Nucleares, ¿Por qué No? Cómo Afrontar El Futuro De La Energía — Manuel Lozano Leyva / Nuclear, why not? How to Face the Future of Energy by Manuel Lozano Leyva (spanish book edition)

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Libro interesante que escrito en 2009 intenta explicarnos conceptos para poder opinar sobre lo nuclear que parece algo tabú.
La energía se puede definir de muchas maneras, y entre los físicos la más natural es la tradicional: la energía es la capacidad de producir un trabajo. Ahora hay que definir «capacidad» y «trabajo». Empecemos por esto último: trabajo es el proceso en el cual un objeto pesado se puede desplazar o deformar al aplicársele una fuerza. La capacidad de llevar a cabo este trabajo es lo que define la energía.
La red eléctrica tiene un buen número de centros de generación y bombeo de fluido: las centrales. Dos funciones o etapas esenciales del suministro de electricidad: la transmisión y la distribución.
Normalmente, las redes eléctricas se consideraban estratégicas y de propiedad estatal, aunque hoy día cada vez son más los países que las han privatizado. Los nódulos fundamentales son las centrales generadoras de las que hablaré en el siguiente apartado. Muy cerca de ellas están las estaciones de gran transformación que elevan el voltaje producido en la central unas diez veces. Esto significa que la tensión bien puede pasar de decenas a centenares de kilovoltios (1kV = 1.000 voltios). Entonces la energía eléctrica inicia su viaje por la red de transporte. Ésta consiste en dos elementos aparentemente sencillos: cables y postes que los sustentan, que en realidad son una obra maestra de la ingeniería.
La red se sigue tupiendo hasta llegar a nodos cada vez más pequeños: las estaciones transformadoras de distribución y, finalmente, los medianos, pequeños y minúsculos centros de transformación y simples transformadores del tamaño de medio frigorífico, que, respectivamente, llevan la electricidad a los centros de consumo.
El trazado de la red eléctrica no es una trivialidad debido al impacto ambiental y el riesgo de electrocución (recuérdese a la pobre y desquiciada elefanta Topsy). Hay que prever la construcción y mantenimiento de la misma con sus vías y caminos de acceso. También se ha de prever la posible colisión de vuelos a baja altura por cercanías de aeropuertos y, en cualquier caso, tanto las subestaciones como los transformadores de todo porte han de situarse de manera que el riesgo hacia las personas sea el mínimo. Y para los animales, en particular las aves que caen a cientos electrocutadas cada año.
La energía nuclear tiene unas ventajas muy definidas y claras, unos inconvenientes igual de claros y unos límites que, como la fotovoltaica, están muy lejos,afortunadamente, de quedar establecidos. Sin embargo, como he apuntado en la introducción, se ha llegado a una situación en la que en algunos países está prohibida y en otros supone la mayor fuente de energía eléctrica. Nada hay que provoque debates tan encendidos como la defensa o el ataque de la energía nuclear, salvo quizá la religión, la política y ciertos deportes.

La radiactividad y todo lo asociado al núcleo atómico despierta no sólo recelo, sino clara antipatía. Además, aunque se ha escrito mucho sobre las circunstancias y los protagonistas de estos hallazgos, espero dar una visión algo original de ellos. Pensemos solamente en dos cosas. Primera, que el hallazgo de la actividad nuclear rompía una creencia milenaria: que los átomos eran indivisibles. Segunda, que la humanidad estaba a punto de adentrarse en una era en la que se podía autodestruir como especie, pero, paradójicamente, esa tremenda capacidad bien podría garantizar su supervivencia como tal.
El peso de una persona varía ligeramente de un punto a otro de la Tierra y drásticamente si pasea por la Luna o Marte. Su peso se puede hasta anular a sólo 400 kilómetros de la superficie de la Tierra si se sitúa en la Estación Espacial Internacional. En cambio, la masa de esa persona es la misma en todas las circunstancias anteriores. Con los núcleos ocurre lo mismo: su masa los define.
En una reacción nuclear como la anterior ocurre algo pasmoso: la masa de los núcleos de delante de la flecha y la de los de detrás no suman lo mismo, o sea, la del 15N más la del 1H no coincide con la del 4He sumada a la del 12C. ¿Qué ha pasado con la diferencia? Que multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado se ha convertido en energía. Ésta es la energía nuclear. La diferencia de las masas en los núcleos reactivos y los productos de la reacción es pequeña, pero multiplicada por más de 1.000 millones de kilómetros por hora al cuadrado… Ésa es la temible energía nuclear. O esperanzadora.

