Lewis Hamilton: La Biografía Definitiva Del Piloto De Fórmula 1 Más Laureado De Todos Los Tiempos — Frank Worrall / Lewis Hamilton: The Biography by Frank Worrall

Realmente disfruté la primera mitad, leyendo sobre la vida y la familia de Lewis, todos son inspiradores y trabajadores. Como aficionado a la F1, he visto todas las carreras de los últimos años, así que en la segunda mitad del libro ya conozco la historia. Habiendo dicho eso, me encantaría ver la historia desarrollarse en la pantalla grande. Se merecen cada segundo de éxito en sus vidas, ya que están muy comprometidos y nunca dan nada por sentado.

El domingo 15 de noviembre del 2020, Lewis Hamilton pasó a los anales de la historia de la Fórmula 1, junto a Michael Schumacher, tras proclamarse por séptima vez campeón del Mundial de Pilotos en el GP de Turquía, en el circuito de Istanbul Park, en Tuzla. El mes anterior, el británico ya había superado al alemán en número de carreras ganadas: Schumacher sumó a lo largo de su trayectoria un total de 91, mientras que Hamilton rebasó con creces la centena en el 2021. Con aquel triunfo en Turquía, pues, Lewis Hamilton se convertía en el piloto más laureado de la historia de la Fórmula 1. El piloto británico era muy consciente de lo que suponía aquel séptimo título, que se sumaba a los del 2008, 2014, 2015, 2017, 2018 y 2019: «Es increíble haber logrado igualar a Michael en número de títulos. Este séptimo campeonato se lo dedico a todos los niños que sueñan con lograr lo imposible: sabed que también está al alcance de vuestra mano». El de Stevenage había demostrado ser el mejor piloto sobre la faz de la Tierra. El chaval de orígenes humildes había alcanzado estatus de superestrella, de figura de talla mundial. Su rostro aparecía en carteles publicitarios de todo el mundo, ocupaba la portada de revistas que nada tenían que ver con el automovilismo y los programas de entrevistas se lo rifaban.
Lewis Hamilton se había convertido en el primer fenómeno de masas de la historia de la F1, una celebridad en toda regla.

Lewis no había desembarcado en la F1 sin formación previa: ahí estaban los nueve años de rodaje con McLaren; el criterio, generalmente infalible, de Ron Dennis, jefe de la escudería británica, y las actuaciones y los resultados de Lewis en su temporada anterior en la GP2, cuando se proclamó campeón. Una cosa estaba clara: Lewis Hamilton no era un talento efímero, sino un joven con un futuro prometedor. Los británicos al fin tenían un ídolo digno de elogio.
Lewis Hamilton es realmente auténtico. Es el verdadero Special One, el apodo que en su día se dio a sí mismo el extécnico del Chelsea, el fanfarrón José Mourinho. El jovencito al que apodaron el Cohete de Stevenage no tardó en pulverizar todos los registros a medida que acumulaba un éxito tras otro. El primer piloto negro de F1, el primer piloto debutante en lograr más de dos podios consecutivos, el primer piloto negro en ganar un gran premio de F1, el segundo piloto en ganar más de una carrera en su primera temporada en la categoría reina, el primer piloto en conseguir dos victorias consecutivas desde la pole en su temporada de debut, el piloto británico más joven en vencer en un gran premio y el piloto más joven en liderar la clasificación del Mundial. Y, por supuesto, el primer debutante y primer piloto negro en convertirse en serio aspirante al título en su primera temporada.
Lewis Hamilton, mestizo, es el primer piloto de origen afrocaribeño en competir en la F1. La familia de su padre, Anthony, exempleado de los Ferrocarriles Británicos, era oriunda de la isla caribeña de Granada. Anthony se ajustó el cinturón, ahorró cuanto pudo, trabajando durante un tiempo en tres sitios distintos, para que su hijo tuviera posibilidades en el mundo del automovilismo. Su apoyo e influencia siempre han sido enormes y, con el tiempo, Lewis le rindió homenaje al afirmar que había sido sumamente afortunado de contar con el apoyo de su padre, pues, a diferencia de ellos, todos los adversarios [en sus comienzos en las competiciones de karts] eran chicos de familias ricas.

Alonso había dejado Renault para fichar por McLaren, convencido de que había sido la decisión perfecta, pues siempre había querido tener un coche como el McLaren-Mercedes MP4-22. Creía que estaba destinado a mostrar lo bueno que era a los mandos de su flamante bólido, que iba a marcar una nueva época tras los años de dominio de Michael Schumacher.
Sin embargo, el asturiano empezó a irritarse a medida que la temporada avanzaba y Lewis destacaba cada vez más. Afirmó que «nunca se sintió cómodo del todo» y que McLaren había favorecido injustamente a Lewis por tratarse de un piloto británico, como la escudería. «Sabíamos que todos los medios iban en su dirección», comentó. El español estaba victimizándose. Y, después, trató de desestabilizar a Lewis y socavar su confianza diciendo que su compañero «tenía suerte».
Ron Dennis rechazó constantemente sus quejas alegando que existía una sana competencia entre los equipos que trabajaban con cada coche, y afirmó con rotundidad que ambos pilotos contaban exactamente con el mismo equipamiento, apoyo y medios para competir. Parecía decidido a que no diera la impresión de que se inclinaba por su protegido, del mismo modo que un padre que emplea a su hijo en la empresa familiar deliberadamente pone a este en mayores dificultades que al resto del personal para despejar cualquier duda de favoritismo. En ocasiones, daba la sensación de que Lewis recibía peor trato del hombre que en el pit lane todos veían como su segundo padre.
Alonso en ocasiones se mostró increíblemente insensible, duro y desalentador en exceso. Al público le costaba admirarle y él parecía permitir que el mocoso le irritara. Había perdido la batalla psicológica crucial con un joven debutante, y su comportamiento había sido, cuando menos, inmaduro, por no decir grosero en ocasiones y, en cierto modo, impropio de un doble campeón del mundo.
A medida que avanzaba la temporada, Lewis parecía más desconcertado y perplejo ante la actitud del español hacia él. Él siempre se mostraba afable y accesible, y sacaba tiempo para las personas más importantes: los aficionados.
Para Lewis es clave tener los pies en el suelo y prestar atención a lo que le dicen sus parientes y amigos. Durante el GP de Estados Unidos había una cola de famosos deseosos de conocer al chico que estaba arrasando en la F1. Incluso artistas de la talla de Beyoncé, quien declaró haber quedado «maravillada» con Lewis cuando los presentaron, destacó su encanto y adorable normalidad.

