La Historia Secreta De Jane Eyre: Cómo Escribió Charlotte Brontë Su Obra Maestra — John Pfordresher / The Secret History of Jane Eyre: How Charlotte Brontë Wrote Her Masterpiece by John Pfordresher

Empezamos con un misterio. Imaginemos que es el 19 de octubre de 1847. Un nuevo libro se acaba de publicar en Londres. Las primeras críticas son entusiastas.
El 23 de octubre, el Atlas señala que la novela tiene «toda la frescura y algo de la rudeza de la juventud», pero atribuye al autor un conocimiento de «los resortes más profundos de la emoción humana», esa clase de sabiduría que solo se adquiere después de «años de amarga experiencia». Es evidente que el crítico, a pesar de su entusiasmo, siente curiosidad por la identidad del autor. ¿Es un escritor joven o viejo? ¿Un principiante o un hombre con experiencia después de superar años de dificultades? La reseña proclama entonces que «es una de las novelas inglesas más extraordinarias» que se han publicado en muchos años. Se trata de una obra innovadora, con «muy poco o nada del viejo sello convencional». En dos palabras, el Atlas concluye que aquella «historia de una pasión» es «un libro que hace galopar el pulso y latir el corazón, y que llena los ojos de lágrimas.
Los editores de Smith, Elder & Co. en Londres solo se relacionaban con el autor por correspondencia. Escribían cartas a alguien de Haworth, un pequeño pueblo en el norte de Inglaterra, que firmaba como «C. Bell»; las respuestas de Londres tenían que entregarse «secretamente a la señorita Brontë».
Durante medio año, mientras la fama del libro seguía creciendo, el misterio continuó. Todo el mundo especulaba: ¿hombre o mujer? ¿Joven o viejo? Nadie sabía quién era ese tal Bell, ni si era una autobiografía editada o una obra de ficción.
Entonces un editor londinense de dudosa reputación llamado Newby difundió el rumor de que tenía el manuscrito de una nueva novela de Currer Bell y estaba a punto de publicarla.
Los lectores sabían que Currer Bell era Charlotte Brontë, ¿qué más podían averiguar de ella? Para ser más precisos, ¿cómo se explicaba que esta joven solitaria, que vivía aislada en el condado más occidental de Yorkshire, hubiera escrito aquella «historia de una pasión» tan rompedora e impactante? Y, además, ¿cuál era la relación de la autora, que se definía como «editora» en la portada, con el personaje de Jane Eyre?
Brontë negó que hubiera semejanzas importantes entre su vida y la de la narradora en primera persona y heroína de la novela.

Un libro muy interesante si te gustó Jane Eyre y en el que puedes conocer parte de la vida de Charlotte Brontë y cómo la influyó para escribir su obra.
Aunque disfruté leyendo este libro, realmente no trae nada nuevo, en términos de información, para los aficionados de Brontë. Pero fue agradable ver la historia de Jane Eyre entremezclada con fragmentos de las experiencias y la vida de Charlotte. Este tipo de crítica se denomina crítica genética y es el análisis de las notas del autor, bocetos, manuscritos, correspondencia, etc., para tratar de desandar los pasos de cómo el texto llegó a la versión final. Es la reconstrucción del proceso de escritura. A veces, esto lleva a los críticos a depender en gran medida del material biográfico, lo que puede terminar en pura especulación. En otros momentos, puede arrojar algo de luz sobre el texto. Este libro gravita hacia la especulación. Se lo recomiendo a las personas que han leído a Jane Eyre y quieren saber más sobre la vida de Charlotte.
La historia secreta de Jane Eyre no es tan secreta ni tan dramática como la propaganda de la portada haría creer al lector. Y no se dejen engañar, esto no es una biografía. Aquí, el profesor de inglés de la Universidad de Georgetown, John Pfordresher, intenta encontrar una intersección entre los acontecimientos de la vida de Charlotte Bronte y el texto de su gran novela, Jane Eyre. Habiendo completado una relectura de la novela hace menos de dos semanas, este título tenía que llamar mi atención. Pero la Historia Secreta no es tan misteriosa. Ninguna pieza de la corta vida de Bronte es demasiado insustancial para tratar de encajar en el rompecabezas que es Jane Eyre. Hay una gran cantidad de especulaciones en este libro, hay «debe haber sentido», tanto «puede» y «quizás». A veces, estas correlaciones parecen una simple coincidencia, a veces parecen un poco exageradas, y en algunos puntos, la vida y la novela encajan perfectamente. Pero tratar de establecer una novela como autobiografía es siempre un terreno incierto. Las similitudes no significan verdad sobre el autor, ya que la correspondencia superficial puede ser todo lo que hay. Los autores tienen que conseguir su material en alguna parte: un escritor puede basar una conversación en la colonia espacial Mars Bravo 4 en una que escuchó en Starbucks. Como reconoce el autor, partes de la vida de Bronte fueron peores que la vida que le dio a Jane Eyre. Hay demasiadas afirmaciones con muy poca evidencia. Al mismo tiempo, Pfordresher merece crédito por su creatividad, por pensar fuera de la caja, por una lectura cuidadosa y por escudriñar los hechos de la vida de Bronte y el texto de su novela. Por ejemplo, tiene un gran éxito en su análisis del lugar de Bertha Rochester en la novela, incluso si está demasiado ansioso por lanzar acusaciones raciales. Un punto que el autor parece haber pasado por alto es que el hermano de Charlotte, Branwell, es un modelo obvio para la disipación de John Reed (el primo de Jane), tal como lo es Hindley Earnshaw en Cumbres Borrascosas. Pfordresher también está demasiado obsesionado con los impulsos sexuales de las personas en el siglo XIX, y parece demasiado seguro de su evaluación basada en escasa evidencia. La portada original de la novela decía «Jane Eyre. Una autobiografía. Editada por Currer Bell». La historia secreta de Jane Eyre hace todo lo posible para que la novela sea una autobiografía de Charlotte Bronte, pero aquí no hay suficiente sustancia. Este libro es para lectores que no solo sienten pasión por Jane Eyre (habiendo leído el libro al menos dos veces), sino que también necesitan saber tanto como sea posible sobre Charlotte Bronte (habiendo leído al menos una de las biografías reales), dondequiera que esté el diagrama de Venn y las superposiciones. Siendo uno de los que se superponen, tenía que leer esto, pero no estoy seguro de que tú tengas que leerlo.

