¿Quién Manda Aquí? — Felipe González & Gerson Damiani & José Fernández-Albertos / Who Commands Here? by Felipe González & Gerson Damiani & José Fernández-Albertos

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Es un libro que recoge artículos de la fundación Felipe González en Brasil y es un libro interesante principalmente el primer artículo de Felipe González.

El compromiso de fondo se basa en la convicción de que la gente que piensa como yo depende de la democracia para desarrollar sus ideas, para realizar sus proyectos políticos. Y puestos a confesar creencias de fondo, les diré que creo que la moderación es la virtud de los fuertes. Cuanto más gritón e inmoderado es un líder político, más débil es en el fondo, porque el grito trata de compensar la falta de convicción, la falta de compromiso real. Yo vivo en ese espacio de moderación, de centralidad, que es el caldo de cultivo para el desarrollo de la convivencia democrática.
La reforma del Estado parece imprescindible. El Estado-nación tal como lo conocimos en la edad contemporánea está en crisis. Sufre no solo de los problemas anteriores, sino también de una tensión hacia la supranacionalidad, hacia la búsqueda de espacios más allá de las fronteras del Estado-nación. El modelo puede ser el Tratado de Libre Comercio o la Unión Europea o el Mercosur, pero las tendencias a la supranacionalidad son las mismas; son un fenómeno mundial. Y esta dimensión supranacional del Estado está dejando en parte vacío de contenido al Estado nacional.
El otro lado de la pinza que aprieta al Estado nacional viene de dentro: es la descentralización política a nivel interno, fenómeno que también pone en cuestión el concepto tradicional de Estado nacional. Los Estados tenderán a ser realmente federales, porque la descentralización política es un fenómeno imparable.
Los gobiernos tienen que ser eficientes en su toma de decisiones y tienen que ser transparentes para combatir la desconfianza por la corrupción. Hay que añadir transparencia sin olvidar que una de las virtudes de la democracia representativa es que los procesos de toma de decisiones tienen un periodo de inmersión; como el embarazo antes del parto, no están totalmente a la luz en todo momento. La transparencia es necesaria, y una asignatura pendiente, pero en el debate político actual solemos confundirla con exhibicionismo.
Por tanto, para el poder ejecutivo debemos pedir mejoras en la previsibilidad, en la eficiencia y en la transparencia. Y para eso debemos aprovechar todas las posibilidades que nos dan las nuevas tecnologías.
El brexit, decidido por Cameron (no sé en qué mal sueño que nunca hubiera tenido Margaret Thatcher), plantea un problema para el conjunto de Europa que formularía como una dicotomía. ¿Será una vacuna para el resto de la Unión o será un contagio que termine destrozando el conjunto de esta, como obra de supranacionalidad y soberanía compartida? Tengo la esperanza de que sea más vacuna que contagio, pero no dejo de dudar por la evolución de los acontecimientos. Y me preocupa porque la historia del siglo XX en Europa, sobre todo de la primera mitad, es una historia terrible, dominada por el nacionalismo como enfermedad. Una historia que provoca dos guerras que llamamos mundiales por la trascendencia que tuvieron. Y esa enfermedad se extiende de nuevo por Europa.
Pero hay un segundo problema que afecta a mi manera de ver el mundo. El modelo de la economía de la globalización está dominado por la economía financiera sobre lo que podríamos llamar la economía real productiva generadora de riqueza y empleo.

Las deficiencias del sistema capitalista global bajo cinco rubros principales, categorías de algún modo arbitrarias donde las diversas áreas problemáticas están interconectadas:

1. Los beneficios del capitalismo global están desigualmente distribuidos. Generalizando, el capital está en una mucho mejor posición que el trabajo porque el capital es más móvil que el trabajo.
2. Los mercados financieros son inherentemente inestables y los mercados financieros internacionales lo son aún más. La teoría económica se ha construido sobre el concepto de equilibrio y, desde mi punto de vista, ese concepto está fuera de lugar.
3. Existe la tendencia natural hacia el surgimiento de monopolios y oligopolios y esto tiene que desalentarse por medio de regulaciones. El proceso de globalización es tan reciente que este asunto no se ha tomado en serio en el ámbito global, pero, ya que estamos lidiando con un proceso histórico, solo es cuestión de tiempo que suceda. Pero ¿a quién corresponde el trabajo de prevenir la excesiva concentración de poder y preservar la estabilidad en los mercados financieros?
4. El papel del Estado. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el Estado ha jugado un incesante papel en mantener la estabilidad económica, asegurar la igualdad de oportunidades y proveer una red de seguridad social, sobre todo en los países altamente industrializados de Europa y América. Pero la capacidad del Estado para vigilar el bienestar de sus ciudadanos ha sido severamente perjudicada por la globalización del sistema capitalista que permite al capital escapar de los impuestos con más facilidad que el trabajo.
5. Los valores y la cohesión social. La cuestión escapa al ámbito de la teoría económica. La economía la ha excluido deliberadamente tomando los valores por dados. Pero los valores no están dados, implican una moda reflexiva; es como decir que están moldeados por el mismo proceso al que ayudan a formar.

Hemos pasado de pensar que el desarrollo económico es el resultado de la acumulación de capital (físico, financiero y humano) a verlo como una función de las instituciones puestas en marcha por gobiernos efectivos. Las innovaciones se pueden dar en muchos lugares del mundo. La inventiva es consustancial al ser humano.
La segunda transición que hemos experimentado es que, a la hora de mirar al Gobierno, el foco ha girado de factores tangibles —como la «cantidad» de gobierno (peso del gasto público sobre el PIB)— a factores intangibles —como la «calidad» de gobierno—. Y es que tenemos gobiernos mínimos que son efectivos, como el de Singapur; pero también gobiernos que ponen un gran peso del Estado sobre la economía, como los de los países nórdicos, y que presentan altos niveles de efectividad.
En tercer lugar, ha cambiado también la forma en la que entendemos los gobiernos como realidades territoriales. Tradicionalmente, comparábamos estados-nación: ¿qué país tiene mejores instituciones? Sin embargo, investigaciones recientes han subrayado la importancia de las diferencias entre regiones —o incluso entre municipios— dentro de un mismo país.
Y la cuarta transición afecta al sujeto de análisis dentro del Gobierno. Los estudios, en muchos casos iniciados por economistas no muy familiarizados con las complejidades administrativas del Gobierno, se han centrado casi siempre en las cúpulas de las instituciones públicas. ¿Quién legisla? ¿Quién ocupa el Ejecutivo? De forma que durante años hemos acumulado bastante conocimiento sobre cuáles son los mecanismos de selección y los incentivos que debemos implantar para tener gobiernos efectivos. Por ejemplo, sabemos que es mejor que sean democráticos que autoritarios.

Los referéndums son más seguros si la iniciativa no está en manos de quien ya tiene el poder de decisión, y si su escala no es la escala de las decisiones del «pueblo soberano», sino simplemente del pueblo. El referéndum como forma de democracia local es algo prometedor para la democracia representativa y para los estados con múltiples niveles de decisión. Permite experimentar y puede poner límite natural a las ambiciones contrarrepresentativas e identitarias del método, pues, así como hubo Bonapartes que hicieron pasar plebiscitos nacionales por democracia, seguiremos encontrando a quien haga pasar nuevas patrias por el espíritu de Porto Alegre.