Anthony tuvo una dura infancia en el oeste de Londres. Su padre siempre estaba preocupado por que sus amigos fueran una mala influencia. A finales de los setenta, cuando Davidson decidió regresar a Granada, Anthony se había mudado a Stevenage, 50 km al norte de la capital, con una población entonces de unos 40 000 habitantes. En el 2007, Lewis comentó que su padre «lo había pasado muy mal de joven» tras la muerte de su madre (Agnes), un tema del que la familia prefiere abstenerse de hablar.
Stevenage parecía una elección atípica como lugar para vivir de una joven familia negra: era una población predominantemente blanca, que apenas atraía a las minorías étnicas. Fue, además, la primera localidad de posguerra concebida específicamente para albergar a la población excedente de Londres. En 1961, el censo oficial reflejaba que 172 877 caribeños habían emigrado a Gran Bretaña en la década anterior. La hostilidad y el racismo hacia los migrantes fueron moneda corriente durante dos décadas más, hasta mediados de los años ochenta.
Si bien las aguas se habían apaciguado ligeramente cuando Anthony Hamilton se estableció en Stevenage, seguía siendo una época difícil para este hombre de raíces granadinas, sobre todo tras casarse en segundas nupcias, a principios de los ochenta, con Carmen Larbalestier, una mujer blanca cinco años mayor que él.

Las adversidades a las que se enfrentó su abuelo al llegar a Inglaterra en una época de gran intolerancia racial marcaron la personalidad de Lewis Hamilton: sabe que le debe mucho al valor de su abuelo, quien, junto con su padre, constituye la piedra angular de su éxito.
El éxito y la fama sirven de consuelo. Además, por si fuera poco, el Gobierno de Granada ha manifestado su orgullo hacia su hijo más ilustre: tras el fabuloso debut con victoria de Lewis en el GP de Montreal el 19 de junio del 2007, Edwin Frank, del Ministerio de Turismo de Granada, declaró: «El Ministerio desea felicitar al señor Lewis Hamilton por el éxito que está cosechando en su primera temporada en la F1. Es encomiable que este joven piloto británico de raíces granadinas (su abuelo nació en Concord, en St John) haya logrado terminar entre los tres primeros en las seis carreras en las que ha participado en lo que va de temporada. Como miembro del equipo McLaren Mercedes ha demostrado al mundo del automovilismo que bien podría ser la próxima gran sensación de este deporte. Su reciente victoria en su primer GP en Montreal, el domingo 10 de junio del 2007, ha hecho sentirse muy orgullosos a los granadinos. Su hazaña, además, ha servido de inspiración para los más jóvenes, quienes le ven como un verdadero ejemplo de lo que cualquier persona puede conseguir con determinación y sacrificio. El Gobierno y el pueblo de Granada se se unen en este homenaje y celebran que, gracias a su magnífica actuación, en todo el mundo se sepa de sus orígenes granadinos. Lewis Hamilton es una muestra de nuestro espíritu».

A Anthony se le ocurrió llamarle Carl Lewis, como el famoso atleta estadounidense, quien en cierto modo se había convertido en un héroe para él tras su memorable actuación el verano anterior en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Carl Lewis había ganado ni más ni menos que cuatro medallas de oro: en 100 y 200 metros, salto de longitud y 4 × 100 metros relevos. Anthony también añadió a última hora el nombre de Davidson, en honor de su padre. Carmen también tenía algo que decir al respecto, e insistió en que los nombres de pila se invirtieran.
Carmen recordó en el Daily Express la temprana pasión de su hijo por el automovilismo: «A Lewis le encantaba la velocidad desde muy pequeño. Por su primer cumpleaños le regalaron un volante de juguete para su cochecito: muy grande, de plástico. Desde ese día jamás ha soltado las manos de un volante».
A los diez años, las vidas de Lewis y su padre cambiaron para siempre después de que Anthony lo llevara al circuito de karting de Rye House, unos kilómetros al sur de Stevenage. Lewis ya había logrado doblar a su padre en otros circuitos, pero en esa ocasión le confió que quería ser piloto profesional. Ese mismo día estaban allí Tony Delahunty y su hijo, Andrew, que era un par de años mayor que Lewis. Delahunty, comentador de karting para Eurosport Reino Unido, aseguró que Anthony le había dicho que, antes de eso, «Lewis había destacado en el automodelismo. Pero lo más llamativo no era que lo hubiese ganado todo, sino que la mayoría de sus rivales eran adultos. Lo que los llevó a buscar algo más apropiado para un chaval». Delahunty quedó francamente impresionado, hasta el punto de que, pasado un año, se vio redactando comunicados de prensa para el joven Lewis.

