Amy E Isabelle — Elizabeth Strout / Amy and Isabelle by Elizabeth Strout

El verano en que Mr. Robertson se fue del pueblo hacía un calor terrible, y durante largo tiempo el río pareció muerto. Sólo una culebra muerta y marrón que se extendía por el centro del pueblo, amontonando sucia espuma amarilla en las orillas. Los extraños que pasaban por la autopista cerraban las ventanillas ante aquel nauseabundo olor a azufre, asombrados de que alguien pudiera vivir con semejante hedor saliendo del río y del antiguo molino. Pero la gente que vivía en Shirley Falls estaba acostumbrada, y aun en medio del calor sólo lo notaba al despertar; no, no les molestaba particularmente el olor.
Lo que molestaba a la gente ese verano era que el cielo nunca fuera azul…
El comedor de la fábrica era un lugar sucio y destartalado. A lo largo de una pared había máquinas expendedoras, y a lo largo de otra un espejo con una grieta; el linóleo se desprendía de las mesas, que se juntaban aleatoriamente a medida que las mujeres se acomodaban, desplegando bolsas de papel, latas de refresco y ceniceros, y desenvolviendo sandwiches envueltos en papel parafinado. Como cada día, Amy se sentó lejos del espejo.
Isabelle estaba en la misma mesa, y negaba con la cabeza.

