Canción De Navidad. El Manga — Charles Dickens & Variety Artworks / A Christmas Carol. Manga Version by Charles Dickens & Variety Artworks

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Esta es una muy buena versión para el lector que quiere muchas campanas y silbidos para acompañar la historia original. Como esta es una de las historias navideñas más repetidas en programas de televisión, películas, dibujos animados y obras de teatro, solo leo la historia original y mi reseña es solo sobre la historia. Realmente no es difícil de leer, pero a veces (muy a menudo) las descripciones y el lenguaje se vuelven tan florales que se pierde el rastro de la historia y hay que volver a leer las secciones. No puedes estar en una habitación con una conversación encendida, la televisión encendida o la música porque requiere atención indivisa y no puedo bloquear todo lo que me rodea. Tal vez me tomó un poco más de lo normal leer, pero fue una historia agradable que me encanta escuchar una y otra vez, y ahora he leído.
Charles Dickens A Christmas Carol personifica la Navidad para mí …. La época de Dickens en Londres es el escenario perfecto para un clásico navideño atemporal. Para aquellos de ustedes que no están familiarizados con Dickens, él fue un gran reformador social y muchos de sus libros tienen temas muy fuertes y referencias a la clase trabajadora y los pobres. La esperanza de Dickens era que a través de la literatura él pudiera concienciar y ayudar a las personas pobres y oprimidas. Para Dickens, celebrar la Navidad fue más que solo un tiempo para estar alegre y comer un gran ganso navideño y pudín con su familia … fue un momento para ayudar a los menos afortunados. En una era que sufrió muchos sufrimientos y tiempos difíciles, hubo una necesidad real de alentar a aquellos que podrían permitirse el lujo de ayudar a la acción, lo cual vemos muy claramente aquí en A Christmas Carol.
¡Es un cuento de navidad! Con ilustraciones! ¿Qué podría no ser asombroso sobre eso?.

This is a very good version for the reader that wants a lot of bells and whistles to go along with the original story. As this is one of the most repeated Christmas stories in TV shows, movies, cartoons, and plays I only read the original story and my review is only on the story. It really isn’t hard to read, but sometimes (really quite often) the descriptions and language get so flowery that you lose track of the story and have to go back and reread sections. You can’t be in a room with a conversation going, the TV on, or music going because it requires undivided attention and I can’t block out everything around me. Perhaps it took me a little longer than normal to read, but it was an enjoyable story that I love to hear over and over, and now have read.
Charles Dickens A Christmas Carol epitomizes Christmas for me…. Dickens era London is the perfect backdrop for a timeless Christmas classic. For those of you who are not familiar with Dickens, he was quite the social reformer and many of his books have very strong themes and references to the working class and the poor. Dickens’s hope was that through literature he could bring awareness and help to the poor and downtrodden people. For Dickens celebrating Christmas was more than just a time to be jolly and eating a big Christmas goose and pudding with your family….it was a time for helping those less fortunate. In an era that saw much suffering and hard times, there was a real need to encourage those who could afford to help into action which we see very clearly here in A Christmas Carol.
It’s A Christmas Carol! With illustrations! What could possibly not be awesome about that?.

El Chico Que Salvó La Navidad — Matt Haig / A Boy Called Christmas by Matt Haig

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No soy nada amante de la Navidad pero este cuento me encanta, bienvenidos a las historias de Nikolas, el reno Relámpago y Miika, ratón amante del queso.
¿Cómo era Papá Noel de niño? ¿Cómo llegó a ser Papá Noel? Un libro como esos que ya no se escriben, lleno de magia, conmovedor, entretenido, bien hilado…un futuro clásico. ¡Recomendable para niños de 1 a 100 años!
Las ilustraciones de Chris Mould son un añadido a este bello libro.

Nikolas de 11 años se llamaba Navidad porque nació el día de Navidad, vivía en una pequeña cabaña en Finlandia con su mejor amigo Miika, un ratón, su padre Joel se fue con un cazador para probar la existencia de los Elfos, esto valía mucho el dinero y la familia lo necesitaban, la tía Carlotta debía cuidar a Nikolas pero era cruel con él, Nikolas se escapó con Miika, se encontró con un reno en el camino que había recibido un disparo con una flecha, Nikolas lo sacó y el reno se convirtió un amigo y se llamaba Relámpago.
Nikolas conoció a dos elfos, el padre Topo y Little Noosh que le mostraron la ciudad de Elfhelm, al llegar los elfos estaban muy descontentos. El padre Vodel había prohibido casi todo y Nikolas fue encarcelado, oyó que un elfo Little Kip había sido secuestrado por su padre y otros hombres, Sebastian a Troll intentó comer a Nikolas pero Truth Pixie lo detuvo, la historia continúa con su escape de la cárcel y todas sus muchas aventuras con los Elfos, Nikolas puede devolver la felicidad a los Elfos y cuál es el trabajo especial para el cual lo necesitarían.
Mi veredicto, excelente historia para niños, vale la pena leer

Recordad, Papá Noel. Puede que lo llaméis de otra manera. Por ejemplo, Santa Claus, o Santa, o San Nicolás, o Viejito Pascuero, o Colacho, o Pare Noel, o Pai Nadal, o incluso, quizá, «El estrafalario barrigudo que habla con los renos y me hace regalos». Puede que, a lo mejor, solo en broma, le hayáis puesto un mote inventado por vosotros mismos. No obstante, si fuerais un elfo, lo llamaríais siempre Papá Noel. Fueron los duendes (que, como veremos, son muy distintos de los elfos), los que empezaron a llamarlo Santa Claus, y este nombre se propagó: así son los duendes, unos pillos a los que les encanta liar las cosas.
Pero sea cual sea el nombre por el que lo conozcáis, sabéis a quién me refiero, y eso es lo que importa.
¿Me creeríais, no obstante, si os dijera que hubo un tiempo en que nadie lo conocía? ¿Un tiempo en que era tan solo un niño normal y corriente?…

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I ain’t a lover of Christmas but I love this story, welcome to the stories of Nikolas, the reindeer Relámpago and Miika, mouse lover of cheese.
How was Santa as a child? How did it become Santa Claus? A book like those that are no longer written, full of magic, moving, entertaining, well spun … a classic future. Recommended for children from 1 to 100 years old!
Chris Mold’s illustrations are an addition to this beautiful book.

Nikolas 11yrs was called Christmas because he was born on Christmas day, he lived in a small cottage in Finland with his best friend Miika a mouse, his father Joel went off with a hunter to prove the existence of Elves, this was worth a lot of money and the family needed it, Aunt Carlotta was to look after Nikolas but she was cruel to him, Nikolas ran away with Miika, he met a reindeer on the way who had been shot with an arrow, Nikolas pulled it out and the reindeer became a friend and was called Blitzen
Nikolas met two Elves, Father Topo and Little Noosh who showed him the city of Elfhelm, on arriving the Elves were very unhappy Father Vodel had banned nearly everything and Nikolas was put in jail, he heard that an Elf Little Kip had been kidnapped by his father and other men, Sebastian a Troll tried to eat Nikolas but the Truth Pixie stopped it, the story continues with his escape from jail and all his many adventures with the Elves, can Nikolas bring back happiness to the Elves and what is the special job he would be needed for
My verdict, excellent childrens story, worth reading.

Remembering, Santa Claus. You may call it another way. For example, Santa Claus, or Santa, or San Nicolás, or Viejito Pascuero, or Colacho, or Pare Noel, or Pai Nadal, or even, perhaps, «The bizarre swarthy who talks to reindeer and gives me gifts.» Maybe, just jokingly, you have put a nickname invented by you. However, if you were an elf, you would always call him Santa. They were the goblins (which, as we will see, are very different from the elves), those who started calling him Santa Claus, and this name spread: that’s how the elves are, some rascals who love to mess things up.
But whatever the name by which you know him, you know who I mean, and that’s what matters.
Would you believe me, however, if I told you that there was a time when nobody knew him? A time when I was just an ordinary child?…

Breve Historia De La Navidad — Francisco José Gómez / Christmas Brief History by Francisco José Gómez (spanish book edition)

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Este es otro magnífico libro sobre la Navidad y como se transformó a lo largo de los siglos, aunque yo no ame estas fiestas este libro me parece una joya y muy didáctico.

La Navidad y su celebración son una constante en nuestra cultura desde hace más de mil quinientos años. Sin embargo, y hasta llegar a nuestras elaboradas tradiciones actuales, el camino recorrido ha sido largo, y las influencias recibidas muy variadas. Partiendo del mundo pagano, y de los inicios del cristianismo, que orientó su sentido profundo, en cada período histórico las cuestiones religiosas, las vicisitudes políticas, el folclore y las costumbres populares propias de las naciones cristianas y la actuación de determinados personajes dieron forma y enriquecieron estas fiestas que, al paso de los siglos, a su carácter de expresiones de fe sumaron una rica cultura en tomo a ellas.
La Navidad no es tan sólo un conjunto de recuerdos, buenos sentimientos e intenciones para el futuro, sino una de las manifestaciones religiosas, culturales y humanas más importantes de la historia de la humanidad.
Las fiestas de la Natividad de Jesús, o Pascuas de Navidad, son solemnidades esencialmente religiosas, cuyo origen, sentido y desarrollo llenan de fe, contenido y tradiciones las dos semanas de las que hablamos. A lo largo de los siglos, el Nacimiento de Jesús de Nazaret, considerado por los cristianos como el Hijo de Dios, ha constituido, y sigue haciéndolo, una de las bases del credo de casi dos millares de personas en el mundo, que fundamentan su vida sobre los hechos y vivencias que narran los Evangelios.
Por otra parte, y en cuanto se trata de una antiquísima manifestación humana de un conjunto de creencias, también es cultura. En torno a las mencionadas convicciones se han generado liturgias, ritos, prácticas, literatura, música, diversiones e incluso comidas y dulces que le son característicos.

Los cristianos del siglo I no celebraban la Navidad. Su despreocupación por el nacimiento y la infancia de Jesús nacía de su firme creencia en que la segunda llegada de Cristo, la Parusía, y con ella el final de los tiempos, era inminente, lo que centró sus miras y prácticas religiosas en la preparación para este momento, en el que la historia alcanzaría su culmen y conclusión. No había, por tanto, necesidad de escribir relatos sobre Jesús, ni de completar su historia o biografía, ya que la inmediata consumación del mundo restaba importancia a tales aspectos.
Ahora bien, el siglo I de la era cristiana fue trascendental para la configuración posterior de la Navidad, ya que dentro del mismo tuvo lugar un proceso que orientó definitivamente el camino y sentido que había de tener tal celebración, tanto en su significado global como en sus diferentes partes. La dinámica a la que nos estamos refiriendo es la de la elaboración de los Evangelios y, muy especialmente, a los de Mateo y Lucas, los dos autores que recogieron algunos episodios de la infancia de Jesús.
A este deseo se sumó la propia expansión del credo cristiano —presente ya, a fines del siglo I, en Siria, Asia Menor, Egipto, Chipre, Grecia, Italia y otros lugares—, que exigía una mayor articulación de las comunidades y mejor formulación de las creencias. En este sentido, tanto Mateo como Lucas no se limitaron a realizar una mera semblanza, o a rellenar algunas lagunas existentes en la vida de Jesús, sino que fundamentalmente sus relatos se elaboraron con un fin teológico: demostrar que en Jesús se cumplían las profecías que anunciaban la llegada del Cristo, desde el mismo momento de su concepción y nacimiento.

Según nos narran las historias recogidas en el siglo IX, san Nicolás, a lo largo de su vida, destacó por su caridad para con los necesitados y por su preocupación por los más pequeños, hasta el punto de ser conocido como episcopus puerorum, el «obispo de los niños».
En coherencia con esta actitud compasiva, principalmente para con infantes y menesterosos, se le atribuyen múltiples milagros. Uno de los más célebres es el denominado de «los tres hermanos».
Murió el 6 de diciembre del año 342 o 343, y fue ampliamente venerado, como remedio universal, en el Imperio bizantino al poco de su muerte. Sólo en Constantinopla tenía veinticinco templos dedicados, y en toda Grecia más de trescientos. De hecho, fue el primer santo, no mártir, que gozó de fama en Oriente y Occidente, tal y como lo prueba el que, en un plazo muy breve, se convirtiese en patrono de la infancia, de los marineros, de las muchachas en general, de las chicas casaderas en particular, de los boticarios, de los constructores de puentes y de los comerciantes, entre otros colectivos más. Enterrado en la isla de Genile (Turquía), a cuarenta kilómetros del mar, su tumba muy pronto pasó a ser lugar de peregrinación.
Roma, por su parte, contaba con un templo en su honor ya en el año 550. Sin embargo, el mayor de los monumentos y recordatorios que se hicieron al santo fue el hecho de que la fecha de su fallecimiento se convirtiese, en muy pocos años después de su muerte, en un día muy celebrado, al popularizarse la costumbre de mostrar amor a los niños haciendo lo que él mismo hizo en su ciudad: entregarles regalos.

El aniversario del Deus Sol Invictus se instauró el 25 de diciembre, «día natalicio» por excelencia de todas las divinidades solares orientales, además de ser, según el calendario romano, el día del solsticio de invierno, cuando las horas de luz comienzan a alargarse y las noches se acortan, un hecho cargado de significado para las religiones antiguas.
El primer documento auténtico, y por tanto históricamente contrastado, en el que aparece la fecha del 25 de diciembre es la Depositio Martyrum, o «Los enterramientos de los mártires», un intento de calendario litúrgico, ilustrado por el calígrafo Furio Dionisio Filócalo, hacia el año 336. La notación dice así: «25 Diciembre: Nacimiento del Sol Invicto. Nace Cristo en Belén de Judá».
La celebración de la Natividad de Jesús el 6 de enero era una solemnidad que gozaba de fuerte implantación en la parte oriental del Imperio, sobre todo entre los cristianos egipcios, ya que les permitía transformar o cuando menos rivalizar con la festividad pagana de la diosa Koré y del nacimiento de su hijo Aion. Esta conmemoración gentil, también denominada «La fiesta de la Luz», tenía una gran reputación entre los egipcios, ya que durante la noche del 5 al 6 de enero festejaba el alumbramiento del Tiempo y de la Eternidad en la figura de Aion, una personificación sincrética de Osiris. Su madre, la «Doncella» o Koré, era una virgen, identificada con Isis, cuya procesión, celebrada en Alejandría con toda pompa, conducía a los fieles, que portaban antorchas durante la noche, hasta el templo de Korion, mientras entonaban un canto: «La virgen ha dado a luz, la Luz aumenta, la Virgen ha dado a la Luz, el Aion». Este culto gozó de tal éxito que pasó a la cultura griega, donde su popularidad creció aún más.
En definitiva, un cristiano del siglo V, en el mejor de los casos, podía celebrar la Navidad haciendo un tiempo previo de ayuno y penitencia, que aún no estaba generalizado pero que ya existía en algunas regiones. Igualmente, lo más seguro es que la festejase el 25 de diciembre, con una vigilia o ceremonia en la que participase su comunidad. También celebraría, unos días después, la fiesta de la Epifanía y con mucha suerte, y medios, habría viajado a Tierra Santa y conocería la basílica de la Natividad de Belén. Quizás incluso, por si acaso, algún año en esa misma fecha, tras subir las escaleras que conducían a la entrada de la basílica, inclinó su cabeza saludando al Sol Invicto.

El fervor por las reliquias del pesebre alcanzó su cima fue a partir del siglo VII, cuando el papa Teodoro I (642-649) hizo traer de Belén los restos que allí quedaban —a juzgar por la observación de los mismos se trataba tan sólo de las tablillas que sostenían la artesa sagrada—, depositándolos, en parte, en la basílica de Santa María la Mayor, en Roma. Desde esta misma fecha y a lo largo de toda la Edad Media, el Pesebre se hizo indispensable en todas las iglesias, abadías y catedrales de la cristiandad, durante el tiempo de Navidad. Sus formas eran variadas, podía tratarse de simples troncos huecos de abeto, denominados en Italia, primer país en el que se dio esta costumbre, tettotie; o auténticos pesebres en los que no está claro si ya se depositaban o no representaciones del Niño Dios, pero que en cualquier caso evocaban el comedero que sirvió de improvisada cuna al pequeño Jesús.
Por otro lado, la madera o leño del pesebre pronto pasó a formar parte de las reflexiones, predicaciones, leyendas e incluso cancioneros medievales de la Natividad. Por un árbol llegó la condenación del mundo, el Árbol de la Ciencia del bien y del mal, del que comieron Adán y Eva en el Paraíso; por otro árbol, el Árbol de la Cruz, en el que murió Cristo crucificado, se redimió al género humano. La madera estaba presente constantemente en el taller de carpintería de san José, y por tanto en la vida de Jesús; una madera restauradora que, al contacto con los enfermos de cuerpo y alma, los sanaba de sus males, tal y como cuenta la historia de santa Helena, madre del emperador Constantino, en el momento de descubrir, allá por el siglo IV, la «Cruz Verdadera» en la que estuvo clavado el Mesías.
Dejando por ahora a un lado los significados que se dieron a los pesebres, lo cierto es que el papa Teodoro I, con su idea de traer las reliquias a Europa, dio inicio a una tradición que está inserta en el origen más profundo de lo que hoy son nuestros belenes tradicionales.

La «Misa del Gallo», y la que se popularizó y celebraba el pueblo a partir del siglo VIII, en todo el mundo cristiano, haciéndose así desde entonces y hasta la actualidad. Su nombre procede de una vieja leyenda que cuenta cómo un gallo que habitaba en el establo de Belén, encaramado en lo más alto del mismo aquella noche primigenia de la Navidad, fue el primer animal en anunciar el nacimiento del Mesías con su canto. Tal y como lo veían los hombres del Medievo, si el gallo con su tonada revelaba de ordinario la llegada del nuevo día, era normal que hiciera lo propio con un nuevo período y amanecer para la humanidad, el de la llegada de Cristo para vencer a la oscuridad del pecado y de la muerte.
La difusión de la costumbre de colocar belenes se debió fundamentalmente a la labor de los padres franciscanos, y de las hermanas clarisas, rama femenina de la orden, y auténticas introductoras de los Niños-Jesús, y su devoción, en conventos y hogares. De hecho, fue la propia santa Clara la que logró que en todas las iglesias y conventos franciscanos se comenzara a instalar un pesebre, que muy a menudo acogía una imagen del recién nacido, vestido con ropajes auténticos.
Resulta muy arriesgado decir cuál, pero por los datos que tenemos hasta ahora parece ser que el belén más antiguo de cuantos se conservan en Europa, entendiendo por tal aquel que se hace con figuras y no con personas, es el del monasterio de Füssen (Baviera, Alemania), que data del año 1252, y del que aún se conservan algunas imágenes. Un poco más tardío es el que el escultor Arnolfo di Cambio, famoso como autor del proyecto arquitectónico de la catedral de Florencia, realizó en mármol blanco como parte del sepulcro del papa Bonifacio VIII (1294-1303), y que se conserva en parte en la basílica de Santa María la Mayor de Roma.

En el siglo VI, y por ende en la Antigüedad, tal y como hemos visto en el mosaico señalado, se consideraba que los tres Magos eran blancos, algo que no encaja con nuestra visión actual. En la definición y consolidación de este aspecto, así como en el desarrollo de la devoción y espiritualidad en torno a los tres sabios, tuvo gran importancia el libro titulado Excerptiones patrum, collectanea et flores, del ya citado Beda el Venerable, redactado teóricamente en el siglo VIII, aunque algunos estudios lo datan en el siglo XII. Gracias a este texto se consagraron definitivamente aspectos tales como los nombres, las edades, el color de los vestidos…
En cuanto al significado de los regalos entregados por los Magos de Oriente, el libro coincidía plenamente con lo expuesto por León I en sus homilías, ahondando luego en el asunto y valor de su origen. Los Magos procedían, según la misma obra, de los continentes conocidos en la época, y que fueron habitados por cada una de las tres estirpes de descendientes de Noé: Asia, poblado por la familia de Sem; Europa, ocupado por la de Jafet, y África, en el que se asentaron Cam y sus descendientes. Esta visión tardó en penetrar en la iconografía cristiana; de hecho hemos de esperar al siglo XV, momento en el que Europa comienza a interesarse por la exploración costera de África, para ver la transformación de uno de estos personajes en un hombre de raza negra, con el fin de señalar así la proyección universal del mensaje cristiano, que no distinguía entre edades o etnias. Entre las primeras obras que adoptaron la nueva raza destacan el célebre Tríptico de Covarrubias (Burgos), del siglo XV, o en el magnífico trío de Reyes Magos de Melgar de Fernamental (Burgos), de la misma época.

A lo largo del Medievo el fervor por la figura de san Nicolás creció extraordinariamente, como en realidad no había dejado de hacerlo desde el momento de su muerte. Ya hemos dicho que fue venerado muy pronto en el Imperio bizantino, en Grecia y en general en el mundo católico oriental. Su culto en Occidente se inició en Alemania, gracias al matrimonio del emperador Otón II el Rojo (967-983) con la princesa bizantina Teofanía, en el año 972. En este mismo siglo X, los vikingos, pueblo navegante por antonomasia, lo adoptaron como santo protector, introduciendo su devoción en Rusia, donde se convirtió en patrón del país.
Su popularidad era tal que su propio cuerpo se convirtió en una mercancía valiosa, por lo que unos comerciantes del sur de Italia lo robaron en el año 1087 de la catedral de Myra, trasladándolo a Bari (Apulia, Italia) donde de nuevo se le dio sepultura en la catedral de san Esteban el 9 de mayo del mismo año, aunque no sin antes vender buena parte de sus restos como reliquias. Hasta mediados del siglo XIII la fiesta del santo se celebró en primavera; sin embargo, a partir de esta fecha se trasladó al 6 de diciembre, asociándola con la entrega de regalos a los niños por parte de este prelado que recorría en burro los pueblos y ciudades.
Pero fue en estos siglos medievales cuando el santo sufrió un proceso de metamorfosis, al unirse la imagen del obispo de Myra con leyendas locales y figuras paganas estrechamente vinculadas al renacimiento vegetal. Así comenzó a ser identificado y a tomar atributos del Padre Invierno de los escandinavos, de los generosos ancianos Knecht Ruprecht y Berchta de los germanos o de los diferentes gnomos y espíritus de la naturaleza de los celtas. Habitualmente, estos seres no sólo tenían una función simbólica en sus culturas, sino que agasajaban a los niños con regalos llegado el invierno o el Año Nuevo, tal y como sabemos que hacía ya san Nicolás desde mediados del siglo XIII durante la noche del 5 al 6 de diciembre. Fruto de este proceso nacieron los míticos Kolya en Rusia; Niklás en Austria y en los cantones suizos alemanes; Svaty Mikulas en Chequia y Eslovaquia; Sinter Klaas en los Países Bajos o Father Christmas en Gran Bretaña, entre otros muchos de diversos lugares.

Es complicado determinar dónde arranca y cuándo el árbol de Navidad. Las noticias directas son pocas y las costumbres precristianas relacionadas con los árboles y los bosques tantas que los estudiosos no se ponen de acuerdo. Sin embargo, en lo que todos parecen coincidir es en su origen pagano, muy ligado a las celebraciones del solsticio de invierno y al «combate» contra la muerte que este suponía para la naturaleza.
Prácticamente todos los pueblos de Europa, pero especialmente los del Norte, creían, aún en la Edad Media, que dentro de cada árbol habitaba un espíritu y que llegado el otoño, cuando el árbol, habitualmente un roble, perdía sus hojas era porque el espíritu había abandonado su seno. Era común el que tales seres fuesen considerados benéficos, por lo que una vez al año los campesinos se dirigían al bosque con obsequios que depositaban al pie de los árboles, pidiendo a sus moradores protección para ellos, sus familias, ganados y cosechas. Llegado el solsticio de invierno, cuando los días comenzaban a alargarse, aquellos hombres adornaban con cintas, piedras de colores u hojas verdes las desnudas ramas del roble, en un intento de animar así el retorno del espíritu arbóreo, el rebrote de la planta y, en general, una nueva floración de la naturaleza.

El origen de la cena de Nochebuena y de la comida del día de Navidad es casi tan viejo como la propia fiesta y, de algún modo, tiene su antecedente en los antiguos banquetes que celebraban los romanos con motivo de las saturnales, fiestas de las que ya hemos hablado y con las que recibían el Año Nuevo. Tales ágapes tenían un carácter festivo y propiciatorio, y eran comunes a todas las religiones de la Antigüedad. Cierto es que en la cristiandad medieval la costumbre era la de ayunar durante el 24 de diciembre, esto es, el día de Nochebuena, tratándose la cena de esta jornada de una frugal colación, pues aún se estaba en tiempo de Adviento y por tanto de ayuno, y a la espera de la Misa del Gallo, tras la que se iniciaban las fiestas navideñas, y en ocasiones se hacía una segunda cena más festiva. La comida más abundante del año era la del 25 de diciembre, la propia del día de Navidad, para la que se reservaban los mejores y más caros alimentos: corderos, cochinillos, besugos, embutidos… Fue ya en la edad Moderna, en el siglo XVI, cuando la cena de Nochebuena pasó a celebrarse, entre algunos sectores sociales, con una abundancia similar a la de la comida del siguiente día.
Un aspecto especialmente típico y variado de la gastronomía navideña es el referente a los dulces, cuyos representantes más famosos y populares son el mazapán, el turrón y el célebre roscón de Reyes. Parece ser que una vez más hunden sus raíces o, al menos, toman forma tal y como hoy los conocemos durante la Edad Media.
El mazapán tiene un origen incierto. Algunos de nuestros estudios actuales lo sitúan en el mundo árabe, desde donde tras pasar por Chipre, Sicilia o Venecia llegó hasta nosotros. Otros sitúan su nacimiento en esta última ciudad, e incluso en Alemania. Sin embargo hay serios estudios que afirman que nació aquí, en España, en concreto en la ciudad de Toledo, en el convento de San Clemente el Real. Su historia nos habla de cómo en uno de los asedios que sufrió la ciudad por parte de los musulmanes la comida empezó a escasear. Ante la precariedad de la situación, las religiosas del citado convento recordaron que en sus despensas almacenaban gran cantidad de almendras. Sin mucho más que aportar, machacaron las almendras mezclándolas con miel hasta formar una pasta espesa que trocearon y distribuyeron entre los defensores.
El roscón de Reyes tiene una vez más un origen pagano. En el transcurso de las saturnales romanas, toda la sociedad sin distinción de clases, nobles, plebeyos y esclavos, comía una gran torta circular en cuyo interior se hallaba un haba. El afortunado que la encontraba en su porción era nombrado «rey de la fiesta» y todos los presentes habían de obedecerle como a tal, de manera que se rompían las barreras entre clases. Esta tradición se cristianizó, al igual que otras, y seguía celebrándose de similar modo en el Occidente cristiano allá por el año mil, momento en el que la torta recibía el nombre de «pastel de Reyes» y servía para cerrar las fiestas navideñas. En ocasiones, y según los países, el monarca era elegido, como en el sur de Francia, y el haba se sustituía por un anillo o por una moneda, pero en cualquier caso el agraciado era coronado rey por un día.
Y con este bollo dulce, y su fiesta de la Epifanía, se cerraba, al igual que en la actualidad, el tiempo de Navidad con la esperanza de que el año recién estrenado colmase los deseos.

EL ORIGEN DEL PANETTONE
Cuenta una leyenda que el pan dulce conocido como panettone, o panetón, nació en la corte de Ludovico el Moro, duque de Milán, en el año 1450. La Navidad de ese mismo año se estaba celebrando con gran esplendor en la corte de dicho noble. En su mesa se habían servido los mejores y más confeccionados platos, pero en el momento de sacar el postre el cocinero se percató de que este se había quemado. Fue entonces cuando un mozo de cocina, llamado Toni, le ofreció un pan que él mismo había elaborado con la masa y algunos ingredientes sobrantes: azúcar, nueces y frutas secas y abrillantadas. De ahí su nombre: il pane di Toni o panettone. El bollo gustó mucho y su consumo se extendió por Italia y cruzó el Atlántico en el siglo XIX de la mano de los emigrantes italianos. Actualmente su presencia es habitual en las mesas navideñas de Argentina, Ecuador, Venezuela, Brasil, Bolivia y Perú.

S.XVI-XVII
Asistiremos, eso sí, a un adelanto de las alegrías navideñas, a las nuevas formas de aderezar la mesa para las principales comidas del año, a las divertidas fiestas nocturnas en las casas de los amigos y familiares más queridos y a la gran temporada navideña de teatro, la gran pasión de los españoles de la época. Entre las novedades del período hay que destacar el nacimiento de algo tan significativo como los villancicos; también la creación del juego de la lotería, la misma de nuestro 22 de diciembre, y la llegada de los primeros belenes hispano-napolitanos.
Los «capones de ceniza», un inocente castigo que se aplicaba a los perdedores de los juegos que se hacían entre las doncellas y los jóvenes durante las fiestas de Navidad. El escarmiento consistía en golpear en la frente al desafortunado con un trapo lleno de ceniza menuda, de ahí el nombre del correctivo.
Estas veladas fueron muy celebradas y queridas en toda España, pero requerían de un despliegue de la imaginación importante, lo que llevó a algunos autores a recopilar y publicar textos con entretenimientos adecuados para ellas. Alonso Ledesma (1562-1623) fue el autor de una obra titulada Juegos de Noche-Buena, publicada en Barcelona en el año 1611, y en la que encontramos pasatiempos como los del «Quiquiriquí», los del «Abejón», de «la Gallina Ciega», el del «Caracol», el del «qué es cosa y cosa», entre otros muchos, además de cuentos que empiezan: «Erase que se era, que norabuena sea, el bien que viniera para todos sea…», y canciones para cantar en Año Nuevo.

La composición musical denominada «villancico» es una de las grandes aportaciones a la Navidad de nuestros Siglos de Oro, además de su principal novedad. El origen de tal creación es incierto. Menéndez Pidal sitúa sus inicios en el siglo XII, en las canciones populares profanas que, al paso del tiempo, darían lugar a tonadillas navideñas. Algunos historiadores dan crédito a una leyenda que cuenta cómo, en Andalucía, fue un poeta ciego árabe el que dio forma a estos cantos, intercalando una estrofa en árabe con un estribillo en romance. En todo caso el villancico gustó, difundiéndose en los círculos poéticos y cortesanos de Castilla y León, Galicia, Portugal, Italia y Provenza.
En un primer momento tales composiciones no eran navideñas, sino amorosas, y se cantaban en ámbitos nobiliarios, donde los poetas fijaron su forma a finales del siglo XV, pues en definitiva eran poemas musicalizados. El villancico se iniciaba con un estribillo de tipo popular, tomado del pueblo las más de las veces, cuya extensión oscilaba entre uno y cuatro versos. A continuación venían una serie de estrofas que contaban una historia, rematada con una serie de versos que retomaban la rima final del estribillo, así como la melodía de tipo popular, tomado del pueblo las más de las veces, cuya extensión oscilaba entre uno y cuatro versos. A continuación venían una serie de estrofas que contaban una historia, rematada con una serie de versos que retomaban la rima final del estribillo, así como la melodía. Si estas obras se sujetaban a una métrica rigurosa y un lenguaje refinado, el villancico recibía el sobrenombre de «cortés».
Su nombre procede, según algunos estudiosos, del término «villançete», composición poética de Carvajales, poeta cortesano del rey Alfonso V de Aragón (1396-1458). Otros, por el contrario, afirman que procede de «villano», o sea, serían las canciones propias de aquellos que vivían en las villas.
El más antiguo de cuantos conocemos se considera que es «Andad, pasiones, andad», escrito de tema amatorio realizado en 1490 por el maestro Pedro de Lagarto (1465-1543).
Andad, pasiones, andad,
acabe quien començó,
que nunca os diré de no.
¿Qué mal me podéis hazer,
sino que pierda la vida?
Yo la tengo tan perdida,
que no puedo más perder.
Entrad a vuestro placer,
tomad cuanto tengo yo,
que nunca os diré de no.
«Andad, pasiones, andad» en Cancionero de la Colombina, 1480, n.º 33 Pedro de Lagarto

Huelga decir que algunos de los mejores imagineros se dedicaron a la elaboración de figuras para los nacimientos. Entre ellos destaca Luisa Roldán (1654-1704), conocida como la Roldana, hija y discípula del gran escultor sevillano Pedro Roldán y escultora de cámara del rey Carlos II. Sus obras son de una calidad extraordinaria, por lo que ocupan un lugar destacado en el Museo de Artes Decorativas de Madrid. A ella se deben los nacimientos de Santa María la Blanca y del convento de Santa María de Jesús, ambos en Sevilla, entre otros de su etapa sevillana. De su etapa madrileña, iniciada en 1698, sobresalen entre otras obras el Reposo en la huida a Egipto (1691), de la colección de la condesa de Ruiseñada, y la Natividad que realizó para el rey Carlos II, la cual le valió el título de escultora de cámara de la Corte.
Al igual que en la actualidad, la alegría y sentido familiar de estas fiestas hacía frecuente el que los amigos y familiares se felicitasen de viva voz o por escrito, a través del correo. Aún no existía la postal navideña; sin embargo eso no era obstáculo para hacerse presente, felicitarse las Pascuas y enviar los mejores deseos.
En las Navidades de 1514, el cardenal Cisneros, desde Alcalá de Henares, en carta dirigida al canónigo Diego López de Ayala, le pide que le felicite las Pascuas al rey y a otros notables de la Corte. Santa Teresa de Jesús hizo lo propio en un escrito dirigido a don Roque de Huerta: «Jesús sea con vuestra merced siempre y le dé tan buenas salidas de Pascua y entradas de año…». Y el mismo Felipe II, en 1581, desde Lisboa, deseó a sus hijas que: «Dios os guarde y os dé tan buenas Pascuas como yo os las deseo». La costumbre existía también en el XVII, como lo prueba la carta que don Francisco de Quevedo dirigió al duque de Medinaceli, por las Pascuas de 1630: «Dé Dios a V. E. estas Pascuas con la salud y el contento que yo deseo». En una misiva fechada el 22 de diciembre de 1650, la célebre madre Ágreda, confidente de Felipe IV, respondía a una carta del monarca: «Que dé el Altísimo a V. M. santísimas Pascuas».