La compatibilidad o incompatibilidad de la globalización con la democracia dependerá de en qué medida las exigencias del orden económico globalizado y las demandas políticas mayoritarias de las sociedades nacionales sean o no compatibles entre sí. Si no lo son, la conclusión optimista derivada del enfoque de Alesina y Spolaore prevalece: la globalización puede incluso lograr que los ciudadanos acaben disfrutando de políticas públicas más ajustadas a sus deseos. Pero si no lo son, si la participación en el orden económico internacional exige de los gobiernos la adopción de políticas que chocan con lo que sus votantes les reclaman.
Los gobiernos se ven impedidos para responder a muchas demandas democráticas de sus ciudadanos porque chocan con los compromisos globalizadores a los que se han sometido sus países. De acuerdo con la segunda hipótesis —la de la complementariedad—, es de hecho la existencia de mercados globalizados lo que permite que las sociedades puedan organizarse de manera más flexible, constituyendo unidades políticas más pequeñas o descentralizándose, y pudiendo satisfacer así de mejor manera las preferencias heterogéneas de los ciudadanos.
El principal mensaje de este ejercicio es claro: para que la globalización sea políticamente sostenible, la principal tarea de los actores políticos, los gobiernos y las instancias supranacionales que la defienden debería ser promover las condiciones bajo la cual la coexistencia entre una internacionalización económica y un autogobierno democrático sea más viable.

Si el populismo perdió fuerza como categoría explicativa, todavía tiene fuerza en el campo de las luchas políticas y de las movilizaciones sociales. A su vez, la recurrencia de este fenómeno político y su persistencia en el imaginario social latinoamericano nos llevan a implorar el surgimiento de una mejor alternativa política que realice las reformas sociales tan necesarias para la diminución de las desigualdades económico-sociales en el continente, sin la necesidad de los aparatos de control y manipulación social, permitiendo así una construcción justa y plena de la ciudadanía y de la democracia en América Latina.

It is a book that collects articles from the Felipe González Foundation in Brazil and is an interesting book, mainly the first article by Felipe González.

The underlying commitment is based on the conviction that people who think like me depend on democracy to develop their ideas, to carry out their political projects. And put to confess background beliefs, I will tell you that I believe that moderation is the virtue of the strong. The more shouting and immoderate a political leader is, the weaker he is at the bottom, because the shout tries to compensate for the lack of conviction, the lack of real commitment. I live in that space of moderation, of centrality, which is the breeding ground for the development of democratic coexistence.
The reform of the State seems essential. The nation-state as we know it in the contemporary age is in crisis. He suffers not only from the previous problems, but also from a tension towards supranationality, towards the search for spaces beyond the borders of the nation-state. The model can be the Free Trade Agreement or the European Union or the Mercosur, but the tendencies to supranationality are the same; They are a global phenomenon. And this supranational dimension of the State is leaving in part empty of content to the national State.
The other side of the grip that squeezes the national state comes from within: it is political decentralization at the internal level, a phenomenon that also puts in question the traditional concept of national state. States will tend to be really federal, because political decentralization is an unstoppable phenomenon.
Governments have to be efficient in their decision-making and must be transparent in order to combat distrust for corruption. We must add transparency without forgetting that one of the virtues of representative democracy is that the decision-making processes have a period of immersion; Like pregnancy before childbirth, they are not fully exposed at all times. Transparency is necessary, and a pending issue, but in the current political debate we usually confuse it with exhibitionism.
Therefore, for the executive power we must ask for improvements in predictability, efficiency and transparency. And for that we must take advantage of all the possibilities that new technologies give us.
The brexit, decided by Cameron (I do not know what bad dream that Margaret Thatcher would never have had), poses a problem for the whole of Europe that would formulate as a dichotomy. Will it be a vaccine for the rest of the Union or will it be a contagion that ends up destroying the whole of it, as a work of supranationality and shared sovereignty? I hope it is more vaccine than contagion, but I do not stop doubting the evolution of events. And I am worried because the history of the twentieth century in Europe, especially the first half, is a terrible story, dominated by nationalism as a disease. A story that provokes two wars that we call world because of the transcendence they had. And that disease spreads again in Europe.
But there is a second problem that affects the way I see the world. The model of the economy of globalization is dominated by the financial economy on what we could call the productive real economy that generates wealth and employment.

