Los Perezosos — Charles Dickens, Wilkie Collins / The Lazy Tour Of Two Idle Apprentices by Charles Dickens, Wilkie Collins

Otoño de 1857. Dos escritores y buenos amigos abandonaron su trabajo y se embarcaron en un «viaje perfectamente ocioso». Charles Dickens y Wilkie Collins adoptaron nombres navideños: Francis Goodchild y Thomas Idle, respectivamente. ‘No tenían intención de ir a ningún lugar en particular; no querían ver nada, no querían saber nada, no querían aprender nada, no querían hacer nada. Sólo querían estar ociosos. ¡Qué dicha!
Seguí su aventura y resolución de estar inactivo y me dieron una idea de las idiosincrasias de los dos escritores y cómo no podrían ser más diferentes entre sí. Mientras que Thomas era un «holgazán nacido y criado, un holgazán constante», Francis era «laboriosamente ocioso» y no podía quedarse quieto. El primero se contentó con acostarse en un sofá y mirar al vacío, decidido a estar felizmente ocioso. Este último siempre estaba despierto, mirando por la ventana, revisando las tiendas y arrastrando a su amigo ocioso con él (¡incluyendo una montaña de 1500 pies en Carrock Fell bajo la lluvia y la niebla!). Parte de la diversión fue escuchar a escondidas sus bromas humorísticas. En Allonby, en la costa escocesa, realmente no había mucho que hacer o ver. Y me reía cada vez que escuchaba a Francis decir de manera poco convincente, para gran exasperación de Thomas: “Ahí está el mar, y aquí están los camarones; – ¡Vamos a comerlos!
Siendo este un esfuerzo de escritura conjunto entre Dickens y Collins, fue interesante para mí descifrar qué capítulos llevaban las marcas registradas de su estilo de escritura. Como era de esperar de la escritura de Collin, había una escalofriante historia de misterio contada por un médico rural a Francis sobre un estudiante de medicina empobrecido (Andrew Holliday) que fue descubierto muerto en una posada. Que no tuviera nombre y que su padre lo abandonara me recordó a las dos hermanas huérfanas de la novela de Collins, Sin nombre. Había otra historia de fantasmas inquietante de un manicomio que me recordó las historias de fantasmas que escribió Dickens.
Los Perezosos fue una lectura ligera y atractiva; sin embargo, hubo capítulos donde la narración se hizo pesada y comencé a sentirme cansado como Tomás conquistando la montaña. Dicho esto, fue maravilloso ver a dos escritores divirtiéndose escribiendo esta historia juntos y compartiendo un chiste a sus expensas.
Charles Dickens y Wilkie Collins deciden dejar a su empleadora, Lady Literature, y emprender una gira por el norte de Inglaterra. Asumen las identidades de Francis Goodchild (Dickens) y Thomas Idle (Collins). Idle prefiere no hacer absolutamente nada, pero Goodchild es «laboriosamente ocioso» y solo se siente ocioso si está haciendo algo que es una pérdida de tiempo. A medida que los dos holgazanes se abren camino a través del norte en sus formas idiosincrásicas dispares, se produce una leve hilaridad y cuentos fantásticos. Collins escribió las primeras tres partes de su cuaderno de viaje ficticio, y Dickens las dos últimas partes…

