Guerra En Ucrania: Origen, Contexto Y Repercusiones De Una Guerra Estratégica De Impacto Global — Carlos Alberto Patiño / War In Ukraine: Origin, Context and Repercussions of a Strategic War with a Global Impact by Carlos Alberto Patiño (spanish book edition)

El problema de la lectura de este libro el libro se adhiere demasiado a la visión y simplificación occidental de verla como un conflicto entre el bien y el mal, la democracia liberal contra la autocracia iliberal.

La noche del día 23 de febrero de 2022, y la madrugada del día siguiente, una fuerza militar cercana a las 190.000 tropas Rusia lanzó una operación militar de gran envergadura contra Ucrania, con la pretensión de invadir el país, controlar su territorio, derrocar el Gobierno y reintegrar este extenso país a Rusia, presidida desde agosto de 1999 por Vladímir Putin. Estas acciones están basadas en tres ideas que han rondado el discurso político ruso, de forma creciente, en las últimas dos décadas: primero, que la Rusia histórica es un territorio más grande que el que ocupa la Federación de Rusia actual, lo que además explica que muchas de las sociedades que habitan en esos territorios no son naciones independientes de la identidad rusa; segundo, que Rusia tiene derecho a tomar todas las acciones necesarias para defender lo que considera su espacio exterior, y consecuencia de ello, la habilita para tomar el territorio de los Estados que están sobre la esfera de la Rusia histórica, con el fin de defenderse de enemigos globales, o incluso locales, entre ellos de forma explícita de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de la Unión Europea; y tercero, que todo esto se hace para restaurar a Rusia como poder global, que es en sí misma una sociedad que ha sufrido de forma indescriptible, que debió luchar la Gran Guerra Patriótica, que fue víctima de la implosión soviética, y que además, desde la década de 1990, no se le otorga la importancia que se merece.
Ucrania fue invadida de forma contundente, debió activar, para sorpresa de las sociedades europeas contemporáneas, e incluso de muchos en el mundo, una fuerza militar para defenderse, en una guerra que era real, no un videojuego.
Ucrania, además, a pesar de diversos problemas, sostiene ser una democracia, que reconoce y defiende las libertades y derechos individuales de sus ciudades, el derecho a la diversidad social y política, y se precia de ser, lo más que ha podido, una sociedad abierta, que se diferencia cualitativa y cuantitativamente de los rasgos de autoritarismo ruso, replicados con profundidad en Bielorrusia.
El debate político sobre la guerra y sobre quién era responsable de la misma, en el mundo occidental, fue girando entre dos posturas abiertamente confrontadas: de una parte estaban aquellos que consideran que el responsable es el conjunto de los países occidentales, y especialmente aquellos con liderazgo visible en la OTAN y en la Unión Europea, por animar a los Estados que lograron la independencia como resultado de la implosión soviética de 1991, a establecer relaciones con las mismas, e incluso a integrarse dentro de ellas.
Una de las consecuencias de esta guerra ha sido convertir a Kiev en un símbolo del poder mundial, toda vez que ha obligado a todos los grandes poderes a pronunciarse o actuar en función de la guerra misma, y no solo los Estados occidentales, también ha obligado a Estados como la República Popular China, la República de la India o la República de Turquía a tomar posiciones sobre la guerra y los Estados beligerantes en la misma, y a redefinir sus posiciones de seguridad y rearme. Una demostración de esta importancia alcanzada por Kiev y por Zelenski se evidencia en este día, 24 de abril, con la visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, acompañado del secretario de Defensa, Lloyd Austin, al presidente ucraniano, ratificando que Estados Unidos, y Joe Biden mismo en persona, presidente de Estados Unidos desde enero de 2021, están tomando una posición directa en la guerra, viendo a Ucrania como una democracia que es víctima de una agresión imperialista ordenada por un Estado que se gobierna con un régimen autocrático.

Las tropas del ejército de la Federación de Rusia invadieron Ucrania entre la noche del 23 febrero y las horas del amanecer del día siguiente. Desde ese momento Europa ha visto reaparecer una gran operación militar, en el marco de una guerra que es tanto una de carácter clásico en la estrategia desplegada y en las tácticas de combate ejecutadas, como una guerra imperial en sus objetivos más directos desde la perspectiva rusa.
Pero responder la pregunta sobre por qué se ha recurrido a la guerra por parte de Rusia contra Ucrania, es un asunto complejo que tiene en su matriz de posibilidades explicativas por lo menos dos perspectivas distintas, cada una radicalmente opuesta a la otra, y cuyas ramificaciones se oponen a una salida exitosa para las dos partes. Es prácticamente imposible la obtención de logros exitosos para Ucrania, que en medio de la guerra se debate entre seguir existiendo como un Estado soberano y una sociedad independiente que construye una identidad nacional, o terminar siendo un Estado sin soberanía, bajo la etiqueta de “neutralidad”, sometido a las perspectivas geopolíticas de Moscú, y que, por tanto, no puede tomar decisiones de alcance internacional.
Vladímir Putin ha hecho de forma constante cuando ha afirmado que Ucrania hace parte de los territorios históricos de Rusia, al igual que de forma quizá más directa se reclamase el hecho de que la península de Crimea fuese rusa. Este reclamo de sentido histórico se convierte de facto en una perspectiva de carácter geopolítico en conflicto con Ucrania y, en consecuencia, toma distancia clara de la concepción de las relaciones internacionales y del orden internacional construido durante el siglo XX y, específicamente, después de la Segunda Guerra Mundial.
Moscú reivindica de esta forma su derecho a establecer, defender y orientar sus zonas y esferas de influencia, como si de territorios propios se tratase y en consecuencia estuvieran dirigidos, gobernados u orientados bajo los postulados de su concepción estratégica. Ello lo justifica por su percepción de que la OTAN es una organización militar imperial y, en tal sentido, debe alejarla lo más que se pueda de sus fronteras.
El control de la península de Crimea, de valor estratégico innegable para Rusia, de acuerdo con la perspectiva histórico-territorial sobre la misma, y al parecer un valor estratégico también innegociable a la luz de los hechos de 2014, va en el contexto de los acontecimientos que le dieron a Rusia el dominio sobre Ucrania, lo que logró en detrimento del control de Polonia, y previamente de la confederación polaco-lituana que controló extensas zonas que hoy se conocen como Bielorrusia y Ucrania.

