Hijos Del Cielo. Las Huellas Del Cosmos En La Cultura Humana — Cristina Martín Jiménez / Heaven’s Sons. The Traces Of The Cosmos In The Human Culture by Cristina Martín Jiménez (spanish book edition)

Esta es la nueva obra de la investigadora sevillana y ha dejado los libros sobre el club Bilderberg para enrolarse en hacernos entender algo nuestra relación con el universo, que está encima de todos nosotros y no le prestamos atención pese a todas las señales que nos ha dejado en templos, literatura y demás formas de arte.

Sabía que estaba escribiendo una obra sobre esta temática hace tiempo e indirectamente me dio a conocer y profundizar con gente maravillosa hindú y nos comienza hablando de D.Enrique, el cura de los ovnis y en su sencillez, entiéndase como bondad al dejarle su biblioteca ella nos trasmite sus dudas y conocimientos. Cristina lucha para dar luz y forma ha esas ideas y que no se llenen de polvo en el olvido.
La clave del libro es que ignoramos el mundo antiguo que es enigmático e indescifrable para nosotros en el sigo XXI, ¿qué gran contradicción?. Estamos recorriendo un camino a lo inverso porque desde hace mucho tiempo ella nos dejaron dichas huellas. Como ella asevera el Cosmos nos conoció a nosotros mucho antes que la humanidad comenzara a explorar el cielo.
Por tanto la exploración del universo es una de las más fascinantes aventuras de la humanidad y e acierto es que Cristina te hace mirar al cielo siendo partícipe y no teniend que ser multimillonario como Elon Musk, didáctica como siempre.
Además nos plantea que la carrera espacial es no solo la exploración geográfica de Cosmos, es la búsqueda de nosotros mismos. La cultura china y los “hijos del cielo”, Jesús de Nazaret con hij del cielo y la tierra…
Bienvenidos a un libro de nuestras culturas donde el cielo y la tierra son considerados femeninos por su fertilidad, la diosa Nut egipcia, pero múltiples ejemplos…
Querido lector si tienes inquietudes este libro es como una “vimana” que te conducirá a comprendernos un poco más como seres humanos y es e gran acierto de la autora, no se si seré un hijo del cielo pero si un seguidor de sus obras, ha vuelto a dejarme un gran sabor con la lectura.

“Si la revelación mística provoca el conocimiento de los conceptos más complejos del Universo, de la Creación, de la existencia de una inteligencia cósmica superior y de quiénes somos realmente los humanos, sin duda, Mâryâ se sirve de sus criaturas para facilitar su revelación”.
Como se expone en la contraportada:
“Es este un libro revolucionario, único, polémico, que aporta una línea de investigación novedosa y transversal, cimentada sobre la ciencia, la paleografía, la historia, la filosofía, el arte, la antropología y la religión. En él, Cristina Martín Jiménez vuelve a ser la pionera al poner el foco en el tema central que va a modificar definitivamente la interpretación del pasado de la Humanidad y la proyección de nuestro futuro: el Cosmos”.
Es, sin duda, una Historia de la Humanidad como nunca antes la habían contado, una visión completamente diferente a lo que con seguridad estamos acostumbrados, un abrir los ojos a una realidad (comprobada deforma empírica a través de infinidad de datos obtenidos de distintas ramas científicas) que, correctamente interpretada, nos da respuestas a eternas preguntas. Y quién sabe, hay tanto en la historia “oficial” que se oculta o directamente se tergiversa o no se conoce… que a lo mejor hasta hay algo de verdad en estos misteriosos avistamientos celestiales que antes se decían producidos por dioses.

El libro viene con fotografías, láminas y un índice muy buen referenciado para hacernos estar travesía más que placentera, el libro sin duda lo recomiendo y puede ser leído desde el día 23 de octubre.
Debo dar las gracias a Siobhan en Escocia, Catherine en Australia, Bernardo desde la bella Italia, Megha desde la India, no puedo nombrar a tanta gente en esta magnífica tierra y a Kathy desde Estados Unidos por ayudarme a comprender el libro realizado por la autora y esperando ya el siguiente.

Os recomiendo los libros de la autora sobre Bilderberg en mi blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/16/los-amos-del-mundo-estan-al-acecho-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2016/04/24/los-amos-del-mundo-al-acecho-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2015/06/02/los-planes-de-club-bildelberg-para-espana-criteria-from-club-bildelberg-to-spain-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2014/07/05/el-club-bilderberg-los-amos-del-mundo-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2014/06/21/el-club-bildelberg-los-amos-del-mundo-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2014/01/28/perdidos-cristina-martin-jimenez/

 

 

 

 

This is the new book of the sevillian researcher & journalist and has left the books about the Bilderberg club to enlist in making us understand something our relationship with the universe, which is on top of all of us and we do not pay attention to it despite all the signs that it has left us in temples, literature and other forms of art.

I knew I was writing a book on this subject a long time ago and indirectly I got to know and deepen with wonderful hindu people and we start talking about D.Enrique, the UFO priest and in his simplicity, understand yourself as kindness by leaving her library her he transmits his doubts and knowledge. Cristina struggles to give light and form to those ideas and not to be filled with dust or forgotten in a box.
The key of the book is that we ignore the ancient world that is enigmatic and indecipherable for us in the 21st century, what great contradiction? We are traveling the opposite way because for a long time she left us these traces. As she asserts, the Cosmos knew us long before humanity began to explore the sky.
So the exploration of the universe is one of the most fascinating adventures of humanity and it is right that Cristina makes you look at the sky being a participant and you do not have to be a multimillionaire like Elon Musk, as always.
He also suggests that the space race is not only the geographical exploration of Cosmos, it is the search for ourselves. Chinese culture and the “children of heaven”, Jesus of Nazareth with son of heaven and earth …
Welcome to a book of our cultures where heaven and earth are considered feminine for their fertility, the Egyptian Nut goddess, but multiple examples …
Dear reader, if you have concerns this book is like a “vimanah” that will lead you to understand us a little more as human beings and it is the great success of the author, I do not know if I will be a child of heaven but if a follower of her works, has returned to leave me a great taste with reading.

“If the mystical revelation provokes the knowledge of the most complex concepts of the Universe, of Creation, of the existence of a superior cosmic intelligence and of who we really are humans, without a doubt, Mâryâ uses his creatures to facilitate his revelation” .
As stated on the back cover:
“This is a revolutionary, unique and controversial book that provides a new and transversal line of research, based on science, paleography, history, philosophy, art, anthropology and religion. In it, Cristina Martín Jiménez is again the pioneer by focusing on the central theme that will definitively change the interpretation of Humanity’s past and the projection of our future: the Cosmos “.
It is, without doubt, a History of Humanity as never before had been told, a completely different vision to what we are surely accustomed to, opening our eyes to a reality (proven empirical through an infinity of data obtained from different branches scientific) that, correctly interpreted, gives us answers to eternal enquiries. And who knows, there is so much in the “official” story that it is hidden or directly misrepresented or unknown … that maybe there is even some truth in these mysterious celestial sightings that were once said produced by gods.

The book comes with photographs, plates and a very good referenced index to make us travel more than pleasant, the book I recommend it and can be read from 23 October.
Thanks for their support to Siobhan in Scotland, aussie Catherine, Bernardo from bella Italia, Megha from India, I can not name so many people in this magnificent land and Kathy from the United States for helping me to understand the book made by the author and longing for the next book!.

I recommend all books by Cristina in reference with Bilderberg Club on my blog:

https://weedjee.wordpress.com/2014/01/28/perdidos-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2014/06/21/el-club-bildelberg-los-amos-del-mundo-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2014/07/05/el-club-bilderberg-los-amos-del-mundo-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2015/06/02/los-planes-de-club-bildelberg-para-espana-criteria-from-club-bildelberg-to-spain-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2016/04/24/los-amos-del-mundo-al-acecho-cristina-martin-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/16/los-amos-del-mundo-estan-al-acecho-cristina-martin-jimenez/

La Nueva Clase Dominante: Gestores, Inversores Y Tecnólogos. Una Historia Del Poder Desde Colón Y El Consejo De Indias Hasta BlackRock Y Amazon — Rubén Juste / The New Ruling Class: Managers, Investors, And Technologists. A History Of Power From Columbus And The Council Of The Indies To BlackRock And Amazon by Rubén Juste (spanish book edition)

Los libros de este autor son de interesante lectura donde una vez terminado siempre genera debate y reflexiones sobre lo que nos espera y en los tiempos actuales es de agradecer.

Inversores y grandes tecnológicas cuestionan el viejo orden social, económico y político: sus protocolos, sus reglas, sus circulares interminables; a todo ello le dieron una patada, derribándolo y sustituyéndolo por la cultura social, tecnológica, económica y legal de la «responsabilidad limitada» que llevan allá donde emergen. Una filosofía que implica no responsabilizarse de los trabajadores, propiedades o del territorio en el que operan.
La aparición del coronavirus SARS-CoV-2 puede ser el combustible que acelere el proceso de cambio de época, como fue el tropiezo de Colón con América lo que dio origen al sistema que conocemos. La confianza en sí mismos es ciega, sustentada en su amplio poder y en compañías que poseen la solución al virus, como Moderna o Gilead, propiedad de los grandes fondos de inversión. Los viejos empresarios y políticos se sorprenden ante la actitud altiva de esta nueva clase con hondas raíces, surgida una vez más en un periodo de grandes revoluciones y cuya ambición no es otra que convertir su wild west originario en el auténtico nuevo mundo.

Además esta función de la administración de las empresas y el Estado, existe otra función históricamente definida pero que suele pasar desapercibida: la que obliga a Ana Botín a salir de la discreción de su despacho y la comodidad de su finca de 4.600 hectáreas en Ciudad Real, crear una cuenta en Twitter y un perfil de Instagram en apenas tres meses, erigirse como representante del feminismo y acudir al Ártico con el aventurero telegénico Jesús Calleja. Esta función representativa de los órganos de gobierno hace de los empresarios altavoces de una «razón común» o de representación amplia de intereses. Es lo que desde el marxismo se ha denominado «ideología» o «hegemonía», o desde ámbitos liberales la «opinión pública», una estructura que incorpora y promueve una amalgama de pensamientos que forman un «sentido común» entre extensas capas de la población y que permite no solo tener «buena imagen», sino también liderar corrientes de opinión que les convierten en «representantes públicos». Jeff Bezos o Elon Musk son para mucha gente sus máximos referentes; mucho más que Obama o Trump.
Ante nosotros aparecen, con rostro joven y lozano, ejecutivos de corbata bien anudada, pelo abundante y cuidado y una mirada que trasciende el imponente rascacielos de la gran ciudad en la que viven. Pero la historia de las grandes empresas no comienza con ejecutivos de Wall Street, con las grandes empresas industriales de entreguerras o con empresas financieras de apellido familiar del lejano Oeste. Todo empezó cinco siglos atrás, cuando prohombres contemporáneos de William Shakespeare se unieron con otros caballeros de ciudades inglesas para forjar las primeras compañías por acciones, relegando a mujeres y a hombres de clase social inferior a la posición de tripulantes y colonos. Eran tiempos de comercio hostil, de refriegas en alta mar, de piratas, asedios, combates y secuestros que nos dejaron un sinfín de historias poco alentadoras para crear una empresa de ultramar. Su objetivo era transportar mercancías en un largo recorrido hasta la India, como ya hiciera Colón un siglo antes, con gran fortuna para él.
La novedad de aquella empresa era sencilla: ser la primera «compañía» representada por unos directivos elegidos periódicamente por una unión de inversores (joint-stock), que les representarían en su gestión. Se corría un riesgo evidente al delegar en otros la gestión de un patrimonio importante, a la espera de mayor fortuna. Esta fórmula de representación bebía de la sólida confianza que existía entre los comerciantes ingleses (guild), pero también descansaba en tradiciones representativas como la romana, la medieval o la cristiana en general, que promovían la confraternidad y la delegación de funciones.

Se les examinaba el físico, su peso y las características físicas para evaluar su valor. Los seleccionados se cargaban a bordo, apilados, con los tobillos sujetos con grilletes y unidos por una cadena. Tras una larga travesía por el Atlántico, en la que al menos una quinta parte de ellos moría, llegaban a las costas americanas, donde eran canjeados por productos locales, ya fuera tabaco, trigo, animales o productos textiles. Los holandeses se dirigían a las Antillas, los ingleses a Charleston, en Carolina del Sur, y los portugueses a Brasil. Con la nueva carga, regresaban a Europa y los beneficios obtenidos del triple intercambio repercutían en los inversores iniciales.
En este negocio participaron muchas empresas, que obtenían los derechos de comercio normalmente en condición de monopolio de manos del monarca de turno. Así fue como la Corona inglesa se implicó directamente en empresas tratando de rivalizar con el monopolio del comercio que ostentaba entonces la Corona española y desmarcándose de la política de distanciamiento que estableció con las empresas colonizadoras de América o en el comercio con las Indias. Así, en 1660, tras la larga experiencia en la creación de empresas privadas, la Corona concede licencia en régimen de monopolio del comercio de esclavos en el oeste de África a la Company of Royal Adventurers Trading to Africa. Su gobernador o presidente fue el hermano del rey, Jacobo II, el duque de York, al que concedió numerosos territorios en África y América, y que le llegó a suceder en el trono, para convertirse en el último monarca católico de Inglaterra, tras dar el testigo a la hegemonía protestante. Su vocación empresarial abarcaba toda su actividad y no cesó durante su periodo como comandante de la marina británica, cuando abrió paso a esta empresa en sus incursiones por África meridional.
Para atraer al accionista se contaba con un reclamo poco convencional: el afamado tratado de Utrecht firmado en 1713. El tratado establecía un oneroso contrato, codiciado durante dos siglos, por el cual «el rey católico da y concede á su Majestad británica y á la compañía de vasallos suyos formada para este fin la facultad para introducir negros en diversas partes de los dominios de su Majestad católica en América, que vulgarmente se llama el asiento de negros». Para la compañía, esto supuso un contrato de «4.800 piezas de Indias» (esclavos).
La quiebra llevó a juicio a los responsables de la compañía y a la condena de algunos de ellos. Entonces se demostró la capacidad de manipular el precio que tenían las autoridades y su confabulación para elevarlo mediante el control de la prensa, así como las implicaciones de un consejo de gobierno de la empresa que conscientemente favoreció la especulación sobre las acciones. A consecuencia de ello, el Parlamento aprobó la Bubble act (1720), que limitaba la creación de empresas de acciones a las agraciadas con una licencia (charter). El fenómeno generó un gran impacto en la sociedad, que vio en las sociedades de acciones una compleja y perversa estructura para generar «manías» o fiebres entre la población, fascinada por la posibilidad de incrementar exponencialmente el patrimonio.
Pero más allá de las causas y consecuencias económicas, la fiebre por las acciones demostró que un nuevo tipo de subjetividad emergía en la sociedad, dominada por la posibilidad de incrementar ganancias a través de acciones, en un juego especulativo que chocaba con cualquier tipo de racionalidad. La señora Molesworth, de la alta sociedad, lo explicaba así a una amiga: «Debería haber estado satisfecha si hubiera ganado 500 libras o 1000 en cualquier caso, pero el precio que podía alcanzar, y la incapacidad de asegurarlo de acuerdo a la ley, me ha hecho rechazar la estrategia de pedir esa cantidad de dinero a algún amigo; pero desde que he decidido terminar con eso, tengo que asegurarme de estar feliz con las acciones que tengo y la fortuna de mis amigos».

1728, año de creación de la Compañía Guipuzcoana de Caracas, la primera gran compañía de acciones española, constituida por capital accionarial de 2.250.000 reales distribuido en acciones de 7.500 reales, doscientas suscritas por el rey Felipe V y cien por la provincia de Guipúzcoa. De las compañías mercantiles privilegiadas establecidas, fue la que tuvo mayor giro con un volumen movilizado de 150.000 toneladas, muy por encima de otras como la de Barcelona (que apenas superó las 6.000 toneladas). El objetivo de la empresa era evitar el tráfico ilegal de cacao con Venezuela, participado por comerciantes franceses e ingleses y en el cual participaba Sevilla, según apuntaba Felipe V en la constitución de la empresa: «Ha sido muy limitada la porción de cacao, que por mano del Comercio Español ha venido a Caracas en el dilatado tiempo de los veinte y tres años últimos y por esa razón han sido más excesivos los fraudes y desórdenes de Comercios ilícitos, que todavía subsisten en aquella provincia, con la frecuencia de embarcaciones extranjeras que infestan sus costas.
Esta empresa suponía un revulsivo en el ordenamiento español como primera empresa de acciones, y también debido a que ninguna de las compañías privilegiadas en España tenía derechos monopolísticos sobre el comercio de productos o regiones de América, sino únicamente ventajas fiscales y la protección derivada de que el comercio estaba vedado a los extranjeros. La Compañía Guipuzcoana de Caracas (1728) no obtuvo formalmente el monopolio del cacao, pero sí un control del comercio. Recibió el permiso para enviar dos navíos cada año (cargados de mercancías europeas importadas a través de San Sebastián) que, al retornar, debían pasar obligatoriamente por Cádiz, aunque podía reservarse una parte de la carga y destinarla a los puertos del norte de España. Años después logró la autorización real para que los barcos retornasen directamente a Pasajes y, a cambio, asumió la obligación de vigilar las costas del Caribe para reducir el contrabando y la actividad de los comerciantes extranjeros. Aquello dotó a la Compañía de ciertas características militares y de atribuciones políticas autónomas.

El origen de los inversores, como clase, se remonta al último cuarto del siglo XVIII , momento de crisis de la Compañía Británica de las Indias Orientales, arrastrada por la hambruna que asoló Bengala y por el inicio de las revueltas en América debido a la política de exención de impuestos que afectaba a las mercancías comerciadas por la compañía gracias a la Tea Act aprobada en 1773. Terminó siendo uno de los detonantes de la declaración de independencia de Estados Unidos. La compañía pasaba por sus horas más bajas, y numerosos accionistas veían peligrar el jugoso negocio de la bolsa.
En julio de 1774, el bróker y mercader holandés Abraham van Ketwich creó una asociación (trust) con el nombre de Eendragt Maakt Magt («la unidad crea la fuerza»), que había sido el lema utilizado por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y por el propio Estado neerlandés. A diferencia del accionista que se unía con otros para formar una sociedad, Abraham creó un instrumento para reunir inversores que querían comprar diferentes acciones, préstamos o bonos 1 y poder minimizar los riesgos y los gastos de gestión que acarreaba hacerlo por separado.
La unión de inversores resultó un éxito y rápidamente fue imitada por otras iniciativas (Voordeelig and Voorsigtig en 1776, conformado por banqueros de Utrecht).
Los primeros inversores, como Philip Rose o Sherman Adams, no eran grandes propietarios acaudalados, terratenientes o industriales, sino profesionales a la búsqueda de mayor fortuna: médicos, abogados o políticos. Por ello, desde sus inicios, el poder de estos inversores estaba determinado por el tamaño del fondo creado y el rendimiento del capital invertido, que otorgaba una determinada representación en el consejo de administración de la corporación, verdadero órgano de gobierno que decidía sobre el reparto de los beneficios entre trabajadores, empresa y accionistas. Este poder quedaba condicionado por la capacidad de reclutar a otros inversores en igual o mayor proporción, para aumentar la compra de acciones y exigir derechos de voto asociados a la acción. Comparados con los grandes accionistas de inicios del siglo XX como Rockefeller, sus derechos eran mucho menores, prácticamente simbólicos.

Todo apuntaba a una lucha dentro de las clases dominantes que rivalizan por el dominio en el sistema económico y el liderazgo dentro de la propia clase dominante que se está gestando tras la crisis económica. En el fondo, está en cuestión la definición de empresa del siglo XXI y de la clase capitalista. Es la batalla que definirá el poder del nuevo siglo y la estructura social que emana de las instituciones que controlan: las viejas sociedades de acciones y las grandes corporaciones que han sido el centro de la vida económica, social y política de los últimos siglos.
Más allá de la anécdota, estos casos muestran una industria altamente competitiva cuyos consejeros son blindados con importantes remuneraciones y cláusulas de salida, para evitar fugas de información y preservar sus estrategias. El hecho de tener consejeros que participan en otras empresas permite generar sinergias entre industrias complementarias a la automovilística, como la industria minera, la metalúrgica y la financiera. Además, como se explicaba en el primer capítulo, esta comunión entre empresas era una fórmula eficaz para generar mecanismos de defensa de la industria nacional de un país y promover una cierta política económica común. En Estados Unidos esta política es clara y trata de asociar los intereses del país con los de sus grandes compañías.
Esta comunidad corporativa sigue viva a consecuencia de un sistema económico que sigue descansando en la sociedad de acciones, los cuales requieren de órganos representativos a su vez para operar. Pero este sistema empieza a mostrar un cansancio crónico. La conexión entre empresas que genera esta élite corporativa sigue siendo fuerte en un conjunto de empresas, pero cada vez es más ineficaz para cohesionarla o encontrar una voz común. Esto puede observarse en las crisis económicas sin final y en las divergencias de opinión sobre la política económica a seguir, sea desde Estados Unidos, Francia, Alemania, que devuelven la imagen de un mundo corporativo dividido que vuelve a replegarse en el Estado nación. Pero también se observa por el hecho de tener unas empresas cada vez más cerca unas de otras gracias a inversores institucionales comunes, y con una distancia mayor si se toma en consideración el número de consejos en los que se sientan los viejos consejeros.
El modelo de negocio, importado de la empresa de inversión KKR especializada en las «compras sin dinero», suponía redefinir la estructura de propiedad de las sociedades de acciones del siglo XX. El gestor de los activos, arquitecto de la compraventa de empresas y propietario subsidiario, se convierte en el principal pilar y sostén del sistema económico por su capacidad de influencia y generación de plusvalía para un conjunto amplio de actores: fondos, empresas, instituciones, particulares y los propios gestores. Pero, al final, la empresa de acciones se convierte en un activo más cuya naturaleza es la de una mercancía que debe ser rentabilizada. Por tanto, su propia naturaleza, que en décadas anteriores había sido la creación de valor para una comunidad circundante de trabajadores, gestores, accionistas y proveedores, se limitaba ahora a la capacidad de generar el rendimiento suficiente para compensar la inversión inicial antes de ser vendida a un tercero.

La red de sociedades que han tejido estos gigantes financieros permite entender su forma de ver las instituciones económicas y políticas contemporáneas que tradicionalmente se afincaban dentro de cada Estado en el que operaban. Blackstone se ha convertido en la primeria inmobiliaria y proveedor hotelero de España y de otros países. Sin embargo, opera a través de numerosas sociedades en terceros países que le sirven para articular el entramado de activos y disponer de un mecanismo efectivo para reducir la factura fiscal.
Blackstone tiene, al menos, cuatrocientas cuarenta y una sociedades en Delaware (considerado un paraíso fiscal, aunque está ubicado dentro de Estados Unidos), ciento ochenta y tres sociedades en las Islas Caimán, dieciocho sociedades en Luxemburgo, dos en Holanda, dos en Mauricio, dos en Singapur y cinco en Hong Kong. Muchas de estas sociedades controlan directamente los negocios radicados en Europa y se benefician de la laxitud fiscal y legal que existe en estos territorios.
España se ha convertido también en el centro de operaciones de Blackstone como operador turístico, con el mayor número de camas entre los hoteleros españoles, un grupo en el que no es fácil competir por contar con estirpes de larga tradición, como la familia Escarrer, propietaria de Meliá Hotels International, o los Fluxá, propietarios de Iberostar. La peculiaridad es que, a diferencia de los antiguos hoteleros, opera a partir de su sociedad de inversión, la SOCIMI Hispania, que depende de otra sociedad de Luxemburgo que posee numerosos hoteles, además de viviendas: Hotel Barceló Marbella, Hotel Guadalmina Spa & Golf Resort, o el Hotel NH Málaga, entre muchos otros.
Otro de sus tentáculos en el sector turístico ilustra bien el papel de estos inversores en la reordenación del nuevo panorama corporativo global. Thomas Cook, el mayor operador turístico de la historia, que quebró en septiembre de 2019, era parte del mundo de la inversión de Blackstone a través de BSCH A (SOL-MGR) L.L.C. (Blackstone Strategic Capital Advisors), la cual tenía el 5% de Thomas Cook. Durante este tiempo, Blackstone ha afianzado una estrecha relación con Thomas Cook, firmando una franquicia con la compañía inversora para operar un hotel de Mallorca el lujoso Hotel Sa Torre, propiedad de HI Partners, una sociedad propiedad de Blackstone con más de diecinueve mil habitaciones.
Blackstone ha ido acumulando activos a partir de quiebras. Es el caso del Banco Popular Español, del que adquirió la mayor parte de su parque de viviendas y hoteles. La inmobiliaria del Banco Popular, Ikaria, tenía en su haber hoteles tan emblemáticos como el Hilton Garden Inn en Sevilla, el Hotel Ayre de Oviedo o el Tamisa Golf, en Mijas, todos ellos sumando 1.399 habitaciones con un valor de más de 209 millones de euros.
Blackstone es el empresario del juego más importante desde que se hizo con CIRSA, la primera empresa de juego de España, propietaria de los más importantes e imponentes casinos. A ellos suma el negocio del juego y apuestas deportivas, con la posesión de los centros de apuestas Sportium y Codere.

Thomas Cook llegó a su ocaso con una enorme infraestructura global que hundía sus raíces en gran parte del planeta: tres compañías aéreas que operaban cien aviones, ciento ochenta y seis hoteles y resorts y medio millar de tiendas en Reino Unido. En total, la compañía presumía de dar empleo a 21.263 personas. El tipo de negocio suponía un alto endeudamiento a corto plazo para hacer frente al pago a proveedores, lo que obligaba a tener un volumen elevado de deuda en productos financieros (4.432 millones de euros). Todo ello se hacía para dar un servicio tradicional al cliente, acostumbrado a la mediación de un agente de viajes y el acompañamiento de personal de la compañía. Pero significaba soportar una gran infraestructura.
Hoy, una actividad tan simple como contratar un viaje puede realizarse desde el teléfono móvil, sin la intermediación de una agencia de viajes, sin un agente, sin una empresa que gestione y coordine tu estancia.
Expedia es hoy el máximo referente de este nuevo modelo de negocio digitalizado. Se puede ojear un restaurante en su página Tripadvisor, buscar un hotel en hotels.com o, si se prefiere, alquilar una vivienda vacacional a través de las numerosas páginas web de su filial HomeAway. A diferencia de Thomas Cook, la empresa matriz Expedia no tiene apenas propiedades, pues según ella misma reconoce tiene en alquiler sus oficinas de Washington y los otros espacios donde se asientan diferentes áreas del negocio. Únicamente tienen en propiedad su sede central, adquirida en 2015, radicada en la ciudad de Seattle. Los productos que ofrece, como hoteles, viviendas de vacaciones, coches o billetes de avión, proceden todos de terceros, y la empresa se hace cargo únicamente de los trámites de gestión en la contratación. La gran empresa tecnológica tiene como mayores accionistas a inversores como Vanguard (9%), Per Capital Management, Inc. (4,52%), Artisan Partners LP (5,45%), BlackRock (5,61%) o State Street Corporation (3,99%).
Expedia representa dos culturas organizativas y económicas que se han juntado en la actualidad para proyectar un nuevo modelo de organización social. Un aspecto que no solo afecta a empresas online de turismo, también a los buscadores web, los nuevos grandes mayoristas online (Amazon)…
Después del impacto del coronavirus, cuyo resultado es aún incierto, las grandes empresas de turismo, en especial las aerolíneas, empezaban a despedir a trabajadores y asumir que muchas tendrían que echar el cierre. Las nacionalizaciones sobrevolaban estas compañías como única tabla de salvación, mientras que las viejas agencias de viajes iniciaban despidos en masa. Los Estados salían al rescate de grandes empresas de todo tipo, como petroleras, automovilísticas u operadores turísticos, mientras que todo un ecosistema que había crecido con estas empresas naufragaba. En el haber de estas empresas estaba la constitución y articulación de relaciones sociales más elementales, pues para una gran mayoría eran un pivote para conocer a una pareja, viajar, asentarse en una ciudad o constituir el núcleo de una comunidad. La clase media del siglo XX había crecido bajo sus faldas y bebido de la división mundial, social y sexual del trabajo que imponía.

En los cinco años nacen las principales compañías de hoy día, como Yahoo (1994), Amazon (1995), eBay (1995), Hotmail (1996) y Google (1997). El boom de las redes sociales tendrá lugar casi diez años después, con el nacimiento de Facebook en 2004. Solo entre 1995 y 2000 el valor del índice Nasdaq que aglutinaba el valor bursátil de las principales empresas tecnológicas se multiplicó por cuatro.
A pesar del descrédito que sufre hoy Madoff, fue un personaje fundamental en la canalización de la clase inversora en el negocio de internet y la aplicación del principio del «tonto aún mayor» (Greater Fool Theory) a la burbuja de las puntocom. Allí llevó a numerosos inversores a los que conocía de clubes exclusivos como el Palm Beach Country Club o el Oak Ridge Country Club de Nueva York, ayudado por el aura de referente de la comunidad judía, donante del Partido Demócrata y presidente del Nasdaq. Su esquema era tan antiguo como el esquema utilizado en la crisis de la South Sea Company, donde las promesas de crecimiento y rentabilidad para el accionista favorecían la especulación sobre la acción y la subida del valor de la empresa. Madoff se apoyó en el nuevo mercado de las pujantes empresas dotcom, en el que había una expectativa de crecimiento ilimitado que permitía ver como viable los beneficios ofrecidos por su empresa de inversión, del 10 al 12%, muy superiores al resto. Al final, el negocio se construyó sobre un esquema piramidal donde los nuevos inversores pagaban los dividendos de los viejos inversores.
El negocio especulativo que se generó con las empresas puntocom no se podría explicar sin un elemento de cohesión y organización de la clase financiera.

Amazon no es la única en utilizar este modelo de negocio. Tras ella han aparecido numerosas compañías tecnológicas especializadas en el ámbito del transporte, que abarcan desde el transporte de comida (Uber Eats, Deliveroo, Just Eat), viajes (Uber, Lyft, Cabify) o alojamiento (Airbnb). Son las llamadas empresas de la «economía colaborativa», cuya característica es la de integrar en una plataforma virtual a una red de empleados subcontratados que quedan vinculados entre sí a través de una aplicación que condiciona la operatividad de los trabajadores a partir de unos parámetros contenidos en algoritmos de eficiencia en el trayecto (entre vendedor y comprador). Los inconvenientes que desprende este modelo de negocio se han hecho notar rápido, y principalmente tienen su raíz en la exención del principio de responsabilidad asociado a la gran corporación, y ha acabado por traducirse en el principio de responsabilidad limitada del accionista y del inversor. Bajo este supuesto, la empresa matriz no se hace cargo de los costes fiscales, laborales o sociales, ya que su empresa es en la práctica una «plataforma virtual» sin sede física definida, salvo su matriz central. Algo que ha llevado a que la mayoría de ellas tengan facturas fiscales muy reducidas y cuenten con numerosas empresas intermediarias y sedes fiscales en lugares de bajos o nulos impuestos, como Irlanda, Delaware y otros paraísos fiscales.
A diferencia de Bezos, que se caracteriza por ser uno de los líderes del sector y abanderado de la nueva clase inversora, los fundadores de Google confiaron en sus primeros contactos para tejer redes de inversión y estructurar la empresa. Para ello fue fundamental el fondo de capital riesgo Sequoia, que proporcionó la mayor parte del capital inicial y a uno de sus ejecutivos, que se convirtió en 2001 en consejero delegado de Google. Sequoia había sido inversor en los primeros pasos de Apple, LSI Logic, Oracle, Cisco, Electronic Arts, Google o YouTube.
Con esta fórmula iniciaron una estructura de propiedad dual (dos clases de acciones) no muy común en el sector, que desposeía a los nuevos accionistas del poder de voto en el consejo de administración. Según el folleto de salida a bolsa, pretendían frenar la fiebre cortoplacista de los inversores, apostar por la continuidad y la estabilidad y resguardar a la empresa de movimientos especulativos como las compras apalancadas que destruían por dentro los recursos de las empresas. Más allá, dieron un argumento que exhibía el consciente poder que tenía Google sobre el conjunto de la sociedad, por el carácter de «guardianes» de la información.
El motor de búsqueda tenía en su origen la idea del CERN de elaborar una biblioteca virtual que recogiera el conjunto de información disponible, no solo las páginas web disponibles. Con esta idea nació Google Books en 2002, que hoy dispone de cuarenta millones de libros digitalizados. O Google News, que ha sido un motor de búsqueda de noticias controvertido, por la prioridad que daba a unas noticias sobre otras. Y quizá su proyecto más controvertido y el más utilizado por todos, Gmail, un servicio gratuito de correo electrónico con mil millones de usuarios activos en todo el mundo y que sirve de entrada al universo de productos Google (YouTube, Maps, Drive, Googledocs o Android). Como colofón, la creación de Google Maps, que tiene fotografiadas la mayor parte de calles del planeta, fotos de satélite, de la Luna o de Marte, de 2.400 km de lecho submarino de la gran barrera de coral (Australia), además de información en vivo de la situación del tráfico o de información de locales y establecimientos.

Las nuevas plataformas sociales son un laboratorio de análisis de las nuevas formas de relaciones sociales e interacción.
Actualmente, en la cúspide del poder de este capitalismo patriarcal, o paterialismo, están los gestores de capital y propietarios de empresas tecnológicas, que tienen sobre la mano un mecanismo que tritura la estructura social tradicional a base de desregular la división mundial, sexual, social e institucional del trabajo. Este último cisma implica romper con el mundo de pequeñas, medianas y grandes empresas que dominaron el ciclo de la sociedad industrial y del estado de bienestar, para dar paso a unas pocas empresas tecnológicas y de inversión que monopolizan amplias esferas de la producción y la distribución, prescindiendo de grandes masas de trabajadores. Para ello, se apropian del conjunto de la cadena del producto y reducen a los trabajadores a su capacidad por unidad de producción, sin poder negociar un tiempo o un espacio mínimo. El trabajo no es relativo al tiempo empleado, sino al valor del producto; una idea que entiende el inversor, pero no el productor que paga ese descuento con menos tiempo para sus hijos, con más estrés y con una menor remuneración. Esto se hace más ostensible en empresas de la llamada sharing economy y en empresas de comida rápida. Es el caso de empresas como Deliveroo o Uber, pero también en negocios como Textbroker, que remunera los textos producidos a demanda.
Las nuevas condiciones laborales y los trabajos a demanda menoscaban las posibilidades de existencia de cualquier modelo de familia (no solo la tradicional, nuclear). La mínima noción de previsibilidad futura se desvanece y con ella la posibilidad de tener hijos o pareja. Esta falta de horizonte no se puede atribuir solamente a la precariedad del empleo o a unos bajos ingresos —que siempre han caracterizado a la clase trabajadora—, sino también a la intensidad y velocidad que ha adquirido un mercado de trabajo cada vez más volátil, condicionado por la expansión de las nuevas plataformas virtuales: empresas de trabajo temporal, grupos de correo, plataformas de empleo colaborativo o anuncios. Lo cual condiciona de una forma diferente la previsión o cálculo que alguien quiera hacer sobre un futuro trabajo; genera más ansiedad e impide a la persona distanciarse de la pantalla, a riesgo de perder la tan ansiada «oportunidad» de trabajo. El mérito o la capacidad de cada cual son desplazados por la oportunidad y la buena suerte.
Quizás la cuestión de género exprese hoy el gran cisma en la estructura social contemporánea, acentuada por la precariedad y la desigualdad que afecta principalmente a la mujer, pero mediada y profundizada sobre todo por la actual digitalización del trabajo, el comercio y las relaciones sociales y sexuales. En el fondo, lo que está en marcha es la desregulación de las actividades sexuales, sociales, económicas y políticas, favorecidas por la alianza entre empresarios tecnólogos e inversores. Una transformación que tiene como única respuesta contundente al movimiento feminista, a las mujeres más jóvenes, que atisban un sistema desigual por el que asoma un peligroso proceso de cambio.

