El sitio de Baler — Saturnino Martín Cerezo / Under the Red and Gold: Being the Notes and Recollections of the Seige of Baler by Saturnino Martín Cerezo

Esta novela adquiere relevancia con la llegada a las pantallas de 1898 y explicar eso de “los últimos de Filipinas”, como siempre en nuestro país esta batalla que se estudia en escuelas militares de medio mundo, aquí pasa sin pena ni gloria.
Se escribe eso rápidamente sobre esto. No se piensa lo que esos 337 días representan en un local cerrado, (una iglesia) infecto, sin víveres, sin ropa, inundado por la lluvia, sin sal, sin agua saludable, sin zapatos, azotados por la epidemia, sin poder dormir. ¡337 días de serenidad, de constancia, de heroísmo! Sí, desde Numancia no se ha dado caso tan extraordinario en España. ¡Y casi sin gloria! ¡Sin gloria clamorosa, resonante, trompeteada! ¡Estaba aquello tan lejos y tan solitario!
La capitulación se hizo con todos los honores, los máximos honores, para los sitiados. Treinta y dos soldados fueron los que quedaron.

Baler está situado cerca Del Mar,(alrededor de 250 kms de Manila) sobre un recodo, al sur de la ensenada o bahía de su nombre, distante de la playa unos 500 metros y casi ceñido por una corriente, que separándole de aquella y sufriendo las alteraciones del flujo y el reflujo en las dos mareas diarias, suele cambiarlo en isla con las molestas inundaciones de las aguas.
Como todas las poblaciones filipinas, de vida puramente rural y escaso número de habitantes, reducíase a la iglesia rectoral o convento, de fuertes muros, sólidamente cimentados; alguna casa de tablas y argamasa, para residencia de su primer autoridad, cuartel o tribunal, y alrededor, entre las frondosidades propias del clima, formando calles rectas, pero no calles como en las urbes europeas, sino como las que allá en una selva pudiera trazar el hacha leñadora…
No escaseaban las municiones que teníamos; pero no sucedía lo mismo en el inventario de raciones. Cuando todas quedaron almacenadas en la iglesia pudimos ver lo muy averiadas que se hallaban, así por las condiciones en que la mayor parte se habían desembarcado y conducido, como por las de su depósito, que a la sobra de humedad y estrechez reunía la falta de ventilación y soleamiento.
El destacamento se alojó los primeros días en la iglesia, lugar que los acontecimientos habían demostrado ser el más a propósito; allí a lo menos había medios para evitar una sorpresa, allí estaba el depósito, buenas o malas, pocas o muchas, de las raciones que teníamos, allí nuestras municiones y allí el refugio extremo, llegado el caso de alguna desagradable contingencia, pero el capitán Las Morenas, queriendo seguramente dar a entender sus vivos deseos de intimidad y confianza, significó al teniente Alonso, jefe de la sección, la conveniencia de que la tropa se acomodara en la Comandancia militar, donde él tenía su residencia y oficinas, quedando sólo para el resguardo de la iglesia, una pequeña guardia bajo las órdenes de un cabo. Así se hizo, y cuando fue retirado el puesto de la Guardia Civil, que diariamente vigilaba la playa con dos números, para evitar qué alijaran armas, se mandó también a dicho servicio una o dos parejas de soldados.
El comandante político-militar buscaba sobre todo el renacimiento del poblado, su regeneración administrativa, la conformidad y avenencia de sus habitantes.

Cuando firmada la capitulación, hubimos de franquear las puertas de la iglesia, dejar las armas y confiarnos a nuestros enemigos de la víspera, nos pareció salir, no diré despertar, de una pesadilla congojosa. Fue algo así como el que por espacio de mucho tiempo ha tenido que arrastrarse por una galería subterránea, cada vez más angosta, y sale de improviso a otro lugar menos apretado y tenebroso, donde puede andar más desahogadamente, pero no todavía con el respiro y la claridad que necesita.
Aunque terminado el asedio no podíamos entregarnos a la tranquilidad y el descuido. Se había firmado un convenio por el que se garantizaban nuestra libertad y nuestras vidas; pero nos hallábamos entre fuerzas irregulares muy lastimadas por nosotros, en las que debíamos de tener irreconciliables enemigos; donde formaban algunos villanos desertores, gente de la que todo era de temer a la primera oportunidad, y teníamos que vivir muy alerta.