Isabelle Goodrow es una mujer viuda que vive junto a su hija adolescente en una pequeña ciudad del sur de Boston llamada Shirley Falls. Cuando comienza la historia la relación entre ellas está empañada por la tensión y la distancia. Durante ese verano ambas trabajan en la misma oficina de una fábrica, pero intentan encontrarse lo mínimo y la comunicación se ha reducido casi por completo.
Para encontrar las razones de este distanciamiento hay que remontarse unos meses atrás en el momento en que Isabelle descubre una faceta de su hija que aún creía dormida. A sus dieciséis años Amy ha comenzado a desarrollar plenamente su sexualidad aunque en la opinión de Isabelle de forma correcta. Esta idea enfrentará a madre e hija.
Me gustan las historias que hacen referencia a las relaciones familiares siendo el género en el que más a gusto me siento. Quizás no sea una novela en la que ocurran grandes cosas pero su mayor virtud, en mi opinión, es la construcción de sus personajes y las delicadas relaciones que se establecen entre ellos. Ya no solo me refiero a las dos protagonistas sino también a los secundarios.
Un tema predominante en la novela es la maternidad, que es algo que se vive de forma muy personal y muy diferente de una mujer a otra. Isabelle ha criado sola a su hija. Es una mujer muy reservada (nunca habla de ella ni de su pasado) que llegó a Shirley Falls con la esperanza de criar bien a su hija y encontrar un marido que le ofrezca estabilidad emocional. Y con las inseguridades propias de cualquier mujer intenta que su hija no cometa los errores que ella cometió en el pasado. Pero los adultos a veces en vez de intentar razonar con los hijos, se enfadan e imponen sus propias reglas.
Algo que Amy, la otra protagonista, no está dispuesta a aceptar. Porque Amy se está convirtiendo en una mujer, se ha enamorado, quizás del hombre que no debiera (aunque ¿quién puede saber esto con seguridad?) y para muchos es una relación inaceptable. Pero ella tiene las cosas muy claras. Al contario que su madre no le importa lo que la gente pueda pensar o el qué dirán.
Quizás cueste ver crecer a los hijos, ver que toman autonomía y que también ellos se van convirtiendo en adultos. Es un proceso que no puede frenarse y al intentarlo lo único que hacemos es cometer errores y malograr una relación que debería ser de confianza y cercanía. Y de pronto aparece la gran pregunta: ¿En qué me he equivocado? Se empiezan a construir muros que ya es difícil romper y cuando esto sucede el silencio se apodera de la relación. Y sin comunicación no hay nada. En este punto los sentimientos de Isabelle se vuelven contradictorios. Por un lado, siente miedo por su hija, por esa sexualidad incipiente y por otro lado, ella que siempre se ha avergonzado de su pasado, se arrepiente de no haber vivido la vida de una forma más abierta y más libre. Es cuando comenzamos a ver la evolución del personaje.
Pero no es una novela que únicamente nos hable de madres e hijas sino que Elizabeth Strout abarca otro tipo de relaciones de amistad, de compañerismo, de lealtad, de amor, de sueños, de errores cometidos a través de su variado elenco de personajes.
Los detalles sexuales gráficos de la relación entre el maestro y Amy fueron, en mi opinión, gratuitos e innecesarios para la historia. No estaba satisfecho con la resolución de los crímenes de este hombre, pero tal vez eso era indicativo de los tiempos.
Disfruté la exploración de las relaciones madre-hija y compañera de trabajo. Ella captura las complejidades de las relaciones, aunque un poco estereotipadas. Afortunadamente, no es una relación madre-hija con la que me identifique. Esta madre es extraña, seguro.
El tema primordial de que todos tienen una historia que contar detrás de la fachada que presentan al mundo, y los secretos pueden dañar las relaciones, son buenos, pero tomó hasta el último 1/4 del libro para la recompensa. Incluso entonces, encontré el final poco realista e insatisfactorio. La falta de un personaje simpático o simpático hizo que realmente no me importara lo que les sucediera a ninguno de ellos.
Esta novela trata sobre una madre y una hija con secretos que deben mantenerse en secreto para que nadie piense mal de ellas. Amy es una chica tranquila y muy tímida. Conoce al Sr. Robinson y lo odia al principio, pero después de un tiempo comienza. gustarle. Su relación va incluso más allá de una relación de maestro. Amy comienza a ver a su maestro y comienzan a hablar más tarde, hacen más. A Amy le dicen que no le diga a nadie y ella no lo hace. Le encanta el hecho de que él la ama y hace estas cosas con ella y solo con ella. Le gusta estar con él y quiere ser él todo el tiempo, pero nunca se lo cuenta a su madre. Mientras tanto, Isabelle trabaja en una fábrica como secretaria. En secreto, está enamorada de su jefe a pesar de que está casado. Está orgullosa de su hija y no tiene idea de lo que está pasando. También es una mujer tranquila con muchos secretos que nadie conoce. Se mantiene reservada porque odia su pasado y los errores que cometió cuando era joven. Luego, su jefe descubre la aventura entre Amy y el Sr. Robinson y ahí es cuando comienzan los problemas. Isabelle corta el cabello de Amy y la controla. Está enojada con Amy por el escándalo que ha hecho. Luego, Isabelle se da cuenta de que es su culpa y decide contarles a todos su historia. Este libro trata sobre una madre y una hija que comparten un vínculo poco común y aprenden a no guardar secretos, ya que podrían destruir o arruinar la vida de las personas. Aprendí que los secretos son malos y una madre y una hija deben ser amigas y apoyarse mutuamente pase lo que pase.