Los nuevos actores dominantes del sistema económico —inversores y tecnólogos— sueñan con su desaparición o, al menos, con su pérdida paulatina de influencia. Un hecho que procede de la transformación de las relaciones sociales que impone el nuevo orden económico: los vínculos de poder articulados tradicionalmente por los consejos de gobierno de empresas y altos cargos del Estado son suplantadas por relaciones entre accionistas; entre sujetos que se unen para rentabilizar conjuntamente una inversión, generalmente dirigidos por algoritmos que se construyen dentro de las nuevas instituciones dominantes (los grandes conglomerados de Google, Amazon, Facebook o Apple y los inversores institucionales). Las grandes empresas, sus gerentes y sus trabajadores se convierten en apéndices desgajados de estos núcleos de poder, que se desentienden de ellos, bajo el principio de no responsabilidad del accionista, tan pronto como aparecen malas noticias en el horizonte.
Como consecuencia, la autoridad cada vez recae más en los sujetos individuales que ostentan el poder y se superponen a los órganos de representación tradicionales, tanto en el ámbito político como el económico. Y, con el fin de la representación política, podemos entrar en un nuevo tiempo regido por la falta de instituciones que asuman la responsabilidad y la autoridad sobre grandes decisiones, extendiéndose con ello un espíritu cínico de incalculables consecuencias. Mientras el nuevo mundo del inversor declara su «no responsabilidad», la sociedad se prepara para asumir los dictados y efectos de un mundo sin reglas, y sin dirigentes.
La sociedad inversora empuja a la soledad material y emocional a la humanidad, y esta vuelve a las bases del reconocimiento de su humanidad y a la redistribución justa de los recursos. El movimiento feminista apela al trasfondo de la crisis de civilización vigente: una ultracompetencia que invoca a todos los medios para conseguir el éxito, sea la violencia, la cosificación o la apropiación. Este movimiento se convierte así en un fenómeno social total que apela a la responsabilidad colectiva e individual del cuidado de la sociedad, para construir una nueva razón común que evite el desastre de una sociedad sin rumbo y sin reglas.

El odio y el egoísmo son la materia básica de las sociedades poscorporativas. De ahí que los partidos que surgen con ambición hegemónica planteen la comunidad y la concordia como un fin en sí mismo. La ultracompetitividad instalada y la abolición de las instituciones de articulación colectiva aceleran y potencian los sentimientos comunitarios, que deifican la unidad.
Un síntoma explicativo de este nuevo populismo es el Brexit. Hay una anécdota sobre los datos sociológicos del proceso de referéndum y la victoria del sí, según el cual aumentaba el apoyo al Brexit y su recelo a Europa cada vez que salía el hombre del tiempo en televisión anunciando malas condiciones climatológicas, pues la lluvia contenía el voto por la permanencia. El Brexit consiguió que el recelo a las instituciones se trasladara a todo aquel mensaje institucionalmente canalizado (medios de comunicación oficiales, universidades, centros de investigación, etc.). Nadie confiaba en nadie, más que en sí mismo y en un líder elegido.

Los nuevos tiempos asoman con un nuevo modelo de sociedad, en la que afrontar el virus no es lo importante, sino denunciar sus efectos colaterales más perniciosos: aislamiento físico en el hogar, actitud incívica de los demás y, sobre todo, la comprobada inutilidad de las estructuras políticas y económicas tradicionales, a las que se culpa del desastre creado y de sus terribles consecuencias. No era un fenómeno nuevo: venía de lejos y se amplificaba con el virus en un momento clave en la historia reciente de la humanidad. El largo ciclo de construcción de instituciones creadas al inicio de la globalización del comercio y la colonización —junto con el Estado y la empresa por acciones— presentaban un cansancio histórico. El síntoma lo mostraba un grupo de gestores empresariales y políticos que carecían cada vez más de medios, recursos y legitimidad social.
La recreación de la realidad se puede dar en estas circunstancias por la dicotomía en la sociedad entre el sentimiento de dolor y la enfermedad de una parte, y la necesidad de ocio y diversión de otra. Dos mundos unidos en el espacio, pero divididos por objetivos diferentes y contradictorios entre sí: en uno se busca un estado de bienestar dotado de suficientes unidades de cuidados intensivos; en el otro un lugar idílico donde lograr un estado de bienestar. La estrategia para que sean las empresas digitales y los inversores los que lideren la nueva era no es muy compleja: «Limitar los costes de personal», decía Hammond, el millonario fundador de Jurassic Park; o lo que es lo mismo, «invertimos en toda la tecnología informática, automatizamos donde sea».

El dilema moral lo avanzó Goethe en el Fausto, según el cual destrucción y ciencia se unían de forma siniestra para alumbrar un nuevo futuro: «El futuro apenas me inquieta. Si destruyes este mundo y lo conviertes en ruinas, el otro surgirá después», decía Fausto.

El dilema del futuro se halla en la regulación de las relaciones sociales, políticas, económicas y personales que largamente fueron articuladas por la empresa y el Estado. Hoy, el estado de bienestar producto de aquella unión se encuentra devaluado, y únicamente se mira a un estado de bienestar emocional, producto de la evasión de la responsabilidad y el liderazgo de los tecnoinversores. El futuro de la civilización se desarrolla en estos momentos en la institucionalización o no de la responsabilidad individual, social y corporativa. Pues, si a pesar de las muertes la gente prefería el escapar a otro mundo, carece de sentido que las instituciones garanticen la vida en este. El mundo se debate entre Investworld y las unidades de cuidados intensivos; en definitiva, nombrar al futuro bienestar.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/29/ibex-35-ruben-juste/

https://weedjee.wordpress.com/2020/12/13/la-nueva-clase-dominante-gestores-inversores-y-tecnologos-una-historia-del-poder-desde-colon-y-el-consejo-de-indias-hasta-blackrock-y-amazon-ruben-juste-the-new-ruling-class-managers/

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Books from this author are interesting to read where once finished it always generates debate and reflections on what awaits us and in current times it is to be appreciated.

Investors and big tech companies question the old social, economic and political order: its protocols, its rules, its endless circulars; They gave all this a kick, knocking it down and replacing it with the social, technological, economic and legal culture of “limited liability” that they carry wherever they emerge. A philosophy that implies not taking responsibility for the workers, properties or the territory in which they operate.
The appearance of the SARS-CoV-2 coronavirus may be the fuel that accelerates the process of epochal change, as it was Columbus’s stumble with America that gave rise to the system we know. Their confidence in themselves is blind, based on their broad power and in companies that have the solution to the virus, such as Moderna or Gilead, owned by large investment funds. Old businessmen and politicians are amazed at the haughty attitude of this deeply rooted new class, which emerged once again in a period of great revolutions and whose ambition is none other than to turn its original wild west into the authentic new world.

In addition to this function of the administration of companies and the State, there is another function historically defined but that usually goes unnoticed: the one that forces Ana Botín to leave the discretion of her office and the comfort of her 4,600-hectare farm in Ciudad Real , create a Twitter account and an Instagram profile in just three months, become a representative of feminism and go to the Arctic with the telegenic adventurer Jesús Calleja. This representative function of the governing bodies makes businessmen speakers of a “common reason” or broad representation of interests. It is what from Marxism has been called “ideology” or “hegemony”, or from liberal spheres “public opinion”, a structure that incorporates and promotes an amalgam of thoughts that form a “common sense” among extensive layers of the population and that allows not only to have a “good image”, but also to lead currents of opinion that make them “public representatives.” Jeff Bezos or Elon Musk are for many people their maximum references; much more than Obama or Trump.
Before us appear, with young and lush faces, executives with well-knotted ties, abundant and well-groomed hair and a gaze that transcends the imposing skyscrapers of the big city in which they live. But the story of big business doesn’t begin with executives on Wall Street, with big industrial companies from the interwar period, or with family-name financial firms from the Wild West. It all began five centuries ago, when contemporary greats of William Shakespeare joined with other gentlemen from English cities to forge the first joint-stock companies, relegating women and men of lower social class to the position of crew and settlers. These were times of hostile trade, of skirmishes on the high seas, of pirates, sieges, combats and kidnappings that left us with countless little encouraging stories to create an overseas company. His objective was to transport goods on a long journey to India, as Columbus did a century earlier, with great fortune for him.
The novelty of that company was simple: it was the first “company” to be represented by executives regularly elected by a union of investors (joint-stock), who would represent them in their management. There was an obvious risk in delegating the management of important assets to others, waiting for greater fortune. This formula of representation drew on the solid trust that existed between English merchants (guild), but also rested on representative traditions such as Roman, medieval or Christian in general, which promoted fellowship and delegation of functions.

Their physique, weight, and physical characteristics were examined to assess their worth. Those selected were loaded on board, stacked, with their ankles shackled and linked by a chain. After a long journey across the Atlantic, in which at least a fifth of them died, they reached the American coasts, where they were exchanged for local products, be it tobacco, wheat, animals or textile products. The Dutch headed to the Antilles, the English to Charleston in South Carolina, and the Portuguese to Brazil. With the new load, they returned to Europe and the benefits obtained from the triple exchange were passed on to the initial investors.
Many companies participated in this business, obtaining trade rights normally under monopoly status from the monarch in power. This was how the English Crown was directly involved in companies trying to rival the monopoly of trade that the Spanish Crown held then and distancing itself from the policy of distancing that it established with the colonizing companies of America or in trade with the Indies. Thus, in 1660, after long experience in the creation of private companies, the Crown granted a monopoly license for the slave trade in West Africa to the Company of Royal Adventurers Trading to Africa. Its governor or president was the king’s brother, James II, the Duke of York, to whom he granted numerous territories in Africa and America, and who came to succeed him on the throne, to become the last Catholic monarch of England, after giving the witness to the Protestant hegemony. His business vocation encompassed all his activity and did not cease during his period as commander of the British navy, when he opened the way for this company in its forays into southern Africa.
To attract the shareholder there was an unconventional claim: the famous Utrecht treaty signed in 1713. The treaty established an onerous contract, coveted for two centuries, by which “the Catholic king gives and grants to his British Majesty and to the company of his vassals formed for this purpose the faculty to introduce blacks into various parts of the dominions of his Catholic Majesty in America, which is commonly called the seat of blacks. For the company, this entailed a contract for “4,800 pieces of the Indies” (slaves).
The bankruptcy brought those responsible for the company to trial and the conviction of some of them. Then the ability to manipulate the price that the authorities had and their conspiracy to raise it through control of the press was demonstrated, as well as the implications of a governing council of the company that consciously favored speculation on the shares. As a result, Parliament passed the Bubble Act (1720), which limited the creation of stock companies to those granted with a license (charter). The phenomenon generated a great impact on society, which saw in stock companies a complex and perverse structure to generate “manias” or fevers among the population, fascinated by the possibility of exponentially increasing assets.
But beyond the economic causes and consequences, the fever for actions showed that a new type of subjectivity was emerging in society, dominated by the possibility of increasing profits through actions, in a speculative game that collided with any type of rationality . High society Mrs Molesworth explained it this way to a friend: ‘I should have been satisfied if I had won £ 500 or £ 1000 anyway, but the price I could fetch, and the inability to insure it according to the law, It has made me reject the strategy of asking a friend for that amount of money; but since I have decided to end it, I have to make sure that I am happy with the stocks that I have and the fortune of my friends.

1728, year of creation of the Compañía Guipuzcoana de Caracas, the first large Spanish stock company, constituted by share capital of 2,250,000 reais distributed in shares of 7,500 reais, two hundred subscribed by King Felipe V and one hundred by the province of Guipúzcoa . Of the established privileged mercantile companies, it was the one with the largest turnover with a mobilized volume of 150,000 tons, well above others such as Barcelona (which barely exceeded 6,000 tons). The objective of the company was to prevent the illegal traffic of cocoa with Venezuela, participated by French and English merchants and in which Seville participated, as noted by Felipe V in the constitution of the company: «The portion of cocoa has been very limited, which By the hand of Spanish Commerce, it has come to Caracas in the long time of the last twenty-three years and for that reason the fraud and disorders of illicit businesses, which still exist in that province, have been more excessive, with the frequency of foreign vessels that they infest its shores.
This company was a shock in the Spanish legal system as the first company of shares, and also because none of the privileged companies in Spain had monopoly rights over the trade of products or regions of America, but only tax advantages and the protection derived from trade was forbidden to foreigners. The Guipuzcoana Company of Caracas (1728) did not formally obtain a cocoa monopoly, but it did obtain control of the trade. It received permission to send two ships each year (loaded with European goods imported through San Sebastián) which, upon return, had to pass through Cádiz, although part of the cargo could be reserved and destined for the ports of northern Spain. Years later, he obtained royal authorization for the ships to return directly to Pasajes and, in return, assumed the obligation to monitor the Caribbean coasts to reduce smuggling and the activity of foreign merchants. This endowed the Company with certain military characteristics and autonomous political powers.

The origin of investors, as a class, dates back to the last quarter of the eighteenth century, a time of crisis for the British East India Company, dragged down by the famine that ravaged Bengal and by the beginning of the revolts in America due to politics. tax exemption that affected the merchandise traded by the company thanks to the Tea Act passed in 1773. It ended up being one of the triggers for the declaration of independence of the United States. The company was going through its lowest hours, and many shareholders saw the juicy business of the stock market in danger.
In July 1774, the Dutch broker and merchant Abraham van Ketwich created an association (trust) under the name Eendragt Maakt Magt (“unity creates strength”), which had been the motto used by the Dutch East India Company. and by the Dutch State itself. Unlike the shareholder who joined with others to form a company, Abraham created an instrument to bring together investors who wanted to buy different stocks, loans or bonds 1 and to be able to minimize the risks and management costs that came with doing it separately.
The investors’ union was successful and was quickly followed by other initiatives (Voordeelig and Voorsigtig in 1776, made up of bankers from Utrecht).
The first investors, like Philip Rose or Sherman Adams, were not large wealthy owners, landowners or industrialists, but professionals in search of greater fortune: doctors, lawyers or politicians. For this reason, from the beginning, the power of these investors was determined by the size of the fund created and the return on the capital invested, which provided a certain representation on the corporation’s board of directors, a true governing body that decided on the distribution of the benefits between workers, company and shareholders. This power was conditioned by the ability to recruit other investors in equal or greater proportions, to increase the purchase of shares and demand voting rights associated with the share. Compared to the large shareholders of the early 20th century like Rockefeller, their rights were much less, practically symbolic.

Everything pointed to a struggle within the ruling classes vying for dominance in the economic system and leadership within the ruling class itself that is brewing after the economic crisis. At bottom, the definition of the 21st century company and of the capitalist class is in question. It is the battle that will define the power of the new century and the social structure that emanates from the institutions they control: the old stock companies and the large corporations that have been the center of economic, social and political life in recent centuries.
Beyond the anecdote, these cases show a highly competitive industry whose directors are shielded with important salaries and exit clauses, to avoid information leaks and preserve their strategies. The fact of having directors who participate in other companies allows the generation of synergies between industries complementary to the automotive industry, such as the mining, metallurgical and financial industries. Furthermore, as explained in the first chapter, this communion between companies was an effective formula to generate defense mechanisms for the national industry of a country and promote a certain common economic policy. In the United States this policy is clear and tries to associate the interests of the country with those of its large companies.
This corporate community is still alive as a result of an economic system that continues to rely on the stock company, which in turn requires representative bodies to operate. But this system begins to show chronic fatigue. The connection between companies generated by this corporate elite remains strong in a group of companies, but it is increasingly ineffective in bringing it together or finding a common voice. This can be seen in the never-ending economic crises and in the divergences of opinion about the economic policy to be followed, be it from the United States, France, Germany, which return the image of a divided corporate world that retreats back into the nation state. But it is also observed by the fact of having companies increasingly close to each other thanks to common institutional investors, and with a greater distance if the number of boards on which the old directors sit is taken into account.
The business model, imported from the investment firm KKR specializing in ‘cashless purchases’, involved redefining the ownership structure of 20th century stock companies. The asset manager, architect of the sale of companies and subsidiary owner, becomes the main pillar and support of the economic system due to its ability to influence and generate capital gains for a broad set of actors: funds, companies, institutions, individuals and the managers themselves. But, in the end, the stock company becomes one more asset whose nature is that of a commodity that must be profitable. Therefore, its very nature, which in previous decades had been the creation of value for a surrounding community of workers, managers, shareholders and suppliers, was now limited to the ability to generate enough return to offset the initial investment before being sold. to a third party.

The network of societies that these financial giants have woven allows us to understand their way of seeing the contemporary economic and political institutions that traditionally settled within each State in which they operated. Blackstone has become the leading real estate company and hotel provider in Spain and other countries. However, it operates through numerous companies in third countries that serve to articulate the network of assets and have an effective mechanism to reduce the tax bill.
Blackstone has at least four hundred and forty-one companies in Delaware (considered a tax haven, although it is located within the United States), one hundred and eighty-three companies in the Cayman Islands, eighteen companies in Luxembourg, two in the Netherlands, two in Mauritius. , two in Singapore and five in Hong Kong. Many of these companies directly control businesses based in Europe and benefit from the fiscal and legal laxity that exists in these territories.
Spain has also become Blackstone’s center of operations as a tour operator, with the highest number of beds among Spanish hoteliers, a group in which it is not easy to compete for having long-established lines, such as the Escarrer family, which owns Meliá Hotels International, or the Fluxá, owners of Iberostar. The peculiarity is that, unlike the old hoteliers, it operates from its investment company, SOCIMI Hispania, which depends on another Luxembourg company that owns numerous hotels, as well as homes: Hotel Barceló Marbella, Hotel Guadalmina Spa & Golf Resort, or the NH Málaga Hotel, among many others.
Another of its tentacles in the tourism sector illustrates well the role of these investors in reshaping the new global corporate landscape. Thomas Cook, the largest tour operator in history, which went bankrupt in September 2019, was part of Blackstone’s investment world through BSCH A (SOL-MGR) L.L.C. (Blackstone Strategic Capital Advisors), which owned 5% of Thomas Cook. During this time, Blackstone has established a close relationship with Thomas Cook, signing a franchise with the investment company to operate a hotel in Mallorca, the luxurious Hotel Sa Torre, owned by HI Partners, a Blackstone-owned company with more than nineteen thousand rooms.
Blackstone has been building up assets from bankruptcies. This is the case of Banco Popular Español, from which it acquired most of its housing and hotel stock. The Banco Popular real estate agency, Ikaria, had to its credit hotels as emblematic as the Hilton Garden Inn in Seville, the Ayre Hotel in Oviedo or the Tamisa Golf, in Mijas, all of them adding 1,399 rooms with a value of more than 209 million euros. euros.
Blackstone has been the most important gaming entrepreneur since it acquired CIRSA, the first gaming company in Spain, owner of the most important and impressive casinos. Added to them is the gaming and sports betting business, with the possession of the Sportium and Codere betting centers.

Thomas Cook came to its decline with a huge global infrastructure that had its roots in much of the planet: three airlines operating 100 planes, 180 hotels and resorts, and half a thousand UK stores. In total, the company boasted of employing 21,263 people. The type of business involved a high short-term debt to meet the payment of suppliers, which required a high volume of debt in financial products (4,432 million euros). All this was done to give a traditional service to the client, accustomed to the mediation of a travel agent and the accompaniment of company personnel. But it meant supporting a large infrastructure.
Today, an activity as simple as hiring a trip can be done from the mobile phone, without the intermediation of a travel agency, without an agent, without a company that manages and coordinates your stay.
Expedia is today the top benchmark for this new digitized business model. You can browse a restaurant on its Tripadvisor page, find a hotel on hotels.com or, if you prefer, rent a vacation home through the many websites of its HomeAway affiliate. Unlike Thomas Cook, the parent company Expedia has hardly any properties, as it admits it has its Washington offices for rent and the other spaces where different areas of the business are located. They only own their headquarters, acquired in 2015, located in the city of Seattle. The products it offers, such as hotels, vacation homes, cars or airline tickets, all come from third parties, and the company only takes care of the management procedures in the hiring. The large technology company has investors such as Vanguard (9%), Per Capital Management, Inc. (4.52%), Artisan Partners LP (5.45%), BlackRock (5.61%) or State Street as major shareholders. Corporation (3.99%).
Expedia represents two organizational and economic cultures that have come together today to project a new model of social organization. An aspect that not only affects online tourism companies, also web search engines, the new large online wholesalers (Amazon) …
After the impact of the coronavirus, the outcome of which is still uncertain, large tourism companies, especially airlines, began to lay off workers and assume that many would have to close. Nationalizations flew over these companies as the only lifeline, while the old travel agencies began mass layoffs. States came to the rescue of large companies of all kinds, such as oil companies, automobile companies or tour operators, while an entire ecosystem that had grown with these companies was shipwrecked. To the credit of these companies was the constitution and articulation of the most elementary social relationships, since for a great majority they were a pivot to meet a couple, travel, settle in a city or constitute the nucleus of a community. The middle class of the twentieth century had grown up under its skirts and drunk from the world, social and sexual division of labor that it imposed.

In the five years the main companies of today are born, such as Yahoo (1994), Amazon (1995), eBay (1995), Hotmail (1996) and Google (1997). The boom of social networks will take place almost ten years later, with the birth of Facebook in 2004. Only between 1995 and 2000 the value of the Nasdaq index that brought together the stock market value of the main technology companies multiplied by four.
Despite Madoff’s discredit today, he was a pivotal figure in channeling the investor class into the internet business and applying the “Greater Fool Theory” principle to the dot-com bubble. There he brought numerous investors he knew from exclusive clubs such as the Palm Beach Country Club or the Oak Ridge Country Club in New York, aided by the aura of a benchmark in the Jewish community, a donor to the Democratic Party and president of the Nasdaq. His scheme was as old as the scheme used in the South Sea Company crisis, where promises of growth and profitability for the shareholder favored speculation on the stock and the rise in the value of the company. Madoff relied on the new market of the booming dotcom companies, in which there was an expectation of unlimited growth that allowed him to see as viable the benefits offered by his investment company, from 10 to 12%, much higher than the rest. In the end, the business was built on a pyramid scheme where new investors paid dividends from old investors.
The speculative business that was generated with dotcom companies could not be explained without an element of cohesion and organization of the financial class.

Amazon is not alone in using this business model. After her, numerous technology companies specialized in the field of transport have appeared, ranging from food transport (Uber Eats, Deliveroo, Just Eat), travel (Uber, Lyft, Cabify) or accommodation (Airbnb). These are the so-called «collaborative economy» companies, whose characteristic is to integrate a network of subcontracted employees into a virtual platform who are linked to each other through an application that conditions the operation of workers based on contained parameters. in efficiency algorithms on the journey (between seller and buyer). The drawbacks arising from this business model have been quickly noticed, and are mainly rooted in the exemption from the principle of liability associated with the large corporation, and has ended up being translated into the principle of limited liability of the shareholder and investor. Under this assumption, the parent company does not bear the fiscal, labor or social costs, since its company is in practice a “virtual platform” with no defined physical headquarters, except for its central headquarters. Something that has led to most of them having very low tax bills and having numerous intermediary companies and tax offices in places with low or no tax, such as Ireland, Delaware and other tax havens.
Unlike Bezos, who is known for being one of the industry leaders and a standard-bearer for the new investor class, Google’s founders relied on their first contacts to build investment networks and structure the company. Central to this was the Sequoia venture capital fund, which provided most of the seed capital and one of its executives, who became CEO of Google in 2001. Sequoia had been an investor in the first steps of Apple, LSI Logic, Oracle, Cisco, Electronic Arts, Google or YouTube.
With this formula, they started a dual ownership structure (two classes of shares) not very common in the sector, which deprived the new shareholders of voting power on the board of directors. According to the IPO brochure, they wanted to curb the short-term fever of investors, bet on continuity and stability and protect the company from speculative movements such as leveraged purchases that destroyed the resources of the companies from within. Further, they gave an argument that exhibited the conscious power that Google had over the whole of society, due to the nature of “guardians” of information.
The search engine had originally the idea of CERN to develop a virtual library that would collect all available information, not just the available web pages. With this idea Google Books was born in 2002, which today has forty million digitized books. Or Google News, which has been a controversial news search engine, because of the priority it gave to some news over others. And perhaps his most controversial project and the one most used by all, Gmail, a free email service with one billion active users worldwide and which serves as a gateway to the universe of Google products (YouTube, Maps, Drive, Googledocs or Android). As a culmination, the creation of Google Maps, which has photographed most of the streets of the planet, satellite photos, of the Moon or Mars, of 2,400 km of underwater bed of the great barrier reef (Australia), in addition to information live of the traffic situation or information of premises and establishments.

The new social platforms are a laboratory for the analysis of new forms of social relations and interaction.
Currently, at the peak of the power of this patriarchal capitalism, or paterialism, are the capital managers and owners of technology companies, who have in hand a mechanism that shreds the traditional social structure by deregulating the world, sexual, social division. and institutional work. This latest schism implies breaking with the world of small, medium and large companies that dominated the cycle of industrial society and the welfare state, to give way to a few technology and investment companies that monopolize wide spheres of production and distribution , regardless of large masses of workers. To do this, they appropriate the entire product chain and reduce workers to their capacity per unit of production, without being able to negotiate a minimum time or space. Work is not relative to the time spent, but to the value of the product; an idea that the investor understands, but not the producer who pays that discount with less time for his children, with more stress and with less remuneration. This is more evident in companies of the so-called sharing economy and in fast food companies. This is the case of companies such as Deliveroo or Uber, but also in businesses such as Textbroker, which pays for texts produced on demand.
New working conditions and on-demand jobs undermine the possibilities of existence of any family model (not just the traditional, nuclear one). The minimal notion of future predictability vanishes and with it the possibility of having children or a partner. This lack of horizon cannot be attributed only to the precariousness of employment or low incomes – which have always characterized the working class – but also to the intensity and speed that an increasingly volatile labor market has acquired, conditioned by the expansion of new virtual platforms: temporary work agencies, mail groups, collaborative employment platforms or advertisements. Which conditions in a different way the forecast or calculation that someone wants to do about a future job; it generates more anxiety and prevents the person from distancing themselves from the screen, at the risk of losing the long-awaited “opportunity” for work. The merit or ability of each is displaced by opportunity and good luck.
Perhaps the gender issue today expresses the great schism in the contemporary social structure, accentuated by precariousness and inequality that mainly affects women, but mediated and deepened above all by the current digitization of work, trade and social relations and sexual. Ultimately, what is underway is the deregulation of sexual, social, economic and political activities, favored by the alliance between technological entrepreneurs and investors. A transformation that has as its only forceful response to the feminist movement, to younger women, who glimpse an unequal system through which a dangerous process of change is emerging.

The new dominant players in the economic system —investors and technologists— dream of their disappearance or, at least, of their gradual loss of influence. A fact that comes from the transformation of social relations imposed by the new economic order: the power ties traditionally articulated by the governing councils of companies and senior government officials are supplanted by relationships between shareholders; between subjects that come together to jointly make an investment profitable, generally guided by algorithms that are built within the new dominant institutions (the large conglomerates of Google, Amazon, Facebook or Apple and institutional investors). Large companies, their managers and their workers become detached appendages of these power nuclei, which disengage from them, under the principle of non-responsibility of the shareholder, as soon as bad news appears on the horizon.
As a consequence, authority increasingly rests with individual subjects who hold power and overlap with traditional representative bodies, both in the political and economic spheres. And, with the end of political representation, we can enter a new time governed by the lack of institutions that assume responsibility and authority over major decisions, thereby spreading a cynical spirit of incalculable consequences. While the investor’s new world declares its “no responsibility”, society prepares to assume the dictates and effects of a world without rules, and without leaders.
The investment society pushes humanity to material and emotional loneliness, and it returns to the foundations of the recognition of its humanity and the fair redistribution of resources. The feminist movement appeals to the background of the current crisis of civilization: an ultra-competition that invokes all means to achieve success, be it violence, objectification or appropriation. This movement thus becomes a total social phenomenon that appeals to collective and individual responsibility for the care of society, to build a new common reason that avoids the disaster of a society without direction and without rules.

Hatred and selfishness are the basic stuff of post-corporate societies. Hence, the parties that emerge with hegemonic ambition consider community and harmony as an end in itself. Installed ultra-competitiveness and the abolition of institutions of collective articulation accelerate and enhance community sentiments, which deify unity.
An explanatory symptom of this new populism is Brexit. There is an anecdote about the sociological data of the referendum process and the victory of the yes, according to which the support for Brexit and their suspicion of Europe increased every time the weatherman appeared on television announcing bad weather conditions, as the rain contained the vote for permanence. Brexit managed to transfer suspicion of institutions to all that institutionally channeled message (official media, universities, research centers, etc.). No one trusted anyone other than himself and an elected leader.

The new times appear with a new model of society, in which facing the virus is not the important thing, but rather denouncing its most pernicious collateral effects: physical isolation at home, the uncivil attitude of others and, above all, the proven uselessness of traditional political and economic structures, which are blamed for the created disaster and its dire consequences. It was not a new phenomenon: it came from afar and was amplified by the virus at a key moment in the recent history of mankind. The long cycle of institution building created at the beginning of the globalization of commerce and colonization — along with the state and the joint-stock company — was historically exhausting. The symptom was shown by a group of business managers and politicians who increasingly lacked the means, resources and social legitimacy.
The recreation of reality can occur in these circumstances due to the dichotomy in society between the feeling of pain and illness on the one hand, and the need for leisure and fun on the other. Two worlds united in space, but divided by different and mutually contradictory objectives: one seeks a state of well-being endowed with sufficient intensive care units; in the other an idyllic place where to achieve a state of well-being. The strategy for digital companies and investors to lead the new era is not very complex: “Limit personnel costs,” said Hammond, the millionaire founder of Jurassic Park; Or what is the same, “we invest in all computer technology, we automate wherever.”

The moral dilemma was advanced by Goethe in Faust, according to which destruction and science came together in a sinister way to illuminate a new future: «The future hardly worries me. If you destroy this world and turn it into ruins, the other will emerge later, ”Fausto said.

The dilemma of the future is found in the regulation of social, political, economic and personal relationships that have long been articulated by the company and the State. Today, the welfare state product of that union is devalued, and we only look at a state of emotional well-being, product of the avoidance of responsibility and the leadership of techno-investors. The future of civilization is currently developing in the institutionalization or not of individual, social and corporate responsibility. Well, if despite the deaths, people preferred to escape to another world, it makes no sense that institutions guarantee life in this one. The world is torn between Investworld and intensive care units; in short, name the future well-being.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/29/ibex-35-ruben-juste/

https://weedjee.wordpress.com/2020/12/13/la-nueva-clase-dominante-gestores-inversores-y-tecnologos-una-historia-del-poder-desde-colon-y-el-consejo-de-indias-hasta-blackrock-y-amazon-ruben-juste-the-new-ruling-class-managers/

Hijos Del Carbón — Noemí Sabugal / Coal Sons by Noemí Sabugal (spanish book edition)

Un gran trabajo de documentación. El libro se salva por la cercanía a la minería desde el que está escrito, sin duda nos describe una realidad que no pasa desapercibida y con familiares lejanos mineros me ha hecho recordar. Me ha recordado a Sergio del Molino al cual la autora menciona.

La población de mi municipio es menos de la mitad que cuando nací y sólo ha pasado media vida. Yo también me he ido. El ecosistema de zorros, gatos, conejos y ratones, ranas, mosquitos, pardales, capones, moscos, pájaros y demás familia es cada vez más pequeño. Y no es fácil atraer a nuevos vecinos. Desde el Ayuntamiento de La Pola de Gordón, Beni Rodríguez, gerente de la Fundación Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga, prefiere darme una nota positiva: en los últimos años la despoblación ha sido menos acelerada. «Se debe principalmente a muertes por envejecimiento, no por emigración de familias…
En Santa Lucía de Gordón, los dos colegios abiertos bajo el auspicio de la empresa minera, la Hullera Vasco-Leonesa, y que se mantenían como centros concertados, ya habían cerrado en 2013. El de primaria, el Santa Lucía, llevaba cincuenta y cinco años abierto; el de secundaria, el Santa Bárbara, cuarenta. Ahora acumulan telarañas bajo los pupitres abandonados.
Queramos o no, ahora somos hijos del petróleo. La gasolina y el gasóleo alimentan nuestros coches; el asfalto cubre las carreteras; el gasóleo y el butano calientan las casas y el agua de la ducha; los plásticos nos rodean hasta el punto de que nos los comemos. Antes, también queramos o no, fuimos hijos del carbón. El carbón movía los trenes y los barcos, calentaba las casas, cocinaba los alimentos. El carbón era el pan de todas las industrias.

Las últimas líneas de la crónica de la muerte anunciada de la minería del carbón se están escribiendo ahora. Sus estertores se oyen en los pozos cerrados, en los cielos abiertos que faltan por restaurar. El minero es una especie en extinción en España, como los linces. Una anécdota reveladora: en octubre de 2019, Correos emitió un sello dedicado al minero, dentro de una serie llamada «oficios antiguos».
El desempleo en los municipios mineros se ha multiplicado. En la mayoría supera el 20 %. En algunos ha llegado a estar por encima de un 40 %. Como la despoblación continúa, los habitantes que se van dejan de aparecer en las cifras y los porcentajes se vuelven engañosos. El elevado desempleo no se debe sólo al cierre de las minas, porque la plantilla de muchas ya era escuálida, y a la dependencia de las empresas auxiliares, sino también a la falta de una estrategia eficaz para ofrecer alternativas.
La anoxia laboral de las cuencas ha convertido a los jubilados y prejubilados mineros, unos setenta mil en todo el país y subiendo, en una de las bases de su economía. Sus pensiones evitan la asfixia de pequeños negocios de todo tipo, de la panadería y el supermercado de la esquina al bar donde se echa la partida de cartas.
El cierre de las minas no parece tener vuelta atrás, pero todavía hay mucho que decir sobre las cuencas mineras y su futuro.

En todas las zonas mineras se construyeron estos tipos de vivienda. En las cuencas del noroeste, en las aragonesas y catalanas, en los pueblos de Sierra Morena. A veces son idénticas hasta el punto de que, frente a ellas, he tenido que recordarme dónde estaba.
Las viviendas de las cuencas mineras reflejan su estratificación social. Las casas para los obreros se agrupan en barriadas y están cerca de los pozos, incluso a las afueras de los pueblos. Los bloques unifamiliares suelen reservarse para las categorías medias: vigilantes, capataces, jefes de grupo, también personal de oficina. Para la cumbre socioempresarial, ingenieros y mandos, se construyen chalés. Ahora muchos están vacíos y en venta.
En las primeras décadas del siglo veinte, para los que menos tenían y ante la falta de techos, la construcción de chabolas fue una solución obligada.
La minería es uno de los trabajos más masculinizados que existen, pero desde el principio hubo mujeres mineras. Pocas. Para las empresas eran más valiosas como garantes de la reposición de mano de obra. «La erradicación de la mujer de la producción, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, no parece haber obedecido en modo alguno a exigencias “técnicas” del proceso de trabajo; obedecía, más bien, a exigencias de la reproducción, a exigencias de la reconstitución de la familia obrera».
Con la excepción de estas mineras e ingenieras, de unas pocas conductoras de retroexcavadoras y camiones en los últimos cielos abiertos y de las que trabajaban en puestos de oficina y otros, en la minería las mujeres han sido sobre todo puntales de apoyo. En 2012 se creó la asociación Mujeres del Carbón y las mujeres se pusieron en la primera línea para protestar por el cierre de las minas.
A muchas mujeres de las cuencas las ha unido además una circunstancia trágica: ser viuda de minero. Maridos que morían por accidentes o por enfermedades derivadas de la mina. Una situación que, por ser tan frecuente, las ha convertido en un grupo social distintivo dentro del microcosmos minero.

La roca es dura. La perforación tiene que hacerse a mano: pico, martillo neumático. El espacio es tan reducido que sólo dos mineros pueden trabajar a la vez. A la espalda llevan un equipo de respiración autónoma que pesa catorce kilos. Se postea al avanzar para evitar derrumbes y se pelea cada centímetro.
En la mina se dice que nunca nadie se queda dentro y es verdad.

