Manipulados: Un Gánster Económico Revela Por qué La Economía Mundial Se Ha Venido Abajo Y Qué Hacer Para Rehacerla — John Perkins / Hoodwinked: An Economic Hit Man Reveals Why the World Financial Markets Imploded & What We Need to Do to Save Them by John Perkins

Los GE (Gangsters Económicos) trabajan de muchas maneras, pero nuestra tarea más común era identificar países que tenían recursos codiciados por nuestras empresas. Luego, seducíamos, sobornábamos y extorsionábamos a sus dirigentes para que explotasen a su propia gente, aceptando préstamos que esos países nunca podrían devolver, privatizando sus activos nacionales, haciendo legal la destrucción de frágiles ecosistemas, y por último vendiendo a precios de saldo a nuestras empresas esos ansiados recursos. Cuando los dirigentes se resisten, son derrocados o asesinados por chacales de la CIA.
Tuvimos tanto éxito en el Tercer Mundo que nuestros jefes nos mandaron aplicar las mismas estrategias en Estados Unidos y el resto del planeta. El resultado es una forma insostenible de capitalismo que ha desatado la actual crisis económica. Pese a recuperaciones temporales, la crisis es la vanguardia de un tsunami global.
La economía de Islandia, considerada hasta hace poco una pariente pobre, subdesarrollada y lejana, había explosionado repentinamente, colocándose en el puesto del tercer país más rico (per cápita) del mundo según la lista del Banco Mundial de 2007. Reikiavik se había convertido en una ciudad en auge en la que la gente amasaba fortunas de la noche a la mañana. Celebridades, jugadores, estafadores y gánsteres económicos llegaban en tropel. Morgan Stanley, Goldman Sachs y la mayoría del resto de firmas importantes de Wall Street enviaban ejércitos encorbatados. Hombres y mujeres que desempeñaban mi antigua profesión convencían a la gente para que se hipotecara hasta el cuello aplicando un modelo similar al utilizado en Indonesia, Nigeria, Colombia, y todos aquellos países cuyo petróleo y otros preciosos recursos naturales los impelían hacia un materialismo instantáneo. Las personas se dedicaban a derrochar dinero de una forma digna de Hollywood.

Perkins identifica problemas inmediatos y proporciona soluciones tangibles que se pueden llevar a cabo individualmente a diario (es decir, gastar nuestro dinero solo en empresas que operan de manera social y ambientalmente sostenible). Si bien las soluciones que propuso Perkins no son exhaustivas, sí se basan en los rudimentos del capitalismo y proporcionan una base sólida y realista sobre la cual construir.
Una vez más, alabo a Perkins por escribir sobre la vanguardia. Creo que al hacerlo, su trabajo se vuelve objeto de algunas críticas inherentes, pero también genera oportunidades para un mayor desarrollo. El siguiente comentario no pretende denigrar el trabajo de Perkins de ninguna manera. Por el contrario, cualquier buen trabajo debe suscitar preguntas adicionales:
Parte 1: El problema: creo que el análisis de Perkins de “El problema” podría fortalecerse si se abordara con mayor rigor académico (es decir, más citas/referencias cruzadas a otros trabajos y una mayor variedad de fuentes). Creo que su análisis encontrará una audiencia dispuesta entre aquellos que ya están de acuerdo con él, y puede influir en algunos que están indecisos, pero no ganará muchos desertores.
Advertencias—
1) Reconozco que no soy necesariamente el público objetivo de Perkins (prefiero leer las notas y referencias tanto como el texto real). La escritura de Perkins es muy legible y, como tal, probablemente atrae a un espectro mucho más amplio.
2) Perkins está escribiendo sobre eventos actuales, por lo que es probable que la cantidad de fuentes confiables para hacer referencia sea limitada.
3) Si bien he leído confesiones de un gánster económico, y he leído La historia secreta del imperio estadounidense. Estoy seguro de que su análisis de “El Problema” es más robusto y hermético si se toman todas sus obras en conjunto. Es un equilibrio complicado escribir de una manera que no recupere demasiado terreno antiguo y, sin embargo, brinde suficiente credibilidad para que un libro se sostenga por sí mismo y no invite a críticas injustas.
Parte 2: La solución: como mencioné anteriormente, las soluciones de Perkins brindan una base sobre la cual se pueden construir las soluciones. Estoy ansioso por ver que estas soluciones se desarrollen aún más. Perkins sugiere que gastemos nuestro dinero solo en empresas que practican la sustentabilidad y que, en última instancia, las fuerzas del mercado impulsarán el cambio. Estoy totalmente de acuerdo, sin embargo, también siento que esto no es factible en algunas circunstancias (es decir, monopolios), o tomará más tiempo del que muchos están dispuestos a esperar.
Primero, es fácil para mí no comprar Nike, pero es difícil elegir una compañía eléctrica diferente si mi proveedor actual depende de la generación de carbón. Si bien conservaré absolutamente la energía, no me veo construyendo un molino de viento en mi patio trasero suburbano en el corto plazo. ¿Cómo abordamos las situaciones en las que nuestras opciones están severamente limitadas?
En segundo lugar, en lugar de simplemente cambiar nuestros hábitos de gasto y luego esperar a que ocurran las consecuencias posteriores, creo que hay oportunidades para adoptar un enfoque de valor agregado destinado a abordar los componentes de toda la cadena de valor tal como existe. Por ejemplo, Perkins sostiene que la industria tiene una voz muy fuerte en la elaboración de la legislación de los EE.UU. Si bien reconozco el valor de influir en la industria (elegir dónde gastar nuestro dinero) y, por lo tanto, influir indirectamente en la legislación, creo que este enfoque es insuficiente. También debemos influir directamente en el gobierno (así como en otros participantes dispuestos), en todos los niveles de la cadena de valor utilizando una variedad de métodos.