Mill Road era la misma calle Mayor tras cruzar el puente, y, aunque de hecho acababa en el viejo molino, atravesaba antes un sector de tiendas que incluía un viejo supermercado A&P con el suelo lleno de serrín, una mueblería con sofás descoloridos tras las ventanas, algunos cafés y tiendas de ropa, y una farmacia, en cuyo escaparate hubo durante años unas violetas africanas de plástico polvorientas dentro de un orinal.
El molino quedaba allí mismo. El río era en esa parte de lo más feo, amarillo, agitado y espumoso, pero el edificio de ladrillo, construido un siglo atrás, conservaba cierta elegancia satisfecha, como si tiempo atrás se tuviera por el corazón del pueblo. Para las familias de trabajadores que habían venido hacía una generación de Canadá, la fábrica era de hecho el corazón del pueblo y el centro de sus vidas. Sus casas se hallaban cerca, desperdigadas en barrios que se extendían a lo largo de caminos estrechos, alrededor de pequeñas tiendas de comida que desplegaban tras las ventanas anuncios de cerveza de neón azul.
Esa parte del pueblo era conocida como el Basin, aunque ya nadie recordaba por qué. Estaba llena de casonas destartaladas de porches torcidos, que albergaban un piso en cada planta. También había viviendas unifamiliares, pequeñas y amontonadas, con las puertas de los garajes siempre abiertas, revelando dentro un caos de neumáticos, bicicletas y cañas de pescar. Estaban pintadas de turquesa o de lavanda, o incluso de rosa…
Aquel año había pasado algo más. En febrero, una chica de doce años había sido raptada de su casa. Había ocurrido dos pueblos más allá, en Hennecock, y Amy e Isabelle estaban tan intrigadas que durante tres días cenaron comida congelada delante de la tele. «Chsss», se decían una a la otra cuando empezaban las noticias.
«La búsqueda de Debby Kay Dorne continúa. —La cara del presentador era solemne; quizá tenía hijos—. La policía no ha informado de nuevos hallazgos en el caso de la niña de doce años que desapareció de su casa en algún momento entre las dos y las cinco de la tarde del martes».

En la última semana de marzo hubo algunos robos en Shirley Falls. Eran incursiones diurnas, y ocurrían siempre en el sector de Oyster Point. Una colección de monedas antiguas desapareció de casa de un profesor de historia. Mrs. Errin, la esposa del dentista, descubrió que faltaban de su cómoda algunas joyas, y, en otro caso, en una casa ciertamente hermosa situada a la orilla del río, se perdieron varios objetos de plata, candelabros y azucareros; habían forzado la puerta de atrás. No había testigos ni pistas, sólo algunas huellas en la nieve, que se habían desdibujado por la lluvia antes de que la policía pudiese precisar nada aparte de que debían de ser de un hombre de estatura y peso medio; ni una sola pista, en realidad, ningún informe.

Amy sintió de repente compasión por su madre y negó con la cabeza, incapaz de articular palabra. En la memoria de Isabelle, durante el resto de su vida, ese gesto indiferente sería la evidencia de que ya había perdido a su hija. Ya entonces sus más elementales afanes de madre (¿qué más elemental que darle de comer?) resultaban innecesarios; la chica ya se sentía en otras manos, ya quería levantar el vuelo.
Sin embargo, cuando se acercaban a su destino… Sellaba los días eternos de la infancia solitaria de su hija y los días calurosos e interminables de aquel terrible verano. Todo aquello que una vez había parecido interminable había terminado por fin, e Isabelle, en distintos lugares y en distintos momentos de los años venideros, se descubriría en ocasiones en silencio, escuchando sólo una palabra que se repetía en su interior: «Amy». «Amy, Amy», decía la voz de su corazón, su plegaria. «Amy», pensaba, «Amy», al recordar aquel día de aire frío, dorado.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/09/21/me-llamo-lucy-barton-elizabeth-strout/

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/13/todo-es-posible-elizabeth-strout-anything-is-possible-a-novel-by-elizabeth-strout/

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/14/olive-kitteridge-elizabeth-strout/

https://weedjee.wordpress.com/2021/02/07/luz-de-febrero-elizabeth-strout-olive-again-olive-kitteridge-2-by-elizabeth-strout/

https://weedjee.wordpress.com/2022/07/28/amy-e-isabelle-elizabeth-strout-amy-and-isabelle-by-elizabeth-strout/

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The summer Mr. Robertson left town it was terribly hot, and for a long time the river seemed dead. Just a dead brown snake that spread through the center of town, piling up dirty yellow foam on the banks. Strangers passing by on the freeway closed their windows at the nauseating smell of sulfur, amazed that anyone could live with such a stench coming out of the river and the old mill. But the people who lived in Shirley Falls were used to it, and even in the heat they only noticed it when they woke up; no, they were not particularly bothered by the smell.
What bothered people that summer was that the sky was never blue…
The factory canteen was a dirty and run-down place. Along one wall were vending machines, and along another a mirror with a crack; linoleum was peeling off the tables, which were pushed together randomly as the women settled in, unfolding paper bags, soda cans, and ashtrays, and unwrapping sandwiches wrapped in parchment paper. Like every day, Amy sat away from the mirror.
Isabelle was at the same table, and she was shaking her head.