Los descarriados jóvenes que de aquel modo eludieron sus deberes hacia la señora cuyos múltiples favores habían recibido, actuaban movidos por la vil idea de emprender un viaje realmente ocioso a cualquier parte. No tenían intención de dirigirse a ningún sitio en particular; no querían ver nada, no querían conocer nada, no querían aprender nada, no querían hacer nada. Lo único que querían era permanecer ociosos.
Tomaron los nombres de Thomas Idle y Francis Goodchild inspirados en las viñetas de Hogarth; pero no existía entre ellos ni un ápice de diferencia moral, y ambos eran holgazanes en grado sumo.
Lo que, sin embargo, sí había entre Francis y Thomas era la siguiente diferencia de carácter: Goodchild era laboriosamente perezoso, y habría afrontado toda clase de penas y fatigas para demostrarse a sí mismo su propia holgazanería; en definitiva, no tenía otra idea mejor de la ociosidad sino la de que era una laboriosidad inútil. Thomas Idle, por su parte, era un holgazán al más puro estilo irlandés o napolitano; un holgazán pasivo, un holgazán innato, un holgazán consecuente, que practicaba lo que habría predicado de no haber sido demasiado holgazán para predicar; un completo y perfecto crisólito de holgazanería.
Los dos aprendices holgazanes se encontraron, a las pocas horas de su escapada, caminando por el norte de Inglaterra.

Las mañanas de mercado, Carlisle se animaba de manera asombrosa y se convertía, para los dos aprendices holgazanes, en una población no tan acogedora, demasia­do atareada. Junto al río se situaban los tratantes de gana­do vacuno, ovino y porcino; los Rob Roys de rostro enjuto y cabello greñudo ocultaban sus atuendos propios de las Tierras Bajas cubriéndose con las grandes capas escocesas de lana llamadas plaids, y deambulaban de acá para allá entre los animales, perfumando el aire con vapores de whisky. Al final de la calle principal se encontraba el mercado de cereales, donde se regateaba bulliciosamente junto a los sacos abiertos. Asimismo, el mercado tenía su emplazamiento en la calle, con ramos de brezo aún colmados de flores purpúreas y admirables canastos de retama, frescos y primitivos; donde mujeres elegían zuecos y gorras en los puestos al aire libre y junto a las paradas que vendían Biblias. El «Dispensario del doctor Mantle para la cura de todas las enfermedades humanas y consejo gratuito» y el «Laboratorio de ciencias médicas, químicas y botánicas»…

La mención de las carreras de Doncaster que hizo el médi­co de Cumberland inspiró al señor Francis Goodchild la idea de acercarse a Doncaster para asistir a ellas. Puesto que Doncaster estaba bastante lejos y muy apartado de la ruta de los aprendices holgazanes (suponiendo que algo pudiera estar apartado de su ruta, ya que no tenían ruta), la consecuencia inmediata fue que Francis consideró que durante la semana de las carreras Doncaster sería, de todas las in­dolencias posibles, la única que le satisfaría por completo.
Thomas, con una holgazanería autoimpuesta que reforzaba su indolencia natural, no compartía esa opinión.
Thomas y Francis llegaron a Leeds, de cuyo bullicioso e importante centro comercial puede decirse con delicadeza que, para bien o para mal, no deja a nadie indiferente. Al día siguiente, el primero de la semana de carreras, tomaron el tren en dirección a Doncaster.
Y de inmediato el carácter de los viajeros y de los ferroviarios cambió por entero, y cualquier asunto, cualquier negocio que no tuviera que ver con las carreras de­sapareció de la faz de la tierra. La conversación giraba exclusivamente en torno a los caballos y a John Scott. Los guar­dafrenos, cubriéndose la boca con la mano, susurraban a los jefes de estación cosas sobre caballos y sobre John Scott. Hombres vestidos de chaqué y con corbatas moteadas prendidas mediante distintivas agujas, las piernas recias abultando dentro de pantalones ceñidos con el fin de que se asemejasen lo más posible a las patas de un equino, iban de un lado a otro, por parejas, en las estaciones de enlace, hablando bajo y en tono malhumorado sobre caballos y de John Scott.
Apropiado final para la Gran Semana de Carreras.

