La Historia Secreta Del Imperio Americano: Gánsteres Económicos, Asesinos A Sueldo Y Toda La Verdad Sobre La Corrupción Global — John Perkins / The Secret History of the American Empire: Economic Hit Men, Jackals & the Truth about Global Corruption by John Perkins

¿Qué es exactamente un imperio? América, con su magnífica constitución, su Declaración de Derechos y su defensa de la democracia, ¿merece realmente un calificativo que trae a la mente una larga historia de conducta brutal y egoísta?Imperio: nación-estado que domina a otras naciones-estado y que exhibe una o más de las siguientes características: 1) explota recursos de los territorios que domina; 2) consume grandes cantidades de recursos, unas cantidades desproporcionadas al tamaño de su población con respecto a la de otras naciones; 3) mantiene un gran ejército para reforzar su política cuando fallan medidas más sutiles; 4) propaga su lengua, literatura, arte y otros aspectos de su cultura a través de su esfera de influencia; 5) cobra impuestos no sólo a sus propios ciudadanos sino también a gente de otros países, y 6) impone su propia moneda en los territorios bajo su control.
Estados Unidos exhibe todas las características de un imperio global. Washington luchó por convencer al mundo para que continuase aceptando el dólar como patrón monetario. Debido al caso de lavado de dinero por parte de Arabia Saudita que yo ayudé a montar a principios de la década de 1970, la casa real saudita se comprometió a vender petróleo únicamente en dólares estadounidenses. Dado que los sauditas controlaban los mercados del petróleo, el resto de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) se vio obligado a acceder. Mientras el petróleo siguiese reinando como el recurso supremo, el dominio del dólar como moneda estándar mundial estaba asegurado; y continuaría el impuesto indirecto.
La base del poder de la corporatocracia son sus corporaciones. Ellas definen nuestro mundo. Cuando miramos un globo
terráqueo vemos los contornos de algo menos de doscientos países. Muchas de las fronteras fueron establecidas por las potencias coloniales, y la mayoría de esos países tiene un impacto mínimo sobre sus vecinos. Desde un punto de vista geopolítico este modelo es arcaico; la realidad del mundo moderno estaría mejor representada por unas espesas nubes que rodeasen nuestro planeta, cada una simbolizando una corporación. Esas poderosas entidades impactan sobre cada país. Sus tentáculos alcanzan hasta las selvas más profundas y los desiertos más remotos.La corporatocracia monta un espectáculo para promover la democracia y la transparencia entre las naciones del mundo, pero sus corporaciones son dictaduras imperialistas en las que unos pocos toman todas las decisiones y acaparan la mayor parte de los beneficios.

Es un libro excelente escrito por una fuente fidedigna que no lo hace de manera distante del tema, sino desde una experiencia directa vivida hace poco tiempo.
«Guerras, presidentes democráticos asesinados, trabajadores en condiciones infrahumanas… La globalización, dice Perkins, no es más que una corrupción global, el robo y el expolio sistemático de los países ricos a los más pobres. Pero un sistema basado en la inestabilidad no es seguro ni sostenible y sólo conociendo la magnitud de los hechos podremos rectificar».
Interesante y convincente, pero algo anticuado. A menos que sea un estudiante de historia estadounidense reciente, probablemente encontrará mucha de esta información en los «documentos de ayer». El optimismo expresado en la última sección del libro probablemente tuvo más tracción en el momento en que se escribió este libro (finales de Bush hijo, primeros de Obama) para un cambio social serio. Sin embargo, las formas en que la “corporatocracia” (anteriormente conocida como el “Complejo Militar/Industrial” contra el que advirtió Eisenhower) y nuestro gobierno (con la cooperación voluntaria de “hombres fuertes” corruptos) están hasta el día de hoy alegre y ocupados jodiendo el masas apiñadas en Asia, América Latina y África simplemente no creo que sea una preocupación apremiante para la mayoría de los ciudadanos estadounidenses, incluso para aquellos que no están obsesionados con Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grandioso. En particular, las personas que no quieren reconocer en absoluto, suponiendo que siquiera sepan, el grado en que EE.UU. es cómplice y el «titiritero» de gran parte de los conflictos y la agitación política en curso (y la miseria humana que crea) del mundo, que fue tan rampante en las administraciones de Clinton (¿Alguien del TLCAN?) y Obama como en los regímenes de Bush II y Trump. Quiero decir, ¿quién quiere que le recuerden cómo nuestro propio “nivel de vida” ha sido pagado en gran parte por el empobrecimiento y la opresión de los demás?. Uno de los anacronismos evidentes en este libro es la simpatía no disimulada de Perkins por Hugo Chávez de Venezuela, quien todavía estaba en una ola de popularidad internacional en el momento en que se escribió este libro. Bueno, todos sabemos qué pasó con su tipo de populismo y dónde está Venezuela ahora. Sin embargo, una advertencia en el libro que suena verdadera y oportuna es el concepto expresado por muchos activistas y fundadores de ONG de que “a menos que todos los niños tengan un futuro, ningún niño tiene un futuro”. Eso, en sí mismo, es un llamado a la acción si está preocupado por el calentamiento global, la expoliación ambiental y la explotación humana. Perkins es una voz valiosa, pero hay que estar dispuesto a escuchar y separar el trigo de la paja. En estos tiempos, ese no es un pasatiempo popular.