Las crisis más cercanas comenzaron con la economía de Estados Unidos. Uno de los primeros signos se produjo en el mercado de la vivienda, en el que los precios alcanzaron máximos históricos en 2005 y luego comenzaron a desplomarse en 2006. Los subsiguientes declives en otros sectores económicos exacerbaron aún más la crisis de la vivienda. El sistema hizo implosión como resultado de las enormes operaciones en el mercado de las hipotecas «subprime» realizadas por Bear Stearns, Merrill Lynch, Lehman Brothers, AIG y la comunidad financiera global. En 2008, quebró Lehman Brothers, y Bear Stearns fue rescatada en el último minuto cuando JPMorgan Chase compró la empresa a 2 dólares la acción. AIG, Bank of America y Citigroup también se habrían ido al traste si no hubiera sido por la extrema intervención del Gobierno en forma de enormes rescates financieros. Al final, las principales instituciones financieras estadounidenses y los mercados que ellas dominan perdieron aproximadamente el equivalente del producto interior bruto total de Estados Unidos, unos 14 billones de dólares.
El cataclismo financiero mundial se extendió a toda la economía. El 30 de diciembre de 2008, el Índice de Precios de la Vivienda S&P/Case-Shiller se desplomó como no lo había hecho nunca. La construcción de viviendas cayó en un 38 por ciento. En los primeros meses de 2009, el producto interior bruto cayó a un porcentaje medio anual de más del 6 por ciento. La producción industrial se redujo en un 13 por ciento. La Oficina Nacional de Estadísticas Laborales anunció que «en abril [2009], las pérdidas de puestos de trabajo eran importantes y afectaban a casi todas las principales industrias del sector privado. En conjunto, el empleo del sector privado perdió 611.000 puestos de trabajo», y el número de parados aumentó a 13,7 millones, casi el 9 por ciento de la población activa. La recesión entró oficialmente en su decimosexto mes en mayo de 2009, a punto de convertirse en la más larga desde la Gran Depresión.
George Soros, presidente del Soros Fund Management LLC y del Open Society Institute, y autor de The Crash of 2008 and What It Means, hizo partícipe de sus consejos al presidente Barack Obama durante el simposio del 3 de abril de 2008 indicado anteriormente: «Tiene que reconstruir el sistema financiero ya que no se puede restaurar tal como era».
El desplome económico que estamos sufriendo actualmente no ha ocurrido por casualidad, ni se va a arreglar pronto. Es el resultado de políticas y actitudes que comenzaron antes de que yo me convirtiera en un GE hace casi 40 años.
Desde la Segunda Guerra Mundial, nos hemos dedicado a crear el primer imperio auténticamente mundial de la historia. En lugar de gladiadores con trajes de camuflaje, enviamos artistas con maletines y modelos informáticos. Aplicaron herramientas económicas ultraexactas para estafar a los países del Tercer Mundo dueños de minerales preciosos.

Mi trabajo como GE promocionando grandes proyectos de infraestructura en países del Tercer Mundo estaba basado en una fe mesiánica en la privatización y los beneficios. Este evangelio generó la crisis que actualmente estamos sufriendo: el desplome económico, y toda una serie de males, como el calentamiento global, la violación de los derechos humanos, el aumento de la brecha entre los ricos y los pobres del mundo, la disminución de los recursos y el aumento de los precios del petróleo, los alimentos y otros productos básicos. Pero pocos son conscientes de que las políticas que han provocado todos esos fenómenos son resultado directo de una lucha de titanes, de una lucha que cambió la historia.
Cuando George W. Bush fue elegido presidente, las 400 personas más ricas de Estados Unidos poseían 1 billón de dólares. Seis años más tarde, en 2007, su valor había aumentado un 60 por ciento, a 1,6 billones. Al mismo tiempo, la renta real del trabajador medio disminuyó en más de 2.000 dólares.
Las consecuencias de la filosofía de libre mercado de Friedman alcanzaron su apogeo en los últimos años de la administración Bush, cuando se desplomaron los mercados financieros de todo el globo, provocando que los negocios se paralizaran, las empresas despidieran a los trabajadores y la economía se desplomara en caída libre. Pero incluso ante tales pérdidas asombrosas, los pocos favorecidos de la corporatocracia siguieron cosechando enormes salarios y primas, como si ello les fuera debido. Estas políticas dieron como resultado aquellos titulares que nos abofetearon al año siguiente, causando malestar a todo el mundo durante 2008 y 2009:

•  AIG pagará 450 millones de dólares en primas.
•  Ejecutivos de todo el país constituyen una nueva empresa para beneficiarse de las hipotecas y quiebras bancarias.
•  Merrill Lynch pagó 10 millones de dólares a sus altos ejecutivos.
•  Legisladores cuestionan a los banqueros sobre los rescates financieros.
•  Empresa de Texas acusada de defraudar 8.000 millones de dólares.
•  Arrepentidos por su metedura de pata, los jefes de las empresas automovilísticas se echan a la carretera.
•  100 ex miembros del personal del Gobierno trabajan como grupos de presión bancarios para obtener rescates financieros.
•  Goldman Sachs informa haber obtenido 1.600 millones de dólares de beneficio en el primer trimestre.
•  El consejero delegado de ExxonMobil recibe un aumento del diez por ciento.
•  Según un estudio, hay más aumentos de salarios que recortes para los consejeros delegados de Estados Unidos.
•  ¿Por qué siguen siendo tratados los banqueros como si fueran una realeza intocable?
•  Las primas de AIG son más altas que las previamente reveladas.

En la guerra de los titanes económicos, Friedman derrotó a Keynes. Los vencedores aplicaron un sistema radical que favoreció un mundo en el que millones de personas se enfrentan al hambre y a la degradación medioambiental, y el agotamiento de los recursos naturales amenaza la mera supervivencia de formas de vida tal como las conocemos.