Minería y agricultura llevan décadas cambiando este paisaje. Marcando las formas de vivir y de ser, las costumbres y los horarios, la construcción de los pueblos. El escritor Armando Palacio Valdés las confrontó en su novela La aldea perdida, publicada en 1903.
 El valle de Laviana se transformaba. Bocas de mina que fluían la codiciada hulla, manchando de negro los prados vecinos; alambres, terraplenes, vagonetas, lavaderos; el río corriendo agua sucia; los castañares talados; fraguas que vomitaban mucho humo espeso esperando que pronto las sustituirían grandes fábricas que vomitarían humo más espeso todavía.
Asturias, entre el grandonismo y el fatalismo. Entre el amor hacia un territorio hermoso y con una historia tan difícil como épica, y el pesimismo de creer que las cosas no van a mejorar, que los jóvenes seguirán marchándose y que la región seguirá envejeciendo, ahogada en el estancamiento y la queja en el chigre, en el lamento y en la demanda de una salvación que se espera de fuera.
Entre el grandonismo y el fatalismo…

«El problema no es que se acabe el carbón. El problema es que no haya otra cosa.» «Yo tengo un poco de dilema con esto del carbón, porque yo soy de la cuenca minera. Y lo soy, mi carácter es de la cuenca minera. Pero cuando sales de casa, empiezas a oír otras opiniones, a oír a ecologistas y llega un momento en que no sabes qué creer.» «¿Tú quieres que tu hijo vaya a trabajar en la mina?» «Yo no.» «Ninguno de nosotros queremos que nuestros hijos trabajen en la mina y sin embargo tenemos una relación con la mina de amor-odio que es difícil de explicar, es muy difícil.
La última mina del Bierzo cerró en noviembre de 2018 en Santa Cruz de Montes, aquí al lado. En el pozo Salgueiro, de Uminsa, trabajaban treinta mineros. Lorca decía que le interesaba más la gente que habita el paisaje que el paisaje mismo, que podía estar contemplando una sierra durante un cuarto de hora, pero enseguida corría a hablar con el pastor o el leñador. Coincido con él, y eso que este paisaje dice mucho: bosque-escombrera-bosque. Una belleza que se contradice.
Villablino sigue siendo la población principal, pero en sus calles han cerrado tantos comercios que ya nadie lleva la cuenta. A mí todavía me parece un pueblo dinámico, pero en todas las bocas surge, antes o después, la misma frase: «Con lo que fue esto».
—No hay mucho que decir. Se ve. Pasa en todas las cuencas. Estamos en el periodo de aceptación de esa derrota, entre comillas, que es para algunos. Ahora nos enfrentamos a otra situación. Es un proceso largo, si es que algún día llega a cristalizar. Cuando empezaron las minas, en las primeras décadas del siglo pasado, al principio tampoco fue aceptado por la gente de aquí, pero era un proceso de cambio…

Mantener el servicio ferroviario es una reclamación en los pueblos de estas cuencas, pero el descenso de población ha llevado a la pérdida de frecuencias. Para darle valor a esta histórica línea de Feve se han creado dos trenes-hotel: el Expreso de La Robla, de León a Bilbao, y el Transcantábrico, de León a Santiago de Compostela. Son trenes con los vagones panelados de madera y espejos.
Las Cuevas y San Isidro y María, después Mina Fely, fueron las últimas minas de interior en Palencia. En los años finales su situación fue muy inestable. En 2010, cuarenta y cinco mineros de Las Cuevas iniciaron un encierro por el impago de sus salarios. Como otras veces, Uminsa los usa como ariete contra las murallas políticas. La estrategia es vieja, pero no está gastada del todo. Victorino Alonso, entonces presidente de Carbunión, reclamaba dinero de Hunosa por la compra de mineral. Dos años después, la explotación se paraliza y los mineros son trasladados al pozo Pilotuerto en Tineo, Asturias. En la primavera de 2017, Uminsa inicia su proceso de liquidación. El Imperio Galáctico llega a su fin.

Durante casi dos siglos, el carbón de Mequinenza atrajo a miles de trabajadores que no llegaron más que a subsistir. Otras gentes vinieron a tratar de hacerse ricas, como el empresario italiano Enrico Misley, que vio en el lignito mequinenzano el combustible perfecto para crear una compañía de barcos de vapor. A mediados del siglo diecinueve, Misley quiso convertir el Ebro en el Misisipi y traer y llevar pasajeros desde Zaragoza hasta Barcelona, pero su Empresa de Vapores por el Ebro fracasó antes de empezar y su idea de llegar navegando hasta el Mediterráneo se quedó en una quimera.
Con la pesca y los deportes náuticos, Mequinenza vuelve a ver su futuro en el agua, pero sigue sonando a pueblo minero. Los visitantes menos avisados pueden llevarse un buen susto al escuchar, a la una del mediodía, un fuerte pitido. No es el aviso de una rotura en la presa, sino la sirena de la mina que cada día zumba en las calles alfabéticas de la nueva Mequinenza. Para los mineros, anunciaba el fin de la jornada de la mañana. Ahora, la hora del vermú.

No hay un plan de reindustrialización claro para la comarca de Andorra, sólo propuestas. Las instituciones europeas quieren que el 32 % de la energía provenga de renovables en el 2022. El porcentaje en Aragón todavía no llega al 20 %, por lo que el Gobierno autonómico prevé la creación de parques eólicos en las cuencas mineras, pero a nadie se le escapa que los parques, una vez montados, suponen muy pocos empleos. Se ha anunciado la creación de una gran planta solar; por el mismo motivo, la propuesta tampoco convence del todo.
—Van a llenar Teruel de molinos y de placas solares, pero ni una pala ni una placa se fabricarán aquí. Casi todo el material viene de China.
Los problemas de Teruel se ven bien sobre el mapa. A Teruel no llega ninguna de las autopistas radiales que salen de Madrid. Como si estuviera en un país distinto. Es un vacío. Un lugar de paso, como mucho. Teruel Existe, que consiguió a finales de 2019 su primer diputado nacional, pide el desarrollo de una conexión con Madrid que tenga salida hacia el Mediterráneo, por Tarragona. Se conseguiría con la prolongación de la A-40 de Cuenca a Teruel, siguiendo la N-420. Desde la capital turolense, es la llamada Autovía de las Cuencas Mineras. Crearla serviría para traer empresas a sus anoréxicos polígonos industriales.

La mina más importante de Vallcebre, la del transversal María Teresa, cerró a mediados de los ochenta. La actividad minera produjo un gran incremento de la población, que llegó a superar el millar de habitantes. Es mucho para un lugar tan pequeño. Había mineros de muchos sitios, sobre todo andaluces y marroquíes. Todos llegaron animados por la agencia de viajes más persuasiva del mundo: la pobreza.
Vallcebre está formado por masías de piedra que se desparraman entre decenas de carreteras estrechas. No alcanza los trescientos habitantes.
El fin del carbón fue una situación muy dura, como en otras zonas industriales rurales. Además habíamos tenido antes la crisis de la industria textil. La población está envejeciendo muchísimo y hay una fuerte despoblación en las zonas norte y sur en favor de la capital, Berga. Con la crisis económica hubo proyectos que se paralizaron, como el polígono industrial Olvan-Berga. Se había hecho una parte, pero se quedó sin servicio de aguas residuales y sin luz.

El vulcanismo del Campo de Calatrava es un tesoro para los geólogos y para los estudiosos de la mineralogía. Algunas de estas rocas volcánicas se utilizan. Hay canteras de las que ha salido balasto para las vías del AVE que vuela sobre estos campos a toda prisa, pero aquí el carbón fue mucho más importante. El uso del pasado es correcto porque la cuenca hullera de Puertollano también lo es.
Sin carbón, la tierra sigue siendo valiosa. Campos de cereal cosechados, decía, plantaciones de olivos. Y enormes extensiones de viñedos. Antes de Puertollano hay un océano verde. Olas de viñedos que giran y se ciernen al paso del coche. Una alucinación de movimiento al pasar las filas de viñas, un zoótropo vegetal. Castilla-La Mancha es la mayor región vitivinícola de Europa. Dicen también: del mundo. Casi la mitad de los viñedos de España están aquí.
La última mina de carbón de Puertollano fue una explotación a cielo abierto con un nombre muy literario: Emma.
La primera gran empresa minera de Puertollano fue la francesa Sociedad Escombreras Bleiberg, pero la más importante llegó desde Córdoba a principios del siglo veinte: la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya, también de origen francés. Compró casi todas las minas. En las primeras décadas del siglo veinte, el número de mineros en Puertollano superaba los tres mil. Otras mil quinientas personas trabajaban en los ferrocarriles y en las instalaciones ligadas a las explotaciones carboníferas. La producción de carbón de interior cesó en los setenta y a partir de entonces se inició la de cielo abierto.
Detrás de Emma está la central térmica que empezó a funcionar en 1972. Los puertollanenses la siguen llamando «La Sevillana», porque fue propiedad de Sevillana de Electricidad. Cerró en octubre de 2013, tenía setenta trabajadores y pertenecía a la alemana E.ON.

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A great job of documentation. The book is saved by the proximity to mining from which it is written, without a doubt it describes a reality that does not go unnoticed and with distant mining relatives it has made me remember. It reminded me of Sergio del Molino whom the author mentions.

The population of my municipality is less than half that when I was born and only half my life has passed. I’m gone too. The ecosystem of foxes, cats, rabbits and mice, frogs, mosquitoes, pardales, capons, flies, birds and other families is getting smaller and smaller. And it is not easy to attract new neighbors. From the City Council of La Pola de Gordón, Beni Rodríguez, manager of the Alto Bernesga Biosphere Reserve Foundation, prefers to give me a positive note: in recent years depopulation has been less accelerated. «It is mainly due to deaths due to aging, not due to family emigration …
In Santa Lucía de Gordón, the two schools opened under the auspices of the mining company, the Hullera Vasco-Leonesa, and which were maintained as subsidized centers, had already closed in 2013. The primary school, Santa Lucía, had been fifty-five years open; the high school one, the Santa Barbara, forty. Now they accumulate cobwebs under the abandoned desks.
Whether we like it or not, we are now children of oil. Gasoline and diesel fuel our cars; asphalt covers the roads; diesel and butane heat houses and shower water; plastics surround us to the point that we eat them. Before, whether we like it or not, we were children of coal. Coal powered trains and ships, heated houses, cooked food. Coal was the bread of all industries.

The last lines of the chronicle of the announced death of coal mining are now being written. Their rales are heard in the closed wells, in the open skies that have yet to be restored. The miner is an endangered species in Spain, like lynxes. A revealing anecdote: in October 2019, Correos issued a stamp dedicated to the miner, within a series called “ancient trades.”
Unemployment in mining municipalities has multiplied. In most it exceeds 20%. In some it has reached over 40%. As the depopulation continues, the inhabitants who leave cease to appear in the figures and the percentages become misleading. The high unemployment is not only due to the closure of the mines, because the workforce of many was already squalid, and to the dependence on auxiliary companies, but also to the lack of an effective strategy to offer alternatives.
The labor anoxia of the basins has made mining retirees and early retirees, some seventy thousand throughout the country and rising, into one of the bases of its economy. Their pensions prevent the suffocation of small businesses of all kinds, from the bakery and the corner supermarket to the bar where the card game is played.
The closure of the mines does not seem to be going back, but there is still much to say about the mining basins and their future.

In all mining areas these types of houses were built. In the northwestern basins, in the Aragonese and Catalan, in the towns of Sierra Morena. Sometimes they are identical to the point that, in front of them, I have had to remind myself where I was.
The dwellings in the mining basins reflect their social stratification. The houses for the workers are grouped in neighborhoods and are close to the wells, even on the outskirts of the towns. The single-family blocks are usually reserved for the middle categories: guards, foremen, group leaders, also office staff. For the socio-entrepreneurial summit, engineers and managers, chalets are built. Now many are empty and for sale.
In the first decades of the twentieth century, for those who had the least and in the absence of roofs, the construction of shacks was a necessary solution.
Mining is one of the most masculinized jobs out there, but from the beginning there were women miners. Few For the companies they were more valuable as guarantors of the replacement of labor. «The eradication of women from production, throughout the second half of the 19th century, does not seem to have obeyed in any way the“ technical ”demands of the work process; Rather, it obeyed the demands of reproduction, the demands of the reconstitution of the working class family ».
With the exception of these female miners and engineers, of a few female backhoe and truck drivers in the last open skies, and of those who worked in office and other positions, women in mining have been primarily supporters. In 2012, the Mujeres del Cobón association was created and women took the front line to protest the closure of the mines.
Many women in the basins have also been joined by a tragic circumstance: being a miner’s widow. Husbands who died of accidents or diseases derived from the mine. A situation that, because it is so frequent, has made them a distinctive social group within the mining microcosm.

The rock is hard. Drilling has to be done by hand: pick, jackhammer. Space is so tight that only two miners can work at the same time. They carry a self-contained breathing apparatus that weighs fourteen kilos on their backs. It is posted as it advances to avoid collapses and it fights every inch.
In the mine it is said that no one ever stays inside and it is true.

Mining and agriculture have been changing this landscape for decades. Marking the ways of living and being, customs and schedules, the construction of towns. The writer Armando Palacio Valdés confronted them in his novel The Lost Village, published in 1903.
The Laviana Valley was transformed. Mine mouths that flowed the coveted coal, staining neighboring meadows black; wires, embankments, wagons, laundries; the river running dirty water; the chestnut trees felled; forges that spewed a lot of thick smoke, hoping that they would soon be replaced by large factories that would spew even thicker smoke.
Asturias, between grandiose and fatalism. Between the love for a beautiful territory and with a history as difficult as it is epic, and the pessimism of believing that things are not going to get better, that young people will continue to leave and that the region will continue to age, drowning in stagnation and complaints in the windlass, in the lament and in the demand for a salvation that is expected from outside.
Between grandsonism and fatalism …

The problem is not that the coal runs out. The problem is that there is nothing else. ” «I have a bit of a dilemma with this coal issue, because I am from the mining basin. And I am, my character is from the mining basin. But when you leave the house, you start to hear other opinions, to hear environmentalists and there comes a time when you don’t know what to believe. ” “Do you want your son to go to work in the mine?” “I do not.” “None of us want our children to work in the mine and yet we have a love-hate relationship with the mine that is difficult to explain, it is very difficult.
The last El Bierzo mine closed in November 2018 in Santa Cruz de Montes, right next door. Thirty miners worked at the Salgueiro well, in Uminsa. Lorca said that he was more interested in the people who inhabit the landscape than the landscape itself, that he could be contemplating a mountain range for a quarter of an hour, but immediately ran to talk to the shepherd or the woodcutter. I agree with him, and that this landscape says a lot: forest-dump-forest. A beauty that contradicts itself.
Villablino is still the main town, but so many businesses have closed on its streets that no one keeps track of it anymore. It still seems to me a dynamic people, but sooner or later the same phrase appears in all mouths: “With what was this.”
-There is not much to say. It looks. It happens in all basins. We are in the period of acceptance of that defeat, in quotes, which is for some. Now we are faced with another situation. It is a long process, if it ever comes to fruition. When the mines started, in the first decades of the last century, at first it was not accepted by the people here either, but it was a process of change …

Maintaining the rail service is a claim in the towns of these basins, but the population decline has led to the loss of frequencies. To give value to this historic Feve line, two hotel-trains have been created: the La Robla Express, from León to Bilbao, and the Transcantábrico, from León to Santiago de Compostela. They are trains with wooden paneled wagons and mirrors.
Las Cuevas and San Isidro y María, later Mina Fely, were the last inland mines in Palencia. In the final years his situation was very unstable. In 2010, forty-five miners from Las Cuevas started a lockdown for non-payment of their wages. Like other times, Uminsa uses them as a battering ram against political walls. The strategy is old, but it is not quite worn out. Victorino Alonso, then president of Carbunión, demanded money from Hunosa for the purchase of mineral. Two years later, the exploitation is paralyzed and the miners are transferred to the Pilotuerto well in Tineo, Asturias. In the spring of 2017, Uminsa begins its liquidation process. The Galactic Empire comes to an end.

For almost two centuries, the coal of Mequinenza attracted thousands of workers who did not get more than subsist. Other people came to try to get rich, such as the Italian businessman Enrico Misley, who saw in Mequineno lignite the perfect fuel to create a steamship company. In the mid-nineteenth century, Misley wanted to turn the Ebro into the Mississippi and bring and carry passengers from Zaragoza to Barcelona, but his Steamship Company for the Ebro failed before starting and his idea of sailing to the Mediterranean remained a chimera .
With fishing and water sports, Mequinenza once again sees its future in the water, but it still sounds like a mining town. Less well-informed visitors can be shocked when they hear a loud beep at one o’clock. It is not the warning of a break in the dam, but the siren of the mine that buzzes every day in the alphabetical streets of the new Mequinenza. For the miners, it announced the end of the morning shift. Now, it’s time for vermouth.

There is no clear reindustrialization plan for the Andorra region, only proposals. The European institutions want 32% of energy to come from renewables in 2022. The percentage in Aragon still does not reach 20%, so the regional government foresees the creation of wind farms in the mining basins, but nobody is It escapes him that the parks, once set up, suppose very few jobs. The creation of a large solar plant has been announced; for the same reason, the proposal is not entirely convincing either.
—They are going to fill Teruel with mills and solar panels, but neither a shovel nor a plate will be manufactured here. Most of the material comes from China.
Teruel’s problems look good on the map. Teruel does not reach any of the radial highways that leave Madrid. As if you were in a different country. It is a void. A place of passage, at most. Teruel Existe, which won its first national deputy at the end of 2019, calls for the development of a connection with Madrid that has an outlet to the Mediterranean, through Tarragona. It would be achieved with the extension of the A-40 from Cuenca to Teruel, following the N-420. From the capital of Teruel, it is called the Autovía de las Cuencas Mineras. Creating it would serve to bring companies to their anorexic industrial estates.

The most important mine in Vallcebre, the María Teresa transversal mine, closed in the mid-eighties. The mining activity produced a great increase in the population, which reached more than a thousand inhabitants. It’s a lot for such a small place. There were miners from many places, especially Andalusians and Moroccans. They all arrived encouraged by the most persuasive travel agency in the world: poverty.
Vallcebre is made up of stone farmhouses that spread out between dozens of narrow roads. It does not reach three hundred inhabitants.
The end of coal was a very tough situation, as in other rural industrial areas. We had also had the crisis in the textile industry before. The population is aging a lot and there is a strong depopulation in the north and south areas in favor of the capital, Berga. With the economic crisis, there were projects that came to a halt, such as the Olvan-Berga industrial estate. A part had been done, but it was left without sewage service and without electricity.

The volcanism of Campo de Calatrava is a treasure for geologists and for students of mineralogy. Some of these volcanic rocks are used. There are quarries from which ballast has come out for the AVE tracks that flies over these fields in a hurry, but here coal was much more important. The use of the past is correct because the Puertollano coal basin is also correct.
Without coal, the land is still valuable. Harvested cereal fields, it said, olive groves. And huge expanses of vineyards. Before Puertollano there is a green ocean. Waves of vineyards that twist and hover as the car passes. A hallucination of movement passing the rows of vines, a plant zoetrope. Castilla-La Mancha is the largest wine-growing region in Europe. They also say: of the world. Almost half of the vineyards in Spain are here.
The last coal mine in Puertollano was an open pit mine with a very literary name: Emma.
The first major mining company in Puertollano was the French Sociedad Escombreras Bleiberg, but the most important came from Córdoba at the beginning of the twentieth century: the Sociedad Minera y Metallúrgica de Peñarroya, also of French origin. He bought almost all the mines. In the first decades of the twentieth century, the number of miners in Puertollano exceeded three thousand. Another 1,500 people worked on the railways and in facilities linked to coal mining. The production of indoor coal ceased in the 1970s and from then on the open-pit production began.
Behind Emma is the thermal power plant that began operating in 1972. The people of Puerto Rico continue to call it “La Sevillana”, because it was owned by Sevillana de Electricidad. It closed in October 2013, had 70 employees and belonged to the German E.ON.

Las Ratas — Miguel Delibes / Les Rats by Miguel Delibes.

Las ratas nació como una denuncia de la situación en el que se encontraba el campo español, falto de toda infraestructura y modernidad, que dependía absolutamente para medio subsistir de lo que el cielo quisiera. Y como Delibes no podía sortear la censura en el periódico le dio por escribir esta gran novela.
En ella se nos presenta al Nini, un niño al que todos recurren por sus conocimientos, conocimientos que ha adquirido al observar la naturaleza y escuchar con atención lo que los abuelos del lugar tienen que decir. Él vive con su tío-padre, el Ratero, habitando en una cueva de un pueblo medio perdido al que alcalde trata en vano de echar de su hogar ya que el vivir en cuevas presenta a los españoles como medio cavernícolas, y eso hay que evitarlo de cara al posible turista extranjero que por entonces llegaba a España.
Así, de santo en santo y de refrán en refrán, que es como pasa el tiempo y no por días, vamos conociendo la vida de una serie de personajes que nos radiografían lo que por entonces se vivía en nuestra España rural: simpleza, abandono, mezquindad, superstición, desigualdad, fatalidad…

Así que hay que deshacerse de prejuicios y disfrutar a uno de los mejores escritores españoles, no solo en castellano, sino en general.
Las historias de Miguel Delibes que hablan de una España que, aunque es de ayer, hace siglos que no es, deberían ser objeto de estudio en los colegios. Pero no por la calidad literaria, que también, sino porque nos muestra la vida de nuestros abuelos, de la raíz del problema de un medio rural que se desangra gota a gota. Para nuestros hijos un mundo en el que los vecinos interactúan, en el que los niños aprenden de la experiencia de sus mayores, en el que el calendario pasa a ritmo de santos, en el que la vida la rigen los fenómenos meteorológicos, en el que el ocio no lo domina una tableta… es algo quizás más inimaginable que la serie de Satar Wars y todas su precuelas y secuelas.
Don Miguel es un grande y para reconocerlo así no necesita llevar un Nobel tatuado, y lo vuelve a demostrar en Las Ratas. Su maestría en el manejo del lenguaje, su capacidad para hacer literatura con mayúsculas, su habilidad para, sin crímenes ni tramas misteriosas, mantener al lector pegado a las páginas a partir de un puñado de personajes que simplemente viven apreciando o maldiciendo lo que tienen, es simplemente fascinante.
En esta obra, nos muestra la vida y las miserias de un pueblo de Castilla a través de los ojos de un niño que ha madurado de manera precoz, El Nini; el crío es el nexo de unión entre un amplio grupo de actores y actrices que entran y salen de la historia en pequeñas dosis perfectamente medidas. El lector no necesita más para entenderlos, comprender sus vicisitudes y asumir la denuncia de abandono de la sociedad rural que realiza Delibes a través de esta historia. A medida que avanza el santoral, nos va detallando las relaciones claves de un ecosistema en peligro de extinción, y nos traza el camino de un final que, aunque previsible, impacta por su dureza, la cual queda marcada por en el conciso cierre. El clima que este autor es capaz de generar con un dialogo que suma cinco palabras, no es alcanzable por otros aunque se extendieran páginas y páginas.
Me gusta el conocimiento profundo del tema que trata, me gusta la lección de santos y sus respectivos días que he recibido, me gusta haber tenido que tirar a menudo del diccionario RAE, señal de riqueza en la utilización del lenguaje, me gusta recordar lo que fuimos y que haya testimonios para que dentro de unos años nuestros hijos lo conozcan y de esta forma puedan valorar lo que tienen, me gustan las historias de Delibes y como las escribe, así que las seguiré leyendo.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/08/18/la-hoja-roja-miguel-delibes-red-sheet-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/08/20/el-hereje-miguel-delibes-the-heretic-a-novel-of-the-inquisition-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/13/las-ratas-miguel-delibes-les-rats-by-miguel-delibes/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/18/delibes-en-bicicleta-jesus-marchamalo-antonio-santos-ilustrador-delibes-riding-a-bicycle-by-jesus-marchamalo-antonio-santos-illustrator-spanish-book-edition/

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This book was born as a denunciation of the situation in which the Spanish countryside was found, lacking all infrastructure and modernity, which depended absolutely for its subsistence on what heaven wanted. And since Delibes could not get around the censorship in the newspaper, he decided to write this great novel.
In it we are introduced to Nini, a child to whom everyone turns for his knowledge, knowledge he has acquired by observing nature and listening carefully to what the grandparents of the place have to say. He lives with his uncle-father, El Ratero, living in a cave in a half-lost town that the mayor tries in vain to throw out of his home since living in caves presents the Spanish as half cavemen, and that must be avoided. facing the possible foreign tourist who was arriving in Spain at that time.
Thus, from saint to saint and from refrain to refrain, which is how time passes and not by days, we get to know the life of a series of characters who radiograph us what was then lived in our rural Spain: simplicity, abandonment, pettiness, superstition, inequality, fatality …

So you have to get rid of prejudices and enjoy one of the best Spanish writers, not only in Spanish, but in general.
The stories of Miguel Delibes that speak of a Spain that, although it is yesterday, has not been for centuries, should be studied in schools. But not because of the literary quality, which also, but because it shows us the life of our grandparents, the root of the problem of a rural environment that is bleeding drop by drop. For our children a world in which neighbors interact, in which children learn from the experience of their elders, in which the calendar passes at the rhythm of saints, in which life is governed by meteorological phenomena, in which leisure is not dominated by a tablet … it is something perhaps more unimaginable than the Satar Wars series and all its prequels and sequels.
Don Miguel is a great man and to recognize him like this he does not need to wear a tattooed Nobel, and he shows it again in Las Ratas. His mastery of language, his ability to make literature with capital letters, his ability, without crimes or mysterious plots, to keep the reader glued to the pages from a handful of characters who simply live appreciating or cursing what they have, it is simply fascinating.
In this work, he shows us the life and miseries of a town in Castile through the eyes of a child who has matured early, El Nini; the child is the connecting link between a large group of actors and actresses who enter and leave history in small, perfectly measured doses. The reader does not need more to understand them, understand their vicissitudes and assume the denunciation of abandonment of rural society that Delibes makes through this story. As the saints progress, it details the key relationships of an ecosystem in danger of extinction, and traces the path to an end that, although predictable, impacts due to its hardness, which is marked by the concise closing. The climate that this author is capable of generating with a dialogue that adds up to five words, is not achievable by others even if pages and pages were extended.
I like the deep knowledge of the subject it deals with, I like the lesson of saints and their respective days that I have received, I like having had to often pull the RAE dictionary (British Encyclopedia dictionary), a sign of wealth in the use of language, I like to remember what We went and there are testimonies so that in a few years our children will know him and in this way they can value what they have, I like Delibes’s stories and how he writes them, so I will continue reading them.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/08/18/la-hoja-roja-miguel-delibes-red-sheet-by-miguel-delibes/

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La Tentación Del Caudillo — Juan Eslava Galán / The Temptation Of The Caudillo by Juan Eslava Galán (spanish book edition)

Excelente libro de fácil lectura y escrito con dosis de rigor histórico y de humor a partes iguales, se lee muy deprisa. Muy documentado, describe escenas hilarantes, diálogos del caudillo sin fisuras, historia de España escrita de forma amena. Y en las situaciones subidas de tono la ironía se funde con la mordacidad. Con su habitual maestría, y más próximo que nunca a la historia novelada, Juan Eslava Galán nos hace testigos de un episodio que pudo marcar la historia de España o, como mínimo, llevarla por un derrotero muy diferente. Libro imprescindible.

Cuando Felipe II luchaba contra protestantes y musulmanes, los españoles se consideraban el nuevo pueblo de Israel, el elegido por Dios para defenderlo. El general Franco ha salvado a España de las garras del ateísmo y quiere fundar una Nueva España de signo cristiano. Apoyémoslo con la fuerza de la Iglesia. Aceptemos el simbolismo medieval de la cruzada y epitomicemos nuestra sanción al derecho divino que ciñe, como divina diadema, al nuevo juez del pueblo español.
—Así se hará, santo padre —responde Cicognani.
—Unjamos al general para que el Espíritu Santo descienda sobre su persona y lo capacite para que instituya el reino de Dios en la Nueva España —le aclara el papa.
—Hay una cosa más, santo padre. El general Franco ha metido en las cárceles, en condiciones poco humanitarias, a más de trescientas mil personas. Cada día se celebran numerosos consejos de guerra en los que la pena habitual es a muerte por fusilamiento…
—Recojan la mala hierba y átenla en manojos para quemarla; después recojan el trigo y guárdenlo en mi granero —recita el santo padre citando el evangelio de Mateo—. Dejemos que la justicia de los hombres haga su cometido y oremos porque las almas de los pecadores encuentren la misericordia divina.

Rememora Franco su fulgurante carrera. Aquel niño menudo y enfermizo del Ferrol al que llamaban Cerillita , el cadete Franquito de la academia de Toledo, la guerra de Marruecos, los ascensos, su participación en la fundación de la Legión, su ascenso a general con apenas treinta años, paje del rey, la academia de Zaragoza, los actos de clausura de la Revolución de Asturias, su exaltación como generalísimo de los Ejércitos y jefe del Estado en aquel simposio de generales sublevados, en una dehesa de Salamanca…
Algo ha llovido desde entonces sobre los campos de la reseca España, especialmente metralla.
En sus cuarenta y seis años de vida, aquel hombrecito de 1,63 de estatura, bigotito castrense e incipiente panza ha recorrido un largo camino con voluntad y determinación. También con la baraka , el carisma, la suerte, que le atribuían sus tropas moras cuando se exponía, impávido, a las balas.
El Caudillo cuenta con la bendición del papa, vicario de Dios en la tierra.
—Paco, Dios te ha escogido para levantar a España —le dice la Señora después de leer la proclama del primado—. Fíjate que Alfonso XIII está en Roma, pero ni él con todas sus influencias ni los generales monárquicos pueden hacerle sombra a lo que decide Dios.
Franco asiente con un nudo de emoción en la garganta. Carmen raramente se equivoca, por no decir nunca. La Iglesia lo ha escogido como paladín del catolicismo y salvador de España.
La Nueva España.
Una semana después, el papa alabó al Caudillo en una alocución de Radio Vaticano:

Con inmenso gozo nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la católica España, para expresaros nuestra paterna congratulación por el don de la paz y de la victoria, con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probado en tantos y tan generosos sufrimientos.

En realidad es el crismón de los cristianos bajo el emperador Constantino, que agrupa en un grafismo las letras de la palabra latina victor , ‘vencedor’. Lo habrás visto más de una vez dibujado con almagre rojo en los muros de nuestras viejas universidades. Desde el siglo XIV , se usó en las inscripciones de los alumnos que obtenían el título de doctor. Ya he entregado su boceto al arquitecto que diseña la tribuna de Franco en el desfile de la Victoria. Lo pondrá en el púlpito o arengarium desde el que Franco se dirigirá a las tropas y presidirá el desfile.
—¿Lo sabe Franco? —pregunta Serrano.
—Todo esto lo estoy haciendo por indicación suya.
El cóctel que sigue al desfile de la Victoria se celebra en el imponente patio de operaciones del Banco de España, estilo art déco , pródigamente decorado con mármoles de Carrara, figuras alegóricas de bronce sobredorado y una gigantesca cúpula de vidrieras modernistas, lo que sugiere una solidez y solvencia que las finanzas del país están lejos de disfrutar.
Atento el lector, que aquí hace su aparición el agregado al Comisariado de Recuperación de Material, Ildefonso López Puerta, alias el Chato Puertas , camisa azul (eso ni se pregunta), zapatos de charol, traje cruzado a rayas, con grandes solapas y amplias vueltas en el pantalón, a la moda de Hollywood, bigotito recortado, pelo engominado y perfumado con Varón Dandy.

(Juan March) Sus hazañas son legendarias, Herr Langenheim. Amasó su enorme fortuna contrabandeando tabaco y armas. La República Española lo encarceló en Alcalá de Henares por fraude a Hacienda, pero él sobornó al director de la prisión, que se puso a sus órdenes y se desvivió por hacerle la estancia agradable. La comida se la traían de fuera, la celda se la arreglaban otros presos, que incluso le hacían la cama en la que diariamente recibía una variedad de mujeres.
O la República acaba con Juan March o Juan March acaba con la República —prosigue Vigón—. Eso fue lo que hizo. Movió sus resortes bancarios y provocó una depreciación de la peseta. No contento con eso, creó un partido político, el Partido Republicano de Centro, del que se presentó como candidato, y tras comprar los votos necesarios, salió elegido parlamentario en las elecciones de 1934 y, por lo tanto, aforado y a salvo de la justicia.

El Chato Puertas redimió su pena alistándose voluntario en la bandera de Falange de Granada.
El Chato Puertas solo se expuso a los tiros los primeros días. Después, se las arregló para obtener un enchufe en los almacenes de intendencia alegando que sabía echar cuentas y ya pasó el resto de la guerra ricamente instalado a retaguardia, lejos del tomate y cerca de la manduca.
Emprendedor y enemigo de la ociosidad, el Chato se dedicó a sus negocios en connivencia con algunos oficiales del glorioso Ejército Nacional con los que iba a porcentaje. En ese tiempo residía en una pensión de mala muerte, especializada en militares, en la que se prendó, o algo así, de la hija de la dueña, Salvadora Viña Almeja, a la que hizo una barriga, y con la que se casó obligado por el coronel del regimiento, que tenía en alto concepto el honor del que viste uniforme.
El Chato Puertas entró en Jaén con las tropas libertadoras, y en los ratos de asueto que le dejaba la milicia, convenientemente vestido de paisano, emprendió el lucrativo negocio de ofrecer a los comercios los servicios de la aseguradora El Escudo Nacional, de la que se presentaba como agente.
Los comerciantes, amedrentados por la camisa azul y las medallas que el visitante lucía sobre el pecho, ninguna suya, firmaban la póliza sin rechistar y pagaban a tocateja el adelanto. Antes de marchar, conseguía que suscribieran la ficha azul , que daba al comercio derecho a declararse afecto al Movimiento a cambio de un donativo con destino al Auxilio Social. En dos semanas de ejercicio, ganó lo suficiente para adquirir una chatarrería que se traspasaba en Madrid por fallecimiento del dueño.

Antes, el Caudillo no revisaba las sentencias de muerte, pero los obispos le hicieron notar que muchos tribunales, debido a la sobrecarga de trabajo, condenaban a muerte a demasiada gente. Consciente de que un católico no puede consentir estos abusos, ordenó que en adelante todas las condenas a muerte pasaran por sus manos antes de ejecutarse. Desde entonces, muchas condenas a muerte se conmutan por cadenas perpetuas.
Carmen se siente plena. Ella descubrió a su Paco cuando todavía era un diamante sin pulir, un pobre oficial proveniente de un hogar destruido, un comandantín que arrastraba la rudeza autoimpuesta de los oficiales que convivían con la barbarie de los aduares africanos.
A menudo, cuando a altas horas de la madrugada lo ve dormido, roncando apaciblemente a su lado, se pregunta si en sus tiempos africanos habría participado en alguna salvajada de las que se cuentan.
Esas crudezas de los moros las imitaban también los cristianos. ¿Participaría en tan horrendas prácticas su Paco? Cruel no es, aunque, eso sí, tiene un severo sentido de la justicia. Por eso ha tomado sobre sus hombros, además del trabajo de gobernar, el de validar con su firma las sentencias de muerte dudosas.

Damos por sentado que Gibraltar es nuestro principal objetivo —prosigue Vigón—, pero también lo es ampliar nuestra presencia en África. Si nos sumamos a los esfuerzos de Alemania e Italia, la reestructuración que seguirá a la guerra, con Inglaterra y Francia vencidas, seguiría la liquidación de buena parte de sus imperios. Es la ocasión para que nosotros, como aliados del bando vencedor, veamos satisfechas nuestras aspiraciones a una restitución de tierras que legítimamente nos pertenecen. Me refiero a todo Marruecos y Orán, y a una ampliación de nuestra provincia de Guinea, pero también podríamos reclamar nuestras antiguas colonias en las que la huella española y la añoranza se mantienen: Cuba y Puerto Rico y Filipinas. Después de medio siglo de influencia yanqui de la que están suficientemente escarmentadas, esas tierras nos recibirán con los brazos abiertos.
—¿No molestará eso a los Estados Unidos? —indica Varela.
—Usaremos la diplomacia para atraer a sus pobladores a nuestro lado —propone el Caudillo—. Hay constancia de que existe mucho descontento por la tutela de los Estados Unidos.

Alemania apenas tiene Armada, y los ingleses dominan los mares sin género de dudas y cuentan, además, con el formidable respaldo industrial de los Estados Unidos. La propaganda alemana quiere hacernos creer que los ingleses están vencidos, pero la realidad está muy lejos de ese sueño de Goebbels. Inglaterra no dispone de un gran ejército, aparte de las divisiones que rescató de Dunkerque, pero la movilización de su imperio, que ya está en marcha, le suministrará tantas tropas como las que puede tener Alemania. Por otra parte, está el suministro de materias primas para la industria de la guerra. Los dos elementos fundamentales para sostenerse son el petróleo y el acero, como su excelencia sabe bien. Alemania no dispone ni de uno ni de otro, mientras que sus enemigos disponen de estos elementos en abundancia. Hitler no podrá sostener la guerra a la larga. Sus resonantes éxitos del año pasado, basados en la sorpresa, no pueden repetirse cuando el enemigo está prevenido.
Franco asiente con expresión preocupada.
La suerte de Gibraltar parece decidida. Hitler ha aprobado la Operación Félix: asalto del Peñón por tierra con apoyo aéreo. Sin embargo, pasan los días y, contra todo pronóstico, la Luftwaffe no termina de barrer de los cielos a los cazas ingleses. El Führer se ve obligado a espaciar sus ataques aéreos tras sufrir graves pérdidas. Después de todo, parece que la fruta no estaba tan madura como se pensaba al principio. El asalto español a la Roca se aplaza sine die . Los tenientes José Fernández Rodríguez y Braulio Chamorro reciben una llamada telefónica del alto mando: desmantelen los polvorines secretos del Campo de Gibraltar con la misma prudencia con que los montaron.