Jane Eyre era, en efecto, como decía la misteriosa portada, una autobiografía surgida tanto de la experiencia personal como de su rica imaginación, alimentada desde hacía mucho tiempo por los libros que había leído y las historias que había escrito a medias con su hermano Branwell. Eran asuntos que debían ser privados, y sobre los que el decoro victoriano imponía silencio. Y, sin embargo, puesto que no tenía nada más, lo único que podía hacer a finales del verano de 1846 era escribir sobre sí misma.
Sabía bien lo que hacía. En una carta fechada el 6 de noviembre de 1847, todavía con su seudónimo de «C. Bell», hablaba de las dos diferentes fuentes de inspiración de su novela.
El éxito inmediato de Jane Eyre se debe a la claridad con que Charlotte Brontë comprendió desde el principio que trabajaría con la Verdad y la Imaginación: realismo y fantasía, desempeñando cada cual su función en la totalidad de la obra. Las dos cosas son tremendamente personales para ella: la verdad de su experiencia y las aspiraciones emocionalmente dominantes de su imaginación. Y las dos –y eso no podía decírselo a Lewis– le resultaban demasiado cercanas para admitir que fueran suyas.
Su genialidad fue mezclar los recuerdos y sus formas de «verdad» con las exigencias de la imaginación. En casi toda Jane Eyre veremos las dos cosas.
La verdad de los recuerdos es un problema muy complejo.
En Jane Eyre, Brontë conduce al lector a los «hechos» de su propio pasado.
En Jane Eyre, Brontë conduce al lector a los «hechos» de su propio pasado. Por ejemplo, al colegio de Cowan Bridge, donde su padre, de manera ingenua y poco práctica, la envió en 1824 cuando tenía solo ocho años. Allí fue testigo de una dolencia repentina que acabaría con la vida de sus dos hermanas mayores, Maria y Elizabeth. Recurre asimismo a su experiencia de adolescente, entre 1831 y 1832, como alumna en un colegio privado de señoritas donde conoció a dos amigas que conservaría toda la vida; y a su posterior regreso, entre 1835 y 1838, como profesora a esa misma institución. Rememora lo desdichada que fue trabajando como institutriz (1839, 1841). Y, sobre todo, vuelve a su estancia en Bruselas entre 1842 y 1843, un ambiente culturalmente extraño donde, sin embargo, destacó como estudiante a pesar de enamorarse dolorosamente de su tutor.

