Prohibido Dudar: Las Diez Semanas Que Ucrania Cambió El Mundo — Pascual Serrano / No Doubting: The Ten Weeks That Ukraine Changed The World by Pascual Serrano (spanish book edition)

Con la intervención de Rusia en Ucrania asistimos por primera vez a un escenario en el que una potencia nuclear planta cara a EEUU y a la OTAN. Son evidentes dos cosas: la primera, que Rusia ha vulnerado la legislación internacional y la Carta Fundacional de las Naciones Unidas atacando militarmente dentro de las fronteras de otro país; la segunda, que había explicaciones para que lo hiciera –el avance de la OTAN hacia sus fronteras, el golpe de Estado que derrocó en 2014 al Gobierno que había en Ucrania, las intenciones de Ucrania de incorporarse a la Alianza Atlántica, el trato que estaban sufriendo las regiones del este más próximas culturalmente a Rusia, en guerra de baja intensidad contra el Gobierno de Kiev desde 2014–.
Así, los métodos a los que se recurrió para actuar contra Rusia fueron:
1. Enviar armamento, asesores militares, mercenarios, voluntarios y todo tipo de ayuda militar que permitiera a Ucrania resistir el ataque ruso.
2. Activar todos los mecanismos de sanciones contra Rusia de forma unilateral, sin pasar por las instituciones internacionales.
3. Convencer a la comunidad internacional del crimen que estaba cometiendo Rusia y de la legitimidad moral de Occidente para actuar como lo estaba haciendo.
Lo que hemos comprobado es que el resultado de todo ello ha sido el fin del mundo tal como lo hemos conocido. En diez semanas de guerra:
• El modelo de comercio globalizado vigente ha estallado, los contratos entre Rusia y los países que se han sumado a las sanciones se han convertido en papel mojado. La famosa inseguridad jurídica que suele esgrimirse contra los países del tercer mundo se ha vuelto manifiesta en el primero. Los bancos no tienen modo de atender las deudas, los clientes no pueden pagar servicios y productos contratados, las empresas no pueden servir los encargos.
• El sistema de suministro energético europeo ha convulsionado.
• Los países europeos han comenzado a anunciar un aumento de sus presupuestos de Defensa, en algunos casos incluso a doblarlos. Las acciones de las empresas de armamento se han disparado.
• Las propuestas medioambientales y dirigidas a frenar el calentamiento global han terminado olvidadas: envíos de tropas, más aviones de guerra, gas licuado mediante fracking traído desde la otra parte del mundo, levantamiento de la prohibición de transgénicos… Todas las medidas ecologistas han quedado relegadas a un segundo plano.
• La política europea hacia los refugiados ha dado un vuelco. Se pasa de alambradas en África y naufragios en el Mediterráneo a ir a buscarlos a la frontera con Ucrania. Las tramitaciones que duraban meses ahora se resuelven en 24 horas. Sólo para ucranianos, eso sí.
• La libertad de prensa como marca diferencial de las democracias occidentales se ha derrumbado. Los medios rusos son prohibidos en Europa y EEUU. Los europeos deben instalar en sus aparatos electrónicos una VPN para simular que están en Venezuela o Siria, y así poder acceder a las agencias de prensa rusas. Los disidentes son acusados de «negacionistas», como si negasen que la Tierra fuera redonda o no aceptaran la teoría de la evolución.
• Las redes sociales, que se presentaron como el símbolo de la libertad de internet, han mostrado una capacidad de censura mayor que la que nunca tuvo ningún Gobierno. Bloquean medios de comunicación, etiquetan a periodistas, borran contenidos antiguos, adulteran los buscadores.
• Los Gobiernos occidentales se han movilizado en defensa de un Gobierno, el ucraniano, que, ya antes de la guerra, tenía partidos políticos ilegalizados, televisiones clausuradas y masacres sin investigar.
En conclusión, con la guerra de Ucrania estamos asistiendo al derrumbe de los grandes mitos de las democracias occidentales: el libre mercado, la libertad de expresión, la preocupación medioambiental, la participación ciudadana. Y lo más sorprendente es que todo ello se ha hecho sin cambiar una sola ley, sin una votación en ningún parlamento, sin una consulta ciudadana.

El autor nos muestra de manera sencilla esa ocultación, doble rasero e hipocresía a las que nos somete diariamente el discurso oficial. Mientras los países «enemigos» se reunían y apostaban por el desarme aquí la OTAN apostaba por armarse hasta los dientes para defendernos de las «dictaduras» rusa y china. Ellos son la dictadura y los que no podemos escuchar ni leer noticias que provengan de Rusia somos la democracia. Muy interesante también el análisis de que la crisis no se debe a la guerra sino a las sanciones, pues como yo digo, las sanciones se hicieron para dejar ciego a Putin aunque nosotros nos quedásemos tuertos y el tema se está volviendo del revés, él tuerto pero nosotros ciegos.