A la pregunta de cuál había sido su mayor sueño hecho realidad antes de desembarcar en la F1, Lewis Hamilton respondió sin vacilar: «Fichar por McLaren». Sin aquel primer acto de fe de Ron Dennis, allá por 1998, cuando él tenía trece años, no habría emprendido la meteórica carrera hacia el éxito que ahora disfruta. Su padre, Anthony, lo resumió así: «McLaren fue el catalizador. El objetivo de Lewis es permanecer en McLaren».
Lewis dijo esto de Senna: «Es mi ídolo. Veía cómo se la jugaba para adelantar a otros pilotos. He estudiado muchos libros y vídeos suyos, y espero haber aprendido algo de él. Es una satisfacción correr para el mismo equipo en el que corría Senna. Siento que de alguna manera estoy continuando su legado».
Lewis empezaba su formación en McLaren. Tras los éxitos y las tragedias inolvidables de Bruce McLaren, James Hunt y Ayrton Senna, se asomaban a una nueva era: la del chico nacido para coronarse rey de la F1 en los albores del siglo XXI. No obstante, Lewis sería el primero en reconocer que nada de esto habría sido posible sin la ayuda de su padre, Anthony, y la del hombre al que muchos llaman su segundo padre: Ron Dennis.
Él fue responsable de la llegada de Lewis a la F1 y de él hablaremos en el siguiente capítulo, examinando su importancia en el desarrollo de este joven talento.
Dennis dio tanto al equipo como a sí mismo para ver los cambios en McLaren desde la temporada 2006: se deshizo del sublime pero apático Raikkonen y trajo como sustituto al joven e irreverente bicampeón del mundo Fernando Alonso, para luego sacarse otro conejo de la chistera al catapultar a un principiante relativamente desconocido como Lewis Hamilton. A su marcha de McLaren, Raikkonen, apodado Iceman (Hombre de Hielo), demostró su consabida adustez con esta inexpresiva declaración: «He estado cinco años en McLaren, pero quería algo distinto». Tampoco contribuyó a su causa el hecho incontestable de que en su última temporada el equipo fuera incapaz de ganar una sola carrera, algo insólito en los diez años anteriores. Esa contundente realidad llevó a que Dennis se empeñara aún más en devolver la escudería a la cúspide de la F1 y conseguir el primer título desde que Mika Hakkinen lo levantara en 1999.

Le preguntaron cuál era su circuito preferido (la respuesta fue Mónaco) y si tenía algún héroe: «Diría que no he vuelto a tener un héroe desde la infancia, pues por héroe nos referimos a alguien que parece invencible. Sí, hay mucha gente que admiro enormemente. En la F1, Ayrton Senna fue una gran fuente de inspiración para mí. Y aunque nunca habría dicho que Michael Schumacher pudiera ser considerado un héroe, lo cierto es que lo respeto mucho por sus logros y por lo que ha hecho por este deporte». Fuera del mundo del motor, la persona más influyente en su vida es su padre, seguido del famoso cantante de hip hop P. Diddy, a quien Lewis cita como inspiración y referencia por su manera de progresar en la vida. «En último lugar, Martin Luther King, una gran persona que sigue inspirando a mucha gente, entre la que me incluyo».

A la pregunta de cómo estaba llevando tanta fama, Lewis respondió estar muy relajado, aunque parecía una experiencia extracorporal, como si estuviera sentado viéndose a sí mismo. El día anterior había visto en la ciudad un gigantesco cartel suyo y le resultaba «un poco extraño recibir tanta atención».
Por supuesto, estaba en desventaja natural en Sepang respecto a Alonso y a los otros pilotos: salvo por los test de la semana anterior, nunca había pilotado en ese circuito. Y sería exactamente igual cuando finalmente desembarcaran en Estados Unidos.
Cuando Lewis llegó a Barcelona, parecía como si no le importara lo más mínimo lo que Alonso pudiera pensar o decir en público. Los años de férreo entrenamiento con McLaren le habían enseñado que en lo único que había que centrarse era en uno mismo. Al inicio de los primeros libres se mostró tan accesible como de costumbre, aunque reconoció que la fama lo había sorprendido. Los efectos de la popularidad en su vida cotidiana se habían hecho notar cuando al fin pudo darse un respiro entre Baréin y Barcelona en su casa familiar de Tewin (Hertfordshire).
Se unió al coro de alabanzas Michael Schumacher, que viajaba a España para asistir a su primer gran premio desde su retirada. Afirmó haber seguido a Lewis incluso cuando corría en la GP2: «Está haciendo un magnífico trabajo. Está muy bien preparado y es rápido. No me sorprende después de haber visto sus carreras el año pasado. Lo que quizá sí sorprende es que mantenga ese nivel de regularidad, pero ahí lo tienes…».
A Schumacher no le faltaba razón: en los primeros entrenamientos libres, Lewis se destacó tras completar una vuelta cuatro décimas de segundo más rápido que Alonso.

A medida que avanzaba la temporada, cada vez quedaba más claro que Lewis Hamilton había hecho mucho más que simplemente tener un enorme impacto personal en este deporte: sus gestas también habían transformado el devenir del automovilismo. De pronto se había puesto de moda un deporte que estaba estancado. Por primera vez en muchos años, nadie se perdía una carrera en la televisión, y el arrojo de Lewis había atraído a más aficionados de los que jamás se podía imaginar en la predecible era de Michael Schumacher.
También conviene observar el contraste entre Lewis y su compañero de equipo, Fernando Alonso, bicampeón del mundo, un corredor fabuloso que despierta la admiración de aficionados de todo el mundo. Pero, aun así, es incapaz de calar en el público más allá de en su España natal.
Después de su primera victoria en la F1, Lewis Hamilton ya estaba adquiriendo rápidamente un nuevo título: el campeón del pueblo. Era hora de celebrar su triunfo en Montreal. Los tributos y elogios fueron sucediéndose según avanzaba la velada. Stirling Moss tomó la iniciativa con estas palabras acerca del joven que acababa de convertirse en el 19.º británico en imponerse en un gran premio: «Lo de este chico es impresionante. Es sin duda el piloto más impresionante que he visto en mucho tiempo. Sabe cómo controlar el coche y pilota con gran serenidad. Pero no por ello deja de ser un luchador. Va a llegar muy lejos. Quedé fascinado al inicio de la temporada, pero ahora lo estoy aún más. Aunque era indudable su calidad, jamás imaginé —y dudo que alguien lo hiciera— que lideraría el Mundial. Para tratarse de un recién llegado, es increíble. Estoy verdaderamente impresionado. Es un piloto de los pies a la cabeza».