El secretismo que caracterizaba a Charlotte nos impide conocer el orden en que escribió la novela. ¿Empezó por el primer capítulo y terminó por el último? Sus escasos y elípticos comentarios a Elizabeth Gaskell, posteriores a la redacción de la novela, son lo único que tenemos sobre ella: sugieren que escribió el libro tal como lo conocemos, empezando con una Jane de diez años enzarzada en una pelea con su primo John Reed, y concluyendo con su sereno matrimonio con el señor Rochester algo más de diez años después.
En las primeras páginas de la novela, Jane Eyre –al igual que su autora– crea un lugar secreto donde su imaginación pueda volar libre. Jane tiene un libro –del que había un ejemplar en la biblioteca del padre de Charlotte Brontë–, la popular y admirada Historia de las aves inglesas, ilustrada con los grabados de Thomas Bewick.
Este libro es fundamental en muchos sentidos. No hay más que pensar en la descripción posterior que hace Fairfax Rochester de Jane Eyre como «un pájaro salvaje y desesperado». El arte de Bewick es esencial en las descripciones de Brontë; decisivo en el núcleo emocional de su novela. Su representación de las aves solitarias en los mares del norte se convierte en algo clave, como estamos a punto de ver, para que Jane Eyre se conozca a sí misma. Por eso, cuando saca este volumen del estante, Bewick, además de alejar a la pequeña de diez años de su desdichado presente, la obliga a buscar en su interior quién es y qué le ocurre.
Brontë, tuvo la genialidad de elegir a una niña como protagonista. Jane, como aquellos antiguos héroes, se topa con lo inesperado y lo terrorífico, y se enfrenta a todos los peligros, tomando sus propias decisiones sin rendirse jamás.

En el plan minucioso de la novela, Brontë tenía forzosamente que inventar el siguiente reto que afrontaría su heroína en aquel camino repleto de dificultades. Al recordar sus experiencias, no encontró nada más apropiado, es decir, doloroso y terrible, que el año que pasó matriculada en el Colegio para Hijas de Clérigos de Cowan Bridge. Este centro, recién inaugurado, era una institución benéfica destinada a ayudar a los mal remunerados clérigos de la Iglesia anglicana con la educación de sus hijas. Maria, su mujer, había muerto, y esta noticia debió de parecerle a Patrick Brontë una bendición inesperada. Mandó al colegio a sus cuatro hijas mayores: Maria, Elizabeth, Charlotte y Emily. No podía saber mucho del colegio cuando las envió. El trato que recibieron fue tan terrible que la primavera siguiente Maria y Elizabeth volvieron a casa para morir, mientras que Charlotte se quedaría con secuelas físicas y emocionales para siempre.

Tanto Jane Eyre como Charlotte Brontë sabían lo difícil que era ser diferente. Gracias a la buena marcha de sus estudios, las dos conquistan el respeto y la amistad de sus compañeras y de sus profesoras. A Mary Taylor le impresionaban los conocimientos tan diversos de su amiga. Ya estaba familiarizada con fragmentos de poemas que las alumnas tenían que memorizar y explicaba a las demás quiénes eran los autores, de dónde venían los textos, y «recitaba a veces una página o dos, y nos contaba el argumento». Mary recordaba con gratitud: «Hacía que la poesía y el dibujo fueran apasionantes para mí.
Entre 1825 y 1835, Brontë pasó unos años felices de evolución personal, un período en el que sus compañeras y amigas llegaron a considerarla excepcionalmente culta, ingeniosa, de lo más cariñosa y segura de sí misma. Una mujer que, en muchos sentidos, se parecía cada vez más a la Jane Eyre que resume en pocas líneas su similar evolución en el ficticio Lowood. Para las dos, sin embargo, esta etapa de formación llega a su fin. A los dieciocho años Jane, ansiosa de «libertad», está ya dispuesta a aceptar una nueva forma de «servidumbre» buscando un trabajo de institutriz. De un modo muy parecido, las necesidades económicas familiares empujan a Charlotte, que tiene diecinueve años, a aceptar su primer trabajo remunerado. Este acontecimiento señala el inicio de un período mucho más complicado y a menudo infeliz de su vida. Para ella serán fundamentales el amor y el apoyo de su familia, especialmente de sus hermanas Emily y Anne, así como la respetuosa comprensión y el afecto de sus antiguas compañeras de colegio.

Jane Eyre es la novela, entre otras cosas, de un amor apasionado y correspondido, algo que Charlotte Brontë no había experimentado aún cuando escribió el libro. De hecho, apenas había tenido la oportunidad de observar esa clase de relación, ya que había crecido en un hogar relativamente aislado con un padre viudo y una tía materna soltera. Y, sin embargo, la historia de amor entre el señor Rochester y Jane es uno de los grandes hallazgos de Brontë como novelista. ¿Cómo lo consiguió?
En las páginas que siguen, examinaremos algunos de los elementos que Brontë aprovechó de sus relaciones con cinco hombres, entre ellos dos personajes de ficción, y que fueron fundamentales para su vida emocional.
En todos estos detalles encontramos indicios del futuro señor Rochester: su matrimonio desencaminado con Bertha Mason, cuya bestialidad lleva al límite la propensión animal de su marido, su posterior vida de libertinaje en París, y su atractivo saturnino por culpa de los excesos de su vida pasada y del sufrimiento. Por extraño que parezca, uno podría pensar, paradójicamente, que Charlotte está convirtiendo a su hermano en un héroe byroniano, un aliado de Satanás, que proclama la gran abjuración.