Es indiscutible que una guerra es el campo más abonado para la desinformación. Hasta hace unos años, los mecanismos se limitaban a la difusión de versiones falsas por parte de los bandos en liza, pero ahora no sólo se han multiplicado, sino que también son más complejos. Todos los implicados tienen aliados que se presentan como neutrales: medios de comunicación, asociaciones humanitarias, organizaciones de derechos humanos, centros de investigación, analistas militares, instrumentos de confirmación de noticias o de búsqueda de bulos, periodistas especializados y, por supuesto, otro ejército de colaboradores en las redes sociales, muchos de ellos ocultos en el anonimato. A ello se añaden todos los mecanismos tecnológicos que existen actualmente para manipular vídeos, sonidos, imágenes de satélites…, así como el fácil y masivo sistema de distribución de todo ello.
Por tanto, dudar de la información que nos llegue debería ser un principio ciudadano muy saludable.

Ante esta situación, la campaña actual sobre la guerra de Ucrania no sólo se ha destinado a repetir los formatos anteriores, o sea, a considerar válidas las versiones de EEUU y la OTAN sin necesidad de más investigaciones y pruebas, sino también a atacar a cualquiera que las ponga en duda. Esta ha sido una de las novedades en este conflicto. Quienes planteábamos dudas éramos señalados como «conspiracionistas» o «negacionistas». Es como si dudar de la versión de un periódico o de un telediario equivaliese a negar el Holocausto. Para el poder dominante, la versión de EEUU, de la OTAN y de los Gobiernos europeos tiene valor de infalibilidad científica; por ello, quienes dudamos estamos al nivel de los terraplanistas, que desconfían de la ciencia. Al hilo de esto, no faltaron programas de televisión donde repasaban los nombres de personas con cierto protagonismo público que dudaban de la información oficial, y los acusaban de buscar protagonismo, notoriedad o negocio.
Los que ahora llaman negacionistas a aquellos que dudan deberían de calificar de igual manera a quienes no vieron clara la autoría de ETA el 11M. Esos también serían negacionistas.
Hay que precisar que los supuestos negacionistas o conspiranoicos no son personas que se crean la versión rusa de alguno de los capítulos de la guerra; su «delito» es simplemente dudar de la versión oficial y pedir que no se saquen conclusiones hasta que no haya investigaciones independientes e imparciales, tal como establecen tratados y legislaciones internacionales.
Uno de los capítulos más controvertidos se ha visto en la masacre de Bucha.
Numerosas televisiones sacaron las imágenes de una anciana de setenta y siete años «superviviente del asedio de Leningrado» que «ha regresado a las calles para reclamar a los soldados [rusos] que abandonen las armas». Pero el asedio de Leningrado terminó en 1944, hace 78 años, un año antes de que naciera esa mujer.
Otra imagen muy recurrida fue la de Putin con estrellas rojas y hoces y martillos, relacionándolo con el comunismo (Papel, dominical de El Mundo, 6 de marzo). En cambio, el Partido Comunista de la Federación Rusa es el principal partido de la oposición al partido gobernante, que es Rusia Unida, un partido conservador, nacionalista y defensor del libre mercado.
Son sólo unos pocos ejemplos de bulos.