S.XVIII
La introducción de la lotería en nuestro país se debe a don Carlos de Borbón y Farnesio, antiguo duque de Parma y rey de Nápoles (1734-1759), que a la sazón desde 1759 y tras la muerte de su hermano Fernando VI gobernaba en España como Carlos III (1759-1788). En realidad la iniciativa partió de su secretario de Hacienda, Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, un ministro italiano que provenía de los gabinetes de su etapa napolitana, de cuyos miembros se rodeó don Carlos a menudo en su período más reformista de gobierno en España, esto es, los primeros años de su reinado. El citado ministro, con el fin de recaudar beneficios para la Real Hacienda, introdujo varias reformas, esbozadas ya o practicadas tiempo atrás en la administración del reino de Nápoles. Una de ellas fue la implantación en España del lotto napolitano, esto es, el juego de la lotería, o Beneficiata, llamada así pues los ingresos en su mayor parte estaban destinados a socorrer necesidades públicas o privadas.
El belén hispano-napolitano es aquel que se desarrolló en Nápoles, en el entorno de la Corte y de las familias aristocráticas. Su edad de oro transcurrió entre los años 1725 y 1790. Sus características más destacadas y definitorias fueron la reducción del tamaño de las imágenes hasta una medida denominada terzina, entre treinta y cinco y cuarenta y cinco centímetros, lo que permitía un mayor despliegue de figuras y escenas; los cuerpos de los personajes formados por un armazón de alambre recubierto de estopa cosida; cabezas de terracota policromada, lo que permitía dar una gran expresividad a los rostros; ojos de cristal, que acentuaban el realismo; brazos y piernas de madera policromada; un vestuario muy vistoso y elaborado; gran cantidad de tipos populares y un enorme detallismo en el conjunto. La mayor parte de las figuras eran articulables y se las podía cambiar de posición.
Es necesario comentar que tales escenificaciones gozaban de tal cantidad de detalles, inspiradas en la propia vida cotidiana de Nápoles, sus paisajes, gentes y oficios, que la Iglesia hubo de hacer un esfuerzo para que no se descontextualizaran los nacimientos, como finalmente pasó, convirtiéndose en algunos casos en meros divertimentos en los que las escenas con mayor carga teológica habían desaparecido a favor de otras populares muy detalladas pero carentes de significado religioso.
El nombre por el que se conocen estos belenes es el de Belén Napolitano a secas; sin embargo su nombre correcto, y original, era Belén Hispano-Napolitano. Hemos de tener presente que en los siglos en los que esta manifestación se estaba gestando Nápoles pertenecía a la Corona española y las influencias mutuas eran muy grandes. Salvo por algunos breves períodos, este reino italiano estuvo integrado en la Monarquía hispánica, o en su órbita de influencia directa, desde 1442 y hasta la invasión napoleónica de 1806. De hecho los préstamos culturales eran y son grandes entre ambos territorios, como lo prueba el caso de que los belenes más antiguos que se realizaron en Nápoles se denominaran «belenes a la española».

Otro de los Nacimientos que merecen ser reseñados es el del escultor Francisco Salzillo (1707-1783), el más destacado belenista español. Su elaboración tuvo lugar en los últimos años de su vida, de 1776 en adelante, y en ella participaron también algunos de sus discípulos. El belén consta de seiscientas figuras que abarcan todas las escenas del Nacimiento, desde la anunciación hasta la huida a Egipto, destacando por sus detalles, preciosismo y tipos populares.

En definitiva, el hombre de los siglos XVI, XVII y XVIII vivía la fiesta de la Navidad preparándose para ella durante las semanas anteriores del Adviento, en las que a sus oraciones y sacrificios personales se sumaban las medidas restrictivas de las autoridades, que cerraban transitoriamente aquellos locales que más podían contribuir a la distracción y al pecado. Sin embargo, una vez alcanzado el 24 de diciembre, no esperaba a la Misa del Gallo para comenzar a festejar, pues la cena de este día era ya abundante y selecta. Tras la liturgia, y en algunos casos antes de ella, llegaban las reuniones con amigos, la música, los juegos, las chanzas y las largas horas de conversación nocturna, en casa propia o ajena, en un sano ejercicio que se repetía cada una de las noches entre la Nochebuena y la Epifanía. Nuestro hombre también se dejó ver por el teatro, o los toros, que se organizaban para esparcimiento público en tales fechas, y quizás recibió unas cartas, felicitándole las Pascuas, y alguna cesta con comestibles a modo de aguinaldo. De haber sido hombre del XVIII, contemplaría con admiración los belenes hispano-napolitanos, pudo ganar un dinero en el primer sorteo de la lotería, y, como se hacía ya desde doscientos años antes, cantar villancicos por Navidad. Es posible que viajase a la América española, y allí asistiese a la novena de Las Posadas, celebrase el Día de Velitas y la Misa del Gallo, en las que los indios con tanto gusto engalanaban las iglesias y a sí mismos.

S.XIX-XX
Con la entrada en la historia del siglo XIX, y más aún con la llegada del XX, se produjeron una serie de cambios profundos en aspectos tales como la política, la economía, la sociedad y la cultura; sin embargo esta dinámica no afectó a los períodos litúrgicos en general ni a los tiempos preparatorios en particular. El Adviento, como parte de un credo cuya meta tenía y tiene puestas sus metas más allá de este mundo, no alteró su propósito de penitencia y preparación, como no lo ha hecho desde su definición allá por el siglo VI. Para los fieles cristianos este seguía y sigue siendo un período de cuatro semanas de penitencias, ayunos, ejercicios espirituales y disposición del alma ante el nacimiento de su Mesías.
Ahora bien, si no en el campo espiritual, sí es cierto que algunas transformaciones que se operaron en el panorama de las ideas y de la sociedad afectaron al plano de lo religioso. Por un lado, los Estados se fueron secularizando, y dejando de ser confesionales, de manera que hacia mediados del siglo XX apenas existían países de ámbito cristiano en los que se siguieran cerrando casas de mala nota o garitos de juego durante el Adviento o la Cuaresma.
A inicios del siglo XX el número de sorteos extraordinarios ascendió a tres, pero el más importante seguía siendo el de Navidad. Los billetes, ilustrados por nuestros mejores artistas, pasaron a imprimirse en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y Real Casa de la Moneda, de donde salían divididos en diez participaciones por billete, o décimos. Los sorteos se sucedieron anualmente con normalidad, salvo en el año 1938, en el que hubo dos sorteos extraordinarios de Navidad como consecuencia de la Guerra Civil (1936-1939). Ambos bandos, el nacional y el republicano, celebraron su rifa, con el deseo de ofrecer una imagen de normalidad. En el primero la ceremonia tuvo lugar en Burgos y salió premiado el 22 655, mientras que por el otro bando se celebró en Barcelona, donde el «gordo» fue para el 36 758.
A más de doscientos cincuenta años de distancia impresiona ver cómo han cambiado algunas cifras. De las noventa artísticas bolas que se introdujeron en la caja diseñada para el primer sorteo, hemos pasado a los cien mil números del año 2013.

Los días previos a la fiesta de la Nochebuena, y en las siguientes jornadas hasta la Epifanía, era común en la España del XIX la visita a los mercadillos navideños. Algunos de estos, pese al paso del tiempo, perviven en la actualidad y se han convertido en elementos característicos de estas celebraciones en las poblaciones que los acogen.
Sabemos de la existencia en toda Europa de reuniones de comercios navideños en plena calle. Viena y Londres…

El nacimiento del cava en las fiestas, la elaboración de esta bebida, tan ligada a nuestras jornadas festivas, se debe a la familia Codorníu, muy vinculada a la producción de licores, pues ya fabricaba mistelas allá por el siglo XVI. En las sucesivas centurias la familia prosiguió con el negocio hasta que al inicio de la década de 1870, Josep Raventós i Codorníu (1824-1885), dueño de la empresa, quiso ampliar sus producciones, para lo que envió a Manel Montserrat, hombre de su confianza, a la ciudad francesa de Reims, con el fin de aprender el proceso de elaboración del champán.
Tras el regreso de este en el año 1872, la primera botella de cava español vio la luz, iniciándose las campañas de venta en 1879. La calidad de la bebida era grande, pues ya al poco de iniciarse su producción, en el año 1895, ganó el Primer Premio de la Exposición de Burdeos, pese a los intentos del jurado francés de amañar el resultado. El consumo de cava se extendió primero por Cataluña, a inicios del siglo XX, y entre la burguesía, como un licor propio de su clase; pero después de 1939 se popularizó e hizo habitual en el resto de España. Desde aquel año 1879, la población de Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona), ubicada en el Penedés, se convirtió en la segunda capital del mundo, después de Reims, en producción de vinos espumosos; pero no en la única en nuestro país, ya que actualmente se elaboran este tipo de espumosos en regiones como La Rioja, Castilla y León o Valencia, entre otras.

Tras asistir a una expansión y transformación constante de la figura de san Nicolás prácticamente desde el momento de su muerte, fue en el siglo XIX cuando más se acentuó este fenómeno. Nuestro piadoso santo vio modificar su imagen drásticamente, pasando de ser un obispo católico a una anciana personificación del renacimiento natural hasta convertirse, una vez en Norteamérica, en Santa Claus; y posteriomente, en Europa, en Papá Noel. Son estos dos últimos estadios de su evolución, fruto de la literatura y la publicidad, los que ahora nos interesan.
Era el año 1809 cuando el escritor norteamericano Washington Irving (1783-1859) terminó su libro Historia de Nueva York según Knickerbocker. En esta obra el autor narraba, de un modo satírico, la vida de aquellos primeros colonos holandeses que llegaron a la costa este de Norteamérica y fundaron la propia Nueva York. A lo largo del libro la figura de san Nicolás aparece veinticinco veces, pero no ya como un obispo de venerable aspecto y edad avanzada, sino como un hombre alegre, bonachón, generoso y propietario de un caballo volador con el que surcaba los cielos de la ciudad, arrojando regalos a sus habitantes a través de sus chimeneas. El nuevo rostro del santo gustó tanto que su popularidad creció entre los neoyorquinos, e incluso los colonos ingleses aceptaron con gusto su celebración el 6 de diciembre. Es a estos últimos a quienes debemos el nombre de Santa Claus, pronunciación anglosajona del holandés Sinterklaas o Sinter Klaas.
El segundo paso en el proceso de transformación lo dio inconscientemente un profesor de Teología y Sagrada Escritura, Clement C. Moore. Este hombre, cerca de las Navidades del año 1822, compuso un poema que leyó a sus seis hijos dos días antes de Nochebuena. Lo que era un texto puramente familiar y privado se convirtió en un fenómeno de masas, pues transcrito por su mujer y ofrecido por un amigo al periódico Sentinel de Nueva York, este lo publicó el 23 de diciembre del año 1823, titulándolo «Un relato sobre la visita de san Nicolás». El poema literariamente no tenía valor alguno, a decir del propio autor, pero acentuaba el componente sobrenatural del personaje, definiendo su imagen y haciéndolo más creíble: aparecía el trineo volador tirado por renos, no por un caballo como decía Irving; ubicaba indirectamente al personaje en un lugar del norte muy próximo al polo; convertía los zuecos, que los niños holandeses ponían junto a la chimenea para recibir los regalos el día 6 de diciembre, en calcetines, y algo trascendental, el santo Nicolás se convertía en una especie de gnomo gordo, alegre y de escasa talla, que además repartía regalos la noche del nacimiento de Jesús. El propio Irving acogió esta nueva imagen y ayudó a su difusión, que fue rápida. En el año 1835 Moore fundó una sociedad literaria, muy marcada por la historia de san Nicolás, de la que Irving fue el primer secretario, y su casero, pues las reuniones tenían lugar en su casa de la calle Sleepy Hollow. La primera de todas ellas tuvo lugar el día 6 de diciembre de ese mismo año, como no podía ser de otra manera, en un claro homenaje a Santa Claus, al cual imitaban fumando en largas pipas holandesas.
Finalmente los últimos retoques a esta figura, que lo alejaban del aspecto de gnomo que tenía la creación de Nast, haciéndolo más verosímil, se deben a Habdon Sundblom, un dibujante de Chicago muy cotizado en los años veinte, que trabajó para la marca Coca-Cola. Esta compañía inició una campaña publicitaria en el año 1931 en la que el protagonista, junto a la conocida bebida, fue el Santa Claus de Sundblom, que obtuvo un enorme éxito, fijando de este modo la estética actual de nuestro personaje.

Y EN ITALIA LA BEFFANA
Los personajes que traen por Navidad regalos a los más pequeños son muy variados. No hay que decir que los más sólidos por su origen bíblico son el Niño Jesús y los Reyes Magos, pero las diferentes tradiciones nacionales han incorporado muchos otros. En Italia, por ejemplo, además del Niño Dios, los juguetes los lleva la víspera de la Epifanía una bruja llamada Beffana. La leyenda dice que los Magos pasaron ante su puerta y la invitaron a acompañarles, pero ella se negó. Poco después, arrepentida quiso hacerlo, pero ya no les encontró, ni a ellos ni a Jesús, y desde entonces sigue buscando.
Una historia similar es la de Babushka, una anciana encargada de obsequiar en tales fechas a los niños rusos. En otros lugares del norte de Europa los presentes los llevan personajes fantásticos, de aspecto y características similares a Papá Noel, pero mucho más antiguos. Muy originales en esta cuestión son los niños polacos, que siguen recibiendo los regalos navideños de las estrellas.

La costumbre de entregar estas tarjetas por parte de todos aquellos oficios que efectuaban un servicio de cara al público creció enormemente, más aún a partir de la década de 1860 gracias al empleo de la cromolitografía. Era habitual encontrar en estas felicitaciones buenos deseos, imágenes amables, familiares, religiosas o propias del empleo que tenía el dador de la misma; así como una exposición de lo sacrificado y servicial de su oficio. El gusto por el coleccionismo, que existía en la época, acentuó el que serenos, barrenderos, carteros, lecheros, etc., se presentaran en las puertas de las casas tarjeta en mano, año tras año al llegar la Navidad. Finalmente hubo quienes, cansados de esta costumbre, también imprimieron sus propios carteles, pero con advertencias del estilo: «No se admiten felicitaciones» o «En este comercio no dan aguinaldos».
Una historia similar es la del nacimiento de las tarjetas de felicitación puramente navideñas, denominadas por algunos como christmas, acortando el término inglés card Christmas, que significa tarjeta navideña.
El primero en realizar una auténtica felicitación navideña, y el artífice de su lanzamiento y consagración, fue Henry Cole, un londinense que en el año 1843, al no tener tiempo para escribir personalmente a cada uno de sus amigos, encargó a una imprenta una tarjeta en la que una familia burguesa, formada por tres generaciones, en torno a una surtida mesa, deseaba: «A Merry Christmas and a Happy New Year to you». El éxito de su iniciativa fue enorme, aunque hubo de pasar algún tiempo hasta que estos cartones se comenzaran a comercializar con diferentes motivos.

El muérdago, cuya presencia en las casas se convirtió en costumbre y elemento decorativo. Esta tradición, proveniente del norte y centro de Europa, se halla en la actualidad muy extendida en el mundo cristiano, introduciéndose en España a inicios del siglo XX, salvo en zonas próximas a la frontera francesa, donde ya se practicaba con anterioridad.
La importancia de esta planta en la Antigüedad fue enorme. Los pueblos de tradición agraria en Europa la consideraban un elemento protector contra hechizos y maldiciones, un repelente del rayo y las enfermedades del ganado, un elemento con propiedades curativas y renovadoras, y un propiciador de la felicidad. Para los celtas era la planta sagrada por excelencia.
Pero la importancia pagana de nuestro protagonista no pasó desapercibida para la Iglesia, que quiso sustituir el popular muérdago por el aséptico acebo. Este vistoso arbusto no contaba con connotaciones paganas y, en cierta medida, las púas de sus hojas y sus bayas de color rojo recordaban a la corona de espinas de Cristo y el derramamiento de su sangre por la redención del género humano. No sabemos con exactitud cuándo se inició, pero se cree que el intento de «cristianizar» el acebo se remonta a los siglos VII y VIII, mientras se producía el proceso de evangelización de las islas británicas. En realidad la tentativa no alcanzó su objetivo, pues hasta finales del siglo XIX no comenzó a aparecer con frecuencia en los mercadillos navideños, y cuando lo hizo siempre fue en convivencia con el poderoso muérdago, del cual tomó su carácter benéfico y propiciador de fortuna.

El árbol de navidad a España esta práctica llegó hace relativamente poco tiempo, hacia finales del siglo XIX. Parece ser que fue una aristócrata rusa, Sofía Trubetskaya, esposa de José Isidro Osorio (1825-1909), gran duque de Sesto, político destacado de la Restauración, la que hizo colocar por vez primera en España, en su desaparecido palacio de Alcañices en Madrid, un árbol de Navidad durante las Pascuas del año 1870. Fue en el primer cuarto del siglo XX cuando la tradición comenzó a extenderse hasta llegar a nuestros días.

En cuanto a la tradición del consumo de uvas, junto con las campanadas de fin de año, hemos de señalar que es muy reciente. A inicios del siglo XX los agricultores de Almería habían logrado producir una variedad de uva tardía, llamada así por madurar a finales de diciembre, grande, rica y de aspecto muy atrayente. Su éxito lo encontró en el mercado centroeuropeo, donde se vendía la mayor parte de la cosecha año tras año, llegadas las fechas de Navidad. Sin embargo, con el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que afectó duramente a estos Estados, muchos pedidos se dejaron de realizar y los productores almerienses vieron peligrar su negocio. Ante semejante perspectiva decidieron conquistar el mercado nacional lanzando una ambiciosa campaña que anunciaba «Las uvas de la suerte». Uno de sus lemas publicitarios declaraba: «coma usted doce uvas en el cambio de año, al filo del tiempo nuevo que nace, y tendrá asegurada la felicidad en el año siguiente». La estrategia comercial tuvo éxito, y se vendió en diciembre la cosecha de uvas dentro de España. Relacionarlo posteriormente con las campanadas dadas por el reloj de la Puerta del Sol, regalado en 1866 por el relojero Losada, fue relativamente sencillo, dando lugar a una de las costumbres más recientes y populares del Año Nuevo.
En Italia existe la tradición de cenar en la «Notte di Capodanno», esto es, la última noche del año, lentejas con cotechino, una característica salchicha de Módena. Evidentemente, hay más platos que surten la mesa, pero la presencia de este es incuestionable. Algunos relatos dicen que, al igual que en el caso de España, la costumbre se instauró a raíz de una gran cosecha de esta legumbre, cuyos productores encontraron una solución a su venta en la promoción de su consumo masivo en la noche de fin de año. Otros, por el contrario, se remontan a la antigua Roma, donde existía el hábito de regalar bolsitas de lentejas a los seres queridos, también cerca del cambio de año, como símbolo de prosperidad y riqueza, pues se esperaba que las lentejas se transformaran en dinero. Con el paso de los siglos la tradición se modificó ligeramente, pero no su sentido, llegando a la manera en que hoy se practica en Italia.
La Iglesia, una vez más, no quiso dejar pasar la festividad de la entrada del nuevo año sin darle un sentido cristiano, más aún teniendo en cuenta lo muy celebrada que era en todas las culturas paganas. Y así, se instauró la fiesta de «Santa María, madre de Dios», que conmemora la maternidad de la Virgen el día 1 de enero. Pese a este intento el carácter festivo de la jornada, singularmente de la noche, es muy grande, de manera que el resto de significados, tanto el religioso como el familiar, quedan al menos en apariencia relegados a un segundo lugar.

El 5 de enero del año 1870, el propio emperador Francisco José acudió a la Karlsplatz, con el fin de solemnizar con su presencia la inauguración del Musikverein, el edificio de la Sociedad de los Amigos de la Música, que se convirtió en la Sede de la Orquesta Filarmónica de Viena, y en el lugar privilegiado para estrenar e interpretar la música de Strauss. Tengamos presente el altísimo valor que Austria daba ya a la música clásica por aquel entonces, y la hegemonía del vals, antaño condenado por tratarse de un baile inmoral, y en esos momentos auténtico señor de las fiestas de la sociedad vienesa, e incluso de la familia imperial. El edificio pasó a acoger grandes eventos al poco de ser inaugurado, tales como matrimonios reales, exposiciones universales u óperas.
A pesar del desplome internacional y moral que supuso para Austria su derrota en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), su amor por la música seguía siendo grande, tal y como lo demostró en 1925, año del centenario del nacimiento de Strauss, con la organización de tres espectaculares conciertos bajo la dirección de Clemens Krauss. Iniciada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en la que Austria volvió a encontrarse involucrada, Krauss decidió organizar una serie de conciertos que aminoraran el dolor causado por el conflicto, instituyendo el 1 de enero como momento de encuentro musical en Viena. De alguna manera la alegre música de Strauss trasladaba a los vieneses a otros tiempos más felices. Tan sólo la gala de Año Nuevo de 1945 no pudo tener lugar, debido a los bombardeos y la destrucción de la ciudad; sin embargo, el 1 enero de 1946, la Sala Dorada del Musikverein retomó la tradición del concierto, en este caso bajo la dirección de Josef Krips.

La entrega de regalos cerca del fin de año, o del inicio del invierno, es una tradición bien antigua. Ello se debe a las strenae o ramas de laurel u olivo que los romanos entregaban a sus amigos en honor de la diosa de la salud Strenia, por el Año Nuevo, celebrado a finales de diciembre con banquetes y regalos como colofón a las fiestas de Saturno, signo y deseo de felicidad. Cristianizar esta costumbre fue extremadamente sencillo para la Iglesia, al relacionar los regalos y los buenos deseos con la alegría por el nacimiento de Cristo.
En este mismo sentido, y en lo referente a la entrega de regalos, hemos de señalar que la fiesta de los Reyes Magos es una de las más genuinamente españolas, no por ser exclusiva de nuestro país, sino por la importancia que se le concede y la forma de festejarla. La fiesta de la Epifanía ya hemos visto que se celebraba, desde el siglo III, en la Iglesia oriental para pasar luego a su hermana de Occidente, pero en el siglo XIX las formas habían cambiado.
La primera cabalgata de Reyes de nuestra historia tuvo lugar en Alcoy (Alicante), en el año 1887. Sevilla fue la siguiente ciudad en celebrarla, ya en 1917, y al año siguiente lo hizo Huelva. La mayor parte de los países que celebran la cabalgata y la consiguiente entrega de regalos por parte de los Reyes Magos son aquellos de cultura hispana: México, Argentina, República Dominicana, Puerto Rico, Paraguay y Uruguay. Además también lo hacen Chequia, Polonia y la ciudad de Monçâo (Minho), en Portugal.
Una vez recogidos y acostados los niños era costumbre en muchas de nuestras ciudades ir a buscar a los Reyes. Era esta, en definitiva, una manera de pasar un buen rato a cuenta de un incauto en una jornada tan señalada. Llegada la noche, se reunían grupos de amigos con el fin de ir a esperar la llegada de Sus Majestades de Oriente. De entre todos los que lo formaban se elegía al más inocente, que en el caso de Madrid solía ser el recién llegado, haciéndole creer que este acontecimiento se iba a dar realmente. Entonces, para una mejor observación, se le cargaba con una escalera necesaria para otear la llegada de la caravana. El grupo comenzaba a caminar por la ciudad, haciendo paradas en tabernas y antros, hasta que llegaban a un punto alejado…

Actualmente, en la pequeña población de Torrelara (Burgos), se siguen encendiendo hogueras en los lugares altos, la noche del 5 de enero, para señalar el camino a los Reyes Magos; y en Pedrosa del Príncipe (Burgos) hace poco han recuperado la costumbre de cantar un villancico que, desde mucho tiempo atrás y hasta los años cuarenta, se entonaba por las calles del pueblo con el fin de solicitar un aguinaldo:
Con permiso del alcalde
y toda la autoridad,
vamos a cantar los Reyes
creo nos dispensarán.
Los Reyes vienen, vamos a ver
cómo les adoran allá en Belén,
y los pastores llevan un don,
haber nacido el Hijo de Dios.
(estribillo)
Entre Armedia y Armenia,
está la Virgen María,
con un niño entre los brazos,
que callarle no podía.
(estribillo)
Por qué lloras luz del alba,
por qué lloras luz del día,
no lloro por los pañales,
tampoco por las mantillas,
lloro por los pecadores,
que Dios les perdonaría.

No obstante, ideologías al margen, debemos hacer el esfuerzo de conservar la Navidad, pues, además de sus grandes aportaciones espirituales, culturales y humanas, los pueblos deben mantener vivas sus tradiciones más propias y edificantes, ya que de no hacerlo corren el peligro de olvidar quiénes son y qué es aquello por lo que son reconocidos y estimados.

This is another magnificent book about Christmas and how it was transformed over the centuries, although I do not love these holidays this book seems to me a jewel and very didactic.

Christmas and its celebration have been a constant in our culture for more than fifteen hundred years. However, and up to our elaborate current traditions, the path traveled has been long, and the influences received varied. Starting from the pagan world, and from the beginnings of Christianity, which guided its profound meaning, in each historical period the religious issues, the political vicissitudes, the folklore and the popular customs of the Christian nations and the performance of certain characters gave shape and They enriched these festivals that, over the centuries, to their character of expressions of faith added a rich culture around them.
Christmas is not just a collection of memories, good feelings and intentions for the future, but one of the most important religious, cultural and human manifestations in the history of humanity.
The festivities of the Nativity of Jesus, or Christmas Passover, are essentially religious solemnities, whose origin, meaning and development fill faith, content and traditions the two weeks of which we speak. Throughout the centuries, the Birth of Jesus of Nazareth, considered by Christians as the Son of God, has constituted, and continues to do so, one of the bases of the creed of almost two thousand people in the world, who base their life on the facts and experiences that narrate the Gospels.
On the other hand, and insofar as it is an ancient human manifestation of a set of beliefs, it is also culture. Around these beliefs, liturgies, rituals, practices, literature, music, entertainment and even foods and sweets have been generated.

The Christians of the first century did not celebrate Christmas. His lack of concern for the birth and infancy of Jesus was born of his firm belief that the second arrival of Christ, the Parousia, and with it the end of time, was imminent, which focused his religious views and practices in preparation for this moment, in which history would reach its climax and conclusion. There was, therefore, no need to write stories about Jesus, nor to complete his history or biography, since the immediate consummation of the world played down such aspects.
Now, the first century of the Christian era was transcendental for the later configuration of Christmas, since within it took place a process that definitively oriented the way and sense that was to have such a celebration, both in its global meaning as in its different parts. The dynamic that we are referring to is that of the elaboration of the Gospels and, especially, those of Matthew and Luke, the two authors who collected some episodes of Jesus’ childhood.
To this desire was added the very expansion of the Christian creed -present already, at the end of the first century, in Syria, Asia Minor, Egypt, Cyprus, Greece, Italy and other places-, which demanded a greater articulation of the communities and better formulation of beliefs. In this sense, both Matthew and Luke did not limit themselves to a mere semblance, or fill in some gaps in the life of Jesus, but fundamentally their stories were elaborated with a theological purpose: to demonstrate that Jesus fulfilled the prophecies that announced the arrival of the Christ, from the moment of his conception and birth.

According to stories told in the ninth century, Saint Nicholas, throughout his life, noted for his charity to the needy and their concern for the little ones, to the point of being known as Episcopus puerorum, the « Bishop of children ».
In coherence with this compassionate attitude, mainly towards infants and the needy, multiple miracles are attributed to him. One of the most famous is the one called «the three brothers».
He died on December 6 of the year 342 or 343, and was widely venerated, as a universal remedy, in the Byzantine Empire shortly after his death. Only in Constantinople did he have twenty-five dedicated temples, and in all Greece more than three hundred. In fact, he was the first saint, not a martyr, who enjoyed fame in the East and the West, as proven by the fact that, in a very short time, he became patron of childhood, of sailors, of girls in In general, marriageable girls in particular, apothecaries, bridge builders and merchants, among other groups. Buried on the island of Genile (Turkey), forty kilometers from the sea, his tomb soon became a place of pilgrimage.
Rome, meanwhile, had a temple in his honor as early as 550. However, the greatest of the monuments and reminders that were made to the saint was the fact that the date of his death became, in very few years after his death, on a very celebrated day, by popularizing the habit of showing love to children by doing what he himself did in his city: giving them gifts.

The anniversary of the Deus Sol Invictus was established on December 25, «birth day» par excellence of all the Eastern solar deities, besides being, according to the Roman calendar, the winter solstice day, when the hours of light begin to lengthen and the nights are shortened, a fact loaded with meaning for ancient religions.
The first authentic document, and therefore historically contrasted, in which the date of December 25 appears is the Depositio Martyrum, or «The Burials of the Martyrs», an attempt of the liturgical calendar, illustrated by the calligrapher Furio Dionisio Philokal, towards the year 336. The notation reads as follows: «December 25: Birth of the Unconquered Sun. Christ is born in Bethlehem of Judah ».
The celebration of the Nativity of Jesus on January 6 was a solemnity that enjoyed a strong presence in the eastern part of the Empire, especially among the Egyptian Christians, as it allowed them to transform or at least rival the pagan festival of the goddess Koré and the birth of his son Aion. This gentle commemoration, also called «The Feast of Light», had a great reputation among the Egyptians, since during the night of January 5 to 6 celebrated the birth of Time and Eternity in the figure of Aion, a personification syncretic of Osiris. His mother, the «Maiden» or Koré, was a virgin, identified with Isis, whose procession, held in Alexandria with all pomp, led the faithful, who carried torches during the night, to the temple of Korion, while singing a song : «The virgin has given birth, the Light increases, the Virgin has given to the Light, the Aion». This cult enjoyed such success that it passed into Greek culture, where its popularity grew even more.
In short, a fifth-century Christian, in the best of cases, could celebrate Christmas by making a previous time of fasting and penance, which was not yet widespread but which already existed in some regions. Likewise, it is most likely that he celebrated it on December 25, with a vigil or ceremony in which his community participated. He would also celebrate, a few days later, the feast of the Epiphany and with good luck, and means, he would have traveled to the Holy Land and would know the basilica of the Nativity of Bethlehem. Perhaps even, just in case, some year on that same date, after climbing the stairs that led to the entrance to the basilica, he bowed his head in greeting to the Unconquered Sun.

The fervor for the relics of the manger reached its peak was from the seventh century, when Pope Theodore I (642-649) did bring from Bethlehem the remains that were there-judging from the observation of them was just the tablets that held the sacred trough – depositing them, in part, in the basilica of Santa Maria Maggiore, in Rome. From this same date and throughout the entire Middle Ages, the Crib became indispensable in all the churches, abbeys and cathedrals of Christendom, during Christmas time. Their forms were varied, could be simple hollow fir trunks, called in Italy, first country in which this custom was given, tettotie; or authentic cribs in which it is not clear whether or not representations of the Child Jesus were already deposited, but in any case evoked the feeding trough that served as an improvised cradle for the little Jesus.
On the other hand, the wood or wood of the manger soon became part of the reflections, preaching, legends and even medieval songs of the Nativity. Through a tree came the condemnation of the world, the Tree of Science of good and evil, of which Adam and Eve ate in Paradise; On another tree, the Tree of the Cross, on which Christ crucified died, was redeemed to the human race. The wood was constantly present in the carpentry workshop of St. Joseph, and therefore in the life of Jesus; a restorative wood that, in contact with the sick of body and soul, healed them of their ills, as the story of St. Helena, mother of the Emperor Constantine, tells us, at the moment of discovering, back in the fourth century, the « True Cross «in which the Messiah was nailed.
Leaving for now the meanings that were given to the mangers, the fact is that Pope Theodore I, with his idea of ​​bringing the relics to Europe, started a tradition that is inserted in the deepest origin of what today are our traditional nativity scenes.

The «Mass of the Rooster», and the one that was popularized and celebrated by the people from the 8th century on, throughout the Christian world, becoming that way since then and up to the present. Its name comes from an old legend that tells how a rooster that lived in the stable of Bethlehem, perched on top of it that original Christmas night, was the first animal to announce the birth of the Messiah with his song. As the men of the Middle Ages saw it, if the cock with its tune usually revealed the arrival of the new day, it was normal for it to do the same with a new period and dawn for humanity, the arrival of Christ to overcome the darkness of sin and death.
The spread of the custom of placing nativity scenes was mainly due to the work of the Franciscan Fathers, and of the Clarisse sisters, the female branch of the order, and authentic introducer of the Children-Jesus, and their devotion, in convents and homes. In fact, it was Saint Clare herself who managed to install a manger in all the Franciscan churches and convents, which very often welcomed an image of the newborn, dressed in authentic clothes.
It is very risky to say which, but from the data we have so far it seems that the oldest nativity scene preserved in Europe, understood as such that is made with figures and not people, is the monastery of Füssen (Bavaria) , Germany), dating from the year 1252, and of which some images are still preserved. A little later is that the sculptor Arnolfo di Cambio, famous as the author of the architectural project of the cathedral of Florence, made in white marble as part of the tomb of Pope Boniface VIII (1294-1303), and that is partly preserved in the basilica of Santa Maria Maggiore in Rome.

In the sixth century, and therefore in antiquity, as we have seen in the mosaic indicated, the three Magi were considered white, something that does not fit with our current vision. In the definition and consolidation of this aspect, as well as in the development of devotion and spirituality around the three sages, the book entitled Excerptiones patrum, collectanea et flores, of the aforementioned Beda el Venerable, written theoretically in the century VIII, although some studies date it in century XII. Thanks to this text aspects such as names, ages, color of dresses were definitively consecrated …
As for the meaning of the gifts given by the Magi of the East, the book coincided fully with what was stated by Leo I in his homilies, then delving into the subject and value of its origin. The Magi proceeded, according to the same work, from the continents known at the time, and which were inhabited by each of the three lineages of descendants of Noah: Asia, populated by the family of Shem; Europe, occupied by Jafet, and Africa, where Cam and his descendants settled. This vision took a long time to penetrate Christian iconography; In fact we have to wait until the fifteenth century, when Europe begins to be interested in the coastal exploration of Africa, to see the transformation of one of these characters into a black man, in order to point out the universal projection of the Christian message, which did not distinguish between ages or ethnic groups. Between the first works that adopted the new race they emphasize the famous Tríptico de Covarrubias (Burgos), of century XV, or in the magnificent trio of Kings Magicians of Melgar de Fernamental (Burgos), of the same time.

Throughout the Middle Ages fervor for the figure of St. Nicholas grew extraordinarily, as in fact he had not stopped doing so from the moment of his death. We have already said that he was venerated very soon in the Byzantine Empire, in Greece and in general in the Eastern Catholic world. His cult in the West began in Germany, thanks to the marriage of Emperor Otto II the Red (967-983) with the Byzantine princess Theophany, in the year 972. In this same 10th century, the Vikings, navigating people by antonomasia, adopted it as a protective saint, introducing his devotion to Russia, where he became the patron of the country.
His popularity was such that his own body became a valuable commodity, so a merchant from southern Italy stole it in 1087 from Myra Cathedral, transferring it to Bari (Apulia, Italy) where it was again given burial in the cathedral of San Esteban on May 9 of the same year, although not before selling much of his remains as relics. Until the middle of the 13th century, the saint’s feast was celebrated in the spring; However, from this date it was moved to December 6, associating it with the delivery of gifts to the children by this prelate who rode in donkey the towns and cities.
But it was in these medieval centuries that the saint underwent a process of metamorphosis, when the image of the Bishop of Myra was united with local legends and pagan figures closely related to the vegetable revival. Thus began to be identified and to take attributes of Father Winter of the Scandinavians, of the generous elders Knecht Ruprecht and Berchta of the Germans or of the different gnomes and spirits of the nature of the Celts. Habitually, these beings not only had a symbolic function in their cultures, but they entertained the children with gifts come the winter or the New Year, as we know that St. Nicholas was already doing since the middle of the XIII century during the night of the 5th 6th of December. As a result of this process, the mythical Kolya were born in Russia; Niklas in Austria and the Swiss Swiss cantons; Svaty Mikulas in the Czech Republic and Slovakia; Sinter Klaas in the Netherlands or Father Christmas in Britain, among many others from different places.