De todos los secretos de su vida, los mejor guardados fueron los de sus experiencias entre los años 1842 y 1845, incluyendo los dos años de estancia en Bruselas. De un modo u otro, había conseguido manejar sus sentimientos por su padre y por su hermano y las extravagancias románticas de sus proyecciones imaginarias. Ahora, inesperadamente, se veía sumida en el tormento de un amor que se convertiría en la inspiración más poderosa para la relación de Jane Eyre y el señor Rochester. Y el secreto de este amor, y de lo que ocurrió por su culpa, lo ocultó con celosa hostilidad de todos sus conocidos. Y, sin embargo, otra paradoja: en el personaje de Rochester, más que en ningún otro aspecto de Jane Eyre, escondió los momentos más importantes de su vida reciente dejándolos a la vista de todos.
En los años que siguieron a la muerte de la escritora, Elizabeth Gaskell, su primera biógrafa, suprimió intencionadamente lo que había averiguado en un viaje a Bruselas, después de hablar con las principales personas que conocieron a Charlotte Brontë y de echar un vistazo a algunas cartas que tardarían mucho en publicarse.
La misteriosa figura femenina que ronda Thornfield Hall viene de la tradición del género gótico. No tenemos la certeza de que Charlotte Brontë leyera los clásicos del género gótico del siglo xviii y principios del xix, como El castillo de Otranto de Horace Walpole.

Jane Eyre es una novela lineal que narra los esfuerzos de su heroína para escapar. Irónicamente, cuando la joven lucha por huir de Thornfield, su viaje, que parece sin destino –la única meta es encontrar un lugar donde el señor Rochester «no conociera a nadie ni nadie lo conociera a él»–, la conduce a un paraje que recuerda mucho al hogar de Charlotte Brontë; el lugar donde anhelaba refugiarse mientras escribía estos capítulos. Para llegar allí, y entrar en una nueva clase de seguridad y alegría, Jane tiene que enfrentarse a la parte más peligrosa de su camino de dificultades.
En el verano de 1840, Charlotte Brontë sintió a veces el deseo acuciante de marcharse de Haworth. Pero habitualmente albergaba el sentimiento contrario de amor e íntima conexión con la familia. Durante los meses que pasó recorriendo las calles solitarias de Bruselas, este fue especialmente intenso. Enumeró lo que echaba de menos en una carta excepcional que envió a Emily en octubre de 1843.
Cuando en Jane Eyre la heroína hereda una fortuna, regala tres cuartos de ella a sus primos –a los que llama hermanos varias veces– y afirma alegremente que no piensa casarse, sino disfrutar del cariño de unos parientes con los que tiene total afinidad, Jane parece reflejar las ideas de su autora sobre el dinero, la familia y la felicidad. Ni Jane ha olvidado al señor Rochester, ni Charlotte ha olvidado a monsieur Héger. Pero está encontrando la manera de convertirse en una mujer respetable, soltera y feliz.
Como reafirmación, llegan las escenas navideñas. Las vacaciones de diciembre eran maravillosas para Charlotte. En los últimos años la habían liberado de su trabajo como profesora o institutriz, y era el momento en que la familia se reunía en Haworth para pasar unos días juntos y disfrutar como en el pasado.
Jane Eyre tiene que huir de la felicidad que ha encontrado en Moor House, abandonando la compañía fraternal de Diana, Mary y Hannah, empujada por la necesidad de aliviar el dolor y la aflicción del hombre que ama. Es paradójico que, como Rivers y el misionero del poema homónimo, tenga que renunciar a lo que se ha convertido en el paradigma de la felicidad doméstica, que ella no disfrutará, y emprender el último tramo de su viaje, no hacia una gloria engañosa sino hacia la compasión y el amor.
La novela de Charlotte Brontë termina con la misma complejidad autobiográfica con que empieza. Su imagen de la felicidad no es deslumbrante ni liberadora, pero tampoco lo era su vida. Como escritora y como mujer parece, por el momento, haber seguido las enseñanzas de su padre y hacer gala de «sabiduría espiritual».