Cuando llegué a Indonesia en 1971, el objetivo de la política exterior norteamericana estaba claro: detener el comunismo y apoyar al presidente. Esperábamos que Suharto sirviese a Washington de la misma forma que el sha de Irán. Ambos se parecían: codiciosos, presumidos y despiadados. Aparte de ansiar su petróleo deseábamos que Indonesia sirviese de ejemplo para el resto de Asia y la totalidad del mundo musulmán.Mi empresa, MAIN, estaba encargada de desarrollar sistemas eléctricos integrados que permitieran a Suharto y a sus compinches industrializar y hacerse todavía más ricos, y asegurar el dominio norteamericano a largo plazo. Mi trabajo consistía en elaborar los estudios económicos necesarios para obtener financiación del Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo y la Agencia Norteamericana para el Desarrollo Internacional (USAID, en las siglas inglesas).No mucho después de que llegara a Yakarta, el equipo de MAIN se reunió en un elegante restaurante del último piso del Hotel Intercontinental Indonesia. Charlie Illingworth, el mánager de proyectos, resumió nuestra misión: «No estamos aquí únicamente para salvar a este país de las garras del comunismo».
Y añadió: «Todos sabemos cuánto depende nuestro país del petróleo. Indonesia puede ser un poderoso aliado en este sentido. O sea que, por favor, mientras lleváis a cabo este plan principal, haced todo cuanto esté en vuestras manos para aseguraros de que la industria del petróleo y sus subsidiarias —puertos, oleoductos, empresas de construcción— obtienen toda la electricidad que necesitan para los veinticinco años que durará este plan».
Durante aquellos años volví frecuentemente a Indonesia. El Banco Mundial y sus afiliados, así como el gobierno de Suharto, supieron apreciar la predisposición de MAIN a facilitar los informes necesarios para asegurar amplios préstamos que beneficiarían a las corporaciones norteamericanas y a los dirigentes indonesios. No les importaba que esos préstamos fuesen a dejar al país fuertemente endeudado. Para los bancos, ello formaba parte del plan. Y en lo relativo a Suharto, al invertir en el extranjero una fortuna personal que crecía vertiginosamente, se blindaba a sí mismo frente a una futura bancarrota de Indonesia.A lo largo de los años mis misiones me llevaron a poblados idílicos en las montañas de Java, a playas remotas a lo largo de las costas y a exóticas islas. La lengua, Bahasa Indonesia, la inventaron unos lingüistas tras la Segunda Guerra Mundial para ayudar a unificar las islas; su simplicidad me permitió aprender lo básico rápidamente.

Algunas de las peores transgresiones de los derechos humanos e infracciones medioambientales empezaron en Timor Oriental cuando yo vivía en Ujung Pandang. Como Sulawesi, Timor Oriental era una isla remota a la que se consideraba rica en depósitos de gas y petróleo, aparte de poseer oro y manganeso. A diferencia de Sulawesi, que formaba parte de Indonesia, Timor Oriental había sido gobernada por los portugueses durante cuatro siglos. Mientras que el 90 por ciento de los indonesios era musulmán, en Timor Oriental predominaban los católicos.Timor Oriental se autoproclamó independiente de Portugal el 28 de noviembre de 1975. Nueve días después Indonesia lo invadió. Se cree que las brutales fuerzas de ocupación causaron la muerte de 200.000 personas, un tercio de la población de la isla. Documentos desclasificados por el Archivo de Seguridad Nacional establecen que el gobierno de Estados Unidos no sólo facilitó las armas utilizadas en la masacre, sino que aprobó explícitamente la invasión. De acuerdo con esa documentación, el presidente Gerald Ford y el secretario de Estado Henry Kissinger se reunieron con Suharto el 6 de diciembre de 1975 y aceptaron su plan de ataque, que fue llevado a cabo al día siguiente. Los documentos revelan asimismo que la administración Carter bloqueó la desclasificación de esa información en 1977.
La masacre de Timor Oriental fue una de las muchas políticas de estado policíaco llevadas a cabo bajo el mandato de Suharto. Durante la década de 1970, enviar al ejército a esas regiones de mentalidad liberal se justificaba como necesario para detener el comunismo. La idea de que la mayoría de las rebeliones estaban provocadas por un desesperado deseo de liberarse del régimen represivo de Suharto y de que los rebeldes se volvían hacia países como China sólo como último recurso —para recibir ayuda médica y militar— era ignorada por el grueso de la prensa estadounidense. La prensa también ignoraba el hecho de que apoyar a Suharto servía a los intereses de la corporatocracia.
Otras víctimas del «milagro económico» fueron las culturas indígenas de los bugi, los dyak, los melanesios, etcétera; les arrebataron sus tierras, y sus vidas y sus tradiciones quedaron destruidas. Este genocidio moderno no puede ser medido únicamente en términos de sufrimiento humano: es un ataque al alma de la humanidad, y es especialmente descorazonador a la luz de genocidios anteriores, incluidos los cometidos en Estados Unidos contra la población indígena. Al tiempo que éstos se condenan, el modelo se repite, y financiado por el gobierno de Estados Unidos y nuestras corporaciones.
La relación entre las clases dirigentes de Indonesia, el gobierno de Estados Unidos y las corporaciones internacionales da una idea de los métodos empleados por la corporatocracia del mundo entero tras la Segunda Guerra Mundial. En gran parte, la construcción del imperio se ha llevado a cabo en secreto. Puesto que la democracia implica un electorado informado, esos métodos suponen una amenaza directa para el más preciado ideal de América. También sirven como un perturbador comentario acerca de los resultados de mi trabajo y el de tantos «expertos del desarrollo».

La corporatocracia, por su parte, utilizando herramientas como el FMI o el Banco Mundial y contando con el apoyo de la CIA y de chacales en caso de necesidad, estaba practicando una nueva forma de conquista: el imperialismo mediante el subterfugio. Cuando la conquista se hacía por medio de las armas, todo el mundo sabía que era una conquista. Si conquistas con los gánsteres económicos puedes hacerlo en secreto. Ello planteaba la cuestión acerca de qué peaje debía pagar por tal ocultamiento una democracia que presupone un electorado informado. Si los votantes ignoran las herramientas más poderosas de sus líderes, ¿puede una nación llamarse democracia?.