The deficiencies of the global capitalist system under five main categories, somehow arbitrary categories where the different problem areas are interconnected:

1. The benefits of global capitalism are unequally distributed. Generalizing, capital is in a much better position than labor because capital is more mobile than labor.
2. Financial markets are inherently unstable and international financial markets are even more so. Economic theory has been built on the concept of equilibrium and, from my point of view, that concept is out of place.
3. There is a natural tendency towards the emergence of monopolies and oligopolies and this has to be discouraged through regulations. The process of globalization is so recent that this issue has not been taken seriously in the global arena, but, since we are dealing with a historical process, it is only a matter of time before it happens. But who is responsible for preventing excessive concentration of power and preserving stability in financial markets?
4. The role of the State. Since the end of the Second World War, the State has played an incessant role in maintaining economic stability, ensuring equal opportunities and providing a social safety net, especially in the highly industrialized countries of Europe and America. But the ability of the state to monitor the welfare of its citizens has been severely damaged by the globalization of the capitalist system that allows capital to escape taxes more easily than labor.
5. Values ​​and social cohesion. The question is beyond the scope of economic theory. The economy has deliberately excluded it by taking the values ​​by dice. But the values ​​are not given, they imply a reflexive fashion; It is like saying that they are shaped by the same process they help to form.

We have gone from thinking that economic development is the result of the accumulation of capital (physical, financial and human) to see it as a function of the institutions set in motion by effective governments. Innovations can occur in many places in the world. The inventive is consubstantial to the human being.
The second transition we have experienced is that, when it comes to looking at the Government, the focus has shifted from tangible factors -such as the «amount» of government (weight of public spending on GDP) to intangible factors -such as «quality» » of government-. And we have minimum governments that are effective, like Singapore’s; but also governments that put a great weight of the State on the economy, like those of the Nordic countries, and that present high levels of effectiveness.
Third, the way we understand governments as territorial realities has also changed. Traditionally, we compared nation-states: which country has better institutions? However, recent research has highlighted the importance of differences between regions – or even between municipalities – within the same country.
And the fourth transition affects the subject of analysis within the Government. The studies, in many cases initiated by economists not very familiar with the administrative complexities of the Government, have almost always focused on the top levels of public institutions. Who legislates? Who occupies the Executive? So for years we have accumulated enough knowledge about what are the mechanisms of selection and the incentives that we must implement to have effective governments. For example, we know that it is better to be democratic than authoritarian.

Referendums are more secure if the initiative is not in the hands of those who already have decision-making power, and if their scale is not the scale of the decisions of the «sovereign people», but simply of the people. The referendum as a form of local democracy is promising for representative democracy and for states with multiple decision levels. It allows experimentation and can put a natural limit to the counterrepresentative and identitarian ambitions of the method, because, just as there were Bonapartes that passed national plebiscites for democracy, we will continue to find those who make new patria through the spirit of Porto Alegre.

The compatibility or incompatibility of globalization with democracy will depend on the extent to which the demands of the globalized economic order and the majority political demands of national societies are compatible or not. If they are not, the optimistic conclusion derived from the approach of Alesina and Spolaore prevails: globalization can even achieve that citizens end up enjoying public policies more adjusted to their desires. But if they are not, if participation in the international economic order requires governments to adopt policies that clash with what their voters claim.
Governments are prevented from responding to many democratic demands of their citizens because they clash with the globalization commitments to which their countries have submitted. According to the second hypothesis -the one of complementarity-, it is in fact the existence of globalized markets that allows societies to organize themselves in a more flexible way, constituting smaller or decentralized political units, and thus being able to better satisfy the heterogeneous preferences of citizens.
The main message of this exercise is clear: for globalization to be politically sustainable, the main task of political actors, governments and supranational bodies that defend it should be to promote the conditions under which the coexistence between an economic internationalization and a democratic self-government is more viable.

If populism lost strength as an explanatory category, it still has strength in the field of political struggles and social mobilizations. In turn, the recurrence of this political phenomenon and its persistence in the Latin American social imaginary lead us to implore the emergence of a better political alternative that realizes the social reforms so necessary for the diminution of the economic-social inequalities in the continent, without the need for social control and manipulation devices, thus allowing for a fair and full construction of citizenship and democracy in Latin America.

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