It is difficult to determine where the Christmas tree starts and when. Direct news is scarce and pre-Christian customs related to trees and forests are so many that scholars can not agree. However, in what all seem to agree is in its pagan origin, closely linked to the celebrations of the winter solstice and to the «combat» against the death that this supposed for nature.
Practically all the peoples of Europe, but especially those of the North, believed, even in the Middle Ages, that within each tree lived a spirit and that when autumn came, when the tree, usually an oak, lost its leaves, it was because the spirit she had left her breast. It was common for such beings to be considered beneficial, so once a year the peasants went to the forest with gifts that they deposited at the foot of the trees, asking their inhabitants for protection for them, their families, livestock and crops. When the winter solstice arrived, when the days began to lengthen, those men adorned with bare ribbons, colored stones or green leaves the bare branches of the oak, in an attempt to encourage the return of the arboreal spirit, the regrowth of the plant and, In general, a new bloom of nature.

The origin of the Christmas Eve dinner and the Christmas day meal is almost as old as the party itself and, in some way, has its antecedent in the ancient banquets celebrated by the Romans on the occasion of the Saturnalia, festivities of which We have already spoken and with those who received the New Year. Such feasts had a festive and propitiatory character, and were common to all the religions of antiquity. It is true that in medieval Christianity the custom was to fast on December 24, that is, on Christmas Eve, treating the dinner of this day as a frugal snack, because it was still in Advent time and therefore fasting, and waiting for the Misa del Gallo, after which the Christmas holidays began, and sometimes a second, more festive dinner was held. The most abundant food of the year was that of December 25, the very day of Christmas, for which the best and most expensive food was reserved: lambs, piglets, breams, sausages … It was already in the Modern age, in the century XVI, when the Christmas Eve dinner happened to be celebrated, among some social sectors, with an abundance similar to that of the next day’s food.
A particularly typical and varied aspect of the Christmas gastronomy is the one referring to sweets, whose most famous and popular representatives are marzipan, nougat and the famous Roscón de Reyes. It seems that once again they sink their roots or, at least, take shape as we know them today during the Middle Ages.
Marzipan has an uncertain origin. Some of our current studies place it in the Arab world, from where after passing through Cyprus, Sicily or Venice came to us. Others place their birth in this last city, and even in Germany. However there are serious studies that claim that he was born here, in Spain, specifically in the city of Toledo, in the convent of San Clemente el Real. His story tells us how in one of the sieges that the city suffered from the Muslims, food became scarce. Faced with the precariousness of the situation, the nuns of the aforementioned convent recalled that in their storerooms they stored a large quantity of almonds. Without much more to contribute, they crushed the almonds mixing them with honey until forming a thick paste that they cut and distributed among the defenders.
The Roscón de Reyes has once more a pagan origin. In the course of the Roman saturnalia, the whole society without distinction of classes, nobles, plebeians and slaves, ate a large circular cake inside which was a bean. The lucky one who found it in his lot was named «king of the party» and everyone present had to obey him as such, so that the barriers between classes were broken. This tradition was Christianized, like others, and was still celebrated in a similar way in the Christian West back in the year 1000, when the cake was called «cake of Kings» and served to close the Christmas holidays. Sometimes, and depending on the country, the monarch was elected, as in the south of France, and the bean was replaced by a ring or a coin, but in any case the graceful was crowned king for a day.
And with this sweet bun, and his feast of the Epiphany, it closed, as it does today, the Christmas season with the hope that the year just released filled the desires.

THE ORIGIN OF PANETTONE
A legend tells that the sweet bread known as panettone, or panetón, was born in the court of Ludovico el Moro, Duke of Milan, in the year 1450. The Christmas of that same year was being celebrated with great splendor in the court of said nobleman . The best and most elaborate dishes had been served at his table, but at the time of the dessert the cook noticed that it had burned. It was then when a kitchen boy, named Toni, offered him a bread that he himself had made with the dough and some leftover ingredients: sugar, nuts and dried and polished fruits. Hence its name: il pane di Toni or panettone. The bun was very popular and its consumption spread throughout Italy and crossed the Atlantic in the 19th century thanks to the Italian emigrants. Currently his presence is usual in the Christmas tables of Argentina, Ecuador, Venezuela, Brazil, Bolivia and Peru.

Centuries. XVI-XVII
We will attend, yes, to an advance of the Christmas joys, to new ways of dressing the table for the main meals of the year, to the fun night parties in the homes of the most beloved friends and family and to the great Christmas season of theater , the great passion of the Spaniards of the time. Among the novelties of the period we must highlight the birth of something as significant as Christmas carols; also the creation of the lottery game, the same one of our December 22, and the arrival of the first Spanish-Neapolitan nativity scenes.
The «ash capons», an innocent punishment that was applied to the losers of the games that were made between the maidens and the young people during the Christmas holidays. The lesson consisted of hitting the unfortunate on the forehead with a cloth full of small ash, hence the name of the corrective.
These evenings were very celebrated and loved throughout Spain, but they required a display of important imagination, which led some authors to compile and publish texts with appropriate entertainment for them. Alonso Ledesma (1562-1623) was the author of a work entitled Night-Good Games, published in Barcelona in 1611, and in which we find hobbies such as those of «Quiquiriquí», those of «Abejón», of «la Blind hen «, that of» Caracol «, that of» what is thing and thing «, among many others, in addition to stories that begin:» Once it was, norabuena be, the good that came for all is … «, and songs to sing in the New Year.

The musical composition called «carol» is one of the great contributions to Christmas of our Golden Age, in addition to its main novelty. The origin of such creation is uncertain. Menéndez Pidal locates its beginnings in the 12th century, in profane folk songs that, over time, would give rise to Christmas chants. Some historians give credit to a legend that tells how, in Andalusia, it was a blind Arab poet who gave form to these songs, interspersing a verse in Arabic with a refrain in romance. In any case the carol liked, spreading in the poetic circles and courtiers of Castile and Leon, Galicia, Portugal, Italy and Provence.
At first such compositions were not Christmas, but love, and were sung in noble areas, where poets fixed their form at the end of the fifteenth century, because ultimately were musicalized poems. The carol began with a popular chorus, taken from the village most of the time, whose length ranged from one to four verses. Then came a series of stanzas that told a story, topped with a series of verses that took up the final rhyme of the chorus, as well as popular-type melody, taken from the village most of the time, whose length ranged from one to four verses Then came a series of stanzas that told a story, topped with a series of verses that took up the final rhyme of the chorus, as well as the melody. If these works were subject to a rigorous metric and refined language, the carol was nicknamed «polite.»
Its name comes, according to some scholars, from the term «villançete», poetic composition of Carvajales, court poet of King Alfonso V of Aragón (1396-1458). Others, on the contrary, claim that it comes from «villain», that is, they would be the songs of those who lived in the villages.
The oldest of those we know is considered to be «Andad, pasiones, andad», a love-themed essay written in 1490 by maestro Pedro de Lagarto (1465-1543).
Go, passions, walk,
finish who començó,
I will never tell you no.
What harm can you do to me,
but lose your life?
I have it so lost,
I can not lose anymore.
Come to your pleasure,
Take what I have,
I will never tell you no.
«Go, passions, walk» in Cancionero de la Colombina, 1480, No. 33 Pedro de Lagarto

Needless to say, some of the best image makers devoted themselves to the elaboration of figures for births. Among them stands out Luisa Roldán (1654-1704), known as the Roldana, daughter and disciple of the great Sevillian sculptor Pedro Roldán and chamber sculptor of King Carlos II. His works are of an extraordinary quality, so they occupy a prominent place in the Museum of Decorative Arts of Madrid. She owes the births of Santa María la Blanca and the convent of Santa María de Jesús, both in Seville, among others from her Sevillian period. From his Madrid stage, begun in 1698, stand out among other works the Rest in the flight to Egypt (1691), the collection of the Countess of Ruiseñada, and the Nativity that made for King Carlos II, which earned him the title of sculptress of court camera.
As in the present, the joy and family sense of these festivities made it frequent for friends and family to congratulate each other by voice or in writing, through the mail. The Christmas postcard did not exist yet; However, that was no obstacle to be present, congratulate Easter and send the best wishes.
At Christmas of 1514, Cardinal Cisneros, from Alcalá de Henares, in a letter addressed to Canon Diego López de Ayala, asks him to congratulate the Easter to the king and other notables of the Court. Saint Teresa of Jesus did the same in a letter addressed to Don Roque de Huerta: «Jesus be with your worship always and give him so good Easter and year-end trips …». And Felipe II himself, in 1581, from Lisbon, wished his daughters that: «God keep you and give you as good Easter as I wish you». The custom also existed in the seventeenth, as evidenced by the letter that Don Francisco de Quevedo addressed to the Duke of Medinaceli, for the Easter of 1630: «Give God to YOU ​​these Easter with the health and contentment that I desire.» In a letter dated December 22, 1650, the famous mother Ágreda, confidant of Philip IV, responded to a letter from the monarch: «May the Most High give to Your Most Holy Mary.»

XVIII
The introduction of the lottery in our country is due to Don Carlos de Borbón y Farnesio, former Duke of Parma and King of Naples (1734-1759), who at that time from 1759 and after the death of his brother Fernando VI ruled in Spain as Carlos III (1759-1788). Actually, the initiative started with his finance secretary, Leopoldo de Gregorio, Marquis of Esquilache, an Italian minister who came from the cabinets of his Neapolitan period, whose members don Carlos often surrounded himself during his most reformist period of government in Spain. , that is, the first years of his reign. The aforementioned minister, in order to collect benefits for the Royal Treasury, introduced several reforms, already outlined or practiced long ago in the administration of the Kingdom of Naples. One of them was the implantation in Spain of the Neapolitan lotto, that is, the game of the lottery, or Beneficiata, so called the income for the most part were destined to help public or private needs.
The Spanish-Neapolitan Nativity scene is one that developed in Naples, in the environment of the Court and of the aristocratic families. Its golden age passed between the years 1725 and 1790. Its most outstanding and defining features were the reduction of the size of the images to a measure called tezina, between thirty-five and forty-five centimeters, which allowed a greater deployment of figures and scenes; the bodies of the characters formed by a wire frame covered with stitched tow; terracotta polychrome heads, which allowed to give a great expressiveness to the faces; glass eyes, which accentuated realism; arms and legs in polychrome wood; a very colorful and elaborate wardrobe; lots of popular types and a huge detail in the set. Most of the figures were articulated and could be repositioned.
It is necessary to comment that such stagings enjoyed such amount of details, inspired by the daily life of Naples, its landscapes, people and offices, that the Church had to make an effort so that the births were not decontextualized, as it finally happened, becoming in some cases in mere divertimentos in which the scenes with greater theological load had disappeared in favor of other popular very detailed but devoid of religious meaning.
The name by which these nativity scenes are known is that of Bethlehem Napolitano to dry; nevertheless his correct name, and original, was Belén Hispano-Napolitano. We must bear in mind that in the centuries in which this demonstration was brewing Naples belonged to the Spanish Crown and the mutual influences were very large. Except for a few brief periods, this Italian kingdom was integrated into the Spanish Monarchy, or in its orbit of direct influence, from 1442 until the Napoleonic invasion of 1806. In fact, the cultural loans were and are large between both territories, as it proves the case that the oldest nativity scenes that were made in Naples were called «Spanish nativity scenes».

Another of the Births that deserve to be reviewed is that of the sculptor Francisco Salzillo (1707-1783), the most outstanding Spanish nationalist. Its elaboration took place in the last years of his life, from 1776 onwards, and some of his disciples also participated in it. The nativity scene consists of six hundred figures that cover all the scenes of the Nativity, from the annunciation to the flight to Egypt, standing out for its details, preciousness and popular types.

In short, the man of the sixteenth, seventeenth and eighteenth centuries lived the holiday of Christmas preparing for it during the previous weeks of Advent, in which his prayers and personal sacrifices were added the restrictive measures of the authorities, which temporarily closed those locals who could most contribute to distraction and sin. However, once reached on December 24, I did not wait for the Misa del Gallo to start celebrating, as the dinner on this day was already abundant and select. After the liturgy, and in some cases before her, there were meetings with friends, music, games, jokes and long hours of nocturnal conversation, at home or by others, in a healthy exercise that was repeated each time. the nights between Christmas Eve and the Epiphany. Our man was also seen by the theater, or the bulls, which were organized for public entertainment on such dates, and perhaps received some letters, congratulating the Easter, and some basket with groceries as a bonus. If he had been a man of the 18th century, he would admire the Spanish-Neapolitan nativity scenes, could earn money in the first draw of the lottery, and, as it had been done two hundred years before, sing Christmas carols. It is possible that he traveled to Spanish America, and there he attended the ninth of Las Posadas, celebrating the Day of Velitas and the Misa del Gallo, in which the Indians with such pleasure adorned the churches and themselves.

C.XIX-XX
With the entry into the history of the nineteenth century, and even more with the advent of the twentieth, there were a series of profound changes in aspects such as politics, economy, society and culture; However, this dynamic did not affect the liturgical periods in general nor the preparatory times in particular. Advent, as part of a creed whose goal it had and has set its goals beyond this world, did not alter its purpose of penance and preparation, as it has not done since its definition back in the 6th century. For the Christian faithful, this continued and continues to be a period of four weeks of penance, fasting, spiritual exercises and disposition of the soul before the birth of his Messiah.
Now, if not in the spiritual field, it is true that some transformations that took place in the panorama of ideas and society affected the level of religion. On the one hand, the States went secularizing, and ceasing to be confessional, so that by the mid-twentieth century there were hardly any Christian countries in which they continued to close bad-name houses or gambling dens during Advent or Lent. .
In the early twentieth century the number of extraordinary draws amounted to three, but the most important was still Christmas. The tickets, illustrated by our best artists, were printed at the National Currency and Stamp Factory and Real Casa de la Moneda, where they were divided into ten tickets per ticket, or tenths. The raffles took place annually with normality, except in the year 1938, in which there were two extraordinary Christmas raffles as a result of the Civil War (1936-1939). Both sides, the national and the republican, celebrated their raffle, with the desire to offer an image of normality. In the first the ceremony took place in Burgos and was awarded the 22 655, while the other side was held in Barcelona, ​​where the «fat» was for 36 758.
More than two hundred and fifty years away, it is impressive to see how some figures have changed. Of the ninety artistic balls that were introduced in the box designed for the first draw, we have passed the one hundred thousand numbers of the year 2013.

The days before the Christmas Eve party, and in the following days until the Epiphany, it was common in nineteenth-century Spain to visit the Christmas markets. Some of these, despite the passage of time, survive today and have become characteristic elements of these celebrations in the populations that host them.
We know of the existence in all Europe of meetings of Christmas shops in the middle of the street. Vienna and London …

The birth of the cava in the festivities, the elaboration of this drink, so linked to our festive days, is due to the Codorníu family, closely linked to the production of liqueurs, since it was already making mistelas back in the 16th century. In the successive centuries the family continued with the business until at the beginning of the decade of 1870, Josep Raventós i Codorníu (1824-1885), owner of the company, wanted to expand his productions, for which he sent Manel Montserrat, a man of your confidence, to the French city of Reims, in order to learn the process of making champagne.
After the return of this in 1872, the first bottle of Spanish cava was born, the sales campaigns began in 1879. The quality of the drink was great, because already shortly after its production, in 1895, won the First Prize of the Exhibition of Bordeaux, despite the attempts of the French jury to rig the result. Cava consumption first spread through Catalonia, at the beginning of the 20th century, and between the bourgeoisie, as a liqueur of its class; but after 1939 it became popular and became common in the rest of Spain. From that year 1879, the population of Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona), located in the Penedes, became the second capital of the world, after Reims, in the production of sparkling wines; but not in the only one in our country, since these types of sparkling wines are currently produced in regions such as La Rioja, Castilla y León and Valencia, among others.

After attending an expansion and constant transformation of the figure of Saint Nicholas practically from the moment of his death, it was in the nineteenth century when this phenomenon was accentuated most. Our pious saint saw his image change drastically, from being a Catholic bishop to an old personification of natural rebirth until, in North America, he became Santa Claus; and later, in Europe, in Santa Claus. These are the last two stages of its evolution, the result of literature and publicity, which now interest us.
It was the year 1809 when the American writer Washington Irving (1783-1859) finished his book History of New York according to Knickerbocker. In this work the author narrated, in a satirical way, the life of those first Dutch settlers who came to the east coast of North America and founded New York itself. Throughout the book the figure of Saint Nicholas appears twenty-five times, but not as a bishop of venerable appearance and advanced age, but as a cheerful, kind, generous man and owner of a flying horse with which he crossed the skies of the city, throwing presents to its inhabitants through its chimneys. The new face of the saint was so popular that his popularity grew among New Yorkers, and even English settlers gladly accepted his celebration on December 6. It is the latter who we owe the name of Santa Claus, Anglo-Saxon pronunciation of the Dutch Sinterklaas or Sinter Klaas.
The second step in the transformation process was unconsciously given by a professor of Theology and Sacred Scripture, Clement C. Moore. This man, near Christmas of the year 1822, composed a poem that he read to his six children two days before Christmas Eve. What was a purely family and private text became a mass phenomenon, as transcribed by his wife and offered by a friend to the New York Sentinel newspaper, he published it on December 23, 1823, entitled «A story about the visit of Saint Nicholas ». The poem literarily had no value, to say the author, but accentuated the supernatural component of the character, defining its image and making it more credible: appeared the flying sleigh pulled by reindeer, not by a horse as Irving said; indirectly located the character in a northern place very close to the pole; he turned the clogs, which the Dutch children put next to the fireplace to receive the gifts on December 6, in socks, and something transcendental, the saint Nicholas became a kind of fat gnome, cheerful and short, which also He distributed gifts on the night of Jesus’ birth. Irving himself welcomed this new image and helped its diffusion, which was rapid. In the year 1835 Moore founded a literary society, very marked by the history of San Nicolás, of which Irving was the first secretary, and his landlord, since the meetings took place in his house on the street Sleepy Hollow. The first of them all took place on December 6 of that same year, how could it be otherwise, in a clear tribute to Santa Claus, who imitated smoking in long Dutch pipes.
Finally, the final touches to this figure, which distanced him from the gnome aspect that Nast’s creation had, making it more credible, are due to Habdon Sundblom, a Chicago-based cartoonist who was highly valued in the 1920s, who worked for the Coca brand. Tail. This company started an advertising campaign in 1931 in which the protagonist, along with the well-known drink, was the Santa Claus from Sundblom, who achieved enormous success, thus fixing the current aesthetic of our character.

AND IN ITALY THE BEFFANA
The characters that bring Christmas gifts to the little ones are very varied. It is not necessary to say that the most solid by their biblical origin are the Child Jesus and the Magi, but the different national traditions have incorporated many others. In Italy, for example, besides the Child God, the toys are worn on the eve of the Epiphany by a witch named Beffana. The legend says that the Magi passed by her door and invited her to accompany them, but she refused. Shortly afterwards, repentant, she wanted to do it, but she did not find them, neither them nor Jesus, and since then she has been searching.
A similar story is that of Babushka, an old woman in charge of giving Russian children on such dates. In other parts of northern Europe those present are fantastic characters, look and feel similar to Santa Claus, but much older. Very original in this matter are the Polish children, who continue to receive Christmas gifts from the stars.

The tradition of delivering these cards by all those offices that made a service to the public grew enormously, even more so from the 1860s thanks to the use of chromolithography. It was usual to find in these congratulations good wishes, kind, familiar, religious images or of the employment that the giver of the same had; as well as an exhibition of the sacrificed and helpful of his trade. The taste for collecting, which existed at the time, accentuated the serene, sweepers, postmen, milkmen, etc., will be presented at the doors of the houses card in hand, year after year at Christmas. Finally, there were those who, tired of this habit, also printed their own posters, but with warnings of the style: «Congratulations are not allowed» or «In this trade they do not give bonuses».
A similar story is the birth of purely Christmas greeting cards, called by some as christmas, shortening the English term card Christmas, which means Christmas card.
The first to realize an authentic Christmas greeting, and the architect of its launching and consecration, was Henry Cole, a Londoner who in 1843, having no time to personally write to each of his friends, commissioned a printing press for a card in which a bourgeois family, formed by three generations, around a well-stocked table, wished: «A Merry Christmas and a Happy New Year to you». The success of his initiative was enormous, although it took some time until these cartons began to be commercialized with different reasons.

The mistletoe, whose presence in the houses became a custom and decorative element. This tradition, from northern and central Europe, is now widespread in the Christian world, introduced in Spain at the beginning of the twentieth century, except in areas near the French border, where it was already practiced before.
The importance of this plant in Antiquity was enormous. The peoples of agrarian tradition in Europe considered it a protective element against spells and curses, a repellent of lightning and cattle diseases, an element with healing and renovating properties, and a propitiator of happiness. For the Celts it was the sacred plant par excellence.
But the pagan importance of our protagonist did not go unnoticed by the Church, who wanted to replace the popular mistletoe with the aseptic holly. This colorful shrub did not have pagan connotations and, to a certain extent, the spines of its leaves and its red berries reminded the crown of thorns of Christ and the shedding of his blood for the redemption of the human race. We do not know exactly when it started, but it is believed that the attempt to «Christianize» the holly goes back to the seventh and eighth centuries, while the process of evangelization of the British Isles took place. In fact the attempt did not reach its goal, because until the end of the nineteenth century did not start appearing frequently in the Christmas markets, and when he did it was always in coexistence with the powerful mistletoe, which took its charitable and auspicious nature.

As for the tradition of grape consumption, along with the year-end chimes, we must point out that it is very recent. At the beginning of the 20th century, the farmers of Almeria had managed to produce a late grape variety, named for ripening at the end of December, large, rich and very attractive looking. His success was found in the Central European market, where most of the harvest was sold year after year, Christmas dates arrived. However, with the outbreak of the First World War (1914-1918), which affected these States harshly, many orders were abandoned and the Almeria producers saw their business in danger. Before such perspective they decided to conquer the national market throwing an ambitious campaign that announced «The grapes of the luck». One of his advertising slogans declared: «eat twelve grapes at the change of year, on the edge of the new time that is born, and you will be assured of happiness in the following year.» The commercial strategy was successful, and the harvest of grapes within Spain was sold in December. Relating it later with the chimes given by the clock of the Puerta del Sol, given in 1866 by the watchmaker Losada, was relatively simple, giving rise to one of the most recent and popular New Year customs.
In Italy there is a tradition of dining at the «Notte di Capodanno», that is, the last night of the year, lentils with cotechino, a characteristic sausage from Modena. Obviously, there are more dishes that supply the table, but the presence of this is unquestionable. Some stories say that, as in the case of Spain, the custom was established as a result of a great harvest of this vegetable, whose producers found a solution to its sale in the promotion of its mass consumption on the night of the end of the year . Others, on the other hand, go back to ancient Rome, where there was a habit of giving away lentil sachets to loved ones, also near the turn of the year, as a symbol of prosperity and wealth, as lentils were expected to be transformed into money. Over the centuries the tradition changed slightly, but not its meaning, reaching the way it is practiced in Italy today.
The Church, once again, did not want to miss the festivity of the new year’s entrance without giving it a Christian meaning, especially considering how much it was celebrated in all pagan cultures. And so, the feast of «Holy Mary, mother of God» was established, which commemorates the maternity of the Virgin on January 1. Despite this attempt, the festive character of the day, especially at night, is very large, so that the rest of meanings, both religious and family, are at least apparently relegated to a second place.

On January 5, 1870, Emperor Franz Josef himself went to the Karlsplatz, in order to solemnize with his presence the inauguration of the Musikverein, the building of the Society of Friends of Music, which became the headquarters of the the Philharmonic Orchestra of Vienna, and in the privileged place to premiere and interpret the music of Strauss. Let us bear in mind the very high value that Austria already gave to classical music at that time, and the hegemony of the waltz, once condemned as an immoral dance, and at that time an authentic master of the festivals of Viennese society, and even of the imperial family. The building went on to host major events shortly after its inauguration, such as royal marriages, universal exhibitions or operas.
Despite the international and moral collapse of Austria’s defeat in World War I (1914-1918), his love for music was still great, as he demonstrated in 1925, the centennial year of Strauss’s birth, with the organization of three spectacular concerts under the direction of Clemens Krauss. Started the Second World War (1939-1945), in which Austria was again involved, Krauss decided to organize a series of concerts to lessen the pain caused by the conflict, instituting on January 1 as a moment of musical meeting in Vienna. Somehow Strauss’ happy music moved the Viennese to other, happier times. Only the New Year gala of 1945 could not take place, due to the bombings and the destruction of the city; however, on January 1, 1946, the Sala Sala del Musikverein resumed the tradition of the concert, in this case under the direction of Josef Krips.

The delivery of gifts near the end of the year, or the beginning of winter, is a very old tradition. This is due to the strenae or branches of laurel or olive tree that the Romans gave to their friends in honor of the goddess of health Strenia, for the New Year, celebrated at the end of December with banquets and gifts as the culmination of Saturn’s festivities , sign and desire for happiness. Christianizing this custom was extremely simple for the Church, relating gifts and good wishes with joy for the birth of Christ.
In this same sense, and in regard to the delivery of gifts, we must point out that the feast of the Magi is one of the most genuinely Spanish, not because it is exclusive to our country, but because of the importance it is granted and the way to celebrate it The feast of the Epiphany we have already seen that it was celebrated, since the third century, in the Eastern Church to later pass to its sister of the West, but in the nineteenth century the forms had changed.
The first cavalcade of Kings of our history took place in Alcoy (Alicante), in the year 1887. Seville was the next city to celebrate it, as early as 1917, and the following year Huelva did it. Most of the countries that celebrate the cavalcade and the subsequent delivery of gifts by the Magi are those of Hispanic culture: Mexico, Argentina, Dominican Republic, Puerto Rico, Paraguay and Uruguay. In addition, Czech Republic, Poland and the city of Monçâo (Minho) in Portugal also do it.
Once the children were picked up and put to bed, it was customary in many of our cities to go and look for the Kings. It was this, in short, a way to have a good time at the expense of an unwary on such a marked day. At nightfall, groups of friends gathered to wait for the arrival of Their Majesties of the East. Among all those who formed it was chosen the most innocent, which in the case of Madrid used to be the newcomer, making him believe that this event was really going to take place. Then, for a better observation, he was loaded with a ladder necessary to watch the arrival of the caravan. The group began to walk through the city, making stops in taverns and clubs, until they reached a remote point …

Currently, in the small town of Torrelara (Burgos), bonfires are still lit in the high places, on the night of January 5, to mark the way to the Magi; and in Pedrosa del Príncipe (Burgos) they have recently recovered the habit of singing a Christmas carol that, from long ago and until the 1940s, was sung through the streets of the town in order to request a Christmas bonus:
With permission from the mayor
and all the authority,
let’s sing the Kings
I think they will dispense us.
The Kings come, let’s see
how they love you there in Bethlehem,
and the pastors have a gift,
having been born the Son of God.
(chorus)
Between Armedia and Armenia,
There is the Virgin Mary,
with a child in his arms,
to shut him up could not.
(chorus)
Why are you crying the light of dawn,
why you cry daylight
I do not cry for diapers,
neither by the mantillas,
I weep for sinners,
that God would forgive them.

However, ideologies on the sidelines, we must make the effort to preserve Christmas, because, in addition to their great spiritual, cultural and human contributions, the people must keep alive their own traditions and uplifting, because otherwise they are in danger of forget who they are and what they are for what they are recognized and esteemed.

Navidades en Cold Comfort Farm — Stella Gibbons / Christmas at Cold Comfort Farm by Stella Gibbons

Es otra novela de esta clásica escritora británica, donde se trata de una serie de narraciones 16, destaca por encima de todo el glamour y la frivolidad, el sarcasmo a través de las fiestas y todo en el ámbito navideño, sin embargo la novela se pierde en el clasicismo y espero más, a mucha gente le parecerá por momentos densa, es un clásico que se puede leer aunque realmente prefiero otros clásicos británicos.

It is another novel by this classic British writer, where it is a series of narrations 16, highlights above all glamor and frivolity, sarcasm through the holidays and everything in the Christmas field, however the novel is lost in classicism and I hope more, many people will seem at times dense, is a classic that can be read but I really prefer other British classics.

La Navidad para un niño en Gales — Dylan Thomas / A Child’s Christmas in Wales by Dylan Thomas

Este breve relato navideño es enternecedor, estremecedor y podría ser de cualquier niño de mundo como el propio Thomas, explica las batallas de bolazos como si fuesen esquimales, el cartero trayendo regalos a cual más inútil, la reunión con la familia, los tíos, olores peculiares de esta época y muchísima añoranza y más imaginación, 12 días con sus 12 noches de gran placer, que grande fue Dylan Thomas. Imprescindible

This short Christmas story is tender, thrilling and could be any child of the world like Thomas himself, explains the battles of bolazos as if they were Eskimos, the postman bringing gifts to which more useless, the meeting with family, uncles, smells peculiar to this time and a lot of longing and more imagination, 12 days with 12 nights of great pleasure, how great was Dylan Thomas. Essential

Historia De La Violencia — Édouard Louis / Histoire de la violence by Édouard Louis

La locura de la palabra había comenzado en el hospital. Una o dos horas después de la partida de Reda, corrí al servicio de urgencias cercano a mi casa para pedir una triterapia preventiva. El hospital estaba casi desierto aquella mañana del 25 de diciembre; un indigente daba vueltas en la sala de espera de urgencias. Él no estaba esperando, pero permanecía allí para no tener que quedarse fuera con el frío. Me dijo «feliz Navidad, señor» cuando me senté a varios metros de él.
Evoqué aquella escena para provocarme una crisis de llanto y convencer al médico de lo que le estaba diciendo, pero era un recuerdo demasiado antiguo, ya no me afectaba. Me esforzaba por llorar y él, el médico, mantenía su escepticismo. Pensé que el encuentro de esas dos fuerzas en ese momento opuestas nos permitiría alcanzar, o al menos establecer la verdad, que la verdad estaba en ese encuentro, que ella surgiría de la tensión. Hice todo lo que pude por llorar, pero no lo conseguí. Mi comportamiento ha cambiado. Mi voluntad de contarlo todo se ha transformado poco a poco en un desaliento constante, en una fatiga indiferente, estoy agotado…

Una representación horrible de la violación y la violencia en general, de cómo influye en un individuo a corto y largo plazo. Louis no usa trucos baratos, pero tiene un gran ojo para el detalle. Pero todo se confunde en historias infantiles, temas políticos y otros elementos marginalmente conectados. Y el protagonista era tan difícil de gustar.
Para empezar, pensé que la numoria-novela (una forma híbrida quisiera por Taia y Louis) iba a presentar múltiples perspectivas en el núcleo, violación masculina. Como en la ficción de Robbe-Grillet, el lector iba a recibir revisiones constantes. No tanto. El lector recibe un dispositivo de encuadre elaborado que se presiona hasta el punto de incredulidad. Uno tiene que imaginar que Louis le ha dicho la mayor parte de la historia de su hermana Clara, quien recuerda todo (como su nombre) con claridad. Clara le dice a esta cuenta a su esposo silencioso, ya que Louis escucha detrás de una puerta e interpone su opinión sobre su visión de su visión de la violación. La memorización-novela se convierte en una ficción comentando por su propia ficticia. Por supuesto, esto es fundamental para la preocupación de Louis con la ficción: ¿cuya historia es y quién tiene derecho a contar una historia? ¿Y qué tipo de historia? Cuando Louis relaciona la violación a la policía, no están impresionados, no pueden creer que el final «plano». A sabiendas, el asunto termina con paralelos incómodos: el orgasmo bañético del violador se encuentra contra una historia sin un clímax satisfactorio.
La NOVEL-MEMOIR es una búsqueda de forma, la forma correcta para un escritor cuyo intelectualismo lo pone sobre su clase (memoIR) y cuyo odio de la burguesía lo hace antiintelectual (novela). Intrigante, pero … creado.
Aunque ostensiblemente sobre Louis, llevando a un hombre, se encuentra en la calle de regreso a su piso en la víspera de Navidad, que después de las horas de salir y tener sexo intenta estrangularlo y luego le violó un punto de pistola, el tema de este libro es realmente cómo nuestras historias ser secuestrado por otras personas y distorsionada.
Siendo bastante literaria, la historia se le respeta principalmente por la hermana del autor a su esposo (mientras su hermano escucha en la puerta). Ella tiene una toma bastante diferente. Al igual que la policía y los amigos de Louis e incluso el médico que lo trata impone su versión de la historia sobre él.
Admiré su escritura y su valentía para exponerse a sí mismo y a la violencia interesante y diferente. Sin embargo, realmente no disfruté del libro, en parte, el tema, pero en parte porque el estilo literario me distanció del autor.

«A donde quiero ir a parar es a que no sentía ninguna desconfianza. Édouard no desconfiaba porque el otro no tenía en absoluto aspecto de querer causarle problemas. Se mostraba tranquilo, afable, como suele decirse. Pero como quería irse a casa seguía tan amable como un carcelero. Se repetía: Debo irme a casa a leer, debo irme a casa a leer.

Podría haber buscado otra mentira. No sé, otra cosa, no una mentira que nos hace quedar como intolerantes. No una como ésa. Mentiras no faltan. No sé, podría haber inventado otra cosa. Siempre hemos respetado lo que él es, desde el inicio, y cuando nos dijo que era diferente, el día que nos lo dijo, me acuerdo como si fuera ayer, te lo aseguro. Le respondimos que eso no cambiaba nada y que lo querríamos igual (miente), siempre, que para nosotros seguiría siendo la misma persona, le dijimos que lo importante era su dicha, que fuera feliz (miente), que la familia es lo primero, mi madre le dijo: Lo que a mí me importa es que mis chicos sean dichosos y que vivan una vida hermosa y feliz, eso es todo lo que pido, paso del dinero y de todo eso, me importa un bledo, no es eso lo que cuenta, yo sólo quiero la felicidad de mis hijos. Sólo que sean felices. Bien. Por supuesto que le pedimos que no lo pregonara mucho en el pueblo cuando viniera, con lo poco que viene de todos modos.
Como antes de cambiar de opinión y admitir que no vivía con mis padres le había mentido, Reda quiso saber por qué con poco más de veinte años había abandonado a mi familia y, sobre todo, por qué no festejaba la Navidad con ellos. Aventuró que quizá fuera por mis estudios. Le respondí que los estudios habían sido más bien una consecuencia de la fuga, no su causa.

