El Museo De La Rendición Incondicional — Dubravka Ugrešić / The Museum of Unconditional Surrender (Muzej Bezuvjetne Predaje) by Dubravka Ugrešić

Sobre el general Ratko Mladić, criminal de guerra, que durante meses aniquiló Sarajevo desde los montes cercanos, se cuenta que una vez tuvo en su punto de mira la casa de un conocido suyo. La historia sigue con que entonces el general telefoneó a su conocido informándole de que le concedía cinco minutos para recoger sus «álbumes», porque precisamente, dijo, tenía la intención de volarle la casa por los aires. Diciendo «álbumes» el general pensó en los álbumes de las fotografías familiares. El criminal, que durante meses estuvo destruyendo la ciudad, las bibliotecas, los monumentos, las iglesias, las calles y los puentes, sabía que estaba destruyendo la memoria. Por eso le regaló «magnánimamente» a su conocido una vida con derecho a la memoria. Una vida desnuda y algunas fotografías familiares.
Los refugiados se dividen en dos clases: aquéllos con fotografías y aquéllos sin fotografías, dijo un refugiado bosnio.

Un extraño librito fue este!. Una serie de pensamientos, remembranzas, recuerdos planteados de forma deliberadamente inconexa para mostrar al lector cómo la memoria puede ser a veces poco fiable, selectiva, discriminatoria.
Me sentí incómodo durante parte de la lectura de este, debido a la indiferencia del autor hacia los demás; particularmente su madre, sus amigos, vecinos; sin embargo, comparte sentimientos de culpabilidad con compañeros exiliados al azar.
No creo que este libro esté destinado a ser una lectura fácil de ninguna manera. Me pareció una lectura larga y ardua. Sin embargo, la escritura es poética, descriptiva, sin disculpas.
Me encantó el Ministerio del Dolor, así que pensé en probar este. Temas similares del exilio y la memoria a través de una narrativa fracturada. Me tomó mucho más tiempo entrar en él y, aunque me gustaban bastante algunas partes, no estaba tan enamorado del todo, y me gustaba más Ministerio del dolor por su fuerte sentido del carácter y las relaciones. Definitivamente seguiré leyendo Ugresic.
1- Entonces, ¿cuál es el sentido de todo esto si no tengo futuro y no puedo encontrar base en el pasado?
2- Al final la vida se reduce a un montón de detalles inconexos al azar. Podría haber sido así y así es completamente irrelevante. Me pregunto dónde está ese punto al que todavía puedo agarrarme antes de caer en la nada.
3- He leído mucho; Me he sumergido en los libros. todo lo que he leído es solo un revoltijo confuso de palabras, trato de recordar a mis padres, me da vergüenza saber tan poco sobre ellos. Entonces me consuelo pensando que conozco a mis hijos. Siento un escalofrío alrededor de mi calor cuando me doy cuenta de lo poco que sé sobre ellos.
4- Parece que he pasado toda mi vida anhelando algo, nunca supe exactamente para qué. Todo está borroso.
5- Nadie puede aceptar el hecho de que su propia vida es una broma.
6- La vida está bien ordenada pero no todos podemos encontrar nuestro lugar en ella. Al final de una forma u otra siempre pierdo.
7- A veces me horroriza la banalidad de mi vida. Algunas personas tienen una vida que se asemeja a una historia bien pensada. Siempre estoy celoso de la gente así.
8- Ya no importa nada ahora de todos modos, ahora ya no sé quién soy ni dónde estoy ni de quién soy
9- Rilke dijo una vez que la historia de la vida destrozada solo puede contarse en fragmentos.
10- No hay razón por la que una historia bien pensada deba parecerse a la vida real; la vida se esfuerza con todas sus fuerzas por parecerse a una historia bien pensada.
11- El arte es un esfuerzo por defender la totalidad del mundo, la conexión secreta entre las cosas.

