¿Mercado O Estado?. Dos Visiones Sobre La Crisis — Jordi Sevilla, Lorenzo Bernaldo De Quirós / Market or State? Two Visions of the Crisis by Jordi Sevilla, Lorenzo Bernaldo De Quirós (spanish book edition)

Lo mejor que puedo decir de esta lectura, es un libro que nos muestra dos opiniones sobre un mismo acontecimiento. Fácil lectura y comprensión.

A diferencia de lo ocurrido durante la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado, en esta Gran Recesión no hay competencia entre modelos organizativos alternativos de la sociedad y de la economía más allá de matices. La crisis de 1929 se produjo en medio de la consolidación del régimen comunista salido de la Revolución Rusa de 1917 y dividió a los países capitalistas en dos bloques: quienes optaron por la fórmula fascista y quienes decidieron seguir con una democracia parlamentaria debidamente reformada sobre la base del keynesianismo, para dar cabida a las protestas internas de los sindicatos de clase y de las fuerzas políticas de izquierda contra el modelo de capitalismo preexistente.
Quizá ello explique, además de una mayor gravedad de la situación, que el impulso reformista puesto en marcha tanto en el ámbito nacional como internacional, antes y después de la Segunda Guerra Mundial, fuera infinitamente superior al planteado ahora. La respuesta a esta crisis está siendo más conformista o, quizá, más escéptica respecto a las posibilidades reales de hacer algo radicalmente distinto de aquello que nos ha conducido hasta aquí.
Una crisis iniciada en el corazón mismo del sistema: Wall Street en Estados Unidos. Una crisis en la que ha fallado el mercado pero en la que el Estado tampoco ha estado a la altura, en parte porque ha perdido su carácter de árbitro. Una crisis en la que las crecientes desigualdades sociales, incluso en los países más ricos, siguen existiendo aunque se intenten encubrir mediante el siguiente mecanismo: no te subo el salario ahora, porque reduciría mis tremendos beneficios, pero te doy una parte de los mismos si inviertes tu dinero en acciones y, además, como necesito que consumas más de lo que te permite tu renta actual, te adelanto salarios futuros mediante el recurso a mecanismos sofisticados de crédito.
Podríamos decir también que la crisis ha sido consecuencia de que el desarrollo de las fuerzas productivas ha sobrepasado el marco de las relaciones sociales establecidas. Así, mientras la economía jugaba mirando al futuro en una escala mundial sin demasiadas reglas ni control, las relaciones sociales y políticas iban claramente por detrás, estancadas en el marco de los Estados-nación creados hace varios siglos. A partir de aquí, o el marco institucional evoluciona de manera decisiva y eficaz hacia nuevas formas de gobernanza internacional de las cosas o la legitimidad de los Gobiernos nacionales será cuestionada, entre otras cosas, por su creciente incapacidad para controlar aquellas fuerzas que afectan al destino individual y colectivo de sus ciudadanos.
También creo que, tras esta crisis, debemos refundar el capitalismo, antes de volver a confundir recuperación económica con reformas y bienestar material con sociedad justa. Y debemos hacerlo guiados por una vieja máxima socialdemócrata: tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario.
No hacerlo así nos situaría cerca de ese socialismo para ricos que tanto se ha criticado. Es decir, si el Estado-nación solo sirve para inyectar dinero y recursos presupuestarios que eviten la quiebra de importantes empresas y entidades financieras privadas, demasiado grandes para dejarlas caer por los efectos devastadores que tendría sobre el conjunto de la economía, pero que cuando tienen beneficios cuantiosos, se ocupan de eludirlos legalmente en un complejo entramado de sociedades internacionales que incluye paraísos fiscales, entonces, es legítimo cuestionar moralmente esas ayudas sin condiciones.
– Conviene decir alto y claro que entre las razones principales que están detrás de esta crisis hay que citar la hegemonía de una cierta ideología neoliberal que ha guiado una buena parte de las actuaciones políticas y económicas en las últimas décadas. Una determinada concepción de la sociedad y del funcionamiento del sistema económico que ha actuado a partir de tres principios: los mercados se ajustan solos; lo colectivo no existe, es decir, el todo no es más que la suma de las partes; el Estado es el problema, por lo que debe reducirse al mínimo su presencia.
Hablamos de asuntos discutibles, sobre los que no hay consenso ni evidencia como para asegurar su verdad y que han sido mantenidos, defendidos y aplicados desde una convicción profundamente ideológica por parte de una cierta derecha internacional representada de manera destacada por las llamadas revoluciones conservadoras iniciadas por Thatcher y Reagan.