Se suele pensar que la energía nuclear es un invento más del hombre, dotándole de mayor carácter artificial que natural. Nada más lejos de la realidad. La apreciación errónea quizá provenga del hecho de que los procesos naturales en los que interviene la energía nuclear se han descubierto muy tarde. Aunque, si se piensa bien, la familiar energía eléctrica apenas se manifiesta de manera natural, como no sea durante una tormenta y situaciones mucho más singulares. Pues resulta que todas las formas de energía que se manifiestan en la Tierra tienen su origen en la energía del Sol, y nuestro astro no es más que una grandiosa caldera nuclear.
El neodimio este elemento es un típico producto de fisión nuclear y es muy raro que se encuentre en forma natural. Hay otros muchos, pero éste, además, tiene la gracia de que funciona como la huella dactilar de la fisión. De los siete isótopos de neodimio que existen, seis son productos de fisión y uno es estable. Se encontraron los seis aquéllos y ni rastro de este último. Para colmo, estaban exactamente en las mismas proporciones que se encuentran en los modernos reactores nucleares.
Los científicos encontraron después los residuos radiactivos, los compuestos químicos alterados por la magna producción de energía, ausencia de tierras raras y otros elementos «ponzoñosos» que hubieran detenido la reacción, y así todos los indicios fueron ajustando perfectamente a pesar de que quedaba el enigma de cuál había sido el moderador.
Cuando se descubrió que el moderador había sido simplemente agua, mucha agua, la conclusión no tuvo ambigüedad alguna. Hace 1.800 millones de años se dieron en Oklo las circunstancias apropiadas para que se generara energía de fisión nuclear de forma mantenida. El reactor estuvo ofreciendo energía a razón de unos 15.000 megavatios al año durante 500.000 años.
Los efectos de una explosión nuclear son fundamentalmente destructivos, en concreto, entre un 80 y un 90 por ciento de la energía total liberada se transforma en onda expansiva y en radiación térmica.
En consecuencia, tras una explosión nuclear atmosférica se puede producir una lluvia de verdad (sin comillas) intensa y altamente radiactiva. La contaminación que provoquen la deposición o la lluvia puede llegar a la cadena alimentaria y… el desastre puede ser tremendo, porque algunos isótopos radiactivos se fijan preferentemente en órganos vitales y pueden tener una vida media lo bastante larga como para producir mucho daño en el organismo.
A pesar de todas las pruebas nucleares que se han llevado a cabo en Estados Unidos, en la antigua Unión Soviética, en las islas del Pacífico Sur, en Australia, etc., no se conocen muy bien los efectos de la lluvia radiactiva. Naturalmente, dependen de infinidad de parámetros: altura de la detonación, características del terreno, meteorología, etc.