Serrano rememora el encuentro: «¿Hitler? En su figura y en sus movimientos había mucho de vulgar, pero me llamó la atención su mirada poderosa […]; esto y su indiscutible fuerza mental, su maestría dialéctica y su impresión de seguridad eran revelaciones de una personalidad relevante […]; su actitud dominante fue de serenidad, de sosiego y de orden […]. Cuando nos levantamos de los sillones para trasladarnos a una mesa central donde había planos y mapas, observé que caminaba como un felino sin el más leve abandono. En cambio, una vez allí se dejaba caer descuidadamente sobre la mesa, tomaba unas gafas de présbita, y adquiría el pacífico aspecto de un burgués alemán».
El largo informe que Serrano envía a Franco cuenta la cordial entrevista: «Me dijo que se alegraba mucho de conocerme personalmente. Que sabía que tú y yo (menos mal) inspiramos personalmente los artículos de Arriba que eran en realidad la única forma política interesante de relación entre Alemania y España que se mantenía. (Y pensar, dije para mis adentros, que esto he tenido que hacerlo casi clandestinamente sin más apoyo que el tuyo y con la hostilidad de algunos ministros.) Tu prestigio aquí hoy —creo apreciar fríamente— sigue totalmente intacto. No así el de España con todos sus viejos resabios, sus ceporros y sus calamidades, pero sí el tuyo, el de la esperanza de una España mejor y el de la raza».
Serrano casi se siente aliviado por el hecho de que Hitler se enzarce en un largo monólogo sobre la situación de la guerra y las directrices que deben seguirse en el futuro para la creación del Nuevo Orden.
Europa y África forman un todo —explica—, al igual que las dos Américas. Ya la Europa del norte está asegurada, porque Inglaterra está prácticamente vencida. Lo estaría ya si no fuera porque el clima está dificultando las operaciones de la Luftwaffe —precisa—. Ahora debemos ocuparnos de África y el Atlántico sur. Lo prioritario es arrebatar a los ingleses Gibraltar. Esto, combinado con la ocupación por los italianos de Suez (Graziani está avanzando incontenible por la costa), supondrá la expulsión de los ingleses del Mediterráneo. Por cierto, me ha comunicado el ministro Ribbentrop aquí presente que el Caudillo precisa artillería pesada para tomar Gibraltar. Creo que no será necesario, porque podremos batirla incluso con mayor efectividad con ataques de nuestros Sturzkampfflugzeug. En cuanto a la seguridad de la costa atlántica española, amenazada por la Marina británica, cuando España entre en la guerra, no hay nada que temer. Ya tenemos previsto trasladar aviones de bombardeo que la protegerán eficazmente. Nuestro dominio del aire cubrirá la costa europea desde Noruega hasta el norte de África. Lo único que nos falta para dominar por completo el Atlántico sur son unas cuantas bases en la costa magrebí y alguna isla canaria.

Hitler, el dueño de Europa, dispone de fuerzas sobradas para conquistar España si se lo propone. Se siente Franco como se sentiría Carlos IV cuando acudió a Bayona a la llamada de Napoleón. Aquel Borbón abdicó en el francés cobardemente, una de las páginas más vergonzosas de nuestra historia. Franco es consciente del paralelismo. Él no piensa empañar su brillante carrera incurriendo en una capitulación tan vergonzosa. Se opondrá a Hitler con razones y, si fuera preciso, con las armas.
Ese es también el parecer de los seis militares de la Junta de Defensa que Franco ha reunido la víspera del viaje para trazar la estrategia que la diplomacia española debe seguir. Asiste también Serrano Suñer, el flamante ministro de Exteriores.

Welser y Amélie vivieron el resto de sus vidas en América, los dos primeros años en Uruguay y el resto a las afueras de Buenos Aires. Primero explotaron una enorme hacienda, San Bonoso, que pudieron adquirir tras una ventajosa operación comercial. Después ampliaron el negocio a una importante compañía de seguros que llamaron El Joyel .
Amélie falleció de insuficiencia renal en 1983, a los 68 años de edad. Welser depositó sus cenizas, como ella había pedido, en la tumba de Sidi Chamharouch, en Marruecos.
Francisco Bobadilla Figueroa-Meneses, conocido por Welser, falleció en el Hospital Universitario Austral de la Recoleta (Buenos Aires) en 2001, a los 93 años de edad. Sus restos descansan en un sencillo nicho del cementerio de la Chacarita. Dejó su considerable fortuna a una institución de beneficencia y a la criada peruana Gisela Chupanqui, que lo había asistido en sus últimos años.
Fray Justo Pérez de Urbel falleció en 1979 en Cuelgamuros, a la edad de 84 años, después de haber sido primer abad del monasterio de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes.
Ildefonso López Puerta, conocido como el Chato Puertas , amasó una considerable fortuna en empresas de diferente calado, especialmente inmobiliarias especializadas en urbanizaciones y pavimentación de playas. Falleció en 2007 a la edad de 94 años, en brazos de Vitorita, con la que había contraído nupcias después de enviudar y de que esta saliera de la cárcel, y rodeado de una caterva de ávidos herederos. Sus últimas palabras se duda si fueron «Hijo, que cierren la puerta» o «Iros todos a la mierda».

El vagón break que llevó a Franco a su entrevista de Hendaya permanece arrumbado en una nave de almacenaje de Almazán (Soria), como el arpa de Bécquer en el ángulo oscuro del salón, en espera de los fondos necesarios para restaurarlo. A ver si se anima la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.
El diamante El Estanque fue subastado en Londres, en 2008, por sus propietarios, los herederos del millonario mexicano Carlos de Beistegui y de Yturbe. Se cree que fue adquirido por el emir Abdala ben Rashid al Nahiyan, cuya fortuna se estima entre las cinco mayores del mundo.

Libros del autor comentados en el blog:

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Excellent book easy to read and written with doses of historical rigor and humor in equal parts, it reads very quickly. Very well documented, it describes hilarious scenes, seamless caudillo dialogues, Spanish history written in a pleasant way. And in risque situations irony merges with wryly. With his usual mastery, and closer than ever to the fictionalized story, Juan Eslava Galán witnesses us to an episode that could mark the history of Spain or, at least, lead it through a very different course. Essential book.

When Felipe II fought against Protestants and Muslims, the Spanish considered themselves the new people of Israel, chosen by God to defend it. General Franco has saved Spain from the clutches of atheism and wants to found a New Spain with a Christian sign. Let us support it with the strength of the Church. Let us accept the medieval symbolism of the crusade and let us epitomize our sanction to the divine right that embraces, as a divine diadem, the new judge of the Spanish people.
“That will be done, Holy Father,” Cicognani replies.
“Let us anoint the general so that the Holy Spirit descends on him and enables him to institute the kingdom of God in New Spain,” the pope clarifies.
“There is one more thing, Holy Father.” General Franco has put more than three hundred thousand people in jails, in humane conditions. Every day numerous councils of war are held in which the usual penalty is death by firing squad …
—Collect the weed and tie it in bundles to burn it; then gather the wheat and store it in my barn, ”the holy father recites, quoting Matthew’s gospel. Let the justice of men do its work and pray that the souls of sinners find divine mercy.

Franco recalls his brilliant career. That small and sickly boy from Ferrol who was called Cerillita, the cadet Franquito from the Toledo academy, the war in Morocco, the promotions, his participation in the founding of the Legion, his promotion to general at just thirty years old, page of the king , the Zaragoza academy, the closing events of the Asturias Revolution, his exaltation as generalissimo of the Armies and head of state at that symposium of revolted generals, in a pastureland of Salamanca …
Something has rained since then on the fields of parched Spain, especially shrapnel.
In his forty-six years of life, that little man of 1.63 in height, a military mustache and a nascent belly has come a long way with determination and determination. Also with the baraka, the charisma, the luck, that his black troops attributed to him when he exposed himself, undaunted, to bullets.
The Caudillo has the blessing of the pope, vicar of God on earth.
“Paco, God has chosen you to raise Spain,” says the Lady after reading the primate’s proclamation. Note that Alfonso XIII is in Rome, but neither he with all his influences nor the monarchical generals can overshadow what God decides.
Franco nods with a lump of emotion in his throat. Carmen is rarely wrong, to say the least. The Church has chosen him as a champion of Catholicism and savior of Spain.
New Spain.
A week later, the pope praised the Caudillo in a Vatican Radio address:

With immense joy we address you, dearest children of Catholic Spain, to express our fatherly congratulations on the gift of peace and victory, with which God has deigned to crown the Christian heroism of your faith and charity, proven in so many and so generous sufferings.

In reality, it is the Christian’s crismón under the emperor Constantino, who groups in a graphism the letters of the Latin word victor, “victor”. You will have seen it more than once drawn with red soul on the walls of our old universities. Since the fourteenth century, it was used in the inscriptions of students who obtained the title of doctor. I have already given your sketch to the architect who designed the Franco tribune in the Victoria parade. He will put him in the pulpit or arengarium from which Franco will address the troops and preside over the parade.
“Does Franco know?” Serrano asks.
“All this I am doing at your suggestion.”
The cocktail that follows the Victoria parade is held in the imposing Art Deco-style Banco de España courtyard, lavishly decorated with Carrara marbles, allegorical figures in gilt-bronze and a gigantic dome of modernist stained glass windows, suggesting a solidity and solvency that the country’s finances are far from enjoying.
Attentive the reader, who here appears the addition to the Commissariat of Material Recovery, Ildefonso López Puerta, alias El Chato Puertas, blue shirt (that is not asked), patent leather shoes, striped double breasted suit, with large lapels and wide twisted in the pants, in Hollywood fashion, trimmed mustache, slicked-back hair and scented with Male Dandy.

(Juan March) Your exploits are legendary, Herr Langenheim. He amassed his enormous fortune by smuggling tobacco and weapons. The Spanish Republic imprisoned him in Alcalá de Henares for fraud to the Treasury, but he bribed the director of the prison, who placed himself under his command and went out of his way to make his stay pleasant. Food was brought from outside, the cell was arranged by other prisoners, who even made him the bed in which he received a variety of women daily.
Either the Republic ends Juan March or Juan March ends the Republic —Vigón continues. That’s what he did. It moved its bank springs and caused a depreciation of the peseta. Not content with that, he created a political party, the Central Republican Party, from which he ran as a candidate, and after buying the necessary votes, he was elected parliamentary in the 1934 elections and, therefore, ruled and safe from justice .

El Chato Puertas redeemed his penalty by enlisting as a volunteer in the Falange flag of Granada.
El Chato Puertas was only exposed to shots the first days. Afterward, he managed to get a plug in the quartermaster stores claiming that he knew how to account and already spent the rest of the war richly installed in the rear, away from the tomato and close to the manduca.
Entrepreneur and enemy of idleness, El Chato dedicated himself to his business in collusion with some officers of the glorious National Army with whom he was a percentage. At that time he resided in a seedy pension, specialized in the military, in which he took hold, or something like that, of the owner’s daughter, Salvadora Viña Almeja, whom he made a belly, and with whom he married, bound by the colonel of the regiment, who held in high regard the honor of the one who wears uniform.
El Chato Puertas entered Jaén with the liberating troops, and in the moments of rest that the militia left him, conveniently dressed as a civilian, he undertook the lucrative business of offering businesses the services of the insurance company El Escudo Nacional, from which he presented as an agent.
The merchants, intimidated by the blue shirt and the medals that the visitor wore on their chests, none of them, signed the policy without question and paid the advance in a big way. Before leaving, he managed to get them to sign the blue chip, which gave commerce the right to declare affection for the Movement in exchange for a donation to Social Assistance. In two weeks of exercise, he earned enough to acquire a junkyard that was transferred in Madrid due to the owner’s death.

Before, the Caudillo did not review death sentences, but the bishops noted that many courts, due to the overload of work, condemned too many people to death. Aware that a Catholic cannot consent to these abuses, he ordered that all death sentences go forward through his hands before being executed. Since then, many death sentences have been commuted to life in prison.
Carmen feels full. She discovered her Paco when he was still an unpolished diamond, a poor officer from a destroyed home, a commander who carried the self-imposed rudeness of the officers who lived with the barbarism of the African customs.
Often, when she sees him sleeping in the wee hours of the morning, snoring peacefully by his side, she wonders if in his African times he would have participated in some of the savages that are counted.
Those crudenesses of the Moors were also imitated by Christians. Would his Paco participate in such horrendous practices? He is not cruel, although he does have a severe sense of justice. That is why he has taken on his shoulders, in addition to the work of governing, that of validating with his signature the doubtful death sentences.

We take it for granted that Gibraltar is our main objective, ”continues Vigón,“ but it is also to expand our presence in Africa. If we join the efforts of Germany and Italy, the restructuring that will follow the war, with England and France defeated, would follow the liquidation of a good part of their empires. It is the occasion for us, as allies of the victorious side, to see our aspirations for the restitution of lands that legitimately belong to us satisfied. I am referring to all of Morocco and Oran, and an expansion of our province of Guinea, but we could also claim our former colonies in which the Spanish footprint and longing remain: Cuba and Puerto Rico and the Philippines. After half a century of Yankee influence of which they are sufficiently chastened, these lands will welcome us with open arms.
“Won’t that bother the United States?” Varela says.
“We will use diplomacy to attract its inhabitants to our side,” the Caudillo proposes. There is evidence that there is much dissatisfaction with the guardianship of the United States.

Germany hardly has a Navy, and the English dominate the seas without a doubt and also have the formidable industrial support of the United States. German propaganda wants us to believe that the English are defeated, but the reality is far from that Goebbels dream. England does not have a large army, apart from the divisions it rescued from Dunkirk, but the mobilization of its empire, which is already underway, will supply it with as many troops as Germany can have. On the other hand, there is the supply of raw materials for the war industry. The two fundamental elements to sustain themselves are oil and steel, as His Excellency knows well. Germany has neither one nor the other, while its enemies have these elements in abundance. Hitler will not be able to sustain the war in the long run. His resounding successes last year, based on surprise, cannot be repeated when the enemy is forewarned.
Franco nods with a worried expression.
Gibraltar’s fate seems decided. Hitler has approved Operation Felix: assault on the Rock by land with air support. However, the days pass and, against all odds, the Luftwaffe does not finish sweeping the English fighters from the skies. The Führer is forced to space his air attacks after suffering serious losses. After all, it seems that the fruit was not as ripe as originally thought. The Spanish assault on the Rock is postponed sine die. Lieutenants José Fernández Rodríguez and Braulio Chamorro receive a phone call from the high command: dismantle the secret powder kegs of Campo de Gibraltar with the same prudence with which they mounted them.

Serrano remembers the meeting: «Hitler? There was a lot of vulgarity in his figure and movements, but his powerful gaze caught my attention […]; this and his indisputable mental strength, his dialectical mastery and his impression of security were revelations of a relevant personality […]; his dominant attitude was serenity, calm and order […]. When we got up from the armchairs to move to a central table where there were plans and maps, I observed that he walked like a cat without the slightest abandonment. Instead, once there he would drop carelessly onto the table, grab a pair of presbyopic glasses, and take on the peaceful appearance of a German bourgeois. ‘
The long report that Serrano sends to Franco tells the cordial interview: «He told me that he was very happy to meet me personally. Who knew that you and I (thankfully) personally inspired the articles in Arriba that were actually the only interesting political form of relationship between Germany and Spain that was maintained. (And to think, I said to myself, that I have had to do it almost clandestinely with no support other than yours and with the hostility of some ministers.) Your prestige here today – I think I appreciate coldly – is still totally intact. Not so that of Spain with all its old bad habits, its burglars and its calamities, but yours, that of the hope of a better Spain and that of the race ».
Serrano is almost relieved that Hitler is engaged in a long monologue on the state of war and the guidelines to be followed in the future for the creation of the New Order.
Europe and Africa form a whole, he explains, as do the two Americas. Northern Europe is already insured, because England is practically defeated. It would already be if it weren’t for the weather making Luftwaffe operations difficult, ”he says. Now we must deal with Africa and the South Atlantic. The priority is to snatch the English Gibraltar. This, combined with the Italian occupation of Suez (Graziani is advancing uncontrollably along the coast), will mean the expulsion of the English from the Mediterranean. Incidentally, Minister Ribbentrop here has informed me that the Caudillo needs heavy artillery to take Gibraltar. I think it will not be necessary, because we will be able to beat it even more effectively with attacks from our Sturzkampfflugzeug. As for the safety of the Spanish Atlantic coast, threatened by the British Navy, when Spain enters the war, there is nothing to fear. We already have plans to move bombers that will effectively protect it. Our air domain will cover the European coast from Norway to North Africa. The only thing we lack to fully dominate the South Atlantic are a few bases on the Maghreb coast and some Canary Island.

Hitler, the owner of Europe, has plenty of forces to conquer Spain if he wants to. Franco feels as Charles IV would feel when he came to Bayonne at Napoleon’s call. That Bourbon abdicated cowardly in French, one of the most shameful pages in our history. Franco is aware of the parallelism. He does not intend to tarnish his brilliant career by incurring such a shameful capitulation. He will oppose Hitler with reason and, if necessary, with arms.
That is also the opinion of the six military members of the Defense Board that Franco has gathered on the eve of the trip to outline the strategy that Spanish diplomacy must follow. Also attending is Serrano Suñer, the brand new Foreign Minister.

Welser and Amélie lived the rest of their lives in America, the first two years in Uruguay and the rest on the outskirts of Buenos Aires. First they exploited a huge hacienda, San Bonoso, which they were able to acquire after an advantageous commercial operation. Then they expanded the business to a major insurance company they named El Joyel.
Amélie passed away from kidney failure in 1983, at the age of 68. Welser deposited her ashes, as she had requested, at Sidi Chamharouch’s grave in Morocco.
Francisco Bobadilla Figueroa-Meneses, known to Welser, passed away at the Hospital Universitario Austral de la Recoleta (Buenos Aires) in 2001, at the age of 93. His remains rest in a simple niche in the Chacarita cemetery. He left his considerable fortune to a charity and the Peruvian maid Gisela Chupanqui, who had assisted him in his later years.
Friar Justo Pérez de Urbel died in 1979 in Cuelgamuros, at the age of 84, after having been first abbot of the monastery of Santa Cruz del Valle de los Caídos, national councilor of the Movement and attorney in Cortes.
Ildefonso López Puerta, known as El Chato Puertas, amassed a considerable fortune in companies with different depths, especially real estate agencies specializing in housing developments and beach paving. He died in 2007 at the age of 94, in the arms of Vitorita, with whom he had married after being widowed and after she was released from prison, and surrounded by a group of avid heirs. His last words are doubtful if they were “Son, close the door” or “Fuck you all.”

The break wagon that brought Franco to his interview in Hendaye remains collapsed in a warehouse in Almazán (Soria), like Bécquer’s harp in the dark corner of the room, waiting for the necessary funds to restore it. See if the Association for the Recovery of Historical Memory is encouraged.
El Estanque (the pond) diamond was auctioned in London in 2008 by its owners, the heirs of the Mexican millionaire Carlos de Beistegui and Yturbe. It is believed to have been acquired by the emir Abdala ben Rashid al Nahiyan, whose fortune is estimated to be among the five largest in the world.

Books from the author commented in the blog:

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La Frontera Del Lobo — Sarah Wolf / The Wolf Border: A Novel by Sarah Hall

Tengo este libro de una amiga amiga escocesa, un libro maravilloso. La autora es fluida y lírica y tiene un gran sentido del lugar: en este libro, primero el oeste americano y luego el distrito de los lagos del norte de Inglaterra. Su personaje principal, Rachel, es especialista en el comportamiento del lobo y se le paga generosamente para regresar a su Cumbria natal para reintroducir un par de lobos para un aristócrata rico. Hall claramente ama y sabe mucho acerca de los lobos. Ella parece no estar tanto en casa tratando con Rachel y su muy extraño hermano, ambos con una mala cicatriz por la crianza de su fallecida madre de vida libre, Binnie, quien parece estar sobre sus dos hijos adultos en esta historia. Rachel dio a luz a un bebé al principio de su nueva publicación, engendrada por un amigo de una pareja de una noche en los EE. UU., Y le pregunta si debe contarle a su antiguo amante que tiene un hijo. Me encantó el libro por su lenguaje fluido, sus descripciones de North Country y la historia de amor bastante interesante que involucra a Rachel y el veterinario local. Pensé que Hall tenía problemas para terminar este libro. “A ella le gustaría creer que habrá un lugar, una vez más, donde las luces de la calle terminen y comience el desierto. La frontera del lobo”. En este tapiz evocador, metafóricamente rico y sensual del lenguaje y el paisaje, Sarah Hall explora el contexto de las fronteras (física, personal y psicológica) a través del viaje fundamental de una mujer hacia la redención. Rachel Caine, zoóloga de cuarenta años, regresa a su natal Cumbria, Inglaterra, después de haber trabajado durante más de una década en un proyecto de recuperación de lobo en Idaho. El enigmático conde de Annerdale, Thomas Pennington, la contrató para dirigir un proyecto de recuperación de lobo en su gran finca, en la región del Distrito de los Lagos, cerca de la frontera con Escocia. Pretende reintroducir al lobo gris en Inglaterra después de más de 500 años. Él tiene los medios, el dinero, la astucia y la tierra. Rachel, después de rechazarlo inicialmente, se encuentra en una encrucijada crítica en su vida, debido a los cambios que requieren una acción madura y decisiva. Rachel ha estado alejada de su hermanastro, Lawrence, y hay una nueva posibilidad de reparación y conexión. Su madre, Binny, con quien siempre ha tenido una relación difícil, acaba de morir, dándole espacio para regresar. A pesar del conflicto, compartían una actitud sólo sexual hacia los hombres y un aislamiento aislado de la familia. Sin amor. Sin compromiso. Las fronteras nunca se cruzarían, las fronteras se apretarían, el corazón en el exilio. Cuando se violan sus propias reglas de la naturaleza, ella abandona Idaho para volver a casa, para enfrentar a los fantasmas de su pasado.

“Annerdale aparece como un mito fuera de la bruma, una tierra santa, hecha artificialmente pero gloriosamente convincente”.

Hall nutre la naturaleza y la cría en conjunto, cubriendo la narrativa con imágenes antiguas y fábulas, y con el nacimiento, la muerte, las fronteras, las brechas, los espacios liminales y las fronteras. Rachel se asemeja a los lobos en la historia, incluso en la forma en que atrae a los hombres, tiene relaciones sexuales a cuatro patas en una camioneta de cazadores, el olor a sangre de un cadáver de ciervo que huele el aire. Los lobos son de naturaleza casi mística: “Un perro antes de que se inventaran los perros. El dios de todos los perros”. A medida que el proyecto avanza, los dos lobos, Ra y Merle, se mueven de un área en cuarentena a la expandida, listos para aparearse. La respuesta pública a la reintegración de los lobos es a menudo una de histeria, una “paranoia casi bíblica”, la imaginación colectiva de miedo. Además, el referéndum escocés está sobre la mesa (más analogías con las fronteras, la independencia, la interdependencia) y Hall invita a más mitos aquí a medida que la historia alterna y trenzas de manera conmovedora en la historia. Las estaciones son espléndidas en sus descripciones, el entorno hecho visceral. “Capullos y flores; hay una dulce fragancia espermática en el aire, un aroma exquisito e intolerable”. Hay un sentido de lo primitivo: “La nieve comienza a derretirse y el hielo debajo se revela como un vidrio roto, las armas en un tesoro sajón, instrumentos de caos”. Cambios en la tierra, “Cuando el clima se levanta, se siente como si hubiera pasado un evento terrible y convulsivo: aborto involuntario o incautación”. Y de otro mundo: “Una fina cáscara de luna está cortada en el cielo … sobre el horizonte está el sol pálido, casi abandonado … No le sorprendería ver otra serie de lunas cubriendo los cielos … “Han entrado en la mitología, o en un recuerdo de la religión”. Los lobos, y Rachel, simbolizan la recuperación, la restauración y el proceso de curación que ha comenzado. Sin embargo, si estás buscando una historia de lobos, puedes sentirte decepcionado. Los depredadores forman un marco para la historia más grande, que es uno de familia, forjando intimidades y la naturaleza de las fronteras. Los lobos aparecen al principio y al final, pero en el cuerpo de la historia, sirven principalmente como fondo y simbolismo. La trama es delgada y secundaria al tema, los conflictos se resolvieron rápidamente en el camino. La acción es pasiva, y los meandros, como los personajes, pero la tensión aumenta de manera emocionante hacia el final. Este es un libro que mastica suavemente, en pequeños momentos, y no devora, y la latencia es parte de su diseño. Cuando terminé el último capítulo, sentí que había cruzado un umbral con Rachel, el cálculo completo. No diré quién es el centro moral, a pesar de que solo es un problema menor revelar un personaje posterior, pero es alguien que obliga a Rachel a evolucionar. Las viejas fronteras se disuelven en coyunturas, los recintos se abren y los fantasmas oscuros se liberan del cautiverio final.

La evasión fiscal es otra cosa. En Gran Bretaña hay un pacto entre los de arriba. Las cosas no cambiarán nunca: da lo mismo quién gobierne o a cuántas estrellas del rock de origen proletario decida Su Majestad nombrar caballeros.

La valla tiene una altura de más de tres metros y medio, el límite que pueden saltar los lobos, y está inclinada hacia dentro en la parte superior, en un ángulo de cuarenta y cinco grados. No está electrificada ni tiene alambre de espino. Mientras la recorre, Rachel comprueba que han tenido cuidado de no construirla cerca de ningún punto elevado: árboles, tapias o promontorios. En ese caso podrían saltarla. Más de una vez los ha visto escalar un obstáculo casi vertical para perseguir alguna presa pequeña, algún marsupial. En Yellowstone, uno de los rancheros le contó que había visto a un lobo subirse al lomo de un alce para impulsarse y atacar a otro alce.

La primavera no tarda en dar paso al verano. El follaje se vuelve más denso y la luz que llega por encima de las montañas, al oeste, es ahora más plana. La silueta de seis lobos se dibuja en los páramos de Cumbria. Ya no son extraños a su entorno: nunca lo han sido. Rachel no significa nada para ellos. Tienen todo lo que necesitan. Las manadas de ciervos aumentan con la llegada de las crías, de piernas tan finas y rígidas que parecen a punto de morir, tropiezan y caen al suelo cuando intentan levantarse, pero son capaces de correr a los pocos minutos de nacer, de dejar la placenta húmeda como un saco arrugado encima de la hierba. Y corren: los ciervos ya no se quedan en los páramos o en los largos valles; evitan las zonas en las que es posible una emboscada, en las que ya han caído muchos de ellos. Se han reprogramado por completo y respetan las leyes. Sus centinelas olfatean el viento y otean el horizonte. Un fantasma merodea entre los árboles, se escabulle entre el brezo, puede que no sea nada, un simple olor que trae el viento, en el que detectan una amenaza. Pacen deprisa y siguen su camino. El momento del ataque llega como una explosión: una mecha que prende en un extremo de la manada, un estallido de miedo que se propaga entre todos. Los que están más cerca del peligro salen en estampida, sabiéndose elegidos, y la manada los sigue como si toda la tierra murmurara. Se derraman como una avalancha por la llanura, perseguidos sin demasiado esfuerzo, con una prodigiosa resistencia evolutiva, y trepan por una ladera. Unos se cansan antes que otros, la víctima no se rinde sin ofrecer una mínima resistencia. El lobo se acerca, se acerca.

La orografía de las montañas del noroeste les impide encontrar a los lobos el primer día. Los picos se adentran en el cielo y tienen que dar un rodeo para esquivarlos. Nieve en los Grampians, una sucesión de cimas grandes y blancas desplegadas como una versión en serio de los montes de Cumbria, con lagunas y lagos de montaña de color azul acero, llenos de truchas y salmones. Pequeñas poblaciones remotas desperdigadas aquí y allá; un palacio blanco en miniatura, con torres blancas; el antiguo remonte que sube hasta las pistas de esquí de Glencoe y sus carreteras sinuosas inmortalizadas por una canción.

Los receptores seguían funcionando. La señal empezó a emitir pitidos cuando llevaban diez minutos de vuelo, y no tardaron en ver a los lobos, atravesando un valle estrecho en fila india. El lomo oscuro y las patas largas, las colas enmarañadas. La avioneta pasó por encima, trazó un círculo y siguió la trayectoria de los cuatro animales. Los vieron entrar, trotando, en los alrededores de Rannoch, donde la turba seguía teñida de sangre del otoño, como un campo de batalla; los helechos rojos empezaban a desaparecer con las primeras nevadas.

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I’ve got this book from a scot friend gal, a wondrous book. She is fluent and lyrical and has a great sense of place – in this book first the American West and then, the Lake District of northern England. Her lead character, Rachel, is a specialist in wolf behavior and is paid handsomely to come back to her native Cumbria to reintroduce a pair of wolves for a wealthy aristocrat. Hall clearly loves and knows a lot about wolves. She seems not quite as much at home dealing with Rachel and her very odd brother, both badly scarred by their upbringing by their deceased free-living mother, Binnie, who seems to hover over her two adult children in this story. Rachel gives birth to a baby early on in her new posting, fathered by a friend from a one-night stand in the U.S., and she dithers over whether to tell her former lover that he has a son.

I loved the book for its flowing language, its descriptions of the North Country, and the rather cool love story involving Rachel and the local veterinarian. I thought Hall had trouble ending this book.

“She would like to believe there will be a place, again, where the streetlights end and the wilderness begins. The wolf border.”
In this evocative, metaphorically rich, and sensual tapestry of language and landscape, Sarah Hall explores the context of borders–physical, personal, and psychological–through one woman’s pivotal journey toward redemption. Forty-year-old zoologist Rachel Caine is returning to her native Cumbria, England, after working for over a decade in a wolf recovery project in Idaho. The enigmatic Earl of Annerdale, Thomas Pennington, has hired her to lead a wolf re-wilding project on his large estate, in the Lake District region, close to the Scottish border. He aims to re-introduce the grey wolf to England after over 500 years. He has the means, the money, the cunning, and the land. Rachel, after initially turning him down, finds herself at a critical crossroads in her life, due to changes requiring mature and decisive action.
Rachel has been long estranged from her half-brother, Lawrence, and there’s a fresh chance for reparation and connection. Their mother, Binny, with whom she’s always had a difficult relationship, has just died, giving her space to return. Despite conflict, they shared a sex-only attitude toward men and a detached isolation from family. No love. No commitment. Boundaries were never to be crossed, the borders tight, the heart in exile. When her own rules of nature are breached, she leaves Idaho for home again, to face the ghosts of her past.

“Annerdale appears like a myth out of the haze, a holy land, artificially made but gloriously convincing.”

Hall mines nature and nurture together, suffusing the narrative with ancient and fable-like imagery, and with birth, death, borderlines, breaches, liminal spaces, and frontiers. Rachel is likened to the wolves in the story, even the way she lures men, has sex on all fours in a hunter’s truck, the smell of blood from a deer carcass scenting the air. The wolves are almost mystic in nature, “A dog before dogs were invented. The god of all dogs.”
As the project progresses, the two wolves, Ra and Merle, move from a quarantined area to the expanded one, ready to mate. The public response to wolf reintegration is often one of hysteria, an “almost biblical paranoia,” the collective imagination one of fear. Moreover, the Scottish referendum is on the table–more analogies to borders, independence, interdependence– and Hall invites more myth here as an alternate history plays out and braids poignantly into the story.
The seasons are splendid in their descriptions, the setting made visceral. “Buds and blossom; there’s a sweet, spermy fragrance in the air, a scent both exquisite and intolerable.” There’s a sense of the primitive, “The snow begins to melt and the ice beneath reveals itself like broken glass, the weapons in a Saxon hoard, instruments of havoc.” Shifts in the earth, “When the weather lifts, it feels as if a dire, convulsive event has passed: miscarriage or seizure.” And other-worldly: “A fine rind of moon is cut out of the sky…above the horizon is the pale, near-derelict sun…She would not be surprised to see another set of moons studding the heavens…they have entered mythology, or a memory of religion.”
The wolves, and Rachel, symbolize reclamation, restoration and the healing process that has begun. However, if you are seeking a wolf story, you may be disappointed. The predators form a framework for the larger story, which is one of family, forging intimacies, and the nature of borders. The wolves appear at the beginning, and the end, but in the body of the story, they serve as mostly background and symbolism.
The plot is thin and secondary to theme, the conflicts quickly resolved along the way. The action is passive, and meanders, like the characters, but the tension mounts thrillingly toward the end. This is a book you gently chew, in small moments, and not devour, and the latency is part of its design. When I finished the last chapter, I felt I had crossed a threshold with Rachel, the reckoning complete. I won’t say who the moral center is, even though it is only a minor spoiler to reveal a later character, but it’s someone who compels Rachel to evolve. The old borders dissolve into junctures, the enclosures open, and the dark ghosts are liberated from final captivity.

Tax evasion is another thing. In Great Britain there is a pact among those above. Things will never change: it does not matter who governs or how many rock stars of proletarian origin decide His Majesty to appoint knights.

The fence has a height of more than three and a half meters, the limit that the wolves can jump, and is inclined inward at the top, at an angle of forty-five degrees. It is not electrified nor does it have barbed wire. While walking through it, Rachel proves that they have taken care not to build it near any high point: trees, walls or promontories. In that case they could skip it. More than once he has seen them climb an almost vertical obstacle to pursue some small prey, some marsupial. In Yellowstone, one of the ranchers told him that he had seen a wolf climb the back of an elk to propel himself and attack another moose.

Spring soon gives way to summer. The foliage becomes denser and the light that reaches over the mountains, to the west, is now flatter. The silhouette of six wolves is drawn in the fells of Cumbria. They are no longer strangers to their environment: they never have been. Rachel does not mean anything to them. They have everything they need. The herds of deer increase with the arrival of the young, with legs so thin and rigid that they seem to die, they stumble and fall to the ground when they try to get up, but they are able to run a few minutes after birth, to leave the placenta wet as a crumpled sack on the grass. And they run: the deer no longer stay in the páramos or in the long valleys; they avoid the areas where an ambush is possible, in which many of them have already fallen. They have been reprogrammed completely and they respect the laws. His sentinels sniff the wind and scan the horizon. A ghost wanders among the trees, slips among the heather, it may not be anything, a simple smell that brings the wind, in which they detect a threat. Pace quickly and continue on your way. The moment of the attack comes like an explosion: a wick that lights up at one end of the pack, a burst of fear that spreads among all. Those who are closest to danger come out in a stampede, knowing they are chosen, and the herd follows them as if the whole earth were murmuring. They spill like an avalanche across the plain, pursued without too much effort, with prodigious evolutionary resistance, and climb up a slope. Some get tired before others, the victim does not give up without offering a minimum resistance. The wolf approaches, approaches.

The orography of the mountains of the northwest prevents them from finding the wolves on the first day. The peaks go into the sky and have to make a detour to avoid them. Snow on the Grampians, a succession of large, white tops unfolded like a serious version of the Cumbria Mountains, with steel-blue lagoons and mountain lakes, full of trout and salmon. Small remote populations scattered here and there; a white miniature palace, with white towers; the old ski lift that climbs up to the ski slopes of Glencoe and its sinuous roads immortalized by a song. The receivers were still working. The signal began to beep when it was ten minutes into the flight, and soon the wolves passed through a narrow valley in single file. The dark back and the long legs, the tangled tails. The plane passed over, drew a circle and followed the path of the four animals. They saw them enter, trotting, around Rannoch, where the mob was still dyed with autumn blood, like a battlefield; the red ferns began to disappear with the first snowfall.