En este conflicto, el discurso unánime no sólo de apoyo sino de ensalzamiento del Gobierno de Ucrania y de su presidente ha sido abrumador. Líderes políticos de todo el espectro, analistas, tertulianos, portadas de periódicos, organizaciones humanitarias y todo tipo de empresas que, súbitamente, se volvieron solidarias, convirtieron a los responsables políticos ucranianos en héroes por la libertad, ejemplo de democracia y lucha por los derechos humanos.
Independientemente de cómo uno considere la intervención militar de Rusia en Ucrania, es bueno que sepamos cómo es el Gobierno ucraniano.
El actual presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, es el segundo tras la denominada revolución de Euromaidán, una revuelta violenta sucedida en enero de 2014 contra el entonces presidente Yanukóvich. Una mezcla de grupos antigubernamentales, ultranacionalistas y neonazis ocuparon violentamente edificios oficiales, secuestraron a funcionarios públicos y protagonizaron semanas de violencia en el país. Tras un saldo de casi un centenar de muertos, el Gobierno fue derrocado y se convocaron nuevas elecciones.
Este suceso supuso el «cambio de bando» del país por la vía violenta, y Ucrania pasó de situarse en la zona de influencia de Rusia.
La revolución del Euromaidán y el cambio de régimen de Ucrania tuvo otro efecto trágico bastante ignorado en Occidente. Las regiones del este del país, de mayoría de población rusófila, no se vieron representadas por los nuevos mandatarios de Kiev, que incluso proscribían su idioma, y se manifestaron en contra. El Gobierno central mandó al Ejército para reprimir las protestas, y los independentistas convocaron referéndums sobre los modelos de organización política y territorial de Donetsk y Lugansk, con el resultado mayoritario a favor de la independencia. Se declararon las repúblicas populares de Donetsk (RPD) y Lugansk (RPL) y se produjeron intensos combates entre los independentistas prorrusos y el Ejército de Ucrania; el Gobierno central perdió el control de algunas zonas. Ni que decir tiene que Rusia apoyó a los primeros y EEUU y la UE a los segundos.
El 12 de febrero de 2015 se firman los acuerdos de Minsk II, con la participación de los Gobiernos de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania, y la supervisión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

Antes de llegar a la presidencia, Volodímir Zelenski era un actor cómico muy popular en Ucrania. Desde 2015 hasta 2019 fue el protagonista de una serie de televisión llamada Servidor del pueblo, en la que desempeñaba el papel de presidente de Ucrania. Su personaje es un profesor de Historia en Secundaria de unos treinta y tantos años que gana las elecciones presidenciales después de que un vídeo viral lo muestre despotricando contra la corrupción gubernamental en el país.
Beneficiándose de su notoriedad mediática y del rechazo a las figuras políticas tradicionales, percibidas como corruptas e ineficaces, Zelenski se situó como el gran favorito en las elecciones de 2019. Su campaña electoral fue atípica, prácticamente virtual, no dio entrevistas ni mítines y se concentró en las redes, donde criticaba a otros candidatos en vídeos virales que fortalecían su popularidad entre el electorado joven. En realidad, su plan era difuminar los límites entre su personaje de ficción y su persona real como candidato presidencial. De hecho, el nombre de su partido es el mismo que en la serie televisiva, y utilizó el escenario de la misma para algunos de sus discursos. De este modo, bastaba con convencer al electorado de que el interpretaba sería real si le votaban.

Uno de los cambios que ha producido la guerra es el giro en la valoración que se hace sobre el Gobierno de Ucrania y su presidente, a pesar de que el conflicto con Rusia disparó todavía más las violaciones de derechos humanos del Gobierno de Kiev. Medios de comunicación y Gobiernos europeos elevan a su presidente al rango de héroe defensor de la democracia y los derechos humanos.
El 20 de marzo, Zelenski anunciaba en su Telegram la prohibición de 11 partidos políticos, prácticamente toda la oposición. Se trataba de cinco partidos situados en el ámbito de la izquierda ucraniana –la Oposición de Izquierda, Unión de Fuerzas de la Izquierda, el Partido Progresista y Socialista de Ucrania, el Partido Socialista de Ucrania y el partido Socialistas–, a los que se sumaban otros seis –como la Plataforma de Oposición-Por la Vida, el partido Nashi (Nuestro), el Partido de Sharí, Bloque de Oposición, Estado y el Bloque de Vladímir Saldo–. Esta prohibición provisional se hizo definitiva dos meses después.
El Ministerio de Interior ucraniano creó una página web con fotos y vídeos de soldados rusos, prisioneros o muertos. Dice que es para que sus familiares los puedan reconocer, pero el objetivo es minar la moral del enemigo. Se trata de una violación del Convenio de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros de guerra, en la medida en que aparecen cadáveres destrozados, presos heridos y humillados hablando a la cámara…