Cuanto más pensaba en la explotación de Bolivia por las empresas extranjeras y el papel que yo había desempeñado en ello en tanto que gánster económico, más furioso me ponía y más me deprimía. Consideré la posibilidad de viajar a La Paz o a Colombia o a uno de los restantes países de habla hispana y unirme a un movimiento de resistencia. Se me ocurrió que era lo que hubiese hecho Tom Paine. Entonces caí en la cuenta de que en lugar de usar un arma él hubiese empuñado la pluma. Me pregunté cómo podría ser más eficaz.La respuesta empezó a materializarse durante uno de mis viajes con organizaciones no lucrativas que trabajaban en Guatemala. Hablando con un líder maya decidí que debía regresar al territorio shuar de Ecuador, donde había vivido como voluntario de los Cuerpos de Paz más de veinte años atrás. Estaba, ahora lo veo, extremadamente confuso, y desgarrado entre viejas fidelidades a los colegas GE, la conciencia de culpa, el deseo de exponer el mal que yo había hecho y la adicción a ese vicio que tanto se ha extendido en nuestra sociedad, el materialismo.
En Brasil, la arrolladora victoria de Luiz Inácio «Lula» da Silva en 2002 impulsó aún más los movimientos nacionalistas. Fundador del progresista Partido de los Trabajadores en 1980, Lula era un político con un prolongado historial a favor de la reforma social; exigía que Brasil dedicase sus riquezas naturales a ayudar a los pobres e insistía en auditar unas deudas brasileñas con el FMI que consideraba ilegales. Al ganar las elecciones con más del 60 por ciento de los votos, Lula se unió a Chávez como una de las nuevas leyendas vivas del continente. La voz de que los hasta entonces privados de voto estaban llegando al poder se extendió desde los pueblos más remotos de la cima de los Andes hasta lo más profundo de las selvas.Latinoamérica se envalentonó. Por vez primera en la historia reciente, se veía la posibilidad de liberarse del yugo de Estados Unidos.Dos países se vieron particularmente influidos por los éxitos de Chávez y Lula. Ambos tenían también una amplia población indígena y ambos poseían recursos de gas y petróleo que eran codiciados por la corporatocracia. Eran asimismo dos países con los que yo mantenía relaciones personales muy estrechas: Ecuador y Bolivia.
Bolivia, como Ecuador y Venezuela, comenzó el siglo XXI con protestas contra las empresas extranjeras que robaban sus recursos. Manifestaciones, boicots y huelgas detenían las actividades comerciales en las calles de La Paz y en muchas otras ciudades. Aunque encabezados por los líderes aymara y quechua, los pueblos indígenas no estaban solos; sindicatos y organizaciones civiles les apoyaban.A diferencia de Ecuador y Venezuela, la causa inmediata del malestar no era el petróleo; era el agua. Durante la década de 1990, cada vez resultaba más evidente que el agua se iba a convertir pronto en uno de los recursos más valiosos del planeta. La corporatocracia comprendió que si controlaba los suministros de agua podría manipular economías y gobiernos.Los alborotos en Bolivia fueron detonados una vez más por el Banco Mundial y el FMI. En 1999, las dos organizaciones insistieron en que el gobierno boliviano vendiera el sistema de aguas público de su tercera ciudad más grande, Cochabamba, a una filial del gigante de la ingeniería Bechtel, como parte de una nueva ronda de SAPs. Ante la insistencia del Banco Mundial, Bolivia también acordó cargar los costes asociados al suministro de agua a todos los consumidores, fuera cual fuera su capacidad económica, un acto contrario a las tradiciones indígenas, que sostienen que todas las personas tienen derecho al agua, sea cual sea su estatus económico.

Para muchos latinoamericanos, Evo Morales simbolizaba la anti-corporatocracia, el movimiento en favor de los pobres. Vestido con un jersey, un poncho y un gorro de lana andino, se atrevió a hacer alarde de sus humildes raíces. Proclamó ante el mundo sin alterarse la grandeza de su pueblo, explicando que porque hubiera estado sometido durante siglos, ello no significaba que no fuera a luchar ahora por sus tierras y su orgullo. Explotación no era equivalente a inferioridad. La pobreza material no era signo de incompetencia moral.Al anunciar que se presentaba a presidente, prometió luchar contra las corporaciones extranjeras decididas a robarles los recursos y desafiar la exigencia de Estados Unidos de que su pueblo destruyera sus cultivos de coca. Haciendo hincapié en que la planta sólo se convierte en un problema después de ser transformada en cocaína y enviada fuera de Bolivia, insistió en que la cuestión de la droga debía ser abordada con respecto al consumidor.