Los Caminos Del Mundo: Viaje Desde Yugoslavia Hasta La Frontera Con La India — Nicolás Bouvier / The Way of the World by Nicolas Bouvier

Un libro maravilloso. Eran los años 50, y dos autores salieron a la carretera. Desde que lo leí, creo que el trabajo de Jack Kerouac, con el título del tema, está muy sobrevalorado. Se movía de un lado a otro entre los océanos que abarcan América, y parecía ver tan poco. Pero Nicolas Bouvier, siete años más joven, era mucho más perspicaz, y emprendió un viaje más audaz y arduo, en un destartalado Fiat, con su compañero artista Thierry Vernet.
A los 25 años simplemente no contaban con los recursos financieros para emprender el viaje, por lo que “tenían que irse en brazos”, y más de una vez se beneficiaron de la amabilidad de los extraños. Como epígrafe, cita a Shakespeare: “Me iré y viviré, o me quedaré y moriré”. Y para aquellos que lo han hecho, el final de su prefacio parece verdadero: “Viajar supera sus motivos. Pronto se demuestra que es suficiente en sí mismo. Piensas que estás haciendo un viaje, pero pronto te está haciendo o deshacerte”.
Bouvier fue uno de los pioneros de lo que se conocería como la “ruta hippie a la India” en los años 70. Es suizo francés, de Ginebra; se encuentra con Thierry en Yugoslavia. Viajan a través de Grecia, Turquía, Irán, Pakistán y hacia Afganistán, con el libro, pero no el viaje (aparentemente) que termina en el Paso Khyber, entre Afganistán y Pakistán. Les lleva 18 meses completar esta parte (“invernaron” en Tabriz, Irán). Ambos tienen un sentido estético asombrosamente bien desarrollado, y están muy bien informados en una amplia gama de campos, especialmente para su edad. Y son observadores, tanto de su entorno, como de la naturaleza humana. Tienen una “habilidad” para tratar con los funcionarios del gobierno y la gente de la carretera.
Bouvier hace girar numerosos aforismos memorables: “Es muy extraño que las revoluciones que profesan saber que la gente tiene muy poco en cuenta sus sensibilidades y que recurren a eslóganes y símbolos que son incluso más simples que los que reemplazan”; o, en términos de viaje, “Nos negamos todos los lujos, excepto uno, el de ser lentos”. Teniendo en cuenta dónde estamos ahora, siempre enchufados y “en línea”, Bouvier hace una observación increíblemente presciente para los años 50: “Carecen de tecnología: queremos salir del callejón sin salida al que nos ha llevado demasiada tecnología, nuestras sensibilidades saturadas hasta el noveno grado con información y una cultura de distracciones “.
Considere sus poderes descriptivos y su comprensión en la siguiente observación: “Pasó el tiempo preparando té, el extraño comentario, los cigarrillos, y luego amaneció. La luz cada vez mayor captó el plumaje de codornices y perdices … y rápidamente dejé caer este maravilloso momento. en el fondo de mi memoria, como una hoja de anclaje que un día podría volver a dibujar … Al final, la base de la existencia no está formada por la familia, el trabajo, o lo que otros dicen o piensan de ti. , pero en momentos como este cuando eres exaltado por un poder trascendente que es más sereno que el amor. La vida los prescinde parsimoniosamente; nuestros débiles corazones no podrían soportar más “.
Este es también un libro que debe ser requerido para el personal militar estadounidense: “Los afganos no cambian sus costumbres para los occidentales. No había rastro de la falta de espionaje con la que algunos indios de segunda clase los saludan, o los falsos poderes psíquicos”. algunos afirman. ¿Es el efecto de las montañas? No, es más bien que los afganos nunca han sido colonizados … Por lo tanto, no hay ninguna afrenta para lavar, no hay complejos que curar. ¿Un extranjero? Simplemente un hombre “.
Las mejores partes del libro fueron su tiempo en Yugoslavia, “Kurdistán”, y en el bar Saki en Quetta. Tal vez sea la naturaleza del viaje, pero sentí que sus anécdotas eran demasiado inconexas. Hubo numerosos problemas que nunca se explicaron, pero fueron fundamentales para el viaje: ¿Por qué el invierno en el frío de Tabriz, cuando hubiera sido mucho más agradable en Shiraz? ¿Por qué terminar el libro como lo es para entrar en Pakistán, y aparentemente había mucho más viajando por delante? ¿Cómo volvieron a Europa? ¿Tuvo su reunión con Thierry y su nueva novia? Su viñeta de buscar en el “basurero” de Quetta su manuscrito perdido es memorable; pero subraya el hecho de que todas las notas de su viaje se perdieron allí, y solo 10 años después se reconstruyó la cuenta de esta forma. Finalmente, aunque sus observaciones sobre el Islam parecían estar bien informadas, hizo que el siglo de Hégira se equivocara: era el XIV (p 98).

Nicolas Bouvier relata su joven wanderjahr, en realidad un año y medio, con un pintor amigo, conduciendo a un delicado biplaza desde su ciudad natal de Ginebra hasta Afganistán desde 1953 hasta 1954. joven entonces, a mediados de la década de los 20, pero escribió el libro más tarde, lo publicó por primera vez en 1963. Es un libro encantador, lleno de esperanza juvenil, personas de todas las profesiones y anécdotas coloridas. Es un mundo que ya no existe: la Yugoslavia comunista antes de la guerra civil lo destrozó; Turquía todavía se abre camino en el mundo; Irán en los primeros días del Sha, pocos meses después del derrocamiento de Mossadegh.
Bouvier y Thierry Vernet, su compañero de viaje, buscan trabajo periódicamente para refrescar sus escasos fondos: escritura independiente para Bouvier, exposiciones de arte para Vernet. Son las interacciones con las personas que se encuentran en estos esfuerzos lo que le da al libro un atractivo especial: Bouvier tiene la habilidad de contar anécdotas que cobran vida en toda su cotidianidad.
A fines de 1953, la pareja aterrizó en Tabriz, en el noroeste de Irán, y su pequeño automóvil no pudo atravesar los pases cubiertos de nieve que conducen a Teherán y se dirigen hacia el este. Encuentran un apartamento barato en Armenistán, el barrio armenio cristiano, y se instalan, Bouvier enseña francés a estudiantes desesperadamente desesperados. El retraso en Tabriz no tiene precio para nosotros: Bouvier pinta un cuadro de la vida cotidiana tan real, y ahora tan lejano, que duele por su intensidad. Una pequeña muestra: cuenta la historia de la hija de un vecino, una niña armenia enamorada de un niño musulmán y la imposibilidad de sus vidas. Se mata junto con su amante en lugar de verse obligada a vivir aparte.
Con el deshielo primaveral, los dos viajeros se arrastran hacia Teherán, luego a través del este de Irán hasta el recién nacido Pakistán, y terminan en Afganistán, retrocediendo en el tiempo antes de que el mundo moderno se entrometiera.
El Camino del Mundo contiene muchos pasajes que vale la pena frenar para reflexionar. Tómese un momento, cuando están justo al este de Erzurum, en el este de Turquía (que recuerdo bien, el cielo azul brillante de septiembre salpicado de remolinos de nubes, las torres de azulejos de los años 1100 deslumbrantemente azules):

“Pasó el tiempo preparando té, el extraño comentario, los cigarrillos, y luego amaneció. La luz que se ensanchaba captó el plumaje de codornices y perdices … y rápidamente dejé caer este maravilloso momento al fondo de mi memoria como una sábana de anclaje. El día podría volver a dibujarme. Te estiras, te mueves de un lado a otro sintiéndote sin peso, y la palabra “felicidad” parece ser delgada y limitada para describir lo que ha sucedido.

Holgazanear en un mundo nuevo es la más absorbente de todas las ocupaciones.
Entre el gran arco del puente sobre el Sava y la confluencia de este río con el Danubio, las afueras de la ciudad se convertían en una nube de polvo bajo el rigor del verano. El nombre de este lugar, Sajmiste (la feria), remite a lo que queda de una muestra agrícola que los nazis convirtieron después en campo de concentración. Durante cuatro años, aquí murieron centenares de judíos, miembros de la Resistencia y zíngaros. Belgrado se nutre de una magia rústica. Y eso que esta ciudad no tiene nada de pueblerina. Sin embargo, un influjo campestre la atraviesa y le confiere misterio. Es fácil imaginarse en ella al diablo oculto bajo la apariencia de un rico comerciante de ganado o de un sumiller con chaqueta desgastada, esforzándose por urdir tramas o tender trampas que, una y otra vez, acaba desbaratando el formidable candor yugoslavo. Vagué toda la tarde por la margen del Sava, intentando en vano inventar alguna historia. El kolo es el baile en círculo que hace girar a toda Yugoslavia, desde Macedonia hasta la frontera con Hungría. Cada provincia tiene su propio estilo. Existen centenares de temas y variantes, y basta con salir de las carreteras principales para ver bailar esta danza en todas partes. Pequeños kolo tristes, improvisados en los andenes de las estaciones de tren, entre las aves de corral y los cestos de cebollas, dedicados a un hijo que se va a hacer el servicio militar. Kolo vestidos de domingo bajo los avellanos, profusamente fotografiados por la propaganda de Tito, que cuida con mimo este arte nacional y envía a los rincones más perdidos de los campos a funcionarios «especialistas» para que anoten, en un compás de nueve por cuatro o de siete por dos, los trucos rítmicos de unos campesinos capaces de las síncopas más delicadas, de las disonancias más ingeniosas. Como es lógico, los músicos se benefician de esta exaltación del folclore. Aquí, un buen estilo con la flauta o el acordeón constituye un verdadero capital.

Prilep es una pequeña ciudad de Macedonia, rodeada de montañas de color amarillo rojizo, al oeste del valle del Vardar. La pista de tierra que viene desde Veles la atraviesa y desaparece a cuarenta kilómetros al sur, ante una barrera de madera cubierta de hiedra: es la frontera de Monastir con Grecia, cerrada desde la guerra. Hacia el oeste, una serie de caminos en mal estado conducen a la frontera con Albania, poco segura y herméticamente cerrada.
Rodeada por su cinturón de campos cultivados, Prilep despliega sus frescos adoquines y levanta dos minaretes tan blancos como si estuvieran lavados con lejía, unas fachadas con balcones panzudos devorados por el verdín y largas galerías de madera en las que, llegando el mes de agosto, la gente pone a secar uno de los mejores tabacos del mundo. En la plaza principal, entre los tarros blancos y oro de la farmacia y el estanco, un miliciano dormita, con el arma a los pies, delante de la tienda Libertad. Los dos hoteles rivales están situados uno frente al otro, en medio del estruendo de los altavoces del Jadran, que tres veces al día difunden el Himno de los partisanos y las noticias.

La vida nómada es sorprendente. En dos semanas conseguimos hacer mil quinientos kilómetros: Anatolia entera a toda velocidad. Una noche, llegamos a una ciudad ya a oscuras, en la que nos saludan estrechos balcones con columnas y varios pavos frioleros. En los pueblos de la zona, la mortalidad infantil es muy alta en el momento del destete, y después la disentería viene a reclamar también su parte. Las madres que ya han perdido a varios hijos pequeños y están esperando otro le prometen a Alá que se lo entregarán: si llega vivo a los dieciséis años, se convertirá en mulá o hará la peregrinación chiita a Kerbala,13 o bien cumplirá sus deberes con el Cielo procesionando en el muharram.

Entre Teherán y Qom, la carretera está asfaltada, pero agujereada por socavones profundos como brazos. A partir de Qom, es de tierra batida, y con tantas ondulaciones que hay que conducir por debajo de los veinticinco kilómetros por hora. Aquí y allá, la atraviesa en zigzag el resplandor color mostaza de una tarántula o la mancha oscura de un escorpión ocupado en sus asuntos. Buitres de tono mugriento se posan sobre los postes del telégrafo, cuando no se sumergen hasta la cola en el esqueleto de un perro pastor o de un camello. Nos interesa este bestiario especialmente porque, de día, la violencia de la luz y la vibración del aire caliente borran por completo el paisaje. Hacia las cinco de la tarde, el sol se pone rojo y, como si se pasara un trapo sobre un cristal empañado, se ve entonces aparecer, con una nitidez prodigiosa, esta llanura desierta por la que, según se dice, el ángel condujo a Tobías de la mano. Amarillenta, cuajada de matorrales pálidos. En el patio de la mezquita Real —Masjid-e Sah— cabría sin problemas un centenar de autobuses y tal vez incluso también Notre-Dame. La plaza, que ocupa uno de sus pequeños laterales, mide quinientos metros por casi doscientos. Antaño se celebraban en ella furiosos torneos de polo, y los jinetes que pasaban al galope ante la tribuna imperial parecían más pequeños que una «o» mayúscula mucho antes de que hubiesen llegado al fondo de la plaza. Bajo el puente de treinta arcos que atraviesa el Zayandeh Rud, se ven hormigas ocupadas en remolcar en dirección a los pilares algo así como sellos de colores; en realidad se trata de hombres que lavan alfombras de diez metros de largo.
En el siglo XVII, Isfahán era, con sus seiscientos mil habitantes, la capital del imperio y una de las ciudades más pobladas del mundo. Hoy en día, sin embargo, apenas tiene doscientos mil vecinos. Se ha convertido en «provincia», ha encogido, y sus inmensos y armoniosos monumentos safávidas…

Desierto de Baluchistan
La noche estaba azul; el desierto, negro, completamente silencioso, y nosotros, sentados al borde de la pista, cuando, de repente, un camión procedente de Irán se detuvo a nuestra altura. Saludos, charla. Uno de los hombres que viajaban sobre los sacos bajó rápidamente a nuestro encuentro, estrechando contra su pecho una maleta de fibra. La abrió y nos ofreció a cada uno una cajetilla de cigarrillos Ghorband, finos, con una pálida inscripción en persa cerca de uno de sus extremos, de sabor refinado, algo áspero, con un ligero toque distinguido de duelo, desgaste y olvido. Como Persia.
A dos días de la frontera, pensábamos en ella con ternura; la veíamos, a Persia, como un amplio espacio nocturno con azules muy dulces, compasivos. De ese modo, ya le hacíamos justicia.

El paso de Koyak está cuidadosamente mantenido por el Ejército y asciende a través de bruscas pendientes por un paisaje cubierto de montones de piedras humeantes. En la parte baja de la segunda cuesta, el motor se ahogó. ¡No hay nada como los viajes a pie! De buena gana habríamos regalado aquel coche… Pero ¿a quién? No había un alma en treinta kilómetros a la redonda. Sin demasiada confianza, limpiamos el distribuidor y las bujías, y ajustamos el avance. El sol estaba en su cenit. Ya no nos quedaban cigarrillos. Por si fuera poco, la fiebre me volvía tan torpe que metí la mano izquierda en el ventilador: me rajó cuatro dedos hasta el hueso y me hizo dar un respingo hacia la carretera, con la respiración entrecortada por el dolor. Thierry me envolvió la mano en toallas para frenar la hemorragia. Aquella fue la única vez en todo el viaje que utilizamos la morfina que llevábamos. Obró maravillas: empujar, tirar y colocar calzos con aquella mano fuera de uso me pareció un juego de niños. A las cinco de la mañana estábamos en la cima. Un viento fresco nos golpeaba la cara. Desde arriba, distinguimos la mancha leprosa de la ciudad de Chaman y la llanura afgana, que se extiende hacia el norte, más allá del horizonte, en medio de una bruma luminosa.

En Kabul, aquellos a los que les preguntaba por el Jáiber nunca encontraban las palabras adecuadas para describírmelo: «… Inolvidable, sobre todo la luz… o la escala… o quizás el eco. ¿Cómo explicártelo?…». Después se atrevían a intentarlo, se rendían y, durante unos instantes, me daba cuenta de que habían regresado mentalmente a aquel puerto, que volvían a ver las mil caras y los mil vientres de la montaña, deslumbrados, transportados, fuera de sí mismos, como la primera vez. Ni diez años de viaje habrían sido suficientes para pagar aquello. Ese día, creí realmente que había ganado algo y que mi vida cambiaría con ello. Pero las cosas de esta naturaleza jamás se conquistan para siempre. Como el agua, el mundo te atraviesa y, por un tiempo, te presta sus colores. Después se retira y te vuelve a dejar ante ese vacío que llevas dentro, ante esa especie de carencia central del alma que hay que aprender a sobrellevar, a combatir, y que, paradójicamente, es, quizás, nuestro motor más seguro.

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A wondrous book. It was the `50’s, and two authors hit the road. Since having read it, I think that Jack Kerouac’s work, with the subject title is vastly overrated. He bounced back and forth between the oceans that encompass America, and seemed to see so little. But Nicolas Bouvier, seven years younger, was so much more perceptive, and undertook a bolder and more arduous journey, in a beat-up Fiat, with his artist companion Thierry Vernet.
At 25 they simply did not have the financial resources to undertake the trip, so they “had to wing it,” and more than once benefited from the kindness of strangers. As an epigraph, he quotes Shakespeare: “I shall be gone and live, or stay and die.” And to those that have done it, the end of his preface rings true: “Traveling outgrows it motives. It soon proves sufficient in itself. You think you are making a trip, but soon it is making you – or unmaking you.”
Bouvier was one of the trail-blazers along what would become known as the “hippie route to India” in the `70’s. He is Swiss French, from Geneva; he meets Thierry in Yugoslavia. They travel on through Greece, Turkey, Iran, Pakistan, and into Afghanistan, with the book, but not the journey (apparently) ending at the Khyber Pass, between Afghanistan and Pakistan. It takes them 18 months to complete this portion (they “wintered” in Tabriz, Iran). They both have an astonishingly well-developed aesthetic sense, and are quite knowledgeable in a broad range of fields, particularly for their age. And they are observant, both of their surroundings, and human nature. They have a “knack” for dealing with government officials, and the people of the road.
Bouvier spins numerous memorable aphorisms: “It’s very odd how revolutions which profess to know the people take so little account of their sensibilities, and fall back on slogans and symbols that are even more simple-minded than the ones they’re replacing”; or, in terms of travel, “We denied ourselves every luxury except one, that of being slow.” Considering where we are now, always plugged in, and “on-line,” Bouvier makes an incredibly prescient observation for the `50’s: “They lack technology: we want to get out of the impasse into which too much technology has led us, our sensibilities saturated to the nth degree with Information and a Culture of distractions.”
Consider his descriptive powers, and insight in the following observation: “Time passed in brewing tea, the odd remark, cigarettes, then dawn came up. The widening light caught the plumage of quails and partridges…and quickly I dropped this wonderful moment to the bottom of my memory, like a sheet-anchor that one day I could draw up again…In the end, the bedrock of existence is not made up of the family, or work, or what others say or think of you, but of moments like this when you are exalted by a transcendent power that is more serene than love. Life dispenses them parsimoniously; our feeble hearts could not stand more.”
This is also a book that should be required reading for the American military general staff: “The Afghans don’t change their ways for Westerners. There was no trace of the spinelessness some second-rate Indians greet you with, or the phony psychic powers some of them claim. Is it the effect of the mountains? No, it’s rather that the Afghans have never been colonized…. Thus there is no affront to wash away, no complex to heal. A foreigner? Simply a man.”
The best portions of the book were their time in Yugoslavia, “Kurdistan,” and at the Saki bar in Quetta. Perhaps it is the nature of travel, but I felt his anecdotes were too disjointed. There were numerous issues that were never explained, yet were central to the trip: Why winter in the bitter cold of Tabriz when it would have been much more enjoyable in Shiraz? Why end the book as he is to enter Pakistan, and there was apparently much more traveling ahead? How did they get back to Europe? Did he have his reunion with Thierry, and his new bride? His vignette of searching the Quetta “dump” for his lost manuscript is memorable; but it underscores the fact that all notes of his journey were lost there, and it was only 10 years later that the account was reconstructed in this form. Finally, though his observations about Islam seemed well-informed, he did get the Higerian century wrong – it was the 14th (p 98).

In The Way of the World, Nicolas Bouvier recounts his youthful wanderjahr–actually a year and a half–with a painter pal, driving a finicky two-seater from his hometown of Geneva all the way to Afghanistan from 1953 to 1954. He’s young then–in his mid-20s–but wrote the book later, self-publishing it first in 1963. It’s a lovely book, full of youthful hope, sharply observed people from all walks of life, and colorful anecdotes. It’s a world long since gone: Communist Yugoslavia before civil war rent it apart; Turkey still feeling its way in the world; Iran in the early days of the Shah, mere months after the overthrow of Mossadegh.
Bouvier and Thierry Vernet, his traveling companion, search for work periodically to refresh their meager funds: freelance writing for Bouvier, art exhibitions for Vernet. It’s interactions with the people they meet in these efforts that gives the book its special appeal–Bouvier has a knack for telling anecdotes that come alive in all their ordinariness.
By late 1953, the pair have landed in Tabriz, in northwestern Iran, their little car unable to make it through the snow-covered passes that lead to Tehran and points farther east. They find a cheap apartment in Armenistan, the Christian Armenian quarter, and settle in, Bouvier teaching French to quietly desperate students. The delay in Tabriz is priceless for us: Bouvier paints a picture of daily life so real, and now so long gone, that it’s aching in its poignancy. One tiny sample: he tells the story of a neighbor’s daughter, an Armenian girl in love with a Muslim boy, and the impossibility of their lives. She kills herself along with her lover rather than be forced to live apart.
With the spring thaw, the two travelers straggle into Tehran, then across eastern Iran to newly born Pakistan, and end up in Afghanistan, cast back in time before the modern world intruded.
The Way of the World contains many passages worth slowing down to ponder. Take one moment, when they are just east of Erzurum in eastern Turkey (which I remember well, the bright blue September sky streaked with swirls of clouds, the tiled towers from the 1100s dazzlingly azure):

“Time passed in brewing tea, the odd remark, cigarettes, then dawn came up. The widening light caught the plumage of quails and partridges … and quickly I dropped this wonderful moment to the bottom of my memory like a sheet anchor that one day I could draw up again. You stretch, pace to and fro feeling weightless, and the word `happiness’ seems to thin and limited to describe what has happened.

Lounging in a new world is the most absorbing of all occupations.
Between the great arch of the bridge over the Sava and the confluence of this river with the Danube, the outskirts of the city became a cloud of dust under the rigor of summer. The name of this place, Sajmiste (the fair), refers to what remains of an agricultural sample that the Nazis later turned into a concentration camp. For four years, hundreds of Jews, members of the Resistance and Gypsies died here. Belgrade is nourished by a rustic magic. And that this city has nothing of a small town. However, a rural influence crosses it and confers mystery. It is easy to imagine in it the devil hidden under the guise of a rich merchant of cattle or a sommelier with a worn jacket, striving to weave plots or set traps that, again and again, ends up disrupting the formidable Yugoslav candor. I wandered all afternoon through the margin of the Sava, trying in vain to invent a story. The kolo is the circle dance that makes all of Yugoslavia turn, from Macedonia to the border with Hungary. Each province has its own style. There are hundreds of themes and variants, and it is enough to leave the main roads to see this dance dancing everywhere. Small sad kolo, improvised on the platforms of train stations, between poultry and onion baskets, dedicated to a son who is going to do military service. Kolo dressed in Sunday under the hazel trees, profusely photographed by the propaganda of Tito, who takes great care of this national art and sends to the most lost corners of the fields “specialist” officials to write down, in a nine-by-four compass or of seven by two, the rhythmic tricks of some peasants capable of the most delicate syncopations, of the most ingenious dissonances. As is logical, the musicians benefit from this exaltation of folklore. Here, a good style with the flute or the accordion constitutes a true capital.

Prilep is a small town in Macedonia, surrounded by reddish-yellow mountains, to the west of the Vardar valley. The dirt track that comes from Veles crosses it and disappears forty kilometers to the south, before a wooden barrier covered with ivy: it is the border of Monastir with Greece, closed since the war. To the west, a series of roads in poor condition lead to the border with Albania, unsafe and hermetically closed.
Surrounded by its belt of cultivated fields, Prilep unfolds its fresh paving stones and raises two minarets as white as if they were washed with bleach, some facades with panzad balconies devoured by verdigris and long wooden galleries in which, arriving in August, people put to dry one of the best cigars in the world. In the main square, between the white and gold jars of the pharmacy and the tobacconist, a militiaman dozes, with the gun at his feet, in front of the Libertad store. The two rival hotels are located facing each other, amidst the din of the Jadran’s loudspeakers, which broadcast the Partisan Hymn and the news three times a day.

Nomadic life is amazing. In two weeks we managed to make one thousand five hundred kilometers: whole Anatolia at full speed. One night, we arrived in a dark city, where we were greeted by narrow balconies with columns and several cold turkeys. In the villages of the area, infant mortality is very high at the time of weaning, and then dysentery comes to claim its share as well. Mothers who have already lost several small children and are waiting for another promise Allah that they will give it to him: if he arrives alive at sixteen, he will become mullah or will make the Shiite pilgrimage to Kerbala, 13 or else he will fulfill his duties with Heaven processioning in the muharram.

Between Tehran and Qom, the road is asphalted, but bored by deep tunnels like arms. From Qom, it is of beaten earth, and with so many undulations that you have to drive below twenty-five kilometers per hour. Here and there, zigzag through the mustard-colored glow of a tarantula or the dark spot of a scorpion busy in their affairs. Grimy vultures perch on the telegraph poles, when they do not sink to the tail in the skeleton of a shepherd dog or a camel. We are interested in this bestiary especially because, by day, the violence of light and the vibration of hot air completely erase the landscape. Towards five o’clock in the afternoon, the sun turns red and, as if passing a rag over a fogged glass, one can then see, with prodigious clarity, this deserted plain by which, it is said, the angel led Tobias by the hand. Yellowish, curd of pale bushes. In the courtyard of the Royal Mosque-Masjid-e Sah-would fit a hundred buses without problems and maybe even Notre-Dame. The square, which occupies one of its small sides, measures five hundred meters by almost two hundred. In the past, furious polo tournaments were held there, and the riders galloping past the imperial tribune seemed smaller than a capital “o” long before they had reached the bottom of the square. Under the bridge of thirty arches that crosses the Rud Zayandeh, ants are seen busy towing in the direction of the pillars something like colored seals; in reality it is men who wash carpets ten meters long.
In the seventeenth century, Isfahan was, with its six hundred thousand inhabitants, the capital of the empire and one of the most populated cities in the world. Today, however, it barely has two hundred thousand neighbors. It has become “province”, has shrunk, and its immense and harmonious Safavid monuments …

Desert of Baluchistan
The night was blue; the desert, black, completely silent, and us, sitting on the edge of the track, when, suddenly, a truck from Iran stopped at our height. Greetings, talk. One of the men traveling on the sacks came quickly to meet us, holding a fiber suitcase against his chest. He opened it and offered each of us a packet of Ghorband cigarettes, thin, with a pale inscription in Persian near one of its ends, with a refined taste, something rough, with a slight distinguished touch of mourning, wear and forgetfulness. Like Persia.
Two days from the border, we thought of her with tenderness; We saw her, in Persia, as a wide night space with very sweet, compassionate blues. In that way, we already did him justice.

The passage of Koyak is carefully maintained by the Army and ascends through steep slopes through a landscape covered with piles of smoking stones. In the lower part of the second hill, the engine drowned. There’s nothing like walking trips! We would have gladly given that car away … But to whom? There was not a soul in thirty kilometers around. Without too much confidence, we cleaned the distributor and the spark plugs, and adjusted the advance. The sun was at its zenith. We no longer had cigarettes. As if that were not enough, the fever made me so clumsy that I put my left hand in the ventilator: it split four fingers to the bone and made me jump up towards the road, breathing hard with pain. Thierry wrapped my hand in towels to stop the bleeding. That was the only time in the whole trip that we used the morphine that we had. He worked wonders: pushing, throwing and placing chocks with that out-of-use hand seemed like child’s play. At five in the morning we were at the top. A fresh wind hit our faces. From above, we can distinguish the leprous spot of the city of Chaman and the Afghan plain, which extends northward, beyond the horizon, in the midst of a luminous haze.

In Kabul, those whom I asked about the Jáiber never found the right words to describe it to me: “… Unforgettable, especially the light … or the scale … or perhaps the echo. How to explain it? … ». Then they dared to try, they gave up and, for a few moments, I realized that they had returned mentally to that port, that they saw again the thousand faces and the thousand bellies of the mountain, dazzled, transported, outside of themselves, like the first time. Not even ten years of travel would have been enough to pay for that. That day, I really believed that I had won something and that my life would change with it. But things of this nature are never conquered forever. Like water, the world crosses you and, for a time, lends you its colors. Then he retires and leaves you again before that emptiness that you have inside, before that kind of central lack of the soul that we have to learn to bear, to fight, and that, paradoxically, is perhaps our safest keepsake.

El País De La Desmemoria. Del Genocidio Franquista Al Silencio Interminable — Juan Miguel Baquero / The Country Of Forgetfulness. From The Francoist Genocide To The Endless Silence by Juan Miguel Baquero (spanish book edition)

Me ha parecido un magnífico libro que ahonda en cosas que no encuentro explicación racional en España. El país de la desmemoria es el abandono de los derrotados. «La realidad falseada, el descrédito salpicado de olvido estratégico. Como si fuera posible sepultar todos los nombres». Tiene mucha razón. La mentira, la difamación, el silencio fueron impuestos por la dictadura para acabar de doblegar a los supervivientes de un infierno y a sus descendientes, inmersos en un purgatorio eterno, culpables por estar vivos y castigados por no pertenecer al club de los elegidos. Si el abandono es la base de la desmemoria, el miedo la alimenta.

Fascistas y nazis convierten la línea costera en una trampa y la huida en una carnicería. Será el mayor crimen de guerra de la guerra civil española: La Desbandá. Los números de esta masacre andaluza, en la huida de Málaga hacia Almería, no son concluyentes. Varían según las diversas investigaciones. En cifras redondas supera los 5.000 muertos en un río humano compuesto por más de 200.000 refugiados asediados por tierra, mar y aire. Miles de mujeres, ancianos, niñas y niños, derrotados y atacados mientras se limitaban a huir, sin presentar batalla. La desesperada migración muta en un inédito drama humanitario. La interminable columna de mujeres con sus bebés e hijos pequeños, los ancianos, la mayoría descalzos, son bombardeados desde el mar por la artillería de los cruceros rebeldes. Por tierra les persiguen las tropas italianas, que los van ametrallando. También caen bombas desde el cielo.
La Guerra Civil española es un propicio banco de pruebas para la futura Segunda Guerra Mundial, y Hitler y Mussolini no lo desaprovechan. La Desbandá también sirve como ensayo bélico. Les vale como prólogo del conflicto internacional que el führer y el duce provocarán pronto. En España ensayan sus armas nuevas, aportando de paso al futuro caudillo español un apoyo decisivo. Sin el sostén de la bestia totalitaria, materializado en tropas de infantería, armamento y aviones, quizás nunca hubiera llegado la victoria de Franco en España.
Estas matanzas de civiles lejos del frente bélico ejemplifican la voluntad genocida del franquismo: la orden de aniquilar al adversario social y político para evitar la resistencia, como principal estrategia para ganar la guerra, y la pedagogía del terror y la violencia extrema como herramientas. Un afán terrorista que resultó, entre otras cosas, en la cifra de al menos 114.226 desaparecidos forzados, cuyos cadáveres acabaron enterrados como perros en 2.500 fosas comunes.
La anomalía reina en España, un país que ha sido capaz de abrir la vía judicial para las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile y de Jorge Rafael Videla en Argentina aplicando los principios del derecho universal. Pero que también ha sido capaz de boicotear la única causa abierta en el mundo para juzgar al franquismo, la Querella Argentina. Porque España ignora el mandato de Naciones Unidas y nunca llevó ante un juez a los verdugos y torturadores, ni ha investigado judicialmente las prácticas represivas organizadas más duraderas de Europa. Porque España no anuló tampoco los juicios franquistas que terminaron con condenas a muerte, penas de reclusión, cuantiosas multas o depuración profesional.
España es el país de la desmemoria. Una tierra enmarañada en la lectura parcial de su propio relato, que ha vendido durante años una visión equidistante o directamente apologética de su cruel pasado reciente como alimento propiciatorio del franquismo sociológico. Un país en donde muchos todavía no entienden que para ser demócrata hay que empezar siendo antifascista.
El futuro régimen franquista surge de una pretendida «cruzada» contra el infiel, disfrazado de «rojo». Una fantasiosa reconquista infernal y cruenta de la que nacerá una dictadura corrupta hasta la médula y asentada sobre fosas comunes y desaparecidos forzados. Porque el terco complot contra la República está basado en el odio de clases. En las guerras civiles quienes tienen el monopolio de la violencia, junto a las fuerzas policiales, suelen usar su intervención para acaparar el poder. Y las derechas, como némesis, trazan un rumbo fijo hacia el exterminio de la experiencia democrática.
La división entre vencedores y vencidos ha sobrevivido a cuatro décadas de dictadura y otras tantas de democracia. Y resiste más allá de la construcción de una Transición que siempre ha sido vendida oficialmente como «ejemplar» pero que nunca fue capaz de juzgar, ni siquiera poner en cuestión, el genocidio fundacional del franquismo. El dilema antagónico acabó resuelto en una España que olía a pólvora. En un enfrentamiento cainita. Como ocaso de la democracia, amaneció la era del fascismo.

¿Qué empresas usaron a esclavos del franquismo? La explotación económica de los vencidos llevó a la dictadura de Franco al extremo de emplear a más de 400.000 presos políticos como trabajadores forzados. Obreros usados como botín de guerra por compañías privadas en la mayoría de los sectores productivos, incluidas importantes sociedades que actualmente cotizan en el Ibex 35 y que desde la misma contienda o desde el final de la guerra se beneficiaron por el hecho de disponer de mano de obra gratuita que les facilitaba el bando franquista o sus posteriores gobiernos. El ejército sublevado, la Iglesia e instituciones públicas los utilizaron para afrontar el necesario avance en el esfuerzo bélico e inmediatamente después en la tarea de «reconstruir» un país asolado por la guerra que provocó el fallido golpe de Estado fascista.
El franquismo diseñó un entramado laboral construido a expensas de reclusos que fueron sometidos a un régimen limítrofe con la esclavitud.
Los mecenas de la conspiración contra la República también vieron recompensado su apoyo al estallido golpista. Franco, corruptor y corrupto, acumuló sueldos, comisiones, regalos y gratificaciones. Desde el holding empresarial de El Pardo amasó una riqueza que hoy sigue en manos de sus herederos. En agosto de 1940, en un país todavía humeante, roto, destruido por la contienda, acumulaba una cifra cercana a lo que ahora serían cuatrocientos millones de euros. Es el lado oscuro, e ilegal, de un patrimonio que fue engordando durante cuarenta años al calor de la corrupción sistémica del régimen franquista.
Francisco Franco (El Ferrol, 4 de diciembre de 1892-Madrid, 20 de noviembre de 1975) recibió incontables «regalos», como el forzoso agasajo que fue el regalo del Pazo de Meirás o un todoterreno con el que le obsequió Adolf Hitler y que está custodiado por Patrimonio Nacional. Luego acumuló décadas en las que todo era posible bajo su manto omnipotente. Como la gratificación mensual de 10.000 pesetas que recibía de la compañía Telefónica o una nómina que en 1935 era de 2.493 pesetas y pasó a 50.000 mensuales como caudillo.
El latrocinio arrancó a lo grande. La riqueza del militar rebelde sumaba 34,3 millones de pesetas a poco más de un año del final de la «cruzada» contra la democracia. Una cantidad que, con las subsiguientes adiciones, alcanzaría cifras que dejan en pañales a la trama Gürtel y las cuentas descubiertas en Suiza a nombre de Luis Bárcenas (47 millones de euros) o Francisco Correa (18,6).
Franco lideraba la patria convertido en un gestor avanzado de puertas giratorias. Corruptelas y desarrollo económico van de la mano para permitir a Franco y los suyos amasar riquezas y consolidar el capitalismo español. Las familias del régimen están pobladas de «empresarios de fortuna, falangistas de clase media, funcionarios oportunistas, latifundistas de gatillo fácil, altos cargos a la búsqueda de multinacionales… unidos a la caza del dinero y entrenados en la autarquía de la posguerra para enriquecerse con el desarrollismo a partir de 1959», cuenta Sánchez Soler. En palabras de Viñas: «Si Franco se benefició personalmente de la victoria parece sensato que no pensara mal de quienes también lo hacían» a la sombra oscura del régimen.

A diferencia de otros monarcas europeos, Juan Carlos llegó al trono después de la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 sin prácticamente nada, y ha trabajado duro para generar su propia fortuna más allá del presupuesto anual de 8,3 millones de euros», incidía el NYT. Hasta alcanzar un total cercano a los 2.300 millones de euros según el periódico norteamericano. «La forma en que ha acumulado su considerable riqueza personal permanece en secreto —abunda el rotativo—. Asesores de Palacio insisten en que el rey no recibe comisiones sobre los acuerdos que media o promueve.»
Pero de aquel accidentado safari africano salta un nombre, el de la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, de 47 años y etiquetada como amante o «amiga entrañable» del ahora rey emérito y padre del actual rey de España, Felipe VI. Juan Carlos abdicó después del escándalo. La sombra latente del origen confuso del patrimonio real quedó alargada con el episodio.
«Cuando todavía era príncipe, con Franco como caudillo del Estado, se firmó el acuerdo por el que cobraría de cada barril de petróleo que España comprara a Arabia Saudí. Al menos así lo han denunciado varios economistas.

Es vergonzoso cómo quedamos retratados como país con todo esto.» «Miramos hacia otro lado cuando tocaba perseguir nuestras propias monstruosidades —completa el portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia—. Me gusta recordar que estos no son temas del pasado, sino del presente.» Que las víctimas «están aquí y ahora» y, frente a la impunidad reinante, «tienen derecho a exigir una reparación del Estado». La solución, a la vista de los precedentes, queda lejos. En palabras de Joaquim Bosch: «Lo más probable es que los crímenes contra la humanidad del franquismo queden impunes».

El Pazo Meiras es un doble símbolo. Del expolio y de la impunidad del franquismo. Meirás es la marca viviente del botín que Franco robó a los derrotados en la Guerra Civil española. Un emblema del totalitarismo que huele a viejo, a rancio. A Franco. Al rastro claustrofóbico del fantasma de la dictadura.
Cuando se entra en el edificio principal vemos una escalera presidida por un tapiz con el águila franquista. Delante hay un busto del militar golpista. En la primera planta lucen varias pinturas del general. En una de ellas aparece ataviado con el uniforme falangista. Las cabezas disecadas de decenas de animales…
La estrategia de ocultación es el alimento de la desmemoria colectiva. Una herramienta al servicio de la cultura del olvido. Controlar la parafernalia simbólica significa dominar el relato que permite construir la memoria histórica de los vencedores. Y el conjunto moldea una realidad sometida al silencio y la impunidad.