1. La fisión nuclear es el proceso por el cual un núcleo pesado se rompe en dos fragmentos. Esta ruptura conlleva la emisión de varios neutrones, radiación gamma y energía. Ésta proviene de la diferencia de masa entre el núcleo y los productos de la fisión. La conversión de esa masa en energía la define la ecuación E = mc2. La velocidad de la luz, c, es 300.000.000 m/s (metros por segundo), número que elevado al cuadrado se acerca al trillón. La fisión completa de un kilo de uranio liberaría 82 TJ (terajulios o billones de julios), que es la misma que liberaría la combustión de 3.000.000 de kilos de carbón.
2. La energía producida se reparte entre los fragmentos, los neutrones (en la energía cinética de todos ellos, porque salen disparados), la radiación, etc. La mayor parte de esta energía se libera en forma de calor.
3. La manera más eficiente de inducir la fisión es por la colisión de un neutrón lento contra núcleos pesados apropiados (que para romperse tengan que superar una barrera de fisión pequeña). Los mejores núcleos para ello son el 235U y el 239Pu.
4. Para ralentizar los neutrones producidos por la fisión, lo mejor es frenarlos (moderarlos) con una sustancia que tenga elementos ligeros: hidrógeno, grafito, etc. Así pues, recuérdese que un «moderador» lo que hace es aumentar el número de fisiones, no disminuirlo como a veces se cree.
5. El 235U existe en la naturaleza (tiene una vida media de unos 700 millones de años) pero en muy poca cantidad, porque está acompañando al 238U, que sí es muy abundante (vida media parecida a la del planeta: 4.500 millones de años) pero muy poco fisionable. La proporción en que están ambos isótopos en el uranio natural es del 0,7 por ciento de 235U y 99,3 por ciento de 238U, o sea, un átomo de 235U por cada 140 átomos de 238U.
6. El 239Pu no existe en la naturaleza (vida media de 24.000 años) y la mejor manera de obtenerlo es por colisión de neutrones rápidos sobre 238U, proceso en el que dos neutrones se convierten en protones sucesivamente.
7. Puesto que en cada fisión de 235U o de 239Pu se producen más neutrones que los que se consumen (uno), se puede desarrollar una reacción en cadena. Para que esto ocurra espontáneamente se ha de alcanzar una masa crítica que dependerá, obviamente, de la pureza del material (riqueza de los isótopos fisionables). Para el 235U puro es 52 kilos (una esfera de sólo 17 cm de diámetro, porque es muy denso), y para el 239Pu 10 kilos (una esfera de 9,9 cm).
8. Si se quiere evitar la explosión se ha de controlar la reacción en cadena. Esto exige absorber a voluntad los neutrones producidos manteniéndolos en un número promedio en torno a uno. La manera es introducir entre el material fisionable un elemento cuyos núcleos absorban fácilmente los neutrones, por ejemplo, cadmio.
9. Cuando se fisionan los núcleos, no lo hacen siempre de la misma manera, es decir, los fragmentos que resultan de las rupturas son muy variados y, lógicamente, la mayor parte son radiactivos con vidas medias muy diferentes. Algunos ejemplos especialmente perversos de todo este surtido de residuos radiactivos son el 90Sr (estroncio), el 137Cs (cesio) y el 131I (yodo).

En España, como en la mayoría de los países europeos, se comenzaron a construir centrales nucleares en la década de 1960. En paralelo, se fueron elaborando leyes reguladoras, sobre todo en relación con la seguridad, y se crearon organismos encargados de velar por su cumplimiento. La crisis del petróleo de 1973 generada por la represalia de los países árabes al apoyo de la guerra de los Seis Días perjudicó especialmente a Europa por su absoluta dependencia e incentivó los programas nucleares. Se estabilizó la situación y los incipientes movimientos ecologistas consiguieron que los partidos socialdemócratas incorporaran medidas antinucleares en sus programas. La victoria del PSOE en 1982 supuso la suspensión del programa de desarrollo nuclear que había entonces. En 1991 se paralizaron definitivamente las obras de las cinco centrales nucleares que había en construcción: Lemóniz I y II (fustigadas intensamente por el terrorismo), Valdecaballeros I y II y Trillo II. Ello no implicó la paralización de las centrales en funcionamiento, porque las pérdidas se habrían hecho demasiado gravosas, ya que la suspensión supuso un costo de unos 5.000 millones de euros actuales. A esta situación se la llamó moratoria nuclear. Para compensar las pérdidas de las compañías que habían invertido ese dinero, en 1997 se aprobó que pudieran cobrar en sus facturas un pequeño porcentaje durante veinticinco años.

Los sistemas de seguridad se dividen en dos grandes grupos que podríamos llamar activos y pasivos.
Las de generación I son las de los años cincuenta y sesenta; las de generación II son la inmensa mayoría de las que están en funcionamiento; las de generación III serán las que sigan a la única que se está construyendo en la actualidad en Europa: la de Olkiluoto, en Finlandia; y ya están diseñadas las de generación IV e incluso se habla de generación V. Pues aparte de las características técnicas del diseño, lo que caracteriza esa evolución es la transición de los sistemas de seguridad activos a los pasivos. En un futuro relativamente cercano, las centrales nucleares serán tan seguras que lo peor que les podrá pasar es que se detenga su producción eléctrica. Ni siquiera la intervención humana, por error o crimen, podrá provocar un accidente serio. Al menos eso es lo que se pretende.
Se debe separar lo que es una industria de producción de electricidad del mal uso de la tecnología que le es propia. Creo que no es falaz considerar, por ejemplo, que la aeronáutica tiene poco que ver con el asesinato de personas estrellando aviones contra edificios civiles. Y, por cierto, el ataque directo a una central nuclear, con misiles o aviones, es no sólo poco probable, sino que en muchos casos los edificios de contención del reactor resistirían la explosión. Aun así, se está pensando en construir las próximas centrales nucleares subterráneas. Hay mucho miedo y pesimismo en el mundo.