Durante la primera mitad del siglo XX el petróleo se distinguió como el recurso más valioso de todos los tiempos. Se convirtió en la fuerza motriz de la modernización. Procurarse un suministro fiable se convirtió en la piedra angular de la política exterior. La obsesión por el petróleo de Japón fue un factor importante en la decisión de atacar Pearl Harbor. La Segunda Guerra Mundial elevó aún más el estatus del petróleo. Propulsaba tanques, aeroplanos y buques; un país combatiente sin petróleo estaba condenado.El petróleo también pasó a ser la herramienta más poderosa de la corporatocracia.
Estados Unidos experimentó graves problemas en casa. El proceso de ampliación de la base de poder de la corporatocracia endeudó profundamente a nuestra nación. Cada vez más, las fábricas que producían nuestros productos, así como los campos petrolíferos, estaban situados en otros países. Los acreedores extranjeros solicitaban pagos en oro. La administración Nixon respondió en 1971 revocando el patrón oro.Ahora Washington se enfrentaba a un nuevo dilema. Si nuestros acreedores acudían a otras monedas, la corporatocracia podía verse obligada a devolver sus préstamos al valor que tenían con relación al oro cuando se contrajeron dichas deudas. Esto podría resultar desastroso, porque los fondos de la corporatocracia ya no eran suficientes para hacer frente a la deuda. El único centinela que impedía el paso a la bancarrota era la Casa de la Moneda norteamericana, con su capacidad de acuñar dólares e imponer su valor. Era necesario que el mundo siguiera aceptando el dólar como estándar monetario.
Cuando Tel Aviv y Washington arrinconaron al mundo árabe, a los árabes no les quedó otra opción que contraatacar, con la Guerra del Yom Kippur y mediante el embargo de la OPEP. Ello fue lo que movió a la acción al Departamento del Tesoro norteamericano. Se reclutó a los gánsteres para que fraguaran un trato con Arabia Saudita que aliara al dólar con el petróleo. El dólar fue coronado rey y desde entonces no ha tenido rival.Esta operación cambió la geopolítica. Ayudó a derribar a la Unión Soviética, estableció a Estados Unidos como superpotencia incontestada y enfureció a Osama Bin Laden, el millonario saudita que planearía el 11-S.Cuando miro hacia atrás, me quedo asombrado del descaro que teníamos en aquellos días. A menudo pienso en el papel que el destino desempeña en nuestras vidas; el destino y la manera que tenemos de reaccionar ante él. Personalmente, nunca habría podido asumir una misión tan compleja como aquélla sin el entrenamiento que había recibido pocos años antes en el Líbano.

Puede parecer que la corporatocracia está ganando ese referéndum en lugares como Dubai. Pero si vemos en la televisión los canales de noticias de Irán, Irak, Egipto, Líbano, Israel y Siria, comprenderemos que Dubai es una anomalía, el espejismo de un oasis en el desierto. Cuando nos acercamos al final de la primera década del siglo XXI, la única conclusión es que la corporatocracia nos ha conducido hacia un abismo de proporciones históricas.Y en ningún lugar ese abismo es más profundo que en África.

Las corporaciones modernas tienen todos los derechos de los individuos pero ninguna de sus responsabilidades. De hecho, tienen licencia para robar. Desde el punto de vista económico, no existe ninguna otra palabra para ello. Saquean a los pobres y a las generaciones con tal de enriquecer a los ricos. Mientras dirigía aquellos talleres y pensaba más en estos asuntos caí en la cuenta de que una cosa es comprender que debemos insistir en que hay que realizar cambios fundamentales en nuestras corporaciones, y otra muy distinta convencer a la gente de que podemos lograr que ello ocurra. ¿Cuáles son los equivalentes contemporáneos de Bunker Hill, Trenton y Saratoga? ¿Cuáles son los puntos de apoyo que nos dan esperanza?.
RAN es sólo una de las organizaciones que demuestran que las corporaciones son vulnerables, que pueden cambiar
y que cambiarán. En los siguientes capítulos describiré los métodos que una serie de ONG han aplicado con éxito. Éstas han obligado a los gigantes de la industria a limpiar ríos contaminados, retirar aerosoles que destruyen la capa de ozono, proteger especies en peligro, abrir las puertas a las minorías, acabar con la discriminación de género y poner en práctica una amplia gama de otras políticas que contemplan los derechos civiles, sociales y ambientales, así como cuestiones humanitarias. Métodos similares pueden aplicarse a cambiar los objetivos fundamentales de las corporaciones, para transformarlas en buenas ciudadanas del mundo que sirvan a los intereses de las sociedades y del medio ambiente en lugar de a una pequeña aristocracia local.
Debido a la política y acciones de la corporatocracia…
•Más de la mitad de la población mundial sobrevive con menos de 2 dólares al día, aproximadamente los mismos ingresos reales que tenían hace treinta años.
•Más de 2.000 millones de personas carecen de acceso a los servicios básicos, como electricidad, agua potable, instalaciones sanitarias, vivienda, teléfono, policía y protección contra incendios.
•Según un estudio del Comité Económico Conjunto del Congreso de Estados Unidos, los proyectos patrocinados por el Banco Mundial presentan un porcentaje de fracaso del 55 al 60 por ciento.
•El coste del pago del interés de la deuda del Tercer Mundo es mayor que todo el gasto del Tercer Mundo en educación y casi el doble de la cantidad que reciben esos países cada año en ayuda extranjera. A pesar de todo lo que se dice sobre que debe ser condonada, la deuda del Tercer Mundo crece cada año, y actualmente se aproxima a los 3 billones de dólares. El récord no es alentador.
•El superávit comercial de los países en vías de desarrollo en la década de 1970, de 1.000 millones de dólares, se convirtió en 11.000 millones de déficit al comienzo del nuevo milenio y continúa creciendo.
•La propiedad de la riqueza del Tercer Mundo está hoy más concentrada que antes del desarrollo de infraestructuras masivas de la década de 1970 y la oleada de privatización de 1990. En muchos países, el 1 por ciento de los hogares posee más del 90 por ciento de toda la riqueza privada.
•Las compañías transnacionales se han hecho con el control de la mayor parte de la producción y el comercio en los países en vías de desarrollo. Por ejemplo, el 40 por ciento del café mundial es comercializado por cuatro empresas, y 30 cadenas de supermercados representan casi un tercio de las ventas mundiales de comestibles. Un puñado de empresas petrolíferas y extractoras de otros recursos controlan no sólo los mercados sino también los gobiernos de los países que poseen los recursos.
•La codicia corporativa fue puesta de manifiesto cuando Exxon Mobil anunció otra cifra récord de beneficios en el segundo trimestre de 2006, 10.400 millones de dólares, la segunda cifra de beneficios más alta obtenida por una empresa norteamericana.
•Estados Unidos ocupó el puesto 53 en la lista World Press Freedom de 2006 (en comparación con el puesto 17 de 2002)
y ha sido severamente criticado por Reporteros sin Fronteras y otras ONG por encarcelar e intimidar a periodistas.
•La deuda nacional de Estados Unidos (la cantidad de dinero debida por el gobierno federal a acreedores que poseen instrumentos de deuda norteamericanos), la mayor del mundo, alcanzó los 8,5 billones de dólares en agosto de 2006, el equivalente
a 28.500 dólares por ciudadano norteamericano; estaba creciendo en 1.700 millones al día. Un gran porcentaje de esta deuda es propiedad de los bancos centrales de Japón y China y de miembros de la UE, lo que nos coloca en una posición extremadamente vulnerable ante ellos.
•La deuda externa norteamericana (la deuda total pública y privada de no residentes reembolsable en moneda extranjera, bienes o servicios) es también la mayor del mundo, estimada en 9 billones de dólares en 2005.