«No hay duda de que la Revolución Islámica de 1979 tuvo sus raíces en el golpe de 1953», me dijo el ex agente de la CIA Bob Baer. Premiado con la distinguida Medalla Career Intelligence de la CIA, Bob no se parecía mucho a George Clooney, el actor que hacía de él en la película Syriana, premiada por la Academia en 2005 y que estaba basada en los libros de Bob, See no Evil [No veo ningún diablo] y Sleeping with the Devil [Durmiendo con el diablo]. Bob era guapo pero no tenía el irresistible atractivo de Clooney. Bob y yo estábamos tomando unas cervezas en un bar de Florida del Sur un domingo por la tarde en 2007. Él estaba a punto de terminar The Devil We Know: Dealing with the New Iranian Superpower [El diablo que conocemos: en tratos con el nuevo superpoder iraní], por lo que Irán estaba constantemente en su cabeza. «Kermit afectó a toda la región, y de paso, al mundo entero. Creo que podemos decir sin equivocarnos que hay una línea directa que va desde él, pasando por el sha y la revolución islámica, hasta Al Qaeda.

A principios de 2009, personas de todo el mundo trataron de averiguar qué había causado el desplome financiero mundial. Las conclusiones presentadas en un informe de 231 páginas publicado el 4 de marzo de 2009 por la Fundación para la Educación del Consumidor e Información Esencial se resumían de la manera siguiente:

El sector financiero invirtió más de 5.000 millones de dólares en comprar influencias políticas en Washington en la pasada década, con una cifra de 3.000 lobbistas que lograron la desregulación y otras decisiones políticas que condujeron directamente al actual desplome financiero… De 1998 a 2008, las firmas de inversión de Wall Street, bancos comerciales, fondos de alto riesgo, empresas inmobiliarias y conglomerados de seguros dieron 1.725 millones de dólares en aportaciones políticas, y gastaron otros 3.400 millones de dólares en lobbistas, un monstruo financiero destinado a minar la regulación federal. Sólo en 2007, casi 3.000 lobbistas oficialmente registrados trabajaron para la industria. El informe documenta una docena de diferentes operaciones desreguladoras que, sumadas, condujeron al cataclismo financiero. Entre ellas podemos citar las prohibiciones de regular los derivados financieros; la revocación de barreras reguladoras entre los bancos comerciales y los bancos de inversión; un programa de regulación voluntaria para los grandes bancos de inversión; y la negativa federal a tomar medidas para detener los depredadores préstamos subprime.

El escándalo Enron-Andersen hizo estragos en todas las comunidades financieras del mundo. Cientos de miles de personas perdieron sus empleos, y sin embargo los ejecutivos siguieron asegurando al mundo que estaban entregados a los intereses de los accionistas. La administración Bush y los miembros del Congreso no sólo miraron para otro lado sino que siguieron favoreciendo los conceptos de «libre mercado» que habían derribado todos los reglamentos que hasta entonces nos habían protegido de semejantes farsas.
Fuimos manipulados. Aquella gente obtuvo tanto poder, y nosotros les dejamos salirse con la suya, porque nos engañaban. Claro que nosotros cooperábamos. Nos tragamos su propaganda. Aceptamos el «capitalismo de baratijas». Aceptamos la idea de que no necesitaban estar sujetos a regulaciones. Les permitimos convencernos de que, al concederles la libertad de operar sin trabas, de algún modo todos nosotros salíamos beneficiados. Luego, cuando ya sabíamos de qué iba el asunto, seguimos aguantándolos porque nos habían engañado.
Nos habían engañado a nosotros como habían engañado a la gente de Indonesia, Colombia y Nigeria.
Nos habían capturado y aprisionado en una jaula de deudas. No nos atrevíamos a hacerles frente.
Ralph Waldo Emerson ya lo había expresado de la manera más sencilla posible en su ensayo Riqueza: «Un hombre endeudado no es más que un esclavo».

Como filántropo, Bill Gates parece ser un hombre de una integridad impecable. Su familia ha donado casi 30.000 millones de dólares a obras benéficas hasta 2008. La revista Time le consideró como una de las 100 personas más influyentes del siglo XX y le nombró, junto con su esposa Melinda y Bono, el cantante de la banda de rock U2, como «Personas del año» 2005. Bill Gates fue nombrado el directivo del año por la revista Chief Executive Officers, y votado el octavo en la lista de «Héroes de nuestro tiempo» en 2006.
Sin embargo, la Fundación Bill y Melinda Gates ha sido severamente criticada por invertir sus donaciones en empresas que están acusadas de contribuir a la pobreza en los mismos países del Tercer Mundo en los que el objetivo declarado por la fundación es aliviar la pobreza. Dichas inversiones incluyen empresas farmacéuticas que se niegan a vender sus medicinas a precios asequibles a países en vías de desarrollo, y una variedad de empresas que contribuyen enormemente a su contaminación. La respuesta de la fundación a la condena pública de esas inversiones fue anunciar una revisión de su política en 2007 y emitir luego discretamente una declaración diciendo que su cartera estaba basada en maximizar su rentabilidad, no en juzgar las acciones corporativas.
Como joven fundador y consejero delegado, Gates tenía fama de derribar implacablemente a sus competidores. Él y Microsoft han sido atacados en muchos países por prácticas empresariales que en el mejor de los casos son moralmente cuestionables y, en el peor, ilegales. Gobiernos como Brasil han amenazado con boicotear los productos Microsoft debido a las tácticas despiadadas de la empresa. Durante su trayectoria, Microsoft ha hecho frente a cientos de querellas de colectivos y otros procesos. Pleitos antimonopolio han sido entablados con éxito contra Microsoft tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea, acusando a la empresa de monopolio, de obstaculizar la competencia y (en Estados Unidos) de infringir la Ley Sherman Antimonopolio. La multa impuesta a Microsoft por la Unión Europea, de 613 millones de dólares, fue la mayor en la historia reguladora de la UE.
Como los magnates desaprensivos que fueron pioneros en el desarrollo del ferrocarril, el acero y los aparatos electrodomésticos, Bill Gates ha hecho asombrosas contribuciones a la tecnología. Y, sin embargo, al igual que ellos, ha desempeñado un importante papel en ampliar la brecha existente entre ricos y pobres. Hoy en día, cuando el mundo está mucho más integrado de lo que lo estaba hace un siglo —en parte gracias a sus productos—, los actos de la gente como él tienen implicaciones mucho más graves que nunca antes en la historia.