El terremoto que produjo la crisis de Ucrania ha puesto patas arriba muchos tabús político-económicos que parecían intocables. Por un momento, hasta parecía que Europa se convertía al bolivarianismo expropiador.
Alemania anunció en abril que nacionalizaba la filial germana de Gazprom, la poderosa empresa estatal rusa de gas. En realidad, esa filial ya no era propiedad accionarial de la matriz rusa, sino de otras empresas con capitales en Reino Unido, Suiza y hasta Singapur. De modo que el sueño idílico de cualquier comunista, la nacionalización de las empresas estratégicas del país, se materializaba en Alemania, pero sólo por el objetivo de enfrentarse a Rusia.
Mientras, en España, incautábamos yates de millonarios, pero no por motivos de redistribución de riqueza, ni siquiera de intervenciones fiscales: eran de rusos y lo había ordenado el FBI. Ocurrió con el megayate Tango, amarrado junto al Club Náutico de Palma. Parece que EEUU incluyó en su lista de sancionados al dueño del mismo, el ruso Víktor Vekselberg, y eso, para España, era como una orden judicial para que entrara la Guardia Civil.
Una constante de los gobernantes occidentales es achacar a Rusia y a Putin todos los problemas económicos en sus países: la subida del precio de la energía, la inflación y el desabastecimiento. Así lo decía Pedro Sánchez en el Parlamento español: «La inflación, los precios de la energía, son única responsabilidad de Putin y de su guerra ilegal en Ucrania». De este modo, resulta cómodo descargar en Putin cualquier problema económico que afrontemos, incluso los que ya teníamos antes de la guerra, como, por ejemplo, el aumento de la inflación.
Pero es importante delimitar qué problemas son inevitables al existir una guerra entre Rusia y Ucrania, y cuáles proceden de las sanciones impuestas a la Federación Rusa. Como hemos visto antes, Rusia nunca se planteó de forma unilateral que se viesen afectadas sus exportaciones de gas, petróleo, carbón o cereales. Son los países europeos los que, con sus sanciones, limitan esas compras y terminan así sufriendo su escasez y una subida de precios.

Quienes no tienen problemas son los países que han decidido no sancionar a Rusia. Por ejemplo, México. Los automovilistas estadounidenses cruzan masivamente la frontera para repostar en el vecino del sur debido al encarecimiento del combustible tras las sanciones impuestas a Rusia.
Tampoco debemos olvidar a los eternos beneficiados de las guerras: las empresas de armamento. Para ellas, la guerra de Ucrania ha sido una buena noticia, con unos bonitos apoyos de nuestros Gobiernos. A los 20 días del inicio del conflicto, en una entrevista en televisión, Pedro Sánchez anunciaba de forma sorpresiva su intención de subir el gasto militar español al 2% del PIB, lo que supondría más de 24.000 millones de euros. Según señaló en dicha entrevista, el gasto actual es del 1,4% del PIB. En los últimos cinco años la dotación que recibe el Ministerio de Defensa ha aumentado un 20%.
Aprovechando que todos están mirando para Ucrania y que ya lo verde no es noticia, el Parlamento Europeo rechazó una enmienda que pedía prohibir divisas virtuales como bitcóin y ether, las dos más conocidas, por su impacto energético y climático. La tecnología blockchain que las sostiene tiene un importante impacto medioambiental. Varios estudios han señalado que Bitcoin consume anualmente tanta energía eléctrica como Argentina y vierte tanto dióxido de carbono a la atmósfera como Nueva Zelanda. El asunto no es ajeno al conflicto en Ucrania. El Gobierno de este país decidió aceptar la donación y pagos en criptomonedas para costear la guerra contra Rusia.

La llegada de internet y la eclosión de las redes sociales supusieron el espejismo de un modelo informativo por fin libre, donde cualquier individuo accedía y difundía sin limitaciones ni controles. La guerra de Ucrania desmanteló esa imagen y mostró en las redes sociales un nivel de censura y prohibición mayor que el de ningún Gobierno.
Cambiar la historia incluye también eliminar, por ser ruso, al primer astronauta que viajó al espacio exterior: una importante conferencia de la industria espacial de EEUU censuró el nombre de Yuri Gagarin, cancelando así al primer humano que realizó tal gesta en 1961. La Fundación Espacial, un grupo sin ánimo de lucro con sede en Colorado dirigido en gran parte por ejecutivos de la industria aeroespacial, debido a la guerra de Ucrania, modificó la agenda de su simposio espacial, renombrando una fiesta de recaudación de fondos que solía llamarse «La noche de Yuri».
Otro fenómeno al que hemos asistido en este conflicto es el silenciamiento de voces cualificadas y prestigiosas que se salieron del discurso dominante. Es verdad que esto sucede con mucha frecuencia en diversos asuntos polémicos, pero lo que ha tenido de especial este caso es la sintonía de todo el espectro editorial de los medios y el hecho de que el veto se ha aplicado a personajes de perfiles muy dispares, desde militares hasta miembros de las ONG humanitarias.
Los medios y departamentos verificadores de noticias o fact checking comenzaron a proliferar, con el objetivo de detectar los bulos y desmentirlos. El problema al que se enfrentan en Ucrania es que las acusaciones de bulos se dirigen contra los medios masivos. Es entonces cuando cambia el objetivo del fact check­ing, que ahora debe dedicarse a decir que las informaciones son verdaderas.