– La manera en que se ha producido la globalización económica en las últimas décadas se encuentra, también, entre las razones explicativas de lo que ha pasado. Ojo, digo la manera en que se ha hecho. No la globalización en sí. Interconectar mercados, ensanchar los espacios del desarrollo económico, hacer llegar información y oportunidades al último rincón de la tierra, considerar, en suma, a esa nave espacial llamada Tierra como un todo, es algo muy positivo que, además, las nuevas tecnologías permiten como nunca antes en la historia.
Lo primero que conviene tener claro es que el proceso de globalización tampoco es algo que haya caído del cielo o que se haya desarrollado de manera autónoma. Es cierto que hay factores tecnológicos que lo han facilitado, pero no es algo inevitable que haya ocurrido al margen de la decisión, al menos, de algunos. Se han adoptado decisiones políticas para facilitar la globalización y, en paralelo, no se han adoptado otras para tener el modelo parcial y asimétrico de globalización que tenemos.
– De verdad que no es una obviedad, pero la principal razón que está detrás de una explicación para esta crisis económico-financiera es… ¡que las crisis existen! Que no hemos sido capaces de encontrar un sistema económico en el que no se produzcan fluctuaciones cíclicas de la producción…
– La crisis actual es muy distinta de todas las ocurridas en las últimas décadas. Incluso es diferente a la, hasta ahora, Gran Crisis con Depresión de hace setenta años. Hemos visto que la actual es la primera crisis globalizada, tanto en sentido geográfico como sectorial, y aunque su desencadenante ha sido financiero, sus efectos se han trasladado con rapidez al conjunto de la economía.
Quiero insistir, para entender lo ocurrido, en la importancia de las proporciones relativas. Dos gazpachos, uno exquisito y otro deleznable, pueden tener los mismos ingredientes, pero de diferente calidad y, sobre todo, combinados en proporciones distintas. Y quiero insistir porque producción, consumo, bolsas, comercio, crédito, bancos, etc., han existido siempre y han estado presentes en las explicaciones de las distintas crisis que la historia ha visto. Lo que hace diferentes a unas de otras es la manera en que todos estos elementos se interconectan y el contenido concreto de cada uno de ellos en cada momento.
– La función del sistema financiero es algo tan sencillo como intermediar, cobrando el servicio, entre quienes ahorran y quienes necesitan ese ahorro, permitiendo que todos obtengan un beneficio. Dejando al margen las bolsas de valores en las que solo las empresas acceden como demandantes de recursos a cambio de los cuales pagan dividendos o rendimientos, las entidades bancarias toman dinero prestado en depósito para, a su vez, prestarlo como crédito. Todo el sistema se fundamenta en la confianza. La confianza en que si deposito mis ahorros, estarán ahí cuando los necesite, la confianza en que si me conceden un crédito, lo devolveré.
Un sistema bancario moderno se rige por tres principios básicos: la cantidad total de dinero existente, cualquiera que sea la forma que adopte, tiene que guardar una cierta proporción con el volumen de mercancías y servicios a cuyo intercambio sirve. Esta relación no tiene que ser fija y algunos de los desajustes se corrigen mediante alteraciones del índice general de precios (inflación). Segundo principio, la cantidad máxima de crédito bancario creado tiene que guardar una proporción conocida y estable con los recursos con que el banco respalda dicho crédito para evitar que se asuman riesgos excesivos a los que no se pueda hacer frente si surgen problemas de impago. Tercero, existen reglas para garantizar el correcto funcionamiento de todo, supervisadas por el regulador del mercado de valores o por el banco central que, además, desempeña la función de prestamista de última instancia si todo lo anterior falla.
En las últimas décadas todo esto se ha visto profundamente alterado, con el resultado de que la intermediación financiera ha adquirido un elevado nivel de autonomía hasta llegar a convertirla en un sistema cerrado que volaba solo, aunque con algunas conexiones con el resto de la economía. Ello ha sido así por la confluencia acumulativa de un conjunto de factores fruto de decisiones políticas.
– Los que no se pueda hacer frente si surgen problemas de impago. Tercero, existen reglas para garantizar el correcto funcionamiento de todo, supervisadas por el regulador del mercado de valores o por el banco central que, además, desempeña la función de prestamista de última instancia si todo lo anterior falla.
En las últimas décadas todo esto se ha visto profundamente alterado, con el resultado de que la intermediación financiera ha adquirido un elevado nivel de autonomía hasta llegar a convertirla en un sistema cerrado que volaba solo, aunque con algunas conexiones con el resto de la economía. Ello ha sido así por la confluencia acumulativa de un conjunto de factores fruto de decisiones políticas.