Lewis Hamilton no se percató del verdadero impacto que su extraordinario éxito estaba teniendo en el mundo en general hasta principios de julio del 2007, durante una soleada tarde en la campiña de Northamptonshire. Había llovido a cántaros durante buena parte del incipiente verano, pero su regreso a Gran Bretaña vino acompañado incluso de una tregua a aquella especie de minimonzón, o al menos eso parecía. El sol brillaba con fuerza en Silverstone, y allá donde uno mirara no veía más que sonrisas.
El héroe victorioso volvía a casa tras sus gestas en Norteamérica. Se fue siendo un desconocido y retornaba habiéndose forjado un nombre de fama mundial como nuevo integrante del club de las celebridades. Era impresionante cómo se había transformado su estatus tras unas pocas semanas de emociones fuertes en Canadá y Estados Unidos. Lewis sabía que había triunfado cuando, al entrar al pit después de la carrera, se le acercó el hombre cuya corona como deportista británico más famoso del mundo heredaría algún día. Incluso el rey de la ostentación parecía un pelín nervioso mientras sonreía al estrecharle con calidez la mano a Lewis. Desde luego David Beckham había conocido y mantenido amistad con figuras internacionales de mayor renombre, pero seguramente nunca se había topado con una estrella tan normal, sencilla y modesta. Su mujer, Victoria, también parecía cautivada por el magnetismo de la estrella del momento al saludar a Lewis como si se tratara de un viejo amigo.
El Reino Unido es un país muy dado a encumbrar a sus héroes para, luego, dejarlos caer con el mismo fervor. Y bien, ¿qué podía esperar Lewis entonces? Algunas voces expertas afirmaron sin tapujos que aquello supondría el final de la temporada para el chico maravilla, que en adelante todo iría en picado. Parecía un razonamiento crudo y destructivo, quizá producto de los celos y la envidia.

Hamilton conduce como un piloto de karting. Le encanta circular por el borde de la pista y disfruta entrando tarde en las curvas cerradas y apurando la frenada en los vértices. Su conducción es, en definitiva, un reflejo de la de Schuey en sus inicios, con muchos giros bruscos y recurriendo al bloqueo de las ruedas. Hamilton hace gala de su arrebatadora juventud arriesgando al máximo y llevando el coche al límite. Conducir pegado al muro es una táctica sobrecogedora que sale a cuenta, aunque habrá que rezar para que no se estrelle contra él como le ocurrió a Senna. El muro solo supuso un problema para Schumacher en una ocasión: cuando en 1999 se fracturó una pierna en Silverstone. El resto del tiempo, el problema era la implacable mentalidad de “ganar a cualquier precio” del alemán, que a veces tenía como consecuencia que la F1 fuera un deporte de contacto. Y, si no, que se lo pregunten a Damon Hill.

Fernando Alonso habría hecho bien en tener presente el clásico dicho inglés de «Nunca trabajes con niños ni animales». Con niños, en particular, pues uno muy pronto le tomaría la medida. Recuerdo estar hablando un día con amigos sobre el pique cada vez mayor entre el asturiano y su compañero de equipo, cuando, de pronto, mi hijo de nueve años soltó: «¡Es un poco como Pierre Nodoyuna, de Los autos locos!, ¿a que sí, papa?».
Pues sí, supongo que, efectivamente, Alonso comparte con el personaje animado el querer ganar a toda costa. Lo único que, a diferencia de este último, que era capaz de ocultar sus intenciones al menos hasta el final de cada episodio, Fernando parecía incapaz de disimularlo. Tras la primera victoria en F1 de Lewis en Montreal, su lenguaje corporal evidenciaba malestar. Y, pese a todo, era incapaz de ver que estaba recibiendo mejor trato que su compañero novato o, al menos, así lo pensaba buena parte de la opinión pública británica, pues, aunque Ron Dennis siempre aseguraba que existía el mismo trato con los dos pilotos, quizá eso era una medida dirigida exclusivamente a impedir que la afición británica se inquietara.

Lewis se convertía en el primer campeón del mundo británico desde Damon Hill, en 1996, y en el primer piloto de McLaren en ganar el título desde Mika Hakkinen, en 1999. «Me he quedado sin habla —declaró—. Estoy muy emocionado, Creo que aún no he procesado que soy campeón del mundo. Solo puedo dar gracias a Dios por haber podido adelantar a Glock. Ha sido alucinante. He corrido la carrera más intensa de mi vida. Estoy con el corazón a mil revoluciones. Voy a celebrarlo con mi familia y, por supuesto, lo haremos como un equipo. Tuve problemas con los neumáticos, empezaban a degradarse y no podía remediarlo…
Un maravilloso 2014. Lewis Hamilton lo tenía todo: dos títulos mundiales, millones en el banco, una preciosa novia y una familia leal y cariñosa. ¿Qué más podía pedir? «Uno o dos mundiales más», respondió, riéndose, tras serle formulada la pregunta en la rueda de prensa posterior a la carrera en Abu Dabi. Y eso resume bien la historia de un chico que alcanzó la fama y la gloria contra todo pronóstico, una persona que, ante todo, nunca ha dejado de soñar ni jamás se ha dado por vencido.
El 25 de octubre del 2015, Lewis cumplió, y se llevó la ansiada tercera corona en Austin (Texas). Con esos tres títulos había igualado a su ídolo, Ayrton Senna. Pero en aquel momento de satisfacción, lo indicado era hacer una reflexión final, recordando de dónde venía, cómo había conseguido hacer su sueño realidad partiendo de un inicio humilde, y el papel fundamental que había desempeñado su familia y, más concretamente, su padre: «Es una locura pensar que tengo tres mundiales. Se lo debo todo a mi padre y a mi familia, que lo sacrificaron todo por que llegara aquí».
Nada más conquistar aquel tercer Mundial, Lewis empezó a maquinar cómo podía conseguir un cuarto: un logro que lo situaría por encima de Jackie Stewart como el piloto británico de F1 más exitoso de la historia. No era la clase de deportista dispuesto a dormirse en los laureles y a embolsarse el dinero sin más hasta que finalizara su contrato con Mercedes. En absoluto. Era el tipo de persona que siempre tiene que tener un objetivo, alguna clase de aspiración. No era de esos que se dejan llevar, disfrutando de lo logrado y durmiéndose en los laureles. A Lewis Hamilton siempre le ha movido la motivación de ser el mejor, y en aquel momento eso significaba encontrar el camino hacia un cuarto Mundial que le permitiera superar al sublime Stewart. Terminaría lográndolo ese mismo año.
Lewis nunca ha sido una persona temerosa de manifestar su opinión. A medida que fue madurando, fue volviéndose mucho más explícito, adoptando siempre una postura firme en torno a cuestiones sociales, como el movimiento Black Lives Matter. Tampoco ha pasado nunca desapercibida su espontaneidad, por eso a nadie le sorprendió que rompiera a llorar tras sellar su sexto Mundial a principios de noviembre del 2019. Envuelto en la bandera británica, dio las gracias a los aficionados que habían acudido a verlo sumar un nuevo entorchado, que lo situaba entonces a solo una corona de Schumacher, y seguir agrandando su leyenda, en Austin (Texas). Embriagado por la emoción, se fundió en un abrazo con su padre, Anthony, y se dispuso a festejar otro hito en una carrera ya de por sí extraordinaria.

