Lo Que Europa Debe Al Islam De España — Juan Vernet / What Europe Owe to the Islam from Spain by Juan Vernet

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Magnífico libro que habla de nuestras raíces y la herencia en Europa, Al Ándalus, la Atenas de la Edad Media. Un trabajo de gran erudición que revela la importancia de aquel solar para la transmisión del saber desde Atenas, Roma y el Oriente, y su continuación en el resto de Europa.

Uno de los libros fundamentales del arabismo moderno en España. Se trata de una aportación fundamental. La España musulmana había producido de todo, pero ignorábamos que este de todo incluyera las matemáticas. «España, la primera entre las naciones en la defensa de la Europa cristiana durante los siete siglos de la Reconquista, fue la primera también en acoger y transmitir al Occidente europeo lo mucho que, en los diarios contactos de paz y de guerra, recibía en el campo de la cultura y del arte de aquel mismo mundo oriental al que se oponía en el campo de batalla». ¿Qué le debe Occidente al islam, ya no sólo hispánico, sino en su conjunto? «Todo. Menos la literatura, todo. Quizá no convenga decirlo así, con esta contundencia, pero lo cierto es que les debemos una gran parte de lo que conforma y rige nuestra vida, el cero y los manicomios incluidos».

La evidencia de una circulación intelectual en el mundo árabe. Es decir, que los coetáneos sabían entre sí lo que hacían. Es verdad que había traductores en Toledo, pero también en Tarazona, Astorga o Sevilla, y unos conocían lo que hacían los otros. Esta circulación, que iba de Este a Oeste, pero también de Oeste a Este, era muy intensa y es una de las razones que explican la grandeza y modernidad de la civilización. Y hay que decir que también nosotros aportamos enseñanzas originales al resto del islam: en especial, los sistemas de agricultura.
No hay ciencia sin seducción y así empieza: «En el mismo año 619, en que san Isidoro pasaba, posiblemente, por uno de los mayores momentos de felicidad de su vida al presidir el II Concilio de Sevilla, otro hombre, desconocido para él, vivía los instantes más amargos de su existencia. Mahoma, profeta de los árabes, había fracasado…».

El influjo del pensamiento español no sólo se ejerció en dirección a Occidente. También marcó al África del Norte y a Oriente de una manera indeleble —aunque esta influencia está mucho menos estudiada que la contraria—, tanto desde el punto de vista literario como del científico. Valgan unos ejemplos: el zéjel, nacido en Zaragoza, desarrollado en Córdoba y exportado al Iraq, sigue aún hoy vivo en esas regiones en donde es el vehículo ideal para la sátira política. En el campo de la ciencia, Azarquiel y Averroes tuvieron mucho que ver en el desarrollo de la astronomía en Persia, Turquestán y Siria hasta bien entrado el siglo XVI.

A la muerte de Mahoma, el reino por él creado se transformó rápidamente en un imperio y al cabo de cuarenta años las vanguardias árabes amenazaban a la vez la India, China y Túnez. Sin embargo, y en el seno de los musulmanes, habían arraigado ya las primeras discordias de orden interno que tanta importancia habían de tener para el futuro. La monarquía electiva que había llevado al poder a los cuatro primeros califas era objeto de embates encontrados: por un lado, los que estimaban que el califato debía radicar en la persona de Ali, el yerno de Mahoma, casado con su hija Fátima, y en su descendencia (sus partidarios recibieron el nombre de chiíes); por otro, los que creían que debía ser electivo dentro de la tribu de coraix (a la postre quedó vinculada con el clan todopoderoso de los comerciantes de la familia omeya), que dio origen al bando de los sunníes; y, finalmente, el de los partidarios de Ali a ultranza, que al ver que éste negociaba con los sunníes se apartaron de él y recibieron el nombre de jarichíes.
El estado constituido es Dar Al Islam (tierra del Islam). Antes de atacar, el Corán preveía que debía intimidarse al enemigo a convertirse al Islam, en cuyo caso pasaba a gozar de los mismos derechos y deberes que los demás musulmanes. Con frecuencia se aceptaba esta intimidación que para los ricos significaba conservar sus bienes y pagar muchos menos impuestos que los que abonaban a Bizancio, Persia o a los visigodos, y para los esclavos y siervos representaba el acceso a la libertad; la segunda opción consistía en «capitular» mediante uno de los dos procedimientos conocidos en el derecho musulmán, el de ṣulḥ o el de ‘ahd; quienes tales hacían —y el caso se dio frecuentemente en España— tenían que pagar un impuesto especial, la «capitación», no excesivo, y vivían capitidisminuidos de acuerdo con lo preceptuado en el Corán.