Se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura.» El título de la Ley 52/2007 no deja lugar a dudas. El marco conocido como Ley de Memoria Histórica entraba en vigor el 28 de diciembre de 2007 para articular y ordenar la necesaria reparación debida por el Estado a las personas que sufrieron las sistemáticas violaciones de los derechos humanos del franquismo. Más de una década después, sin embargo, (casi) todo seguía igual.
La apuesta del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero vino a cubrir una de las más escandalosas rémoras democráticas de España. Iba a ser el soporte legal para las víctimas y un instrumento para leer bien, y de una vez, el periodo escrito a sangre y fuego desde el estallido golpista contra el gobierno legítimo de la Segunda República española hasta la muerte de la dictadura franquista.
Pero la jugada resultó un fiasco. España siguió siendo una nación sembrada de fosas comunes en las que yacen decenas de miles de desaparecidos forzados. La bipolaridad española en la aplicación de la justicia dejaba sobre la mesa otro fiasco: que la impunidad de los crímenes rebeldes contrastaba con la vigencia de las sentencias del franquismo.
La ley ha servido «en algunos casos de palanca para retirar del callejero honores a los franquistas», resumía. O para dar la nacionalidad española «a descendientes del exilio» y «a unos pocos brigadistas internacionales». Esta utilidad, recalcaba, «no ha impedido» que en una década de funcionamiento «hayan muerto miles de descendientes de las personas que la represión fascista hizo desaparecer, sin haber recibido ninguna atención por parte de un Estado que ha seguido renovando los títulos nobiliarios concedidos por el dictador Francisco Franco a criminales de guerra y escondiendo en los libros de texto los contenidos de la dura represión».
Los diferentes gobiernos españoles en democracia «viven una autarquía en materia de derechos humanos» que no trata la dictadura «como un enorme crimen» en el sentido que sí apuntan la ONU, el Consejo de Europa y otros organismos internacionales. Es la «radiografía de la cultura democrática española».
La ley memorialista acumuló logros en diez años, como empezar a abrir las fosas comunes o «la erradicación de símbolos franquistas», con más de 3.000 vestigios de la dictadura retirados en los primeros años de aplicación del marco legal. Y «cerca de 340.000 descendientes de exiliados republicanos y combatientes de las Brigadas Internacionales han pasado a disponer de un pasaporte español». Más allá de estos éxitos, criticaban, «el resto de medidas se cuentan por fracasos o por tareas inconclusas».
Los «poderes públicos» deberán adoptar «las medidas necesarias para la protección, la integridad y catalogación de estos documentos, en particular en los casos de mayor deterioro o riesgo de degradación», reza el final del articulado de la Ley de Memoria Histórica. Una teórica buena intención que resultó papel mojado. O para mojar a conveniencia.

La ignorancia sobre las prácticas genocidas ejecutadas en España es la semilla de la que brota el franquismo sociológico. Una mala hierba que no es más que la permisividad ante el silencio, la equidistancia sobre el terror o la apología de la barbarie. «El fascismo español no sólo acabó con la memoria de los vencidos sino que, una vez concluida su tarea destructora y con el objeto de ocultar y blanquear sus orígenes, borró gran parte de su propia
historia (la de sus actos y decisiones) y comenzó un proceso de reescritura constante del pasado que llega a nuestros días».
Porque todos somos, al cabo, víctimas. Todos mojados en sangre, más allá de herencias rancias y nostalgias carpetovetónicas. Y ahí voy: todos estamos inmersos en el viaje de ida y vuelta de la memoria. La individual y la colectiva. Todos somos hijas e hijos, nietas y nietos de la historia, y fomentar el discurso de los derechos humanos como aval de futuro es una tarea común. Verdad, justicia y reparación para lograr la garantía de no repetición. Y construir, entre todos, una memoria viva que deje atrás el país de la desmemoria.

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I thought it was a great book that delves into things that I can not find rational explanation in Spain. The country of forgetfulness is the abandonment of the defeated. «The distorted reality, the discredit sprinkled with strategic oblivion. As if it were possible to bury all the names ». He is very right. The lie, the defamation, the silence were imposed by the dictatorship to end up beating the survivors of an inferno and their descendants, immersed in an eternal purgatory, guilty for being alive and punished for not belonging to the club of the elect. If abandonment is the basis of forgetfulness, fear feeds it.

Fascists and Nazis turn the coastline into a trap and flee into a butcher shop. It will be the biggest war crime of the Spanish civil war: La Desbandá. The numbers of this Andalusian massacre, in the flight from Malaga to Almería, are not conclusive. They vary according to the different investigations. In round figures it surpasses the 5,000 dead in a human river made up of more than 200,000 refugees besieged by land, sea and air. Thousands of women, old people, girls and boys, defeated and attacked while limiting themselves to flee, without presenting battle. The desperate migration mutates in an unprecedented humanitarian drama. The endless column of women with their babies and small children, the elderly, mostly barefoot, are bombarded from the sea by the artillery of rebel cruisers. They are pursued by the Italian troops, who are machine-gunning them. Bombs also fall from the sky.
The Spanish Civil War is a favorable test bed for the future World War II, and Hitler and Mussolini do not miss it. The Desbandá also serves as a warlike trial. They are worth as a prologue to the international conflict that the Fuehrer and the Duce will provoke soon. In Spain, they rehearse their new weapons, providing decisive support for the future Spanish caudillo. Without the support of the totalitarian beast, materialized in troops of infantry, armament and airplanes, perhaps Franco’s victory in Spain would never have arrived.
These massacres of civilians far from the war front exemplify the genocidal will of the Franco regime: the order to annihilate the social and political adversary to avoid resistance, as the main strategy to win the war, and the pedagogy of terror and extreme violence as tools. A terrorist zeal that resulted, among other things, in the figure of at least 114,226 forced disappearances, whose corpses ended up buried like dogs in 2,500 mass graves.
The anomaly reigns in Spain, a country that has been able to open the judicial way for the dictatorships of Augusto Pinochet in Chile and Jorge Rafael Videla in Argentina applying the principles of universal law. But he has also been able to boycott the only open cause in the world to judge the Franco regime, the Argentine Querella. Because Spain ignores the mandate of the United Nations and never brought before a judge the executioners and torturers, nor has it investigated judicially the most lasting organized repressive practices in Europe. Because Spain did not annul the Francoist trials that ended with death sentences, imprisonment, large fines or professional debugging.
Spain is the country of forgetfulness. A tangled earth in the partial reading of his own story, which has sold for years an equidistant or directly apologetic vision of his cruel recent past as a propitiatory food of the sociological Francoism. A country where many still do not understand that to be a democrat you have to start being antifascist.
The future Francoist regime arises from a pretended “crusade” against the infidel, disguised as “red.” A fantasy hellish and bloody reconquest from which a corrupt dictatorship will be born to the core and settled on mass graves and forced disappearances. Because the stubborn plot against the Republic is based on class hatred. In civil wars who have a monopoly on violence, together with police forces, they often use their intervention to monopolize power. And the rights, like nemesis, trace a fixed course towards the extermination of the democratic experience.
The division between winners and losers has survived four decades of dictatorship and others of democracy. And it resists beyond the construction of a Transition that has always been officially sold as “exemplary” but was never able to judge, or even question, the founding genocide of the Franco regime. The antagonistic dilemma ended up resolved in a Spain that smelled of gunpowder. In a confrontation cainita. As the twilight of democracy, the era of fascism dawned.

What companies used slaves of the Franco regime? The economic exploitation of the vanquished led Franco’s dictatorship to the point of employing more than 400,000 political prisoners as forced laborers. Workers used as spoils of war by private companies in most of the productive sectors, including important companies that are currently listed on the Ibex 35 and that benefited from the war or from the end of the war by having access to free work that facilitated the Francoist side or their subsequent governments. The rebellious army, the Church and public institutions used them to face the necessary progress in the war effort and immediately afterwards in the task of “rebuilding” a country devastated by the war that provoked the failed fascist coup d’état.
The Francoism designed a built labor framework at the expense of inmates who were subjected to a regime bordering on slavery.
The patrons of the conspiracy against the Republic were also rewarded for their support for the coup coup. Franco, corrupt and corrupt, accumulated salaries, commissions, gifts and gratuities. From the business holding of El Pardo amassed a wealth that today is still in the hands of his heirs. In August of 1940, in a country still smoky, broken, destroyed by the war, accumulated a figure close to what would now be four hundred million euros. It is the dark side, and illegal, of a patrimony that was fattening during forty years to the heat of the systemic corruption of the pro-Franco regime.
Francisco Franco (El Ferrol, December 4, 1892-Madrid, November 20, 1975) received countless “gifts”, such as the forced reception that was the gift of Pazo de Meirás or an SUV with which Adolf Hitler presented him and that It is guarded by National Heritage. Then he accumulated decades in which everything was possible under his omnipotent mantle. Like the monthly gratuity of 10,000 pesetas that he received from the Telefónica company or a payroll that in 1935 was 2,493 pesetas and went to 50,000 a month as a leader.
The thievery started big. The wealth of the rebel soldier totaled 34.3 million pesetas a little over a year after the end of the “crusade” against democracy. An amount that, with the subsequent additions, would reach figures that leave in diapers the Gürtel plot and accounts discovered in Switzerland in the name of Luis Bárcenas (47 million euros) or Francisco Correa (18.6).
Franco led the country becoming an advanced manager of revolving doors. Corruption and economic development go hand in hand to allow Franco and his people to amass wealth and consolidate Spanish capitalism. The families of the regime are populated by “businessmen of fortune, middle-class Falangists, opportunist officials, landowners of easy trigger, high positions in the search for multinationals … united in the hunt for money and trained in postwar autarchy to enrich themselves with developmentalism from 1959 », says Sánchez Soler. In the words of Viñas: “If Franco personally benefited from the victory, it seems wise that he should not think badly of those who did too” in the dark shadow of the regime.

Unlike other European monarchs, Juan Carlos came to the throne after the death of the dictator Francisco Franco in 1975 with practically nothing, and has worked hard to generate his own fortune beyond the annual budget of 8.3 million euros “, he said. the NYT. Until reaching a total close to 2,300 million euros according to the North American newspaper. “The way he has accumulated his considerable personal wealth remains secret,” the newspaper said. Palace advisers insist that the king does not receive commissions on the agreements he mediates or promotes. ”
But from that rugged African safari a name jumps, the one of the German princess Corinna zu Sayn-Wittgenstein, of 47 years and labeled like lover or “endearing friend” of the now emeritus king and father of the current king of Spain, Felipe VI. Juan Carlos abdicated after the scandal. The latent shadow of the confused origin of the royal patrimony was lengthened with the episode.
“When he was still a prince, with Franco as a leader of the State, the agreement was signed by which he would collect from each barrel of oil that Spain bought from Saudi Arabia. At least that’s the way several economists have denounced it.

It is shameful how we are portrayed as a country with all this. “” We looked away when it came to pursue our own monstrosities, “the spokesperson for Judges and Judges for Democracy completes. I like to remember that these are not subjects of the past, but of the present. »That the victims« are here and now »and, facing the prevailing impunity,« they have the right to demand a reparation from the State ». The solution, in view of the precedents, is far away. In the words of Joaquim Bosch: “The most likely is that the crimes against humanity of the Franco regime will go unpunished.”

Pazo Meiras is a double symbol. The plundering and impunity of the Franco regime. Meirás is the living mark of the booty that Franco robbed to the defeated ones in the Spanish Civil War. An emblem of totalitarianism that smells old, stale. To Franco. To the claustrophobic trail of the ghost of the dictatorship.
When entering the main building we see a staircase presided over by a tapestry with the Francoist eagle. In front there is a bust of the military coup. On the first floor there are several paintings of the general. In one of them he appears dressed in the Falangist uniform. The dissected heads of dozens of animals …
The strategy of concealment is the nourishment of collective forgetfulness. A tool at the service of the culture of oblivion. To control the symbolic paraphernalia means to dominate the story that allows to build the historical memory of the victors. And the whole molds a reality subjected to silence and impunity.

Rights are recognized and extended and measures are established in favor of those who suffered persecution or violence during the Civil War and the dictatorship. »The title of Law 52/2007 leaves no room for doubt. The framework known as the Historical Memory Law entered into force on December 28, 2007 to articulate and order the necessary reparation owed by the State to the people who suffered the systematic violations of the human rights of the Franco regime. More than a decade later, however, (almost) everything remained the same.
The bet of the socialist government of José Luis Rodríguez Zapatero came to cover one of the most scandalous democratic remnants of Spain. It was going to be the legal support for the victims and an instrument to read well, and once and for all, the period written in blood and fire since the coup against the legitimate government of the Second Spanish Republic until the death of the Franco dictatorship.
But the play was a fiasco. Spain continued to be a nation plagued by mass graves in which tens of thousands of forced disappearances lie. The Spanish bipolarity in the application of justice left on the table another fiasco: that the impunity of the rebellious crimes contrasted with the validity of the sentences of the Franco regime.
The law has served “in some cases as a lever to remove from the street honors the Francoists,” he summarized. Or to give Spanish nationality “to descendants of exile” and “to a few international brigadistas.” This utility, he stressed, “has not prevented” that in a decade of operation “thousands of descendants of the people that fascist repression made disappear, without having received any attention from a State that has continued to renew the nobility titles granted. by the dictator Francisco Franco to war criminals and hiding in textbooks the contents of the harsh repression ».
The different Spanish governments in democracy “live an autarky in the matter of human rights” that the dictatorship does not treat “as a huge crime” in the sense that the UN, the Council of Europe and other international organizations point out. It is the “radiography of the Spanish democratic culture”.
The memorialist law accumulated achievements in ten years, such as starting to open mass graves or “the eradication of Francoist symbols”, with more than 3,000 vestiges of the dictatorship removed in the first years of application of the legal framework. And “about 340,000 descendants of Republican exiles and fighters of the International Brigades have gone on to have a Spanish passport.” Beyond these successes, criticized, “the rest of measures are counted by failures or unfinished tasks.”
The “public authorities” must adopt “the necessary measures for the protection, integrity and cataloging of these documents, particularly in cases of greater deterioration or risk of degradation,” reads the end of the articles of the Law of Historical Memory. A theoretical good intention that turned out to be wet paper. Or to wet to convenience.

The ignorance about the genocidal practices executed in Spain is the seed from which the sociological Francoism springs. A weed that is nothing more than permissiveness in the face of silence, equidistance over terror or the apology for barbarism. «Spanish fascism not only ended the memory of the vanquished but, once its destructive task was concluded and with the purpose of hiding and whitewashing its origins, it erased a large part of its own
history (the one of its acts and decisions) and began a process of constant rewriting of the past that reaches our days ».
Because we are all, after all, victims. All wet in blood, beyond stale inheritances and carpetovetónicas nostalgia. And there I go: we are all immersed in the round trip of memory. The individual and the collective. We are all daughters and sons, grandchildren and grandchildren of history, and promoting the discourse of human rights as a guarantee of the future is a common task. Truth, justice and reparation to achieve the guarantee of non-repetition. And build, together, a living memory that leaves behind the country of forgetfulness.

Cómo Cambiar Tú Mente: Lo Que La Nueva Ciencia De La Psicodelia Nos Enseña Sobre La Conciencia, La Muerte, La Adicción, La Depresión Y La Transcendencia — Michael Pollan / How to Change Your Mind: What the New Science of Psychedelics Teaches Us About Consciousness, Dying, Addiction, Depression, and Transcendence by Michael Pollan

Libro riguroso, ameno y muy informativo. Empieza dando una perspectiva historica, sigue con un repaso a las exitosas investigaciones que se estan llevando hoy en dia en el tratamiento con psicodelicos de muchas condiciones mentales (como depresion, ansiedad, adicciones, entre otras) y termina con una descripcion de sus propias experiencias personales, como alguien que ha descubierto estas drogas a una edad ya madura. Un libro excelente.
Informacion, educación y culturizacion es lo que hace falta para conseguir una notmalizacion y aceptacion por parte de la sociedad de las terapias tremendamente efectivas a base de drogas psicodelicas. La comunidad psiquiatrica esta re-descubriendo los efectos casi milagrosos de la psilocibina, el LSD y el DMT a base de estudios clinicos rigurosos y libros como este son muy necesarios para trasladar este conocimiento al resto de la sociedad.
Supongo que los psicodélicos pueden ser interesantes para mí. Entre otros beneficios, se dice que proporcionan un aumento duradero en la característica de “apertura a la experiencia” de la personalidad. Quizás soy un paranoico profundo, de quien hace mucho tiempo se dijo que mi creencia fundamental es que “las personas malas están en todas partes, y deben ser abatidas”. Por lo tanto, las posibilidades de que perciba enemigos fantasmales en mis sueños de fiebre, y luego alcanzar mi cuchillo de la bota, me parece demasiado alto para arriesgarme a tomar cualquier droga que altere la percepción de la realidad. Así que todo esto es abstracto para mí, y seguirá siéndolo.
En lo que respecta al libro, es decepcionante para algunos, no un libro sobre las propias experiencias de Pollan con las drogas, aunque sí lo hacen. Aquellos que esperan una versión actualizada de “Las Puertas de la Percepción” de Aldous Huxley no lo encontrarán. Este es un libro principalmente sobre historia y ciencia, con una descripción del diez por ciento de las experiencias personales estrechamente controladas del autor con drogas psicodélicas. En otras palabras, Pollan no es un evangelista o proselitista para el uso de drogas; Su consejo es reflexivo, más que entusiasta.
Las primeras doscientas páginas son historia. Debería haber sido menos, y podría haber sido menos, si Pollan hubiera eliminado la increíble cantidad de referencias al “pánico moral” que, según se nos dice, resultó en la supresión de los psicodélicos en la década de 1970, en gran parte como resultado del comportamiento de payaso de Timothy. Leary. Estoy perfectamente dispuesto a creer que hubo una reacción exagerada en cierto modo injustificada, pero la caracterización constante de la supresión de la psicodelia como solo un pánico, y por lo tanto completamente irracional, es obviamente errónea, incluso por cuenta de Pollan, y el sabor de la moraleja de un recién nacido acicalarse En cualquier caso, Pollan comienza hablando sobre el reciente interés revivido en el uso de psicodélicos, principalmente psilocibina, derivado de hongos, para tratar afecciones como la depresión y la ansiedad en pacientes con cáncer terminal, así como problemas más comunes como la adicción a la nicotina. Luego retrocedemos a la síntesis original de LSD de 1943 y su uso y uso indebido durante las décadas posteriores, así como a la historia de otros psicodélicos.
La atención se centra en los psicodélicos como clase, no en las muchas variedades de los mismos, pocas de las cuales están específicamente delineadas. Pollan habla principalmente con varias figuras, desde científicos que ahora estudian cuidadosamente psicodélicos de acuerdo con estrictas regulaciones, hasta hippies ancianos y sus discípulos más jóvenes que siguen azotando el LSD como un milagro que unirá a la humanidad. Muchos de estos últimos son escamas, propensos a lo que Pollan llama caritativamente “extravagancia intelectual”. Los científicos, por otro lado, son en su mayoría reacios a atribuir poderes místicos a estos medicamentos, incluido uno que se atreve a decir que ” Estoy dispuesto a tener la posibilidad de que estas experiencias [místicas] puedan ser verdaderas o no “. En el camino, aprendemos cómo se ven los hongos de psilocibina, cómo crecen y cómo tomarlos, lo que podría ser útil para algunos de ellos. Nosotros, especialmente porque muchos hongos que se ven muy similares chocan permanentemente con tu hígado.
Finalmente, llegamos a lo que todos realmente quieren leer, que es el propio diario de viaje sobre drogas de Pollan. Tomó, en momentos separados, tres medicamentos: LSD, psilocibina y algo oscuro llamado 5-MeO-DMT, o “el sapo”, extraído de, lo has adivinado, el veneno de un sapo mexicano. Detalla el período previo a cada uso en detalles insoportables, y también narra las experiencias reales, que son bastante decepcionantes, tanto para el lector como, en su mayor parte, para Pollan. Él no tuvo ninguna experiencia mística devastadora, y el Sapo era aterrador. Tuvo varias experiencias en torno a la disolución del ego, la característica más común de todos los psicodélicos, algo que él, una persona mayormente sensata y orientada a los objetivos, encontró bastante interesante y valiosa. Vio e interactuó con parientes muertos. Pero en general, esto es bastante peatonal, y la mayor parte de lo que es interesante acerca de las descripciones de los viajes de drogas en este libro proviene de citas de personas que no son Pollan.
Luego, después de cincuenta páginas del cuaderno de viaje, volvemos a otras doscientas páginas de las cosas más aburridas, en este caso la ciencia, especialmente los exámenes de cómo funciona la psicodelia (respuesta: nadie sabe nada muy concreto, y de las notas y los paréntesis, es evidente que Pollan está exagerando el poco acuerdo que existe), junto con las posibles aplicaciones actuales de los psicodélicos a la medicina. Estos parecen realmente bastante prometedores, incluso si frases como “podría ser” y “no está del todo claro” siguen apareciendo. Ciertamente, si sufriera una depresión intratable, o alguien cercano a mí, consideraría terapias psicodélicas. Y eso es todo por el libro. Francamente, está en el lado aburrido.
Aún así, podemos elegir entre varios hechos interesantes, o al menos hechos que me parecieron interesantes. Por ejemplo, existe evidencia sustancial de que las mentes de los niños pequeños tienen mucho en común con la mente de un adulto en psicodélicos. Los adultos desarrollan atajos mentales útiles que eliminan la sensación de asombro abierto, y las drogas parecen, en algunos casos, restaurarlo o un facsímil de eso. (Esto me recuerda la clásica historia de ciencia ficción “Mimsy Were the Borogroves”, en la que un hermano y una hermana pueden ver el verdadero significado del poema sin sentido de Lewis Carroll “Jabberwocky”, y usarlo para desvanecerse en el aire, observado por su Padre, “en una dirección que no podía entender”. Por otra parte, los efectos en cualquier individuo de cualquier droga psicodélica dependen tremendamente del entorno en el que se toma la droga, y aún más en lo que el usuario espera que suceda. Pollan señala que hay un debate sustancial sobre si la popularidad del libro de Huxley en realidad creó muchas de las experiencias que los usuarios han tenido desde entonces, y si ese libro no se había escrito, esas experiencias podrían haber sido muy diferentes. También hay una mención lateral, no explorada más a fondo, de que los europeos tienen muchas menos experiencias místicas bajo la influencia de los psicodélicos que los estadounidenses, lo que parece que conllevaría una mayor exploración, pero el tema nunca se repite.
Más ampliamente, toda la discusión en el libro ofrece una pregunta obvia: ¿qué dice el usuario sobre el uso de los psicodélicos y lo que parecen revelar, acerca de la naturaleza de la realidad y de la conciencia? A pesar de la desesperada agitación de materialistas como Steven Pinker, no hay evidencia alguna de que la conciencia sea producto del cerebro, en lugar de un fenómeno externo mediado por el cerebro, como lo diría Henri Bergson, entre otros. Por supuesto, hay poca evidencia de esto último, tampoco. Simplemente no lo sabemos. Pollan, ciertamente, simpatiza con la idea de que los psicodélicos revelan evidencia de esto último, aunque es muy cauteloso en su enfoque. Sin duda, al escuchar las historias de los usuarios de drogas, muchos de los cuales están completamente convencidos de haber tenido, en términos de William James (de “Las Variedades de la Experiencia Religiosa”), una experiencia noética e inefable, uno siente el impulso hacia creer que los psicodélicos puede proporcionar evidencia directa de, y acceso directo, a un reino completamente diferente.
Por otro lado, creo que un solo hecho, que ni Pollan ni ninguna otra persona que yo conozca, sugiere enérgicamente que todas las experiencias psicodélicas son simplemente manifestaciones internas de la mente. Esto es que nunca se obtiene ningún conocimiento sustantivo nuevo. Si la conciencia individual estuviera realmente expuesta, subsumida o envuelta en alguna conciencia universal o superior, parece cierto que surgirán algunos conjuntos de verdades hasta entonces desconocidas. Eso podría ser cualquier cosa: un hecho científico, la existencia de extraterrestres con hechos verificables específicos sobre ellos mismos, o simplemente la exposición a otra conciencia que se fusiona con la suya (como se expone a las interacciones con avatares de otros generados internamente que parecen comunes, independientemente del fenómeno de fusión). , que el propio Pollan experimentó), o algún tipo de telepatía. Pero ni una sola vez se menciona algo así, lo que sugiere fuertemente que las experiencias psicodélicas son puramente internas, aunque supongo que podrían estar revelando verdades estructurales subyacentes, incluso si no revelan un nivel superior o un conocimiento nuevo identificable.
Sin embargo, los elementos más interesantes del libro se refieren a la intersección de las creencias religiosas y lo que se percibe bajo la influencia de estas drogas. No son solo las drogas; incluso antes de tomar LSD, el “guía” de Pollan lo hizo hacer ejercicios de respiración básicos que lo pusieron en un trance alucinante, completamente sin drogas. (Probablemente esta sea la razón por la que los ortodoxos, en regímenes de oración repetitiva, advierten enérgicamente contra el ejercicio no tutelado realizado simultáneamente por los monjes.) Pero hay pocas dudas de que muchos usuarios experimentan efectos que son los mismos que los identificados como religiosos místicos. Experiencias en el libro clásico de William James. La pregunta es, ¿qué significa eso, o muestra?
Tenemos que eliminar algunos matorrales primero. Pollan, un ateo genial, parece completamente inconsciente, sin duda porque todos los que tocaron este libro antes de la publicación tampoco lo sabían, que muchos de los pensamientos supuestamente nuevos que le llegan bajo la influencia de los psicodélicos son lugares comunes sobre la realidad en la teología cristiana. “Por primera vez sentí gratitud por el hecho de ser, que hay algo en absoluto”. En lugar de ser necesariamente el caso, ahora esto parecía un milagro. . . . Todo el mundo agradece por “estar vivo”, ¿pero quién se detiene a dar las gracias por el escándalo gerundio que viene antes de “vivo”? Todo cristiano bien educado, ese es quién, y Pollan podría hacer algo peor que leer a David Bentley Hart al respecto. tema, aunque cualquier escritor cristiano importante desde el primer siglo dC en adelante lo haría. De manera similar, la idea de la disolución del ego en un todo abrumador y amoroso, que al mismo tiempo mantiene místicamente la capacidad del individuo para percibir, no es más que un intento de describir la visión cristiana tradicional del cielo, mejor expresada en el concepto ortodoxo de la teosis. Aunque aquí carece de la presencia de Dios, lo que los católicos llaman la Visión Beatífica (cuya ausencia, de nuevo, sugiere a un cristiano que todo esto es puramente interno para el consumidor de drogas, aunque quizás no sea menos relevante para eso). Entonces, Pollan dice sobre el uso de drogas por parte de un ateo: “No solo fue la inundación de amor que experimentó inefablemente poderosa, sino que no era atribuible a ninguna causa individual o mundana, sino que era puramente gratuita, una forma de gracia”. Cualquier cristiano reconocería esto como una descripción cotidiana de la creencia cristiana; las únicas cosas de interés son la experiencia directa, en lugar de su mera narración, y que la mujer que la experimentó lo describió como “estar bañada en el amor de Dios” y había perdido su temor a la muerte, pero insistió en que aún era atea, lo cual Parece muy poco probable, a menos que “ateo” sea un código para “mis amigos pensarán que soy raro si digo que creo en Dios”.
Esto ofrece la segunda pregunta obvia: ¿esto implica que las drogas psicodélicas ofrecen evidencia de la verdad de la creencia cristiana, dado que las visiones se alinean con las verdades reveladas en el cristianismo? También puede haber paralelismos con ciertos hilos del budismo (sobre los cuales estoy mal informado, de ahí mi vacilación), aunque la retención del punto de vista del individuo después de la disolución del ego va en contra de lo que entiendo del “nirvana”. del libro, Pollan señala que el viaje original por el ácido del inventor del LSD, Albert Hofman, exhibió “ni los sabores orientales ni los cristianos que pronto se convertirían en convenciones del género”. Y luego, Pollan nunca vuelve a ninguna de las “convenciones” Esto fue extremadamente decepcionante para mí. La única mención posterior del cristianismo es la visión de una madre alcohólica de núcleo duro, que admite que le falló a sus hijos por completo, y le dijo a Jesús que no debía perder el tiempo maltratándose a sí misma, porque no juzgaba. Eso puede ser un sabor cristiano a la experiencia de las drogas, pero más probablemente, es lo que Oprah le dijo a la mujer la última vez que estuvo ebria, que fue ayer (la alcohólica, no Oprah, aunque tal vez Oprah también estaba borracha ayer). Lo que quería escuchar era si alguien bajo la influencia de los psicodélicos había tenido alguna vez una revelación directa, específicamente cristiana, como la de la Trinidad, o si Cristo decía algo no banal, o incluso un indicio de la Comunión de los Santos. Sospecho que no, o hubiéramos oído hablar de ello. Lo que, de nuevo, sugiere que todo esto es interno, o al menos lo sugiere a un cristiano.
En cualquier caso, nada de esto significa que es una buena idea que los cristianos tomen drogas. De hecho, es casi seguro que es una muy mala idea. Los atajos generalmente significan problemas, y recuerdo las palabras de Abraham al hombre rico, suplicando que regresen a la Tierra para advertir a sus hermanos de la paga del pecado: “Si no escuchan a Moisés y los profetas, tampoco serán persuadidos. , aunque uno resucitó de entre los muertos “. Además, no hay razón para suponer que solo una realidad placentera o que diga la verdad sea revelada por una droga que podría rasgar el velo del mundo. Aunque Pollan no lo menciona, un psicodélico, dimetiltriptamina, a menudo le da al usuario la percepción de contacto con inteligencias, lo que se conoce como “elfos mecánicos” o “ángeles que charlan”. Eso suena peligroso. No, a fin de cuentas, estas son cosas que deben evitarse.
Sin embargo, eso no quiere decir que no haya ningún beneficio en socavar el materialismo al reconocer lo que pueden ser y hacer los psicodélicos. En algún lugar, Steven Pinker está rasgando sus ropas, lamentándose de que a los campesinos no se les debe permitir creer en una realidad trascendente, porque entonces no estarán lo suficientemente iluminados e inmediatamente regresarán a las brujas ardientes, dirigidos por sacerdotes que creen en vampiros. Para mí, abrir la posibilidad de una realidad más amplia en esta edad gris y despojada es una característica, no un error, independientemente de si hay alguna realidad subyacente en lo que se muestra a los usuarios de drogas bajo la influencia.

En resumen:
1. El futuro será uno donde los medicamentos psicoactivos se usen comúnmente con fines médicos / clínicos. La ciencia es clara: son increíblemente eficaces para tratar la adicción y la depresión. Mejor que cualquier otra cosa por el momento. Desde la publicación del libro, la FDA ha realizado pruebas rápidas de psilocibina para el tratamiento de la depresión. Pronto llegará el día en que su uso será una práctica estándar en estos campos. No puede llegar lo suficientemente pronto, ya que actualmente somos terribles en el tratamiento de la adicción y la depresión. Estoy animado y esperanzado sobre estos usos.
2. Las drogas psicoactivas también pueden ser muy útiles para lidiar con cosas como la muerte, las crisis de la mediana edad, la angustia existencial, el final de una relación y otros trastornos intelectuales / emocionales similares. Es probable que esto no sea legal durante mucho tiempo, pero el uso de las drogas de esta manera explotará y se volverá común en la próxima década.
3. El contexto importa, mucho. El solo hecho de tomar la droga psicoactiva no significa que usted sea capaz de superar una adicción o depresión o, mejor, lidiar con una crisis mental. El “viaje” debe ser guiado y moldeado, abordado y entrenado cuidadosamente antes, durante y después durante el procesamiento. Nadie debería sacar un poco de psilocibina o LSD para divertirse, pero pueden ser una herramienta increíble si se toman de la manera correcta por buenas razones.
4. El ritual y la ceremonia utilizada por las culturas tradicionales al usar drogas psicoactivas, incluso e incluyendo la cultura de paz y amor de finales de los 60 y principios de los 70, pero principalmente el contexto de los pueblos nativos que han estado usando las herramientas durante miles de años, es Ayuda a crear el contexto. Eliminar la sustancia de la cultura en la que se ha utilizado con gran beneficio no es probable que vuelva a crear ese beneficio. Hay un valor significativo en las tradiciones que rodean el uso de psicodélicos. No tienen que ser seguidos exactamente, y un entorno moderno más espiritual (a diferencia de cualquier religioso específico) también puede ser efectivo. Pero las lecciones del contexto histórico son muy importantes.
5. Las drogas psicoactivas fueron eliminadas debido al culto de Timothy Leary a la personalidad y la guerra contra-cultura en el establecimiento que alienaba la estructura de poder de Washington lo suficiente como para empujarlos a la acción, junto con la locura de MKUltra en la CIA que, cuando se reveló, se horrorizó con razón. ciudadanos de mente Ahora están regresando de la oscuridad a la corriente principal. Esto tiene el potencial de ser algo muy bueno, si los hippies viejos y estúpidos y los jóvenes aburridos no se apresuran y comienzan a usarlos irresponsablemente en masa.
6. Eventualmente creo que me gustaría probar la psilocibina. Tal vez LSD.Pero sólo en el entorno adecuado. Sólo para un propósito significativo. No estoy seguro de que mi marca de locos sea lo suficientemente loca para justificarla. Tal vez. Es legal en algunos países y tienen retiros con guías que parecen interesantes.
Recomiendo el libro. Es importante porque será visto como el momento decisivo en la incorporación del uso de drogas psicoactivas en el mundo moderno. Todos nosotros conocemos a personas que podrían ser ayudadas significativamente por su uso. Este libro parece anunciar un momento importante en la historia de la humanidad: el momento en que nosotros, como humanos modernos, comenzamos a mirar hacia el espectro completo de la experiencia, incluso cuando nos ayudan las sustancias extrañas que se encuentran en lugares inesperados. Una especie de hogar: es posible que la evolución humana haya sido provocada o ayudada significativamente por el uso de psicodélicos. Fueron utilizados comúnmente por el hombre a lo largo de la historia. Y tal vez son una conexión con lo divino (literal o figurativamente, elige). Pero este libro es un anuncio de que el mundo está a punto de desviarse. Huxley era un gran fan de los psicodélicos.

La primera de estas moléculas fue un hallazgo accidental de la ciencia. La dietilamida de ácido lisérgico, comúnmente conocida como LSD, fue sintetizada por Albert Hofmann en 1938. La segunda molécula existía desde hacía miles de años, aunque nadie en el mundo desarrollado era consciente de ello. Producida por un inadvertido y pequeño hongo arrugado en lugar de un compuesto químico, esta molécula, que sería conocida como psilocibina, se había utilizado en los pueblos indígenas de México y América Central durante cientos de años como un elemento religioso. Llamado teonanácatl por los aztecas, o «carne de los dioses», el uso de este hongo fue brutalmente reprimido por la Iglesia católica después de la conquista española, y pasó a la clandestinidad. En 1955, doce años después de que Albert Hofmann descubriera el LSD, un banquero de Manhattan y micólogo aficionado llamado Robert Gordon Wasson recogió muestras del hongo mágico en la ciudad de Huautla de Jiménez, en el sureño estado mexicano de Oaxaca. Dos años más tarde publicó un artículo de quince páginas en la revista Life sobre unos «hongos que causan extrañas visiones»; era la primera vez que la información sobre una nueva forma de conciencia estaba al alcance de los lectores.
En la década de los 50 y principios de la de 1960 muchos miembros del establishment psiquiátrico consideraban el LSD y la psilocibina como medicamentos milagrosos.
La llegada de estos dos compuestos también está vinculada a la emergencia de la contracultura durante los años sesenta y, quizá especialmente, a su tono y estilo particulares. Por primera vez en la historia, los jóvenes tenían un rito de paso propio: el «viaje de ácido». En lugar de introducirlos en el mundo adulto, como siempre han hecho estos ritos, mandaba a los jóvenes a un país mental que muy pocos adultos tenían siquiera idea de que existiera. El efecto en la sociedad fue, por decirlo con suavidad, perturbador.
Sin embargo, a finales de la década de 1960, los movimientos sísmicos sociales y políticos desencadenados por estas moléculas parecieron disiparse. El lado oscuro de las drogas psicodélicas comenzó a recibir una enorme cantidad de publicidad negativa: malos viajes, brotes psicóticos, flashbacks, suicidios… Y a partir de 1965 la euforia que rodeaba a estos nuevos fármacos dio paso al pánico moral. Con la misma rapidez que la cultura y la comunidad científica habían abrazado las drogas psicodélicas, ahora se volvían de repente contra ellas.
Entonces sucedió algo inesperado y revelador. A partir de la década de 1990, oculto a la vista de la mayoría, un pequeño grupo de científicos, psicoterapeutas y los llamados psiconautas, convencidos de que la ciencia y la cultura habían perdido algo valioso, resolvieron que debían recuperarlo.
Hoy en día, después de varias décadas de represión y abandono, las drogas psicodélicas experimentan un renacimiento.

