Supongamos Que Viajo Sola — Helena Palau / Suppose I Travel Alone by Helena Palau (spanish book edition)

Siempre me ha costado mucho admitir que no estoy bien. Pero hay cosas que somos capaces de disimular y otras que no. Cuando intentas ocultar lo que te está pasando por la cabeza, es más complejo para quien te tiene delante, e incluso para ti misma, leerte y entender lo que te sucede, pero cuando es una evidencia a nivel físico, poco puedes callar.
Cuando las personas que más te quieren ven hasta qué punto te está afectando una situación, se convierte en una batalla compartida y, evidentemente, es sobrecogedor notar que hay gente capaz de bajar al pozo en el que te encuentras, quedarse ahí contigo a observar lo que tú ves y llorarlo junto a ti. También lo ven, eso es importante. Y es en esencia lo que significa empatizar. Tuve mucha suerte en ese aspecto, soy superconsciente y lo recuerdo a menudo. Lo que pasa es que cuanto más te implicas en una causa, con mayor intensidad la vives. Darme cuenta de cómo lo estaba viviendo mi entorno me generó mucha mucha tristeza.

Me ha gustado este libro por muchas razones:
– Consejos útiles para hacer fotos y para planificar viajes.
– Habla de salud mental de una forma muy sincera y personal. Contando realmente cómo es ella por dentro, sus cosas buenas y más oscuras. Esto es valiente.
– Me ha encantado el capítulo de ética de las fotos porque realmente hace reflexionar sobre actitudes que muchas veces hemos tenido todas sin darnos cuenta. He podido hacer autocrítica.
– Cuenta experiencias increíbles y otras más incómodas que te pueden suceder en un viaje. No sólo el postureo de hacerte las fotos, cuenta problemas que a todo el mundo le pueden suceder, pero que desde luego son parte de la aventura.
– Maravilloso también el capítulo que trata de sororidad, muy emocionante.
– Grandes fotos
– Te anima a viajar sola de nuevo y a perder el miedo.
Me he sentido muy identificado con todos los aprendizajes y retos que se le presentaban en sus viajes. Ha sabido plasmar en palabras muchas de las sensaciones que sentí mientras viajaba pero que nunca paré a pensar y procesar.

A veces me siento sola, pero eso también me puede pasar con treinta personas alrededor. Me gusta aburrirme, me gusta explicarme cosas en voz alta, me gusta trabajar en silencio. Podría decir que yo soy mi propia zona de confort y si yo estoy bien, lo estaré en cualquier lugar. Aunque también funciona en negativo, claro. Probablemente por este rasgo de personalidad tan marcado, nunca me he planteado que viajar —o hacer cualquier otra cosa— por mi cuenta podría ser extraño o aburrido, sino todo lo contrario. De todos modos, esta manera de ser es cien por cien compatible con disfrutar de buena compañía (en mi caso).
Siempre he sido consciente de que salía con ventaja respecto a otras personas. Además de sentirme a gusto al estar sola, como decía, he tenido la suerte de viajar con mi familia, habituarme a ello desde muy joven y alimentar mi interés por descubrir otros lugares.
Hasta el verano de 2019 no volví a viajar sola. El 17 de julio de ese año cogí un avión a Vietnam con una mochila delante y otra detrás, de doce kilos cada una. Ya era más mayor, tenía más experiencia y quería pasármelo bien. Volé a Hanói, la capital, y desde ahí organicé la ruta que iba a hacer. Quise tenerla bastante prediseñada porque me hacía sentir más segura. No creo que sea una condición sine qua non, pero creo que es importante hacer lo que te permita viajar más tranquila, aunque haya viajeros que se lo monten de otra manera.