Ella dice que éramos tres los que entramos en la comisaría de la plaza Saint-Sulpice aquel 25 de diciembre por la tarde; describe a su marido lo que yo le describí a ella: las guirnaldas colgadas del techo, los árboles de Navidad plantados en las esquinas de la sala, las bombillitas de colores que parpadeaban verdes, rojas, azules, amarillas. Cada vez presto menos atención a Clara, sus largas digresiones me agotan.
La policía de la recepción nos preguntó qué queríamos, pero yo no conseguía articular palabra. Tartamudeaba. Didier lo hizo por mí: «Este joven viene a poner una denuncia.» Te traen por el cuello. Ella preguntó: «¿Cuál es el motivo?» Ellos te traen por el cuello y ella los ayuda. Yo repliqué: «Tentativa de homicidio, y violación.» No te lo esperabas. Enseguida hizo un ligero movimiento hacia atrás, asombrada, y nos miró a los tres.
Las mentiras me han salvado en más de una ocasión. Si lo pienso, muchos de los momentos de libertad de mi vida han sido momentos en los que he podido mentir, y por mentir entiendo resistirme a una verdad que trataba de imponerse sobre mí, sobre mis tejidos, sobre mis órganos, una verdad que de hecho ya estaba establecida en mí, quizá desde hacía mucho, pero que había sido establecida por los otros, desde el exterior, como el miedo que Reda me había inoculado, y me daba cuenta de que la mentira era la única fuerza que verdaderamente me pertenecía, la única arma en la que podía confiar, sin condiciones.

El inspector se disculpó por el polvo negro en la vajilla y en el resto del apartamento. No era nada, no importaba, ya lo limpiaría. Cerraron los maletines, me saludaron, me estrecharon la mano y franquearon el umbral de la puerta. Cuando estaban yéndose y Geoffroy ya se levantaba para entrar en el apartamento, me preguntaron si Reda se había dado una ducha, quizá podrían encontrar huellas en la cabina de ducha y en el envase de jabón líquido, y yo no les mentí. No comprendo por qué no les mentí, pero no lo hice, les dije que sí y por mi culpa ellos dieron media vuelta. Fueron al cuarto de baño, y se quedaron allí un rato más. El tiempo se encallaba. Diez minutos más tarde se fueron de verdad, mientras uno de ellos preguntaba por última vez:
«¿Está usted seguro de que no hay más huellas en alguna otra parte?».

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/13/para-acabar-con-eddy-bellegueles-edouard-louis/

https://weedjee.wordpress.com/2022/06/09/historia-de-la-violencia-edouard-louis-histoire-de-la-violence-by-edouard-louis/

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The madness of the word had begun in the hospital. One or two hours after the redice departure, I ran to the emergency department close to my house to ask for a preventive triterapy. The hospital was almost deserted that morning on December 25; An indigentte was spinning in the emergency room waiting room. He was not waiting, but he remained there so as not to have to stay out with the cold. He told me «Merry Christmas, Lord» when I sat several meters away from him.
Evoqué that scene to provoke a crying crisis and convince the doctor about what he was telling him, but it was a too old memory, I no longer affected me. He struggled to cry and he, the doctor, maintained the skepticism of him. I thought that the meeting of those two forces at that time opposed would allow us to reach, or at least establish the truth, that the truth was in that encounter, that she would arise from tension. I did everything I could for crying, but I did not get it. My behavior has changed. My willingness to tell everything has been transformed little by little into a constant discouragement, in an indifferent fatigue, I’m exhausted …

A harrowing depiction of rape and violence in general – of how it influences an individual in the short and long run. Louis does not use cheap tricks but has a great eye for detail. But it all gets muddled up in childhood stories, political themes and other marginally connected elements. And the protagonist was just so hard to like.
To begin with, I thought the memoir-novel (a hybrid form liked by Taia and Louis) was going to present multiple perspectives on the core, male rape. As in the fiction of Robbe-Grillet, the reader was going to receive constant revisions. Not so. The reader is given an elaborate framing device which is pushed to the point of incredulity. One has to imagine that Louis has told most of the story to his sister Clara, who remembers everything (like her name) with clarity. Clara re-tells this account to her silent husband as Louis listens from behind a door and interjects his view on her view of his view of the rape. The memoir-novel becomes a fiction commenting on its own fictiveness. Of course, this is central to Louis’ concern with fiction: whose story is it and who has the right to tell a story? And what kind of story? When Louis relates the rape to the police, they are not impressed, they can’t believe the «flat» ending. Quite knowingly, the matter ends with uncomfortable parallels: the rapist’s bathetic orgasm stands against a story without a satisfactory climax.
The novel-memoir is a quest for form, the correct form for a writer whose intellectualism sets him above his class (memoir) and whose hatred of the bourgeoisie makes him anti-intellectual (novel). Intriguing, but… contrived.
Although ostensibly about Louis taking a man he meets on the street back to his flat on Christmas Eve who after hours of hanging out and having sex tries to strangle him and then rapes him an gun point, the theme of this book is really how our stories get hijacked by other people and distorted.
Being quite literary, the story is mainly retold by the author’s sister to her husband (while her brother listens in at the door). She has quite a different take. As do the police and Louis’s friends and even the doctor treating him imposes their version of the story on him
I admired his writing and his bravery for exposing himself and the interesting and different take on violence. However, I did not really enjoy the book – partly the subject matter but partly because the literary style distanced me from the author.

«Where I want to go to stop is why I did not feel any distrust. Édouard did not distrust because the other was not at all aspect of wanting to cause problems. He was calm, affable, as he usually says. But as he wanted to go home he was still as friendly as a jailer. He repeated: I must go home to read, I must go home to read.

I could have looked for another lie. I do not know, something else, not a lie that makes us look like intolerant. Not one like that. Lies are not missing. I do not know, he could have invented something else. We have always respected what he is, from the beginning, and when he told us it was different, the day he told us, I remember as if it were yesterday, I assure you. We replied that that did not change anything and that we would like it, always, that for us it would still be the same person, we told him that the important thing was his bliss, who was happy (lies), that the family is the first thing, my mother said, what matters to me is that my boys are happy and who live a beautiful and happy life, that’s all I ask, I pass from money and all that, I do not give a Bledo, it’s not what What counts, I just want the happiness of my children. Only be happy. Good. Of course we asked him not to ask him a lot in the town when he came, with how little he comes anyway.
As before changing his mind and admitting that he did not live with my parents had lied, Reda wanted to know why with little more than twenty years he had abandoned my family and, above all, why he did not celebrate Christmas with them. He ventured that maybe he was for my studies. I answered that the studies had been a consequence of the leak, not the cause of him.

She says that we were three who entered the police station Saint-Sulpice that December 25 in the afternoon; She describes her husband what I described her: the hanging garlands of the ceiling, the Christmas trees planted in the corners of the room, the colored light bulbs blinking green, red, blue, yellow. Every time I pay less attention to Clara, the long digress of her will exhaust me.
The police of the reception asked us what we wanted, but I could not articulate a word. Tartamudeba. Didier did it for me: «This young man comes to put a complaint.» They bring you down the neck. She asked: «What’s the reason?» They bring you down her neck and she helps her. I replied: «Attempt of homicide, and rape.» You were not expecting. She immediately made a slight movement back, amazed, and she looked at us at three.
The lies have saved me on more than one occasion. If I think about it, many of the moments of freedom of my life have been moments when I have been able to lie, and for lying I understand resisting a truth that tried to impose on me, on my tissues, about my organs, a truth that fact was already established in me, perhaps for a long time, but that it had been established by others, from the outside, as the fear that Reda had inoculated me, and I realized that the lie was the only force that truly belonged to me , the only weapon in which I could trust, without conditions.

The inspector apologized for the black dust at the crockery and in the rest of the apartment. It was nothing, it did not matter, I would clean it. They closed the briefcases, they greeted me, he shook my hand and passed the door threshold. When they were going and Geoffroy, he got up to enter the apartment, they asked me if Red Deda had taken a shower, maybe they could find traces in the shower cabin and in the liquid soap container, and I did not lie to them. I do not understand why I did not lie to them, but I did not, I told them yes and for my fault they turned around. They went to the bathroom, and they stayed there for a while longer. Time was ran down. Ten minutes later they went really, while one of them was last asked:
«Are you sure there are no more traces anywhere else?».

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/13/para-acabar-con-eddy-bellegueles-edouard-louis/

https://weedjee.wordpress.com/2022/06/09/historia-de-la-violencia-edouard-louis-histoire-de-la-violence-by-edouard-louis/

2666 — Roberto Bolaño / 2666 by Roberto Bolaño

Recorrió, asimismo, las pocas librerías alemanas que pudo encontrar en París. El nombre de Archimboldi aparecía en un diccionario sobre literatura alemana y en una revista belga dedicada, nunca supo si en broma o en serio, a la literatura prusiana. En 1981 viajó, junto con tres amigos de facultad, por Baviera y allí, en una pequeña librería de Munich, en Voralmstrasse, encontró otros dos libros, el delgado tomo de menos de cien páginas titulado El tesoro de Mitzi y el ya mencionado El jardín, la novela inglesa.
La lectura de estos dos nuevos libros contribuyó a fortalecer la opinión que ya tenía de Archimboldi. En 1983, a los veintidós años, dio comienzo a la tarea de traducir D’Arsonval. Nadie le pidió que lo hiciera. No había entonces ninguna editorial francesa interesada en publicar a ese alemán de nombre extraño.

La lectura de esta novela me ha dejado un sabor agridulce. Normalmente, una buena novela tendrá una parcela interesante, un importante desarrollo de caracteres o significado temático o político. 2666, sin embargo, carece de todas estas cosas. Tiene una trama meramente superficial, una falta total de desarrollo de caracteres, ya que los personajes permanecen planos y distantes y vienen y vienen sin fanfarria, y cualquier tema central o significado político está profundamente enterrado dentro del abrumador nivel de detalle. Aún más, una buena novela es una que hace algo: crea una respuesta emocional en el lector, enseña algo, ilumina un problema o hace una declaración política. Esta novela no hace nada de esas cosas.
Sin embargo, mi problema principal es que esta una novela sin alegría. Los personajes son todos oscilantes y distantes, carentes de conexión con otros y satisfacción con sus vidas; La trama, como es, se centra en la violación y el asesinato, las personas perdidas y la guerra; Y el estilo sostiene constantemente al lector a la longitud del brazo de todo esto. Esta falta de alegría parece ser intencional, pero eso no lo hace más placentero, interesante o gratificante de leer.
Giles Harvey escribe de 2666, «Samuel Beckett, eleurado original del fracaso, necesitaba solo unas pocas páginas de diálogo o prosa para sugerir un infinito de aburrimiento insoportable; Bolaño elige realmente sujetos a ese aburrimiento, durante 900 páginas».
Hay libros que funcionan precisamente debido a esta falta de alegría, para hacer un punto o resaltar, por el contrario, algo fundamental sobre la humanidad. El hijo nativo de Richard Wright es una novela. Nos lleva a la psique de Thomas más grande, un joven negro lleno de rabios y frustrado en la década de 1930, Chicago, mientras viola y asesina a dos mujeres jóvenes. Esta es una novela sin mucha esperanza y sin mucha luz, sumida, ya que está en el mundo de Bigger, pero esta oscuridad es un propósito, diseñado para brindar un problema a la luz y el cambio político. Del mismo modo, el camino de Cormac McCarthy es una paliza de un libro en la forma en que enfatiza la desolación y la pérdida. Pero, nuevamente, incluso si no hay esperanza de los personajes en la trama, hay una especie de redención en la relación desarrollada entre padre e hijo.
Sin embargo, la oscuridad en 2666 de Bolaño es diferente. Parte 1, «la parte sobre los críticos», cuenta la historia de cuatro críticos literarios europeos en busca de un autor, Benno von Archimboldi, y sus (en su mayoría) los asuntos de amor no satisfacientes entre sí; Parte 2, «La parte de Amalfitano», se trata de un hombre en Santa Teresa (una ciudad en México que ha sido plagada de una serie de violaciones y asesinatos de mujer joven y que fue modelada en Juárez, en la que una serie de la vida real. de violaciones y asesinatos tuvieron lugar durante la década de 1990) que gradualmente pierde su agarre en la realidad; Parte 3, «la parte de Fate», sigue a un reportero afroamericano llamado el destino de Oscar, quien viene a Santa Teresa para cubrir un partido de boxeo y terminar el misterio que rodea las desapariciones allí; Parte 4, «la parte sobre los crímenes», hace poco más de lo que clínicamente detalle cientos de crímenes contra la mujer, muchos de ellos que involucran a mujeres jóvenes similares que han sido «violadas analmente y vaginales» y luego asesinadas, y siguen los intentos a medias. de la policía local para resolver dichos crímenes; y la Parte 5, «La parte de Archimboldi», finalmente le dice a los lectores que el autor de la Parte 1 realmente es, de dónde vino, lo que lo moldeó (en su mayoría de la Segunda Guerra Mundial, Parece), y lo que se ha convertido en él. Las partes solo se relacionan libremente entre sí y ninguna de ellas contiene ningún cierre.
La instancia más sorprendente de esto es en la parte 4, sobre los delitos. Algunos críticos han argumentado que el libro hace una declaración política sobre el tratamiento y la actitud hacia las mujeres que permiten que este tipo de violación y asesinato continúe sin margen, algunos han llamado a su escritura sobre la epidemia de violación y asesinato compasivo, algunos incluso han reclamado su La cobertura de los asesinatos se puede llamar feminista. Michael Berger escribe: «La pura audacia de la novela es que se lee a veces como la última acusación del género de Bolaño, sus propios sueños y deseos, y especialmente la cultura del machismo, el gángerismo y la tiranía que pasa por la masculinidad en muchas partes de muchas partes de el mundo.» Una revisión de la revisión de la revista de la revista de Nueva York afirma que Bolaño
Humaniza no solo las mujeres y sus familias, sino la policía corrupta e incluso los sospechosos de asesinatos. Es una fusión perfecta de sujeto y método: el horror del mundo real Ancla la estética de ensueño de Bolaño, produciendo un híbrido increíblemente poderoso de la ira política y el arte sofisticado.
Berger también describe el estilo de la Parte 4 diciendo que los asesinatos se describen «en un estilo neutral, motivo de hecho que sirve para humanizar a las víctimas».
Sin embargo, el abrumador y clínico detalle que rodea los asesinatos hace poco por mí en el camino de humanizar a las víctimas. Todos comienzan a sonar lo mismo. Los nombres pueden ser diferentes, pero los detalles son muy similares. Esto parece lo opuesto a la humanización, en realidad. Y este es un punto importante para detenerse porque todas las cosas estas revisiones positivas reclaman: que es la literatura política, la compasión de Bolaño, que es feminista, depende de su efectividad, no para superar al lector o destacando los horrores de la humanidad. Pero al dibujar el lector, creando una conexión emocional, e incluso empujando al lector para cambiar la forma en que ella piensa e incluso actúa.
El trabajo de Bolaño, completamente pleno como lo es, no hace esto. Cuando todos en la novela se encuentran distantes y medio muertos, incluso los buenos (como ellos), ¿qué importa si las mujeres están siendo violadas y asesinadas? Cuando incluso el lector está muerto por el esfuerzo de leer la novela, ¿qué importa?
Además, «la parte sobre los delitos», en la cual Bolaño detalla varios años de violación y asesinatos en Santa Teresa, en la que cientos de mujeres se brutalizan, violan, mutiladas y mataron y solo se distinguen entre sí en muchos casos por los nombres que pasan rápidamente y las descripciones clínicas de cómo se encontraron y lo que estaban usando cuando se encontraron, sirve solo para amortiguar. Las mujeres que mueren no son más que objetos, evidencia de una ola de delitos. Leyendo esta sección, no se puede evitar que se pregunten al volumen puro de los delitos descritos. Bolaño está claramente tratando de hacer un punto al representar a todos y cada uno de los delitos, tratando de representar la amplitud de este problema, pero pierde todo el significado finalmente. ¿Por qué representan cientos de cuerpos de mujeres muertas y violadas cuando el punto podría hacerse con un número mucho más pequeño? ¿Por qué no permitir que el lector extrapolaje de un número ya horrible? Uno no puede dejar de preguntarse, como he dicho, pero no solo en el número de mujeres asesinadas (que es lo que Bolaño intenta resaltar aquí); uno no puede dejar de preguntarse si en algún nivel existe un placer perverso por parte del autor o destinado al lector para ver esta violencia contra las mujeres promulgadas una y otra vez. En algún momento cruza una línea entre instructivo y torcido.
Este fue un libro duro para leer y ha sido un libro duro para escribir. En esto, lo logra, supongo, en ser sombrío y deprimente y al colocar una visión particular de la vida y la humanidad. ¿Pero una obra maestra? Yo creo que no. A los críticos les gusta defender el libro diciendo que el gran arte desafía al lector, ese gran arte puede no ser reconocido de inmediato como hermoso; pero estos mismos críticos alaban profusamente el libro (pareciendo socavar sus propias defensas) y se niegan a tener en cuenta que hay una distinción entre desafiar al lector y decirle a ella vete a la mierda, que es más como lo que hace 2666.

1: todos los araucanos o buena parte de éstos eran telépatas. 2: la lengua araucana estaba estrechamente ligada a la lengua de Homero. 3: los araucanos viajaban por todas partes del globo terráqueo, especialmente por la India, por la primitiva Germania y por el Peloponeso. 4: los araucanos eran unos estupendos navegantes. 5: los araucanos tenían dos clases de escritura, una basada en nudos y la otra en triángulos, esta última secreta. 6: no quedaba muy claro en qué consistía la comunicación que Kilapán llamaba adkintuwe y que los españoles, aunque se percataron de su existencia, nunca fueron capaces de traducir. ¿Tal vez el envío de mensajes por medio del movimiento de las ramas de árboles situados en lugares estratégicos como cimas de montes? ¿Algo similar a la comunicación por medio de humo de los indios de las praderas de Norteamérica? 7: por el contrario, la comunicación telepática jamás fue descubierta y si en algún momento dejó de funcionar fue porque los españoles mataron a los telépatas. 8: la telepatía, por otra parte, permitió que los araucanos de Chile se mantuvieran en contacto permanente con los emigrantes de Chile desparramados por lugares tan peregrinos como la poblada India o la verde Alemania. 9: ¿se debía deducir de todo esto que Bernardo O’Higgins también era telépata? ¿Se debía deducir que el propio autor, Lonko Kilapán, era telépata? Pues sí, se debía deducir.

El mes de septiembre aún guardaba otras sorpresas a la ciudadanía de Santa Teresa. Tres días después del hallazgo del cadáver mutilado de Marisa Hernández Silva apareció el cuerpo de una desconocida en la carretera Santa Teresa-Cananea. La muerta debía de rondar los veinticinco años y tenía una luxación congénita en la cadera derecha. Nadie, sin embargo, la echó en falta ni nadie, después de aparecer en la prensa los detalles de esta malformación, se presentó en la policía con nuevas informaciones tendentes a aclarar su identidad. El cuerpo fue encontrado atado de manos utilizando para tal fin la correa de una bolsa de mujer. Había sido desnucada y presentaba heridas de navaja en ambos brazos. Pero lo más significativo de todo era que, al igual que la joven Marisa Hernández Silva, uno de sus pechos había sufrido una amputación y el pezón del otro pecho había sido arrancado a mordidas.
El último caso del año 1997 fue bastante similar al penúltimo, sólo que en lugar de encontrar la bolsa con el cadáver en el extremo oeste de la ciudad, la bolsa fue encontrada en el extremo este, en la carretera de terracería que corre, digamos, paralela a la línea fronteriza y que luego se bifurca y se pierde al llegar a las primeras montañas y a los primeros desfiladeros. La víctima, según los forenses, llevaba mucho tiempo muerta. De edad aproximada a los dieciocho años, medía entre metro cincuentaiocho y metro sesenta. El cuerpo estaba desnudo, pero en el interior de la bolsa se encontraron un par de zapatos de tacón alto, de cuero, de buena calidad, por lo que se pensó que podía tratarse de una puta. También se encontraron unas bragas blancas, de tipo tanga. Tanto este caso como el anterior fueron cerrados al cabo de tres días de investigaciones más bien desganadas. Las navidades en Santa Teresa se celebraron de la forma usual. Se hicieron posadas, se rompieron piñatas, se bebió tequila y cerveza. Hasta en las calles más humildes se oía a la gente reír. Algunas de estas calles eran totalmente oscuras, similares a agujeros negros, y las risas que salían de no se sabe dónde eran la única señal, la única información que tenían los vecinos y los extraños para no perderse.

Archimboldi pidió permiso en el trabajo y viajó en tren a Hamburgo.
La editorial del señor Bubis estaba en el mismo edificio en que había estado hasta 1933. Los dos edificios vecinos se habían venido abajo por los bombardeos, así como varios edificios de la acera de enfrente. Algunos de los empleados de la editorial decían, a espaldas del señor Bubis, por supuesto, que éste había dirigido personalmente los raids aéreos sobre la ciudad. O al menos sobre ese barrio en concreto. Cuando Archimboldi lo conoció el señor Bubis tenía setentaicuatro años y a veces daba la impresión de ser un hombre achacoso, de mal genio, avaro, desconfiado, un comerciante al que poco o nada le importaba la literatura, aunque por regla general su talante era muy distinto: el señor Bubis gozaba o hacía ver como que gozaba de una salud envidiable, nunca se enfermaba, siempre estaba dispuesto a sonreír con cualquier cosa, solía mostrarse confiado como un niño y no era avaro aunque tampoco podía afirmarse que pagara a sus empleados con largueza.
En la editorial, además del señor Bubis, que hacía de todo, trabajaba una correctora, una administrativa, que llevaba asimismo las relaciones con la prensa, una secretaria, que solía ayudar a la correctora y a la administrativa, y un encargado de almacén, que raras veces estaba en el almacén, en el sótano del edificio, un sótano en el que el señor Bubis tenía que hacer constantes reformas pues el agua de la lluvia, en ocasiones, lo inundaba, y a veces hasta el agua de la capa freática, como explicaba el encargado del almacén, subía y se instalaba en el sótano en forma de grandes manchas de humedad, muy perjudiciales para los libros y para la salud de quien trabajara allí.
Además de estos cuatro empleados en la editorial solía encontrarse una señora de aspecto respetable, más o menos de la edad del señor Bubis, si no algo mayor, que había trabajado para éste hasta 1933, la señora Marianne Gottlieb, la empleada más fiel de la editorial, tanto que, según se decía, ella había sido la conductora del coche que había llevado a Bubis y a su mujer hasta la frontera holandesa, en donde tras ser registrado el vehículo por los policías de frontera, sin encontrar nada, habían seguido camino hasta Amsterdam.
¿Cómo habían logrado burlar Bubis y su mujer el control? No se sabía…

El año 2000 no pudo ir a México pero hablaba cada semana con la abogada y ésta la mantenía informada sobre las últimas novedades referentes a Klaus. Cuando no hablaban por teléfono se comunicaban mediante e-mails e incluso se hizo instalar un fax en su casa para recibir los documentos nuevos que fueran apareciendo en torno al caso de las mujeres asesinadas. Durante aquel año que no fue a México Lotte se preparó concienzudamente para estar bien de salud y poder viajar al año siguiente. Tomó vitaminas, contrató a un fisioterapeuta, visitó una vez a la semana a un chino que practicaba la acupuntura. Siguió una dieta especial con mucha fruta fresca y ensaladas. Dejó de comer carne, que sustituyó por pescado.
Cuando llegó el año 2001 se encontraba dispuesta para emprender otro viaje a México, aunque su salud, pese a todos los cuidados que tomaba, ya no era la de antes. Y sus nervios, como se verá a continuación, tampoco.
Mientras esperaba en el aeropuerto de Frankfurt el vuelo que la llevaría a Los Ángeles entró en una librería…

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He also toured the few German libraries he could find in Paris. The name of Archimboldi appeared in a dictionary about German literature and in a dedicated Belgian magazine, he never knew if he jokingly or seriously, to Prussian literature. In 1981 he traveled, along with three Faculty Friends, Bavaria and there, in a small bookstore of Munich, in Voralmstrasse, found two other books, the thin one took less than a hundred pages entitled The Treasure of Mitzi and the already mentioned the garden , the English novel.
The reading of these two new books contributed to strengthen the opinion that I already had of Archimboldi. In 1983, at twenty-two, he started the task of translating d’Arsonval. Nobody asked him to do it. There was not then no French publishing house interested in publishing that German named German.

The reading of this novel has left me a bittersweet flavour.
Typically, a good novel will have an interesting plot, significant character development, or thematic or political significance. 2666, though, lacks all of these things. It has a merely perfunctory plot, a total lack of character development as characters remain flat and distant and come and go with no fanfare, and any central theme or political significance is deeply buried within the overwhelming level of detail. Even more, a good novel is one that does something: creates an emotional response in the reader, teaches something, illuminates an issue or makes a political statement. This novel does none of those things.
My primary problem, though, is that this a novel with no joy in it. The characters are all deadened and distant, lacking connection with others and satisfaction with their lives; the plot, such as it is, focuses on rape and murder, lost people, and war; and the style consistently holds the reader at arm’s length from all of this. This joylessness seems to be intentional, but that doesn’t make it any more pleasurable, interesting, or rewarding to read.
Giles Harvey writes of 2666, «Samuel Beckett, the original laureate of failure, needed only a few pages of dialogue or prose to suggest an infinity of excruciating boredom; Bolaño chooses to actually subject us to that boredom, for 900 pages.»
There are books that function precisely because of this lack of joy, to make a point or to highlight, by contrast, something fundamental about humanity. Richard Wright’s Native Son is such a novel. It takes us into the psyche of Bigger Thomas, a rage-filled and frustrated young black man in 1930s Chicago, as he rapes and murders two young women. This is a novel without much hope and without much light, mired as it is in Bigger’s world, but this darkness is purposeful, designed to bring a problem to light and effect political change. Similarly, Cormac McCarthy’s The Road is a beating of a book in the way it emphasizes desolation and loss. But, again, even if there is no hope for the characters in the plot, there is a sort of redemption in the relationship developed between father and son.
The darkness in Bolaño’s 2666 is different, though. Part 1, «The Part About the Critics,» tells the story of four European literary critics in search of an author, Benno von Archimboldi, and their (mostly) unfulfilling love affairs with one another; Part 2, «The Part About Amalfitano,» is about one man in Santa Teresa (a town in Mexico that has been plagued by a series of rapes and murders of young woman and which was modeled on Juárez, in which a real-life series of rapes and murders took place during the 1990s) who gradually loses his grip on reality; Part 3, «The Part About Fate,» follows an African American reporter called Oscar Fate who comes to Santa Teresa to cover a boxing match and winds up being drawn into the mystery surrounding the disappearances there; Part 4, «The Part About the Crimes,» does little more than clinically detail hundreds of crimes against women, many of them involving similar young women who have been «anally and vaginally raped» and then murdered, and follow the half-hearted attempts of the local police to solve said crimes; and Part 5, «The Part About Archimboldi,» finally tells readers who the author from Part 1 really is, where he came from, what shaped him (mostly World War II, it seems), and what has become of him. The parts are only loosely related to one another and none of them contain any closure.
The most striking instance of this is in Part 4, about the crimes. Some reviewers have argued that the book makes a political statement about the treatment of and attitude toward women that allows this kind of rape and murder to continue unabated, some have called his writing about the epidemic of rape and murder compassionate, some have even claimed his coverage of the killings can be called feminist. Michael Berger writes, «The sheer audacity of the novel is that it reads at times as the ultimate indictment of Bolaño’s gender, his own dreams and desires, and especially the culture of machismo, gangsterism, and tyranny that passes for masculinity in many parts of the world.» A review from the New York Magazine Book Review claims that Bolaño
humanizes not only the women and their families but the corrupt police and even the murder suspects. It’s a perfect fusion of subject and method: The real-world horror anchors Bolaño’s dreamy aesthetic, producing an impossibly powerful hybrid of political anger and sophisticated art.
Berger also describes the style of Part 4 by saying that the murders are described «in a neutral, matter-of-fact style that serves to humanize the victims.»
The overwhelming and clinical detail surrounding the murders do little for me in the way of humanizing the victims, however. They all start to sound the same. The names may be different, but the details are all too similar. This seems the opposite of humanizing, actually. And this is an important point to dwell upon because all of the things these positive reviews claim– that it is political literature, Bolaño’s compassion, that it is feminist–depend for their effectiveness not on deadening the reader or highlighting the horrors of humanity but on drawing the reader in, creating an emotional connection, and even pushing the reader to change the way she or he thinks and even acts.
Bolaño’s work, thorough as it is, does not do this. When everyone in the novel is distant and half-dead, even the good guys (such as they are), what does it matter if women are being raped and killed? When even the reader is deadened by the effort of reading the novel, what does it matter?
Furthermore, «The Part About the Crimes,» in which Bolaño details several years’ worth of rapes and murders in Santa Teresa, in which hundreds of women are brutalized, violated, mutilated, and killed and are only distinguished from one another in many cases by quickly-passed-over names and clinical descriptions of how they were found and what they were wearing when they were found, serves only to deaden. The women who are killed are no more than objects, evidence of a crime wave. Reading this section, one cannot help but wonder at the sheer volume of the crimes described. Bolaño is clearly trying to make a point by depicting each and every one of the crimes, trying to represent the breadth of this problem, but it loses all meaning eventually. Why depict hundreds of dead and violated women’s bodies when the point could be made with a far smaller number? Why not allow the reader to extrapolate from an already horrifying number? One cannot help but wonder, as I’ve said, but not only at the number of women killed (which is what Bolaño attempts to highlight here); one cannot help but wonder if at some level there is a perverse pleasure on the part of the author or intended for the reader in seeing this violence against women enacted over and over and over again. At some point it crosses a line between instructive and twisted.
This was a hard book to read and has been a hard book to write about. In this, it succeeds, I suppose, in being bleak and depressing and in putting forth a particular view of life and humanity. But a masterpiece? I think not. Critics like to defend the book by saying that great art challenges the reader, that great art may not be immediately recognized as beautiful; but these same critics profusely praise the book (seeming to undermine their own defenses of it) and refuse to note that there is a distinction between challenging the reader and telling him or her to fuck off, which is more like what 2666 does.

1: All Araucans or a good part of these were telepaths. 2: The Araucana language was closely linked to Homer’s tongue. 3: The Araucans traveled throughout the globe, especially by India, by the Germania primitive and by the Peloponnese. 4: The Araucans were great navigators. 5: The Araucans had two kinds of writing, one based on knots and the other in triangles, the latter secret. 6: It was not very clear about what the communication that Kilapan was called Adkintuwe and that the Spaniards, although they realized their existence, were never able to translate. Maybe sending messages through the movement of tree branches located in strategic locations such as mountains? Something similar to communication by means of smoke from the Indians of the meadows of North America? 7: On the contrary, telepathic communication was never discovered and if at some point it stopped working was because the Spaniards killed the telepaths. 8: Telepathy, on the other hand, allowed the Araucans from Chile to remain in permanent contact with chili emigrants scattered by places as pilgrims such as the Indian population or Green Germany. 9: Should I be deduced from all this that Bernardo O’Higgins was also telepath? Should it be deduced that the author himself, Lonko Kilapan, was telepath? Yes, it was necessary to deduce.

The month of September still kept other surprises to the citizenship of Santa Teresa. Three days after the finding of the mutilated corpse of Marisa Hernández Silva appeared the body of a stranger on the Santa Teresa-Cananea road. The dead must be around twenty-five years and she had a congenital dislocation on the right hip. No one, however, missed it or anyone, after appearing in the press the details of this malformation, was presented in the police with new information aimed at clarifying the identity of it. The body was found tied from hands using for this purpose the belt of a woman’s bag. She had been denounced and presented knife wounds in both arms. But the most significant thing about everything was that, like the young Marisa Hernández Silva, one of her breasts had suffered an amputation and the nipple of her chest of her had been torn off.
The last case of 1997 was quite similar to the penultimate, only that instead of finding the bag with the corpse at the west end of the city, the stock market was found at the east end, on the dirt road that runs, let’s say, Parallel to the borderline and then bifurca and is lost when reaching the first mountains and the first gorges. The victim, according to the forensic, had been dead for a long time. Approximately at eighteen, she measured between fifties meter and sixty meter. She was naked, but inside the bag a couple of high-heeled, leather, good quality shoes were found, so it was thought that she could be a whore. There were also a white panties, Tanga type. Both this case and the previous one were closed after three days of rather disguised research. Christmas in Santa Teresa were celebrated in the usual way. They became perched, piñatas broke, drank tequila and beer. Even in the most humble streets he was heard people laughing. Some of these streets were totally dark, similar to black holes, and the laughter that came out of not knowing where the only sign, the only information they had the neighbors and the strangers so as not to get lost.