Charlotte Brontë recibió los seis primeros ejemplares de Jane Eyre el 19 de octubre de 1847. Las primeras críticas, como hemos visto, fueron muy positivas, y la novela no tardó en convertirse en un éxito de ventas del que se publicarían una segunda y una tercera edición en pocos meses. A principios de 1848 le contó a su padre que era la autora del libro. En julio viajó a Londres para decirles a sus editores de Smith, Elder & Co. que era «Currer Bell». Solo este pequeño círculo de personas conoció, durante cierto tiempo, la identidad del autor de la novela.
La desgracia se abatió sobre los Brontë. Dos meses y medio más tarde, el 24 de septiembre, moría Branwell, casi con certeza de tuberculosis. Poco después la salud de Emily empezó a debilitarse por el mismo motivo, y, negándose a recibir asistencia médica hasta el último momento, murió el 19 de diciembre.
Sin embargo, con el paso de los meses, cada vez más gente conoció o adivinó que Charlotte Brontë era Currer Bell. Finalmente, el 28 de febrero de 1850 el Bradford Observer publicó esta nota sobre la habladuría: «Se sobreentiende que la única hija del reverendo P. Brontë, párroco de Haworth, es la autora de Jane Eyre y de Shirley»; y añadía que las dos novelas han salido a la luz «bajo el nombre de “Currer Bell”.
Charlotte, en la primera página de El profesor, su novela de 1846, escribió: «Cuántas reservas de romanticismo y sensibilidad yacen ocultas en el seno» de quienes jamás se habría sospechado que «albergaran tales tesoros». En un poema probablemente del mismo año utiliza la mismas palabras clave:

El corazón humano tiene tesoros ocultos,
guardados en secreto, sellados en silencio;
pensamientos, esperanzas, sueños, placeres,
cuyos encantos se romperían si son revelados.

La paradoja es que, como escritora, revelaba esos tesoros ocultos de sus pensamientos, esperanzas, sueños y placeres, pero se protegía del daño del escrutinio público disimulando las raíces autobiográficas con las estrategias de la ficción. Como muestran estas páginas, Jane Eyre es una «autobiografía». Una liberación de la vida interior de la novelista, y de gran parte de su experiencia, relatada según el «dictado» de una imaginación elocuente y poderosa.
Leyendo Jane Eyre sabemos hasta qué punto consiguió una victoria personal con ayuda de esa disciplina y cuántos secretos escondió bajo su semblante sereno.

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We start with a mystery. Let us imagine that it is October 19, 1847. A new book has just been published in London. The first reviews are enthusiastic.
On October 23, the Atlas notes that the novel has «all the freshness and some of the roughness of youth,» but credits the author with a knowledge of «the deepest springs of human emotion,» the kind of wisdom that only it is acquired after «years of bitter experience.» It is evident that the critic, despite his enthusiasm, is curious about the identity of the author. Is he a young or old writer? A beginner or an experienced man after overcoming years of difficulties? The review then proclaims that «it is one of the most extraordinary English novels» to have been published for many years. It is an innovative work, with «very little or nothing of the old conventional stamp». In two words, the Atlas concludes that this «story of a passion» is «a book that makes the pulse gallop and the heart beat, and that fills the eyes with tears.
The publishers of Smith, Elder & Co. in London only related to the author by correspondence. They were writing letters to someone in Haworth, a small town in the north of England, who signed himself «C. Bell»; replies from London were to be delivered ‘secretly to Miss Brontë’.
For half a year, while the fame of the book continued to grow, the mystery continued. Everyone speculated: man or woman? Young or old? No one knew who this Bell guy was, or whether he was an edited autobiography or a work of fiction.
Then a disreputable London publisher named Newby spread a rumor that he had the manuscript of a new Currer Bell novel and was about to publish it.
Readers knew that Currer Bell was Charlotte Brontë, what else could they find out about her? To be more precise, how was it that this lonely young woman, who lived isolated in the westernmost county of Yorkshire, had written such a groundbreaking and shocking «story of a passion»? And, furthermore, what was the relationship of the author, who defined herself as «editor» on the cover, with the character of Jane Eyre?
Brontë denied that there were important similarities between her life and that of the novel’s first-person narrator and heroine.