Desde el punto de vista de los ucranianos, la oportunidad de crear un Estado-nación propio, soberano, independiente, y con un territorio identificado con claridad, era una condición inevitable que surgía como oportunidad a una nación diferenciada, que ha buscado en diversos momentos separarse del dominio ruso, incluso reversar los procesos de rusificación vividos con intensidad en diferentes momentos desde el siglo XIX, que más allá del control identitario y político, ha tenido impensables costos humanitarios para los ucranianos como sociedad, superando las diferencias y complejidades que ellos mismos puedan tener. El punto de vista de los ucranianos se beneficia y suscribe, necesariamente, las reglas de un sistema internacional construido para dar cabida a los Estados, sobre todo a aquellos entendidos como Estados-nación, en donde la soberanía es un punto central, innegociable, y básico en la conformación de un Estado independiente. El problema principal para esta perspectiva ucraniana es de fuerza, y la capacidad de usar la misma con respecto a la Federación de Rusia, que ve y asume, irremediablemente, al territorio ucraniano como uno que es parte del propio, y quizá, en el mejor de los casos, un territorio tapón contra fuerzas hostiles occidentales que puede llegar a tener una especie de Estado en una condición de federación más o menos fuerte con Moscú. Dicho así, la diferencia y la disputa son entre una dimensión geopolítica imperial y otra arraigada en el derecho internacional contemporáneo, basado en la noción de soberanía como un elemento central de la política interna y externa.

Para 2013 las cosas habían cambiado radicalmente en Kiev después de las elecciones de 2010, cuando Yanukóvich logró obtener una victoria electoral notoria con respecto a su antiguo rival, quien se hundió en estas elecciones, y ganándole también a la antigua aliada política de Yushchenko, Yulia Timoshenko. Durante el mandato de Yanukóvich los intereses de los oligarcas asociados a su Partido de las Regiones cambiaron, principalmente aquellos provenientes del Dombás, que cubría territorialmente tanto a las zonas más industrializadas del país como a los principales puertos, y que coincidía con una parte de la población que se declaraba rusófona y se reconocía étnicamente rusa. Durante su mandato los acercamientos y los procesos de adhesión a la Unión Europea habían continuado, y el cambio de doctrina de las fuerzas militares para acercarse conceptualmente a los postulados de la OTAN se había materializado en las políticas correspondientes al sector. Sin embargo, los problemas de corrupción habían crecido con fuerza, haciendo que las presiones ciudadanas, sobre todo en las regiones y ciudades del centro y occidente del país crecieran con rapidez.
La interpretación que Putin asumió de todo este proceso fue que el presidente Yanukóvich había caído producto de un golpe de Estado, y actuó en consecuencia, lo que en la práctica era desplegar tropas para por fin retomar la península de Crimea, el objetivo geopolítico más destacable para Rusia desde la implosión, y en cuyo soporte actuaba la declaración de ilegalidad que en 1992 había emitido el Parlamento ruso sobre la transferencia de Nikita Jrushchov de la península a Ucrania. A partir del 27 de febrero llegaron tropas rusas sin insignias ni banderas, que además no usaban comunicaciones por radio, y que eran grupos combinados de tropas de infantería convencional, con infantería de marina, y movimiento de buques de la flota del mar Negro, con el fin de copar las tropas ucranianas y sacarlas de las bases militares que ocupaban. Las tropas ucranianas en la mayoría de los casos evitaron el enfrentamiento militar con los rusos, y se dividieron entre los que se pasaron de bando, los que se entregaron y los que desertaron. Así, desde el 27 de febrero de 2014 los rusos tomaron Crimea, con el pretexto político de estar protegiendo a la población local rusófona, incluyendo a los tártaros contemporáneos, que parecían decantarse por ser reconocidos como ciudadanos rusos. El alcalde de Sebastopol, apoyado por el ayuntamiento, declaró la anexión a la Federación de Rusia en calidad de unidad territorial federal, al mismo tiempo que desde Rusia se posicionaba el discurso, que ya para la época estaba claramente desarrollado después de la guerra en Georgia en 2008, y de las acciones en Transnistria, de acudir a la protección de las ciudades rusas, de los rusófonos y de todos aquellos que querían retornar, eso sí, con sus territorios a Rusia. Esto hizo que la operación de Crimea fuera ampliada por la apertura de las hostilidades en las regiones de Donetsk y Lugansk, en donde surgieron milicias apoyadas, entrenadas y armadas por Rusia, e incluso con la continua participación de tropas rusas con equipos militares sofisticados, aunque oficialmente tal situación no se haya reconocido hasta el día de hoy.
Rusia obtuvo lecciones claras sobre la intervención en Crimea: las potencias occidentales no intervendrían en caso de una acción bélica determinante, algo que ya había pasado con la guerra en Georgia en 2008, y aceptarían una política de hechos cumplidos una vez las acciones militares cesarán.

El discurso del presidente de la Federación de Rusia finalmente se centra en la declaración de realizar una operación militar especial sobre el Dombás, la región oriental de Ucrania que abarca los territorios de Donetsk y Lugansk, donde afirma que allí se ha venido desarrollando un “genocidio” durante ocho años, desde 2014, cuando activistas prorrusos declararon la conformación de repúblicas separatistas que desde su surgimiento han declarado la intención de pertenecer a Rusia. Acusa a la OTAN de estar apoyando a grupos nacionalistas ucranianos de extrema derecha, a los que califica de ser “nazis”, en una acción que guarda similitudes, desde su perspectiva, con lo sucedido con el régimen nazi alemán de la Segunda Guerra Mundial cuando invadió Ucrania, que creó unidades punitivas de ucranianos colaboradores con el gobierno impuesto por Berlín. En consecuencia con lo anterior, Putin afirma sin ambigüedades que “Rusia no puede sentirse segura, desarrollarse y existir mientras enfrenta una amenaza permanente desde el territorio de la actual Ucrania”.