Archimboldi asked for permission at work and traveled by train to Hamburg.
The editorial of Mr. Bubis was in the same building in which he had been until 1933. The two neighboring buildings had come down the bombing, as well as several sidewalk buildings opposite. Some of the employees of the publisher said, behind Mr. Bubis, of course, that he had personally directed the aerial raids over the city. Or at least about that neighborhood specifically. When Archimboldi met him, Mr. Bubis had seventantaicetro, and sometimes he gave the impression of being an attributable man, of bad temper, greedy, distrustful, a merchant to which little or nothing mattered literature, although as a general rule his mood was very different : Mr. Bubis enjoyed or seeing how he enjoyed an enviable health, he never got sick, he was always willing to smile with anything, he used to be confident as a child and was not an avaro although he could not affirm himself that he will pay his employees with Largueza .
In the publisher, in addition to Mr. Bubis, who was doing everything, a corrector worked, an administrative, who also had relations with the press, a secretary, who used to help the corrector and the administrative, and a warehouse manager, who rarely I was in the store, in the basement of the building, a basement in which Mr. Bubis had to make constant reforms because the water of the rain, sometimes, flooded, and sometimes to the water of the water table, as He explained the warehouse manager, climbed and installed in the basement in the form of large moisture spots, very harmful to the books and for the health of whoever worked there.
In addition to these four employees in the publisher, a respectable looking lady, more or less than the age of Lord Bubis, if not something greater, had worked for this until 1933, Mrs. Marianne Gottlieb, the most faithful employee of the editorial, so so much that, as it was said, she had been the driver of the car she had taken to Bubis and her wife to the Dutch border, where after the vehicle is recorded by the border police, without finding anything, they had followed way until Amsterdam.
How had they managed to mock Bubis and the woman of him control? It was not known …

The year 2000 he could not go to Mexico but he spoke every week with the lawyer and that he kept her informed about the latest news regarding Klaus. When they did not talk by phone, they communicated by e-mails and even became a fax in the house of it to receive the new documents that were appearing around the case of murdered women. During that year she did not go to Mexico she Lotte she prepared conscientiously to be well of health and be able to travel the following year. She took vitamins, hired a physiotherapist, visited a Chinese once a week who practiced acupuncture. She followed a special diet with a lot of fresh fruit and salads. She stopped eating meat, which she replaced by fish.
When she arrived 2001 she was willing to take another trip to Mexico, although her health, despite all the care she took, was no longer the one before. And the nerves of it, as will be seen below, either.
While she expected at Frankfurt Airport the flight that would take her to Los Angeles she entered a bookstore …

La Gran Ola — Albert Pijuan / Tsunami by Albert Pijuan (spanish book edition)

Eran jóvenes y lo tenían todo, eran jóvenes y no creían en nada porque lo eran todo y no tenían nada, eran jóvenes y eran tres, y los tres compartían linaje, sangre, destino y molde, eran huérfanos y eran reyes, y esta mañana de Navidad, antes de repantingarse en la terraza, sus padres les han hecho ir con el estómago vacío y los ojos legañosos al despacho principal del hotel, y en el centro del despacho, recién desempaquetada, los dos mozos morenos todavía rompen maderas y hacen bolas con el papel de embalar, ven una estatua, y los tres padres les dicen a los tres herederos, Ya ha llegado, y tres por un lado y tres por el otro rodean al elefante de marfil, de metro veinte de altura más medio metro de trompa erecta, Los ojos son de zafiro azul, apunta uno de los padres, y una tela de oro adornada con gemas verdes y rojas le cubre el lomo, Rubíes y esmeraldas, concreta otro padre, las pezuñas también son piedras preciosas y la cola, caída, acaba en una piedra translúcida que, según desde dónde se mire, cambia de color, y el padre que falta por hablar pregunta, ¿Qué os parece?, y los tres chicos que lo tienen todo pero no creen en nada dudan de la respuesta, porque, en este momento, no saben qué se espera de ellos, se encuentran en una situación que los descoloca, en general, vayan adonde vayan, hagan lo que hagan, saben cómo tienen que comportarse, qué tienen que decir, qué tienen que hacer, viven con un círculo alrededor y todo lo que queda dentro lo pueden dominar, pero ahora se acaban de despertar después de otra noche de fiesta y no ven más que un cacho de piedra, bueno, de marfil, según les han dicho, y ven joyas y un elefante petrificado en un gesto de elefante cualquiera, y lo que pasa es que el elefante se encuentra fuera del círculo, fuera de lo que tendrían que controlar, ¿qué les parece qué?…

Bueno, ha sido una decepción. Se une muy bien con un estilo ágil, irónico y fresco, pero la novela termina siendo justo eso, vacía como los complejos de hoteles que el libro quiere satirizar: los personajes son planos, sin muchos matices y completamente odiosos; El estilo termina cansado; el desarrollo no tiene ningún tipo de interés porque no hay nada en el que tomar y el final no se siente de ninguna manera, quiere jugar con los mitos ancestrales de Sri Lanka, una venganza excesiva y un nuevo tsunami que duele todo sin nada termina encajando. Y el epílogo en el estilo indio más puro, Indiana Jones parece bastante alejado. Son fuegos artificiales, todos muy hermosos, pero cuando terminan, no queda nada.
Un libro muy irregular con muchas virtudes, pero al mismo tiempo muchos defectos. Pijuan nos dice una historia en tres actos. Cada acto es una ola que trae a los protagonistas y genera una resaca que deja un panorama desolado. Los protagonistas son tres primos, herederos de un grupo de hoteles, que se encuentran en 2004 en un grupo de grupos en Sri Lanka justo antes del tsunami que lo causaría estragos. Durante la primera mitad describimos la miseria moral y la falta de empatía de una clase social que ha nacido y crecido en abundancia y que se cree que todo está a su alcance, o su dinero. Hasta que el tsunami llegue y convierte la vida de la familia.
El problema de la novela es que, a partir de ese momento, el autor es incapaz de dar una evolución a los personajes que se alejan de los lugares comunes de un tipo de burguesía ya muy caricaturizada en la ficción. Pijuan intenta describir las consecuencias de un acto de malos muchos años después y todo permanece en un ejercicio brillante brillante para los momentos, pero terminando dando la sensación de que es una corriente de palabras a Dojo que quiere enmascarar el vacío de la trama. Costos para dejar el lector de escape en la lectura. El tsunami tiene una introducción y un resultado, pero falta el nudo.
A pesar de esto, la novela tiene cosas muy positivas. El primer acto del libro es brillante, con un sentido del humor muy bien trabajado y el estilo narrativo muestra que el escritor sabe cómo jugar con las palabras. Además, el fin y el ser un poco excesivo, se compromete con el lector que lo obliga a aprovechar y hace una reflexión muy interesante sobre la naturaleza del mal y su personaje de entrada. Cuando el autor entra en estas preguntas, la novela brilla, pero cuando la trama se centra en la crítica de la sociedad de los consumidores, el colonialismo económico y el turismo o la ideología, la nueva era, Pijuan no se va y hay una novela superficial y mediocre con pequeños momentos de genio. Ganadora del Premio Nacional de la Crítica de narrativa en catalán

Beben piña colada y dicen que este paraíso un día será suyo, podrían haberlo dicho como si quisieran aplacar la incertidumbre, como un augurio o como una promesa, pero lo manifiestan como una observación insustancial, nadie se cuestiona que el sol salga cada día, Este paraíso será nuestro, dicen, aunque ya se comportan como si fuese suyo, y motivos nos les faltan, las únicas personas, los únicos hombres que podrían desmentirlo, los mismos que lo podrían impedir, se encuentran reunidos en el despacho que se ve detrás del balcón principal y estos tres hombres son los primeros interesados en que los tres chicos se tomen este hecho como natural, tanto como lo es andar sobre dos piernas, los chicos dicen que será suyo pero hacen como si ya lo fuese, o eso es lo que se desprende de sus instrucciones, requerimientos, órdenes y suposiciones, todo esto será nuestro es una afirmación que no es necesario formular en voz alta porque emana de cada uno de sus gestos, son las diez de la mañana y se beben una piña colada en la terraza que se extiende desde la piscina.

Al principio no había animales, solo era una tierra dura donde las montañas se empujaban para ir cogiendo forma. Después fue el aire y luego el cielo y luego la luz, y la primera luz creó el mar, y del mar, como una náusea, salieron animales, que vagaban por un solo camino y donde no podía crecer nada porque estaba hecho de sal, y del caminar de los animales el camino de sal se resquebrajó y la hierba pudo crecer y de los fragmentos de sal nacieron las piedras preciosas, y cada mundo tenía un panteón vigilándolo, erigido más arriba del cielo, pero más abajo de las estrellas. Lo conformaban dioses que no tenían suficiente poder para afectar al karma, pero sí al mundo que tenían debajo, y para que nadie tuviese la tentación de apropiarse de todas las piedras preciosas los dioses las acumularon en el cuerno de una península y la rompieron, y la enviaron mar adentro, y todas las piedras preciosas ahora estaban en una isla que era un joyero y que tenía forma de lágrima. Un día los gusanos aprendieron a roer las rocas, y perforaron el suelo bajo el mar y cuando los gusanos llegaron a la isla la dejaron agujereada por dentro, y vagaban por la isla y les crecieron piernas y brazos, y así es como los hombres poblaron la isla, y se hicieron la ropa y las casas con las piedras preciosas que había por todas partes. Los dioses compararon las ropas y las casas de los hombres con sus ropas y sus casas y no encontraron ninguna diferencia, y se reunieron y todos estuvieron de acuerdo en el castigo que harían caer sobre los hombres. A partir de ese momento, podrían disfrutar de una vida de dioses pero durante un tiempo acotado, porque ahora los hombres serían mortales.
Los dioses dijeron que su acción provocaría muertos en grandes cantidades y una destrucción enorme, y que hasta ellos podían llegar a sufrir el mal de los hombres, la muerte, y los cinco dioses hechos hombres, viendo cómo el ejército de demonios avanzaba y avanzaba dejando a su paso fuego y destrucción, y que su victoria era inminente, suplicaron la intervención divina, y el cielo se oscureció y la noche sobrevino de pronto y cayeron rayos por millares sobre el mar y el mundo tembló y los océanos se alzaron y una gran ola, tan alta que hasta las nubes barría, cayó sobre el campo de batalla y engulló a dioses, hombres y demonios sin hacer ninguna distinción. Los más viejos de la isla todavía cuentan que la sangre de Wesamuni sobrevivió en algunos de los demonios que la ola no mató. Pero los viejos también cuentan que los dioses que se habían hecho hombres tampoco han muerto, y que su sangre también sigue viva y que aún velan por nosotros.

La gran ola.
La neblina se disipó de la playa y los primeros roe­dores comenzaron a asomar la cabeza. Unas lucecitas de colores iluminaban las caras de los tres pescadores. Abrieron los ojos con dificultad para ver de dónde venía aquella molestia. Eran los reflejos disparados por el sol contra las piedras preciosas de un elefante de marfil. Aquello los desveló de golpe: ¿qué hacían sentados alrededor de aquella estatua? No les dio tiempo a pensar qué había pasado, cómo se había producido aquel intercambio. La pierna del maniquí estaba allí en el suelo, pero ¿y el hombre? ¿Cómo había podido irse por su propio pie si a duras penas respiraba? Pero enseguida notaron mo­vimiento a pocos metros. Una serie de hombres uniformados se acercaban a ellos, sanitarios, policías, bomberos. Cuando vieron el elefante de marfil, cogieron los walkies y hablaron con sus superiores. Los pescadores, que entendieron al momento lo que pasaría, se lanzaron sobre el elefante. Ellos lo habían encontrado allí, ellos lo habían protegido, el elefante era suyo. Discutieron, hubo amenazas con cristales rotos y palos de parasoles, un conato de pelea desigual entre los hombres uniformados y los hombres heridos.
Días después, cuando se estaban planteando los términos de la disputa legal entre el gobierno local y los pescadores, el Grup Serrahima Hotels se enteró del hallazgo. Desde aquel momento la reclamación pasó a ser de la empresa contra el gobierno estatal cingalés. El grupo tenía fotografías que acreditaban la propiedad de la estatua y, aplicando los sobornos justos a los cargos indicados, ganaron el litigio.

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They were young and they had everything, they were young and they did not believe in anything because they were everything and they had nothing, they were young and they were three, and the three shared lineage, blood, destination and mold, were orphans and they were kings, and this morning Christmas, before pressed on the terrace, his parents have made them go with the empty stomach and legish eyes to the main office of the hotel, and in the center of the office, freshly unpacked, the two dark lakes still break wood and make balls With the role of packing, they see a statue, and the three parents tell them the three heirs, it has come, and three on one side and three on the other surround the ivory elephant, from meter twenty tall more half meter erect tube, the eyes are blue sapphire, point one of the parents, and a golden fabric adorned with green and red gems covers the back, rubies and emeralds, concrete another father, the hooves are also precious stones and the tail, fall, ends up on a translucent stone that, according to DSD Where do you look, change color, and the father who is missing for speaking question, what do you think?, and the three guys who have everything but do not believe in anything doubt the answer, because, at this moment, they do not know What is expected of them, they are in a situation that despolocates them, in general, where they go, do what they do, they know how they have to behave, what they have to say, what they have to do, live with a circle around and everything What is inside can dominate it, but now they just wake up after another night of party and do not see more than a stone, good, ivory honey, they have told them, and come jewels and an oil elephant in a gesture Elephant anymore, and what happens is that the elephant is outside the circle, out of what they would have to control, what do you think? …

Well, it has been a disappointment. He joins very well with an agile, ironic and fresh style, but the novel ends up being just that, empty as the hotel complexes that the book wants to satirize: the characters are flat, without many nuances and completely odious; The style ends tired; The development has no interest because there is nothing in which to take and the end does not feel in any way, wants to play with the ancestral myths of Sri Lanka, an excessive revenge and a new tsunami that hurts everything without anything ends up fitting . And the epilogue in the purest Indian style, Indiana Jones seems quite far away. They are fireworks, all very beautiful, but when they finish, there is nothing left.
A very irregular book with many virtues, but at the same time many defects. Pijuan tells us a story in three acts. Each act is a wave that brings the protagonists and generates a hangover that leaves a desolate panorama. The protagonists are three cousins, heirs of a group of hotels, which are in 2004 in a group of groups in Sri Lanka just before the tsunami that would cause him havoc. During the first half we describe the moral misery and the lack of empathy of a social class that has been born and grown in abundance and that it is believed that everything is within reach, or your money. Until the tsunami arrives and turns the life of the family.
The problem of the novel is that, from that moment, the author is unable to give an evolution to the characters that move away from the common places of a kind of bourgeoisie already very caricatured in fiction. Piajuan tries to describe the consequences of an act of bad many years later and everything remains in a bright brilliant exercise for moments, but ending giving the feeling that it is a stream of words to dojo that wants to mask the vacuum of the plot. Costs to leave the escape reader in reading. The tsunami has an introduction and a result, but the knot is missing.
In spite of this, the novel has very positive things. The first act of the book is brilliant, with a sense of humor very well worked and the narrative style shows that the writer knows how to play with the words. In addition, the end and being a bit excessive, is committed to the reader who forces him to take advantage of and makes a very interesting reflection on the nature of evil and his entry character. When the author enters these questions, the novel shines, but when the plot focuses on the criticism of consumer society, economic colonialism and tourism or ideology, the new era, piajuan does not leave and there is a novel Surface and mediocre with small moments of genius.
This book was the winner of the National Narrative Review Award in Catalan language.

They drink pineapple and say that this paradise one day will be his, they could have said it as if they wanted to appease the uncertainty, as an augury or as a promise, but they manifest it as an insubstantial observation, nobody is questioned that the sun comes out every day, this Paradise will be ours, they say, although they behave as if it were their own, and motives are lacking, the only people, the only men who could disprove it, the same ones who could prevent it together, are gathered in the office that is seen behind the main balcony and these three men are the first interested in which the three boys take this fact as natural, as much as it is to walk on two legs, the boys say it will be yours but they do as if it were already, or that is what It follows from its instructions, requirements, orders and assumptions, all this will be ours is an affirmation that is not necessary to formulate aloud because it emanates from each of its gestures, it is ten in the morning and be b Eben a pineapple cast on the terrace that extends from the pool.

At first there were no animals, it was only a last land where the mountains were pushed to be caught. Then it was the air and then the sky and then the light, and the first light created the sea, and from the sea, like a nausea, animals came out, who wandered by a single way and where nothing could grow because I was made of salt, And from the animal walking the salt path cracked and the grass could grow and from the fragments of salt, the precious stones were born, and each world had a pantheon watching him, erected above the sky, but below the stars. Godes were made up that did not have enough power to affect Karma, but yes to the world they had underneath, and so that no one had the temptation to appropriate all the precious stones, the gods accumulated in the horn of a peninsula and broke it, and He sent her offshore, and all the precious stones were now on an island that was a jeweler and that was a teardrop shape. One day the worms learned to roe the rocks, and pierced the ground under the sea and when the worms came to the island they left her bored inside, and wandered on the island and crossed legs and arms, and that’s how men populated The island, and the clothes and houses were made with the precious stones that were everywhere. The gods compared the clothes and houses of men with their clothes and their houses and did not find any difference, and they met and everyone agreed on the punishment that would fall on men. From that moment, they could enjoy a life of gods but for a timely time, because now men would be deadly.
The gods said that his action would cause dead in large quantities and a huge destruction, and that even them could come to suffer the evil of men, death, and the five gods made men, seeing how the army of demons was advancing and progressed leaving In his passage of fire and destruction, and that his victory was imminent, they begged divine intervention, and the sky darkened and the night suddenly survived and rays fell by thousands over the sea and the world trembled and the oceans raised and a great Wave, so high that even the barry clouds, fell on the battlefield and swallowed gods, men and demons without making any distinction. The oldest on the island still tell that Wesamuni’s blood survived in some of the demons that the wave did not kill. But the old people also tell that the gods who had been done have not died either, and that their blood also follows alive and that they still watch over us.

The Great Wave.
The haze dissipated from the beach and the first rodents began to peek his head. Some colored lucecites illuminated the sides of the three fishermen. They opened their eyes with difficulty seeing where that discomfort came from. It was the reflexes fired by the sun against the precious stones of an ivory elephant. That revealed them, what were they sitting around that statue? He did not have time to think about what had happened, how that exchange had occurred. The mannequin’s leg was there on the ground, but and the man? How had I been able to go through his own foot if he had penalties he breathed? But immediately they noticed movement a few meters away. A series of uniformed men approached them, toilets, police, firefighters. When they saw the ivory elephant, they picked up the walkies and talked with their superiors. The fishermen, who understood at the time what would happen, threw themselves on the elephant. They had found him there, they had protected him, the elephant was his. They discussed, there were threats with broken crystals and parasol sticks, a conato of uneven fight between uniformed men and injured men.
Days later, when the terms of the legal dispute between the local government and the fishermen were being raised, the Grup Serrahima Hotels learned of the finding. From that moment the claim became the company against the Singlest State Government. The group had photographs that accredited the property of the statue and, applying fair bribes to the indicated charges, won the litigation.

Wagnerismo: Arte Y Política A La Sombra De La Música — Alex Ross / Wagnerism: Art and Politics in the Shadow of Music by Alex Ross

Una historia trágica. Un artista que podría haber rivalizado con Shakespeare en alcance universal se ve arruinado por una ideología de odio. Aun así, su sombra perdura sobre la cultura del siglo XXI y sus motivos míticos recorren películas de superhéroes y fantasía. Ni una apología ni una condena.
Al final de Das Rheingold (El oro del Rin), la primera parte del ciclo operístico Der Ring des Nibelungen (El anillo del nibelungo) de Richard Wagner, los dioses están entrando en el palacio recién construido del Valhalla y las hijas del Rin están cantando consternadas. Las ninfas del río saben que el Valhalla se ha erigido sobre unos cimientos podridos, pues se ha pagado a sus obreros con el oro extraído de las profundidades del agua.
La tarde del 12 de febrero de 1883, tres décadas después de que Das Rheingold fuera concluido y siete años después de que el Anillo se interpretara completo por vez primera, Wagner tocó al piano el lamento de las hijas del Rin. Cuando fue a acostarse, comentó: «Tengo cariño a estos seres subordinados de las profundidades, a estas criaturas anhelantes».
Wagner tenía sesenta y nueve años y una salud maltrecha. Desde septiembre de 1882 había estado viviendo con su familia en un ala lateral del Palazzo Vendramin Calergi, junto al Gran Canal de Venecia. Aislado en lo que él llamaba su «gruta azul» —una estancia decorada con telas de raso multicolores y encajes blancos—.
Colegas compositores, fuera cual fuera la opinión que tenían del hombre, quedaron conmocionados por su partida. «Vagner è morto!!! —escribió Giuseppe Verdi, el antípoda italiano de Wagner—. ¡Cuando leí ayer la noticia de la muerte, estoy por decirte que me quedé horrorizado! No caben discusiones. Desaparece una gran individualidad. ¡¡¡Un nombre que deja una poderosísima impronta en la Historia del Arte!!!». Johannes Brahms, tenido por el principal adversario de Wagner, envió una gran corona de laurel al funeral. Los jóvenes fanáticos estaban desesperados. Gustav Mahler recorrió las calles llorando, gritando: «¡El Maestro ha muerto!». Pietro Mascagni se encerró durante varios días, escribiendo a toda velocidad la Elegia per orchestra in morte di R. Wagner. Liszt homenajeó póstumamente a su yerno en una extraña pieza para piano que vacilaba entre enfáticas afirmaciones tonales en modo mayor y divagaciones en medio de un limbo armónico. Llevaba por título R. W. – Venezia. Unos meses más tarde, Liszt escribió una pieza aún más sombría y misteriosa llamada Am Grab Richard Wagners (Junto a la tumba de Richard Wagner).
Friedrich Nietzsche, que tenía entonces treinta y ocho años, se encontraba en Rapallo, completando la primera parte de Also sprach Zarathustra (Así habló Zaratustra), que proclama la muerte de todos los dioses y la llegada del Übermensch. Nietzsche escribió más tarde que había terminado su tarea «justamente en esa hora sagrada en la que Richard Wagner murió en Venecia». Después de ver los periódicos al día siguiente, pasó varios días enfermo en la cama, anonadado.
Los homenajes póstumos en los países germanófonos fueron apasionados y se vieron con frecuencia politizados. En Austria, lo habitual es que los jóvenes pangermanistas, que defendían la unificación de los pueblos germánicos bajo una única bandera nacional, se sintieran vinculados a Wagner. Según el escritor Hermann Bahr, los jóvenes vieneses solían declararse wagnerianos antes de haber oído siquiera un solo compás de su música.
Mientras se corría la voz de la noticia de la muerte de Wagner, sus restos estaban viajando de regreso a Bayreuth, la ciudad francona donde había creado su festival y establecido su hogar. El féretro se transportó por el canal desde el Palazzo Vendramin hasta la estación de tren de Venecia, desde donde viajó en un vagón fúnebre que atravesó Austria hasta Alemania. Llegó a Bayreuth en la tarde del 17 de febrero. Otros tres vagones iban llenos de coronas fúnebres. Veintisiete bomberos estuvieron vigilando en la estación durante toda la noche. El funeral comenzó a las cuatro del día siguiente, con una banda militar tocando la Música Fúnebre de Siegfried. Después de los discursos, una larga procesión recorrió lentamente la ciudad, en dirección a la mansión que Wagner había bautizado como Wahnfried: «Paz del engaño». El cadáver fue enterrado en una tumba que se había construido en la parcela trasera de Wahnfried, al lado de la tumba de uno de sus perros favoritos, un terranova llamado Russ.
La Venezia no exageró cuando afirmó que Cosima Wagner había «enloquecido de dolor».

Apasionante estudio sobre Wagner y lo que ha supuesto en la cultura y el pensamiento, todo relatado de manera minuciosa y amena. El lector se asombra de los tentáculos wagnerianos y de que su obra total haya abarcado tantos mundos.
Comprensible, contado magistralmente. Sin embargo, este libro tiene un punto de entrada alto. Si bien no es un texto académico, algunas partes se sentirán así si no está familiarizado con los puntos de referencia. Un conocimiento de trabajo de Wagner debe ser un dado, pero también debe sentirse cómodo con el arte y la filosofía de Europa occidental y estadounidense de aproximadamente 1850-1950. Desafortunadamente para mí, no estoy súper bien versado en los gustos de Nietzsche y Baudelaire, por lo que los dos primeros capítulos fueron un poco de aperitivo. Pero una vez que cruzamos el canal y conocimos a George Eliot, estaba todo dentro y por el viaje. Totalmente convincente y me ha dado tanto para pensar.
Ross es particularmente adepto al resaltar las tensiones sexuales, no solo en las óperas, sino también en la vida del compositor: «Si bien no hay razón para creer que Wagner actuó sobre tales deseos, su lenguaje a veces se ceró homoerótico. … Parsifal, con sus imágenes de Spears , las heridas y los fluidos, ha sido inducir a risitas entre los oyentes gay por generaciones «.
Ross gráficos cómo los influyentes del día reclamaron a Wagner como su padre artístico, de Nietzsche a Mallarmé a Cézanne a Joyce. Es igualmente incisivo cuando cambia el enfoque a los acólitos estadounidenses: Willa Cather y Hollywood Filmmakers entre ellos.
Capa por capa, construye su caso para Wagner como el ÜberMensch del siglo XIX. Todo este detalle amenaza con difundir su línea a través, pero su posterior retroceso del papel de Wagner en el surgimiento del nazismo fundamenta su narración, transmitiendo una luz a la residencia oscura del alto modernismo. Como un joven, Hitler, hitler, se tropezó con las óperas de Wagner y se aferró a ellos por el resto de su vida, flaciendo esa pasión como una marca de caché mientras ascendía la escalera de la política alemana. Significadamente apiló a los álbumes de Wagner junto a su cama, y en su búnker final «mantuvo los artefactos de Wagnerian cerca. … Hitler dijo que la letra de Wagner en sus vecinos significaba mucho para él».
La ambición de Ross y el amplio dominio de la historia cultural son sin parangón; No es de extrañar, entonces, que le falte el toque común. Con cada nombre dejó caer un sentimiento que está preparando antes de sus compañeros. Afortunadamente, marca la compleja musicología que se satura «El resto es ruido», permitiéndole que se adhiera a una historia de ideas que vierte hasta nuestro momento. Wagner puede ser un nombre que la mayoría de los estadounidenses no reconocerían, pero el wagnerismo está en el aire que respiran.

Sean cuales sean los méritos del marco «protonazi», la vida después de la muerte de Wagner adopta una forma trágica. Un artista que tenía a su alcance el tipo de universalidad conseguida por Esquilo y por Shakespeare quedó eficazmente reducido a una atrocidad cultural: el hilo musical del genocidio. El wagnerismo, sin embargo, sobrevivió al estado ruinoso en que lo dejó sumido la época nazi. En los años de la posguerra, directores de escena radicales reinventaron las óperas sobre los escenarios. Epopeyas fantásticas como El Señor de los Anillos, La guerra de las galaxias y Juego de tronos rejuvenecieron, conscientemente o no, los procedimientos míticos de Wagner. El misticismo de Parsifal se introdujo flotando en las últimas novelas de Philip K. Dick. Musicólogos e historiadores han excavado interpretaciones semiolvidadas del compositor y esos wagnerismos alternativos se encuentran en el centro mismo de este libro: el Wagner socialista, el Wagner feminista, el Wagner homosexual, el Wagner negro, el Wagner teosófico, el Wagner satánico, el Wagner dadaísta, el Wagner de ciencia ficción, Wagnerismus, Wagnerism, wagnérisme. Soy consciente de mis limitaciones, tanto en conocimientos como en idiomas. Nietzsche acusó a Wagner de diletantismo: de hecho, el legado del compositor es tan variopinto que cualquiera que lo estudie se convierte en un diletante por defecto. Escribir este libro ha sido la gran educación de mi vida.
No es necesario amar a Wagner o su música para dejar constancia de las asombrosas dimensiones del fenómeno.

El preludio de Das Rheingold (El oro del Rin), que es, a su vez, la Vorabend, la víspera o tarde preliminar, del Ring (Anillo). La orquesta representa al río Rin, el depositario del oro mágico a partir del cual puede forjarse un anillo que procura un poder inimaginable. En su autobiografía, Mein Leben (Mi vida), Wagner cuenta cómo se le ocurrió el comienzo mientras se encontraba en La Spezia, en el mar de Liguria, en septiembre de 1853. Estaba descansando en su hotel cuando cayó en «una especie de estado de sonambulismo», y el preludio empezó a sonar en su cabeza. Aunque los biógrafos dudan de que sucediera exactamente de ese modo, podemos imaginar que el río no es puramente alemán, sino que fluye desde aguas más cálidas y más profundas.
«Es como si fuera la canción de cuna del mundo», dijo Wagner. De esa cuna bamboleante emerge un universo. Las doradas tríadas de la armonía occidental se gestan a partir de un tono fundamental; más adelante, a partir de la música, se gesta el lenguaje. Las hijas del Rin ascienden nadando desde las profundidades y cantan una mezcla de sílabas sin sentido y palabras alemanas. Wagner dijo a Nietzsche en una ocasión que la frase que tenía en mente era «Eia popeia», las palabras que las madres llevaban cantando desde hacía siglos para arrullar a sus bebés.
Cuando, con posterioridad al Anillo, Nietzsche rompió con Wagner, la imagen que tenía de sí mismo era la de un esclavo que había logrado huir. Aunque renegaba del hombre, no podía renegar de la obra. Durante los doce años de actividad intelectual que le quedaban, siguió forcejeando con la sombra del compositor.
La dualidad del bien frente al mal se quiebra, sin embargo, cuando Wagner hace que los nobles dioses participen como cómplices en la corrupción general. «No obstante, la paz gracias a la cual obtuvieron el dominio no se funda en la reconciliación: se logra por medio de la fuerza y la astucia. El objetivo de su orden mundial superior es la conciencia moral: pero la injusticia que persiguen se queda pegada a ellos mismos.» En esta primera versión, Wotan sobrevive a la sublevación, al igual que el monarca reformado en el discurso pronunciado por Wagner en la Vaterlandsverein, y Alberich es liberado con el resto de la humanidad.
Wagner completó los pormenores de la historia en un esbozo en prosa titulado Siegfrieds Tod (Muerte de Siegfried). Luego dejó el proyecto a un lado y se involucró más intensamente que nunca en la actividad política. En mayo de 1849, los revolucionarios de Dresde se alzaron para protestar contra las acciones anticonstitucionales del rey sajón y Wagner se unió a ellos, preparando propaganda, ayudando a obtener armas y enviando señales desde la torre de la Kreuzkirche. A menudo se encontraba al lado del futuro anarquista Mijaíl Bakunin.

El Anillo no tiene solo cimientos políticos, sino también filosóficos. El joven Nietzsche se refirió al ciclo como «un inmenso sistema de pensamiento sin la forma conceptual del pensamiento». El preludio de Das Rheingold es en sí mismo una especie de proposición cosmológica. La progresiva eclosión de Mi bemol mayor no es un mito de la creación que dependa de una chispa divina, de un grito de «Hágase la luz». Se materializa un mundo, en cambio, de manera evolutiva, como en los organismos que se transmutan estudiados por Jean-Baptiste Lamarck o las nebulosas que mantienen los sistemas galácticos unificados como un todo, tal como teorizó Immanuel Kant. Al principio de su carrera, Kant especuló con que el sistema solar había surgido a partir de una masa de gas y polvo. Friedrich Engels vio en esa hipótesis implicaciones sociales: la humanidad habría de dejar de verse también como un sistema de relaciones fijas y considerarse, en cambio, un organismo que está experimentando una evolución continua.
La palabra Leitmotiv ha provocado una gran confusión a lo largo de los años. Hans von Wolzogen, uno de los jóvenes seguidores de Wagner más militantes, fue quien popularizó el término, en contra de los deseos del propio compositor. Aunque Wagner había identificado en su obra «momentos melódicos» y «motivos fundamentales», criticó a Wolzogen por tratar estos motivos como recursos puramente dramáticos, desdeñando así su lógica musical. En la definición más sencilla, los Leitmotive son etiquetas sonoras identificadoras: cuando alguien habla de la espada se oye el motivo de la espada. Los Leitmotive funcionan ciertamente de este modo en el Anillo, pero no son tanto melodías acabadas cuanto fragmentos cargados, que trascienden su contexto y apuntan hacia delante o hacia atrás en el tiempo. No solo ilustran la acción, sino que indican lo que están pensando o sintiendo los personajes, o incluso lo que son incapaces de percibir.
Según va avanzando el Anillo, Wagner trata sus Leitmotive de maneras cada vez más displicentes, incluso subversivas. El motivo que suele conocerse con el nombre de la «Renuncia del amor» suena por primera vez en Das Rheingold cuando Woglinde, una de las hijas del Rin, explica cómo puede obtenerse el oro. Vuelve a oírse en Die Walküre, cuando Siegmund está preparándose para arrancar del árbol la espada Nothung: aquí su propósito es más oscuro y ha sido objeto de un gran número de especulaciones. Insinúa una suerte de identidad oculta entre el vigoroso héroe y el enano desprovisto de amor: y la identidad entre contrarios es un tema predilecto de Wagner.

El wagnérisme, el culto francés a Wagner, tuvo unos orígenes extraordinarios, como sabían quienes lo vivieron en primera persona. «No te puedes imaginar la impresión que ejerció esta música en las personas de mi época —admitió el novelista Alphonse Daudet, según su hijo Léon—. Realmente nos transformó. Renovó la atmósfera del arte.» Camille Mauclair, un partidario de Mallarmé y los simbolistas, señaló que el wagnérisme poseía los ritmos de una gran historia de amor: «los primeros balbuceos de la revelación wagneriana, los combates, las retractaciones y los entusiasmos igualmente furiosos, las apoteosis encendidas, luego la inquieta desazón, el dios puesto en entredicho…». La generación de Mauclair sintió no solo un amor desaforado por el dios mismo, sino un «disgusto terrible» por todo lo demás. El fervor resultaba especialmente notable dada la desconfianza mutua que se había enconado entre Francia y Alemania en las décadas posteriores a la guerra franco-prusiana. Que tantos intelectuales parisienses acogieran con los brazos abiertos a la enseña cultural de un país que había humillado a Francia en el campo de batalla era algo que no dejó nunca de desconcertar al bloque patriótico.
Nietzsche siguió de cerca las primeras etapas de esta obsesión nacional. En Der Fall Wagner (El caso Wagner), vincula al compositor con la Francia contemporánea («Muy moderno, ¿no es cierto? ¡Muy parisiense! ¡Muy décadent!»).
Para los franceses, Wagner era, por encima de todo, moderno. La idea de modernité había pasado a ser algo esencial para la imagen que la vanguardia parisiense tenía de sí misma. Baudelaire empezó a hacer campaña a favor de intrépidas representaciones de la vie moderne en la década de 1840 y propuso una definición axiomática en el ensayo de 1860 «Le Peintre de la vie moderne» («El pintor de la vida moderna»): «La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es lo eterno e inmutable». El artista moderno puede encontrar lo eterno dentro de lo efímero, «poesía dentro de la historia». A primera vista, así definido, Wagner parece muy alejado de la modernidad: lo efímero no es su tema. Pero Baudelaire reconocerá en el compositor otro tipo de potencial adversario. La «apasionada energía de expresión» de Wagner, su «extraña condición sobrehumana», lo convierte, de hecho, en el «más auténtico representante de la modernidad». Esta última frase inspiró probablemente el aforismo de Nietzsche según el cual Wagner resume la condición moderna. Pero el espíritu de los dos comentarios es muy diferente. Para Nietzsche, Wagner es el epítome de una cultura decadente que debe ser superada. Para Baudelaire, la decadencia es un escenario de resistencia, la fuente de un poder secreto.
La decadencia tenía desde hacía mucho tiempo una connotación puramente negativa: era la expresión rimbombante de una civilización agotada.

En 1885, una nueva falange de escritores ocupó las primeras filas de la literatura francesa. Verlaine y Mallarmé eran sus líderes y al menos una docena de poetas jóvenes integraban sus filas. París había visto oleadas sucesivas de romanticismo, parnasianismo y naturalismo; esta última vanguardia, que contaba con aliados en las artes plásticas y el teatro, favorecía las imágenes extrañas, las apariciones espectrales, el mundo de los sueños, racimos de palabras tan densos que desafiaban la comprensión. Los poetas de los años ochenta reaccionaron contra la pretensión naturalista de estar mostrando el mundo tal como es y, en términos más amplios, en contra de una aproximación materialista y evolutiva de la condición humana. Aquí, tras el velo de realidad, se hallaba la verdad oculta de la existencia, en el límite de lo decible. Se suscitó la pregunta inevitable de cómo habría de llamarse el nuevo movimiento. Un término posible era «decadencia», codificado por Paul Bourget en 1883 con su teoría de la desintegración del lenguaje. Dos años después, Verlaine publicó su poema «Langueur», que comienza con el verso «Je suis l’Empire à la fin de la décadence» («Yo soy el Imperio al final de la decadencia»). Este uso apuntaba abiertamente a la decadencia entendida ahora en el antiguo y deshonroso sentido: el exceso en medio del desmoronamiento.
Por ese mismo motivo, sin embargo, muchos poetas jóvenes rechazaron la etiqueta.