Lo más probable cuando viajo con más personas es que se creen unas dinámicas de grupo que, de alguna manera, influyan en lo que hago y en cómo lo hago. No quiero decir que sean mejores ni peores, solo diferentes. Por eso salir a hacer fotos sola es otro rollo. Sobre todo cuando haces fotos a personas.
Tokio es uno de los centros urbanos más importantes del planeta. Tiene el sistema de trenes más complejo del mundo y, para hacerlo todavía más complicado para un turista, ni se habla demasiado inglés ni se habla demasiado. También tienen un problema con las papeleras: no hay papeleras. No tiene nada que ver con lo que quiero explicar, pero es un dato. A priori, la capital nipona no pone las cosas fáciles para pasearse sola. Pasé cinco días en la ciudad, entre vagones de metro y calles abarrotadas. Había tantísima gente de aspectos distintos que todo encuadre resultaba estético. Es algo superestimulante, sin duda, pero intimidante también. Nadie te mira. Al contrario, todo el mundo parece evitar el contacto visual. Al principio parece una muestra de respeto y educación, y lo más probable es que haya de eso, pero acabas teniendo la sensación de que es básicamente indiferencia. Parece que todo el mundo va a su bola sin importarle lo más mínimo qué está haciendo el de al lado. Pero lo curioso de verdad es que esto pasa durante el día. Por la noche, es otra movida bastante distinta. Quizá algo tenga que ver con que las jornadas laborales
son demasiado estresantes y con que se bebe mucho alcohol. Es recurrente ver a empresarios bebiendo juntos después del trabajo, ¡incluso algún hombre en traje, borracho, durmiendo en la calle! Son dos moods opuestos. Durante el día, trabajo y silencio, durante la noche, ocio y ruido.
Si lo que quieres es conocer a otros viajeros, hay dos cosas que a mi me han funcionado siempre: youth hostel y happy hour. No es aplicable a todos los destinos del mundo, pero puedes empezar por uno que cumpla estos requisitos. El primero es cualquier hostal de jóvenes que fácilmente localizarás en Booking por imágenes de habitaciones compartidas, literas y reseñas positivas. El segundo requisito es participar en las actividades de este hostal; muchos tienen lo que en español se llamaría la hora feliz, un periodo de tiempo que sirve para socializar y hacer unas copas a mitad de precio.

El viaje y el feminismo han tenido un impacto trascendental en mi vida más o menos a la vez. Lo que ahora llamo feminismo, en su momento era simplemente el ejercicio de pensar en mí y en mis comportamientos. No tenía ni idea de nada, pero sí que era consciente de que pensar en mí me ayudaría y serviría para construir esa personalidad que los padres tanto desean que sus hijos defiendan, o al menos los míos.
Existe mucha solidaridad entre las mujeres de todo el mundo. Una especie de norma silenciosa no escrita de cuidarnos entre nosotras.
Muchas veces me preguntan cuál ha sido mi viaje favorito. Siempre es complicado dar una respuesta firme sin tener que argumentar a favor de los demás. Tengo claro cuál ha sido el más transformador a nivel personal y acabo reconociendo el elegido: Uganda.
«En Uganda, la violencia contra las mujeres está generalizada», dice la Dra. Olive Sentumbwe, funcionaria nacional del Cuadro Orgánico de la OMS en Uganda. «Las mujeres de todas las clases sociales sufren abusos reiterados, lo que incide en su salud física y mental».
Uno de los grandes desafíos para el progreso del continente africano es hacer visible el rol clave de la mujer en la sociedad. Una iniciativa local de Petits Detalls, el proyecto Gomesi, también comparte esta visión y trabaja para el empoderamiento integral de la mujer. Durante el mes que estuve con ellos, mi función era grabar las distintas acciones que llevaban a cabo. Grupos de ahorro que funcionan como cooperativas de crédito, formaciones a las mujeres participantes en habilidades como la pastelería o la fabricación de jabones y organización de debates comunitarios para encontrar soluciones a los problemas que afrontan en su día a día. Mediante la sensibilización y la formación profesional, el objetivo es lograr que las mujeres ganen autonomía y puedan desarrollarse como activos valorados. Desde el inicio, esta organización apuesta por que sus proyectos estén coordinados por ugandesas. De esta manera, proporciona puestos de trabajo y ayuda a que las mujeres locales sean las protagonistas reales de su propio cambio.