Durante la mísera infancia de la posguerra, privada de objetos, aquel bolso de piel de cerdo serviría como compensación por los inexistentes sótano y desván, por la casa de muñecas, por los juguetes. Revolvería absorta su modesto contenido y me sentiría como consagrado partícipe de algún Secreto. No sabría ni que en realidad sí lo era. Partícipe del sencillo secreto de la vida.
El bolso con el tiempo envejeció, palideció y se estallaron las costuras. Ya no se podía cerrar, las fotos se caían, manaban del bolso, paseaban por el armario. Las colocábamos, las atábamos con cintas y las devolvíamos al bolso intentando mantener el orden. Junto al bolso en el rincón del armario aparecieron también cajas de cartón de zapatos. Echábamos las fotografías en esas cajas o las apretujábamos en libros y cajones. El bolso siguió siendo el almacén central de los recuerdos.

La fotografía es la reducción del mundo infinito e insuperable a un rectangulito. La fotografía es nuestra medida del mundo. La fotografía también es el recuerdo. La memoria es la reducción del mundo a rectangulitos. La inclusión de los rectangulitos en un álbum es una autobiografía.
Entre estos dos géneros, el álbum familiar y la autobiografía, hay una relación indudable: el álbum es una autobiografía material, la autobiografía es un álbum verbal.
Ordenar el álbum familiar es una actividad profundamente amateur, amateur ya que no está desprovista de pretensiones artísticas. Escribir una autobiografía, al margen de sus logros artísticos, pertenece, de hecho, a la misma actividad amateur.
La ventaja del «amateurismo» (llamémoslo así a falta de palabra mejor) sobre el «profesionalismo», o la diferencia entre los dos, está contenida en un punto indefinido de un dolor igualmente indefinido, un dolor en el que una obra amateur (igual que lo extrasensorial) puede dar y desencadenar el mismo sentimiento en el observador o lector. Las suntuosas estrategias de la así llamada obra artística raramente aciertan en ese punto. El punto del dolor es un blanco casual reservado sólo para los bienaventurados aficionados, un blanco en el que únicamente ellos, sin saber realmente de qué se trata, pueden acertar.
Tanto el álbum como la autobiografía respetan el objeto al que se dedican. El álbum y la autobiografía son actividades guiadas por la invisible mano del ángel de la nostalgia. Con su pesada y melancólica ala el ángel de la nostalgia sopla las ironías diabólicas hacia otro lado. Por eso casi no hay álbumes cómicos, fotografías feas, autobiografías graciosas. En estos géneros, los más sinceros y personales de todos —el álbum y la fotografía—, las tijeritas de la censura son más diligentes. Si lo gracioso, lo cómico, lo irónico impregnan el texto autobiográfico, entonces el lector trasladará este texto a la categoría de «lo no verdadero» (lo profesional, lo literario), a otro orden y género.
La autobiografía es un género serio y triste.

Las calles de Berlín están abovedadas en muchos sitios por tuberías. Los tubos rosas, amarillos, violetas, envuelven la ciudad como gigantescas lianas.
La gente de Berlín duerme más que la de otras ciudades del mundo. Ni yo misma sé cómo salir de ese desmesurado dormir. Me despierto, me tomo un café y recaigo en el sueño. Vuelvo a despertarme, me preparo otro café, ni siquiera me lo termino y ya caigo en un nuevo sueño. A veces temo que un día ya no despierte.
Berlín es una ciudad mutante. Berlín tiene su cara oeste y su cara este: a veces la del oeste se anuncia a la del este y la del este a la del oeste. En la cara de Berlín centellean los reflejos holográficos de algunas otras ciudades. Si voy a Kreuzberg, llegaré a algún rincón de Estambul, y si voy por la S-Bahn a los arrabales de Berlín, llegaré a la periferia de Moscú.
Los centenares de travestis que cada año un día de junio se echan a las calles de Berlín son la cara real y metafórica de su condición de mutante.
Miss Pastrana, una maniática mexicana de grueso bigote oscuro, fue en el Berlín de 1850 la primera estrella travesti. Algo más tarde, la dama húngara Adrienne, con exuberantes senos femeninos y con cabeza de hombre muy varonil, fue proclamada reina, la Königin der Abnormitäten.
La historia de todo tipo de travestismo es la historia alternativa de la ciudad de Berlín.

