La Sociedad De La Transparencia — Byung-Chul Han / The Transparency Society by Byung-Chul Han

Otro magnífico ensayo. Han es sorprendente: combina críticas astutas de la sociedad contemporánea con la filosofía y la teoría de una manera sorprendente. Este libro se centra en cómo nos autoexplotamos: en nuestra manía alentada por los medios a publicitar, afirmar, estar presente, ser visto, voluntariamente regalamos tanto de lo que solía ser privado a una entidad corporativa que no tiene nuestro mejor intereses en el corazón.
Como siempre con Han, parte de lo que sacas del libro es tu propio compromiso con su texto aforístico, a veces denso (y gracias por estas excelentes traducciones). Pero lo que pones en lectura dará grandes dividendos.

Las cosas se hacen transparentes cuando se expresan en la dimensión del precio y se despojan de su singularidad. La sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual.
Google y las redes sociales, que se presentan como espacios de libertad, se han convertido en un gran panóptico, el centro penitenciario imaginado por Bentham en el siglo XVIII, donde el vigilante puede observar ocultamente a todos los prisioneros. El cliente transparente es el nuevo morador de este panóptico digital, donde no existe ninguna comunidad sino acumulaciones de Egos incapaces de una acción común, política, de un nosotros. Los consumidores ya no constituyen ningún fuera que cuestionara el interior sistémico. La vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. Más bien, cada uno se entrega voluntariamente, desnudándose y exponiéndose, a la mirada panóptica. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez.

Ningún otro lema domina hoy tanto el discurso público como la transparencia. Esta se reclama de manera efusiva, sobre todo en relación con la libertad de información. La omnipresente exigencia de transparencia, que aumenta hasta convertirla en un fetiche y totalizarla, se remonta a un cambio de paradigma que no puede reducirse al ámbito de la política y de la economía. La sociedad de la negatividad hoy cede el paso a una sociedad en la que la negatividad se desmonta cada vez más a favor de la positividad. Así, la sociedad de la transparencia se manifiesta en primer lugar como una sociedad positiva.
Las cosas se hacen transparentes cuando abandonan cualquier negatividad, cuando se alisan y allanan.
Está demostrado que más información no conduce de manera necesaria a mejores decisiones[8]. La intuición, por ejemplo, va más allá de la información disponible y sigue su propia lógica. Hoy se atrofia la facultad superior de juzgar a causa de la creciente y pululante masa de información. Con frecuencia, un menos de saber e información produce un más. La negatividad de dejar y olvidar tiene no pocas veces un efecto productivo. La sociedad de la transparencia no permite lagunas de información ni de visión. Pero tanto el pensamiento como la inspiración requieren un vacío.
Transparencia y verdad no son idénticas. Esta última es una negatividad en cuanto se pone e impone declarando falso todo lo otro. Más información o una acumulación de información por sí sola no es ninguna verdad. Le falta la dirección, a saber, el sentido. Precisamente por la falta de la negatividad de lo verdadero se llega a una pululación y masificación de lo positivo. La hiperinformación y la hipercomunicación dan testimonio de la falta de verdad, e incluso de la falta de ser. Más información, más comunicación no elimina la fundamental imprecisión del todo. Más bien la agrava.

En la sociedad expuesta, cada sujeto es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición. La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica. Todo está vuelto hacia fuera, descubierto, despojado, desvestido y expuesto. El exceso de exposición hace de todo una mercancía, que «está entregado, desnudo, sin secreto, a la devoración inmediata». La economía capitalista lo somete todo a la coacción de la exposición.
A la sociedad de la transparencia toda distancia le parece una negatividad que hay que eliminar; constituye un obstáculo para la aceleración de los ciclos de la comunicación y del capital. En virtud de su propia lógica interna, la sociedad de la transparencia elimina cualquier distancia. La transparencia es, en definitiva, la «promiscuidad total de la mirada con lo que se ve», a saber: la «prostitución».
Las imágenes pornográficas, al estar desculturizadas, no dan nada que leer. Actúan sin mediación, como imágenes de propaganda, de forma táctil y contagiosa. Son poshermenéuticas. No conceden aquella distancia en la que sería posible un studium. Su manera de actuación no es la lectura, sino el contagio y el desahogo. Tampoco mora allí ningún punctum. Se vacían para convertirse en espectáculo. La sociedad porno es una sociedad del espectáculo.