Las centrales españolas necesitan anualmente alrededor de 1.500 toneladas de uranio natural que se obtienen por la participación de ENUSA en la mina Cominak de Níger (un 15 por ciento) y el resto se le compra a los canadienses, australianos, rusos, etc., siempre diversificando las fuentes para evitar dependencias monopolísticas.
El escaso tamaño del parque nuclear español tampoco hace rentable la construcción de una planta de enriquecimiento. Es de nuevo ENUSA la que con sus participaciones en empresas francesas y otras gestiona el suministro de combustible nuclear.
Lo que sí hace ENUSA en Juzbado, Salamanca, es ensamblar elementos combustibles destinados no sólo a nuestras centrales nucleares sino a muchas de otros países europeos, concretamente de Francia, Bélgica, Alemania, Suecia, Suiza y Finlandia.
El torio también conlleva problemas como combustible nuclear. Los principales se derivan de su manipulación, sobre todo por la inevitable presencia de varios isótopos, como el 232U o el talio 208Tl, hijo suyo, que son emisores muy potentes de rayos gamma. Por otro lado, aunque sea muy difícil separarlo y exija una mente demasiado calenturienta, el 233U también puede usarse para fabricar bombas atómicas.
En cualquier caso, el problema de verdad del torio es el que se ha apuntado: su utilización aún no está técnicamente dominada y menos aún el reprocesado del combustible usado. Mientras el uranio continúe barato y no haya perspectiva a largo plazo de desarrollo de la energía nuclear, el torio se continuará investigando a bajo ritmo. Sin embargo, bueno es saber que supone un factor significativo en la posible sostenibilidad de la energía nuclear.

Lo que hay que hacer es continuar decididamente el camino ya emprendido: investigar y desarrollar métodos cada vez más eficientes de utilización de los combustibles fósiles, lo mismo para las energías renovables, y no cometer el dislate de abandonar la energía nuclear que, como veremos a continuación y ya debería intuir el lector, es la que puede contribuir decisivamente a un futuro plácido del devenir humano.

El futuro del CERN es que entre en un proceso de reconversión análogo al que en sus días inició el CIEMAT español. Su programa de investigación básica en física de partículas quizá tenga que continuar siendo el estelar si los resultados que ofrezca el LHC son científicamente relevantes, mucho más si son revolucionarios. Pero si esto no acontece, como ya hay muchos miembros de la comunidad científica de esa área que dicen sospechar, la reconversión aludida es aún más forzosa. En cualquiera de los dos extremos, el CERN ha de ser el centro de investigaciones energéticas, no sólo nucleares, de Europa. La experiencia y las excelencias científica y tecnológica que allí se han alcanzado son tales que Europa puede depositar su confianza en el futuro de la energía en el CERN. Sin apenas fuentes naturales de energía y un desarrollo y bienestar basados en ella, la soberanía e independencia de Europa han de dejar de estar en manos de agentes y elementos externos. El CERN puede y debe encauzar todo el esfuerzo de las naciones europeas y de sus instituciones de investigación nacionales del mismo modo que el CIEMAT pretende hacerlo con las comunidades autónomas. El futuro depende en buena medida de esta pirámide de excelencia, ingenio y voluntades construida por los centros más modestos a lo largo y ancho de toda Europa, pasando por las instituciones nacionales y con la cúspide ocupada por el CERN. Además, y esto es lo más laudable del CERN, por más que sea una institución europea, siempre, desde sus tímidos inicios, ha ofrecido de manera abierta y generosa todos sus resultados al mundo. En la investigación sobre energía, como en todo lo demás, la apertura y la generosidad deben seguir siendo las señas de identidad propias de Europa.