La crisis se ha convertido en un pliego de cargos contra el capitalismo liberal, economía de libre mercado, o como quiera definirse al sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el cual los poderes del Estado se limitan a proteger los derechos individuales, garantizar el imperio de la ley, asegurar el cumplimiento de los contratos, suministrar bienes públicos y establecer una red mínima de seguridad para aquellas personas que, víctimas de infortunio, sean incapaces de valerse por sí mismas o de adquirir en el mercado determinados bienes y servicios. Guste o no, ese marco institucional ha mostrado ser el instrumento más poderoso descubierto por el hombre para extender el progreso y el bienestar. Este es un hecho avalado por una abrumadora evidencia empírica y conviene no olvidarlo cuando, so pretexto de combatir la crisis, los intervencionistas de todos los partidos y de todos los gobiernos pretenden introducir medidas cuya universalización sólo serviría para reducir el nivel de vida de millones de personas en todo el mundo.
Identificar la crisis iniciada en 2007 como la expresión de los excesos del neoliberalismo imperante en la escena global es una afirmación errónea, por no decir una grosera manipulación. La denominada «revolución neoliberal» abanderada por Ronald Reagan en Estados Unidos y por Margaret Thatcher fue la respuesta a la estanflación generada por la aplicación de un keynesianismo rampante y de un intervencionismo abrumador en los mercados. Si bien las políticas inspiradas en su ideario lograron frenar la deriva estatista de algunas de las economías desarrolladas y en vías de desarrollo, no consiguieron reducir de manera sustancial el peso del Estado ni mucho menos hacerle retroceder en el grueso de los países de la OCDE. Así, por ejemplo, en Estados Unidos y en Gran Bretaña los grandes programas del Estado del bienestar se han mantenido casi en su integridad. A comienzos del siglo XXI, el gasto público y la presión fiscal son mayores que en 1970 en todos los países desarrollados. Fuera del mundo anglosajón, en el resto de las sociedades avanzadas, la incidencia práctica del «neoliberalismo», término vacío de contenido salvo que se le equipare al liberalismo clásico, fue y es marginal.
– Ni la Gran Recesión fue algo que ha ocurrido «porque sí» ni empezó en el verano de 2007. Sus cimientos fueron puestos varios años antes. En concreto, la política desplegada por la Reserva Federal norteamericana en el período 2001-2005 bastaría para explicar el desarrollo de un ciclo expansivo insostenible condenado a terminar de un modo abrupto. Si la prolongación de la larga fase de bonanza registrada por la economía mundial ha sido la consecuencia directa de un excesivo crecimiento del crédito, generado por el mantenimiento de unos tipos de interés demasiado bajos durante demasiado tiempo, su término era inevitable cuando las condiciones monetario-financieras cambiasen; es decir, cuando la época de dinero fácil y barato tocase a su fin. Esta instantánea resume de una manera muy simplificada cuál es el origen de la mayor debacle experimentada por la economía mundial desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado. Para comprender la dinámica del auge-recesión y sus implicaciones es básico analizar cómo se incuban y desatan las fluctuaciones económicas. Si el lector tiene algo de paciencia, entenderá las claves de ese enigma.
El tipo de interés es el puente entre el presente y el futuro. Es el precio que equilibra el ahorro y la inversión.
– La espectacular escalada de la deuda hipotecaria de las familias, cuyo estallido desató la convulsión que ha sacudido a la economía y a las finanzas norteamericanas y globales, fue una respuesta a unos tipos de interés mantenidos artificialmente bajos por la Reserva Federal y a una estrategia política orientada a extender el acceso de los ciudadanos a la propiedad de la vivienda con independencia de su capacidad económica y financiera. La película empieza con Clinton y alcanza su cenit en la idílica sociedad de propietarios imaginada por George W. Bush. En pos de esa loable meta, demócratas y republicanos, de manera consciente y directa, y la FED, por torpeza, fabricaron la gigantesca «burbuja» inmobiliaria que estalló en el tórrido agosto de 2007. De nuevo no fueron las voraces e irracionales fuerzas del capitalismo salvaje, los empresarios y los especuladores, hipnotizados por un desmedido afán de lucro, los causantes del auge y posterior declive del mercado inmobiliario, sino la actuación del banco central y de la entente burocrático-política estadounidense.
– La literatura y la historia muestran que una política monetaria y de crédito permisiva genera incrementos en los precios de los activos reales y/o de los bursátiles insostenibles, lo que conduce a crisis financieras y a reducciones en la tasa de crecimiento del PIB cuando el entorno de liquidez que generó el boom se desvanece. Aunque las crisis inmobiliarias han sido menos frecuentes que las bursátiles, sus fases de expansión se han visto seguidas por recesiones de la economía en un 40% de los casos, mientras solo el 25% de los ciclos alcistas experimentados por las bolsas han finalizado en un período recesivo. En términos históricos, las pérdidas de producción derivadas de una típica caída de los precios inmobiliarios se sitúan entre un 5 y un 8% del PIB, el doble de las imputables a los cracs de la bolsa. Por añadidura, los grandes cataclismos bancarios de la posguerra coincidieron con batacazos del sector inmobiliario. El Armagedón iniciado en el verano de 2007, con la explosión incontrolada de las «hipotecas basura» no fue una excepción. ¿Cómo se propagó la crisis?.
– Desde numerosos sectores de la opinión pública se han arrojado las culpas de la crisis sobre las espaldas de la liberalización, la innovación y la integración financiera internacional. En este entorno institucional, los hogares y las compañías tienden a endeudarse más allá de lo considerado prudente y los inversores a asumir riesgos desproporcionados. De este modo, el riesgo sistémico, esto es, el peligro de que una perturbación aislada y/o sectorial se extienda a la totalidad de la economía y conduzca a un desplome del sistema de pagos, se incrementa. Así lo demostraría el cataclismo experimentado por los mercados financieros desde el verano triste de 2007. Ante este panorama, la demanda de regulaciones para poner orden en el «irracional juego de los casinos financieros» aumenta exponencialmente. Esta sería la respuesta adecuada a un supuesto «fallo del mercado» y además tiene una excelente venta popular porque, detrás de la escena, unos maléficos, codiciosos y millonarios hombres sin escrúpulos mueven los hilos de una enloquecida trama.
– Si uno se cree las previsiones de los organismos económicos internacionales, la Gran Recesión ha quedado atrás y el mundo a trancas y barrancas volverá a crecer. El debate se centra en si la recuperación será en V, es decir rápida e intensa; en U, lenta y débil o, como sugieren los pesimistas, en W, esto es, una frágil reactivación seguida de una recaída. Las previsiones de los economistas tienen más de arte que de ciencia, pero si bien es una cuestión de suerte acertar con precisión la evolución de la economía global, sí es posible intuir cuál será su posible comportamiento a la vista del tipo de crisis que se ha experimentado y de las medidas aplicadas para combatirla. La buena noticia es que el desplome de los mecanismos de pagos ha sido contenido, de momento… La mala, que la ingente acumulación de deuda por parte de los gobiernos corre el serio peligro de desencadenar una ola de nuevas crisis financieras en un horizonte temporal no muy lejano.
En conclusión, la superación definitiva de la Gran Recesión exige restaurar la disciplina fiscal y monetaria, mantener los mercados abiertos a la competencia interna y externa y no sucumbir a la tentación intervencionista que no lograría eliminar la emergencia de riesgos sistémicos y, sin embargo, establecería una pesada losa sobre el crecimiento de la economía. No hace falta inundar las economías y los sistemas financieros de miles de trabas sino diseñar un aparato regulatorio-supervisor pequeño y eficiente, sometido a reglas y procedimientos claros y previsibles, cuya misión básica ha de ser la creación de incentivos que incrementen la responsabilidad de los agentes económicos, en lugar de fomentar la irresponsabilidad, y el establecimiento de un entorno legal e institucional que promueva la transparencia y prevenga, y en su caso castigue, los abusos y el fraude. La crisis iniciada en 2007 no fue un «fallo del mercado» sino un «fallo del Estado» y prácticamente todas las responsabilidades asignadas al mercado fueron consecuencias directas de los estímulos y distorsiones proporcionadas por malas políticas económicas y por pésimas, que no insuficientes, regulaciones.