El despliegue de las tropas rusas se hizo desde cuatro puntos: los terrestres son las áreas de la fronteras rusas al oriente del país, más la península de Crimea, junto con los puntos de entrada desde el territorio de Bielorrusia, sumando a esto las capacidades navales rusas comprendidas en la flota del mar Negro, cuyo punto de operaciones básicas es el puerto de Sebastopol, en la práctica perdido por Ucrania por las operaciones militares de 2014 sobre la península, y que ha servido de apoyo para el despliegue de la capacidad naval hacia los puertos de Odesa y Jersón en el costa ucraniana del mar Negro, y hacia los de Berdiansk y Mariúpol en la costa ucraniana del mar de Azov. El desplazamiento de las tropas rusas desde el oriente contó con puestos de avanzada por el despliegue iniciado por las unidades militares rusas desde el día 21 de febrero en supuesto apoyo a las repúblicas de Donetsk y Lugansk, pero sobre el territorio de estas dos provincias rebeldes ucranianas ya habían movilizado tantas tropas rusas como unidades militares separatistas, que les abrieron el camino y anticiparon los ataques rusos.
Los ataques del 24 de febrero, tal y como ha señalado el Institute for the Study of War, se acompañaron de bombardeos con una mezcla de misiles de corto y largo alcance, incluyendo misiles de crucero y misiles lanzados desde el mar Negro, en lo que se estima que tuvieron una participación directa por lo menos 75 bombarderos rusos. Los ataques se llevaron a cabo siguiendo cuatro ejes de despliegue de fuerzas y toma de territorios:
1.Bielorrusia-Kiev.
2.Jarkiv.
3.Dombás.
4.Crimea-Jersón.
A pesar de la clara superioridad en pie de fuerza de la infantería rusa, de la capacidad armada y de la superioridad aérea, las tropas de Ucrania desde el primer día han ido estableciendo una capacidad de respuesta que, si bien es limitada, ha sido sostenida, y con capacidad para contener e incluso contraatacar a las fuerzas rusas, al tiempo que se han derribado aviones y helicópteros de ataque rusos.
Las amenazas de uso de armas no convencionales en la guerra de Ucrania van más allá de las nucleares, e incluyen a las biológicas y químicas, ante lo que ha reaccionado la OTAN en una sesión extraordinaria del día 30 de marzo, en la que se encontraba el presidente Joe Biden. La OTAN, al final de la sesión, ha activado los comandos de defensa contra las armas no convencionales y ha desplegado armamentos de defensa sobre los países miembros de la alianza que se encuentra hacia el oriente de Europa, de cara a Rusia y su aliado, Bielorrusia. Luego de esta sesión el presidente Biden ha advertido a Putin que el uso de armas no convencionales será respondido de forma directa por la alianza. Estas advertencias de usos y respuestas de armamentos no convencionales crean una condición política para la activación de respuestas militares mutuas, que se ha vuelto más peligrosa a medida que las fuerzas rusas han efectuado bombardeos sobre objetivos militares y civiles ucranianos cerca de la frontera con Polonia, miembro de pleno derecho de la OTAN. La situación de alarma se ha incrementado aún más, si tal expresión es posible, desde la tercera semana de la guerra con el incremento de los ataques sobre Leópolis.

Esta limitación de objetivos, según han informado desde entonces diversas fuentes, tuvo su origen en la combinación de tres factores distintos: primero, los problemas logísticos rusos, que abarcaban tanto la consecución de combustibles y municiones, como el referido al abastecimiento de las tropas desplegadas de alimentos suficientes, equipos médicos, e incluso con el establecimiento de áreas de recuperación. Segundo, es muy posible que los rusos se hubiesen preparado para una guerra en la que esperaban una rápida toma de los centros de poder y de la infraestructura crítica indispensable, y que con ello forzaran a una caída del Gobierno, lo que llevaría necesariamente a que los Estados occidentales que apoyasen de alguna forma al gobierno de Zelenski se vieran obligados a aceptar una situación militar y política de hechos cumplidos, y con ello limitar cualquier posibilidad de acción posterior contra la situación creada. Tercero, los rusos encontraron en los militares ucranianos, por lo menos en los dos primeros meses de la guerra, a unos oponentes fuertes que, desde el marco de la guerra asimétrica, se encuentran en una guerra de liberación nacional contra un oponente más fuerte, invasor, para mayor precisión. En esta capacidad de resistencia de los militares ucranianos han tenido un papel destacado los procesos de movilización de la sociedad, entre los que se incluye la ley marcial, junto con un abierto apoyo voluntario de cientos de miles de ciudadanos.
Como consecuencia del cambio de estrategia de Rusia, reorientando sus tropas hacia el oriente de Ucrania, tanto en la región del Dombás como en la costa suroriental del país, tomando como objetivo básico a Mariúpol y Járkov, sin descuidar las opciones que pueda tener sobre Odesa, diferentes observadores militares han señalado lo preocupante de la situación a medida que Rusia, al ver que no logra sus objetivos a través de fuerzas y armas convencionales, acuda al uso, y en este contexto con toda probabilidad, de armas de destrucción masiva, incluyendo las de un tipo o una combinación de las disponibles, entre armas nucleares, químicas o biológicas.

En un informe de análisis presentado por la Rand Corporation en el año 2021 titulado Russia’s Military Interventions. Patterns, Drivers, and Signposts, elaborado por un grupo de expertos en Rusia y Europa Oriental, se identificó que Rusia ha realizado, desde el año de 1992, y hasta el año de presentación del informe, veinticinco intervenciones militares que, con la guerra contra Ucrania de 2022, sumarían veintiséis. Y si bien estas intervenciones son mayoritariamente en los territorios de la Federación de Rusia, o en el espacio postsoviético, sobre todo en el territorio de los Estados que se considera que fueron parte de la Rusia histórica, también se registran intervenciones militares en otras regiones del mundo, tales como África subsahariana y Medio Oriente.
Las fuerzas militares de la Rusia contemporánea han podido obtener éxitos notorios, logrando tomar objetivos claros, y evitar lo que han percibido como los peligros más inminentes que obligan a los procesos de intervención en diversos espacios. Dentro de estas intervenciones que marcan un antecedente directo para comprender la guerra de 2021, se deben citar cuatro acciones militares: primero, el conjunto de las guerras de Chechenia. Segundo, la guerra en Georgia, en 2008. Tercero, la invasión en Crimea y el Dombás, territorios hasta entonces claramente ucranianos, reconocidos por la política internacional. Y cuarto, la intervención en la guerra de Siria, sobre todo a partir de 2015, por cuyas acciones Moscú logró restablecer ampliamente en el poder al presidente Al Assad, siguiendo las tácticas de Chechenia.

En la guerra del 2022 Ucrania se ha transformado en una nación en armas, algo que hubiese sido impensable en 1992, cuando consiguió que la perseguida independencia fuera reconocida internacionalmente, incluyendo a la también naciente Federación de Rusia, un Estado nuevo, distinto de la URSS y del imperio zarista, pero que reclamó la posición de heredera de la primera en el ámbito internacional para mantener la silla en el Consejo de Seguridad de la ONU, como un cierto ámbito de política exterior que Moscú había llevado adelante entre 1922 y 1991.
La nación en armas se ha conformado además como un proceso de construcción de la nación, dando lugar a la configuración del experimento social que se puede seguir en vivo y en directo a través de las crónicas y reportajes sobre la guerra, sobre las reacciones de quienes intervienen en ella como agredidos y defensores, y de quienes toman parte como invasores y agresores.
Un aspecto que se ha revelado como clave de la guerra en Ucrania, desde el comienzo de la misma, es la estabilidad internacional. Esto incluye a todas las grandes potencias, pero principalmente a todos los Estados europeos, los más y los menos fuertes, y en donde la unidad europea se ha visto afectada en la medida en que cada Estado haya definido una postura de condenar la invasión a Ucrania o haya justificado implícitamente la posición de Rusia. Sin embargo, en esta sección me detendré en un aspecto crucial: Volodímir Zelenski ha tomado una posición de líder europeo, con alcance mundial, en un momento crucial para su país, en el que Ucrania se debate incluso en el extremo de saber si seguirá existiendo.
Las intervenciones internacionales de Zelenski, en los órganos legislativos de otros países, que adicionalmente son Estados y sociedades demócratas, tienen el objetivo de asegurar el reconocimiento internacional para Ucrania como Estado, y para su gobierno como legítimo y único aceptable en el marco de la guerra. La búsqueda del reconocimiento es la base de cualquier sistema internacional, y mucho más en el contemporáneo, haciendo que de antemano exista una oposición a cualquier reclamo del resultado que Rusia busque imponer a través de las armas y el papel de la guerra, y dejando en entredicho la legitimidad de un gobierno que sustituya el surgido de las elecciones presidenciales de 2019.

