Pandemia — Robin Cook / Pandemic by Robin Cook

Sin ritmo cardíaco y sin respiración, a Carol la declararon muerta al ingresar a las 10.23 y la cubrieron con una sábana. El problema era que nadie sabía quién era. Cuando el administrativo de urgencias llamó a la Oficina del Forense de Nueva York, le adjudicó a la fallecida el apodo temporal de Desconocida y explicó que no llevaba encima ninguna identificación ni había llegado acompañada por nadie. Después del trámite, dejaron la camilla de Carol, sin ninguna contemplación, en una esquina, a la espera de que llegara la furgoneta del forense. Bajo la sábana, seguía vestida con su ropa cara y de la boca le salía el tubo endotraqueal que no habían retirado.

Jack Stapleton y su esposa Laurie Montgomery son médicos forenses de la ciudad de Nueva York, y está claro desde el principio que su historia de fondo es complicada y compleja, construida a lo largo de las once novelas de la serie. Se hacen referencias a su familia, sus trabajos y la tensión entre ellos, referencias con explicaciones vagas que me hicieron sentir como un extraño, incapaz de apreciarlos ni individualmente ni como pareja. Simplemente no había suficiente en esta novela para permitirme invertir completamente en lo que les sucedió a ninguno de ellos: ambos eran increíblemente desagradables. Entiendo que el autor está cortejando seguidores leales, pero aquí también está alienando a los nuevos en el trabajo.
Lo que me lleva a la trama central. Me atrajo el título porque pensé que sería sobre una… um… pandemia. Spoiler: no lo fue (o lo fue, pero solo tangencialmente). No lo arruinaré más allá de decir que el clímax y la conclusión fueron solo un «y qué» muy cansado.
Finalmente, sería negligente si no mencionara que Cook abusa del verbo «snapped» (romper) (en serio… al tipo le encanta la palabra), que hay páginas enteras que requieren un título médico para explicarlas, y que el diálogo aquí es poco realista, forzado y seco.
Cook escribió este libro en 2018 y tiene algunas similitudes aterradoras con nuestra situación actual, ¿tal vez sabía algo que nosotros no? Su experiencia médica la convierte en una lectura convincente, aunque algunos lectores pueden encontrar esto algo aburrido, si no aterrador, habiendo dicho eso, la historia es rápida y compleja, lo que significa que no pude dejarla.

Decidió extraer los pulmones y el corazón en bloque para poder examinarlos juntos, y la primera pista de que había alguna patología significativa fue su peso. Cuando Jack trasladó a una mesa auxiliar la masa de tejidos, que incluía también las arterias seccionadas, notó que pesaba tal vez el doble de lo esperado. Supuso que los hinchados pulmones estarían llenos de fluido del edema. Pero no se trataba tan solo del edema. Al hacer varios cortes en los pulmones, que se abrieron como si ya no pudieran aguantar más la presión, y observar los cortes transversales, vio que había una notable presencia de inflamación, con algo de sangrado y mucha exudación, o lo que la gente común y corriente llama pus. Estaba clarísimo que esa chica había fallecido a causa de una inflamación pulmonar masiva, que ahora Jack tenía la certeza de que no podía haber sido provocada por un aciago problema de la válvula cardíaca. Una válvula cardíaca que fallase de forma repentina le hubiera llenado los pulmones de sangre limpia, no de sangre mezclada con exudado. Por tanto, retomó la idea de que lo que había matado a esa chica podía ser una enfermedad contagiosa, y si resultaba ser así, tenía que tratarse de un virus muy agresivo, tal vez incluso similar a la cepa de gripe que mató a cien millones de personas o tal vez más en 1918. Al regresar a su primera hipótesis, la expresión «Cuidado con lo que deseas» le cruzó por la cabeza. Aunque necesitaba desesperadamente algo que lo distrajera de sus problemas familiares, desde luego no deseaba encontrarlo a expensas de la muerte de un montón de gente inocente. Una nueva pandemia letal de gripe sembraría el caos en la ciudad y por todo el mundo.
Debido a la naturaleza potencialmente contagiosa del caso, cuando finalizó la autopsia, Jack se quedó para asegurarse de que todo se hacía siguiendo los protocolos, incluida la descontaminación del exterior de la bolsa para cadáveres, la de todas las muestras, la de los recipientes con las joyas y la de la parte exterior de los trajes lunares.

—¿De qué murió?
—De algún tipo de problema pulmonar —dijo Jack—. Mi primer temor era que se tratase de una nueva cepa letal de gripe, similar a la de la tristemente célebre pandemia de gripe de 1918. Todo parecía indicar que podía ser gripe, pero resulta que no lo es. Todas las muestras testadas han dado negativo.
—Lo más seguro es que a lo largo del día de hoy recibamos alguna llamada que nos permita identificar a la chica —dijo Janice para animarlo.
—En la autopsia, el corazón de la fallecida estaba en perfecto estado. No había ninguna señal de inflamación ni de ningún otro problema. Por lo que me está diciendo, no debía de tener programada una visita hasta dentro de uno o dos meses.
—Me parece un cálculo razonable. Si lo que está pensando es que puede pasar tiempo antes de que alguien la eche de menos en una cita de revisión posoperatoria, es probable que esté en lo cierto.
De pronto Jack recordó el sorprendente resultado de los análisis toxicológicos.
—Permítame comentarle otro dato relevante: en toxicología han determinado que no estaba tomando inmunodepresores. ¿No es eso algo raro?.
—Es más que raro —dijo Nancy con evidente incredulidad—. Creo que deberían repetir las pruebas. Tenía que estar tomando inmunodepresores para evitar un rechazo agudo. Es el proceso estándar.