Isabelle Goodrow is a widow who lives with her teenage daughter in a small town south of Boston called Shirley Falls. When the story begins, the relationship between them is clouded by tension and distance. During that summer, they both work in the same factory office, but they try to meet as little as possible and communication has been reduced almost completely.
To find the reasons for this estrangement, we must go back a few months to the moment when Isabelle discovers a facet of her daughter that she believed was still asleep. At sixteen, Amy has begun to fully develop her sexuality, although in Isabelle’s opinion it is correct. This idea will pit mother and daughter against each other.
I like stories that refer to family relationships, being the genre in which I feel most comfortable. It may not be a novel in which great things happen, but its greatest virtue, in my opinion, is the construction of its characters and the delicate relationships established between them. I am not only referring to the two protagonists but also to the secondary ones.
A predominant theme in the novel is motherhood, which is something that is experienced in a very personal way and very different from one woman to another. Isabelle has raised her daughter alone. She is a very private woman (she never talks about herself or her past) who came to Shirley Falls hoping to raise her daughter well and find a husband who offers her emotional stability. And she, with the insecurities of any woman, tries to prevent her daughter from making the mistakes she made in the past. But sometimes, instead of trying to reason with their children, adults get angry and impose their own rules.
Something that Amy, the other protagonist, is not willing to accept. Because Amy is becoming a woman, she has fallen in love, perhaps with the man she shouldn’t (although who can know this for sure?) And for many it is an unacceptable relationship. But she has things very clear. On the contrary, her mother doesn’t care what people may think or what they will say.
Perhaps it is difficult to see children grow, to see that they take autonomy and that they too are becoming adults. It is a process that cannot be stopped and by trying, the only thing we do is make mistakes and spoil a relationship that should be one of trust and closeness. And suddenly the big question appears: what have I done wrong? Walls begin to be built that are already difficult to break and when this happens, silence takes over the relationship. And without communication there is nothing. At this point Isabelle’s feelings become contradictory. On the one hand, she is afraid for her daughter, for that incipient sexuality and on the other hand, she who has always been ashamed of her past, regrets not having lived life in a more open and free way. That’s when we start to see the evolution of her character.
But it is not a novel that only tells us about mothers and daughters, but Elizabeth Strout covers other types of relationships of friendship, companionship, loyalty, love, dreams, mistakes made through the varied cast of her characters.
The graphic sexual details of the relationship between the teacher and Amy were, in my opinion, gratuitous and unnecessary for the story. I wasn’t satisfied with the resolution to this man’s crimes, but maybe that was indicative of the times.
I did enjoy the exploration of mother-daughter and female co-worker relationships. She captures the complexities of relationships, if a bit stereotypically. Thankfully, it’s not a mother-daughter relationship. This mother is a strange one for sure.
The overriding theme that everybody has a story to tell behind the facade they present to the world, and secrets can damage relationships, are good ones but it took until the last 1/4 of the book for the payoff. Even then, I found the ending unrealistic and unsatisfying. The lack of a likable or sympathetic character made me not really care what happened to any of them.
This novel is about a mother and daughter with secrets that are to be kept a secret so that nobody thinks bad about them.Amy is a quiet girl and she is very shy.She meets Mr.Robinson and hates him at first but after sometime starts to like him.Their relationship goes even further then a teacher relationship.Amy starts to see her teacher and they start to talk later they do more.Amy is told not to tell anyone and she doesn’t. She loves the fact that he loves her and does these things with her and only her.She likes being with him and wants to be him all the time yet never tells her mom about it.Meanwhile isabelle works at a mill as a secretary. She secretly has a crush on her boss even though he is married. She is proud of her daughter and has no idea of what is happening. She also is a quiet women with many secrets that no one knows about.She keeps to herself since she hates her past and the mistakes she commited while being young.Then her boss discovers the affair between amy and mr.Robinson and thats when trouble starts. Isabeele cuts of amy’s hair and controls her.She is mad at amy for the scandal she has done. Then Isabelle realizes that it’s her fault and decides to tell everyone her story.This book is about a mother and daughter who share a uncommon bond and learn to not keep secrets since they could distroy or ruin peoples life.I learned that secrets are bad and a mother and daughter should be friends and support one another no matter what happens.