La sociedad de la transparencia no solo carece de verdad, sino también de apariencia. Ni la verdad ni la apariencia son tan aparentes. Solamente es por completo transparente el vacío. Para desterrar este vacío se pone en circulación una masa de información. La masa de información y de imágenes es una plenitud en la que todavía se deja notar el vacío. Un aumento de información y comunicación no esclarece por sí solo el mundo. La transparencia tampoco hace clarividente. La masa de información no engendra ninguna verdad. Cuanta más información se pone en marcha, tanto más intrincado se hace el mundo. La hiperinformación y la hipercomunicación no inyectan ninguna luz en la oscuridad.

A great essay. Han is amazing–he combines astute critiques of contemporary society with philosophy and theory in a striking manner. This book focuses on how we auto-exploit ourselves: in our media-encouraged mania to publicize, affirm, be present, be seen, we willingly give away so much of what used to be private to a corporate entity that does not have our best interests at heart.
As always with Han, part of what you take from the book is your own engagement with his aphoristic, at times dense, text (and thanks to Stanford for these excellent translations). But what you put into reading will pay big dividends.

Things become transparent when expressed in the dimension of price and stripped of their uniqueness. The society of transparency is a hell of the same.
Google and social networks, which are presented as spaces of freedom, have become a great panopticon, the penitentiary center imagined by Bentham in the eighteenth century, where the watchman can observe all the prisoners in secret. The transparent client is the new inhabitant of this digital panopticon, where there is no community but accumulations of Egos incapable of a common action, political, an us. Consumers no longer constitute any outside that questioned the systemic interior. Surveillance is not an attack on freedom. Rather, each one voluntarily surrenders, stripping and exposing himself, to the panoptic gaze. The resident of the digital panopticon is a victim and actor at the same time.

No other motto today dominates both public discourse and transparency. This is claimed effusively, especially in relation to freedom of information. The omnipresent requirement of transparency, which increases until it becomes a fetish and totalize it, goes back to a paradigm shift that can not be reduced to the sphere of politics and economics. The society of negativity today gives way to a society in which negativity is increasingly dismantled in favor of positivity. Thus, the society of transparency is manifested in the first place as a positive society.
Things become transparent when they abandon any negativity, when they smooth and smooth.
It is demonstrated that more information does not necessarily lead to better decisions [8]. Intuition, for example, goes beyond the information available and follows its own logic. Today the superior faculty of judging is atrocious because of the growing and swarming mass of information. Often, a less of knowledge and information produces one more. The negativity of leaving and forgetting often has a productive effect. The transparency society does not allow information or vision gaps. But both thought and inspiration require a vacuum.
Transparency and truth are not identical. The latter is a negativity when it is imposed and imposed by declaring all other things false. More information or an accumulation of information alone is not true. It lacks direction, meaning meaning. Precisely because of the lack of the negativity of the true, one arrives at a swarming and massing of the positive. Hyperinformation and hypercommunication bear witness to the lack of truth, and even lack of being. More information, more communication does not eliminate the fundamental imprecision of the whole. Rather it aggravates it.

In the society exposed, each subject is its own object of publicity. Everything is measured in its exposure value. The society exposed is a pornographic society. Everything is turned out, uncovered, stripped, undressed and exposed. The excess of exposure makes everything a commodity, which “is delivered, naked, without secrecy, to the immediate devouring.” The capitalist economy subjects everything to the coercion of the exhibition.
To society of transparency all distance seems to him a negativity that must be eliminated; constitutes an obstacle to the acceleration of the cycles of communication and capital. By virtue of its own internal logic, the society of transparency removes any distance. Transparency is, in short, the “total promiscuity of the gaze with what is seen”, namely: “prostitution”.
Pornographic images, being uncultured, give nothing to read. They act without mediation, as images of propaganda, tactile and contagious. They are poshermenéuticas. They do not grant that distance in which a studium would be possible. Its way of acting is not the reading, but the contagion and the relief. Nor is there any punctum there. They empty themselves to become a spectacle. Porn society is a society of the showbiz.

The society of transparency not only lacks truth, but also appearance. Neither truth nor appearance is so apparent. Only the vacuum is completely transparent. In order to banish this vacuum, a mass of information is put into circulation. The mass of information and images is a fullness in which the emptiness is still noticeable. An increase in information and communication does not clarify the world by itself. The transparency does not make clairvoyant. The mass of information does not engender any truth. The more information you get going, the more intricate the world becomes. Hyperinformation and hypercommunication do not inject any light into the darkness.

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