Jack era consciente del rigor que se aplicaba a la distribución de órganos para trasplantes debido a su escasez y lo mucho que se cuidaba la ecuanimidad. Sabía que cualquier día, solo en Estados Unidos había unas tres mil personas esperando desesperadamente un corazón, y muchos de esos pacientes fallecían antes de que se encontrara uno. También sabía que la distribución de los corazones disponibles la llevaba a cabo de forma muy pulcra la UNOS, la Red Unificada de Distribución de Órganos para Trasplantes. Pero por lo que había podido deducir de su conversación con Bonnie Vanderway, la UNOS no había tenido nada que ver con la paciente a la que él había realizado la autopsia. Y no hacía falta ser una lumbrera para olfatear que algo olía a podrido en todo este asunto.

Plan de Emergencia de la OCME ante una Pandemia de Gripe, que también se activa de forma inmediata. Tenemos la responsabilidad de coordinarnos con todos los organismos involucrados. En el poco tiempo que llevo en el cargo, ya he participado en un montón de ejercicios y simulacros.
LA PANDEMIA DEL METRO. Estaba colocado encima de una fotografía frontal de un convoy del metro. En letra más pequeña se leía: MATA DE FORMA INDISCRIMINADA. Y en un cuerpo todavía más reducido, en la parte inferior de la página: «Una pandemia tan contagiosa como la de 1918 estalla en las líneas R y D del metro de Nueva York». Jack agarró el periódico y lo cerró para leer en la primera página el inicio del artículo sin duda sensacionalista: «Una fuente anónima, de solvencia contrastada, de la OCME confirma que el forense de Nueva York Jack Stapleton ha declarado que la ciudad se enfrenta a una pandemia letal de un virus por el momento desconocido que mata en una hora a partir de la aparición de los primeros síntomas y es probable que sea peor que la pandemia de gripe de 1918 que mató a cien millones de personas».

Con la ayuda de la CRISPR/ CAS9 hemos desarrollado dos maneras muy distintas de generar órganos humanos para trasplantes en cerdos. Nuestras investigaciones de momento no han probado que una sea mejor que la otra.
La idea básica en ambos planteamientos es utilizar la CRISPR/CAS9 para alterar la composición genética de los cerdos y crear un órgano a medida. Empezamos utilizando la misma técnica de clonación que se usó con Dolly, la primera oveja clonada. Una vez creado el embrión, usamos la CRISPR/CAS9 para eliminar los sesenta y dos retrovirus porcinos conocidos, llamados PERV. A partir de este embrión creamos una gama de cerdos libres de retrovirus, que criamos en un entorno sin patógenos.
A partir de aquí el objetivo era conseguir un cerdo libre de PERV que pudiera producir un corazón personalizado para un individuo en concreto. Para ello teníamos que eliminar los genes de los cerdos responsables de crear el complejo mayor de histocompatibilidad, o MHC, junto con los genes responsables de los grupos sanguíneos, y reemplazarlos por genes similares a los del paciente que necesita el corazón.

Es un tipo de gammavirus B que tiene la capacidad de infectar células humanas.

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With no heart rate and no breathing, Carol was pronounced dead on admission at 10:23 am and covered with a sheet. The problem was that nobody knew who she was. When the emergency manager called the New York Coroner’s Office, she gave the deceased the temporary nickname of Unknown and explained that she had no identification on her and had not been accompanied by anyone. After the procedure, they left Carol’s stretcher, without any contemplation, in a corner, waiting for the coroner’s van to arrive. Under the sheet, she was still dressed in her expensive clothes and the endotracheal tube that had not been removed was sticking out of her mouth.

Jack Stapleton and wife Laurie Montgomery are both NYC medical examiners, and it’s clear from the start that their back story is complicated and complex, built upon over the course of the eleven novels in the series. References are made to their family, their jobs and the tension between them—references with vague explanations that left me feeling like an outsider, unable to appreciate them either individually or as a couple. There just wasn’t enough in this one novel to allow me to fully invest in what happened to either of them—they were both incredibly unlikable. I understand that the author is courting loyal followers, but here he is also alienating those new to the work.
Which brings me to the central plot. I was drawn to the title because I thought it would be about a…um….pandemic. Spoiler—it wasn’t (or it was but only tangentially). I won’t ruin it for you any further other than to say that the climax and conclusion were just a very weary “so what.”
Finally, I would be remiss if I didn’t mention that Cook overuses the verb “snapped” (seriously…the guy loves the word), that there are entire pages that require a medical degree to explain, and that the dialogue here is unrealistic, stilted and dry.
Cook wrote this book in 2018 and it has some frightening similarities to our current situation, maybe he knew something we didn’t? His medical background makes for a compelling read, although some readers might find this to be somewhat tiresome, if not frightening, having said that, the story is fast past and complex which meant that I couldn’t put it down.