Interesting book that was written in 2009 tries to explain concepts to us to be able to comment on the nuclear that seems somewhat taboo.
Energy can be defined in many ways, and among physicists the most natural is the traditional: energy is the ability to produce a job. Now we have to define «capacity» and «work». Let’s start with the latter: work is the process in which a heavy object can be displaced or deformed when a force is applied. The ability to carry out this work is what defines energy.
The electrical network has a good number of fluid generation and pumping centers: the power stations. Two essential functions or stages of electricity supply: transmission and distribution.
Normally, electricity networks were considered strategic and state-owned, although nowadays more and more countries have privatized them. The fundamental nodes are the power plants that I will talk about in the next section. Very close to them are the stations of great transformation that raise the voltage produced in the plant about ten times. This means that the voltage may well go from tens to hundreds of kilovolts (1kV = 1,000 volts). Then the electric energy begins its journey through the transport network. This consists of two apparently simple elements: cables and poles that support them, which are actually a masterpiece of engineering.
The network continues to shrink until it reaches ever smaller nodes: the distribution transformer stations and, finally, the medium, small and tiny transformation centers and simple transformers the size of refrigerating medium, which, respectively, carry electricity to the consumption centers.
The layout of the electrical network is not a triviality due to the environmental impact and the risk of electrocution (remember the poor and deranged elephant Topsy). It is necessary to foresee the construction and maintenance of the same with its roads and access roads. It is also necessary to foresee the possible collision of low-altitude flights by airports and, in any case, both the substations and the transformers of all sizes have to be located in such a way that the risk to people is the minimum. And for animals, particularly birds that fall hundreds electrocuted each year.
Nuclear energy has very clear and clear advantages, some drawbacks that are equally clear and some limits that, like photovoltaics, are very far, fortunately, from being established. However, as I pointed out in the introduction, a situation has been reached in which in some countries it is prohibited and in others it is the largest source of electricity. There is nothing that provokes such heated debates as the defense or attack of nuclear energy, except perhaps religion, politics and certain sports.

Radioactivity and everything associated with the atomic nucleus arouses not only suspicion, but clear antipathy. In addition, although much has been written about the circumstances and the protagonists of these findings, I hope to give a somewhat original vision of them. Let’s think only about two things. First, that the discovery of nuclear activity broke a millenarian belief that atoms were indivisible. Second, that humanity was about to enter an era in which it could self-destruct as a species, but, paradoxically, that tremendous capacity could well guarantee its survival as such.
A person’s weight varies slightly from one point to another on Earth and drastically if he walks on the Moon or Mars. Its weight can even be annulled only 400 kilometers from the surface of the Earth if it is placed on the International Space Station. In contrast, the mass of that person is the same in all the above circumstances. With the nuclei the same thing happens: their mass defines them.
In a nuclear reaction like the previous one something amazing happens: the mass of the nuclei in front of the arrow and those of the back do not add up to the same, that is, the 15N plus the 1H does not coincide with that of the 4He added to that of 12C. What has happened to the difference? That multiplied by the speed of light squared has become energy. This is nuclear energy. The difference of the masses in the reactive nuclei and the products of the reaction is small, but multiplied by more than 1,000 million kilometers per hour squared … That is the fearsome nuclear energy. Or hopeful.