El problema de dar credibilidad a las experiencias místicas es, precisamente, que a menudo parecen borrar la distinción entre dentro y fuera, en la forma en que «la conciencia difusa» parecía ser suya pero también existía fuera de él. Esto apunta a la segunda explicación posible para la generación del sentido noético: cuando nuestra noción del yo subjetivo se desintegra, como ocurre a menudo en una experiencia psicodélica de dosis alta (así como en la meditación realizada por meditadores experimentados), se hace imposible distinguir entre lo que es subjetiva y objetivamente verdadero.
Bob Jesse se pasó la década de 1990 desenterrando el conocimiento sobre drogas psicodélicas que se había perdido cuando la investigación formal se detuvo y la informal pasó a la clandestinidad. En esto, él fue un poco como aquellos eruditos renacentistas que redescubrieron el mundo perdido del pensamiento clásico en un puñado de manuscritos guardados a buen recaudo en los monasterios. Sin embargo, en este caso había transcurrido un tiempo considerablemente menor, por lo que el conocimiento se mantenía en los cerebros de personas aún vivas, como James Fadiman, Myron Stolaroff y Willis Harman (otro ingeniero del Área de la Bahía reconvertido a investigador psicodélico), a las que tan solo tenía que preguntar todo aquello que no se encontraba en los artículos científicos de las bibliotecas y de las bases de datos, en los que se había limitado a buscar. Pero si hay una analogía moderna con los monasterios medievales, en los que el mundo del pensamiento clásico fue salvado del olvido, un lugar donde la llama parpadeante del conocimiento psicodélico fue avivada sin descanso durante su propia edad oscura, ese lugar es Esalen, el legendario centro de retiro en Big Sur, California.

El experimento de la Universidad Johns Hopkins muestra —prueba— que, bajo condiciones experimentales controladas, la psilocibina puede ocasionar verdaderas experiencias místicas. Utiliza la ciencia, que confía en la modernidad, para socavar el secularismo de la modernidad. De este modo, ofrece esperanza o nada menos que una resacralización del mundo natural y social, un renacimiento espiritual que es nuestra mejor defensa contra no solo la falta de alma, sino contra el fanatismo religioso. Y lo hace con el mismo poder para producir un efecto deseado que los prejuicios no científicos integrados en nuestras actuales leyes de la droga.
En 2006. A medida que leía la carta de Smith en voz alta, una sonrisa floreció en el rostro de Griffiths

En abril de 2017, la comunidad psicodélica mundial se reunió en el centro de convenciones de Oakland para la Psychedelic Science, un acontecimiento que se celebra cada pocos años, organizado por la Asociación Multidisciplinaria para los Estudios Psicodélicos (MAPS), una organización sin ánimo de lucro fundada por Rick Doblin en 1986 con la improbable finalidad de devolverles la respetabilidad científica y cultural a los psicodélicos. En 2016, el propio Doblin parecía estupefacto ante lo lejos que habían llegado, lo rápido que lo habían hecho y lo cerca que parecía la victoria. Meses antes, ese mismo año, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) había autorizado ensayos de fase 3 con MDMA, y con la psilocibina no estaba muy lejos. Si los resultados de esos ensayos llegan a aproximarse a los de fase 2, el Gobierno tal vez tendrá que reclasificar las dos drogas y los médicos podrán prescribirlas. «No somos la contracultura —le dijo Doblin a un periodista durante el congreso—. Somos la cultura.»
No es que la medicalización vaya a ser fácil. Primero será necesario superar varias muros reguladores. Los ensayos de fase 3 suponen la participación de varios centros y cientos de voluntarios, y pueden costar decenas de millones de dólares. En general, quienes pagan las facturas son los grandes laboratorios, pero de momento las compañías farmacéuticas han manifestado poco interés por los psicodélicos. Por una parte, esta clase de drogas les ofrece poco, si es que hay algo, en términos de propiedad privada: la psilocibina es un producto natural y la patente del LSD expiró hace décadas. Por otra parte, los grandes laboratorios invierten sobre todo en fármacos para enfermedades crónicas, esas píldoras que hay que tomarse todos los días. ¿Por qué iban a invertir en pastillas que los pacientes solo podrían necesitar una vez en la vida?
La psiquiatría se enfrenta a un dilema parecido: está demasiado comprometida con terapias interminables, ya sea con el antidepresivo cotidiano, o con la sesión semanal de psicoterapia. Es verdad que una sesión psicodélica dura varias horas y, habitualmente, exige la presencia de dos terapeutas.
Tony Bossis coincide, a pesar de todas sus esperanzas en que los psicodélicos serán rutinarios en los cuidados paliativos.
«En Estados Unidos no morimos bien. Pregúntale a la gente dónde quiere morir y te dirá que en casa, con sus seres queridos. Pero la mayoría de nosotros morimos en una UCI. En Estados Unidos, el mayor tabú es la conversación sobre la muerte. No cabe duda, ha mejorado; ahora tenemos hospitales para enfermos terminales que hasta hace poco no existían. Pero para un médico sigue siendo un insulto la idea de dejar ir a un paciente.» En su opinión, los psicodélicos no solo tienen el potencial de abrir esa difícil conversación, sino también el de cambiar la experiencia misma de morir. Eso, claro, si la comunidad médica los acepta.
«Esta cultura tiene miedo a la muerte, miedo a la trascendencia y miedo a lo desconocido, todo lo cual se encarna en este trabajo.» Por su propia naturaleza, los psicodélicos pueden ser demasiado perturbadores para que nuestras instituciones los acepten.

*5-MeO-DMT (5-metoxi-N, N-dimetiltriptamina): Poderoso compuesto psicodélico de acción rápida que se encuentra en ciertas plantas de Sudamérica y en el veneno del sapo del desierto de Sonora (Incilius alvarius). El veneno del sapo es normalmente vaporizado y fumado. El 5-MeO-DMT obtenido de las plantas se suele convertir en un rapé. El compuesto ha sido utilizado de forma sacramental en Sudamérica durante muchos años. Se sintetizó por primera vez en 1936 y no se ilegalizó hasta 2011.

Rigorous, entertaining and very informative book. It begins with a historical perspective, continues with a review of the successful research that is taking place today in the treatment of many mental conditions (such as depression, anxiety, addictions, among others) with psychedelics and ends with a description of their own experiences. personal, as someone who has discovered these drugs at a mature age. An excellent book.
Information, education and culture is what is needed to achieve a notification and acceptance by society of tremendously effective therapies based on psychodelic drugs. The psychiatric community is rediscovering the almost miraculous effects of psilocybin, LSD and DMT based on rigorous clinical studies and books like this are very necessary to transfer this knowledge to the rest of society.
I suppose that psychedelics might be interesting for me. Among other benefits, they are said to provide a lasting uptick in the personality characteristic “openness to experience”. Perhaps I am a bone-deep paranoid, of whom long ago it was said that my core belief is “bad people are everywhere, and they must be put down.” Therefore, the chances that I would perceive ghostly enemies in my fever dreams, and then reach for my boot knife, seem to me far too high to risk taking any drug that alters perception of reality. So all this is abstract to me, and will remain so.
As far as the book, this is, disappointingly to some, not a book about Pollan’s own experiences with drugs, although those do figure. Those expecting an updated version of Aldous Huxley’s florid “The Doors of Perception” will not find it. This is a book mostly about history and science, cut with ten percent description of the author’s closely controlled personal experiences with psychedelic drugs. In other words, Pollan is not an evangelist or proselytizer for drug use; his advice is thoughtful, rather than enthusiastic.
The first two hundred pages are history. It should have been fewer, and could have been fewer, if Pollan had cut out the unbelievable number of references to the “moral panic” that we are told resulted in psychedelics being suppressed in the 1970s, largely a result of the clownish behavior of Timothy Leary. I am perfectly willing to believe that there was a somewhat unjustified overreaction, but the constant characterization of the suppression of psychedelics as only a panic, and therefore wholly irrational, are obviously wrong even on Pollan’s own account, and smack of an aging baby boomer’s moral preening. In any case, Pollan starts by talking about recent revived interest in using psychedelics, primarily psilocybin, derived from mushrooms, to treat conditions such as depression and anxiety among terminal cancer patients, as well as more mundane problems like nicotine addiction. Then we are taken backward, to the original 1943 synthesis of LSD and its use, and misuse, over subsequent decades, as well as the history of other psychedelics.
The focus is on psychedelics as a class, not on the many varieties thereof, few of which are specifically delineated. Pollan mostly talks to various figures, ranging from scientists now carefully studying psychedelics in accordance with strict regulations, to elderly hippies and their younger disciples still flogging LSD as a miracle that will bring mankind together. Many of the latter are flakes, prone to what Pollan charitably calls “intellectual extravagance.” The scientists, on the other hand, are mostly hesitant to ascribe mystical powers to these drugs, including one who boldly goes way out on a limb, saying “I’m willing to hold the possibility these [mystical] experiences may or may not be true.” Along the way, we learn what psilocybin mushrooms look like, how they grow, and how to take them, which might be useful for some of us, especially since many mushrooms that look very similar permanently crash your liver.
Finally, we get to what everyone really wants to read, which is Pollan’s own drug travelogue. He took, at separate times, three drugs: LSD, psilocybin, and something obscure named 5-MeO-DMT, or “the Toad,” extracted from, you guessed it, the venom of a Mexican toad. He details the run-up to each use in excruciating detail, and also narrates the actual experiences, which are pretty disappointing, both to the reader and, for the most part, to Pollan. He did not have any earthshattering mystical experiences, and the Toad was terrifying. He did have various experiences revolving around dissolution of the ego, the most common characteristic of all psychedelics, something that he, a mostly no-nonsense, goal-oriented person, found quite interesting and valuable. He saw and interacted with dead relatives. But all in all, this is pretty pedestrian, and most of what is interesting about drug trip descriptions in this book comes from quotes from people other than Pollan.
Then, after fifty pages of travelogue, it’s back to another two hundred pages of the more boring stuff, in this case science, especially examinations of how precisely it is psychedelics work (answer: nobody knows anything very concrete, and from notes and parentheticals, it’s evident Pollan is exaggerating what little agreement there is), along with possible present-day applications of psychedelics to medicine. These actually seem quite promising, even if phrases like “it could be” and “isn’t entirely clear” keep cropping up. Certainly, if I suffered from untreatable depression, or someone close to me did, I would consider psychedelic therapies. And that’s it for the book. Frankly, it’s on the boring side.
Still, we can pick out of this several interesting facts, or at least facts I found interesting. For one example, there is substantial evidence that young children’s minds have much in common with the mind of an adult on psychedelics. Adults develop useful mental shortcuts that cut out the sense of open-ended wonder, and the drugs seem to, in some instances, restore it, or a facsimile of it. (This reminds me of the classic science fiction story “Mimsy Were the Borogroves,” in which a brother and sister can see the real meaning of the Lewis Carroll nonsense poem “Jabberwocky,” and use it to vanish into thin air, watched by their father, “in a direction he could not understand.”) For another, the effects on any individual of any psychedelic drug are tremendously dependent on the setting in which the drug is taken, and even more on what the user expects to happen. Pollan notes that there is substantial debate about whether the popularity of Huxley’s book in fact created much of the experiences that users have since had, and whether if that book had not been written, those experiences might have been largely different. There is also a side-mention, not explored further, that Europeans have far fewer mystical experiences under the influence of psychedelics than do Americans, which seems like it would bear further exploring, but the topic never recurs.
More broadly, all the discussion in the book offers an obvious question—what does the use of psychedelics, and what they appear reveal to the user, say about the nature of reality and of consciousness? Despite the desperate flailing of materialists like Steven Pinker, there is no evidence whatsoever that consciousness is the product of the brain, rather than an external phenomenon mediated by the brain, as Henri Bergson, among others, would have it. Of course, there is little evidence of the latter, either. We just don’t know. Pollan, certainly, is sympathetic to the idea that psychedelics reveal evidence for the latter, though he is very cautious in his approach. No doubt, listening to the stories of drug users, many of whom are utterly convinced of having had, in William James’s terms (from “The Varieties of Religious Experience”), an ineffable, noetic experience, one feels the pull toward believing that psychedelics can provide direct evidence of, and direct access to, a wholly different realm.
On the other hand, I think that one single fact, that neither Pollan nor anyone else that I know of discusses, strongly suggests that all psychedelic experiences are merely internal manifestations of the mind. This is that no new substantive knowledge is ever gained. If the individual consciousness were actually being exposed to, or subsumed into, or enfolded with, some universal or greater consciousness, some set of until-then unknown truths would seem certain to emerge. That could be anything—a scientific fact, the existence of aliens with specific verifiable facts about themselves, or merely exposure to another consciousness merging with yours (as exposed to the interactions with internally generated avatars of others that seem common, separately from the merging phenomenon, which Pollan himself experienced), or some kind of telepathy. But not once is such a thing ever mentioned, which strongly suggests that psychedelic experiences are purely internal, though I suppose they might be revealing underlying structural truths, even if they do not reveal identifiable higher level or new knowledge.
The most interesting elements of the book, though, concern the intersection of religious belief and what is perceived under the influence of these drugs. It’s not just the drugs—even before he took LSD, Pollan’s “guide” had him do basic breathing exercises that put him in a hallucinatory trance, completely without drugs. (This is probably why the Orthodox, in repetitious prayer regimens, strongly caution against the untutored engaging simultaneously in the breathing exercises sometimes done by monks.) But there seems little doubt that many users experience effects that are the same as those identified as mystical religious experiences in William James’s classic book. The question is, what does that mean, or show?
We have to clear out some underbrush first. Pollan, a genial atheist, seems completely unaware, no doubt because everyone who touched this book before publication was equally unaware, that many of the supposedly novel thoughts that come to him under the influence of psychedelics are commonplaces about reality in Christian theology. “I felt for the first time gratitude for the very fact of being, that there is anything whatsoever. Rather than being necessarily the case, this now seemed quite the miracle. . . . Everybody gives thanks for ‘being alive,” but who stops to offer thanks for the bare-bones gerund that comes before ‘alive’?” Every well-educated Christian, that’s who, and Pollan could do worse than reading David Bentley Hart on this topic, though any major Christian writer from the first century A.D. onward would do. Similarly, the idea of ego dissolution in an overwhelming and loving whole, which at the same time mystically maintains the individual’s ability to perceive, is nothing more than an attempt to describe the traditional Christian view of Heaven, best expressed in the Orthodox concept of theosis, though here lacking the presence of God, what Catholics call the Beatific Vision (the absence of which, again, suggests to a Christian that all this is purely internal to the drug user, though perhaps not less relevant for that). So, Pollan says of an atheist’s drug use, “Not only was the flood of love she experienced ineffably powerful, but it was unattributable to any individual or worldly cause, and so was purely gratuitous—a form of grace.” Any Christian would recognize this as an everyday description of Christian belief; the only things of interest are the direct experience, rather than its mere narration, and that the woman who experienced it described it as “being bathed in God’s love” and had lost her fear of death, yet insisted she was still an atheist, which seem highly unlikely, unless “atheist” is code for “my friends will think I’m weird if I say I believe in God.”
This offers the second obvious question—does this imply that psychedelic drugs offer evidence of the truth of Christian belief, given how closely some of these visions align with core revealed truths found in Christianity? There may also be parallels with certain threads of Buddhism (about which I am ill-informed, hence my hesitation), although the retention of the individual’s viewpoint after the dissolution of ego runs counter to what I understand of “nirvana.” At the beginning of the book, Pollan notes that the original acid trip of the inventor of LSD, Albert Hofman, exhibited “neither the Eastern nor the Christian flavorings that would soon become conventions of the genre.” And then Pollan never returns to either “convention.” This was extremely disappointing to me. The only later mention of Christianity is the vision of a hard-core alcoholic mother, who admits she completely failed her children, being told by Jesus that she shouldn’t spend any time beating herself up, because nonjudgmentalism. That may be a Christian flavoring to the drug experience, but more likely, it’s what Oprah told the woman last time she was drunk, which was yesterday (the alcoholic, not Oprah, though maybe Oprah was drunk yesterday too). What I wanted to hear was if anyone under the influence of psychedelics ever had direct, specifically Christian revelation, such as regarding the Trinity, or Christ saying something not banal, or even an inkling of the Communion of Saints. I suspect not, or we would have heard of it. Which, again, suggests all this is internal, or at least it suggests that to a Christian.
Regardless, none of this means it’s a good idea for Christians to take drugs. In fact, it’s almost certainly a very bad idea. Shortcuts generally mean trouble, and I am reminded of the words of Abraham to the rich man, pleading to return to Earth to warn his brothers of the wages of sin, “‘If they hear not Moses and the prophets, neither will they be persuaded, though one rose from the dead.” Moreover, there is no reason to suppose that only pleasant or truth-telling invisible realities would be revealed by a drug that could tear the veil of the world. Although Pollan does not mention it, one psychedelic, dimethyltryptamine, often gives the user the perception of contact with intelligences, so called “machine elves” or “chattering angels.” That sounds dangerous. No, on balance, these are things to be avoided.
Still, that’s not to say that there’s no benefit in undercutting materialism by recognizing what psychedelics may be and do. Somewhere, Steven Pinker is rending his garments, wailing that the peasants shouldn’t be permitted to believe in a transcendent reality, because then they will be insufficiently enlightened, and will immediately go back to burning witches, led by priests who believe in vampires. To me, opening the possibility of a broader reality in this gray, de-magicked age is a feature, not a bug, regardless of whether there is any underlying reality to what drug users are shown under the influence.

In summary:
1. The future will be one where psychoactive drugs are commonly used for medical/clinical purposes. The science is clear that they are amazingly effective in treating addiction and depression. Better than anything else out there by far. Since the publication of the book, the FDA has fast-tracked psilocybin trials for depression treatment. The day is quickly coming when their use will be standard practice in these fields. It can’t come soon enough as we are currently terrible at treating addiction and depression. I am encouraged and hopeful about these uses.
2. Psychoactive drugs also can be very useful in dealing with things like death, mid-life crises, existential angst, the end of a relationship and other such intellectual/emotional turmoil. This is not likely to be legal for a long while, but the use of the drugs in this way will explode and become common in the next decade.
3. Context matters, a lot. Just taking the psychoactive drug will not mean you are able to overcome an addiction or depression or better deal with a mental crises. The “trip” should be guided and shaped, thoughtfully approached and coached before, during and afterwards during processing. No one should pop some psilocybin or LSD for fun, but they can be an amazing tool if taken in the right way for good reasons.
4. The ritual and ceremony used by traditional cultures when using psychoactive drugs, even and including the peace and love culture of the late 60s and early 70s, but mainly the context of native peoples who have been using the tools for thousands of years, is helpful in creating the context. Taking the substance out of the culture where it has been used to great benefit is not likely to recreate that benefit. There is significant value in the traditions surrounding the use of psychedelics. They don’t have to be followed exactly, and a modern more spiritual (as opposed to any specific religious) setting can also be effective. But the lessons of historical context are very important.
5. Psychoactive drugs were suppressed due to Timothy Leary’s cult of personality and counter-culture war on the establishment alienating Washington’s power structure sufficiently to push them into action coupled with the MKUltra madness going on at the CIA which, when revealed, rightfully horrified right-minded citizens. They are now coming back out of the dark and into the mainstream. This has to potential of being a very good thing—if stupid old hippies and bored young people don’t rush in and start using them irresponsibly in mass.
6. Eventually I think I might like to try psilocybin. Maybe LDS. Maybe. But only in the right setting. Only for a meaningful purpose. I’m not sure my brand of crazy is crazy enough to justify it. Maybe. It is legal in some countries and they have retreats with guides that look interesting. Maybe.
I recommend the book. It is important because it will be seen as the watershed moment in the mainstreaming of the use of psychoactive drugs in the modern world. All of us know people who might be significantly helped by their use. This book feels like it is announcing an important moment in human history—the time when we as modern humans started looking towards the full spectrum of experience, even when aided by odd substances found in unexpected places. A coming of home of sorts—it is possible that human evolution was sparked or aided significantly by the use of psychedelics. They were commonly used by man throughout history. And maybe they are a connection to the divine (literally or figuratively—take your pick). But this book is an announcement that world is about to swerve. Huxley was a big fan of psychedelics.

The first of these molecules was an accidental finding of science. Lysergic acid diethylamide, commonly known as LSD, was synthesized by Albert Hofmann in 1938. The second molecule existed for thousands of years, although no one in the developed world was aware of it. Produced by an inadvertent and small wrinkled fungus instead of a chemical compound, this molecule, which would be known as psilocybin, had been used in the indigenous peoples of Mexico and Central America for hundreds of years as a religious element. Called teonanácatl by the Aztecs, or “flesh of the gods”, the use of this fungus was brutally suppressed by the Catholic Church after the Spanish conquest, and went underground. In 1955, twelve years after Albert Hofmann discovered LSD, a Manhattan banker and amateur mycologist named Robert Gordon Wasson collected samples of the magical fungus in the city of Huautla de Jiménez, in the southern Mexican state of Oaxaca. Two years later he published a fifteen-page article in Life magazine about “fungi that cause strange visions”; It was the first time that information about a new form of consciousness was available to readers.
In the 1950s and early 1960s many members of the psychiatric establishment considered LSD and psilocybin as miracle medicines.
The arrival of these two compounds is also linked to the emergence of the counterculture during the sixties and, perhaps especially, to its particular tone and style. For the first time in history, young people had a rite of their own: the “acid trip.” Instead of introducing them into the adult world, as they have always done these rites, I sent the young people to a mental country that very few adults even had an idea that existed. The effect on society was, to put it mildly, disturbing.
However, at the end of the 1960s, the seismic social and political movements unleashed by these molecules seemed to dissipate. The dark side of psychedelic drugs began to receive a huge amount of negative publicity: bad travel, psychotic outbreaks, flashbacks, suicides … And from 1965 the euphoria surrounding these new drugs gave way to moral panic. With the same rapidity that the culture and the scientific community had embraced the psychedelic drugs, now they turned suddenly against them.
Then something unexpected and revealing happened. From the 1990s, hidden from the majority view, a small group of scientists, psychotherapists and so-called psychonauts, convinced that science and culture had lost something valuable, resolved that they should recover it.
Today, after several decades of repression and abandonment, psychedelic drugs experience a rebirth.

The problem with giving credibility to mystical experiences is precisely that they often seem to erase the distinction between inside and outside, in the way that “diffuse consciousness” seemed to be theirs but also existed outside of it. This points to the second possible explanation for the generation of the noetic sense: when our notion of the subjective self disintegrates, as often happens in a high-dose psychedelic experience (as well as in meditation by experienced meditators), it becomes impossible to distinguish between what is subjective and objectively true.
Bob Jesse spent the 1990s unearthing knowledge about psychedelic drugs that had been lost when the formal investigation was stopped and the informal investigation went underground. In this, he was a bit like those Renaissance scholars who rediscovered the lost world of classical thought in a handful of manuscripts kept safely in monasteries. However, in this case considerably less time had elapsed, so that knowledge remained in the brains of people still alive, such as James Fadiman, Myron Stolaroff and Willis Harman (another Bay Area engineer reconverted to psychedelic researcher) , to which he only had to ask everything that was not found in the scientific articles of the libraries and the databases, in which he had limited himself to search. But if there is a modern analogy with medieval monasteries, in which the world of classical thought was saved from oblivion, a place where the flickering flame of psychedelic knowledge was revived relentlessly during its own dark age, that place is Esalen, the legendary retirement center in Big Sur, California.

The Johns Hopkins University experiment shows – it proves – that, under controlled experimental conditions, psilocybin can cause true mystical experiences. It uses science, which trusts modernity, to undermine the secularism of modernity. In this way, it offers hope or nothing less than a resacralization of the natural and social world, a spiritual rebirth that is our best defense against not only the lack of a soul, but against religious fanaticism. And it does so with the same power to produce a desired effect as the non-scientific biases embedded in our current drug laws.
In 2006. As I read Smith’s letter out loud, a smile bloomed on Griffiths’face.

In April 2017, the worldwide psychedelic community met at the Oakland Convention Center for the Psychedelic Science, an event that takes place every few years, organized by the Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS), a non-profit organization. Profit founded by Rick Doblin in 1986 with the unlikely purpose of returning the scientific and cultural respectability to psychedelics. In 2016, Doblin himself looked stunned at how far they had come, how quickly they had done it and how close victory seemed to be. Months earlier, that same year, the Food and Drug Administration (FDA) had authorized phase 3 trials with MDMA, and with psilocybin it was not far away. If the results of these trials approach those of Phase 2, the Government may have to reclassify the two drugs and doctors may prescribe them. “We are not the counterculture,” Doblin told a journalist during the congress. We are the culture. »
It’s not that medicalization is going to be easy. First it will be necessary to overcome several regulatory walls. Phase 3 trials involve the participation of several centers and hundreds of volunteers, and can cost tens of millions of dollars. In general, those who pay the bills are the big laboratories, but at the moment the pharmaceutical companies have shown little interest in psychedelics. On the one hand, this class of drugs offers little, if anything, in terms of private property: psilocybin is a natural product and the LSD patent expired decades ago. On the other hand, the big laboratories invest mostly in drugs for chronic diseases, those pills that have to be taken every day. Why would they invest in pills that patients could only need once in a lifetime?
Psychiatry faces a similar dilemma: it is too committed to endless therapies, either with the daily antidepressant, or with the weekly session of psychotherapy. It is true that a psychedelic session lasts several hours and usually requires the presence of two therapists.
Tony Bossis agrees, despite all his hopes that psychedelics will be routine in palliative care.
“In the United States we do not die well. Ask people where they want to die and they will tell you at home, with their loved ones. But most of us die in an ICU. In the United States, the biggest taboo is the conversation about death. No doubt, it has improved; now we have hospitals for the terminally ill that until recently did not exist. But for a doctor it is still an insult to let a patient go. “In his opinion, psychedelics not only have the potential to open that difficult conversation, but also to change the very experience of dying. That, of course, if the medical community accepts them.
“This culture is afraid of death, fear of transcendence and fear of the unknown, all of which is embodied in this work.” By their very nature, psychedelics can be too disturbing for our institutions to accept.

* 5-MeO-DMT (5-methoxy-N, N-dimethyltriptamine): Powerful psychedelic fast-acting compound found in certain South American plants and in the venom of the Sonoran desert toad (Incilius alvarius). The venom of the toad is usually vaporized and smoked. The 5-MeO-DMT obtained from plants is usually converted into a snuff. The compound has been used sacramentally in South America for many years. It was first synthesized in 1936 and was not outlawed until 2011.

Atlántida. El Misterio Del Continente Perdido — Roberto Pinotti / Atlantide. Il Mistero Dei Continenti Perduti (Atlantis The Mystery of the Lost Continent) by Roberto Pinotti

Me parece un buen libro sobre el sexto continente.
Las primeras noticias de la Atlántida proceden de los textos del célebre filósofo griego Platón, que vivió en el siglo IV a. C. Por eso el problema de la Atlántida tiene a sus espaldas más de dos mil años de historia. Durante este período se han acumulado un gran número de trabajos científicos y de obras literarias. Actualmente el número de volúmenes dedicados a este tema supera los dos mil, teniendo en cuenta que el índice bibliográfico de J. Gattefossé y C. Roux, de 1926, ya registraba unos mil setecientos.
En general el problema de la Atlántida se caracteriza por el hecho de que los elementos susceptibles de servir para demostrar su pasada existencia, como dijo E. F. Khaghemeister, representan un conjunto de una gran cantidad de pequeños hechos y observaciones, cada uno de los cuales, considerado por separado, no tiene mucho significado y no puede considerarse un elemento probatorio indiscutible. El problema de la Atlántida es una especie de problema estadístico, constituido por un gran número de hechos minúsculos junto a los que se pasa sin reparar en ellos.
En consecuencia, un conocimiento unilateral de los materiales del problema conduce fácilmente al hipercriticismo.

La base principal del escepticismo respecto a la Atlántida, y especialmente a la leyenda de Platón, son dos circunstancias que atribuyen al problema un aspecto fantástico:
1. La localización de la Atlántida en el océano Atlántico, donde, según la opinión común, desde los tiempos más remotos solo ha habido océano.
2. La existencia en ella de una humanidad civilizada en un período en el que el resto del mundo se encontraba todavía como mínimo en el estado mesolítico, lo que no tiene precedentes en la historia de la humanidad ni encaja en ningún canon.
Así se explica también por qué la mayoría de los atlantólogos ha preferido soslayar las dificultades rechazando la esencia de la leyenda, la localización de la Atlántida en el océano Atlántico, situándola en su lugar en lugares diversos, y especialmente en las regiones mediterráneas.
En cambio, el problema de la Atlántida es en primer lugar un problema geológico, no étnico-histórico, y solo la definición de la historia geológica del océano Atlántico, junto a investigaciones oceanográficas en profundidad, puede resolver este enigma plurisecular. La tarea de los atlantólogos es mostrar lo que hay de verdad en las distintas fuentes.

El estudio batimétrico de los océanos demostró la existencia de poderosos sistemas montañosos ahora sumergidos. Actualmente se conocen cadenas montañosas en todos los océanos. Concretamente:
– Océano Ártico. A lo largo de todo el océano se desarrollan las cadenas Lomonosov y Mendeleyev. Muy probablemente se trata de los restos de antiguas cadenas de pliegues rocosos que unían la Siberia septentrional con las islas del archipiélago ártico canadiense y que continuaban más allá, en el continente.
– Océano Atlántico. Casi en el centro del océano se despliega la gigantesca cadena montañosa submarina Mesoatlántica, dividida cerca del ecuador por la profunda zona de fractura Romanche. Por este motivo la cadena puede considerarse dividida en dos partes: la cadena del Atlántico norte, con la correspondiente meseta submarina de las Azores a occidente (donde es posible que estuviese situada la Atlántida, como se analizará más detalladamente en las siguientes páginas de este libro) y la cadena del Atlántico sur, con la correspondiente meseta del Río Grande a occidente.
– Océano Índico. Como en el océano Atlántico, también en el Índico existe, desde Oriente a África, una cadena Medio Índica. Al norte se extiende hasta orillas de Arabia, con otra rama hasta el Indostán, y al sur, rodeando África, va a unirse a la Mesoatlántica, con lo que forma una única y gigantesca cadena montañosa que bordea Eurasia y África.
– Océano Pacífico. Este es el océano más rico en cadenas montañosas medias. Entre ellas, sin embargo, solo la cadena central del Pacífico está realmente en el centro, atravesando el océano en sentido transversal. Las otras cadenas submarinas están dispuestas a lo largo de los márgenes del océano. Algunas, por ejemplo, la de las Hawái o la Oriental, siguen en general la dirección de los arrecifes adyacentes a los continentes.
Más allá de cualquier tradición, por tanto, la existencia de estas cadenas y mesetas montañosas hundidas lleva a pensar en la precedente existencia de continentes perdidos: la Atlántida en el océano Atlántico, Mu en el océano Pacífico y Lemuria en el océano Índico, por citar las diferentes hipótesis avanzadas a lo largo del tiempo.
De estos hipotéticos continentes el más extenso sería la Atlántida, dispuesto a lo largo del ecuador en dos enormes islas: Atlántida septentrional y Atlántida meridional.

Menos conocida es Lemuria, el continente desaparecido del océano Índico, cuyos restos podrían ser la dorsal Mesoíndica que se levanta sobre los restos del primigenio y enorme continente del hemisferio meridional, Gondwana. Algunos estudiosos consideran que este continente fue la cuna de la humanidad.
Respecto a esto, conviene recordar que los restos más antiguos del antepasado del hombre fueron encontrados, no hace mucho tiempo, en África oriental y meridional. Y entre África oriental y la cadena Medio Índica se encuentran algunas islas de origen claramente continental, que habrían podido ser puentes en el pasado; por no hablar de Madagascar, patria de los primates lémures.
Resumiendo, más allá de la escéptica superficialidad de los no documentados, el enigma de los continentes perdidos está hoy más vivo que nunca.

Wegener, por ejemplo, propone admitir que originariamente los continentes formaban una única masa, que de alguna forma se ha roto y que los trozos se han separado como se separan los dedos de una mano. Y los argumentos con los que la paleontología sostiene esta teoría, aunque discutidos, poseen una solidez innegable. Solo recordaremos uno de los más relevantes y más frecuentemente citados: la concordancia del contorno de la costa oriental del Nuevo Mundo con el de la costa occidental del Antiguo.
Otros escritores, a los que Buffon había precedido, supusieron que existían puentes de un continente a otro, y llegaron a darles nombres: puente del Atlántico norte boreal o Eria, que unía Canadá con Groenlandia y acababa a las puertas de Europa, entonces inexistente; puente del Atlántico sur tropical o Gondwana (nombre derivado de una región de la India actual), que unía Brasil con África y con la India, y durante un cierto tiempo también con Australia; puente austral o Archielenis…
La exposición de Platón es en realidad un tratado detallado y al mismo tiempo sobrio y conciso, dirigido a destacar las características del país de la Atlántida, con una serie de indicaciones precisas sobre la posición de la isla desaparecida, definida textualmente como «el paso a un gran continente opuesto»: América, desconocida para los pueblos mediterráneos. Indicaciones, por tanto, que ni el mismo Platón podía saber si respondían a la verdad. Ni Platón ni tampoco Sonchis (tal era según Plutarco, en Isis y Osidis, el nombre del sacerdote de Sais relator de la noticia; Proclo, en cambio, dice que se llamaba Pateneit); los dos, tanto uno como otro, solo son fieles ecos que transmiten una noticia procedente de la más remota antigüedad; su gran mérito no es solo haber creído, sino haber sido fieles en la transmisión de algo que no acaban de comprender del todo. Como Platón, justamente.
El canal rectilíneo que comunica el mar con el canal circular exterior (los canales circulares fueron excavados por Poseidón) tiene 8.880 m (50 estadios) de largo; 88 m de ancho y una profundidad de 29 m. Este canal cumple casi la función de puerto para las embarcaciones procedentes del mar. Cabe señalar al respecto la anchura exagerada. Casi 100 m es una anchura inusitada para un canal. Si Platón se lo hubiese inventado, podemos estar seguros de que no hubiera atribuido esta dimensión a sus canales. En cambio, la cosa cambia si lo único que hace es repetir fielmente unas cifras que responden a una realidad muy particular. De hecho, estos canales no tienen un objetivo comercial de navegabilidad. Las cifras y las dimensiones, como, por ejemplo, las dimensiones de las pirámides, tienen todas una significación particular que se nos escapa, pero que sin duda existe.
Había dos templos: unoconsagrado a Poseidón y a Clito, esdecir, a los dos progenitores de los atlantes; Platón no da sus dimensiones, solo proporciona algunos detalles sobre la decoración y sobre el uso al que estaba destinado el edificio; pero había otro templo dedicado a Poseidón. Este templo tenía la longitud de un estadio (177,60 m) y la anchura de tres pletros (88,60 m). Siguen algunos detalles sobre su decoración, sobre las estatuas en el interior y sobre las estatuas que adornaban el recinto sagrado en torno al templo. Las del interior eran estatuas de divinidades; las del exterior, estatuas de descendientes de los dioses, es decir, de los diversos reyes que se habían sucedido en el trono. No faltaban estatuas de otros personajes.

Por lo que sabemos, ningún griego había llegado nunca al extremo norte hasta que, en tiempos de Platón, la ciudad de Massalia (Marsella) envió a Piteas a explorar la Europa septentrional, para descubrir de dónde procedían ciertas mercancías. Piteas costeó el continente hasta la desembocadura del Rin, vio Britania y oyó hablar de una isla lejana, en el norte, llamada Thule. Probablemente se trataba de Shetland o de las Orcadas, aunque algunos sostienen que fuera Noruega o Islandia. Más allá de Thule, le dijeron a Piteas, no se podía ir. Y Piteas tomó acta de ello.
Sin embargo, el concepto de última Thule expresado por el mundo clásico contenía en sí mismo la esperanza de poderlo superar algún día, rompiendo los vínculos tradicionalmente impuestos por el confín mítico de las Columnas de Hércules.
Parecería que Platón o el sacerdote saíta, en efecto, supieran algo de la existencia del continente al que llamamos América. «Los navegantes, entonces, podían pasar de esta isla (que era la principal del archipiélago de la Atlántida) a las otras, y más allá, a todo el continente opuesto [katantikru pasan epeiron], ya que la tierra rodeada por aquel océano era, en el sentido literal de la palabra, un continente.»
Estas palabras de Platón permanecieron oscuras durante dieciocho siglos; solo después de Colón brilló en ellas la luz del Nuevo Mundo.