MoveOn ha utilizado Internet como un foro de libre expresión. Entre las campañas de MoveOn se pueden citar las siguientes:
•Poner fin al genocidio en Darfur (Sudán).
•Aprobar leyes que exijan que los votos queden registrados en las máquinas de votación.
•Financiar públicamente las campañas políticas y acabar con la dependencia de los candidatos de los donantes corporativos.
•Prohibir la tortura en las instalaciones controladas por Estados Unidos.
•Hacer que los paneles solares formen parte de la política de la Comisión de Servicios Públicos.
•Incrementar la conciencia pública sobre los peligros de las amenazas norteamericanas de utilizar la «opción nuclear».
•Proteger la seguridad social.
•Prohibir que los medios sigan concentrándose en unas pocas corporaciones.

Animo a todo el mundo a unirse a organizaciones activistas. A lo largo de la Historia, los movimientos civiles, como los Hijos de la Libertad durante la Revolución Americana, han sido fundamentales para nuestra democracia.
Poseemos los recursos que necesitamos para crear un mundo estable, sostenible y pacífico. La corporatocracia nos los ha suministrado. Las redes de educación, de comunicaciones, de transporte y financieras, los minerales y otros recursos, la información científica y los adelantos tecnológicos están aquí a nuestra disposición. Podemos evitar que los niños mueran de hambre o enfermedad, suministrar los servicios básicos, salvar la brecha entre ricos y pobres, y podemos asegurarnos de que las corporaciones paguen lo que corresponde a las comunidades en las que operan. Pero la clave es que usted y yo lo declaremos abiertamente.Además del engaño y el secreto, la corporatocracia prospera en el letargo. Cuenta con que vamos a permanecer pasivos, a aceptar sus anuncios como si fueran el evangelio, a comprar inconscientemente y permitirle que siga destrozando nuestro planeta. Esto debe parar. Cada uno de nosotros debe despertar. Pasar a la acción es la única manera. Ha llegado la hora de que seamos nosotros quienes pasemos a la acción. Hemos adquirido todo lo que necesitamos para alcanzar un nuevo ideal. Tenemos todos los recursos, las redes y sistemas. En los últimos años también hemos descubierto que tenemos la voluntad. Nosotros —ustedes y yo— poseemos las herramientas necesarias. Hoy es el día para empezar a cambiar realmente el mundo.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/12/20/confesiones-de-un-ganster-economico-john-perkins/

https://weedjee.wordpress.com/2022/08/11/la-historia-secreta-del-imperio-americano-gansteres-economicos-asesinos-a-sueldo-y-toda-la-verdad-sobre-la-corrupcion-global-john-perkins-the-secret-history-of-the-american-empire-econo/

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What exactly is an empire? Does America, with its magnificent constitution, its Bill of Rights, and its defense of democracy, really deserve a label that brings to mind a long history of brutal and selfish behavior? Empire: a nation-state that dominates other nation-states and that exhibits one or more of the following characteristics: 1) exploits resources of the territories it dominates; 2) consumes large amounts of resources, amounts disproportionate to the size of its population with respect to that of other nations; 3) he maintains a large army to enforce his policy when more subtle measures fail; 4) propagates its language, literature, art, and other aspects of its culture throughout its sphere of influence; 5) it taxes not only its own citizens but also people from other countries, and 6) it imposes its own currency on the territories under its control.
The United States exhibits all the characteristics of a global empire. Washington struggled to convince the world to continue accepting the dollar as a monetary standard. Due to the Saudi money laundering case that I helped set up in the early 1970s, the Saudi royal house committed to selling oil only in US dollars. Since the Saudis controlled the oil markets, the rest of OPEC (Organization of Petroleum Exporting Countries) was forced to agree. As long as oil reigned as the supreme resource, the dollar’s dominance as the world’s standard currency was assured; and the indirect tax would continue.
The power base of the corporatocracy is its corporations. They define our world. When we look at a globe
Earth we see the outlines of just under two hundred countries. Many of the borders were established by colonial powers, and most of those countries have minimal impact on their neighbors. From a geopolitical point of view, this model is archaic; the reality of the modern world would be best represented by thick clouds surrounding our planet, each one symbolizing a corporation. These powerful entities impact every country. Its tentacles reach into the deepest jungles and the most remote deserts. The corporatocracy puts on a show to promote democracy and transparency among the nations of the world, but its corporations are imperialist dictatorships in which a few make all the decisions and monopolize the power most of the benefits.