El principal fracaso de Ucrania dentro del sistema internacional con el que se constituyó como Estado provino de los acontecimientos ocurridos durante el año 2014, cuando Rusia realizó las operaciones militares más arriesgadas que hasta ese momento había ejecutado de cara a las influencias y límites de la OTAN, la Unión Europea y los Estados Unidos. El fracaso consistió en que Ucrania esperaba el respeto al Memorándum de Budapest, que obligaba a los firmantes a acatar la integridad territorial de Ucrania, además de actuar en forma tal que se garantizara, en todo momento, la seguridad de la misma frente a terceros que actuaran como agresores. Kiev confiaba casi que ciegamente en el orden internacional en el que surgía como Estado-nación independiente y soberano, y que en consecuencia el sistema internacional estaría presto a respetar sus condiciones de seguridad internacional, de integridad territorial y, sobre todo, a evitar que pudiera desaparecer como Estado, y en consecuencia entregaba las armas nucleares que tenía en su poder, ingresaba al Tratado de No Proliferación, y se decantaba por la democracia como sistema político, dotándose además de una Constitución moderna al estilo de los países occidentales, garantizando la libertad individual, la libertad de opinión y de prensa, y la libertad de asociación.
Las negociaciones con Ucrania fueron quizá un poco más complejas porque el nuevo Estado gobernado desde Kiev, como destacan diversas fuentes, y como recoge Steven Pifer en un documento titulado “The trilateral process: The United States, Ukraine, Russia and Nuclear Weapons”, quería asegurarse cuatro puntos básicos:
Primero: la entrega de las armas nucleares sería aceptable si había garantías reales y creíbles, probables si se quiere, sobre que Ucrania tendría confirmadas la seguridad, la integridad territorial y el respeto a la soberanía que había adquirido como Estado independiente.
Segundo: las cabezas nucleares tenían un valor comercial alto, toda vez que estaban fabricadas con uranio altamente enriquecido, siendo además factible que dicho valor aumentara en el mercado internacional si este uranio era degradado para ser comercializado en el mercado internacional como combustible para diferentes reactores nucleares. Ucrania planteaba la necesidad de recibir el valor económico que representaba este uranio, con el fin de que el monto proyectado en términos monetarios le fuese pagado como un ingreso económico real.
Tercero: desmontar los silos, los sistemas de almacenamiento y disparo, junto con el mantenimiento y conservación de los misiles balísticos intercontinentales, era una tarea costosa que la contraída economía ucraniana no podía sufragar. Kiev buscó que en el acuerdo este costo fuera asumido por alguna de las partes interesadas en el desmonte de dichas capacidades armamentísticas.
Cuarto: Kiev exigió saber con precisión los términos de los procedimientos que serían necesarios para desmontar las cabezas nucleares estratégicas. Esto significaba responder con exactitud dónde, cuándo y cómo, lo que implicaba saber con claridad adicionalmente qué personal llevaría a cabo el procedimiento, de qué país, qué tipo de información secreta sería transable y qué información podría negociarse o usarse para la seguridad nacional.
Estos cuatro puntos se convirtieron en un verdadero escenario de tensiones sobre las negociaciones, en las cuales el Parlamento ucraniano se negó en diversas ocasiones a dar la aprobación final, entre otras razones porque para diferentes grupos de políticos presentes en el Parlamento, conocido como la Rada, no había muchas razones para confiar en el nuevo Estado ruso, que seguía siendo gobernado por muchas de las élites de la antigua Unión Soviética.

El gobierno de Barack Obama, durante la crisis de Ucrania, tuvo una posición que estuvo marcada por un distanciamiento estratégico del problema, intentado crear medidas sancionatorias contra Rusia, como cuando impuso una restricción a los visados de funcionarios rusos, pero haciendo lo mismo también a funcionarios ucranianos. Al parecer la posición de Estados Unidos, de concentrarse únicamente en las sanciones económicas y diplomáticas contra Rusia se basaba en varias consideraciones:
Primero: Estados Unidos seguía atrapado en la guerra de Afganistán, que se había convertido un verdadero problema como acción bélica sin límite aparente, pues esta había empezado en octubre de 2001, como respuesta a los ataques del 11 de septiembre de Al-Qaeda contra Nueva York y Washington, en el entendido de que el régimen talibán daba protección a Osama Bin Laden, el líder del grupo terrorista que ejecutó los ataques de ese día183. Bin Laden fue eliminado en una operación táctica de fuerzas especiales norteamericanas, cerca de Abbottabad, en Pakistán, el 2 de mayo de 2011.
Segundo: el gobierno de Obama debió enfrentar la oleada desestabilizadora de lo que los medios terminaron denominando las “primaveras árabes”, y que en diferentes lugares acabaron en procesos de violencia colectiva, o en guerras internas, o incluso en guerras confesionales185. La caída del gobierno de Hosni Mubarak y el posterior proceso con los islamistas en el poder, la caída de su gobierno presidido por Mohamed Morsi, y el retorno de los militares a la dirección del Estado, han supuesto una crisis de fondo en la política exterior norteamericana. Otro tanto en esta oleada de las “primaveras” fue la guerra en Libia, que aún se mantiene activa, en medio de la cual se presentó el asesinato de Muamar al Gadafi, con la consecuente división del país en diferentes bandos y territorios diferenciados y segmentados.
Tercero: producto del fracaso militar en Irak187, y en el contexto de las primaveras árabes, Siria fue entrando en un terreno de creciente descomposición y de guerra interna, en donde los problemas étnicos, religiosos, de clanes de terrorismo regional y de tensiones geopolíticas fueron creciendo de manera ilimitada. Entre los problemas más serios que surgieron es que Siria se fue convirtiendo en un conflicto de competencia entre Rusia y Estados Unidos, donde el primero fue tomando un papel preponderante en el conflicto, mientras el segundo se fue retirando de manera directa del mismo. Rusia tomó el protagonismo, e incluso llevó a la victoria al presidente sirio, el autócrata Bashar Al Assad188. Siria fue un problema muy serio para los Estados Unidos, pues ya había declarado la victoria militar en Irak en 2011, y pretendía retirarse de cualquier acción bélica directa, incluso de la posibilidad de continuar brindando apoyo abierto a gobiernos que tendían a estar en otras órbitas geopolíticas y que podían asumir posiciones hostiles hacia Washington.
Cuarto: una de las grandes preocupaciones en política exterior del gobierno de Barack Obama estuvo centrada en la necesidad de establecer una reorientación geopolítica y geoestratégica de Estados Unidos, sin descuidar la primacía de las alianzas atlánticas consolidadas después de la Segunda Guerra Mundial, y ello implicaba construir y profundizar una estructura comercial y diplomática en Eurasia, que hiciera un contrapeso real a la República Popular China, y para ello se empeñó en la creación del Acuerdo Transpacífico de Comercio.