El conflicto de Ucrania también ha cambiado la lengua, pues ha creado un vocabulario propio en los medios occidentales. Los nazis se convierten en «ultranacionalistas», los mercenarios en «combatientes extranjeros», los multimillonarios son «oligarcas» cuando son rusos, los civiles ucranianos que no quieren guerrear son «desertores» y los medios censurados son de «perfil restringido».

El discurso oficial contra Rusia ha sido tan obsesivo y monocorde que ha despertado una peligrosa ola de rusofobia en las administraciones, las instituciones, las empresas y la ciudadanía occidentales. Este es otro de los cambios que ha generado la guerra en Ucrania.

Una cosa es evidente, era impensable que los millones de rusos que estaban residiendo en Europa no podrían sacar su dinero del banco, que las empresas europeas que comerciaban con Rusia ya no pudieran cobrar sus deudas ni enviar sus pedidos, que personas que pedían blindar nuestras fronteras a emigrantes y refugiados salieran con su coche hasta la frontera de Ucrania a traerlos.
No hubiéramos concebido que esos objetivos medioambientales con las que tanto nos insistían, diciendo que recicláramos las bolsas de plástico en la compra o que fuéramos al trabajo en bici, serían ignorados trayendo el gas del lugar más lejano del mundo, disparando la emisión de gases desde aviones militares o importando esos transgénicos que habíamos logrado prohibir.
Y todo por una guerra que a los españoles nos pilla a 3.500 kilómetros de distancia.
Es como si nos hubiéramos despertado de un sueño, de un engaño, y nos diéramos cuenta de que todo ese sistema de libertades, derechos, seguridad jurídica o protección medioambiental era mentira.
Quizá ahora podremos entender cómo en muchos momentos de la historia de la humanidad se pudo pasar del paraíso al infierno en muy poco tiempo.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2014/10/19/traficantes-de-informacion-pascual-serrano/

https://weedjee.wordpress.com/2016/03/19/desinformacion-como-los-medios-ocultan-el-mundo-pascual-serrano/

https://weedjee.wordpress.com/2022/10/01/prohibido-dudar-las-diez-semanas-que-ucrania-cambio-el-mundo-pascual-serrano-no-doubting-the-ten-weeks-that-ukraine-changed-the-world-by-pascual-serrano-spanish-book-edition/

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With Russia’s intervention in Ukraine, we are witnessing for the first time a scenario in which a nuclear power stands up to the US and NATO. Two things are evident: first, that Russia has violated international law and the United Nations Charter by attacking militarily within the borders of another country; the second, that there were explanations for it to do so – the advance of NATO towards its borders, the coup that overthrew the government in Ukraine in 2014, Ukraine’s intentions to join the Atlantic Alliance, the treatment they were suffering the eastern regions closest culturally to Russia, in a low-intensity war against the kyiv government since 2014–.
Thus, the methods used to act against Russia were:
1. Send weapons, military advisers, mercenaries, volunteers and all kinds of military aid that would allow Ukraine to resist the Russian attack.
2. Activate all sanctions mechanisms against Russia unilaterally, bypassing international institutions.
3. Convince the international community of the crime that Russia was committing and of the moral legitimacy of the West to act as it was doing.
What we have verified is that the result of all this has been the end of the world as we have known it. In ten weeks of war:
• The current globalized trade model has exploded, the contracts between Russia and the countries that have joined the sanctions have become a dead letter. The famous legal insecurity that is often brandished against third world countries has become manifest in the first. Banks have no way of servicing debts, customers cannot pay for contracted services and products, companies cannot serve orders.
• The European energy supply system has been convulsed.
• European countries have begun to announce an increase in their defense budgets, in some cases even doubling them. Stocks in arms companies have skyrocketed.
• The environmental proposals aimed at curbing global warming have ended up being forgotten: troop shipments, more war planes, liquefied gas brought by fracking from the other part of the world, lifting of the ban on GMOs… All the ecological measures have relegated to the background.
• European policy towards refugees has taken a turn. It goes from barbed wire in Africa and shipwrecks in the Mediterranean to going to look for them at the border with Ukraine. Procedures that used to take months are now resolved in 24 hours. Only for Ukrainians, yes.
• Freedom of the press as a distinguishing mark of Western democracies has collapsed. Russian media are banned in Europe and the US. Europeans must install a VPN on their electronic devices to simulate that they are in Venezuela or Syria, and thus be able to access Russian news agencies. Dissidents are accused of being «deniers», as if they denied that the Earth was round or did not accept the theory of evolution.
• Social networks, which were presented as the symbol of Internet freedom, have shown a greater capacity for censorship than any government ever had. They block the media, label journalists, delete old content, adulterate search engines.
• Western governments have mobilized in defense of a government, the Ukrainian one, which, even before the war, had outlawed political parties, closed television stations and uninvestigated massacres.
In conclusion, with the war in Ukraine we are witnessing the collapse of the great myths of Western democracies: the free market, freedom of expression, environmental concern, citizen participation. And the most surprising thing is that all this has been done without changing a single law, without a vote in any parliament, without a citizen consultation.