It is an excellent book written by a reliable source that does not do so distantly from the subject, but from a direct experience lived a short time ago.
«Wars, assassinated democratic presidents, workers in subhuman conditions… Globalization, says Perkins, is nothing more than global corruption, theft and systematic plundering of the poorest from the richest countries. But a system based on instability It is not safe or sustainable and only knowing the magnitude of the facts will we be able to rectify».
Interesting and compelling, but somewhat dated. Unless you’re a student of recent American history, you’ll probably find a lot of this information “yesterday’s papers”. The optimism expressed in the last section of the book probably had more traction at the time this book was written (late Bush II, early Obama) for serious social change. However, the ways in which the “corporatocracy” (formerly known as the “Military/Industrial Complex” that Eisenhower warned against) and our government (with the wiling cooperation of corrupt “strong men”) are to this day happily and busily screwing the huddled masses in Asia, Latin America and Africa I just don’t think is a pressing concern with most American citizens, even those who are not fixated on Making America Great Again. Particularly people who don’t want to acknowledge at all, assuming they even know, the degree to which the USA is both complicit in and the “puppet master” for much of the ongoing strife and political upheaval (and the human misery it creates) of the world – which was as rampant in the Clinton (NAFTA anyone?) and Obama administrations as in the Bush II and Trump regimes. I mean, who wants to be reminded how our own “standard of living” has been paid for in large part by the impoverishment and oppression of others? “Sorry, I gave at the office.” One of the glaring anachronisms in this book is Perkins’ undisguised sympathy for Venezuela’s Hugo Chavez who was still riding a wave of international popularity about the time this book was written. Well, we all know what happened to his brand of populism and where Venezuela is now. Nevertheless, one warning in the book that rings true and timely is the concept expressed by many activists and NGO founders that “unless all children have a future, no child has a future.” That, in itself, is a call to action if you’re at all concerned about global warming, environmental spoliation, and human exploitation. Perkins is a valuable voice, but you have to be willing to listen and sort the wheat from the chaff. In these times, that’s not a popular pastime.

When I arrived in Indonesia in 1971, the objective of American foreign policy was clear: stop communism and support the president. We expected Suharto to serve Washington in the same way as the Shah of Iran. They both looked alike: greedy, boastful and ruthless. Aside from craving its oil, we wanted Indonesia to serve as an example to the rest of Asia and the entire Muslim world. secure long-term American dominance. My job was to prepare the necessary economic studies to obtain financing from the World Bank, the Asian Development Bank, and the United States Agency for International Development (USAID). Not long after I arrived in Jakarta, the MAIN met in an elegant restaurant on the top floor of the Intercontinental Hotel Indonesia. Charlie Illingworth, the project manager, summed up our mission: «We’re not here just to save this country from the clutches of communism».
He added: “We all know how much our country depends on oil. Indonesia can be a powerful ally in this regard. So please, while you carry out this main plan, do everything in your power to make sure that the oil industry and its subsidiaries – ports, pipelines, construction companies – get all the electricity they need for the twenty-five years that this plan will last».
During those years I frequently returned to Indonesia. The World Bank and its affiliates, as well as the Suharto government, appreciated MAIN’s willingness to provide the reports necessary to secure large loans that would benefit US corporations and Indonesian leaders. They didn’t care that those loans were going to leave the country heavily indebted. For the banks, this was part of the plan. And as for Suharto, by investing a rapidly growing personal fortune abroad, he was insulating himself against future Indonesian bankruptcy. Over the years my missions took me to idyllic villages in the mountains of Java , to remote beaches along the coasts and to exotic islands. The language, Bahasa Indonesia, was invented by linguists after World War II to help unify the islands; its simplicity allowed me to learn the basics quickly.

Some of the worst human rights and environmental violations started in East Timor when I lived in Ujung Pandang. Like Sulawesi, East Timor was a remote island believed to be rich in oil and gas deposits, as well as holding gold and manganese. Unlike Sulawesi, which was part of Indonesia, East Timor had been ruled by the Portuguese for four centuries. While 90 percent of Indonesians were Muslim, East Timor was predominantly Catholic. East Timor declared itself independent from Portugal on November 28, 1975. Nine days later Indonesia invaded. The brutal occupation forces are believed to have killed 200,000 people, a third of the island’s population. Documents declassified by the National Security Archive establish that the US government not only provided the weapons used in the massacre, but also explicitly approved the invasion. According to that documentation, President Gerald Ford and Secretary of State Henry Kissinger met with Suharto on December 6, 1975, and agreed to his plan of attack, which was carried out the next day. The documents also reveal that the Carter administration blocked the declassification of that information in 1977.
The East Timor massacre was one of many police state policies carried out under Suharto. During the 1970s, sending the army into these liberal-minded regions was justified as necessary to stop communism. The idea that most rebellions were sparked by a desperate desire to break free from the repressive Suharto regime and that the rebels turned to countries like China only as a last resort – for medical and military aid – was ignored by the bulk of the population. of the American press. The press also ignored the fact that supporting Suharto served the interests of the corporatocracy.
Other victims of the «economic miracle» were the indigenous cultures of the Bugi, the Dyak, the Melanesians, etc.; Their land was taken from them, and their lives and traditions were destroyed. This modern genocide cannot be measured solely in terms of human suffering: it is an attack on the soul of humanity, and it is especially disheartening in light of previous genocides, including those committed in the United States against indigenous people. As these are condemned, the pattern is being repeated, and funded by the US government and our corporations.
The relationship between the ruling classes of Indonesia, the US government and international corporations gives an idea of the methods used by the corporatocracy of the entire world after World War II. For the most part, empire building has been carried out in secret. Since democracy implies an informed electorate, these methods pose a direct threat to America’s most cherished ideal. They also serve as a disturbing commentary on the results of my work and that of so many «development experts».

