El Hombre Que Paseaba Con Libros — Carsten Henn / Der Buchspazierer (The Man Who Walked Books) by Carsten Henn

Hay quien dice que los libros encuentran a sus lectores; sin embargo, a veces necesitan que alguien les muestre el camino. Así ocurrió aquel día a finales del verano en la librería.
En aquella librería acababan de formular la pregunta que justifica la existencia de todas las librerías del mundo: «¿Podría usted recomendarme un buen libro?». Ursel Schäfer, la persona que acababa de pronunciar esas palabras, sabía perfectamente en qué consistía un buen libro. En primer lugar, un buen libro la entretenía de tal forma que se quedaba leyendo en la cama hasta que se le cerraban los ojos. En segundo lugar, la hacía llorar al menos en tres, no, mejor en cuatro pasajes. En tercer lugar, no tenía menos de trescientas páginas, pero en ningún caso más de trescientas ochenta. Y, por último, la cubierta no podía ser de color verde. Una no podía fiarse de los libros que mostraban esa carta de presentación, como bien sabía después de varias experiencias amargas que le había tocado padecer.

Esperaba un poco más. La historia del librero Carl Kollhoff es cálida y entretenida, a veces muy imaginativa en términos de lenguaje. En general, me pareció más una parábola que una historia con personajes de la vida real. En algunos lugares también había demasiados personajes ilustres a los que no pude acercarme demasiado en el corto plazo. También me pareció una lástima que el comportamiento de los oponentes se mostrara de una manera extremadamente exagerada (pero se ajustaba a la sensación parabólica) o se contara de una manera bastante sucinta.
El libro empezaba muy bien. Después de las primeras 50 páginas, la historia comenzó a exhalar, y después de 120-130 llegó al barómetro de los desenlaces superficiales.
El autor definitivamente tuvo una gran idea, pero para mí no la desarrolló bien. Cada noche, un librero entrega en los domicilios de varios clientes habituales a los que ha inventado los nombres de personajes literarios. Cada uno tiene su problema y él, como un Mesías, lo resolverá y lo salvará… interviene el tema de la violencia doméstica, la soledad, pero todo se transmite de manera super superficial y sin seriedad…
Tuve algunos pensamientos geniales sobre los libros, y lo que me gustó fue la idea inicial de la imagen de la niña Shasha.
Este no es un libro que tenga una trama compleja e intrincada, no mantendrá a nadie despierto por la noche para comprender el destino de los personajes buenos, los malos y otros. Pero en él está todo nuestro amor por la lectura. Nuestra empatía por los personajes, nuestra empatía por las emociones y situaciones, así como la crónica falta de tiempo suficiente para todos los maravillosos volúmenes que ocupan nuestra conciencia.
Para mí, la acción en el hombre que paseaba con libros fue lenta y constante. Había tanto de mi propio deseo de no apresurarme a ninguna parte; ser una persona perezosa prosperando en mi biblioteca abarrotada y vivir con las historias, vivir en los lugares ya través de los personajes de los libros.

Los libros no son helados. No estropean el estómago.
—¡No me entiendes! —Shasha hubiera querido dar un pisotón, pero no llegaba al suelo.
—¿Así que, según tú, entrego libros que provocan dolor de barriga? —le preguntó Carl.
—¡Los libros son mucho, mucho más peligrosos que los helados! Te estropean la cabeza. —Shasha no sabía qué hacer para que Carl lo entendiera mejor. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta? Aún conservaba bastante lucidez, para su edad. La niña golpeó con firmeza su álbum. —¡Aquí está todo! Tus clientes te encargan libros…
También llevo libros que no me gustan. O que no se dirigen a mí. No todos los libros se dirigen a todo el mundo. Además, incluso un libro estúpido puede dar lugar a pensamientos inteligentes. Un poco de estupidez nunca le ha hecho daño a nadie. Solo hay que tener cuidado de que no se nos vaya de las manos y se extienda por todas partes.
Carl rara vez mentía y decía que un libro estaba agotado. Y, si lo hacía, siempre se avergonzaba de ello. Una vez no le llevó a Effi un ejemplar que le había pedido porque había escuchado que una mujer había caído en una profunda depresión después de leerlo.

Los paseadores de libros se adentraron en el callejón oscuro.
Porque los libros necesitaban a alguien que les mostrara el camino correcto.

————————

Some say that books find their readers; however, sometimes they need someone to show them the way. So it was that day at the end of summer in the bookstore.
In that bookstore they had just asked the question that justifies the existence of all the bookstores in the world: «Could you recommend me a good book?» Ursel Schäfer, the person who had just spoken those words, knew exactly what a good book was. In the first place, a good book entertained her in such a way that she stayed in bed reading until her eyes closed. Second, he made her cry in at least three, no, better four passages. Third, it had no less than three hundred pages, but no more than three hundred and eighty. And finally, the cover could not be green. One could not trust the books that showed that letter of introduction, as she well knew after several bitter experiences that she had had to suffer.

I expected a little more. The story of the bookseller Carl Kollhoff is warm and entertaining, sometimes very imaginative in terms of language. In general, it seemed more like a parable than a story with real life characters. In some places there were also too many famous people that I couldn’t get too close to in the short term. I also found it a shame that the opponents’ behavior was shown in an extremely exaggerated way (but it fit the parabolic feel) or told in a rather succinct way.
The book started very well. After the first 50 pages, the story began to exhale, and after 120-130 it reached the barometer of superficial outcomes.
The author definitely had a great idea, but for me he didn’t develop it well. Every night, a bookseller delivers to the homes of several regular customers for whom he has invented the names of literary characters. Each one has his own problem and he, like a Messiah, will solve it and save it… the theme of domestic violence, loneliness intervenes, but everything is transmitted in a super superficial way and without seriousness…
I had some great thoughts about the books, and what I liked was the initial idea of the Shasha girl image.
This is not a book that has a complex and intricate plot, it will not keep anyone awake at night to understand the fate of the good, bad and other characters. But in it is all our love for reading. Our empathy for the characters, our empathy for the emotions and situations, as well as the chronic lack of enough time for all the wonderful volumes that occupy our consciousness.
For me, the action in the man walking with books was slow and steady. There was so much of my own desire not to rush anywhere; being a lazy person thriving in my overcrowded library and living with the stories, living in the places and through the characters in the books.

Books are not ice cream. They do not upset the stomach.
-You do not understand me! Shasha wanted to stomp her foot, but she couldn’t reach the ground.
«So, according to you, I deliver books that give you a stomach ache?» Carl asked him.
«Books are much, much more dangerous than ice cream!» They mess with your head. —Shasha she didn’t know what to do to make Carl understand it better. How was it possible that she didn’t notice her? She was still quite lucid, for her age. The girl firmly slapped her album. -Here is everything! Your clients order books from you…
I also carry books that I don’t like. Or that they are not addressed to me. Not all books are for everyone. Also, even a stupid book can give rise to smart thoughts. A little stupidity never hurt anyone. You just have to be careful that it doesn’t get out of hand and spread everywhere.
Carl rarely lied and said a book was out of print. And, if he did, he was always ashamed of it. He once didn’t bring Effi a copy she had asked for because she had heard that a woman had fallen into a deep depression after reading it.

The bookwalkers entered the dark alley.
Because the books needed someone to show them the right way.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.