Mill Road was the same High Street after crossing the bridge, and though it did indeed end at the old mill, it first ran through a section of shops that included an old A&P supermarket with a sawdust floor, a furniture store with faded sofas behind it. the windows, some cafes and clothing stores, and a pharmacy, in whose window there were for years some dusty plastic African violets in a chamber pot.
The mill was right there. The river was in that part of the ugliest, yellow, rough and foamy, but the brick building, built a century ago, retained a certain satisfied elegance, as if it had once been the heart of the town. For the working families who had come from Canada a generation ago, the factory was indeed the heart of the town and the center of their lives. Their houses were close by, scattered in neighborhoods that stretched along narrow lanes, around small food stores displaying neon blue beer signs behind their windows.
This part of town was known as the Basin, though no one remembered why anymore. It was full of dilapidated mansions with crooked porches, housing a flat on each floor. There were also single-family homes, small and crowded together, with the garage doors always open, revealing inside a chaos of tires, bicycles, and fishing rods. They were painted turquoise or lavender, or even pink…
Something else had happened that year. In February, a twelve-year-old girl had been abducted from her home. It had happened two towns away, in Hennecock, and Amy and Isabelle were so intrigued that for three days they ate frozen dinner in front of the TV. «Shhh,» they said to each other when the news started.
«The search for Debby Kay Dorne continues. The presenter’s face was solemn; she maybe she had children. Police have reported no new findings in the case of the 12-year-old girl who disappeared from her home sometime between 2 and 5 p.m. Tuesday.’

In the last week of March there were some robberies in Shirley Falls. They were daytime raids, and they always occurred in the Oyster Point sector. A collection of ancient coins has disappeared from a history teacher’s home. Mrs. Errin, the dentist’s wife, discovered that some jewelery was missing from her dresser, and in another case, in a certainly beautiful house situated on the river bank, various silverware, candlesticks and sugar bowls were lost; They had forced the back door. There were no witnesses or clues, just a few footprints in the snow, which had been blurred by the rain before the police could determine anything other than that they must have been from a man of average height and weight; not a single lead, actually, no report.

Amy suddenly felt sorry for her mother and shook her head, unable to speak. In Isabelle’s memory, for the rest of her life, that nonchalant gesture would be evidence that she had already lost her daughter. Even then, her most basic motherly cares (what could be more basic than to feed her?) were unnecessary; the girl already felt herself in other hands, she already wanted to take flight.
However, when she got closer to her destiny… she Sealed the eternal days of her daughter’s lonely childhood and the endless hot days of that terrible summer. All that had once seemed endless was finally over, and Isabelle, in different places and at different times in the years to come, would sometimes find herself silent, hearing only one word repeating itself inside her: «Amy.» Amy, Amy, said the voice of her heart, her prayer. Amy, she thought, Amy, remembering that day of cold, golden air.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/09/21/me-llamo-lucy-barton-elizabeth-strout/

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/13/todo-es-posible-elizabeth-strout-anything-is-possible-a-novel-by-elizabeth-strout/

https://weedjee.wordpress.com/2017/12/14/olive-kitteridge-elizabeth-strout/

https://weedjee.wordpress.com/2021/02/07/luz-de-febrero-elizabeth-strout-olive-again-olive-kitteridge-2-by-elizabeth-strout/

https://weedjee.wordpress.com/2022/07/28/amy-e-isabelle-elizabeth-strout-amy-and-isabelle-by-elizabeth-strout/

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