Primera: la guerra de Rusia contra Ucrania, de hecho, es una guerra internacional, toda vez que el territorio de Bielorrusia se ha usado como plataforma para lanzar un número importante de tropas rusas contra Ucrania y, específicamente, a la toma de Kiev y sus alrededores.
Segunda: la entrada de la OTAN en la guerra necesariamente obligaría a que los Estados Unidos tuviese que desplegar tropas sobre el terreno, además de ubicar unidades de combate marítimo y aéreo claves contra las unidades rusas, e incluso tener cuidado con la oposición de algunos Estados miembros dentro de la OTAN, más allá de la voluntad de confrontación que pueda tener Turquía, miembro de pleno derecho de la alianza, considerado por varios de los otros miembros como un Estado impredecible y poco confiable. También está el problema de Hungría, gobernada por Víctor Orbán, que es un dirigente conservador que se considera aliado de Putin, opuesto a la aplicación de sanciones contra Moscú, en el marco de la Unión Europea, y que a la vez ha hecho reparos constantes a cualquier posible acción de la OTAN. La desconfianza con Orbán ha aumentado durante la guerra, e incluso se ha generado un distanciamiento de Polonia, también con un gobierno conservador hace ya bastantes años, con el que Orbán había formado un frente muy fuerte dentro de la Unión Europea y dentro de la OTAN, pero la realidad política es que Orbán es un aliado de difícil aceptación, que ha ido imponiendo un condición iliberal en la democracia de su país, pero que ganó las elecciones húngaras en marzo de 2022 para un cuarto mandato.

Más allá de cualquier escenario de negociación posible entre Rusia y Ucrania a propósito de la guerra de invasión de 2022, está el lastre de los efectos morales que generan los crímenes de guerra y contra la humanidad ejecutados por Rusia, que se han ido descubriendo a medida que las tropas ucranianas han tenido éxito en los contraataques desde que las tropas cambiaron de estrategia y empezaron a reagruparse hacia el oriente de Ucrania. Estos crímenes se comenzaron a investigar desde que los denominaron el presidente Zelenski y la fiscal general de Ucrania, Irina Venediktova, e incluso en una acción inusual, recibieron apoyo directo del Tribunal Penal Internacional. En por lo menos tres localidades, Bucha, Borodianka y Kramatorsk, hasta la fecha en que este texto se escribe, los crímenes rusos contra la humanidad han sido plenamente visibles, entre los que se cuentan civiles ejecutados en circunstancias cotidianas, como ir en bicicleta o llevar bolsas con alimentos; civiles asesinados que han quedado enterrados debajo de los escombros de los edificios destruidos por los rusos, tanto en los bombardeos durante los ataques y los combates, como durante la retirada; civiles asesinados amontonados en fosas comunes, y ciudades que han sido sometidas a devastaciones totales, no solo de las infraestructuras críticas; civiles asesinados en lugares públicos usados como refugio o de atención médica; incluso civiles asesinados en lugares públicos de transporte.
Adicionalmente es importante indicar que el conjunto de los crímenes cometidos por las tropas rusas en Ucrania tiene un cierto carácter de sistematicidad y continuidad, con el fin de eliminar y desplazar población que no se considera deseable o adecuada para habitar en los territorios ocupados por los rusos o sus intermediarios sobre el terreno. Esto se convierte en sí mismo en una especie de eliminación de una identidad nacional, o en un proceso de eliminación política sistemática aplicada a una población civil específica.
Lo último que se puede afirmar para cerrar este texto es que los panoramas posbélicos en la guerra de Rusia contra Ucrania no son positivos en ninguna forma, y sí han introducido una serie de modificaciones de la geopolítica, en la que aún no es posible identificar sus reconformaciones. Lo más realista en este contexto es ser lo más pesimista posible. Adicionalmente, los problemas morales derivados de los crímenes cometidos imposibilitan la legitimidad de los acuerdos y, por tanto, la sostenibilidad de estos.

———————————-

The problem with reading this book is that the book adheres too closely to the Western vision and simplification of seeing it as a conflict between good and evil, liberal democracy versus illiberal autocracy.

On the night of February 23, 2022, and the morning of the following day, a military force of close to 190,000 Russian troops launched a large-scale military operation against Ukraine, with the aim of invading the country, controlling its territory, overthrowing the Government and reintegrate this vast country into Russia, presided over since August 1999 by Vladimir Putin. These actions are based on three ideas that have increasingly haunted Russian political discourse in the last two decades: first, that historical Russia is a larger territory than the one occupied by the current Russian Federation, which also explains that many of the societies that inhabit those territories are not nations independent of Russian identity; second, that Russia has the right to take all necessary actions to defend what it considers to be its outer space, and as a consequence, it enables it to take the territory of the States that are on the sphere of historical Russia, in order to defend itself of global, or even local, enemies, including explicitly the North Atlantic Treaty Organization (NATO) and the European Union; and third, that all this is done to restore Russia as a global power, which is itself a society that has suffered indescribably, that had to fight the Great Patriotic War, that was a victim of the Soviet implosion, and that furthermore, since the 1990s, it has not been given the importance it deserves.
Ukraine was forcefully invaded, it had to activate, to the surprise of contemporary European societies, and even of many in the world, a military force to defend itself, in a war that was real, not a video game.
Ukraine, moreover, despite various problems, claims to be a democracy, which recognizes and defends the freedoms and individual rights of its cities, the right to social and political diversity, and prides itself on being, as much as possible, a open society, which differs qualitatively and quantitatively from the features of Russian authoritarianism, replicated in depth in Belarus.
The political debate on the war and on who was responsible for it, in the Western world, was turning between two openly confronted positions: on the one hand there were those who consider that the group of Western countries is responsible, and especially those with visible leadership in NATO and in the European Union, for encouraging the States that achieved independence as a result of the Soviet implosion of 1991, to establish relations with them, and even to integrate within them.
One of the consequences of this war has been to turn kyiv into a symbol of world power, since it has forced all the great powers to pronounce or act on the basis of the war itself, and not only the Western States, it has also forced states such as the People’s Republic of China, the Republic of India or the Republic of Turkey to take positions on the war and the belligerent states in it, and to redefine their security and rearmament positions. A demonstration of this importance reached by kyiv and Zelensky is evidenced on this day, April 24, with the visit of the Secretary of State of the United States, Antony Blinken, accompanied by the Secretary of Defense, Lloyd Austin, to the Ukrainian president, ratifying that The United States, and Joe Biden himself, president of the United States since January 2021, is taking a direct position on the war, seeing Ukraine as a democracy that is the victim of imperialist aggression ordered by a state that is governed by a autocratic regime.