En el tercer trimestre de 2008, la economía española entró en recesión. Se pasó sin transición y a velocidad de vértigo de vivir la etapa de expansión más dilatada desde la década de los sesenta a sufrir la mayor crisis económica registrada por España desde la guerra civil. Durante casi quince años, el país había experimentado un aumento sin precedentes de la prosperidad que, además, había llegado a todas las capas de la sociedad. En un tiempo récord, los avances de bienestar y de riqueza alcanzados desde la segunda mitad de la década de los noventa se han volatilizado y hoy aparecen ante los españoles como la nostalgia de una edad dorada. La imagen de aquellos «viejos-buenos» tiempos lleva trazas de convertirse para el imaginario colectivo en una especie de época irrepetible, de un accidente histórico, de un producto del azar, de un paréntesis en el devenir de un país mediocre, de expectativas limitadas y condenado a ser el socio pobre del club de los ricos. Sin embargo, hasta hace muy poco, apenas tres años, España parecía inmersa en la senda de un imparable e irreversible progreso.

El primer error que cometimos como país fue no cambiar a tiempo el modelo de desarrollo anterior basado en fundamentos insostenibles. Casi todo el mundo sabía y muchos decían que no podíamos seguir creciendo sobre la base de un sector, la construcción, y de un instrumento, el endeudamiento.
El segundo error cometido fue pensar que nuestro sistema financiero estaba inmunizado frente a la crisis internacional desencadenada por las hipotecas subprime estadounidenses. Es verdad que el sistema de provisiones extraordinarias frente a imprevistos puesto en marcha por el Banco de España unos años antes, con gran protesta de los bancos, así como las características rigurosas de nuestra supervisión financiera alejaban la situación de bancos y cajas de ahorros españoles de las cosas que estábamos viendo en otros países.
En suma, muestro sistema financiero ha resistido mejor que el de otros países, pero a costa de un ajuste suave en cuanto a reconocimiento de pérdidas y reestructuración que estamos pagando todos y lastra las posibilidades de recuperación.
El tercer error es imputable al Gobierno en exclusiva: negarse a reconocer a tiempo la crisis económica. Los meses en que estuvimos debatiendo si había crisis o desaceleración y si esta sería profunda o pasajera fueron tiempo perdido en armarnos frente a la misma.