En el último siglo y medio, millones de mujeres han avanzado hacia el altar el día de su boda con el acompañamiento del Coro Nupcial de Lohengrin, conocido también en inglés como «Here Comes the Bride» («Aquí llega la novia»). La costumbre es un poco extraña, porque en su contexto original es un preludio de la catástrofe. Los matrimonios en el mundo de Wagner tienden a ir mal, y el de Lohengrin no constituye ninguna excepción. Elsa de Brabante está comprometida con un caballero de un país lejano, pero el novio ha impuesto una condición agobiante: «Nie sollst du mich befragen, / noch Wissens Sorge tragen, / woher ich kam der Fahrt, / noch wie mein Nam’ und Art!» («¡No habrás nunca de preguntarme, / ni has de preocuparte de saber, / desde dónde emprendí viaje, / ni cuáles son mi nombre y mi origen!»). La boda, con su cantarina e indeleble melodía, se realiza al comienzo del Acto III.
La familia real británica, árbitros de la moda nupcial a través de los siglos, promovió el Coro Nupcial como himno matrimonial. En 1840, la reina Victoria, de la Casa de Hannover, se casó con el príncipe Albert, de Sajonia-Coburg y Gotha. Al príncipe le encantaba la música alemana y tenía talento como organista y compositor. La joven reina hizo suyo el gusto de Albert y, en junio de 1855, la pareja asistió a un concierto de la serie de siete que Wagner dirigió en Londres, tras haber sido invitado por la Sociedad Filarmónica. El programa incluía, a petición regia, la obertura de Tannhäuser. «Una composición maravillosa, muy intensa, grandiosa, y en algunas partes salvaje, sorprendente y descriptiva», escribió Victoria en su diario. La reina recibió a Wagner y lo encontró «muy callado», posiblemente la única vez que causó esa impresión. Hablaron del perro y del loro del compositor. En las cartas que envió a su casa, Wagner contó que la reina era «muy bajita y en absoluto guapa, con una nariz algo roja, por desgracia: pero tiene algo de excepcionalmente amistoso y que inspira confianza». La buena disposición de Victoria para asociarse con una «persona de dudosa reputación política, perseguida en virtud de una orden de busca y captura por alta traición» —según la definición que Wagner hizo de sí mismo—, le halagó profundamente.
La incorporación de Lohengrin al protocolo nupcial real pone de manifiesto una brecha entre la recepción dispensada a Wagner en el mundo francófono y el anglófono. En Francia, el compositor era un escándalo, una instigación, un campo de batalla. En Gran Bretaña y Estados Unidos, se convirtió en un producto algo más manso: un «bocado exquisito», en la formulación cortésmente denigratoria de Victoria. Desde el palacio de Buckingham a las llanuras de Nebraska, el antiguo fugitivo podía servir de ornamento de la sociedad victoriana y de la Edad Dorada. Sus óperas pasaron a ser puntales de la Royal Opera House y la Metropolitan Opera; producciones itinerantes atraían a un público diverso. Versiones populares, como una serie de libros sobre Wagner para los jóvenes, presentaban a un idealista generoso, cuya laboriosidad ejemplificaba el Evangelio del Trabajo. Hombres de iglesia cultivados como Alfred Gurney escribieron sobre la «influencia salvífica, balsámica y exaltadora de Parsifal».
Hacia 1855, cuando Wagner impactó con el mundo victoriano, la música ocupaba el lugar de honor como el medio supremo de elevación moral dentro de las artes. Se trataba de una primacía diferente de la que había descrito Schopenhauer, que pensaba que la música era la encarnación de la incesantemente afanosa Voluntad. Para los victorianos, la música, especialmente la música instrumental y el canto coral, se elevaba por encima del ámbito vulgar y dudoso del entretenimiento popular, incluida la ópera. Era un arte «exento del rastro de la serpiente», tal como escribió la crítica de arte Elizabeth Eastlake. Las actuaciones musicales en espacios como el Crystal Palace y el Royal Albert Hall ofrecían una fantasía de un público armonioso, elevado espiritualmente, libre de las luchas de clase y las divisiones políticas.

La música de Wagner llegó a Estados Unidos en el equipaje de la Sociedad Musical Germania: dos docenas de músicos de ideas radicales que formaron un colectivo en Berlín a comienzos de 1848 y que más tarde emigrarían en masa. Como cuenta Nancy Newman en su historia del grupo, el objetivo de la Germania era crear una utopía musical y social, una agrupación musical de personas libres vinculadas por un sentimiento de camaradería. Como creían que el «comunismo era el más perfecto principio de la sociedad», adoptaron los ideales de «uno para todos y todos para uno», de «iguales derechos, iguales obligaciones e iguales recompensas». Contraponían esta imagen de equiparación musical a lo que consideraban que eran los manierismos egotistas de los solistas virtuosos al servicio de las clases altas. Los integrantes de la Germania confiaban en que sus interpretaciones de compositores, de Bach a Wagner, «inflamarían y estimularían en los corazones de estas personas políticamente libres […] el amor por el hermoso arte de la música».
En 1852, la Sociedad Musical Germania tocó el final de Tannhäuser en Boston. Al año siguiente, en la misma ciudad, organizaron una Gran Noche Wagneriana, entremezclando fragmentos de Rienzi, Tannhäuser y Lohengrin…

La época del esoterismo, el ocultismo, el satanismo, el espiritismo, la teosofía, el swedenborguismo, el mesmerismo, el martinismo y el cabalismo. Se multiplicaron las reinvenciones o creaciones de sectas medievales: los Caballeros Templarios, la Orden Hermética del Amanecer Dorado y varias órdenes rosacrucianas que intentaron revivir la sabiduría alquímica y necromántica de oscuros orígenes. Se sentían atraídos por las sesiones de espiritismo, las cartas del tarot, la astrología y la homeopatía no solo recónditos gurús, sino también los integrantes de la alta sociedad. Un gran número de escritores, artistas y músicos se interesaron por uno u otro de estos movimientos; los simbolistas, incluido el círculo de Stéphane Mallarmé, fueron especialmente propensos. Podrían haberse mostrado de acuerdo con William Butler Yeats, que veía las reuniones ocultistas como «metáforas para la poesía»: así se lo habían dicho los espíritus del otro lado.
Péladan habló del «sathanisme de l’amour». Baudelaire invocó una «religión satánica». Huneker veía una Misa Negra en Parsifal. La idea de que la música de Wagner se valía de fuerzas diabólicas gozaba de amplia aceptación, tanto entre los detractores del compositor como entre sus discípulos de ideas más visionarias. La cultura finisecular concedía enormes poderes a los artistas y, a decir de algunos, Wagner era capaz de administrar una especie de poción auditiva de muerte o trastorno.
Quienes tenían inclinaciones sobrenaturales podían recurrir a una serie de desgracias que padecieron personas que formaron parte del círculo cercano de Wagner. El tenor Ludwig Schnorr von Carolsfeld cayó muerto poco después de estrenar el papel protagonista de Tristan, en 1865. Su viuda, la soprano Malvina Garrigues, que fue a su vez la primera Isolde, recibió mensajes de Schnorr a través de un médium y acusó a Cosima de ser un «espíritu infernal».
Helena Blavatsky, la principal figura de la teosofía, no se interesó en un principio por Wagner. En febrero de 1883, en el momento de la muerte del compositor, expresó el disgusto que le causaba Parsifal diciendo: «Semejante tratamiento de las “verdades más sagradas” —para aquellas personas para quienes esas cosas y esos nombres son verdad— es una completa degradación, un sacrilegio y una blasfemia». Cuatro años más tarde, madame Blavatsky, como la conocía todo el mundo, sufrió una crisis física casi fatal y se formó una buena opinión del médico que la trató: William Ashton Ellis, el infatigable y fatigoso traductor de la prosa de Wagner. Ellis había abrazado la teosofía a mediados de los años ochenta, en torno a la misma época en que empezó a escribir sobre Wagner. Casi de inmediato, la opinión teosófica viró y fue favorable al compositor. En 1888, la revista de Blavatsky, Lucifer —el título hace referencia al portador de la luz, no a Satanás—, saludó calurosamente la aparición de la revista wagneriana de Ellis, The Meister, afirmando que Wagner era un «místico además de un músico» que «penetró profundamente en los ámbitos internos de la vida».
Ellis tenía razón al detectar puntos entre Wagner y la teosofía. La síntesis entre Oriente y Occidente de Blavatsky se asemeja a la fusión religiosa de Parsifal, aunque ella pone un mayor énfasis en el pensamiento oriental, especialmente en el budismo.

El dios Richard Wagner fue objeto de un tratamiento brutal por parte de los escritores muniqueses más subversivos y sus aliados en otros lugares. En 1911, Friedrich Huch, un amigo de Thomas Mann, publicó un trío de «comedias grotescas» breves con los títulos Tristan und Isolde, Lohengrin y Der fliegende Holländer, en las que los personajes de Wagner aparecen en entornos modernos y luchan por orientarse. Tristan e Isolde quedan confundidos cuando el rey Marke reacciona a su amor prohibido escapándose con Brangäne. Una Elsa exasperada dice de Lohengrin: «¡Dejadle que se guarde su propio nombre para sí mismo, por amor de Dios! ¡No le interesa a nadie!». Y el Holandés parece consciente de su naturaleza operística: «Desde hace algún tiempo tengo la idea fija de que todo mi destino acontecía como si estuviera sobre un escenario, como si yo mismo estuviera representando cada siete años mi propia Pasión». La obra teatral König Hahnrei (Rey cornudo), de Georg Kaiser, publicada en 1913, cuenta la historia de Tristan desde el punto de vista del rey Marke, aquí un anciano sucio, senil, que se excita de manera vicaria a través de las aventuras de los amantes.
Frank Wedekind fue, en algunos sentidos, el más brutal de todos, aunque su blanco no eran tanto las propias óperas —las encontraba irritantes y apasionantes, indistintamente— como el negocio cultural surgido al calor de su atractivo. Su nombre completo, Benjamin Franklin Wedekind, anuncia ya sus exóticos orígenes: nació en Hannover (Alemania), pero fue concebido en San Francisco (California).

Viena, el otro escenario rutilante del mundo artístico germanófono, se mantuvo mucho tiempo dividida en relación con Wagner. Al principio, la «música del futuro» parecía como un asalto a la tradición clásica de la ciudad, el legado de Haydn, Mozart y Beethoven. Die Meistersinger, la más aparentemente convencional de las últimas óperas, cambió la opinión vienesa a favor de Wagner. El pangermanismo, el sueño de unificar todos los territorios germanófonos, contaba con muchos creyentes repartidos por toda Austria, y Wagner se convirtió en un centro de ese anhelo, tanto a la derecha como a la izquierda. Nacionalistas antisemitas como Georg von Schönerer explotaron a Wagner; pero también lo hizo Victor Adler, el líder de los socialdemócratas. Al igual que en el Kaiserreich, algunos pangermanistas seguían desdeñando, sin embargo, al compositor como indigno de la causa. El crítico vienés Ludwig Speidel expresó estos juicios sobre el Anillo en 1876: «No, no y tres veces no, el pueblo alemán no tiene nada en común con esta ya manifiesta monstruosidad [Affenschande]». Ese insulto se unió a los de Belcebú y Megatherion en el léxico de las invectivas antiwagnerianas.
Artistas del fin de siècle vienés, al igual que sus homólogos muniqueses, buscaban unir las disciplinas artísticas en aras de un entorno estetizado. Aunque espíritus más oscuros como Oskar Kokoschka y Egon Schiele son los que han pasado a dominar finalmente la idea de Viena que tiene la posteridad.
El más explícitamente wagneriano de los soñadores vieneses fue el arquitecto y urbanista Camillo Sitte, que llamó a su primer hijo Siegfried. En 1889, Sitte empezó a concebir un tipo diferente de paisaje urbano, que se oponía a la tendencia a las cuadrículas reglamentadas, las fachadas avasalladoras, el tráfico creciente y las multitudes anónimas. Wagner ayudó a imaginar un entorno integrado en el que los individuos se funden en un todo armonioso. Como escribe Carl Schorske en su libro clásico Fin-de-Siècle Vienna (Viena finisecular), Sitte «tradujo a la propia ciudad la idea de Wagner de la obra de arte total como modelo social para el futuro del teatro de ópera».

En las óperas de Wagner no hay judíos, o, al menos, no hay personajes identificados como tales. No aparecen estereotipos palmarios del tipo de Fagin en Oliver Twist, de Dickens; Svengali en Trilby, de George du Maurier; o el financiero de nariz ganchuda en el cuadro Portraits à la Bourse (Retratos en la Bolsa), de Edgar Degas. Esa ausencia permitió en tiempos a los wagnerófilos más tolerantes crear una especie de cortafuegos entre las infames opiniones del compositor y el contenido ostensiblemente humanitario de sus obras.
Después del Holocausto, esa barrera se vino abajo. El filósofo Theodor W. Adorno, cuyo padre era un judío convertido al protestantismo, sostuvo una influyente tesis en su ensayo «Fragmente über Wagner» («Fragmentos sobre Wagner»), reeditado más tarde en su libro Versuch über Wagner (Ensayo sobre Wagner), publicado en 1952: «Alberich, que se apodera del oro, invisible, anónimo, explotador; Mime, que se encoge de hombros, parlanchín, rebosante de maldad y de elogios a su persona; el impotente crítico intelectual HanslickBeckmesser: todos los seres rechazados en las obras de Wagner son caricaturas de judíos». A finales de siglo, los expertos estaban ya afirmando no solo que las óperas contienen estereotipos antisemitas, sino que encarnan, en palabras de David Levin, una «estética del antisemitismo».
De hecho, las sospechas de racismo en las óperas de Wagner se remontan más allá de Adorno, más allá incluso de Der Untertan (El súbdito), de Heinrich Mann, donde Diederich Hessling compara a los villanos de Lohengrin con los judíos. En torno a 1870, la conjunción de las primeras representaciones de Die Meistersinger con la reedición de «El judaísmo en la música» desató las especulaciones sobre el contenido antijudío de la ópera.
Parsifal, esa ópera sacra con un corazón espectral, surgió de este mismo ambiente sofocante que precipitó los escritos de regeneración de Wagner, con sus reflexiones sobre la raza y la religión. Kundry, que está condenada a vagar eternamente por haberse reído de Cristo en la cruz, recuerda a Ahasvero, el Judío Errante, que, en algunas versiones, había cometido el mismo pecado. Fue el propio Wagner quien estableció esta misma conexión: «Kundry vive una vida inconmensurable con renacimientos siempre cambiantes como consecuencia de una antiquísima maldición que la condena, además, de forma semejante al “judío errante”, a imponer a los hombres, adoptando nuevas formas, el padecimiento de la seducción del amor». Puede salvarse únicamente «si alguna vez un hombre purísimo, radiantísimo, se resistiera a su poderosísima seducción». A Kundry se la identifica también como la reencarnación de Herodías, la madre de Salomé, quien, en el Nuevo Testamento, exige la muerte de san Juan Bautista. La palabra «judío» no aparece en el libreto, pero estas alusiones facilitan la identificación de Kundry como judía.
Ya en época de Wagner, los críticos progresistas y judíos sintieron un cierto estremecimiento con Parsifal, tal como señala Paul Lawrence Rose en su libro Wagner: Race and Revolution (Wagner: raza y revolución). El dramaturgo y novelista Paul Lindau afirmó que Wagner había plasmado «ese concepto que encontró expresión por primera vez en uno de sus muy controvertidos panfletos»: Parsifal era «el cristianismo en la música». Pero «no se trata del cristianismo del hombre alemán que vive y deja vivir, sino el del inquisidor español que quema herejes mientras las voces puras de los niños alaban la misericordia de Dios con cánticos sensuales y repiques de campanas desde las altas torres».
Wagner no se mostró de acuerdo con todos los antisemitas, ni todos los antisemitas se mostraron de acuerdo con él. Las invectivas de Paul de Lagarde y Julius Langbehn, dos líderes de la agitación antijudía, superaban en estridencia a Wagner.

El wagnerismo alcanzó su cenit a comienzos de 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. De acuerdo con la Convención de Berna, el plazo de los derechos de autor de las obras de Wagner expiraba en la medianoche del 1 de enero. Parsifal, que se había considerado como propiedad exclusiva de Bayreuth, pasó a ser de dominio público y al cabo de pocos meses se había llevado a escena en alrededor de una cincuentena de ciudades repartidas por toda Europa. Tan solo el día de Año Nuevo, la ópera se representó en Berlín, Roma, Budapest, Praga y Madrid. Cosima Wagner llevaba años temiendo la llegada de ese momento. En 1901 intentó conseguir una ampliación de la vigencia de los derechos de autor por parte del Reichstag; el proyecto de ley fue ridiculizado como «Lex Cosima» y no fue aprobado tras una votación perdida por 123 noes frente a 107 síes.
El primero en la línea de salida fue el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, cuyo Parsifal se programó para que diera comienzo a las once de la noche el día de Nochevieja: medianoche en el huso horario de Bayreuth. Los catalanes se sentían poseedores de la obra porque la tradición local sostenía que el Santo Grial estuvo un tiempo en Montserrat, el emplazamiento de un antiguo monasterio benedictino en las montañas situadas al noroeste de Barcelona.
Con el cambio de siglo, muchos artistas catalanes buscaron definirse en contraposición a la cultura española y en solidaridad con el resto de Europa. Las sensuales formas góticas del modernisme, el equivalente catalán del art nouveau y el Jugendstil, manifestaban ese espíritu en un estilo elevado. Al igual que en Irlanda, Wagner era un parangón del mito nacional nativo: «Como compenetración del arte y de la vida de cada pueblo», tal como escribió el poeta Joan Maragall. El proscenio del Palau de la Música Catalana —la hiperornamentada sala de conciertos diseñada por el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner— contiene una escultura en relieve, de Dídac Masana i Majó y Pau Gargallo, de valquirias montadas a caballo y dando saltos. En el Liceu, un panel pintado muestra a Wotan y a Brünnhilde con el nombre de WAGNER grabado justo debajo. Cuatro vidrieras que representan escenas del Anillo adornan el Cercle del Liceu, un club contiguo al teatro de ópera. Los wagnerófilos más extremos de la ciudad se hacían llamar Caballeros del Grial al servicio de Parsifal, una obra que, según una versión, había sido dictada por el Espíritu Santo.
El compositor que sirvió con tanta frecuencia de emblema del poder artístico se convierte ahora en una metáfora de la maquinaria de guerra. Los lectores de En busca del tiempo perdido han sido sutilmente preparados para el cambio. En un momento anterior del ciclo, el sonido quejumbroso de una puerta que se cierra se compara con las figuras instrumentales que acompañan al Coro de Peregrinos en Tannhäuser, y se establece una semejanza entre el timbre de un teléfono y el caramillo del pastor en Tristan.

Hitler afirmó que llevaba consigo una partitura vocal de Tristan cuando se fue a la guerra en 1914. Supuestamente, debía de consolarse tarareando la música e imaginando cómo habría de representarse cada momento. Al principio, podría haber parecido un poco como el Claude Wheeler de Cather, un joven sin iniciativa marcado por una muerte prematura. Pero la carnicería lo endureció. Hay pruebas de que en torno a 1915 empezaron a asomar opiniones nacionalistas de extrema derecha, cuando Hitler confesó a un amigo de Múnich su esperanza de que la experiencia de la guerra «destruyera no solo a los enemigos de Alemania en el exterior, sino que acabara también con nuestro internacionalismo interior».
El Estado militar que diseñó la Operación Alberich y el Plan Hagen estaba interiorizando el espíritu de dureza que la filosofía de la compasión de Wagner se esforzaba por superar. Se puso de moda renunciar al amor, celebrar la crueldad, hacerse tan duro como el acero. El sueño del derrocamiento del poder mundial en 1848 dio paso a un culto de la fuerza: se eliminó toda la ironía de la entrada de los dioses en el Valhalla. Sin embargo, antes de que esta versión de Wagner triunfara con el nazismo, aún se libraría una última batalla campal por el significado del nombre del compositor.

Hitler fue nombrado canciller el 20 de enero de 1933, dos semanas antes del cincuentenario de la muerte de Wagner. En su tercer día en el cargo, su gabinete estaba ya organizando las inminentes conmemoraciones wagnerianas y qué papel habrían de desempeñar en ellas los dirigentes del Partido. El 12 de febrero, Hitler apareció sucesivamente en dos actos de homenaje al compositor. Primero, en compañía de Winifred Wagner y su hijo Wieland, acudió a un concierto matutino en la Gewandhaus de Leipzig, en el que el anciano Karl Muck dirigió los preludios de Die Meistersinger y Parsifal. Más tarde, ese mismo día, Hitler fue a Weimar para asistir a una representación de Tristan, visitando en su palco a Elisabeth Förster-Nietzsche. Se alineaba así con dos titanes alemanes, al tiempo que limaba con ello las diferencias entre ambos.
Según fue avanzando el año fueron sucediéndose ceremonias más elaboradas. En el Día de Potsdam, el 21 de marzo de 1933, los nazis escenificaron un espectáculo propagandístico en el que vincularon el nuevo régimen con el legado del Estado prusiano, encarnado en el presidente Paul von Hindenburg, que había estado presente en la fundación del Imperio. En el mismo período, Hitler estaba asumiendo poderes dictatoriales, un proceso que quedó oficializado cuando el Reichstag aprobó la Ley Habilitante dos días más tarde. Una representación de Die Meistersinger, una obra que había sido a su vez un símbolo del Kaiserreich, coronó los actos de ese día. Hitler y su séquito se dirigieron a la Staatsoper de Berlín a través de un desfile de antorchas, ocupando sus asientos a tiempo para la pompa nacionalista del Acto III. Cuando el coro cantó «Wach auf!» («¡Despierta!»), parecía que estaba dirigiéndose al Führer. El Völkischer Beobachter evocó al «salvador que se sentó arriba en su palco y siguió la representación con un brillo peculiar en sus ojos y una agradable afinidad con cuanto sucedía en el escenario».
Bayreuth fue una zona protegida dentro del Estado totalitario. El patronazgo de Hitler se traducía en que el festival quedaba fuera del alcance de autoridades enfrentadas entre sí, como Goebbels, Göring y Rosenberg. El Führer abandonaba en parte su papel dictatorial cuando llegaba a Bayreuth cada verano. Durante unos días, volvía a su yo bohemio más joven, «libre de la presión de la representación del poder», como dijo Albert Speer. Hitler se alojaba en la casa de Siegfried Wagner, contigua a Wahnfried, donde adoptaba a los Wagner como una familia vicaria y derrochaba favores con Wieland, el aparente heredero. Regaló al joven un Mercedes y fue el chófer personal de Hitler quien controló su primer viaje largo con él. Durante la guerra, cuando Hitler dejó de ir a la ópera, el dictador recordaba con nostalgia sus visitas: «Los diez días en Bayreuth han sido siempre para mí la época más hermosa y ¡con qué ilusión espero los primeros momentos cada vez que volvemos aquí!». El día después del festival le recordaba el triste momento en que se quitan los adornos del árbol de Navidad. Llegó incluso a hablar de retirarse a Bayreuth en su vejez.

El Festival de Bayreuth de 1939 tuvo una atmósfera de déjà vu. Al igual que en el verano de 1914, la guerra era inminente y las tensiones del momento se dejaban sentir en el día a día. Asistió Neville Henderson, el embajador británico en Alemania, que confiaba en reunirse con Hitler y negociar una paz. Cuando Winifred Wagner intercedió en favor de Henderson, Hitler la rechazó. Los planes para la invasión de Polonia estaban hechos y el futuro conquistador no tenía ningún interés en meterse en negociaciones. Hitler sí que saludó a dos amables visitantes británicos: Diana Mosley, la mujer de Oswald Mosley, el líder de los fascistas británicos; y su hermana Unity Mitford, agraciada con el segundo nombre de Valkyrie. Mosley, en su autobiografía, recordó una comida con Hitler antes de Götterdämmerung: «Jamás me ha parecido tan fatídica esta música gloriosa». Cuando empezó la guerra, un mes más tarde, Unity intentó suicidarse con una pistola que le había entregado supuestamente Hitler para su protección.
Winifred Wagner había imaginado que el Festival de Bayreuth se cancelaría durante la guerra, como había sucedido en 1914, pero Hitler insistió en que mantuviera su actividad. La organización creada para reglar las actividades durante el tiempo libre en Alemania, Kraft durch Freude (Fuerza a través de la alegría), aportó espectadores de forma masiva. Alrededor de cien mil «invitados del Führer» visitaron Bayreuth entre 1940 y 1944. La mayoría de ellos procedía de las fuerzas armadas. Los soldados heridos constituían la primera prioridad y llegaban envueltos en vendas y cojeando con muletas, a veces acompañados por enfermeras. Una banda militar tocaba cuando los trenes especiales llegaban a la estación de Bayreuth. Se ofrecían charlas introductorias: la propia Winifred era la anfitriona de las visitas a Wahnfried. En 1943 y 1944 se representó únicamente Die Meistersinger, sobre la base de que se ajustaba mejor al ambiente de guerra que la sombría Götterdämmerung o la pacifista Parsifal.
Romain Rolland, en 1944, escribió que Hitler estaba «escribiendo su epopeya wagneriana», una tragedia en la que siempre pensó que moriría al final. Albert Speer situó la escena de la inmolación de Brünnhilde en el último programa de la Filarmónica de Berlín de la época nazi, el 12 de abril de 1945.

Cuando Charlie Chaplin vio Triunfo de la voluntad, su reacción inmediata, según Luis Buñuel, fue romper a reír. El orador que se veía en la pantalla parecía una insensata variación de su propio personaje de un «pequeño vagabundo», incluido el bigote de cepillo de dientes. La experiencia, sin embargo, lo desmoralizó, como hizo con tantos cineastas de izquierdas que vieron cómo el virtuosismo técnico del cine alemán se aplicaba a fines siniestros. En 1940, Chaplin estrenó The Great Dictator (El gran dictador), una espléndida sátira del histrionismo de Hitler. A estas alturas, no puede sorprender que Wagner aparezca en la banda sonora. Sin embargo, Wagner aparta al compositor de las garras del nazismo, casi como si estuviera llevando a cabo la misión de rescate de Thomas Mann, su amigo en Los Ángeles. En la película se oye en dos ocasiones el preludio de Lohengrin, primero para ridiculizar la iconografía nazi y luego para dramatizar un mensaje de paz.
Hitler aparece caricaturizado como Adenoid Hynkel, un Führer pánfilo que farfulla un alemán macarrónico y es más que un poco afeminado en sus gestos y maneras. Se lleva las manos al pecho, va pavoneándose de acá para allá, toca unas notas al piano con candelabros por todas partes y, en un momento dado, coge una flor adoptando una pose como de Oscar Wilde. Cuando a su ministro de Propaganda, Herr Harbitsch, se le ocurre la idea de matar a todos los judíos y convertir a Hynkel en el «dictador del mundo», este último se emociona tanto que se encarama a lo alto de una cortina y exclama melodramáticamente: «Déjame, quiero estar solo».
La fantasía de Chaplin de una utopía de posguerra se evaporó en la época de la Guerra Fría, cuando la maquinaria militar estadounidense desplazó su atención de la Alemania nazi a la Rusia soviética. Una nefasta sucesión de acontecimientos —el lanzamiento de bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas, la paranoia de la caza de rojos, la violencia ininterrumpida contra los afroamericanos en el sur— dejó huellas en Hollywood. El género conocido como cine negro, que se caracterizaba por argumentos duros, diálogos cortantes y fotografía con contrastes muy marcados que imitaban el estilo de Weimar, era sintomático del alterado estado de ánimo nacional. Epopeyas y musicales en tecnicolor proporcionaban una vía de escape a modo de compensación. Wagner desempeñó su ambiguo papel habitual, alimentando al mismo tiempo ansiedades y fantasías. La prominencia de los directores centroeuropeos emigrados en Hollywood sirvió para aumentar la tensión que rodeaba al compositor mientras realizadores como Fritz Lang, Billy Wilder y Robert Siodmak examinaban o se desentendían del legado germánico.
El wagnerófilo nazi siguió siendo un lugar común.
La más grande de las películas wagnerianas de cine negro —hay que admitir que se trata de un género limitado— es Christmas Holiday (Luz en el alma), dirigida por Robert Siodmak en 1944, cuya secuencia central de Tristan rivaliza con las escenas wagnerianas más sofisticadas de la literatura finisecular. Natural de Dresde, Siodmak procedía de una cultivada familia alemana-judía que conocía a Ernst Toller, Emil Nolde y Richard Strauss. La gran consideración en que Siodmak tenía a Thomas Mann le llevó a realizar un intento fallido de filmar Der Zauberberg (La montaña mágica). En Luz en el alma, se valió de una novela algo sórdida de W. Somerset Maugham. El guion era de Herman J. Mankiewicz, el brillante y errático guionista que escribió Citizen Kane (Ciudadano Kane) para Orson Welles.
Se cuenta la historia, por supuesto, de una pasión fatal, aunque aquí los dejos de decadencia y locura pertenecen al hombre. Deanna Durbin, una estrella de la comedia musical, se atreve con el papel de Abigail, una mujer joven e ingenua a la que no hay nada que le guste más que ir a conciertos orquestales.
Durante décadas, la guerra aérea había despertado pensamientos de las valquirias y sus «caballos aéreos», como los llamó Wagner. Cuando el Saint-Loup de Proust vio un ataque de un zepelín sobre París hacia 1916, exclamó: «¡Eso es, la música de las sirenas era una “Cabalgata de las valquirias”!». Durante la Segunda Guerra Mundial, las interpretaciones de Toscanini de la «Cabalgata» se comparaban con el vuelo de los bombarderos B-17. Los nazis recurrieron a la misma metáfora: en un noticiario alemán, la «Cabalgata» sirve para subrayar una noticia que documenta un ataque de paracaidistas en Creta. Más de una tripulación de los bombarderos estadounidenses adoptó el nombre de Valquiria para su avión, pegando la acostumbrada calcomanía de una mujer ligera de ropa.
Teniendo en cuenta esa historia, la «Cabalgata» parecía una elección predeterminada para la operación de los helicópteros en Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola. Sin embargo, la idea de una unidad de la caballería aérea que hacía sonar atronadoramente la música de Wagner surgió espontáneamente en la mente del guionista, John Milius, que terminó el primer borrador de Apocalypse en 1969, una década antes de que se estrenara la película. Milius había oído que las tropas estadounidenses en Vietnam estaban utilizando música como arma a fin de galvanizar a los soldados y desmoralizar al enemigo. Las fuerzas armadas estadounidenses y los servicios de inteligencia llevaban mucho tiempo interesados en la guerra psicológica, y también se pensó que podía utilizarse la música a todo volumen para someter a los prisioneros a una tortura «sin contacto físico». Años más tarde, Milius recordaba: «Sabía que realizaban operaciones psicológicas en las que ponían altavoces y hacían sonar cosas. No ponían Wagner, ponían rock ’n’ roll y cosas así. Pero yo pensaba realmente que Wagner podría funcionar. Pensé que sería algo que encajaría con los helicópteros y con un ataque realizado con helicópteros».

Una transformación cultural asombrosa: la «Cabalgata» transformada en un himno de la supremacía estadounidense. Este desplazamiento se halla en consonancia con continuidades históricas perturbadoras de los años de la posguerra, cuando los científicos nazis emigraron a América, cuando las técnicas de tortura a la manera de la Gestapo resucitaron en Irak, cuando el culto al cuerpo esculpido perpetuó el ideal ario de Riefenstahl. Eric Rentschler, en su libro The Ministry of Illusion (El Ministerio de la Ilusión), escribe: «La cultura moderna de los medios estadounidenses guarda una relación más que superficial o vicaria con la sociedad del espectáculo del Tercer Reich». No hay nada en toda la historia del cine que demuestre esa idea de una manera tan vívida como Apocalypse Now, donde la «voluntad de poder» alemana da paso al imperialismo del «Dios bendiga a América».