The troops of the army of the Russian Federation invaded Ukraine between the night of February 23 and the dawn hours of the next day. Since then, Europe has seen the reappearance of a major military operation, within the framework of a war that is both classical in its strategy and combat tactics, and an imperial war in its most direct objectives from the Russian perspective. .
But answering the question of why Russia has resorted to war against Ukraine is a complex matter that has in its matrix of explanatory possibilities at least two different perspectives, each one radically opposed to the other, and whose ramifications they oppose a successful exit for both parties. It is practically impossible to obtain successful achievements for Ukraine, which in the midst of the war is torn between continuing to exist as a sovereign state and an independent society that builds a national identity, or ending up as a state without sovereignty, under the label of «neutrality». ”, subjected to the geopolitical perspectives of Moscow, and which, therefore, cannot make decisions of an international scope.
Vladimir Putin has consistently done so when he has stated that Ukraine is part of Russia’s historical territories, just as he has perhaps more directly claimed that the Crimean peninsula was Russian. This claim of historical meaning becomes de facto a geopolitical perspective in conflict with Ukraine and, consequently, clearly distances itself from the conception of international relations and the international order built during the 20th century and, specifically, after the Second World War.
In this way, Moscow claims its right to establish, defend and guide its zones and spheres of influence, as if they were its own territories and consequently they were directed, governed or oriented under the postulates of its strategic conception. This is justified by its perception that NATO is an imperial military organization and, in this sense, it should move it as far away as possible from its borders.
The control of the Crimean peninsula, of undeniable strategic value for Russia, according to the historical-territorial perspective on it, and apparently a strategic value that is also non-negotiable in light of the events of 2014, goes in the context of the events that gave Russia dominance over Ukraine, which it achieved to the detriment of control of Poland, and previously the Polish-Lithuanian confederation that controlled large areas now known as Belarus and Ukraine.

From the point of view of the Ukrainians, the opportunity to create their own, sovereign, independent nation-state, and with a clearly identified territory, was an inevitable condition that arose as an opportunity for a differentiated nation, which they have sought at various times separating from Russian rule, even reversing the Russification processes experienced intensely at different times since the 19th century, which beyond identity and political control, has had unthinkable humanitarian costs for Ukrainians as a society, overcoming the differences and complexities that they themselves they may have. The Ukrainians’ point of view necessarily benefits from and subscribes to the rules of an international system built to accommodate States, especially those understood as nation-states, where sovereignty is a central point, non-negotiable, and essential in the formation of an independent State. The main problem for this Ukrainian perspective is one of force, and the ability to use it with respect to the Russian Federation, which irremediably sees and assumes the Ukrainian territory as one that is part of its own, and perhaps, at best In most cases, a buffer territory against hostile Western forces that can have a kind of State in a condition of more or less strong federation with Moscow. Said like this, the difference and the dispute are between an imperial geopolitical dimension and another rooted in contemporary international law, based on the notion of sovereignty as a central element of internal and external politics.

By 2013 things had changed radically in kyiv after the 2010 elections, when Yanukovych managed to obtain a conspicuous electoral victory over his old rival, who sank in these elections, and also beating Yushchenko’s old political ally, Yulia Tymoshenko. During Yanukovych’s mandate, the interests of the oligarchs associated with his Party of the Regions changed, mainly those from Donbás, which territorially covered both the most industrialized areas of the country and the main ports, and which coincided with part of the population that declared itself Russophone and recognized itself as ethnically Russian. During his tenure, the rapprochements and processes of accession to the European Union had continued, and the change in the doctrine of the military forces to conceptually approach the postulates of NATO had materialized in the policies corresponding to the sector. However, corruption problems had grown strongly, causing citizen pressure, especially in the regions and cities of the center and west of the country, to grow rapidly.
The interpretation that Putin assumed of this entire process was that President Yanukovych had fallen as a result of a coup, and acted accordingly, which in practice was to deploy troops to finally retake the Crimean peninsula, the most notable geopolitical objective for Russia since the implosion, and in whose support acted the declaration of illegality that in 1992 the Russian Parliament had issued on the transfer of Nikita Khrushchev from the peninsula to Ukraine. As of February 27, Russian troops arrived without insignia or flags, who also did not use radio communications, and which were combined groups of conventional infantry troops, with marine infantry, and movement of ships from the Black Sea fleet, with in order to corner the Ukrainian troops and remove them from the military bases they occupied. Ukrainian troops in most cases avoided military confrontation with the Russians, and were divided between those who went over to the side, those who surrendered and those who deserted. Thus, from February 27, 2014, the Russians took Crimea, under the political pretext of protecting the local Russophone population, including contemporary Tatars, who seemed to prefer to be recognized as Russian citizens. The mayor of Sevastopol, supported by the city council, declared the annexation to the Russian Federation as a federal territorial unit, at the same time that Russia was positioning the discourse, which at the time was clearly developed after the war in Georgia in 2008, and of the actions in Transnistria, of going to the protection of Russian cities, of Russophones and of all those who wanted to return, yes, with their territories to Russia. This caused the Crimean operation to be amplified by the opening of hostilities in the Donetsk and Lugansk regions, where militias supported, trained and armed by Russia emerged, and even with the continued participation of Russian troops with sophisticated military equipment, although Officially such a situation has not been recognized until today.
Russia learned clear lessons from the intervention in Crimea: the Western powers would not intervene in the event of decisive military action, something that had already happened with the war in Georgia in 2008, and they would accept a policy of accomplished facts once the military actions ceased.

The speech of the President of the Russian Federation finally focuses on the declaration of carrying out a special military operation on Donbas, the eastern region of Ukraine that includes the Donetsk and Luhansk territories, where he affirms that a «genocide» has been taking place there. ” for eight years, since 2014, when pro-Russian activists declared the formation of separatist republics that since their inception have declared their intention to belong to Russia. He accuses NATO of supporting extreme right-wing Ukrainian nationalist groups, whom he describes as «Nazis», in an action that bears similarities, from his perspective, to what happened with the German Nazi regime in World War II when invaded Ukraine, which created punitive units of Ukrainian collaborators with the government imposed by Berlin. Consequently, Putin unambiguously states that «Russia cannot feel safe, develop and exist while facing a permanent threat from the territory of today’s Ukraine».