A. Reforma sanitaria
B. Reforma del régimen de pensiones
C. Reforma del sistema educativo
D. Reforma de las Administraciones Públicas
E. Impuestos equitativos, gastos eficientes
F. Reforma del mercado de trabajo
G. Estructura federal del Estado

•Apostar por la calidad, antes que por la cantidad, y por el valor añadido, antes que por el precio. Competir no por hacerlo más barato, sino por hacerlo mejor.
•Mejorar, de manera continua, la eficiencia tecnológica y en procedimientos, haciendo de la innovación en toda la cadena, un hábito.
•Incorporar a los trabajadores como protagonistas del proceso de cambio, con estabilidad, flexibilidad y formación adecuadas. El talento será la clave de bóveda de una salida provechosa de la situación.
•Convertirse en aliados activos de la lucha contra el cambio climático, incorporando y desarrollando tecnologías que nos permitan reducir, paulatinamente, la cantidad de carbono empleado o emitido en nuestros procesos, a todos los niveles.
•Asumir compromisos públicos de responsabilidad social, para que las empresas no sean solo un lugar de creación de beneficio privado, sino de valor colectivo.

De las crisis saldremos en algún momento. Lo importante es saber cómo y quiénes. Sin hacer predicciones desde la bola de cristal, aquellos que bien desde el sector privado, bien desde el público, promuevan las líneas de actuación señaladas estarán entre los vencedores, además de haber prestado un servicio a la sociedad. Del resto, pronto nos olvidaremos.

Libros de los autores comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2021/03/03/en-defensa-del-pluralismo-liberal-contra-las-religiones-modernas-lorenzo-bernaldo-de-quiros-in-defense-of-liberal-pluralism-against-modern-religions-by-lorenzo-bernaldo-de-quiros-spanis/

https://weedjee.wordpress.com/2022/11/05/la-espana-herida-las-6-brechas-sociales-y-como-corregirlas-jordi-sevilla-wounded-spain-the-6-social-gaps-and-how-to-correct-them-by-jordi-sevilla-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2022/12/01/mercado-o-estado-dos-visiones-sobre-la-crisis-jordi-sevilla-lorenzo-bernaldo-de-quiros-market-or-state-two-visions-of-the-crisis-by-jordi-sevilla-lorenzo-bernaldo-de-quiros-spa/

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The best I can say about this reading is a book that shows us two opinions about the same event. Easy reading and understanding.