La intolerancia del Islam nace en el momento en que el resto del mundo se vuelve intolerante con él y no puede aplicar, a pesar de su buena voluntad, los versículos del Corán que establecen que Dios juzgará las discrepancias entre las religiones en la otra vida.
La guerra civil (fitna) motivó la huida de gran número de intelectuales en busca de paz en las regiones periféricas de al-Andalus. El gran poeta Ibn Darrāŷ al-Qasṭallī y el médico-literato Ibn al-kattānī se refugiaron en Zaragoza y el último, viejo ya, dedicó gran parte de su actividad a recorrer las cortes cristianas del Pirineo. Escribió una antología sobre los poetas del califato.
Averroes (520/1126-595/1198) es posiblemente el español que mayor influjo ha ejercido a lo largo de la historia sobre el pensamiento humano. Fue nieto de un cadí de Córdoba (de aquí el apodo de Hafid, «nieto», que algunas veces se le da), al cual, prácticamente, no llegó a conocer.

La palabra ábaco parece proceder de una voz semítica, puesto que en hebreo abaq significa polvo. Conocido probablemente por los babilonios y chinos, con el correr de los tiempos adoptó las siguientes formas: marco con arena, bastidor con contadores sueltos y bastidor con contadores corredizos, que es el que hoy se utiliza. La palabra abaq dio en griego abax y aparece citada en Aristóteles.
Las cifras que aquí nos interesan son las llamadas indias o árabes, cuya importancia no radica en sus formas, que son múltiples, sino en que tienen valor de posición en un sistema de base 10. Las reglas más antiguas conservadas acerca de su uso aparecen por primera vez en latín en una versión toledana de mediados del siglo XII, en el De numero indorum, a pesar de que tenemos testimonios de que el sistema era conocido y utilizado en la España musulmana desde el siglo IX y en la cristiana desde el X. El desarrollo del mismo presenta un extraño paralelismo —con dos mil años de retraso— con el del sistema sexagesimal absoluto empleado en Babilonia, y todo hace sospechar que derive directamente de éste.
Los babilonios, mejor dicho, los sumerios, emplearon un sistema posicional, pero, carentes de un símbolo (nuestro cero) para indicar la falta de un determinado orden de unidades, dejaban un hueco que separaba el orden inmediato superior del inferior.
Herman Contracto es además el autor del primer tratado conocido sobre rithmomachia, juego matemático cuya invención se atribuye a Pitágoras, Boecio y Gerberto y que exigía el conocimiento de razones y proporciones y de las progresiones aritmética, geométrica y armónica a un nivel superior al que cabe creer que existía en las escuelas cristianas de aquel entonces.

Las traducciones del árabe al latín anteriores al siglo XII son casi siempre anónimas y es difícil identificar al autor del cual se traduce. A partir del siglo XII, época de la que conservamos muchos manuscritos, ocurre lo contrario y gracias a sus incipits y colofones estamos relativamente bien informados de las aficiones de aquel entonces.
En esa época trabajaron en España numerosos eruditos, buena parte de los cuales se acogieron a la protección del arzobispo don Raimundo (1125-1152), y éste pasa por ser el creador de la llamada Escuela de Traductores de Toledo. En rigor no debiera llamarse escuela, desde el momento en que falta la continuidad y organización del magisterio y que el único vínculo, si lo hay, entre los distintos traductores o grupos de traductores es puramente geográfico y de mecenazgo.