Recuerdo perfectamente ver a Michael [Schumacher] ganar todos esos campeonatos. Ganar uno o dos, o a lo sumo llegar a tres, es dificilísimo. Siete es inimaginable».
Hamilton recibió muchas felicitaciones del mundo de la F1 por su séptima corona. Pero, quizá, la más significativa de todas fue la de Sebastian Vettel, su máximo rival durante años. En reconocimiento a aquella proeza, el alemán afirmó que cada época está marcada por uno o varios pilotos, y que, para él, Lewis era el más grande.

Hamilton es un personaje de esos a quienes se les entiende todo. Ya no solo cuando hablan, sino también en la comunicación no verbal. Cuando está contento, proyecta su euforia al exterior. Cuando está cabreado o se siente inseguro, el espectador tampoco es ajeno a ello. La fuerza que transmitía en el tramo final del campeonato era brutal, y seguramente eso explica el cortocircuito de Verstappen en Arabia Saudí, donde perdió la cabeza y fue sancionado hasta en dos ocasiones: la primera, por obstaculizar a Hamilton y llevarle hasta fuera de los límites de la pista; la segunda, por pegar un frenazo que hizo que Lewis le golpeara ligeramente por detrás, cuando al de Red Bull se le había ordenado dejarse adelantar. «Llevo mucho tiempo corriendo, y cuando tengo que ser duro, lo soy. Pero esta vez mi experiencia me mantuvo en pista», resumió el de Stevenage, que en Arabia Saudí confirmó su recuperación al encadenar su tercer triunfo consecutivo. Por segunda vez en la historia, dos candidatos a proclamarse campeones llegaban a la última cita con la misma puntuación y casi las mismas opciones de llevarse la gloria.
«Lewis, estoy sin palabras», fueron las únicas que se escucharon por la radio del británico. Eran de Peter Bonnington, Bono, su inseparable ingeniero de pista, tan devastado como él. No solo por haber perdido la posibilidad de sumar la octava corona que le situaría en un peldaño único, por encima de Michael Schumacher, sino por cómo se había perdido o se la habían hecho perder. Mercedes puso en marcha un proceso de reclamaciones que no fructificó, y Toto Wolff mostró su indignación por lo que consideraba una aplicación absolutamente errónea del reglamento por parte de la dirección de carrera. A su modo de ver, la prueba debería haber terminado con todos los coches formando detrás del safety, pero en ningún caso haberle quitado a Verstappen los doblados de en medio para relanzarla un giro antes del final.
El miércoles, tres días después de la derrota más dolorosa de su vida, Lewis fue nombrado sir por el príncipe Carlos de Inglaterra, en una ceremonia en el Palacio de Windsor. Desde entonces solo se espera de él que la amargura y la decepción de Abu Dabi no le hagan dar un portazo como el de Rosberg en el 2016. Conociéndolo, lo más probable es que se lance a buscar la revancha con Verstappen y a superar a Schumacher en número de mundiales. En cualquier caso, una octava corona no le haría falta a Lewis Hamilton para ser considerado ya el piloto más más grande de todos los tiempos.

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The first half I really enjoyed, reading about Lewis’s life, & family, they are all inspiring, and hard working. As an F1 fan I have watched every race for the last few years, so the second half of the book, I already new the story. Having said that, I would love to see the story unfold on the big screen. They deserve every single second of success in their lives, as they are so committed, and never take any of it for granted.

On Sunday, November 15, 2020, Lewis Hamilton went down in the annals of Formula 1 history, along with Michael Schumacher, after winning the Drivers’ World Championship for the seventh time at the Turkish GP, at the Istanbul Park circuit, in Tuzla. The previous month, the Briton had already surpassed the German in the number of races won: Schumacher added a total of 91 throughout his career, while Hamilton far exceeded a hundred in 2021. With that victory in Turkey, well, Lewis Hamilton became the most successful driver in the history of Formula 1. The British driver was well aware of what that seventh title meant, which was added to those of 2008, 2014, 2015, 2017, 2018 and 2019: « It is incredible to have managed to equal Michael in number of titles. I dedicate this seventh championship to all the children who dream of achieving the impossible: know that it is also within your reach. The one from Stevenage had proven to be the best pilot on the face of the Earth. The boy from humble origins had achieved superstar status, a world-class figure. His face was on billboards all over the world, he was on the cover of magazines that had nothing to do with motorsports, and he was raffled off by talk shows.
Lewis Hamilton had become the first mass phenomenon in the history of F1, a full-fledged celebrity.

Lewis had not landed in F1 without prior training: there were the nine years of filming with McLaren; the generally infallible judgment of Ron Dennis, boss of the British team, and the performances and results of Lewis in his previous season in GP2, when he became champion. One thing was clear: Lewis Hamilton was not a fleeting talent, but a young man with a promising future. The British at last had a praiseworthy idol.
Lewis Hamilton is really authentic. He is the true Special One, the nickname given to himself in his day by former Chelsea manager, the boastful José Mourinho. The youngster nicknamed the Stevenage Rocket soon smashed all records as he racked up hit after hit. The first black F1 driver, the first rookie driver to achieve more than two consecutive podium finishes, the first black driver to win an F1 grand prix, the second driver to win more than one race in his first season in the premier class, the first driver to take two consecutive wins from pole position in his debut season, the youngest British driver to win a grand prix and the youngest driver to lead the World Championship standings. And, of course, the first rookie and first black driver to become a serious title contender in his first season.
Lewis Hamilton, of mixed race, is the first driver of Afro-Caribbean origin to compete in F1. The family of his father, Anthony, a former British Railways employee, hailed from the Caribbean island of Grenada. Anthony buckled up, saved what he could, working for a while at three different jobs, so his son would have a chance in the world of motorsports. His support and influence have always been enormous, and in time Lewis paid tribute to him by saying that he had been extremely fortunate to have his father’s support, for, unlike them, all opponents [in his early days in the go-kart racing] were kids from rich families.