The author shows us in a simple way that concealment, double standards and hypocrisy to which the official discourse subjects us daily. While the «enemy» countries met and bet on disarmament here, NATO was betting on arming itself to the teeth to defend us from the Russian and Chinese «dictatorships». They are the dictatorship and those of us who cannot listen or read news that comes from Russia are the democracy. Also very interesting is the analysis that the crisis is not due to the war but to the sanctions, because as I say, the sanctions were made to blind Putin, even though we were left with one eye and the issue is turning upside down, he one-eyed but we blind.

It is indisputable that a war is the most fertile field for disinformation. Until a few years ago, the mechanisms were limited to the dissemination of false versions by the parties involved, but now they have not only multiplied, but are also more complex. All those involved have allies who present themselves as neutral: the media, humanitarian associations, human rights organizations, research centers, military analysts, news confirmation or hoax-hunting instruments, specialized journalists and, of course, another army. of collaborators in social networks, many of them hidden in anonymity. Added to this are all the technological mechanisms that currently exist to manipulate videos, sounds, satellite images…, as well as the easy and massive distribution system for all of this.
Therefore, doubting the information that reaches us should be a very healthy citizen principle.

Given this situation, the current campaign on the war in Ukraine has not only been aimed at repeating the previous formats, that is, at considering the US and NATO versions valid without the need for further investigation and evidence, but also at attacking anyone put them in doubt. This has been one of the novelties in this conflict. Those of us who raised doubts were branded as «conspiracists» or «deniers.» It is as if doubting the version of a newspaper or a television news was equivalent to denying the Holocaust. For the dominant power, the version of the US, NATO and European governments has the value of scientific infallibility; therefore, those of us who doubt are at the level of flat earthers, who distrust science. In line with this, there was no lack of television programs where they reviewed the names of people with a certain public prominence who doubted official information, and accused them of seeking prominence, notoriety or business.
Those who now call those who doubt deniers should qualify in the same way those who did not clearly see the authorship of ETA on 11M. Those would also be deniers.
It must be specified that the alleged deniers or conspiracy theorists are not people who believe the Russian version of any of the chapters of the war; their «crime» is simply to doubt the official version and ask that conclusions not be drawn until there are independent and impartial investigations, as established by international treaties and legislation.
One of the most controversial chapters has been seen in the Bucha massacre.
Numerous television stations broadcast the images of a seventy-seven-year-old woman «survivor of the siege of Leningrad» who «has returned to the streets to demand that the [Russian] soldiers lay down their arms.» But the siege of Leningrad ended in 1944, 78 years ago, a year before that woman was born.
Another widely used image was that of Putin with red stars and hammers and sickles, relating him to communism (Paper, El Mundo Sunday, March 6). Instead, the Communist Party of the Russian Federation is the main opposition party to the ruling party, which is United Russia, a conservative, nationalist, free-market party.
These are just a few examples of hoaxes.