She decided to remove the lungs and heart en bloc so they could be examined together, and the first clue that there was significant pathology was her weight. When Jack moved the mass of tissue, which also included the severed arteries, to a side table, he noted that it weighed perhaps twice as much as expected. He guessed her swollen lungs would be filled with edema fluid. But it wasn’t just the edema. By making several cuts in the lungs, which were opened as if they could not take the pressure anymore, and looking at the cross-sections, he saw that there was a noticeable presence of inflammation, with some bleeding and a lot of exudation, or what ordinary people and current calls pus. It was crystal clear that this girl had died of massive lung inflammation, which Jack was now certain she couldn’t have been caused by some fateful heart valve problem. A heart valve that suddenly failed would have filled his lungs with clean blood, not blood mixed with exudate. So he went back to the idea that what had killed that girl might be a contagious disease, and if it turned out to be, it had to be a very aggressive virus, perhaps even similar to the strain of influenza that killed a hundred million. people or maybe more in 1918. Returning to his first hypothesis, the expression «Be careful what you wish for» crossed his mind. Though he desperately needed something to distract him from his family problems, he certainly didn’t want to find it at the expense of killing a bunch of innocent people. A new deadly flu pandemic would wreak havoc in the city and around the world.
Due to the potentially contagious nature of the case, when the autopsy was complete, Jack stayed behind to make sure everything was done according to protocol, including decontamination of the exterior of the body bag, decontamination of all samples, decontamination of containers with the jewels and the one on the outside of the lunar suits.

«What did she die of?»
«Some kind of lung problem,» Jack said. My first fear was that it was a deadly new strain of flu, similar to that of the infamous 1918 flu pandemic. Everything seemed to indicate that it could be the flu, but it turns out that it is not. All samples tested have been negative.
«Most likely, throughout the day we will receive a call that will allow us to identify the girl,» Janice said to encourage him.
‘At autopsy, the deceased’s heart was in perfect condition. There was no sign of inflammation or any other problem. From what she’s telling me, she wasn’t supposed to have a visit scheduled for another month or two.
“Sounds like a reasonable estimate to me. If what you’re thinking is that it might be a while before someone misses you at a post-op appointment, you’re probably right.
Suddenly Jack remembered the surprising result of the toxicology tests.
—Allow me to comment on another relevant piece of information: in toxicology they have determined that she was not taking immunosuppressants. Isn’t that something weird?
«It’s beyond weird,» Nancy said with obvious disbelief. I think they should repeat the tests. He had to be taking immunosuppressants to avoid acute rejection. It is the standard process.

Jack was aware of the rigor that was applied to the distribution of organs for transplants due to their scarcity and the great care taken for fairness. He knew that on any given day, in the United States alone, there were some 3,000 people desperately waiting for a heart, and many of those patients died before one was found. He also knew that the distribution of available hearts was carried out very neatly by UNOS, the Unified Organ Distribution Network for Transplantation. But as far as he’d been able to gather from his conversation with Bonnie Vanderway, UNOS had had nothing to do with the patient he’d autopsied. And it didn’t take a rocket scientist to sniff out that there was something rotten about this whole thing.

OCME Emergency Plan for a Flu Pandemic, which is also activated immediately. We have a responsibility to coordinate with all the agencies involved. In my short time in office, I have already participated in a lot of exercises and drills.
THE SUBWAY PANDEMIC. He was perched on top of a frontal photograph of a subway convoy. In smaller print it read: KILLS INDISCRIMINATELY. And in an even smaller body, at the bottom of the page: «A pandemic as contagious as that of 1918 breaks out on the R and D lines of the New York subway.» Jack grabbed the newspaper and closed it to read on the front page the start of the undoubtedly sensationalist article: «An anonymous, reputable OCME source confirms that New York coroner Jack Stapleton has stated that the city faces a deadly pandemic of a currently unknown virus that kills within an hour of the appearance of first symptoms and is likely to be worse than the 1918 flu pandemic that killed a hundred million people.

With the help of CRISPR/ CAS9 we have developed two very different ways of generating human organs for transplantation in pigs. Our investigations so far have not proven that one is better than the other.
The basic idea in both approaches is to use CRISPR/CAS9 to alter the genetic makeup of pigs and create a custom organ. We started by using the same cloning technique that was used with Dolly, the first cloned sheep. Once the embryo is created, we use CRISPR/CAS9 to kill all sixty-two known porcine retroviruses, called PERVs. From this embryo we create a range of retrovirus-free pigs, which we raise in a pathogen-free environment.
From here the goal was to get a PERV-free pig that could produce a personalized heart for a specific individual. To do this we had to remove the genes from the pigs responsible for creating the major histocompatibility complex, or MHC, along with the genes responsible for blood groups, and replace them with genes similar to those of the patient who needs the heart.

It is a type of gammavirus B that has the ability to infect human cells.

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