Libros del autor comentados en el blog (Dickens):

https://weedjee.wordpress.com/2013/07/10/para-leer-al-anochecer-cuentos-de-fantasmas-charles-dickens/

https://weedjee.wordpress.com/2015/03/29/el-misterio-de-edwin-drood-charles-dickens/

https://weedjee.wordpress.com/2015/05/31/el-grillo-del-hogar-charles-dickens/

https://weedjee.wordpress.com/2019/02/14/cancion-de-navidad-el-manga-charles-dickens-variety-artworks-a-christmas-carol-manga-version-by-charles-dickens-variety-artworks/

https://weedjee.wordpress.com/2020/10/27/memorias-de-joseph-grimaldi-charles-dickens-memoirs-of-joseph-grimaldi-by-charles-dickens/

https://weedjee.wordpress.com/2022/07/30/los-perezosos-charles-dickens-wilkie-collins-the-lazy-tour-of-two-idle-apprentices-by-charles-dickens-wilkie-collins/

Libros del autor (Wilkie Collins) comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/12/28/la-dama-de-blanco-wilkie-collins-the-woman-in-white-by-wilkie-collins/

https://weedjee.wordpress.com/2013/07/13/la-respuesta-es-no-wilkie-collins/

https://weedjee.wordpress.com/2020/04/12/la-piedra-lunar-wilkie-collins-the-moonstone-by-wilkie-collins/

https://weedjee.wordpress.com/2022/07/30/los-perezosos-charles-dickens-wilkie-collins-the-lazy-tour-of-two-idle-apprentices-by-charles-dickens-wilkie-collins/

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Autumn 1857. Two writers and good friends abandoned their work and embarked on a ‘perfectly idle trip.’ Charles Dickens and Wilkie Collins took on holiday names – Francis Goodchild and Thomas Idle, respectively. ‘They had no intention of going anywhere in particular; they wanted to see nothing, they wanted to know nothing, they wanted to learn nothing, they wanted to do nothing. They wanted only to be idle.’ What bliss!
I followed their adventure and resolve to be idle and was treated to some insight into the idiosyncrasies of the two writers and how they could not be more unlike each other. Whereas Thomas was a ‘born-and bred idler, a consistent idler’, Francis was ’laboriously idle’ and could not keep still. The former was content to lay down on a sofa and stare into space, determined to be happily idle. The latter was always up and about, looking out the window, checking out the shops, and dragging his idle friend with him (including up a 1500 feet mountain at Carrock Fell in the rain and mist!). Part of the fun was eaves dropping on their humorous banter. At Allonby by the Scottish coast, there really was not much to do or see. And I laughed every time I hear Francis say unconvincingly, much to Thomas’ exasperation, “There is the sea, and here are the shrimps; – let’s eat ‘em’!”
This being a joint writing effort between Dickens and Collins, it was interesting for me to decipher which chapters bore the trademarks of their writing style. As one would expect of Collin’s writing, there was a chilling mystery story told by a country doctor to Francis of an impoverished student doctor (Andrew Holliday) who was discovered dead at an inn. That he had no name and was abandoned by his father reminded me of the two orphan sisters in Collins’ novel, No Name. There was another unsettling ghost story of an asylum that reminded me of the ghost stories Dickens wrote.
Lazy Tour of Two Idle Apprentices was a light and engaging read; however, there were chapters where the narration plodded and I began to feel weary like Thomas conquering the mountain. That said, it was lovely to see two writers having fun writing this story together and sharing a joke at their own expense.
Charles Dickens and Wilkie Collins decide to leave their employer, Lady Literature, and go for a tour of the north of England. They assume the identities of Francis Goodchild (Dickens) and Thomas Idle (Collins). Idle prefers to do absolutely nothing, but Goodchild is «laboriously idle» and only feels idle if he is actively doing something that is a waste of time. As the two idlers idle their way through the North in their disparate idiosyncratic ways mild hilarity and tall tales ensue. Collins wrote the first three parts of their fictionalised travelogue, and Dickens the final two parts…