Me conmueve encontrar gestos de protección, de solidaridad y de comprensión entre tantas diferencias culturales. Es una de las partes más estimulantes y cautivadoras de mis viajes. Es como más he aprendido y disfrutado de lo ajeno.

Según Travelsat Competitive Index, en 2012 alrededor de cuarenta millones de turistas internacionales escogieron su destino por las localizaciones cinematográficas que más les interesaban. ¡Es una locura de peña! El norte de Irlanda, por Juego de tronos, la estación de King’s Cross, por Harry Potter, o Nueva Zelanda, por El señor de los anillos, son lugares que han visto crecer de manera descomunal el turismo a causa del impacto de estos contenidos. Y estos son los más conocidos. Lo más probable es que las fotografías que se hace la gente en estas localizaciones acaben geolocalizadas en las redes y el efecto se multiplique. Evidentemente, estas visitas han contribuido en muchos casos al beneficio económico local, pero hay que tener en cuenta el impacto negativo. Hubo mucho revuelo respecto a la aparición de San Juan de Gaztelugatxe en Juego de tronos. Los turistas robaban piedras del suelo o de las fachadas de un lugar que data del siglo X para llevárselas de recuerdo. Es increíble cómo somos capaces de degradar el paisaje, sobre todo cuando no nos pertenece y tampoco se puede quejar. Las consecuencias negativas no solo ocurren con este tipo de turismo, evidentemente. Desde que la actividad turística se ha democratizado, por la bajada de precios de los vuelos o las ofertas de alojamiento para todos los bolsillos, y porque a la mayoría se le ocurre viajar a los mismos sitios, se ha producido lo que llamamos sobreturismo o turismo excesivo.
En 2016, las autoridades tailandesas comunicaron el cierre indefinido al turismo de la isla de Koh Tachai, conocida por su atractivo para el buceo. «La han visitado demasiados turistas. Han destruido la ecología y los corales de la isla», dice un portavoz del departamento de Parques Nacionales, Fauna y Flora de Tailandia. Petra es otro conjunto monumental que tras ser incluido en la lista de maravillas del mundo ha visto crecer tanto el turismo que muchos expertos han alertado al Gobierno jordano del peligro de degradación de esta antigua ciudad de piedra rojiza. Me pareció muy interesante observar que en Petra, a diferencia de la antigua ciudad de Pompeya que había visitado unos meses antes, se podía acceder a todas partes, tocar las paredes, escalar rocas… Los propios beduinos de la zona eran los que trepaban por las fachadas. No me pareció ver ningún tipo de control del espacio natural, a excepción del vuelo de drones que está prohibido en todo el país. En la antigua ciudad italiana, que también visita un número desmesurado de turistas, las ruinas estaban separadas por unas vallas para delimitar el acceso y había empleados controlando el movimiento de la gente…
Viajando y atendiendo a discursos de personas influyentes, he entendido que cuando se destruye un paisaje, se destruye mucho más que un mero lugar físico. Se destruye la identidad de aquel lugar. Sin embargo, he percibido durante mucho tiempo el paisaje como una panorámica del espacio natural que está ahí ante nosotros, que es estéticamente agradable y que está a disposición de nuestros ojos como si fuese algo ajeno a nosotros. Y eso es en esencia lo que he ido persiguiendo: lugares bonitos, spots instagrameables, paisajes fascinantes. No considero que sea un error, pero creo que las posibilidades van mucho más lejos. Un paisaje no es una mera construcción estética. Es algo vivo, dinámico y en continua transformación. Albert Einstein decía «mira profundamente en la naturaleza y entonces comprenderás todo mejor». Lo que plantea, a mi entender, es que la naturaleza es un código de símbolos que hay que descifrar para comprender el mundo. La naturaleza nos habla del presente, pero también del pasado y del futuro y es evidente, aunque algunos necios intenten negarlo, que dependemos de ella.
Siempre estaré a favor de proteger los ecosistemas y más aún cuando son tan frágiles. En ese momento, yo quería presumir de mis habilidades fotográficas y de edición, por haber conseguido tan buena imagen en tan malas condiciones. Para quien tenga ganas de caminar por ahí sin tener que hacer montajes, existen rutas en las que sí está permitido ir a pie, como el Volcán del Cuervo o la Montaña Colorada, lugares asombrosos que cuanto más cuidemos, más nos durarán.