Wagner no es simplemente un fenómeno de sonido: los personajes asumían perfiles afilados en mi consciencia, y se fundían con mi propio mundo emocional, atrofiado como estaba entonces. Aunque me resulte incómodo reconocerlo, asocio las primeras experiencias del Anillo con los altibajos de varios enamoramientos y relaciones amorosas. Más de una vez me senté al lado de otro hombre en la representación de una ópera de Wagner, comparándome con Tristan, Isolde o, en los días malos, Alberich. Uno de estos visitantes desprevenidos a la impublicable historia de mi vida, en versión de Thomas Mann o Willa Cather, puso fin a nuestra vacilante relación tras una representación de Die Walküre en la Ópera de San Francisco: justo después de que Wotan se despidiera de Brünnhilde y la desterrara dentro del anillo de fuego. Echando la vista atrás, esto parece cómico, pero yo lo viví en aquel momento como una enorme tragedia.
Nadie debería hablar de Wagner sin utilizar la palabra «quizá», afirmó en cierta ocasión Nietzsche. Los expedientes acumulados del wagnerismo no permiten un claro veredicto sobre la huella que dejó en el mundo este hombre asombrosamente lleno de energía. Desempeñó un papel esencial en la rápida evolución de las artes modernistas, de Baudelaire a Mallarmé, de Cézanne a Kandinsky, de Cather a Woolf. Revolucionó la arquitectura y la práctica teatrales, mostrando un camino más allá del naturalismo. Galvanizó fuerzas a lo largo de todo el espectro político, desde la extrema izquierda a la extrema derecha, y si fue esta segunda la que, en última instancia, lo reivindicó de un modo más persuasivo, se trata de un resultado que siempre puede ser objeto de refutación. Bajo la oscuridad protectora de Bayreuth, el músico alimentó sueños de libertad futura entre los miembros oprimidos de la población, por más que él animara a sus opresores. Estas tendencias contradictorias no se anulan mutuamente. Cada una de ellas posee su propia realidad contumaz. El eterno agón con el viejo hechicero —acusar su influencia para, luego, superarla— significa que su imagen está disolviéndose continuamente en identidades artísticas enfrentadas.
En la historia de Wagner y el wagnerismo, vemos enmarañados tanto los más elevados como los más bajos impulsos de la humanidad. Es el triunfo del arte sobre la realidad y el triunfo de la realidad sobre el arte; es una tragedia de imperfecciones escenificadas de un modo tan profundo que, después de dos siglos, siguen enfureciéndonos como si la persona se encontrara en la habitación. Culpabilizar a Wagner de los errores cometidos tras él constituye una respuesta inadecuada a la complejidad histórica: deja salir del atolladero al resto de la civilización. Al mismo tiempo, exonerarlo de toda culpa es ignorar sus insidiosas ramificaciones. Ya no es posible idealizar a Wagner: la fealdad de su racismo significa que el retrato de él que ha quedado para la posteridad estará siempre partido por la mitad. Al final, la ausencia de una clara resolución moral debería hacernos más honestos sobre el papel que el arte desempeña en el mundo. Estando cerca de Wagner, la fantasía de la autonomía artística queda hecha pedazos y el culto al genio resulta inservible.
Es lo que sucede con todo el arte que perdura: no es nunca una cuestión de belleza que demuestra ser eterna. Cuando miramos a Wagner, estamos mirando a través de un espejo de aumento del alma de la especie humana. Lo que odiamos en él, lo odiamos en nosotros; lo que amamos en él, lo amamos también en nosotros. A lo lejos podemos percibir atisbos de algún reino superior, algún templo resplandeciente, algún éxtasis de conocimiento y compasión. Pero se trata únicamente de una sombra en la pared, un eco llegado desde el foso. La visión se desvanece, el telón cae y, arrastrando los pies, volvemos en silencio al mundo tal cual es.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/06/04/el-ruido-eterno-escuchar-al-siglo-xx-a-traves-de-su-musica-alex-ross-the-rest-is-noise-listening-to-the-twentieth-century-by-alex-ross/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/19/wagnerismo-arte-y-politica-a-la-sombra-de-la-musica-alex-ross-wagnerism-art-and-politics-in-the-shadow-of-music-by-alex-ross/

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A tragic story. An artist who could have rivaled Shakespeare in universal scope is ruined by an ideology of hate. Even so, the shadow of him lasts on the culture of the 21st century and the mythical motives of him travel superhero and fantasy films. Neither an apology nor a conviction.
At the end of Das Rheingold (the Gold of the Rhine), the first part of the operatic cycle of Richard Wagner, the gods are entering the newly built palace of the Valhalla and the daughters of the Rhine are singing dismayed. The nymphs of the river know that the Valhalla has been erected on rotten foundations, because its workers have been paid with the extracted gold from the depths of water.
The afternoon of February 12, 1883, three decades after Das Rheingold were concluded and seven years after the ring was interpreted full for the first time, Wagner touched the piano the lament of the daughters of the Rhine. When he went to bed, He commented: «I have affection for these subordinate beings of the depths, to these long-awaiting creatures.»
Wagner was sixty-nine years old and a maltrech health. Since September 1882 he had been living with his family on a lateral wing of the Palazzo Vendorgin Callergi, next to the Grand Canal of Venice. Isolated in what he called his «blue grotto»-a set decorated with multicolored satin fabrics and white lace.
Composer colleagues, whatever the opinion they had of the man, were shocked by his departure. «Vagner è mortal !!! He wrote Giuseppe Verdi, Wagner’s Italian antipode. When I read the news of death yesterday, I am about to tell you that I was horrified! No discussions fit. Great individuality disappears. A name that leaves a powerful imprint in the history of art !!! ». Johannes Brahms, had by the main adversary of Wagner, sent a large laurel crown to the funeral. Young fanatics were desperate. Gustav Mahler ran down the streets crying, screaming: «The teacher has died!» Pietro Mascagni was locked up for several days, writing at full speed the Elegia per Orchestra in Morte di R. Wagner. Liszt posthumously honored his son-in-law in a strange piece for piano that hesitated between emphatic tonal affirmations in greater mode and divagations in the middle of a harmonic limbo. He wore Title R. W. – Venezia. A few months later, Liszt wrote an even more somber and mysterious piece called AM Ric Richard Wagners (next to the Tomb of Richard Wagner).
Friedrich Nietzsche, who was then thirty-eight years old, was in Rapallo, completing the first part of Also Sprach Zarethustra (thus spoke Zarathustra), which proclaims the death of all the gods and the arrival of Übermensch. Nietzsche later wrote that he had finished his task «just at that sacred hour in which Richard Wagner died in Venice.» After seeing the newspapers the next day, he spent several days sick on the bed, stunned.
Postual tributes in the Germanophone countries were passionate and were often politicized. In Austria, the usual thing is that the young Pangermanists, who defended the unification of the Germanic peoples under a single national flag, felt linked to Wagner. According to the writer Hermann Bahr, young Viennesses used to declare Wagnerians before he even heard a single compass of his music.
While the voice of the news of Wagner was ran, the remains of him were traveling back to Bayreuth, the Francona city where he had created the festival of him and established his home. The coffin was transported through the canal from the Palazzo Vendramin to the Venice train station, from where he traveled in a funeral wagon who crossed Austria to Germany. He arrived in Bayreuth on the afternoon of February 17. Three other wagons were filled with funeral crowns. Twenty-seven firefighters were watching at the station throughout the night. The funeral began at four of the next day, with a military band playing Siegfried’s funeral music. After the speeches, a long procession slowly toured the city, in the direction of the mansion that Wagner had baptized as Wahnfried: «Peace of deception.» The corpse was buried in a grave that had been built on the back plot of Wahnfried, next to the tomb of one of his favorite dogs, a Newfoundland called Russ.
Venezia did not exaggerate when he affirmed that Cosima Wagner had «crazy pain».

Exciting Study on Wagner and what he has supposed in culture and thought, everything related in a thorough and pleasant manner. The reader is amazed at the Wagnerian tentacles and that the total work of him has covered so many worlds.
Comprehensive, even-handed, and masterfully told. This book does have a high point of entry, however. While not quite an academic text, some parts will feel that way if you’re unfamiliar with the reference points. A working knowledge of Wagner should be a given, but you also should be comfortable with Western European and American art and philosophy from about 1850-1950. Unfortunately for me, I’m not super well-versed in the likes of Nietzsche and Baudelaire, so the first two chapters were a bit of a slog. But once we crossed the channel and met George Eliot, I was all-in and along for the ride. Totally compelling and has given me so much to think about.
Ross is particularly adept at highlighting sexual tensions, not only in the operas but also in the composer’s life: «While there is no reason to believe that Wagner acted on such desires, his language sometimes waxes homoerotic. … Parsifal, with its imagery of spears, wounds, and fluids, has been inducing giggles among gay listeners for generations.»
Ross charts how the influencers of the day claimed Wagner as their artistic father, from Nietzsche to Mallarmé to Cézanne to Joyce. He’s equally incisive when he shifts focus to American acolytes: Willa Cather and Hollywood filmmakers among them.
Layer by layer, he builds his case for Wagner as the 19th century’s Übermensch. All this detail threatens to diffuse his through-line, but his later retracing of Wagner’s role in the rise of Nazism grounds his narrative, beaming a light into the dark hangover of High Modernism. As an aimless young man Hitler stumbled across Wagner’s operas and clung to them for the rest of his life, flaunting that passion as a mark of cachet as he ascended the ladder of German politics. He purportedly piled Wagner albums next to his bed, and in his final bunker «he kept Wagnerian artifacts close by. … Hitler said that having Wagner’s handwriting in his vicinity meant a great deal to him.»
Ross’ ambition and broad command of cultural history are peerless; it’s no wonder, then, that he lacks the common touch. With each name dropped one senses he’s preening before his peers. Fortunately, he dials down the complex musicology that saturates «The Rest Is Noise,» allowing him to stick to a history of ideas that winds right up to our moment. Wagner may be a name that most Americans wouldn’t recognise, but Wagnerism is in the air they breathe.

Whatever the merits of the «protonazi» framework, life after Wagner’s death adopts a tragic form. An artist who had at his disposal the type of universality obtained by Esquilo and Shakespeare was effectively reduced to a cultural atrocity: the musical thread of genocide. The Wagnerism, however, survived the ruinous state in which the Nazi era left him. In the years of postwar, radical scene directors reinvented the operas over the scenarios. Fantastic epic as the Lord of the Rings, the war of the galaxies and game of thrones rejuvenated, consciously or not, the mythical procedures of Wagner. Parsifal mysticism was introduced floating in the latest novels by Philip K. Dick. Musicologists and historians have excavated semi-annual interpretations of the composer and those alternative wagners are located in the very center of this book: the socialist Wagner, the feminist Wagner, the Homosexual Wagner, the Wagner Black, the Wagner theosophical, the Wagner Theosophical, the wagner , the sci-fi Wagner, Wagnerismus, Wagnerism, Wagnérisme. I am aware of my limitations, both in knowledge and in languages. Nietzsche accused Wagner of dilettism: In fact, the legacy of the composer is so varied that anyone who studies it becomes a dilettante by default. Writing this book has been the great education of my life.
It is not necessary to love Wagner or the music of him to record the amazing dimensions of the phenomenon.

The prelude of Das Rheingold (the gold of the Rhine), which is, in turn, the Vorabend, the preliminary evening or afternoon, the ring (ring). The orchestra represents the Rhine Rhine, the magic gold depository from which a ring may be forged that provides an unimaginable power. In his autobiography, Mein Leben (my life), Wagner tells how the beginning occurred while he was in La Spezia, in the Ligurian Sea, in September 1853. He was resting in his hotel when he fell on «a kind of state of Sonambulism, «and the prelude began to sound in his head. Although biographers doubt that it happened exactly that way, we can imagine that the river is not purely German, but flows from warmer and deeper waters.
«It’s like it’s the cradle song in the world,» Wagner said. From that wrapped cradle emerges a universe. The golden triads of Western harmony are gestrated from a fundamental tone; Further on, from music, language is gestured. The daughters of the Rhin ascend swimming from the depths and sing a mixture of syllables without meaning and German words. Wagner told Nietzsche once the sentence he had in mind was «Eia Popeia», the words that the mothers had been singing for centuries to lull their babies.
When, after the ring, Nietzsche broke with Wagner, the image he had of himself was that of a slave who had managed to flee. Although he reneged from man, he could not deny the work. During the twelve years of intellectual activity that remained, he kept struggling with the shadow of the composer.
The duality of good against evil is broken, however, when Wagner makes the noble gods participate as accomplices in general corruption. «However, peace thanks to which they obtained the dominion is not founded in reconciliation: it is achieved through force and cunning. The objective of its superior world order is moral conscience: but the injustice they pursue is stuck to themselves. » In this first version, Wotan survives the uprising, as well as the monarch reformed in the speech pronounced by Wagner in the VaterlandSverein, and Albeerich is released with the rest of humanity.
Wagner completed the details of the story in an outline in prose titled Siegfrieds Tod (Siegfried death). He then left the project aside and got involved more intensely than ever in political activity. In May 1849, Dresden’s revolutionaries rose to protest the anticonstitutional actions of King Saxon and Wagner joined them, preparing propaganda, helping to obtain weapons and sending signs from the Kreuzkirche tower. He often was next to the future anarchist Mikhail Bakunin.

The ring does not have only political foundations, but also philosophical. The young Nietzsche referred to the cycle as «an immense system of thought without the conceptual form of thought.» The prelude of Das Rheingold is in itself a kind of cosmological proposition. The progressive hatching of my greatest bemol is not a myth of creation that depends on a divine spark, of a cry of «Light». A world is materialized, on the other hand, evolutively, as in the organisms that are transmitted studied by Jean-Baptiste Lamarck or the nebulae that maintain the unified galactic systems as a whole, as theorized Immanuel Kant. At the beginning of him, Kant speculated that the solar system had arisen from a mass of gas and dust. Friedrich Engels saw in that hypothesis social implications: humanity should also be seen as a system of fixed relationships and be considered, on the other hand, an organism that is experiencing continuous evolution.
The word Leitmotiv has caused great confusion over the years. Hans Von Wolzogen, one of the younger followers of Wagner more militants, was the one who popularized the term, against the desires of the composer himself. Although Wagner had identified in the work of him «melodic moments» and «fundamental reasons», he criticized Wolzogen for dealing with these reasons as purely dramatic resources, thus disregarding the musical logic of him. In the simplest definition, the leitmotive are sound tags identifier: when someone talks about the sword is heard the motive of the sword. The leitmotive certainly work in this way in the ring, but there are not much melodies finished as loaded fragments, which transcend its context and point forward or backward in time. Not only do they illustrate the action, but indicate what they are thinking or feeling the characters, or even what they are unable to perceive.
As the ring progresses, Wagner treats his leitmotive in increasingly afflicted, even subversive ways. The reason that usually known with the name of the «resignation of love» sounds for the first time in Das Rheingold when Woglinde, one of the daughters of the Rhine, explains how gold can be obtained. He heard again at Die Walküre, when Siegmund is preparing to boot the Nothung sword from the tree: Here the purpose of him is darker and has been the subject of a large number of speculation. It insinues a kind of hidden identity between the vigorous hero and the dwarf devoid of love: and the identity between opposite is a favorite theme of Wagner.

The Wagnéme, the French cult to Wagner, had extraordinary origins, as they knew who lived in the first person. «You can not imagine the impression that this music exercised in the people of my time,» he admitted the novelist Alphonse Daudet, according to his son of him Léon. It really transformed us. He renewed the atmosphere of art. » Camille Mauclair, a supporter of Mallarmé and the symbolists, pointed out that Wagnérisme had the rhythms of a great love story: «The first babbes of Wagnerian revelation, fighting, retractions and equally furious enthusiasms, the appended appended, then The restless uneasiness, the God put on questioning … ». Mauclaair’s generation felt not only a love unfortunate by the God himself, but a «terrible disgust» for everything else. The fervor was especially remarkable given the mutual distrust that had been enclosed between France and Germany in the decades after the Franco-Prussian War. That so many Parisian intellectuals welcomed the cultural teaching of a country that had humiliated France on the battlefield was something that never left to disconcert the patriotic bloc.
Nietzsche closely followed the first stages of this national obsession. In Der Fall Wagner (the Wagner case), he links the composer with contemporary France («very modern, is not it? Very Parisian! Very Décadent!»).
For the French, Wagner was, above all, modern. The idea of Modernité had become something essential for the image that the Parisian vanguard had of herself. Baudelaire began campaigning in favor of intrepid representations of the Vie Moderne in the 1840s and proposed an axiomatic definition in the 1860 essay «Le Peintre de la Vie Moderne» («the painter of modern life»): «The Modernity is the transitory, the fugitive, the contingent, half of the art whose another half is the eternal and immutable ». The modern artist can find the eternal within the ephemeral, «poetry within history.» At first glance, so defined, Wagner seems very far from modernity: the ephemeral is not his subject. But Baudelaire will recognize another type of adversary potential at the composer. The «passionate energy of expression» of Wagner, the «strange source of him» of him, makes it, in fact, in the «authentic representative of modernity». This last sentence probably inspired the Aphorism of Nietzsche according to which Wagner summarizes the modern condition. But the spirit of the two comments is very different. For Nietzsche, Wagner is the epitome of a decadent culture that must be overcome. For Baudelaire, decadence is a scenario of resistance, the source of a secret power.
The decadence had long ago a purely negative connotation: it was the rimbust expression of an exhausted civilization.

In 1885, a new phalanx of writers occupied the first ranks of French literature. Verlaine and Mallarmé were his leaders and at least a dozen young poets integrated their ranks. Paris had seen successive waves of romanticism, par banns and naturalism; The latter vanguard, which had allies in the plastic arts and theater, favored strange images, spectral appearances, the world of dreams, clusters of such dense words that challenged understanding. The poets of the eighties reacted against the naturalistic pretension of being showing the world as it is and, in broader terms, against a materialistic and evolutionary approach of the human condition. Here, after the Veil of reality, the hidden truth of existence was found, at the limit of the declarable. The inevitable question of how the new movement should be called. A possible term was «decadence», encoded by Paul Bourget in 1883 with his theory of language disintegration. Two years later, Verlaine published his poem «Langueur», which begins with the verse «Je Suis L’Empire à the end of the Décadence» («I am the Empire at the end of decadence»). This use openly pointed to the decadence now understood in the ancient and dishonorable sense: the excess in the midst of crumbling.
For that same reason, however, many young poets rejected the label.

In the last century and a half, millions of women have advanced towards the altar on their wedding day with the accompaniment of Lohengrin’s bridal choir, also known in English as «Here Comes The Bride» («here the bride arrives»). The usual is a bit strange, because in its original context it is a prelude to the catastrophe. Marriages in Wagner’s world tend to go wrong, and Lohengrin is not any exception. Elsa de Brabante is committed to a gentleman of a distant country, but her boyfriend has imposed an overwhelming condition: «NI Sollst du Mich Befragen, / NOCH Wissens Sorge Tragen, / Woher Ich Kam der Fahrt, / NOCH WIE MEIN NAM ‘ und Art! » («You will never have ever wondering, / nor do you have to worry about knowing, / where did I undertook trip, / or what my name is and my origin!»). The wedding, with his singing and indelible melody, is carried out at the beginning of act III.
The British royal family, referees of bridal fashion over the centuries, promoted the bridal choir as a marital hymn. In 1840, Queen Victoria, from Hannover’s house, married Prince Albert, Saxony-Coburg and Gotha. The Prince loved German music and had talent as an organist and composer. The young Queen made his taste of Albert and, in June 1855, the couple attended a seven-series concert that Wagner directed in London, after having been invited by the Philharmonic society. The program included, on request Regia, the Tannhäuser Opening. «A wonderful composition, very intense, grandiose, and in some wild, surprising and descriptive parts,» Victoria wrote in her diary. The queen she received Wagner and found him «very quiet», possibly the only time she caused that impression. They talked about the composer dog and parrot. In the letters he sent to her house, Wagner said that the queen was «very short and at all pretty, with a red nose, unfortunately: but she has something exceptionally friendly and inspires confidence». The good disposition of victory to partner with a «person of doubtful political reputation, persecuted by virtue of an order for search and capture by high treason» – According to the definition that Wagner made of himself – he flattered him deeply.
The incorporation of Lohengrin to the Royal Bridal Protocol reveals a gap between the reception dispensed to Wagner in the Francophone world and the Anglophone. In France, the composer was a scandal, an instigation, a battlefield. In Great Britain and the United States, it became a somewhat thinner product: an «exquisite bite», in the politely denigrate formulation of Victoria. From Buckingham’s palace to the plains of Nebraska, the old fugitive could serve as an ornament from Victorian society and golden age. The operas of him became the Retals of the Royal Opera House and the Metropolitan operates; Itinerant productions attracted a diverse audience. Popular versions, as a series of books on Wagner for young people, presented a generous idealist, whose industriousness exemplified the gospel of work. Church men grown as Alfred Gurney wrote about the «salvific influence, balsamic and exalting of Parsifal».
By 1855, when Wagner hit the Victorian world, the music occupied the place of honor as the supreme moral elevation medium within the arts. It was a primacy different from the one who had described Schopenhauer, who thought that music was the incarnation of the incessantly Afanous will. For Victorians, music, especially instrumental music and coral singing, rose above the vulgar and dubious popular entertainment, including opera. It was an art «exempt from the trail of the serpent», as he wrote the art critic Elizabeth Eastlake. Musical actions in spaces such as Crystal Palace and Royal Albert Hall offered a fantasy of a harmonious, spiritually elevated public, free of class struggles and political divisions.

Wagner’s music arrived in the United States in the luggage of the Musical Society Germania: two dozen musicians of radical ideas that formed a collective in Berlin at the beginning of 1848 and that later would emigrate en masse. As Nancy Newman’s Account In its history of the group, the objective of the Germania was to create a musical and social utopia, a musical group of free people linked by a sentiment of camaraderie. As they believed that «communism was the most perfect principle of society,» they adopted the ideals of «one for all and all for one», of «equal rights, equal obligations and equal rewards.» They returned this image of musical equipment to which they considered that they were the egotist manciors of the virtuous soloists at the service of the high classes. The members of the Germania trusted that their interpretations of composers, from Bach to Wagner, «would inflaming and stimulate in the hearts of these politically free […] love for the beautiful art of music.»
In 1852, the Germania musical society touched the end of Tannhäuser in Boston. The following year, in the same city, they organized a great Wagnerian night, intermingling fragments of Rienzi, Tannhäuser and Lohengrin …

The era of esotericism, occultism, satanism, spiritualism, theosophy, swedenborgism, mesmerism, martinism and cabbyses. The reinventions or creations of medieval sects were multiplied: the Templar Knights, the airtight order of golden dawn and several Rosicrucian orders that tried to revive the alchemical and necromance wisdom of obscure origins. They were attracted to the sessions of spiritualism, the cards of the tarot, astrology and homeopathy not only gurus reconditions, but also the members of high society. A large number of writers, artists and musicians were interested in one or the other of these movements; The symbolists, including the circle of Stéphane Mallarmé, were especially prone. They could have been shown according to William Butler Yeats, which saw the occult meetings as «metaphors for poetry»: so the spirits on the other side had been told.
Péladan spoke of the «sathanisme de l’amour». Baudelaire invoked a «satanic religion». Huneker saw a black mass in Parsifal. The idea that Wagner’s music was worth of diabolical forces enjoyed broad acceptance, both among the composer’s detractors and among the disciples of most visionary ideas. The Finisecular Culture granted enormous powers to the artists and, to say, Wagner was able to administer a kind of hearing potion of death or disorder.
Those who had supernatural inclinations could resort to a series of misfortunes who suffered people who were part of Wagner’s close circle. The tenor Ludwig Schnorr von Carolsfeld fell dead shortly after the protagonist role of Tristan, in 1865. His widow, the Soprano Malvina Garrigues, who was in turn the first Isolde, received messages from Schnorr through a medium and accused COSIMA to be a «infernal spirit».
Helena Blavatsky, the main figure of theosophy, was not interested in beginning by Wagner. In February 1883, at the time of the death of the composer, he expressed the disgust caused by Parsifal, saying, «Similar treatment of the» most sacred truths «-for those people for those things and those names are true – it’s a complete Degradation, a sacrilege and a blasphemy ». Four years later, Madame Blavatsky, as she knew her everybody, suffered an almost fatal physical crisis and a good opinion of the doctor who was treating her: William Ashton Ellis, the indefatigable and fatigued translator of the Wagner prose. Ellis had embraced the theosophy in the mid-eighties, around the same time when he began writing about Wagner. Almost immediately, the theosophical opinion turned and was favorable to the composer. In 1888, the magazine of Blavatsky, Lucifer – the title refers to the carrier of light, not Satan, said warmly the appearance of the Wagnerian magazine of Ellis, The Meister, affirming that Wagner was a «mystic as well as a musician «That» penetrated deeply into the internal areas of life. »
Ellis was right when he detected points between Wagner and theosophy. The synthesis between the East and the West of Blavatsky resembles the religious fusion of Parsifal, although she puts a greater emphasis on Oriental thought, especially in Buddhism.

The God Richard Wagner was the subject of a brutal treatment by the most subversive Munitioners and their allies elsewhere. In 1911, Friedrich Huch, a friend of Thomas Mann, published a trio of «grotesque comedies» brief with titles Tristan Und Isolde, Lohengrin and Der Fliegende Holländer, in which Wagner’s characters appear in modern environments and struggle to be ordered. Tristan and Isolde are confused when King Marke reacts to him forbidden from him, escaping with BRANGÄNE. An exasperated Elsa says from Lohengrin: «Let him keep his own name for himself, for God’s sake! He does not interest anyone! » And the Dutch seems aware of the operatic nature of him: «For some time I have the fixed idea that all my destiny happened as if I was on a stage, as if I was representing my own passion every seven years.» The play Theatrical König Hahnrei (King Cornuto), of Georg Kaiser, published in 1913, tells Tristan’s story from King Marke’s point of view, here a dirty old man, senile, which is viciously excited through adventures of lovers.
Frank Wedekind was, in some way, the most brutal of all, although it was not so much the operas, «I was irritating and exciting, indistinctly – as the cultural business emerged to the warmth of him. The full name of him, Benjamin Franklin Wedekind, already announces the exotic origins of him: he was born in Hannover (Germany), but was conceived in San Francisco (California).

Vienna, the other routine scenario of the artistic world Germanophone, was maintained a lot of time divided into Wagner. At first, the «music of the future» seemed like an assault on the classical tradition of the city, the legacy of Haydn, Mozart and Beethoven. Die Meistersinger, the most seemingly conventional of the latest operas, changed the Viennese opinion in favor of Wagner. Pangermanism, the dream of unifying all the Germanophone territories, had many believers distributed throughout Austria, and Wagner became a center of that longing, both on the right and on the left. Anti-Semitic nationalists such as Georg von Schönerer exploded Wagner; But he also did Victor Adler, the leader of the Social Democrats. As in the Kaiserreich, some Pangermanists were still dispristing, however, the composer as an unworthy of the cause. The Viennese critic Ludwig Speidel expressed these judgments on the ring in 1876: «No, no and three times, the German people have nothing in common with this already manifest monstrosity [Affenschande].» That insult joined those of Belcebú and Megatherion at the lexicon of antiwagnerian injectives.
Artists of the end of Siècle Viennese, as well as their muni cant homologs, sought to unite artistic disciplines for a stetized environment. Although darker spirits such as Oskar Kokoschka and Egon Schiele are those who have happened to finally dominate the idea of Vienna that posterity has.
The most explicitly Wagnerian of the Viennese dreamers was the architect and Urbanist Camillo Sitte, who called the first son of him Siegfried. In 1889, Sitte began to conceive a different type of urban landscape, which opposed the tendency to the regulated grids, the sprouting facades, the growing traffic and the anonymous crowds. Wagner helped to imagine an integrated environment in which individuals merge into all harmonious. As Carl Schorske writes in his classic Book End-de-Siècle Vienna (Vienna Finisecular), Sitte «translated the idea of Wagner to the work of total art as a social model for the future of opera theater».

In Wagner’s operas there are no Jews, or at least, there are no characters identified as such. Stereotypes may not appear Palm board of the FAGIN type in Oliver Twist, De Dickens; Svengali in Trilby, by George du Maurier; o The Nose Financial Ganchuda in the Table Portraits à La Bourse (portraits in the bag), from Edgar Degas. This absence allowed the most tolerant Wagnerophils in time to create a kind of firewall among the infamous opinions of the composer and the ostensibly humanitarian content of the works.
After the Holocaust, that barrier came down. The Philosopher Theodor W. Adorno, whose father was a Jew converted into Protestantism, held an influential thesis in his essay «fragment über Wagner» («fragments over Wagner»), reissued later in his book Versuch Über Wagner (Trial on Wagner) , published in 1952: «Alberich, who seizes the gold, invisible, anonymous, operator; MIME, which is on shoulders, parlanchín, overflowing with evil and praise the person of him; The impotent intellectual critic HANSLICKBECKMESSER: All beings rejected in Wagner’s works are Jewish cartoons. » At the end of the century, the experts were already affirming not only that the operas contain anti-Semitic stereotypes, but incarnated, in the words of David Levin, an «aesthetics of anti-Semitism».
In fact, the suspicions of racism in Wagner’s operas go back beyond ornament, beyond even der Utertan (the subject), from Heinrich Mann, where Diderich Hessling compares Lohengrin villains with the Jews. Around 1870, the conjunction of the first representations of Die Meistersinger with the reissue of «Judaism in music» unleashed speculations on the anti-judge content of the opera.
Parsifal, that sacred opera with a spectral heart, emerged from this same suffocating environment that was precipitated Wagner’s regeneration writings, with its reflections on race and religion. Kundry, who is condemned to vaging eternally because he has laughed at Christ on the cross, recalls Ahasvero, the wandering Jew, who, in some versions, had committed the same sin. It was Wagner himself who established this same connection: «Kundry lives an immeasurable life with always changing renaissions as a result of an ancient curse that condemns it, in addition, similar to the» wandering Jew «, to impose to men, adopting new forms. , the suffering of the seduction of love ». She can be saved only «If you ever a very low, radiant man, she resisted the powerful seduction of her». Kundry also identifies it as the reincarnation of Herodias, the mother of Salomé, who, in the New Testament, demands the death of San Juan Bautista. The word «Jew» does not appear in the script, but these allusions facilitate the identification of Kundry as Jewish.
Already in the time of Wagner, progressive and Jewish critics felt a certain shudder with Parsifal, just as Paul Lawrence Rose points out in his Wagner book: Race and Revolution (Wagner: Race and Revolution). The dramatist and novelist Paul Lindau said that Wagner had reflected «that concept that she found expression for the first time in one of the very controversial pamphlets»: Parsifal was «Christianity in music.» But «it is not about the Christianity of the German man who lives and lets live, but that of the Spanish Inquisitor who burns heretics while the pure voices of the children praised the mercy of God with sensual chants and reprices of bells from the high towers.»
Wagner did not argue according to all the anti-Semites, nor all the anti-Semites were in agreement with him. Paul’s Investiva de Lagarde and Julius Langbehn, two leaders of anti-judged agitation, surpassed Wagner.

The Wagnerism reached its zenith at the beginning of 1914, on the eve of the First World War. According to the Berne Convention, the term of the copyright of Wagner’s works expired at midnight on January 1. Parsifal, which had been considered as the exclusive property of Bayreuth, became public domain and after a few months had been taken on the scene in about a cities scattered throughout Europe. Only next year, the opera was represented in Berlin, Rome, Budapest, Prague and Madrid. Cosima Wagner had been fearing the arrival of that moment years. In 1901 he tried to achieve an extension of the validity of copyright by the Reichstag; The bill was ridiculed as «Lex Cosima» and was not approved after a vote lost by 123 NOES compared to 107 Sés.
The first one in the exit line was the Great Teatre of the Liceu in Barcelona, whose Parsifal was scheduled to start at eleven o’clock at night on New Year’s Day: midnight in Bayreuth time zone. The Catalans felt holders of the work because the local tradition argued that the Holy Grail was a time in Montserrat, the location of an ancient Benedictine monastery in the mountains located northwest of Barcelona.
With the change of century, many Catalan artists sought to define themselves as opposed to Spanish culture and solidarity with the rest of Europe. The sensual Gothic forms of Modernisme, the Catalan equivalent of Art Nouveau and the Jugendstil, said that spirit in a raised style. As in Ireland, Wagner was a parallel of the native national myth: «As a competition of art and the life of each people,» as the poet Joan Maragall wrote. The Palau Proscine of Catalan Music – Hyperornianted concert hall designed by the modernist architect Lluís Domènech I Montaner – contains a relief sculpture, from Didac Masana and Majó and Pau Gallo, of horseback riding and giving jumps. In the Liceu, a painted panel shows Wotan and Brünnhilde with the name of Wagner recorded just below. Four stained glass windows representing scenes from the ring adorn the Cercle del Liceu, a club contiguous to the opera theater. The most extreme Wagnerrophils of the city called Grail Gentlemen at the service of Parsifal, a work that, according to a version, had been dictated by the Holy Spirit.
The composer who served as emblem of artistic power is now becoming a metaphor of the war machine. Readers in search of lost time have been subtly prepared for change. At a previous time of the cycle, the plaintive sound of a closing door is compared with the instrumental figures that accompany the pilgrim choir in Tannhäuser, and a similarity between the bell of a telephone and the shepherd’s roam was established in Tristan.

Hitler stated that he was carrying a vocal score of Tristan when he went to war in 1914. Supposedly, he should console himself by humming the music and imagining how each moment should be represented. At first, he could have seemed a bit like Cather’s Claude Wheeler, a young man without initiative marked by a premature death. But the carnage hardened it. There is evidence that around 1915 began to peeve nationalist opinions of extreme right, when Hitler confessed a friend of Munich his hope that the experience of the war «destroyed not only the enemies of Germany abroad, but ended up Also with our internal internationalism ».
The military state that designed the Alberich operation and the Hagen plan was internalizing the spirit of harshness that the philosophy of Wagner’s compassion was struggling to overcome. It became fashionable to renounce love, celebrate cruelty, becoming as hard as steel. The sleep of the overthrow of world power in 1848 gave way to a cult of force: all the irony of the entrance of the gods in the Valhalla was eliminated. However, before this version of Wagner triumph with Nazism, a last Campal battle would still be woven by the meaning of the name of the composer.

Hitler was named Chancellor on January 20, 1933, two weeks before the fiftieth anniversary of Wagner’s death. On his third day in office, the cabinet of him was already organizing the imminent Wagnerian commemorations and what role the leaders of the Party would have to perform in them. On February 12, Hitler appeared successively in two acts of tribute to the composer. First, in the company of Winifred Wagner and his son of him Wieland, he went to a morning concert at the Leipzig Gewandhaus, in which the old Karl Muck directed the preludes of Die Meistersinger and Parsifal. Later, that same day, Hitler went to Weimar to attend a representation of Tristan, visiting Elisabeth Förster-Nietzsche in his palce. He was aligned with two German titans, while limiting the differences between them.
According to progress, the year more elaborate ceremonies were happening. On the day of Potsdam, on March 21, 1933, the Nazis staged a propaganda show in which they linked the new regime with the legacy of the Prussian State, incarnated in President Paul Von Hindenburg, who had been present at the Foundation of the Empire . In the same period, Hitler was assuming dictatorial powers, a process that was officialized when the Reichstag approved the Enabling Law two days later. A representation of Die Meistersinger, a work that had been a symbol of the Kaiserreich, crowned the acts of that day. Hitler and the entourage of him went to the Staatsoper of Berlin through a scroll of torches, occupying his seats in time for the nationalist pomp of act III. When the choir sang «Wach auf!» («Wake up!»), It seemed that he was addressing Führer. The Völkischer Beobachter evoked the «Savior who sat up on his palce and followed the representation with a peculiar shine in his eyes and a pleasant affinity as it happened on stage.»
Bayreuth was a protected area within the totalitarian state. Hitler’s patronage was translated into the festival was beyond the scope of self-confronted authorities, such as Goebbels, Göring and Rosenberg. The Führer left partly the dictatorial role of him when he arrived at Bayreuth every summer. For a few days, he returned to the younger bohemian self, «free from the pressure of the representation of power,» as Albert Speer said. Hitler stayed at Siegfried Wagner’s house, adjoining Wahnfried, where he adopted the Wagners as a Vicaria family and wasteful favors with Wieland, the apparent heir. He gave the young man a Mercedes and was Hitler’s personal driver who controlled the first long trip to him with him. During the war, when Hitler stopped going to the opera, the dictator recalled with nostalgia his visits: «The ten days in Bayreuth have always been for me the most beautiful time and with what illusion I hope the first moments every time we come back here ! ». The day after the festival he reminded him of the sad moment when the ornaments of the Christmas tree are removed. He even came to talk to Bayreuth in his old age.