It’s usually thought that nuclear energy is an invention more of man, giving it more artificial than natural character. Nothing is further from reality. The erroneous assessment may be due to the fact that the natural processes involving nuclear energy have been discovered very late. Although, if you think about it, the familiar electrical energy hardly manifests itself naturally, except during a storm and much more unique situations. It turns out that all forms of energy that manifest on Earth have their origin in the energy of the Sun, and our star is nothing more than a great nuclear boiler.
The neodymium this element is a typical product of nuclear fission and it is very rare that it is found naturally. There are many others, but this one also has the grace that it works like the fingerprint of fission. Of the seven neodymium isotopes that exist, six are fission products and one is stable. The six were found and no sign of the latter. To make matters worse, they were in exactly the same proportions found in modern nuclear reactors.
The scientists then found the radioactive waste, the chemical compounds altered by the great production of energy, absence of rare earths and other «poisonous» elements that would have stopped the reaction, and thus all the signs were adjusting perfectly even though the enigma remained of what the moderator had been.
When it was discovered that the moderator had simply been water, lots of water, the conclusion had no ambiguity. 1.800 million years ago Oklo was given the appropriate circumstances to generate nuclear fission energy in a sustained manner. The reactor was offering power at a rate of about 15,000 megawatts per year for 500,000 years.
The effects of a nuclear explosion are fundamentally destructive, in particular, between 80 and 90 percent of the total energy released is transformed into an expansive wave and thermal radiation.
Consequently, after an atmospheric nuclear explosion, an intense and highly radioactive rain of truth (without quotation marks) can occur. The contamination caused by deposition or rain can reach the food chain and … the disaster can be tremendous, because some radioactive isotopes are preferentially fixed in vital organs and can have a life long enough to cause much damage in the body
In spite of all the nuclear tests that have been carried out in the United States, in the former Soviet Union, in the South Pacific islands, in Australia, etc., the effects of radioactive fallout are not well known. Naturally, they depend on an infinite number of parameters: detonation height, terrain characteristics, meteorology, etc.

1. Nuclear fission is the process by which a heavy nucleus breaks into two fragments. This rupture involves the emission of several neutrons, gamma radiation and energy. This comes from the difference in mass between the nucleus and the fission products. The conversion of that mass into energy is defined by the equation E = mc2. The speed of light, c, is 300,000,000 m / s (meters per second), number that squared approaches the trillion. The complete fission of a kilo of uranium would release 82 TJ (terajoules or billions of joules), which is the same that would release the combustion of 3,000,000 kilos of coal.
2. The energy produced is distributed among the fragments, the neutrons (in the kinetic energy of all of them, because they fly out), radiation, etc. Most of this energy is released in the form of heat.
3. The most efficient way to induce fission is by the collision of a slow neutron against appropriate heavy nuclei (which, in order to break, have to overcome a small fission barrier). The best nuclei for this are the 235U and the 239Pu.
4. To slow down the neutrons produced by fission, it is best to slow them down (moderate them) with a substance that has light elements: hydrogen, graphite, etc. Therefore, remember that a «moderator» what he does is increase the number of fissions, not decrease it as sometimes is believed.
5. The 235U exists in nature (it has a half life of about 700 million years) but in very little quantity, because it is accompanying the 238U, which itself is very abundant (average life similar to that of the planet: 4.5 billion years ) but very little fissionable. The proportion in which both isotopes are in natural uranium is 0.7 percent of 235U and 99.3 percent of 238U, that is, an atom of 235U for every 140 atoms of 238U.
6. The 239Pu does not exist in nature (average life of 24,000 years) and the best way to obtain it is by fast neutron collision on 238U, a process in which two neutrons become protons successively.
7. Since in each fission of 235U or 239Pu more neutrons are produced than those that are consumed (one), a chain reaction can develop. For this to happen spontaneously, a critical mass must be reached that will obviously depend on the purity of the material (richness of fissile isotopes). For the pure 235U it is 52 kilos (a sphere of only 17 cm in diameter, because it is very dense), and for the 239Pu 10 kilos (a sphere of 9.9 cm).
8. If the explosion is to be avoided, the chain reaction must be controlled. This requires absorbing the produced neutrons at will, keeping them at an average number around one. The way is to introduce between the fissile material an element whose nuclei easily absorb the neutrons, for example, cadmium.
9. When the nuclei are fissioned, they do not always do it in the same way, that is, the fragments that result from the ruptures are very varied and, logically, most of them are radioactive with very different half-lives. Some particularly perverse examples of this whole assortment of radioactive waste are 90Sr (strontium), 137Cs (cesium) and 131I (iodine).

In Spain, as in most European countries, they began to build nuclear power plants in the 1960s. In parallel, regulatory laws were developed, especially in relation to safety, and agencies were created to ensure their safety. fulfillment. The 1973 oil crisis generated by the retaliation of the Arab countries to the support of the Six Day War especially harmed Europe by its absolute dependence and incentivized nuclear programs. The situation was stabilized and the incipient environmental movements managed to get social democratic parties to incorporate anti-nuclear measures into their programs. The victory of the PSOE in 1982 supposed the suspension of the program of nuclear development that was then. In 1991 the works of the five nuclear power stations that were under construction were permanently halted: Lemóniz I and II (whipped up by terrorism), Valdecaballeros I and II and Trillo II. This did not imply the paralysis of the operating plants, because the losses would have become too burdensome, since the suspension cost around 5,000 million euros today. This situation was called nuclear moratorium. To compensate for the losses of the companies that had invested that money, in 1997 it was approved that they could charge a small percentage on their bills for twenty-five years.