A very interesting book if you liked Jane Eyre and in which you can learn part of the life of Charlotte Brontë and how it influenced her to write her work.
Even though I enjoyed reading this book it really doesn’t bring anything new, in terms of information, for Brontë aficionados. But it was nice to see the story of Jane Eyre interspersed with pieces of Charlotte’s experiences and life. This type of criticism is called genetic criticism and it is the analysis of the author’s notes, sketches, manuscripts, correspondence, and so on, to try to retrace the steps of how the text got to the final version. It is the reconstruction of the writing process. Sometimes, this leads critics to rely heavily on biographical material, which can end up in pure speculation. At other times, it can shed some light on the text. This book gravitates toward speculation. I recommend this for people who have read Jane Eyre and want to know more about Charlotte’s life.
The Secret History of Jane Eyre is not quite as secret or dramatic as the cover blurb would have the reader believe. And don’t be fooled, this is not a biography. Here Georgetown University English professor John Pfordresher attempts to find an intersection between events in Charlotte Bronte’s life and in the text of her great novel, Jane Eyre. Having just completed a re-read of the novel less than two weeks ago, this title had to catch my eye. But the Secret History is not all that mysterious. No piece of Bronte’s short life is too insubstantial to try to fit into the jigsaw puzzle that is Jane Eyre. There is a wealth of speculation in this book, there is «must have felt,» so much «may» and «perhaps.» At times these correlations seem simply coincidence, sometimes they seem to be a bit of a stretch, and at points life and novel fit neatly together. But trying to establish a novel as autobiography is always on uncertain ground. Similarities do not mean truth about the author, as surface correspondence may be all there is. Authors have to get their material somewhere: a writer may base a conversation in the Mars Bravo 4 space colony on one she overheard at Starbucks. As the author acknowledges, parts of Bronte’s life were worse than the life she gave Jane Eyre. There are too many assertions with too little evidence. At the same time, Pfordresher deserves credit for his creativity, for thinking outside the box, for a careful reading, and sifting together the facts of Bronte’s life and the text of her novel. For example, he’s largely successful in his analysis of Bertha Rochester’s place in the novel, even if far too eager to lay racial accusations. One point the author seemed to have missed is that Charlotte’s brother Branwell is an obvious model for John Reed’s (Jane’s cousin) dissipation, just as is Hindley Earnshaw in Wuthering Heights. Pfordresher is also is a little too obsessed with the sex drives of people in the 19th Century, and seems too sure of his appraisal based on scant evidence. The novel’s original title page read «Jane Eyre. An Autobiography. Edited by Currer Bell.» The Secret History of Jane Eyre does its best to make the novel an autobiography of Charlotte Bronte, but there is not quite enough substance here. This book is for readers who are not only passionate about Jane Eyre (having read JE at least twice), but also need to know as much as possible about Charlotte Bronte (having read at least one of the actual biographies), wherever that Venn diagram overlaps. Being one of those in the overlap, I had to read this, but I’m not sure that you have to read it.

Jane Eyre was indeed, as the mysterious cover said, an autobiography born as much from personal experience as from her rich imagination, long since nourished by the books she had read and the stories she had co-written with her brother Branwell. . They were matters that should be private, and on which Victorian propriety imposed silence. And yet, since she had nothing else, all she could do in the late summer of 1846 was write about herself.
She knew well what she was doing. In a letter dated November 6, 1847, she still under her pseudonym of «C. Bell”, she talked about the two different sources of inspiration for her novel.
The immediate success of Jane Eyre is due to the clarity with which Charlotte Brontë understood from the start that she would be working with Truth and Imagination: realism and fantasy, each playing her role in the entire work. Both are deeply personal to her: the truth of her experience and the emotionally dominant aspirations of her imagination. And the two of them-and she couldn’t tell Lewis that-were too close to her to admit they were hers.
Her genius was to mix memories and their forms of «truth» with the demands of the imagination. In almost all of Jane Eyre we will see both.
The truth of memories is a very complex problem.
In Jane Eyre, Brontë leads the reader into the «facts» of her own past.
In Jane Eyre, Brontë leads the reader into the «facts» of her own past. For example, to Cowan Bridge College, where her father naively and impractically sent her in 1824 when she was only eight years old. There she witnessed a sudden illness that would end the lives of her two older sisters, Maria and Elizabeth. She also draws on her experience as a teenager, between 1831 and 1832, as a student at a private girls’ school where she met two friends she would keep all her life; and on her subsequent return, between 1835 and 1838, as a professor at the same institution. She recalls how unhappy she was working as a governess (1839, 1841). And, above all, she returns to her stay in Brussels between 1842 and 1843, a culturally alien environment where she nonetheless excelled as a student despite falling painfully in love with her tutor.

