxtaposition of the infernal and the divine, of the lower and higher, of the evil and the beneficial, we must apprehend the multiple truth of the rat, that Janus who, in the Currently, it occupies an important place in the temple of science.
That cursed and badly known animal almost instinctively provokes a phenomenon of rejection, because it carries in itself a symbolic burden sufficient to question the heritage of our traditions, our prejudices, as well as our behavior in the face of the great miracle of life.
The research that I have carried out on the rat does not come from a visceral fascination of mine, nor from an excessive admiration for this animal as an individual.
Hatred for the rat escapes reason; It is cultural and cultural. It also increases with age and varies according to whether it is an urban population or a rural population. According to an evaluation that is based on my multiple interviews with people of different ages and socio-professional groups.

Of all the rats, or rodents considered as such by people of good faith who ignore the classifications of naturalists, the most sympathetic, the most intelligent, the one in which I have placed all my hopes, is called Rattus norvegicus, better known as rat of sewer or gray rat. Yes, I mean the one you have had the chance to cross in a sewer, in a basement, on the platform of a subway station or in a public landfill. Do not have any prejudice about this animal. Do not ignore that some citizens who rot in sordid homes may have a much more beautiful soul than some of our privileged …
This true wonder of nature has eight million red blood cells and twelve thousand white blood cells. Your liver does not have a gallbladder. His incisors grow endlessly. It is estimated that, in principle, they can reach forty-five centimeters in three years.
Everything was spoiled in the eighteenth century. Hordes of gray rats began to invade Europe. Coming from the Caspian Sea, hundreds of thousands swam across the Volga, devastated Hungary, devouring everything in its path, driving away the inhabitants of their villages, invading the barracks, annihilating the crops. Then, according to an itinerary that is very peculiar to them, they went back up to the North of Russia. In 1716, they landed in Copenhagen, on the whim of knowing the serene Scandinavian light. In 1729, they did a probationary period in England in order to perfect their education. And, only in 1750, they colonized France. More ferocious and greater than the black rats, they declared an all-out war.
I prefer the self-taught rat to the university rat, the one that does not have the modesty of knowledge or nosaber and that acts according to an internal mechanism that is not impaired. But when our psychologists tell us about the intelligence of this animal, they refer to the laboratory rat, that is, the rat in a prison environment, which has best corresponded to its tests. If an individual is removed from the difficulties of daily life, with all the dangers involved, in particular for a sewer rat, as well as the multiple forms of aggression to which he is exposed in freedom, and if he is alienated , will become a pure spirit, but no doubt a filing. For the rat as for the man.
You can not doubt the intelligence of rats; like that of man, it manifests itself in many different ways. Even so, we must not forget that some initiates from the village of the murides manage to be immunized from anticoagulants by absorbing vitamin K.

In certain ancient religions, the rat appears as a Janus whose beneficial profile associates it directly with the gods and gives it a privileged place in the temple. Today, due to the bias of the temple of science, the ambivalent vocation of this animal is perpetuated, with respect to which our contemporaries only retain their destructive and satanic aspect, a minor sign, while the greater sign remains in the shadow and is reflected In our modern world in extremely remote forms of the rat, this discreet benefactor put at the service of research in which only a handful of specialists participate.
Like men, rats need living space to develop. When they are victims of overpopulation, different phenomena occur, among which: an aggressiveness that leads them to kill each other, a sterility in rats, normally so fertile, and stress totally comparable to those suffered by the modern man who works for pharmacists vacations to stuff themselves with tranquillizers, I speak of all those exhausted by overwork of our tentacular cities, and mainly of those who live in concrete towers and to which the vertigo of the depths and suicide every day request.