In this conflict, the unanimous speech not only in support but also in praise of the Government of Ukraine and its president has been overwhelming. Political leaders from all over the spectrum, analysts, commentators, newspaper covers, humanitarian organizations and all kinds of companies that suddenly became supportive, turned Ukrainian political leaders into heroes for freedom, an example of democracy and the fight for rights humans.
Regardless of how one views Russia’s military intervention in Ukraine, it is good that we know what the Ukrainian government is like.
The current president of Ukraine, Volodymyr Zelensky, is the second after the so-called Euromaidan revolution, a violent revolt that took place in January 2014 against then-president Yanukovych. A mixture of anti-government, ultra-nationalist and neo-Nazi groups violently occupied official buildings, kidnapped public officials and led to weeks of violence in the country. After a balance of almost a hundred dead, the Government was overthrown and new elections were called.
The current president of Ukraine, Volodymyr Zelensky, is the second after the so-called Euromaidan revolution, a violent revolt that took place in January 2014 against then-president Yanukovych. A mixture of anti-government, ultra-nationalist and neo-Nazi groups violently occupied official buildings, kidnapped public officials and led to weeks of violence in the country. After a balance of almost a hundred dead, the Government was overthrown and new elections were called.
This event meant the «change of sides» of the country by violent means, and Ukraine went from being located in the zone of influence of Russia.
The Euromaidan revolution and regime change in Ukraine had another tragic effect largely ignored in the West. The eastern regions of the country, with a majority Russophile population, were not represented by the new leaders in kyiv, who even banned their language, and spoke out against it. The central government sent in the Army to repress the protests, and the independentistas called referendums on the models of political and territorial organization of Donetsk and Lugansk, with the majority result in favor of independence. The popular republics of Donetsk (DPR) and Lugansk (PLR) were declared and intense fighting took place between the pro-Russian separatists and the Ukrainian Army; the central government lost control of some areas. It goes without saying that Russia supported the former and the US and the EU the latter.
On February 12, 2015, the Minsk II agreements are signed, with the participation of the Governments of Germany, France, Russia and Ukraine, and the supervision of the Organization for Security and Cooperation in Europe (OSCE).

Before becoming president, Volodymyr Zelensky was a very popular comedic actor in Ukraine. From 2015 to 2019 he was the protagonist of a TV series called People’s Servant, in which he played the role of the President of Ukraine. His character is a high school history teacher in his thirties who wins the presidential election after a viral video shows him railing against government corruption in the country.
Benefiting from his media notoriety and the rejection of traditional political figures, perceived as corrupt and ineffective, Zelenski stood as the great favorite in the 2019 elections. His electoral campaign was atypical, practically virtual, he did not give interviews or rallies and concentrated on the networks, where he criticized other candidates in viral videos that strengthened his popularity among the young electorate. In reality, his plan was to blur the lines between his fictional character and his real person as a presidential candidate. In fact, the name of his party is the same as in the TV series, and he used the same stage for some of his speeches. In this way, it was enough to convince the electorate that the interpreter would be real if they voted for him.

One of the changes brought about by the war is the shift in the assessment made of the Government of Ukraine and its president, despite the fact that the conflict with Russia triggered even more human rights violations by the Government of kyiv. The European media and governments elevate their president to the rank of hero defender of democracy and human rights.
On March 20, Zelensky announced on his Telegram the banning of 11 political parties, practically the entire opposition. These were five parties located in the sphere of the Ukrainian left – the Left Opposition, the Union of Left Forces, the Progressive and Socialist Party of Ukraine, the Socialist Party of Ukraine and the Socialist Party –, to which were added another six –such as the Opposition Platform-For Life, the Nashi (Our) Party, the Shari’s Party, the Opposition Bloc, the State and the Vladimir Saldo Bloc–. This provisional ban became final two months later.
The Ukrainian Ministry of Internal Affairs created a website with photos and videos of Russian soldiers, prisoners or dead. He says that it is so that their relatives can recognize them, but the objective is to undermine the enemy’s morale. This is a violation of the Geneva Convention Relative to the Treatment of Prisoners of War, to the extent that mangled corpses, wounded and humiliated prisoners speak to the camera…
The earthquake that produced the Ukraine crisis has turned many political-economic taboos that seemed untouchable upside down. For a moment, it even seemed that Europe was converting to expropriatory Bolivarianism.
Germany announced in April that it was nationalizing the German subsidiary of Gazprom, the powerful Russian state gas company. In reality, that subsidiary was no longer owned by the Russian parent company, but by other companies with capital in the United Kingdom, Switzerland and even Singapore. So the idyllic dream of any communist, the nationalization of the country’s strategic companies, materialized in Germany, but only for the purpose of confronting Russia.
Meanwhile, in Spain, we seized yachts from millionaires, but not for reasons of redistribution of wealth, not even for tax interventions: they belonged to Russians and the FBI had ordered it. It happened with the megayacht Tango, moored next to the Club Náutico de Palma. It seems that the US included its owner, the Russian Víktor Vekselberg, on its sanctioned list, and that, for Spain, was like a court order for the Civil Guard to enter.
A constant of Western rulers is to blame Russia and Putin for all the economic problems in their countries: the rise in energy prices, inflation and shortages. This is how Pedro Sánchez said it in the Spanish Parliament: «Inflation, energy prices, are the sole responsibility of Putin and his illegal war in Ukraine.» In this way, it is convenient to unload on Putin any economic problems that we face, even those that we already had before the war, such as, for example, the increase in inflation.
But it is important to define which problems are inevitable when there is a war between Russia and Ukraine, and which come from the sanctions imposed on the Russian Federation. As we have seen before, Russia never unilaterally considered that its exports of gas, oil, coal or grain would be affected. It is the European countries that, with their sanctions, limit these purchases and thus end up suffering from shortages and a rise in prices.