The secrecy that characterized Charlotte prevents us from knowing the order in which she wrote the novel. Did you start with the first chapter and end with the last? His few elliptical comments to Elizabeth Gaskell after the writing of the novel are all we have on her: they suggest that he wrote the book as we know it, beginning with a ten-year-old Jane getting into a fight with her cousin John Reed, and ending with her serene marriage to Mr. Rochester just over ten years later.
In the novel’s opening pages, Jane Eyre – like her author – creates a secret place where her imagination can run free. Jane has a book – a copy of which was in Charlotte Brontë’s father’s library – the popular and admired History of English Birds, illustrated with engravings by Thomas Bewick.
This book is essential in many ways. Just think of Fairfax Rochester’s later description of Jane Eyre as «a wild and desperate bird.» Bewick’s art is essential to Brontë’s descriptions; decisive in the emotional core of his novel. Her portrayal of solitary birds in the northern seas becomes key, as we are about to see, in Jane Eyre’s self-knowledge. So when she takes this volume off the shelf, Bewick, in addition to removing her little ten-year-old from her wretched present, forces her to search within herself for who she is and what is wrong with her.
Brontë had the genius to cast a girl as the lead. Jane, like those heroes of old, encounters the unexpected and the terrifying, facing all dangers, making her own choices, never giving up.

In the detailed plan of the novel, Brontë perforce had to invent the next challenge that his heroine would face on that path full of difficulties. Looking back on her experiences, she found nothing more appropriate, that is, painful and terrifying, than the year she spent enrolled at Cowan Bridge College for Clergymen’s Daughters. This recently opened center was a charitable institution designed to help poorly paid clergymen of the Anglican Church with the education of their daughters. His wife, Maria, had died, and this news must have struck Patrick Brontë as an unexpected blessing. He sent his four oldest daughters to school: Maria, Elizabeth, Charlotte, and Emily. He couldn’t have known much about the school when he sent them. Their treatment was so terrible that the following spring Maria and Elizabeth returned home to die, while Charlotte would be left with physical and emotional scars forever.

Both Jane Eyre and Charlotte Brontë knew how difficult it was to be different. Thanks to the good progress of their studies, the two win the respect and friendship of their classmates and their teachers. Mary Taylor was impressed by the diverse knowledge of her friend. She was already familiar with fragments of poems that the students had to memorize and she explained to the others who the authors were, where the texts came from, and she «sometimes recited a page or two, and told us the plot.» Mary gratefully recalled: “He made poetry and drawing exciting for me.
Between 1825 and 1835, Brontë spent a few happy years of personal development, a period in which her companions and friends came to regard her as exceptionally cultured, resourceful, most affectionate and self-assured. A woman who, in many ways, increasingly resembled the Jane Eyre that summarizes in a few lines her similar evolution in the fictional Lowood. For the two, however, this stage of formation comes to an end. At eighteen, Jane, eager for «freedom», is ready to accept a new form of «servitude» by seeking a job as a governess. In much the same way, her family’s financial needs push nineteen-year-old Charlotte to take her first paying job. This event marks the beginning of a much more complicated and often unhappy period in her life. Critical to her will be the love and support of her family, especially her sisters Emily and Anne, as well as the respectful understanding and affection of her former schoolmates.

Jane Eyre is the novel, among other things, of a passionate and requited love, something that Charlotte Brontë had not yet experienced when she wrote the book. In fact, she had hardly had a chance to observe that kind of relationship, as she had grown up in a relatively isolated home with a widowed father and a single maternal aunt. And yet, the love story between Mr. Rochester and Jane is one of Brontë’s great finds as a novelist. How did she get it?
In the pages that follow, we will examine some of the elements that Brontë took advantage of in her relationships with five men, including two fictional characters, that were central to her emotional life.
In all these details we find hints of the future Mr. Rochester: his misguided marriage to Bertha Mason, whose bestiality pushes her husband’s animal propensities to the limit, his subsequent life of debauchery in Paris, and his saturnine good looks because of the excesses of his life. past and suffering. Oddly enough, one might paradoxically think that Charlotte is turning her brother into a Byronic hero, an ally of Satan, proclaiming the great abjuration.

Of all the secrets of her life, the best kept were those of her experiences between the years 1842 and 1845, including her two-year stay in Brussels. Somehow or other, she had managed to handle her feelings for her father and for her brother and the romantic extravagances of her imaginary projections. Now, unexpectedly, she was plunged into the torment of a love that would become the most powerful inspiration for Jane Eyre and Mr. Rochester’s relationship. And the secret of this love, and of what happened through her fault, she hid with jealous hostility from everyone she knew. And yet another paradox: in the character of Rochester, more than in any other aspect of Jane Eyre, she hid the most important moments of his recent life out of sight.
In the years after the writer’s death, Elizabeth Gaskell, her first biographer, intentionally suppressed what she had learned on a trip to Brussels, after talking to the main people who knew Charlotte Brontë and looking at some letters that would take a long time to be published.
The mysterious female figure that haunts Thornfield Hall comes from the tradition of the Gothic genre. We are not certain that Charlotte Brontë read the 18th and early 19th century Gothic classics, such as Horace Walpole’s The Castle of Otranto.