The misguided young men who thus shied away from their duties to the lady whose manifold favors they had received, acted on the vile idea of undertaking a really idle journey anywhere. They had no intention of heading anywhere in particular; they didn’t want to see anything, they didn’t want to know anything, they didn’t want to learn anything, they didn’t want to do anything. All they wanted was to remain idle.
They took the names of Thomas Idle and Francis Goodchild inspired by Hogarth’s cartoons; but there was not an iota of moral difference between them, and both were lazy in the highest degree.
What, however, there was between Francis and Thomas was the following difference in character: Goodchild was laboriously lazy, and would have gone to all kinds of hardship and toil to prove to himself his own laziness; in short, he had no better idea of idleness than that it was useless industry. Thomas Idle, for his part, was a loafer in the purest Irish or Neapolitan style; a passive lazybones, a born lazybones, a consistent lazybones, practicing what he would have preached had he not been too lazy to preach; a complete and perfect chrysolite of laziness.
The two lazy apprentices found themselves, within hours of their escapade, walking through the north of England.

On market mornings, Carlisle perked up amazingly and became, for the two lazy apprentices, a not-so-welcoming, too-busy town. Beside the river were cattle, sheep and pig dealers; the lean-faced, shaggy-haired Rob Roys concealed their Lowland garb under the great woolen Scottish cloaks called plaids, and wandered back and forth among the animals, scenting the air with whiskey fumes. At the end of the main street was the grain market, where there was noisy haggling over open sacks. Likewise, the market had its location in the street, with bunches of heather still full of purple flowers and admirable baskets of broom, fresh and primitive; where women chose clogs and caps from outdoor stalls and next to stands selling Bibles. «Dr. Mantle’s Dispensary for the Cure of All Human Diseases and Free Advice» and the «Laboratory of Medical, Chemical, and Botanical Sciences»…

Mention of the Doncaster races by the Cumberland doctor inspired Mr. Francis Goodchild to come to Doncaster to attend them. Since Doncaster was quite far and well off the lazy apprentices’ route (assuming anything might be off their route, since they had no route), the immediate consequence was that Francis felt that during the race week Doncaster would be , of all the possible indolences, the only one that would satisfy him completely.
Thomas, with a self-imposed laziness that reinforced his natural indolence, did not share that opinion.
Thomas and Francis arrived in Leeds, whose bustling and important commercial center can be delicately said that, for better or worse, leaves no one indifferent. The next day, the first of racing week, they took the train to Doncaster.
And immediately the character of travelers and railwaymen changed completely, and any matter, any business that did not have to do with racing disappeared from the face of the earth. The conversation revolved exclusively around the horses and John Scott. The brakemen, covering their mouths with their hands, whispered to the station masters about horses and about John Scott. Men dressed in cutaways and speckled ties pinned by distinctive pins, their stout legs bulging into tight-fitting trousers to resemble as much as possible the legs of a horse, paced back and forth, in pairs, in the link stations, talking low and sulky about horses and John Scott.
A fitting end to the Big Week of Racing.

Books from the author (Dickens) commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2013/07/10/para-leer-al-anochecer-cuentos-de-fantasmas-charles-dickens/

https://weedjee.wordpress.com/2015/03/29/el-misterio-de-edwin-drood-charles-dickens/

https://weedjee.wordpress.com/2015/05/31/el-grillo-del-hogar-charles-dickens/

https://weedjee.wordpress.com/2019/02/14/cancion-de-navidad-el-manga-charles-dickens-variety-artworks-a-christmas-carol-manga-version-by-charles-dickens-variety-artworks/

https://weedjee.wordpress.com/2020/10/27/memorias-de-joseph-grimaldi-charles-dickens-memoirs-of-joseph-grimaldi-by-charles-dickens/

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Books from the author (Wilkie Collins) commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/12/28/la-dama-de-blanco-wilkie-collins-the-woman-in-white-by-wilkie-collins/

https://weedjee.wordpress.com/2013/07/13/la-respuesta-es-no-wilkie-collins/

https://weedjee.wordpress.com/2020/04/12/la-piedra-lunar-wilkie-collins-the-moonstone-by-wilkie-collins/

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