La Atlántida existió, dicen geólogos y mineralogistas. Y estas son las pruebas.
Las islas que ocupan aquí y allá su supuesta colocación entre África y América son islas volcánicas, y en esa zona del planeta se han producido varias veces erupciones con manifestaciones sísmicas. En efecto, en el Atlántico septentrional, arriba de todo, hacia las tierras árticas, tenemos los volcanes de Bird Island y de Jan Mayen, directamente relacionados con los de Islandia, la tierra por excelencia de las manifestaciones plutonianas. Los volcanes de esta isla, donde todavía abundan los géiseres, forman siete grupos importantes, el más conocido de los cuales es el de Hecla. La erupción de 1845 es famosa en los anales modernos. Duró siete meses, durante los cuales las cenizas que vomitó el volcán llegaron hasta Europa. Y, sin embargo, esta manifestación no fue nada comparada con la de 1783: aquel año las lavas salieron por una grieta gigante de 20 km de longitud y sembrada de más de quinientos cráteres de todas las dimensiones. El valle entero de Skapta quedó sepultado por el derramamiento de lava, que alcanzó nada menos que 27 km3. Desde el paralelo 50 llegamos a la meseta submarina de las Azores cuya parte media hace asomar por encima del agua nueve islas volcánicas. Al contemplar sus cinco volcanes con sus laderas cubiertas de vegetación, se diría que están extinguidos para siempre y, sin embargo, en los tiempos pasados y aún en los históricos, han tenido más de un despertar funesto.
Entre los geólogos y los oceanógrafos existen dos escuelas, con posturas diametralmente opuestas respecto a la naturaleza y al origen de los océanos. Hoy, en el presunto lugar de la Atlántida se halla el océano con varios kilómetros de profundidad. Si la Atlántida hubiera estado allí, en una época geológica no remota, una cierta parte del océano habría estado ocupada por tierra firme, lo que contrasta con el carácter permanente de los océanos sostenido por los estudiosos americanos en sus diversas variantes, incluida la hipótesis de la expansión de la Tierra. Según esta hipótesis los océanos existirían desde siempre en los mismos lugares y casi con las mismas dimensiones de hoy. Está claro que en este caso no se puede hablar de la existencia de la Atlántida. Muchos estudiosos rusos consideran, en cambio, que donde hoy se encuentran los océanos podría haber habido en el pasado importantes macizos de tierra firme posteriormente sumergidos. Y desde este punto de vista la existencia de la Atlántida es plenamente posible. El más joven de todos los océanos parecería ser el Atlántico, que ha sido teatro de una impetuosa actividad geológica y volcánica. Ahora bien, suponiendo que la Atlántida se encontrara en el océano Atlántico, ¿dónde estaba exactamente? Muchos, entre ellos Nicolai F. Jirov y E. F. Khaghemeister, han avanzado la hipótesis de que podría estar unida de alguna forma a la meseta submarina sobre la que hoy se encuentran las islas Azores.
La Atlántida existió, dicen zoólogos y paleontólogos. Entre la fauna de las Azores, de Madeira, de las Canarias, de Cabo Verde, de las Antillas y de América central, se observan desde siempre unas analogías que solo pueden explicarse a través de una relación continental de estos territorios en una época determinada. Hay que señalar que si estuvieron unidos a América hasta una época relativamente reciente, antes se separaron de África, aunque esta se halle mucho más cerca, porque las concordancias entre estos territorios y África son mucho más antiguas. Se cree que en el Mioceno existía este espacio marino entre África y lo que podemos llamar la Atlántida. Antes de esta época, los cuatro archipiélagos mencionados más arriba formaban una sola tierra, unida al norte con España, al sur con Mauritania, mientras que al oeste se prolongaba hasta las Bermudas y las Antillas.

Solo un reducido número de personas, iniciados, teósofos, ocultistas, conocen el nombre de James Churchward, el misterioso coronel que hace más de un siglo se lanzó en busca de los antiguos lugares donde, según él, en el origen de los tiempos debía encontrarse el Paraíso terrestre, y creyó haberlo situado en el mítico continente de Mu.
En tres obras editadas en los años treinta (The Lost Continent of Mu, The Children of Mu y The Sacred Symbols of Mu, seguidas de una cuarta en dos tomos, The Cosmic Forces of Mu), Churchward narra las circunstancias que lo llevaron al descubrimiento de aquel gran continente del océano Pacífico, al que da el nombre de Mu, o Tierra Madre.
Todo esto sucedió en la India, en el primer período de la vida de Churchward, hacia 1870. En aquella época, una terrible carestía devastaba la península india y Churchward se había convertido en asistente del sumo sacerdote de un templo-escuela. Un día el joven inglés, mientras estudiaba un bajorrelieve cubierto de signos misteriosos en el patio del templo, fue sorprendido por el sumo sacerdote, también gran aficionado a la arqueología y a los textos antiguos, que se hizo amigo suyo y
empezó a darle pruebas de benevolencia cada vez más numerosas.
Durante un par de años, los dos hombres estudiaron los signos misteriosos del bajorrelieve. Según el sumo sacerdote, aquellos signos expresaban la lengua original de la humanidad, lengua solo comprensible para otros dos iniciados hindúes, porque las inscripciones poseían un sentido oculto, dado por los naacal, o ‘altos hermanos’, religiosos llegados en época remota de la Tierra Madre para enseñar la lectura de las Sagradas Escrituras.
Fue entonces cuando el gran sacerdote reveló a Churchward la existencia de unas tablillas antiquísimas en los archivos secretos del templo. Según él, las tablillas habían sido escritas por los naacal.

Continuando mis investigaciones, descubrí que aquel continente desaparecido representaba sin duda alguna el hábitat originario de la humanidad. En aquellas maravillosas regiones había vivido un pueblo que había acabado colonizando toda la Tierra. Pero, de repente, Mu había sido barrida de la faz del planeta por terremotos apocalípticos, seguidos por una invasión de las aguas, hace doce mil años. En un torbellino de fuego y de agua, Mu había desaparecido.

Ahora Churchward tenía casi la certeza de la existencia pasada de un continente situado en el corazón del Pacífico, pero debía buscar las pruebas de esa existencia, a costa de dedicarle la vida entera. Y eso es lo que hizo.
Durante sus viajes, Churchward pudo descubrir numerosos indicios, pero nunca logró descubrir ningún documento, ningún texto que corroborase las afirmaciones contenidas en las tablillas hindúes. Luego, inesperadamente, muchos años después de su primer descubrimiento, llegaron a sus oídos las aventuras vividas por un geólogo, William Niven, que, durante unas excavaciones en territorio mexicano, también había descubierto unas extrañas tablillas.
Desde sus siete grandes ciudades, la civilización de Mu se expandía en todas direcciones, hasta las colonias más lejanas, situadas al otro lado de los mares.
La más importante de estas colonias era la de los uighur, que reinaba en toda Asia y Europa meridional hace unos diecisiete mil años, donde los uighur habrían dado origen a las denominadas razas arias.
El poderoso imperio de Mu, que extendía su influencia tanto hasta el extremo este como hasta el extremo oeste, debió de haber sido violentamente devastado, en su apogeo, por dos cataclismos terribles, a muchos siglos de distancia uno del otro. Fue el segundo el que hizo hundirse todo el continente bajo las olas del océano Pacífico. Dos gigantescas olas, que recorrieron la extensión del océano como dos altísimas murallas.
En la isla Tonga-Tabu, por ejemplo, existe un arca de piedra de 170 toneladas, de origen desconocido para los indígenas. Ninguno de los materiales utilizados para su construcción se encuentra en la isla, por lo que cabe suponer que hayan sido traídos de otros lugares. Pero ¿de dónde? ¿Cómo? Y ¿por qué?
En las islas Carolinas, y especialmente en Ponape, se hallaron ruinas inmensas, con grandes templos, canales subterráneos y terrazas, todo en piedra basáltica. Tampoco aquí los indígenas poseen ninguna tradición que permita remontarse al origen de aquellas obras ciclópeas. Según Churchward, aquellos serían los vestigios de una de las siete grandes ciudades de Mu.
Y la lista puede continuar, larguísima: las murallas de piedra de la isla de Lele, las pirámides de la isla de Kingsmill, la plataforma de piedra rosa de la isla Navigator, columnas de forma troncocónica en las islas Marianas…
Bulos o no, el mito de Mu, en cualquier caso, continúa. Y no solo a nivel librero. En 1972 —y es sumamente indicativo— el cantautor italiano Riccardo Cocciante (entonces conocido como Richard Cocciante) produjo un long-play dedicado enteramente al continente perdido del Pacífico, comercializado por la popular RCA italiana y titulado, justamente, Mu. También la alemana Colorsound Library de Múnich publicó el long-play Lost Continents («Continentes perdidos») producido por Joel Vandroogenbroeck.
Los arqueólogos han descubierto signos de una civilización que podría remontarse a varios miles de años antes del Imperio inca.
¿Se trata de Mu? Sea como sea, la tradición de una tierra sumergida en el Pacífico está muy presente en Oceanía.

Como nos recuerda Alfred Métraux:
La isla de Pascua, lejos de ser el tejado de un mundo hundido, nació hace algunas decenas de miles de años a raíz de erupciones volcánicas. El análisis microscópico de sus rocas no ha revelado la más mínima partícula mineral procedente de una plataforma continental. El suelo y sus volcanes están enteramente compuestos de masas fundidas o pulverizadas por los antiguos cráteres. Todos estos volcanes hoy están apagados y probablemente ya habían dejado de eructar lava y escorias miles de años antes de la aparición del hombre.
¿Ningún continente sumergido, entonces? Sigue diciendo Métraux:
Se podrá objetar que las mismas erupciones submarinas que crean las islas luego podrían destruirlas con la misma rapidez. Dicho de otra forma, la isla de Pascua, aunque de formación volcánica, ¿no podría ser el resto de una tierra mucho más vasta, mutilada por la actividad de los volcanes?.
Sea como sea, lo que hoy está fuera de toda duda es que hace al menos ocho mil años una inmensa catástrofe natural sacudió realmente todo el sureste asiático, que entonces constituía un único y enorme puente continental hacia Australia, conocido como Sondalandia o Región de la Sonda. Gran parte de dichos territorios quedó sumergida y el consiguiente éxodo en masa —por tierra y por mar— vio a las poblaciones locales seguir la ruta de los cuatro puntos cardinales: al norte hacia Asia interior, al este hacia el Pacífico, al oeste hacia el océano Índico y al sur hacia Australia. Según los recientes estudios del inglés Stephen Oppenheimer, las tierras invadidas por las aguas habrían sido la cuna primigenia de descubrimientos epocales (como el cultivo del arroz) y de la propia civilización al final de la glaciación, y mientras Australia y Nueva Guinea habrían estado unidas en una única masa continental (el Sahulland), la línea de costa de la región chino-nipona habría estado muy extendida hacia el Pacífico, comprendiendo islas como Hainan, Taiwán y también Yonaguni (el Nanhailand). Es evidente, por tanto, que la presencia de objetos arquitectónicos fabricados por el hombre en zonas (hoy comprendidas entre los 50 y los 100 m de profundidad) antes al aire libre, no solo es plausible sino altamente probable. Y que el complejo de Yonaguni (incluso considerando su génesis de origen natural), con su incómodo ligamento lítico en L, encaja perfectamente en el mencionado escenario de hundimiento catastrófico que —con el debido respeto de los ambientes académicos más conservadores— no puede ser negado, se saque o no a colación al mítico Mu.

Las aguas ascendieron y cubrieron los valles de un extremo a otro de la Tierra. Las tierras altas permanecieron, el fondo de la Tierra [los países situados en las antípodas] se quedó seco; allí habitaron los que habían huido, los hombres del Rostro Claro y del Ojo Derecho […].
Cuando los Señores del Rostro Oscuro se despertaron y enseguida pensaron en sus vimanas para escapar de las aguas inminentes, se dieron cuenta de que habían desaparecido.

Es evidente que el texto mostrado más arriba, debidamente expurgado de los valores espiritualistas de orden teosófico, se refiere al catastrófico hundimiento de un continente y a un Diluvio Universal, a la caída simultánea de estrellas (meteoritos o pequeños asteroides), a un éxodo hacia zonas continentales más seguras del planeta, como también a un conflicto entre dos potencias adversas, caracterizado por una técnica avanzadísima que había desarrollado, hablando en términos modernos, medios voladores de gran potencia, en este caso también utilizados para una evacuación preventiva contra el enemigo, y detectores o sensores, gases paralizantes o narcotizantes, armas de fuego destructivas (agnystra), guerra electrónica y alta tecnología: algo completamente extraño a nuestro marco mental, evidentemente, pero que ha permanecido, de todas formas, en la vaga memoria de varias culturas, desde la India hasta América y Europa.

Pues bien, en la prehistoria celta encontramos al semidios irlandés Cuchulain (de nombre casi homófono al de Kukulkán) que ataca el vehículo de un rival con su aéreo «carro encantado». Los costados del vehículo del adversario, revestidos de metal, se abren y «las dos grandes piedras blancas engastadas en su interior, grandes como ruedas de molino» caen fuera. Como resultado, el «carro cae al suelo con un ruido de trueno, como bastiones que se derrumban».
Pues bien, la descripción de este carro encantado volador, parecido a los vimana indo-arios, la encontramos también en América. Nos estamos refiriendo a un libro de finales de los años treinta, escrito por el coronel A. Braghin, un autor dedicado al estudio del enigma de la Atlántida entre las dos guerras mundiales.

Durante varios años, dicen los Puranas indios y el suramericano Popol Vuh, las estrellas y el Sol y el cielo permanecieron ocultos por nubes volcánicas y por violentas tempestades. Pareció que hubiera llegado el fin del mundo. Y los poderosos gobernantes celestes, dejaron atrás el rebaño humano superviviente y se marcharon desesperados. Hay una frase, en el citado comentario, que suena como el escalofriante tañido fúnebre de la gran civilización antediluviana, observa Leslie:
Los Tronos Azules quedan vacantes. Los Señores de la Faz Resplandeciente, los Reyes de la Luz, se marcharon encolerizados.

Un gran acontecimiento astrológico, una agrupación especial de planetas y unas condiciones magnéticas especialmente favorables a la Tierra, marcaron el momento propicio. Esto sucedió hace unos seis millones y medio de años. No quedaba nada por hacer, salvo lo que solo Ellos eran capaces de llevar a cabo.
Entonces, bajo el estruendo impetuoso del rápido descenso, desde alturas incalculables, envuelto en masas deslumbrantes de fuego que llenaban el cielo de enormes lenguas llameantes, se lanzó a través de los espacios aéreos el carro de los Hijos del Fuego, los Señores de la Llama procedentes de Venus; y se detuvo manteniéndose suspendido sobre la «Isla Blanca», que yacía sonriente en el golfo del mar de Gobi; era verde y radiante, cubierta de masas de flores fragantes y multicolores; la Tierra ofrecía todo lo mejor que tenía, y lo más hermoso, para dar la bienvenida a su Rey. Hélo ahí, «el Adolescente de las dieciséis primaveras», Sanat Kumara, «la Eterna Juventud Virginal», el nuevo Rey de la Tierra, que llega a su Reino con Sus tres Discípulos, los tres Kumara, sus Ayudantes que lo rodean. Treinta Seres poderosos, grandes más allá de toda comprensión terrestre, estaban con ellos por orden jerárquico

Este pasaje describe punto por punto la llegada a la Tierra, antes de la aparición del hombre, de los Señores de la Llama a bordo de un vimana particular: no una aeronave, sino una nave espacial extraterrestre. Desde entonces estos seres habrían intervenido sistemáticamente en el desarrollo de las formas de vida terrestres, incluida la humana, y desde su centro oculto subterráneo de Shamballa durante mucho tiempo de ellos habría dependido la gran civilización antediluviana, realizada después por la humanidad primigenia bajo su directa tutela.

En septiembre de 2000 los medios de comunicación refirieron que un pequeño cuerpo celeste (denominado 2000 QW7) estuvo a punto de chocar contra la Tierra, que le pasó peligrosamente de refilón (a una distancia de solo 4 millones de kilómetros). Lo comunicaron los astrónomos del Observatorio Radiotelescopio estadounidense de Arecibo, en Puerto Rico, con lo que nos recordaron los persistentes y nada infrecuentes peligros para nuestro mundo de un devastador impacto espacial por parte de numerosos asteroides presentes en la franja orbital entre Marte y Júpiter. Fue uno de estos «pedruscos» cósmicos (que muchos astrónomos consideran los restos de un planeta explotado) el que se abatió sobre nuestro planeta hace sesenta y cinco millones de años y causó la extinción de los dinosaurios, y más tarde fue también uno de estos pequeños planetas el que se estrelló con toda probabilidad en el Atlántico, lo que provocó el hundimiento del archipiélago de la Atlántida. La historia tiende a repetirse…

I think it’s a good book about the sixth continent.
The first news of Atlantis comes from the texts of the famous Greek philosopher Plato, who lived in the fourth century BC. C. That’s why the problem of Atlantis has more than two thousand years of history behind it. During this period a large number of scientific works and literary works have accumulated. Currently the number of volumes devoted to this subject exceeds two thousand, taking into account that the bibliographic index of J. Gattefossé and C. Roux, of 1926, already registered about one thousand seven hundred.
In general, the problem of Atlantis is characterized by the fact that the elements capable of serving to demonstrate its past existence, as EF Khaghemeister said, represent a set of a large number of small facts and observations, each of which, considered separately, it does not have much meaning and can not be considered an indisputable evidentiary element. The problem of Atlantis is a kind of statistical problem, consisting of a large number of minuscule facts that are passed on without paying attention to them.
Consequently, a unilateral knowledge of the materials of the problem easily leads to hypercriticism.

The main basis of skepticism about Atlantis, and especially the legend of Plato, are two circumstances that attribute a fantastic aspect to the problem:
1. The location of Atlantis in the Atlantic Ocean, where, according to the common opinion, since the earliest times there has only been an ocean.
2. The existence in her of a civilized humanity in a period in which the rest of the world was still at least in the mesolithic state, which is unprecedented in the history of humanity and does not fit into any canon.
This explains why most of the atlantologists have preferred to avoid difficulties by rejecting the essence of the legend, the location of Atlantis in the Atlantic Ocean, placing it in its place in different places, and especially in the Mediterranean regions.
On the other hand, the problem of Atlantis is first of all a geological, not ethnic-historical problem, and only the definition of the geological history of the Atlantic Ocean, together with in-depth oceanographic investigations, can solve this multi-century enigma. The task of the atlantologists is to show what is true in the different sources.

The bathymetric study of the oceans demonstrated the existence of powerful mountainous systems now submerged. Currently mountain ranges are known in all oceans. Specifically:
– Arctic Ocean. The Lomonosov and Mendeleyev chains are developed throughout the ocean. It is most likely the remains of ancient chains of rocky folds that linked the northern Siberia with the islands of the Canadian Arctic archipelago and that continued further on the continent.
– Atlantic Ocean. Almost in the center of the ocean, the gigantic Mesoatlantic undersea mountain range unfolds, divided near the equator by the deep Romanche fracture zone. For this reason the chain can be considered divided into two parts: the North Atlantic chain, with the corresponding submarine plateau of the Azores to the West (where it is possible that Atlantis was located, as will be analyzed in more detail in the following pages of this book). ) and the South Atlantic chain, with the corresponding plateau of the Rio Grande to the west.
– Indian Ocean. As in the Atlantic Ocean, also in the Indian Ocean there is, from East to Africa, a Medium Indica chain. To the north it extends to the shores of Arabia, with another branch to Hindustan, and to the south, surrounding Africa, it is going to join the Mesoatlantica, forming a unique and gigantic mountain range that borders Eurasia and Africa.
– Pacific Ocean. This is the richest ocean in the middle mountain ranges. Among them, however, only the central chain of the Pacific is really in the center, crossing the ocean in a transverse direction. The other underwater chains are arranged along the margins of the ocean. Some, for example, that of the Hawaiian or Eastern, generally follow the direction of the reefs adjacent to the continents.
Beyond any tradition, therefore, the existence of these sunken mountain ranges and plateaus leads one to think of the previous existence of lost continents: Atlantis in the Atlantic Ocean, Mu in the Pacific Ocean and Lemuria in the Indian Ocean, to name a few. the different hypotheses advanced over time.
Of these hypothetical continents the most extensive would be Atlantis, arranged along the equator in two huge islands: northern Atlantis and southern Atlantis.

Less known is Lemuria, the vanished continent of the Indian Ocean, whose remains could be the Mesoindic ridge that rises over the remains of the primordial and enormous continent of the southern hemisphere, Gondwana. Some scholars consider that this continent was the cradle of humanity.
Regarding this, it is worth remembering that the oldest remains of the ancestor of man were found, not so long ago, in eastern and southern Africa. And between East Africa and the Mid-Indian chain there are some islands of distinctly continental origin, which could have been bridges in the past; not to mention Madagascar, home of the lemur primates.
In short, beyond the skeptical superficiality of the undocumented, the enigma of the lost continents is today more alive than ever.

Wegener, for example, proposes to admit that originally the continents formed a single mass, that somehow has been broken and that the pieces have separated as the fingers of a hand separate. And the arguments with which paleontology supports this theory, although discussed, have an undeniable solidity. We will only remember one of the most relevant and frequently cited ones: the agreement of the contour of the eastern coast of the New World with that of the western coast of the Old.
Other writers, whom Buffon had preceded, assumed that bridges existed from one continent to another, and came to give them names: northern Atlantic bridge or Eria, which united Canada with Greenland and ended at the gates of Europe, then nonexistent; bridge of the tropical South Atlantic or Gondwana (name derived from a region of present-day India), that united Brazil with Africa and with India, and during a certain time also with Australia; austral bridge or Archielenis …
Plato’s exposition is actually a detailed and at the same time sober and concise treatise, aimed at highlighting the characteristics of the country of Atlantis, with a series of precise indications about the position of the vanished island, defined verbatim as «the passage to a great opposite continent »: America, unknown to the Mediterranean peoples. Indications, therefore, that even Plato could not know if they responded to the truth. Neither Plato nor Sonchis (such was according to Plutarch, in Isis and Osidis, the name of the priest of Sais relator of the news, Proclus, however, says that his name was Pateneit); both, both one and the other, are only faithful echoes that transmit a news from the most remote antiquity; his great merit is not only to have believed, but to have been faithful in the transmission of something that they do not fully understand at all. Like Plato, exactly.
The rectilinear channel that communicates the sea with the outer circular channel (the circular channels were excavated by Poseidón) has 8,880 m (50 stages) in length; 88 m wide and 29 m deep. This channel serves almost as a port for vessels from the sea. It should be noted in this regard the exaggerated width. Almost 100 m is an unusual width for a channel. If Plato had invented it, we can be sure that he did not attribute this dimension to his channels. On the other hand, things change if all he does is faithfully repeat figures that respond to a very particular reality. In fact, these channels do not have a commercial navigability objective. The figures and dimensions, such as, for example, the dimensions of the pyramids, all have a particular significance that escapes us, but which undoubtedly exists.
There were two temples: one consecrated to Poseidon and Clito, that is, to the two progenitors of the Atlanteans; Plato does not give its dimensions, it only provides some details about the decoration and about the use to which the building was destined; but there was another temple dedicated to Poseidon. This temple had the length of a stadium (177.60 m) and the width of three pits (88.60 m). They follow some details on its decoration, on the statues in the interior and on the statues that adorned the sacred enclosure around the temple. Those inside were statues of deities; those of the outside, statues of descendants of the gods, that is, of the various kings who had succeeded to the throne. There were no missing statues of other characters.

As far as we know, no greek had ever reached the far north until, in Plato’s time, the city of Massalia (Marseilles) sent Pytheas to explore northern Europe, to discover where certain goods came from. Pytheas went around the continent to the mouth of the Rhine, saw Britain and heard about a distant island, in the north, called Thule. Probably it was Shetland or Orkney, although some claim it was Norway or Iceland. Beyond Thule, they told Pytheas, he could not leave. And Piteas took note of it.
However, the concept of the last Thule expressed by the classical world contained in itself the hope of being able to overcome it one day, breaking the bonds traditionally imposed by the mythical confines of the Columns of Hercules.
It would seem that Plato or the Saite priest, in fact, knew something of the existence of the continent we call America. “The navigators, then, could pass from this island (which was the main one of the Atlantis archipelago) to the others, and beyond, to the whole opposite continent [katantikru pass epeiron], since the land surrounded by that ocean was , in the literal sense of the word, a continent. ”
These words of Plato remained dark for eighteen centuries; only after Columbus did the light of the New World shine on them.

Atlantis existed, say geologists and mineralogists. And these are the tests.
The islands that occupy here and there their supposed placement between Africa and America are volcanic islands, and in that area of ​​the planet there have been several eruptions with seismic manifestations. Indeed, in the North Atlantic, above all, towards the Arctic lands, we have the volcanoes of Bird Island and Jan Mayen, directly related to those of Iceland, the land par excellence of the Plutonian manifestations. The volcanoes of this island, where geysers still abound, form seven important groups, the best known of which is Hecla. The eruption of 1845 is famous in modern annals. It lasted seven months, during which the ashes that vomited the volcano reached Europe. And, nevertheless, this demonstration was nothing compared to that of 1783: that year the lava came out through a giant crack of 20 km in length and planted with more than five hundred craters of all dimensions. The whole valley of Skapta was buried by the lava flow, which reached no less than 27 km3. From the 50th parallel we reach the submarine plateau of the Azores whose middle part makes nine volcanic islands rise above the water. When contemplating its five volcanoes with their slopes covered with vegetation, one would say that they are extinct forever, and yet, in the past and even in the historical times, they have had more than one fatal awakening.
Among geologists and oceanographers there are two schools, with diametrically opposed positions regarding the nature and origin of the oceans. Today, in the presumed place of Atlantis is the ocean with several kilometers of depth. If Atlantis had been there, in a non-remote geological epoch, a certain part of the ocean would have been occupied by the mainland, which contrasts with the permanent nature of the oceans sustained by American scholars in their various variants, including the hypothesis of the expansion of the Earth. According to this hypothesis, the oceans would always exist in the same places and with almost the same dimensions as today. It is clear that in this case you can not talk about the existence of Atlantis. Many Russian scholars consider, on the other hand, that where today the oceans are located there could have been in the past important massifs of submerged land. And from this point of view the existence of Atlantis is fully possible. The youngest of all the oceans would seem to be the Atlantic, which has been the theater of an impetuous geological and volcanic activity. Now, supposing that Atlantis was in the Atlantic Ocean, where exactly was it? Many, among them Nicolai F. Jirov and E. F. Khaghemeister, have advanced the hypothesis that it could be linked in some way to the submarine plateau on which today the Azores are located.
Atlantis existed, say zoologists and paleontologists. Among the fauna of the Azores, of Madeira, of the Canaries, of Green Cape, of the Antilles and of Central America, we have always observed analogies that can only be explained through a continental relationship of these territories at a given time. It should be noted that if they were united to America until relatively recently, they separated from Africa, although it is much closer, because the agreements between these territories and Africa are much older. It is believed that in the Miocene this marine space existed between Africa and what we may call Atlantis. Before this time, the four archipelagos mentioned above formed a single land, united to the north with Spain, to the south with Mauritania, while to the west it extended to Bermuda and the Antilles.

Only a small number of people, initiates, theosophists, occultists, know the name of James Churchward, the mysterious colonel who, more than a century ago, launched himself in search of the ancient places where, according to him, in the beginning of time the terrestrial Paradise, and believed to have located it in the mythical continent of Mu.
In three works published in the 1930s (The Lost Continent of Mu, The Children of Mu and The Sacred Symbols of Mu, followed by a fourth in two volumes, The Cosmic Forces of Mu), Churchward narrates the circumstances that led to the discovery of that great continent of the Pacific Ocean, to which it gives the name of Mu, or Mother Earth.
All this happened in India, in the first period of Churchward’s life, around 1870. At that time, a terrible famine devastated the Indian peninsula and Churchward had become assistant to the high priest of a temple-school. One day the young Englishman, while studying a bas-relief covered with mysterious signs in the courtyard of the temple, was surprised by the high priest, also a great fan of archeology and ancient texts, who became his friend and
He began to give him more and more numerous benevolence tests.
For a couple of years, the two men studied the mysterious signs of the bas-relief. According to the high priest, those signs expressed the original language of humanity, a language only understood by two other Hindu initiates, because the inscriptions had a hidden meaning, given by the naacal, or ‘high brothers’, religious who arrived at a remote time in the Mother Earth to teach the reading of the Holy Scriptures.
It was then that the high priest revealed to Churchward the existence of ancient tablets in the secret archives of the temple. According to him, the tablets had been written by the naacal.

Continuing my research, I discovered that the vanished continent undoubtedly represented the original habitat of humanity. In those wonderful regions had lived a town that had ended colonizing the entire Earth. But, suddenly, Mu had been swept from the face of the planet by apocalyptic earthquakes, followed by an invasion of the waters, twelve thousand years ago. In a whirlwind of fire and water, Mu had disappeared.

Now Churchward was almost certain of the past existence of a continent located in the heart of the Pacific, but he had to look for proof of that existence, at the cost of dedicating his entire life to it. And that’s what he did.
During his travels, Churchward was able to discover numerous indications, but he never managed to discover any document, no text that corroborated the affirmations contained in the Hindu tablets. Then, unexpectedly, many years after his first discovery, the adventures of a geologist, William Niven, who, during excavations in Mexican territory, had discovered strange tablets, reached his ears.
From its seven great cities, the civilization of Mu expanded in all directions, to the most distant colonies, located on the other side of the seas.
The most important of these colonies was that of the Uighur, who reigned throughout Asia and southern Europe about seventeen thousand years ago, where the Uighur would have given rise to the so-called Aryan races.
The mighty empire of Mu, extending its influence to the extreme east as well as to the extreme west, must have been violently devastated, in its heyday, by two terrible cataclysms, many centuries apart from each other. It was the second that made the whole continent sink under the waves of the Pacific Ocean. Two gigantic waves, that crossed the extension of the ocean like two very high walls.
On Tonga-Tabu Island, for example, there is a stone ark of 170 tons, of unknown origin to the natives. None of the materials used for its construction is found on the island, so it can be assumed that they have been brought from other places. But, from where? How? And because?
In the Caroline Islands, and especially in Ponape, immense ruins were found, with large temples, underground canals and terraces, all in basaltic stone. Neither here do the natives possess any tradition that allows us to go back to the origin of those cyclopean works. According to Churchward, those would be the vestiges of one of the seven great cities of Mu.
And the list can continue, very long: the stone walls of the island of Lele, the pyramids of Kingsmill Island, the pink stone platform of Navigator Island, truncated cone-shaped columns in the Mariana Islands …
Bullshit or not, the myth of Mu, in any case, continues. And not only at the bookseller level. In 1972 – and it is highly indicative – the Italian singer-songwriter Riccardo Cocciante (then known as Richard Cocciante) produced a long-play entirely dedicated to the lost continent of the Pacific, commercialized by the popular Italian RCA and entitled, precisely, Mu. Also the German Colorsound Library of Munich published the long-play Lost Continents (“Lost Continents”) produced by Joel Vandroogenbroeck.
Archaeologists have discovered signs of a civilization that could go back several thousand years before the Inca Empire.
Is it about Mu? Be that as it may, the tradition of a land submerged in the Pacific is very present in Oceania.

As Alfred Métraux reminds us:
Easter Island, far from being the roof of a sunken world, was born some tens of thousands of years ago as a result of volcanic eruptions. The microscopic analysis of its rocks has not revealed the slightest mineral particle from a continental shelf. The soil and its volcanoes are entirely composed of masses or pulverized by ancient craters. All these volcanoes are now extinguished and probably had stopped burping lava and scoria thousands of years before the appearance of man.
No submerged continent, then? Keep saying Métraux:
It may be objected that the same submarine eruptions that create the islands could then destroy them as quickly. In other words, Easter Island, although of volcanic formation, could it not be the rest of a much vaster land, mutilated by the activity of volcanoes?
Be that as it may, what is beyond doubt today is that at least eight thousand years ago a huge natural catastrophe really shook all of Southeast Asia, which then constituted a unique and enormous continental bridge to Australia, known as Sondalandia or Región de la Probe. A large part of these territories was submerged and the subsequent mass exodus -by land and by sea- saw local populations follow the route of the four cardinal points: north towards interior Asia, east towards the Pacific, west towards Indian Ocean and south towards Australia. According to the recent studies of the Englishman Stephen Oppenheimer, the lands invaded by the waters would have been the primitive cradle of epochal discoveries (like the culture of the rice) and of the own civilization at the end of the glaciation, and while Australia and New Guinea would have been united in a single continental mass (the Sahulland), the coastline of the Sino-Japanese region would have been very extended towards the Pacific, comprising islands such as Hainan, Taiwan and also Yonaguni (the Nanhailand). It is evident, therefore, that the presence of architectural objects manufactured by man in areas (today between 50 and 100 m deep) before outdoors, is not only plausible but highly probable. And that the Yonaguni complex (even considering its genesis of natural origin), with its uncomfortable lytic ligament in L, fits perfectly into the aforementioned scenario of catastrophic subsidence which – with the due respect of the most conservative academic environments – can not be denied , whether or not the mythical Mu is mentioned.

The waters rose and covered the valleys from one end of the Earth to the other. The highlands remained, the bottom of the Earth [the countries located in the antipodes] remained dry; there lived those who had fled, the men of the Face Light and the Right Eye […].
When the Lords of the Dark Face woke up and immediately thought of their vimanas to escape the impending waters, they realized that they had disappeared.

It is evident that the text shown above, duly expurgated from the spiritual values ​​of the Theosophical order, refers to the catastrophic sinking of a continent and a Universal Flood, to the simultaneous fall of stars (meteorites or small asteroids), to an exodus to areas safer continentals of the planet, as well as a conflict between two adverse powers, characterized by a very advanced technique that had developed, speaking in modern terms, powerful means of flight, in this case also used for a preventive evacuation against the enemy, and detectors or sensors, gas paralyzing or narcotizing, destructive firearms (agnystra), electronic warfare and high technology: something completely foreign to our mental framework, evidently, but that has remained, anyway, in the vague memory of various cultures, from India to America and Europe.

Well, in Celtic prehistory we find the Irish demigod Cuchulain (whose name is almost homophonic to that of Kukulkan) who attacks a rival vehicle with his aerial “chariot chariot”. The sides of the adversary’s vehicle, covered with metal, open and “the two large white stones set inside it, big as mill wheels” fall outside. As a result, the “car falls to the ground with a noise of thunder, like bastions that collapse.”
Well, the description of this flying chariot, similar to the Indo-Aryan vimana, is also found in America. We are referring to a book of the late thirties, written by Colonel A. Braghin, an author dedicated to the study of the enigma of Atlantis between the two world wars.

For several years, say the Indian Puranas and the South American Popol Vuh, the stars and the Sun and the sky remained hidden by volcanic clouds and violent storms. It seemed that the end of the world had arrived. And the powerful celestial rulers, left behind the surviving human flock and left desperate. There is a phrase, in the aforementioned commentary, that sounds like the creepy death tolling of the great antediluvian civilization, Leslie observes:
The Blue Thrones are vacant. The Lords of the Resplendent Face, the Kings of Light, went away enraged.

A great astrological event, a special grouping of planets and magnetic conditions especially favorable to the Earth, marked the propitious moment. This happened about six and a half million years ago. There was nothing left to be done, except what only They were able to accomplish.
Then, under the impetuous rumble of the rapid descent, from incalculable heights, enveloped in dazzling masses of fire that filled the sky with enormous flaming tongues, the chariot of the Sons of Fire, the Lords of the Flame, was launched through the airspaces. coming from Venus; and he stopped, hanging on the “White Island”, which lay smiling in the gulf of the Gobi Sea; it was green and radiant, covered with masses of fragrant and multicolored flowers; Earth offered all the best it had, and the most beautiful, to welcome its King. There he was, “the Teenager of the sixteen springs,” Sanat Kumara, “the Eternal Virgin Youth,” the new King of the Earth, who comes to his Kingdom with His three Disciples, the three Kumara, his Helpers that surround him. Thirty powerful beings, great beyond all terrestrial understanding, were with them in hierarchical order

This passage describes point by point the arrival on Earth, before the appearance of man, of the Lords of the Flame aboard a particular vimana: not an aircraft, but an extraterrestrial spacecraft. Since then these beings would have systematically intervened in the development of terrestrial life forms, including human, and from their hidden underground center of Shamballa for a long time from them would have depended the great antediluvian civilization, made later by the primitive humanity under its direct guardianship.

In September 2000 the media reported that a small celestial body (called 2000 QW7) was on the verge of colliding with the Earth, which passed dangerously fast (at a distance of only 4 million kilometers). The astronomers of the American Radio Observatory Observatory in Arecibo, Puerto Rico, informed us, reminding us of the persistent and not infrequent dangers to our world of a devastating spatial impact on the part of numerous asteroids present in the orbital fringe between Mars and Jupiter. It was one of these cosmic “boulders” (which many astronomers consider the remains of an exploded planet) that fell on our planet sixty-five million years ago and caused the extinction of the dinosaurs, and later it was also one of these small planets that crashed in all probability in the Atlantic, which caused the collapse of the archipelago of Atlantis. History tends to repeat itself…