La moderna Edad de Oro de los Magnates Desaprensivos comenzó con la desregulación del sector de la energía —aproximadamente cuando yo decidí entrar en esa industria después de dejar las filas de los gánsteres económico—.

Una consecuencia directa de estas medidas desreguladoras fue que los bancos más grandes del país compraron otros bancos. Las fusiones siguieron a las compras, y se produjo una consolidación tras otra. La más notoria de éstas fue el matrimonio de Citibank y Travelers Group, una compañía de seguros, y la fusión del BankAmericaCorp. con Nations-Bank Corporation, que pasó a ser el Bank of America y compró los siete bancos más importantes de Estados Unidos, FleetBoston Financial y el gigante de las tarjetas de crédito MBNA. Tales consolidaciones habrían sido imposibles con la ley Glass-Steagall. Los efectos de tales consolidaciones han planeado siniestramente hasta las administraciones de George W. Bush y Barack Obama.
«Cuando Ronnie Reagan se bajó de su caballo blanco —me dijo Joe Cogen durante el almuerzo que compartimos después de vender nuestra empresa a Ashland Oil— y se convirtió en el personaje del sheriff corrupto, abrió las puertas de las celdas y liberó a todos los ladrones y maleantes. Son todos esos tipos de clase alta, los que llevan abrigos y corbatas, como el consejero delegado de Ashland. Pero no dejes que las apariencias te engañen: no son más que un hatajo de ladrones sin leyes que los detengan.»
Lamentablemente, la operación de desregulación estuvo acompañada por un movimiento para legalizar la contabilidad engañosa. En su ansia por mejorar los beneficios a corto plazo, los ejecutivos de nuestras grandes empresas diseñaron un sistema que omitía incluir algunos costes reales muy importantes.

La actual crisis económica refleja nuestra poca disposición a «pagar el precio completo en su momento». Es como si siguiéramos comprando de rebajas en un enorme centro comercial. Lamentablemente, nuestros hijos y sus hijos no sólo tendrán que pagar el precio total por sus productos, sino que también tendrán que cargar con los gastos que nosotros no pagamos. Y con intereses.
Un hombre que comprende muy bien el dilema al que se enfrenta nuestra progenie ha sido acusado por la CIA de ser un «terrorista». De hecho es un visionario, un revolucionario que estuvo hombro con hombro con soldados que manejaban armas en las montañas de América Central. También es un sacerdote católico. Hoy ocupa una de las sedes más influyentes del mundo.
Cuando los países experimentaron problemas económicos y fueron incapaces de devolver los préstamos, se vieron obligados a aceptar Programas de Ajuste Estructural (SAP por sus siglas en inglés) que obligaban a los países clientes a reducir drásticamente el gasto público, elevar los tipos de interés (a menudo hasta el 30 por ciento o más altos), privatizar sectores de sus economías y vender activos nacionales a empresas multinacionales.
Los SAP han sido severamente condenados por los científicos políticos y sociales de todo el mundo porque:
1.  amenazan la soberanía nacional y socavan el proceso democrático, transfiriendo el control a extranjeros;
2.  benefician a los donantes más grandes (especialmente Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y Japón), cuyas empresas terminan por poseer los sectores privatizados y cuyas instituciones financieras reciben pagos a intereses elevados;
3.  privatizan recursos que han sido de dominio público;
4.  fomentan la explotación de los trabajadores por parte de las empresas extranjeras y corrompen a los funcionarios locales al presionar para que se creen reglamentos laborales y medioambientales más laxos y lagunas en la ley tributaria;
5.  se oponen a reformas agrícolas y territoriales, protegiendo de ese modo a la aristocracia y facilitando el crecimiento de los barrios bajos y la pobreza;
6.  incrementan el uso de fertilizantes y pesticidas que dañan el medioambiente y hacen que los campesinos dependan de las compañías químicas extranjeras;
7.  obligan a efectuar recortes en salud, educación y otros servicios sociales desviando dinero hacia el pago de intereses;
8.  privan del derecho al voto a mujeres, que dominan las plantillas de educación, salud y otros servicios sociales, y
9.  provocan el abandono de mujeres y niños, ya que los campesinos emigran a las ciudades y a otros países.
El conocimiento de que Washington y sus instituciones financieras aliadas perjudicaron a sabiendas a tantos países soberanos ha tenido graves efectos negativos sobre la reputación de Estados Unidos en el mundo. El mensaje de que nuestras estrategias están enfocadas a explotar más que a ayudar a los países, ha provocado una perturbadora grieta entre aquellos que proporcionan los recursos y quienes los consumen. La brecha política desempeña a su vez un papel importante para exacerbar aún más la crisis económica.

El actual hundimiento económico ha puesto de manifiesto la importancia de regular y poner freno a quienes controlan las empresas que se benefician del uso indebido de palabras como terrorismo y que perpetran otras estafas. Reconocemos hoy que los ejecutivos no son una raza inmune a la corrupción. Como el resto de nosotros, tienen que estar sometidos a reglas. Y sin embargo no basta con que restablezcamos las regulaciones que separan los bancos de inversión de los bancos comerciales y las compañías de seguros; no basta con reinstaurar las leyes antiusura e imponer directrices para garantizar que los consumidores no se verán sobrecargados por créditos que no pueden devolver. No podemos volver simplemente a las soluciones que funcionaban antes. Sólo protegeremos el futuro adoptando nuevas estrategias que favorezcan la responsabilidad social y medioambiental.
Uno de los mayores líderes espirituales del mundo, el Dalai Lama, comprende y defiende lo anterior. Me expresó su propia versión de llamada a la acción una mañana mientras me hallaba sentado a su lado en un avión que sobrevolaba el Himalaya.