Los cielos de Lofoten eran un auténtico espectáculo para la vista, aunque no tanto como cabría esperar para la cámara. Pocas cosas hacen menos justicia que una foto del cielo. Para quien mira la imagen es difícil percibir la belleza real de la escena, sobre todo sin un punto de referencia que le conecte con lo terrestre, con lo conocido. Por esta razón, al hacer fotos del cielo, si queremos transmitir las sensaciones que sentimos, debemos incluir algún elemento del contexto terrestre: árboles, un edificio, un trozo de montaña… Sobre cómo encuadrar una imagen del cielo, creo que es útil aplicar la regla de los tercios. Si subdividimos el fotograma en tercios verticales y horizontales, (se puede aplicar esta cuadrícula en la pantalla de la cámara o en el móvil para tener siempre la referencia), debemos procurar que el suelo o el elemento terrestre ocupe solamente el tercio inferior. El cielo ocupará los dos tercios restantes y la composición quedará equilibrada.
Decidimos ir a las tantas de la madrugada hacia una zona con poca contaminación lumínica en la que en teoría se podían ver auroras.
La fotografía nocturna requiere mucha paciencia y preparación. Es un proceso lento que en general puedes tomarte con calma pero no tanto cuando se trata de fotografiar auroras. Se mueven, se nublan, pueden desaparecer en cualquier momento. Se suele tener que repetir muchas veces una misma foto hasta encontrar la combinación de parámetros correcta. Que aparezca una persona en el encuadre aumenta las posibilidades de tardar todavía más.

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It’s always been hard for me to admit that I’m not okay. But there are things that we are able to hide and others that we are not. When you try to hide what is going through your head, it is more complex for whoever is in front of you, and even for yourself, to read yourself and understand what is happening to you, but when it is evidence on a physical level, you can hardly shut up.
When the people who love you most see the extent to which a situation is affecting you, it becomes a shared battle and, obviously, it is overwhelming to realize that there are people capable of going down to the well in which you find yourself, staying there with you to observe what that you see and mourn it with you. They also see it, that’s important. And that is essentially what it means to empathize. I was very lucky in that aspect, I am super aware and I remember it often. What happens is that the more you get involved in a cause, the more intensely you live it. Realizing how my environment was experiencing it made me very, very sad.

I liked this book for many reasons:
– Useful tips for taking photos and planning trips.
– He talks about mental health in a very sincere and personal way. Telling really what she is like inside, the good things about her and the darker things about her. This is brave.
– I loved the chapter on the ethics of photos because it really makes us reflect on attitudes that many times we have all had without realizing it. I was able to do self-criticism.
– Tell incredible experiences and other more uncomfortable that can happen to you on a trip. Not only the posture of taking the photos, it tells problems that can happen to everyone, but that of course are part of the adventure.
– Wonderful also the chapter that deals with sorority, very exciting.
– Big pictures
– Encourages you to travel alone again and lose your fear.
I have felt very identified with all the learning and challenges that were presented to her on her trips. He has been able to put into words many of the sensations I felt while traveling but that I never stopped to think about and process.

Sometimes I feel alone, but that can also happen with thirty people around. I like to be bored, I like to explain things to myself out loud, I like to work in silence. I could say that I am my own comfort zone and if I am fine, I will be anywhere. Although it also works negatively, of course. Probably because of this marked personality trait, I have never considered that traveling —or doing anything else— on my own could be strange or boring, quite the opposite. In any case, this way of being is one hundred percent compatible with enjoying good company (in my case).
I have always been aware that I had an advantage over other people. In addition to feeling comfortable being alone, as I said, I have been lucky enough to travel with my family, getting used to it from a very young age and fueling my interest in discovering other places.
Until the summer of 2019 I did not travel alone again. On July 17 of that year I took a plane to Vietnam with a backpack in front and another behind, weighing twelve kilos each. I was older, I had more experience and I wanted to have fun. I flew to Hanoi, the capital, and from there I organized the route I was going to take. I wanted to have it pretty pre-designed because it made me feel more secure. I don’t think it’s a sine qua non condition, but I think it’s important to do what allows you to travel more calmly, even if there are travelers who do it differently.