El siglo XIII es, muy probablemente, el que mayor interés presenta para el estudio del trasvase de ideas de Oriente a Occidente, ya que a lo largo del mismo se producen tres situaciones que favorecen el fenómeno. En primer lugar, en Italia el emperador Federico II, enamorado de la cultura oriental, reúne en su corte a los máximos conocedores cristianos de la misma: Miguel Escoto, que había trabajado como traductor en Toledo; Leonardo Pisano, alias Fibonacci, gran matemático, etc. No contento con esto, mantuvo correspondencia, directa o indirecta, con los sabios musulmanes más importantes de aquel entonces: no sólo con el español Ibn Sab‘īn sino también con orientales como Kamāl al-Dīn b. Yūnus (1156-1242) y el físico al-Qarafi (m. 1285), que orientó al sultán al-Kāmil (1239).
Según la leyenda, los árabes fueron maestros en toda suerte de ciencias ocultas, y Toledo, heredera de todo lo bueno y todo lo malo de la ciencia árabe, fue considerada como el lugar idóneo para estudiarlas. No en vano sitúa don Juan Manuel en esta ciudad la aventura del deán de Santiago con don Illán. Poco importaba que los objetivos perseguidos con la práctica de las artes mágicas no se consiguieran, puesto que sus adeptos, con esa fe que mueve montañas, seguían creyendo en ellas y generalizándolas más y más: el diagnóstico médico astrológico se extendió a los animales domésticos como el caballo, y cuando Abraham bar Ḥiyya, en una epístola dirigida a Judá ben Barsillac de Barcelona, se quejaba de lo poco conocida que era la ciencia árabe en Provenza, podemos creer que aludía al desconocimiento que de la astrología «científica» se tenía en el sur de Francia.
Entre estas ciencias, gozó de especial crédito la oneirología árabe, que, científicamente, se basaba en dos fuentes: 1) en la traducción de la Onirocrítica de Artemidoro de Éfeso (fl. 138-180), realizada por Ḥunayn b. Isḥāq[40] y en la cual se transmiten citas de Menandro, Pindaro, Eurípides y de la Ilíada;
2) en la obra de un legendario Mūḥammad b. Sīrīn (34/654-110/728), de cuya existencia real[41] poco se puede decir y al que a veces se ha identificado con Albumasar, pero a cuyo nombre se atribuye un libro, el Kitāb al-ru’ya (Libro de los sueños).

Las relaciones científicas entre Oriente y Occidente presentan en la mayor parte de los casos una serie de hitos cronológicos que permiten establecer, si es que existen, la dependencia de unos respecto de otros. No ocurre lo mismo, en cambio, con la temática propia de las buenas letras y el arte en que la adaptación de temas e ideas conocidas en un núcleo cultural vecino se transforma en una «re-creación» — que las adapta a la sensibilidad de los nuevos usuarios, al tiempo que muchas veces las hace prácticamente irreconocibles para sus primeros autores. Y esto explica la complejidad de determinados problemas como los que afectan al origen de la épica y de la lírica en el mundo del Occidente medieval y de las interacciones que pudieron existir entre el mundo árabe y el romance a través de España.

Magnificent book that speaks of our roots and the inheritance in Europe, Al Andalus, the Athens of the Middle Ages. A work of great erudition that reveals the importance of that site for the transmission of knowledge from Athens, Rome and the East, and its continuation in the rest of Europe.

One of the fundamental books of modern Arabism in Spain. It is a fundamental contribution. Muslim Spain had produced everything, but we were unaware that this all included mathematics. «Spain, the first among the nations in the defense of Christian Europe during the seven centuries of the Reconquest, was also the first to welcome and transmit to the European West how much, in the daily contacts of peace and war, it received in the field of culture and art of the same oriental world that was opposed on the battlefield. What does the West owe Islam, not only Hispanic, but as a whole? «Everything, except literature, everything, maybe it’s not convenient to say it that way, with this forcefulness, but the truth is that we owe a large part of what makes up and governs our life, the zero and the asylums included.»