Los imperios del pasado se expandieron mediante la conquista militar. Eso ya ha cambiado. Las fuerzas que controlan ahora el mundo no han sido creadas mediante ejércitos sino mediante empresas. Tenemos que actuar, pero no tenemos que empuñar las armas para transformarlas.
Los próximos capítulos presentan una estrategia para realizar el cambio en cinco ámbitos de acción:
1.  Asumir nuestra responsabilidad como consumidores.
2.  Crear una nueva economía.
3.  Adoptar actitudes que fomenten una buena administración y diseñar un nuevo tipo de héroe.
4.  Aplicar nuevas reglas a los negocios y al Gobierno.
5.  Ser consecuentes con nuestras propias ideas.

Sólo con que unos pocos de nosotros, una masa crítica —un pequeño porcentaje de la población— lograra influir en cada uno de estos ámbitos, lograríamos el cambio. Y viviríamos para verlo.

Nos toca a nosotros invertir el proceso que difundió el virus mutante del capitalismo que infectó nuestra economía. Nos corresponde a nosotros estimular la aceleración de las recientes tendencias, hacer que nuestros líderes sepan que lo que realmente queremos son alimentos sanos, agua y aire limpios, atención sanitaria asequible, la seguridad de que seremos atendidos cuando nos jubilemos, sistemas legales que nos protejan a nosotros y nuestros derechos; en pocas palabras, un mundo pacífico, justo y sostenible. Lo queremos para nosotros mismos, para nuestros hijos y para todas las personas del planeta. Ha llegado la hora de que reconozcamos y recompensemos a esos hombres y mujeres que luchan por alcanzar esas metas.
Esos líderes entenderán la necesidad de restaurar reglas que protejan contra los abusos que han provocado las actuales crisis económicas. También reconocerán la necesidad de ir más allá e instituir por primera vez en la historia reglamentos que establezcan como prioridades un entorno sostenible y un mundo justo y pacífico para el futuro.
El debilitamiento de leyes y organizaciones que antes protegían el interés público ha sido desastroso; algunos de los ejemplos más evidentes y onerosos tratados previamente en este libro incluyen:
•  La desregulación de los sectores de la energía, el transporte, las comunicaciones, la banca, las finanzas y los seguros.
•  El haber dejado de poner topes a los tipos de interés usurarios.
•  La aceptación de normas de contabilidad falsas que no tienen en cuenta las externalidades.
•  La creación de acuerdos internacionales, como NAFTA, CAFTA y otras zonas de «libre mercado» en todo el mundo que han constituido licencias para saquear.
•  La imposición de Programas de Ajuste Estructural (SAP) a otros países y la privatización resultante de sus recursos.

La mayoría de nosotros considera que la legislación de reglas y regulaciones constituye el trabajo de los gobernantes elegidos. Aunque técnicamente esto es verdad, esos gobernantes se vuelven hacia nosotros para que los guiemos en sus decisiones. Como consumidores, es nuestra tarea dejar que las grandes empresas sepan que queremos que haya mejores controles. Como votantes, es nuestra responsabilidad exigir una legislación que nos proteja a nosotros y a nuestros hijos de los tipos de abusos que están causando tanto sufrimiento en todo el planeta hoy.
Tenemos el poder de hacerlo realidad. Lo único que necesitamos es explotar nuestras pasiones y talentos individuales.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/12/20/confesiones-de-un-ganster-economico-john-perkins/

https://weedjee.wordpress.com/2022/08/11/la-historia-secreta-del-imperio-americano-gansteres-economicos-asesinos-a-sueldo-y-toda-la-verdad-sobre-la-corrupcion-global-john-perkins-the-secret-history-of-the-american-empire-econo/

https://weedjee.wordpress.com/2022/08/12/manipulados-un-ganster-economico-revela-por-que-la-economia-mundial-se-ha-venido-abajo-y-que-hacer-para-rehacerla-john-perkins-hoodwinked-an-economic-hit-man-reveals-why-the-world-financ/

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EGs (Economic Gangsters) work in many ways, but our most common task was to identify countries that had resources coveted by our companies. Then we seduced, bribed, and extorted their leaders into exploiting their own people, taking loans those countries could never repay, privatizing their national assets, making the destruction of fragile ecosystems legal, and finally selling at bargain prices to our companies those coveted resources. When the leaders resist, they are overthrown or killed by CIA jackals.
We were so successful in the Third World that our bosses told us to apply the same strategies in the United States and the rest of the planet. The result is an unsustainable form of capitalism that has unleashed the current economic crisis. Despite temporary recoveries, the crisis is the vanguard of a global tsunami.
Until recently considered a poor, underdeveloped and distant relative, Iceland’s economy had suddenly exploded, ranking it the third richest country (per capita) in the world according to the World Bank’s 2007 list. Reykjavik had become a boom town where people amassed fortunes overnight. Celebrities, gamblers, hustlers and cheap gangsters flocked in. Morgan Stanley, Goldman Sachs, and most other major Wall Street firms sent armies in ties. Men and women in my former profession were convincing people to mortgage themselves up to their necks using a model similar to that used in Indonesia, Nigeria, Colombia, and all those countries whose oil and other precious natural resources propelled them into instantaneous materialism. People were spending money in a way worthy of Hollywood.