Jane Eyre is a linear novel that chronicles her heroine’s efforts to escape from her. Ironically, as the young woman struggles to flee Thornfield, her seemingly aimless journey—the only goal being to find a place where Mr. Rochester «knew no one and no one knew him»—leads her to a place that it is very reminiscent of Charlotte Brontë’s home; the place where she longed to take refuge as she wrote these chapters. To get there, and enter a new kind of security and joy, Jane has to face the most dangerous part of her own difficult path.
In the summer of 1840, Charlotte Brontë sometimes had a burning desire to leave Haworth. But she usually harbored the opposite feeling of love and intimate connection with her family. During the months she spent wandering the lonely streets of Brussels, this one was especially intense. She listed what she missed in an exceptional letter that she sent to Emily in October 1843.
When the heroine in Jane Eyre inherits a fortune, she gives three-quarters of it to her cousins – whom she calls her brothers several times – and cheerfully states that she does not intend to marry, but rather enjoy the affection of relatives with whom she has total affinity, Jane it seems to reflect its author’s ideas about money, family and happiness. Neither has Jane forgotten Mr. Rochester, nor has Charlotte forgotten Monsieur Héger. But she is finding a way to become a respectable, single, happy woman.
As a reaffirmation, the Christmas scenes arrive. December vacations were wonderful for Charlotte. In recent years she had been freed from her job as teacher or governess, and it was time for her family to gather in Haworth for a few days together and enjoy herself as in the past.
Jane Eyre has to flee the happiness she has found in Moor House, leaving the sisterly company of Diana, Mary and Hannah, driven by the need to alleviate the pain and affliction of the man she loves. It is paradoxical that, like Rivers and the missionary of the homonymous poem, she has to give up what has become the paradigm of domestic happiness, which she will not enjoy, and embark on the last leg of her journey, not towards a deceptive glory but towards compassion and love.
Charlotte Brontë’s novel ends with the same autobiographical complexity with which it begins. Her image of her happiness is not dazzling or liberating, but neither was her life. As a writer and as a woman, she seems, for the time being, to have followed the teachings of her father and display «spiritual wisdom.»

Charlotte Brontë received the first six copies of Jane Eyre on October 19, 1847. The first reviews, as we have seen, were very positive, and the novel soon became a bestseller, with a second and third to be published. edition in a few months. Early in 1848 she told her father that she was the author of the book. In July she traveled to London to tell her editors at Smith, Elder & Co. which was «Currer Bell.» Only this small circle of people knew, for a time, the identity of the author of the novel.
Misfortune befell the Brontë. Two and a half months later, on September 24, Branwell died, almost certainly of tuberculosis. Soon after, Emily’s health began to fail for the same reason, and she, refusing medical care until the last moment, died on December 19.
However, as the months passed, more and more people knew or guessed that Charlotte Brontë was Currer Bell. Finally, on February 28, 1850, the Bradford Observer published this note about the gossip: «The only daughter of the Reverend P. Brontë, parson of Haworth, is understood to be the author of Jane Eyre and Shirley»; and added that the two novels have come to light «under the name of “Currer Bell”.
Charlotte, on the first page of The Professor, her 1846 novel by her, wrote: «How many reserves of romanticism and sensibility lie hidden within her» who would never have been suspected of «harboring such treasures.» In a poem probably from the same year she uses the same key words:

The human heart has hidden treasures,
kept secret, sealed in silence;
thoughts, hopes, dreams, pleasures,
whose charms would be broken if revealed.

The paradox is that she, as a writer, revealed these hidden treasures of her thoughts, hopes, dreams and pleasures, but she protected herself from the harm of public scrutiny by disguising the autobiographical roots with the strategies of fiction. As these pages show, Jane Eyre is an «autobiography.» A release of the inner life of the novelist, and much of her experience, told at the ‘dictation’ of an eloquent and powerful imagination.
Reading Jane Eyre we know to what extent she achieved a personal victory with the help of that discipline and how many secrets she hid under her serene countenance.

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3 pensamientos en “La Historia Secreta De Jane Eyre: Cómo Escribió Charlotte Brontë Su Obra Maestra — John Pfordresher / The Secret History of Jane Eyre: How Charlotte Brontë Wrote Her Masterpiece by John Pfordresher

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