The evidence of an intellectual circulation in the Arab world. That is to say, that the contemporaries knew among themselves what they were doing. It is true that there were translators in Toledo, but also in Tarazona, Astorga or Seville, and some knew what the others were doing. This circulation, which went from East to West, but also from West to East, was very intense and is one of the reasons that explain the greatness and modernity of civilization. And we must say that we also bring original teachings to the rest of Islam: especially agricultural systems.
There is no science without seduction and thus begins: «In the same year 619, in which San Isidoro passed, possibly, for one of the greatest moments of happiness of his life when presiding over the Second Council of Seville, another man, unknown to him, he lived the most bitter instants of his existence: Muhammad, prophet of the Arabs, had failed … »

The influence of Spanish thought was not only exercised in the direction of the West. It also marked North Africa and the East in an indelible way – although this influence is much less studied than the opposite – both from the literary and the scientific point of view. Some examples: the zéjel, born in Zaragoza, developed in Córdoba and exported to Iraq, is still alive today in those regions where it is the ideal vehicle for political satire. In the field of science, Azarquiel and Averroes had much to do with the development of astronomy in Persia, Turkestan and Syria well into the sixteenth century.

At the death of Muhammad, the kingdom he created quickly became an empire and after forty years the Arab vanguards threatened India, China and Tunisia at the same time. However, and within the Muslims, the first internal discords that had so much importance for the future had already taken root. The elective monarchy that had brought the first four caliphs to power was the object of many battles: on the one hand, those who believed that the caliphate should be in the person of Ali, the son-in-law of Muhammad, married to his daughter Fatima, and in his offspring (his supporters were called Shiites); on the other hand, those who believed that he should be elected within the coraix tribe (he was eventually linked to the almighty clan of the Umayyad family merchants), which gave rise to the Sunni side; and, finally, that of supporters of Ali at all costs, that when he saw that he negotiated with the Sunnis, they left him and received the name of jariche.
The constituted state is Dar Al Islam (land of Islam). Before attacking, the Koran foresaw that the enemy should be intimidated into converting to Islam, in which case he would enjoy the same rights and duties as other Muslims. This intimidation was often accepted, which for the rich meant keeping their property and paying far less taxes than those that paid to Byzantium, Persia or the Visigoths, and for slaves and serfs represented access to freedom; the second option was to «capitulate» by one of the two procedures known in Muslim law, that of ṣulḥ or that of ‘ahd; Those who did this – and the case frequently occurred in Spain – had to pay a special tax, the «capitation», not excessive, and lived capitidisminuidos in accordance with the provisions of the Koran.

The intolerance of Islam is born at the moment when the rest of the world becomes intolerant of it and can not apply, despite its good will, the verses of the Koran that establish that God will judge the discrepancies between religions in the afterlife.
The civil war (fitna) motivated the flight of a large number of intellectuals in search of peace in the peripheral regions of al-Andalus. The great poet Ibn Darrāŷ al-Qasṭallī and the doctor-writer Ibn al-kattānī took refuge in Saragossa and the last, old man, devoted a large part of his activity to touring the Christian courts of the Pyrenees. He wrote an anthology about the poets of the caliphate.
Averroes (520 / 1126-595 / 1198) is possibly the Spanish that has exerted the greatest influence throughout history on human thought. He was the grandson of a cadí from Córdoba (hence the nickname of Hafid, «grandson», which is sometimes given), which, practically, he did not get to know.

