La Bajamar — Aroa Moreno Durán / Low Tide by Aroa Moreno Durán (spanish book edition)

No les enseñaban a nadar. A pesar de vivir en la ría. El agua estaba muy fría porque era noviembre. El agua estaba negra. Los peces arañaban calor de la superficie. Cuando el niño se cansó de mover los brazos y se hundió, ya nadie pudo ver más. Todavía se levantaba un poco de espuma cuando el otro niño dijo desde el pretil que un perro se había caído. Después, se arrepintió y pidió ayuda.
Una pescadora, acercándose a la ría, gritó que nadie se tirara. Ya que nadie se tire o serán dos los cuerpos. Y nadie se tiró. Los pescadores de las escaleras no levantaron la cabeza de los nudos. Las barcas siguieron recibiendo brochazos de pintura. La fábrica escupía su humo negro en la parte nueva.
A la bajamar, sobre el fondo de cieno, boca abajo y con las manos abiertas sobre el suelo negro, el niño pequeño quedó al descubierto.

Esta es una historia que trata sobre el dolor que causa hacer daño. O el miedo que provoca. O la soledad. O todo esto junto.
Es una historia de tres mujeres con relaciones complicadas. Cada una de ellas conoce lo que es la crianza en sus respectivos (y muy difíciles) contextos históricos, lo cual provoca esta tensión. No es una tensión derivada de una mala relación, sino, como ya he dicho, del miedo y el dolor.
La narración es muy bonita, aunque me costó ordenar a cada protagonista en el árbol genealógico. Me ha gustado que cada capítulo vaya alternando la historia de cada mujer pues, aunque al principio puede resultar complejo ubicarse, se hace muy ameno y ayuda a comprender mejor a cada una de las protas de esta historia.
En definitiva, os recomiendo este libro si os apetece una lectura pausada, tranquila y que, a pesar de su corta longitud, requiere de tiempo para comprender. También si os gusta una narración poco común con un lenguaje poco coloquial.
Esta es la historia de tres mujeres, una abuela, una madre, una hija, tres generaciones que se han enfrentado a situaciones muy distintas, afrontando la vida y la maternidad como han podido y sabido. Y en ese camino han habido y hay tantas idas y venidas… Como la fuerza de las mareas su vida y sus relaciones están en continuo movimiento, dejando ver a veces solo lo que hay en la superficie, y dejando en la profundidad secretos, silencios, palabras no dichas, hasta que llega, inevitablemente, la bajamar. Y muestra lo que estaba escondido. Como veis el título no es casual, y me ha parecido una imagen tan reveladora y acertada a la vez que bonita… Pero es que nada en esta novela lo es. Está cuidada al detalle, me ha parecido tan trabajada y redonda, que todo está como tiene que estar, de principio a fin, en un círculo perfecto. Hasta la voz narrativa de cada una de las protagonistas es como es por un motivo, y a mí me parece que Aroa lo ha hecho muy bien.
Yo no puedo hacer más que recomendarla porque tiene de todo, vais a encontrar historia de nuestro país en la guerra civil y, más tarde, durante el conflicto vasco con ETA hasta la actualidad, emoción, reflexiones, tres personajes muy bien construidos y una narración muy personal, con mucha sensibilidad pero también crudeza. Bajamar, cuyo título no es casual, nos narra la historia de tres generaciones de mujeres: Adi, Ariadna y Ruth. Las tres mujeres vascas poderosas que tendrán que enfrentarse a la maternidad y al hecho de ser mujer de una manera diferente dada la casuística que sufren en sus vidas. Sin duda este es el elemento que más te hace conectar con la obra. Esa manera de encajar las piezas de las tres, como se va desarrollando la historia hacia un rumbo fijo pero con una velocidad discontinua. La autora, con gran maestría, se adentra en el alma de las protagonistas y nos ofrece la posibilidad de sentir todos sus pesares. Desde la época de ETA hasta más o menos la actualidad, la Bajamar nos habla de que ser madre no es sencillo y no siempre se hace bien aunque se quiera, porque querer no significa hacerlo bien.
Si pudiera expresaros con la sensibilidad que guardan estas páginas mi opinión os diría que aunque para mí no es un libro redondo porque me he sentido más identificada con Adi que con ninguna otra y me centraba más en su historia, mentiría si no os dijese que cometí un error. Porque la autora no pretende comparaciones de a ver quien ha sufrido más, quería hacernos llegar la voz de las tres para que a partir de sus experiencias supiéramos que no es fácil vivir para lo que establece la sociedad.
Nunca se debe caer en el juicio hacia lo ajeno, sean personas o lo material, porque en lo propio encontraremos huecos por rellenar con los que debatir con nosotros mismos.