Alonso had left Renault to sign for McLaren, convinced that it had been the perfect decision, since he had always wanted to have a car like the McLaren-Mercedes MP4-22. He believed that he was destined to show how good he was at the controls of his brand new racing car, which was going to mark a new era after the years of Michael Schumacher’s dominance.
However, the Asturian began to chafe as the season progressed and Lewis stood out more and more. He claimed that he «never felt comfortable at all» and that McLaren had unfairly favored Lewis because he was a British driver, like the team. «We knew all the media was going his way,» he commented. The Spanish was victimizing himself. And then he tried to unsettle Lewis and undermine his confidence by saying his partner was «lucky.»
Ron Dennis consistently dismissed his complaints that there was healthy competition between the teams working on each car, and bluntly stated that both drivers had exactly the same equipment, support and means to compete. He seemed determined not to give the impression that he was leaning towards his protégé, in the same way that a father who employs his son in the family business deliberately puts his son in greater difficulty than the rest of the staff to dispel any doubts of favoritism. At times, it seemed to him that Lewis received worse treatment from the man everyone in the pit lane saw as his second father.
Alonso was at times incredibly insensitive, harsh and discouraging to a fault. The public had a hard time admiring him and he seemed to allow the brat to irritate him. He had lost the crucial psychological battle with a young rookie, and his behavior had been immature, to say the least, not to mention rude at times, and somewhat unbecoming of a double world champion.
As the season progressed, Lewis seemed more bewildered and perplexed at the Spaniard’s attitude towards him. He was always personable and approachable, making time for the most important people: the fans.
For Lewis it is key to have his feet on the ground and pay attention to what his relatives and friends tell him. During the United States GP there was a queue of celebrities eager to meet the boy he was sweeping in F1. Even the likes of Beyoncé, who claimed to have been «amazed» by Lewis when they were introduced, highlighted his charm and lovable normalcy.

Anthony had a tough childhood in West London. His father was always worried that his friends were a bad influence. In the late 1970s, when Davidson decided to return to Granada, Anthony had moved to Stevenage, 50 km north of the capital, with a population of around 40,000 at the time. In 2007, Lewis commented that his father had «had a really bad time as a young man» after the death of his mother (Agnes), a subject that the family prefers to refrain from talking about.
Stevenage seemed an unusual choice for a young black family to live in: it was a predominantly white population, attracting little ethnic minorities. It was also the first post-war town specifically conceived to house the surplus population of London. In 1961, the official census showed that 172,877 Caribbeans had emigrated to Great Britain in the previous decade. Hostility and racism towards migrants were commonplace for another two decades, until the mid-1980s.
Although the waters had calmed slightly when Anthony Hamilton settled in Stevenage, it was still a difficult time for this man of Granada roots, especially after marrying a second time, in the early eighties, with Carmen Larbalestier, a white woman five years older than him.

The adversities his grandfather faced when he arrived in England at a time of great racial intolerance marked the personality of Lewis Hamilton: he knows that he owes much to the courage of his grandfather, who, together with his father, constitutes the cornerstone of your success.
Success and fame serve as consolation. In addition, as if that were not enough, the Government of Granada has expressed its pride towards its most illustrious son: after Lewis’s fabulous debut with victory in the Montreal GP on June 19, 2007, Edwin Frank, from the Ministry of Tourism of Granada , stated: “The Ministry would like to congratulate Mr Lewis Hamilton on the success he is achieving in his first season in F1. It is commendable that this young British driver with Granada roots (his grandfather was born in Concord, St John) has managed to finish in the top three in the six races he has entered so far this season. As a member of the McLaren Mercedes team he has shown the motorsport world that he could very well be the sport’s next big thing. His recent victory in his first GP in Montreal, on Sunday June 10, 2007, has made Granada feel very proud. His feat has also served as an inspiration for the youngest, who see him as a true example of what anyone can achieve with determination and sacrifice. The Government and the people of Granada join in this tribute and celebrate that, thanks to his magnificent performance, his Granada origins are known throughout the world. Lewis Hamilton is a sample of our spirit.

It occurred to Anthony to call him Carl Lewis, after the famous American athlete, who had become somewhat of a hero to him after his memorable performance the previous summer at the Los Angeles Olympics. Carl Lewis had won no less than four gold medals: in the 100 and 200 meters, the long jump and the 4 × 100 meter relay. Anthony also added Davidson’s name at the last minute, in honor of his father. Carmen also had something to say about it, and insisted that the first names be reversed.
Carmen she recalled in the Daily Express her son’s early passion for motorsports: “Lewis loved speed from a very young age. For his first birthday they gave him a toy steering wheel for his pram: very big, plastic. Since that day he has never taken his hands off a steering wheel ».
At age ten, Lewis and his father’s lives were changed forever after Anthony took him to the Rye House go-kart circuit, a few miles south of Stevenage. Lewis had already managed to double his father on other circuits, but on that occasion he confided in her that he wanted to be a professional driver. That same day Tony Delahunty and his son, Andrew, who was a couple of years older than Lewis, were there. Delahunty, karting commentator for Eurosport UK, said that Anthony had told him that, before that, «Lewis had excelled in model cars. But the most striking thing was not that he had won everything, but that most of his rivals were adults. Which led them to look for something more appropriate for a boy. Delahunty was frankly impressed, to the point that, after a year, he found himself writing press releases for the young Lewis.