The corporatocracy, for its part, using tools such as the IMF or the World Bank and counting on the support of the CIA and jackals in case of need, was practicing a new form of conquest: imperialism through subterfuge. When the conquest was made by means of arms, everyone knew that it was a conquest. If you conquer with the economic gangsters you can do it in secret. This raised the question of what toll a democracy that presupposes an informed electorate should pay for such concealment. If voters ignore the most powerful tools of their leaders, can a nation call itself a democracy?

The more I thought about the exploitation of Bolivia by foreign companies and the role I had played in it as an economic gangster, the angrier I became and the more depressed I became. I considered traveling to La Paz or Colombia or one of the other Spanish-speaking countries and joining a resistance movement. It occurred to me that this was what Tom Paine would have done. Then it dawned on me that instead of using a gun he would have wielded the pen. I wondered how I could be more effective. The answer began to materialize during one of my trips with non-profit organizations working in Guatemala. Talking with a Mayan leader, I decided that he should return to the Shuar territory of Ecuador, where he had lived as a Peace Corps volunteer more than twenty years earlier. I was, I see now, extremely confused, and torn between old loyalties to my GE colleagues, the conscience of guilt, the desire to expose the wrong I had done, and the addiction to that vice that has become so widespread in our society, the materialism.
In Brazil, the landslide victory of Luiz Inácio “Lula” da Silva in 2002 further fueled nationalist movements. Founder of the progressive Workers’ Party in 1980, Lula was a politician with a long record in favor of social reform; he demanded that Brazil dedicate its natural resources to helping the poor and insisted on auditing Brazilian debts with the IMF that he considered illegal. By winning the elections with more than 60 percent of the vote, Lula joined Chavez as one of the continent’s new living legends. The word that the hitherto disenfranchised were coming to power spread from the most remote villages on the top of the Andes to the depths of the jungles. Latin America was emboldened. For the first time in recent history, the possibility of breaking free from the yoke of the United States was in sight. Two countries were particularly influenced by the successes of Chavez and Lula. Both also had a large indigenous population and both possessed oil and gas resources that were coveted by the corporatocracy. They were also two countries with which I had very close personal relations: Ecuador and Bolivia.
Bolivia, like Ecuador and Venezuela, began the 21st century with protests against foreign companies that stole their resources. Demonstrations, boycotts, and strikes halted commercial activities on the streets of La Paz and in many other cities. Although led by Aymara and Quechua leaders, the indigenous peoples were not alone; unions and civil organizations supported them. Unlike Ecuador and Venezuela, the immediate cause of the unrest was not oil; it was the water. During the 1990s, it became increasingly clear that water was soon to become one of the most valuable resources on the planet. The corporatocracy understood that if it controlled water supplies it could manipulate economies and governments. The riots in Bolivia were sparked once again by the World Bank and the IMF. In 1999, the two organizations insisted that the Bolivian government sell the public water system of its third largest city, Cochabamba, to a subsidiary of engineering giant Bechtel, as part of a new round of SAPs. At the insistence of the World Bank, Bolivia also agreed to charge the costs associated with water supply to all consumers, regardless of their economic capacity, an act contrary to indigenous traditions, which hold that all people have the right to water, regardless of their economic capacity. whatever your economic status.

For many Latin Americans, Evo Morales symbolized the anti-corporatocracy, the movement in favor of the poor. Dressed in a sweater, a poncho and an Andean wool hat, he dared to flaunt his humble roots. He calmly proclaimed to the world the greatness of his people, explaining that because he had been subjugated for centuries, it did not mean that he would not now fight for his lands and his pride. Exploitation was not equivalent to inferiority. Material poverty was not a sign of moral incompetence. In announcing that he was running for president, he promised to fight foreign corporations determined to steal his resources and to defy the United States’ demand that his people destroy their coca crops. Emphasizing that the plant only becomes a problem after it is transformed into cocaine and shipped out of Bolivia, he insisted that the drug issue must be addressed with respect to the consumer.

During the first half of the 20th century, oil stood out as the most valuable resource of all time. It became the driving force of modernization. Securing a reliable supply became the cornerstone of foreign policy. Japan’s obsession with oil was a major factor in the decision to attack Pearl Harbor. World War II further elevated the status of oil. It powered tanks, airplanes, and ships; a fighting country without oil was doomed. Oil also became the most powerful tool of the corporatocracy.
The United States experienced serious problems at home. The process of expanding the power base of the corporatocracy has left our nation deeply indebted. Increasingly, the factories that produced our products, as well as the oil fields, were located in other countries. Foreign creditors demanded payments in gold. The Nixon administration responded in 1971 by repealing the gold standard. Now Washington faced a new dilemma. If our creditors turned to other currencies, the corporatocracy could be forced to repay their loans at the value they were relative to gold when those debts were contracted. This could prove disastrous, because the funds of the corporatocracy were no longer sufficient to meet the debt. The only sentinel that prevented the passage to bankruptcy was the United States Mint, with its ability to mint dollars and impose their value. It was necessary for the world to continue to accept the dollar as the monetary standard.
When Tel Aviv and Washington cornered the Arab world, the Arabs were left with no choice but to fight back, with the Yom Kippur War and through the OPEC embargo. This was what moved the US Treasury Department to action. Gangsters were recruited to cut a deal with Saudi Arabia that would ally the dollar with oil. The dollar was crowned king and since then has had no rival. This operation changed geopolitics. It helped bring down the Soviet Union, established the United States as an uncontested superpower, and infuriated Osama Bin Laden, the Saudi millionaire who would mastermind 9/11. Looking back, I am amazed at the nerve we had in those days. I often think about the role that fate plays in our lives; destiny and the way we have to react to it. Personally, I would never have been able to take on a mission as complex as this one without the training I had received a few years earlier in Lebanon.