Perkins identifies immediate problems, and provides tangible solutions that can be carried out individually on a daily basis, (i.e. spending our money only with firms that operate in a socially and environmentally sustainable way). While the solutions that Perkins proposed are not exhaustive, they do rely on the rudiments of capitalism, and therein provide a solid and realistic foundation upon which to build.
Again, I laud Perkins for writing on the vanguard. I think in doing so his work becomes subject to some inherent criticism, but also raises opportunities for further development. The following commentary is not intended to denigrate Perkins’ work in any way. To the contrary, any good work should provoke additional questions:
Part 1: The Problem- I think Perkins’ analysis of “The Problem” could be strengthened if addressed with greater academic rigor, (i.e. more citations/cross references to other works and a greater breadth of sources). His analysis, I think, will find a willing audience from those who already agree with him, and may sway some who are on the fence, but won’t win many defectors.
Caveats—
1) I recognize that I am not necessarily Perkins’ target audience, (preferring to read the notes and references as much as the actual text). Perkins writing is very readable, and as such, probably appeals to a much wider spectrum.
2) Perkins is writing about current events, so the number of credible sources out there to reference is likely limited.
3) While I have read Economic Hitman, and I’ve read The Secret History of the American Empire. I’m sure that his analysis of “The Problem” is more robust and airtight if all of his works are taken en masse. It’s a tricky balance to write in a manner that does not recover too much old ground, and yet provides enough credibility for a book to stand on its own and not invite unjust criticism.
Part 2: The Solution- As I mentioned above, Perkins’ solutions provide a foundation upon which solutions can be built. I am eager to see these solutions become further developed. Perkins suggests that we spend our money only with companies that practice sustainability, and that ultimately, market forces will drive change. I agree wholeheartedly, however, I also feel that this is not feasible in some circumstances, (i.e. monopolies), or will take longer than many are willing to wait.
First, it’s easy for me to not buy Nike, but it is difficult to choose a different power company if my current provider relies on coal generation. While I will absolutely conserve energy, I can’t see myself erecting a windmill in my suburban backyard anytime soon. How do we address situations where our choices are severely limited?
Second, rather than simply changing our spending habits, then waiting for downstream consequences to occur, I think that there are opportunities to adopt a value-added approach aimed at addressing components of the entire value chain as it exists. For example, Perkins maintains that industry has a very strong voice in shaping legislation in the US. While I recognize the value of influencing industry, (choosing where to spend our money), and thereby indirectly influencing legislation, I think that this approach is insufficient. We must also directly influence government, (as well as other willing participants), at all levels of the value-chain using a variety of methods.

The closest crises began with the US economy. One of the first signs was in the housing market, where prices reached record highs in 2005 and then began to collapse in 2006. Subsequent declines in other economic sectors further exacerbated the housing crisis. The system imploded as a result of huge operations in the subprime mortgage market by Bear Stearns, Merrill Lynch, Lehman Brothers, AIG, and the global financial community. In 2008, Lehman Brothers went bankrupt, and Bear Stearns was bailed out at the last minute when JPMorgan Chase bought the company for $2 a share. AIG, Bank of America and Citigroup would also have gone under had it not been for extreme government intervention in the form of huge bailouts. In the end, the major US financial institutions and the markets they dominate lost roughly the equivalent of the total US gross domestic product, some $14 trillion.
The global financial cataclysm spread to the entire economy. On December 30, 2008, the S&P/Case-Shiller Home Price Index plummeted like never before. Housing construction fell by 38 percent. In the first months of 2009, gross domestic product fell at an average annual rate of more than 6 percent. Industrial production fell by 13 percent. The National Bureau of Labor Statistics announced that “in April [2009], job losses were significant, affecting nearly every major private sector industry. Altogether, private sector employment lost 611,000 jobs”, and the number of unemployed increased to 13.7 million, almost 9 percent of the active population. The recession officially entered its sixteenth month in May 2009, poised to become the longest since the Great Depression.
George Soros, president of Soros Fund Management LLC and the Open Society Institute, and author of The Crash of 2008 and What It Means, shared his advice to President Barack Obama during the April 3, 2008 symposium noted above: «You have to rebuild the financial system since it cannot be restored as it was.
The economic collapse we are currently experiencing has not happened by chance, nor is it going to be fixed soon. It is the result of policies and attitudes that began before I became a GE almost 40 years ago.
Since World War II, we have dedicated ourselves to creating the first truly global empire in history. Instead of gladiators in camouflage suits, we send performers with briefcases and computer models. They applied ultra-accurate economic tools to defraud Third World countries that own precious minerals.

My work as GE promoting large infrastructure projects in Third World countries was based on a messianic faith in privatization and profit. This gospel generated the crisis that we are currently suffering: the economic collapse, and a whole series of ills, such as global warming, the violation of human rights, the widening of the gap between the rich and the poor in the world, the decrease in resources and rising prices for oil, food and other commodities. But few are aware that the policies that have caused all these phenomena are the direct result of a titan battle, a battle that changed history.
When George W. Bush was elected president, the 400 richest people in the United States owned $1 trillion. Six years later, in 2007, its value had risen 60 percent to $1.6 trillion. At the same time, the average worker’s real income fell by more than $2,000.
The fallout from Friedman’s free-market philosophy reached its peak in the final years of the Bush administration, when financial markets around the globe crashed, causing businesses to grind to a halt, companies to lay off workers, and the economy to crash. collapse in free fall. But even in the face of such staggering losses, the privileged few of the corporatocracy continued to reap huge salaries and bonuses, as if they were due. These policies resulted in those headlines that slapped us in the face the following year, upsetting the entire world throughout 2008 and 2009:

• AIG will pay $450 million in premiums.
• Executives from all over the country form a new company to benefit from mortgages and bank failures.
• Merrill Lynch paid $10 million to its top executives.
• Lawmakers question bankers about bailouts.
• Texas company accused of defrauding 8,000 million dollars.
• Repentant for their blunder, the bosses of the car companies hit the road.
• 100 former government staff members work as bank lobbyists for financial bailouts.
• Goldman Sachs reports having obtained a profit of 1,600 million dollars in the first quarter.
• The CEO of ExxonMobil receives a ten percent raise.
• According to a study, there are more salary increases than cuts for CEOs in the United States.
• Why are bankers still treated like untouchable royalty?
• AIG premiums are higher than previously disclosed.