Vivíamos en duelo interminable. Sí se sentía culpable. Si digo la verdad, yo recuerdo solo ya la historia que nos repetían y al niño que veo en esa foto. Poco más de mi hermano. Poco de antes de marcharnos nosotras. La memoria es así. Cuanto más haces por iluminar un recuerdo a conciencia, otro se va apagando.

Los dos empezarán a saber qué significa que ella no esté, aunque él tardará todavía un tiempo en dimensionar el portazo. Una casa se convierte en otro espacio cuando falta para siempre uno de sus habitantes. Ella no se ha ido en defensa propia, pero tampoco ha tenido que esperar la llegada de ninguna catástrofe que provoque que ese grito infantil en mitad de la noche no sea contestado. Se ha adelantado tanto a su premonición que ella misma ha encendido la mecha. Ha sido ella y no otra cosa, no una enfermedad del cuerpo, no la muerte súbita, no el deterioro de las células quien ha dicho: Hasta aquí. Ni siquiera hacía falta esa radicalidad hasta que dejó que se convirtiera en algo incontestable. Ha puesto por encima la felicidad de una niña alejando la sombra de una madre que está triste.

¿Sabes lo que me gusta de los niños? Que no se compadecen de sí mismos. No se tienen pena. Están como en otra realidad más simple. Pero, no te creas, son capaces de detectar cualquier tristeza de los adultos. Puedes engañarlos, pero no se les pueden guardar secretos. Se dan cuenta de la violencia, aunque no hablemos de ella cuando están delante. Esos silencios se les quedan. Es algo de la supervivencia. Somos animales. No somos otra cosa más que animales. Y es como si se fueran haciendo marcas en nosotros y en ellas se acumularan los años. Mírame a mí. Y un día, sin darte cuenta, cuando estás visitando a un familiar lejano o te sientes desprotegido, cuando estás como fuera de lugar, zas, te encuentras ante una angustia que no esperabas. Entonces, el adulto se da cuenta de algo que estaba ahí, como si abriera una caja, y se acuerda de algo y reconoce el origen. Lo reconoce con agobio. Como cuando de pronto te acuerdas de una deuda que te has olvidado de pagar.

… Es el niño débil que no respira. Es la madre que lo mueve, que abre las puertas del armario. Matías. Matías. Es entonces el grito más ronco. El animal de la furia. La salida de la cueva. Y los dos hombres entrando en la habitación. La mujer llora. Los hombres miran el desgarro. El suelo, la mujer de rodillas, el niño en brazos. Los hombres piensan que ahí no queda llaga en la que hundir el dedo.
La casa entera huele a vacío.
Inventará una historia.
Esto no se contará en voz alta.

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They were not taught to swim. Despite living in the estuary. The water was very cold because it was November. The water was black. The fish scratched heat from the surface. When the boy got tired of moving his arms and sank, no one could see anymore. He was still foaming up a bit when the other boy said from the parapet that a dog had fallen. Later, he repented and asked for help.
A fisherwoman, approaching the estuary, shouted that no one should jump in. Since no one jumps or there will be two bodies. And no one jumped. The fishermen on the stairs did not raise their heads from the knots. The boats continued to receive brushstrokes of paint. The factory belched its black smoke into the new part.
At low tide, on the muddy bottom, face down and with his hands open on the black ground, the little boy was exposed.