En el zoológico de Berlín al lado de la jaula de las morsas hay una extraña vitrina. Tras el cristal se encuentran los objetos hallados en la tripa de una morsa muerta hace tiempo, Roland. Exactamente hay:
Un mechero de color rosa, cuatro palitos de helado (de madera), un broche de metal en forma de caniche, un abridor de botellas de cerveza, una pulsera de mujer (probablemente de plata), un pasador de pelo, un lápiz de madera, una pistola de agua de plástico de niños, un cuchillo de plástico, unas gafas de sol, una cadenita, un muelle (pequeño), un flotador de goma, un paracaídas (de juguete), una cadena de hierro de unos cuarenta centímetros, cuatro clavos (grandes), un cochecito de plástico de color verde, un peine metálico, un pin de plástico, una muñequita, una lata de cerveza (tipo Pilsner, de 0,33 l), una cajita de cerillas, una zapatilla de niño, una brújula, una llave de coche, cuatro monedas, un cuchillo con mango de madera, un chupete, un manojo de llaves (cinco piezas), una cerradura, una bolsita de plástico de agujas e hilos.
Más hechizado que asombrado, el visitante se queda ante esas extrañas piezas y no puede resistirse…

Berlín es una ciudad museo. En los autobuses de Berlín pueden verse las ancianas más ancianas del mundo. Ellas no se mueren porque ya murieron una vez.
—Aquí todos nosotros somos piezas de museo.
Berlín es una ciudad de extraños museos, como el Museo del Azúcar, el Museo de los Peinados, el Museo de los Osos de Peluche y el Museo de la Rendición Incondicional. Más exactamente, Muzey Istorii Bezogovorochnoy Kapitulacii Fashistskoy Germanii v Voine 1941-1945. Este museo con el nombre más largo del mundo está en Karlshorst, en el antiguo Berlín oriental. El museo está ubicado en el edificio en el que en el año 1945 (en la noche entre el 8 y 9 de mayo) se firmó la capitulación alemana.
Los mercadillos de Berlín se parecen a la tripa rajada de la morsa Roland que se tragó demasiadas cosas indigeribles. Los mercadillos de Berlín se parecen a una Teufelsberg, colina artificial, de la que prorrumpiera su contenido escondido. En los mercadillos de Berlín se reconcilian tiempos e ideologías, las esvásticas con las estrellas rojas, todo se puede comprar por un precio de unos cuantos marcos. En los mercadillos de Berlín en los montones están mezclados uniformes supervivientes con diferentes galones; sus propietarios hace mucho que están muertos. Los uniformes se frotan unos con otros, sus enemigos son únicamente las polillas.
En los mercadillos de Berlín comercian el Este y el Oeste, el Norte y el Sur. Paquistaníes, turcos, polacos, gitanos, ex yugoslavos, alemanes, rusos, vietnamitas, kurdos, ucranianos, todos ellos en el mercadillo, en ese basurero del tiempo, venden los souvenirs de una cotidianidad desaparecida. Ahí se pueden comprar cosas que nadie necesita, álbumes familiares ajenos, relojes que no funcionan y floreros rotos.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/09/12/zorro-dubravka-ugresic-lisica-fox-by-dubravka-ugresic/

https://weedjee.wordpress.com/2022/12/04/el-museo-de-la-rendicion-incondicional-dubravka-ugresic-the-museum-of-unconditional-surrender-muzej-bezuvjetne-predaje-by-dubravka-ugresic/

In order to General Ratko Mladić, war criminal, who for months annihilated Sarajevo from the nearby mountains, it is said that he once had the house of an acquaintance of his in his sights. The story goes that the general then telephoned his acquaintance informing her that he was giving her five minutes to pick up his «albums» precisely because, he said, he intended to blow up her house. Saying «albums,» the general thought of family photo albums. The criminal, who for months was destroying the city, the libraries, the monuments, the churches, the streets and the bridges, knew that he was destroying his memory. That is why he «magnanimously» gave his acquaintance a life with the right to memory. A naked life and some family photographs.
Refugees are divided into two classes: those with photos and those without photos, said a Bosnian refugee.