Until the twelfth century the French did not distinguish, in their language, the word souris (“mouse”) from the word rat (“rat”). Mus, in Latin, designated both species indistinctly. This confusion also existed in Hebrew with the word Akbar whose meaning covered the little primitive mouse as the supermurer, our close brother. In this regard, the International Rat Academy only recognized Bibles in which akbar is translated as a rat, as in the Jerusalem Bible (Jésus-rat-l’aime).
According to the most widespread hypothesis, the word rat comes from the low Breton ract or raz, or the high German ratz, onomatopoeia that recalls the noise of the animal that gnaws, scrapes and scratches. We can therefore say that rat is an imitative word of obscure origin that we find, in a very distant way, in terms arising from Sanskrit, from Greek, from Latin, from German or from Arabic. In Picardo, for example, rat would come from Rot that means borough. Finally, it is worth remembering that, interestingly, the German word rate is translated by quota and that rat means portion in Italian. In fact, there is a whole vocabulary that we can relate, in a more or less direct way, with the noun rat: razzia, racler, rapper, rapt, ratean, racket, ravager, etc.
In the ancient Greek, the word mys designated the rat or the mouse, but also the muscle, the whale or the mussel, while in the modern Greek rat it is pontoikos which in slang means biceps. I still need to say that muscle comes from the Latin musculus: small rat. What tends to prove that among the Greeks as among the Romans the rat lived.
In Spanish its importance:
Mouse that knows no more than a horado, presto is hunted. According to the Academy, saying that warns the difficulty of escaping from any danger who has no more than a resource for it. Similar to the mouse that has only one hole … and the next two.
The mouse came out of its hole: “Get me here for a steward?”
As happy as a mouse in a cat’s mouth. In the words of Sbarbi, “comparison with which it is made clear how unhappy one is in whatever circumstance is applied”.
Have the vividness of the mouse, or mousy. According to Sbarbi, “just as this quality regularly serves this animal to fall more quickly and easily into the trap, likewise, when the activity is unreflective and reckless in certain people, it tends to harm them rather than serve them for profit.”
Come to give birth to a mouse, as the mountain did. Similar to Being more noise than nuts.
Fall into the mousetrap. How not, fall into the trap that you have been set.

For the Judeo-Christian civilization, the rat symbolizes the hereditary enemy, the foreigner, the invader, the one responsible for all the misfortunes and all the disasters, the one who eats our bread, the one used for excellence. For the hatred and terror that we feel before this animal have been lodged in us for two millennia, something like the image of the rat that inhabits us and that we do not evict. Such feelings are inscribed in our code of traditions, if not in our genetic code. To try an approximation to this phenomenon, it is necessary that we enter the labyrinths of mythology.
In his History of the rats to better serve universal history, Bourdon de Sigrais reminds us that the gods, frightened by the giants, took refuge in Egypt and metamorphosed into animals. Pan, as Escarrón wrote so well, became a rat

In the fifteenth and sixteenth century, they dedicated a rare and particular group called “ball of rats.” It is a sphere with a cross on it, usually made of stone but sometimes of wood. The Earth, thus represented, is pierced with holes, like a piece of gruyere. Enormous rats colonize it and penetrate it.
The symbolism of this ball of rats, which in Provence we know by the name of boulo di gari, is still very mysterious. According to Andreoli and Lambert, authors, in 1862, of a monograph of the cathedral church of Saint Siffrein de Carpentras, «the key of the enigma has been lost and the imagination has the free field to explain this problem».
This motif, which intrigues the curious and pervades the scholar, is mainly found in the south portico, called the “Jewish door”, of the Saint Siffrein church in Carpentras, “the key to the enigma has been lost and the imagination has the free field to explain this problem ».
This motif, which intrigues the curious and pervades the scholar, is found mainly in the southern portico, called the “Jewish door”, of the Saint Siffrein church in Carpentras. In a mercy of the choir chairs of the church of Saint Spire, in Corbeil. In a mercy of the old collegiate church of Champeaux-en-Brie. On top of a buttress of Mans Cathedral.
According to Pierre Derlon, one of the great specialists of the hidden traditions of the gypsies, the ball of the rats would not be a Christian motive, but a pagan motive. It would be a sign of reunion, by analogy with rats that move in hordes. These emblems sculpted in some of our churches, following an itinerary taken from the initiates, would belong to a hidden cartography with Chartres and Les Saintes-Maries-de-la-Mer as the most relevant places of the sacred and as a pretext for that itinerary. According to this zinganólogo, the ball of the rats would be reminiscent of the spiral, which in the gypsy tradition represents the hieroglyph of the rat and could also symbolize the labyrinth whose importance in Western hermetism is still very poorly known.

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