The word abacus seems to come from a Semitic voice, since in Hebrew abaq means dust. Probably known by the Babylonians and Chinese, with the passage of time adopted the following forms: frame with sand, frame with loose counters and frame with sliding counters, which is what is used today. The word abaq gave in abax Greek and appears mentioned in Aristotle.
The figures that interest us here are the Indian or Arab calls, whose importance does not lie in their forms, which are multiple, but in that they have place value in a base system 10. The oldest rules retained about their use appear by first in Latin in a Toledan version of the mid-twelfth century, in the De numero indorum, although we have testimonies that the system was known and used in Muslim Spain since the ninth century and in the Christian since the X. The development of it presents a strange parallelism – two thousand years behind schedule – with that of the absolute sexagesimal system used in Babylon, and all suspect that it derives directly from it.
The Babylonians, or rather, the Sumerians, used a positional system, but, lacking a symbol (our zero) to indicate the lack of a certain order of units, they left a gap that separated the immediate superior order from the inferior.
Herman Contracto is also the author of the first known treatise on rithmomachia, a mathematical game whose invention is attributed to Pythagoras, Boethius and Gerbert and which required knowledge of ratios and proportions and of the arithmetic, geometric and harmonic progressions at a level higher than that believe that it existed in the Christian schools of that time.

Translations from Arabic into Latin prior to the twelfth century are almost always anonymous and it is difficult to identify the author from whom it is translated. From the twelfth century, when we keep many manuscripts, the opposite occurs and thanks to their incipits and colophons we are relatively well informed of the hobbies of that time.
At that time many scholars worked in Spain, many of which took refuge under the protection of Archbishop Don Raimundo (1125-1152), and this happens to be the creator of the School of Translators of Toledo. Strictly speaking, it should not be called a school, since the continuity and organization of the teaching profession is lacking and the only link, if any, between the different translators or groups of translators is purely geographical and patronage.

The thirteenth century is, most likely, the one that presents the greatest interest for the study of the transfer of ideas from the East to the West, since throughout it three situations occur that favor the phenomenon. In the first place, in Italy the emperor Federico II, in love with the oriental culture, gathers in his court the most important Christian connoisseurs of the same: Miguel Escoto, who had worked as a translator in Toledo; Leonardo Pisano, alias Fibonacci, great mathematician, etc. Not content with this, he corresponded, directly or indirectly, with the most important Muslim scholars of that time: not only with the Spanish Ibn Sab’īn but also with Orientals such as Kamāl al-Dīn b. Yūnus (1156-1242) and the physicist al-Qarafi (m. 1285), who guided the Sultan al-Kāmil (1239).
According to the legend, the Arabs were teachers in all kinds of occult sciences, and Toledo, heir to all the good and all the bad of Arab science, was considered as the ideal place to study them. Not in vain Don Juan Manuel locates in this city the adventure of the dean of Santiago with don Illán. Little did it matter that the objectives pursued with the practice of the magical arts were not achieved, since their followers, with that faith that moves mountains, kept believing in them and generalizing them more and more: the astrological medical diagnosis extended to domestic animals as the horse, and when Abraham bar Ḥiyya, in an epistle addressed to Judah ben Barsillac of Barcelona, ​​complained about how little known Arabic science was in Provence, we can believe that he alluded to the ignorance that «scientific» astrology had in the south of France.
Among these sciences, the Arab oneirology, which was scientifically based on two sources, was particularly credited: 1) in the translation of the Onirocritics of Artemidorus of Ephesus (fl 138-180), by Ḥunayn b. Isḥāq [40] and in which quotes from Menander, Pindaro, Euripides and the Iliad are transmitted;
2) in the work of a legendary Mūḥammad b. Sīrīn (34 / 654-110 / 728), whose actual existence [41] can scarcely be said and who has sometimes been identified with Albumasar, but in whose name a book is attributed, the Kitāb al-ru’ya ( Book of dreams).

The scientific relations between East and West present in most of the cases a series of chronological milestones that allow to establish, if they exist, the dependence of some respect to others. The same does not occur, however, with the theme of good literature and art in which the adaptation of themes and ideas known in a neighboring cultural nucleus is transformed into a «re-creation» – which adapts them to the sensibility of the new users, at the time that often makes them practically unrecognizable for their first authors. And this explains the complexity of certain problems such as those that affect the origin of the epic and the lyric in the world of the medieval West and the interactions that could exist between the Arab world and romance through Spain.

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