When asked what his greatest dream had come true before landing in F1, Lewis Hamilton answered without hesitation: «Sign for McLaren.» Without that first leap of faith from Ron Dennis, back in 1998, when he was thirteen years old, he would not have embarked on the meteoric rise to success that he now enjoys. His father, Anthony, summed it up this way: “McLaren was the catalyst. Lewis’s goal is to stay at McLaren.»
Lewis had this to say about Senna: «He’s my idol. He saw how he played it to overtake other riders. I have studied many of his books and videos, and I hope I have learned something from him. It is a satisfaction to race for the same team that Senna used to race for. I feel like I’m somehow continuing his legacy.»
Lewis began his training at McLaren. After the unforgettable successes and tragedies of Bruce McLaren, James Hunt and Ayrton Senna, a new era was dawning: that of the boy born to be crowned king of F1 at the dawn of the 21st century. However, Lewis would be the first to admit that none of this would have been possible without the help of his father, Anthony, and the man many call his second father: Ron Dennis.
He was responsible for Lewis’s arrival in F1 and we will talk about him in the next chapter, examining his importance in the development of this young talent.
Dennis gave both the team and himself to see the changes at McLaren since the 2006 season: he shed the lofty but apathetic Raikkonen and brought in the young and irreverent two-time world champion Fernando Alonso, then pulled another rabbit out of his hat by catapult a relatively unknown rookie like Lewis Hamilton. On his departure from McLaren, Raikkonen, nicknamed Iceman, demonstrated his usual dourness with this deadpan statement: «I’ve been at McLaren for five years, but I wanted something different.» Nor did it help his cause the incontestable fact that in his final season the team was unable to win a single race, something unheard of in the previous ten years. That stark reality drove Dennis even more determined to return the team to the top of F1 and claim the first title since Mika Hakkinen lifted it in 1999.

He was asked what his favorite circuit was (the answer was Monaco) and if he had any heroes: «I would say that I haven’t had a hero since childhood, because by hero we mean someone who seems invincible. Yes, there are many people that I greatly admire. In F1, Ayrton Senna was a great source of inspiration for me. And although I would never have said that Michael Schumacher could be considered a hero, the truth is that I respect him a lot for his achievements and for what he has done for this sport ». Outside of the motoring world, the most influential person in his life is his father, followed by famous hip hop singer P. Diddy, whom Lewis cites as an inspiration and reference for his way of progressing in life. «Lastly, Martin Luther King, a great person who continues to inspire many people, including myself.»

When asked how he was carrying so much fame, Lewis replied that he was very relaxed, although it seemed like an out-of-body experience, as if he was sitting watching himself. The day before he had seen a gigantic billboard of his in the city and found it «a little strange to receive so much attention.»
Of course, he was at a natural disadvantage at Sepang to Alonso and the other drivers: apart from testing the week before, he had never driven on that circuit. And it would be exactly the same when they finally landed in the United States.
When Lewis arrived in Barcelona, it seemed as if he did not care in the least what Alonso might think or say in public. Years of rigorous training with McLaren had taught him that the only thing to focus on was yourself. At the beginning of the first free practices he was as accessible as usual, although he admitted that fame had surprised him. The effects of popularity in his daily life had been felt when he was finally able to take a break between Bahrain and Barcelona at his family home in Tewin (Hertfordshire).
He was joined in the praise choir by Michael Schumacher, who was traveling to Spain to attend his first Grand Prix since his retirement. He claimed to have followed Lewis even when he was racing in GP2: “He is doing a magnificent job. He is very well prepared and fast. I’m not surprised after watching him race last year. What is perhaps surprising is that it maintains that level of regularity, but there you have it…».
Schumacher was right: in the first free practices, Lewis stood out after completing a lap four tenths of a second faster than Alonso.

As the season progressed, it became increasingly clear that Lewis Hamilton had done much more than simply make a huge personal impact on the sport: his exploits had also transformed the future of motorsport. Suddenly a stagnant sport had become fashionable. For the first time in years, no one was missing a race on television, and Lewis’s fearlessness had attracted more fans than could ever be imagined in the predictable era of Michael Schumacher.
It’s also worth noting the contrast between Lewis and his teammate, two-time world champion Fernando Alonso, a fabulous racer who is admired by fans around the world. But, even so, he is unable to penetrate the public beyond his native Spain.
After his first victory in F1, Lewis Hamilton was already quickly acquiring a new title: the people’s champion. It was time to celebrate his triumph in Montreal. The tributes and praises were happening as the evening progressed. Stirling Moss took the lead with these words about the youngster who had just become the 19th Briton to win a grand prix: “This guy is amazing. He is without a doubt the most impressive driver I have seen in a long time. He knows how to control the car and drives with great serenity. But that doesn’t stop him from being a fighter. He is going to go very far. I was fascinated at the beginning of the season, but now I am even more so. Although his quality was unquestionable, I never imagined —and I doubt anyone did— that he would lead the World Cup. For a newcomer, he’s amazing. I am truly impressed. He is a pilot through and through.

Lewis Hamilton did not realize the true impact his extraordinary success was having on the world at large until early July 2007, during a sunny afternoon in the Northamptonshire countryside. It had rained buckets for much of the early summer, but his return to Britain had even brought a truce to that kind of mini-monsoon, or so it seemed. The sun was shining brightly at Silverstone, and everywhere you looked you saw nothing but smiles.
The victorious hero was returning home after his exploits in North America. He left unknown and returned having made a world-famous name for himself as a new member of the celebrity club. It was amazing how his status had been transformed after a few weeks of strong emotions in Canada and the United States. Lewis knew he had succeeded when, entering the pits after the race, he was approached by the man whose crown as the world’s most famous British athlete he would one day inherit. Even the king of glitz seemed a touch nervous as he smiled as he warmly shook hands with Lewis. Of course, David Beckham had known and maintained friendships with the most renowned international figures, but surely he had never come across such a normal, simple and modest star. His wife, Victoria, also seemed captivated by the magnetism of the star of the moment as she greeted Lewis as if he were an old friend.
The United Kingdom is a country much given to elevating its heroes and then letting them fall with the same fervour. Well, what could Lewis expect then? Some expert voices openly stated that this would be the end of the season for the boy wonder, that everything would go downhill from now on. It seemed crude and destructive reasoning, perhaps the product of jealousy and envy.