This is a story about the pain of hurting. Or the fear it provokes. Or loneliness. Or all this together.
It is a story of three women with complicated relationships. Each of them knows what parenting is in their respective (and very difficult) historical contexts, which causes this tension. It is not a tension derived from a bad relationship, but, as I have already said, from fear and pain.
The narration is very beautiful, although it was difficult for me to order each protagonist in the family tree. I liked that each chapter alternates the story of each woman because, although at first it can be difficult to locate oneself, it becomes very enjoyable and helps to better understand each of the protagonists of this story.
In short, I recommend this book if you fancy a leisurely, calm reading that, despite its short length, requires time to understand. Also if you like an unusual narration with a little colloquial language.
This is the story of three women, a grandmother, a mother, a daughter, three generations who have faced very different situations, coping with life and motherhood as they could and knew how. And on that path there have been and there are so many comings and goings… Like the force of the tides, his life and his relationships are in continuous movement, sometimes revealing only what is on the surface, and leaving secrets in the depths, silences, unspoken words, until the low tide inevitably arrives. And shows what was hidden. As you can see, the title is not accidental, and it seemed to me such a revealing and successful image as well as beautiful… But nothing in this novel is. It is taken care of in detail, it has seemed so worked and round, that everything is as it should be, from start to finish, in a perfect circle. Even the narrative voice of each of the protagonists is the way it is for a reason, and it seems to me that Aroa has done it very well.
I can only recommend it because it has everything, you will find the history of our country in the civil war and, later, during the Basque conflict with ETA to the present day, emotion, reflections, three well-constructed characters and a narration very personal, with a lot of sensitivity but also rawness. Bajamar, whose title is not accidental, tells us the story of three generations of women: Adi, Ariadna and Ruth. The three powerful Basque women who will have to face motherhood and the fact of being a woman in a different way given the casuistry they suffer in their lives. Without a doubt, this is the element that makes you connect the most with the work. That way of fitting the pieces of the three, as the story unfolds towards a fixed course but with a discontinuous speed. The author, with great mastery, delves into the soul of the protagonists and offers us the possibility of feeling all her sorrows. From the time of ETA to more or less today, the Bajamar tells us that being a mother is not easy and it is not always done well even if you want to, because wanting does not mean doing it well.
If I could express to you with the sensitivity that these pages hold, my opinion would tell you that although for me it is not a complete book because I have felt more identified with Adi than with any other and I focused more on her story, I would be lying if I did not tell you that I committed a mistake. Because the author does not intend comparisons to see who has suffered the most, she wanted us to get the voice of the three so that from her experiences we would know that it is not easy to live for what society establishes.
One should never fall into the judgment towards what is foreign, be they people or material, because in our own we will find gaps to fill with which to debate with ourselves.

We lived in endless mourning. Yes he felt guilty. To tell the truth, I only remember the story they told us and the boy I see in that photo. Little more than my brother. Shortly before we left. Memory is like that. The more you do to consciously illuminate a memory, another fades away.

The two will begin to know what it means that she is not there, although it will still take him some time to measure the slam of the door. A house becomes another space when one of its inhabitants is missing forever. She hasn’t gone in self-defense, but she hasn’t had to wait for any catastrophe to go unanswered that childish cry in the middle of the night. She has gotten so far ahead of her premonition that she has lit the fuse herself. It has been her and not something else, not a disease of the body, not sudden death, not the deterioration of the cells who has said: So far. That radicalism was not even needed until she let it become something incontestable. She has put above the happiness of a girl removing the shadow of a mother who is sad.

Do you know what I like about children? They don’t feel sorry for themselves. They are not sorry. They are like in another simpler reality. But, don’t believe it, they are capable of detecting any sadness in adults. You can trick them, but you can’t keep secrets from them. They notice the violence, even if we don’t talk about it when they are in front of it. Those silences stick with them. It’s a survival thing. We are animals. We are nothing but animals. And it is as if marks were being made on us and the years accumulated on them. Look at me. And one day, without realizing it, when you are visiting a distant relative or you feel unprotected, when you feel out of place, bang, you find yourself facing an anguish that you did not expect. Then, the adult realizes something that he was there, as if he opened a box, and he remembers something and recognizes the origin. He admits it with embarrassment. Like when you suddenly remember a debt you forgot to pay.

… It is the weak child who does not breathe. It is the mother who moves it, who opens the closet doors. Matthias. Matthias. It is then the hoarsest cry. The animal of fury. The exit of the cave. And the two men entering the room. The woman cries. The men look at the tear. The ground, the woman on her knees, the child in her arms. Men think that there is no sore left in which to sink their finger.
The whole house smells empty.
He will make up a story.
This will not be told out loud.

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