A strange little book was this!. A series of thoughts, remembrances, recollections set out in a purposely disjointed manner to show the reader how the memory can at times be unreliable, selective, discriminatory.
I felt uncomfortable during some of the reading of this, due to the author’s indifference towards others; particularly her mother, her friends, neighbours; yet she guiltily shares emotion with random fellow exiles.
I don’t think this book is meant to be an easy read by any means. It felt to me like a long arduous read. Nevertheless, the writing is poetic, descriptive, unapologetic.
I loved the Ministry of Pain so I thought I’d give this one a try. Similar themes of exile and memory through a fractured narrative. It took me a lot longer to get into it and although I quite liked parts of it, I wasn’t as enamored of the whole, and I liked Ministry of Pain more for its stronger sense of character and relationships. I’ll definitely keep reading Ugresic.
1- Then what’s the sense of it all if I have no future, and can find no base in the past.
2- In the end life is reduced to a heap of random unconnected details. It could have been like this and like that is completely immaterial. I wonder where is that point I can still hold of before I slip into nothingness.
3- I have read a lot; I have submerged myself in books. everything I have read is just a confusing jumble of words, I try to remember my parents, I’m ashamed I know so little about them. Then I console myself with the thought that I know my children. I feel a chill around my heat when I realize how little I know about them.
4- It seems that I have spent my whole life longing for something, I never knew exactly for what. It’s all hazy.
5- No one can accept the fact that his own life is a joke.
6- Life is well ordered but not all of us can find our place in it. In the end one way or the another I always lose.
7- Sometimes I’m horrified at the banality of my life. Some people do have life which resembles a well thought out story. I am always jealous of people like that.
8- It’s all of no importance now in any case, Now I no longer know who I am or where I am or whose I am
9- Rilke once said that, the story of the shattered life can only be told in bits and pieces.
10- There is no reason why a well thought out story should resemble real life; life strives with all its might to resemble a well thought out story.
11- Art is an endeavor to defend the wholeness of the world, the secret connection between things.

During the miserable post-war childhood, deprived of objects, that pigskin bag would serve as compensation for the nonexistent basement and attic, for the dollhouse, for the toys. I would stir its modest content absorbed and I would feel like a consecrated participant in some Secret. I wouldn’t even know that it actually was. Partaker of the simple secret of life.
The bag over time got old, pale and the seams burst. It could no longer be closed, the photos fell out, poured out of the bag, wandered through the closet. We placed them, tied them with ribbons and returned them to the bag trying to keep order. Next to the bag in the corner of the closet there were also cardboard shoe boxes. We put the pictures in those boxes or crammed them into books and drawers. The bag remained the central store of memories.

Photography is the reduction of the infinite and insurmountable world to a small rectangle. Photography is our measure of the world. Photography is also the memory. Memory is the reduction of the world to little rectangles. The inclusion of the rectangles in an album is an autobiography.
Between these two genres, the family album and the autobiography, there is an undeniable relationship: the album is a material autobiography, the autobiography is a verbal album.
Putting the family album in order is a profoundly amateur activity, amateur as it is not devoid of artistic pretensions. Writing an autobiography, apart from his artistic achievements, belongs, in fact, to the same amateur activity.
The advantage of «amateurism» (let us call it that for lack of a better word) over «professionalism,» or the difference between the two, is contained in an indefinite point of equally indefinite pain, a pain in which an amateur work (equally than the extrasensory) can give and trigger the same feeling in the observer or reader. The sumptuous strategies of the so-called artistic work rarely get it right on that point. The pain point is a casual target reserved only for the blessed fans, a target that only they, without really knowing what it is, can hit.
Both the album and the autobiography respect the object to which they are dedicated. The album and the autobiography are activities guided by the invisible hand of the angel of nostalgia. With his heavy and melancholy wing the angel of nostalgia blows the diabolical ironies away. That’s why there are almost no comic albums, ugly pictures, funny autobiographies. In these genres, the most sincere and personal of all —the album and photography—, the little scissors of censorship are more diligent. If the funny, the comic, the ironic permeate the autobiographical text, then the reader will transfer this text to the category of «what is not true» (the professional, the literary), to another order and genre.
Autobiography is a serious and sad genre.