Unlike what happened during the Great Depression of the 1930s, in this Great Recession there is no competition between alternative organizational models of society and the economy beyond nuances. The crisis of 1929 occurred in the midst of the consolidation of the communist regime that emerged from the Russian Revolution of 1917 and divided the capitalist countries into two blocks: those who opted for the fascist formula and those who decided to continue with a duly reformed parliamentary democracy based on of Keynesianism, to accommodate the internal protests of class unions and leftist political forces against the pre-existing model of capitalism.
Perhaps this explains, in addition to the greater gravity of the situation, why the reformist impulse launched both nationally and internationally, before and after the Second World War, was infinitely superior to that proposed now. The response to this crisis is being more conformist or, perhaps, more skeptical about the real possibilities of doing something radically different from what has led us here.
A crisis started in the very heart of the system: Wall Street in the United States. A crisis in which the market has failed but in which the State has not been up to the task either, in part because it has lost its role as referee. A crisis in which the growing social inequalities, even in the richest countries, continue to exist even though they try to cover up through the following mechanism: I will not raise your salary now, because it would reduce my tremendous benefits, but I will give you a part of them if you invest your money in stocks and, furthermore, as I need you to consume more than your current income allows, I advance future wages by resorting to sophisticated credit mechanisms.
We could also say that the crisis has been a consequence of the fact that the development of the productive forces has surpassed the framework of established social relations. Thus, while the economy played looking to the future on a world scale without too many rules or controls, social and political relations clearly lagged behind, stuck within the framework of the nation-states created several centuries ago. From here, either the institutional framework evolves decisively and effectively towards new forms of international governance of things or the legitimacy of national governments will be questioned, among other things, due to their growing inability to control those forces that affect destiny individual and collective of its citizens.
I also believe that, after this crisis, we must refound capitalism, before confusing economic recovery with reforms and material well-being with a just society. And we must do so guided by an old social democratic maxim: as much market as possible and as much State as necessary.
Failure to do so would place us close to that socialism for the rich that has been criticized so much. In other words, if the Nation-State only serves to inject money and budgetary resources to prevent the bankruptcy of important companies and private financial entities, too big to let them fall due to the devastating effects that they would have on the economy as a whole, but that when they have substantial profits, they deal with legally eluding them in a complex network of international societies that includes tax havens, then it is legitimate to morally question such unconditional aid.
– It should be said loud and clear that among the main reasons behind this crisis we must cite the hegemony of a certain neoliberal ideology that has guided a good part of the political and economic actions in recent decades. A certain conception of society and the functioning of the economic system that has acted from three principles: the markets adjust themselves; the collective does not exist, that is, the whole is nothing more than the sum of the parts; the state is the problem, so its presence must be minimized.
We are talking about debatable issues, on which there is no consensus or evidence to ensure their truth and that have been maintained, defended and applied from a deeply ideological conviction by a certain international right wing represented prominently by the so-called conservative revolutions initiated by Thatcher and Reagan.
– The way in which economic globalization has occurred in recent decades is also one of the explanatory reasons for what has happened. Eye, I say the way it has been done. Not globalization itself. Interconnecting markets, widening the spaces for economic development, bringing information and opportunities to the last corner of the earth, considering, in short, that spaceship called Earth as a whole, is something very positive that, in addition, new technologies allow as never before in history.
The first thing that should be clear is that the globalization process is not something that has fallen from the sky or that has developed autonomously. It is true that there are technological factors that have facilitated it, but it is not something inevitable that has happened outside the decision, at least of some. Political decisions have been adopted to facilitate globalization and, in parallel, others have not been adopted in order to have the partial and asymmetric model of globalization that we have.
– It really is not obvious, but the main reason behind an explanation for this economic-financial crisis is… that crises exist! That we have not been able to find an economic system in which there are no cyclical fluctuations in production…
– The current crisis is very different from all those that have occurred in recent decades. It is even different from the, until now, Great Crisis with Depression of seventy years ago. We have seen that the current one is the first globalized crisis, both in a geographical and sectoral sense, and although its trigger has been financial, its effects have quickly spread to the economy as a whole.
I want to insist, to understand what happened, on the importance of relative proportions. Two gazpachos, one exquisite and the other flimsy, can have the same ingredients, but of different quality and, above all, combined in different proportions. And I want to insist because production, consumption, stock markets, trade, credit, banks, etc., have always existed and have been present in the explanations of the different crises that history has seen. What makes them different from each other is the way in which all these elements are interconnected and the specific content of each one of them at each moment.
– The function of the financial system is something as simple as intermediating, charging for the service, between those who save and those who need that saving, allowing everyone to obtain a benefit. Leaving aside the stock markets in which only companies have access as resource seekers in exchange for which they pay dividends or yields, banking entities borrow money on deposit to, in turn, lend it as credit. The whole system is based on trust. The confidence that if I deposit my savings, they will be there when I need them, the confidence that if they grant me a loan, I will repay it.
A modern banking system is governed by three basic principles: the total amount of money in existence, whatever form it takes, has to be in a certain proportion to the volume of goods and services whose exchange it serves. This relationship does not have to be fixed and some of the imbalances are corrected by changes in the general price index (inflation). Second principle, the maximum amount of bank credit created must keep a known and stable proportion with the resources with which the bank backs said credit to avoid assuming excessive risks that cannot be faced if non-payment problems arise. Third, there are rules to ensure the proper functioning of everything, supervised by the stock market regulator or by the central bank, which also plays the role of lender of last resort if all of the above fails.
In recent decades all this has been profoundly altered, with the result that financial intermediation has acquired a high level of autonomy to the point of turning it into a closed system that flew alone, although with some connections with the rest of the economy. This has been so due to the cumulative confluence of a set of factors resulting from political decisions.
– Those that cannot be met if non-payment problems arise. Third, there are rules to ensure the proper functioning of everything, supervised by the stock market regulator or by the central bank, which also plays the role of lender of last resort if all of the above fails.
In recent decades all this has been profoundly altered, with the result that financial intermediation has acquired a high level of autonomy to the point of turning it into a closed system that flew alone, although with some connections with the rest of the economy. This has been so due to the cumulative confluence of a set of factors resulting from political decisions.
– Those that cannot be met if non-payment problems arise. Third, there are rules to ensure the proper functioning of everything, supervised by the stock market regulator or by the central bank, which also plays the role of lender of last resort if all of the above fails.
In recent decades all this has been profoundly altered, with the result that financial intermediation has acquired a high level of autonomy to the point of turning it into a closed system that flew alone, although with some connections with the rest of the economy. This has been so due to the cumulative confluence of a set of factors resulting from political decisions.