When I travel with more people, it is more likely that group dynamics will be created that, in some way, influence what I do and how I do it. I’m not saying they’re better or worse, just different. That’s why going out to take pictures alone is another roll. Especially when you take pictures of people.
Tokyo is one of the most important urban centers on the planet. It has the most complex train system in the world and, to make it even more complicated for a tourist, not much English is spoken and not too much is spoken. They also have a problem with the bins: there are no bins. It has nothing to do with what I want to explain, but it is a fact. A priori, the Japanese capital does not make things easy to walk alone. I spent five days in the city, between subway cars and crowded streets. There were so many people of different aspects that all framing was aesthetic. It’s super-stimulating, to be sure, but it’s also intimidating. Nobody looks at you. On the contrary, everyone seems to avoid eye contact. At first it seems like a sign of respect and politeness, and most likely there is that, but you end up having the feeling that it is basically indifference. It seems that everyone goes their own way without caring in the least what the person next to them is doing. But the really curious thing is that this happens during the day. At night, it’s quite another move. Perhaps it has something to do with the fact that working hours
they are too stressful and with that you drink a lot of alcohol. It is recurrent to see businessmen drinking together after work, even a man in a suit, drunk, sleeping in the street! They are two opposite moods. During the day, work and silence, during the night, leisure and noise.
If what you want is to meet other travellers, there are two things that have always worked for me: youth hostel and happy hour. It is not applicable to all destinations in the world, but you can start with one that meets these requirements. The first is any youth hostel that you will easily find on Booking by images of shared rooms, bunk beds and positive reviews. The second requirement is to participate in the activities of this hostel; many have what in Spanish would be called the happy hour, a period of time that serves to socialize and have a few drinks at half price.

Travel and feminism have had a momentous impact on my life more or less at the same time. What I now call feminism, at the time was simply the exercise of thinking about myself and my behaviors. I had no idea about anything, but I was aware that thinking about me would help me and would serve to build that personality that parents so much want their children to defend, or at least mine.
There is a lot of solidarity among women around the world. A kind of silent unwritten rule to take care of each other.
I am often asked what my favorite trip has been. It is always difficult to give a firm answer without having to argue in favor of others. I am clear about which has been the most transformative on a personal level and I end up recognizing the chosen one: Uganda.
«In Uganda, violence against women is widespread,» says Dr. Olive Sentumbwe, WHO Country Professional Officer in Uganda. “Women from all walks of life experience repeated abuse, which affects their physical and mental health.”
One of the great challenges for the progress of the African continent is to make visible the key role of women in society. A local initiative of Petits Detalls, the Gomesi project, also shares this vision and works for the comprehensive empowerment of women. During the month that I was with them, my function was to record the different actions that they carried out. Savings groups that function as credit cooperatives, training for participating women in skills such as pastry making or soap making, and organization of community debates to find solutions to the problems they face in their day-to-day lives. Through awareness raising and professional training, the goal is for women to gain autonomy and develop as valued assets. From the beginning, this organization has been committed to its projects being coordinated by Ugandan women. In this way, it provides jobs and helps local women to be the real protagonists of their own change.

It moves me to find gestures of protection, solidarity and understanding among so many cultural differences. It is one of the most exhilarating and captivating parts of my travels. It’s how I’ve learned and enjoyed what others do the most.