Hamilton drives like a go-kart driver. He loves to ride along the edge of the track and enjoys coming into tight corners late and braking hard into apexes. His driving is, in short, a reflection of Schuey’s in the beginning, with many sharp turns and resorting to locking the wheels. Hamilton shows off his captivating youth by risking the most and taking the car to the limit. Driving close to the wall is a daunting tactic that pays off, though you’ll have to pray you don’t crash into it like Senna did. The wall was only a problem for Schumacher on one occasion: when he broke his leg at Silverstone in 1999. The rest of the time, the problem was the German’s relentless win-at-any-cost mentality, which sometimes resulted in F1 being a contact sport. And if not, ask Damon Hill.

Fernando Alonso would have done well to keep in mind the classic English saying “Never work with children or animals”. With children, in particular, because one would soon take the measure. I remember talking to friends one day about the growing rift between the Spaniard and his teammate, when suddenly my nine-year-old son blurted out: «He’s a bit like Pierre Nodoyuna, from Los autos locos! yes, dad?».
Well yes, I suppose that, indeed, Alonso shares with the animated character the desire to win at all costs. The only thing, unlike the latter, that he was able to hide his intentions at least until the end of each episode, Fernando seemed unable to hide it. After Lewis’s first F1 win in Montreal, his body language betrayed discomfort. And, despite everything, he was unable to see that he was receiving better treatment than his rookie partner or, at least, that was what a good part of the British public thought, because, although Ron Dennis always assured that there was the same treatment with the two pilots, perhaps that was a measure aimed exclusively at preventing the British fans from getting upset.

Lewis became the first British world champion since Damon Hill in 1996, and the first McLaren driver to win the title since Mika Hakkinen in 1999. «I was speechless,» he declared. I am very excited, I think I have not yet processed that I am world champion. I can only thank God that I was able to overtake Glock. He has been amazing. I have run the most intense race of my life. My heart is at a thousand revolutions. I will celebrate it with my family and of course we will do it as a team. I had problems with the tires, they were beginning to degrade and I couldn’t fix it…
A wonderful 2014. Lewis Hamilton had it all: two world titles, millions in the bank, a beautiful girlfriend and a loyal and loving family. What more could he ask for? «One or two more world championships,» he replied, laughing, after being asked the question at the post-race press conference in Abu Dhabi. And that sums up well the story of a boy who achieved fame and glory against all odds, a person who, above all, has never stopped dreaming and has never given up.
On October 25, 2015, Lewis complied, and took the coveted third crown in Austin (Texas). With those three titles he had matched his idol, Ayrton Senna. But in that moment of satisfaction, the indicated thing was to make a final reflection, remembering where he came from, how he had managed to make his dream come true from a humble beginning, and the fundamental role that his family and, more specifically, his father had played: «It is crazy to think that I have three World Cups. I owe everything to my father and my family, who sacrificed everything for him to get here ».
Immediately after winning that third World Championship, Lewis began plotting how he could achieve a fourth: an achievement that would see him rise above Jackie Stewart as the most successful British F1 driver in history. He was not the kind of sportsman willing to rest on his laurels and simply pocket the money until he finished his contract with Mercedes. Absolutely. He was the kind of person who always had to have a goal, some kind of aspiration. He was not one of those who get carried away, enjoying what he has achieved and resting on his laurels. Lewis Hamilton has always been driven by the motivation to be the best, and at the time that meant finding his way to a fourth World Championship that would allow him to overtake the sublime Stewart. He would end up achieving it that same year.
Lewis has never been a person afraid to express his opinion. As he matured, he became much more vocal, always taking a strong stance on social issues, such as the Black Lives Matter movement. His spontaneity has never gone unnoticed either, which is why nobody was surprised when he burst into tears after sealing his sixth World Cup in early November 2019. Wrapped in the British flag, he thanked the fans who had come to see him add a new wound, which then placed him just one crown behind Schumacher, and continue to enlarge his legend, in Austin (Texas). Intoxicated with emotion, he fell into a hug with his father, Anthony, and set out to celebrate another milestone in an already remarkable career.

I vividly remember seeing Michael [Schumacher] win all those championships. Winning one or two, or at most reaching three, is very difficult. Seven is unimaginable.»
Hamilton received many congratulations from the F1 world for his seventh crown. But, perhaps, the most significant of all was that of Sebastian Vettel, his closest rival for years. In recognition of that feat, the German stated that each era is marked by one or more drivers, and that, for him, Lewis was the greatest.

Hamilton is one of those characters to whom everything is understood. Not only when they speak, but also in non-verbal communication. When he is happy, he projects his euphoria outside. When he is pissed off or feels insecure, the viewer is no stranger to it either. The force that he transmitted in the final stretch of the championship was brutal, and that surely explains Verstappen’s short circuit in Saudi Arabia, where he lost his head and was sanctioned on two occasions: the first, for hindering Hamilton and taking him out of the track limits; the second, for hitting a brake that made Lewis hit him slightly from behind, when the Red Bull had been ordered to allow himself to overtake. «I’ve been running for a long time, and when I have to be tough, I am. But this time my experience kept me on track », summed up the man from Stevenage, who in Saudi Arabia confirmed his recovery by chaining his third consecutive victory. For the second time in history, two candidates to proclaim themselves champions reached the last round with the same score and almost the same chances of taking the glory.
«Lewis, I’m speechless», were the only ones heard on the British radio. They were from Peter Bonnington, Bono, his inseparable track engineer, just as devastated as he was. Not only for having lost the possibility of adding the eighth crown that would place him on a single step, above Michael Schumacher, but because of how he had lost or had been made to lose it. Mercedes launched a claims process that was unsuccessful, and Toto Wolff showed his indignation at what he considered a completely erroneous application of the regulations by the race management. In his opinion, the test should have ended with all the cars forming up behind the safety, but in no case should Verstappen have taken the laps out of the way to relaunch it one lap before the end.
On Wednesday, three days after the most painful defeat of his life, Lewis was made a sir by Prince Charles of England, in a ceremony at Windsor Palace. Since then, the only thing expected of him is that the bitterness and disappointment of Abu Dhabi does not make him slam the door like Rosberg did in 2016. Knowing him, it is most likely that he will set out to seek revenge with Verstappen and beat Schumacher in number of world cups In any case, an eighth crown would not be necessary for Lewis Hamilton to be considered the greatest driver of all time.

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