The crisis has become a statement of objections against liberal capitalism, free market economy, or however you want to define the system based on private ownership of the means of production and in which the powers of the State are limited to protecting the rights individuals, guarantee the rule of law, ensure compliance with contracts, provide public goods and establish a minimum safety net for those who, victims of misfortune, are unable to fend for themselves or to acquire certain goods on the market and services. Like it or not, this institutional framework has proven to be the most powerful instrument discovered by man to extend progress and well-being. This is a fact supported by overwhelming empirical evidence and it should not be forgotten when, under the pretext of combating the crisis, the interventionists of all parties and all governments seek to introduce measures whose universalization would only serve to reduce the standard of living of millions of people all over the world.
Identifying the crisis that began in 2007 as the expression of the excesses of neoliberalism prevailing on the global scene is an erroneous statement, if not a gross manipulation. The so-called «neoliberal revolution» championed by Ronald Reagan in the United States and by Margaret Thatcher was the response to the stagflation generated by the application of rampant Keynesianism and overwhelming interventionism in the markets. Although the policies inspired by his ideology managed to stop the statist drift of some of the developed and developing economies, they did not manage to substantially reduce the weight of the State, much less make it go backwards in the bulk of the OECD countries. Thus, for example, in the United States and Great Britain the great programs of the welfare state have been maintained almost in their entirety. At the beginning of the 21st century, public spending and fiscal pressure are greater than in 1970 in all developed countries. Outside the Anglo-Saxon world, in the rest of the advanced societies, the practical incidence of «neoliberalism», a term that is empty of content unless it is equated with classical liberalism, was and is marginal.
– Neither the Great Recession was something that has happened «just because» nor did it start in the summer of 2007. Its foundations were laid several years before. Specifically, the policy deployed by the US Federal Reserve in the period 2001-2005 would suffice to explain the development of an unsustainable expansionary cycle doomed to end abruptly. If the prolongation of the long boom phase recorded by the world economy has been the direct consequence of excessive credit growth, generated by keeping interest rates too low for too long, its end was inevitable when monetary- financials changed; that is to say, when the time of easy and cheap money was coming to an end. This snapshot summarizes in a very simplified way what is the origin of the biggest debacle experienced by the world economy since the Great Depression of the thirties of the last century. To understand the dynamics of the boom-recession and its implications, it is essential to analyze how economic fluctuations are incubated and unleashed. If the reader has some patience, he will understand the keys to this enigma.
The interest rate is the bridge between the present and the future. It is the price that balances saving and investment.
– The spectacular escalation of household mortgage debt, the explosion of which triggered the convulsion that has shaken the US and global economy and finances, was a response to interest rates kept artificially low by the Federal Reserve and to a political strategy aimed at to extend citizens’ access to home ownership regardless of their economic and financial capacity. The film begins with Clinton and reaches its zenith in the idyllic ownership society envisioned by George W. Bush. In pursuit of that laudable goal, Democrats and Republicans consciously and directly, and the FED, clumsily, manufactured the gigantic real estate «bubble» that burst in the torrid August of 2007. Again, it was not the voracious and irrational forces of the Wild capitalism, businessmen and speculators, hypnotized by an excessive desire for profit, the cause of the rise and subsequent decline of the real estate market, but the actions of the central bank and the American bureaucratic-political entente.
– Literature and history show that a permissive monetary and credit policy generates increases in the prices of real assets and/or unsustainable stock prices, which leads to financial crises and reductions in the GDP growth rate when the environment of liquidity that generated the boom vanishes. Although real estate crises have been less frequent than stock market crises, their expansion phases have been followed by economic recessions in 40% of cases, while only 25% of the bullish cycles experienced by the stock markets have ended in a recessive period. In historical terms, the production losses derived from a typical fall in real estate prices are between 5 and 8% of GDP, double that attributable to stock market crashes. In addition, the great banking cataclysms of the postwar period coincided with bumps in the real estate sector. The Armageddon that began in the summer of 2007, with the uncontrolled explosion of «junk mortgages» was no exception. How did the crisis spread?
– Many sectors of public opinion have placed the blame for the crisis on the backs of liberalization, innovation and international financial integration. In this institutional environment, households and companies tend to borrow beyond what is considered prudent and investors to take disproportionate risks. In this way, the systemic risk, that is, the danger that an isolated and/or sectoral disturbance will spread to the entire economy and lead to a collapse of the payment system, increases. This would be demonstrated by the cataclysm experienced by the financial markets since the sad summer of 2007. Against this background, the demand for regulations to bring order to the «irrational game of financial casinos» increases exponentially. This would be the appropriate response to a supposed «market failure» and also has an excellent popular sale because, behind the scenes, evil, greedy and unscrupulous millionaire men pull the strings of a mad plot.
– If one believes the forecasts of international economic organizations, the Great Recession has been left behind and the world will grow in fits and starts. The debate focuses on whether the recovery will be in V, that is, fast and intense; in U, slow and weak or, as the pessimists suggest, in W, that is, a fragile recovery followed by a relapse. Economists’ forecasts are more art than science, but although it is a matter of luck to guess precisely the evolution of the global economy, it is possible to guess what its possible behavior will be in view of the type of crisis that has occurred. experienced and the measures applied to combat it. The good news is that the collapse of payment mechanisms has been contained, for the time being… The bad news is that the huge accumulation of debt by governments is in serious danger of unleashing a wave of new financial crises in a time horizon not far away.
In conclusion, the definitive overcoming of the Great Recession requires restoring fiscal and monetary discipline, keeping markets open to internal and external competition and not succumbing to the interventionist temptation that would not be able to eliminate the emergence of systemic risks and, however, would establish a heavy burden on the growth of the economy. It is not necessary to flood the economies and financial systems with thousands of obstacles, but to design a small and efficient regulatory-supervisory apparatus, subject to clear and predictable rules and procedures, whose basic mission must be the creation of incentives that increase the responsibility of economic agents, instead of fostering irresponsibility, and the establishment of a legal and institutional environment that promotes transparency and prevents, and where appropriate punishes, abuses and fraud. The crisis that began in 2007 was not a «market failure» but a «state failure» and practically all the responsibilities assigned to the market were direct consequences of the stimuli and distortions provided by bad economic policies and by terrible, if not insufficient, regulations. .