It may seem like the corporatocracy is winning that referendum in places like Dubai. But if we watch TV news channels from Iran, Iraq, Egypt, Lebanon, Israel and Syria, we will understand that Dubai is an anomaly, the mirage of an oasis in the desert. As we approach the end of the first decade of the 21st century, the only conclusion is that the corporatocracy has led us into an abyss of historic proportions. And nowhere is that abyss deeper than in Africa.

Modern corporations have all the rights of individuals but none of their responsibilities. In fact, they have a license to steal. From an economic point of view, there is no other word for it. They plunder the poor and the generations in order to enrich the rich. As I led those workshops and thought more about these issues, I realized that it’s one thing to understand that we need to insist on fundamental changes in our corporations, and quite another to convince people that we can make it happen. What are the contemporary equivalents of Bunker Hill, Trenton, and Saratoga? What are the points of support that give us hope?
RAN is just one of the organizations showing that corporations are vulnerable, that they can change
and that they will change. In the following chapters I will describe methods that have been successfully applied by a number of NGOs. They have forced industry giants to clean up polluted rivers, remove ozone-destroying aerosols, protect endangered species, open doors to minorities, end gender discrimination, and implement a wide range of other policies that contemplate civil, social and environmental rights, as well as humanitarian issues. Similar methods can be applied to changing the fundamental goals of corporations, to transform them into good citizens of the world serving the interests of societies and the environment rather than a petty local aristocracy.
Due to the politics and actions of the corporatocracy…
•More than half of the world’s population survives on less than $2 a day, roughly the same real income as thirty years ago.
•More than 2 billion people lack access to basic services, such as electricity, drinking water, sanitation, housing, telephones, police and fire protection.
•According to a study by the Joint Economic Committee of the United States Congress, projects sponsored by the World Bank have a failure rate of 55 to 60 percent.
•The cost of paying interest on Third World debt is greater than all Third World spending on education and almost double the amount those countries receive each year in foreign aid. Despite all the talk about it being forgiven, Third World debt grows every year, and is currently approaching $3 trillion. The record is not encouraging.
•The trade surplus of the developing countries in the 1970s, of 1,000 million dollars, became an 11,000 million deficit at the beginning of the new millennium and continues to grow.
•Ownership of Third World wealth is more concentrated today than it was before the massive infrastructure development of the 1970s and the wave of privatization in the 1990s. In many countries, 1 percent of households own more than 90 percent of all private wealth.
•Transnational companies have taken control of most of the production and trade in developing countries. For example, 40 percent of the world’s coffee is traded by four companies, and 30 supermarket chains account for nearly a third of global grocery sales. A handful of oil and other resource extraction companies control not only the markets but also the governments of the countries that own the resources.
•Corporate greed was on display when Exxon Mobil announced another record earnings figure in the second quarter of 2006, $10.4 billion, the second-highest earnings figure for a North American company.
•The United States ranked 53rd on the 2006 World Press Freedom list (compared to 17th in 2002)
and has been severely criticized by Reporters Without Borders and other NGOs for jailing and intimidating journalists.
•The US national debt (the amount of money owed by the federal government to creditors holding US debt instruments), the largest in the world, reached $8.5 trillion in August 2006, the equivalent
at $28,500 per US citizen; it was growing by 1.7 billion a day. A large percentage of this debt is owned by the central banks of Japan and China and members of the EU, which puts us in an extremely vulnerable position against them.
•US foreign debt (the total public and private debt of non-residents repayable in foreign currency, goods or services) is also the largest in the world, estimated at 9 trillion dollars in 2005.

MoveOn has used the Internet as a forum for free expression. MoveOn campaigns include the following:
•Put an end to the genocide in Darfur (Sudan).
•Pass laws that require votes to be recorded in voting machines.
•Publicly finance political campaigns and end candidates’ dependency on corporate donors.
•Prohibit torture in facilities controlled by the United States.
•Make solar panels part of Public Utility Commission policy.
•Increase public awareness of the dangers of US threats to use the «nuclear option.»
•Protect social security.
•Prohibit the media from concentrating on a few corporations.

I encourage everyone to join activist organizations. Throughout history, civil movements, such as the Sons of Liberty during the American Revolution, have been fundamental to our democracy.
We have the resources we need to create a stable, sustainable and peaceful world. The corporatocracy has supplied them to us. Educational, communications, transportation and financial networks, minerals and other resources, scientific information and technological advances are here at our disposal. We can prevent children from dying of hunger or disease, provide basic services, bridge the gap between rich and poor, and we can ensure that corporations pay their dues to the communities in which they operate. But the key is for you and me to declare it openly. In addition to deception and secrecy, the corporatocracy thrives on torpor. He is counting on us to stand by, accept his ads as gospel, buy unconsciously and allow him to continue destroying our planet. This must stop. Each of us must wake up. Taking action is the only way. The time has come for us to take action. We have acquired everything we need to reach a new ideal. We have all the resources, the networks and systems. In recent years we have also discovered that we have the will. We—you and I—possess the necessary tools. Today is the day to start really changing the world.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/12/20/confesiones-de-un-ganster-economico-john-perkins/

https://weedjee.wordpress.com/2022/08/11/la-historia-secreta-del-imperio-americano-gansteres-economicos-asesinos-a-sueldo-y-toda-la-verdad-sobre-la-corrupcion-global-john-perkins-the-secret-history-of-the-american-empire-econo/

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