According to Travelsat Competitive Index, in 2012 around forty million international tourists chose their destination for the film locations that most interested them. It’s crazy as a rock! Northern Ireland, due to Game of Thrones, King’s Cross Station, due to Harry Potter, or New Zealand, due to The Lord of the Rings, are places that have seen tourism grow enormously due to the impact of these contents. And these are the best known. Most likely, the photographs that people take in these locations end up geolocated on the networks and the effect is multiplied. Obviously, these visits have contributed in many cases to the local economic benefit, but the negative impact must be taken into account. There was a lot of commotion about the appearance of San Juan de Gaztelugatxe in Game of Thrones. Tourists stole stones from the ground or from the facades of a place that dates back to the 10th century to take them as souvenirs. It’s amazing how we are capable of degrading the landscape, especially when it doesn’t belong to us and we can’t complain either. The negative consequences do not only occur with this type of tourism, obviously. Since the tourist activity has been democratized, due to the drop in flight prices or accommodation offers for all pockets, and because most people think of traveling to the same places, what we call overtourism or overtourism has occurred. excessive.
In 2016, the Thai authorities announced the indefinite closure to tourism of the island of Koh Tachai, known for its attractiveness for diving. “Too many tourists have visited it. They have destroyed the ecology and corals of the island,» says a spokesperson for Thailand’s Department of National Parks, Fauna and Flora. Petra is another monumental complex that, after being included in the list of wonders of the world, has seen tourism grow so much that many experts have alerted the Jordanian government to the danger of degradation of this ancient reddish stone city. I found it very interesting to observe that in Petra, unlike the ancient city of Pompeii that I had visited a few months before, you could access everything, touch the walls, climb rocks… The Bedouins of the area themselves were the ones who climbed the facades. I did not seem to see any type of control of the natural space, except for the flight of drones that is prohibited throughout the country. In the ancient Italian city, which is also visited by an inordinate number of tourists, the ruins were separated by fences to delimit access and there were employees controlling the movement of people…
Traveling and listening to speeches by influential people, I have understood that when a landscape is destroyed, much more is destroyed than a mere physical place. The identity of that place is destroyed. However, for a long time I have perceived the landscape as a panorama of the natural space that is there before us, that is aesthetically pleasing and that is available to our eyes as if it were something alien to us. And that is essentially what I have been pursuing: beautiful places, instagrammable spots, fascinating landscapes. I do not consider it to be a mistake, but I think the possibilities go much further. A landscape is not a mere aesthetic construction. It is something alive, dynamic and in continuous transformation. Albert Einstein said «look deep into nature and then you will understand everything better». What it suggests, in my opinion, is that nature is a code of symbols that must be deciphered in order to understand the world. Nature tells us about the present, but also about the past and the future and it is evident, although some fools try to deny it, that we depend on it.
I will always be in favor of protecting ecosystems and even more so when they are so fragile. At that time, I wanted to show off my photographic and editing skills, for having achieved such a good image in such poor conditions. For those who want to walk around without having to do assemblies, there are routes where it is allowed to go on foot, such as the Volcán del Cuervo or the Montaña Colorada, amazing places that the more we take care of, the longer they will last us.

The Lofoten skies were a real sight to behold, although not as much as one might expect for the camera. Few things do less justice than a photo of the sky. For those who look at the image, it is difficult to perceive the real beauty of the scene, especially without a point of reference that connects them with the terrestrial, with the known. For this reason, when taking photos of the sky, if we want to convey the sensations we feel, we must include some element of the terrestrial context: trees, a building, a piece of mountain… On how to frame an image of the sky, I think it is useful to apply the rule of thirds If we subdivide the frame into vertical and horizontal thirds (this grid can be applied on the camera screen or on the mobile to always have the reference), we must ensure that the ground or the terrestrial element occupies only the lower third. The sky will occupy the remaining two thirds and the composition will be balanced.
We decided to go in the early hours of the morning to an area with little light pollution where, in theory, auroras could be seen.
Night photography requires a lot of patience and preparation. It is a slow process that in general you can take it easy but not so much when it comes to photographing auroras. They move, they cloud over, they can disappear at any moment. You usually have to repeat the same photo many times to find the correct combination of parameters. Having a person appear in the frame increases the chances of taking even longer.

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