The streets of Berlin are vaulted in many places by pipes. The pink, yellow, violet tubes wrap the city like gigantic vines.
People in Berlin sleep more than other cities in the world. I don’t even know how to get out of that excessive sleep. I wake up, have a coffee and fall back to sleep. I wake up again, prepare another coffee, I don’t even finish it and I already fall into a new dream. Sometimes I fear that one day I won’t wake up.
Berlin is a changing city. Berlin has its west face and its east face: sometimes the west faces the east and the east faces the west. Holographic reflections of some other cities shimmer on the face of Berlin. If I go to Kreuzberg, I will reach some corner of Istanbul, and if I go by S-Bahn to the suburbs of Berlin, I will reach the outskirts of Moscow.
The hundreds of transvestites who take to the streets of Berlin each year in June are the real and metaphorical face of their condition as mutants.
Miss Pastrana, a Mexican maniac with a thick dark mustache, was the first transvestite star in Berlin in 1850. Somewhat later, the Hungarian lady Adrienne, with lush feminine breasts and the head of a very manly man, was proclaimed queen, the Königin der Abnormitäten.
The history of all kinds of cross-dressing is the alternate history of the city of Berlin.

In the Berlin zoo next to the walrus cage there is a strange display case. Behind the glass are the objects found in the gut of a long-dead walrus, Roland. Exactly there are:
A pink lighter, four popsicle sticks (wooden), a metal poodle brooch, a beer bottle opener, a women’s bracelet (probably silver), a hair barrette, a wooden pencil , a children’s plastic water gun, a plastic knife, sunglasses, a chain, a (small) spring, a rubber float, a (toy) parachute, an iron chain about forty centimeters, four nails (large), a green plastic stroller, a metal comb, a plastic pin, a doll, a can of beer (Pilsner type, 0.33 l), a matchbox, a child’s shoe , a compass, a car key, four coins, a knife with a wooden handle, a pacifier, a bunch of keys (five pieces), a lock, a plastic bag of needles and threads.
More enchanted than amazed, the visitor is left before these strange pieces and cannot resist…

Berlin is a museum city. On the buses of Berlin you can see the oldest old women in the world. They don’t die because they already died once.
“Here we are all museum pieces.
Berlin is a city of strange museums, such as the Sugar Museum, the Hairstyle Museum, the Teddy Bear Museum and the Museum of Unconditional Surrender. More exactly, Muzey Istorii Bezogovorochnoy Kapitulacii Fashistskoy Germanii v Voine 1941-1945. This museum with the longest name in the world is in Karlshorst, in the former East Berlin. The museum is located in the building where the German capitulation was signed in 1945 (on the night between May 8 and 9).
Berlin’s flea markets are like Roland the walrus’s ripped gut that swallowed too many indigestible things. The markets of Berlin resemble a Teufelsberg, an artificial hill, from which its hidden content burst forth. In the markets of Berlin times and ideologies are reconciled, swastikas with red stars, everything can be bought for a price of a few marks. Surviving uniforms with different stripes are mixed in the piles at the Berlin flea markets; their owners are long dead. The uniforms rub against each other, their enemies are only moths.
East and West, North and South trade at Berlin’s flea markets. Pakistanis, Turks, Poles, Gypsies, ex-Yugoslavs, Germans, Russians, Vietnamese, Kurds, Ukrainians, all of them at the market, in that dump of time, sell the souvenirs of a disappeared everyday life. There you can buy things that nobody needs, foreign family albums, clocks that don’t work and broken vases.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/09/12/zorro-dubravka-ugresic-lisica-fox-by-dubravka-ugresic/

https://weedjee.wordpress.com/2022/12/04/el-museo-de-la-rendicion-incondicional-dubravka-ugresic-the-museum-of-unconditional-surrender-muzej-bezuvjetne-predaje-by-dubravka-ugresic/

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.