The deployment of the Russian troops was made from four points: the land ones are the areas of the Russian borders to the east of the country, plus the Crimean peninsula, together with the entry points from the territory of Belarus, adding to this the naval capabilities included in the Black Sea fleet, whose point of basic operations is the port of Sevastopol, in practice lost by Ukraine due to the 2014 military operations on the peninsula, and which has served as support for the deployment of naval capacity towards the ports of Odessa and Kherson on the Ukrainian coast of the Black Sea, and to those of Berdyansk and Mariupol on the Ukrainian coast of the Sea of Azov. The movement of Russian troops from the east included outposts due to the deployment initiated by Russian military units since February 21 in alleged support of the Donetsk and Lugansk republics, but on the territory of these two Ukrainian rebel provinces. They had already mobilized as many Russian troops as separatist military units, which opened the way for them and anticipated Russian attacks.
The February 24 attacks, as the Institute for the Study of War has pointed out, were accompanied by shelling with a mixture of short-range and long-range missiles, including cruise missiles and missiles launched from the Black Sea, in what it is estimated that at least 75 Russian bombers were directly involved. The attacks were carried out following four axes of deployment of forces and seizure of territories:
1.Belarus-kyiv.
2.Kharkiv.
3.Dombás.
4.Crimea-Kherson.
Despite the clear superiority of the Russian infantry force, armed capacity and air superiority, the Ukrainian troops from day one have been establishing a response capacity that, although limited, has been sustained , and capable of containing and even counteracting Russian forces, while Russian attack planes and helicopters have been shot down.
The threats of the use of non-conventional weapons in the war in Ukraine go beyond nuclear ones, and include biological and chemical ones, to which NATO reacted in an extraordinary session on March 30, in which it was President Joe Biden. NATO, at the end of the session, has activated the defense commands against unconventional weapons and has deployed defense weapons on the member countries of the alliance that is to the east of Europe, facing Russia and its ally, Belarus. After this session, President Biden has warned Putin that the use of unconventional weapons will be responded to directly by the alliance. These warnings of uses and responses of unconventional weapons create a political condition for the activation of mutual military responses, which has become more dangerous as Russian forces have carried out bombing raids on Ukrainian military and civilian targets near the border with Poland, full member of NATO. The alarm situation has increased even more, if such an expression is possible, since the third week of the war with the increase in attacks on Lviv.

This limitation of objectives, according to various sources since then, had its origin in the combination of three different factors: first, the Russian logistical problems, which included both obtaining fuel and ammunition, as well as that referring to the supply of the deployed troops of sufficient food, medical equipment, and even with the establishment of recovery areas. Second, it is quite possible that the Russians had prepared for a war in which they expected a quick takeover of the centers of power and essential critical infrastructure, thereby forcing a fall of the government, which would necessarily lead to Western states that supported the Zelensky government in any way would be forced to accept a military and political situation of accomplished facts, and thereby limit any possibility of subsequent action against the situation created. Third, the Russians found in the Ukrainian military, at least in the first two months of the war, strong opponents who, from the framework of asymmetric warfare, find themselves in a war of national liberation against a stronger opponent, invader, for greater precision. In this resistance capacity of the Ukrainian military, the mobilization processes of society have played a prominent role, including martial law, together with the open voluntary support of hundreds of thousands of citizens.
As a consequence of Russia’s change in strategy, redirecting its troops towards the east of Ukraine, both in the Donbass region and on the southeastern coast of the country, taking Mariupol and Kharkov as its basic objective, without neglecting the options it may have over Odessa , different military observers have pointed out how worrying the situation is as Russia, seeing that it is not achieving its objectives through conventional forces and weapons, resorts to the use, and in this context in all probability, of weapons of mass destruction, including those of one type or a combination of those available, between nuclear, chemical or biological weapons.

In an analysis report presented by the Rand Corporation in the year 2021 entitled Russia’s Military Interventions. Patterns, Drivers, and Signposts, prepared by a group of experts in Russia and Eastern Europe, it was identified that Russia has carried out, since 1992, and until the year of presentation of the report, twenty-five military interventions that, with the war against Ukraine of 2022, they would add twenty-six. And although these interventions are mostly in the territories of the Russian Federation, or in the post-Soviet space, especially in the territory of the States that are considered to have been part of historical Russia, military interventions are also recorded in other regions of the world, such as sub-Saharan Africa and the Middle East.
The military forces of contemporary Russia have been able to obtain notorious successes, managing to take clear objectives and avoid what they have perceived as the most imminent dangers that require intervention processes in various spaces. Within these interventions that mark a direct antecedent to understand the 2021 war, four military actions must be mentioned: first, the whole of the wars in Chechnya. Second, the war in Georgia, in 2008. Third, the invasion of Crimea and the Donbass, hitherto clearly Ukrainian territories, recognized by international politics. And fourth, the intervention in the war in Syria, especially from 2015, by whose actions Moscow managed to largely restore President Al Assad to power, following the tactics of Chechnya.

In the war of 2022, Ukraine has become a nation in arms, something that would have been unthinkable in 1992, when it achieved international recognition of the persecuted independence, including the also nascent Russian Federation, a new State, different from the USSR. and of the tsarist empire, but who claimed the position of heir to the first in the international arena to maintain the seat on the UN Security Council, as a certain sphere of foreign policy that Moscow had carried out between 1922 and 1991.
The nation in arms has also been shaped as a process of building the nation, giving rise to the configuration of the social experiment that can be followed live and direct through the chronicles and reports on the war, on the reactions of those who they intervene in it as victims and defenders, and of those who take part as invaders and aggressors.
One aspect that has been revealed as the key to the war in Ukraine, since its beginning, is international stability. This includes all the great powers, but mainly all the European States, the most and the least strong, and where European unity has been affected to the extent that each State has defined a position of condemning the invasion of Ukraine. or has implicitly justified Russia’s position. However, in this section I will dwell on a crucial aspect: Volodymyr Zelensky has taken a position as a European leader, with global reach, at a crucial moment for his country, in which Ukraine is debating even to the point of knowing whether it will continue to exist .
Zelensky’s international interventions, in the legislative bodies of other countries, which are also democratic states and societies, have the objective of ensuring international recognition for Ukraine as a state, and for its government as legitimate and only acceptable in the context of the war . The search for recognition is the basis of any international system, and much more so in the contemporary one, making opposition to any claim of the result that Russia seeks to impose through weapons and the role of war exist beforehand, and leaving in I question the legitimacy of a government that replaces the one that emerged from the 2019 presidential elections.