The Bayreuth Festival of 1939 had an atmosphere of Déjà Vu. As in the summer of 1914, the war was imminent and the tensions of the moment were felt in the day to day. Neville Henderson attended, the British ambassador in Germany, who trusted meeting with Hitler and negotiating a peace. When Winifred Wagner interceded in favor of Henderson, Hitler rejected her. The plans for the invasion of Poland were made and the future conqueror had no interest in getting into negotiations. Hitler Yes who greeted two friendly British visitors: Diana Mosley, the woman of Oswald Mosley, the leader of the British fascists; And her sister Unity Mitford, graceful with the second name of Valkyrie. Mosley, in the autobiography of her, remembered a meal with Hitler before Götterdämmerung: «This glorious music has never seemed so fateful.» When the war began, a month later, Unity tried to commit suicide with a pistol that had supposedly delivered Hitler for her protection.
Winifred Wagner had imagined that the Bayreuth festival would be canceled during the war, as it had happened in 1914, but Hitler insisted that he maintained his activity. The organization created to regulate activities during free time in Germany, Kraft Durch Freude (force through joy), contributed spectators massively. About a hundred thousand «Führer guests» visited Bayreuth between 1940 and 1944. Most of them came from the armed forces. The wounded soldiers constituted the first priority and wrapped in bandages and limping with crutches, sometimes accompanied by nurses. A military band played when special trains arrived at Bayreuth station. Introductory talks were offered: Winifred itself was the hostess of visits to Wahnfried. In 1943 and 1944, only Die Meistersinger was represented, on the basis that he better adjusted to the war environment than the somber Götterdämmerung or the Patsifral pacifist.
Romain Rolland, in 1944, wrote that Hitler was «writing the Wagnerian epic of him,» a tragedy in which he always thought that he would die at the end. Albert Speer placed the scene of Brünnhilde’s immolation in the last program of the Berlin Philharmonic of the Nazi era, on April 12, 1945.

When Charlie Chaplin saw triumph of the will, the immediate reaction of him, according to Luis Buñuel, was to break laugh. The speaker who looked on the screen looked like a foolish variation of his own character of a «little vagabond», including the toothbrush mustache. The experience, however, demoralized him, as he did with so many left-wing filmmakers who saw how technical virtuosity of German cinema applied for sinister ends. In 1940, Chaplin premiered the great dictator (the great dictator), a splendid satire from Hitler’s Histrionics. At this point, it can not surprise Wagner to appear in the soundtrack. However, Wagner departs the composer from the clutches of Nazism, almost as if he was carrying out Thomas Mann’s rescue mission, his friend in Los Angeles. The prelude from Lohengrin, first to ridicule Nazi iconography and then to dramatize a message of peace is heard on the film.
Hitler appears caricatured as Adenoid Hynkel, a Führer Pánfilo who sputters a German Germany and is more than a bit effeminate in the gestures and ways of him. He gets his hands to his chest, he is strutting from here to there, touches a few notes to the piano with chandeliers everywhere and, at a given moment, he takes a flower adopting a pose like from Oscar Wilde. When to his propaganda minister, Herr HarbitSch, the idea of killing all the Jews and converting Hynkel into the «dictator of the world», the latter is very excited that he climbs on top of a curtain and exclaims melodramatically : «Leave me, I want to be alone».
Chaplin’s fantasy of a post-war utopia was evaporated at the time of the cold war, when the US military machinery displaced his attention from Nazi Germany to Soviet Russia. A disastrity succession of events – the launch of atomic pumps over two Japanese cities, the paranoia of red hunting, uninterrupted violence against African-Americans in the surgeon – left footprints in Hollywood. The genre known as black cinema, which was characterized by hard arguments, cutting dialogues and very marked contrasts that imitated Weimar’s style, was symptomatic of the altered national mood. Epopouples and musicals in Tecnicolor provided an exhaust pathway as a compensation. Wagner played the ambiguous normal role of him, at the same time feeding anxieties and fantasies. The prominence of the Central European Directors emigrated in Hollywood served to increase the tension surrounding the composer while directing as Fritz Lang, Billy Wilder and Robert Siodmak examined or disengaged from the Germanic legacy.
The Nazi Wagnerropil remained a common place.
The largest of the Black Film Wagnerian films – there is to admit that it is a limited genre – it is Christmas Holiday (light in the soul), directed by Robert Siodmak in 1944, whose central sequence of Tristan rivals with the Wagnerian scenes more Sophisticated of the finisheecular literature. Natural Dresden, Siodmak came from a cultivated German-Jewish family that I knew Ernst Toller, Emil Nolde and Richard Strauss. The great consideration in which Siodmak had Thomas Mann led him to make a failed attempt to film der Zauberberg (the Magic Mountain). In light in the soul, he was worth a somewhat sordid novel by W. Somerset Maugham. The script was from Herman J. Mankiewicz, the bright and erratic scriptwriter who wrote Citizen Kane (citizen Kane) for Orson Welles.
The story is told, of course, a fatal passion, although here the dejos de decay and madness belong to man. Deanna Durbin, a star of musical comedy, dares with the role of Abigail, a young and naive woman that there is nothing that likes more than going to orchestral concerts.
For decades, the air war had awakened thoughts of the Valkyries and their «air horses», as Wagner called them. When the Saint-Loup de Proust saw an attack by a Zepelin about Paris around 1916, he exclaimed: «That is, the music of the sirens was a» horseback riding «!» During the Second World War, the interpretations of Toscanini of the «cavalcade» were compared with the flight of B-17 bombers. The Nazis resorted to the same metaphor: in a German newscast, the «cavalcade» serves to underline a news that documents a parachutist attack in Crete. More than one crew of the US bombers adopted the name of Valkyria for his plane, sticking the usual decal of a lightweight woman’s clothing.
Taking into account that story, the «cavalcade» seemed a predetermined choice for the operation of helicopters in Apocalypse Now, from Francis Ford Coppola. However, the idea of a unity of the air cavalry that made Wagner soundingly sounded spontaneously emerged in the screenwriter’s mind, John Milius, who finished the first draft of Apocalypse in 1969, a decade before the film was released . Milius had heard that US troops in Vietnam were using music as a weapon in order to galvanize the soldiers and demoralize the enemy. The US Armed Forces and intelligence services had been interested in psychological war for a long time, and it was also thought that music could be used at full volume to submit to prisoners to a «without physical contact» torture. Years later, Milius remembered: «He knew they performed psychological operations in which they put speakers and sounded things. They did not put Wagner, they put Rock ‘n’ roll and things like that. But I really thought that Wagner could work. I thought it would be something that would fit with helicopters and with an attack made with helicopters».

A amazing cultural transformation: the «cavalcade» transformed into a hymn of US supremacy. This displacement is consistent with disturbing historical continuities of the post-war years, when Nazi scientists emigrated to America, when the techniques of torture in the manner of the Gestapo resurrected in Iraq, when the cultured body perpetuated the ideal ARIO of Riefenstahl. Eric Rentschler, in his book The Ministry of Illusion (the Ministry of Illusion), writes: «The modern culture of American media has a relationship rather than superficial or vicaria with the Society of the Show of the Third Reich». There is nothing in all the history of the cinema who demonstrates that idea in such a vivid way as Apocalypse Now, where the German «power of power» gives way to imperialism of «God bless America».

Wagner is not simply a sound phenomenon: the characters assumed sharp profiles in my consciousness, and merged with my own emotional world, atrophied as it was then. Although I find it uncomfortable to recognize it, I associate the first experiences of the ring with the ups and downs of various lovers and love relationships. More than once I sat next to another man in the representation of a Wagner opera, comparing me with Tristan, Isolde or, in the bad days, Alberich. One of these visitors unprepared to the impublicable story of my life, in version of Thomas Mann or Willa Cather, put an end to our hesitant relationship after a representation of Die Walküre at the San Francisco opera: just after Wotan was dismissed from Brünnhilde And the resting inside the ring of fire. Looking back, this looks like comical, but I lived it at that moment as a huge tragedy.
No one should talk about Wagner without using the word «maybe,» Nietzsche said on a certain occasion. The accumulated records of Wagnerism do not allow a clear verdict on the footprint that left this man amazingly full of energy in the world. He played an essential role in the rapid evolution of modernist arts, from Baudelaire to Mallarmé, from Cézanne to Kandinsky, from Cather to Woolf. He revolutionized theatrical architecture and practice, showing a path beyond naturalism. Galvanized forces throughout the political spectrum, from the extreme left to the extreme right, and if it was this second one that, ultimately, it claimed it more persuasively, it is a result that can always be object of refutation Under the protective darkness of Bayreuth, the musician fed dreams of future freedom among the oppressed members of the population, as much as he encouraged the oppressors of him. These contradictory tendencies are not mutually canceled. Each of them has its own reality contumaz. The eternal ager with the old sorcerer – peacefully the influence of him, then, overcoming it – means that the image of him is continuously dissolving into confronted artistic identities.
In the history of Wagner and Wagnerism, we see tangled both the highest and the lowest impulses of humanity. It is the triumph of art about reality and the triumph of reality about art; It is a tragedy of imperfections staged in such a deep way that, after two centuries, they continue to enraged us as if the person was in the room. To blame Wagner of the mistakes committed after him constitutes an inadequate response to historical complexity: he lets out the cowardhouse to the rest of the civilization. At the same time, exonerating it of all fault is to ignore the insidious ramifications of it. It is no longer possible to idealize Wagner: the ugliness of the racism means that the portrait of him that has been left for posterity will always be split in half. In the end, the absence of a clear moral resolution should make us more honest about the role that art performs in the world. Being near Wagner, the fantasy of artistic autonomy is made pieces and the cult to the genius is unusable.
It is what happens with all the art that lasts: it is never a matter of beauty that demonstrates being eternal. When we look at Wagner, we are looking through a mirror of increase of the soul of the human species. What we hate in him, we hate him in us; What we love in him, we love him also in us. In the distance we can perceive assbers of some higher kingdom, some resplendent temple, some ecstasy of knowledge and compassion. But it is only a shadow on the wall, an echo come from the pit. The vision fades, the curtain falls and, dragging his feet, we return silently to the world as it is.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/06/04/el-ruido-eterno-escuchar-al-siglo-xx-a-traves-de-su-musica-alex-ross-the-rest-is-noise-listening-to-the-twentieth-century-by-alex-ross/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/19/wagnerismo-arte-y-politica-a-la-sombra-de-la-musica-alex-ross-wagnerism-art-and-politics-in-the-shadow-of-music-by-alex-ross/

Invernando: El Poder Del Descanso Y Del Refugio En Tiempos Difíciles — Katherine May / Wintering: The Power of Rest and Retreat in Difficult Times by Katherine May

En medio de la catástrofe, se abrían algunos claros: esas horas conduciendo de casa al hospital y del hospital a casa, cuando estaba sentada junto a H mientras dormía, o esperando en la cafetería mientras hacían las rondas en planta. Mis días eran tensos y perezosos a la vez. Siempre tenía que estar en algún sitio, despierta y alerta, pero al mismo tiempo era inútil, una intrusa. Pasaba mucho tiempo mirando a mi alrededor, preguntándome qué hacer, con la cabeza dando vueltas tratando de clasificar aquellas nuevas experiencias, darles contexto.
Todo el mundo invierna en algún momento; los hay que inviernan una y otra vez.
La invernación es una temporada en el frío. Un período de barbecho en la vida en el que estás desconectada del mundo, te sientes rechazada, apartada, incapaz de progresar u obligada a desempeñar el papel de extraña. Puede ser consecuencia de una enfermedad o de una experiencia vital, como la viudedad o la llegada de un hijo; puede deberse a una humillación o a un fracaso. Puede que te encuentres en un período de transición y hayas caído temporalmente entre dos mundos. Algunas invernaciones nos invaden más despacio, acompañando el largo final de una relación, las responsabilidades cada vez mayores de cuidar a nuestros padres según envejecen, el goteo de la confianza perdida. Algunas son espantosamente repentinas, como descubrir un día que tus capacidades se consideran obsoletas, que la empresa en la que trabajas está en bancarrota o que tu pareja se ha enamorado de otra persona. Llegue como llegue, la invernación suele ser involuntaria, solitaria y profundamente dolorosa.
Sin embargo, también es inevitable. Nos gusta imaginar que la vida puede ser un eterno verano y que nosotros simplemente no lo hemos conseguido.

La autora escribe bien, líricamente, confidencialmente, en silencio en su mensaje. Lo que es, en general, que a veces la vida te presenta con circunstancias de las que se encuentra en sus mejores intereses para retirarse. Problemas de salud, problemas financieros, problemas de carrera, averías emocionales, rupturas de relaciones. Incluso una persona disgutada, trastorno afectivo estacional, que no tenía nombre en ese momento, sino que estaba plagado de mi infancia y la adolescencia.
Este proceso de retiro puede refiere a como invernación. Tirando en sí mismo, explorando las actividades tranquilas y restaurativas disponibles para nosotros con mayor frecuencia durante esa época del año en que los días son cortos y el aire está frío y nos quedamos en el interior. Dibuja muchas lecciones del mundo natural, y estas descripciones son las mejores partes del libro. Puede ser un caso convincente para el argumento de que siempre no podemos resolver nuestros problemas a menos que nos retiremos de las circunstancias que las causaron.
Con eso dicho (sí, aquí está el «pero»), algunas cosas sobre el libro me preocuparon. Como sea válido, ya que su premisa puede ser, que debe retirarse, simplemente no es un enfoque factible para un enorme porcentaje de la población mundial. Ella escribe sobre sus preocupaciones financieras después de dejar su trabajo, y, sin embargo, en medio de su crisis, ella no cancela lo que debe haber sido un viaje de vacaciones costosas de Inglaterra a Islandia. Claramente, tiene un extenso círculo de amigos que le brindan oportunidades para las actividades para ayudar a trabajar a través de sus problemas, y su esposo aparentemente es muy de apoyo.
Podría continuar en esta vena, pero la conclusión es que este libro, encantador como está, está escrito desde un punto de privilegio. Resonó para mí, personalmente, en muchos niveles, pero nunca podría escapar del pensamiento de que ella y yo no nos enfrentamos a las mismas oportunidades limitadas, ya que son tantas personas.

Nuestro conocimiento del invierno es un fragmento de la infancia, casi innato: aprendemos acerca de él en la asombrosa cantidad de novelas y cuentos que tienen lugar en la nieve. Todos los minuciosos preparativos de los animales para soportar el frío, los meses sin alimento; la hibernación y la migración, árboles caducifolios perdiendo sus hojas. No son ningún accidente. Los cambios que ocurren en invierno son una especie de alquimia, un hechizo lanzado por criaturas comunes para sobrevivir. Los lirones acumulan grasa para hibernar, las golondrinas vuelan a Sudáfrica, los árboles resplandecen las últimas semanas de otoño. Está muy bien sobrevivir a los meses de abundancia de primavera y verano, pero en invierno presenciamos la auténtica magnificencia de la naturaleza floreciendo en tiempos difíciles.
Las plantas y los animales no luchan contra el invierno, no fingen que no está teniendo lugar ni tratan de seguir con la misma vida que tenían en verano. Se preparan. Se adaptan. Llevan a cabo extraordinarios actos de metamorfosis para superarlo. El invierno es un tiempo para apartarse del mundo.

El problema de «todo» es que acaba pareciéndose bastante a nada: simplemente una larga nebulosa de actividad frenética, despojada de significado.
Desde que me dieron la baja por enfermedad, me he visto obligada a recostarme en el sofá y pasarme horas contemplando los restos del naufragio, preguntándome cómo demonios ha ido todo tan mal. No queda ni un lugar reconfortante en toda la casa donde descansar un rato sin que me recuerde que hay que arreglar o limpiar algo.
Aunque no he visto venir mi invernación, al menos la he cogido en sus albores. Solo estoy un poco perdida, nada más; un poco enturbiada, como mis ventanas. Estoy resuelta a adentrarme en ella de manera consciente, a convertirla en una especie de ejercicio para entenderme mejor. Quiero evitar cometer los mismos errores. Casi me pregunto si puede haber algún placer en ello, de algún modo, si estoy bien preparada. Noto cómo se acerca la caída; sé que hacer pasteles y sopas no puede salvarme para siempre. Esto va a empeorar; se hará más oscuro, más difícil, más solitario.
Tengo una especie de espíritu viajero boreal, una necesidad de ir hacia lo más alto del mundo, allí donde se cuela el hielo. En el frío, siento que puedo pensar mejor; el aire está limpio y despejado. Tengo fe en la practicidad del norte, en su capacidad de prepararse y resistir los altibajos de sus estaciones. Los destinos cálidos del sur me resultan irreales, y su calendario demasiado invariable. Me encantan las revoluciones que trae el invierno.

Halloween es la frontera con el invierno.
Técnicamente, noviembre todavía es otoño, las hojas siguen aferradas a las ramas. Pero psicológicamente se cruza un límite. El día después de Halloween, cuando las calabazas empiezan a pudrirse, mis pensamientos se vuelven hacia la Navidad, hacia guarecer la leña y ponerme medias bajo los vaqueros la Noche de las Hogueras.
Cuando era niña, Halloween no era un acontecimiento, pero ahora tiene una fase previa característica, igual que Navidad.
Sin embargo, Halloween es una subversión del orden natural, y tiene su propio linaje de tradiciones sobre intercambio de papeles, dejar que los pobres se conviertan en gobernantes y que los ricos caigan. Hay un vínculo antiguo y febril entre los monstruos y la farsa, y a menudo se ha permitido que los que no tienen poder jueguen al límite del civismo para reprimir brotes más peligrosos de vandalismo y rebelión. En Halloween, la próxima generación (que probablemente no podrá permitirse su propia versión de mi puerta bombardeada) tiene la oportunidad de expresar todo su potencial para causar problemas, y por ello nos ofrece una visión tranquilizadora de la contención que muestra durante el resto del año.
En Halloween, vemos ecos del festival gaélico pagano de Samhain, que señalaba la llegada de la «mitad oscura» del año. Se celebraba con hogueras y prendiendo antorchas, esparciendo cenizas y tratando de ver el futuro en los sueños o en el vuelo de los cuervos. Y lo que es más importante, Samhain se consideraba un momento en el que el velo entre este mundo y el más allá se volvía más fino que nunca. Había que aplacar a los dioses antiguos con presentes y sacrificios, y la superchería de las hadas cobraba más peligro de lo habitual. Era un momento liminar del calendario, un tiempo entre dos mundos, entre dos fases del año, cuando los fieles se disponían a cruzar un límite, pero aún no lo habían hecho. Samhain era una forma de señalar ese ambiguo momento en el cual no sabías en quién te ibas a convertir, o qué te depararía el futuro. Era una celebración del limbo.
Nuestras celebraciones occidentales modernas se olvidan por completo de los muertos, o al menos les despojan de cualquier asociación con el dolor y la pérdida. No ofrecen ningún consuelo a aquellos que están viviendo un duelo. Al fin y al cabo, somos una sociedad que lo ha hecho todo para borrar la muerte, perseguir la juventud hasta las últimas consecuencias y dejar de lado a los ancianos y a los enfermos. Para la mayoría de nosotros, la vieja tradición de velar a nuestros muertos ha quedado en el olvido, y la idea de intimar con la muerte se ha convertido en una especie de broma gótica. El Halloween de hoy refleja simplemente lo que en el fondo pensamos: que la muerte es rendirse a una decadencia que nos convierte en monstruos.

La transformación es cosa del invierno. En la mitología gaélica, la divina bruja Cailleach cobra forma humana durante Samhain para gobernar los meses de invierno, trayendo consigo vientos y un clima salvaje. Sus mismos pasos cambian el paisaje: las montañas de Escocia se formaron cuando soltó rocas de su cesta y lleva un martillo para abrir valles. Un solo golpe de su báculo es capaz de congelar el suelo. Sin embargo, Cailleach se considera la madre de los dioses, la brusca y fría creadora de todas las cosas. Su reinado solo dura hasta principios de mayo, cuando Brighde toma el relevo y ella se convierte en piedra. En algunas versiones del mito, Cailleach y Brighde son dos caras de la misma diosa: juventud y vitalidad para el verano, vejez y sabiduría para el invierno.
Como ocurre a menudo en el folclore antiguo, Cailleach ofrece una metáfora cíclica de la vida, en la que las energías de la primavera llegan una y otra vez, alimentadas por el profundo retiro del invierno. Nosotros ya no estamos acostumbrados a pensar de este modo y tenemos la costumbre de imaginar que nuestra vida es lineal, una larga marcha desde el nacimiento hasta la muerte en la que vamos acumulando poderes, para acabar renunciando a ellos, mientras lentamente perdemos nuestra belleza juvenil. Es una mentira brutal. La vida avanza como un camino serpenteante a través del bosque. Atravesamos estaciones en las que florecemos y estaciones en las que se nos caen las hojas, revelando nuestros huesos desnudos. Con el tiempo, volvemos a echarlas.

El ego arde como una cerilla encendida: fuerte, azul, efímero. Doy gracias por estar sola cuando esto ocurre y dejar que se apague en privado. A veces deberíamos dar gracias por la soledad de la noche, de un invierno. Nos salvan de mostrar nuestro peor yo ante el mundo despierto.
El sueño no es un espacio muerto, sino una puerta a una consciencia distinta, reflexiva y restauradora, repleta de pensamiento tangencial y perspectivas inesperadas. El invierno invita a una modalidad especial de sueño, que no son las ocho horas reglamentadas, sino un proceso lento y ambulatorio en el cual los pensamientos despiertos se mezclan con los sueños y se abre un espacio en las horas más negras para reparar las narrativas fragmentadas de nuestros días.
Y, sin embargo, estamos rechazando esta habilidad innata que tenemos para digerir las partes difíciles de la vida.

El invierno exige, más que ninguna otra estación, una especie de metrónomo para marcar sus compases más oscuros, dándonos una melodía que seguir hasta la primavera. El año seguirá adelante, pase lo que pase, pero al prestarle atención, sentir su ritmo y notar los momentos de transición, tal vez incluso al tomarnos tiempo para pensar qué queremos de la siguiente fase del año, podemos tomarle la medida.
Si rechazamos el impulso de afrontar esos oscuros momentos solos, tal vez creemos una oportunidad para compartir la carga y dejar entrar algo de luz.
En las profundidades de nuestros inviernos, somos lobunos. Ansiamos porque nos falta algo y necesitamos hacernos con ello para volver a estar completos. Y estas necesidades resultan a menudo tremendamente erróneas: las drogas y el alcohol, que envenenan en vez de reintegrarnos; relaciones con personas que no nos hacen sentir queridas ni seguras; objetos que no necesitamos, ni podemos permitirnos, que cuelgan alrededor de nuestros cuellos como lastres de deuda mucho después de que haya desaparecido el anhelo de tenerlas. Para algunos de nosotros, esto no supone un problema a largo plazo: o nos las arreglamos para pagar esas deudas, o alguien interviene para ayudarnos. Pero, para otros, los excesos de esos tiempos oscuros proyectan una larga sombra de la que cuesta desprenderse.
Puede que el lobo sea un símbolo tan imperecedero del hambre porque vemos en ellos nuestro propio reflejo en tiempos difíciles. En invierno, esas hambres se vuelven especialmente feroces. Deberíamos aprender a respetar a nuestros lobos, como hizo mi errante amigo el rastreador de lobos. Después de todo, y a pesar de los esfuerzos del ser humano durante siglos, siguen ahí, sobreviviendo silenciosamente.

A diferencia de muchos, yo nunca he creído que las redes sociales sean un mero constructo de vidas y amistades falsas, pero sí pienso que es un espacio más donde hay que andarse con cuidado. Existe una mentalidad de coleccionista en la red; nuestro valor social depende de una rotunda cifra. Pero hay que intentar que no nos engañe. Deberíamos valorar igual que antes la calidad de esas relaciones, el significado que tiene cada una para nosotros y el apoyo que nos pueden ofrecer en realidad. Igual que ocurre en el mundo físico, muchos de esos amigos se esfuman al primer atisbo de problemas. La única diferencia es que los números son más abultados en la red, y los contactos fallidos parecen más visibles.
Empiezo a pensar que la infelicidad es una de las cosas sencillas de la vida: una emoción pura y básica que hay que respetar, cuando no saborear. Ni se me ocurriría sugerir que debamos regodearnos en la tristeza o dejar de hacer todo lo posible por aliviarla, pero sí creo que es instructiva. Al fin y al cabo, la infelicidad tiene su función: nos dice que algo no va bien.
Para mejorar en esto de las invernaciones, tenemos que abordar nuestra misma noción del tiempo. Tendemos a imaginar que nuestras vidas son lineales, cuando en realidad son cíclicas. Evidentemente, no pretendo negar que poco a poco envejecemos, pero, mientras lo hacemos, atravesamos fases de buena y mala salud, de optimismo y de profundas dudas, de libertad y de limitación. Hay momentos en los que todo parece fácil y momentos en los que todo parece imposible. Para poder gestionarlo, solo debemos recordar que nuestro presente será pasado algún día, y que nuestro futuro será el presente. Lo sabemos porque ya ha ocurrido.

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In the middle of the catastrophe, some clearings were opened: those hours driving from home to the hospital and the hospital home, when I was sitting next to H while I slept, or waiting in the cafeteria while doing the rounds on the floor. My days were tense and lazy at the same time. She always had to be somewhere, awake and alert, but at the same time it was useless, an intruder. He spent a lot of time looking around, wondering what to do, his head circling, trying to classify those new experiences, give them context.
Everyone invests at some point; There are those who invest over and over again.
Infantation is a season in the cold. A fallow period in life in which you are disconnected from the world, you feel rejected, secluded, unable to progress or forced to play the role of stranger. It may be a consequence of a disease or a vital experience, such as the widowhood or arrival of a child; It may be due to a humiliation or failure. You may find yourself in a transition period and you have fallen temporarily between two worlds. Some winterings invade us more slowly, accompanying the long end of a relationship, increasing responsibilities to care for our parents as aging, dripping of lost trust. Some are frightfully sudden, how to discover one day that your abilities are considered obsolete, that the company you work is bankrupt or that your partner has fallen in love with another person. Arrive as it arrives, wintering is usually involuntary, lonely and deeply painful.
However, it is also inevitable. We like to imagine that life can be an eternal summer and that we just have not achieved it.

May writes well, lyrically, confidentially, quietly drawing you in to her message. Which is, generally speaking, that at times life presents you with circumstances from which it is in your best interests to retreat. Health issues, financial issues, career problems, emotional breakdowns, relationship breakups. Even my personal bete noir, seasonal affective disorder, which had no name at the time but plagued my childhood and adolescence.
This process of retreating May refers to as wintering. Pulling into yourself, exploring the quiet, restorative activities available to us most often during that time of the year when the days are short and the air is cold and we stay indoors. She draws many lessons from the natural world, and these descriptions are the some of the best parts of the book. May makes a convincing case for the argument that we can’t always resolve our problems unless we remove ourselves from the circumstances that caused them.
With that said (yes, here’s the “but”), a few things about the book troubled me. As valid as her premise may be, that need to withdraw, it’s just not a feasible approach for a huge percentage of the world’s population. She writes about her financial worries after leaving her job, and yet in the midst of her crisis she doesn’t cancel what must have been a costly holiday trip from England to Iceland. She clearly has an extensive circle of friends who provide her with opportunities for activities to help work through her problems, and her husband is apparently very supportive.
I could go on in this vein, but the bottom line is that this book, lovely as it is, is written from a point of privilege. It resonated for me, personally, on many levels, but I could never quite escape the thought that she and I are not faced with the same limited opportunities as are so many people.

Our knowledge of winter is a fragment of childhood, almost innate: we learn about him in the amazing amount of novels and stories that take place in the snow. All the meticulous preparations of the animals to withstand the cold, the months without food; Hibernation and migration, deciduous trees losing their leaves. They are not an accident. Changes that occur in winter are a species of alchemy, a spell released by common creatures to survive. Lirons accumulate fat for hibernate, swallows fly to South Africa, trees shine the last weeks of autumn. It is very good to survive the months of abundance of spring and summer, but in winter we witnessed the authentic magnificence of nature blooming in difficult times.
Plants and animals do not fight against winter, do not pretend that it is not taking place or try to continue with the same life they had in summer. They are getting ready. They adapt. They carry out extraordinary acts of metamorphosis to overcome it. Winter is a time to depart from the world.

The problem of «everything» is that it ends up looking a lot of anything: simply a long nebula of frantic activity, stripped of meaning.
Since they gave me the sick leave, I have been forced to lie down on the couch and spend hours contemplating the remains of the shipwreck, asking me how hell has gone all so badly. There is neither a comforting place in the whole house where you can rest for a while without reminding me that you have to fix or clean something.
Although I have not seen my wintering come, at least I have caught it in their dawn. I’m just a little lost, nothing more; A little bitguid, like my windows. I am resolved to enter it consciously, to turn it into a kind of exercise to understand me better. I want to avoid committing the same mistakes. I almost wonder if there can be some pleasure in it, somehow, if I’m well prepared. I notice how the fall is approaching; I know that making cakes and soups can not save me forever. This is going to worsen; It will become darker, more difficult, more lonely.
I have a kind of boreal traveler spirit, a need to go towards the top of the world, where the ice sneaks. In the cold, I feel that I can think better; The air is clean and cleared. I have faith in the practicality of the North, in its ability to prepare and resist the ups and downs of its seasons. The warm southern destinations are unreal, and your calendar too invariable. I love the revolutions that brings the winter.

Halloween is the frontier with the winter.
Technically, november is still autumn, the leaves still clinging to the branches. But psychologically a boundary is crossed. The day after Halloween, when pumpkins begin to rot, my thoughts turn to Christmas, to give shelter and firewood wear stockings under jeans Night of the Bonfires.
As a child, Halloween was not an event, but now has a previous feature, like Christmas phase.
However, Halloween is a subversion of the natural order, and has its own traditions lineage on exchanging papers, let the poor become rich rulers and fall. There is an old and feverish link between the monsters and farce, and often has allowed those who have to play to the limit of civility to suppress most dangerous outbreaks of vandalism and rebellion. On Halloween, the next generation (which probably will not be able to afford their own version of my bombarded door) have the opportunity to express their potential to cause problems, and thus offers a reassuring vision of containment showing for the rest of the year .
On Halloween, we see echoes of the pagan Gaelic festival of Samhain, which marked the arrival of the «dark half» of the year. It was celebrated with bonfires and setting torches, scattering ashes and trying to see the future in dreams or the flight of crows. And more importantly, Samhain was considered a time when the veil between this world and the hereafter became thinner than ever. It had to appease the ancient gods and sacrifices, and fraud of fairies charged more danger than usual. It was a liminal time of the calendar, a time between two worlds, between two phases of the year, when the faithful were preparing to cross a boundary, but they had not yet done. Samhain was a way of signaling that ambiguous time when you did not know whom you were going to turn, or what the future might bring you. It was a celebration of limbo.
Our modern Western celebrations completely forget the dead, or at the least deprive them of any association with pain and loss. They offer no comfort to those who are living a duel. At the end and Cape, we are a society that has done everything to erase death, youth pursue to the end and leave out the elderly and the sick. For most of us, the old tradition of ensuring our dead has been forgotten, and the idea of intimacy with death has become a sort of gothic joke. The Halloween today simply reflects what we think in the background: that death is surrender to a decline that turns us into monsters.

The transformation is a thing of the winter. In Gaelic mythology, the divine sorceress Cailleach takes human form during Samhain to govern the winter months, bringing winds and wild weather. The same steps it change the landscape: the mountains of Scotland rocks formed when she released her basket and takes a hammer to open valleys. A single stroke of the staff it is able to freeze the ground. However, she Cailleach is considered the mother of the gods, abrupt and cold creator of all things. The reign of it only lasts until early May, when Brighde takes over and she turns to stone. In some versions of the myth, Cailleach and Brighde are two sides of the same goddess: youth and vitality for the summer, old age and wisdom for the winter.
As often in ancient folklore, Cailleach offers a cyclical metaphor for life, in which the energies of spring come again and again, fueled by the deep winter retreat. We no longer are used to thinking this way and have the habit of imagining that our life is linear, a long march from birth to death in which we accumulate powers, to finish giving them, as they slowly lose our youthful beauty . It’s a brutal lie. Life moves like a meandering path through the woods. We go through stations where stations flourish and where we fall leaves, revealing our bare bones. Eventually, we turn to throw them.

The ego burns like a lit match: strong, blue, ephemeral. I thank you for being alone when this happens and let it go out in private. Sometimes we should give thanks for the solitude of the night, a winter. Save us from our worst show I to the waking world.
Sleep is not a dead space, but a door to a different, reflective and restorative consciousness, full of tangential thinking and unexpected perspectives. Winter invites a special modality of sleep, which is not the eight-regulated hours, but a slow and ambulatory process in which awake thoughts are mixed with dreams and opens a space in the black hours to repair fragmented narratives of our days.
And, nevertheless, we are rejecting this innate ability we have to digest the difficult parts of life.

Winter demands, more than any other season, a species of metronome to mark their darker compasses, giving us a melody to follow until spring. The year will continue, whatever happens, but when paying attention, feeling their rhythm and noticing the moments of transition, maybe even when we take time to think about what we want from the next phase of the year, we can take the measure.
If we reject the impulse to face those dark moments alone, we may believe an opportunity to share the burden and let in some light.
In the depths of our winters, we are lobunos. We crave because we lack something and we need to do with it to be complete again. And these needs are often tremendously erroneous: drugs and alcohol, which poison instead of reintegrating us; relationships with people who do not make us feel dear or safe; Objects that we do not need, nor can we allow us, hanging around our necks like debt ballasts long after the longing to have them has disappeared. For some of us, this does not imply a long-term problem: or we managed to pay those debts, or someone intervenes to help us. But, for others, the excesses of those dark times project a long shadow of which it costs to get rid of.
The wolf may be such an imperishable symbol of hunger because we see in them our own reflection in difficult times. In winter, those hars are especially ferocious. We should learn to respect our wolves, as my wandering friend did the wolves tracker. After all, and despite the efforts of the human being for centuries, they are still there, surviving silently.

Unlike many, I have never believed that social networks are a mere construct of false lives and friendships, but I do think it is a more space where you have to walk carefully. There is a collector mentality in the network; Our social value depends on a rotund number. But you have to try not to deceive us. We should assess the same as before the quality of these relationships, the meaning that each one has for us and the support they can offer us in reality. Just as it happens in the physical world, many of those friends vanish the first tissue of problems. The only difference is that numbers are more bulky in the network, and failed contacts seem more visible.
I begin to think that unhappiness is one of the simple things of life: a pure and basic emotion that must be respected, when you do not taste. I would not think of suggesting that we should delve into sadness or stop doing everything possible to alleviate it, but I think it is instructive. After all, unhappiness has its function: it tells us that something does not go well.
To improve in this of the winterings, we have to address our very notion of time. We tend to imagine that our lives are linear, when they are actually cyclical. Obviously, I do not intend to deny that little by little we age, but while we do, we cross stages of good and poor health, optimism and deep doubts, of freedom and limitation. There are times when everything seems easy and moments when everything seems impossible. In order to manage it, we must only remember that our present will be spent one day, and that our future will be the present. We know it because it has already happened.