Those who have no problems are the countries that have decided not to sanction Russia. For example, Mexico. US motorists flock to cross the border to refuel in the southern neighbor due to rising fuel prices after sanctions imposed on Russia.
Nor should we forget the eternal beneficiaries of war: the arms companies. For them, the war in Ukraine has been good news, with some nice support from our governments. Twenty days after the start of the conflict, in a television interview, Pedro Sánchez surprisingly announced his intention to raise Spanish military spending to 2% of GDP, which would mean more than 24,000 million euros. As he pointed out in said interview, current spending is 1.4% of GDP. In the last five years, the amount received by the Ministry of Defense has increased by 20%.
Taking advantage of the fact that everyone is looking at Ukraine and that green is no longer news, the European Parliament rejected an amendment that called for banning virtual currencies such as bitcoin and ether, the two best known, due to their energy and climate impact. The blockchain technology that supports them has a significant environmental impact. Several studies have pointed out that Bitcoin annually consumes as much electrical energy as Argentina and pours as much carbon dioxide into the atmosphere as New Zealand. The issue is not unrelated to the conflict in Ukraine. The Government of this country decided to accept the donation and payments in cryptocurrencies to pay for the war against Russia.

The arrival of the internet and the emergence of social networks represented the mirage of an informative model that was finally free, where any individual accessed and disseminated without limitations or controls. The war in Ukraine dismantled that image and showed a level of censorship and prohibition on social networks greater than that of any government.
Changing history also includes eliminating, for being Russian, the first astronaut to travel to outer space: an important conference of the US space industry censored the name of Yuri Gagarin, thus canceling the first human to perform such a feat in 1961. The Foundation Due to the war in Ukraine, Space, a Colorado-based nonprofit group run largely by aerospace industry executives, changed the agenda of its space symposium, renaming a fundraising party that used to be called «The Yuri’s night.
Another phenomenon that we have witnessed in this conflict is the silencing of qualified and prestigious voices that have left the dominant discourse. It is true that this happens very frequently in various controversial issues, but what has been special about this case is the harmony of the entire editorial spectrum of the media and the fact that the veto has been applied to characters with very different profiles, from the military to members of humanitarian NGOs.
The media and fact checking departments began to proliferate, with the aim of detecting hoaxes and denying them. The problem they face in Ukraine is that the accusations of hoaxes are directed against the mass media. It is then that the objective of fact checking changes, which must now be dedicated to saying that the information is true.

The conflict in Ukraine has also changed the language, as it has created its own vocabulary in the Western media. Nazis become “ultranationalists”, mercenaries become “foreign fighters”, billionaires are “oligarchs” when they are Russian, Ukrainian civilians who do not want to go to war are “deserters”, and the censored media are “restricted in profile”.

The official discourse against Russia has been so obsessive and monotonous that it has awakened a dangerous wave of Russophobia in Western administrations, institutions, companies and citizens. This is another of the changes brought about by the war in Ukraine.

One thing is clear, it was unthinkable that the millions of Russians who were residing in Europe would not be able to withdraw their money from the bank, that the European companies that traded with Russia would no longer be able to collect their debts or send their orders, that people who asked to shield our borders to emigrants and refugees to go out with their car to the Ukrainian border to bring them.
We would not have conceived that those environmental objectives with which they insisted so much on us, telling us to recycle plastic bags when shopping or to go to work by bike, would be ignored by bringing gas from the farthest place in the world, triggering gas emissions from military planes or importing those GMOs that we had managed to ban.
And all for a war that catches us Spaniards 3,500 kilometers away.
It is as if we had woken up from a dream, from a deception, and realized that this entire system of freedoms, rights, legal security or environmental protection was a lie.
Perhaps now we can understand how in many moments of the history of humanity it was possible to go from paradise to hell in a very short time.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2014/10/19/traficantes-de-informacion-pascual-serrano/

https://weedjee.wordpress.com/2016/03/19/desinformacion-como-los-medios-ocultan-el-mundo-pascual-serrano/

https://weedjee.wordpress.com/2022/10/01/prohibido-dudar-las-diez-semanas-que-ucrania-cambio-el-mundo-pascual-serrano-no-doubting-the-ten-weeks-that-ukraine-changed-the-world-by-pascual-serrano-spanish-book-edition/

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