In the third quarter of 2008, the Spanish economy entered a recession. It went without transition and at breakneck speed from experiencing the most extensive stage of expansion since the 1960s to suffering the greatest economic crisis recorded by Spain since the civil war. For almost fifteen years, the country had experienced an unprecedented increase in prosperity that, moreover, had reached all layers of society. In record time, the advances in well-being and wealth achieved since the second half of the 1990s have vanished and today appear to Spaniards as nostalgia for a golden age. The image of those «good-old» times bears traces of becoming, for the collective imagination, a kind of unrepeatable era, a historical accident, a product of chance, a parenthesis in the future of a mediocre country, with limited expectations and condemned to be the poor member of the rich club. However, until very recently, just three years ago, Spain seemed immersed in the path of unstoppable and irreversible progress.

The first mistake we made as a country was not changing the previous development model based on unsustainable foundations in time. Almost everyone knew and many said that we could not continue to grow on the basis of one sector, construction, and one instrument, indebtedness.
The second mistake made was thinking that our financial system was immune to the international crisis triggered by US subprime mortgages. It is true that the system of extraordinary provisions for unforeseen events put in place by the Bank of Spain a few years earlier, to the great protest of the banks, as well as the rigorous characteristics of our financial supervision, distanced the situation of Spanish banks and savings banks from the things we were seeing in other countries.
In short, our financial system has resisted better than that of other countries, but at the cost of a smooth adjustment in terms of recognition of losses and restructuring that we are all paying for and hampers the chances of recovery.
The third error is attributable to the Government exclusively: refusing to recognize the economic crisis in time. The months in which we were debating whether there was a crisis or a slowdown and whether it would be deep or temporary were time wasted in arming ourselves in the face of it.

A. Health reform
B. Reform of the pension system
C. Reform of the educational system
D. Reform of Public Administrations
E. Fair Taxes, Efficient Spending
F. Labor market reform
G. Federal structure of the State

•Betting on quality, rather than quantity, and on added value, rather than price. Compete not to make it cheaper, but to make it better.
• Continuously improve technological and procedural efficiency, making innovation throughout the chain a habit.
• Incorporate workers as protagonists of the change process, with adequate stability, flexibility and training. Talent will be the vault key to a profitable exit from the situation.
•Become active allies in the fight against climate change, incorporating and developing technologies that allow us to gradually reduce the amount of carbon used or emitted in our processes, at all levels.
•Assume public commitments of social responsibility, so that companies are not only a place of creation of private benefit, but of collective value.

We will come out of the crises at some point. The important thing is to know how and who. Without making predictions from the crystal ball, those who, either from the private sector or from the public, promote the indicated lines of action will be among the winners, in addition to having provided a service to society. The rest, we will soon forget.

Books from the authors commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2021/03/03/en-defensa-del-pluralismo-liberal-contra-las-religiones-modernas-lorenzo-bernaldo-de-quiros-in-defense-of-liberal-pluralism-against-modern-religions-by-lorenzo-bernaldo-de-quiros-spanis/

https://weedjee.wordpress.com/2022/11/05/la-espana-herida-las-6-brechas-sociales-y-como-corregirlas-jordi-sevilla-wounded-spain-the-6-social-gaps-and-how-to-correct-them-by-jordi-sevilla-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2022/12/01/mercado-o-estado-dos-visiones-sobre-la-crisis-jordi-sevilla-lorenzo-bernaldo-de-quiros-market-or-state-two-visions-of-the-crisis-by-jordi-sevilla-lorenzo-bernaldo-de-quiros-spa/

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