The main failure of Ukraine within the international system with which it was constituted as a State came from the events that occurred during the year 2014, when Russia carried out the most risky military operations that it had carried out up to that moment in the face of the influences and limits of NATO. , the European Union and the United States. The failure consisted in the fact that Ukraine expected respect for the Budapest Memorandum, which obliged the signatories to abide by the territorial integrity of Ukraine, in addition to acting in such a way as to guarantee, at all times, its security against third parties who They will act as aggressors. kyiv trusted almost blindly in the international order in which it emerged as an independent and sovereign nation-state, and that consequently the international system would be ready to respect its conditions of international security, territorial integrity and, above all, to prevent it from disappear as a State, and consequently handed over the nuclear weapons it had in its possession, entered the Non-Proliferation Treaty, and opted for democracy as a political system, also endowing itself with a modern Constitution in the style of Western countries, guaranteeing freedom freedom of opinion and of the press, and freedom of association.
The negotiations with Ukraine were perhaps a little more complex because the new State governed from kyiv, as various sources point out, and as Steven Pifer collects in a document entitled «The trilateral process: The United States, Ukraine, Russia and Nuclear Weapons», wanted make sure four basic points:
First: the delivery of nuclear weapons would be acceptable if there were real and credible guarantees, probable if you will, that Ukraine would have confirmed the security, territorial integrity and respect for the sovereignty that it had acquired as an independent state.
Second: the nuclear warheads had a high commercial value, since they were made with highly enriched uranium, and it was also feasible that said value would increase on the international market if this uranium was degraded to be sold on the international market as fuel for different nuclear reactors. . Ukraine raised the need to receive the economic value that this uranium represented, so that the projected amount in monetary terms would be paid as real economic income.
Third: dismantling the silos, storage and firing systems, along with the maintenance and upkeep of ICBMs, was an expensive task that the shrinking Ukrainian economy could not afford. kyiv sought that in the agreement this cost would be borne by one of the parties interested in dismantling said weapons capabilities.
Fourth: kyiv demanded to know precisely the terms of the procedures that would be necessary to disassemble the strategic nuclear warheads. This meant answering exactly where, when and how, which also meant clearly knowing which personnel would carry out the procedure, from which country, what type of secret information would be tradable and what information could be traded or used for national security.
These four points became a real scenario of tensions over the negotiations, in which the Ukrainian Parliament refused on several occasions to give final approval, among other reasons because for different groups of politicians present in Parliament, known as the Rada , there was little reason to trust the new Russian state, which was still ruled by many of the elites of the former Soviet Union.

The government of Barack Obama, during the Ukraine crisis, took a position that was marked by a strategic distancing from the problem, trying to create punitive measures against Russia, such as when it imposed a restriction on the visas of Russian officials, but also doing the same to Ukrainian officials. It appears that the US position, to focus solely on economic and diplomatic sanctions against Russia, was based on several considerations:
First: the United States was still trapped in the war in Afghanistan, which had become a real problem as a military action without apparent limit, since it had begun in October 2001, in response to the September 11 attacks by Al-Qaeda against New York and Washington, on the understanding that the Taliban regime was protecting Osama Bin Laden, the leader of the terrorist group that carried out the attacks that day183. Bin Laden was eliminated in a tactical operation by US special forces near Abbottabad, Pakistan, on May 2, 2011.
Second: the Obama government had to face the destabilizing wave of what the media ended up calling the “Arab springs”, and which in different places ended in processes of collective violence, or in internal wars, or even in confessional wars185. The fall of the government of Hosni Mubarak and the subsequent process with the Islamists in power, the fall of his government presided over by Mohamed Morsi, and the return of the military to the leadership of the State, have led to a deep crisis in foreign policy North American. The same in this wave of «springs» was the war in Libya, which is still active, in the midst of which the assassination of Muammar al-Gaddafi was presented, with the consequent division of the country into different sides and differentiated and segmented territories. .
Third: as a result of the military failure in Iraq187, and in the context of the Arab springs, Syria was entering a terrain of increasing decomposition and internal war, where ethnic, religious, clan problems, regional terrorism and geopolitical tensions were growing unlimited. Among the most serious problems that arose is that Syria was becoming a conflict of competition between Russia and the United States, where the former was taking a leading role in the conflict, while the latter was withdrawing directly from it. Russia took center stage, and even led the Syrian president, the autocrat Bashar Al Assad, to victory188. Syria was a very serious problem for the United States, since it had already declared military victory in Iraq in 2011, and intended to withdraw from any direct military action, including the possibility of continuing to provide open support to governments that tended to be in other orbits. geopolitical and that they could assume positions hostile to Washington.
Fourth: one of the great foreign policy concerns of the government of Barack Obama was centered on the need to establish a geopolitical and geostrategic reorientation of the United States, without neglecting the primacy of the Atlantic alliances consolidated after the Second World War, and this implied build and deepen a commercial and diplomatic structure in Eurasia, which would make a real counterweight to the People’s Republic of China, and for this he insisted on the creation of the Trans-Pacific Trade Agreement.

First: Russia’s war against Ukraine, in fact, is an international war, since the territory of Belarus has been used as a platform to launch a significant number of Russian troops against Ukraine and, specifically, to capture kyiv and its surroundings.
Second: the entry of NATO into the war would necessarily force the United States to deploy troops on the ground, in addition to locating key air and sea combat units against Russian units, and even beware of the opposition of some States. members within NATO, beyond the desire for confrontation that Turkey may have, a full member of the alliance, considered by several of the other members as an unpredictable and unreliable state. There is also the problem of Hungary, governed by Víctor Orbán, who is a conservative leader who considers himself an ally of Putin, opposed to the application of sanctions against Moscow, within the framework of the European Union, and who at the same time has made constant objections to any possible NATO action. Mistrust with Orbán has increased during the war, and has even generated a distancing from Poland, also with a conservative government for many years, with which Orbán had formed a very strong front within the European Union and within NATO. , but the political reality is that Orbán is an ally that is difficult to accept, that he has been imposing an illiberal condition on his country’s democracy, but that he won the Hungarian elections in March 2022 for a fourth term.

Beyond any possible negotiation scenario between Russia and Ukraine regarding the invasion war of 2022, there is the burden of the moral effects generated by the war crimes and crimes against humanity carried out by Russia, which have been discovered as that the Ukrainian troops have been successful in counter-attacks since the troops changed strategy and began to regroup towards eastern Ukraine. These crimes began to be investigated since they were named by President Zelensky and Ukraine’s Prosecutor General Irina Venediktova, and even in an unusual move, received direct support from the International Criminal Court. In at least three locations, Bucha, Borodianka and Kramatorsk, as of this writing, Russian crimes against humanity have been fully visible, including civilians executed in everyday circumstances, such as riding a bicycle or carry bags with food; killed civilians who have been buried under the rubble of buildings destroyed by the Russians, both in the bombing during the attacks and fighting, and during the withdrawal; murdered civilians piled up in mass graves, and cities that have been subjected to total devastation, not just critical infrastructure; civilians killed in public places used for shelter or medical care; even civilians killed in public places of transportation.
Additionally, it is important to indicate that the set of crimes committed by Russian troops in Ukraine has a certain character of systematicity and continuity, in order to eliminate and displace population that is not considered desirable or suitable to live in the territories occupied by the Russians. or their intermediaries on the ground. This becomes in itself a kind of elimination of a national identity, or a process of systematic political elimination applied to a specific civilian population.
The last thing that can be said to close this text is that the post-war scenarios in Russia’s war against Ukraine are not positive in any way, and they have introduced a series of changes in geopolitics, in which it is not yet possible to identify their reconformations. The most realistic thing to do in this context is to be as pessimistic as possible. Additionally, the moral problems derived from the crimes committed make the legitimacy of the agreements impossible and, therefore, their sustainability.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.