Habiéndose hecho acreedoras a la admiración del mundo las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanzas de auxilio alguno, ha defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares, e interpretando los sentimientos del Ejército de esta República que bizarramente les ha combatido, a propuesta de mi Secretario de Guerra y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno, vengó en disponer lo siguiente:

ARTÍCULO ÚNICO
«Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas, no serán considerados como prisioneros, sino, por el contrario, como amigos, y en su consecuencia se les proveerá por la Capitanía General de los pases necesarios para que puedan regresar a su país. Dado en Tarlak a 30 de Junio de 1899.= El Presidente de la República, Emilio Aguinaldo.= El Secretario de Guerra, Ambrosio Flores.

El libro conluye con anexos interesantes sobre la iglesia, planos, municiones, relaciones…

This novel acquires relevance with the arrival to the screens of 1898 and to explain that of “the last ones of the Philippines”, as always in our country this battle that is studied in military schools of half the world, here it passes without pain or glory.
That is written quickly about this. You do not think what those 337 days represent in a closed, (a church) infected, without food, without clothes, flooded by rain, without salt, without healthy water, without shoes, plagued by the epidemic, unable to sleep. 337 days of serenity, constancy, heroism! Yes, since Numancia has not been given so extraordinary case in Spain. And almost without glory! Inglorious glory, resonant, trumpeted! It was so far and so lonely!
The capitulation was done with all the honors, the highest honors, for the besieged. Thirty-two soldiers were left.

Baler is located near Del Mar, (about 250 kms from Manila) on a bend, south of the cove or bay of its name, distant from the beach about 500 meters and almost surrounded by a current, which separates it from and suffering the alterations of the flow and the reflux in the two daily tides, usually change it in island with the annoying floods of the waters.
Like all the Filipino populations, of purely rural life and a small number of inhabitants, it was reduced to the rectorial church or convent, of strong walls, solidly cemented; a house of planks and mortar, for the residence of its first authority, barracks or court, and around, among the proper foliage of the climate, forming straight streets, but not streets as in European cities, but as those in a jungle there trace the wood ax …
There was no shortage of the ammunition we had; but the same thing did not happen in the ration inventory. When all were stored in the church we could see how badly damaged they were, as well as the conditions in which most of them had been landed and driven, as well as those of their deposit, which in addition to the humidity and narrowness met the lack of ventilation and sunlight.
The detachment lodged the first days in the church, place that the events had demonstrated to be the most on purpose; there at least there were means to avoid a surprise, there was the deposit, good or bad, few or many, of the rations we had, there our ammunition and there the extreme refuge, when the case of some unpleasant contingency, but the captain Las Morenas, wanting surely to give to understand their alive desires of intimacy and confidence, meant to the lieutenant Alonso, head of the section, the convenience of which the troop was accommodated in the military Commander, where he had his residence and offices, remaining only for the guard of the church, a small guard under the orders of a corporal. This was done, and when the post of the Civil Guard was removed, which daily guarded the beach with two numbers, to prevent them from attaching weapons, one or two pairs of soldiers were also sent to the service.
The political-military commander sought above all the rebirth of the town, its administrative regeneration, the agreement and compromise of its inhabitants.

When the capitulation was signed, we had to go through the doors of the church, lay down our arms and confide our enemies of the previous day, it seemed to us to leave, I will not say wake up, a nightmare of pain. It was something like that for a long time has had to crawl through an underground gallery, increasingly narrow, and suddenly comes to another place less crowded and gloomy, where you can walk more freely, but not yet with the respite and the clarity you need.
Although the siege was over, we could not surrender to tranquility and carelessness. An agreement had been signed guaranteeing our freedom and our lives; but we were among irregular forces very hurt by us, in which we must have irreconcilable enemies; where they formed some villains deserters, people of whom everything was to fear at the first opportunity, and we had to live very alert.

Having been credited with the admiration of the world the Spanish forces that guarded the Baler detachment, for the courage, perseverance and heroism with which that handful of isolated men and without hope of any help, has defended its flag for a year, making an epic so glorious and so typical of the legendary value of the children of El Cid and Pelayo; paying homage to the military virtues, and interpreting the feelings of the Army of this Republic that bizarrely has fought against them, at the proposal of my Secretary of War and in agreement with my Governing Council, he avenged in arranging the following:

UNIQUE ARTICLE
“The individuals of which the expressed forces are composed, will not be considered as prisoners, but, on the contrary, as friends, and in consequence they will be provided by the Captaincy General with the necessary passes so that they can return to their country. Given in Tarlak on June 30, 1899. = The President of the Republic, Emilio Aguinaldo = The Secretary of War, Ambrosio Flores.

The book convenes with interesting annexes about the church, plans, ammunition, relationships …

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