In the war of the economic titans, Friedman defeated Keynes. The victors applied a radical system that favored a world in which millions of people face hunger and environmental degradation, and the depletion of natural resources threatens the very survival of life forms as we know them.

“There is no question that the Islamic Revolution of 1979 had its roots in the 1953 coup,” former CIA agent Bob Baer told me. Awarded the CIA’s distinguished Career Intelligence Medal, Bob was not much like George Clooney, the actor who played him in the 2005 Academy Award-winning film Syriana, based on Bob’s books See no Evil. [I see no devil] and Sleeping with the Devil [Sleeping with the devil]. Bob was handsome but he didn’t have Clooney’s irresistible charm. Bob and I were having beers at a bar in South Florida on a Sunday afternoon in 2007. He was about to finish The Devil We Know: Dealing with the New Iranian Superpower. Iranian superpower], so Iran was constantly on his mind. “Kermit affected the entire region, and by the way, the entire world. I think we can safely say that there is a direct line from him, through the Shah and the Islamic revolution, to Al Qaeda.

In early 2009, people all over the world tried to find out what had caused the global financial crash. The findings presented in a 231-page report published on March 4, 2009 by the Foundation for Consumer Education and Essential Information were summarized as follows:

The financial sector spent more than $5 billion buying political influence in Washington in the past decade, with an estimated 3,000 lobbyists achieving deregulation and other political decisions that directly led to the current financial crash… From 1998 to 2008, the firms Wall Street investment banks, commercial banks, hedge funds, real estate companies and insurance conglomerates gave $1.725 billion in political contributions, and spent another $3.4 billion on lobbyists, a financial behemoth designed to undermine federal regulation. In 2007 alone, almost 3,000 officially registered lobbyists worked for the industry. The report documents a dozen different deregulatory operations that, added together, led to the financial cataclysm. Among them we can mention the prohibitions to regulate financial derivatives; the repeal of regulatory barriers between commercial banks and investment banks; a voluntary regulation program for large investment banks; and the federal refusal to take action to stop predatory subprime lending.

The Enron-Andersen scandal wreaked havoc throughout the world’s financial communities. Hundreds of thousands of people lost their jobs, yet executives continued to assure the world that they were dedicated to the interests of shareholders. The Bush administration and members of Congress not only looked the other way but continued to favor «free market» concepts that had struck down all the regulations that had previously protected us from such charades.
We were manipulated. Those people got so much power, and we let them get away with it, because they cheated us. Of course we cooperated. We buy your propaganda. We accept «trinket capitalism.» We accept the idea that they did not need to be subject to regulation. We allowed them to convince us that by giving them the freedom to operate unhindered, somehow all of us benefited. Then, when we already knew what the matter was about, we continued to put up with them because they had deceived us.
They had cheated us as they had cheated the people of Indonesia, Colombia and Nigeria.
We had been captured and imprisoned in a cage of debt. We dared not confront them.
Ralph Waldo Emerson had already put it as simply as possible in his essay Wealth: «A man in debt is but a slave.»

As a philanthropist, Bill Gates appears to be a man of impeccable integrity. His family has donated almost 30,000 million dollars to charity as of 2008. Time magazine considered him one of the 100 most influential people of the 20th century and named him, along with his wife Melinda and Bono, the singer of the rock band U2, as «People of the Year» 2005. Bill Gates was named Manager of the Year by Chief Executive Officers magazine, and voted eighth in the list of «Heroes of our time» in 2006.
However, the Bill and Melinda Gates Foundation has been severely criticized for investing its donations in companies that are accused of contributing to poverty in the same Third World countries where the foundation’s stated goal is to alleviate poverty. Such investments include pharmaceutical companies that refuse to sell their medicines at affordable prices to developing countries, and a variety of companies that contribute greatly to their pollution. The foundation’s response to public condemnation of such investments was to announce a review of its policy in 2007 and then quietly issue a statement saying its portfolio was based on maximizing returns, not judging corporate actions.
As a young founder and CEO, Gates had a reputation for ruthlessly taking down his competitors. He and Microsoft have come under fire in many countries for business practices that are morally questionable at best and illegal at worst. Governments like Brazil have threatened to boycott Microsoft products because of the company’s ruthless tactics. During its history, Microsoft has faced hundreds of class action lawsuits and other processes. Antitrust lawsuits have been successfully brought against Microsoft in both the United States and the European Union, accusing the company of monopoly, impeding competition, and (in the United States) violating the Sherman Antitrust Act. The fine imposed on Microsoft by the European Union, of 613 million dollars, was the largest in the regulatory history of the EU.
Like the unscrupulous tycoons who pioneered the development of railroads, steel, and home appliances, Bill Gates has made astounding contributions to technology. And yet, like them, he has played a major role in widening the gap between rich and poor. Today, when the world is much more integrated than it was a century ago—thanks in part to its products—the actions of people like him have far more serious implications than ever before in history.

The modern Golden Age of Unscrupulous Tycoons began with the deregulation of the energy sector—around the time I decided to enter that industry after leaving the ranks of economic gangsters.

A direct consequence of these deregulatory measures was that the largest banks in the country bought other banks. Mergers followed buyouts, and one consolidation after another ensued. The most notorious of these was the marriage of Citibank and Travelers Group, an insurance company, and the merger of BankAmericaCorp. with Nations-Bank Corporation, which became the Bank of America and bought the seven largest banks in the United States, FleetBoston Financial and the credit card giant MBNA. Such consolidations would have been impossible under Glass-Steagall. The effects of such consolidations have haunted the administrations of George W. Bush and Barack Obama.
«When Ronnie Reagan got off his white horse,» Joe Cogen told me over lunch after we sold our company to Ashland Oil, «and became the corrupt sheriff character, he opened the cell doors and freed all the thieves and crooks. It’s all these upper-class guys, the ones wearing coats and ties, like the CEO of Ashland. But don’t let appearances fool you: they are just a bunch of thieves with no laws to stop them.»
Unfortunately, the deregulation operation was accompanied by a movement to legalize misleading accounting. In their eagerness to improve short-term profits, the executives of our large companies designed a system that failed to include some very important real costs.