The security systems are divided into two large groups that we could call assets and liabilities.
Those of generation I are those of the fifties and sixties; those of generation II are the vast majority of those that are in operation; Generation III will follow the only one currently being built in Europe: Olkiluoto, in Finland; and generation IV are already designed and even generation V is being talked about. Apart from the technical characteristics of the design, what characterizes this evolution is the transition from active to passive security systems. In the relatively near future, nuclear power plants will be so secure that the worst thing that can happen to them is that they stop producing electricity. Even human intervention, by mistake or crime, can not cause a serious accident. At least that is what is intended.
It must separate what is an electricity production industry from the misuse of the technology that is its own. I think it is not fallacious to consider, for example, that aeronautics has little to do with the killing of people crashing planes against civil buildings. And, by the way, the direct attack to a nuclear power station, with missiles or airplanes, is not only unlikely, but in many cases the containment buildings of the reactor would resist the explosion. Even so, it is thinking about building the next underground nuclear power plants. There is a lot of fear and pessimism in the world.

The Spanish power plants annually need around 1,500 tons of natural uranium that are obtained by the participation of ENUSA in the Cominak mine in Niger (15 percent) and the rest is bought from Canadians, Australians, Russians, etc., always diversifying the sources to avoid monopolistic dependencies.
The small size of the Spanish nuclear park does not make the construction of an enrichment plant profitable. It is again ENUSA which, with its shareholdings in French and other companies, manages the supply of nuclear fuel.
What ENUSA does in Juzbado, Salamanca, is to assemble fuel elements destined not only to our nuclear power plants but also to many other European countries, specifically France, Belgium, Germany, Sweden, Switzerland and Finland.
Thorium also leads to problems like nuclear fuel. The main ones are derived from its manipulation, mainly due to the inevitable presence of several isotopes, such as 232U or thallium 208Tl, his son, which are very powerful emitters of gamma rays. On the other hand, although it is very difficult to separate it and require a too feverish mind, the 233U can also be used to make atomic bombs.
In any case, the real thorium problem is the one that has been pointed out: its use is still not technically controlled, much less the reprocessing of the fuel used. As long as the uranium remains cheap and there is no long-term perspective for the development of nuclear energy, thorium will continue to be investigated at a low rate. However, it is good to know that it is a significant factor in the possible sustainability of nuclear energy.

What must be done is to continue resolutely the path already undertaken: research and develop increasingly efficient methods of using fossil fuels, the same for renewable energies, and not make the mistake of abandoning nuclear energy, as we will see Then the reader should intuit, it is the one that can decisively contribute to a placid future of human becoming.

The future of CERN is that it enters a process of reconversion analogous to the one that in its days initiated the Spanish CIEMAT. Your basic research program in particle physics may have to remain stellar if the results offered by the LHC are scientifically relevant, much more so if they are revolutionary. But if this does not happen, as there are many members of the scientific community in that area that they suspect, the aforementioned conversion is even more forced. At either end, CERN must be the center of energy research, not only nuclear, of Europe. The experience and the scientific and technological excellence that have been achieved there are such that Europe can place its trust in the future of energy at CERN. With hardly any natural sources of energy and a development and welfare based on it, the sovereignty and independence of Europe must stop being in the hands of external agents and elements. CERN can and should direct all the efforts of European nations and their national research institutions in the same way that CIEMAT intends to do with the autonomous communities. The future depends to a large extent on this pyramid of excellence, ingenuity and wills built by the most modest centers throughout Europe, passing through national institutions and with the top occupied by CERN. In addition, and this is the most laudable of CERN, even though it is a European institution, always, from its timid beginnings, has offered openly and generously all its results to the world. In research on energy, as in everything else, openness and generosity must remain the hallmarks of Europe.

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