The current economic crisis reflects our unwillingness to ‘pay full price when it’s time’. It is as if we were still shopping on sale in a huge shopping mall. Unfortunately, our children and their children will not only have to pay the full price for their products, but they will also have to bear the expenses that we do not pay. And with interest.
A man who fully understands the dilemma facing our progeny has been accused by the CIA of being a «terrorist.» He is indeed a visionary, a revolutionary who stood shoulder to shoulder with gun-wielding soldiers in the mountains of Central America. He is also a Catholic priest. He today occupies one of the most influential venues in the world.
When countries experienced economic problems and were unable to repay loans, they were forced to accept Structural Adjustment Programs (SAPs) that forced client countries to drastically reduce public spending, raise interest rates ( often up to 30 percent or higher), privatize sectors of their economies, and sell national assets to multinational companies.
SAPs have been harshly condemned by political and social scientists around the world because:
1. threaten national sovereignty and undermine the democratic process, transferring control to foreigners;
2. They benefit the largest donors (especially the United States, the European Union, Canada and Japan), whose companies end up owning the privatized sectors and whose financial institutions receive high-interest payments;
3. They privatize resources that have been in the public domain;
4. encourage the exploitation of workers by foreign companies and corrupt local officials by pushing for more lax labor and environmental regulations and loopholes in tax law;
5. oppose agricultural and land reforms, thereby protecting the aristocracy and facilitating the growth of slums and poverty;
6. increase the use of fertilizers and pesticides that harm the environment and make farmers dependent on foreign chemical companies;
7. force cuts in health, education, and other social services by diverting money toward interest payments;
8. They disenfranchise women, who dominate the workforce in education, health and other social services, and
9. Cause the abandonment of women and children, as farmers migrate to cities and other countries.
The knowledge that Washington and its allied financial institutions knowingly harmed so many sovereign countries has had serious negative effects on America’s reputation in the world. The message that our strategies are focused on exploiting rather than helping countries has caused a disturbing rift between those who provide the resources and those who consume them. The political gap in turn plays an important role in further exacerbating the economic crisis.

The current economic meltdown has highlighted the importance of regulating and curbing those who control companies that profit from the misuse of words like terrorism and perpetrate other scams. We recognize today that executives are not a race immune to corruption. Like the rest of us, they have to be bound by rules. And yet it is not enough that we reinstate the regulations that separate investment banks from commercial banks and insurance companies; It is not enough to reinstate anti-usury laws and impose guidelines to ensure that consumers will not be burdened by loans they cannot repay. We cannot simply go back to the solutions that worked before. We will only protect the future by adopting new strategies that favor social and environmental responsibility.
One of the world’s greatest spiritual leaders, the Dalai Lama, understands and defends the above. He voiced his own version of a call to action to me one morning as I sat next to him on a plane over the Himalayas.

The empires of the past expanded through military conquest. That has already changed. The forces that now control the world have not been created by armies but by companies. We have to act, but we don’t have to take up arms to transform them.
The next chapters present a strategy for making change in five areas of action:
1. Assuming our responsibility as consumers.
2. Create a new economy.
3. Adopt attitudes that encourage good management and design a new kind of hero.
4. Apply new rules to business and government.
5. Be consistent with our own ideas.

If only a few of us, a critical mass – a small percentage of the population – managed to influence each of these areas, we would achieve change. And we would live to see it.

It is up to us to reverse the process that spread the mutant virus of capitalism that infected our economy. It is up to us to stimulate the acceleration of recent trends, to let our leaders know that what we really want is healthy food, clean air and water, affordable health care, the security that we will be taken care of when we retire, legal systems that protect us. us and our rights; in short, a peaceful, just and sustainable world. We want it for ourselves, for our children and for everyone on the planet. The time has come for us to recognize and reward those men and women who strive to achieve those goals.
Those leaders will understand the need to restore rules that protect against the abuses that have caused the current economic crises. They will also recognize the need to go further and institute for the first time in history regulations that prioritize a sustainable environment and a just and peaceful world for the future.
The weakening of laws and organizations that previously protected the public interest has been disastrous; Some of the more obvious and burdensome examples discussed earlier in this book include:
• The deregulation of the energy, transport, communications, banking, finance and insurance sectors.
• Having stopped capping usurious interest rates.
• The acceptance of false accounting standards that do not take externalities into account.
• The creation of international agreements, such as NAFTA, CAFTA and other «free market» zones around the world that have constituted licenses to loot.
• The imposition of Structural Adjustment Programs (SAP) on other countries and the resulting privatization of their resources.

Legislation of rules and regulations is considered by most of us to be the work of elected rulers. Although this is technically true, those rulers look to us for guidance in their decisions. As consumers, it is our job to let the big companies know that we want better controls. As voters, it is our responsibility to demand legislation that protects us and our children from the kinds of abuse that are causing so much suffering across the planet today.
We have the power to make it happen. All we need is to exploit our individual passions and talents.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/12/20/confesiones-de-un-ganster-economico-john-perkins/

https://weedjee.wordpress.com/2022/08/11/la-historia-secreta-del-imperio-americano-gansteres-economicos-asesinos-a-sueldo-y-toda-la-verdad-sobre-la-corrupcion-global-john-perkins-the-secret-history-of-the-american-empire-econo/

https://weedjee.wordpress.com/2022/08/12/manipulados-un-ganster-economico-revela-por-que-la-economia-mundial-se-ha-venido-abajo-y-que-hacer-para-rehacerla-john-perkins-hoodwinked-an-economic-hit-man-reveals-why-the-world-financ/

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